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2012 - España
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Tengo sed

7 Minutos y 5 Personajes. En el diario vivir, afrontando los problemas cotidianos, una mujer se sustenta en Dios para afrontar la vida.

TENGO SED


PERSONAJES

MADRE
HIJO
HIJA
MARIDO
HERMANA

(Se oye el despertador.)

MADRE. ¡Dios mío! Son ya las seis de la mañana. ¡Ahrr! Parece como si me acabara de acostar. Lo bueno es que hoy es mi día de descanso en el trabajo. Debo levantarme a preparar el desayuno pero antes quiero agradecerte este nuevo día. Permíteme Señor, que pueda ser fuente de agua viva para mi familia y para todas aquellas personas con las que tenga contacto el día de hoy. Gracias, Jesús, gracias por este día. Amén.

(Ve a su hijo en el salón.)

MADRE. ¿Cómo amaneciste, hijo? ¿Descansaste?

HIJO. Descansé poco; anoche salí tarde del trabajo.

MADRE. Sí, me di cuenta. No me dormí hasta que llegaste. Lo bueno es que hoy es tu día de descanso y podrás acompañarme a la iglesia.

HIJO. Mamá, hoy es mi día de descanso y la verdad, no quiero ir a la iglesia. Desde que nací he ido a la iglesia, quiero hacer otras cosas: salir con mis amigos del trabajo, conocer más gente y divertirme.

MADRE. Pero hijo, ¡Dios siempre ha sido el centro de nuestra vida! Te podría decir que ese trabajo que tienes te está alejando del Señor. Pero realmente, hijo, eres tú, tú mismo, quien ha quitado la mirada del blanco que se llama Jesucristo y la has puesto en las cosas de este mundo.

HIJO. Mamá, por favor, sólo quiero usar mi día de descanso para ir con mis amigos.

MADRE. Está bien, pero sólo recuerda que todo lo que tienes te lo ha dado Dios. Su palabra dice, hijo, que apartado de Él nada puedes hacer… ¡Ay de aquel, dice la Biblia, que sabe hacer lo bueno y no lo hace! Y tú sabes lo que realmente es bueno para tu vida y no lo quieres hacer. Lo único que me queda es orar por ti y si tengo que ayunar para que tus pies no se aparten del camino del Señor, lo voy a hacer.

MADRE. Dios, por favor, redarguye su corazón, que no se aparte de ti.

MADRE. Hija, ya te levantaste. ¿Qué hiciste?

HIJA. No me siento bien, creo que no voy a ir a la escuela.

MADRE. ¿Estás enferma? No tienes temperatura.

HIJA. No, mamá, no estoy enferma. Lo que pasa es que las muchachas se han estado burlando de mí porque soy cristiana, porque soy diferente a ellas y siempre me están presionando para que haga lo que ellas hacen. Dicen que sólo así dejarán de molestarme. Pero la verdad, mamá… yo no quiero, yo no quiero... Ellas hacen cosas que ofenden a Dios pero por otra parte quisiera que me dejaran en paz.

MADRE. Mi amor, claro que eres diferente. Eres una hija de Dios, tienes algo muy valioso que tristemente, ellas no tienen: a Jesucristo, en tu corazón. Pudiéramos pedirle a Dios que cierre la boca de todos los que se burlan de ti, pero tienes mayor recompensa cuando en medio de todas esas burlas te mantienes firmes en lo que has creido. Su palabra dice que eres bienaventurada cuando por su causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, dice la Biblia, porque vuestro galardón es grande en el Reino de los Cielos. No te conviertas tú a ellas, hija; mejor, que se conviertan ellas a ti.

HIJA. Tienes razón, mamá, la vida de ellas está vacía. En cambio, yo lo tengo todo porque tengo a Dios en mi corazón. Me voy a arreglar para ir a la escuela, con mi frente en alto porque soy una hija de Dios.

MADRE. Claro que sí, mi amor, eres una hija de Dios.

(La hija sale.)

MADRE. Señor, ayúdala a mantenerse firme; te pido por ella.

(Suena el teléfono.)

MADRE. ¿Bueno? Mi amor, ¿cómo estás?

MARIDO. Ah, pues aquí, con algunos problemas.

MADRE. ¿Qué problemas?

MARIDO. ¿Sabes qué? El carro se me descompuso y tuve que gastar dinero para arreglarlo. El jefe me acaba de decir que ya no tengo trabajo. No sé qué voy a hacer; tenemos cuentas que pagar y la verdad, estoy bien desesperado.

MADRE. No te desesperes, Dios nunca nos ha dejado. No es la primera vez que pasamos por esta clase de problemas y Él siempre de una forma milagrosa ha suplido nuestras necesidades. Su palabra dice: “Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado y su descendencia que mendigue pan. Tú y yo, en lo poco y en lo mucho hemos sido fieles a Dios y Él ha prometido abrir las ventanas de los cielos y derramar sus bendiciones. Él es el dueño del oro y de la plata. No te preocupes, mi amor, pongamos todo en sus manos y confiemos en Él.

MARIDO. Tienes razón, mujer, dejemos todo en las manos de Dios. Él nunca falla.

MUJER. Claro, mi amor, confiemos en Él y Él hará.

MARIDO. Gracias, mujer, gracias por tus palabras, tan llenas siempre de sabiduría. Eres muy valiosa para mí y le doy gracias a Dios por tu vida. Bueno, después te llamo, ¿ok?

MUJER. Hasta luego, mi amor, después hablamos. (Cuelga.) Dios, ayuda a mi esposo, suple nuestras necesidades, Señor, ábrele puertas de bendición para Él.

(Suena el teléfono.)

MUJER. ¿Bueno? Herman, ¿en qué le puedo servir?

HERMANA. Le llamo para pedirle si puede dirigir el culto de esta noche. Disculpe que le hable tan tarde pero la hermana que lo iba a hacer se enfermó.

MUJER. Claro que sí, hermana, yo dirijo esta noche. Me voy a apurar con algunas cosas que todavía tengo que hacer para poder estar temprano en la iglesia. Gracias, hermana, hasta luego, bye.

MUJER. (Orando.) Ayúdame, Señor, Tú sabes todos los problemas que han venido a mi vida en este día. Estoy algo cansada, agotada, preocupada pero tú sabes que mi anhelo es servirte. Yo dirijo esta tarde. Mi anhelo es servirte.

Abuela

5 Minutos y 2 Personajes. Una abuelita le enseña a su nieto a no aburrirse y a producir estupendas ideas de los momentos en silencio.



ABUELA
Lisa Mladinich traducido por María M. Rivera
[Una presentación de como escuchar esa vocecita callada]

PERSONAJES

NIÑO
ABUELA

NIÑO. ¿Oye, abuela?

ABUELA. ¿Sí, mi amor?

NIÑO. Estoy aburrido.

ABUELA. Eso es bueno.

NIÑO. ¿Eso es BUENO? ¡¡¡¿Qué quieres decir que eso es BUENO!!!

ABUELA. Quiero decir que es maravillo que estés teniendo un buen día, un día callado.

NIÑO. Pero eso es ABURRIDO.

ABUELA. A veces cuando estamos aburridos, se nos ocurren ideas maravillosas. Si estuviéramos ocupados todo el tiempo, no tendríamos pensamientos tan maravillosos, que son un regalo de Dios.

NIÑO. ¿Como qué tipo de pensamientos maravillosos?

ABUELA. Bueno, hace mucho tiempo no había aviones, pero dos hermanos llamados Orville y Wilbur tuvieron pensamientos maravillosos de personas volando como pájaros en el aire. ¡Cuando tuvieron suficiente tiempo para pensarlo, comenzaron a construir el primer avión!

NIÑO. Vaya. ¿Cuáles son otros tipos de pensamientos maravillosos?

ABUELA. Bueno, déjame preguntarte: ¿Cómo crece una flor?

NIÑO. Yo no sé.

ABUELA. ¿Qué hace que el sol brille tan brillante?

NIÑO. ¡Yo no sé, abuela!

ABUELA. ¿Qué es el amor?

NIÑO. ¡Yo sé esa! ¡El amor es un besito en la nariz!

ABUELA. ¡Bien! Y el amor es escuchar, atender, perdonar. Jesús quiere que nos ayudemos, ayudemos a nuestros padres… todas estas cosas muestran amor.

NIÑO. ¿Tú que hiciste para ayudar a tus padres, abuela?

ABUELA. Yo crecí en una finca, así que ordeñaba las vacas y le daba comida a las gallinas.

NIÑO. Yo quisiera vivir en una finca.

ABUELA. Tienes ojitos de sueño. ¡¡ Mi amorcito… mi amorcito!!

NIÑO. ¡Ay! Estaba pensando pensamientos maravillosos sobre una finca. Me gustaría ser un granjero cuando sea grande.

ABUELA. ¿Lo ves? ¡Tuviste un poquito de tiempo para pensar y mira qué maravilloso pensamiento!

NIÑO. ¿Lo hice?

ABUELA. Bien que sí. Cuéntame más sobre tu finca.

NIÑO. Bueno, voy a tener un establo grande y rojo, lleno de animales.

ABUELA. ¿Qué tipo de animales? ¿Gallinas y vacas?

NIÑO. No. ¡Yo quiero leones y Pokemos, y ballenas y venados!

ABUELA. ¡Suena muy bonito! ¿Vas a sembrar maíz, o papas o trigo?

NIÑO. No. Bombones. ¡Yo quiero árboles de dulces y bombones en toda mi finca!

ABUELA. Ay, sí ya entiendo. ¿Tú y tu esposa van a tener niños en la finca?

NIÑO. No. Solamente, tú, abuelo, y mamá y papá.

ABUELA. ¿Y tu hermanita, qué?

NIÑO. ¿La tengo que tener con nosotros también?

ABUELA. ¡Claro que sí! Ella es parte de tu familia. Es muy Chiquita, por ahora y mantiene a tus padres muy ocupados, pero muy pronto va a crecer, como tú los hiciste y te vas a divertir mucho con ella.

NIÑO. ¿Estás segura?

ABUELA. Estoy segura. Hace mucho tiempo yo era una niñita.

NIÑO. ¿Tú? ¿Tú eras una bebita? ¡¡Yo nunca he visto una bebita con pelo blanco y lentes!!

ABUELA. Yo tenía el cabello rojo y no tenía lentes cuando era bebita, y lloraba todo el tiempo.

NIÑO. Suena igualito a mi hermanita. Ella tiene el cabello rojo y llora todo el tiempo. ¡Igual que abuela! Oye, se me ocurrió un pensamiento maravilloso sobre ella.

ABUELA. ¿Qué cosa?

NIÑO. Cuando ella sea grande y yo sea grande, creo que va a ser igual que tú. Y eso será maravilloso. Entonces tendré dos abuelas perfectas.

ABUELA. Y yo tendré un nieto perfecto. (Lo abraza.)

NIÑO. ¿Abuela?

ABUELA. ¿Sí, mi amor?

NIÑO. ¡Se me olvidó estar aburrido! ¡Estaba muy ocupado pensado cosas maravillosas!

ABUELA. ¡Así se hace!

NIÑO. Voy a salir afuera a pensar más sobre los pajaritos, los árboles, las ranas, los insectos y las flores, y como las hojas cambian de color y…

ABUELA. ¡Adiós mi amor! ¡Dios te bendiga!

Encuentros en Navidad

25 Minutos y 10 Personajes + Extras. Se trata de un cuento navideño que se irá representando a medida que el Narrador cuente lo que va sucediendo. De vez en cuando los personajes tomarán la palabra. Una mujer que está embarazada está sola en Navidad. Su marido está trabajando y sus familiares y amigos están lejos de allí. Le pide a Dios que pueda pasar la Navidad con ellos y su oración es contestada. El cuento está salpicado de varios cantitos.


ENCUENTROS EN NAVIDAD


Margarita Ouwerker
Cuento breve para representar la Navidad




PERSONAJES

MARIANELA
JUAN
COMPAÑERO DEL COLEGIO 1
COMPAÑERO DEL COLEGIO 2
COMPAÑERO DEL COLEGIO 3
TÍO
TÍA
VECINO
VECINA
NARRADOR
EXTRAS: Coro de niños, de jovencitos



ACTO 1 - La soledad

(Una mesita, varias sillas, algún mueble que permita poner fotos, etc. Que parezca el living de una casa. Música de Cd sobre la soledad por apenas unos segundos)

NARRADOR. Esta es la historia de Marianela, una saludable y cariñosa futura mamá, que vive la mayor parte del tiempo sola, ya que su esposo trabaja en la pesca. Él suele estar largos días en alta mar, en un buque pesquero. (Marianela barre un poco.) Unos pocos días antes de Navidad, Marianela se siente muy sola. No sabe si su esposo estará con ella en esta Navidad, y tampoco sabe si llegará para cuando nazca el bebé, que espera para fines de diciembre (Marianela acaricia su panza). Siente una nostalgia que le quita su sonrisa de siempre (limpia una repisa y mira las fotos de unos portarretratos). Al pasar por la repisa donde tiene fotos de sus seres queridos, se queda mirándolas. Ahí están sus tíos tan queridos, los que la criaron desde pequeña y ahora están tan lejos, cuidando de sus animales, en el campo en el que ella vivió su infancia... También, en otra foto, está su esposo junto a ella. Ella lo acaricia y pasa a mirar la tercera foto, en la que están sus tres ex compañeros de colegio y a la vez, sus mejores amigos. Ellos también están lejos, en otra ciudad, siguiendo con sus estudios, tratando de forjarse su futuro.

“Quizá esta nostalgia se nos pase pronto”, piensa, mientras se acaricia la panza. Una sonrisa se dibuja en sus labios y muy suavemente tararea una canción de cuna, caminando hacia su sillón preferido. “No, mi pequeña criaturita, no vamos a estar solos esta Navidad. Dios ha de querer que algo pase y que vos y yo estemos rodeados de gente en esta Navidad, (mirando su pancita), ¿no es cierto?”

Mientras suena una música suave, por ejemplo “Dios entre tus manos”, Marianela se pone en actitud de oración, inclinando su frente y juntando sus manos. (Acá se puede escribir una oración: “Ay, Señor, vos sabés que me siento sola en estos días. Claro que sé que mi bebé me acompaña, si hasta ya siento sus pataditas... Pero, es que el resto de la gente que quiero está tan lejos… etc., etc.)

Después de haber orado, la casa quedó en silencio. Pero la tristeza había desaparecido. Una sensación de profunda paz lo llenaba todo. También la vida de Marianela, que siente renacer su ánimo. (Lentamente ella levanta su rostro, dibujando una sonrisa). “Claro”, se dice, “¿cómo no se me había ocurrido antes?” (Marianela se levanta y busca en diferentes lugares de la casa). “¡Acá están! ¡Con estas cartulinas voy a preparar unas tarjetas! Y voy a invitar a mi querida gente y no voy a estar sola esta Navidad. ¡Gracias, Dios, por responder a mi oración!” Con una felicidad desconocida, Marianela prepara las tarjetas, recordando nombres de personas que desea invitar. Una luz nueva baña su rostro y la tristeza desaparece de sus ojos.

Era entrada la tarde cuando se levantó de su silla para ir al correo a depositar todas esas tarjetas. "“Allá vamos, bebé. Vas a ver qué linda fiesta vamos a tener”. (Deja una tarjeta en el portarretrato de su marido ya que no se la puede mandar).

(Marianela sale con la tarjetitas en sus manos, pasea entre la gente y las reparte).




ACTO 2 - La primera sorpresa

(Desperezándose, Marianela aparece en escena, con un mate en la mano).

NARRADOR. Otro día estaba empezando. Y con la primera luz del sol, como lo hacía cada mañana, Marianela se dispone a tomar su primer mate. Ya no se siente sola. Pensar en la fiesta y en la gente que vendrá y en todos los preparativos cambia su humor y la llena de expectativas.

De repente, un toc-toc en la puerta la sacude de la modorra y la obliga a gritar: “¿quién es?” (Camina hacia la puerta.) Mientras se acerca a la puerta, piensa: “A esta hora, ¿quién podrá ser? Espero que no sea mi vecina, porque todavía ni desayuné...” (Abre apenas un poco la puerta.) Para su enorme sorpresa, un ramo de flores aparece cuando abre la puerta. Y una sonrisa grande y pícara la saluda. “Me dejaron volver”, dice su esposo. (Mientras entra en escena Juan.) “¿Cómo podía perderme los últimos días de embarazo de mi esposa?” (Juan y Marianela se dan un abrazo.) Pero Juan no solamente trae flores. Trae regalos para el bebé y el mayor de los regalos: ¡podía quedarse un mes entero en su casa! ¡Qué inmensa alegría! Marianela casi se desmaya de la emoción. Ella había pedido con todas sus fuerzas a Dios que este milagro sucediera. Y ahora que Juan está allí, casi no lo puede creer. ¿Sería un sueño? ¿No estaría despierta todavía? Por las dudas, le da un pellizco a Juan (al pellizcarlo, Juan se queja). ¡Sí, era Juan y era cierto! Estaba allí, como ella lo había pedido. ¡Qué enorme bendición! Apenas pudiendo contenerse, ella le cuenta a su esposo todo lo que le pasó en las últimas semanas, su soledad, su oración a Dios, y la idea de organizar una fiesta para los amigos y la familia. Le cuenta que envió tarjetas de invitación a muchas personas. (Le muestra la que hizo para él, que está en la repisa) Y Juan, casi tan entusiasmado como ella, quiere empezar YA con todos los detalles.

(Música: 3ra canción del Cd ”Busquemos la paz”, mientras Marianela y Juan adornan, hacen arbolito, pensar algo más).

Por la noche, satisfechos por el trabajo, se van a descansar (salen de escena). Bien merecido tenían el reposo. Pero, luego de un rato, Marianela se levanta de la cama (y entra nuevamente en escena) porque no puede dormir. Está tan agradecida a Dios porque llegó su esposo. Ya no va a estar sola cuando nazca el bebé. Y además la fiesta va a ser doble. Porque estarían los amigos y la familia, pero también su querido Juan. Para sus adentros, susurra: “Dios, realmente siento que estas acá. Quiero que lleguen los invitados para contarles qué cerca estás de nosotros.” Sonriendo toma en sus manos la tarjeta que había preparado para su esposo. Con ella en sus manos se va a dormir. (Sale de escena.)



ACTO 3 - Los preparativos

(Marianela y Juan están poniendo la Mesa y arreglando los detalles previos a la llegada de los invitados: mantel, vasos, cosas ricas, un centro de mesa, etc.)

Finalmente había llegado el día. Marianela y Juan se mueven de aquí para allá organizando los últimos detalles: la mesa, la comida, los adornos, los lugares para cada uno... Querían que todo estuviera perfecto para cuando llegaran los invitados. Una buena fiesta siempre tiene que estar bien preparada. (Encienden una velita del centro de mesa.)

En eso, suena el timbre. Queriendo ser los primeros en llegar a la puerta, casi se chocan entre sí. Riendo, Juan deja que Marianela abra la puerta. ¡Eran los tíos! Recién llegados del campo, ellos traen ese aire de paz y de tranquilidad que solamente se puede cosechar en la inmensidad del campo, a la luz de las estrellas, cerca de la naturaleza. Las palabras brotan a borbotones, tratando de ponerse al día de todas las novedades. Claro, si cada vez que nos juntamos siempre vuelve a suceder, ¿no? La alegría de los reencuentros nos hace nuevos y afloja los sentimientos y las emociones. ¡Qué bueno es poder compartir, abrazar, sonreír, saludar, estrechar una mano, dar un beso, pronunciar un “te quiero”! ¡Cuánta falta hace que las personas nos encontremos y nos reencontremos para celebrar la vida, la amistad, la fe, las esperanzas! Marianela no se había equivocado y aquella loca idea ya se estaba convirtiendo en una verdadera fiesta. Marianela estaba feliz con la llegada de los tíos, que le prodigaban mimos repartidos a ella y su pancita que anunciaba una nueva vida. (En todo este tiempo, la tía puede tocar la pancita de Marianela, Juan puede servir algo para tomar, pueden darle algún regalito para el bebé, una ropita tejida por la tía, una cuna hecha por el tío, una ovejita de peluche para que se vaya acostumbrando para cuando vaya al campo, abrazos espontáneos y risas).

Un nuevo timbrazo interrumpe la animada conversación. Y ésta vez es Juan quien se arrima a la puerta. ¡Marianela estaba demasiado ocupada con los tíos! Los compañeros del colegio también se suman a la reunión. Y otra vez el rito de los abrazos y los besos se repetía sin perder su magia ancestral. Cada persona ocupa su sitio alrededor de la mesa y la charla fluye como el agua cantarina del arroyo.

De pronto, Juan se pone de pie, levanta la copa y propone un brindis (estas palabras las pronuncia el mismo Juan): “propongo que brindemos por esta posibilidad que tenemos de estar juntos” (todos los demás corean ruidosamente la sugerencia) “y además que saludemos con otro brindis la pronta llegada de nuestro primer hijo”. Todos de pie, hacen sonar las copas. Precioso sonido de esperanzas que se elevan al cielo desde lo más hondo del espíritu.

“Bueno”, exclama Marianela, “¿qué les parece si miramos unas fotos?”. Mientras todos se reúnen a mirar aquellos pedacitos de historia, nostalgias y alegrías se mezclan, como en la vida, como los días de lluvia y de sol...

(Marianela se aparta del grupo, alejándose unos metros.)

Sin que nadie lo notara, Marianela se aparta del grupo. Desde cierta distancia mira a su familia y a sus amigos (ellos no lo notan porque están ocupados mirando fotos). No puede ocultar su emoción y su gratitud, y una lágrima embarazada de sentimientos se dibuja en su rostro. “Dios, ¡qué Navidad tan especial! ¡Cuánto te agradezco este regalo! ¡Escuchaste mi oración! Y voy a compartirlo con todos.”

Se reúne con el resto y les dice que quiere contarles algo. Todos se preparan para escuchar, pero alguien toca la puerta. Los vecinos (entran solamente los padres), saludan y cuentan que están visitando a sus vecinos compartiendo una canción con sus hijos (entra la guardería cantando la canción de la paz. Pueden estar vestidos de angelitos o elegantes y cada uno con una letra de la palabra PAZ. Hacen una linda coreografía). La familia agradece y los vecinos se van. (Marianela puede darles unos dulces como agradecimiento)

Marianela se dispone nuevamente a contar su experiencia y en eso siente un dolor fuerte en su vientre. Y dice: “querido, creo que llegó la hora... ¡Nuestro hijo va a nacer!” Todos los saludan deseándoles bendiciones y se van para que ellos se preparen. Marianela y Juan toman el bolso, un abrigo y salen para el hospital.



ACTO 4 - La fiesta

(Cambio de escenografía: una cama, un moisés o cunita. Puede ser la que le regaló el tío)

Marianela y Juan disfrutan de su hijo. Parecen estar en un universo diferente, disfrutando ese regalo maravilloso de la vida. La madre piensa en cuánto ha recibido en los últimos días. La llegada de su esposo, la visita de la familia, los amigos, su hijo... ¡Nunca hubiera imaginado una fiesta de Navidad así! Pero, allí estaba, con su pequeño en brazos, como tantos siglos atrás había sucedido con María y con Jesús. Sí, como aquella vez, ella siente que Dios mismo está presente, y acuna la vida de su pequeño.

(Canción: “Dios te acune en sus brazos”, de la Cantata Navideña Latinoamericana, cantada por grupo de adolescentes).

Mirando a su hijo recién nacido, Juan le dice a Marianela (pero mirando al bebé): “Nunca más la Navidad va a ser igual. ¡Hoy recibimos el mayor regalo de Navidad!”

En eso, mientras los padres están disfrutando de su pequeño, llegan los tíos y la alegría se contagia. El tío, emocionado, dice: “¡Realmente valió la pena dejar nuestras responsabilidades allá en el campo para festejar tan maravilloso acontecimiento!”

La tía agrega: “No vamos a estar más tanto tiempo separados. Este niñito y esta fiesta nos reafirman lo que realmente tiene valor. Tenemos que festejar juntos el regalo de la vida.”

Llegan también los compañeros de colegio, que le traen hermosos regalos al recién nacido, mientras dicen con pícaras sonrisas y a coro: “Somos los sabios de oriente y venimos a traerle regalos al niño.”

Se entremezclan abrazos y felicitaciones, saludos de Navidad y nacimiento. (Seguir buscando algunos saludos, o que los chicos mismos se los puedan decir en voz alta, de manera espontánea: “que crezca sanito, que todo el mundo tenga una linda Navidad, que haya paz donde hay guerra, que seamos mejores personas, que Jesús ocupe su lugar en cada vida, que el bebé traiga muchas alegrías y esperanzas, etc.”)

En eso, llegan también los vecinos (sus hijos pueden estar vestidos de angelitos). La mamá dice: “Venimos de la fiesta de la iglesia. Los chicos hicieron de angelitos y cantaron la canción de la paz”. El papá dice: “Si, estuvo muy lindo, pero los chicos no veían la hora de conocer a esté chiquitín. Para ellos es como si hubiera nacido Jesús”. (Todos se van acomodando alrededor de la cama y del bebé.)

Y entonces Marianela pide que la escuchen porque tiene algo para decir:

“Ustedes no saben qué sola me sentía hasta hace apenas unos días atrás. El pecho me dolía de tanta soledad. Pero una tarde le pedí a Dios que se haga presente en esta Navidad y en mi vida. ¡¡Y miren cómo me respondió!! Cada cosa que pasó fue una clara respuesta de Él, que está acá ahora, entre todos nosotros, y con nosotros. ¿Y díganme si no se parece un poquito a la primera Navidad? Nosotros podríamos representar a José y María con el niño ustedes, tíos, a los pastorcitos que venían del campo ustedes, mis compañeros estudiantes, a los sabios de oriente, que trajeron sus regalos al niño. Y ni los angelitos faltaron a esta Navidad. Cuánta alegría y cuánta paz podemos sentir cuando Dios nace también en nuestro corazón. ¡¡Que Dios pueda nacer en sus corazones también, en esta Navidad!! “

(Suena fuerte la canción “Gloria a Dios”, del Cd Con la voz de los pequeños.)

(Mientras todos se saludan, se abrazan y sonríen, se va cerrando lentamente el telón. Se invita a todos los presentes a entonar Gloria a Dios.)

Cuando Jesús toca a mi puerta

14 Minutos y 7 Personajes. Una mujer y sus hijas son asistidas por una doctora que desinteresadamente ofrece su trabajo a las personas más necesitadas. Lo mejor es que les testificará de Jesús en las fechas de Acción de Gracias y todos juntos compartirán ese día tan especial.


CUANDO JESÚS TOCA A MI PUERTA
Cedida amablemente por su autor: Luis Vallín


(Apc. 3:20) “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

PERSONAJES

NARRADOR
DOCTORA BORJON
JULISA
VALERIA
ANA
JOSÉ
SOFÍA



PRIMER ACTO


(El primer panorama que se ve es una sala de espera en una clínica. La gente pasando de un lado a otro, algunos pacientes sentados esperando su turno, una recepcionista apurada en el teléfono y escribiendo notas, la doctora llamando al siguiente paciente, y ahí se encuentran los personajes principales que son; la Doctora Borjon, Julisa (la mama soltera), sus hijas: Valeria y Ana, y su hijo José, y Sofía, la amiga de la Doctora. (Luz apagada.)


NARRADOR. Una sala de espera en la clínica de la doctora Borjon, un día como cualquier otro con pacientes de todo tipo es el escenario de todo el año, pero aun siendo hoy uno de los días más festejados en toda la nación: el Día de Acción de Gracias, en esta clínica siempre es lo mismo: quejas aquí, llamadas allá, y es que la Doctora Borjon trabaja horas extras ayudando a su comunidad. Una comunidad que no tiene los recursos económicos para pagar un doctor general. Ella siempre le da gracias a Dios por haberle dado ese talento de ser doctora y el don de servicio; su lema es: ‘Jesús vino a servir, no para ser servido y yo digo lo mismo’. Aquí todos la llaman: ‘el ángel’. A ella no le gusta que la llamen así pero ellos así le dicen. Hoy será un día muy especial para ella y para Julisa, ¡hoy Jesús las sorprenderá haciendo una de las suyas!

(Se enciende la luz.)

RECEPCIONISTA. ¡Disculpe! ¿Quién falta de registrarse?

JULISA. ¡Falto yo!

RECEPCIONISTA. Tenemos que llenar este formulario para nuestros archivos, luego usted lo firma. Pero antes necesito verificar alguna información personal requerida por la política de nuestra clínica. ¿Está usted de acuerdo?

JULISA. Sí, está bien.

RECEPCIONISTA. ¿Su nombre?

JULISA. Julisa González.

RECEPCIONISTA. ¿Nombre de su esposo?

JULISA. Soy divorciada, ¿tiene algún problema con eso?

RECEPCIONISTA. Ninguno, ah… Puede tomar el formulario y llenarlo en su lugar si usted lo desea. Lo firma y me lo trae. Gracias.

(Mientras Julisa va a sentarse, sus hijas empiezan a discutir por lo que siempre discuten las jóvenes de su edad (improvisar). Julisa empieza a regañarlas para que se comporten. Se apaga la luz.)

NARRADOR. A Julisa la vida no le ha sonreído muy bien que digamos. Quedó embarazada a le edad de 15 años de su primera hija: Valeria y su novio no quiso casarse. Luego, un año más tarde volvió a quedar embarazada y fue la misma historia: quedó sola una vez más y cuando por fin encontró a alguien de quien realmente se enamoró y decidió casarse a los 5 años, la abandonaron. De ese matrimonio nació José, su hijo menor, que es muy callado y que siempre pasa desapercibido.

(Se enciende la luz. Cuando el narrador termina, aparece Sofía, la amiga de la doctora. Se sienta y ahí empieza la conversación.)

SOFÍA. ¡Buenas tardes! ¿Cómo está?

(No recibe respuesta, y pregunta otra vez.)

SOFÍA. No hay mucha gente el día de hoy, ¿verdad?

JULISA. (Cortante.) No.

SOFÍA. ¿Son sus hijas?

JULISA. Sí.

SOFÍA. Hola, ¿cómo están? Yo me llamo Sofía. ¿Y ustedes?

VALERIA. Yo me llamo Valeria y ella Ana, y aquella cosa se llama José.

JOSÉ. Shut-up!

ANA. You shut-up!

JOSÉ. Whatever!!

JULISA. ¿Ya van a empezar de nuevo? ¡Compórtense como la gente y como lo que son!

VALERIA. ¡Mira quien habla! ¿No te mordiste la lengua, mamá? Si tú eres la que hace más escándalo que nosotros tres juntos, ¡con tu mal genio que ni tú te lo aguantas!

SOFÍA. ¡Perdón, perdón, no quise provocar un problema entre ustedes!

ANA. No se preocupe, ya tenemos muchos, lo mismo nos da uno más.

JULISA. ¡Perdone usted! Como ve, no somos una familia muy normal que digamos. Es solo que… no he podido ser una buena madre para llevar las riendas de esta familia y…

JOSÉ. (Interrumpe.) Here we go again!

JULISA. Y… desde que él nos abandonó… pues no he podido con estos tres, la verdad ¡no sé cómo hemos sobrevivido!

SOFÍA. Bueno, no se preocupe por eso, yo la entiendo perfectamente. Mi mamá también fue madre soltera y yo también le di muchos problemas, y por supuesto ella también sufría. Recuerdo que un día la encontré llorando en su habitación con una fotografía en la mano, en la cual estábamos mi papa, ella y yo, que tenía como cuatro anos de edad y… ella se culpaba así misma de la desgracia. Ahí me di cuenta que las dos sufríamos por igual, y que lo único que tenía yo era ella y ella a mí.

ANA. ¿Y su mamá dónde está?

SOFÍA. ¡Ella descansa en Dios! Falleció hace 3 años.

VALERIA. ¿Y cómo murió?

SOFÍA. Un accidente de carro. Otro carro la impactó en una luz del semáforo. La persona venía ebria y no vio la luz que ya estaba en rojo… y golpeó el auto de ella y ahí murió instantáneamente.

JULISA. ¿Y cómo hizo para recuperarse de todo eso? Le pregunto porque usted habla con mucha paz en su interior...

SOFÍA. No fue fácil, pero cuando conocí a Jesús y dejé que entrara en mi corazón todo cambió para bien. Pude superar muchas cosas.

ANA. ¿Y cómo puedes conocerlo?

SOFÍA. La doctora Borjon fue la que me habló de Jesús…

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Entonces ella empezó a contarles toda la historia entre ella y la Doctora. De cómo en medio de la tormenta de sufrimiento la doctora la guió a conocer y aceptar a Jesús como Salvador. También les contó de cómo cada día de Acción de Gracias se reunían para cenar y dar gracias por las cosas buenas que Dios nos da, y por la amistad que habían encontrado entre ellas porque no tenían familiares con quien compartir ese día. Julisa y sus hijos se sintieron identificados en ese área, pues ellas no solían celebrar nada porque la soledad las deprimía y al mismo tiempo le pidieron a Sofía que le mostrara a Jesús como Salvador…

(Se enciende la luz.)

JULISA. Entonces, ¿tú podrías ayudarnos a encontrar a ese Jesús el Salvador?

SOFÍA. ¡Por supuesto que sí! ¡La Doctora puede ayudarnos también! ¡Mira, ahí está! ¡Hola!

DOCTORA. ¡Hola Sofía! Pensé que no ibas a venir.

SOFÍA. ¿Cómo crees que se me va a olvidar un día como este? Mira, te presento a Julisa y su familia: Valeria, Ana, y José, nuestros invitados de honor para la cena. No tienen con quién celebrar el día de Acción de Gracias.

DOCTORA. ¡Qué bueno! Tan pronto termine nos vamos a cenar.

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Esa noche Jesús tocó la puerta del corazón de Julisa y sus hijos. Estaban a punto de tomar la mejor decisión de su vida, que era abrir la puerta de sus corazones a Jesús. De ahí se fueron a casa de Sofía, prepararon la mesa, conversaron sobre sucesos de su pasado, hablaron de todas las cosas que les habían sucedido: buenas y malas, y luego se sentaron a la mesa para dar gracias y cenar. Pero faltaba algo por hacer…

(Se enciende la luz.)


SEGUNDO ACTO

DOCTORA. Bueno, antes de empezar a cenar yo quiero decirles que hoy no sólo se puede celebrar un día histórico o festivo, sino celebrar dando gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, y lo que hizo por nosotros al dar a su hijo para que pagara con su muerte y sufrimiento nuestros pecados. Pero con su resurrección nos dio vida eterna.

VALERIA. Sofía nos habló acerca de Jesús que fue el que le ayudó vivir una vida nueva. ¿Usted nos puede ayudar?

DOCTORA. Sí, yo les puedo ayudar. Como les estaba diciendo Dios mandó a su Hijo Jesús para que por medio de su muerte en la cruz, pagara por todos nuestros pecados. Luego resucitó al tercer día y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Eso lo declara la Biblia. Pero hay un problema… y es que para estar con Jesús hay dos formas de hacerlo: una es siendo perfecto y yo no soy perfecta, solo Dios es perfecto, nadie es perfecto. La otra es aceptando a Jesús como tu único Salvador, porque Él es perfecto y pagó el precio por nosotros. ¿Quieren ustedes hacer esa decisión hoy?

FAMILIA. ¡Sí!

DOCTORA. OK. Primero permítanme orar por ustedes, y luego hacemos una oración juntos: Señor te damos gracias no solo por el día de hoy, sino todos los días, gracias que me permitiste conocer a esta familia, tan necesitada de ti, que nunca te habían conocido porque nadie les había hablado de ti. Pero ahora te conocerán, ¡gracias Padre! Por este privilegio que me das de guiarlos a ti. Ahora, repitan conmigo esta pequeña oración: “Señor Jesús, entra a mi Corazón y sálvame, te pido perdón por todos mis pecados y me arrepiento de ellos; creo con todo mi Corazón que tú eres Hijo de Dios, que diste tu vida por mí para salvarme y darme vida eterna, hoy te entrego mi vida, en el nombre de Cristo Jesús. Amén”

SOFÍA. Ahora que ya aceptaron a Jesús como su único Señor y Salvador de sus vidas, yo quisiera que tú, Julisa, oraras dando gracias por el día de hoy y por este milagro.

JULISA. Señor te doy gracias por habernos encontrado, gracias por poner en nuestro camino a la Doctora y a Sofía; gracias por tu amor y tu perdón. Ahora guíanos con tu poder y amor. Amén.

NARRADOR. Esa noche fue maravillosa: no sólo se celebró el Día de Acción de Gracias sino cuatro nacimientos nuevos, cuatro almas más para Cristo y se cumplió lo que Dios quería: que esta familia lo conociera, se entregara y cenara con Él. Posiblemente tú te has sentido solo o sola en estos días donde se celebra la comunión con tus seres queridos, y aun así te sientes solo, hoy Dios te habla a ti que estás sufriendo y te dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apc. 3:20

Tu mayor riqueza es dar

8 Minutos y 10 Personajes. Un niño mendigo está en la calle pero todas las personas encuentran excusas para no ayudarle. Una familia cristiana le demostrará su amor al acogerlo en su casa.


TU MAYOR RIQUEZA ES DAR




PERSONAJES

NIÑO MENDIGO
ARTURO
OMAR
DAVID
MILENA
JUAN
CRISTIAN
PADRE
MADRE
CARLITOS


(Aparece en la plataforma un niño cubierto con una cobija grande. Y a medida que pase cada participante a la plataforma, pegará el letrero correspondiente sobre la cobija que cubre al niño. Se harán cuatro letreros: pobreza, peleas, robos y vicios. Para que se pueda dar cierta realidad al programa, sería de gran ayuda que todos los participantes entraran por la puerta principal, para que de esta forma, puedan observar a cierta distancia al niño mendigo que estará en la plataforma.)



POBREZA

ARTURO. ¡Ah! Qué suerte la nuestra. Un día más sin trabajo. No tenemos nada que llevar a nuestros hogares.

OMAR. ¿Y quién sabe hasta cuándo nos acompañará esta mala suerte? No sé cómo salir adelante con mi familia. ¡Ya me estoy cansando de tantos esfuerzos inútiles!

ARTURO. Debemos ser pacientes y confiar en Dios. Estoy seguro que no le agrada nuestra situación.

OMAR. (Señalando al niño.) ¡Ey! Mira, Arturo, este jovencito lleva días durmiendo en ese mismo lugar. Me gustaría ayudarle, pero… no podemos hacer nada por él. Somos muy pobres.

(Pega sobre la cobija del niño el letrero que dice “pobreza”) luego se marchan.


PELEAS

DAVID. ¡pero cómo te atreves a decir que soy un mal padre! ¿Acaso le falta algo a nuestros hijos? Todo lo que piden, eso les compro…

MILENA. No es cierto. ¿Cuándo has estado con ellos a solas hablando, jugando o algo así? Además no estás cuando te necesitan, no les das de tu tiempo.

DAVID. (Un poco malhumorado.) No vuelvas con la misma frasecita de siempre “No les das de tu tiempo”. Me voy de la casa ¡Contigo sólo se respiran cosas desagradables!

MILENA. (Se acerca extrañada y pausadamente.) ¡Oh! Qué niño más pobre. Me gustaría llevarlo a mi casa y darle de comer y regalarle ropa limpia, pero sé que mi esposo no lo permitiría…

(Se acerca al niño y le pega el letrero que dice “peleas”.)

MILENA. ¡Qué pesar!



ROBOS

JUAN. ¡Uh! No hicimos ni para los cigarrillos; esos policías no nos quitaron los ojos de encima. No sabemos hacer más que robar.

CRISTIAN. Si hubiera seguido estudiando, ya habría aprendido a leer y a escribir; pero para ser un médico famoso se necesita ir a la universidad, pero con esta vida que llevamos sé que el Todopoderoso está muy triste por nosotros.

JUAN. Soñar es muy lindo, pero yo me quedo con la realidad, así sea terrible, pero es mejor ya que siempre nos acompaña.

CRISTIAN. No pierdo la esperanza de estudiar algún día y alcanzar mis metas. Sé que Dios me ayudará ¡Oh!, mira Juan ese niño. Debe tener mucho frío. ¡Pobrecito! Nosotros al menos tenemos un lugar donde dormir y mejor ropa, pero éste no. Me gustaría ayudarle pero no sé cómo. (Se acerca al niño y le pega el letrero que dice “robos”.)


VICIOS

EDSON. Hermano, si usted sigue con ese vicio, seguro lo va a mandar a la tumba. Mire, amigo Dickson, usted está joven, debería dejar esa vida. Aunque sea hágalo por ellos, porque creo que usted no se quiere a sí mismo.

DICKSON. (Lo dice en un tono alto.) ¡Sí, sí! Es cierto, pero no puedo, lo he intentado y creo que Dios no volverá a ayudarme, pues varias veces le he prometido dejar esta vida que llevo y volver a empezar, ¡pero no puedo! Vuelvo a las andanzas y caigo en las drogas. No sé qué hacer, estoy desesperado.

EDSON. Tranquilo, hermano, sé que usted puede cambiar, pero debe tener más fuerza de voluntad. Yo le pido a Dios en oración que le ayude y tengo fe que cambiará. ¡Claro que sí hermano! (Lo abraza.)

DICKSON. (Se acerca al niño y lo mira de cerca.) ¡Edson, pobre chico este! Qué padres tan desconsiderados. Yo no sería capaz de mandar a mis hijos a la calle. No quiero imaginar cómo serían mis hijos sin mí; por eso voy a cambiar. ¡No quiero morir como un drogadicto! ¿Cómo sería uno de mis hijos en esta situación? ¡No, Señor, por favor! (Lo dice mirando hacia arriba.)

EDSON. Es muy triste tal situación. Pero no podemos hacer nada por él (se acerca y le pega el letrero de “vicios”.)


AMOR CRISTIANO

(Familia cristiana mientras entran a la iglesia y se dirigen a la plataforma van cantando un himno.)

PADRE. (Se detiene a la mitad del camino y le habla a uno de sus hijos) Carlitos, si te portas bien en la clase de niños podrás invitar a tu amigo Jaimito a la casa.

CARLITOS. ¡Sí papi! (avanzan todos) Papi, mira a ese niño pobrecito.

PADRE. ¡Oh sí! Debe tener mucho frío. Vengan, hablemos con él.

MADRE. Me parece buena idea.

CARLITOS. (Lo toca y lo descubre y luego dice en tono fuerte.) ¡Niño, niño, despiértate!

PADRE. Espera un momento, hijo.

NIÑO MENDIGO. (Se levanta con pereza y asombro a la vez.) ¿Quiénes son ustedes?

PADRE. Ella es mi esposa Patricia, y ellos son mis hijos: Camilo y Carlitos. Mi nombre es Juan Carlos.

NIÑO MENDIGO. ¡Vaya que casualidad! Mi nombre también es Camilo. ¡Ustedes son una linda familia!

PADRE. Tratamos de ser mejores cada día, y es Dios el que nos ha ayudado a mantenernos unidos.

MADRE. Ven, Camilo (se acerca hacia él y tomando su cobija le dice.) Quítate esa cobija. Está muy pesada y sucia para un niño tan atractivo como tú.

PADRE. ¿Llevas tiempo viviendo en la calle?

NIÑO MENDIGO. Sí desde que tenía 8 años. Mi papá me abandonó.

PADRE. ¿Tú papá te botó de la casa? Es muy malo…

NIÑO MENDIGO. Sí, es muy malo. Yo no lo quiero.

MADRE. (Toma la cobija y la muestra a la feligresía, luego observa al niño y le dice.) Camilo, debes botar esta cobija tan sucia y horrible. Tendrás ropa agradable y bonita. Te mereces lo mejor, ven con nosotros, Camilo, te aceptaremos como un hijo.

NIÑO MENDIGO. (Mirando al público, junto a su nueva familia.) La gente hoy en día piensa en ayudar, pero no lo hace. Hay muchas cosas que nos esclavizan al mundo. Seré una nueva persona ahora y gracias a esta linda familia. Gracias Dios porque tú nunca nos desamparas.

“SÉ UN CRISTIANO PRÁCTICO Y NO DE SIMPLES CONOCIMIENTOS. DIOS TE RECOMPENSARÁ”.

Mamita querida

18 Minutos y 7 Personajes. Un joven le entrega su vida a Jesús cuando su madre es asesinada por unos delincuentes.

MAMITA QUERIDA



PERSONAJES

AMALIA
BEBÉ
ARMANDO NIÑO
ARMANDO ADULTO
ALFREDO
NATALIA
DELINCUENTE 1
DELINCUENTE 2



INTRODUCCIÓN

Este es una historia que pudiera pasar en cualquier sitio de nuestra ciudad, donde una madre soltera tiene que luchar con su pequeño niño, por causa del abandono. En esta situación encontramos a Amalia, una joven madre, que tiene que afrontar la vida sola con su pequeño hijo Armando, a causa de la ruptura de su matrimonio. Amalia confía en que sola cubrirá todas sus necesidades. Con la ayuda del Señor Dios Todopoderoso, confía en que en un futuro Armandito, será un hombre de provecho que estará caminando cada día con Dios. Pero por una mala casualidad le tocará vivir la trágica jugada del destino, donde será separada de su hijo.




PRIMERA ESCENA.

(Se encuentra Amalia en un parque de la ciudad conversando con su pequeño hijito Armando.)

AMALIA. ¡Mi niño querido! ¡Viniste a llenar un vacío tan grande en mi vida! Nunca te voy a dejar solo, ¡siempre te voy a querer! Haré de ti un hombre de provecho, serás un buen hombre, ¡un profesional! Te enseñaré a valorar la vida, a amarme, a respetar a tu esposa... (Con desilusión.) No como tu padre que se fue y nos dejó solos... ¡Mi niño querido! ¡Mi Armandito! Vas a crecer fuerte y saludable, nunca te hará falta nada; el Señor ha prometido estar con nosotros y sustentarnos en todo momento, pero tú ahora estás muy chiquitico para entender estas cosas, ¿no? Eres tan pequeñito, tan indefenso, necesitas tanto de mis cuidados, de mi protección... Te pareces tanto a mí... No, no, no, ¿cómo te vas a parecer a mí? Si tú eres tan lindo… Tú eres un regalo de Dios, tú eres mi pedacito de cielo. (Comienza a canta una canción de cuna.)



SEGUNDA ESCENA

(Pasados ocho años se encuentra Armandito jugando canicas cerca de su casa, con Alfredito su amigo.)

ARMANDO. Dale, dale, que te toca a ti...

ALFREDO. Sabes que si le pego, te quedas sin nada...

ARMANDO. ¡Ok! ¡Está bien! Si es que logras pegarle… (Viendo sus anteojos.) Porque con esas lupas que tienes, lo dudo mucho… (Risas.)

ALFREDO. (Molesto.) ¿Te estás burlando de mis lentes?

ARMANDO. (Sigue burlándose.) ¡Dale! ¿Qué se va a hacer tarde…? Y ya va a ser hora de almorzar y mi mamá me va a llamar.

ALFREDO. ¡No te sigas burlando! Si te sigues riendo de mí, ya vas a ver… (Hace como que va a jugar y Alfredito se tapa la boca aguantando las ganas de reír.) Entonces, ¿te vas a seguir burlando de mí? (Arroja las canicas al suelo y se le encima tomándole por el cuello.)

ARMANDO. ¡¡Yaaaa!! Suéltame… (Logra soltarse.) Oye, suéltame, no te pongas bravo… No fue mi intención… ¡¡DISCÚLPAME!!

ALFREDO. (Llorando.) ¡¡Cállate!! Tú eres como los demás, todos se burlan de mis lentes… Yo no pedí ser así… Mi mamá me dijo que los necesito para poder ver bien y tú que dices ser mi amigo, te burlas como los demás, no es justo…

ARMANDO. (Apenado.) Oye, de verdad, discúlpame… No fue mi intención, cometí un error… Te prometo jamás volverme a burlar de ti… pero no llores… Mira, mi mamá me dice que la palabra de Dios dice: “un amigo es más que un hermano” y tú eres mi mejor amigo…eres como un hermano para mí y te quiero mucho; no nos volvamos a pelear por tonterías OK. ¡Dame esos cinco, amigo!

ALFREDO. (Secándose las lagrimas.) Bueno, pero ya sabes… (Estrecha las manos con Armando.)

ARMANDO. Bien terminemos.

VOZ EN OFF. (Interrumpiendo.) ¡Armandito!, ¡la comida está servida, ven a comer!

ARMANDO. ¡Epa! Me tengo que ir, mi mamá me está llamando.

ALFREDO. (Protestando.) ¿Y no vas a terminar de jugar?

ARMANDO. No, no, no... Mi mamá me está llamando, tengo que ser muy obediente por que eso le agrada a Dios. ¿No sabes que tenemos que honrar a nuestros padres? Después seguimos. (Sale de escena corriendo.)



TERCERA ESCENA

(Diecisiete años más tarde, Armandito convertido en un hombre se encuentra conversando con su mamá, quien está planchando.)

AMALIA. Menos mal, mijo, que por lo menos conseguiste un empleo estable, porque un muchacho corno tú, bachiller de esta República, haciendo cualquier cosa por ahí, no resulta. Imagínate que ninguna nevera se descompusiera, ¿qué va ser de nosotros? ¿Ah? Porque con lo poquito que gano planchando, no alcanza, y entre pagar el apartamento, la compra de la comida, y cancelar todos los servicios, se va todo el dinero, pero el Señor escuchó mi oración y pudiste conseguir ese empleo y hasta en gracia has caído, porque tu jefe te trataba muy bien, ¿no es así? (Armando no contesta ~ vuelve a preguntar) ¿No es así, Armando? Armando, ¿tú me estás escuchando?

ARMANDO. Sí, sí, yo te estoy escuchando, mamá, pero es que estoy apurado porque hoy es la fiesta de Lisbeth, y voy a ir con Belice. Es más, me acaba de llamar y me dijo que baje en 5 minutos y no quiero hacerla esperar.

AMALIA. (Preocupada.) Pero, ¡Armando! ¿En qué habíamos quedado? ¿No me dijiste ayer que me ibas acompañar a visitar a la hermana Rosa? Ella te aprecia mucho y le gustaría verte, además siempre te he dicho que ese camino que pretendes llevar, no te va a producir a nada bueno. ¿No sabes que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios?

ARMANDO. (Molesto.) Pero bueno, mamá, ¿vas a empezar de nuevo con tu sermón? Siempre andas criticando mis amistades: que no te gusta lo que hacen…

AMALIA. Lo hago por tu bien. Tú naciste bajo la bendición de un hogar cristiano y tú me prometiste que hoy…

ARMANDO. ¡Que hoy nada mamá! Cambié los planes, ¿OK? ¿Tú crees que voy a perder mi tiempo con esa señora? No, mamá, lo siento mucho, además, ¡que la visite su familia! ¿Es que acaso se olvidaron de ella, que nosotros tenemos que estar arriba de ella?

AMALIA. ¡No hables así, Armando! Te desconozco… ¡Me estas faltando el respeto!

ARMANDO. Lo siento, mamá, pero es que a veces tú me cansas con tus sermones. Y me da mucha rabia. (Calmando las cosas.) Mira, dejemos esto hasta aquí, no quiero seguir discutiendo contigo, otro día te acompaño Ok…

AMALIA. (Reflexiva.) Como me gustaría verte en el grupo de danzas de la Iglesia. Danzándole al Señor… Dime: ¿cuándo piensas enseriarte con las cosas de Dios? Ya sabes lo que dice la palabra, “Acuérdate joven de tu creador en los días de tu juventud”. Él merece nuestra absoluta obediencia. A ver, explícame esto: ayer era Ana Teresa, ahora es Belice y mañana, ¿quién sabe? ¿Tú crees que vas a entrar en la universidad, si sigues con eso? ¿Si estás pendiente de fiestas y noviecitas?

ARMANDO. ¡Mamá, por favor! Yo entiendo que Jesucristo es mi Salvador, que murió por mí y todo eso, pero eso todavía no es para mí, ¡aún soy joven! Yo necesito vivir mi vida, ¡disfrutar mi juventud! Además, tú lo que quieres es tenerme sometido, tenerme aquí encerrado, ¿acaso tu me estás criando para que me quede contigo? Esta chica no te gusta, esta tampoco... ¡Yo no sé qué quieres tú!

AMALIA. Armando, yo solo quiero el bien para ti.

ARMANDO. ¡¡Ya!! No quiero escucharte más… ¡Me largo!

AMALIA. ¡¡Armando!! ¡¡Armando!!

(Armando sale de escena bruscamente, dejando a su madre sola.)



CUARTA ESCENA

(Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Amalia se disponía a ir al mercado con Armando.)

AMALIA. ¡Dios del cielo! Yo no sé qué pasa con este muchacho... ¡Armando, Armando! ¿Se puede saber a qué horas llegaste?

ARMANDO. (Despertándose.) ¿Qué? ¡¡Déjame dormir!! Tengo mucho sueño…

AMALIA. ¡¡No vas a tener sueño, si llegas de madrugada…!!! ¡¡Bien bonito que te está quedando esa costumbre de llegar de madrugada!! Si así fueras cuando te digo que nos quedemos en la Iglesia para hacer una vigilia… (Armando se arropa la cabeza.) ¡Anda, levántate! Necesito que me acompañes al mercadito popular. Sabes bien que hay que ir bien temprano para aprovechar los precios, además tú sabes cómo se llena eso y necesito que me ayudes con las bolsas.

ARMANDO. (Levantándose.) Mamá, todas las semanas te acompaño al mercadito popular, pero entiéndelo, acabo de llegar. Y estoy bien cansado, además los muchachos me vienen a buscar más tarde para ir a la playa. (Se vuelve a arropar.)

AMALIA. (Sarcástica.) Así que, ¿te vienen a buscar de nuevo? Bien bueno contigo... ¿Por qué mejor no te mudas y vives en la calle…? Porque ya casi ni te la pasas en la casa.

ARMANDO. (Se levanta muy molesto.) ¡Sí! ¡¡Lo que me provoca es largarme!!¡¡Ahora no se puede dormir en paz en esta casa!!

(Armando sale de escena.)

AMALIA. ¡Armando! ¡No me hables así! ¡Mira que soy tu madre! ¡Armando…! Pero, ¿quién se ha creído éste que soy yo? Que el Señor reprenda el diablo… ¡Dios mío dame paciencia con este muchacho! (En ese momento toca la puerta Natalia, la amiga de Amalia en busca de unos palitos de fósforos.) Ahora quién será…

NATALIA. Buenos días, Amalia, ¿eso que todavía estás aquí? Ya te hacia en el mercado con Armadito, como ustedes salen bien temprano... Pero menos mal que te consigo, vine para ver si me puedes regalar unos palitos de fósforos que se me apagó la cocina y… disculpa la molestia.

AMALIA. No te preocupes, Naty, no faltaba más. (Los busca y se los da.) Aquí están, ¿vas al mercado?

NATALIA. Sí, ¿por qué?

AMALIA. Para ir juntas, porque Armando no podrá ir conmigo. ¿Vamos?

NATALIA. (Extrañada.) Ah, bueno. Vamos pues. Pasamos por la casa y con eso te cuento algo de Alfredo, pero primero llevamos los fósforos, busco el monedero y nos vamos. Ese muchacho no sé qué le pasa.

(Salen de escena.)



QUINTA ESCENA.

(Horas después aparecen en escena caminando Amalia y Natalia, con las bolsas del mercado, comentando.)

NATALIA. Ay no, Amalia, con estos precios no vamos a poder ni comer. Figúrate que ya subieron la harina de trigo, no se dónde iremos a parar...

AMALIA. Pero démosle gracias a Dios porque hasta ahora nunca nos ha faltado nada, y por ese mercadito que vende barato, porque yo vi. Esa misma harina la vi más cara la semana pasada en el abasto del señor Domingo.

NATALIA. Oye pero, no sé, a mí como que se me olvidó algo. ¿Qué será? ¡Ay! Se me olvidó comprar los fósforos...

AMALIA. (Risas.) Vaya, mujer, con esa cabeza tuya… Eres tan olvidadiza… No importa, no te preocupes, te voy a regalar una cajita que tengo en la alacena.

NATALIA. Gracias, mujer, eres tan buena… Eres una santa. (De pronto ve a dos delincuente en la esquina estaban drogados.) ¡Ay, Amalia! ¿Usted está viendo esos tipos de la esquina?

AMALIA. Sí, los he visto varias veces rondando el barrio. ¿Por qué, Natalia?

NATALIA. Porque esos tipos son unos delincuentes; le dicen los “morochos” y parece que lo están buscando y le digo una cosa: para nada bueno será. En el barrio dicen que la semana pasada mataron a uno por problemas de drogas… Mejor nos vamos por la otra calle…

NATALIA. No, se darían cuenta, además, ¿qué nos pueden hacer? Van a robar a dos pobres como nosotras… (Risas.) Vamos, el Señor nos cuida.

DELINCUENTE 1. Entonces my lady, buenos días. ¿Qué pasó, viejita? ¿Por qué van tan solitas? ¿Las acompañamos?

AMALIA. No, gracias, hijo, nosotras podemos solas.

DELINCUENTE 2. ¿Qué pasó morocho? ¿Te vas a meter con las señoras? No se preocupe mi vieja….

DELINCUENTE 1. ¿Qué pasó? ¿Por qué tan nerviosa, mi doña?

NATALIA. ¿Nerviosa yo…? Eh… para nada…

DELINCUENTE 1. Entonces, mi viejita, será que nos pasa alguito para comer…

AMALIA. Mira, muchacho, yo ni te conozco, y no te voy a dar nada porque ambos sabemos bien que no es para comer sino para comprar esa basura que te metes que además te está destruyendo la vida.

DELINCUENTE 2. (Molesto.) ¿Qué pasó, mi doña? Tampoco la cosa es así… (Saca una pistola.) Ahora, vieja estúpida, me vas dar la cartera o si no ¡¡te quiebro aquí mismo!!

AMALIA. ¡¡Suelta mi cartera!! ¡¡Auxilio!!

(Forcejean y el delincuente mata a Amalia.)

DELINCUENTE 1. ¡¡Vámonos!! ¡¡Te quebraste a la vieja!! ¡¡Corre!! (Salen corriendo.)

NATALIA. (Desesperada.) ¡Amalia, Amalia! ¡No! ¡Auxilio!, ¡ayúdenos!, ¡alguien que me ayude!, una ambulancia, ¡por favor!

AMALIA. (Agonizando.) ¡¡Natalia!!, me muero… me muero… Natalia..., cuida de mi hijo... dile que lo amo… que nunca se aparte de los caminos del Señor…... dile que lo amo... (Expira.)

NATALIA. (Gritando.) ¡¡Amalia!! ¡¡Amalia!!

(Entra en escena Armando apresuradamente.)

ARMANDO. ¿Qué pasó? Señora Natalia, ¿qué le pasó a mi mamá?

NATALIA. ¡La mataron! Armando… ¡la mataron!

ARMANDO. (Conmocionado.) ¡¡Noooo!! ¡¡Mamá!!, ¡¡mamá!!, (Grita desesperado pidiendo ayuda.) Mamá, despierta, estoy aquí, soy Armando, tu hijo Armando… ¿Quién pudo hacerte esto...? ¡Mamá, por favor, no te vayas!, por favor, ¡no me dejes solo!, contéstame mama... mamá, te quiero, tal vez no lo demostré cómo te lo merecías... si tú te vas, ¿quién va a estar en tu lugar? Nadie podrá sustituirte, ¿quién paralizó tus manos que trabajaron tanto por mí...?, ¿quién apagó tu voz...? ¡Mamita querida...! (Entona la canción y luego exclama.) Mamá: ¡¡TE PROMETO QUE VOY A SEGUIR A JESUCRISTO!! Escúchame: ¡¡acepto a Jesús!!

Apartado para Cristo

8 Minutos y 7 Personajes. Pepe, un niño que le encantaba ir a la iglesia, cambia su actitud frente a ésta y no desea asistir más.


APARTADO PARA CRISTO


PERSONAJES

NARRADOR
PADRE
MADRE
HIJOS: dos niños en edad escolar
HIJOS: dos jóvenes

ESCENA UNO

(Los padres están alrededor de la mesa listos para empezar el devocional familiar.)

NARRADOR. (Voz en off.) Desde niño sus padres lo dedicaron a Jesucristo frente a la congregación de la iglesia a la cual asistían. Iba todas las semanas a la Iglesia, y participaba de las actividades de entre semana y de las actividades especiales durante el verano. Le encantaban los concursos en la Escuela porque era el que más sabía en su clase y siempre ganaba. Era puntual, le gustaba ser el primero en llegar a la clase para poder ayudar a su maestra; por eso se sentía mal cuando su mamá o su hermano se retrasaban.

MADRE. Hijos salgan ya de su cuarto que la hora avanza y no quiero que lleguen tarde a la escuela.

(Entran los hijos y se sientan alrededor de la mesa junto a sus padres.)

MADRE. ¿Quién quiere leer la Biblia hoy?

PEPE. ¡Yo, yo!

PADRE. Está bien, pero mañana le tocará a tu hermano, porque tú siempre la lees.

PEPE. Lo que pasa es que a él no le gusta leerla y a mí, sí. Bueno, leamos: Salmo 1:1-3. (Lee el pasaje bíblico.)

PADRE. Oremos. Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, Danos el pan de cada día y perdónanos como nosotros perdonamos a los demás. Líbranos de todo peligro, en el Nombre de Jesús, amén.

(La familia se despide y todos salen de escena.)


ESCENA DOS

NARRADOR. (Voz en off.) Ya han pasado varios años en esta hermosa familia. Los hijos crecieron y los padres continúan activos en sus trabajos y en la congregación, sin dejar de fomentar el altar familiar y la asistencia a la iglesia. Lamentablemente algunas cosas han cambiado, sobre todo en la vida de Pepe. Ya no es el mismo niño de antes.

(De aquí en adelante los padres muestran el paso de los años en su apariencia, y los dos hermanos están representados por los jóvenes. El padre, la madre y el otro hermano están sentados alrededor de la mesa.)

PADRE. Pepe, date prisa que te estamos esperando para empezar el devocional.

PEPE. (Asomando la cabeza.) ¿Por qué no empiezan sin mí? Todavía me falta mucho para terminar de arreglarme. No quiero a ir a la escuela desarreglado solo por tener que leer la Biblia y orar.

(Los padres y su hermano se quedan asombrados al escuchar el comentario de Pepe; se miran unos a los otros y suspiran.)

MADRE. Pepe, sal de tu habitación ahora mismo. Y si es que vas a necesitar más tiempo para arreglarte, te sugiero que pongas tu alarma media hora antes de lo acostumbrado. No vamos a empezar el devocional sin ti, tú eres parte de esta familia.

(Pepe se une de mala gana a su familia. Hacen el devocional y salen de escena.)

NARRADOR. (Voz en off.) ¿Qué estaba pasando con Pepe? Era como si no estuviera presente. Su mirada estaba perdida en el vacío, no tenía interés, no había pasión por escuchar la lectura de la Biblia o estar junto a su familia. Este fue el punto que marcó la diferencia en la vida de Pepe; fue una de las tantas veces en que sus padres tuvieron que casi forzarlo para que participara en el devocional familiar y las demás actividades, incluyendo asistir a la iglesia.



ESCENA TRES

(Todos, menos Pepe, están arreglados y con su Biblia en la mano para ir a la Iglesia.)

PADRE. Pepe, solo faltas tú, te estamos esperando.

PEPE. No quiero ir a la Iglesia hoy. Mis amigos me invitaron a un concierto y prefiero acompañarlos a ellos. Perdóname que no te lo dijera antes pero, ¿me das permiso para ir con ellos?

PADRE. Pero hijo, ¿cómo se te ocurre eso? Tú sabes que hoy lo dedicamos a Dios y a estar unidos como familia. ¿O ya se te olvidó que te gustaba ser el primero en llegar a la clase?

PEPE. Papá yo he cambiado y los tiempos también. En aquella época yo era un niño, pero ahora ya soy un joven. Tengo otras cosas que hacer, no solo ir a la iglesia.

MADRE. Hijo, sí he visto tu cambio hacia las cosas de Dios últimamente pero en realidad me sorprende tu actitud y que te expreses de esa manera.

HERMANO. Mamá, Papá, si él no quiere ir, que se vaya con sus amigos. Vámonos nosotros.

PADRE. ¿Sabes qué, Pepe? En esta casa hay reglas, y se tienen que cumplir. Diles a tus amigos que tú tienes seis días más para acompañarlos, pero que hoy es el día del Señor y de la familia.

(Salen todos.)

NARRADOR. (Voz en off.) Durante los días que siguieron a este episodio hubo mucha tensión en el hogar. La madre trataba de mostrarse fuerte, pero en su interior estaba destruida. Ella sabía lo que estaba pasando dentro de su hijo; lo comprendía porque ella había sido criada de la misma manera que ella y su esposo lo habían criado a él. Pero un día, al igual que Pepe, ella se llenó de dolor, rebelión y frustración, y empezó a llenarla una frialdad y apatía hacia las cosas de Dios y de la familia. La madre lo entendía, pero le dolía. Porque también sabía por lo que su hijo tendría que pasar para volver a experimentar el gozo del Señor. Sabía que Dios lo iba a tener que moldear, y eso no iba a ser fácil, iba a doler. Ella tenía un consuelo. En su corazón sabía que un día Dios iba hacer la obra en su hijo, porque se apoyaba en una gran promesa que Dios le había dado en su Palabra: "Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo, no se apartará de el”. Pepe se había olvidado de Dios, pero Dios no se olvidó de él. Esa madre sabe que algún día él volverá y será diferente. Ese hijo todavía va a la 1glesia de vez en cuando. Dice que ama a Dios. Pero el ambiente ha sido más fuerte; los amigos y las actividades no lo dejan acercarse al verdadero Camino. Pero un día todo cambiará, él volverá. Sí, él volverá.

¿Dónde están tus hijos?

13 Minutos y 6 Personajes. Un matrimonio está siempre discutiendo y no prestan atención a su hijo. El joven encuentra refugio en la banda del barrio y cuando los padres quieren reaccionar será demasiado tarde.


¿DÓNDE ESTÁN TUS HIJOS?
Beto Paez




PERSONAJES

PAPÁ
MAMÁ
JUAN
TIPO 1
TIPO 2
VOZ EN OFF


ESCENA 1

(Se encienden las luces. Están en escena los padres de Juan discutiendo acaloradamente de las finanzas del hogar, llega Juan.)

PAPÁ. ¡Es increíble cómo pudiste gastar tanto en este mes, mujer!

MAMÁ. ¿Y qué culpa tengo yo si no ganas lo suficiente, ah?

PAPÁ. ¿De qué hablas si me rajo el lomo por esta familia?

JUAN. Ya llegué.

(Los padres ni se percatan que su hijo ya ha llegado y siguen discutiendo como si nada.)

MAMÁ. ¿Ahora te vas a hacer la víctima, no? Típico de ti.

JUAN. ¡¡Hola!! (Casi gritando.) Que ya llegué, digo.

PAPÁ. ¡Ja! Pero si toda la culpa es tuya.

JUAN. Saqué cero en mate y creo que voy a reprobar.

MAMÁ. ¿Mi culpa? ¿Mi culpa? ¿Y por qué mi culpa?

JUAN. Necesito que me ayudes, papá.

PAPÁ. Si dejaras de pasar tanto tiempo en ese teléfono tal vez nos alcanzaría.

JUAN. Y los tipos de la esquina siguen molestando, ¿qué hago?

MAMÁ. Y si dejaras de gastarte la plata en tus chumas con tus amigos, nos alcanzaría más.

JUAN. Es inútil, (decepcionado) es como si hablara con la pared… al menos ella no habla mientras yo lo hago.

(Juan sale de escena triste, sus padres siguen discutiendo, se apagan las luces.)


ESCENA 2

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos conversando entre ellos, pasa por allí Juan y lo detienen.)

TIPO1. ¡Ey, Juanito! ¿A dónde vas amigo? (Lo toma del brazo y no lo suelta.)

JUAN. Déjenme en paz…

TIPO 2. Tranquilo, carnal, no te haremos nada.

TIPO1. Sólo queremos que nos des algo de money para comprar… bueno, ya sabes…

(Ríen entre ellos, menos Juan que se empieza a alterar y trata de zafarse.)

TIPO 2. No te esponjes, Juanito, y danos lo que queremos a las buenas.

JUAN. ¡Que no tengo nada!

TIPO 1. A ver (le da un golpe en el estomago y hurga sus bolsillos, encuentra el dinero) Ah… ¿Que no, Juanito? (Lo tira al suelo y salen riendo y burlándose de Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 3

(Se encienden las luces. El padre de Juan está en casa cuando éste llega.)

PAPÁ. Y, ¿dónde estabas? ¡Mírate, no más! ¿Ya volviste a pelear, no?

JUAN. Pero papá, tú no sabes lo que pasó…

PAPÁ. No me interrumpas, ya sé lo que pasó, siempre te andas metiendo en líos, mocoso…

JUAN. Pero no fueron así las cosas, ¡tú no entiendes…!

PAPÁ. ¡Que no me interrumpas, te digo! Estás castigado, sube a tu cuarto ahora mismo y no sales. (El padre sale de escena se queda solo Juan.)

JUAN. ¡Es increíble, ni siquiera me escuchó, ni supo dónde estuve…! Le voy a dar un verdadero motivo para que me castigue ese viejo… ya va a ver…

(Sale de escena Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 4

(Se encienden las luces. Está la mamá conversando por teléfono, apenas si se entiende lo que dice, entra Juan.)

MAMÁ. ¡En serio! No te lo puedo creer, qué irresponsables los Naranjo con su hijo…

JUAN. Voy a salir, ya vengo.

MAMÁ. ¡Bien hecho! Se lo merecen por ser malos padres porque…

JUAN. No sé a qué hora venga…

MAMÁ. Sí, sí… No me molestes que estoy ocupada.

JUAN. Bueno, adiós.

MAMÁ. Y, ¿qué pasó con la María? ¿En serio? Y eso que ni sabes que…

(Sale Juan meneando la cabeza, la mama sigue hablando por teléfono, se apagan las luces.)


ESCENA 5

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos metidos en su vicio, llega Juan.)

JUAN. ¡Ey!

TIPO1. Juanito, ¿otra vez por aquí?

TIPO 2. ¿Que eres masoquista o qué? ¿Quieres que te volvamos a dar una paliza? ¡Ja, ja!

JUAN. No… quiero… quiero… unirme a ustedes

(Los tipos ríen entre ellos pero al ver la seriedad de Juan dejan de reír.)

TIPO 1. ¡Miren nada más a Juanito, el buenito quiere ser uno de la pata!

JUAN. ¡Sí! Ya estoy cansado de mi casa, necesito gente que me entienda y sea mi amiga

TIPO 2. Pues has venido al lugar correcto carnal.

TIPO 1. Na’ más tienes que bautizarte pa’ ser parte de nosotros (saca una bolsa de cocaína.)

JUAN. ¿Y qué es eso?

TIPO 2. Harina de repostería… (Le da un golpe en la cabeza.) Es cocaína, tonto, métetela todita carnal.

TIPO 1. Vamos, te enseño cómo hacerlo mi’jin.

(Salen de escena hablando entre ellos, se apagan las luces.)

VOZ EN OFF. Así… Juan me metió por malos caminos, y como era típico en su familia, sus padres ni cuenta se dieron de dónde estaba su hijo, ni se interesaron por averiguarlo… estaban metidos en su propio mundo sin darse cuenta de que su único hijo se estaba perdiendo…


ESCENA 6

(Se encienden las luces. Están en casa los padres de Juan discutiendo.)

MAMÁ. ¡Ya era hora que llegaras! ¿Dónde rayos estabas?

PAPÁ. Trabajando, ¿qué esperabas?

MAMÁ. Mentira, de seguro te fuiste con tus amigos a beber…

PAPÁ. ¿De qué hablas? ¡Estás loca, mujer!

MAMÁ. Ya no pasas tiempo con nosotros, nos has descuidado a mí y a tu hijo… (Empieza a llorar.)

PAPÁ. Ya no dramatices, mujer… Por cierto, ¿dónde está Juan?

MAMÁ. Pues… este… en su cuarto, creo.

PAPÁ. ¿Como que creo? ¿Como que creo? ¿No sabes que ya es media noche? ¡Cómo puedes descuidarlo así!

MAMÁ. El burro hablando de orejas. ¡Quien lo ha descuidado eres TÚ! Por si no sabes reprobó en matemáticas y está a punto de perder el año.

PAPÁ. ¿Y por qué no me lo han dicho? (Furioso.)

MAMÁ. Te lo dijo él mismo pero, como siempre, “el señor trabajo” no tuvo tiempo para escuchar a su hijo y…

(Suena el teléfono.)

PAPÁ. Pero, ¿quién será a esta hora? Deja de parlotear y contesta el teléfono.

MAMÁ. (Coge el auricular.) Halo… Sí, con la misma… ¿Qué? ¿Cómo dice? (Comienza a alterarse.) ¡No, no puede ser, debe ser una equivocación! (Llora.) No, mi hijito, no…

(Suelta el teléfono y cae de rodillas llorando desconsoladamente.)

PAPÁ. Pero, ¿qué pasa? ¡Anda, dime! ¿Qué le pasó a Juan?

MAMÁ. ¡Está muerto! ¡Está muerto!

PAPÁ. Pero, ¿cómo? ¿Por qué? (Rompe en llanto.)

(Los dos se abrazan y lloran juntos comienzan a lamentarse.)

VOZ EN OFF. Los padres de Juan recibieron la terrible noticia de que su hijo había muerto en una balacera entre pandillas.

PAPÁ. ¿Por qué no me di cuenta en qué se había metido? ¿Por qué no hice nada?

MAMÁ. ¡Mi hijo, no…!

(Entra Juan vestido todo de blanco simulando ser un espíritu, sus padres no pueden verlo ni oírlo.)

JUAN. Ya es muy tarde… no logran nada lamentándose... cuando estuve vivo no se preocuparon por mí, no se preocuparon por lo que estaba haciendo… no se preocuparon por dónde estaba… ahora ya sabrán donde estaré… en una tumba por siempre… (se dirige al público) ustedes, no permitan que a sus hijos les suceda lo que a mí, no esperen a que sea tarde para querer acercarse a ellos, para querer ser sus amigos… para saber… dónde están sus hijos.

(Se apagan las luces.)
(Se debe dar un mensaje final dirigido tanto a los padres como a los hijos.)

La familia un regalo de Dios

10 Minutos y 4 Personajes. Daniel saca malas notas en la escuela y sus padres le castigan para que se centre en los estudios. El joven se escapa de casa y en la calle se encuentra a un niño que también se había escapado de casa. Al ver la vida tan miserable que lleva en la calle se da cuenta de su error y vuelve a casa y le da gracias a Dios por la familia que tiene.


LA FAMILIA UN REGALO DE DIOS
Ana Lucia Molina Coronado




PERSONAJES

DANIEL
JUANITO
MAMÁ
PAPÁ

CUADRO 1

(Comedor de una casa. Se encuentran la mamá y el papá esperando a Daniel para comer.)


ESCENA 1

MAMÁ. ¡Daniel! Ya está lista la comida se va a enfriar.

(Entra Daniel corriendo y se sienta a comer. todos oran por los alimentos)

MAMÁ. Daniel, hoy me habló tu maestra de la escuela me dijo que has bajado mucho tus calificaciones y que no haces tus tareas.

DANIEL. ¡Ay, mamá! La maestra es una exagerada.

PAPÁ. Daniel, no hables así, tu mamá y yo estamos preocupados, te hemos dejado salir a jugar, te compramos todo lo que pides y a cambio no das nada.

MAMÁ. Así es, Daniel, creo que tendremos que tomar medidas para que cambies tu actitud.

PAPÁ. ¡Claro! Desde ahora en adelante no saldrás a jugar fútbol, limpiarás tu cuarto todos los días y estudiarás todos los días aun si no tienen exámenes.

DANIEL. Pero, pero, ¡eso no es justo! Ya les dije que la maestra es una exagerada, no puedo dejar de jugar fútbol, papá, mis amigos me necesitan en el equipo.

MAMÁ. Bueno, Daniel, si quieres premios tienes que trabajar para ganártelos, harás lo que tu papá dijo, hasta que mejores tus calificaciones tendrás tus recompensas.

DANIEL. ¡No es justo! ¡Los odio! (Sale enojado y se encierra en su cuarto).

MAMÁ. Iré a hablar con él.

PAPÁ. No, déjalo que piense lo que hablamos en su cuarto y al rato que se le pase hablamos con él.

(Terminan de cenar y la mamá empieza a juntar los platos.)

PAPÁ. Iré a ver a Daniel. (Sale el papá de escena)

(La mamá sigue juntando la mesa.)



ESCENA 2

(Entra asustado el papá corriendo.)

PAPÁ. (Alterado.) ¡Dios mío! Mi amor, Daniel no está en toda la casa, creo que se escapó porque la ventana de su cuarto está abierta.

MAMÁ. ¡Ay, no! Dios mío, por favor, cuídalo que no le pase nada.

PAPÁ. Voy a buscarlo, si no regreso, habla a la policía para que lo busquen.

MAMÁ. Está bien, apúrate, por favor.

(Sale el papá de escena y la mamá se queda asustada buscando a Daniel en la casa.)


2° CUADRO

(Callejón.)

(Se encuentra Daniel caminando por el callejón cuando ve a un niño recogiendo comida de un bote de basura y se la empieza a comer.)

ESCENA 3

DANIEL. ¡Hola! ¿Cómo te llamas?

JUANITO. Juanito, ¿y tú?

DANIEL. Daniel, oye te vi sacar comida de este bote. ¿Que no está sucia?

JUANITO. Sí, siempre como lo mismo.

DANIEL. Pero, ¿no te enfermas? Es que mi mamá dice que no debemos comer cosas sucias.

JUANITO. No, si doy gracias de haber encontrado algo para comer, a veces no hay nada y paso días sin comer.

DANIEL. Pero, ¿por qué no comes en tu casa?

JUANITO. Mira, me fui de mi casa hace mucho tiempo, mi mamá me pegaba mucho, mi papá nos pegaba a mi mamá y a mí porque siempre estaba bien borracho, nunca fui a la escuela y yo quería aprender a leer y escribir pero a mis papás nunca les importó, me pegaban mucho y no me compraban ni ropa, ni juguetes, ni nada, por eso me fui de mi casa.

(Daniel pensando un poco llora, se arrodilla y da gracias a Dios de lo que tiene, después termina de orar.)

DANIEL. ¿Sabes qué, Juanito? Te invito a comer a mi casa y a jugar en mi cuarto.

JUANITO. (Feliz.) Bueno.

(Salen de escena Daniel y Juanito.)


CUADRO 3°

(Sala de la casa de Daniel. Se encuentran los papás de Daniel preocupados.)


ESCENA 4

MAMÁ. Ya es muy tarde y no llega y la policía no habla. Dios mío, cuídalo donde esté, por favor.

PAPÁ. No te preocupes, Dios lo cuida y no dejará que nada malo le pase.

(Entra Daniel con Juanito y sus papás corren a abrazarlo.)

PAPÁ y MAMÁ. ¡Daniel!

DANIEL. Antes de que digan algo, quiero pedirles perdón. (Exhala.) Y quiero que sepan que les doy gracias por todo lo que han hecho por mí y le doy gracias a Dios por darme a los mejores papás del mundo. Él es mi amigo Juanito que gracias a él pude ver que tengo unos papás muy buenos y que se preocupan por mí, los quiero mucho y les prometo que saldré bien en la escuela y los obedeceré.

(Los papás lo miran con una sonrisa y abrazándolo.)

MAMÁ. Daniel, sabíamos que Dios hablaría a tu corazón y lo hizo, a Él dale gracias.

DANIEL. Sí, fue lo primero que hice, mamá. ¡Ah! Invité a Juanito a cenar y jugar con él y sobre todo platicarle del amor de Dios.

PAPÁ. ¡Qué bueno, Daniel! Bienvenido, Juanito, esta es tu casa.

JUANITO. Gracias, señor.

(Los papás salen de escena.)

DANIEL. Mira, Juanito, te platicaré de alguien que te ama mucho y que dio su vida por ti…

(Daniel le comparte del amor de Dios y el plan de salvación a Juanito.)

FIN

Lo más importante de la Navidad

10 Minutos y 8 Personajes. Los miembros de una familia le dan más importancia a los regalos en Navidad que al tiempo que deberían pasar juntos. Unos ladrones roban sus regalos por la noche y este incidente les hace reflexionar sobre sus prioridades.




LO MÁS IMPORTANTE DE LA NAVIDAD
Héctor Pardo Cano

PERSONAJES

MAMÁ
PAPÁ
PEPE
BRENDA
ESTEBAN
FELIPE
LADRÓN 1
LADRÓN 2

(En escena, el living de la casa de la familia Rodríguez. Los hijos: Pepe, Brenda, Esteban, Felipe y Daniel están en distintas actividades y en continuo movimiento debido al inminente viaje de los papás.)

MAMÁ. (Dirigiéndose a Felipe que está tirado en el sillón escuchando su P.S.) ¡Ya pues Felipe! Ayuda a tus hermanos, si no nos apuramos vamos a amanecernos preparando el equipaje y no disfrutaremos de la noche buena.

FELIPE. (Quitándose los audífonos.) Pero mamá, ¿ya compraron todos los regalos? Mañana viajan muy temprano y no van a alcanzar a comprar nada más. Como es Navidad, mañana va a estar todo cerrado…

PAPÁ. Sí, hijo, ya está todo listo. Tu mamá y yo partiremos mañana, pero no importa, los regalos están todos y hay comida suficiente como para que pasen todo el día súper bien y sin pasar hambre. Ya está todo listo. ¡Uy! Y mira lo tarde que es ya, viejita, vayámonos a acostar luego, mañana tendremos que levantarnos muy temprano.

MAMÁ. Ya niñitos (mientras le da un beso a cada uno) todos a la camita, mañana tendrán que levantarse temprano para despedirnos. Tú, Esteban, vas a quedar a cargo de tus hermanitos. Cualquier cosa me llamas al celular ¿ya?

ESTEBAN. Pucha, siempre tengo que ser yo, por ser el mayor tengo que hacerme cargo de estos cabros que son más porfiados.

BRENDA. Ya, Esteban, hermanito, no te preocupes, aunque soy la menor, te voy a obedecer en todo ¿ya? Lo que a mí me entristece es otra cosa… (Brenda agacha la cabeza y comienza a sollozar.)

MAMÁ. ¿Y a ti qué te pasa, Brenda? ¿Acaso falta tu regalo? ¿Por qué lloras?

BRENDA. Es que ustedes van a viajar justo mañana y no vamos a estar juntos en Navidad, eso me pone muy triste.

PEPE. (Mofándose de su hermana.) ¡¡¡Buh!!!! Ya empezó la llorona, no puede estar sin llorar… ¡¡La llorona, la llorona…!! ¡¡¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!!!

PAPÁ. (Sin importarle la situación.) Ya pues, ya hablé, a acostarse todo el mundo ya es muy tarde.

MAMÁ. Sí, viejito, ¡ya! Todos a la cama, ya oyeron al Papá, y tú, Brenda, déjate de niñerías, ¿ya? Anda a acostarte luego.

BRENDA. Ya, mamita (secándose las lágrimas), voy al tiro, voy a terminar de ordenar unas cositas aquí y me voy a acostar al tiro, ¿ya?

(Todos desaparecen de escena y queda sólo Brenda, la que al constatar que todos se han ido, se arrodilla y comienza a orar.)

BRENDA. ¡Oh Dios! Tú que conoces mi corazón, sabes cómo me siento. Toda mi familia está tan concentrada en las cosas materiales de esta navidad que han olvidado lo que realmente es importante. Te pido que arregles las cosas para que podamos estar juntos mañana y que mis padres no tengan que viajar. En el nombre de Jesús, amén.

(Brenda se retira de escena y pasan unos segundos. De pronto, se oyen ciertos ruidos y entran dos ladrones vestidos ad-hoc y comienzan a echar los regalos a sus bolsas.)

LADRÓN 1. (En voz baja.) ¡Ey! Apúrate, hombre, que no tenemos toda la noche. Echa luego lo que puedas a los bolsos y nos largamos de aquí.

LADRÓN 2. (En voz baja.) Ya, ya, sí te oí, hago lo que puedo, acuérdate que fue tu idea venir a esta casa.

LADRÓN 1. Sí, sé, pero es que es la papa, mira todos los regalos, con esta casa no vamos a tener necesidad de pasar a otra.

LADRÓN 2. (Después de un rato y con las bolsas llenas.) Ya, compadre, estamos listos; vámonos antes que nos pillen.

LADRÓN 1. Sí, sí, vámonos de una vez.

(Ambos ladrones salen sin ser percibidos. Al otro día, se levanta la familia y quien aparece primero es Felipe.)

FELIPE. (Al ver que no hay regalos y faltan cosas.) ¡¡¡Mamá, papá, chicos, vengan pronto!!! ¡¡Pasó algo terrible!!

(Aparece el resto de la familia, todos arreglándose porque recién se estaban levantando y llegan corriendo a los gritos de Felipe.)

MAMÁ. ¿Qué paso, hijito? (Mira la sala vacía de regalos.) ¡¡¡Ay!!! Dios mío, ¿qué pasó aquí, viejo? ¡¡Mira!! ¡¡Nos robaron!!

(Se arma un griterío entre todos, todos se desesperan y conversan unos con otros, hasta que Brenda interrumpe.)

BRENDA. (Gritando.) ¡¡Ey!! ¡¡¡Paren de gritaaaaaaaaaar!!!

PEPE. (Dirigiéndose a Brenda, enojado.) ¿Y qué quieres que hagamos tonta, si nos entraron a robar anoche? ¡¡Se llevaron todos los regalos!! Tú, sí, tú, Brenda, tú fuiste la última en irte a acostar, seguro que dejaste la puerta abierta... ¿Por qué eres tan tonta? ¡¡¡Por tu culpa ahora nos quedamos sin regalo!!!

PAPÁ. (Con voz autoritaria dirigiéndose a Pepe.) ¡Silencio, Pepe! ¿Cómo se te ocurre tratar así a tu hermana? Tenemos que calmarnos y pensar con la mente fría y no dejarnos llevar por lo molesto de esta situación.

ESTEBAN. (Con voz triste.) Y ahora, ¿qué vamos a hacer? Nos arruinaron la navidad, ¡no podremos tener navidad este año!

TODOS. (Excepto Brenda. Afirman lo que dijo Esteban y se lamentan.) Sí, nos arruinaron la navidad, ¿qué vamos a hacer?

MAMÁ. Viejito, y ahora, ¿qué vamos a hacer con el viaje? Me da miedo salir y dejar a los niños solitos. Esos ladrones pueden volver y si saben que no estamos pueden hacerles daño a nuestros hijos. ¡No! ¡No podemos viajar!

PAPÁ. Tienes razón, viejita, no podemos viajar. A mí tampoco me gusta la idea de dejar a los chicos solos; realmente nos arruinaron la navidad.

(Mientras el papá y la mamá hablan, la cara de Brenda se llena de alegría al punto que no aguanta e interrumpe la conversación.)

BRENDA. ¡Un momento! ¿Quién dijo que nos han arruinado la navidad? ¿Acaso no se dan cuenta? Todo esto es obra de Dios.

PEPE. Ya salió ésta otra vez con sus leseras… ¿Cómo va a ser obra de Dios el que nos hayan arruinado la navidad? Cada día estás más loca…

BRENDA. Pero si está claro. Creo que como familia tenemos que aprender una gran lección. Sin darnos cuenta caímos en el gran error de pensar que la navidad consiste en tener regalos y más regalos, y que sin regalos no hay navidad. Eso es una gran mentira. ¿De cuándo la navidad depende de los regalos? ¿Acaso hemos olvidado el verdadero sentido de la navidad? ¿Qué era más importante? ¿Los regalos o que estemos todos juntos, en familia, disfrutando de las bendiciones de Dios?

MAMÁ. Pero hija, nos costó mucha plata...

BRENDA. (Interrumpe bruscamente.) ¡Qué importa la plata, mamá! (Comienza a llorar.) No tienen idea de lo difícil que resultó para mí saber que viajarían hoy y que pasaríamos la navidad sin tenerlos a ustedes en casa… ¿Cómo pueden pensar que los regalos pueden llegar a reemplazar la compañía de los padres? Gracias a lo que ha ocurrido, ustedes no viajarán y podremos estar juntos. Eso es lo importante: estar juntos en la navidad, en familia, aunque sea un pan pelado que comamos, lo importante es que lo comamos juntos, ése es el verdadero sentido de la navidad, el único regalo que importa aquí es el que hizo Dios a la humanidad dando a su hijo Jesús para que el mundo sea salvo. ¿Por qué no pensar mejor en lo maravilloso que es saber que Jesús vino al mundo y en esta fecha se recuerda su nacimiento? Estamos unidos, eso es lo importante.

PEPE. (El que ha estado escuchando atento las palabras de Brenda y se sintió avergonzado.) Brenda, hermanita, perdóname, creo que tienes razón y yo actué muy mal, me alegro de que esos ladrones se hayan robado los regalos y no a uno de nosotros… Eso sí que no lo hubiera soportado. (Pepe abraza a su hermana y todos se abrazan en un gesto de amor y unidad.)

PAPÁ. Hijos, me siento muy orgulloso de ustedes. ¿Qué les parece si olvidamos lo ocurrido y nos vamos a la cocina a comer alguna cosa entretenida que la mamá nos preparó?

TODOS. ¡¡¡Sí, vamos!!!

(Salen todos de escena contentos y abrazados. Se cierra el telón.)

Un corazón nuevo

30 Minutos y 11 Personajes. Es una obra que muestra cómo Dios puede cambiar la vida de un joven llamado Jorge. Nos hace comprender además que como cristianos nunca debemos discriminar a las personas por su modo de vestir y/o hablar. podremos presenciar la hermosa transformación de un individuo y de cómo Dios, a través de una jovencita, lo sigue hasta la cárcel misma.


UN CORAZÓN NUEVO


PERSONAJES

VOZ
SEÑOR
JORGE
PADRE
MADRE
VIEJITA
ESTRELLA
REPARTIDOR
GUARDIA 1
GUARDIA 2
MUCHACHA


MUCHACHO
COJO


ESCENA I

(Aparece un jovencito sentado tirando piedras y un señor lo ve y se le acerca.)

VOZ. Jorge García, un niño como tantos otros, pero tal vez su historia toque tu corazón. Escucha con atención mientras observamos la vida de este niño.

SEÑOR. ¿Qué haces, niño?

JORGE. Nada

SEÑOR. ¿Pero a qué le estás tirando piedras?

JORGE. Sólo estoy cogiendo puntería, tirándole a esos pajaritos.

SEÑOR. ¿Por qué no usas latas? ¿No sabes que no debemos matar los pajaritos?

JORGE. ¿Qué? Esa es la parte más divertida, ver cuando caen revoloteando.

SEÑOR. ¡Ay, niño, no tienes corazón! ¿Quién es tu padre?

JORGE. El diablo.

SEÑOR. ¿Qué? ¿Me estás tomando el pelo? ¿Quién es tu madre?

JORGE. Una perra.

SEÑOR. Deja de bromear y dime dónde vives.

JORGE. En el infierno.

SEÑOR. Tú me quieres tomar el pelo. Anda, llévame a tu casa, de una vez le pides permiso a tus padres para que puedas ir a dar un paseo conmigo.

JORGE. Muy bien, te llevaré.

(Salen por el frente de la iglesia en lo que el padre, borracho con una botella de licor en la mano y sucio y la madre desaliñada, está lavando una ropa a mano en un balde. Entra nuevamente Jorge con su amigo.)

JORGE. Papá, papá, este amigo mío quiere que vaya con él a pasear, ¿puedo, papá? ¿Puedo?

PADRE. Yo no sé, tú sabes que aquí yo no cuento para nada, allá tu madre. Mira a ver si esa perra te deja ir.

JORGE. Mamá, mamá, ¿puedo ir a pasear con este amigo mío?

MADRE. (Amargada y peleando.) Tú te vas a pasear ¿verdad? Y yo, yo aquí, nunca puedo ir a ningún lado. Tú debes ir a pedir dinero en la calle para nosotros, para por lo menos comer un poco de pan. No, pero tú no puedes, porque vas a pasear, hijo del diablo… Vete a trabajar y no vas para ningún lado.

(Jorge baja la cabeza y se va hacia donde está el amigo.)

MADRE. Esta casa es un infierno.

(Jorge y el amigo se van, luego se van los padres.)


(Parte Especia. Himno “A Jesús Encontré”.)


ESCENA II

VOZ. Los años no pasan en vano, veamos cómo ha progresado nuestro amigo Jorge García.

(Aparece Jorge nuevamente vestido de negro con gafas como “malote”. Parado en una esquina. Entra una viejita con su cartera debajo del brazo. Jorge se la arrebata y la viejita lucha…)

VIEJITA. No, no, mal hombre, devuélveme mi cartera. Tú no tienes corazón.

(Jorge le quita la cartera y sale corriendo.)

VIEJITA. Ese es ese Jorge García, el mismo sinvergüenza de siempre, se metió a mi casa, mató a mi perro y me robó; ahora se llevó lo poco que me quedaba. Dios se apiade de ese muchacho, porque va a terminar muy mal. (Se va la viejita lamentándose por el camino.)



ESCENA III

(Entra Jorge con un cigarrillo en la mano y se sienta, pasado un momento, llega una muchacha llamada Estrella.)

ESTRELLA. ¡Hola, tanto tiempo sin verte, Jorge! Bueno, desde que te fuiste de la escuela. Ya estamos por graduarnos, ¡qué pena que no te quedaste! Te graduarías ahora también.

JORGE. ¡Ay, Estrella! Eso son tonterías de la gente, yo estoy muy ocupado.

ESTRELLA. Te comprendo, Jorge, siempre has tenido que mantener a tu familia. Pero tú eres especial para Dios, él quiere que tú seas feliz.

JORGE. ¡Ja, ja! ¿Dios? ¿Que yo sea feliz? No sé quién es Dios.

ESTRELLA. Pues Dios sí sabe quién eres tú y sabe todo lo que tú has hecho.

JORGE. ¿De veras? Pues entonces no querrá nada conmigo.

ESTRELLA. ¿Por qué dices eso?

JORGE. Porque yo he matado, he robado, estoy en drogas y muchísimas cosas más.

ESTRELLA. Eso no importa, Dios te puede dar un nuevo corazón y tus pecados serán olvidados.

JORGE. ¿Un corazón nuevo? ¿Tú crees? Sigue hablando de Dios, por favor.

(Salen caminando. Mientras caminan la muchacha le dice…)

ESTRELLA. Este viernes hay un programa muy especial, celebraremos la muerte del Hijo de Dios, porque por su muerte fuimos nosotros salvados.

(Salen ambos.)

(Parte Especial. “Confía en Dios” de Felipe Andino.)

VOZ. Cinco años más tarde...

(Entra el repartidor de periódicos, entra por la puerta del frente y sale por la puerta al lado de la plataforma.)

REPARTIDOR. Extra, extra, cae en una redada el delincuente Jorge García, dueño de un punto de drogas, lo sentencian a cinco años de cárcel. Extra, extra….



ESCENA IV

(Entra el joven esposado con dos guardias.)

GUARDIA 1. Al fin te atrapamos. Un delincuente como tú no debería salir nunca a la calle.

(Jorge se resiste y no quiere caminar.)

GUARDIA 2. Vamos, camina y no te guapees, porque no estás en la calle. Aquí se respeta y la reprensión que no te dieron tus padres, te la damos nosotros, muchacho malcriado.

(Lo echan a la celda. Se van los guardias)

VOZ. La conducta de Jorge no mejoró en lo absoluto, por el contrario empeoró, pues se pasaba buscando pleitos y haciendo sus fechorías aún dentro de la cárcel.

(Entran los guardias nuevamente.)

GUARDIA 1. Has pasado aquí tres años…

GUARDIA 2. Parece que todavía no aprendes a comportarte, maldito.

GUARDIA 1. ¡Qué suerte tienes! Levántate que tienes visita.

JORGE. ¿Visita yo? No sé quién, yo no tengo a nadie que me visite.

(Lo sacan de la celda y lo sientan en una mesita pequeña. Entra la muchacha que le había hablado años atrás, vestida diferente, luciendo un poco mayor.)

VOZ. “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui forastero y me recibiste; estuve desnudo y me cubriste; enfermo y me visitaste; estuve en la cárcel y viniste a mí. ..” En cuanto lo hiciste a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí lo hiciste”. Mateo 25: 34-36

JORGE. Estrella, ¿qué haces aquí?

ESTRELLA. Vine a visitarte, a saber de ti.

JORGE. De mí, pues aquí estoy, al fin y al cabo, no puedo ir a ningún lado. (Se ríe.)

ESTRELLA. ¿Sabes algo? Dios todavía te ama.

JORGE. Otra vez con lo mismo, hace años atrás me dijiste lo mismo y te creí.

ESTRELLA. Y si me creíste, ¿por qué nunca fuiste a la Iglesia?

JORGE. Aquel mismo viernes, yo fui a la Iglesia.

ESTRELLA. ¿Qué? Yo nunca te vi.

JORGE. Yo fui, yo fui… llegué hasta la puerta, donde un señor muy serio me dijo: “Mira, tú, muchacho, con esa facha de maleante no se viene a la Iglesia y si vienes a estar hablando en la parte de atrás, mejor te quedas en tu casa”. Así que no entré y nunca volví, seguí con mis fechorías, tal vez peor.

ESTRELLA. ¿Quién fue capaz de semejante cosa, quién?

JORGE. Fue un hombre de barba y bigote muy grande.

ESTRELLA. No puede ser, no puede ser.

JORGE. ¿Ves? Tú tampoco crees en mí, no sé para qué te lo dije.

ESTRELLA. No puede ser porque la única persona que usa barbas y bigotes en la iglesia, durante ese tiempo no podía hablar, porque la operaron de la garganta y estuvo ese año sin poder hablar.

JORGE. No entiendo nada, porque yo sé que esa persona me habló.

ESTRELLA. Yo no dudo de ti, Jorge, no es la primera vez que el enemigo de las almas, se pone en el medio para que las personas no lleguen a Jesús.

JORGE. ¿Quieres decir que el enemigo de las almas me habló a mí?

ESTRELLA. Quiero decir que el enemigo de las almas, no quiere que tú seas feliz y pone piedras en el camino para que tú caigas, él está gobernando tu vida.

JORGE. ¿Y qué debo hacer?

ESTRELLA. Un hombre fue a Jesús de noche y le hizo esa pregunta. Jesús le contestó que debía nacer de nuevo, necesitas un nuevo corazón.

(Parte Especial. Himno “Un hombre llegose de noche a Jesús”.)


ESCENA V

GUARDIA 1. Bueno, bueno, se terminó el tiempo.

GUARDIA 2. Señorita. Debe marcharse.

JORGE. No, no, por favor, todavía no.

GUARDIA 1. Aquí nosotros decimos hasta cuando.

(Lo golpean.)

ESTRELLA. Está bien, está bien, ya me voy. Toma, lee esta pequeña Biblia, te ayudará. (Se va.)

(Entran a Jorge a la celda y se van los guardias.)

JORGE. (Lee algunos versículos en voz alta.) Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)
El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia. (Prov. 28:13)
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tus misericordias; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Salmo 51:1
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Mateo 11:29, 30

(Parte especial. Himno “Mi yugo es fácil”.)

JORGE. Un nuevo corazón, un nuevo corazón. Necesito tener un nuevo corazón, necesito poder creer y aceptar lo que este libro dice… Pero, ¿cómo podré yo tener un nuevo corazón? He sido tan perverso… (Baja la cabeza, guarda un momento de silencio. Luego grita.) Yo quiero cambiar… Señor Dios, si tú me oyes, si tú me amas… dáme un nuevo corazón. (Se va bajando en los barrotes hasta llegar al piso, se apagan las luces. Entra uno vestido de blanco.)

ÁNGEL. Tu oración ha sido escuchada, tendrás un nuevo corazón.

(Con una linterna pequeña escondida en la mano alumbra a Jorge y se escucha la grabación de un corazón latiendo. Lo alumbra hasta que dure la grabación y luego se retira. Encienden las luces y Jorge se levanta.)

JORGE. Me siento diferente… Tengo un corazón nuevo, ¡qué feliz me siento! He sido transformado.


(Parte Especial. Pon otro lugar en la mesa)



ESCENA VI

VOZ. Los últimos dos años en prisión fueron completamente diferentes. La lectura diaria de aquella pequeña Biblia transformó su vida. Verdaderamente Jorge era otra persona.

(Entran los dos guardias.)

GUARDIA 1. Bien, un día pensamos que nunca saldrías de aquí.

GUARDIA 2. Ha llegado la hora, eres libre, puedes irte.

JORGE. Gracias, buenos hombres, ustedes han sido muy buenos conmigo. (Se va muy feliz.)

GUARDIA 2. ¡Quién lo diría!

GUARDIA 1. Verdaderamente la palabra de Dios transforma las vidas.

(Salen los dos guardias.)

(Parte Especial: Dios hace todo crecer.)



ESCENA VII

JORGE. Hoy es viernes, puedo ir a la Iglesia, pero no puedo ir con las manos vacías, debo llevarle algo a Dios. Ya sé… (Coge las flores que están en el piano.) Le llevaré estas flores en señal de mi gratitud.

(Entra una muchacha llorando.)

JORGE. ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

MUCHACHA. Mi novio me dejó por otra y se fue.

JORGE. Dios quiere que tú seas feliz, ya vendrá un mejor novio para ti.

MUCHACHA. ¿Tú crees?

JORGE. Claro que sí, mira, toma estas flores para que seas feliz. (Le da parte de las flores.)

MUCHACHA. Gracias, gracias, me siento mucho mejor. (Se va.)

(Entra otro muchacho muy preocupado.)

JORGE. ¿Por qué estás tan preocupado?

MUCHACHO. Me colgué en el examen de cálculo, no sé qué voy a hacer ahora.

JORGE. Dios quiere que tú seas feliz, deja tus problemas en sus manos y Él te ayudará.

MUCHACHO. Lo dices con tanta certeza que me lo estoy creyendo.

JORGE. Pues créelo, porque es cierto. Ten, toma estas flores para que te alegres.

MUCHACHO. Me siento más tranquilo, gracias. (Se va.)

(Entra un cojo.)

COJO. Esta dichosa pierna… Hay días que me duele y hay días que me duele más.

JORGE. No se preocupe, buen hombre, pídale a Dios y Él lo escuchará.

COJO. Tú… siendo joven me dices a mí que soy viejo.

JORGE. Yo sufrí mucho, pero ya no más, Dios me dio un nuevo corazón.

COJO. Se nota, te ves tan feliz…

JORGE. Sí, soy feliz, tenga usted estas flores para que también se sienta feliz como yo.

COJO. Gracias, gracias… (Sale contento.)

JORGE. ¡Oh! ¿Qué he hecho? Mi regalo de gratitud a Dios. Esas personas estaban tan tristes, yo sólo quise alegrarlos y ahora no tengo nada que llevarle a Dios.

VOZ. Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.

JORGE. Mi corazón, mi corazón nuevo es lo único que tengo. (Se arrodilla hacia el bautisterio.) De lo recibido de tu mano te devuelvo, toma, oh Dios, mi corazón y hazme recto delante de ti.

(Se corre la cortina y dentro del bautisterio hay una cruz encendida.)

VOZ. Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad.
Dije: “Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.
Por eso orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás.
Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.
Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
Alegraos en Jehová y gozaos, justos y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.
Porque es hora de alabar a Dios, estemos todos en pie y entonemos el himno “Es hora de alabar a Dios” para finalizar.

(Todos pasan al frente para alabar a Dios. Oración Final.)


Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. (Prov 28:13)

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tus misericordias; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Salmo 51:1

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Mateo 11:29, 30


BIENVENIDA (Llevar un globo en forma de corazón.)

Estamos muy contentos con la presencia de todos ustedes, pero tenemos una visita muy especial, el Sr. Globo Corazón. El aceptó nuestra invitación de acompañarnos esta noche. El Sr. Corazón es muy buen amigo, como ven, siempre está sonriente, tiene una hermosa sonrisa.

Pero el Sr. Globo Corazón tiene un problema, es un tanto inflado y mientras más se infla más grande es su sonrisa. (Llenar el globo un poquito.) Y si lo inflamos más, más amplia aún será su sonrisa.

Muchas veces nosotros nos comportamos así, nos inflamos, nuestro corazón se enorgullece. Pero Jesús no está interesado en un corazón grande sino en un corazón humilde. (Explotar el globo con un alfiler.)

Que tú y yo no tengamos un corazón lleno de orgullo, sino uno humilde para que Jesús pueda hacer su morada.

Sean todos muy bienvenidos, porque en el cielo hay fiesta cuando sus hijos se reúnen.


INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos hoy día esperan manifestaciones espectaculares, grandes milagros, grandes señales, pero en lugar de vivir esperando esa agitación emocional, debemos aprovechar la oportunidad que tenemos hoy. En lugar de perder tiempo discutiendo cosas vanas… el look, los panas, quién tiene el mejor carro, la mejor casa, la mejor ropa, debemos someternos al control del Espíritu Santo e impartir el pan de vida a las almas que perecen por falta de la verdad.

Muchos quieren reformar la iglesia, quieren cambiar la iglesia, pero no es la iglesia lo que debemos cambiar, el cambio que necesitamos es aquella transformación del corazón que puede obtenerse únicamente buscando a Dios. Pero debemos buscarlo individualmente para recibir sus bendiciones, rogando para obtener su poder, e implorando fervientemente su gracia para que nuestro corazón sea cambiado y ese es el cambio que necesitamos hoy.

Por eso los jóvenes de la Iglesia de la iglesia ______ rogamos por un nuevo corazón y sabiendo que únicamente tú puedes permitirle a Jesús que entre a tu corazón y te acepte tal cual eres, no importan tus problemas, no importa de dónde vengas, hemos preparado este programa especial para ti.

Para algunos puede que sea sólo una dramatización, pero para ti puede ser el cambio que tu vida necesita, si así tú lo decides.

Veamos, pues, el programa UN NUEVO CORAZÓN.