¿Quieres ver tu foto aquí?

¿Quieres ver tu foto aquí?
2012 - España

El vacío

20 Minutos y 4 Personajes. Dios desea llenar el corazón del ser humano pero éste no se lo permite e intenta llenar el vacío que siente con otros medios.


EL VACÍO

PERSONAJES

NARRADOR
DIOS
PACO
PANCHITA



NARRADOR. (Fuera de escena. Inicia narrando muy dramáticamente, después es el narrador amistoso.) En el principio -- bueno, después de un tiempo -- Dios creó a Paco, un hombre ordinario.

(Suben las luces a Paco en plataforma derecha. Hay un gran círculo de cartulina
negro pegado a su camisa con cinta.)

NARRADOR. Ahora Paco no era algo especial, pero Dios lo amaba igual y dijo:

DIOS. (Voz fuera de escena.) Paco, hombre ordinario, juntos podemos ser un buen equipo.

NARRADOR. Pero Paco, hombre ordinario, dijo:

PACO. No. Yo me hice a mí mismo, soy autosuficiente y soy auto controlado.

(Paco acompaña con movimientos las palabras del narrador.)

NARRADOR. Entonces Paco, el hombre ordinario, el hombre autosuficiente, orgullosamente siguió sus propios caminos. Pero, uno mismo más uno mismo sólo equivale a uno mismo. Así que, finalmente, este hombre autosuficiente se fastidió a sí mismo. Todavía más, él comenzó a notar un inconfortable vacío en su vida.
Estaba a punto de cerrar las cortinas (Paco pone su mano en la cabeza en forma de pistola) cuando escuchó una pequeña, quieta voz. Dios le estaba hablando….

DIOS. Oye, Paco, yo puedo llenarte ese vacío. ¿Qué dices?

NARRADOR. Probablemente Paco hubiera dicho que “sí”, si no hubiera pasado Panchita, una mujer ordinaria.

(Panchita entra muy elegante, a la izquierda de la plataforma. Se lanzan miradas coquetas y se enamoran. Panchita también lleva un vacío. Pero cuando se ven, ambos se arrancan los vacíos y se agarran de las manos en el centro de la plataforma.)

NARRADOR. Y usted sabe qué pasa cuando un hombre incompleto se encuentra con una mujer incompleta. Oyen campanas, cohetes explotan alrededor y sus vacíos se llenan -- por lo menos por un rato.

(Panchita y Paco se agarran de los brazos y tocan las primeras notas de la marcha nupcial.)

PACO. Yo, Paco, hombre ordinario, te tomo para ser mi legítima esposa — para tomar tus manos entre las mías desde ahora y para siempre.

PANCHITA. Yo, Panchita, mujer ordinaria, te tomo para ser mi legítimo esposo para verte los ojos desde ahora y para siempre.

NARRADOR. ¡Qué alegría! Pero dos semanas después:

PANCHITA. (Fingiendo contentamiento.) ¿Amor? Por favor, ¿podemos dejar de tomarnos de las manos? Me estás lastimando. (Se sueltan las manos.)

PACO. (Con la misma actitud de fingimiento forzado.) ¿Amor? Por favor, ¿podemos dejar de vernos los ojos? Ya me estás mareando (dejan de verse a los ojos.) Te amo, pero a la verdad...

PANCHITA. Yo sé...

PACO y PANCHITA. Se acabó la luna de miel. (De nuevo se ponen sus vacíos.)

NARRADOR. Entonces ahora, la pareja incompleta busca en otros lados algo para llenar sus vacíos. Dios, con su quieta, pequeña voz, decide intentarlo de nuevo:

(Cada uno hace ademanes de escuchar por su lado la voz de Dios, y de no hacerle caso.)

DIOS. Yo te puedo salvar de mucho dolor si me dejas encargarme de tu vacío.

NARRADOR. Pero Paco y Panchita ya estaban intentando llenar el vacío en dos formas diferentes... (Una vez más se quitan los vacíos.)

PACO. ¡El trabajo! (Comienza a hablar por un teléfono celular.)

PANCHITA. ¡Los niños! (Comienza a recoger juguetitos y ropa de bebé.)

PACO. (Con orgullo.) Voy a trabajar 12 horas al día, 5 días de la semana, y en pocos años si no falto al trabajo, voy a tener el honor de ser supervisor y podré trabajar 16 horas al día, 7 días de la semana.

PANCHITA. (Con orgullo.) Voy a pasar todo mi tiempo levantando tiraderos, cambiando pañales y viendo películas de Barny.

PACO. (Con entusiasmo.) Voy a sentirme importante.

PANCHITA. (Con entusiasmo.) Voy a saber que me necesitan.

PACO. (Sin entusiasmo.) Voy a sentirme cansado.

PANCHITA. (Sin entusiasmo.) Voy a sentirme usada.

NARRADOR. Y de nuevo escuchan una voz familiar.

DIOS. Yo puedo llenar tu vida con lo que verdaderamente es importante y útil, si me dejas...

NARRADOR. Pero Paco y Panchita ya habían encontrado una nueva solución a sus problemas: ¡Las fiestas! (Se quitan los vacíos.)

(Panchita y Paco empiezan a actuar como si tuvieran un encuentro con dos amigos imaginarios en una fiesta. Platican a la vez, Paco a la derecha de la plataforma y Panchita a la izquierda de la plataforma. Casi no tienen tiempo de hablar pero sus amigos se despiden. Solos de nuevo, Panchita y Paco esconden su desilusión diciendo frases positivas de su agitada vida social.)

PANCHITA. ¡Mis amigos me han dado un nuevo sentido de valor propio!

PACO. (De nuevo tiene una actitud de entusiasmo forzado.) ¡Mis amigos han — este… — me han dado un mejor concepto de mí mismo!

PANCHITA. (Con menos entusiasmo.) Mis amigas — no siempre me entienden.

PACO. (Con tristeza.) Y mis amigos no pueden estar conmigo las 24 horas del día.

(Se ponen de nuevo los vacíos.)

NARRADOR. ¡No cabe duda de que Dios es paciente! De nuevo les llama.

DIOS. (Alzando un poco la voz.) ¡Ejem! Te lo estoy advirtiendo. Estás corriendo por el camino equivocado, ¡entiende!

NARRADOR. Pero no, no lo entienden. Ahora ellos escogen otra diversión.

PACO y PANCHITA. ¡Deportes y diversión!

(Hacen los movimientos de diferentes deportes mientras hablan.)

PACO. El fútbol (hace movimientos del fútbol.)

PANCHITA. El volibol (hace movimientos del volibol.)

PACO. ¡Las carreras de bicicletas!

PANCHITA. ¡Correr!

(Tocan el William Tell Overture mientras que Panchita corre alrededor de Paco, quien pretende andar en bicicleta. Pronto se cansan y se tiran al piso.)

PACO. (Cansado.) Dominó.

PANCHITA. Damas chinas.

PACO. (Se dirige a Panchita.) ¿Cómo te sientes?

PANCHITA. ¡Con energía!

PACO. ¡Refrescado!

PANCHITA. Adolorida.

PACO. ¿Satisfecho? (Ellos niegan con la cabeza y van y se ponen el vacío.)

NARRADOR. Bueno, doña Panchita y don Paco hombre ordinario hicieron todo lo que podían, pero ese vacío todavía les molestaba. Y una vez más Dios intenta hablarles con su quieta, pequeña voz.

DIOS. (Muy fuerte mientras que Paco y Panchita se agarran y tiemblan.) ¡Atención! ¡Escuchen esto! Es Dios hablando a Paco y Panchita. ¿Me escuchan Paco y Panchita?

NARRADOR. Es fascinante lo claro que se escucha la voz del Señor en momentos de reflexión silenciosa.

PACO y PANCHITA. Está bien, ¿qué quieres?

DIOS. Les quiero llenar ese vacío.

PANCHITA. ¿Quieres quitar nuestro vacío? Pero es muy solemne cuando está cerca.

DIOS. Eso es porque hasta ahora no he llenado tu vacío.

PACO. ¿Por qué crees que puedes llenar este vacío tan grande?

DIOS. Porque soy un Dios grande.

PANCHITA. Pero no te necesitamos, tenemos nuestro trabajo y a los niños.

PACO. Sí.

PANCHITA. Tenemos nuestros amigos.

PACO. Sí.

PANCHITA. Tenemos los deportes y la diversión.

PACO. Sí.

PANCHITA. Tenemos nuestro matrimonio.

PACO. Sí pues, (con rendimiento) disculpa, Señor, ya es tiempo que dejemos de huir de ti.

DIOS. Eso es precisamente lo que quería oír desde el principio.

(Se acercan a un lado de la cortina donde una mano sale de lo alto y les quita los vacíos. Puede ser alguien subido en una silla o en una escalera. No sale esta persona al escenario, sólo su mano.)

NARRADOR. Entonces Dios llena el centro de las vidas de Paco y Panchita. Ahora ocupa el espacio, y cabe perfectamente.

PACO y PANCHITA. (Se abrazan, mientras se escuchan las notas de un himno y se apagan las luces.)

David y Goliat

10 Minutos y 15 Personajes. Historia de la lucha entre David y Goliat.
DAVID Y GOLIAT

PERSONAJES

NARRADOR
SAÚL
SOLDADO 1
SOLDADO 2
SOLDADO 3
GENERAL FILISTEO
FILISTEO 1
FILISTEO 2
FILISTEO 3
GOLIAT
ESCUDERO
DAVID
HERMANO 1
HERMANO 2
HERMANO 3




NARRADOR. Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra y se congregaron en Soco, que es de Judá y acamparon en Efes-danim. También Saúl y los hombres de Israel se juntaron y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.

(Aquí cada grupo de soldados entra en el escenario colocándose un grupo a la izquierda y otro a la derecha.)

SAÚL. ¡Vamos muchachos, firmes! Hoy vamos a vencer a los filisteos. Como ya saben, Jehová nos dará la victoria. ¡No tengan temor! A ver tú, soldado, muéstrame tu mejor arma...

SOLDADO 1. (Cantando.) Jehová es mi Guerrero ¡jo, jo, jo! Jehová es mi Guerrero ¡jo, jo, jo! Y con mi alabanza pelearé, pues no es mi guerra sino la de Dios. Danza y pandero yo daré, pues no es mi guerra sino la de Dios, y con alta voz yo gritaré: “Jehová es mi guerrero!

(Todos le ayudan a cantar.)

SAÚL. Muy bien, esa es nuestra mejor arma…

NARRADOR. Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado y el valle entre ellos…

GENERAL FILISTEO. ¡Filisteos! ¡Estén listos! Hoy vamos a vencer a nuestros enemigos en el nombre de los dioses…

FILISTEO 1. Sí, ¡hoy venceremos a los Israelitas en el nombre del dios Oruga!

FILISTEO 2. No, ¡hoy vamos a vencer en el nombre de dios zope! ¡Sííííí!

(Todos gritan: “Sííí”.)

NARRADOR. Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat de Gat y tenía gran altura. Era un gigante, tenía un casco de bronce en su cabeza, y un vestido de malla muy pesado. El asta de su lanza era como un rodillo de telar e iba su escudero delante de él.

FILISTEO 3. (Al frente del escuadrón.) ¡Vamos muchachos, como lo ensayamos!

(Los filisteos comienzan a cantar: “A la bin, a la ban, a la bin bon ban, Goliat, Goliat, ra r ra”.)

NARRADOR. Y se paró Goliat y dio voces a los escuadrones…

GOLIAT. (Detrás de una cortina en el escenario se dirige a su escuadrón.) ¡Filisteos! ¡Cállense, cállense que me desesperan...! ¿No ven que me están sonrojando? (A los israelitas) Israelitas, ¿por qué se ponen en orden de batalla? Yo soy el filisteo y ustedes los siervos de Saúl. Escoged a un solo hombre que venga en contra de mí. Si él pudiere vencerme, nosotros seremos sus siervos, pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos. No se les olvide que hoy he desafiado a los escuadrones de Israel. ¡Enviadme a un hombre que pelee conmigo…! ¡Ja, ja, ja!

(Cuando Goliat habla los israelitas tienen gran temor, y se ponen uno al frente de otro para evitar ser el primero en la fila.)

SAÚL. (Se quita la corona y se la ofrece a un soldado.) Tú serás el nuevo rey mientras dure la guerra.

SOLDADO 2. No, no la quiero, mi rey. Ésta es suya, tal vez despuecito de la guerra, con mucho gusto. (Le devuelve la corona colocándosela en la cabeza.)

NARRADOR. Pero había un joven llamado David que era pastor de ovejas…

(La oveja entra caminando por el pasillo, imitando a una ovejita, hasta llegar a la primera fila. Luego David la alcanza y la lleva hacia fuera.)

DAVID. (Entra buscando la oveja y la llama.) ¡Dulcinea, Dulcinea! ¿Dónde estás, Dulcinea? ¡Ahh! Ya te vi, oveja descarriada, siempre andas escapándote... (Con el palo de pastor la dirige hacia fuera mientras la oveja va feliz.)

NARRADOR. He allí David, el menor los ocho hijos de Isaí, el cual no había ido a la guerra por su corta edad. Pero este muchacho se convertiría en el instrumento usado por Dios para darle libertad a su pueblo.

En el campo de batalla había únicamente tres de los hermanos mayores de David, temerosos por el gigante que mañana y tarde amenazaba al pueblo de Israel.

Uno de tantos días David fue enviado por su padre a dejar provisiones a sus hermanos y al llegar al campo de batalla sucedió lo inesperado por David…

HERMANO 1. ¿Qué haces aquí, pastorcillo? Deberías de estar cuidando las ovejas…

HERMANO 2. Sí, ¿qué haces aquí? El lobo se llevará las ovejas y mi padre te castigará…

HERMANO 3. Conozco tu corazón y sé que solo a husmear has venido

NARRADOR. De repente se oyó nuevamente aquella voz espantosa que los soldados Israelitas conocían muy bien…

GOLIAT. (Sale con su escudero.) ¡Ja, ja, ja! Enviadme al hombre que peleará conmigo. Si me venciere, todos nosotros seremos sus siervos pero si yo venzo… ¡Ustedes nos servirán! ¡Ja, ja, ja!

(Cuando Goliat habla los israelitas tienen gran temor, y se ponen uno al frente de otro para evitar ser el primero en la fila.)

SOLDADO 3. (A David.) ¿Viste a este hombre que ha salido? El que lo venza el rey le dará grandes riquezas y a su hija.

DAVID. ¿Quién es este cabezón? ¿Quién es este filisteo para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?

HERMANO 1. David, es hora de que te vayas a casa a cuidar a nuestro padre y a las ovejas; ya no hables más.

DAVID. (A otros soldados.) Varones, no tengan temor de este gigantón porque Jehová está con nosotros. (Dirigiéndose a Saúl.) No desmaye el corazón de ninguno a causa de ese cabezón, tu siervo irá y peleará contra este filisteo.

SAÚL. Tú no podrás ir a pelear contra el filisteo, porque tú eres un muchacho y él es un hombre de guerra desde su juventud.

DAVID. Yo soy pastor de ovejas pero he vencido leones y osos cuando han querido tomar alguno de mis corderos. De igual modo mataré a este filisteo que ha provocado al ejército del Dios viviente.

SAÚL. Entonces ve y que Jehová este con tigo.

NARRADOR. Y Saúl vistió a David y puso sobre su cabeza un casco de bronce y le armó de coraza y ciñó David su espada sobre sus vestidos y probó a caminar porque nunca había hecho la prueba.

DAVID. (Después de intentar caminar.) Yo no puedo andar con esto porque nunca lo he hecho. (Se quita la armadura.)

NARRADOR. Y luego de quitarse aquella pesada armadura, tomó su onda y recogió 5 piedras lisas del arroyo y las puso en su saco pastoril. Tomó la onda en su mano y fue hacia el filisteo. El gigante venía andando acercándose a David y el escudero delante de él. Cuando el filisteo miró y vio a David le tuvo en poco porque era un muchacho, de pelo rubio y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David:

GOLIAT. ¿Acaso soy yo un chucho para que vengas con palos y piedras? Ven a mí y daré tu carne a los zopes del cielo, y a las bestias del campo.

DAVID. ¡Tú vienes a mí con espada lanza y jabalina mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos quien hoy te entregará en mis manos y hoy te venceré, y te cortaré esa cabezota que tienes! Porque de Jehová es la batalla.

NARRADOR. Y aconteció que cuando el filisteo fue al encuentro de David, David se dio prisa y corrió a la línea de batalla y metió David su mano en la bolsa, tomó una piedra y la colocó en su onda y lanzándola hirió al filisteo en la frente y cayó sobre su rostro y así venció David al filisteo y lo mató David sin tener espada en su mano. Y entonces corrió David y se puso sobre el Gigante y tomando la espada de él lo acabó de matar y le cortó la cabeza. Cuando los filisteos vieron a su paladín muerto huyeron, y los Israelitas fueron tras de ellos para perseguirlos y exterminarlos.

La ignorancia de los príncipes

7 Minutos y 3 Personajes. Esta obra nos da una idea de cómo se mueve el mundo espiritual, las luchas que existen en nuestra mente y las consecuencias que nos traen tanto las buenas como las malas decisiones.

LA IGNORANCIA DE LOS PRÍNCIPES

PERSONAJES

KEVIN. No tiene carácter, es influenciado y manipulado por sus amistades.
ABIGAIL. Es cristiana pero a medias.
NARRADOR. Kevin está soñando, o bien puede ser un ángel hablándole.


(Entran en escena Kevin y Abigail platicando muy emocionados.)

KEVIN. Hombre, no manches, esto estuvo bien cool, ¡qué bueno que me convenciste! Nunca había ido a una fiesta como ésta, aunque ¡oohh, men! Te pasas… Mira las horas que son: 4:30a.m.
Ya me amenazó el jefe. (Kevin imita burlonamente la actitud del jefe) Señor, venga para acá, un retraso más y no lo quiero ver por aquí, está advertido. Si me corren, tú me vas a buscar trabajo.

ABIGAIL. ¡Ah! ¿Yo por qué? Ni creas.

KEVIN. ¿Quieres saber por qué? Bueno, ¿quién es la que me mueve como robot para todos lados, eh, eh, eh?

ABIGAIL. ¡Ay! Ya estás grandecito, ya sabes lo que haces, si bien que te gusta, no te hagas...

KEVIN. No, fíjate que no, lo que pasa es que tengo que cuidarte; eres mi amiga… ¿Qué tal si te pasa algo y todo por no ir contigo? Prefiero no arriesgar tu seguridad.

(Abigail se ríe.)

KEVIN. Ya sé que no me crees, yo siempre he sido un chavo tranquilo, no me gustan esos feos lugares.

ABIGAIL. Corrección, no te gustaban esos lugares, y eeeras tranquilo, acuérdate quién era el que andaba como trompo en medio de la pista y no se quería venir, ¡je, je, je!

ABIGAIL. Lo que pasa, amigo, es que eres muy aburrido, todos tenemos derecho a regarla de vez en cuando, záfate alguna vez de la sana diversión, para salir de la rutina; tú sabes a cabo que no es de todos los días, solo los fines de semana y luego vamos a la iglesia, le pedimos perdón a Dios él nunca nos dejará de amar porque somos sus hijos: un padre nunca deja de amar a un hijo sea como sea, ¿o sí?

KEVIN. No, claro que no, mis padres nunca harían eso; ellos me aman tal y como soy, aunque claro que de niño, cuando me portaba mal, me daban unas corregidas hasta que entendiera. Yo creo que Dios también es así porque….

ABIGAIL. ¡Cof, cof, cof! Bueno, bueno… En lo que quedamos: fin de semana al reventón y luego a pedir perdón. Y no hablemos más de esta situación. He dicho.

KEVIN. Yo no estoy tan seguro de eso.

ABIGAIL. Sí, mira, primero que nada necesitamos juntarnos con ellos, ganarnos su confianza, y después, si se nos presenta algún día la oportunidad, hasta les podemos hablar de Cristo. (Kevin pone cara de insatisfecho) Puedes encontrar ahí tu media naranja, tu ayuda errónea.

KEVIN. ¿Cómo dices?

ABIGAIL. Dije tu ayuda idónea, nada más… La conviertes a Cristo y listo, ¿qué te parecen mis estrategias para ganar almas? ¡Je, je! ¿Qué tal, eh?

KEVIN. ¡Uy! No cabe duda que tienes el don de revelación, no sé si pueda dormir esta noche… Estoy muy emocionado con las estrategias que Dios te revelo.

(Mientras van camino a su casa una voz suave susurra al oído de Kevin.)

NARRADOR. No te engañes, a Dios nunca podrás engañar. Él conoce las intenciones más profundas de tu corazón y todo lo que siembres lo vas a cosechar. Cada decisión que tomas afecta tu futuro para éxito o fracaso, ven aquí, te mostrare algo. Esto es lo que sucede en tu mente natural, a esto se le llama el mundo espiritual. Muy real es, aunque tú no lo ves. Existe en toda mente un campo de batalla donde los pensamientos combaten entre el bien y el mal, y es una lucha constante que vivimos día a día. Existen las malas y las buenas decisiones. Ellas lucharán para conquistar territorios en tu mente, y las decisiones que tomes vivirán cómodamente, y te entregarán a cambio todas sus pertenencias. Siempre hacen eso, es su naturaleza. Algunas te darán éxito, y otras, fracaso. Al fin de cuentas aunque peleen ellas por territorios, tú eres el que escoge cuál de las dos vencerá. Algunas matarás y otras abrasarás: La decisión es tuya. Recuerda que todo te es permitido, pero no todo te conviene. Las malas decisiones tarde o temprano matan tus sueños e ilusiones. Y a tus futuras generaciones, les heredarás solo maldiciones. Por favor, reacciona, detente un momento y ponte a pensar: Que las malas decisiones solo te quieren lastimar. Cuando ya no te quieran, te van a traicionar y como un trapo viejo te van a desechar, su trabajo es engañarte, aprisionarte, encadenarte, meterte en oscuridad y que vivas despojado de tu voluntad. El rey de las malas decisiones es el padre de mentira. Su único propósito es robar, matar y destruir.

Bueno entonces, ¿qué estás haciendo con tu vida? Ya no te dejes engañar: Ármate de valor, y escoge el camino mejor, pelea contra el pecado, pelea, pelea, y no termines derrotado. Fortalécete en el señor y en el poder de su fuerza y saca tu testamento, aquel que tu padre el rey te dejo para que conozcas su herencia. Porque solo así, en el tiempo de la tentación, tú podrás tomar la correcta decisión y te será entregado todo, absolutamente todo, lo que tu enemigo, te ha robado.
Serás prosperado en todo lo que emprendas, vivirás de Victoria en Victoria en los tiempos difíciles. Tendrás la paz que sobrepasa todo entendimiento. Los sueños de tu Corazón se realizarán, y esto solo es algo de las muchas herencias que Él te entregará. Si el día de mañana no te quieres lamentar, recuerda este consejo, no lo debes olvidar. Tú naciste para ir de Gloria, en Gloria y de Victoria en Victoria.
Pero al final de cuentas eres tú el que decide.



NOTA DEL AUTOR. PARA ATRAER LA ATENCION DE LA AUDIENCIA, TENÍA PLANEADO, EN EL AREA DE LA NARRACIÓN, TOMAR ESCENAS DE ALGUNAS PELICULAS FAMOSAS COMO LA DE “EL SENOR DE LOS ANILLOS” EN LA QUE HABLA DE UN REY QUE ESTA PRESO E IGNORA TODA SU HERENCIA; TAMBIÉN GUERREROS PELEANDO, ECT… MIENTRAS SE ESTÁ NARRANDO SE ESTARÍAN PASANDO LOS CORTOS RELACIONADOS CON LO QUE SE ESTÁ HABLANDO. ESTO CREARÍA UN ESCENARIO ACTUAL, MODERNO Y JOVIAL, PERO SE LOS DEJO A SU IMAGINACIÓN Y POSIBILIDADES.

Monólogo de un carpintero

5 Minutos y 1 Personaje. Monólogo del carpintero que construye la cruz de Jesús.


MONÓLOGO DE UN CARPINTERO
Daniel Nelson




¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? Lo aseguro, no he hecho algo de lo que tenga que avergonzarme. Hice mi trabajo, eso es todo. Lo hice como me lo pidieron, y lo hice bien.
Como mi padre, y como su padre antes de él, yo soy carpintero, un buen carpintero. Es una profesión honorable. He hecho tantas cosas, que la gente de este pueblo ya ni las nota.

Cosas para que se sienten, se acuesten, para que coman. . . Incluso he hecho cosas en las cuales mueren. Como son tan cotidianas, ¡ya ni las toman en cuenta!

Tampoco yo debo pensar en ellas; una vez que entrego y cobro mi trabajo, ya no debo pensar más en él. ¿Debo preocuparme por qué se tiene que sentar alguien en el banco que yo he hecho? ¿Debo desvelarme pensando si el día de mañana será sana la comida que depositarán sobre las mesas que hago? No, no puedo hacer esto.

Aunque realmente, me inquieté mucho el día que ese soldado romano me ordenó ese nuevo trabajo. Pero es que despreciaba más al criminal sentenciado a tal clase de muerte que a la tarea que me encargó. ¡Y el oro de los romanos es tan bueno como cualquier otro!

Y cuando vi mi obra levantarse en esas colinas… aunque requirió mucho esfuerzo de mi parte, pude sofocar los sentimientos que empezaban a surgir en mí.

¿Por qué, entonces, es diferente esta vez?

No conocía a ninguno de los hombres que murieron en las cruces en el Gólgota ese día.

Sólo sabía que uno fue el maestro del cual tanto me habían hablado…

¿Quién soy yo para juzgar si los crímenes de estos hombres eran lo suficientemente perversos como para merecer esa muerte tan tortuosa? Dejo ese trabajo a Roma. A mí sólo me corresponde encontrar un árbol fuerte del cual pueda obtener las vigas cruzadas que aguanten los cuerpos molidos a golpes. Deben ser vigas que soporten su peso en lo alto para que todos puedan ver la vergüenza de su pecado.

Dicen que el maestro también era carpintero. Era un hombre como yo. ¿Será por eso que mi alma no puede descansar? No. Nadie lo puede saber. Tal vez docenas de carpinteros ya han sido estirados sobre el trabajo de mis manos…

Mis manos…

He usado estas manos, seguramente como él uso las suyas, para obtener algo útil de la nada. Lo que estaba muerto recibió nueva vida, como el tronco viejo que se convirtió en la banquita donde una madre amamanta a su hijo. He tallado y unido viejas piezas de madera hasta formar una caja hermosa que guarda un tesoro adentro.

Con estas manos, muchas veces he cortado y martillado... y martillado…

Con un martillo clavan las manos del crucificado. ¡Y los pies!

Me pregunto, ¿ese hombre hubiera continuado su trabajo como carpintero si hubiera sabido que iba a morir así?

¿Pero qué podía yo hacer? ¿No fueron ellos quienes decidieron cometer sus crímenes?

Yo no coloqué a ningún hombre en la cruz; ni fue mi ofensa la razón de que terminaran allí, colgados…

Pero aún así, ¿en cuántas maneras somos iguales? Teníamos el mismo oficio, él y yo. Pero yo puedo seguir con mi trabajo, mientras él está colgado en mi cruz.

Desconozco a ese hombre. Nunca averigüé qué hizo para recibir tal castigo.

Pero esto sé: ya no puedo seguir con este trabajo.

Les diré a los romanos que tienen que buscar a otra persona para hacer sus instrumentos de muerte.

Yo hice la tarea que me asignaron... y ahora... consumado es.

Un hombre llamado Pedro

12 Minutos y 7 Personajes + Extras. Historia de algunos episodios de la vida de Pedro en los que se resaltarán la evolución de su carácter.



UN HOMBRE LLAMADO PEDRO
Pablo Caballero


PERSONAJES


NARRADOR
PEDRO
JESÚS
JUAN
MUJER
JOVEN
CABALLERO
DISCÍPULOS



NARRADOR. Pedro amaba a Jesús, no hay duda de ello. Dejó su casa, dejó su negocio, dejó su estilo de vida por seguir al maestro. Pero hubo algo que no dejó. No dejó su carácter, no dejó sus impulsos, no dejó su coraje. Tenía un llamado tan grande. Tenía una visión con tanto alcance. ¿Quién le detenía? ¿Pudiéramos decir que Satanás o algún demonio? De ninguna manera. El peor enemigo de Pedro era: Pedro. A continuación vamos a presentar un mensaje dirigido a Pedro. Yo pregunto en esta noche ¿Solo a Pedro habla el Señor?

ORACIÓN. Mi Señor, habla a nuestras vidas, toca nuestros corazones. Te amamos y deseamos más de ti. Deseamos más de tu unción, deseamos más de tu fruto, deseamos cambiar. Tú puedes hacerlo en nosotros como lo hiciste en Pedro.



PRIMERA ESCENA

(Se ven los discípulos sentados y Jesús lavándoles los pies. Pedro está sentado y el diálogo comienza cuando Jesús se acerca a lavarle los pies.)

PEDRO. Señor, ¿qué haces? (Jesús se inclina a lavarle los pies mientras Pedro se levanta y da un paso atrás.) ¡No! No me lavarás los pies jamás.

JESÚS. (Le contesta con palabras tiernas.) Pedro, cuántas veces he tratado de enseñarte que mis caminos no son tus caminos, que mis pensamientos no son tus pensamientos. Te quiero enseñar a parecerte más a mí. Te quiero bendecir. Y tú te me opones sólo porque no lo hago a tu manera. Pedro, si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

NARRADOR. Pedro parece estar confuso. ¿Como Jesús le puede decir esto? Si él siempre le ha querido complacer. Y tratando de justificarse le dice:

PEDRO. Pero Señor, si yo lo he dejado todo por ti. Yo he declarado que tú eres el Cristo. Yo he salido al frente, siempre soy el primero. ¿Por qué me hablas así? Está bien, Señor, lávame. Mira, no sólo mis pies, lávame la cabeza, lávame las manos…

JESÚS. Pedro, Pedro, aun cuando te insisto, cuando casi te obligo porque quiero bendecirte aun en contra de tu voluntad, todavía tú insistes a que aún en ese momento, siga siendo a tu manera. (Pedro se sienta y Jesús le pone sus manos en los pies) Pedro, ¡cuántas cosas tengo para ti! Si supieras cuántos milagros vas a hacer en mi nombre; Si supieras hasta dónde vas a recibir mi revelación; Si supieras hasta dónde vas a ver mi gloria; quizás no te resistieras tanto. (Con una mirada triste, Jesús se voltea a los otros discípulos) Uno de ustedes me entregará esta noche. Y no solo uno me entregará sino que todos se escandalizarán.

(Todos los discípulos se empiezan a preguntar entre si, ¿seré yo? Pero Pedro sin pensarlo mucho, se precipita a donde Jesús.)

PEDRO. No maestro, no yo. Ellos, quizás sí, pero yo, no. ¡Yo nunca te negaré!

JESÚS. Pedro, en verdad te digo que antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.

(Se acaba la primera escena. Los hermanos se retiran y el narrador continúa hablando.)

NARRADOR. La intención de Pedro era buena. Pero no era sensible a la voz de Dios. Siempre había en él la actitud del hombre que lo puede resolver todo. La actitud del que sabe pelear hasta conseguir lo que quiere. Cuando Jesús anunció que iba a morir, Pedro le dijo que nunca sucedería eso. En ese momento, Pedro estaba siendo usado por Satanás ya que el mismo Jesús tuvo que reprenderlo.

Jesús le quería enseñar a Pedro que las batallas espirituales no se pelean con fuerzas físicas sino con el Espíritu de Dios. Es la unción la que pudre el yugo. "Nuestra batalla no es contra carne ni sangre sino contra principados y potestades." ¡Cuántas veces levantamos guerra contra nuestros propios familiares, en el trabajo y aun en la iglesia! Cuando deberíamos estar ganando esas batallas en ayuno y oración. Jesús le quería enseñar a Pedro que no podemos hablar rápido ni tomar decisiones a la ligera sin primero ser guiados por el Espíritu Santo, porque si lo hacemos, puede ser que caigamos en el juego de Satanás aun cuando creemos que así servimos a Dios.



Jesús le quería enseñar a Pedro que en el Señor no hay posiciones. Que todos somos débiles y que lo único que nos mantiene fuertes es el confiar en que Dios sabe lo que está haciendo aun cuando nosotros no lo entendamos. No somos fuertes ni estamos libres de caer porque seamos ministros o tengamos posición en la iglesia o porque cumplamos con nuestros deberes cristianos.
Cuando los discípulos estaban escudriñando para ver si ellos serían los que entregarían a Jesús, Pedro ni siquiera creyó que él sería capaz de ello. ¡Cuánta falta nos hace la humildad! ¡Cuánta falta nos hace mirar primero la viga en nuestro ojo, antes que mirar la paja en el ojo de nuestro hermano!



SEGUNDA ESCENA

(Jesús se encuentra en un cuarto fuera de los ojos de todos, con dos guardias, ya que está compareciendo ante el sumo sacerdote. Se encuentra con las manos atadas. Mientras que en distintas esquinas del templo hay personas conversando de lo que está sucediendo. Pedro entra al templo tratando de cubrirse el rostro y hasta con temor. Al llegar a una de las esquinas se escucha el siguiente diálogo.)

MUJER. Miren, este es uno de ellos.

PEDRO. (Atemorizado) ¿De qué hablas, mujer? No lo conozco. (Apresuradamente Pedro se va para otra parte del templo.)

JOVEN. (Se le acerca a Pedro.) Oye, yo te he visto antes. ¿No eres tú el que caminaba con Jesús?

PEDRO. (En forma orgullosa.) Estás equivocado, yo no ando con esa gente.

CABALLERO. (Se le acerca a Pedro.) ¡Claro que sí! Si miras, hasta hablas como ellos...

PEDRO. (Enojado.) ¡Bah! ¡Qué voy a hablar como esa gente! No sé de qué hablas. (Al decir esto Pedro se mueve hacia la puerta por donde van a pasar a Jesús y en un tape grabado se escucha el cántico de un gallo. En seguida sale Jesús sujeto de los guardias y se ve a Jesús. La mirada de Jesús y la de Pedro se encuentran.)

NARRADOR. Y se acordó Pedro de lo que Jesús le había dicho "Antes de que cante el gallo me negaras tres veces.”

(En este momento se llevan a Jesús y Pedro sale llorando amargamente.)



ESCENA TERCERA

NARRADOR. Pedro lloró, pero su llanto no fue el mismo. Fue un llanto del alma. Por primera vez se había dado cuenta de que ganando también se puede perder. Después de este quebranto, Pedro jamás fue el mismo. Pedro sabía que algo se había destruido.

Muchos se han preguntado por qué el llanto de Pedro fue tan profundo y tan amargo. Quizás la respuesta la encontramos en Marcos 16:7

Marcos 16: 7 “Mas id, decid a sus discípulos y a Pedro, que él va antes que vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo”.

A sus discípulos y a Pedro. El nombre de Pedro estaba aparte de sus discípulos. Esto le hizo recordar a Pedro las palabras de Jesús:

Mateo 10: 33 “Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos”.



ESCENA CUARTA

(En la próxima escena Pedro había regresado a la pesca, tal vez pensaba que ya no era digno de ser predicador. Jesús tenía noticias para el. Se ven algunos discípulos sentados con Pedro como si estuviesen pescando. Jesús se les acerca y les pregunta.)

JESÚS. Hijitos, ¿tenéis algo de comer?

DISCÍPULO. (Sin reconocerlo.) No, nada.

JESÚS. Echad la red a la derecha y hallaréis.

(Un grupo de ellos echa la red mientras Pedro observa a los que echan la red y a Jesús, como el que recuerda algo. Luego los discípulos hacen como que están haciendo mucha fuerza y piden ayuda. Pedro y los otros discípulos van a ayudarle a excepción de Juan. Juan observa a Jesús y de momento se da cuenta de quién es y corre adonde Pedro.)

JUAN. ¡Pedro! ¡Pedro! ¡Es el Señor!

PEDRO. ¿Qué dices?

JUAN. ¿A qué te recuerda este acontecimiento? ¡Es Él, Pedro! ¡Es Jesús!

(Pedro corre hacia donde se encuentra Jesús y los demás discípulos arrastrando la red le siguen. Al llegar adonde él estaba vieron que les tenía cena preparada.)

JESÚS. Venid, acomódense y coman.

(Los discípulos se sientan a comer sin decir nada.)

NARRADOR. Ninguno se atrevía a preguntarle si él era Jesús pero sus corazones ardían y sabían bien que estaban con el Señor. Al terminar de cenar Jesús se acerca a Pedro.

JESÚS. Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?

NARRADOR. En otros tiempos, Pedro hubiera contestado sin pensar y en forma desafiante: “¡Claro que sí!” Pero éste era otro Pedro. El Pedro que cortó la oreja del siervo del Sumo Sacerdote, el Pedro que gritó: “jamás te negaré”, el Pedro que dijo: “nunca me lavarás los pies”, había muerto. Había muerto en una noche de amargo llanto.

PEDRO. Sí, Señor; tú sabes que te amo.

NARRADOR. Su respuesta fue humilde. Sí, te amo. Pero no se atrevió a decir que más que sus hermanos.

JESÚS. Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

NARRADOR. En esta ocasión, Jesús no le pregunta si lo ama más que los otros. Pero sí usa el verbo "Ágape" que quiere decir: “el amar con el amor de Dios”. Este tipo de amor contrario al amor "Fileo" es el amor que todo lo da y que todo lo puede. Jesús continuaba tratando con el corazón de Pedro.

PEDRO. Sí, Señor; tú sabes que te amo.

NARRADOR. ¡Qué diferencia! Unas horas atrás Pedro hubiera gritado te amo "ágape" pero ahora responde, te amo "Fileo". Por primera vez reconocía sus debilidades.

JESÚS. Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

NARRADOR. Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez ¿me amas? Jesús le daba la oportunidad de volver a ser su discípulo. Pedro volvía a declarar públicamente que amaba a Jesús; lo hizo tres veces. . .al igual que lo negó tres veces.

PEDRO. Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.

(Jesús y Pedro se abrazan mientras lo otros discípulos se acercan y se unen en el abrazo, la escena finaliza de esta manera.)

NARRADOR. Hoy Jesús también nos da la oportunidad de restaurar nuestras vidas. Yo pregunto en esta noche ¿Hay algún Pedro entre nosotros? Jesús pregunta: “¿Me amas?”



Nota del autor

Hermanos:
Espero en nuestro Salvador que este Drama sea de bendición. Es necesario no solo que se ensaye y se tenga todo coordinado para el día del drama, sino que también es sumamente importante que todo el grupo ore junto por lo menos por tres semanas antes del drama y que trabajen en amor y armonía. Sé que grandes cosas va hacer el Señor; siento su dulce presencia mientras escribo estas líneas. ¡Dios les bendiga y les use grandemente para su gloria! Amén.

Más bendito es dar que recibir

20 Minutos y 15 Personajes + Extras. Historia de tres familias distintas en las fechas de Navidad. Se trata de una lección de generosidad, de confianza en Dios en los momentos difíciles y de la importancia de la familia.


MÁS BENDITO ES DAR QUE RECIBIR
Lourdes Curubo y Leslie Hernández




PERSONAJES

FAMILIA COLINDRES: PABLO, JOSUÉ, PADRE, MADRE, HIJA
FAMILIA RIGACCI: MADRE, HIJA, PADRE, SIRVIENTA
FAMILIA LÓPEZ: MADRE, PADRE, BEBÉ, 3 HIJOS MÁS
ASALTANTES
NARRADOR


PRIMERA ESCENA

(En casa de los Sres. Colindres. Familia de clase media.)

JOSUÉ. Papá, he estado pensando en lo que tú nos estabas diciendo acerca de la razón por la Navidad... Y llegué a la decisión de que todos debemos regalarle a alguien en necesidad, en lugar de regalarnos a nosotros mismos como hacemos siempre...

PADRE. (Colocando sobre la mesa el libro que estaba leyendo.) Me parece muy buena idea. ¿Qué han pensado tus hermanos?

PABLO. Yo también estoy dispuesto a dar a alguien.

JOSUÉ. Lo que todavía no he pensado a quién le vamos a regalar. (Se queda pensando.)

PADRE. Estoy seguro de que puedes pensar en alguien sin esforzarte mucho.

PABLO. ¿Te acuerdas de la familia López? Ellos tienen muchos hijos y no tienen mucho dinero para darles un regalo a cada uno en esta Navidad. Ellos podrían ser.

HIJA. (Entra corriendo porque ha escuchado la conversación.) Yo le puedo regalar mi muñeca a la niñita.

PABLO. Yo mi juego de camiones, que ya no uso tanto.

PADRE. Me parece que Jesús se sentirá muy feliz de que ayudemos a esa familia. Vamos a contarle a mamá nuestro plan. (Salen todos.)



SEGUNDA ESCENA

(En casa de la familia Rigacci. Familia de clase alta.)

SRA. RIGACCI. (Entra en la cocina o se asoma.) Doña Lola, por favor, coloque dos lugares más en la mesa. El Senador Brown y su señora vienen esta noche a cenar con nosotros. Use la loza nueva dorada y el mantel de hilos dorados.

HIJA. (Entra hablando e interrumpiendo a la mamá y mostrando un regalo envuelto) Madre, ¿quedó bien la envoltura para el regalo de papá?

MADRE. (Tomando el regalo en sus manos.) ¡Quedó hermoso! Anda, colócalo debajo del árbol de la sala principal.

(Hija le da una sonrisa de satisfacción a su madre y sale.)

MADRE. (Arreglando o acomodando algo en la mesa y hablándose en voz alta a sí misma.) ¡Pobre hija! ¡Cómo extraña a su papá! La ambición de estos negocios le quita tiempo que debiera ser para estar con ella... y conmigo. Ya no lo vemos casi. Se va temprano, trabaja tarde, se olvida de que tiene familia...

(Suena el teléfono.)

MADRE. Hola... Sí, querido. Ya casi está todo listo. Te estamos esperando. Sí. No me he olvidado que el Senador y su señora están por llegar... ok... ciao.



TERCERA ESCENA

ESPOSA. (Con su bebé en el brazo, recostada sobre la pared, sentada en el suelo, junto a sus otros hijos quienes duermen sobre el suelo.) Querido, ¿qué vamos a hacer? Ya no queda mucho dinero ahorrado y la economía no está favoreciéndonos después de todo lo que ha ocurrido. Estoy muy preocupada.

ESPOSO. (Bien preocupado.) No sé, querida, yo también estoy bien preocupado. El negocio del taxi no da mucho y casi no tengo pasajeros esta semana. A veces pienso que ni voy a llegar a casa por falta de dinero para comprarle gasolina al auto.

ESPOSA. (Tratando de animarlo un poco.) Tenemos que seguir confiando en Dios y obrando por fe. Hasta hoy Él nos ha mantenido con vida y nos ha provisto lo suficiente para sobrevivir.

ESPOSO. Pero me duele ver a mis hijos en esta situación. (Los mira uno por uno.)

(La esposa limpia una lágrima del rostro de su esposo. Se apaga la luz.)




CUARTA ESCENA

SR. RIGACCI. (Anunciando) ¡Ya llegué! ¿Dónde está mi muñeca?

HIJA. (Entra corriendo y da un abrazo a su papá.) ¡Hola, papá! (Después de varios segundos de abrazo) Papá, estoy muy feliz que viene la Navidad porque vamos a poder pasar tiempo juntos.

SR. RIGACCI. Sí, Annie, aunque sea por algunos días. Tú sabes que no puedo tomar muchos días de vacaciones porque tengo que viajar.

SRA. RIGACCI. (Interrumpe. Saluda a su esposo.) Te llegaron los documentos que esperabas. Están sobre tu escritorio.

SR. RIGACCI. (Deja ir a su hija y sale hacia la oficina.) ¡Oh! Los voy a revisar ahora mismo antes de que llegue el senador. (Le da un beso en la frente a su hija y sale.)

HIJA. ¡Estoy muy feliz de que papá esté en casa esta Navidad!

SRA. RIGACCI. Yo también. Anda, ponte tu vestido ya, que van a llegar los invitados. ¿Quieres que te ayude?

HIJA. Sí, mamá.

(Salen las dos.)



QUINTA ESCENA

NARRADOR. Después de haber presentado el plan a la madre, la familia Colindres dedicó un día completo para ir de compras para la familia López.

(La familia Colindres entra a la sala de la casa con todos los regalos. Los colocan sobre el suelo y otros sobre el sofá.)

MADRE. A ver... ¿Quién tiene su regalo listo para envolver?

PABLO. Yo tengo estos listos para envolver.

HIJA. Yo la muñeca y los calcetines.

MADRE. ¿Y tú, Josué?

JOSUÉ. Ya casi, mamá. Quiero darle algunas cosas mías también.

PADRE. Muy bien, Josué. Eres un joven muy dadivoso. (Dirigiéndose a la madre con su regalo que pueden ser guantes, bufanda, y quizás un abrigo también para el Sr. López.) Querida, acá está el mío. Dime cuando empieces para ayudarte.

(La familia se mantiene ocupada envolviendo regalos. La luz de la escena se apaga.)

NARRADOR. Es el día antes de Navidad y la familia Colindres está muy deseosa de que llegue la mañana porque muy temprano irán y dejarán los regalos en la puerta del humilde hogar de la familia López. Por otro lado, en el hogar de la familia Rigacci hay un poco de tristeza. Los documentos que el Sr. Rigacci recibió fueron tan importantes para él que ha decidido cambiar sus planes familiares y viajar el día antes de Navidad. No estará con su hija en este día.



SEXTA ESCENA

(Cartel o pantalla que diga: “La noche antes de Navidad”.)

(El Sr. Rigacci es asaltado. Le quitan su maletín, su abrigo y lo dejan tirado inconsciente. Un tiempito más tarde, entra el SR. LÓPEZ. se le ha terminado la gasolina de su auto.)

SR. LÓPEZ. ¡Qué frío hace! Se ha terminado la gasolina del auto, tengo que caminar a pie y no tengo abrigo, pero estoy consciente de que Dios está en control y algún plan tendrá con esto. Gracias a Dios que por lo menos estoy cerca de casa.

(Llegando a donde está el Sr. Rigacci tirado.)

SR. LÓPEZ. ¿Señor? ¿Qué le pasa? ¿Está usted bien o está usted borracho?

(No hay respuesta. Lo toca con el pie y lo llama. Tampoco hay respuesta. Se acerca y lo ve de cerca.)

SR. LÓPEZ. ¡Oh! ¡Usted ha sido golpeado! ¡Está sangrando de la cabeza! Vamos. Yo le ayudo... (Comienza a levantarlo.)

SR. RIGACCI. (Comienza a despertarse.) Gracias. Me golpearon. Me llevaron mi maletín y los documentos...

SR. LÓPEZ. No se preocupe, yo lo llevaré con cuidado a mi casa y mi esposa lo va a sanar. Lamento que no tenga mi auto acá para llevarlo.

(Ayuda a levantar al Sr. Rigacci. Comienzan a caminar.)

SR. LÓPEZ. Mi casa es bien humilde... No tenemos una cama para que usted se recueste, pero le vamos a sanar sus heridas...

SR. RIGACCI. Muchas gracias... (Camina con dificultad.)

(Siguen caminando. Llegan a la casa de la familia López. Entran. La Sra. López se sorprende al verlos, pero se da cuenta en seguida de lo que ha ocurrido. Sin decirse ni una palabra ella va y busca una cajita de primeros auxilios que se nota ha sido bien usada antes. Regresa y de una vez comienza a sanar al señor Rigacci. Los niños deben estar ya dormidos.)

SR. LÓPEZ. ¿Necesita que llame a alguien? ¿A la policía para informar el asalto o los documentos perdidos? (La Sra. López sigue atendiendo al Sr. Rigacci.)

SR. RIGACCI. No, gracias. Ustedes han sido demasiado buenos conmigo. (Hablándole a la Sra.) Y usted... usted parece estar muy práctica en sanar heridas... y ya estaba lista, como si me esperara...

SRA. LÓPEZ. No era que lo esperaba, sino que por acá llegan muchas personas como usted buscando alguna ayuda y yo y mi esposo siempre estamos listos para atender al que necesite de nuestra ayuda. Nuestro hogar es muy humilde, como usted puede ver, pero Dios siempre nos bendice y nos da la seguridad de que Él está en control y así como Él ha bendecido a nuestra familia en medio de la pobreza, nosotros también sentimos el deber de ser una bendición a todo aquel que entre por nuestra puerta o que encontremos allá afuera en la calle.

SR. LÓPEZ. Así es, Sr. Dios está en control y Él sabe por qué suceden las cosas. Ahora mismo mi taxi quedó sin gasolina. Si no hubiese sido por eso, no vengo caminando a casa y me lo encuentro a usted... Y de alguna manera usted también ha sido una bendición para nuestra familia porque nos ha dado la oportunidad de ayudar a alguien más.

SR. RIGACCI. No puedo comprender todo lo que ustedes dicen. Mi familia y yo somos una familia muy rica. Lo tenemos todo pero no puedo hablar como ustedes lo hacen. Quizás todavía no he experimentado eso que ustedes han experimentado.

SRA. LÓPEZ. Lo que más buscamos y tratamos es que nuestra familia esté siempre unida. Son muchos nuestros hijos y difícil de darles lo que necesitan, pero lo que nos mantiene unidos es el amor.

SR. LÓPEZ. Es verdad. Sin ellos no podría seguir adelante. Ellos son los que me motivan y me dan la razón de vivir... La familia es lo más importante para nosotros. Es nuestra prioridad, no importa cuál sea la situación.

SR. RIGACCI. (Pensativo.) Mi familia me está esperando... y, debo pasar la Navidad con ella.

(Se apagan las luces de esta escena.)



SÉPTIMA ESCENA

NARRADOR. El día de Navidad...

(Familia Rigacci: Se levantan todos. La hija le da un abrazo al papá. El Sr. Rigacci está todo vendado.)

HIJA. ¡Feliz Navidad, papá!

SR. RIGACCI. ¡Feliz Navidad, hija! (Le entrega un regalo.) Acá está tu regalo de Navidad. Estoy muy feliz porque te lo puedo dar en persona. (A su esposa.) A ti también. Creo que Dios tenía que darme una lección esta Navidad y debo agradecerle por lo que me sucedió ayer. No hay nada mejor en este mundo que estar con mi familia y no hay documento ni propuestas de negocio que sean más importante que ustedes. (Se abrazan los tres.)

(Se apagan las luces del escenario.)




OCTAVA ESCENA

(Familia Colindres: Colocan los regalos en la puerta, tocan la puerta y salen corriendo mientras ríen de alegría. Los regalos pueden estar dentro de tres bolsas de basura negra... Pueden llenarse de papel y encima colocarse los regalos.)




NOVENA ESCENA

(Familia López: el padre abre la puerta. No ve a nadie. Ve los paquetes... Los empieza a mirar...)

SRA. LÓPEZ. ¿Quién es?

SR. LÓPEZ. No hay a nadie pero dejaron algo...

SRA. LÓPEZ. (Va a la puerta curiosa.) ¿De qué estás hablando?

SR. LÓPEZ. (Comienza a abrir un regalo.) Creo que Dios nos ha recompensado en privado por haberle ayudado a uno de sus hijos ayer... Mira.... exactamente lo que necesitaba (tomando el abrigo y poniéndoselo.)

SRA. LÓPEZ. Mira, un vestido para nuestra hija.

SR. LÓPEZ. Ayúdame a entrarlos y llamemos a nuestros hijos.

(Se apagan las luces de la escena.)




DÉCIMA ESCENA

(La familia Colindres entra a su casa muy felices y riendo.

JOSUÉ. ¿Viste el rostro del Sr. López?

MADRE. Sí. Estaba contentísimo...

PABLO. Y la mamá cuando vio el vestido se puso muy feliz también.

HIJA. Le va a gustar mucho la muñeca que le regalé también.

PADRE. Hijos, ¿qué van a hacer ahora? Saben que no tienen ustedes regalos para abrir ahora, ¿verdad?

JOSUÉ. Papá, ¿sabes? Esta Navidad he aprendido algo: los regalos que recibo no son los que me dan felicidad. En realidad es cuando regalo que me siento gozoso. Ver el rostro alegre de otros es lo que me hace feliz.

MADRE. Eso es lo que quiere decir ese versículo... “es mejor dar que recibir”.

PADRE. Y eso es en realidad lo que significa Navidad.


NARRADOR. Hemos aprendido tres lecciones de este drama con las tres familias representadas. Con la familia Rigacci el valor de la familia: el mejor regalo que Dios ha dado a cada uno cada día y en especial en esta Navidad. Si vas a estar lejos de tu familia, llámalos, diles cuánto la aprecias. Es mejor decirles esto, que darles un regalo.

Con la familia López que Dios está en control. No importa en la situación que esté tu familia, Dios tiene un plan para ti. Lo importante es mantenerse unidos y recordar que en esta Navidad no hay que tener demasiado para dar mucho. Aún si lo damos todo, Dios nos bendecirá doblemente. Él siempre cuida de nosotros y suplirá nuestra necesidad.

¿Y la familia Colindres? Que la verdadera razón por la Navidad es dar y hacer felices a otros y que no hay que dar esperando algo a cambio. Uno siente más felicidad cuando da, que cuando recibe.

El nacimiento de Jesucristo

10 Minutos y 7 Personajes + Extras. Esta obra está pensada para que el narrador lea porciones bíblicas mientras aparecen cuadros de actores con las diferentes escenas referentes a la anunciación y nacimiento de Jesús.

EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO

PERSONAJES

NARRADOR
MARÍA
ÁNGEL
JOSÉ
GRUPO DE ÁNGELES
GRUPO DE PASTORES
REYES MAGOS


ESCENA 1

NARRADOR. El nacimiento de Jesús fue así: al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José de la casa de David, y el nombre era Maria. (Se abre el telón.)

(María está orando y se le aparece un ángel.)

ÁNGEL. ¡Salve, muy favorecida! El señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.

(María se turbó por sus palabras.)

ÁNGEL. María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamaras su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

MARÍA. ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón.

ÁNGEL. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual el santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

NARRADOR. Y estando desposada María, su madre, con José, antes de que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. (Se va abriendo el telón) Y pensando él en esto, he aquí se le apareció un ángel en sueños.


ESCENA 2

(José está durmiendo.)

ÁNGEL. José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo y llamarás su nombre Jesús, porque él salvara a su pueblo de sus pecados. (Sale el ángel.)

NARRADOR. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta cuándo dijo: “He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo. Y llamarás su nombre Emmanuel que traducido es Dios con Nosotros”. Y despertando del sueño hizo como el Señor le había mandado. (Se cierra el telón.) Y aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César que todo el mundo fuese empadronado. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llamaba Belén. Y estando ellos allí se cumplieron los días del alumbramiento. Y María dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.


ESCENA 3

(Se abre el telón y aparecen los pastores cuidando a sus ovejas.)

NARRADOR. Había pastores en la misma región y velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño, y he aquí se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del señor los rodeó de resplandor y tuvieron gran temor.

ÁNGEL. No temas, porque he aquí doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. “Que os ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es Cristo el Señor. Esto os será de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”.

(Aparecen con él una multitud de huestes celestiales que alaban a Dios.)

ÁNGELES. ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

(Salen todos los Ángeles.)

PASTORES. (Entre ellos.) Pasemos pues hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.

(Se cierra el telón.)

NARRADOR. Y fueron y encontraron al niño envuelto en pañales acostado en un pesebre y lo adoraron.



ESCENA 4

NARRADOR. Cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días de Herodes vinieron del Oriente a Jerusalén unos Magos diciendo:

(Entran los magos por atrás de la congregación, y en el pasillo central de la iglesia en el centro.)

MAGOS. ¿Dónde esta el rey de los Judíos? hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarle

(Caminan hasta donde está el telón y se va abriendo; para esto los demás personajes ya deben estar acomodados para mostrar el cuadro del pesebre.)

NARRADOR. (Mientras caminan y se abre el telón.) Y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos hasta que llegando se detuvo sobre donde estaba el niño, y le ofrecieron presentes.



ESCENA 5

(Ya abierto el telón, y estando todos acomodados; María con José y el niño, los pastores, los ángeles llegan los magos y le ofrecen los presentes, para así formar el cuadro inolvidable de la Navidad.)

MAGO 1. (Adorándole y postrándose.) Oro, por ser Rey.

MAGO 2. (Adorándole y postrándose.) Incienso, por ser Dios.

MAGO 3. (Adorándole, con fervor y postrándose.) Mirra, por el sufrir que tendrás por la humanidad.

(Así se acaba de formar el cuadro con todos los personajes.)

NARRADOR. La mirra es una hierba aromática que para desprender su olor tiene que ser quebrantada. Así también para darle a la humanidad la oportunidad de alcanzar salvación, Jesús tuvo que ser humillado, quebrantado, y el perfume de su sacrificio hace efectiva la redención del hombre que cree en él.

(Se cierra el telón.)

NARRADOR. (Con júbilo.) En este día recordamos que nuestro Señor Jesucristo vino a este mundo a darnos salvación, dejando la promesa de que regresará ¡por su pueblo!

Los ángeles y la hospitalidad

14 Minutos y 8 Personajes. Esta es una obra breve que nos enseña cómo darle un mayor significado a la tradicional celebración navideña. La Biblia dice que muchos sin saberlo hospedaron ángeles, eso fue exactamente lo que le sucedió a la familia de esta historia.

LOS ÁNGELES Y LA HOSPITALIDAD

Gustavo González



PERSONAJES

PAPÁ
MAMÁ
HIJO
HIJA
JOSÉ
MARÍA
MESONERO 1
MESONERO 2

PAPÁ. Bueno, ya estamos cerca del día de la celebración.

MAMÁ. Sí, ya sólo faltan dos días; espero no volverme loca con los preparativos, el arreglo de la casa, las compras…

PAPÁ. Y la cena.

MAMÁ. Sí, claro, y la cena.

HIJO. ¡Qué lindo! Yo me voy a divertir mucho jugando con mis amigos.

MAMÁ. ¿Y vos, Rocío? ¿Qué estás leyendo?

HIJA. ¿Ah? ¡Ah! Estoy leyendo una interesante novela navideña.

PAPÁ. ¡Ah, qué bien! ¿Y de qué trata?

HIJA. Trata acerca de José y María y los mesoneros que ya no tenían lugar para que ellos posaran.

PAPÁ. Me parece interesante.

HIJO. Para mí no.

HIJA. ¿Ah, no? Pero a mí sí.

MAMÁ. Bueno, ya van a empezar… Mejor hagamos algo productivo. Julio, andá a la despensa y traeme algunas cosas que me faltan para la comida.

HIJO. ¿Yo otra vez? Nooooo…

MAMÁ. ¡Qué no! Andá ahora mismo, o si no nos quedamos en ayunas. Y vos, Rocío, cuando venga tu hermano, necesito que me ayudes a preparar la comida.

HIJA. Pero mamaaaá, yo no sé.

MAMÁ. Y es para saber hacer, mi hija.

HIJA. Bueno.

PAPÁ. Ok, yo me voy un ratito acá al ladito.

MAMÁ. No, ¿qué al ladito? Ya pronto te olvidaste de la rotura del grifo de la cocina, ¿verdad?

PAPÁ. No, justamente iba a ver ahora eso.

MAMÁ. Ah, ¡qué bien! Me alegra.

(Salen todos.)



ESCENA II

(En escena, Rocío leyendo la novela.)

HIJA. “En la penumbra de una noche silenciosa, la silueta de José y María iban marcando un surco invisible en la oscuridad. Quizás la radiante luna haya sido la única luz en ese oscuro momento de sus vidas…”

(En una escena inferior aparecen José y María.)

MARÍA. José, ya estoy cansada. ¿Podemos descansar un rato?

JOSÉ. Ya, sólo un poco más, ya estamos llegando. Esas parecen ser las últimas posadas. Cuando consigamos un lugar, ahí vas a descansar como se debe.

MARÍA. Está bien, porque parece que ya está por llegar.

JOSÉ. Ya lo sé, y estoy seguro de que lo hará bajo un cálido techo.

(Salen por el otro lado.)

(En escena, MESONERO 1 y MESONERO 2.)

MESONERO 1. ¡Qué cansado estoy! Estuve recibiendo gente hasta casi las tres de la madrugada.

MESONERO 2. Yo te superé: cuando eran las tres y media más o menos, iba llegando una pareja desde Nazaret pidiendo posada, y se la di.

MESONERO 1. ¡Ah, sí! También llegaron a mi posada, pero se veían tan pobres… ¿No estabas lleno en tu mesón?

MESONERO 2. Sí, pero la mujer estaba a punto de dar a luz, y no podía dejarla ir sin hacer algo.

MESONERO 1. ¿Y qué hiciste?

MESONERO 2. Le arreglé el establo para que estén allí.

MESONERO 1. ¿El establo? ¿Acaso estás loco?

MESONERO 2. ¿Y qué otra cosa podía hacer? Fui el único que hizo por lo menos algo. Además, dejé el establo mejor que las habitaciones que alquilé.

MESONERO 1. ¡Ah, qué bien!

MESONERO 2. Luego nació el bebé; era un niño. Pero lo llamativo de todo fue que después fueron llegando pastores del campo. Estaban tan emocionados que lo único que decían es: “¿Dónde está el recién nacido del pesebre?”

MESONERO 1. ¿Y lo vieron?

MESONERO 2. Sí, y hasta le hicieron reverencias. Creo que decían que éste es el Mesías prometido.

MESONERO 1. ¿El Mesías? No me hagas reír, el Mesías no nacería en un pesebre, sino en un palacio como el de Herodes.

MESONERO 2. Quizás, pero todo esto que ocurrió me hizo pensar mucho. Quizás sea cierto lo que dijeron los pastores
.
MESONERO 1. Pues yo no lo creo, son sólo cuentos.

MESONERO 2. ¿Y si no? ¿Qué te parece haber posado al Mesías en tu mesón?

(Mesonero 2 hace un gesto como que no sabe, luego, ambos se retiran.)



ESCENA III

(Ingresan Papá, Mamá y detrás de ellos Hijo.)

MAMÁ. Sea lo que sea, fue lo mejor. No sabemos quiénes pueden ser esas personas, y además esta noche recibimos la Navidad y en familia.

PAPÁ. Sí, pero hay que tener en cuenta que son personas que en este momento necesitan un favor.

MAMÁ. Sí, pero Pedro, no podemos arriesgarnos.

HIJA. Papá, mamá, ¿qué está pasando?

MAMÁ. Nada, mi hija.

PAPÁ. No, Rocío, mejor se lo contamos. Mirá, Rocío, hace un rato mientras tomábamos tereré en el patio, vino llegando una pareja de apariencia un tanto pobre. Dijeron que vinieron del interior y que recién mañana podrían volver a su pueblo.

MAMÁ. Pidieron poder alquilar por una noche la pieza que solemos alquilar y que ahora no está habitada.

HIJA. ¿Y cuál es el problema para que se queden?

MAMÁ. Pero, mi hija, hace mucho que no alquilamos, y además, no te imaginás el peligro que eso significa.

PAPÁ. Sí, eso lo dice de labios para afuera, pero en el fondo sabe que deberíamos haberle cedido la pieza.

MAMÁ. Lo se, pero hicimos lo que nos parecía correcto.

HIJA. Bueno, creo que ya sabemos lo que tenemos que hacer.

HIJO. Sí, yo escuché que recién bajaron por la otra calle.

PAPÁ. Vamos, entonces.

(Salen.)



ESCENA IV

(En escena Mamá, Hijo y Papá.)

MAMÁ. ¡Qué lindo estuvo todo anoche!

HIJO. La verdad que sí, a pesar de que nos pasamos horas buscando a la pareja.

PAPÁ. La verdad que sí, casi hicimos algo muy penoso.

HIJO. Sí, pero menos mal que pudimos encontrarlos.

(Entra la Hija.)

HIJA. Oigan, ¿quién sabe qué pasó de la pareja que anoche estuvo en la pieza de alquiler?

MAMÁ. Y ahí no más en la pieza, mi hija. Estuve fijándome desde tempranito, y ni abrieron la puerta siquiera.

PAPÁ. Y tampoco se tocó el portón, porque hace un ruidazo y siempre escucho cuando los inquilinos entran o salen de madrugada.

HIJA. Pero si la pieza está vacía, y la cama está fría, como si nadie hubiera estado ahí.

HIJO. No puede ser. Si antes de las doce ya estaban dormidos de tan cansados que estaban.

MAMÁ. Vamos a ver, Julio (Salen Mamá e Hijo.)

HIJA. Papá, tengo una duda, ¿por qué fuiste partidario de que la pareja se quedara en casa? Porque siempre habías dicho que cuando se duda de la gente, mejor no dejar que entren en la casa.

PAPÁ. Bueno, nunca se sabe. La Palabra de Dios nos enseña que muchos sin saberlo hospedaron en su casa ángeles, así que no hay que olvidar la hospitalidad.

HIJA. Papá, ¿acaso leíste el libro que yo también estoy leyendo?

PAPÁ. ¿Por qué lo decís?

HIJA. No, por nada.

(Entran Mamá y Julio)

MAMÁ. Es cierto, la pieza está fría e intacta.

HIJO. ¿Viste? Parece como que nadie estuvo ahí desde hace meses.

PAPÁ. Vaya, ¡qué raro! ¿Verdad, Rocío?

HIJA. Sí, verdad. ¡Qué raro! ¿No será que hospedamos ángeles sin saberlo?

MAMÁ. Y, la verdad, ¿quién sabe?

HIJA. Lo que sí aprendimos es que quizás para muchos este tiempo significa que tenemos que adornar la casa, salir a hacer compras, o divertirnos.

MAMÁ. O preparar una buena cena.

PAPÁ. Pero aprendimos que aunque hagamos todo eso, no debemos olvidarnos de los que necesitan pan, o un abrigo, o simplemente, estrechar una mano amiga. ¡Vamos, afuera hace un lindo día!

La verdadera Navidad

13 Minutos + Cantos y 14 Personajes. María y José acuden a una pequeña ciudad a buscar hospedaje. Es una obrita navideña adecuada para representar con un grupo de niños ya que va intercalada con varios cantos.


LA VERDADERA NAVIDAD


PERSONAJES

NARRADOR
DAVID
LUCAS
JOSÉ
JUAN
MARÍA
RUBÉN
RAÚL
LOIDA
PAPÁ NOEL
CASTAÑERA
ETEL
JARI
BEGOÑA


NARRADOR. Con el transcurso del tiempo, el sentido de la Navidad se ha ido difuminando. Para muchos no es más que una historieta, una leyenda… Para otros, mucho más que un capricho humano fue una solución a toda persona. Y mientras muchos están preocupados por el fin del milenio, la subida del dólar o la bajada del euro, Jesús toca de nuevo la puerta de nuestros corazones, una Navidad más.

DAVID. ¡Pero qué frío hace esta noche! Ya es víspera de Navidad y la gente sale a la calle sin importarle este tiempo.

LUCAS. Y… ¿has visto qué ambiente? ¡Me encanta la Navidad!

DAVID. ¿Ambiente? Para nosotros el mismo de todos los días: frío, hambre y sin lugar para descansar.

LUCAS. Pues así estaban María y José la noche que tenía que venir Jesús.

DAVID. ¿No me digas que tú crees en esas leyendas? Lucas, eso fue un cuento, una historia del pasado ¡Qué más da!

LUCAS. Por lo que veo este frío te ha helado no sólo el cuerpo sino también el corazón. Si entendieras que Jesús fue la gran solución a todo corazón humano lo entenderías mejor.

DAVID. Eso son niñerías y si me pasara hoy, pensaría lo mismo que ni Navidad ni nada, me hace entrar en razón.

LUCAS. Existen personas que celebran la verdadera Navidad aceptando a Jesús cada año como… ¡Espera David! Si te contara la Historia quizás lo entenderías mejor.

JOSÉ. Perdones ustedes, ¿conocen un sitio donde podamos dormir?

DAVID. ¡Madre mía! La gente cada vez es más rara para ponerse un disfraz en Navidad. Pues mire… si yo supiera un sitio donde dormir gratis ya me hubiera ido yo.

LUCAS. Pero David, ¡qué poco amable eres! Perdone señor, no conocemos pero les podemos acompañar y buscar juntos ese lugar.

DAVID. ¿Qué? ¿Te has vuelto loco? Pero… ¿Que te crees que eres Papá Noel o qué?

LUCAS. No David, pero estás pobres personas necesitan ayuda, ya lo ves. Y siendo vísperas de Navidad no nos podemos negar.

DAVID. ¡Hala! Pues que empiece el paseíllo, ¡como no tenemos nada que hacer!

LUCAS. Mira David, ya se preparan los niños para cantar en la plaza del pueblo como cada año. Me encanta, no me puedes negar que esta época del año no tiene un encanto especial. Vamos a escucharlos.

C A N T O

DAVID. La verdad es que son una ricura, pero vamos, a mí no me dicen nada.

LUCAS. Mira David, ahí hay un señor, le voy a preguntar a ver si sabe dónde podían ellos pasar la noche.

DAVID. Pregunta, pregunta, “hermanito de la caridad”.

LUCAS. Disculpe, señor, ¿sabe dónde hay un lugar para dormir, que sea económico?

JUAN. No, no y mil veces no.

LUCAS. Bueno, bueno. Sólo era una pregunta, no quería molestar.

JUAN. Esto es el colmo, la hecatombe… perderé millones, millones, ¡es el caos!

LUCAS. ¿Sólo por decirme dónde hay un hotel?

JUAN. ¿Qué hotel ni ocho cuartos? Por la caída de la bolsa, la subida del petróleo. Por la bajada imparable del euro… perderé millones en mi empresa.

MARÍA. ¿Qué son dos millones, José?

JOSÉ. No sé María, me imagino que se referirá a alguna posada.

LUCAS. Pero hombre, ¡anímese! Es víspera de la Navidad.

JOSÉ JUAN. ¿Y qué? Para mí la Navidad es dinero y mi mejor regalo es una cuenta bancaria llena de ceritos siguiendo a cinco o seis… y de ahí para arriba. (Se coge la cabeza desesperado y se va)

DAVID. Lo ves, Lucas, la gente va a lo suyo, para nada creo que les importe a muchos el asunto de la Navidad.

LUCAS. No nos podemos dar por vencidos, estoy seguro que alguien nos ayudará. Mira por ahí vienen los barrenderos, ellos están mucho por las calles. Vamos a preguntarles.

DAVID. Vale, vale… Señores, disculpen, ¿conocen ustedes algún hotel para hospedar a esta gente (por lo bajito) “tan rara”?

RUBÉN. (Sin levantar la mirada sigue barriendo) No, no conozco nada, sólo mi escoba y… levante esos pies señora, (al público) y las hojas de este lugar que no se acaban nunca, cada vez hay más.

RAÚL. Señor, no tire papeles (grita al público) respete nuestro trabajo, que casi es Navidad.

RUBÉN. Mire, pregúntele a ése, quizá sepa algo.

LUCAS. ¿Usted sabría dónde podrían pasar la noche esta pareja?

RAÚL. Ni idea, ni tiempo que gastar. ¡Que se las apañen como puedan, yo tengo que currar!

LUCAS. ¡Qué amables, qué sinceros! Dan ganas de llorar. Ni nos han mirado.

DAVID. Pero si es que yo ya lo sé y tú venga y venga empeñándote.

LUCAS. Pues no pienso darme por vencido.

MARÍA. Estoy muy cansada, José, ¿nos podemos sentar un poco?

JOSÉ. Claro, María, vamos a buscar un sitio.

DAVID. Venga, venga, siéntese aquí, mire ahora hay un grupo musical que sale a la Plaza. Vamos a verlo.

G R U P O M U S I C A L

LUCAS. Esto sí que me pone el corazón a tono con la Navidad. ¡Eh, vosotros! Esperad, esperar, ¿podríais decirnos si sabéis de algún lugar para pasar esta noche?

GRUPO. No, no tenemos ni idea…

DAVID. Mira Lucas, no desistas, si no es uno será otro. Por ahí llega otro grupo.

LUCAS. Perdone…

LOIDA. Oiga, por favor, no moleste que vamos a cantar.

LUCAS Sólo quería preguntarle si sabía de algún sitio para pasar esta noche.

LOIDA. Pues no lo sé, vaya si acaso a alguna oficina de información y turismo o yo qué sé… perdone pero debemos empezar.

LUCAS. Vale, vale, gracias y no le molesto más.

C A N T O

DAVID. ¡Cómo está el barrio este año! Nunca me había fijado de todo lo que montan los colegas y los vecinos de por aquí. Anda, mirad quién viene por allí, un grupo de chiquillos armando alboroto. ¡Cómo les va esto de las fiestas!

Un grupo tira serpentinas y conffetti por todos los bancos.

MARÍA. ¿Quién les persigue, José?

JOSÉ. Será algún cobrador de impuestos, creo yo.

DAVID. La verdad es que no sé lo que me pasa, pero parece que estoy sintiendo algo raro.

LUCAS. ¡Ay, David! Que ya veo cómo tu corazón frío se empieza a descongelar. Mira, voy a preguntarle a ese Papá Noel de la esquina. Esperad. ¿Podría decirme si conoce por aquí cerca algún sitio en el que pasar la noche?

PAPÁ NOEL. No me molesten, estoy ocupado, no tengo tiempo para nada, pregunten a esa castañera que pasa más tiempo ahí parada.

LUCAS. Perdone y gracias. (Va hacia la castañera) ¿Podría decirme si conoce algún sitio dónde podrían alojar a esta pareja?

CASTAÑERA. Pues yo no sé, la verdad, pero aquí hay gente de muy buena voluntad. Conozco a una familia que quizá les puede prestar una habitación pequeña donde poder pasar la noche.

LUCAS. No sabe cómo se lo agradeceríamos.

CASTAÑERA. Mire, justo ahí, a la derecha. Esta es casa, pregunten y buena suerte. ¡Ah! Espere buen hombre tenga unas pocas castañitas calientes para templar un poquito el cuerpo.

LUCAS. Gracias, señora, mil gracias. (Se dirige a los demás) ¡Eh, venid! Buenas noticias, creo que tengo la solución.

MARÍA. ¿No tendré que andar más, José?

JOSÉ. Paciencia María, paciencia, vamos a ver dónde podemos descansar.

LUCAS. Perdonen que les molestemos, su amiga la castañera nos dijo que quizá ustedes podrían alojar por esta noche a esta pareja. Ya ves el estado de la señora y no encuentran ningún sitio donde pasar la noche.

ETEL. Pues no tenemos ninguna vacía aunque dadas las circunstancias… la nuestra serviría.

JOSÉ. No, por favor, no podríamos aceptar tal ofrecimiento pero cualquier rincón nos servirá. María pronto dará a luz al bebé.

JARI. Tenemos un pequeño trastero muy cómodo y acogedor pero no creo que sea la solución.

MARÍA. Créame que sí servirá y le estaremos muy agradecidos.

JARI y ETEL. Pasen, pasen, están ustedes en su casa. (Se despiden en la puerta. David y Lucas en la calle.)

DAVID. La verdad, Lucas, es que no esperaba que hubiera todavía personas con tan buenos sentimientos. Anda, otros zagalitos para cantar, ¿nos quedamos a escucharlos?

LUCAS. A mí ya sabes que encanta.

BEGOÑA. Por favor, se podrían poner a un lado, vamos a cantar. Chicos, chicas, preparados…

C A N T O

LUCAS. ¿Qué piensas David?

DAVID. Pues que de verdad siento alegría en mi corazón, que hasta ahora estaba dormido e indiferente. (Se oye el llanto de un bebé)

LUCAS. ¿Oyes? ¿No es un milagro que ante tanta confusión, Dios haya elegido enviar a su Hijo como un niño para darnos la Salvación.

DAVID. ¡Ya lo creo que es un verdadero milagro! Debemos celebrar y valorar lo que es Navidad, la verdadera Navidad.

Enseñar, ayudar, corregir

17 Minutos y 11 Personajes. Esta es una historia de una madre y dos hijos, que representan el mundo y Cristo. Esa madre que sigue al mundo y desprecia a Cristo. Esto es para que los padres de las iglesias sepan lo importante de llevar a sus hijos a la iglesia para que sean instruidos espiritualmente.



ENSEÑAR, AYUDAR, CORREGIR
María Laura Herrera



ESCENARIO
La cocina-comedor de una casa. (Tener varias sillas a mano, pero que aún no estén puestos en escena).

ATREZZO
Mesa, Teléfono, Masa (Harina y agua), platos, vasos, cubiertos, sillas, manteles.

PERSONAJES

MAMÁ
MARÍA (15 años)
EDGAR (13 años)
ELISA
PRISCILA
MARTÍN
MATÍAS
AGUSTÍN
ROXANA
JULIETA
ISMAEL


ESCENA I

MAMÁ. (Está en la cocina sola amasando unos ñoquis para su hija preferida.) ¿Cómo era que se hacían los ñoquis? ¡Oh Dios! Voy a llamar a la hermana Rosa que ella es quien cocina siempre en la iglesia, debe saber algo. (Va al teléfono y marca.) ¡Hola! Sí, hermana Rosa, disculpe, ahhhh… Sí, ya voy a ir a la iglesia, pero sabe la llamaba porque, ahhhh… Sí, es que anduve enferma. Le decía la receta, el domingo sin falta ¡VOY, HERMANITAAA!, ¡Ay! ¿Tendrá la receta de ñoquis a mano? Bueno, anoto, ¡ah! Si sí, listo, gracias… Sí, sí nos vemos en la iglesia. Chao, besitos, gracias. (Cuelga el teléfono.) ¡Ay, qué mujer tan pesada! ¿Qué le importa la vida de los demás? Pero al fin voy a poder hacerle los ñoquis a mi bebé.

MARÍA. (Entra por la derecha con unas plantas para colocar al frente en algún rincón, enojada.) ¡Mamáaaa! Ahí están de nuevo en la canchita de ahí al frente jugando los vagos, atorrantes inútiles e inservibles muchachos al fútbol y seguro debe estar tu hijo. Sí, sí ése ya debe estar ahí porque es más atorrante que todos esos juntos. Claro y yo acá trabajando, limpiando mi habitación… No puede ser, esto no puede ser. (Se va enojada por la derecha nuevamente después de haber dejado las cosas en su lugar.)

MAMÁ. ¡¡¡Edgar!!! ¡¡¡EDGAAAAAAAAAAARRRRRRRRR!!!

EDGAR. (Entra por la izquierda vestido como de jardinero, con alguna pala en mano y alguna planta.) Sí, mamá acá estoy, ¿qué necesitas?

MAMÁ. Ya mismo me decís adónde estabas ¡yaaaaaaa! (con grito y tono de enojada.)

EDGAR. Estaba haciendo lo que vos me habías mandado: arreglar el jardín de la casa.

MAMÁ. ¡Hum! ¿Sí? ¿Seguro?

EDGAR. Sí, mamá.

MAMÁ. ¡Hum! Bueno, más te vale. Anda, seguí haciendo eso que ya te voy a llamar a comer.

EDGAR. Sí mamá. (Se retira.)

MAMÁ. (En tono de enojada.) ¡¡¡Maríaaaaaaaaa!!! ¡¡¡Maríaaaaaaaaaaa!!!

MARÍA. (Viene corriendo.) ¿Sí, mamá? ¿Qué pasa?

MAMÁ. ¿¿A que no sabes qué?? Te hice Ñoquis, tu comida favorita.

MARÍA. En serio, ¡hummmm, qué rico! Gracias. (Se abrazan.)

MAMÁ. Sí, todavía estoy en deuda con vos porque pasaste de año escolar sin llevarte ninguna materia. (Mientras pone la masa en una olla y va preparando la mesa.)

MARÍA. (Con cara de mentirosa porque no había pasado de año) ¡Hum! Sí, sí. ¡Je, je! (Risa falsa.)

MAMÁ. (Mientras habla sigue con los preparativos.) Tengo una idea: ¿qué tal si invitas a Elisa que te acompañe hoy al cine? Les pago todo.

MARÍA. ¿De verdad? ¡Qué bueno! Ya la llamo. (Toma el teléfono y sale por la derecha.)

MAMÁ. ¡¡¡Edgar!!! ¡¡¡EEDGAAAAAAAAARRRRRRR!!! ¡Vení!

EDGAR. (Entra corriendo por la izquierda.) ¿Sí, mamá?

MAMÁ. Poné lo que falta de la mesa y barre acá la cocina.

(Edgar limpia y pone 3 platos 3 vasos y así…)

MAMÁ. (A Edgar.) Bueno, anda a seguir allá que te llamo cuando estemos por comer.

EDGAR. Sí, mamá.

(Suena el timbre de la puerta, atiende la mamá.)

MAMÁ. ¡Hola Elisa! Pasá.

MARÍA. (Entra por la derecha para saludar a Elisa.) ¡Hola Elisa! Quédate a comer y después nos vamos.

ELISA. Listo.

MAMÁ. Sí, yo le voy a pagar a María hoy para que salga porque ha pasado de año sin llevarse materias…

ELISA. ¿Cómo? ¿Pero no…? (Elisa no entiende nada, si supuestamente ella se quedó de año por tantas materias que se llevó.)

(María le hace gestos a Elisa que se calle, porque su mamá no sabe.)

MAMÁ. Sí, así que bueno, pensé que con vos será la mejor opción para que se divierta mi bebé.

(María y Elisa se miran y se ríen cínicamente.)

MAMÁ. Bueno, vamos a comer (trae la olla y sirve los ñoquis, pueden ser ñoquis de verdad o banana cortada o alguna otra fruta que simule a los ñoquis.)

(Empiezan a comer sin orar, pero María y Elisa hacen caras de asco. Mamá come como si sus ñoquis fueran exquisitos. Pasan 5 segundos.)

MARÍA. Bueno, mamá, me voy a preparar para salir, vamos Eli.

ELISA. Sí, vamos. (Se levantan.)

MAMÁ. ¿Pero no quieren más? No comieron mucho.

ELISA y MARÍA. No, no, gracias. Ya comimos mucho hoy… Bueno, vamos a cambiarnos.

MAMÁ. (Se levanta y empieza a juntar las cosas cuando se acuerda de Edgar.) ¡Oh, Edgar! Me olvidé de llamarlo y no quedó más ñoquis en la olla. (Lo llama a gritos.) Edgar ¡EEEEEEEDGAAAARRRRRRR!

EDGAR. ¿Sí, mamá?

MAMÁ. No me vas a creer, pero me olvidé de llamarte (mientras le pone el plato de sobras en la mesa) pero sobró mucho. Toma, espero que no te moleste comer esto.

EDGAR. No, está bien.

MAMÁ. Bueno, yo me voy a acostar una siesta, por favor, lávame los platos y deja la cocina limpia.

EDGAR. Sí, mamá. ¡Ah! Quería preguntarte: ¿Podrían mañana venir los chicos de la iglesia a casa mañana, porque quieren hacer una reunión?

MAMÁ. ¿Una reunión? ¿Y viene el pastor?

EDGAR. ¡No! Sólo los adolescentes de la iglesia y nuestro líder: Martín.

MAMÁ. ¡Hum! Bueno, pero antes vas a tener que limpiar toda la casa, Edgar, si no, no.

EDGAR. Bueno mamá. (Se retira mamá por la derecha y Edgar se pone en reverencia para orar por los alimentos, ora en voz bajita y come, luego de 3 segundos, se levanta y junta las cosas; quita una silla de escena y deja dos, la otra la apila con el resto que debe haber en un costado; y se apagan las luces 10 segundos.)








ESCENA II

(Encienden las luces, la casa está vacía sólo: dos sillas quedan en la mesa, golpean la puerta varias veces. Aparece por la derecha mamá toda despeinada y en pijama; mira la hora y ve las 10 de la mañana.)

MAMÁ. Las diez… (Dice cuando ve el reloj y bosteza.) ¿Quién podrá ser tan temprano? (Abre la puerta en la izquierda.)

PRISCILA. Hola, ¿está Edgar?

MAMÁ. ¿Quién sos vos? ¿El jardinero, digo mi hijo, no tiene novia?

PRISCILA. Disculpe, yo soy Priscila, una chica de la iglesia y hoy había reunión aquí.

MAMÁ. ¡Ah, sí! Me dijo algo… Pasa. (La hace pasar.)

(Salen por la derecha Elisa y María bostezando y se sientan en las dos sillas que hay en la escena junto a la mesa.)

MAMÁ. Edgar a esta hora debe estar trabajando, ayuda a una señora, pero no se tarda en venir. Tiene muchas cosas que hacer.

PRISCILA. Bueno, si no le molesta lo espero aquí.

MAMÁ. No hay problema. (Mira a María y a Elisa.) Chicas, ¿por qué no saludan a Priscila y la hacen sentar? Yo ya vengo, me voy a cambiar. (Se retira.)

MARÍA. (Rebajando a Priscila.) Hola, siéntate. (Mira para otro lado y habla con Elisa, pero Priscila no tiene silla, queda parada allí.)

EDGAR. (Entra por la izquierda, ve a Priscila y la saluda.) ¡Hola, Pri! ¡Qué temprano que viniste pero si falta un rato todavía!

PRISCILA. Sí, pero no quería llegar tarde.

EDGAR. (Se ríe) Pero si vives a una cuadra, ¿no te invitaron un asiento?

PRISCILA. Sí.

EDGAR. Bueno ayúdame a acomodar. (Saca las sillas apiladas del rincón y las coloca en media luna mirando hacia el frente, María y Elisa ni se mueven, solo observan todo. En eso golpean la puerta, abre Edgar.)

EDGAR. Martín, ¿cómo estás?

MARTÍN. ¡Edgar! (Se saludan con un abrazo.)

EDGAR. Pasa, pasa ya está Priscila.

MARTÍN. ¡Qué raro! ¡Je je! (Saluda a Priscila, a María y a Elisa.)

(Martín habla en voz baja con Priscila y les pregunta a las chicas quienes son, cuando tocan la puerta los invitados adolescentes, así hasta que van llegando todos de a par o de a uno, se saludan y se acomodan. Mientras esto va ocurriendo, entre medio, mamá aparece y ve a Martín.)

MAMÁ. (Entra por la derecha.) ¡Hola Martín!

MARTÍN. ¡Hola hermana! ¿Cómo está? ¡Tanto tiempo, qué gusto verla!

MAMÁ. ¿Cómo estás?

MARTÍN. Bien.

MAMÁ. Bueno, ahí tengo unas galletitas para servir, las voy a traer.

MARTÍN. No. Yo iba a comprar, dígame cuánto costó, yo le doy el dinero.

MAMÁ. No, no te molestes, $5 dame nomás.

(Martín le da los $5 y mamá se hace a un costado del grupo y prepara en una bandejita la galletitas)

EDGAR. Ya estamos todos.

(Una vez mientras la conversación de Mamá y Martín ocurre se van acomodando todos para que cuando esa charla termine, comience la reunión.)

(María y Elisa se ponen de pie para retirarse.)

MARTÍN. Chicas, ¿por qué no se quedan un ratito?

MARÍA. ¡Ehh! Bueno, no sé… Sólo un ratito. (Se sienta con Elisa.)

MARTÍN. Bueno, Matías (uno de los adolescentes) ¿Podés orar para comenzar?

(Matías hace una corta oración.)

MARTÍN. Bueno, chicos, vamos a abrir nuestras Biblias en Prov.22:6 (Lo lee.) “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. A ver, ¿cuántos saben qué es instruir?

ISMAEL. Enseñar

MARTÍN. Muy bien, ¿qué más puede ser?

AGUSTÍN. Ayudar.

MARTÍN. Sí, eso.

ROXANA. Corregir.

MARTÍN. Pero muy bien, todo eso es instruir. Nosotros debemos ayudar a enseñar y corregir a niños para que ellos puedan seguir al Señor, como yo hago con ustedes.

JULIETA. ¿Y a personas más grandes que nosotros, los podemos corregir?

MARTÍN. ¡Qué buena pregunta! Corregir exactamente no es conveniente por el hecho de ser mayores, pero hay una posibilidad más segura de corregir, enseñar y sobre todo de ayudar a otros: dando nuestro ejemplo, haciendo las cosas buenas que a Dios le agradan.

(A todo esto mamá esta escuchando el mensaje haciéndose la distraída.)

MARTÍN. Dice en Mateos 5:16: “Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. Chicos, no dejemos de enseñar por otros pero a su vez ayudemos a los demás que conozcan de Cristo, y verán que como dice la palabra: “cuando sean viejos no se apartaran de él”. Bueno vamos a orar para terminar.

MAMÁ. ¡Disculpen! Yo quisiera decir algo; no sé si es el momento, pero la palabra que acaban de hablar me tocó mucho, y lo que quisiera decir es que hace mucho tiempo yo conocí al Señor e instruí a mis hijos en el Señor, pero hace un tiempo dejé de ir a la iglesia y dejé de tener mi relación con Dios, pero uno de mis hijos siguió yendo, siguió haciendo la voluntad de Dios, y allí siguieron criándolo en Jesús, y hoy él me enseña a mí. Por mi culpa mi otra hija se apartó, y sé que a ella le costará volver, pero quiero arrepentirme y pedir a Dios y a mis hijos, perdón, y agradecer mucho a Edgar, mi hijo, por ayudarme, por enseñarme y corregirme todo este tiempo, sinceramente quiero volver.

MARTÍN. Hermana, ¡no sabe qué gusto me da!

MARÍA. Bueno, yo también quiero arrepentirme. Hay muchas cosas en mi corazón que no me dejan ser feliz, pero yo recuerdo que cuando he estado bien con Dios todo el tiempo me encontraba bien, por eso también quiero volver, porque a pesar de todo siempre he visto a mi hermano Edgar como un gran ejemplo a seguir y le pido perdón por muchas cosas que él conoce. También voy a ayudar a mi amiga Elisa a conocer a Dios.

MARTÍN. ¡Oh, qué bueno! Hay Fiesta en los cielos, Dios está aquí hoy y quiero terminar agradeciéndole porque se ha hecho presente y ha hecho que todo esto ocurra.

TODOS. Amén.

(Martín ora agradeciéndole a Dios y para retirarse. Una vez que termina la oración todos se levantan y juntan las sillas y las cosas que haya se retiran despacio, mientras tanto mamá se coloca al frente mirando a la gente y a su costado se ubican de un lado María y del otro Edgar.)

MAMÁ. (A los hermanos de la Iglesia presentes.) Queridos Hermanos, esperamos que esta obra le sea de bendición, no sé si realmente usted es parecida a esta mamá que hacía diferencia entre sus hijos y estaba apartada, pero esta mamá tenía un hijo que sí siguió el camino del Señor porque una vez lo instruyó bien. Pero hay muy pocos casos como estos, la mayoría, si usted se aparta de Dios o deja que ellos lo hagan, terminarán usted y ellos en la ruina. Sólo queremos dejar el mejor mensaje y es que usted enseñe, ayude y corrija a su niño, adolescente, joven o adulto en el camino del Señor, y verá usted que aún cuando fuere viejo no se apartará de él. ¡Bendiciones!

Navidad, día de amor

25 Minutos y 5 Personajes. Un niño confundido busca a su perro y también desea saber qué es la Navidad. Se encuentra con una serie de personajes y cada uno le da su opinión respecto a la Navidad.

NAVIDAD, DÍA DE AMOR

Israel Barrós Vargas


PERSONAJES

NIÑO
SEÑORA
VENDEDOR
MALDAD
ABUELO


OBRA

(Niño que ingresa como si no actuara, pareciera que es un niño que se ha colado en escena. Curiosea con los micros y se pasea por el escenario, saluda a la gente con la mano, se ríe, dice “¡Halo!” por el micro y se asusta mirando hacia los costados para ver si alguien viene. Como no viene nadie se anima a hablar nuevamente por el micrófono.)

NIÑO. ¡Hola! ¿No han visto por si acaso un perrito? Es pequeño, se llama Boby le gusta mucho jugar, reventar pelotas pequeñas y orinarse en todos los postes. Lo estoy buscando porque se me escapó de las manos al momento de cruzar la pista. Ya se acerca la Navidad y no quiero pasarla sin mi perrito… Si lo ven, me avisan ¿ya? Aquí tengo un dibujo que hice de él para que me ayuden a buscarlo (Muestra un dibujo deforme y gracioso.) Se parece bastante, ¿no? Tengo varias copias y las voy a pegar en cada poste.

(Aparece en escena con fondo musical una señora muy apurada. Lleva consigo dos bolsas llenas de compra, caminando y leyendo una lista.)

SEÑORA. Cada año es lo mismo: compra esto, compra también esto otro, prepara el árbol, arregla la casa, que esté bien cocido el pavo, y para colmo, los hijos de ahora ya no son como los de antes. Ahora nadie quiere ayudar… Cuando hay que hacer algo todos están ocupados y una tiene que resignarse a vérselas sola con todas las compras...

NIÑO. ¡Señora!

(La señora se queda inmóvil.)

NIÑO. ¡Señora!

SEÑORA. ¿Alguien me llama?

(Pausa breve mientras el niño muestra el afiche a la señora.)

SEÑORA. Debió ser mi imaginación… Llegando a casa tomaré mis vitaminas...

NIÑO. Señora, soy yo, mire aquí abajo.

SEÑORA. (Separando las bolsas para poder sacar el rostro y mirar al niño.) ¡Ah, eras tú...! Pensé que me estaba volviendo loca escuchando voces extrañas.

NIÑO. (Mostrando el afiche.) Señora, ¿no ha visto a mi perrito? Aquí esta su retrato...

SEÑORA. (Mirando el afiche confundida.) Y, ¿qué es eso...?

NIÑO. Es mi perrito.

SEÑORA. ¡Ah sí, sí! Se parece bastante...

NIÑO. ¿No lo ha visto usted por ahí?

SEÑORA. ¡Oh! Lo siento mucho pero no lo he visto.

NIÑO. Debe estar triste porque está sólo y perdido, en estos momentos se debe estar acordando de mí, estará buscado el camino a casa para regresar.

SEÑORA. Quizás ya haya regresado y tú por gusto te matas buscándolo...

NIÑO. Tengo que encontrarlo; esta noche es Navidad y no podré pasarla sin Boby…

SEÑORA. Y yo no podré pasar la Navidad tranquila hasta que termine de hacer mis cosas…

(Pausa.)

NIÑO. Señora.

SEÑORA. ¿Qué sucede?

NIÑO. ¿Qué es la Navidad?

SEÑORA. ¡Ay...! Bueno, la Navidad es… ¿Qué te digo? Recibir a la familia con una buena cena, intercambiar regalos, esperar las doce para saludarnos todos, brindar, reírnos, pasarla lo mejor posible, pero para todo eso una se tiene que preparar bien, arreglar la casa, comprar los arreglos de Navidad, juguetes para los niños, un cojín nuevo para que duerma el perro… ¡Ay, perdón! Ya te hice acordar de tu Boly.

NIÑO. Boby.

SEÑORA. Boby, perdón, pero eso es la Navidad, por suerte ese día mi esposo tiene más dinero, pero al día siguiente de celebrar la Nochebuena los muertos y heridos son tantos que nadie se quiere levantar… Echan suertes y termino siendo yo la sacrificada.

NIÑO. ¿Eso es la Navidad, señora?

SEÑORA. ¿Y qué más puede ser? Es eso, hijo: una noche para pasarla juntos y disfrutar, reunirse alrededor del árbol, abrir los regalos, cenar la familia entera y saber que todos estamos bien... Y bueno, ya me tengo que ir porque la hora me gana, suerte y que encuentres a tu Bibo…

NIÑO. ¡Boby!

SEÑORA. Bueno… Como se llame tu gatito.

(El niño la quiere corregir pero ella no le da tiempo.)

SEÑORA. Adiós.

NIÑO. No encuentro a Boby y aún no sé si la Navidad será lo que me dijo la Señora. Será mejor que siga buscando a ambos… ¡Boby! ¡Boby!

(Vendedor. Fondo musical. Camisa de vestir, saco largo, pantalón de vestir, sombrero pequeño y zapatillas. Lleva en sus manos un caballete y maleta delgada. Ingresa temerosamente, mira hacia todos lados. Se acerca al niño y le pregunta.)

VENDEDOR. ¡Ey, niño...!

NIÑO. (Ligeramente asustado.) Sí, señor.

VENDEDOR. ¿No has visto por aquí a un guardia?

NIÑO. No, señor.

VENDEDOR. ¿A un policía municipal?

NIÑO. ¿A un qué?

VENDEDOR. A una especie de guachimán con licencia para fastidiar.

NIÑO. Creo que no.

VENDEDOR. ¡Pues qué bueno! (Arma un caballete. Sobre él coloca su maleta y comienza a ofrecer su mercadería.) ¡Regalos! ¡Compren sus regalos de navidad! ¡Pequeños, cómodos y baratos! ¡Los regalos ideales para toda ocasión! ¡Yoyos luminosos, rompecabezas, juegos electrónicos, valeros, naipes mágicos para los más grandecitos, marcados para que siempre ganen, por su puesto! ¡Luces de Navidad, árboles para colocar las luces y todo lo que la navidad exija...! (Mira al niño.) Por aquí tengo algo que te puede gustar, carita de pena. (Abre un costado de su saco en el interior se puede apreciar una serie de objetos en venta: dados, tarjetas e crédito ilimitado, cigarros, mas naipes, una pistola que el niño mira asustado. El hombre se da cuenta de la reacción del niño. Música de suspenso. Lo mira, mira alrededor, coge la pistola, ríe, la coge y apunta al niño.) ¿Sabes que es esto?

NIÑO. Una pistola, señor.

VENDEDOR. ¡No, un asalto! Ahora dame todo lo que tengas.

NIÑO. (Asustado.) Sólo tengo un sol para mi pasaje, si quiere se lo doy… Regresaré a casa caminando cuando encuentre a Boby...

VENDEDOR. Pues, ¡qué pena! Porque con un sol no hago mucho… Un sol, un disparo...

NIÑO. Pero...

(El vendedor dispara y sale una pequeña llama. Es un encendedor. El vendedor ríe a más no poder.) ¿Te asustaste, no es cierto?

NIÑO. Un poco...

VENDEDOR. Los niños son mis favoritos porque siempre caen. (Se ríe. Abre el abrigo y guarda la pistola. Luego saca un juego de sellos de juguete.) Un regalo de Navidad de Mister Jack, para el amigo carita triste. (Abre el sello y estampa la frente del niño.) ¿Te gusta?

NIÑO. (No muy contento.) Sí, es bonito.

VENDEDOR. ¿Qué te pasa, pequeño? ¿Por qué estás triste?

NIÑO. Es que no encuentro a mi perrito Boby; lo estoy buscando, hasta hice una fotografía de él pero no sirvió de mucho.

VENDEDOR. A ver, muéstrame esa foto, a lo mejor yo lo he visto por ahí...

NIÑO. Aquí esta. (Abre el papel y se lo da.)

VENDEDOR. (Ve la foto, la muestra al público y habla como para que el niño no lo escuche.) Ya veo por qué no lo encuentra...

NIÑO ¿Qué dice?

VENDEDOR. Que es igualito al original.

NIÑO. (Emocionado.) ¡Entonces lo ha visto!

VENDEDOR. Bueno, no, pero se ve que eres buen dibujante.

NIÑO. (Triste.) Esta noche es Navidad y no quiero pasarla sin Boby.

VENDEDOR. Te comprendo, yo también tenía una mascota: se llamaba Lorenzo, lo quería mucho aunque siempre estábamos peleando. Cada vez que yo hablaba con alguien el muy sabiondo tenía que corregirme mi forma de hablar.

NIÑO. Su mascota era muy inteligente.

VENDEDOR. No, era un loro parlanchín que sabia hablar mejor que cualquier cristiano y cada vez que hablaba delante de él con alguna persona, si me equivocaba en pronunciar alguna palabra, el bribón habría su pico para corregirme y la gente se burlaba de que mi loro hablara mejor que yo. Inclusive sabía ingles y un día me dijo que me podía enseñar, pero mi orgullo me impidió aceptar su oferta...

NIÑO. Si su loro lo corregía seguro que no lo hacia por maldad, seguro que también lo estimaba y quería que usted aprendiera a hablar bien.

VENDEDOR. Sí, me estimaba mucho, no lo puedo negar, pero me daba cólera que me corrigiera delante de la gente; lo podía hacer en privado, ¿no? Al menos…

NIÑO. Bueno, nadie es perfecto pero, ¿qué pasó con Lorenzo?

VENDEDOR. Un día, no sé de donde, apareció una lora. Todas las loras son unas coquetas y Lorenzo, pues era bien macho, como yo, se enamoró. Una tarde cuando el sol se empezó a poner me dijo: “Mister Jack, un hombre debe aprender a hablar bien y un loro tiene que hacer lo que tiene que hacer un loro; me quiero establecer, tener una familia y ser feliz y creo que con mi compañera lo lograré, al menos lo intentaré, usted debería hacer lo mismo”.

NIÑO. ¿Y usted qué le dijo?

VENDEDOR. Si te tienes que ir, vete, loro cobarde. Y se fue, no supe nada de él hasta que después de algún tiempo me llegó una foto: en ella estaba él abrazando a su lorita y en medio de ambos, tres pequeños picudos apenas emplumados.

NIÑO. Tengo que encontrar a Boby, él no me haría lo que su mascota le hizo a usted y si encuentra una pareja los dos vivirán en mi casa.

VENDEDOR. Bueno, parece que por aquí no pasa mucha gente, dame unas copias de su retrato, te ayudaré a buscar a tu perrito mientras vendo por ahí...

NIÑO. (Le da un cartel.) Gracias, señor.

VENDEDOR. No tienes de qué, pequeño. (Empieza a guardar sus cosas.)

NIÑO. (Al público.) Este señor debe de saber lo que es la navidad, será mejor que le pregunte antes de que se vaya. (Al vendedor.) Señor, señor...

VENDEDOR. ¿Sí, niño?

NIÑO. Una pregunta.

VENDEDOR. Dime.

NIÑO. Dígame usted ¿qué es la Navidad?

VENDEDOR. ¿La Navidad? ¡Eh, bueno…! Es un día muy bonito, yo tengo dinero porque vendo mucho. En navidad a la gente le gusta comprar regalos, organizar fiestas, hay papá noeles por todas partes, y yo vendo, vendo y vendo sin cesar. Y me disculpas pero si sigo aquí, no podré seguir vendiendo porque no hay gente, ¿me entiendes?

NIÑO. Sí, claro, señor, que le vaya bien...

VENDEDOR. Y que tú encuentres a tu mascota, pequeño, suerte.

(Se dan la mano y sale.)

NIÑO. ¡Boby! ¡Boby!

MALDAD. (Tiene la cara de un diablo. Lleva en la mano una máscara blanca con la apariencia de alguien que es feliz y se ríe. Se coloca la máscara en la cara.) ¡Hola!

NIÑO. (Temeroso.) ¡Hola...! ¿Quién es usted?

MALDAD. Soy un buen vecino, no me conoces mucho porque casi nunca salgo de casa: es que soy un poco alérgico a la luz. Eres un buen muchacho, ¿por qué no te vas a divertir con tus amigos? Hoy es navidad, la gente tiene derecho a sentirse alegre, a ser feliz, a reírse de todo, tomar un poco y olvidarse de sus problemas.

NIÑO. Yo no tomo, aun soy niño.

MALDAD. Bueno, nunca es temprano para comenzar... Además, toda la gente toma de vez en cuando; eso es normal, porque nos ayuda a olvidar.

NIÑO. ¿Y tú tomas?

MALDAD. Por su puesto que sí.

NIÑO. Mi papá no toma porque dice que el licor vuelve bruta a la gente.

MALDAD. Eso dice él porque seguramente nunca ha tomado.

NIÑO. Sí tomaba pero cuando se dio cuenta que le hacía daño, dejó de hacerlo. Usted también debería dejar el alcohol.

MALDAD. Lo voy a pensar pero no hay nada de malo en que vayas a una fiesta.

NIÑO. No habría problema si fuera con gente de mi edad y más temprano además, primero le pediría permiso a mis padres.

MALDAD. ¡A los padres! Eso de pedir permiso hace mucho tiempo que pasó de moda, dile a tus padres que te dejen ser libre, que no te priven de ir a donde tú quieras; ellos no tienen porqué gobernar tu vida... Además, no creo que les importe mucho el que no pases la navidad con ellos, quizás ni cuenta se den.

NIÑO. Seguro que ya se han dado cuenta de que no he regresado a casa y han salido a buscarme. Mis padres me gustan como son, no quiero que sean diferentes porque me aman mucho. Yo ahora sólo quiero encontrar a Boby, volver a casa y preguntar a mis padres qué es la navidad, porque no creo que usted lo sepa...

MALDAD. ¿La navidad? Pues claro que sé qué cosa es la navidad, ¿quieres que te lo diga? (Ríe malévolamente.)

NIÑO. A ver, dígamelo.

MALDAD. La navidad es una fiesta más, como todas las que hay en el mundo. El hombre la inventó para olvidarse de sus problemas y pasarla bien por unos instantes, y la hicieron cerca de fin de año para poder celebrar ahí seguido el año nuevo y así poder seguir emborrachándose y amaneciéndose en cualquier parte. El hombre busca eso, ¿sabes?

NIÑO. ¿Y para qué?

MALDAD. Pues para alejarse de sus problemas. Y tiene derecho a hacerlo; el hombre nunca pidió existir. Dios no le pidió permiso al hombre para que Él lo creara. Ahora mismo, ¿por qué Dios permitió que tu pequeña mascota se perdiera? Quizás esté sufriendo, pasando hambre, te estará extrañando, dime tú, ¿por qué tienen ustedes que sufrir?

NIÑO. No lo sé.

MALDAD. Pues yo sí, (señala al cielo.) Allá arriba hay alguien que se burla de tu vida y de tus sentimientos porque sencillamente tú no le importas lo más mínimo; sin embargo, tú ahora mismo puedes ser feliz, puedes irte con tus amigos y pasarla bien...

NIÑO. Es cierto, el hombre nunca pidió existir pero fue bueno que Dios lo creara. Además todo lo que pasamos aquí es sólo una preparación para vivir en el cielo con Dios y no es cierto que Él se burle de nuestras vidas. Si mis padres no se burlan de mí, menos lo va ha hacer Dios porque Él nos ama. Mis amigos son los que están en casa esperándome con el chocolate y un pedazo de panteón, son mis compañeros de clase con los que estudiamos y jugamos juntos...

ABUELO. (Ingresa con una barba blanca y un traje de abuelito.) Muy bien respondido, muchacho.

NIÑO. ¡Abuelito!

MALDAD. ¿Quién eres tú? ¿Papá Noel?

ABUELO. ¡Aléjate de mi nieto, malvado! Tú solo traes problemas y desgracias. (Al niño.) Tus padres están preocupados por ti, cuando Boby regresó a casa solo, salieron a buscarte.
.
NIÑO. (A la maldad.) Ya ves… ¿Qué te dije?

MALDAD. Ya me tengo que ir. (Al niño.) Pero voy a volver, niñito, yo nunca estoy lejos de la gente.

ABUELO. (Amenazándolo con su bastón.) Te estaré esperando, ¡ahora vete, vamos! ¡Largo de aquí! Y no vuelvas a molestar a mi nieto.

(Sale maldad.)

NIÑO. ¿Quién es ese hombre, tío?

ABUELO. Parece un hombre, pero no lo es, es un ser que hace mucho tiempo, incluso mucho antes de que tú y yo naciéramos, se declaró enemigo de Dios y de los hombres. Ten mucho cuidado y evita hablar con él porque solo desea destruirnos, todas sus palabras son mentiras, vuelve ciega a la gente para alejarla de la luz de Dios y del cielo.

NIÑO. Me estuvo hablando cosas de que mis papás no se darían cuenta si no estuviera con ellos en Navidad y de que ellos no tenían derecho de decirme qué hacer y qué no, y otras cosas más...

ABUELO. Pues ya ves que fueron mentiras porque ahora mismo ellos están buscándote y yo también estaba muy preocupado por ti. El tipo ese que estaba contigo sólo sabe mentir, engaña a los hombres y los aleja de Dios, nunca escuches sus palabras porque todas son mentiras… Y ahora mejor, vámonos a casa porque tus padres deben estar preocupados...

NIÑO. Abuelito.

ABUELO. ¿Sí?

NIÑO. Quisiera hacerte una pregunta.

ABUELITO. A ver, dime.

NIÑO. ¿Qué es la Navidad?

ABUELITO. Pues la Navidad es un día muy especial, porque celebramos el día en que Dios mismo vino a la tierra en forma de niño para luego hacerse hombre y salvarnos de nuestros pecados.

NIÑO. Y, ¿cuándo fue eso?

ABUELO. ¡Uf...! Fue hace mucho tiempo, y fue en un pueblo muy humilde llamado Belén; allí nació un niño muy pobre llamado Jesús, pero en verdad era el Hijo de Dios que por amor a la humanidad, dejó todo su poderío y reino junto a Dios para venir a la tierra y salvarnos de nuestros pecados. Porque todo acto malo que hacemos, toda ofensa que causamos al prójimos es pecado y nos lleva a la muerte eterna. La Biblia dice que: “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito o sea, a Jesús, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.

NIÑO. Abuelito, y ¿cómo sabes que Jesús era el Hijo de Dios?

ABUELO. Porque todo lo que le ocurrió en su vida estaba profetizado, estaba escrito desde mucho antes de que Él naciera. Un profeta dijo: “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.

NIÑO. ¡Jesús fue niño como yo!

ABUELO. Sé, pero creció y se hizo hombre y siendo Dios, habitó entre nosotros para enseñarnos el camino al cielo y darnos a conocer al Padre.

NIÑO. ¡Qué bonita historia, abuelito!

ABUELO. Aquel niño se hizo hombre, y comenzó a predicar que Dios estaba con los hombres, y que el tiempo era agradable para que ellos se arrepintieran de sus pecados y regresasen a Dios a quien con sus malos actos habían negado. Algunos le creyeron pero otros estuvieron en su contra y planearon matarlo. Fue torturado y crucificado dando su vida por nosotros en la cruz. Pero algo maravilloso ocurrió. Al tercer día resucitó, levantándose de entre los muertos y antes de ascender a los cielos nos prometió que volvería, pero que antes nosotros deberíamos predicar el mensaje de salvación a todas las naciones, porque la salvación era para todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocaren el nombre de Jesucristo como su Señor y salvador. Él volverá por nosotros porque nos ama y ya no vendrá como hombre sino como Rey de Reyes y Señor de Señores, y nos recogerá para llevarnos al cielo con Él.

NIÑO. (Orando.) Te pido Señor que nos enseñes el camino de la verdad y la justicia y que nos enseñes también a amarnos los unos a los otros para que podamos vivir en paz.

ABUELO. (Señalando un lateral.) Mira, ya casi estamos en casa, allí viene Boby...

(Saliendo ambos de escena.)

NIÑO. Sí y veo a mamá en la ventana de la cocina, ¡está partiendo un panteón!