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2012 - España
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Influencias

25 Minutos y 5 Personajes. Una joven quiere ser popular y para conseguirlo sigue los malos consejos de una mala influencia. Consigue llamar la atención del chico más popular del colegio y acaba embarazada. Nota: Este drama llegó donado por email y aunque no estoy de acuerdo en algunas partes del mismo creo que pueden aprovecharlo para tratar el tema de las relaciones prematrimoniales, los principios y las malas influencias. Personalmente no creo que se tenga que subir a nadie al escenario, como se indica en la obra, porque no creo que sea adecuado hacer chiste o un juego sexual en la iglesia, por el simple hecho de hacer una gracias, ni deberíamos poner a nadie en un compromiso. No es adecuado que bromeemos así entre hermanos. Les dejo con este pensamiento y con su criterio para que su actuación y proceder alabe al Señor.



INFLUENCIAS

PERSONAJES

JENNY
NEGRO
RAQUEL
BLANCO
INGRID






Extra: Voz

ESCENARIO: Una silla en el centro, una mesa colocada a la derecha de la silla, sobre la mesa hay un teléfono, revistas y algunos objetos que se van a necesitar durante la obra.


ACCIÓN

(Se encienden las luces y Negro y Blanco están de pie y de espaldas al público en el fondo del escenario, están en TOC. Ingrid y Raquel entran por la izquierda, conversando, en sus manos traen unos libros, vienen de estudiar. Entran riéndose, como burlándose de alguien.)

INGRID. ¿Ya te diste cuenta de lo que le pasó a Jenny?

RAQUEL. No, ¿qué pasó?

INGRID. Pues que está embarazada.

RAQUEL. (Sorprendida.) No, ¿en serio?

INGRID. Sí, al parecer fue Marco.

RAQUEL. Pero, ¿cómo?

INGRID. Dicen que se le puso muy loca y la calmó.

RAQUEL. ¿Cuándo?

INGRID. Al parecer fue en un baile que se organizó en el cole.

RAQUEL. No lo puedo creer…

INGRID. Pues créelo.

RAQUEL. ¿Jenny? Pero si esa mujer no mataba ni una mosca. Tengo entendido que sus papás son cristianos.

INGRID. Pero ya ves, no siempre el tigrillo sale pintado.

RAQUEL. No lo puedo creer, Ingrid, no lo puedo creer, me cuesta creerlo. Vos y yo estábamos más cerca de caer que ella.

INGRID. Epa, ve vos, ¿dónde dice fáciles?

RAQUEL. Sí, compañera, nosotras no estamos muy bien portadas, como lo estaba Jenny.

INGRID. Bien has dicho “estaba” porque ya, no. ¡Ja, ja! Hasta el mejor mono se le cae el zapote. Chaito Raquel. (Sale.)

RAQUEL. (Muy extrañada.) ¿Qué le pasó a Jenny? ¿Qué la hizo hacer eso?

NEGRO. (Vuelve a ver el público, se ríe.)

(Se apagan las luces. Se encienden de nuevo, solo están Blanco y Negro. Se escucha un portazo y una voz hablar.)

VOZ. ¿Qué pasa? ¿Por qué tiras la puerta?

JENNY. (Entra llorando y tira sus libros).

VOZ. ¿Qué pasa Jenny?

JENNY. Nada, mami, nada pasa. (Sigue llorando, hablando para sí.) Nada mami, nada pasa, solamente que soy el hazmerreír de todo el colegio. Dios, ¿qué daría por ser popular?

NEGRO. (Al escuchar lo que dice Jenny se vuelve muy interesado.)

JENNY. Ya estoy harta de que se burlen de mí. (Se queda pensativa.) Si pudiera una vez, solamente una vez ser como Raquel o Ingrid, ellas son muy populares.

NEGRO. (Sonríe cínicamente.)

JENNY. Fiestas, bailes, pijamadas, lo que me pierdo por no ser popular. Ya estoy harta de mi vida tan estúpida y monótona, quiero vivir la vida loca, ¡sí!

BLANCO. (Se vuelve muy triste.)

NEGRO. (Hablándole a Jenny) ¿Popular, eh? Interesante, muy interesante... Hace mucho que no escuchaba esa palabra. A ver, ¿cuándo fue la última vez que te escuché decir eso? ¡Hum...! Vaya, es la primera vez. (Empujándola por los hombros.) Pero mujer, ¿qué te ha pasado? Ya me estaba oxidando por no tener uso.

JENNY. (Cae al suelo pesadamente, se pone de pie y le dice a Negro) ¿Por qué me empujaste?

NEGRO. (En son de burla.) ¿Te dolió? Pobrecilla. (Se burla.) Tonta, debí empujarte más duro, y hace unos años atrás, no ahora.

JENNY. Un momento. ¿Quién eres? No te conozco.

NEGRO. Claro que me conoces.

JENNY. No, yo no te conozco.

NEGRO. Claro que sí, soy tu lado oscuro, tu lado divertido, me puedes decir “Negro”. Ah, y me puedes hablar de vos, que no soy tan desconocido para vos.

JENNY. ¿Mi lado oscuro?

NEGRO. Claro, tu lado oscuro, yo te permito hacer cosas que te pueden hacer popular.

JENNY. (Interesada.) ¿Popular?

NEGRO. Claro, popular, más que Ingrid y Raquel.

JENNY. ¿En serio?

NEGRO. Por supuesto.

JENNY. ¿Y qué esperamos? ¡Hazme popular!

NEGRO. Un momento, no es tan fácil. Tienes que hacer algunas cosas que no estás acostumbrada a hacer.

BLANCO. (Que ha estado observando la acción. No le hagas caso, por favor, no cometas ese error.

NEGRO. (Molesta.) Tenía que llegar la aguafiestas. (A Blanco.) ¡Vete! Que acá no tines que hacer nada, estás a punto de arruinar a esta muchachita.

BLANCO. ¿Arruinarla? Vos es el que la va a arruinar. Vas a hacer de ella una desdichada.

NEGRO. ¡Bah!, no digas tonterías.

JENNY. ¿Y éste quién es?

NEGRO. Lo que te ha impedido ser popular.

BLANCO. No, Jenny, no le creas.

JENNY. No te metas, que por tu culpa soy el hazmerreír de todo el colegio.

BLANCO. No, Jenny, no es así.

JENNY. Claro que es así, y no me molestes más que estoy a punto de ser popular. (A Negro.) ¿Verdad que sí?

NEGRO. (Mira a Blanco y se ríe.) Sí, amiga, claro que te haré popular.

JENNY. Bien, comencemos entonces.

BLANCO. (Regresa a su lugar, triste, siempre viendo hacia el público.)

NEGRO. (Frotándose la manos.) Bien, bien, veamos. ¿Te gusta alguien en especial?

JENNY. Sí, por supuesto.

NEGRO. ¿Quién?

JENNY. Marco.

NEGRO. ¿El capitán del equipo de futbol?

JENNY. Sí, el mismo.

NEGRO. Vaya, nada mal ¿eh?, nada mal. Y dime: ¿qué harías para hablarle a Marco?

JENNY. (Saludando tímidamente.) Hola, Marco.

NEGRO. Por favor, ¡qué absurdo! ¿Cómo pretendes llamar la atención de Marco de esa manera? No, no, no. Necesitas algo más convincente, algo que lo haga atontarse por completo. (Se dirige a la mesa y coge una botella y una caja de cigarrillos, y se los da a Jenny) Toma, a Marco le gustan las mujeres que fuman y toman como él.

JENNY. Pero yo no sé ni tomar ni fumar.

NEGRO. Ya aprenderás. Solo necesitas un poco de práctica.

BLANCO. (Comienza a entristecerse.)

JENNY. (Toma la botella y un cigarrillo.)

NEGRO. Bien, ahora, ¿cómo le hablarías a Marco?

JENNY. (Tímida.) Hola, Marco.

NEGRO. No, no, así no. Dame. (Le quita la botella y el cigarrillo.) Así, observa. Llegas donde Marco, estás en una fiesta, nadie te invitó, pero llegas. Ves a Marco en el fondo de la habitación, te acercas a él, con el cigarrillo en la mano y le decís (muy sensualmente) Hola Marco.

JENNY. ¡Huy, no, qué vergüenza!

NEGRO. Por favor, ¿cómo pretendes ser popular si para hacerlo necesitas ser la novia del chico más popular del colegio? Mucho lo vas a lograr siendo una simple mostacilla… ¿Cómo crees que Ingrid y Raquel se hicieron populares? No, mujer, si quieres ser popular tienes que dejar muchas cosas. (Recordándoselo.) Como te lo dije.

JENNY. (Toma la botella y el cigarrillo y trata de imitar la posición que hizo Negro.)

NEGRO. Muy bien, eso es, así me gusta. (Se queda observándola.) Un momento.

JENNY. ¿Qué?

NEGRO. (Le saca las faldas de la camisa y le hace un nudo en uno de los lados, le suelta el pelo.) Eso es, sexy, muy sexy.

JENNY. ¡Huy, no, qué vergüenza!

NEGRO. No comencemos de nuevo. Ahora sí vamos a ver qué tal lo haces:

JENNY. (De nuevo trata de imitar la postura que hizo Negro y dice…) Hola, Marco.

NEGRO. (No muy convencido.) No sé, todavía falta algo. (Pensativo.) A ver... Déjame ver... ¡Hum...! Ehh...! Ya está, cómo no, eso es.

JENNY. (Que ha estado al tanto de lo que dice Negro.) ¿Qué?

NEGRO. Espérate y verás. (Baja al público, saca a un hombre y lo lleva al escenario.) Listo, piensa que él es Marco y le decís eso.

JENNY. ¡Huy, no, qué vergüenza!

NEGRO. Otra vez… Mira, no seas tan ridícula, anda, haz lo que te dije.

JENNY. (Un poco temerosa.) Bueno. (Tomando la posición que le enseñó Negro.) A ver... ¿Era así? No, no... Veamos... ¡Ajá! Ahora, sí. (Camina hacia el tipo que Negro sacó del público. Lo mira a los ojos) No, no, no puedo.

NEGRO. Sí, sí puedes, no seas tan inútil. Recuerda, quieres ser popular. Vamos de nuevo, vos puede.

JENNY. Bien, bien, yo puedo, yo puedo, yo puedo. (De nuevo toma la posición. Respira profundo.) Aquí vamos. (Camina hacia el tipo.) Hola Marco (Le dice cuando llega) No, no, no puedo.

NEGRO. Sí, sí, lo hiciste bien. Pero aún te falta.

JENNY. Enséñame entonces cómo es.

NEGRO. No, no hace falta, creo que así está bien. (Le dice al tipo que se siente.) Bien, ya has conquistado a Marco, y ahora...

BLANCO. (Interrumpe.) Y ahora él te seducirá, te invitará a unos tragos y luego, quedas embarazada.

JENNY. (Asustada.) ¿Embarazada?

NEGRO. No, no, para eso existe la protección.

BLANCO. Y tu dignidad, ¿dónde queda, Jenny? ¿Tu promesa de conservarte para la persona que amas? ¿Qué sucede si Marco no te hace caso? ¿Vas a permitir eso?

NEGRO. (Empujando a Blanco.) No te metas, que ella quiere ser popular y con vos como consejero nunca va a lograrlo.

BLANCO. (Se levanta del suelo.) De acuerdo, lo dejo, yo no obligo a nadie a que me haga caso y respeto lo que esa persona decida, aunque por dentro me está haciendo pedazos el corazón. (Mira a Jenny.) Y vos Jenny, ¿estás segura de lo que haces?

JENNY. (No muy segura, asiente con la cabeza.)

BLANCO. Bien, me aparto. Pero Jenny, quiero que sepas que no me iré, y cuando me necesites, ahí estaré. ¿De acuerdo?

NEGRO. ¡Ay! Ya, vete, que Jenny nunca se va a arrepentir.

BLANCO. (Vuelve a lugar donde estaba y le da la espalda al público.)

NEGRO. Bueno, ya que no nos molestará más, y como ya estás lista para dar el primer paso, es hora de entrar en acción.

JENNY. ¿Ya?

NEGRO. Sí, ya.

JENNY. Pero yo esperaba que me enseñaras más.

NEGRO. Necesitas dar el primer paso; yo te enseñé cómo hacerlo, ahora tienes que darlo y después verás que todo es muy fácil.

JENNY. Pero, ¿así, nada más?

NEGRO. Sí, sí, así. Hay un baile en el cole, allí de seguro estará Marco. Será tu oportunidad.

JENNY. Pero si nunca he entrado a un lugar de esos.

NEGRO. Nunca es tarde para hacerlo. Vamos, tienes que ponerte sexy.

JENNY. ¿Qué?

NEGRO. Recuerda, popular.

JENNY. Bueno, está bien.

(Salen del escenario y se apagan las luces. Después de unos segundos se encienden de nuevo. Negro está sentado esperando a Jenny.)

JENNY. (Entra por la izquierda, muy triste.)

NEGRO. (Se pone de pie.) ¿Qué pasó?

JENNY. (Levanta la cabeza, lo mira y la vuelve a agachar.)

NEGRO. ¿Marco no te hizo caso? Necesitamos ensayar más esa entrada. Estoy seguro.

JENNY. No, eso no, Marco sí me hizo caso.

NEGRO. Perfecto. Entonces, ¿por qué esa cara?

JENNY. Es que...

NEGRO. Te invitó a bailar y vos no sabes. Tenías razón, debí enseñarte más.

JENNY. No, eso no, Marco no me invitó a bailar, me llevó afuera del gimnasio y me besó.

NEGRO. Genial, es... es... es súper, es maravilloso, simplemente... genial.

JENNY. Ni tanto, me besó, y me besó, y me gustó, y él me abrazó, luego me llevó detrás de la dirección y me siguió besando, y poco a poco no comenzamos a desvestir y bueno... él... y... yo...bueno... vos sabes...

NEGRO. Oh, no lo puedo creer, saliste toda una fiera. ¡Quién te ve!

JENNY. Yo no estoy muy contenta que digamos. (Se queda callada por unos segundos.) Creo... creo... que estoy... que estoy embarazada.

BLANCO. (Se vuelve.)

NEGRO. ¿Cómo?

JENNY. Que estoy embarazada.

NEGRO. ¿Ves? Por no hacerme caso, por andar de sometida.

JENNY. Hice todo lo que me dijiste.

NEGRO. Ah, ¿y ahora me quieres echar la culpa?

JENNY. (Llorando.) ¿Y qué van a decir mis papás y los pastores? ¿La gente en el colegio y en le calle? Me van a señalar.

NEGRO. A mí no me importa lo que digan los demás, es a vos a quien van a ver.

JENNY. (Llorando.) Pero vos me metiste en esto.

NEGRO. ¿Yo? Vos fuiste quien decidiste hacerlo.

JENNY. (Llorando.) No me dejes sola.

NEGRO. Lo siento, no me acuerdo de vos, vos sois historia para mí. Adiós. (Sale.)

JENNY. (Llorando.) No me dejes, por favor, no me dejes... Y ahora, ¿qué haré? Embarazada, sola y despreciada.

BLANCO. (Se acerca a Jenny.) No estás sola.

JENNY. (Levanta la vista, se limpia las lágrimas.) ¿Vos?

BLANCO. Sí. Recuerda lo que te dije.

JENNY. Sí, pero no soy digna de que me ayudes.

BLANCO. No me importa si sois digna o no, solo quiero ayudarte.

JENNY. ¿De verdad me quieres ayudar?

BLANCO. Todo el tiempo quise intervenir pero estabas tan cegada por lo que te estaba diciendo ese tipo que no me pusiste atención. (Le da un pañuelo para que se seque las lágrimas.) Toma.

JENNY. (Toma el pañuelo y se seca las lágrimas.)

BLANCO. Yo he dado mi vida por vos, porque te amo y quiero ayudarte. Ahora tienes que recibir el pago de tu pecado. Pero no por eso dejaré de amarte. ¿De acuerdo?

JENNY. (Asiente con la cabeza.)

BLANCO. Bien, estamos juntos en esto y juntos vamos a salir adelante. (Le extiende la mano.) Toma mi mano.

JENNY. (Toma la mano de Blanco.)

(Salen del escenario. Las luces se apagan. Después de unos segundos se encienden de nuevo. Raquel, Blanco y Negro están en las posiciones en que quedaron al principio.)

RAQUEL. Me gustaría saber qué fue lo que pasó en realidad con Jenny. (Sale).

NEGRO. (Sale detrás de Raquel.)

BLANCO. (Sale detrás de Negro.)

(Se apagan las luces.)


FIN

El rechazo

13 Minutos y 4 Personajes. Obra con mucha carga mímica. Un joven rechaza varias veces a Jesús que quiere acompañarlo allí donde va.


EL RECHAZO




PERSONAJES

JOVEN
AMIGO 1
AMIGO 2
JESÚS

Jesús se pone atrás de la silla donde está sentado el joven y se queda ahí hasta el fin del drama con una expresión tierna en su cara y observando lo que sucede.

El joven se sienta en una silla junto a una mesa con teléfono en medio del escenario. El joven en voz alta dice que quiere seguir a Dios más fielmente. Se compromete a leer su Biblia, estudiarla, y ser más dedicado a las cosas del Señor. No va a ir a las fiestas con sus amigos porque se da cuenta de que eso le hace decaer espiritualmente. Esa noche se queda en su casa dedicado a leer su Biblia.

Suena el teléfono. Lo contesta y unos de sus amigos le invitan a una fiesta. Con varios pretextos dice que no puede, que tiene mucha tarea, que no puede salir, etc. El joven lee Romano 1:16 "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego". El joven habla en voz alta de lo que dice el versículo. Un amigo llega y simula que toca a la puerta. Sin levantarse el joven sentado le da permiso que entre. Su amigo le invita a la fiesta de nuevo, diciéndole que van a disfrutar mucho, que las chavas, que la cerveza, etc. El joven se queda sentado, y el amigo descubre que está leyendo su Biblia. Entonces se burla de él, y por fin se va.

El joven lee Romanos 12:1, 2 "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino trasformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". El joven sigue hablando en voz alta acerca de la necesidad de ser diferente y santo en este mundo, presentando su cuerpo como sacrificio vivo. Pero se nota que no está demasiado cnvencido de su decisión de quedarse... Su actitud es más de obligación que de compromiso.

El amigo regresa a la puerta, entra, y otra vez empieza a burlarse del joven, repitiendo los detalles de la fiesta, etc. Después de unos minutos de pretextos el joven decide ir a la famosa fiesta, y le dice que necesita un minuto para arreglarse. El "amigo" lo espera en su carro, sale, mientras que el joven se arregla. Camina hacia la puerta y Jesús lo sigue. El joven da vuelta y le dice a Jesús: "Mira, no puedes ir conmigo esta noche. Quédate aquí, por favor" y pone a Jesús atrás de la silla.

Se vuelve a ir y otra vez Jesús lo sigue. Otra vez el joven le dice que no puede ir porque no va a estar a gusto donde va a ir él. Otra vez le pone atrás de la silla. Por tercera vez el joven sale y Jesús lo sigue. Esta vez el joven se enoja y tomándolo de los hombros le dice a Jesús: "No te lo voy a decir más, no puedes ir conmigo" (Con voz exclamativa.) El joven se va rápido con su amigo y deja a Jesús sólo y muy triste.

(Luego, como si se regresara el tiempo, hasta donde el amigo toca por segunda vez la puerta del joven, se repite lo que sigue.)

El amigo regresa a la puerta, entra y otra vez empieza a burlarse del joven, repitiendo los detalles de la fiesta, etc. El joven se mantiene fiel, y le responde a su amigo que no podría deshonrar a Jesús en ir a la fiesta ya que Dios es un Dios santo. Después de un rato de insistir y burlarse, el "amigo" se enoja y da por terminada su amistad, dirigiéndose a la puerta para irse, el joven trata de suavizar las cosas y mantener su amistad (realmente le duele perder a su amigo).

Después de unos segundos, Jesús deja su lugar atrás de la silla y abraza al joven; él voltea y sonríe con Jesús.

La silla

10 Minutos y 4 Personajes + Extras. Un joven se va apartando más de la iglesia, se junta con malas compañías y no se da cuenta de que se ve envuelto en el pecado. Cuando quiere salir no puede hacerlo solo y finalmente con la ayuda de su pastor logrará salir de ese trance.


LA SILLA
Mérida Fauré Roa




PERSONAJES

SAMUEL (Cristiano descarriado)
AMIGOS DEL MUNDO
ANA (Amiga cristiana)
HOMBRE FUERTE
PASTOR

La escena ocurre en una plaza. Hay varios asientos (uno de ellos tiene un cartel con la palabra “PECADO”. Samuel está junto a un grupo de amigos que están fumando y bebiendo. Están de pie. Conversan de fiestas y otros acontecimientos. Los amigos ofrecen cigarros y alcohol a Samuel, quien al principio no acepta pero luego, temeroso, acepta fumar un poco. Más tarde el joven se retira.

SAMUEL. Amigos, ya debo irme. Tengo que llegar temprano a casa porque mis padres van a salir. (Comienza a despedirse de ellos.)

AMIGOS. ¿Acaso tus padres todavía te mandan? ¡Quédate un momento más! ¡Bebe un poquito! (Lo molestan porque tiene que retirarse, lo invitan a quedarse, le ofrecen alcohol y cigarros pero Samuel se niega, se despide, y camina hacia su hogar.)

(Camina unos pocos pasos y ve que su amiga de la iglesia, Ana, se acerca. Se coloca un poco nervioso, intenta regresar al grupo de amigos para que Ana no lo reconozca, pero ya es demasiado tarde…)

ANA. ¡Hola, Samuel! Qué gusto me da verte. Hace tiempo que no te veía. ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué no has ido a la iglesia? Te echamos de menos, se nota tu ausencia.

SAMUEL. Hola Ana. Bueno, es que no he tenido tiempo. Además, ya no tengo muchos deseos de asistir al culto.

ANA. Pero, ¿por qué? ¿Acaso Dios ya no es importante para ti?

SAMUEL. Lo que pasa es que tuve algunos problemas con el pastor y otros hermanos. Me han calumniado. Quería hacer grandes cosas para beneficio de la obra de Dios, pero ellos no comprendieron, no me quisieron ayudar. Además, en esos momentos difíciles me sentí tan solo y nadie estuvo conmigo. Si Dios me hubiese amado, no habría permitido que eso aconteciera. Por eso no quiero ir más a la iglesia. Todos me han desilusionado. Además, ya tengo un grupo de amigos que son súper buenos.

ANA. Pero Samuel, lo que tienes que tener presente es que Dios sí te ama. No importa que los demás te desechen, nuestro Señor nunca lo hará. Jesús tuvo confianza en ti, tú no lo puedes defraudar. Él nunca pondrá en tus hombros más carga de la que puedas llevar. Si pasaste por ese tipo de dificultades es porque Dios quiere hacer algo importante en tu vida, te está esperando para que cumplas una misión.
Asimismo, los seres humanos se equivocan, no podemos mirar a quienes van al frente como seres que no les es lícito errar. Son personas, al igual que nosotros, con virtudes y defectos.
También tienes que pensar que posiblemente no les expresaste claramente lo que anhelabas. Puede ser que no te hayan comprendido bien la idea o puede que… (Samuel la interrumpe.)

SAMUEL. ¡Ya, Anita! Lo que pasa es que tú estás en el primer amor. Yo no. Disculpa, debo irme. Otro día hablamos. (Se despide.)

ANA. Bueno, Samuel, pero oraré por ti. Sé que el Señor te va a ayudar. (Se va.)

SAMUEL. (Se detiene, ve varios asientos, se acerca a uno de ellos el cual tiene un cartel pegado en el respaldo que dice: “PECADO”. Él no se da cuenta y se sienta.) Anita está fanática, bueno, al menos se ve feliz. ¡Se me había olvidado, mis padres tienen que salir, debo irme!

(Samuel intenta levantarse, pero no puede, está pegado a la silla. Hace innumerables intentos para desprenderse de ella pero le es imposible. Comienza a desesperarse. Llama a sus amigos que están cerca para que le ayuden.)

POr favor, ayúdenme, no puedo pararme (los amigos en principio no le creen pero luego se dan cuenta que es verdad, intentan pararlo pero no pueden. Se aburren y se van.)

(El joven desesperado grita pidiendo ayuda. aparece un hombre fuerte, musculoso el cual se jacta de su fuerza.)

HOMBRE FUERTE. ¿Qué te ha pasado, muchacho? ¿No puedes pararte de esa endeble silla?

(Samuel le cuenta lo que ha pasado y pide que lo ayude.)

HOMBRE FUERTE. No te preocupes, yo te ayudaré; pero te advierto que vas a salir volando… (Comienza a tirarlo, hace gestos de estar realizando mucha fuerza pero no logra pararlo.)

(Cuando está el hombre fuerte intentando parar a Samuel pasa Ana. Al ver que es su amigo se acerca a él y el joven le cuenta lo que ha pasado. Ana dice que va a buscar ayuda y vuelve. Regresa con el Pastor de la Iglesia.)

SAMUEL. Pero, ¿por qué trajiste al pastor? Si este hombre que es más fuerte que él no me ha podido ayudar, ¡menos lo hará el!

PASTOR. Pero Samuel, ¿por qué te sentaste ahí? ¿No viste lo que decía? (Le muestra el cartel con la palabra "Pecado".)

SAMUEL. Pero si es sólo un trozo de cartón, además, ¿qué tiene que ver conmigo? Si usted vino a reprenderme es mejor que se vaya.

PASTOR. Yo te vine a ayudar.

(Samuel estira sus brazos para que el pastor comience a tirarlo pero el pastor se hinca y comienza a orar en voz alta, y pide al Señor que levante a Samuel de esa silla. Samuel indignado le grita.)

SAMUEL. Pero, ¿cómo se le curre ponerse a orar en este momento? ¡Es lo único que me faltaba! Un fanático orando y yo aquí tengo que escucharlo, ¡porque no me puedo parar! (Le grita al Pastor que se calle, le toca el hombre desesperado e indignado.) ¿Acaso piensa que con su oración yo podré pararme? (Hace intento de levantarse y se para fácilmente. Se sorprende. No lo puede creer. Se ha levantado y nadie lo tiró para que lo hiciera. Entonces comprende que fue la oración de su pastor la que lo levantó. Se arrodilla al lado del pastor, lo abraza y le dice que gracias a su oración se ha levantado. Le pide perdón por su incredulidad. Por no haberse dado cuenta que poco a poco se estaba haciendo esclavo del pecado y que ya se le estaba haciendo imposible salir... Llora, el pastor lo abraza.)

La juventud que nos rodea

15 Minutos y 10 Personajes. Mostrar a los jóvenes los peligros de las malas compañías y la felicidad duradera que produce la asociación con otros cristianos.

LECTURA BÍBLICA: 1 Samuel 16:7

LA JUVENTUD QUE NOS RODEA

PERSONAJES

PADRE
MADRE
JULIO
MARÍA
GUILLERMO
TOMÁS
PASTOR
SEÑORITA
DIRECTOR JÓVENES
NARRADOR


La juventud actual de la iglesia presenta un verdadero desafío para todo dirigente de jóvenes. La competencia por las mentes de la juventud, es mucho mayor ahora que una generación atrás. Las innumerables atracciones mundanas han rebajado los gustos morales de la juventud y, en gran medida, han relajado también la vida espiritual de muchos de nuestros propios jóvenes. Entre los instrumentos más eficaces que usa Satanás contra los jóvenes figuran las malas compañías. Debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para ayudar a los jóvenes a darse cuenta de la importancia de sus amistades y deducirlos a relacionarse sólo con personas que tengan blancos elevados y que persigan ideales nobles.


ESCENA 1

(Una sala con sillones, mesas, lámparas y otros muebles. Una madre aparece sentada en una de las sillas, mientras lee. El padre lee el periódico. Un joven está sentado y mira ociosamente a su alrededor.)

PADRE. (Hablando a la madre.) ¿Sabes que el mundo se torna cada día un lugar peor para la juventud?

JULIO. Sí; y a veces me parece un lugar no muy interesante.

PADRE. Escuchen dos noticias que acabo de leer en este periódico. (Leer alguna historia de algún periódico local acerca de la delincuencia juvenil, pandillas o cosas así.)

MADRE. Es una pena que esa juventud sana, fuerte e inteligente se entregue a actos tan terribles de violencia. A menudo me preocupo pensando qué podemos hacer para salvar a la juventud de la iglesia. Precisamente leía ahora acerca de la influencia de los compañeros en la juventud. Me doy cuenta cuán tremenda es la influencia de los amigos sobre nuestra vida cuando somos jóvenes. Escuchen: “Los jóvenes que salen de su casa y dejan de estar bajo el cuidado vigilante de los padres, hacen hasta cierto punto solos la elección de sus compañeros. Deberían recordar que está sobre ellos la mirada del Padre celestial, y que él ve cada una de sus necesidades, de sus tentaciones. Siempre se encuentran en las escuelas jóvenes que por su conducta revelan que sus mentes han sido formadas en un molde inferior. La preparación desacertada que han recibido en la niñez no ha desarrollado equilibradamente sus caracteres; y al avanzar ellos en años, sus defectos han permanecido y echado a perder su experiencia. Estas almas hacen desviar por precepto y ejemplo a los que son débiles en fuerza moral. El tiempo es oro, queridos jóvenes. No pongáis en peligro vuestras almas cometiendo los excesos de la juventud. No podéis permitiros el ser descuidados en cuanto a los compañeros que escogéis. Espaciaos en lo que es noble en el carácter de otros, y estos rasgos llegarán a ser para vosotros un poder moral para resistir el mal y escoger el bien. Fijaos un blanco alto. Vuestros padres y maestros, que aman y temen a Dios, podrán seguiros día y noche, con sus oraciones, podrán rogaros y amonestaros, pero todo esto será en vano si escogéis compañeros indiferentes. Si no veis peligro real y pensáis que lo mismo podéis hacer el bien que el mal, según os parezca, no discerniréis que la levadura de impiedad está inficionando y corrompiendo de un modo insidioso vuestra mente”.

PADRE. Es verdad. Cuando recuerdo mi vida pasada más me convenzo de que mis amigos cristianos fueron la mejor influencia de mi vida.

JULIO. Mamá, ¿podrías leer otra vez eso acerca de la mirada del Padre Celestial? ¿Cómo dice?

MADRE. Dice así: “Los jóvenes… deberían recordar que está sobre ellos la mirada del Padre Celestial”.

JULIO. (Se pone de pie para salir.) ¡Y pensar que realmente soy observado por Dios!

(Todos salen. Cantan Himno “Salvador a ti me rindo”.)


ESCENA 2

(Una sala con 5 ó 6 jóvenes, o menos si es necesario. Entra Julio y saluda a sus amigos.)

JULIO. ¿Qué hacen?

MARÍA. Estábamos comentando acerca de cuán muerto es este lugar por la tarde después del servicio matinal. Nuestra Sociedad de jóvenes no presenta reuniones interesantes y fuera de eso no hay nada más que hacer.

TOMÁS. Sé que los muchachos de la escuela secundaria van a jugar fútbol esta tarde. Podemos ir allá y entretenernos un rato.

GUILLERMO. El partido lo transmitirán por radio, por lo menos escuchémoslo.

JULIO. ¡Pero no me explico que les pasa! ¿No se dan cuenta de que somos observados?

MARÍA. ¿Qué somos observados? ¿Por quién?

JULIO. Por nuestro Padre Celestial

(Los jóvenes se quedan por un momento mirando a Julio y luego sueltan la risa.)

GUILLERMO. ¡Vaya Julio, si ya pareces pastor! Probablemente deberíamos nombrarte capellán del grupo.

(Todos celebran la agudeza con risitas.)

JULIO. Es probable que les resulte graciosa mi actitud. No obstante, no creo que lleguemos muy lejos sin altos ideales en nuestra vida. Y el supremo ideal para cada individuo es el de ser buen cristiano. A muchos jóvenes puede parecerles más ilógico dejar el problema de la religión para cuando sean viejos. Sin embargo, no todos los jóvenes llegan a viejos. Por otra parte, esta postergación por regla general no resulta. Ustedes pueden ir a donde deseen o pueden encender la radio y escuchar el partido. Por mi parte, voy a la sociedad de Jóvenes. Ojalá todos ustedes quisieran acompañarme (Julio sale.)


ESCENA 3

(Lo siguiente se oye a través de un micrófono; no aparece ningún personaje.)

NARRADOR. Los padres de Julio conversan en su casa acerca de su hijo.

PADRE. Últimamente, he estado muy preocupado por los amigos de Julio. Siempre me he hecho ilusiones de que nuestro hijo se ponga un ideal elevado en la vida, que elija los mejores amigos y que nunca pierda su confianza en el Señor.

MADRE. A mí me pasa exactamente lo mismo. En estos últimos días he estado siempre muy preocupada por Julio. Ahora mismo me gustaría saber qué está haciendo. Salió con la idea de asistir a la sociedad de jóvenes, pero como tantos jóvenes han perdido su interés en esas reuniones, solamente deseo que Julio tenga el valor de proceder como él sabe que es correcto. ¿Qué te parece si ahora mismo oramos por él?

NARRADOR. Seguramente, puesto que los padres y el hijo están convencidos de la poderosa influencia de las compañías, Julio ha de salir victorioso. Él permanecerá fiel a Dios.

(Himno “Oh que amigo nos es Cristo”.)


PANEL

(Participantes: El Pastor, un joven y una señorita, una madre y un dirigente de jóvenes. Cada uno puede ampliar los puntos sugerentes correspondientes.)

PASTOR. Algunos de los puntos en los cuales la iglesia puede ayudar a la juventud son los siguientes:

La iglesia puede ayudar a la juventud a desarrollar la cualidad superior de la mente humana: la reverencia a Dios.
La iglesia puede indicar a la juventud la paz y seguridad para ahora y la felicidad eterna para el futuro.
La Iglesia puede ofrecer magnificas oportunidades para sus jóvenes en la obra misionera local y en los campos misioneros. Es una tarea que exige la fortaleza de la juventud. La iglesia puede hacer comprender a los jóvenes que ellos le pertenecen.


JULIO. Lo que deseo encontrar en mis compañeros…

SEÑORITA. Lo que yo espero de mis amigas…

MADRE. Cuando mis hijos jóvenes comienzan a buscar amistades, yo trato de encontrar en ellas las siguientes cualidades…

DIRIGENTE DE JÓVENES.
Proveer una oportunidad para que los jóvenes desarrollen la capacidad de dirigir.
Encargar a los jóvenes la responsabilidad de seguir a su Maestro y compartir su fe
Fomentar la camaradería entre jóvenes de la misma fe en una organización que estimula los principios de la verdadera vida cristiana.
La sociedad de jóvenes es un lugar donde la juventud cristiana puede tener compañeros verdaderos, inspiradores y cristianos.

(Para terminar, invítese con mucho tacto a los miembros para mejorar la sociedad de jóvenes y anúnciese los planes para la próxima reunión social, una reunión social para salvar.)

Apartado para Cristo

8 Minutos y 7 Personajes. Pepe, un niño que le encantaba ir a la iglesia, cambia su actitud frente a ésta y no desea asistir más.


APARTADO PARA CRISTO


PERSONAJES

NARRADOR
PADRE
MADRE
HIJOS: dos niños en edad escolar
HIJOS: dos jóvenes

ESCENA UNO

(Los padres están alrededor de la mesa listos para empezar el devocional familiar.)

NARRADOR. (Voz en off.) Desde niño sus padres lo dedicaron a Jesucristo frente a la congregación de la iglesia a la cual asistían. Iba todas las semanas a la Iglesia, y participaba de las actividades de entre semana y de las actividades especiales durante el verano. Le encantaban los concursos en la Escuela porque era el que más sabía en su clase y siempre ganaba. Era puntual, le gustaba ser el primero en llegar a la clase para poder ayudar a su maestra; por eso se sentía mal cuando su mamá o su hermano se retrasaban.

MADRE. Hijos salgan ya de su cuarto que la hora avanza y no quiero que lleguen tarde a la escuela.

(Entran los hijos y se sientan alrededor de la mesa junto a sus padres.)

MADRE. ¿Quién quiere leer la Biblia hoy?

PEPE. ¡Yo, yo!

PADRE. Está bien, pero mañana le tocará a tu hermano, porque tú siempre la lees.

PEPE. Lo que pasa es que a él no le gusta leerla y a mí, sí. Bueno, leamos: Salmo 1:1-3. (Lee el pasaje bíblico.)

PADRE. Oremos. Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, Danos el pan de cada día y perdónanos como nosotros perdonamos a los demás. Líbranos de todo peligro, en el Nombre de Jesús, amén.

(La familia se despide y todos salen de escena.)


ESCENA DOS

NARRADOR. (Voz en off.) Ya han pasado varios años en esta hermosa familia. Los hijos crecieron y los padres continúan activos en sus trabajos y en la congregación, sin dejar de fomentar el altar familiar y la asistencia a la iglesia. Lamentablemente algunas cosas han cambiado, sobre todo en la vida de Pepe. Ya no es el mismo niño de antes.

(De aquí en adelante los padres muestran el paso de los años en su apariencia, y los dos hermanos están representados por los jóvenes. El padre, la madre y el otro hermano están sentados alrededor de la mesa.)

PADRE. Pepe, date prisa que te estamos esperando para empezar el devocional.

PEPE. (Asomando la cabeza.) ¿Por qué no empiezan sin mí? Todavía me falta mucho para terminar de arreglarme. No quiero a ir a la escuela desarreglado solo por tener que leer la Biblia y orar.

(Los padres y su hermano se quedan asombrados al escuchar el comentario de Pepe; se miran unos a los otros y suspiran.)

MADRE. Pepe, sal de tu habitación ahora mismo. Y si es que vas a necesitar más tiempo para arreglarte, te sugiero que pongas tu alarma media hora antes de lo acostumbrado. No vamos a empezar el devocional sin ti, tú eres parte de esta familia.

(Pepe se une de mala gana a su familia. Hacen el devocional y salen de escena.)

NARRADOR. (Voz en off.) ¿Qué estaba pasando con Pepe? Era como si no estuviera presente. Su mirada estaba perdida en el vacío, no tenía interés, no había pasión por escuchar la lectura de la Biblia o estar junto a su familia. Este fue el punto que marcó la diferencia en la vida de Pepe; fue una de las tantas veces en que sus padres tuvieron que casi forzarlo para que participara en el devocional familiar y las demás actividades, incluyendo asistir a la iglesia.



ESCENA TRES

(Todos, menos Pepe, están arreglados y con su Biblia en la mano para ir a la Iglesia.)

PADRE. Pepe, solo faltas tú, te estamos esperando.

PEPE. No quiero ir a la Iglesia hoy. Mis amigos me invitaron a un concierto y prefiero acompañarlos a ellos. Perdóname que no te lo dijera antes pero, ¿me das permiso para ir con ellos?

PADRE. Pero hijo, ¿cómo se te ocurre eso? Tú sabes que hoy lo dedicamos a Dios y a estar unidos como familia. ¿O ya se te olvidó que te gustaba ser el primero en llegar a la clase?

PEPE. Papá yo he cambiado y los tiempos también. En aquella época yo era un niño, pero ahora ya soy un joven. Tengo otras cosas que hacer, no solo ir a la iglesia.

MADRE. Hijo, sí he visto tu cambio hacia las cosas de Dios últimamente pero en realidad me sorprende tu actitud y que te expreses de esa manera.

HERMANO. Mamá, Papá, si él no quiere ir, que se vaya con sus amigos. Vámonos nosotros.

PADRE. ¿Sabes qué, Pepe? En esta casa hay reglas, y se tienen que cumplir. Diles a tus amigos que tú tienes seis días más para acompañarlos, pero que hoy es el día del Señor y de la familia.

(Salen todos.)

NARRADOR. (Voz en off.) Durante los días que siguieron a este episodio hubo mucha tensión en el hogar. La madre trataba de mostrarse fuerte, pero en su interior estaba destruida. Ella sabía lo que estaba pasando dentro de su hijo; lo comprendía porque ella había sido criada de la misma manera que ella y su esposo lo habían criado a él. Pero un día, al igual que Pepe, ella se llenó de dolor, rebelión y frustración, y empezó a llenarla una frialdad y apatía hacia las cosas de Dios y de la familia. La madre lo entendía, pero le dolía. Porque también sabía por lo que su hijo tendría que pasar para volver a experimentar el gozo del Señor. Sabía que Dios lo iba a tener que moldear, y eso no iba a ser fácil, iba a doler. Ella tenía un consuelo. En su corazón sabía que un día Dios iba hacer la obra en su hijo, porque se apoyaba en una gran promesa que Dios le había dado en su Palabra: "Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo, no se apartará de el”. Pepe se había olvidado de Dios, pero Dios no se olvidó de él. Esa madre sabe que algún día él volverá y será diferente. Ese hijo todavía va a la 1glesia de vez en cuando. Dice que ama a Dios. Pero el ambiente ha sido más fuerte; los amigos y las actividades no lo dejan acercarse al verdadero Camino. Pero un día todo cambiará, él volverá. Sí, él volverá.

Corazón roto

10/15 Minutos y 6 Personajes. Una joven entrega su corazón a su novio, amigos, etc. y todos le decepcionan. No tiene confianza para entregárselo a nadie más por el dolor causado. Jesús le explica cuánto la ama y se lo entrega a él.
CORAZÓN ROTO
PERSONAJES

JOVEN PROTAGONISTA
AMIGO/NOVIO/EX−NOVIO
JOVEN 2
AMIGO 1
AMIGO 2
JESÚS


Entra una joven y se pone en medio del escenario. Toma su propio corazón en las manos, sacándolo de su cuerpo con mucho cuidado. Se ve que tiene vida por las caricias y movimientos de las manos (simula con el movimiento de sus manos que el corazón está latiendo). Entra un joven, y ve a la muchacha con su corazón en las manos. Él trata de conquistarla así, poco a poco, ganando su confianza. Por fin confía totalmente en él, y andan felices como novios un tiempo. Durante este tiempo la muchacha le da su corazón al joven.
Entra otra chica. Da unas dos vueltas alrededor de la pareja feliz. Después de un poco de tiempo el joven sigue a la nueva chica tirando el corazón de la primera sobre su hombro. La muchacha se pone muy triste. Recoge su corazón roto del piso y trata de componerlo. Después de un rato el corazón empieza a tener un poco de vida.
Entran dos jóvenes muy sociables. Ven a la muchacha y empiezan a hablar con ella. Parece que los tres pueden desarrollar una amistad bastante estrecha, con mucha confianza. Ellos ven su corazón. Ella es muy miedosa después de su primera experiencia, pero luego les da a ellos su corazón. Por un minuto lo tratan como un gran tesoro, pero después juegan con su corazón como con una pelota entre los dos, con ella en medio (la muchacha empieza a mostrarse triste y confundida). Se cae el corazón y ellos se salen disculpándose y riéndose disimuladamente. La muchacha recoge su corazón del suelo, hecho pedazos. Se pone más triste. Tiene su corazón en las manos, y se ve que el corazón ya casi está muerto.
Entra Jesús, la ve tan triste y la abraza y trata de calmarla. También quiere su corazón, pero ella ya tiene bastante desconfianza. Él le explica con los brazos extendidos que él murió por ella; le ama y le hace entender que nunca la va a dejar. Por fin, ella le da a él su corazón, que en sus manos está realmente seguro. Los dos se abrazan, y ella tiene una expresión de alegría y mucha confianza.

Todo lo bello no siempre sabe bien

25 Minutos y 10 Personajes. Una joven se deja aconsejar por varios personajes que la llevan a un camino alejado de Dios. Siente que su vida no está limpia y no es merecedora de perdón pero su padre la ayuda para que busque a Dios y confíe en el sacrificio de su hijo Jesús.


TODO LO BELLO SIEMPRE SABE BIEN


PERSONAJES

HOMBRE
VALERIA
DESOBEDIENCIA
PADRE
ENVIDIA
ROMINA
AMBICIÓN
ENRIQUE
DESEO
PERDICIÓN


(Entra un hombre a escena, sucio, mal vestido y tambaleando.)

HOMBRE. Auxilio, ayuda, me siguen, están por todas partes... Lo he perdido todo: mi vida y mi paz y ahora no me queda nada...

(Sube al escenario como puede y exclama delante de todos…)

HOMBRE. Por favor, escóndanme, que si él me agarra estoy perdido; pero si yo no hice nada, ojalá nunca les pase lo que a mí.

(Salen unos brazos dentro del telón y se llevan al hombre.)

HOMBRE. ¡NOOOOO......!

(Apertura del telón.)

VALERIA. Otro día más, las mismas cosas, la misma gente..., ¡Qué aburrido! (pausa al hablar). Lo único interesante está en la televisión.... ¡Sí! ¡Cómo me gustaría ser parte de ese mundo! Salir en las revistas y estar siempre a la moda, conocer lugares nuevos... (Comenta esto con emoción en su voz.) Pero no puedo, papá siempre esta diciéndome que soy joven, que no me apure en crecer. Según él “las cosas llegan, pero a su tiempo”. Recuerdo que me dijo “las edades son como las estaciones del año: llegan en el momento que es necesario y siempre con un propósito”, pero sé es ahora que soy joven, cuanto más tengo que vivir; estoy desperdiciando mi juventud, ¡¡¡LA VIDA SE ME VA!!! (Exclama al sentirse triste.)

(Valeria se da cuenta y repara en el cartel que esta detrás suyo y lee.)

VALERIA. “TODO LO BELLO NO SIEMPRE SABE BIEN”

VALERIA. ¡Qué concepto tan raro! Si se supone que lo bello es lo que a los ojos agrada, entonces no puede saber mal, lo bello siempre es dulce y hermoso. Creo que ese letrero está mal escrito, sí, eso es, está equivocado.

(Cuando Valeria termina de decir esto, baja la cabeza y ve las cinco formas debajo del cartel. Se acerca a la primera (DESOBESIENCIA) muy lentamente, queriendo tocarle la cara cuando de repente, ésta se despierta, la asusta con su saludo.)


DESOBEDIENCIA. Hola...

VALERIA. ¡Huy!... Me asustaste... Hola, ¿cómo estás?

DESOBEDIENCIA. Cansado... Me duele todo: la espalda, las piernas… Esta tortícolis me está matando...

VALERIA. ¡Ay!... ¿Puedo ayudarte en algo?

DESOBEDIENCIA. No, no lo creo. (Sarcásticamente.) Pero gracias por despertarme, Bueno ¿entonces...?

VALERIA. Entonces, ¿qué...?

DESOBEDIENCIA. Entonces... ¿Para qué me despertaste?

VALERIA. Yo... Nada..., yo solo estaba leyendo el cartel… (Miente con cara de yo no fui.)

DESOBEDIENCIA. ¡Ahhh!... Ese cartel… (Despectivamente.) Lo puso alguien de quien prefiero no hablar. No le des ninguna importancia, ese cartel está mal, ¿a quién se le puede ocurrir una idea tan ridícula? Imagínate un mundo lleno de emociones y cosas bellas, solo un tonto se perdería de todo eso. Yo quiero experimentar cosas nuevas y vivir la vida a mi manera, a mí nadie me pone reglas, yo hago mis propias reglas, nadie me dice lo que tengo que hacer, ¡¡¡QUIERO SER LIBRE, Y VIAJAR POR EL MUNDO!!! Sí... un viaje no me vendría nada mal.

VALERIA. ¡Ay!... Sí... Me encantaría ser libre como vos y viajar y conocer nuevos lugares... y tener nuevos amigos... (Emocionada.)

DESOBEDIENCIA. ¡Ahhh! ¿Sí? ¿Y por qué no vienes conmigo? Vamos... No sabes lo bien que la vamos a pasar. Yo te puedo enseñar a vivir sin reglas.

VALERIA. No, gracias, otro día tal vez. Además, ni siquiera te conozco.

DESOBEDIENCIA. ¡Ah, perdón! Mi nombre es Desobediencia. (Pausa 2 ó 3 segundos.) ¿Entonces...?

VALERIA. Entonces, ¿qué?

DESOBEDIENCIA. Entonces... ¿Vamos? ¿Querés venir conmigo?

VALERIA. Lo que pasa es que mi papá nunca me dejará ir.

DESOBEDIENCIA. No podés decir que no te dejan, yo creo que si tu viejo no te deja hacer algo tan bueno, no merece que le obedezcas... es más, allá viene.

VALERIA. Hola papá, vení que quiero presentarte a un amigo.

PADRE. ¿A quién, querida? No veo a nadie.

VALERIA. A él, papá... (Señala a Desobediencia.)

DESOBEDIENCIA. No, solo vos podés verme, soy solo amigo tuyo. (Susurrándole al oído.)

PADRE. Bueno, es tarde, nos vamos.

DESOBEDIENCIA. Dile... vamos...

VALERIA. Papá...

PADRE. ¿Sí, querida?

VALERIA. ¿Puedo ir de viaje con un amigo?

PADRE. Claro, querida, cuando crezcas.

(En ese momento la maquina se pone en frente.)

DESOBEDIENCIA. Ves lo que te dije, no podés obedecer a alguien que piensa que sigues siendo una niña. ¡Ja, ja, ja! Tal vez tenga razón.

VALERIA. ¿Como que cuando crezca? Ya tengo 17 años, además, soy mucho mas madura que mis amigos.

PADRE. Valeria, solo quiero que aprendas a ser prudente, deja de refunfuñar y ven para casa. ¿Sí? (Dice esto con al mano en el rostro de Valeria.)

VALERIA. No, no quiero, nunca me dejas hacer nada de lo que yo quiero, no tengo que obedecerte, yo me quedo.

PADRE. Valeria, no sé qué te pasa, pero voy a hacer de cuenta que no escuché nada, voy a adelantarme a la casa, pero quiero que vengas, ¿entendiste?

(El Padre sale de escena mientras la Desobediencia se alegra de su obra.)

VALERIA. Bueno, lo hice... OK Ahora, ¿qué hacemos?

DESOBEDIENCIA. Yo nada, tú ya hiciste todo lo que yo quería que hicieras. Chao... (Vuelve a su lugar y se congela.)

(Valeria se acerca para ver que había pasado; en eso se despierta ENVIDIA.)

ENVIDIA. Guau... Pero, ¡qué chica más linda! ¡Qué pelo! ¡Qué porte! La verdad creo que estás para modelo.

VALERIA. Gracias, me sonrojas.

ENVIDIA. Nooo... preciosa, vos no te sonrojas, el que pierde el color soy yo al verte. Pero, ¿qué hace una chica tan linda como vos por acá, solita en este barrio tan peligroso? Algunos dicen que por estos lugares andan dando vueltas unos entes malignos buscando chicas solitarias para asustarlas. Pero no te preocupes, por suerte te encontraste conmigo y no con una de esas bestias... Pero bueno, ¿qué andas haciendo por acá?

VALERIA. Estaba charlando con un amigo y no sé qué pasó, se fue y me dejó sola.

ENVIDIA. ¿Amigo? Me encantaría ser tu amigo, ¿puedo, preciosa? ¡Dale! O me muero.

VALERIA. Bueno, yo creo que sí, además me gusta tu buen gusto. Soy Valeria. ¿Y vos?

ENVIDIA. Yo soy la Envidia, y todos quieren ser como yo. Valeria, vos y yo haremos un dúo genial, seremos inseparables.

(Ingresa Romina a escena.)

ROMINA. Hola Valeria, ¿cómo estás?

VALERIA. Hola Romy.

ROMINA. ¿Qué hacés por acá? Iba para tu casa, pensé que estarías allá.

VALERIA. Lo que pasa es que estaba con un ami... (Recordando que nadie más que ella puede ver a sus nuevos amigos cambia la frase.) Estaba pensando... y vos, ¿cómo estás?

ROMINA. Bien... quería invitarte a tomar algo. ¿Querés venir? Yo invito.

(La ENVIDIA entra en acción en ese momento.)

ENVIDIA. Pero, ¡qué bombón! Ella no es solo linda, es hermosa, mira qué pelo, qué ropa, parece que se gastó una fortuna en esos pantalones. La verdad, Valeria, tu amiga no está para modelo, está para super-modelo.

VALERIA. Perdón Romy, puedo pensar algo, ahora vuelvo. (Enojada se lleva a Envidia tomándola del brazo.)

VALERIA. ¿Qué te pasa? Pensé que éramos amigos y lo único que haces es adular a mi amiga.

ENVIDIA. Lo que pasa es que tú eres linda, pero ella lo es más, no lo tomes a mal pero ella tiene un jean hermoso, ¿lo viste?, y el tuyo... bueno, ¿para qué otra cosa lo usas? ¿Y ya viste sus zapatillas? ¿Y las tuyas...? Te doy un consejo: no juegues más al fútbol con ellas. Y lo mejor: su pelo, parece de seda, mientras que a ti, mi amor, usar crema enjuague no te vendría nada mal. Es lo que siempre digo “las cosas hacen a las personas”.

VALERIA. ¿Qué...? ¿Tan mal me veo?

ENVIDIA. Bueno... Sí. Pero no te preocupes, yo te dije que sería tu amigo y lo cumplo, además la tal Rominita es media bruja, te echa en cara sus cosas. ¿Te diste cuenta por qué sale contigo? Para que la gente note que la linda es ella y no vos. ¡Qué bruja! Vamos a ponerla en su lugar.

(Valeria vuelve.)

ROMINA. Bueno, vale, ¿vamos?

ENVIDIA. Eso sonó como una orden. ¡Huy! Te ordenó.

VALERIA. No, Romina, no voy...

ROMINA. ¿Por qué...?

ENVIDIA. Te está pidiendo explicaciones, sí... Eso de donde yo vengo es pedir explicaciones. Dale, decile que es una bruja.

VALERIA. No voy por la sencilla razón que estoy cansada de que te luzcas tan bien cuando salimos, con tu ropa nueva, haciéndote la super-modelo y para llamar la atención y refregarme en la cara lo linda que sos.

ENVIDIA. El pelo, no te olvides del pelo....

VALERIA. Y tu pelo... muy lindo y sedoso, ¿qué pensás? ¿Qué porque tenés todo eso, sos la mejor? Obvio que no.

ROMINA. Valeria, ¿de qué hablás? Si sos re-linda y tenés una belleza interior muy grande...

ENVIDIA. ¿Belleza interior?... Te esta diciendo que sos horrible por fuera, ah no… ¡Ja, ja, ja! ¡Qué bruja...! Yo que vos.... mmm.

VALERIA. ¿Qué me estás queriendo decir con belleza interior, que por fuera soy un monstruo, mejor andate? No te quiero ver más.

ROMINA. Pero no... Vale... ¿Qué te pasa?

VALERIA. Andate, no quiero saber nada de vos.

ENVIDIA. ¡Fuera bicho! ¡Ja, ja, ja!

(Romina se va triste y llorando.)

ENVIDIA. Bueno cumplí, adiós ingenua, ¡ja, ja, ja! (Vuelve a su lugar y se congela.)

(Valeria se siente mal por lo que hizo y trata de alcanzar a Romina, pero en ese momento se despierta AMBICIÓN y la detiene.)

AMBICIÓN. ¿A dónde crees que vas?

VALERIA. Le dije cosas muy malas a mi amiga y quiero pedirle perdón.

AMBICIÓN. ¿Perdón? ¡Ja! Eso es para los débiles, la gente de éxito hace que los demás le pidan perdón, deberías saberlo, pareces una chica inteligente.

VALERIA. Tienes una voz muy fría y calculadora.

AMBICIÓN. Por supuesto, soy la base de la gente rica, el sustento de los gobiernos poderosos, enaltezco al hombre y lo levanto hasta el cielo, soy la Ambición y conmigo dejarás de ser una persona para ser “la persona”.

VALERIA. ¿Podías hacer todo eso conmigo?

AMBICIÓN. ¿Eso te gustaría?

VALERIA. Bueno... yo....

AMBICIÓN. ¡Bien!, ¡ya estamos negociando...! ¡Ey...! Sí que eres buena para esto...

VALERIA. Emm..., sí, supongo... ¿Pero qué tengo que hacer?

AMBICIÓN. Fácil. ¿Querías las cosas de tu amiga? Bueno, yo te las puedo dar si las ambicionas en tu corazón: ropa, joyas, belleza… Todo eso lo puedes tener si tienes mucha ambición.

VALERIA. Sí... Y yo podría salir con Romy otra vez...

AMBICIÓN. ¿Qué? No me entendiste: para tener todo tienes que desechar cosas simples como los amigos o la familia; esa es la clave de todo. Tomá esto y decidme si no vale la pena.

(Saca de un cajón un abrigo de piel, anteojos de sol, joyas, y se las va dando de una a una mientras Valeria sigue hablando.)

VALERIA. ¡Qué cosas más lindas! además con todo esto, ¿quién necesita a Romina?

AMBICIÓN. Eso es lo que quería escuchar de ti. Recuerda que lo externo es lo único que importa, si te ves bien, la gente te tratará bien; llénate de cosas hermosas y el mundo te adorará. (Mientras dice esta última frase vuelve a su lugar y se congela.)

(Entra ENRIQUE a escena.)

VALERIA. Es Enrique y me vio; creo que quiere hablarme.

(Despierta DESEO.)

DESEO. Hola, ¿cómo estás?

VALERIA. ¿Qué tal? (Embobada, sin dejar de ver a Enrique.)

DESEO. ¡Huuy...! Y ese, ¿quién es? ¿Tu novio? Se ve muy bien.

VALERIA. No, no es mi novio, pero me gustaría que lo fuera... (Enamorada.) ¡Ahhh! Y vos, ¿quién sos? (Reaccionando por la presencia del nuevo personaje.)

DESEO. Yo soy el Deseo y creo que puedo ayudarte, si vos querés, claro...

VALERIA. Sí, por favor, decidme qué hago.

DESEO. Míralo fijamente. OK. Ahora jala el dedo y llámalo...

(Valeria llama a Enrique con el dedo.)

DESEO. Eso es, muy bien...

(Enrique la ve y se acerca.)

ENRIQUE. Hola, Valeria, ¿cómo estás? Te ves muy bien.

VALERIA. Gracias, pero creí que no me conocías. Bueno, como nunca me hablaste antes.

ENRIQUE. Bueno, eso era antes, pero ahora te ves muy bien. ¿Qué te hiciste?

VALERIA. ¿Yo?... Nada... Bueno, algunas cosillas con la ayuda de algunos amigos. ¿Te gusta?

DESEO. Ya lo tienes.

ENRIQUE. Perfecto... ¿Te gustaría salir conmigo? Podríamos pasarla muy bien.

VALERIA. Sí, claro... Digo no, digo sí, este... no sé, estoy confundida.

DESEO. Vamos, ¿no era lo que tanto querías? Aprovéchalo ahora que lo tenés.

ENRIQUE. Ya sé lo que pasa, vení que te digo algo...

(Enrique le susurra cosas al oído mientras Valeria abre los ojos de asombro.)

VALERIA. ¿Qué...? No, ¿cómo se te ocurre? Estás loco.

ENRIQUE. Pero si es lo más común del mundo.

DESEO. Vamos Valeria, que me hago vieja de tanto esperar…

VALERIA. Es que no te conozco lo suficiente y no creo que sea correcto.

ENRIQUE. ¿Sabes? Mi abuela tiene más onda que vos, no puedo creer lo amarga que sos, y pensándolo bien, ni que valieras tanto; yo me voy, tonta.

VALERIA. Espera, espera, no te vayas. Ayúdame, ¿qué hago? Enrique se va. (Esta última frase dirigiéndose a Deseo.)

DESEO. A mí no me mires, yo te lo puse, vos no lo aprovechaste, así que me voy, bye. (Se congela.)

VALERIA. No, ¿vos también? Te vas igual que los otros; comienza bien pero siempre termino perdiendo algo. Bueno, sos el último, espero que vos... (Dirigiéndose a PERDICION que despierta interrumpiendo la frase.)

PERDICIÓN. Déjame adivinar, necesitas ayuda, ¿no?

VALERIA. Sí, todo me sale al revés y no entiendo por qué, espero que vos puedas ayudarme.

PERDICIÓN. ¿Quién te hizo pensar que yo vine para ayudarte? No lo puedo creer, sigues tan ingenua como siempre.

VALERIA. Si no viniste para ayudarme, ¿a qué viviste?

PERDICIÓN. Yo soy la Perdición y vine a cobrar todos los favores que te hice, o mejor dicho, las consecuencias de tus errores son mías, Valeria.

VALERIA. Debe ser una broma, si yo no hice nada.

PERDICIÓN. ¡Ja, ja, ja! Aparte de tonta, comediante. Típico de ustedes, los seres humanos. Son capaces de cometer las peores maldades que el mundo ha visto y todavía preguntan: ¿yo qué hice? ¡Qué cuadro más patético! (Se acerca agresivamente a Valeria.)

PERDICIÓN. ¿Quieres que te lo diga? ¿Ah...? La verdad es que no tienes vergüenza, ¿sabes cuántos en el mundo darían todo por el consejo de un padre o una madre? ¡Miles! Pero no, la señorita es lo suficientemente madura como para ignorarlos, ¿verdad? Incluso desobedecerlos. (Aplaude irónicamente) ¡Bravo, bravo, la señorita madures! ¿A dónde te llevó todo esto? ¡A mí, sólo a mí!

(Valeria, al escuchar todo esto se da cuenta de su equivocación.)

VALERIA. Es cierto, pobre de mi papá… él sólo quería protegerme de todo esto y yo no le hice caso. Pero, por favor, compréndeme, no sabía en lo que me metía.

PERDICIÓN. ¿Qué...? No sabías, ¡claro! (En forma sarcástica.) Si era lo que estabas esperando, lo que vos querías, el momento oportuno para desobedecer y lo hiciste.

(La Perdición se acerca a la Desobediencia y ella despierta, ambos se ríen.)

PERDICIÓN. ¿La oíste? No sabía, ¡ja, ja, ja!

(En ese momento Desobediencia ronda a Valeria y la atormenta.)

VALERIA. No..., vasta, dile que se detenga.

PERDICIÓN. ¿Por qué no dijiste que era tu amigo? Y hablando de amigos y amigas, ¿lo de tu miga Romina fue también sin querer? (Corre hacia Valeria y le dice en voz fuerte.) ¡Contesta! ¿Fue sin querer?

(Envidia despierta rondando a Valeria y la atormenta junto con Desobediencia.)

VALERIA. Por favor, basta, te lo ruego..., llévate todo, te lo devuelvo, solo quiero que me dejen en paz.

PERDICIÓN. Todo lo que tienes ahí te lo di yo, por causa de tu ambición, (despierta Ambición) así que lo único que me interesa es tu vida, y para eso estoy aquí, para tomarla. Lastima que tu deseo te haya jugado en contra.

(Deseo se despierta y corre hacia ella.)

PERDICIÓN. Enrique, un buen muchacho, un poco bobo, pero me sirvió, lastima nena que no recordaste que TODO LO BELLO NO SIEMPRE SABE BIEN.

VALERIA. Perdón, no quiero irme, ¡no! (Grita desesperadamente.)

PERDICIÓN. ¿Crees que hay alguien que te ame con todo lo que hiciste?, pero basta me canse de charlas. ¡Tráiganla! Ella viene con nosotros.

(Los seres sujetan a Valeria y cuando están a punto de llevarla se escucha la vos del padre.)

PADRE. Valeria, Valeria, hija, ¿en dónde estás?

VALERIA. ¡Papá, ayúdame, auxilio, papá...!

(Los seres la sueltan pero siguen rondando esperando para volver a atraparla.)

PADRE. ¿Qué te pasa hija? ¿Por qué lloras? ¿Qué te pasó?

VALERIA. Papi, no dejes que me lleven, no quiero, sé que hice mal, pero por favor, ayúdame, ellas quieren llevarme.

PADRE. ¿Quién mi niña, quién?

VALERIA. La Perdición, y junto con ella la Desobediencia, la Envidia, la Ambición y el Deseo. Dicen que todo lo que hice tiene consecuencias y que para mí no hay perdón. Por favor ayúdame.

PADRE. Tranquila, cálmate, es cierto que los errores traen consecuencias pero es mentira que no haya perdón, siempre hay perdón.

PERDICIÓN. ¿Sí...? ¿Y quién te va a salvar de mí? (Dice susurrando.)

PADRE. El perdón está mucho más cerca de lo que crees.

PERDICIÓN. Mentira. (Susurrando.)

PADRE. Valeria, Dios te ama y quiere perdonarte.

VALERIA. Pero papá, me siento sucia, ¿cómo puede ser que Dios me quiera, si he hecho muchas cosas malas, y estoy segura que Él no va a querer saber de mí?

PERDICIÓN. Ya lo entendiste, ven... (Susurrando.)

PADRE. ¡Eso no es cierto!, y si la Perdición te dice eso no la escuches. Dios nos ha dado un regalo muy grande, él envió a su único hijo al mundo y con su muerte en la cruz Él pago el precio de nuestros pecados para salvarnos de la perdición. Y al tercer día resucitó venciendo a la misma muerte, y con su resurrección nos ha entregado la victoria en nuestras manos, para que ya no tengamos temor de esas voces que nos acusan y nos condenan, Valeria, solo extiende tu mano al Señor y pídele vivir una vida junto a Él, y Él te librará de la perdición. (Diciendo esto los seres comienzan a alejarse.)

VALERIA. Papá, ayúdame a que Dios me reciba.

PADRE. ¿Recuerdas cómo hablaste conmigo? Bueno, haz lo mismo con Dios, que sean solo tú y el Señor.

(Valeria camina hacia el frente dejando atrás a su padre.)

VALERIA. Señor, hoy pasé por muchas cosas malas y cometí muchos errores, te pido perdón por cada uno de mis pecados; ya no quiero ser esclava de mi propia perdición. Te doy gracias por tu amor y tu perdón, y hoy sé que ya no hay argumentos contra mí y por tu sangre derramada me vuelvo esclava de tu amor. Quiero que seas tú el motivo de mi vida, Señor.

(Los 5 seres se desploman todos juntos al piso. Se enciende una luz en el centro apuntando a Valeria representando la respuesta de Dios. Se cierra el telón con la canción “No hay argumentos”.)

¿Me comprendes, Méndez?

25 Minutos y 9 Personajes. Un joven está muy deprimido porque sus padres van a divorciarse. Unas amigas del colegio intentan ayudarle cuando un grupo de chavales callejeros le animan a que busque en la droga la solución a sus problemas.


¿ME COMPRENDES, MÉNDEZ?




PERSONAJES

ALBERTO
HOMBRE
MUJER
DOCTOR
KARINA
JOANA
PULGA
EL TONY
DAYANA

Escenario: Tres sillas ubicadas en el centro del escenario.

ACCIÓN

ALBERTO. (Está sentado en una de las sillas, está muy triste, su mirada está perdida, como si recordara algo, pero ese recuerdo le hace sentirse triste. se dirige al público. Habla pausadamente) Buenas, mi nombre es Alberto. (Pequeña pausa.) Alberto Méndez. Soy cero positivo VIH. Fui contagiado por un error. Yo era drogadicto, y en una de tantas quedé infectado por inyectarme con la jeringa de otro compañero. Hoy quiero contarte por qué fue que llegué a este estado. Todo empezó hace un año atrás cuando mis padres decidieron separarse…

(Se apagan las luces.)

(En voz en off la conversación de un Hombre y una mujer.)

HOMBRE. Ya no soporto más esta situación, ya no te aguanto más, hasta acá te aguanté, pero ya no, ya no más.

MUJER. Dame una oportunidad, te lo pido, una oportunidad.

HOMBRE. No, las oportunidades ya se acabaron, esta fue la última que te di.

MUJER. Pensá en nuestro hijo, cómo se va a sentir cuando se dé cuenta de que sus padres se van a separar.

HOMBRE. ¿Y por qué no lo pensaste vos antes de serme infiel, antes de andar con todos esos hombres?

MUJER. Pero ya me di cuenta de que era un error, que no estaba bien.

HOMBRE. Lástima que te diste cuenta demasiado tarde. Ya comencé los trámites del divorcio, y mañana te espero en la oficina de mi abogado para que firmés los documentos.

MUJER. Por favor, pensalo, no cometas ese error.

HOMBRE. ¿Error? Error el que cometiste al serme infiel… Esto, esto es sólo una de las consecuencias de lo que hiciste.

(Las luces se encienden. Alberto está sentado en una banca, muy triste y pensativo. Con su mirada perdida. Está vestido con el uniforme del colegio.)

KARINA. (Entra por la izquierda acompañada por Dayana y Joana. Vienen del colegio. Cuando pasan cerca de Alberto lo vuelve a ver. Después le dice a las amigas) Miren, ahí está Alberto.

JOANA. (En tono despectivo.) ¿Y qué? Ya yo lo vi en el colegio. ¡Qué montón volverlo a ver!

DAYANA. (Lo vuelve a ver.) Yo lo veo un poquillo triste.

JOANA. (Como si no le importara.) Siempre anda así. Yo siempre lo veo con esa cara.

KARINA. (Un poco preocupada.) Vamos a ver qué le pasa.

JOANA. (Regañándola.) ¿Cuándo no? Vos metiéndote en lo que no te importa. (En tono burlón.) Para mí que a vos te gusta Alberto.

(Joana y Dayana molestan a Karina.)

KARINA. (Un poco avergonzada.) ¡Ay ya, déjense de decir tonterías…! Vamos a ver qué le pasa. (Se acerca a donde está Alberto.) ¡Hola Alberto!

(Alberto sigue con su mirada perdida.)

KARINA. Hola Alberto.

JOANA. (Se acerca a Karina.) Ni atención te pone. Mejor me hubieras hecho caso y no pasás ese ridículo. (Avergonzada.) ¡Qué color! Toda esa gente viéndonos. Parecemos locas hablándole a una estatua.

KARINA. (Mueve a Alberto.) Alberto, hola.

ALBERTO. (Reacciona.) ¡Eh! ¿Qué pasa, qué pasa?

DAYANA. Di: ¡Ay! Hombre… Es que estabas como muerto.

ALBERTO. (Suspira y vuelve a perderse con la mirada.) No andás muy largo.

KARINA. (Preocupada.) ¿Qué te pasa Alberto?

ALBERTO. Nada.

KARINA. No me mintás, que a vos te pasa algo.

JOANA. (Molesta.) ¡Qué mujer más terca! Ya te dijo que nada.

KARINA. (Se sienta a la par de Alberto.) No me mintás Alberto, que a vos te pasa algo, has estado muy raro hoy. Casi no has querido hablar.

JOANA. (En tono burlón.) Ya empezó la señorita psicología con su terapia. (Se dirige al público.) “Señoras y señores, bienvenidos a su terapia con la doctora Karina Berrocal. El caso de hoy, el rostro siempre triste de Alberto Méndez, no se lo pierdan, que está buenísimo”.

DAYANA. ¡Ya, Joana! No seas tan burlona.

JOANA. (Molesta.) Es verdad, esta mujer quiere jugar de doctora corazón.

KARINA. Bueno, Joana, ya es suficiente. Dayana tiene razón. Y si vas a estar acá para burlarte de los demás, es mejor que te vayas.

JOANA. (Molesta.) ¡Epa…! ¿De cuándo acá vos me decís cuándo me debo ir y cuándo no?

ALBERTO. (Siempre con la mirada triste.) Mejor no sigan discutiendo, no quiero ser causa de más divisiones.

KARINA. (Insistiendo.) Alberto, a vos te pasa algo, tu actitud lo dice todo.

JOANA. (Mira a Alberto.) Pero yo no veo nada.

DAYANA. (Regañándola.) ¡Ya, Joana! Mejor, callate.

KARINA. (Se pone de pie.) ¿Por qué no vamos a algún sitio a comer algo?

JOANA. Lo que faltaba, que lo invitara a comer. (A Karina.) Espero que andés plata porque yo no pienso invitarlo.

DAYANA. Mejor vámonos, Joana.

JOANA. (Mira hacia el público y se detiene en seco.) ¡Oh por Dios!, ¡Oh por Dios!

DAYANA. (Preocupada.) ¿Qué pasa, Joana?

JOANA. (Señala hacia el público.) Miren quiénes vienen ahí.

DAYANA. (Vuelve a ver y se asusta.) No puede ser, lo único que faltaba.

JOANA. (Agarra a Karina de la mano y la jala.) Karina, mejor vámonos, que ahí vienen esos. (Señala a los chicos que acaban de entrar por entre el público.)

KARINA. (A Alberto, muy asustada.) Alberto, mejor vámonos, porque si esos llegan a acá es muy probable que te hagan algo.

ALBERTO. (Sin levantar la mirada del suelo.) La verdad es que si me hacen algo, me vale. Después de escuchar que mis papás se van a separar, nada me importa, aun si me muero.

JOANA. (Molesta.) ¿Qué diantres se fumaría éste que está diciendo estas cosas?

DAYANA. (La jala del brazo.) Joana.

(Entran Doctor, Pulga y El Tony por entre el público haciendo desorden. Las tres chicas se abrazan como para protegerse, Alberto sigue con su mirada perdida.)

DOCTOR. (Cuando llega al escenario, rodea a las muchachas, pero no le pone cuidado a Alberto. Las intimida.) Miren, miren, pero qué bien lo que nos encontramos acá, ¡Carnita fresca!

KARINA. (Enfrenta a Doctor, pero con miedo.) De una vez le advierto que estoy dispuesta a darme de golpes con usted si es necesario.

DOCTOR. (Burlándose.) ¡Uy! Pero qué ruda está la mujer hoy.

JOANA. (Muy decidida y en tono retador.) Usted le hace algo a mi amiga y se las ve conmigo.

DOCTOR. (En tono de burla.) ¿Pero qué es esto, la revolución femenina?

DAYANA. (Muy molesta.) Ya estamos cansadas de que ustedes nos estén asustando.

DOCTOR. (Burlón.) ¡Uy! Pero qué ofensiva se volvió la muchachita.

ALBERTO. (Se pone de pie y empuja al Doctor.) No las molesten más.

(El Tony y Pulga agarran a Alberto.)

DOCTOR. (Se vuelve.) Pero miren quién está acá. Nada más y nada menos que Méndez.

(Pulga y El Tony se ríen y lo agarran con fuerza.)

DOCTOR. (Se le acerca y lo toma de la cara.) Mira, papi, no te metas, que acá es asunto de tres contra tres, y usted está sobrando (Lo empuja.)

ALBERTO. (Retándolos.) Si tienen que pegarle a alguien que me peguen a mí.

DOCTOR. ¡Uy! Pero cómo tiemblo de miedo... (A Pulga y El Tony.) ¿Verdad qué miedo compas?

PULGA. Sí, sí, ¡qué miedo! (Se ríe.)

(El Tony asusta a Pulga.)

PULGA. (Se asusta, pero se ríe.) Otra vez, otra vez…

(El Tony lo asusta de nuevo y Pulga se ríe.)

JOANA. (Brava se mete en medio de los dos.) Ya no lo molesten, no ve que sus papás se van a separar y él anda muy triste.

ALBERTO. (Cayando a Joana.) ¡Joana, no!

(Karina hace un gesto de molestia.)

DAYANA. (Molesta se lleva las manos ala cabeza.) ¿Cuándo no, Joana?

DOCTOR. Así que eso es lo que te tiene más triste que tontico, sin mama.

ALBERTO. (Retador.) Sí, eso es lo que me tiene así… ¿Y qué?

EL TONY. Pues el doctor tiene la solución.

ALBERTO. (Interesado.) ¿En serio?

DOCTOR. Pues claro, papá, yo tengo la solución. Mirá, lo que necesitás es un buen viaje. (Y saca una jeringa.)

JOANA. ¿De cuando acá éste es un agente de viajes?

PULGA. (Se mete.) ¿Cuál agente de viajes ni que ocho cuartos? El Doctor vende de la buena, de la que lo hace a uno volar. ¿Me comprendes, Méndez?

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

JOANA. No entiendo.

(Dayana le habla a Joana en el oído.)

JOANA. (Sorprendida.) ¿Usted vende dro...

DOCTOR. (Le tapa la boca.) ¡Shhh...! No quiero que nadie se dé cuenta, si no me echan al tabo.

JOANA. (Asustada.) Entonces usted es un...

DOCTOR. (Con una reverencia.) Sí, para servirle a usted y a la patria.

JOANA. ¿Y para qué anda con éstos mocosos?

PULGA. ¿Y usted tan mayor?

KARINA. (Al Doctor.) Mire, Alberto no necesita de su ayuda y menos de lo que usted vende.

EL TONY. ¿Qué? ¿Usted es la mamá de Albertico para que hable por él?

DOCTOR. ¡Ja! Me lo dices a mí. Mis papás también se divorciaron, y pensaron que dándome muchos regalos, dinero y muchas otras cochinadas iban a llenar el vacío que había en mí, ese vacío que creí que no se podía llenar. Hasta que unos amigos me regalaron algo que vino a llenar ese vacío (Saca un paquete blanco.) Esto ¿Lo ves? Vino a cambiar mi vida, esto ha venido a llenar el vacío que había en mí.

KARINA. Sí, pero siempre vas a necesitar más y más, porque el efecto pasa y el vacío siempre queda.

DOCTOR. Por eso no me preocupo, porque siempre tengo más. A mí todo me lo dan gratis. Lo que necesite, nada más lo pido y me lo dan.

PULGA. ¿Comprendes?

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

ALBERTO. (Al Doctor.) Yo quiero de eso que vos tenés para olvidar. Yo también quiero volar como lo hacen ustedes.

DAYANA. No, Alberto, no lo hagás, esa no es la solución.

DOCTOR. Usted no se meta.

EL TONY. Sí, no se meta.

JOANA. Sí, Dayana, no se meta, mejor no sigan más porque de seguro nos van a hacer un daño.

EL TONY. Escuchen a su amiguita, ella sí es inteligente.

KARINA. (Molesta empuja a El Tony.) ¿Cómo que no se meta? Si ustedes lo que van a hacer es destruir la vida de mi amigo.

(El Tony se esconde detrás de Doctor.)

DOCTOR. Mira, nena, no te metas, que el que decide es el amigo. (Señala a Alberto.) Déjenlo, ustedes no lo mandan.

PULGA. Mira guapa, el compa quiere volar, no le corten las alas, déjenlo libre.

DAYANA. Pero es que él es nuestro amigo, y lo queremos mucho.

EL TONY. Mira, preciosa, si a los papás no les interesa la vida del brother… ¿Cómo le va interesar a ustedes que no son nada de él?

JOANA. (Desubicada, se impacienta.) Ahora sí que no entiendo nada.

KARINA. (Más animada y casi desesperada.) Está bien, tal vez nosotras no seamos nada de Alberto, y quizá no nos interese su vida, pero hay alguien que entregó su vida para que Alberto no tenga que sufrir más.

DOCTOR. ¿Pero quién va a entregar su vida por éste? (Señala a Alberto.)

DAYANA. (De forma pausada.) Jesús, el Hijo de Dios. Él lo tenía todo, todo el poder, toda la gloria, tenía miles de coros que le cantaban y muchos ángeles que le servían, y dejó eso para entregar su vida no solo por Alberto, también por mí, por Karina, por Joana...

JOANA. (Desubicada.) ¿Yo qué?

DAYANA. Y por, por, por... (Señalando a Pulga y El Tony.) Esos dos.

PULGA. Esos tienen nombre. Yo soy Pulga.

EL TONY. Sí, y yo El Tony.

DAYANA. Bueno, por Pulga y por Chepe, y por supuesto, por usted. (Señala a Doctor.)

DOCTOR. ¿Cómo, un tipo que ni me conoce va a morir por mí?

KARINA. Él le conoce incluso mejor de lo que usted se conoce.

EL TONY. ¿En serio? ¿Alguien entregó su vida por mí? Oye, nadie, que yo sepa, lo haría por mí.

DAYANA. Pero Jesús lo hizo porque te ama.

DOCTOR. (Molesto.) Mentira, nadie te ama.

ALBERTO. Bueno, ya. (Al Doctor.) ¿Me va a ayudar? ¿Sí o no?

DOCTOR. Claro, mi amigo. Vení que te voy a llevar a un lugar donde nadie nos va a ver.

(Los tres drogadictos y Alberto caminan hacia la izquierda.)

KARINA. Se esconden porque saben que lo que hacen es malo. Pero Jesús no sabe de escondites, por que Él es la Luz.

(Los cuatro se vuelven cuando escuchan las palabras de Karina.)

JOANA. ¿Para qué hablaste? Ya se iban.

DAYANA. (Regañándola entre dientes.) Joana…

ALBERTO. (Muy molesto se dirige a Karina.) Mejor callate, que me tenés harto con Jesús. Si muchas noches lloré en mi cama pidiéndole ayuda, y nunca me escuchó, para qué seguir insistiéndole, mejor busco una solución más rápida y así no le hago perder el tiempo…

DAYANA. (Muy preocupada.) Pero si no le estás haciendo perder el tiempo.

ALBERTO. (Muy decidido.) Por más que insistan, he tomado una decisión, buena o mala, al fin y al cabo es mi decisión. Y si a mis papás no les importa, menos a ustedes.

KARINA. (Desesperada.) Pero es que no me comprendés.

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

KARINA. (Enojada. Muy molesta.) Ya es suficiente. Estoy harta de escucharlos decir eso. ¿Es que acaso no pueden comprender que es un grave error lo que ustedes están haciendo?

(El Tony y Pulga se asustan. Se esconden detrás de Doctor.)

KARINA. (A Alberto.) Y lo que vos, Alberto, vas a hacer. Comprendé que las drogas no son la solución.

ALBERTO. Si las drogas no son la solución. ¿Entonces qué?

KARINA. Ya te lo dije, Jesús te quiere ayudar.

JOANA. (Hablando sola.) Y dale con la piñata. Pero esta mujer está sorda ¿O se hace?

ALBERTO. Yo también ya te lo dije, ya estoy cansado de pedirle ayuda y no he visto una respuesta.

DAYANA. Pero es que debés de tenerle paciencia.

ALBERTO. (Molesto.) Paciencia, paciencia, ya estoy harto de tener paciencia, yo quiero algo que sea rápido y él (señala al Doctor) tiene la solución.

JOANA. (Impaciente.) Sí, déjenlo que se vaya, no insistan más. Ya me quiero ir.

DAYANA. (Regaña a Joana.) ¡Ya, Joana! Si te querés ir, vete, nadie te tiene amarrada.

JOANA. ¡Uy! ¡Qué dicha! Música para mis oídos. (Sale por la derecha.)

PULGA. Lástima, se fue la más inteligente de todas. ¿Por qué no hacen lo mismo?

EL TONY. Sí, y dejan al amigo tranquilo, que disfrute del vuelo.

KARINA. (Desesperada le habla a Alberto.) Pero es que él… (Señala al Doctor) tiene una solución pasajera, Jesús es para toda la vida. Además, la ayuda que él (señala de nuevo al Doctor) te ofrece, no es gratuita.

DOCTOR. Tranquilo que yo te regalo la primera.

DAYANA. (Con desesperación. Preocupada por su amigo.) Sí, pero tenés que pagar las demás, y no va a ser poquito, como al principio, vas a querer más y más. Y cada vez te va a salir más caro.

DOCTOR. Si quiere ayuda y disfrutar del placer de volar, debe de pagar.

KARINA. Pero Jesús no te cobra nada, él te lo da gratis.

EL TONY. Con razón tiene un mal servicio, si lo da gratis.

DAYANA. Él no lo hace por cobrar, porque lo hace por Amor.

ALBERTO. (Muy molesto.) Amor, amor, ya quisiera verlas en mi lugar, donde lo que menos recibo es amor. (Se les acerca, muy decidido.) ¿Y saben qué? Ya estoy cansado de escucharlas, y por más que insistan, no les voy a hacer caso. (Les pasa por el frente y se vuelve.) Adiós.

DOCTOR. Muy bien. Vámonos.

(Salen por en medio del público, seguidos por Pulga. El Tony se queda.)

EL TONY. (A Karina y Dayana.) ¿En serio Jesús no me cobra nada por ayudarme?

KARINA. Sí, mi amigo, Él no cobra nada.

PULGA. (Se devuelve y agarra a El Tony de la mano y lo jala.) Caminá y no te quedés hablando con estas locas.

(Salen y se apagan las luces. Las luces se encienden de nuevo pasados 20 segundos.)

ALBERTO. (Está sentado en una de las sillas, como al principio.) Y bueno, ya es de suponer lo que pasaría después. Comencé a hundirme más y más en un abismo sin salida. Lamentablemente tuve que llegar a ésta condición para darme cuenta de que fue un error. Hoy mis amigas, que en aquella ocasión quisieron ayudarme, sí se dieran cuenta de mi situación, estoy seguro de que me habrían dicho -"Te lo dijimos"-. Tengo paz en mi corazón porque le entregué mi vida a Dios, pero fue hasta que me vi en el estado que estoy, enfermo y con muchas posibilidades de morir joven. Amigo, no esperes a que sea demasiado tarde para buscar de Jesús. Recuerda que ni las drogas, ni el alcohol son la mejor solución a tus problemas. Busca a Jesús, que Él de fijo te ayudará. ¿Me comprendes, Méndez?

(Se apagan las luces.)

La noche de fin de año

8 Minutos y 3 Personajes. Una madre le ruega a su hijo que la acompañe en Nochevieja, que no vaya de fiesta con sus amigos y la acompañe a una reunión para adorar al Salvador. El hijo se debatirá entre su madre y sus tendencias.


LA NOCHE DE FIN DE AÑO

PERSONAJES

NARRADOR
MADRE
HIJO

NARRADOR. Al caer la tarde la madre le ha dicho:

MADRE. Esta noche Ernesto, ¿no vendrás conmigo?

HIJO. Hoy es imposible, no puedo, me esperan, mamá, los amigos.

MADRE. Pensé que esta noche, la última noche del año, hijo mío, podarías pasarla junto a mí, querido.

HIJO. No puedo, no, madre, no insistas, te pido, no creas por eso que no me afliges… Sí me gustaría pasar contigo la última noche, de veras lo digo. Pero la corriente me arrastra con brío, no puedo, me esperan los amigos, mamá.

MADRE. ¿Tan fuerte te atan? ¿Tanto es su dominio?

HIJO. Cuando uno resbala por un mal camino que va cuesta abajo le atrae el abismo, y yo he resbalado, mamá y he caído.

MADRE. Tu madre lo sabe, tu madre lo ha visto, por eso esta noche Ernesto, te pido que lo dejes todo y vengas conmigo.

HIJO. ¿Para ir a dónde?

MADRE. Verás, hijo mío, Jesús, Dios amante y Señor bendito es desde hace poco mi mejor amigo, te llevaré dónde mujeres y niños, hombres pecadores salvados por Cristo, esperan la hora en que exhala el suspiro, la última noche del año vivido.

NARRADOR. Y el hijo responde muy entristecido.

HIJO. Quisiera ir, aunque fuera ir un ratito, respirar un poco de ese aire bendito, pero no, no puedo. Resbalé y me esperan los amigos, mamá.

NARRADOR. Es el tic tac del reloj el que acompaña el respiro de la iglesia silenciosa que está esperando el suspiro final de la última noche del año que está vivido. La madre está en un rincón, los ojos humedecidos, una oración en los labios y en el corazón latidos. Es que resbaló su Ernesto y ya está con sus amigos. La hora por fin llegó, el reloj ya ha decidido con lentitud y amargura, desgranar el sonido de las doces campanadas, y que son doce quejidos. Es que fue tan bello el año; es que a tantos salvó Cristo, pero ya ha llegado el otro año nuevo bienvenido. La gente se levanta ya se terminó el suspiro, ahora besos y abrazos desean feliz camino, que Dios te bendiga hermano, que el Señor sea contigo, doce lágrimas brotaron de aquellos ojos queridos, los ojos de aquella madre que ya no está con su hijo.

MADRE. ¡Ay, reloj Grutic! ¿Por qué has dado campanadas de martirio? Ernesto ya habrá llegado, quién sabe al fin del abismo.

NARRADOR. En el rincón gime y llora, nadie su llanto ha advertido, todos están contentos por el año que ha venido, de pronto siente en su hombro una mano y un cariño, parece que es el afecto, se da vuelta y es su hijo, su hijo que no ha llegado hasta el fondo del abismo.

HIJO. Era tan triste la noche mamá con tantos amigos, era tan lindo tu rostro cuando esta tarde me has dicho que Jesús es desde hace poco tu mejor amigo, estos saludos y abrazos, estos deseos sentidos que aquí se están repartiendo, son, ay mamá, tan distintos. No son los del fingimiento, no son los del compromiso; parece que son del cielo, parece que son benditos. ¡Ay! Cómo me quedaría con vosotros si el abismo no me arrastrara a su fondo, mamá, cuando ya he caído.

MADRE. ¿De veras que te quedarás Ernesto, pequeño mío?

HIJO. Sí, mamá, siento deseos, mas creo que no es mi sino...

NARRADOR. Y con su voz temblorosa de emoción y de cariño de esperanza y de ternura la madre gritando ha dicho:

MADRE. Hermanos, venid bien cerca y orad, orad por mi hijo que ésta ha sido una llama que crece en el precipicio.

NARRADOR. La oración ha sido breve, el corazón se ha sentido, palabras han sido pocas y lágrimas se han vertidos, Amén han dicho los hombres, Amén la mujer ha dicho, Amen ha exclamado el joven, y Amén ha llorado el hijo.

MADRE. ¿Lloras Ernesto, pequeño mío?

NARRADOR. Ernesto ya no soporta tendiendo en el precipicio cae, pero de rodilla cae a los pies de Cristo, por las calles pasan hombres vitoreando el propio vicio y en la quietud de la iglesia un hombre que ya no es un niño dice abrazado a su madre:

HIJO. No llores, yo te lo pido si no podrán alejarme de ti, mamá, los amigos.

¿Darías tu vida por amor?

20 Minutos y 9 Personajes. Son dos jóvenes. Uno de ellos se ha entregado a su amigo sin esperar nada a cambio. El otro sólo le interesa para algunas cosas y se aprovecha de su amistad. Al final el amigo que ama muere por salvarle la vida al otro.

¿DARÍAS TU VIDA POR AMOR?
Eliezer Rodríguez Nazario

Texto bíblico: Romanos 5:7-8

PERSONAJES

ANDRÉS
VICENTE
RAQUEL
AMIGO 1
AMIGO 2
AMIGO 3
LADRÓN 1
LADRÓN 2
ESTER



ESCENA 1

(Andrés y Vicente vienen caminando por las calles de la ciudad. Es de noche y se dirigen a la casa de Andrés. Desde allí partirán con la madre de Andrés para llevar a Vicente a su casa.)

ANDRÉS. (Riéndose.) ¡Guau! El juego de futbol estuvo grandioso, pero como siempre, estos árbitros están ciegos…

VICENTE. (Riéndose.) Fíjate, yo creo que ese es un mal del que padecen todos los árbitros. ¿Acaso será un defecto de nacimiento o son entrenados para ser así?

ANDRÉS. No estoy seguro, pero (con un gran grito de júbilo) ¡ganamos!

(Ambos dan gritos de júbilo y se dan palmadas y abrazos.)

ANDRÉS. (Un poco más calmado.) Ahora llegamos a casa y le decimos a mi madre para que te lleve a casa porque se está haciendo tarde.

VICENTE. Me parece bien.

(En ese momento a lo lejos se acercan tres jóvenes que conocen a Vicente.)

AMIGO 1. ¡Vicente! ¿Cómo estás?

(Se saludan con un apretón de manos.)

VICENTE. Pues aquí. Vengo del partido de fútbol.

AMIGO 1. Ah, sí. Vi algo por la televisión, pero me aburrí.

AMIGO 2. Sí, estaba aburrido.

VICENTE. (Con voz temblorosa.) Sí, estaba un poco aburrido, pero es que fui porque me invitaron.

(Andrés lo mira con desconcierto e indignación.)

AMIGO 3. Hermano, vamos para una fiesta en casa del Chango.

AMIGO 2. Sí, una fiesta.

VICENTE. (Emocionado.) ¿En casa del Chango? Allí se forman las mejores fiestas que he conocido. Pero lo mejor de todo son las chicas que asisten.

AMIGO 2. Sí, las chicas, chicas, chicas…

AMIGO 1. ¿Qué te parece si nos aparecemos por allí? Va a haber bebidas, chicas… ¿Quién sabe? A lo mejor te anotas una (Se ríe con sarcasmo.) Tú sabes.

ANDRÉS. (Se dirige a Vicente.) Ya es tarde y te íbamos a llevar a tu casa.

VICENTE. Vale, esta fiesta va a estar de lujo y para pelos. No me la pienso perder por nada del mundo. Yo me voy. (Se dirige a sus amigos.) Chicos, una fiesta nos espera.

(Entonces Vicente se va con sus amigos hacia la fiesta dejando solo a Andrés.)

VICENTE. (Mientras se aleja se da la vuelta.) Nos vemos después. Chao.

(Andrés se dirige solo hacia su casa.)



ESCENA 2

(Vicente se dirige con sus amigos a la fiesta y comienzan a hablar mientras van caminando.)

AMIGO 1. (A Vicente.) Hermano, ¿por qué no invitaste a tu amigo? ¿Qué pasó?

VICENTE. (Un poco nervioso.) Eh, eh… Él va a la iglesia y no sale mucho de fiesta.

AMIGO 3. ¿Es un religioso de esos que se la pasa por allí con una Biblia debajo del brazo enviando a todo el mundo al infierno?

VICENTE. No, no. Él no es así. Él es bien chévere.

AMIGO 1. ¿Chévere? No, tú estás loco. La iglesia es para niños y viejos. Él está fuera de esas categorías. Entonces no es chévere, es aburrido.

AMIGO 2. Sí, aburrido.

AMIGO 3. Mira, no sale a fiestas, no toma licor, no sale con chicas. Eso es ser aburrido.

AMIGO 2. Sí, aburrido. (Gritando.) ¡Aburrido!

VICENTE. Está bien. Sí es un poco aburrido, pero hay que verlo por el lado positivo. Cada vez que necesito algo voy a donde él y siempre me resuelve de alguna manera.

AMIGO 1. Muy bien, Vicente, pero cambiemos de tema. Espero que ya tengas el dinero que debes.

VICENTE. (Nervioso y asustado.) Sí, lo tengo.

AMIGO 3. Pues paga.

AMIGO 2. Sí, paga.

AMIGO 1. Hermano, si entraste en este negocio tienes que estar consciente de que existen responsabilidades. O pagas ahora o pagas con sangre. Así que paga.

VICENTE. Te dije que tengo el dinero, pero debo ir al banco a retirarlo, y ya es muy tarde. Si quieres el dinero espera hasta mañana a primera hora.

AMIGO 1. Trataré de hablar con el jefe, pero no te aseguro nada. Haré lo que pueda, pero recuerda que ya el jefe está muy molesto contigo porque no es la primera vez que sucede.

AMIGO 3. Amigo, estás metido en problemas, y ya es casi imposible que hagamos algo por ti.

VICENTE. Por favor, díganle al jefe que ya tengo el dinero, que solo tengo que retirarlo del banco mañana y tendrá lo que le debo.

AMIGO 1. Te lo repito, haré lo que pueda; pero cambia esa cara, vamos para una fiesta. ¿Recuerdas? Así que vamos a divertirnos.

AMIGO 2. Sí, a divertirnos.

(Vicente y sus amigos continúan caminando hacia la fiesta.)



ESCENA 3

(Andrés va caminando solo hasta que llega a su casa. Mientras él entra, su madre lo espera y observa.)

ANDRÉS. Bendición.

RAQUEL. Dios te bendiga, hijo (Le da un beso en la mejilla, mira hacia afuera de la casa y luego pregunta.). ¿Dónde está Vicente?

ANDRÉS. Ah, se encontró con unos amigos y lo invitaron a una fiesta en casa del Chango.

RAQUEL. ¿Se fue con ellos? (Algo molesta.) Él estaba contigo.

ANDRÉS. Sí, se fue. (Bosteza.) Me siento muy cansado. Me retiro a dormir. Bendición.

RAQUEL. Dios te bendiga y que descanses.

ANDRÉS. Hasta mañana y buenas noches.

(Andrés se dirige fuera de la escena como si se retirara a su dormitorio. Raquel se queda pensativa y algo molesta.)



ESCENA 4

(La mañana siguiente.)

RAQUEL. (Desde la cocina.) Hijo, despierta. Ya el desayuno está listo. No dejes que se te enfríe.

ANDRÉS. (Gritando.) Bajo en un minuto.

(Andrés llega al comedor. Raquel ya le está esperando sentada y el desayuno está servido. Andrés le da un beso a su madre, se sienta en la mesa y comienza a orar por los alimentos y el día que comienza. Luego de orar empiezan a comer. Pasan unos segundos y Andrés ya ha comenzado a comer. Raquel no ha probado el desayuno y mira a Andrés fijamente. Andrés se da cuenta de la actitud de su madre y deja de comer para hacerle una pregunta.)

ANDRÉS. (Preocupado.) ¿Qué sucede? No has probado tu comida.

RAQUEL. (Con voz pausada.) Estoy muy preocupada por ti. Ese amigo tuyo…

ANDRÉS. ¿Vicente?

RAQUEL. Sí, Vicente. Es que no veo nada bueno en él. Él es un buen chico, pero a veces hace ciertas cosas que no me inspiran confianza. Anoche mismo. Ustedes salieron juntos y llegaste solo. Como si no le importara nada. Además, fuiste tú el que le pagaste la entrada al juego. Eso me deja mucho qué pensar. Y me da mucha pena decirte esto, pero a veces pienso que se aprovecha de ti, y de la amistad que le brindas. Tú no te mereces a alguien que te trate de esa forma.

(Andrés en todo momento está muy atento a lo que su madre dice. Cuando Raquel termina Andrés se queda callado unos segundos y luego responde.)

ANDRÉS. (Con una sonrisa.) Madre, tienes razón en todo lo que estás diciendo, pero Jesús, siendo Dios, se despojó de toda su grandeza y toda su gloria para venir a este mundo a vivir como tú y como yo. No sólo eso. Se la pasaba sanando y haciendo toda clase de favores a las personas que luego le acusarían y crucificarían. ¿Acaso Jesús se merecía todo lo que le hicieron? No me tienes que responder. Pero, ¿sabes por qué hizo todo lo que hizo? Lo hizo por amor, por misericordia, y lo que hago con Vicente no lo hago sólo por obedecer a Dios, lo hago porque lo amo, y oro en todo momento para que un día se dé cuenta de que Dios también le ama y pueda recibir a Cristo como su Salvador y su Señor, y pueda ser contado como uno de los coherederos del reino juntamente con Cristo. Madre, tu preocupación es genuina, pero ¿no es esto lo que me has enseñado tú? ¿A hacer el bien sin mirar a quién?

RAQUEL. (Sollozando.) Hijo, estoy muy orgullosa de ti, y le doy gracias a Dios por ti. Te amo, hijo.

ANDRÉS. Yo también te amo.

(Ambos se funden en un abrazo. Mientras tanto Vicente se acerca a la casa de Andrés, se asoma por la ventana y llama a Andrés.)

VICENTE. (Desde afuera, nervioso y mirando hacia todas partes como si alguien le persiguiera.) ¡Andrés! (Grita más fuerte la segunda vez.) ¡Andrés!

RAQUEL. Te llaman afuera.

ANDRÉS. Es Vicente.

RAQUEL. (Sorprendida.) ¿Tan temprano? (Suspira.) Anda, ve a ver lo que necesita.

(Andrés se levanta de la mesa y le da un beso a su madre. Abre la puerta y allí estaba Vicente muy nervioso.)

ANDRÉS. Hola, Vicente. ¿Tan temprano? Son las nueve de la mañana.

VICENTE. Sí, sí, pero entremos. (Vicente entra a la casa y empuja a Andrés hacia adentro. Luego Vicente cierra la puerta.)

ANDRÉS. Te ves muy preocupado. Dime, ¿qué sucede?

(Mientras tanto Raquel recoge la mesa. Vicente mira hacia donde Raquel y luego dirige su atención a Andrés.)

VICENTE. Necesito un favor.

ANDRÉS. Dime, para eso somos amigos.

VICENTE. Sí, sí, es que necesito ir al banco a retirar un dinero.

ANDRÉS. (Riéndose.) Ah, vale… Tanta preocupación, lo hubieras dicho antes. Me tenías un poco asustado. Espera un minuto.

VICENTE. Ve a ver si doña Raquel me puede llevar.

ANDRÉS. Creo que no habrá problema. Sólo espera un tiempo en lo…

VICENTE. (Casi gritando.) No… (Con un tono más bajo.) Es que es una emergencia. ¿Podemos ir ahora?

ANDRÉS. Muy bien, le diré a mi madre.

(Andrés va hacia su madre. Raquel suspira y toma las llaves del auto.)

RAQUEL. Hola, Vicente.

VICENTE. Buenos días, Doña Raquel.

RAQUEL. Muy bien, vamos.

(Andrés, Raquel y Vicente salen de la escena como si salieran de su casa.)



ESCENA 5

(Vicente está en la fila del banco y es el próximo en ser atendido.)

ESTER. Próximo.

(Vicente da un paso y se asoma en la ventanilla.)

ESTER. Buenos días… ¡Eh, Vicente, tanto tiempo! ¿Cómo estás?

VICENTE. (Un poco nervioso.) Luego hablamos, vengo a retirar el dinero de mi cuenta. Necesito que te apresures, por favor.

ESTER. La fiesta de anoche estuvo súper, pero tú estuviste mejor.

VICENTE. Sí, Ester, pero date prisa.

ESTER. Nada más me falta que me des el número de tu cuenta.

(Vicente le entrega un papel con el número y Ester continúa con su trabajo.)

ESTER. ¿Vas a retirar todo o dejarás algo en la cuenta?

VICENTE. Deseo cerrar mi cuenta, sácalo todo.

ESTER. Muy bien. (Le entrega un sobre con el dinero.) Aquí está tu dinero. Gracias por haber sido cliente de nuestro banco. (Le susurra a Vicente en voz baja.) No va a haber nadie en casa esta noche… Te invito a cenar.

VICENTE. Veré lo que puedo hacer.

ESTER. Te estaré esperando a las siete.

(Vicente le sonríe, introduce el sobre con el dinero en el bolsillo de su pantalón y se retira. Mientras tanto Raquel y Andrés esperan sentados en la sala de espera. Tan pronto ven que Vicente termina se ponen de pie y se preparan para salir del banco.)

ANDRÉS. ¿Está todo en orden?

VICENTE. Listo. Ya podemos irnos a casa, Doña Raquel.

RAQUEL. Muy bien, entonces, vámonos.

(Los tres salen del banco.)



ESCENA 6

(Segundos después de haber salido del banco.)

VICENTE. ¿Doña Raquel?

RAQUEL. Dime, Vicente.

VICENTE. ¿Estamos lejos del automóvil?

RAQUEL. No, se encuentra en el próximo bloque.

(En esos momentos dos personas armadas con pistolas se acercan. Son ladrones y de repente corren hacia ellos.)

LADRÓN 1. (Gritando)¡Vicente!

(Los ladrones están apuntando con sus armas.)

LADRÓN 2. Paga lo que debes.

VICENTE. ¿Quiénes son ustedes?

ANDRÉS. Vicente, ¿qué sucede? ¿Quiénes son ellos?

(Raquel une sus manos y comienza a orar.)

LADRÓN 1. No importa, solo paga lo que debes o te rellenamos de plomo.

VICENTE. Muy bien, aquí está el dinero. (Saca un sobre que tenía en el bolsillo del pantalón.) Y díganle al jefe que cuente conmigo para lo que sea. Esto no volverá a suceder.

LADRÓN 1. (Tomando el sobre.) El jefe no da muchas oportunidades.

VICENTE. Por favor, díganle que no sucederá más.

LADRÓN 2. Tienes toda la razón cuando dices que no volverá a suceder.

(En ese momento el ladrón 2 le apunta con su pistola y se prepara para disparar y matar a Vicente. Andrés se percata y reacciona.)

ANDRÉS. (Grita mientras le empuja.) ¡Vicente, cuidado!

(Entonces se escucha una detonación y Andrés cae al suelo y Raquel grita del susto.)

LADRÓN 1. Larguémonos de aquí, vendrá la policía.

LADRÓN 2. Pero Vicente…

LADRÓN 1. Olvídate de Vicente, ya tenemos el dinero. Era lo que necesitábamos.

(Los ladrones huyen corriendo de la escena. Raquel se avalancha sobre su hijo, mientras que Vicente se ha quedado estupefacto mirando el cadáver de Andrés en el suelo.)

RAQUEL. (Grita desconsolada.) ¡Andrés, hijo! ¡Responde! (Llorando.) ¡Responde!

(Se encuentra Raquel en el suelo abrazando a su hijo.)

VICENTE. (Con voz entrecortada.) Fui yo el que debió haber muerto.