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2012 - España
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El primer asesinato

12 Minutos y 4 Personajes. Caín mata a su hermano Abel cuando su sacrificio no es aceptado por Dios. Obrita para ilustrar un sermón sobre la lucha de Satanás con la simiente. El final es abierto y depende de una explicación posterior. Inspirada en Génesis 3:15 y en el siguiente sermón (aquí).



EL PRIMER ASESINATO
loidasomo@gmail.com



PERSONAJES

AYUDANTE
SATANÁS
ABEL
CAÍN

(Es una obra en la que los personajes de Caín y Abel no hablan sino que van realizando de forma mímica, todo lo que Satanás y el Ayudante dicen de ellos. Se han obviado, por tanto, todas las referencias mímicas de su parte.)

AYUDANTE. ¿Has observado a los dos jóvenes?

SATANÁS. Sí, al milímetro.

AYUDANTE. ¿Has visto su actitud?

SATANÁS. ¿De quién?

AYUDANTE. De Abel.

SATANÁS. Sí, he puesto especial énfasis en él.

AYUDANTE. ¿Crees que podría ser él?

SATANÁS. Es posible.

AYUDANTE. Se deleita en hacer el bien, además, obedece a sus padres en todo lo que le piden y ofrece sinceros sacrificios a Dios.

SATANÁS. Sí, Abel ha resultado un joven muy difícil de persuadir.

AYUDANTE. No así su hermano…

SATANÁS. (Sonrisa irónica.) No, Caín es muy manejable.

AYUDANTE. Tanto como la tierra que ara.

SATANÁS. Habéis hecho un trabajo muy bueno con él.

AYUDANTE. Gracias, ha sido muy fácil: desde joven ya apuntaba maneras. Cuando sus padres trataban de explicarles lo que sucedió en Edén y de prevenirles de nuestros ataques, siempre lográbamos distraerle con cualquier cosa: un gusanillo juguetón, los aleteos de una mariposa, el canto de un pájaro…

SATANÁS. ¡Qué bien os han servido las criaturas de Ése! ¡Alabadas sean las criaturas del Señor!

(Los dos se ríen.)

AYUDANTE. Se esmera bastante en su trabajo.

SATANÁS. Sí, ¿os habéis fijado en el brillo de sus ojos cuando mira su huerto?

AYUDANTE. No, nos habíamos percatado.

SATANÁS. Por eso hay que estar siempre al tanto. Ese brillo bien encaminado puede derivar en orgullo. Mira, observa… (Se acerca a Caín que está labrando la tierra y le habla al oído.)

SATANÁS. Pasa la mano por los frutos. ¡Qué buen color tienen! ¡Qué aroma! ¡Y cómo pesan…! No hay otro huerto como el tuyo. Tu padre no sabe tanto como tú. ¡Claro! Él no lo ha aprendido de niño, lo ha tenido que hacer como un castigo y ha perdido la ilusión del Edén. ¡Prueba uno! ¡Hum! ¡Qué bien sabe! Seguro que son tan buenos como los que comían tus padres en el Jardín. Míralo otra vez. ¡No, no! Este es mucho mejor que los del Edén… ¡Seguro!

(Caín se queda extasiado y con cara de orgullo.)

SATANÁS. Ya está.

AYUDANTE. ¡Ahí viene Abel!

(Entra Abel; habla con su hermano, observa sus frutos.)

AYUDANTE. De todos los hijos de la pareja, éste es el único que se ajusta a la profecía de Dios.

SATANÁS. Abel, Abel, ¿vas a aplastarme tú la cabeza? Ya veremos quién aplasta a quién el qué.

AYUDANTE. Dios dijo que sería un descendiente de la mujer: su simiente y éste es el que…

SATANÁS. (Le corta enfadado.) De este me encargo yo.

AYUDANTE. ¡Mira! Están construyendo unos altares.

SATANÁS. Perfecto para mis planes… (Se acerca a Caín y le habla al oído mientras construye el altar.) Ya sabes que a Dios hay que ofrecerle lo mejor y qué mejor que tus frutos, ¿verdad? Sí, esos frutos que superan a los del Edén.

(Caín se queda pensativo a medida que escucha las palabras de Satanás.)

SATANÁS. Seguro que Dios se enorgullece de ti y le das una lección al santurrón de tu hermano. ¡Qué poco original es este Abel!

(Los hermanos terminan de construir los altares y cada uno coloca sus ofrendas. Cuando Abel ve la ofrenda de Caín se acerca a él para intentarle convencer de su error.)

AYUDANTE. Abel, Abel, ahórrate el discursito, ¿no ves que el brillito de sus ojos le impide ver la realidad? ¿Le estás contando otra vez la experiencia de vuestro padre?

SATANÁS. Abel, que no, que no se acuerda del sufrimiento de vuestro padre cuando tuvo que degollar a esa pobre ovejita, ni de cómo le escurría la sangre por sus manos y sentía la inercia del cuerpo muerto. No, tampoco recuerda cómo experimentó por primera vez las lágrimas, ni de cómo, sorprendido, al sentírselas brotar se tocó la cara y se la cubrió de sangre. No, Abel, no, no se acuerda… Ahora solo ve gusanillos y maripositas… ¡Que canten todos los pájaros ahora!

(Se escuchan cantos de pájaros y Abel desiste de convencer a su hermano. Realizan el sacrificio y el sacrificio de Abel es aceptado porque desciende fuego del cielo y lo consume. No ocurre nada con el de Caín y el semblante de Caín se desvanece.)

SATANÁS. Lo que pensabas: que Dios es poco agradecido con tus ofrendas… ¡Con lo que has trabajado en la Tierra! Y Abel… Con esa carita de ángel… Pero bien que se ríe de ti. No es tan santito como parece.

(Abel se acerca a su hermano e intenta consolarlo. Le empieza a explicar la cuestión del sacrificio.)

AYUDANTE. ¡Hombre, Caín! Aunque no quieras reconocerlo, tu hermano tiene razón y sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados.

SATANÁS. Tenías que saber que el pecado no es algo para tomárselo a la ligera y que éste desagrada a Dios.

AYUDANTE. Sí, id a dar un paseo, a ver si de una vez por todas se calla Abel…

(Van caminando y Abel sigue hablando.)

SATANÁS. ¡Qué pesado es tu hermano, verdad? Y además, ¿no eres tú el mayor? Tú tendrías que estar al mando y no él. ¿Qué se ha pensado?

AYUDANTE. Y ahora te dice que te sientes, que va a buscarte un poco de agua fresca.

SATANÁS. ¡Basta ya! ¡Que no eres un muñeco! ¡Levántate! Que se entere de quién eres tú… Aquí y ahora… ¡TÚ DECIDES!

(Caín enfadado y alterado, agarra una piedra y golpea a su hermano que cae muerto al suelo. Aún con la piedra en la mano…)

SATANÁS. Perfecto, Caín, yo no lo habría hecho tan bien. ¿Quién iba a aplastarle la cabeza a quién?

Todo lo bello no siempre sabe bien

25 Minutos y 10 Personajes. Una joven se deja aconsejar por varios personajes que la llevan a un camino alejado de Dios. Siente que su vida no está limpia y no es merecedora de perdón pero su padre la ayuda para que busque a Dios y confíe en el sacrificio de su hijo Jesús.


TODO LO BELLO SIEMPRE SABE BIEN


PERSONAJES

HOMBRE
VALERIA
DESOBEDIENCIA
PADRE
ENVIDIA
ROMINA
AMBICIÓN
ENRIQUE
DESEO
PERDICIÓN


(Entra un hombre a escena, sucio, mal vestido y tambaleando.)

HOMBRE. Auxilio, ayuda, me siguen, están por todas partes... Lo he perdido todo: mi vida y mi paz y ahora no me queda nada...

(Sube al escenario como puede y exclama delante de todos…)

HOMBRE. Por favor, escóndanme, que si él me agarra estoy perdido; pero si yo no hice nada, ojalá nunca les pase lo que a mí.

(Salen unos brazos dentro del telón y se llevan al hombre.)

HOMBRE. ¡NOOOOO......!

(Apertura del telón.)

VALERIA. Otro día más, las mismas cosas, la misma gente..., ¡Qué aburrido! (pausa al hablar). Lo único interesante está en la televisión.... ¡Sí! ¡Cómo me gustaría ser parte de ese mundo! Salir en las revistas y estar siempre a la moda, conocer lugares nuevos... (Comenta esto con emoción en su voz.) Pero no puedo, papá siempre esta diciéndome que soy joven, que no me apure en crecer. Según él “las cosas llegan, pero a su tiempo”. Recuerdo que me dijo “las edades son como las estaciones del año: llegan en el momento que es necesario y siempre con un propósito”, pero sé es ahora que soy joven, cuanto más tengo que vivir; estoy desperdiciando mi juventud, ¡¡¡LA VIDA SE ME VA!!! (Exclama al sentirse triste.)

(Valeria se da cuenta y repara en el cartel que esta detrás suyo y lee.)

VALERIA. “TODO LO BELLO NO SIEMPRE SABE BIEN”

VALERIA. ¡Qué concepto tan raro! Si se supone que lo bello es lo que a los ojos agrada, entonces no puede saber mal, lo bello siempre es dulce y hermoso. Creo que ese letrero está mal escrito, sí, eso es, está equivocado.

(Cuando Valeria termina de decir esto, baja la cabeza y ve las cinco formas debajo del cartel. Se acerca a la primera (DESOBESIENCIA) muy lentamente, queriendo tocarle la cara cuando de repente, ésta se despierta, la asusta con su saludo.)


DESOBEDIENCIA. Hola...

VALERIA. ¡Huy!... Me asustaste... Hola, ¿cómo estás?

DESOBEDIENCIA. Cansado... Me duele todo: la espalda, las piernas… Esta tortícolis me está matando...

VALERIA. ¡Ay!... ¿Puedo ayudarte en algo?

DESOBEDIENCIA. No, no lo creo. (Sarcásticamente.) Pero gracias por despertarme, Bueno ¿entonces...?

VALERIA. Entonces, ¿qué...?

DESOBEDIENCIA. Entonces... ¿Para qué me despertaste?

VALERIA. Yo... Nada..., yo solo estaba leyendo el cartel… (Miente con cara de yo no fui.)

DESOBEDIENCIA. ¡Ahhh!... Ese cartel… (Despectivamente.) Lo puso alguien de quien prefiero no hablar. No le des ninguna importancia, ese cartel está mal, ¿a quién se le puede ocurrir una idea tan ridícula? Imagínate un mundo lleno de emociones y cosas bellas, solo un tonto se perdería de todo eso. Yo quiero experimentar cosas nuevas y vivir la vida a mi manera, a mí nadie me pone reglas, yo hago mis propias reglas, nadie me dice lo que tengo que hacer, ¡¡¡QUIERO SER LIBRE, Y VIAJAR POR EL MUNDO!!! Sí... un viaje no me vendría nada mal.

VALERIA. ¡Ay!... Sí... Me encantaría ser libre como vos y viajar y conocer nuevos lugares... y tener nuevos amigos... (Emocionada.)

DESOBEDIENCIA. ¡Ahhh! ¿Sí? ¿Y por qué no vienes conmigo? Vamos... No sabes lo bien que la vamos a pasar. Yo te puedo enseñar a vivir sin reglas.

VALERIA. No, gracias, otro día tal vez. Además, ni siquiera te conozco.

DESOBEDIENCIA. ¡Ah, perdón! Mi nombre es Desobediencia. (Pausa 2 ó 3 segundos.) ¿Entonces...?

VALERIA. Entonces, ¿qué?

DESOBEDIENCIA. Entonces... ¿Vamos? ¿Querés venir conmigo?

VALERIA. Lo que pasa es que mi papá nunca me dejará ir.

DESOBEDIENCIA. No podés decir que no te dejan, yo creo que si tu viejo no te deja hacer algo tan bueno, no merece que le obedezcas... es más, allá viene.

VALERIA. Hola papá, vení que quiero presentarte a un amigo.

PADRE. ¿A quién, querida? No veo a nadie.

VALERIA. A él, papá... (Señala a Desobediencia.)

DESOBEDIENCIA. No, solo vos podés verme, soy solo amigo tuyo. (Susurrándole al oído.)

PADRE. Bueno, es tarde, nos vamos.

DESOBEDIENCIA. Dile... vamos...

VALERIA. Papá...

PADRE. ¿Sí, querida?

VALERIA. ¿Puedo ir de viaje con un amigo?

PADRE. Claro, querida, cuando crezcas.

(En ese momento la maquina se pone en frente.)

DESOBEDIENCIA. Ves lo que te dije, no podés obedecer a alguien que piensa que sigues siendo una niña. ¡Ja, ja, ja! Tal vez tenga razón.

VALERIA. ¿Como que cuando crezca? Ya tengo 17 años, además, soy mucho mas madura que mis amigos.

PADRE. Valeria, solo quiero que aprendas a ser prudente, deja de refunfuñar y ven para casa. ¿Sí? (Dice esto con al mano en el rostro de Valeria.)

VALERIA. No, no quiero, nunca me dejas hacer nada de lo que yo quiero, no tengo que obedecerte, yo me quedo.

PADRE. Valeria, no sé qué te pasa, pero voy a hacer de cuenta que no escuché nada, voy a adelantarme a la casa, pero quiero que vengas, ¿entendiste?

(El Padre sale de escena mientras la Desobediencia se alegra de su obra.)

VALERIA. Bueno, lo hice... OK Ahora, ¿qué hacemos?

DESOBEDIENCIA. Yo nada, tú ya hiciste todo lo que yo quería que hicieras. Chao... (Vuelve a su lugar y se congela.)

(Valeria se acerca para ver que había pasado; en eso se despierta ENVIDIA.)

ENVIDIA. Guau... Pero, ¡qué chica más linda! ¡Qué pelo! ¡Qué porte! La verdad creo que estás para modelo.

VALERIA. Gracias, me sonrojas.

ENVIDIA. Nooo... preciosa, vos no te sonrojas, el que pierde el color soy yo al verte. Pero, ¿qué hace una chica tan linda como vos por acá, solita en este barrio tan peligroso? Algunos dicen que por estos lugares andan dando vueltas unos entes malignos buscando chicas solitarias para asustarlas. Pero no te preocupes, por suerte te encontraste conmigo y no con una de esas bestias... Pero bueno, ¿qué andas haciendo por acá?

VALERIA. Estaba charlando con un amigo y no sé qué pasó, se fue y me dejó sola.

ENVIDIA. ¿Amigo? Me encantaría ser tu amigo, ¿puedo, preciosa? ¡Dale! O me muero.

VALERIA. Bueno, yo creo que sí, además me gusta tu buen gusto. Soy Valeria. ¿Y vos?

ENVIDIA. Yo soy la Envidia, y todos quieren ser como yo. Valeria, vos y yo haremos un dúo genial, seremos inseparables.

(Ingresa Romina a escena.)

ROMINA. Hola Valeria, ¿cómo estás?

VALERIA. Hola Romy.

ROMINA. ¿Qué hacés por acá? Iba para tu casa, pensé que estarías allá.

VALERIA. Lo que pasa es que estaba con un ami... (Recordando que nadie más que ella puede ver a sus nuevos amigos cambia la frase.) Estaba pensando... y vos, ¿cómo estás?

ROMINA. Bien... quería invitarte a tomar algo. ¿Querés venir? Yo invito.

(La ENVIDIA entra en acción en ese momento.)

ENVIDIA. Pero, ¡qué bombón! Ella no es solo linda, es hermosa, mira qué pelo, qué ropa, parece que se gastó una fortuna en esos pantalones. La verdad, Valeria, tu amiga no está para modelo, está para super-modelo.

VALERIA. Perdón Romy, puedo pensar algo, ahora vuelvo. (Enojada se lleva a Envidia tomándola del brazo.)

VALERIA. ¿Qué te pasa? Pensé que éramos amigos y lo único que haces es adular a mi amiga.

ENVIDIA. Lo que pasa es que tú eres linda, pero ella lo es más, no lo tomes a mal pero ella tiene un jean hermoso, ¿lo viste?, y el tuyo... bueno, ¿para qué otra cosa lo usas? ¿Y ya viste sus zapatillas? ¿Y las tuyas...? Te doy un consejo: no juegues más al fútbol con ellas. Y lo mejor: su pelo, parece de seda, mientras que a ti, mi amor, usar crema enjuague no te vendría nada mal. Es lo que siempre digo “las cosas hacen a las personas”.

VALERIA. ¿Qué...? ¿Tan mal me veo?

ENVIDIA. Bueno... Sí. Pero no te preocupes, yo te dije que sería tu amigo y lo cumplo, además la tal Rominita es media bruja, te echa en cara sus cosas. ¿Te diste cuenta por qué sale contigo? Para que la gente note que la linda es ella y no vos. ¡Qué bruja! Vamos a ponerla en su lugar.

(Valeria vuelve.)

ROMINA. Bueno, vale, ¿vamos?

ENVIDIA. Eso sonó como una orden. ¡Huy! Te ordenó.

VALERIA. No, Romina, no voy...

ROMINA. ¿Por qué...?

ENVIDIA. Te está pidiendo explicaciones, sí... Eso de donde yo vengo es pedir explicaciones. Dale, decile que es una bruja.

VALERIA. No voy por la sencilla razón que estoy cansada de que te luzcas tan bien cuando salimos, con tu ropa nueva, haciéndote la super-modelo y para llamar la atención y refregarme en la cara lo linda que sos.

ENVIDIA. El pelo, no te olvides del pelo....

VALERIA. Y tu pelo... muy lindo y sedoso, ¿qué pensás? ¿Qué porque tenés todo eso, sos la mejor? Obvio que no.

ROMINA. Valeria, ¿de qué hablás? Si sos re-linda y tenés una belleza interior muy grande...

ENVIDIA. ¿Belleza interior?... Te esta diciendo que sos horrible por fuera, ah no… ¡Ja, ja, ja! ¡Qué bruja...! Yo que vos.... mmm.

VALERIA. ¿Qué me estás queriendo decir con belleza interior, que por fuera soy un monstruo, mejor andate? No te quiero ver más.

ROMINA. Pero no... Vale... ¿Qué te pasa?

VALERIA. Andate, no quiero saber nada de vos.

ENVIDIA. ¡Fuera bicho! ¡Ja, ja, ja!

(Romina se va triste y llorando.)

ENVIDIA. Bueno cumplí, adiós ingenua, ¡ja, ja, ja! (Vuelve a su lugar y se congela.)

(Valeria se siente mal por lo que hizo y trata de alcanzar a Romina, pero en ese momento se despierta AMBICIÓN y la detiene.)

AMBICIÓN. ¿A dónde crees que vas?

VALERIA. Le dije cosas muy malas a mi amiga y quiero pedirle perdón.

AMBICIÓN. ¿Perdón? ¡Ja! Eso es para los débiles, la gente de éxito hace que los demás le pidan perdón, deberías saberlo, pareces una chica inteligente.

VALERIA. Tienes una voz muy fría y calculadora.

AMBICIÓN. Por supuesto, soy la base de la gente rica, el sustento de los gobiernos poderosos, enaltezco al hombre y lo levanto hasta el cielo, soy la Ambición y conmigo dejarás de ser una persona para ser “la persona”.

VALERIA. ¿Podías hacer todo eso conmigo?

AMBICIÓN. ¿Eso te gustaría?

VALERIA. Bueno... yo....

AMBICIÓN. ¡Bien!, ¡ya estamos negociando...! ¡Ey...! Sí que eres buena para esto...

VALERIA. Emm..., sí, supongo... ¿Pero qué tengo que hacer?

AMBICIÓN. Fácil. ¿Querías las cosas de tu amiga? Bueno, yo te las puedo dar si las ambicionas en tu corazón: ropa, joyas, belleza… Todo eso lo puedes tener si tienes mucha ambición.

VALERIA. Sí... Y yo podría salir con Romy otra vez...

AMBICIÓN. ¿Qué? No me entendiste: para tener todo tienes que desechar cosas simples como los amigos o la familia; esa es la clave de todo. Tomá esto y decidme si no vale la pena.

(Saca de un cajón un abrigo de piel, anteojos de sol, joyas, y se las va dando de una a una mientras Valeria sigue hablando.)

VALERIA. ¡Qué cosas más lindas! además con todo esto, ¿quién necesita a Romina?

AMBICIÓN. Eso es lo que quería escuchar de ti. Recuerda que lo externo es lo único que importa, si te ves bien, la gente te tratará bien; llénate de cosas hermosas y el mundo te adorará. (Mientras dice esta última frase vuelve a su lugar y se congela.)

(Entra ENRIQUE a escena.)

VALERIA. Es Enrique y me vio; creo que quiere hablarme.

(Despierta DESEO.)

DESEO. Hola, ¿cómo estás?

VALERIA. ¿Qué tal? (Embobada, sin dejar de ver a Enrique.)

DESEO. ¡Huuy...! Y ese, ¿quién es? ¿Tu novio? Se ve muy bien.

VALERIA. No, no es mi novio, pero me gustaría que lo fuera... (Enamorada.) ¡Ahhh! Y vos, ¿quién sos? (Reaccionando por la presencia del nuevo personaje.)

DESEO. Yo soy el Deseo y creo que puedo ayudarte, si vos querés, claro...

VALERIA. Sí, por favor, decidme qué hago.

DESEO. Míralo fijamente. OK. Ahora jala el dedo y llámalo...

(Valeria llama a Enrique con el dedo.)

DESEO. Eso es, muy bien...

(Enrique la ve y se acerca.)

ENRIQUE. Hola, Valeria, ¿cómo estás? Te ves muy bien.

VALERIA. Gracias, pero creí que no me conocías. Bueno, como nunca me hablaste antes.

ENRIQUE. Bueno, eso era antes, pero ahora te ves muy bien. ¿Qué te hiciste?

VALERIA. ¿Yo?... Nada... Bueno, algunas cosillas con la ayuda de algunos amigos. ¿Te gusta?

DESEO. Ya lo tienes.

ENRIQUE. Perfecto... ¿Te gustaría salir conmigo? Podríamos pasarla muy bien.

VALERIA. Sí, claro... Digo no, digo sí, este... no sé, estoy confundida.

DESEO. Vamos, ¿no era lo que tanto querías? Aprovéchalo ahora que lo tenés.

ENRIQUE. Ya sé lo que pasa, vení que te digo algo...

(Enrique le susurra cosas al oído mientras Valeria abre los ojos de asombro.)

VALERIA. ¿Qué...? No, ¿cómo se te ocurre? Estás loco.

ENRIQUE. Pero si es lo más común del mundo.

DESEO. Vamos Valeria, que me hago vieja de tanto esperar…

VALERIA. Es que no te conozco lo suficiente y no creo que sea correcto.

ENRIQUE. ¿Sabes? Mi abuela tiene más onda que vos, no puedo creer lo amarga que sos, y pensándolo bien, ni que valieras tanto; yo me voy, tonta.

VALERIA. Espera, espera, no te vayas. Ayúdame, ¿qué hago? Enrique se va. (Esta última frase dirigiéndose a Deseo.)

DESEO. A mí no me mires, yo te lo puse, vos no lo aprovechaste, así que me voy, bye. (Se congela.)

VALERIA. No, ¿vos también? Te vas igual que los otros; comienza bien pero siempre termino perdiendo algo. Bueno, sos el último, espero que vos... (Dirigiéndose a PERDICION que despierta interrumpiendo la frase.)

PERDICIÓN. Déjame adivinar, necesitas ayuda, ¿no?

VALERIA. Sí, todo me sale al revés y no entiendo por qué, espero que vos puedas ayudarme.

PERDICIÓN. ¿Quién te hizo pensar que yo vine para ayudarte? No lo puedo creer, sigues tan ingenua como siempre.

VALERIA. Si no viniste para ayudarme, ¿a qué viviste?

PERDICIÓN. Yo soy la Perdición y vine a cobrar todos los favores que te hice, o mejor dicho, las consecuencias de tus errores son mías, Valeria.

VALERIA. Debe ser una broma, si yo no hice nada.

PERDICIÓN. ¡Ja, ja, ja! Aparte de tonta, comediante. Típico de ustedes, los seres humanos. Son capaces de cometer las peores maldades que el mundo ha visto y todavía preguntan: ¿yo qué hice? ¡Qué cuadro más patético! (Se acerca agresivamente a Valeria.)

PERDICIÓN. ¿Quieres que te lo diga? ¿Ah...? La verdad es que no tienes vergüenza, ¿sabes cuántos en el mundo darían todo por el consejo de un padre o una madre? ¡Miles! Pero no, la señorita es lo suficientemente madura como para ignorarlos, ¿verdad? Incluso desobedecerlos. (Aplaude irónicamente) ¡Bravo, bravo, la señorita madures! ¿A dónde te llevó todo esto? ¡A mí, sólo a mí!

(Valeria, al escuchar todo esto se da cuenta de su equivocación.)

VALERIA. Es cierto, pobre de mi papá… él sólo quería protegerme de todo esto y yo no le hice caso. Pero, por favor, compréndeme, no sabía en lo que me metía.

PERDICIÓN. ¿Qué...? No sabías, ¡claro! (En forma sarcástica.) Si era lo que estabas esperando, lo que vos querías, el momento oportuno para desobedecer y lo hiciste.

(La Perdición se acerca a la Desobediencia y ella despierta, ambos se ríen.)

PERDICIÓN. ¿La oíste? No sabía, ¡ja, ja, ja!

(En ese momento Desobediencia ronda a Valeria y la atormenta.)

VALERIA. No..., vasta, dile que se detenga.

PERDICIÓN. ¿Por qué no dijiste que era tu amigo? Y hablando de amigos y amigas, ¿lo de tu miga Romina fue también sin querer? (Corre hacia Valeria y le dice en voz fuerte.) ¡Contesta! ¿Fue sin querer?

(Envidia despierta rondando a Valeria y la atormenta junto con Desobediencia.)

VALERIA. Por favor, basta, te lo ruego..., llévate todo, te lo devuelvo, solo quiero que me dejen en paz.

PERDICIÓN. Todo lo que tienes ahí te lo di yo, por causa de tu ambición, (despierta Ambición) así que lo único que me interesa es tu vida, y para eso estoy aquí, para tomarla. Lastima que tu deseo te haya jugado en contra.

(Deseo se despierta y corre hacia ella.)

PERDICIÓN. Enrique, un buen muchacho, un poco bobo, pero me sirvió, lastima nena que no recordaste que TODO LO BELLO NO SIEMPRE SABE BIEN.

VALERIA. Perdón, no quiero irme, ¡no! (Grita desesperadamente.)

PERDICIÓN. ¿Crees que hay alguien que te ame con todo lo que hiciste?, pero basta me canse de charlas. ¡Tráiganla! Ella viene con nosotros.

(Los seres sujetan a Valeria y cuando están a punto de llevarla se escucha la vos del padre.)

PADRE. Valeria, Valeria, hija, ¿en dónde estás?

VALERIA. ¡Papá, ayúdame, auxilio, papá...!

(Los seres la sueltan pero siguen rondando esperando para volver a atraparla.)

PADRE. ¿Qué te pasa hija? ¿Por qué lloras? ¿Qué te pasó?

VALERIA. Papi, no dejes que me lleven, no quiero, sé que hice mal, pero por favor, ayúdame, ellas quieren llevarme.

PADRE. ¿Quién mi niña, quién?

VALERIA. La Perdición, y junto con ella la Desobediencia, la Envidia, la Ambición y el Deseo. Dicen que todo lo que hice tiene consecuencias y que para mí no hay perdón. Por favor ayúdame.

PADRE. Tranquila, cálmate, es cierto que los errores traen consecuencias pero es mentira que no haya perdón, siempre hay perdón.

PERDICIÓN. ¿Sí...? ¿Y quién te va a salvar de mí? (Dice susurrando.)

PADRE. El perdón está mucho más cerca de lo que crees.

PERDICIÓN. Mentira. (Susurrando.)

PADRE. Valeria, Dios te ama y quiere perdonarte.

VALERIA. Pero papá, me siento sucia, ¿cómo puede ser que Dios me quiera, si he hecho muchas cosas malas, y estoy segura que Él no va a querer saber de mí?

PERDICIÓN. Ya lo entendiste, ven... (Susurrando.)

PADRE. ¡Eso no es cierto!, y si la Perdición te dice eso no la escuches. Dios nos ha dado un regalo muy grande, él envió a su único hijo al mundo y con su muerte en la cruz Él pago el precio de nuestros pecados para salvarnos de la perdición. Y al tercer día resucitó venciendo a la misma muerte, y con su resurrección nos ha entregado la victoria en nuestras manos, para que ya no tengamos temor de esas voces que nos acusan y nos condenan, Valeria, solo extiende tu mano al Señor y pídele vivir una vida junto a Él, y Él te librará de la perdición. (Diciendo esto los seres comienzan a alejarse.)

VALERIA. Papá, ayúdame a que Dios me reciba.

PADRE. ¿Recuerdas cómo hablaste conmigo? Bueno, haz lo mismo con Dios, que sean solo tú y el Señor.

(Valeria camina hacia el frente dejando atrás a su padre.)

VALERIA. Señor, hoy pasé por muchas cosas malas y cometí muchos errores, te pido perdón por cada uno de mis pecados; ya no quiero ser esclava de mi propia perdición. Te doy gracias por tu amor y tu perdón, y hoy sé que ya no hay argumentos contra mí y por tu sangre derramada me vuelvo esclava de tu amor. Quiero que seas tú el motivo de mi vida, Señor.

(Los 5 seres se desploman todos juntos al piso. Se enciende una luz en el centro apuntando a Valeria representando la respuesta de Dios. Se cierra el telón con la canción “No hay argumentos”.)

Echa fuera tu manto babilónico

20 Minutos y 24 Personajes. Así como Acán desobedeció las órdenes de Dios y escondió un manto babilónico y un lingote de oro, así nosotros podemos esconder en nuestro corazón otros pecados que nublen nuestra vida espiritual.


ECHA FUERA TU MANTO BABILÓNICO


PERSONAJES

JOSUÉ
ISRAELITA 1
ISRAELITA 2
NARRADOR
ACÁN
DIRECTOR
VOZ
JUAN
ROSITA
ANITA
CARLOS
LUIS
VOZ FEMENINA
DANIEL
LUISA
AIDA
BERTA
ALINA
AMONESTADORA
ORGULLO
CRÍTICA
RENCILLAS
MODAS
VÍDEOS Y AVENTURAS



INTRODUCCIÓN. En esta noche nos hemos reunido aquí, en esta querida Iglesia para tratar un asunto de vital importancia. En todos los tiempos pasados, cuando el Israel de Dios se alistaba para tomar posesión de Canaán, el pecado de un hombre produjo trastornos en todo el campamento, y quedaron imposibilitados, incapacitados para obtener la victoria en la batalla siguiente.

El pueblo de Dios, hoy, como ayer, tiene un Canaán que conquistar, y hay batallas constantes que librar. Si la juventud se alista debidamente obtendrá la victoria en cada batalla hasta la misma entrada de Canaán, pero un solo pecado de un solo hombre hará que el desagrado de Dios descanse sobre toda la Iglesia hasta que la trasgresión sea buscada, descubierta y eliminada. De no ser así, de fracaso en fracaso se avanzará hasta el total desánimo y perdición.


PRIMERA ESCENA

JOSUÉ. Y si mal os parece, servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis... que yo y mi casa serviremos a Jehová.

ISRAELITA 1. Josué, vimos la ciudad de Jericó y se ve bien amurallada. No es fácil la conquista.

ISRAELITA 2. Tendrá que ir todo el ejército o perderemos.

JOSUÉ. No tenemos que temer; si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios mismo, ha prometido darnos la victoria y su poderoso ejército peleará por nosotros. Esperemos y veremos la gran maravilla que hará nuestro Dios.

NARRADOR. La victoria fue rotunda porque el capitán y su pueblo se rindieron al capitán supremo y se aseguraron la ayuda del ejército invisible que rodea el trono de Dios. No hubo espíritu de venganza sino que solamente actuaron conforme a la voluntad de Dios. Pero un estigma manchó aquella victoria tumultuosa y las huestes israelitas quedaron debilitadas.

ACÁN. ¡Es tan hermoso este manto, y el lingote de oro es una fortuna! Nadie me vio tomarlo. Lo guardaré en mi tienda y ni uno solo de mi familia lo declarará.

NARRADOR. Nadie declaró lo que con tanto cuidado guardó Acán, pero lo que él olvidó fue al Dios del cielo que todo lo ve, todo lo escudriña, hasta lo más secreto del corazón. Aquel solo pecado impidió que el ejército celestial y el Espíritu del Señor les acompañara en la siguiente batalla y el fracaso fue rotundo. La sentencia divina llegó: "Levántate, ¿por qué te postras así? Israel ha pecado...'
.. Y la suerte cayó en la tribu de Judá, y llegó hasta el mismo Acán. Cuando el pecado fue quitado, el pueblo quedó preparado para continuar triunfando".

DIRECTOR. En esta hora solemne en que vivimos, tenemos muchas batallas de índole espiritual que librar y hay que limpiar el campamento de cada corazón para asegurarnos de la ayuda divina y obtener victoria tras victoria hasta la misma entrada de la Santa Ciudad.

VOZ. ¡Echa fuera tu mano babilónico!



SEGUNDA ESCENA

(En casa de Juan un grupo de jóvenes.)

JUAN. Mira, Rosita, no hay dudas de que nos queda muy poco tiempo de preparación, no sabemos cuándo el decreto final será dado y cada uno será sellado para vida o para muerte.

ROSITA. Pero Juan, querido, lo lamentable es ver con cuánta tranquilidad vivimos. Cuando nos observamos y observamos a los demás nos admiramos de ver con cuánta facilidad uno de nuestros jóvenes que ha nacido en la iglesia, oyendo la verdad del evangelio desde pequeñito, o bien hace años que se ha bautizado y se supone debe estar bien cimentado, deja las filas y se introduce en el pecado del mundo.

JUAN. Sí, es muy lamentable. Tenemos que cuidarnos no sea que el enemigo nos sorprenda y arranque de nuestro corazón la verdad que con amor hemos abrazado desde nuestra niñez. (Tocan a la puerta).

ROSITA. Deja, Juan, yo voy a abrir. (Abre y entran con un saludo lo más natural posible. Después de acomodados en la sala, conversan).

JUAN. Me alegro mucho de que hayan venido a nuestro hogar y así poder conversar un buen rato.

ANITA. Rosita, saben ustedes, a veces me siento muy triste cuando veo a nuestra juventud que debía ser más victoriosa y sin embargo somos débiles, maltrechos, apocados frente a la hora que vivimos que es tan solemne.

CARLOS. Ahora mismo sabemos que hay jóvenes que debieran ser activos colaboradores en la iglesia y sin embargo, los ve uno embargados con las cosas de este mundo.

LUIS. A veces los mismos que parecen o parecemos activos tenemos también cosas que el enemigo aprovecha para enredarnos en sus garras.

ROSITA. Esto se debe a que el pecado que se deja penetrar poco a poco hace su efecto profundo. Lo primero que hace es separarnos de Dios.

LUIS. Yo he leído que el pecado después que nos separa de Dios, impide la bendición suya y nos hace ciegos para no entender cuál es su voluntad.

ROSITA. Después nos debilita en nuestro servicio a Dios.

JUAN. Y como es lógico, causa sufrimiento en los que se preocupan por el honor de Dios.

ROSITA. Es penoso ver que donde debiera haber más prosperidad no la hay, y a veces no se sabe por qué es.

JUAN. Debe ser algún manto babilónico.

CARLOS. ¿Cómo un manto babilónico?

JUAN. O un lingote de oro.

LUIS. Juan, eso me hace recordar a los tiempos de Josué, cuando el pueblo estaba por entrar en Canaán, pero lo que no sé es cómo tú puedes compararlo con los tiempos modernos.

JUAN. Mira Luis, nosotros constituimos el pueblo de Dios en estos momentos y estamos también para entrar en una Canaán, pero la celestial. Quisiera en esta tarde mostrarles a ustedes y (dirigiéndose al público) a cada uno de los presentes en esta noche cómo es posible esconder en el campamento de un corazón carnal amurallado por el egoísmo, la ignorancia, la obstinación y la Indiferencia, un manto babilónico o un lingote de oro como lo hizo Acán, trayendo como consecuencia el desastre hasta que pueda ser eliminada la trasgresión. Les invito a ser espectadores junto con el público presente.

(Se van al primer banco).

NARRADOR. Dios ama a su iglesia. Dio a su Hijo porque quiere salvarla; el que le toca, toca la niña de sus ojos, pero quiere ver a una Iglesia victoriosa. Desea verla esclarecida como el sol, hermosa como la luna, imponente como ejército en orden. Quiere llevarla consigo al celeste hogar, pero el cielo se entristece cuando ve a aquellos que debieran rendirse plenamente a aquel que ofrendó su vida por los, negligentes, descuidados e indiferentes, que permiten que el pecado se anide en sus corazones.
Dios no permitirá que el cielo se vea manchado por un alma que permanezca con un pecado acariciado; o abandona el pecado, o el pecado hará que sea consumido por el fuego eterno de la muerte segunda.



TERCERA ESCENA

VOZ FEMENINA. Aquí tienen ustedes unas jóvenes miembros de nuestra congregación. Aparentemente todo marcha bien, pero hay mantos babilónicos que deben ser echados fuera de esos corazones juveniles.

ANITA. Mira, mi amiga, te voy a ser sincera, no puedo ir temprano a la reunión de la directiva porque hay una aventura que me tiene trastornada. Fíjate que hasta el sueño se me quita y otras veces tengo pesadillas con ella.

LUISA. Cállate, dilo bajito que si mi hermano te oye enseguida te amonesta. A mí las aventuras no me interesan, pero lo que sí me gusta es estar a la última moda.

DANIEL. Muchachitas, les oigo a las dos en su conversación y parece mentira que no vean ustedes lo fácil que el diablo las va envolviendo de tal modo que pronto no tendrán el discernimiento espiritual necesario y serán rechazadas por el Espíritu Santo, y como Acán perecerán con su manto babilónico. Las dejo, pero piensen bien lo que les digo.

LUISA. Ya estás Daniel con tus consejos. Yo creo que tú te piensas que eres Daniel el profeta.

(Daniel se va.)

ANITA. Luisa, tú sabes que a mí me mortifica ver cómo Juanita se manifiesta tan cortés y amable con todo el mundo y nunca se pone brava con nadie.

LUISA. (Tocan a la puerta. Abre, saluda a las amigas y se sientan felices a conversar). Muchachitas, qué bueno que han venido. Ahora sí podremos pasar un rato más agradable porque el grupo es más grande.

AIDA Ya no podía soportar en casa a mamá con sus consejos.

ANITA. Aida, pero ella es de lo más amable.

AIDA. Sí, pero ella siempre tiene algo que decirme. Me da una ira, y siempre me llama la atención por el círculo de mis amistades. Ella dice que no es porque no son cristianos, sino porque en lugar de hablarles de Cristo y enseñarles el evangelio, lo que yo hago es hacer lo que hacen ellos. Pero imaginen cómo les voy a hablar de Cristo cuando a cada rato estamos pleiteando y muchas veces yo soy la culpable.

BERTA. Cambiemos de tema. ¿Se fijaron en el tema que presentó Juan el otro día en la iglesia? ¡Qué pesado estaba! El se cree que es muy cristiano. No sabe más que hablar de bondad y mansedumbre.

ALINA. La verdad es que si la iglesia se imaginara cómo somos nosotros, no nos daban ninguna responsabilidad. ¿No les parece?

LUISA. Eso será verdad, ¿pero a quién van a poner que lo haga mejor que nosotros?

VOZ FEMENINA. No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

ANITA. Luisa, qué pena, tu mamá nos estaba oyendo.

LUISA. No puede ser, ella salió a realizar unas compras y no ha venido.

VOZ FEMENINA. Es la voz amonestadora que les dice que pongan a un lado esas faltas que tanto daño les están haciendo y no sólo a ustedes sino también a la Iglesia.

BERTA. Yo tengo miedo, yo nunca he querido oír la amonestación.

VOZ FEMENINA. Hay desagrado en el cielo por la actitud que ustedes manifiestan. Es más, ustedes verán ahora por medio de la amonestación lo que eso representa para Dios.

AMONESTADORA. Jóvenes, he venido para darles el consejo que da Dios en su Palabra. Hay desagrado en Dios por la actitud de ustedes que no creen que la iglesia no podría prosperar si ustedes no tuvieran sus responsabilidades; al contrario, la actitud de ustedes está afectando a la iglesia grandemente.
Tienen ustedes varios mantos babilónicos que traen pecado a la iglesia. ¡Vean ustedes!

(Se pone a un lado mientras salen las muchachas.)

ORGULLO. Anita, tú me posees a mí como si eso fuera una cosa muy buena. Yo me alegro, ¿sabes? Represento un hermoso manto babilónico.

ANITA. Yo no tengo ningún manto babilónico ni de ningún lado. No me gustan los mantos.

ORGULLO. Sí, el orgullo es un buen manto babilónico de colores deslumbrantes, pero te tengo perdida a ti y la influencia que tú ejerces sobre tus amigas es destructora también.

ANITA. ¡Oh, qué horror! Yo nunca me había enfrentado con esta realidad. (Se va Orgullo).

AMONESTADORA. Miren ahora otro manto babilónico, ¿a quién le pertenece?

CRÍTICA. Aquí llego para decirte a ti, Bertita, que eres una buena criticona y te crees muy buena, pero te tengo en mi poder y te llevaré a la perdición.

BERTA. Oh, no, yo no quiero perderme.

AMONESTADORA. Bertita, ¿ves que también tú tienes un manto babilónico? Si no dejas de criticar te vas a perder, porque cada día deformas más tu carácter que se debe estar forjando para el cielo.

RENCILLAS. Y aquí estoy yo; soy poderosa arma de perdición y como tú, Aida, me posees, ya puedes saber cuál es el final.

AIDA. Yo me quiero salvar, y no creía que lo que hacía era tan malo.

RENCILLAS. No, niña, no digas eso… Si es de lo más bueno, para traer oprobio a la iglesia (se ríe) y para perderte. No oigas los consejos de tu mamá. Soy un buen manto babilónico, te pierdo a ti, no dejo entrar a los que lo desean y debilito la iglesia. No me abandones, sígueme poseyendo. (Se va).

AMONESTADORA. Y tú Luisa, no pienses que es bueno Ir en contra del consejo de tu hermano. Si lo hubieras seguido fueras más feliz. Además, tienes un manto babilónico que si te dejas envolver por él estarás con los impíos en el día postrero y allí será el lloro y el crujir de dientes.

LUISA. ¿Cuál es ese manto?

MODAS. Soy yo, mientras tú procuras las modas indecentes, no tendrás tiempo de pensar en tu arreglo espiritual para encontrarte con Jesús cuando él venga. Siempre tendré algo con qué desviar tu mente y no tendrás tiempo de pensar en salvación.

AIDA. Pero, ¿es malo usar una cosa a la moda?

AMONESTADORA. No, hija mía, lo que es malo es que te dediques a la moda como algo imprescindible de tu vida y poco a poco cedas terreno al enemigo utilizando modas inapropiadas para el cristiano.

VIDEOS Y AVENTURAS. Yo vengo para acompañar a las modas (entra junto con las modas) porque yo me encargo de ocupar la mente y el tiempo de cada uno de los que caen en mis manos. Primero una película discreta, luego una más emocionante y luego otra que degrada la mente hasta que al fin están en mis manos, como muñecos. La influencia es tan poderosa que a veces domino la mente hasta en las horas del sueño. ¿Qué te parece, Alina? (Dirigiéndose al público). No, y también a ustedes, jóvenes presentes. A muchos tengo dominados con las películas y las aventuras. Muchos tienen, como Alina, mi buen manto babilónico que les costará la vida eterna, si no cambian. (Se van las dos). Vamos, mi amiga.

(Las muchachas se inclinan y cubren sus rostros con horror.)

AMONESTADORA. No muchachas la hora no es de cubrir el rostro, sino de descubrirlo confesando a Dios los pecados para que sus mantos babilónicos sean sacados fuera del corazón y exterminados, y sus almas queden limpias para salvación de ustedes y para crecimiento de la iglesia. (Se marcha).

LUISA. Yo por mi parte quiero hacer mis arreglos.

ANITA. Propongo que hagamos ayunos y oremos mucho para poder vencer nuestros defectos antes que sea tarde.

BERTA. Acepto, porque me ha dado una angustia muy grande pensar que en el día postrero me encuentre con mi pecado y como Acán sea destruida por conservarlo.

AIDA. Yo me uno a ustedes y ojala no sea demasiado tarde. Quiero cambiar para mi propio bien y para que la iglesia prospere. (Se van).

PARTE ESPECIAL: "Toma mi corazón".

CONCLUSIÓN: Mis queridos jóvenes, el enemigo de las almas constantemente está procurando minar nuestra mente, echando a perder el trabajo que con tanto amor Dios está haciendo en nosotros por la obra del Espíritu Santo.
Hay una forma preciosa de mantener el alma libre de todo aquello que pueda impedir su entrada triunfal en la Ciudad de Dios, y es la entrega diaria a Jesús. El consejo divino es: "Conságrate a Dios todas las mañanas, haz de esto tu primer trabajo". Deja que Jesús te llene cada día y todo lo feo y desagradable saldrá. En su lugar tu alma se verá coronada por los lindos frutos del Espíritu y el manto de la justicia de Cristo brillará sobre ti cada día.