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2012 - España

Yo estoy a tu puerta

10 Minutos y 6 Personajes + Extras. Jesús pasa a la puerta de varias personas pero nadie quiere recibirle.


YO ESTOY A TU PUERTA
loidasomo@gmail.com

PERSONAJES

JESÚS
DEPRIMIDA
NIÑA
MADRE
PADRE
MUJER
Grupo jóvenes

(Hay un grupo de chicos que están viendo un partido de fútbol en el salón de su casa. Están animando al equipo, vitoreando los goles y las jugadas. Jesús pasa por la puerta de su casa y llama.)

JESÚS. (Golpeando en una puerta imaginaria.) Buenas noches, ¿hay alguien ahí?

(Los jóvenes no escuchan a Jesús. Jesús insiste pero nadie se da cuenta. Continúa por un rato pero al ver que nadie le responde se marcha.)

(Hay una pareja que está discutiendo delante de la hija pequeña. La niña parece asustada. Jesús pasa a su puerta y golpea.

JESÚS. (Escucha el ruido que sale de la casa.) ¿Hola? ¿Puedo ayudar? ¿Me dejan pasar?

(La niña se percata de que alguien llama y abre la puerta. Los padres siguen discutiendo y no se dan cuenta de que la niña ha abierto la puerta.)

NIÑA. Hola, ¿quién eres?

JESÚS. Soy Jesús, pequeña. Por favor, dile a tus padres si puedo entrar y hablar con ellos… quizá pueda ayudarles.

NIÑA. (Va corriendo hacia sus padres corriendo para decirles lo que Jesús le ha dicho.) ¡Mamá, mamá! En la puerta hay un hombre que dice que puede ayudaros.

(Los padres siguen discutiendo ignorándola.)

MADRE. (La madre se entera a medias de lo que le dice la hija.) ¿Que has abierto la puerta a un desconocido? ¿No sabes que nunca debes abrir la puerta si no sabes quién es?

NIÑA. Pero es que él…

MADRE. (Cortándole.) Ni peros ni nada…

PADRE. ¿Así es cómo educas a tu hija?

MADRE. Como si tú hicieras algo…

(Se ponen a discutir otra vez y la niña va a cerrar la puerta.)

(Jesús llama a la puerta de una pareja joven.)

MUJER. ¡Hola! ¿Qué desea?

JESÚS. Buenas tardes. Me llamo Jesús, soy de Nazaret…

MUJER. ¿Jesús? ¿El Salvador del mundo?

JESÚS. Así es y me encantaría poder hablar con vosotros; traigo palabras de paz y esperanza y puedo mejorar vuestras vidas.

MUJER. Bueno, Jesús, muchas gracias pero vosotros no estamos interesados en estos rollos. Se le ve un hombre muy agradable pero la religión no es para nosotros.

JESÚS. De acuerdo, si alguna vez cambias de opinión, llámame. (Le entrega una tarjeta.)

(Jesús va a la puerta de una casa en la que vive una mujer deprimida. La mujer está sentada en el sofá. Cuando Jesús llama a la puerta, la mujer contesta desde el sofá pero no se levanta.)

DEPRIMIDA. ¿Quién es?

JESÚS. Soy Jesús, Ana.

DEPRIMIDA. ¿Cómo sabe mi nombre?

JESÚS. Sé muchas cosas de usted. Sé que no está muy bien desde que su marido e hijos fallecieron en el accidente y que cada día que pasa es una amargura para usted. Sé que la familia de su marido le acusa injustamente de haberlos matado porque usted conducía. Déjeme pasar, déjeme hablar con usted, me gustaría ayudarle.

DEPRIMIDA. (Pensativa y afectada por las palabras.) No tengo fuerzas para levantarme del sofá, por favor, pase en otro momento, hoy es uno de esos días…

JESÚS. ¿Seguro que…?

DEPRIMIDA. (Interrumpiéndole.) Por favor, ahora no…

JESÚS. Está bien…

JESÚS. (Dirigiéndose al público.) Esta noche he llamado a cuatro casas distintas y nadie me ha invitado a entrar. (Pausa.) Pero seguiré llamando, por si alguna vez quieren escucharme. (Pausa.) Esta noche también voy a pasarme por la puerta de tu corazón, llamaré despacito, para no molestarte y si tú quieres, entraré a cenar contigo. Ese es mi deseo para hoy.

Condenado

11 Minutos y 5 Personajes + Extras. Un hombre es condenado por diversos pecados: codicia, adulterio, mentira y desesperado acude a los pies de Jesús de quien obtiene perdón. Inspirada en la siguiente predicación. (AQUÍ.)




CONDENADOloidasomo@gmail.com


PERSONAJES

HOMBRE
LEY
ANCIANA
VECINA
JESÚS
VOZ EN OFF (ANDRÉS PINA)
EXTRAS


(Hay un hombre que intenta entrar al metro y se da cuenta de que se ha olvidado el abono en casa. Se mira por todos los bolsillos, saca la billetera pero sólo lleva un billete de bastante cantidad. Varias personas entran y salen del metro.)

HOMBRE. (Registrándose los bolsillos, se escucha su pensamiento.) No, no puede ser, me he dejado el abono en casa… Me va a tocar pagar el billete. (Saca la cartera.) ¡No! ¡Lo que faltaba! Solo llevo un billete de 50€ y este no me lo cambian… ¡Voy a llegar tarde al trabajo! (Nervioso.) ¡Piensa, piensa! ¿Qué hago? ¡Ya está! Cuando se dé la vuelta el controlador me cuelo con alguien.

(Pasa una ancianita delante de él. El hombre le sonríe amablemente y ella le devuelve la sonrisa. La anciana va a pasar al metro y él aprovecha para pasar con su ticket, sin que la mujer se percate de nada.)

HOMBRE. (Se escuchan sus pensamientos.) ¡Perfecto! (Cuando ve a la anciana.) ¡Aquí viene mi oportunidad! Me colaré con ella.

(Aparece la LEY.)

LEY. ¡Condenado!

HOMBRE. ¿Por colarme por primera vez en la vida? Si solo es el ticket del metro y cuesta 50 céntimos… Ya sabes que lo pago todos los días y por un día que me olvido del abono… (Se marcha enfadado con la Ley.)

(El hombre está esperando el metro entre otras personas y ve a su vecina.)

HOMBRE. (Se escucha su pensamiento.) ¡La vecina del tercero! ¡Menos mal que me pasa algo bueno hoy! (Se le acerca disimuladamente.) ¡Cómo está esta mujer! ¡Es que me vuelve loco…! (Se coloca detrás de ella pero ella no lo ve. Respira un poco de su perfume acercándose a su cuello.) ¡Qué bien huele! ¡Qué suerte tiene el borrachuzo de su marido! ¡Semejante mujerona en casa y él se lo pasa en los bares con los amigotes…! ¡Si fuera mi mujer, no la dejaría sola un minuto…!

LEY. (Aparece de nuevo.) ¡Condenado!

HOMBRE. ¿Por qué? Si no he hecho nada…

LEY. Codiciar y adulterar en tu interior… ¿Qué opinaría tu mujer si pudiese leer tus pensamientos?

(El hombre se queda molesto pero un tanto preocupado por lo que le ha dicho.)

(La escena siguiente se encuentra sentado en la mesa de su oficina. Está escribiendo en el ordenador y revisando papeles. Le llaman por teléfono.)

HOMBRE. Departamento de Recursos Humanos, ¿dígame?

VOZ EN OFF. ¿Sergio?

HOMBRE. ¿Sí?

VOZ EN OFF. Soy Andrés Pina, ¿qué tal?

HOMBRE. Hola, Andrés, muy bien, ¿y usted?

VOZ EN OFF. Muy bien, gracias.

HOMBRE. Vaya, qué sorpresa, ¿en qué puedo ayudarle?

VOZ EN OFF. Te llamo por mi hija la mayor… No sé si sabías que trabajó en tu empresa hace muchos años, al principio de abrirse... Bueno, pues está realizando un curso de marketing en el que le exigen hacer prácticas en una empresa y comentando en la secretaría de su colegio que había trabajado aquí hacía mucho, le dijeron que se las podían convalidar si presentaba un certificado de que había trabajado con vosotros. De esta forma podría evitar hacerlas y empezar a trabajar en una empresa en la que acaba de hacer una entrevista.

HOMBRE. Sí, claro, no hay problema. Espera un momento que miro su historial en el ordenador. (Mientras teclea.) Oye, Andrés, que estaba pensando que no vengáis de propio a buscarlo, que os lo llevo a la iglesia yo este fin de semana.

ANDRÉS. El caso es que le corre mucha prisa así que si te parece bien, pasaría yo a buscarlo. Si me lo preparas, me paso esta tarde por allí.

HOMBRE. Aquí veo su historial. Sonia Pina: trabajó de marzo a junio de 1991.

ANDRÉS. Sí, bueno, esto… El caso es que sólo le convalidarán las prácticas si ha trabajado un mínimo de 6 meses. (Dudando.) ¿Podrías hacerle un certificado por ese tiempo?

HOMBRE. Es que…

ANDRÉS. (Interrumpiéndole.) ¿Sabes lo que pasa, Sergio? Que van muy mal de dinero y no puede perder ese puesto de trabajo… pero no se lo darán si no tiene el curso terminado. Ya sabes que tienen dos niños y a su edad es muy difícil incorporarse al mercado laboral…

HOMBRE. Ya, ya…

ANDRÉS. Y si tiene que hacer las prácticas que le faltan perderá esta oportunidad…

HOMBRE. (Cara de molesto.) Está bien, Andrés, pasad esta tarde a recogerlo.

ANDRÉS. Gracias, Sergio, eres muy majo.

(Cuelgan el teléfono y aparece la LEY.)

LEY. ¡Condenado!

HOMBRE. ¿Por qué?

LEY. Por mentir al falsear el certificado.

HOMBRE. ¿Y qué se supone que tenía que hacer?

LEY. No lo sé, Sergio, mi trabajo consiste en señalar el pecado. (Se marcha.)

HOMBRE. (Se escuchan sus pensamientos.) ¡No te fastidia! Eso me pasa por ser bueno… ¡Maldita sea! Pero, ¡qué cara ha tenido de pedirme ese favor! ¿No se supone que vamos a la iglesia, que tenemos unos principios? ¡Qué forma de comprometerme! Me dan unas ganas de agarrarlo y… y… y…

(Aparece la LEY.)

LEY. ¡Condenado!

HOMBRE. Pero, ¿es que hoy la has tomado conmigo? Dame un respiro, ¿qué he hecho ahora, si no he hecho nada?

LEY. Cuando te enojas con tu hermano te haces culpable de juicio. Ya lo explicó Jesús.

HOMBRE. (Pensativo.) Y, ¿cuál es mi condena?

LEY. Muerte.

HOMBRE. ¡¿Muerte?!

LEY. Muerte eterna…

HOMBRE. No, perdona, no lo quería hacer, estoy un poco estresado, no sabía qué decirle… Me he visto entre la espada y la pared y… No lo volveré a hacer. ¡Perdóname!

LEY. Yo no te puedo perdonar, no tengo capacidad para ello.

HOMBRE. Solo por esta vez, te prometo que no lo volveré a hacer…

LEY. No puedo, amigo, mi deber es administrar justicia…

(El hombre empieza a llorar y se echa a los pies de la ley.)

LEY. (Tocándole el hombro, hablándole en tono justo pero sin soberbia o frialdad.) Yo no puedo perdonarte, ni tener misericordia de ti; como te he dicho, esa no es mi labor, y no está en mí el poder hacerlo. Mi deber es señalar el pecado porque soy justa y buena a la vez pero hay alguien que te puede librar de esa condena.

HOMBRE. ¿Cómo? ¿Quién?

LEY. ¿No lo sabes? ¡Jesús! Jesús es misericordioso y compasivo y es el único que tiene el poder de perdonar pecados. ¡Acude a Él!

(Se alumbra a Jesús que con los brazos en forma de cruz y mirada compasiva aparece en escena. El hombre acude a Él y se le echa a los pies desconsolado pidiendo perdón.)

HOMBRE. ¡Jesús, perdóname, ten misericordia de mí! Hoy he pecado muchas veces contra ti…

(Jesús le pone una mano sobre el hombro.)

HOMBRE. (El hombre echa su mano a la mano de Jesús que la tiene puesta en su hombro. Se da cuenta de que hay algo en su mano y se la mira.) ¡Es sangre! ¡Señor, estás sangrando…!

JESÚS. Sí, ya lo sé. Con mi sangre cubro tus faltas de hoy y las vuelvo tan blancas como la nieve.

HOMBRE. (Conmovido.) Lo siento, Jesús, lo siento de veras. Siento que mis faltas te hayan hecho sangrar. Perdóname por llevarte hoy de nuevo a la cruz.

JESÚS. Te perdono, Sergio, te perdono eternamente.

HOMBRE. Gracias, Jesús. Por favor, señor, toma mi vida: toma las llaves de mi mente y mi corazón y ven a cenar conmigo esta noche.

Ya soy salvo

6 Minutos y 4 Personajes. Tres amigos celebran el haber comprado la salvación a través de las indulgencias. Propósito: Drama que tiene como fin introducir lo que sucedió el 31 de Octubre de 1517 en Wittenberg Alemania que fue el comienzo de las iglesias protestantes y el redescubrimiento de la salvación por sola gracia.


YA SOY SALVO

Cedida por Antonio Nazario

PERSONAJES
LUTERO
ELGER
AMALIA
BRUNO

(La escena es frente a la puerta de la iglesia de Wittenberg. En la escena esta una mujer de nombre Amalia leyendo una indulgencia. Ella se ve bien feliz. A la escena entra un hombre de nombre Elger y la mira.)

ELGER. Srta. Amalia, usted se ve muy contenta en el día de hoy.

(La Srta. Amalia deja de leer y mira al hombre.)

ELGER. ¿No me digas que ya usted?

AMALIA. (Alegre.) ¡Sí, por fin ya voy al cielo! Compré una indulgencia para mi familia y para mí. Ya estoy tranquila porque sé que mi alma estará con Dios en la eternidad.

ELGER. ¡Felicidades!

(Ambos se abrazan.)

ELGER. Dios bendiga a ese hombre Juan Tetzel. Dios lo utiliza de una manera maravillosa. Gracias a que él me vendió una indulgencia ahora no voy al infierno. Ahora cuando muera y me presente delante de Dios voy a enseñarle a Él la indulgencia que tengo y por obligación me tiene que dejar entrar al cielo.

AMALIA. Pero una pregunta. ¿Le compraste una indulgencia a tu papá?

ELGER. Así, me alcanzó el dinero para comprarle a mi padre. Puedes creer que él murió hace seis años atrás y en todo este tiempo el estuvo en aquel lugar. ¿Cómo se llama?

AMALIA. ¡Purgatorio!

ELGER. Eso mismo. Te digo que cuando escuché decir a Juan Tetzel que inmediatamente la moneda cae en el cofre, el alma sale del purgatorio, no dudé ni un minuto y le compré una a mi padre. Lástima que no me alcanzó para comprarle una indulgencia a mi suegra, pero ella puede esperar un tiempo más en el purgatorio.

AMALIA. Yo también me quedé sin dinero. ¡Ahora no tengo para comprar comida hasta la próxima semana! Pero, qué importa ya, el alma de mi hija y la mía están aseguradas para ir al cielo.

ELGER. Y hablando de personas que no tienen dinero. Mira quién viene por ahí.

(A la escena entra un hombre de nombre Bruno. El esta borracho y no puede ver bien por dónde anda.)

BRUNO. (Bebe un poco de licor de su botella.) Srta. Amalia y Sr. Elger, ¿cómo están ustedes?

ELGER. Nosotros estamos sobrios a diferencia de usted. Pero también estamos contentos.

BRUNO. (Camina tambaleándose.) ¡Ah, qué casualidad! Yo también estoy contento y feliz. ¡Por eso estoy celebrando!

AMALIA. ¿Y qué está celebrando?

BRUNO. (Saca de su bolsillo un papel y lo muestra.) !Tan, tan, tan…..!!

(Elger y Amalia ven sorprendidos el papel.)

AMBOS. ¡Una indulgencia!

BRUNO. Así mismo.

(Los tres se abrazan.)

BRUNO. Mi mujer me dijo lo de otros días: Otra vez borracho. Y yo le contesté: “¿Y cuál es el problema?” ¡Si ya me voy al cielo! Y (enseña la indulgencia) y sólo me costó 8 ducados.

AMALIA. (Mirando hacia al frente.) Miren, por ahí viene el Frei Martín Lutero.

ELGER. (Mirando hacia afrente.) ¿Ya le contaste que compraste una indulgencia?

AMALIA. No, mejor voy a esperar al domingo a contarle.

ELGER. Se ve molesto.

(A escena entra Martín Lutero y se dirige a la puerta de Wittenberg. Al llegar a la puerta pone las 95 Tesis en la puerta y con un martillo comienza a clavarlas. Al terminar de clavarlas sale de escena.)

BRUNO. (Se da un trago.) ¿Y qué es eso?

AMALIA. No sé, vamos a ver.

(Los tres se acercan a la puerta de Wittenberg a leer las 95 Tesis.)

ELGER. (Leyendo.) Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a la luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia de Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagradas Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

AMALIA. Número uno...

Un niño venció la batalla

15 Minutos y 11 Personajes + Extras. Satanás estudia la venida al mundo del Mesías y trata por todos los medios de que el bebé no nazca. Gracias a la protección de Dios Jesús nació en Belén. Obrita inspirada en la siguiente predicación (AQUÍ.)



UN NIÑJustificar a ambos ladosO VENCIÓ LA BATALLA



PERSONAJES

SATANÁS
ÁNGEL
JOSÉ
MARÍA
HERODES
REY MAGO 1
REY MAGO 2
REY MAGO 3
CASERO 1
CASERO 2
CASERO 3
EXTRAS: Pastores y personas de la corte de Herodes



(Satanás y un ángel están en un lugar indefinido, como si fuera su morada.)

ÁNGEL. ¿No está cansado de tanto estudiar?

SATANÁS. No, esto es muy importante y no lo puedo descuidar. ¿Estáis haciendo lo que os he dicho?

ÁNGEL. Sí, tenemos vigilada a la pareja como nos ordenó.

SATANÁS. Estupendo, porque el nacimiento del Mesías se espera para estas fechas.

ÁNGEL. Entonces, esta misión va a resultar difícil porque los judíos lo protegerán y no podremos llegar a Él.

SATANÁS. Ya verás cómo no… De esos, ya me he encargado yo personalmente.

ÁNGEL. Pero, ¿no nos decía que las profecías eran muy claras y no había dudas de cuándo iba a venir?

SATANÁS. Bueno, es cierto que varios profetas dan muchas pistas sobre Él pero los judíos están muy ocupados en “otros menesteres”… ¡Ja, ja, ja! (Cortante.) Pero aún así, no le quitéis ojo a la pareja, especialmente en ese viaje que van a hacer.

ÁNGEL. Podríamos instigar a alguien para que les asaltase, les robase, pegase o mejor aún: los matase. Cualquier cosa para que esa mujer no dé a luz.

SATANÁS. Vosotros ocuparos de hacerles el camino “más emocionante” que yo tengo que ir caldeando el ambiente… ¡Ja, ja, ja!

(Se apagan las luces. Al encenderse de nuevo nos encontramos en la sala del rey Herodes en la que están aparte de Herodes, los tres sabios y varias personas de la corte.)

(Satanás le habla al oído a Herodes mientras los Reyes Magos le van explicando en mímica por qué están ahí. Herodes asiente aparentemente interesado por lo que dicen.)

SATANÁS. ¿Como que ha nacido un nuevo rey? Aquí el único que manda eres tú y nadie te va a quitar el trono. (Pausa.) Sí, eso, sonríe, muestra interés, pon cara de preocupación, congráciate con su causa, sácales toda la información posible y diles que tú también quieres ir a adorarle. (Pausa.) ¡Muy bien! Así, así… Y cuando te enteres de todo, ¡clas! (hace un gesto como de cortarse el cuello) ¡Te lo cargas! (Ríe estrepitosamente y de forma exagerada.) ¡Ja, ja, ja!

(Se apagan las luces. Al encenderse de nuevo aparece el mismo escenario del principio.)

SATANÁS. Estupendo… Ya tengo a los sabios y a Herodes en el bote. (Al otro ángel.) Bueno, ¿y la pareja aún está de viaje?

ÁNGEL. En estos momentos están entrando en Belén… Míralos…

(Los dos hacen que observan hacia un punto imaginario como si fuera la Tierra.)

ÁNGEL. A ella se le ve muy cansada… con el jaleo del viaje… igual se le adelanta el bebé.

SATANÁS. Por si teníamos alguna duda… Esto confirma mis sospechas (rebusca entre los papeles que leía al principio de la obra y señala con el dedo algo.)

ÁNGEL. ¿Otra vez estudiando?

SATANÁS. No, esta vez es para confirmar lo que ya me había imaginado… ¿Te acuerdas del profeta Miqueas?

ÁNGEL. Por supuesto, el campesino de Moreset. ¡Lástima que no se lo cargaron los asirios cuando invadieron la tierra!

SATANÁS. Pues mira lo que escribió: “Pero tú, Belén efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel”.

ÁNGEL. Así que efectivamente va a nacer aquí…

SATANÁS. ¡Ajá! Otro que vivió en el tiempo de Miqueas, el profeta Isaías, dijo que nacería y solo pueden nacer niños, ¿no? ¡Ja, ja, ja!

ÁNGEL. ¿Qué le da tanta risa?

SATANÁS. Que los judíos están esperando a otro tipo de Mesías, ¡ja, ja, ja! (Cortando en seco la risa.) ¡El niño! ¡No tiene que nacer!

(Se apagan las luces. Al encenderse aparecen José y María llamando a varias puertas imaginarias. De ellas saldrán personas que les irán indicando con la cabeza que no. La escena se irá desarrollando en mímica mientras Satanás irá susurrándoles al oído.)

(Con el Casero 1.)

SATANÁS. Con los seis niños que tienes y el bebé de dos meses, ¿dónde vais a meter a esta pareja? ¡Lo que os faltaba! No le des más vueltas… que sí, claro que entiendes su situación, tú también eres padres, y además muy bueno, pero Belén es muy grande, seguro que los acogerán en otra casa. (Pausa.) ¡Bien hecho!

(Con el Casero 2.)

SATANÁS. Lo que te faltaba, que apelasen a tu amabilidad… Ni por el dinero que te ofrecen, que tú estás con una depresión y ahora no tienes tiempo de ocuparte de los demás sino de pensar en ti mismo. Tienes que estar en calma y con tranquilidad y lo último que necesitas es que te vengan a dar la lata dos visitas. (Pausa.) ¡Bien hecho!

(Con el Casero 3.)

SATANÁS. No, no, diles que no hay sitio, que tenéis visitas y no podéis alojarlos. (Pausa.) ¡Bien hecho!

(El Casero 3 se queda pensativo cuando la pareja se marcha de la puerta.)

SATANÁS. ¿Qué… qué… qué estás pensando? Ni se te ocurra, ¿no ves que no tienes sitio aquí con todos tus hermanos y sus hijos?

(El Casero 3 se acerca a ellos, les muestra un lugar imaginario. La pareja se mira y afirman con la cabeza. Los tres salen de escena.)

(Se apagan las luces y al encenderse están José y María en el pesebre. Se escucha el llanto de un bebé y poco a poco comienzan a llegar pastores y los tres Reyes Magos con regalos. Mientras estos personajes van entrando se escucha en voz en off la voz de Satanás.)

SATANÁS. (En voz en off.) Disfruta de tu momento ahora, pero esto solo acaba de empezar…

(Los pastores y los Reyes Magos terminan con un canto navideño de adoración.)

El Día de la Expiación

10 Minutos y 2 Personajes. El sacerdote Aarón le explica a su nieto en qué consiste el Día de la Expiación: los pecados del pueblo se limpian definitivamente y ya no hay más recuerdo de ellos. Le explica también el significado del sacrificio diario de corderitos y cómo apuntan a la cruz de Jesús. Inspirada en la siguiente presentación. AQUÍ.




EL DÍA DE LA EXPIACIÓN
loidasomo@gmail.com




PERSONAJES

AARÓN
NIETO


AARÓN. ¿Has ayudado a tu madre con las tareas de la casa?

NIETO. Sí, ya está casi todo preparado. Queda muy poco por hacer…

AARÓN. Prestad mucha atención, tenéis que tener todo listo para el Día de la Expiación. No se puede dejar nada para la improvisación.

NIETO. Sí, abuelito, ya lo sabemos. El Señor ha dado unas indicaciones muy precisas de todo lo que tenemos que hacer para estar listos.

(Pausa.)

NIETO. ¿Abuelito?

AARÓN. ¿Sí, cariño?

NIETO. ¿Tienes miedo?

AARÓN. ¿Miedo de qué?

NIETO. De lo que puede pasar allí.

AARÓN. ¿Te refieres en el santuario?

NIETO. Sí.

AARÓN. Bueno, no lo definiría como miedo sino como algo así como un nudo en la boca del estomago… Pero, ¿por qué lo preguntas? ¿Acaso tienes miedo tú?

NIETO. (Pensativo.) Un poco.

AARÓN. ¿Y eso?

NIETO. Tengo miedo de morir. He escuchado lo que la gente dice que pasó cuando Dios os habló desde el Sinaí.

AARÓN. ¿Y qué es lo que dicen?

NIETO. Pues lo que pasó… Que la gloria de Dios descendió sobre el monte y se volvió todo oscuro. Y que de esa oscuridad salían truenos y relámpagos hasta que hubo un gran silencio y entonces se escuchó la voz de Dios que proclamó su santa ley.

AARÓN. Así fue.

NIETO. El otro día dos hombres que a mí me parecen muy valientes comentaban lo asustados que estaban ese día y de igual forma me parece percibir esa sensación de todo el mundo.

AARÓN. Es cierto, pequeño, ese día todos estábamos aterrados. Desde entonces el pueblo le pidió a Moisés que hablase él directamente con Dios, y no con ellos, porque tenían miedo de morir.

NIETO. ¿Y ahí fue cuando Dios le dio instrucciones para construir el tabernáculo?

AARÓN. No, esa fue otra vez que tu tío Moisés subió al Sinaí. Estuvo 40 días con Dios y allí Dios le explicó cómo tenía que construirlo.

NIETO. ¿Abuelito?

AARÓN. ¿Sí, cariño?

NIETO. Y ahora, ¿qué significa este día que vamos a celebrar?

AARÓN. ¿El Día de la Expiación?

NIETO. ¡Ajá!

AARÓN. Bueno, representa que nuestros pecados saldrán para siempre de nuestro pueblo y recaerán sobre el único culpable: Satanás.

NIETO. Pero… No entiendo… ¿No significan eso los sacrificios diarios que se hacen en el santuario?

AARÓN. ¡Hum! (Pensando.) A ver si te lo explico bien… Cuando le hacemos daño a alguien con nuestros actos, palabras o gestos, pecamos contra Dios y contra esa persona. Dios quiere que amemos a los demás como si fuéramos nosotros mismos pero a veces no ocurre así. Podemos pedirles perdón a esas personas pero el pecado ya está hecho y alguien tiene que pagar la culpa. Por eso tomamos un corderito sin mancha alguna sobre el que cargamos todos nuestros pecados. (Pausa.) Dime, cariño, ¿sabes lo qué significa ese corderito?

NIETO. Sí, representa al Mesías que un día vendrá para salvarnos.

AARÓN. ¡Exacto! Ese corderito representa al Salvador de nuestros pecados; él tomará nuestras culpas y ofrecerá su vida en lugar de la nuestra.

NIETO. ¡Qué bueno que es! ¿Verdad?

AARÓN. Sí, mi niño. Ese sacrificio nos demuestra el gran amor que siente por nosotros… Y, ¿sabes lo que pasa con la sangre de ese corderito?

NIETO. No, no lo sé.

AARÓN. Pues llevo un poco de esa sangre al interior del santuario, en el lugar santo, y la derramo sobre el velo que lo separa del lugar santísimo. Así todos los días, los pecados del pueblo se transfieren al santuario durante todo un año hasta el Día de la Expiación. En este día que vamos a celebrar ahora, es el día en que vamos a limpiar simbólicamente el santuario.

NIETO. ¡Ya entiendo! Así el pecado saldrá de una vez por todas de nuestro pueblo.

AARÓN. Eso es. Ese es el único día que se me permite entrar al lugar santísimo.

NIETO. Y, ¿cómo es ese lugar, abuelito? Y, ¿sólo puedes entrar tú allí? ¿Podría verlo yo también? Y…

AARÓN. (Cortándole amablemente.) Espera, espera, ya te cuento. En el lugar santísimo sólo está el Arca del Pacto y dentro del arca las tablas de la ley.

NIETO. ¿Las que dijo Dios desde Sinaí al pueblo y luego escribió con su dedo?

AARÓN. Sí, esas mismas. Están guardadas allí porque son el mayor tesoro del lugar santísimo. Fíjate, el arca está hecha de madera pero no se ve porque está recubierta de oro completamente. Lo único que es totalmente de oro es la tapa y los dos querubines que hay encima de la tapa. Estos querubines están con un ala extendida hacia arriba y otra hacia abajo y sus cabezas miran hacia la ley.

NIETO. ¡Qué bonita tienes que ser! ¿Verdad?

AARÓN. Sí, es muy bonita pero lo mejor de todo es que entre esos dos querubines se manifiesta la gloria de Dios.

NIETO. ¡Abuelo! ¡Qué suerte tienes de ser sacerdote! A mí me gustaría ver también la gloria de Dios aunque… seguramente tendría mucho miedo.

AARÓN. Es un momento muy solemne y la atmósfera que se experimenta allí es indescriptible.

NIETO. ¿Por qué dices eso?

AARÓN. Porque la gloria ilumina todo el lugar y el oro resplandece aún más. También hay querubines dorados por las paredes y el techo de cortinas y parece que están volando con el movimiento de las telas.

NIETO. Yo también quiero ser sacerdote cuando sea mayor.

AARÓN. Algún día lo serás. Ama al Señor con todo tu corazón para que cuando llegue ese día te deleites mucho más en su presencia.

NIETO. Abuelito, ¿y esos querubines qué representan allí?

AARÓN. Esos querubines representan a los ángeles que están delante de la presencia de Dios, sirviéndole día y noche, y protegen su santa ley.

NIETO. ¡Vaya! Creo que ahora quiero ser un querubín.

AARÓN. (Riéndose.) Me parece que eso no va a ser posible. Ese trabajo es sólo para algunos ángeles escogidos y tú eres un niño.

NIETO. ¡Qué suerte tienen!

AARÓN. En efecto, son muy privilegiados… Lástima que no todos lo aprovecharan.

NIETO. ¿Qué quieres decir?

AARÓN. Que hubo un ángel que no estaba contento con ese trabajo.

NIETO. ¿Y por qué no?

AARÓN. Es difícil de comprender por qué no, pero así fue; además, empezó a desear ser como el mismo Dios.

NIETO. Pero eso es imposible.

AARÓN. Exacto y como no podía ser como Él, empezó a cuestionar el gobierno de Dios y su ley, la ley que estaba custodiando hasta que llegó un punto en que la despreció por completo.

NIETO. ¡Qué pena! ¿Verdad?

AARÓN. Sí, cariño. Y ahora tenemos que tener mucho cuidado con ese ángel porque aún sigue cuestionando las normas de Dios y es tan influyente que está convenciendo a muchos para que piensen como él.

NIETO. Eso no pasará.

AARÓN. Desgraciadamente pasa muchas veces y es por eso que pecamos y entristecemos a Dios con nuestros actos.

NIETO. (Pensativo.) Pero abuelito Aarón, los corderitos nos limpian de todo pecado, ¿no? En la sangre del cordero somos perdonados.

AARÓN. (Abrazándolo.) Sí, mi amor, así es… Y un día, así como el Día de la Expiación que vamos a celebrar ahora, los pecados serán limpiados definitivamente de nuestro pueblo y recaerán sobre ese ángel malvado y nunca más habrá pecado ni dolor entre nosotros.

NIETO. (Contento.) ¡Qué bien, abuelo! ¡Es maravilloso! ¡Tengo ganas de celebrar el Día de la Expiación!

AARÓN. Y yo también.

Un invitado muy especial

30 Minutos y 14 Personajes. ¿A quién no le gustaría que la Navidad no se acabara o que por lo menos durara más días? Sin duda alguna es muy hermoso ver luces por todos lados y adornadas las calles como en ninguna otra época del año, y la cantidad de gente en las calles en las compras de la cena de Nochebuena y los regalos… Esto no es cuestión de edades: todos se alegran y es como si se fueran niños todavía, pero, ¿qué es lo que hace esta fecha tan especial realmente? ¿Qué se está festejando? Este guión se hablará acerca de una familia que como muchas otras se preocupa mucho por cuantos invitados tendrán en esta cena de Navidad, pero una persona les hará ver que les falta un invitado: el Principal.


UN INVITADO MUY ESPECIAL
Alma Ivonne Sánchez


PERSONAJES

NIÑA 1
NIÑA 2
TINA
PAPÁ
MAMÁ
OFELIA
NIÑO
NIÑA
PRIMO
ISRAEL
JENY
JEFE 1
JEFE 2
NARRADOR
Escena 1

(Están las dos niñas de la familia en la sala jugando y contemplando su árbol de Navidad con los regalos, la muchacha del aseo está acomodando la sala y escuchándolas.)

NIÑA 1. ¿Sabes? Me gusta mucho la Navidad, con arbolitos y lucecitas por todos lados…

NIÑA 2. Sí, a mí también, sobre todo por los regalos, me gustaría que no se acabara.

NIÑA 1. Sí o que por lo menos fuera dos veces al año.

NIÑA 2. No, mejor tres.

NIÑA 1. Oye, Tina, ¿a ti te gusta la Navidad?

TINA. Claro que sí, niña, tanto que la festejo todos los días.

NIÑA 1. Eso no se puede…

NIÑA 2. ¿Por qué? (Decepcionada.)

NIÑA 1. Porque no, es como los cumpleaños: sólo una vez al año, eso me dijo mi papá (lo dice con el clásico aire de hermana mayor.)

TINA. A que sí se puede.

NIÑA 2. (Muy ilusionada) ¿Cómo?

TINA. Mira, ¿sabes lo que se celebra en la Navidad?

NIÑA 1. Yo sí sé: nació el Niño Jesús en un pesebre, muy pobre y con frío, entre animalitos.

NIÑA 2. Es cierto, a mí me tocó llevar el pesebre a la escuela.

TINA. Muy bien. Bueno, aunque sucedió hace muchos años yo lo celebro todos los días porque si él no hubiera nacido, ni hubiera dado su vida por mí, yo no sería tan feliz como lo soy, ni tendría la esperanza de estar con Él un día por toda la eternidad porque…

(Sale el papá con un periódico en mano. Ha escuchado la plática de Tina con las niñas a lo cual él se muestra molesto y la interrumpe.)

PAPÁ. Tina, otra vez con tus cosas, ya te dije que a las niñas ni les digas nada de tus ideas.

TINA. Ay señor, lo único que les decía era lo que significaba la Navidad; además el Señor Jesucristo dice: “Dejad que los niños vengan a mi porque de ellos es el reino de los cielos”.

NIÑA 2. ¿Es cierto eso, papá? ¿Así dice Dios?

PAPÁ. Ay, mira, no sé, pero…

NIÑA 1. Papá, deja que Tina siga diciéndonos cosas bonitas, ¿sí?

(Las dos niñas insisten.)

PAPÁ. A ver, Tina, ¿qué tienes que decirnos de la Navidad?

TINA. Bueno, pues verán, empezaremos por el principio… Sí saben que Dios creó el mundo y al hombre, ¿verdad?

NIÑA 2. Sí, y lo puso en un jardín muy bonito a Adán y a Eva.

TINA. Sí, y Dios platicaba con ellos todos los días. El propósito era de que llenara la tierra y fuera señor de todo, pero un día el hombre desobedeció a Dios y provocó que el hombre muriera pero no solamente físicamente, sino también espiritualmente, o sea que su relación con Dios se había acabado, el pecado los separaba.

NIÑA 1. ¿Qué es pecado papá?

PAPÁ. Pues, es algo así como cuando haces algo malo, como mentir, o robar, unos son más pequeños que otros… pero, a ver tú, Tina, que lo sabes todo, diles qué es pecado.

TINA. Pues en algo tiene razón: es malo, es desobediencia a lo que Dios nos manda, y todos son del mismo tamaño y color delante de Dios. Igual es mentir o robar, el pecado es algo que Dios odia y que nos trae muerte, sin embargo, Dios nos ama por eso no quería que el hombre se muriera y mandó a su Hijo Jesucristo a nacer de una virgen y más tarde morir por nuestros pecados de manera que él pagase por nosotros…

NIÑA 2. (Con tristeza.) Ah, ¿pero entonces se murió?

TINA. Sí, pero resucitó y está en el cielo con Dios Padre.

NIÑA 1. (Mirando hacia arriba.) ¿Y qué hace allá?

TINA. Pues está esperando y deseando que tú y todos crean en Él, se arrepientan de sus pecados y le inviten a vivir en sus corazones, y sobre todo que le entreguen su vida a su servicio confiando en Él en todo momento reconciéndolo como su Señor y Salvador. Y a los que creen en Él les espera una mansión celestial en su reino.

NIÑA 2. ¡Ay, papá, yo quiero ir ahí!

NIÑA 1. ¡Yo también!

PAPÁ. Ya ves, Tina, lo que provocas.

TINA. Bueno, usted también puede ir ahí si quiere.

(Interrumpe la mamá que lleva en las manos una libreta de apuntes y un lápiz.)

MAMÁ. ¿De qué platican? Dejen de perder el tiempo y ayúdenme con la lista de compras que ya no sé ni qué hacer.

PAPÁ. Bueno, niñas, vayan a jugar por ahí y no molesten a Tina que tiene mucho que hacer, voy a ayudar a mamá.

(Las niñas salen jugando, Tina sigue limpiando y los papás se sientan a ver la lista.)

MAMÁ. Mira, ya tengo anotados los ingredientes del pavo, falta crema para la sopa, y fruta para el ponche. Quiero hacer ese postre de manzana que tanto te gusta, así que también compraré nueces (mientras dice esto el papá se imagina toda la comida y se la saborea)… Tina, te vas a quedar hasta tarde porque tienes que ayudarme.

TINA. Sí, señora, pero ya le había pedido permiso de salir a las 7 porque en el templo habrá programa especial de Navidad y yo estoy en el coro.

MAMÁ. Ah sí, es cierto, bueno entonces nos apuramos para que yo también me arregle.

PAPÁ. Ya sabes que todo tiene que salir muy bien porque vendrá gente muy importante y tengo que quedar muy bien con ellos… Tal vez hasta me den un mejor puesto en la empresa y eso significa más ganancias (ríe maliciosamente).

MAMÁ. Yo invité a mi cuñada y también vendrá tu hermano y tu primo. Creo que por esta ocasión serán todos los invitados que tengamos.

TINA. ¿No se le olvida uno?

PAPÁ. Ay vas otra vez.

MAMÁ. ¿De qué hablas, Tina?

TINA. Yo ya le había comentado de que el Señor Jesucristo le está haciendo una invitación muy importante y que usted tiene que invitarlo a morar en su corazón y…

PAPÁ. (Molesto.) Ah, sí, pero, ¿qué tiene que ver eso ahora?

TINA. Pues mire, ¿cómo explicarle? ¿Usted celebraría el nacimiento de mi primo Ignacio?

PAPÁ. ¿Queeeé? Claro que no, bueno, ni siquiera lo conozco. Digo, me alegra que esté vivo y que esté bien pero no sé ni quién es, ni mucho menos tengo alguna relación con él.

MAMÁ. ¿A qué se debe tu pregunta?

TINA. Bueno, es muy parecido. Hace algunos momentos le comentaba al señor que en Navidad lo que se recuerda o conmemora es el nacimiento del Señor Jesucristo. Y, ¿cómo es que lo celebran ustedes si no quieren saber de Él? Hoy cenarán y sin duda se divertirán pero, ¿qué pasará después? ¿Qué les queda?

PAPÁ. Bueno, pues los recuerdos, las fotos, y mucho quehacer para ti, ¡ja, ja, ja! (Ríe maliciosamente.)

MAMÁ. Mira, Tina, estamos muy apurados como para que empieces otra vez con tus cosas. (Se dirige a su esposo.) ¡Ay, no sé por qué pero tuve tanto tiempo para tener todo listo y me alcanzó el día!

PAPÁ. ¡Como siempre!

(Todos salen de escena. Sólo Tina se queda limpiando y se cierra en telón.)


Escena II

(En casa de Ofelia, la cuñada de Carolina, también se preparan para la cena, aunque con un poco de tristeza porque ésta, como otras tantas celebraciones, su papá y esposo no está. Él es un hombre muy ocupado, siempre afanado en los negocios y que rara vez disfruta con su familia fechas importantes, por lo cual Ofelia está un poco triste, se siente sola.)

(Suena el teléfono.)

OFELIA. ¿Sí? ¿Bueno? ¡Ah! Hola Carolina… Sí, ya voy para allá… No, definitivamente me dijo que no iba a venir… Ya sabes, él es alguien tan ocupado… Sí, los niños van conmigo, ya sabes que no tengo más familia que ustedes… Bueno yo llevo un pastel, nos vemos.

(Salen los niños a escena muy arreglados pero muy poco ilusionados.)

NIÑO. Ya estamos, mamá.

OFELIA. ¡Qué bueno! Porque ya nos están llamando.

NIÑA. ¿Y mi papá no va a venir otra vez?

OFELIA. No, ya sabes que está muy ocupado y en esta época es muy difícil viajar porque hay mucha gente y se acaban los boletos.

NIÑO. ¿Y crees que venga para año nuevo?

OFELIA. ¡Seguro que sí!

NIÑA. Ojalá, porque ya quiero verlo, pensé que lo vería en tu cumpleaños y ya ves que no vino.

OFELIA. Ya, hija, sí vendrá.

NIÑO. ¿Y vamos a cenar con mis tíos?

OFELIA. Sí, ya saben, se portan bien y no se peleen con sus primas, son muy buenos al habernos invitado. Si no lo hubieran hecho estaríamos solos esta noche y sería más triste.

NIÑO. ¿Triste? ¿Sabes? Yo me siento triste y cuando salgo a la calle o veo a mis amigos todos están felices porque ya es Navidad, pero yo no…

NIÑA. Yo tampoco…

OFELIA. Ay, ya, niños, no se pongan tristes, esta noche es para celebrar, no para llorar (los consuela) así que, vámonos. (Toma el pastel de la mesa, y salen.)


Escena III

(La cena está lista y los invitados están a punto de llegar, la familia anfitriona está muy preocupada por quedar bien con ellos, sobre todo con los compañeros de trabajo, ya que pueden darle un puesto mejor en la empresa al jefe de familia.)

(La casa está adornada y la mesa puesta, las niñas juegan con sus muñecas en la sala, y los papás pasean por la casa apurados y ultimando detalles.)

MAMÁ. ¡Ay! ¡Ya casi es la hora, niñas, ya, dejen de jugar, se pueden ensuciar!

NIÑAS. ¡Estamos jugando, mamá!

MAMÁ. Pues no, mido, guarden esas muñecas y todos sus juguetes, todo debe lucir impecable.

(Las niñas se retiran con los juguetes en las manos disgustadas. Suena el timbre.)

PAPÁ. Ya llegaron. ¡A ver, todo listo! Yo abro. (Abre.) ¡Ah! ¡Son ustedes!

(Son la cuñada sus dos hijos.)

MAMÁ. ¡Ah! Buenas noches, cuñada, ¿cómo estás? (Saludan de beso.) ¡Hola niños!

NIÑOS. ¡Hola tía!

OFELIA. Pues yo bien, pero creo que a tu esposo no le gustó la idea de que viniera.

MAMÁ. No es eso, lo que pasa es que está nervioso porque vendrán unos jefes de su trabajo.

(Se sientan en la sala, los 4 niños se van a jugar.)

PAPÁ. ¿Y tu esposo?

OFELIA. Está fuera de la ciudad y no pudo venir; en ésta época escasean los boletos y no los apartó con anticipación.

PAPÁ. Oye pero, ¿en tu cumpleaños le pasó lo mismo, no? Esperemos que para el año nuevo esté aquí.

OFELIA. Sí, eso espero, la verdad me siento muy sola y los niños lo extrañan mucho. Hace rato me decían que estaban muy tristes aunque fuera Navidad, y la verdad, yo también, aunque les dije que Navidad es para celebrar, no para estar tristes, pero no tengo mucho que celebrar.

(Suena el timbre y la plática se interrumpe. El esposo sale a abrir muy nervioso.)

PAPÁ. ¡Ah! ¡Holaa! ¡Eres tú, pásale!

PRIMO. Perdón, pensé que me habían invitado a una cena de Navidad.

(Saluda a las dos mujeres.)

PAPÁ. Sí, lo que pasa es que espero a alguien importante.

PRIMO. ¿Y se puede saber quién es?

PAPÁ. Uno de mis jefes, lo que pasa es que como había auditoría tenían que trabajar mucho y ya no alcanzaron boleto para regresar a sus casas y entonces como soy muy bueno los invité a pasar la cena de Navidad aquí y bueno, así les caigo mejor, así que tú apóyame y sé cortés con ellos, quiero que vean lo unida que es nuestra familia.

PRIMO. Ay, primito, tú siempre tan interesado… Ya me extrañaba que estuvieras tan elegante. ¡Ja, ja, ja!

(Todos ríen.)

OFELIA. Por cierto, ¿tu hermano Israel no va a venir? Porque creo que ellos no festejan la Navidad.

PAPÁ. Bueno ellos tienen sus ideas pero si se trata de fiesta sí vienen. (Tocan el timbre.) ¡Ahí están!

MAMÁ. Yo abro. (Entran y todos se saludan.)

ISRAEL. Bueno, ya llegué. ¿Qué preparaste, cuñadita? (Va a la mesa a ver la comida.)

MAMÁ. Pavo, ensalada y…

PAPÁ. Sí, pero es para cuando lleguen mis jefes, no podemos empezar antes.

ISRAEL. ¿Y a qué hora llegarán?

PAPÁ. Pues no deben de tardar.

PRIMO. Pues yo creo que los citaste una hora después que a todos porque ya pasó una hora desde que llegué y nada que vienen.

NIÑA 1. Oye, mamá, ya vamos a cenar tengo hambre.

NIÑOS. Sí, sí, ya cenamos.

MAMÁ. Tal vez esos señores sí pudieron regresar y ya no te dijeron, mejor cenamos.

ISRAEL. Sí, oye, me invitaste a cenar y a este paso vamos a desayunar.

JENY. Sinceramente, yo ya tengo hambre, y el pavo debe estar frío.

PAPÁ. Está bien, pasemos a la mesa.

NIÑOS. ¡Sííííí!

(Todos se dirigen al comedor y en eso suena el timbre.)


PAPÁ. ¡Alto! ¡Son ellos! ¡Nadie toque nada! Voy a abrir. (Se dirige a la puerta y abre) Buenas noches, arquitectos. Pasen, pasen. Miren, les presento a mi familia: mi esposa, mis hijas, mi hermano, su esposa, mi primo, la cuñada de mi esposa y sus hijos.

MAMÁ. Nos da mucho gusto que nos estén acompañando, pasemos a la mesa.

(Todos se sientan.)

JEFE 1. Quisiéramos disculparnos; lo que pasó es que el carro se descompuso y ya ve, a esta hora no hay un solo mecánico y tuvimos que arreglarlo solos.

PAPÁ. No se preocupen, no es necesario que se disculpen.

MAMÁ. Espero les guste la cena que preparé.

(Se sirve la cena y comienzan a comer.)

JENY. ¿Y tu esposo, Ofelia? ¿Otra vez de negocios?

OFELIA. Sí, ya sabes que es alguien muy ocupado.

JEFE 2. Eso han de decir nuestras familias, la verdad es muy raro pasar la Navidad sin la familia, para mí siempre ha sido una noche muy especial para convivir, ¿ustedes qué opinan?

PAPÁ. Sí, claro, yo siempre he opinado lo mismo, ¿verdad? (Dirigiéndose a su esposa.)

MAMÁ. Sí, por supuesto, por eso siempre nos reunimos con la familia, es tan confortante.

ISRAEL. Para mí siempre ha sido una buena oportunidad para tener una buena cena y divertirnos un rato aunque después nos volvamos a acordar de los problemas.

JENY. Sí, es cierto, un momento de relax siempre hace falta.

OFELIA. Pues a mí me parece triste, no tengo mucho que festejar.

NIÑA 2. Tina dice que festejamos el nacimiento del Señor Jesús, hace casi dos mil años y…

NIÑA 1. Sí, y que ella lo festeja todos los días porque la salvó de sus... ¿Qué, qué dijo Tina?

NIÑA 2. De sus pecados.

JENY. ¿Tina? ¡Tu sirvienta!

PAPÁ. Sí, ya ves, ella tiene cada idea…

PRIMO. ¿Y desde cuando la sirvienta enseña en la casa de sus patrones? Debe ser una igualada.

PAPÁ. No, es muy buena persona en verdad.

JEFE 1. A ver, de seguro su sirvienta es cristiana.

MAMÁ. Sí, exactamente, y a veces platica con las niñas, como la quieren mucho…

JENY. No deberías permitir eso, yo no sé cómo la tienes trabajando contigo, de seguro todos los días te está hablando de su religión.

MAMÁ. Es muy buena persona y, no, no todos los días nos habla de eso.

PAPÁ. Además es muy honrada y nos conviene porque dice algo así como que el trabajo lo hace como para su Señor o algo así, la cosa es que trabaja muy bien.

MAMÁ. Sí, es muy eficiente.

OFELIA. Pues ya es difícil encontrar personas así en estos tiempos.

JEFE 1. Sí, mi esposa siempre se queja de eso, que ya nadie es honrado, pero siempre es bueno encontrar gente honrada y eficiente.

JEFE 2. Para el nuevo proyecto que vamos a comenzar, necesitamos personas así, con convicciones y principios.

JEFE 1. Ahora que me acuerdo… Una vez tuvimos un compañero en la universidad así, y también me habló algo de la Navidad y pecados, me dijo algo de que el hombre no podía salvarse por sí mismo, por eso Dios mandó a su Hijo. La verdad, es un recuerdo muy vago, hace mucho tiempo que pasó y yo no me interesaba mucho en esas cosas.

JEFE 2. ¡Ah, sí, un tal Uziel! Sí, ya me acuerdo, casi no me llevé con él, no íbamos en el mismo grupo.

NIÑA 1. Tina dice que Dios nos ama y tiene una casa en el cielo para los que creen en él.

PAPÁ. Ya, niña, deja de molestar a las personas con lo mismo.

OFELIA. Pues a mí me parece bien que esa muchacha les hable de Dios, no les hace ningún daño, al contrario, creo que el problema principal es que en general el hombre se ha olvidado demasiado de su existencia y por eso hay tantas cosas tan malas.

ISRAEL. Ay, ya, Ofelia, no te pongas sentimental.

JEFE 1. Yo estoy de acuerdo con la señora, tenemos que reconocer lo que realmente somos, no me considero muy devoto pero bueno, hay veces que nos damos cuenta que no podemos solos.

PAPÁ. Yo iba a decir exactamente lo mismo, y a propósito, acerca de la nueva sucursal, ¿ya han decidido acerca del personal?

JEFE 2. Estimado amigo, yo aprecio mucho su preocupación pero me gustaría olvidarme del trabajo por esta noche, si no le molesta.

PAPÁ. No, está muy bien.

PRIMO. A ver todos sonrían, va la foto del recuerdo.

NARRADOR. Y así transcurrió la cena, divirtiéndose y hablando de todo un poco, disfrutando la cena y el momento, olvidando por un instante los problemas que a cada uno aquejan.

JEFE 1. Bueno, les agradezco mucho que nos hayan invitado, estuvo muy bueno todo y muy divertido.

JEFE 2. Sí, pero tenemos que retirarnos, y píenselo amigo, tenemos que acordarnos de Dios.

PAPÁ. Sí, claro, que la pasen bien y buen viaje.

(Salen los jefes.)

JENY. Bueno, nos retiramos, muy buena tu comida, pero no debes de dejar que la sirvienta se ponga a dar ideas a tus hijas, déjalas crecer, y ya ellas que decidan.

ISRAEL. Hasta luego, hermano, nos vemos en la cena de Año Nuevo, ¿eh?

PAPÁ. Sí, pero ahora en tu casa.

OFELIA. Yo también me despido, mi esposo quedó de llamarme en la mañana a ver si puede venir en dos semanas, vámonos niños despídanse de sus tíos.

PRIMO. Bueno, estuvo muy divertido, grabé todo, luego te paso el vídeo ya bien terminado, para que te veas tratando de quedar bien con tus jefes. Me voy y gracias, estuvo rica la cena pero tengo que llegar con mis amigos, para seguir festejando.

PAPÁ. Ya, vete.

(Salen todos de escena y se cierra el telón.)



Escena IV

(Al otro día, nuestros protagonistas están muy cansados, pero hay alguien que está muy molesto y decepcionado, veremos qué pasa.)

(Entran a escena los papás con ropa de dormir.)

MAMÁ. Tina me dijo que hoy vendría, un poco tarde, y ojalá sea pronto porque mira qué desorden.

(En eso alguien entra por la puerta de atrás.)

TINA. Buenas tardes, ya llegué, ¡feliz Navidad, Señores!

PAPÁ. ¿Feliz? ¿Qué tiene de feliz? No lo puedo creer, los invité, me porté cordial, amable, la cena estuvo bien, ¿y para qué? Primero llegan tarde, después salen con su discurso de que debemos acordarnos de Dios y todo para que me salieran con que no querían hablar del trabajo.

MAMÁ. ¡Ay, ya, no te preocupes! Tal vez la cena te sea tomada en cuenta para cuando ellos piensen en quién dirigirá el nuevo proyecto.

TINA. O sea, ¿que no le fue tan bien señor?

PAPÁ. ¡Ay, Tina! Estoy tan decepcionado que hasta podría soportar hablar contigo.

TINA. Ya ve lo que le digo, señor, yo le dije, que usted celebraría la Navidad pero que después de la cena no quedaría nada.

PAPÁ. ¿A que sí? Tengo muchas fotos, y un vídeo, los recuerdos siempre te quedan porque a pesar de todo estuvo muy divertido.

TINA. Lo material que usted pueda tener es tan pasajero y frágil… Si usted quisiera tener algo eterno… Si su invitado principal fuera el Señor Jesucristo yo le aseguro que usted no estaría tan afligido porque tendría a alguien mucho más grande en quién apoyarse, alguien que no le fallará, si usted escuchara esa voz de mi Señor que le dice: “venid a mí todos los que estén trabajados y cargados y yo os haré descansar; y he aquí yo estoy a la puerta y llamo si alguno oye mi voz y abre, entraré y cenaré con él y él conmigo”. Porque me imagino la desesperación con la que estuvo esperando, y la esperanza que usted tenía en esos hombres de que lo favorecieran, sin embargo le fallaron. Dios nunca le falla, siempre está atento su odio a las peticiones de sus hijos, y lo que él nos da es eterno y más valioso de lo que puede imaginar.

MAMÁ. Tina, tú siempre me has hablado de Jesucristo pero es hasta ahora que en verdad esas palabras han llegado a mi corazón. Tienes razón, ayer cuando veía a mi cuñada tan sola y triste, me pregunte qué palabras tendría Tina para ella. De seguro le empezaría a hablar del amor de Dios, y mis cuñados, tan vacíos porque no creen en nada, ni en nadie, me preocuparon porque pensé en el día de su muerte… ¿Qué pasaría con ellos? Y no quiero importunarte querido, pero también vi a nuestra familia, y algo me dice que nos falta algo. Cuando vi tu cara desilusionada cuando tus jefes se fueron, me acordé que siempre cuando le cuento a Tina un problema, ella me dice: Voy a orar por usted, y no sabes qué ganas tuve de orar en ese momento si hubiera sabido hacerlo.

TINA. Señora, qué gran alegría me ha dado. Mi Señor me ha escuchado y por fin siento que su palabra ha caído en tierra fértil.

PAPÁ. Tienes razón, en verdad deseo abrir mi corazón a Jesucristo, creo que él puede salvarme, y le voy a dar todas mis cargas. Como dices, son muchas para mí, no puedo resolverlas solo. Pero… ¿y si fallo?

TINA. Si en verdad cree que por el sacrificio de Cristo sus pecados han sido perdonados, ¿de qué se preocupa? Pues tiene el perdón no sólo de sus pecados hasta ahora sino de los que pudiera cometer.

MAMÁ. Yo también quiero ser salva, quiero que el Señor Jesucristo viva en mí como sé que vive en ti, y quiero confiar en él. ¿Sabes? También pienso que todo esto que tú nos has dicho lo podemos transmitir a nuestra demás familia y así todos tengamos una esperanza, creo que a mi cuñada le haría muy bien saber que Dios la ama y que siempre está con ella, así no se sentirá sola, y ojalá que mi demás familia también comprenda que no todo es diversión y placer, hay que pensar en lo verdaderamente valioso como la Salvación que Dios nos ha provisto.

TINA. En verdad que hoy es Navidad. Sí, en verdad hoy ha nacido el Señor Jesús en sus corazones, no hay Navidad más bella y Feliz que ésta, porque no sólo durará todo su vida, sino que aún más allá de la misma muerte, porque Jesús dijo: “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” y esa es la esperanza más segura que un ser humano puede tener.

PAPÁ. Tina, ¿puedes ayudarnos a pedirle al Señor que entre en nuestras vidas?

TINA. ¡Claro que sí!

(Se sientas y empiezan a orar , se cierra el telón.)

NARRADOR. Hoy empieza una nueva vida para esta familia y su Navidad a partir de hoy durará todos los días, y cada año celebraran el nacimiento de quien en verdad conocen y aman. Amigo, te has preguntado por qué celebras tú la Navidad. ¿Cuál es su significado para ti? No esperes otro año para festejar, comienza a vivir desde hoy celebrando y agradeciendo que un día vino el mismo Dios hecho semejante a los hombres para salvarte de tu condenación, a pagar tus deudas y que te espera a que tú también lo invites hoy a cenar contigo, hoy y por el resto de tu vida, Solo porque te ama.

Una navidad diferente

30 Minutos y 16 personajes. Julián es un muchacho al que no le gusta la cena de Navidad con su familia porque por lo regular terminan peleándose pues no conocen su verdadero significado, David es un amigo que le dirá el porqué de la Navidad y Julián junto con su abuela descubrirán lo que Cristo puede hacer en sus vidas y esa noche lo compartirán con su demás familia.


UNA NAVIDAD DIFERENTE
Alma Ivonne Sánchez




PERSONAJES

NARRADOR
DAVID
JULIÁN
ABUELA
JULIETA
ROGELIO
LUCÍA
PABLO
AUGUSTO
ESTEFANÍA
JOSÉ FRANCISCO
MICHELLE
ANTONIO
VICTORIA
ELISA
MANUEL


Acto 1
Escena 1


NARRADOR. En la calle, Julián va muy triste y preocupado porque la cena de Navidad para él es aburrida y triste, pues por lo regular todos salen enojados. Se encuentra con su amigo David que es cristiano y éste quiere ayudarle a su amigo dándole ánimos compartiendo con él su fe.

DAVID. ¡Hola Julián! (Saluda contento y extendiendo la mano.)

JULIAN. ¡Hola David! (Serio. Se dan la mano.)

DAVID. ¿Qué te pasa? ¿Algo te preocupa?

JULIAN. No, lo que pasa es que hoy es la cena de Navidad.

DAVID. ¿Y qué? Eso debería darte gusto. Recuerda que aunque no es la fecha exacta, recordamos que un día el Señor Jesús vino a nacer para salvar al mundo.

JULIAN. Pues sí, y eso todos lo saben pero no le dan importancia porque sucedió hace muchos años y además, a ellos sólo les interesa la comida, el baile, los regalos, la bebida y eso no es todo, pues antes de la cena todos se felicitan como si se apreciaran de verdad y al terminar de cenar de seguro que todos estarán peleados, como sucede todos los años…

DAVID. No comprendo por qué tienen tantos problemas como familia y menos en un día tan especial.

JULIAN. Eso lo dices tú porque tu familia es sincera en todo tiempo, pero la mía sólo expresa amor estos días; no se preocupan uno del otro y se la pasan discutiendo.

DAVID. Siento que tú no tienes paz en tu alma por los problemas que tienes en tu casa, pero ¿sabes?, a Dios le interesas mucho y quiere ayudarte, por eso en La Biblia nos dice, en Juan que Él nos da la paz no como el mundo la da. También en Mateo nos invita a llevar a Él nuestras cargas y nos promete que nos dará descanso. Lo que tienes que hacer es buscarle de corazón, necesitas la paz con Dios.

JULIAN. Y… ¿Cómo puedo encontrar esa paz que dices? ¿Dónde está?

DAVID. Si lees la Epístola a los Romanos encontrarás que justificados por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; sólo por medio de Él tendrás la paz que necesitas. Para eso Dios envió a su Hijo, para que el hombre pueda hallar la paz que necesita. He ahí el verdadero significado de la Navidad: Cristo vino y nadie tuvo un lugar para que él naciera; ahora Él quiere que tú le abras tu corazón. (Se da cuenta de la hora.) Lamento no poder continuar la plática puesto que tengo un compromiso (saca una Biblia) pero voy a hacer algo por ti. Toma.

JULIAN. ¿Qué es esto?

DAVID. Es uno de los mejores regalos que te puedo dar: es una Biblia, te ayudará con tu problema, lee los versículos que te señalé y lo más importante, coméntale a Dios tu problema y Él te ayudará a resolverlo. Yo estaré orando por ti.

(Se despiden y Julián sale del escenario leyendo la Biblia. Fin de escena 1)


Escena 2

(Se desarrolla en la casa de Julián, quien se encuentra leyendo la Biblia en la sala. Rogelio haciendo cuentas.)

NARRADOR. Este año, la casa de Julián va a ser donde se reúna toda la familia así que Julieta, su mamá, quiere que todo quede bien para cuando lleguen los invitados, pero no todos en esta casa tienen el mismo propósito: a Lucía le preocupan solamente sus estudios, a Pablo su arreglo personal y a Rogelio todo lo que se gasta en estas fechas.

JULIETA. Apúrense, tenemos que arreglar la casa para cuando vengan sus tíos.

LUCÍA. (Pasa con un libro en las manos como leyéndolo.) No puedo distraerme, mamá, tengo que estudiar porque voy a hacer un examen en enero y no quiero tener un sólo error, el mes pasado tuve nueve de calificación y esta vez no puedo fallar, mamá, no puedo. (Atraviesa el escenario y sale.)

PABLO. Yo no puedo ayudarte, porque voy a empezar a arreglarme, tengo que lucir bien por si traen invitadas. Por cierto, tengo que llamar a algunas amigas. (Sale de escenario.)

ROGELIO. No uses tanto el teléfono, los precios andan por las nubes.

JULIETA. Déjalo, es un muchacho.

ROGELIO. Sí, pero no debe abusar.

JULIETA. Julián, deja de leer eso y ponte a hacer algo interesante.

(Entra la abuela.)

ABUELA. ¿Qué lee ese niño?

JULIETA. Ese amigo suyo que es cristiano le regaló una Biblia y parece que está muy emocionado.

ABUELA. Voy a ver. (Se sienta junto de Julián.) ¿Es una Biblia lo que lees?

JULIAN. Sí, abue, David me la regaló. Le platiqué de los problemas que hay con la familia en Navidad, de que solo cambian ese día y después siguen igual.

ABUELA. ¡Ay, hijo! No te preocupes, para eso es la Navidad, ¿no?

JULIAN. No, abue, David me dijo que en la Navidad recordamos que un día el Señor Jesucristo que es el mismo Dios vino a nacer de una virgen en medio de humildad, y eso mismo leí en Mateo. También leí que José por mandato de Dios le puso por nombre Jesús porque Él salvaría al pueblo de sus pecados y en Isaías leí que Emmanuel significa Dios con nosotros.

ABUELA. Tienes razón, hace mucho tiempo oí que por el gran amor que Dios le tiene al mundo había dado a su Hijo para que muriese por nosotros y que había resucitado al tercer día triunfando sobre la muerte para que nosotros tuviésemos vida junto con Él, pero en ese momento yo era muy joven y no me preocupaba mi salvación.

JULIAN. ¿O sea que ya lo sabías? ¿Por qué nunca lo dijiste?

ABUELA. Pues, no sé, todos estos años me he preocupado tanto por mí, luego por mis hijos, ahora mis nietos… que me olvidé que Dios me estaba invitando a aceptar su salvación. Cuando me iba mal, lo ofendía, decía que no había Dios y cuando todo estaba bien ni me acordaba de Él. No sé si ahora el Señor me quiera perdonar… Siento que no lo merezco.

JULIAN. Pues yo aunque no he vivido mucho, siento que también lo he ofendido porque siempre me burlaba cuando alguien hablaba de Él; ahora me arrepiento y quiero cambiar, no quiero seguir así, ¿y tú?

ABUELA. Yo también, quisiera componer muchas cosas pero siento que ya es tarde.

JULIAN. No es tarde, abuela, David me ha dicho que Dios es misericordioso con los que se arrepienten y no les niega su perdón. Si nos arrepentimos de corazón y le pedimos perdón, creo que nos perdonará.

ABUELA. Yo también creo que así será, y quisiera compartir esto con los demás, me gustaría que toda mi familia fuera salva.

JULIAN. Pues David me dijo que en la Biblia está escrito: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”. Así que tenemos que empezar nosotros y después lo compartiremos con los demás. Recuerda que nada es imposible para Dios. Empezaremos hoy.

ABUELA. Tienes razón, hijo, quiero aceptar la salvación que Dios ofrece, creo que Él vino a morir por mí y quiero que entre en mi corazón como mi salvador y redentor.


Escena 3

NARRADOR. En la casa del tío Augusto también se están preparando para la cena. Ellos son de una clase acomodada pues en los negocios todo va bien y tal vez eso los ha inducido a ser soberbios y presumidos. Piensan que todo lo que importa es el dinero y el vestir bien, y por supuesto en Navidad sólo piensan en regalos y vestidos lujosos; están muy lejos de saber el verdadero significado de esta celebración:

(Michelle se encuentra en la sala leyendo una revista.)

ESTEFANÍA. Hija, hija. (Entra a escena con un vestido en las manos.) Mira lo que acabo de comprar: es un modelo exclusivo de la casa de modas.

MICHELLE. Está bien, mamá, porque así mis tías no podrán llevar uno igual, si no, ¿te imaginas? ¡Qué vergüenza!

(Entra Augusto.)

AUGUSTO. Estefanía, quÉ bueno que ya llegaste, ¿fuiste por mi traje nuevo a la sastrería?

ESTEFANÍA. Oye, manda a la sirvienta, para eso la tenemos, porque yo soy la señora de la casa.

MICHELLE. Claro, papá, mi mamá tiene razón. Y a propósito, ¿cuál de los cinco carros vamos a llevar? porque el del diario ni lo pienses. ¿Te imaginas? Pensarían que sólo tenemos uno.

AUGUSTO. Ya veremos… Por cierto, ¿dónde está tu hermano?

ESTEFANÍA. Hijo, baja, te habla tu padre.

JOSÉ FRANCISCO. ¿Qué pasa, papá?

AUGUSTO. ¿Ya tienes tu ropa lista, hijo?

JOSÉ FRANCISCO. ¿Crees que no me preocupo de mis acciones? Claro que ya lo hice. ¿Y tú, ya compraste los regalos?

AUGUSTO. Pues no sé qué comprar porque ya ves que el año pasado llevamos los mejores regalos y nos dieron puras cosas baratas.

MICHELLE. Eso sí es cierto, pero a mí sí me tienes que dar un regalo carísimo; quiero que mis primas se pongan amarillas de envidia cuando sepan lo que me diste.

JOSÉ FRANCISCO. No te olvides de mi regalo tampoco, tiene que ser algo a mi altura.

AUGUSTO. ¿Y tú, qué quieres que te compre?

ESTEFANÍA. Me conformo con una gargantilla que acabo de ver en la joyería o un abrigo para la noche.

AUGUSTO. Bueno, pero, ¿vamos a llevar algo de comer?

JOSÉ FRANCISCO. ¿Qué te parece mejor si llevamos la bebida para que haya algo fino en la cena?

AUGUSTO. Me parece muy buena idea, hijo.


Escena 4

NARRADOR. En la casa del tío Antonio, no es que sean pobres, lo que pasa es que no se conforman con lo que tienen y quisieran tener más, pero tampoco hacen algo por remediar su situación. Ellos han tenido muchos problemas en educar a Elisa y Manuel, sus hijos, pues nunca están de acuerdo cómo hacerlo, y desgraciadamente para toda la familia Dios no es lo primero en sus vidas.

(Casa de la tía Victoria. Ella se encuentra sentada, mirándose a un espejo, arreglándose el cabello. Manuel está jugando con un juego electrónico y entra Elisa como sin ánimo de nada y se sienta.)

VICTORIA. (Mira a Elisa como despreciando su arreglo.) Hija, péinate, tienes que lucir bien, a la moda, como cualquier chica para la cena de Navidad. No voy a soportar que se vuelvan a burlar tus primos de ti, y por favor, sonríe.

ELISA. Mamá, a mí no me gusta; yo no quiero ir a esa fiesta, prefiero quedarme en mi casa.

VICTORIA. Tenemos que ir, así que arréglate.

MANUEL. Ya, déjala, total, ya sabes lo antipática y antisocial que es.

ANTONIO. No le digas así a tu hermana, deberías de aprender a ser como ella y no tan rebelde y desobediente.

VICTORIA. No sé por qué te molesta tanto que tu hijo sea como cualquier muchacho de su edad.

MANUEL. Sí, es cierto, papá, siempre me estás criticando por todo lo que hago y por lo que no hago.

ANTONIO. Yo sé lo que hago contigo, por eso soy tu padre.

ELISA. No te enojes, papá, ya sabes cómo es mi hermano.

VICTORIA. Mejor, váyanse a cambiar.

(Salen todos del escenario menos Victoria que se queda en la sala.)

MANUEL. Me conformo con que haya mucha comida y buena música.

ANTONIO. En eso sí estoy de acuerdo contigo. (Salen abrazados.)


Escena 5


NARRADOR. Ya es la hora, en unos momentos toda la familia llegará. La abuela y Julián tienen pensado compartir lo que hoy aprendieron, ¿cómo lo tomarán los demás?

(En la casa de Julián todos ya están listos: Lucía estudiando, Pablo arreglándose la ropa, esperando a los invitados, Rogelio haciendo cuentas, en eso tocan la puerta.)

ROGELIO. (En voz alta como sorprendido.) ¿Sabes en cuánto salió la cena?

(Todos lo ven y mueven la cabeza.)

JULIETA. Julián, abre, deben ser tus tíos.

JULIAN. (Abre) Hola, sean bien...

(Lo interrumpen y le dan los abrigos, sólo se saludan los mayores.)

JULIETA. Siéntense.

PABLO. (Sale.) ¿No traen invitadas?

MICHELLE. No, ninguna. ¿Y los regalos?

JULIAN. Ahí están. ¿Cómo estás, Paco?

JOSÉ FRANCISCO. Francisco, por favor, aunque te cueste más trabajo.

(Tocan a la puerta y abre nuevamente Julián.)

JULIAN. Buenas noches, pasen.

(Saludan todos. Manuel y Antonio van a la mesa a ver qué hay de comer. En un momento que todos están en silencio…)

JULIAN. Tengo algo que contarles… (Todos voltean a verlo.) Hoy la abuela y yo descubrimos el verdadero significado de la Navidad, descubrimos lo bello que es saber del amor de Dios hacia nosotros (todos siguen en su plática).

ABUELA. Escuchen a Julián, tiene que decirles algo muy importante.

MANUEL. Bueno, y según tú, ¿cuál es el verdadero significado de la Navidad?

JULIAN. Hoy, la abuela y yo, supimos que en la Navidad, recordamos que un día el Señor Jesús vino a nacer en medio de pobreza, en un pesebre…

MANUEL. ¡Ay, qué noticia! Eso todo mundo lo sabe.

JULIAN. Pero además dejó toda su gloria para salvar al mundo, porque vio a todos los hombres perdidos en sus delitos y pecados, sin esperanza alguna y tuvo misericordia y envió a su hijo por medio de una virgen, el cual sufrió y murió en una cruz para le redención de nuestros pecados. Al tercer día resucitó y subió a la diestra del Padre y hasta ahora, sigue intercediendo por nosotros.

PABLO. Ahí está, él está intercediendo, sigamos con la fiesta.

ABUELA. Sí, pero nos ofrece la salvación por medio de la fe, creyendo en Él y si reconocemos nuestros pecados, nos arrepentimos y le pedimos perdón por ellos, nos perdonará y nos promete vida eterna en la gloria con Él. Debemos de cambiar de dejar de ver la Navidad como un día para recibir regalos y comer mucho. Dios nos ha dado el mejor de los regalos: nos dio a su Hijo.

LUCÍA. Julián. ¿Y tú cómo sabes eso? Porque en la escuela nunca me lo han dicho y eso que siempre pongo mucha atención.

JULIAN. David me regaló una Biblia y allí fue donde leí todo y estoy convencido de que como es la Palabra de Dios no puede ser mentira.

MICHELLE. Bueno, y ¿cuándo abrimos los regalos? Julián sólo habla cosas de grandes y en este momento no me interesan.

JULIAN. Pues debería, porque necesitas el perdón de tus pecados para encontrar la paz.

MANUEL. Pues no sé ustedes, pero yo tengo hambre.

ELISA. Pero yo no he matado a nadie, no he robado, ¿por qué necesito el perdón? ¿De qué?

ANTONIO. Sí, es cierto. Mi hija es muy buena, de seguro se va al cielo.

ABUELA. Lo mismo pensaba yo, pero ahora sé que la salvación no es por obras, sino por fe.

VICTORIA. (Como pensando.) Si es así, puedo pedir ayuda a Dios para la educación de mis hijos confiando que Él suplirá todas nuestras necesidades.

PABLO. Suena interesante, creo que voy a pensar seriamente sobre esto, no quiero ver otra Navidad de igual manera.

LUCÍA. Sí, acepto, ¿puedo seguir estudiando como hasta ahora?

ABUELA. Claro, pero ahora también lo harías para el Señor.

JULIETA. Pues no sé ustedes, pero yo me he convencido de que sólo en el Señor Jesús puedo ser salva.

ROGELIO. Oye hijo y... ¿cómo puedo obtener eso que dices?

JULIAN. Reconociendo tus pecados, pedir perdón sólo a Dios creyendo en Él, dándole tu corazón.

JOSÉ FRANCISCO. No, no estoy muy seguro de poder seguir a Dios, es mucha responsabilidad y hay muchas cosas que me llaman la atención y no sé si pueda renunciar a ellas.

ABUELA. Piensa que Jesús dejó toda su gloria por venir a morir por ti y por todos, y si no te sientes capaz, Dios te fortalecerá y si fallas, Jesús intercede por ti.

ANTONIO. Sí, pero hubieran guardado su discurso para después de la cena.

MICHELLE. No, mejor después de abrir los regalos.

JULIAN. Ahora, todos lo han sabido, y será decisión de cada uno abrir el corazón y aceptar a Jesucristo como su único Salvador o seguir como hasta ahora lejos de Dios sin esperanza alguna. Ustedes sabrán lo que deciden.

(Todos se quedan pensativos y se cierra el telón.)

NARRADOR. Toda esta familia ha escuchado el verdadero significado de la Navidad, pero, ¿cuántos de ellos aceptarán esta noche al Señor Jesucristo? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que para la abuela y para Julián esta Navidad será diferente a las demás porque en sus corazones esta noche ha nacido el Señor Jesucristo. Y queremos preguntarte a ti espectador: ¿Qué has decidido? ¿Esta Navidad será diferente para ti?

El jeep

5 Minutos y 3 tres personajes + Extras. Un soldado cristiano sufre las burlas de sus compañeros. Su sargento le prepara una broma para probarle y ocurrirá un milagro...

EL JEEP

(Facilitada por Rogeidy Lujan Veliz)

PERSONAJES

SOLDADO COELHO
SARGENTO
NARRADOR


NARRADOR. Un joven cumplía su deber cívico prestando sus servicios al ejército pero lo ridiculizaban por ser cristiano. Un día, su superior jerárquico con la intención de humillarlo frente al pelotón quiso hacerle una broma…

SARGENTO. Soldado Coelho, ¡venga aquí!

SOLDADO COELHO. Sí, señor.

SARGENTO. Tome esta llave. Ahora, vaya hasta ese jeep y estaciónelo allí enfrente.

SOLDADO COELHO. Pero, señor, usted sabe perfectamente que no sé manejar.

SARGENTO. Soldado Coelho, no le pregunté nada. Vaya hasta el jeep y haga lo que le ordené.

SOLDADO COELHO. Pero, señor, ¡no sé manejar!

SARGENTO. Entonces, pídale ayuda a su Dios. Muéstrenos que Él existe.

NARRADOR. El soldado, sin temer, tomó la llave de las manos de su superior y fue hasta el vehículo. Entró, se sentó en el asiento del chofer e inmediatamente comenzó a orar…

SOLDADO COELHO. Señor, tú sabes que no sé manejar. Guía mis manos y muéstrales a estas personas tu fidelidad. Yo confío en ti y sé que me puedes ayudar. Amén.

(El muchacho maniobró su vehículo y estacionó perfectamente como quería su superior. Al salir del vehículo, vio todo el pelotón llorando y algunos de rodillas.)

SOLDADO COELHO. ¿Qué pasó?

SARGENTO. Queremos a tu Dios, Coelho. ¿Cómo hacemos para tenerlo?, preguntó el superior.

SOLDADO COELHO. Basta aceptarlo como su Señor y Salvador. Pero ¿por qué todos decidieron aceptar a mi Dios?

(El superior tomó al soldado por el cuello de la camisa, caminó con él hasta el jeep, enjugando sus lágrimas. Llegando allí, levanta el capó del vehículo.)

SARGENTO. Soldado, ¿en serio quiere saberlo?

SOLDADO COELHO. Sí, sargento, quiero saberlo.

SARGENTO. Mire, soldado, ¡el jeep no tenía motor!

(El soldado se queda con cara de asombro.)

NARRADOR. Siempre hay que recordar que ‘’DIOS CUIDA A LOS SUYOS’’ y no importa el momento ni el lugar; Él siempre está presente.

Licencia para correr

8 Minutos y 2 Personajes. Un hombre maneja a gran velocidad y un policía le echa el alto. El policía ve que está arrepentido y paga su multa. El hombre volverá a conducir a gran velocidad por el mismo trama sin respetar además, otras leyes de tráfico. Obra inspirada en la siguiente predicación. AQUÍ.


LICENCIA PARA CORRER


PERSONAJES

GUARDIA
HOMBRE

(Se escucha el ruido de un coche que va a gran velocidad. De repente, se escucha que frena de golpe. Sale a escena un policía con una señal de stop en su mano. El hombre escenifica que va en un coche y para delante del guardia.)

GUARDIA. (Con la señal de stop en la mano y con un pito manda parar al coche. Como si llamara a su ventanilla imaginaria.) Baje la ventanilla, por favor.

HOMBRE. (Baja la ventanilla.)

GUARDIA. Documentación.

HOMBRE. (Le pasa unos papeles imaginarios, de la guantera del coche.)

GUARDIA. (Revisa la documentación.) ¿Señor Kallaghan?

HOMBRE. ¿Sí?

GUARDIA. ¿Sabe a qué velocidad estaba manejando?

HOMBRE. (Con total sinceridad.) No, no me he fijado.

GUARDIA. Estaba conduciendo a 100Km/hora cuando sólo se puede ir a 50.

HOMBRE. Vaya… no lo sabía.

GUARDIA. ¿Se da cuenta de que a esa velocidad en esta zona podría haber causado un accidente? Podría haber salido un peatón o haberse topado con otro vehículo más lento…

HOMBRE. ¡Uy, disculpe! Tiene usted razón… He sido un inconsciente…

GUARDIA. Pues tengo que ponerle una multa.

HOMBRE. ¿Y no habría forma de evitarlo? Salía del trabajo muy cansado y sólo quería llegar a casa cuanto antes.

GUARDIA. Ya, pero usted ha infringido la ley esa multa hay que pagarla.

HOMBRE. ¿Y no podríamos pasarlo por esta vez? De verdad que no tenía intención de hacer mal, ni de causar un accidente.

GUARDIA. (Devolviéndole la documentación.) ¿Está usted arrepentido?

HOMBRE. (Sintiéndolo.) Mucho, créaselo.

GUARDIA. No, si no dudo de sus intenciones; se ve que usted está arrepentido. ¿Sabe lo que le digo? Que no se preocupe, yo pagaré esa multa por usted.

HOMBRE. Pero, ¿cómo así? ¿De veras?

GUARDIA. De veras. Márchese y no vuelva a correr por esta zona como lo ha hecho.

HOMBRE. ¡Gracias, muchísimas gracias!

(Se apagan las luces y se escucha la voz de hombre.)

HOMBRE. ¡Qué bien! ¡En esta zona hay un guardia de tráfico muy majo!

(Se encienden las luces.)

(Se escuchan los ruidos de un coche que va a gran velocidad y como al principio se escucha un frenazo. El guardia sale para darle el alta al coche.)

GUARDIA. (Se aproxima al coche y toca en la ventanilla.) Los documentos, por favor.

HOMBRE. (Le da los documentos de la guantera imaginaria del coche.)

GUARDIA. (Revisa la documentación.) Señor Kallaghan. (Mira la documentación de nuevo y se fija mejor en la cara del conductor.) ¿Es usted el mismo señor que paré yo hace unos días?

HOMBRE. (Con una sonrisa de oreja a oreja.) ¡El mismo!

GUARDIA. ¿Y no le pagué yo una multa por ir al doble de velocidad permitida?

HOMBRE. ¡Sí!

GUARDIA. ¿Y no ha aprendido nadad?

HOMBRE. ¡Sí! Que usted siempre paga…

GUARDIA. Pues esta vez. No sólo manejaba a 100 por hora otra vez sino que se ha saltado un stop, ha adelantado en línea continua, (fijándose en el interior del auto) no lleva puesto el cinturón de seguridad, además tiene un faro roto…

HOMBRE. Vale, vale, no siga que me está mareando… ¿No cree que se está pasando un poco con las leyes de tráfico?

GUARDIA. Creo que el que se las ha pasado todas es usted. No se da cuenta de la gravedad del asunto porque no entiende que las leyes de tráfico están para guardar su propia vida y la de los demás conductores y peatones. (Escribiendo en un cuadernillo.) Esta es la multa por lo que acaba de hacer hoy y aquí tiene otra por la cantidad del otro día. ¡Buenas tardes!

Plan de salvación

15 Minutos y 6 Personajes. Dios prepara un plan de salvación para que Adán, Eva y sus descendientes no se pierdan en una muerte eterna. Inspirado en la siguiente predicación (AQUÍ).


PLAN DE SALVACIÓN
loidasomo@gmail.com


PERSONAJES

JESÚS
ÁNGEL 1
ÁNGEL 2
ÁNGEL 3
ÁNGEL 4
ÁNGEL 5
VOZ DE DIOS




(Los ángeles van nerviosos de un lado a otro del escenario. Algunos ángeles están llorando mientras que otros los consuelan. Aparece un ángel que no sabe qué pasa.)

ÁNGEL 1. (Asombrado.) ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estáis todos así?

ÁNGEL 2. ¿No lo sabes?

ÁNGEL 1. ¿Satanás de nuevo?

ÁNGEL 2. Sí y no.

ÁNGEL 1. ¿Qué quieres decir?

ÁNGEL 2. También están implicadas las nuevas criaturas de Jesús.

ÁNGEL 1. ¿Adán y Eva?

ÁNGEL 2. Sí, los dos. Eva tomó del… del… (le cuesta continuar.)

ÁNGEL 3. Del árbol de Dios.

ÁNGEL 1. ¿Cómo? (Muy afectado por la noticia.) ¿Qué… qué ha pasado? ¿Cómo ha sido esto?

ÁNGEL 3. Eva se alejó de Adán y empezó a merodear por el recinto del árbol.

ÁNGEL 1. ¿No se marchó enseguida?

ÁNGEL 3. No, sino que empezó a acercarse más y allí le tentó Lucero.

ÁNGEL 1. ¿Cómo que le tentó Lucero? ¿No le extrañó ver a ese ángel que no conocía?

ÁNGEL 2. Lucero no se presentó como un ángel sino como una serpiente.

ÁNGEL 3. La serpiente le empezó a hablar y ella…

ÁNGEL 1. (Le interrumpe.) ¡Que le empezó a hablar? ¿No le pareció raro que un animal hablase? ¿No sintió el peligro?

ÁNGEL 2. ¿Quién sabe qué es lo que pasó por su mente? Pero su curiosidad la llevó muy lejos.

ÁNGEL 1. No, amigo, no solo la curiosidad sino el poco respecto a su Padre. Pero, ¿Adán?

ÁNGEL 3. Adán estaba trabajando en el huerto y no se enteró de nada.

ÁNGEL 2. La serpiente empezó a cuestionar las advertencias de Dios respecto al árbol.

ÁNGEL 1. Pero, ¿qué le dijo?

ÁNGEL 3. Le dijo que si comía no moriría sino que se haría como Dios.

ÁNGEL 1. (Con tristeza.) ¿Por qué no se fue corriendo?

ÁNGEL 2. La serpiente empezó a halagarle y su cara mostraba la satisfacción que le producía.

ÁNGEL 1. Y al final comió, ¿verdad?

ÁNGEL 2. Sí, y como vio que no le pasaba nada fue a darle también a Adán.

ÁNGEL 1. ¿Y Adán qué hizo? ¿Qué le dijo?

ÁNGEL 2. El semblante de Adán reflejaba la batalla interior que estaba atravesando.

ÁNGEL 1. Entonces, ¿no comió?

ÁNGEL 2. No, también comió. Tomó el fruto y se lo comió deprisa y corriendo, con profunda amargura.

ÁNGEL 2. Y desde entonces están escondidos entre los arbustos intentando tapar su desnudez.

ÁNGEL 1. Siempre han ido desnudos…

ÁNGEL 2. Pero el manto de luz que los revestía se ha esfumado.

ÁNGEL 3. “Serán abiertos vuestros ojos”- dijo la serpiente.

ÁNGEL 1. Y así ha sido… ¡Qué tristeza para nuestro Dios! ¿Y Jesús? ¿Dónde está Jesús?

ÁNGEL 3. Está reunido con su Padre. Llevan bastante rato hablando.

ÁNGEL 2. Todos los ángeles estamos esperando a que salgan.

ÁNGEL 1. Adán y Eva son merecedores de muerte. Dios les advirtió de las consecuencias de la desobediencia a su ley.

ÁNGEL 2. ¿Crees que Dios cambiará de opinión?

ÁNGEL 1. Dios buscará una solución.

ÁNGEL 3. Mirad a la pareja…

ÁNGEL 2. ¡Se han hecho unos trajes de hojas de higuera!

ÁNGEL 1. ¡Qué imagen tan patética! ¡Qué ridículos están!

ÁNGEL 4. ¡Amigos! ¡Ángeles del país amado! ¡Jesús ha salido!

ÁNGEL 5. ¡Silencio! ¡Silencio! Viene hacia aquí.

(Todos los ángeles se postran en reverencia.)

JESÚS. ¡Ángeles amados! Levantaos, quiero compartir con vosotros lo que hemos hablando en santa reunión. Por favor, no os entristezcáis porque hemos encontrado una solución.

(Se escuchan exclamaciones de júbilo por parte de los ángeles.)

JESÚS. Es tan inmenso el amor que sentimos por Adán y Eva que pensar en su muerte eterna nos parte el alma. Pero el pecado ha abierto una brecha entre Dios y sus hijos, que desgraciadamente solo conduce a la muerte.

ÁNGEL 5. Entonces, ¿van a morir?

JESÚS. Sí, tendrán que morir, pero no morirán de muerte eterna.

ÁNGEL 4. ¿Cómo es posible eso? La muerte se opone al concepto de eternidad. Dios es la fuente de la vida y si no están con la vida, están en la muerte.

JESÚS. A no ser que la fuente de la vida misma decida entregarla.

ÁNGEL 1. Señor, ¿qué es lo que quieres decir?

ÁNGEL 2. ¿Estamos entendiendo lo que estamos entendiendo?

JESÚS. Mis ángeles, mis amados, Adán, Eva y todos sus descendientes van a poder vivir para siempre si ellos quieren y eso es lo único que importa.

ÁNGEL 3. ¿Y tú, Señor? Tú eres esa fuente. ¿Cómo vas a morir?

JESÚS. Porque los amo, los amo infinitamente y he decidido ofrecer mi vida para salvar la suya. Le he ofrecido mi vida al Padre como puente que los una de nuevo a Dios.

ÁNGEL 4. Mi señor, tú no puedes morir. ¡Toma mi vida!

(Los ángeles se contagian de la idea de este ángel y comienzan a ofrecer sus vidas: “Sí, toma la mía”, “o la mía”, “toma la de todos”, etc.)

JESÚS. Gracias, muchas gracias. ¡Alabado sea Dios porque su amor mora en vuestros corazones!

(Los ángeles responden: “alabado sea por siempre”.)

JESÚS. Pero no puede ser. La vida de todos los ángeles no sería suficiente para cerrar esa brecha.

(Los ángeles se echan a sus pies, compungidos, y Jesús trata de consolarlos como un Padre amante.)

JESÚS. No os entristezcáis.

ÁNGEL 2. Señor, tu amor escapa de todo entendimiento.

ÁNGEL 4. Y, ¿cómo va a ser esto?

JESÚS. Cuando llegue el tiempo iré a la tierra y tomaré la vida en el mismo punto en que Adán la tenía antes de pecar.

JESÚS 3. Pero Señor, para entonces la tierra estará habitada con descendientes de la pareja que habrán pecado desde su cuna. ¿Cómo vas a sufrir el pecado?

JESÚS. Por amor, solo por amor. (Pausa.) Quiero que sepáis que Satanás intentará hacerme pecar para que el plan de salvación no tenga lugar.

ÁNGEL 1. Estoy seguro de que Satanás intentará cualquier artimaña para apartarte de Dios.

ÁNGEL 2. Igual que hizo aquí en el cielo.

JESÚS. Seguramente y con más ahínco porque habrá mucho en juego.

ÁNGEL 3. ¡Qué plan! ¡Cuánto amor! ¡Alabado sea Dios!

(Todos los ángeles responden: “Alabado sea por siempre”.)

ÁNGEL 4. Un salvador… qué bien suena…

JESÚS. Mis amados, el pecado desaparecerá un día y volveremos a vivir en santa armonía con Adán y Eva y sus descendientes.

(Los ángeles responden a coro: “Amén”.)

JESÚS. No volveremos a saber lo que es sufrimiento, ni pena, ni rodará jamás por nuestras mejillas una lágrima.

(Los ángeles responden a coro: “Gloria al Salvador”.)

ÁNGEL 1. Jesús, ¿qué va a pasar ahora con la pareja?

ÁNGEL 4. ¿Has visto que se han escondido y se han hecho unos trajes de hojas?

JESÚS. Sí, lo sé. Me hubiera gustado ahorrarles las consecuencias del pecado pero ya es demasiado tarde. Adán y Eva fueron creados completamente libres; libres de decidir sus actos y sus pensamientos pero ellos han decidido desobedecer a Dios. Mi Padre hablará con ellos y les mostrará las duras consecuencias de sus erróneas decisiones. Pero no los va a desamparar porque va a compartir con ellos el plan de salvación que hemos diseñado. Hoy no morirán ellos, sino un corderito inocente.

ÁNGEL 2. Señor, qué duro es el pecado, qué tristes las consecuencias… La obediencia a tu palabra nos hace vivir en paz.

ÁNGEL 1. ¡Qué grande y profunda es tu ley!

ÁNGEL 5. Cuánto amor hay en ti.

ÁNGEL 3. ¡Mirad! (Señalando al suelo, como si fuera la tierra.) ¡Dios está llamando a la santa pareja! ¡Silencio! ¡Guardad silencio!

VOZ DE DIOS. (Voz majestuosa.) ¡Adán! ¡Eva! (Pausa.) ¡Hijos míos! ¿Dónde estáis?

ÁNGEL 4. ¡Están temblando!

(Los ángeles le mandan guardar silencio con los dedos en los labios.)

ÁNGEL 4. (En aparte.) ¿Jahvé preguntando dónde están? Él sabe todo y aún así los está interrogando para que puedan explicarse….

(Los ángeles escuchan conmovidos y con respeto la voz de Dios. Después de un rato.)

ÁNGEL 4. ¡A Lucero no le ha preguntado! Le ha dado su sentencia…

(Los ángeles le mandan guardar silencio.)

VOZ DE DIOS. Y habrá enemistad entre la mujer y tú; entre tu simiente y su simiente. Tú le herirás en el talón pero su simiente te herirá en la cabeza.

(Los ángeles muestran alegría.)

ÁNGEL 5. ¡Gracias, Señor, por este grandioso Plan de Salvación!

(Todos los ángeles responden “Amén”.)

Entrevista a Caleb

9 Minutos y 2 Personajes. Una periodista entrevista a Caleb: su vida en Egipto, su paso por el desierto y su llegada a Canaán. El diálogo está previsto para un programa posterior que reflexione sobre la confianza y dirección de Dios en nuestras vidas. Para descargarlo pinche AQUÍ.
ENTREVISTA A CALEB
PERIODISTA. ¡Hola, buenos días! Gracias por estar esta mañana con nosotros. Te hemos invitado porque queríamos conocer de primera mano un poco de tu vida ya que no sabemos mucho de ti y estamos muy interesados en saber por qué te consideran un personaje secundario. Cuéntanos un poco de tus orígenes…

CALEB. ¡Hola! Bueno, nací en Egipto hace 40 años, en el seno de la familia de Judá y me crié y viví hasta hace un año y pico allí.

PERIODISTA. ¿Y qué hacías allí?

CALEB. Pues lo que me mandaban.

PERIODISTA. ¿Como que lo que te mandaran?

CALEB. Sí, era un esclavo.

PERIODISTA. Vaya, lo siento, habrá sido muy duro.

CALEB. La verdad es que sí, es muy difícil explicar lo que pasamos allí. Tanto yo como el resto de mis compatriotas hebreos vivíamos en esclavitud, sometidos por los egipcios. Nos mataban a trabajar todo el día y bajo el sol abrasador de Egipto teníamos que hacer ladrillos y más ladrillos…

PERIODISTA. ¿Para qué tantos ladrillos? (Foto 1)

CALEB. Para construir sus edificios públicos y reales. La vida resultaba insoportable y clamábamos a Dios para que nos liberase de tanto sufrimiento. El Señor se apiadó de nosotros y nos liberó bajo la dirección de Moisés. Fue muy fuerte lo que vivimos allí y los egipcios sufrieron muchas penalidades hasta que nos dejaron ir.

PERIODISTA. ¿Qué es lo que les pasó?

CALEB. (Foto 2) Sufrieron terribles plagas que destrozaron el país entero. El agua de su río santo, el Nilo, se convirtió en sangre y no podían beber, ni lavarse, ni cocinar… También hubo una invasión de ranas y no podían dar un paso sin pisar una. Se metían por las despensas, los armarios y al final tuvieron que matarlas.

PERIODISTA. ¿Y qué problema había con matarlas?

CALEB. Pues porque las ranas eran considerados animales sagrados, relacionados con la fertilidad y se las consideraba portadoras de vida… ¿Qué paradoja, verdad? Tuvieron que matar a las portadoras de vida… Después de las ranas vinieron los piojos, moscas, langostas, granizo, tinieblas y úlceras que devastaron al país por completo. Mucha gente murió, los animales muertos yacían a miles por todos lados. Pero lo peor fue la última plaga: El Señor nos ordenó que untásemos con sangre los marcos de nuestras casas para que ningún primogénito muriese esa noche y así lo hicimos. (Foto 3) Marcamos nuestras puertas con sangre y nadie de nosotros murió pero en las casas de los egipcios se empezaron a escuchar clamores de angustia y el país entero se estremeció. Los primogénitos de los egipcios murieron, así como los primogénitos de sus animales…

PERIODISTA. ¿Y por qué no pintaron las puertas también si sabían de antemano lo que iba a pasar?

CALEB. Pues no lo entiendo, la verdad. La rebeldía de su corazón era enorme. Esa misma noche salimos de Egipto libres. Nos íbamos de allí dirigidos por nuestro Dios y liderados por Moisés sin saber muy bien hacia donde nos encaminábamos, ni qué iba a pasar con nosotros. Caminamos hasta el Mar Rojo cuando de repente vimos a lo lejos que el ejército egipcio trataba de alcanzarnos. El pueblo estaba aterrorizado, comenzaron a angustiarse y a culpar de su desgracia a Moisés. Moisés intentaba que se calmasen y que confiasen en Dios. Y así fue… la columna de nube que nos guiaba…

PERIODISTA. Perdona, ¿qué nube? (Foto 4)

CALEB. Había una columna de nube sobre nosotros que nos guardaba todo el tiempo. Esa nube aparte de protegernos del excesivo calor del desierto era la que nos indicaba el camino. Bueno, pues esa nube se puso a nuestras espaldas (ayudándose de mímica) y hacía de barrera entre los egipcios y nosotros.

PERIODISTA. Así que estabais rodeados.

CALEB. (Foto 5) Efectivamente: el mar delante de nosotros y a nuestra espalda el ejército egipcio. Parecía que todo iba a terminar allí pero Dios siempre abre una puerta inesperada en nuestras vidas y de la forma más curiosa. Las aguas del mar se separaron y todos atravesamos en seco el mar hasta la otra orilla. ¡Qué impresionante! ¿Te imaginas pasear entre cortinas de agua? Veíamos los peces dentro del agua y al meter la mano el agua se mantenía firme. Cuando todos acabamos de pasar, la nube que impedía a los egipcios que nos alcanzaran se puso otra vez al principio. Y allí estábamos: en una orilla nosotros y en la otra ellos. Nunca se me olvidarán sus caras. Empezaron a atravesar el mar también pero las aguas se soltaron con furia y los egipcios desaparecieron delante de nuestros ojos. Nuestros captores yacían en el mar y nosotros éramos libres.

PERIODISTA. ¡Qué historia tan impresionante!

CALEB. Durante un año y pico hemos estado en el desierto hasta que hemos llegado a nuestro destino final: Canaán.

PERIODISTA. ¿Canaán?

CALEB. Sí, Canaán. La tierra que Dios nos ha dado en herencia. Se decía de ella que de allí fluía leche y miel pero nosotros no la habíamos visto; nadie había salido de Egipto.

PERIODISTA. ¿Y cómo fue ese año y pico de vivir en el desierto? ¿Qué hicisteis?

CALEB. (Foto 6) Bueno, imagínate que toda tu vida has vivido en esclavitud y de repente eres libre… No sabíamos cómo vivir en libertad pero Dios pacientemente nos enseñó. A los tres meses de haber salido de Egipto llegamos al monte Sinaí. Allí Dios ordenó a Moisés que subiese al monte y que todo el pueblo se preparase porque Él iba a hablar con nosotros.

PERIODISTA. ¿Escuchasteis su voz?

CALEB. Sí, escuchamos su voz junto a truenos y relámpagos. Vimos una nube que se posó sobre el monte y el monte comenzó a echar humo. Parecía un horno en ebullición. La tierra se estremeció y nuestros corazones temblaban de miedo. Dios le entregó a Moisés los 10 mandamientos para que enseñasen a vivir en libertad y en armonía. Dios fue maravilloso. (Foto 7) Nos guió, nos protegió y nos cuidó durante todo el trayecto. Cada día el Señor hacía descender maná del cielo para alimentarnos. Hizo brotar agua fresca de una roca para saciar nuestra sed y nunca pasamos hambre ni sed en todo el tiempo que hemos estado en el desierto. Fíjate, así como la columna nos protegía por el día, por la noche había una columna de fuego que nos alumbraba. Todas, todas nuestras necesidades fueron cubiertas por el Señor. Hemos pasado así un año y medio más o menos hasta que hemos llegado a la frontera de Canaán y aquí estamos pasando otra crisis.

PERIODISTA. ¿Qué quieres decir?

CALEB. (Foto 8) Hace un mes y medio fuimos elegidos doce hombres del pueblo, uno de cada tribu para inspeccionar la tierra de Canaán. Se echaron suertes y yo salí elegido de la tribu de Judá. Estuvimos 40 días recorriendo el país e inspeccionándolo y efectivamente, vimos que era un país muy rico. Trajimos un racimo de uvas tan grande que tuvimos que cargarlo entre dos. Había gran riqueza: fuentes, ríos, mar, valles… El lugar no podía ser mejor después de vivir en el desierto y en las áridas tierras de Egipto. Dios nos eligió ese lugar sobre toda la tierra para vivir allí y no habría hecho falta siquiera haber ido a reconocerlo.

PERIODISTA. Entonces, ¿cuál es el problema?

CALEB. El problema es que mis otros compañeros han desanimado a todo el pueblo.

PERIODISTA. ¿Los otros once?

CALEB. Bueno, diez de ellos porque Josué, de la tribu de Efraín, piensa como yo.

PERIODISTA. La verdad es que no logro ver cuál es el problema…

CALEB. Pues porque tiene miedo de lo que vieron allí.

PERIODISTA. Pero, ¿qué vieron allí?

CALEB. Gigantes, los descendientes de Anac, y a su lado parecíamos hormigas… Empezaron a quejarse, a desanimar al pueblo y éste quería amotinarse. “Moisés, nos has sacado de Egipto para que muramos en manos de esos tíos”, decían. “Volvamos a Egipto”, replicaban otros. Pobre Moisés… estaba muy angustiado. Menos mal que su hermano estaba con él. Josué y yo intentábamos convencerles de que con Dios todo era posible, que Él nos había liberado de Egipto y guardado hasta ese día… pero la multitud no se convenció y querían apedrearnos. Lo habrían hecho si la gloria de Dios no se hubiese manifestado en la Tienda de Reunión. Moisés ha acudido allí y todavía no ha salido así que no sabemos qué va a pasar…

PERIODISTA. Bueno, Caleb, no te preocupes. Como bien dices, Dios os ha cuidado hasta aquí y lo seguirá haciendo. Te deseo mucha suerte con tu pueblo. Me imagino que debe ser difícil encontrarte en contra de todos y no sentirte apoyado pero tienes a Dios de tu lado. Muchas gracias por venir y compartir un poco de tu vida con nosotros.