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2012 - España

La puerta

40 Minutos y 8 Personajes. Un vagabundo ve desfilar delante de sí un número de personajes que acuden a la llamada de la puerta del Cielo. Cada personaje se siente llamado a entrar pero no todos están dispuestos a cambiar.

LA PUERTA
Luis Oliván


PERSONAJES

CONCIENCIA
VAGABUNDO
DAMA ELEGANTE
INTELECTUAL
SEÑOR
OBESO
REVERENDO
VOZ


PRÓLOGO

Aparece en escena la CONCIENCIA. Vestirá túnica blanca con grandes velos. La cara pintada de cuatro colores: blanco, negro, amarillo y rojo que representan las cuatro principales razas de la humanidad, es decir, la humanidad entera. Escenificará con movimientos rítmicos acordes con la música de fondo interpretada al piano, los siguientes pensamientos:


(Señalando distintas partes del Auditorio)
¿Sabes quién soy?
Soy tu conciencia... tu conciencia... tu conciencia.
Leo en tu pensamiento...
¿Qué haces aquí?
¿Por qué vienes ¡oh, indeseada! a importunarme en estos momentos de agradable y tibio sopor que estoy gustando?
Tú eres montaña...
Yo, tu volcán.

(Se estremece y encoge se eleva levantando los brazos)
Y voy a hacerte temblar hasta que consigas arrancar de tus entrañas toda la ardiente lava de indiferencia que consume tu alma.


(Señala a la concurrencia)
Tú............. tú..............
Que pomposamente ostentas el servicial y generoso título de cristiano, ¿vives de acuerdo a tu rango?
Noto ya tu rechazo.
Noto ya tu natural impulso a despachar a esta inoportuna e indeseada servidora que te angustia, que te hace sentir dolor.
¡Estás tan a gusto en tu insensible estado comatoso!
Mas sabe, ¡oh, necio! Que el dolor es síntoma de vida.

(Aprieta el pecho con las manos)
Y mientras sigas vivo, te seguiré hablando, te seguiré doliendo.

(Ademán de oír con la mano en la oreja)
Afina tu oído... afina tu oído.
Abre los ojos de luna llena y contempla, sin perder detalle, escenas de tu historia.

(Señalando al público)
Sí, de tu historia... y de la tuya.
Escenas esperpénticas y grotescas.
Escenas absurdas, absurdas como la vida,
Como la vida del que se titula cristiano, sin serlo realmente.
Esta inoportuna e indeseada servidora tuya se va, para volver en forma de parábola.

(Se aleja entre los espectadores, acercándose a los que están más próximos al pasillo)
El que tenga ojos que vea,
El que tenga oídos que oiga.

(Se va leyendo cada vez más piano hasta que la Conciencia desaparece)
El que tenga ojos que vea.
El que tenga oídos que oiga.

El que tenga ojos que vea.
El que tenga oídos que oiga.

El que tenga ojos que vea.
El que tenga oídos que oiga.

(Se seguirá escuchando la música de fondo, hasta que el Director ordene la ejecución de la Escena 1ª)



LA PUERTA

Escenificación mímica con voz en “off” que irá relatando los acontecimientos con tono sarcástico, mientras se escucha al piano música ininterrumpidamente.



DECORADO

Simulará un paseo que conduce a una puerta que se encuentra al final de aquél. Un banco, árboles… Una puerta siempre abierta, estrecha y no muy alta. Encima de la puerta un letrero grande donde se leerá: CIELO.



ESCENA 1ª

(Aparecerá andando por el paseo un hombre harapiento con ciertos signos de embriaguez. Llevará sombrero y chaqueta roídos y mugrientos por el uso al igual que el pantalón. Llevará botellas en los bolsillos de la chaqueta bien visibles y una botella pequeña en el bolsillo interior de la chaqueta. Irá provisto de un pañuelo mugriento y una cinta métrica.)




VOZ. ¿Quién soy yo? ¡Vaya pregunta! ¿Está muy claro, no?
Soy un borracho vagabundo. Una escoria; un desecho de la sociedad; un parásito... o al menos, eso decís vosotros que soy.
MIMO. Se acerca el vagabundo con una botella en la mano hasta el banco, donde se sentará. Bebe un par de tragos y, de repente, se queda mirando perplejo al público de la sala.

VOZ. ¿Que qué hago aquí? Me gusta ver pasar a la gente entre trago y trago. Por cierto, ya viene alguien.
MIMO. Parece como si le estuvieran preguntando, y se señala así mismo. Mirando al público. Bebe.



ESCENA 2ª

(Aparece por el paseo una dama muy elegante. Lleva un enorme abrigo de pieles, sombrero, bolso, zapatos de tacón y joyas.)

VOZ. ¡Vaya señora! Y va forrada de animales…
MIMO. Mira cómo se acerca la dama. Cuando la dama llega a la altura del banco, el vagabundo se levanta y se quita el sombrero. La dama se para y, sin mirarle, abre el bolso. Y le tira al suelo una *moneda de 5 pesetas. El vagabundo se agacha a recoger la moneda. La dama, quieta en el mismo lugar, saca un espejo del bolso y comienza acicalarse.
Con sorpresa.

VOZ. ¡Un duro! Vaya con la señorona. Tendrá mucha pasta, pero lo que es generosidad.
MIMO. Se mete la moneda al bolsillo y se sienta en el banco. Se pone el sombrero. Se ilumina la puerta intermitentemente. La dama hace un gesto de alegría, recoge el espejo en el bolso, se lleva la mano al pecho suspirando, y se dirige hacia la puerta muy contenta, pero altiva.

VOZ. ¡Adiós, señora!
MIMO. Al comenzar a andar la dama, el vagabundo se quita el sombrero y se lo pone en ademán de despedida. Se echa un trago.

VOZ. Me parece que la gran dama tiene problemas. Iré a ayudarla.
MIMO. La señora se dirige sin vacilar hacia la puerta. Intenta pasar pero no puede. Se lo impide el abrigo. Hace esfuerzos por entrar. El vagabundo se percata.

VOZ. Permítame señora que la ayude.
MIMO. Se dirige hacia la dama que sigue intentando pasar. El vagabundo la toca en el hombro. La mujer se vuelve. El vagabundo se quita el sombrero y lo pone con las dos manos a la altura del pecho.
Ella hace un gesto despectivo cruzando los brazos y mirando hacia arriba despectivamente.

VOZ. ¡Ya me parecía a mí!
MIMO. El vagabundo se queda mirando la espalda de la mujer mientras se rasca la cabeza pensativo. Con las manos toma medida de los hombros de la mujer, transporta la medida a la puerta y se da cuenta de que ésta, es mucho más estrecha.

VOZ. ¡Madre mía! También lleva animales por dentro.
MIMO. Mirando a la dama, el vagabundo hace un gesto de solución. Se dirige a los hombros de la señora e intenta quitarle el abrigo.
La dama se vuelve impetuosamente y comienza a echarle una enorme bronca gesticulando mucho.
El vagabundo se va encogiendo, tapándose cabeza y cara con los brazos en ademán defensivo.

VOZ. ¿Qué querrá ahora? Que no me pase nada.
MIMO. La dama se coloca bien el abrigo y haciendo un gesto soberbio, comienza a marcharse por donde ha venido. De repente da la vuelta y se dirige hacia el vagabundo. Éste se asusta.

VOZ. ¿Tendré que pagarle por haber intentado ayudarle?
MIMO. La dama estira la mano en ademán de pedirle.
Ella insiste.

VOZ. ¿Qué querrá? ¡Ah! Ya lo sé. Si me descuido me pide intereses.
MIMO. El vagabundo se echa mano al bolsillo y le devuelve el duro. Ella lo coge y se va con la cabeza muy levantada. El vagabundo se encoge de hombros y va a sentarse al banco. Se echa un trago.

(Se apaga la luz de la puerta.)



ESCENA 3ª

(Aparece un intelectual. Llevará atado a los hombros un enorme paquete de libros e irá leyendo uno, ensimismado. Lleva gafas.)

VOZ. Tiene cara de saberlo todo.
MIMO. Se para leyendo al lado del banco. El vagabundo lo mira y bebe un trago.
Se enciende la luz.
El intelectual se apercibe, cierra el libro y se dirige contento hacia la puerta.
El vagabundo lo sigue con la mirada.

VOZ. ¡Vaya! Otro con problemas.
MIMO. El intelectual intenta entrar y no puede porque se lo impiden los libros.
El vagabundo se apercibe, se levanta y se dirige hacia el intelectual que sigue intentando entrar. El vagabundo, dando vueltas alrededor del intelectual, hace gestos y ademanes como para enterarse del problema.

VOZ. ¡Ya está!
MIMO. De repente, se para, y hace un gesto como que ha encontrado la solución.
Da unos golpecitos en el hombro del intelectual. Éste se vuelve y le mira despectivo. El vagabundo le explica que debe tirar los libros si quiere pasar por la puerta. El intelectual se ríe estrepitosamente y le indica que tiene la cabeza muy dura.
El vagabundo se retira un poco con gesto contrariado.

VOZ. Éste da hoy con la cuadratura del círculo.
MIMO. El intelectual saca una calculadora de bolsillo y comienza a hacer cálculos, midiendo puerta, libros, etc. El vagabundo está extrañado.
Se dirige hacia el banco y se sienta, sin perder ojo a la escena, mientras bebe.
El intelectual termina de hacer cálculos y, satisfecho, recoge la calculadora, se coloca los libros en otra posición y se dirige feliz a la puerta.
Al llegar a ella, los libros le siguen estorbando para entrar.
El vagabundo se levanta, se acerca y le toca en el hombro. El intelectual se vuelve. El vagabundo le pide la calculadora. El intelectual se la deja entre risas y ademanes despreciativos mirando al público.

Entre tanto, el vagabundo maneja la calculadora midiendo puerta, etc. Por fin, hace un gesto de satisfacción, toca al intelectual que aún está mofándose, y le da a entender que, según el resultado de la calculadora, señalándola, debe dejar los libros si quiere entrar.

VOZ. Bueno, seguro que sabe mucho más que yo.
MIMO. El intelectual pone un gesto adusto, hace ademán de que está loco, le quita la calculadora y se va con gesto soberbio.
El vagabundo se acerca despacio, meditando, al banco.
Se sienta.





ESCENA 4ª

(Aparece un señor muy trajeado con sombrero, conduciendo un flamante coche. El coche será de cartón pintado por ambas partes y puede llevarlo colgado al cuello simulando la conducción.)

VOZ. ¡Vaya cochazo!
MIMO. Se para con el coche enfrente del vagabundo.
Se levanta, se acerca al coche por la parte delantera y lo toca suavemente, mientras hace gestos de admiración mirando al público.

VOZ. ¡Que no se lo voy a gastar!
MIMO. El señor le echa una bronca enorme por tocarlo. El vagabundo asustado se retira un poco.
Se enciende la luz de la puerta varias veces. El señor la ve y contento arranca.
El vagabundo tiene que dar un salto para evitar ser atropellado.
El señor llega a la puerta e intenta pasar con coche y todo.
Intenta varias maniobras ante la mirada atónita del vagabundo, que se rasca la cabeza y bebe un trago.
El señor le pide al vagabundo que le ayude a empujar el coche a través de la puerta.
El vagabundo se coloca en la parte trasera y empieza a empujar. Al llegar a la puerta el coche no puede entrar, pero el vagabundo sigue empujando y hasta se coloca de espaldas para hacer más fuerza, si cabe.

VOZ. ¡Uf! No puedo más.
MIMO. El vagabundo agotado, para de empujar refirmado contra el coche, se quita el sombrero y se limpia el sudor con el pañuelo.
Poniéndose el sombrero se dirige hacia la puerta, saca el metro del bolsillo, mide la puerta y mide el coche. Le hace gestos al señor de que el coche no pasa porque es más ancho que la puerta.

VOZ. ¿Volcar el coche?
MIMO. El señor hace ademán de haber tenido una gran idea. Baja del coche y le pide al vagabundo que le ayude para poner el coche de costado, sobre las puertas.
El vagabundo se asombra.
Vuelcan el coche, lo empujan hacia la puerta, pero no entra. El vagabundo mide y le vuelve a indicar que sigue siendo más ancho el coche que la puerta, que tendrá que abandonarlo y pasar sólo, sin el coche.

VOZ. Creo que el señor tiene más caballos que el coche. Y, además, desbocados…
MIMO. El señor muy enfadado le dice al vagabundo que el coche es suyo, que le ha costado mucho dinero y que va con él a todas partes.
El vagabundo da un paso atrás asustado.
El señor monta airado en su coche y se va.
El vagabundo saca el pañuelo del bolsillo y le hace señas de adiós.
Se echa un trago y se limpia con el pañuelo.




ESCENA 5ª

(Aparece un hombre muy obeso. Irá forrado de almohadones para esperpentizar su gordura. Llevará comida en todos los bolsillos. Irá comiendo un paquete de galletas.)

VOZ. ¡Qué mal repartido está el mundo! Yo lleno de bebida y sin un cuscurro que llevarme a la boca. Y a éste le sobra comida hasta por las orejas y sin un mal trago.
MIMO. Se para al lado del vagabundo mientras come con ansia.
El vagabundo lo mira pensativo.
Se acerca al obeso, se quita y pone el sombrero en señal de saludo y le ofrece vino un par de veces. El obeso sigue comiendo sin hacerle caso.
VOZ. ¡Madre mía, qué manotazo!
¡Éste sí que lo tiene claro!
MIMO. El vagabundo intenta meter la mano en el paquete y el obeso le sacude un cachete en la mano.
El vagabundo retira la mano rápidamente y la pone bajo su axila con signos de dolor.
Mientas se queja, se enciende la luz. El obeso la ve y contento, pero comiendo, se dirige hacia ella.
El vagabundo, aún en la misma posición, observa cómo se acerca hacia la puerta.
El obeso llega a la puerta e intenta pasar, pero sus intentos son inútiles. Sigue forcejeando con la puerta, bajo la mirada perpleja del vagabundo.

VOZ. Hoy comeré.
MIMO. El gordo cesa cansado en su empeño, limpiándose el sudor con la mano.
Se queda mirando al vagabundo y le llama.
El vagabundo se acerca al gordo, quien le da a entender que si le ayuda, le dará una galleta.
El vagabundo se frota las manos contento mientras asiente con la cabeza. El gordo le da una galleta.
El vagabundo se la mete al bolsillo.
El gordo intenta pasar y no puede. Llama con la mano al vagabundo quien se acerca y comienza a empujarlo. Primero con las manos en la espalda, luego espalda contra espalda. Durante unos momentos están forcejeando por entrar. Exhausto, el vagabundo se sienta al lado de la puerta abanicándose la cara con el sombrero.
El gordo se vuelve hacia él y le riñe por haber parado.
El vagabundo se levante y le dice al gordo que le escuche.
Le da a entender midiendo su cintura y comparándola con la puerta cuál es el problema.
El obeso hace un gesto adusto y se cruza de brazos mirando hacia otro lado.
El vagabundo llama al gordo tocándole en el hombro. El obeso se vuelve. El vagabundo le da a entender que le dé la comida a él, así el gordo perdería volumen y él ganaría, señalándose su figura escuálida.

VOZ. Otra fiera.
MIMO. El gordo se enfada, y le empieza a gritar y a gesticular.
El vagabundo se tapa la cara con los brazos.

VOZ. Otro que pide.
MIMO. El gordo le alarga la mano pidiéndole algo.
Hace un gesto extraño porque no sabe qué le pide.
El gordo señala su paquete de galletas y le indica que le ha dado una y que se la devuelva.
El vagabundo le da la galleta.

VOZ. Como éste siga así, no pasa ni por la *puerta del Carmen.
MIMO. El gordo se va comiéndosela con fruición. El vagabundo, limpiándose el pantalón a golpes de sombrero, se va acercando al banco, se sienta y bebe un par de tragos.



ESCENA 6ª

(Asoma por el paseo un reverendo. Irá andando muy despacio, leyendo una Biblia. Llevará el cuello blanco e irá vestido de negro. De vez en cuando dará un suspiro como si lo que leyera le llegara al alma.)

VOZ. ¡Vaya tormenta que se me ha venido encima!
MIMO. Se para al lado del banco del vagabundo, da un suspiro y, levantando la mirada extraviada hacia el cielo se lleva la mano al pecho.
El vagabundo bebe.
El reverendo se da cuenta, cierra la Biblia de un golpe, hace un gesto ceñudo y se acerca airado al vagabundo que aún sigue bebiendo. Le quita la botella de los labios y, con mucha energía y aspaviento, le da a entender que beber es muy malo.

VOZ. ¿Qué los borrachos no entraremos en el Cielo? Pues sí que me anima este hombre.
MIMO. Abre la Biblia y comienza a leerle varios pasajes.
Le indica que si sigue bebiendo no entrará en el Cielo (señala arriba).
Sigue amonestándole.
En esta situación se enciende la luz. El reverendo se percata, cierra la Biblia, extiende los brazos hacia la puerta y se acerca a ésta muy erguido con los brazos entendidos hacia la puerta.

VOZ. ¡Madre mía! ¡Qué golpe!
MIMO. Al intentar pasar se da un fuerte golpe contra el marco superior de la puerta. Se retira tocándose la frente en señal de dolor. El vagabundo lo ha visto atónito.
El reverendo abre solemnemente la Biblia, lee un pasaje y se dirige muy convencido hacia la puerta.

VOZ. Y van dos.
MIMO. De nuevo se da un golpe en la frente y se retira dolorido.
El borracho se levanta y se acerca al reverendo que se sigue quejando. Aún quejándose, lo agarra del brazo, lo dirige hacia la puerta y lo pone erguido enfrente de ella. Rascándose la cabeza pensativo, da un par de vueltas observando al hombre; se para, saca la cinta métrica, mide al hombre de la cabeza a los pies. Luego mide la altura de la puerta y marca con el dedo la diferencia de altura. Se queda pensativo tocándose la barbilla.

VOZ. ¡Ya está!
MIMO. De repente hace ademán de haber dado con la solución.
El borracho con la diferencia marcada en el metro mide desde el zapato del reverendo hasta la rodilla. Se levanta satisfecho, toca al reverendo en el hombro, le explica el problema y le señala que si entra de rodillas podrá pasar, (se pone el borracho de rodillas y anda hacia la puerta).
El reverendo entra en cólera y le da a entender con gestos que es borracho empedernido y que está tocado de la cabeza. Abre la Biblia y haciendo un gesto de resignación se marcha despacio leyendo muy erguido.

VOZ. ¡Yo que creía que éste lo tenía más fácil!
MIMO. El vagabundo, aún de rodillas, extiende los brazos y hace un gesto de resignación e incomprensión.
Se levanta y bebiendo se acerca al banco donde se sienta.


ESCENA 7ª

(Sentado el vagabundo en el banco, bebiendo de vez en cuando.)

VOZ. ¿Será posible?
MIMO. Se enciende la luz. El vagabundo mira hacia el paseo a ver quién se acerca. No ve a nadie. Se encoge de hombros y se echa un trago.
Se vuelve a encender la luz. Vuelve a mirar, esta vez con más detenimiento a todos los lados. No ve a nadie. Se encoge de hombros y bebe.
Se vuelve a encender la luz.
Muy extrañado vuelve a mirar y al no ver a nadie se levanta y comienza a buscar detrás de los arbustos, debajo del banco, etc.
No encuentra a nadie. Puesto en pie se rasca la cabeza sin entender lo que está pasando, cuando se vuelve a encender la luz. Abre unos ojos como platos, se mira así mismo incrédulo y comienza a tocarse el pecho, las piernas, etc.

VOZ. No es posible.
MIMO. Hace gestos de duda señalándose así mismo.
Se va acercando muy despacio, mirando a todos los lados con extrañeza, como si aún pudiera encontrar a alguna persona.
Se acerca a la puerta y toca el marco con las manos acariciándola despacio y extrañado.

VOZ. ¡Qué hermoso!
MIMO. Mete la cabeza para mirar y la saca con un gesto de alegría.
Intenta entrar, pero no puede. Las botellas que lleva le impiden el paso.

VOZ. Ya me dijo el reverendo que los borrachos no entraríamos en el Cielo.
MIMO. Vuelve a intentarlo, pero fracasa otra vez.
Se mete las manos al bolsillo del pantalón y, cabizbajo, se aleja despacio de la puerta.
De repente, se para con un gesto de haber sido iluminado por una idea feliz. Vuelve a acercarse a la puerta e intenta entrar muy despacio. Se da cuenta de que son las botellas quienes le impiden el paso.
Se vuelve, saca una botella, va a tirarla, pero se detiene con gesto de hacerle duelo. Por fin se decide y se vacía de todas las botellas. Les echa una última mirada, se acerca a la puerta y la traspasa muy despacio y solemnemente.

VOZ. ¡Qué hermoso! Es una maravilla.
MIMO. Cuando está al otro lado, se enciende mucha luz iluminando la escena.
El borracho se queda atónito mirando a todas partes extasiado.

VOZ. HACE MUCHO TIEMPO QUE TE ESTOY LLAMANDO.
MIMO. Se oye una voz profunda y grave, y muy cálida.

VOZ. ¿A mí, Señor, el desecho de la sociedad?
MIMO. El vagabundo se señala el pecho extrañado.

VOZ. ESO ES LO QUE LOS HOMBRES DICEN QUE ERES.
MIMO. Voz grave y profunda.

(Se apagan las luces y se escucha una música fuerte y vibrante.)


FIN

  • Moneda de 5 pesetas o un duro: moneda de poco valor.

  • Puerta del Carmen: una de las antiguas puertas que tenía la muralla de Zaragoza. Quiere expresar que es muy grande.