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2012 - España

¿Me comprendes, Méndez?

25 Minutos y 9 Personajes. Un joven está muy deprimido porque sus padres van a divorciarse. Unas amigas del colegio intentan ayudarle cuando un grupo de chavales callejeros le animan a que busque en la droga la solución a sus problemas.


¿ME COMPRENDES, MÉNDEZ?




PERSONAJES

ALBERTO
HOMBRE
MUJER
DOCTOR
KARINA
JOANA
PULGA
EL TONY
DAYANA

Escenario: Tres sillas ubicadas en el centro del escenario.

ACCIÓN

ALBERTO. (Está sentado en una de las sillas, está muy triste, su mirada está perdida, como si recordara algo, pero ese recuerdo le hace sentirse triste. se dirige al público. Habla pausadamente) Buenas, mi nombre es Alberto. (Pequeña pausa.) Alberto Méndez. Soy cero positivo VIH. Fui contagiado por un error. Yo era drogadicto, y en una de tantas quedé infectado por inyectarme con la jeringa de otro compañero. Hoy quiero contarte por qué fue que llegué a este estado. Todo empezó hace un año atrás cuando mis padres decidieron separarse…

(Se apagan las luces.)

(En voz en off la conversación de un Hombre y una mujer.)

HOMBRE. Ya no soporto más esta situación, ya no te aguanto más, hasta acá te aguanté, pero ya no, ya no más.

MUJER. Dame una oportunidad, te lo pido, una oportunidad.

HOMBRE. No, las oportunidades ya se acabaron, esta fue la última que te di.

MUJER. Pensá en nuestro hijo, cómo se va a sentir cuando se dé cuenta de que sus padres se van a separar.

HOMBRE. ¿Y por qué no lo pensaste vos antes de serme infiel, antes de andar con todos esos hombres?

MUJER. Pero ya me di cuenta de que era un error, que no estaba bien.

HOMBRE. Lástima que te diste cuenta demasiado tarde. Ya comencé los trámites del divorcio, y mañana te espero en la oficina de mi abogado para que firmés los documentos.

MUJER. Por favor, pensalo, no cometas ese error.

HOMBRE. ¿Error? Error el que cometiste al serme infiel… Esto, esto es sólo una de las consecuencias de lo que hiciste.

(Las luces se encienden. Alberto está sentado en una banca, muy triste y pensativo. Con su mirada perdida. Está vestido con el uniforme del colegio.)

KARINA. (Entra por la izquierda acompañada por Dayana y Joana. Vienen del colegio. Cuando pasan cerca de Alberto lo vuelve a ver. Después le dice a las amigas) Miren, ahí está Alberto.

JOANA. (En tono despectivo.) ¿Y qué? Ya yo lo vi en el colegio. ¡Qué montón volverlo a ver!

DAYANA. (Lo vuelve a ver.) Yo lo veo un poquillo triste.

JOANA. (Como si no le importara.) Siempre anda así. Yo siempre lo veo con esa cara.

KARINA. (Un poco preocupada.) Vamos a ver qué le pasa.

JOANA. (Regañándola.) ¿Cuándo no? Vos metiéndote en lo que no te importa. (En tono burlón.) Para mí que a vos te gusta Alberto.

(Joana y Dayana molestan a Karina.)

KARINA. (Un poco avergonzada.) ¡Ay ya, déjense de decir tonterías…! Vamos a ver qué le pasa. (Se acerca a donde está Alberto.) ¡Hola Alberto!

(Alberto sigue con su mirada perdida.)

KARINA. Hola Alberto.

JOANA. (Se acerca a Karina.) Ni atención te pone. Mejor me hubieras hecho caso y no pasás ese ridículo. (Avergonzada.) ¡Qué color! Toda esa gente viéndonos. Parecemos locas hablándole a una estatua.

KARINA. (Mueve a Alberto.) Alberto, hola.

ALBERTO. (Reacciona.) ¡Eh! ¿Qué pasa, qué pasa?

DAYANA. Di: ¡Ay! Hombre… Es que estabas como muerto.

ALBERTO. (Suspira y vuelve a perderse con la mirada.) No andás muy largo.

KARINA. (Preocupada.) ¿Qué te pasa Alberto?

ALBERTO. Nada.

KARINA. No me mintás, que a vos te pasa algo.

JOANA. (Molesta.) ¡Qué mujer más terca! Ya te dijo que nada.

KARINA. (Se sienta a la par de Alberto.) No me mintás Alberto, que a vos te pasa algo, has estado muy raro hoy. Casi no has querido hablar.

JOANA. (En tono burlón.) Ya empezó la señorita psicología con su terapia. (Se dirige al público.) “Señoras y señores, bienvenidos a su terapia con la doctora Karina Berrocal. El caso de hoy, el rostro siempre triste de Alberto Méndez, no se lo pierdan, que está buenísimo”.

DAYANA. ¡Ya, Joana! No seas tan burlona.

JOANA. (Molesta.) Es verdad, esta mujer quiere jugar de doctora corazón.

KARINA. Bueno, Joana, ya es suficiente. Dayana tiene razón. Y si vas a estar acá para burlarte de los demás, es mejor que te vayas.

JOANA. (Molesta.) ¡Epa…! ¿De cuándo acá vos me decís cuándo me debo ir y cuándo no?

ALBERTO. (Siempre con la mirada triste.) Mejor no sigan discutiendo, no quiero ser causa de más divisiones.

KARINA. (Insistiendo.) Alberto, a vos te pasa algo, tu actitud lo dice todo.

JOANA. (Mira a Alberto.) Pero yo no veo nada.

DAYANA. (Regañándola.) ¡Ya, Joana! Mejor, callate.

KARINA. (Se pone de pie.) ¿Por qué no vamos a algún sitio a comer algo?

JOANA. Lo que faltaba, que lo invitara a comer. (A Karina.) Espero que andés plata porque yo no pienso invitarlo.

DAYANA. Mejor vámonos, Joana.

JOANA. (Mira hacia el público y se detiene en seco.) ¡Oh por Dios!, ¡Oh por Dios!

DAYANA. (Preocupada.) ¿Qué pasa, Joana?

JOANA. (Señala hacia el público.) Miren quiénes vienen ahí.

DAYANA. (Vuelve a ver y se asusta.) No puede ser, lo único que faltaba.

JOANA. (Agarra a Karina de la mano y la jala.) Karina, mejor vámonos, que ahí vienen esos. (Señala a los chicos que acaban de entrar por entre el público.)

KARINA. (A Alberto, muy asustada.) Alberto, mejor vámonos, porque si esos llegan a acá es muy probable que te hagan algo.

ALBERTO. (Sin levantar la mirada del suelo.) La verdad es que si me hacen algo, me vale. Después de escuchar que mis papás se van a separar, nada me importa, aun si me muero.

JOANA. (Molesta.) ¿Qué diantres se fumaría éste que está diciendo estas cosas?

DAYANA. (La jala del brazo.) Joana.

(Entran Doctor, Pulga y El Tony por entre el público haciendo desorden. Las tres chicas se abrazan como para protegerse, Alberto sigue con su mirada perdida.)

DOCTOR. (Cuando llega al escenario, rodea a las muchachas, pero no le pone cuidado a Alberto. Las intimida.) Miren, miren, pero qué bien lo que nos encontramos acá, ¡Carnita fresca!

KARINA. (Enfrenta a Doctor, pero con miedo.) De una vez le advierto que estoy dispuesta a darme de golpes con usted si es necesario.

DOCTOR. (Burlándose.) ¡Uy! Pero qué ruda está la mujer hoy.

JOANA. (Muy decidida y en tono retador.) Usted le hace algo a mi amiga y se las ve conmigo.

DOCTOR. (En tono de burla.) ¿Pero qué es esto, la revolución femenina?

DAYANA. (Muy molesta.) Ya estamos cansadas de que ustedes nos estén asustando.

DOCTOR. (Burlón.) ¡Uy! Pero qué ofensiva se volvió la muchachita.

ALBERTO. (Se pone de pie y empuja al Doctor.) No las molesten más.

(El Tony y Pulga agarran a Alberto.)

DOCTOR. (Se vuelve.) Pero miren quién está acá. Nada más y nada menos que Méndez.

(Pulga y El Tony se ríen y lo agarran con fuerza.)

DOCTOR. (Se le acerca y lo toma de la cara.) Mira, papi, no te metas, que acá es asunto de tres contra tres, y usted está sobrando (Lo empuja.)

ALBERTO. (Retándolos.) Si tienen que pegarle a alguien que me peguen a mí.

DOCTOR. ¡Uy! Pero cómo tiemblo de miedo... (A Pulga y El Tony.) ¿Verdad qué miedo compas?

PULGA. Sí, sí, ¡qué miedo! (Se ríe.)

(El Tony asusta a Pulga.)

PULGA. (Se asusta, pero se ríe.) Otra vez, otra vez…

(El Tony lo asusta de nuevo y Pulga se ríe.)

JOANA. (Brava se mete en medio de los dos.) Ya no lo molesten, no ve que sus papás se van a separar y él anda muy triste.

ALBERTO. (Cayando a Joana.) ¡Joana, no!

(Karina hace un gesto de molestia.)

DAYANA. (Molesta se lleva las manos ala cabeza.) ¿Cuándo no, Joana?

DOCTOR. Así que eso es lo que te tiene más triste que tontico, sin mama.

ALBERTO. (Retador.) Sí, eso es lo que me tiene así… ¿Y qué?

EL TONY. Pues el doctor tiene la solución.

ALBERTO. (Interesado.) ¿En serio?

DOCTOR. Pues claro, papá, yo tengo la solución. Mirá, lo que necesitás es un buen viaje. (Y saca una jeringa.)

JOANA. ¿De cuando acá éste es un agente de viajes?

PULGA. (Se mete.) ¿Cuál agente de viajes ni que ocho cuartos? El Doctor vende de la buena, de la que lo hace a uno volar. ¿Me comprendes, Méndez?

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

JOANA. No entiendo.

(Dayana le habla a Joana en el oído.)

JOANA. (Sorprendida.) ¿Usted vende dro...

DOCTOR. (Le tapa la boca.) ¡Shhh...! No quiero que nadie se dé cuenta, si no me echan al tabo.

JOANA. (Asustada.) Entonces usted es un...

DOCTOR. (Con una reverencia.) Sí, para servirle a usted y a la patria.

JOANA. ¿Y para qué anda con éstos mocosos?

PULGA. ¿Y usted tan mayor?

KARINA. (Al Doctor.) Mire, Alberto no necesita de su ayuda y menos de lo que usted vende.

EL TONY. ¿Qué? ¿Usted es la mamá de Albertico para que hable por él?

DOCTOR. ¡Ja! Me lo dices a mí. Mis papás también se divorciaron, y pensaron que dándome muchos regalos, dinero y muchas otras cochinadas iban a llenar el vacío que había en mí, ese vacío que creí que no se podía llenar. Hasta que unos amigos me regalaron algo que vino a llenar ese vacío (Saca un paquete blanco.) Esto ¿Lo ves? Vino a cambiar mi vida, esto ha venido a llenar el vacío que había en mí.

KARINA. Sí, pero siempre vas a necesitar más y más, porque el efecto pasa y el vacío siempre queda.

DOCTOR. Por eso no me preocupo, porque siempre tengo más. A mí todo me lo dan gratis. Lo que necesite, nada más lo pido y me lo dan.

PULGA. ¿Comprendes?

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

ALBERTO. (Al Doctor.) Yo quiero de eso que vos tenés para olvidar. Yo también quiero volar como lo hacen ustedes.

DAYANA. No, Alberto, no lo hagás, esa no es la solución.

DOCTOR. Usted no se meta.

EL TONY. Sí, no se meta.

JOANA. Sí, Dayana, no se meta, mejor no sigan más porque de seguro nos van a hacer un daño.

EL TONY. Escuchen a su amiguita, ella sí es inteligente.

KARINA. (Molesta empuja a El Tony.) ¿Cómo que no se meta? Si ustedes lo que van a hacer es destruir la vida de mi amigo.

(El Tony se esconde detrás de Doctor.)

DOCTOR. Mira, nena, no te metas, que el que decide es el amigo. (Señala a Alberto.) Déjenlo, ustedes no lo mandan.

PULGA. Mira guapa, el compa quiere volar, no le corten las alas, déjenlo libre.

DAYANA. Pero es que él es nuestro amigo, y lo queremos mucho.

EL TONY. Mira, preciosa, si a los papás no les interesa la vida del brother… ¿Cómo le va interesar a ustedes que no son nada de él?

JOANA. (Desubicada, se impacienta.) Ahora sí que no entiendo nada.

KARINA. (Más animada y casi desesperada.) Está bien, tal vez nosotras no seamos nada de Alberto, y quizá no nos interese su vida, pero hay alguien que entregó su vida para que Alberto no tenga que sufrir más.

DOCTOR. ¿Pero quién va a entregar su vida por éste? (Señala a Alberto.)

DAYANA. (De forma pausada.) Jesús, el Hijo de Dios. Él lo tenía todo, todo el poder, toda la gloria, tenía miles de coros que le cantaban y muchos ángeles que le servían, y dejó eso para entregar su vida no solo por Alberto, también por mí, por Karina, por Joana...

JOANA. (Desubicada.) ¿Yo qué?

DAYANA. Y por, por, por... (Señalando a Pulga y El Tony.) Esos dos.

PULGA. Esos tienen nombre. Yo soy Pulga.

EL TONY. Sí, y yo El Tony.

DAYANA. Bueno, por Pulga y por Chepe, y por supuesto, por usted. (Señala a Doctor.)

DOCTOR. ¿Cómo, un tipo que ni me conoce va a morir por mí?

KARINA. Él le conoce incluso mejor de lo que usted se conoce.

EL TONY. ¿En serio? ¿Alguien entregó su vida por mí? Oye, nadie, que yo sepa, lo haría por mí.

DAYANA. Pero Jesús lo hizo porque te ama.

DOCTOR. (Molesto.) Mentira, nadie te ama.

ALBERTO. Bueno, ya. (Al Doctor.) ¿Me va a ayudar? ¿Sí o no?

DOCTOR. Claro, mi amigo. Vení que te voy a llevar a un lugar donde nadie nos va a ver.

(Los tres drogadictos y Alberto caminan hacia la izquierda.)

KARINA. Se esconden porque saben que lo que hacen es malo. Pero Jesús no sabe de escondites, por que Él es la Luz.

(Los cuatro se vuelven cuando escuchan las palabras de Karina.)

JOANA. ¿Para qué hablaste? Ya se iban.

DAYANA. (Regañándola entre dientes.) Joana…

ALBERTO. (Muy molesto se dirige a Karina.) Mejor callate, que me tenés harto con Jesús. Si muchas noches lloré en mi cama pidiéndole ayuda, y nunca me escuchó, para qué seguir insistiéndole, mejor busco una solución más rápida y así no le hago perder el tiempo…

DAYANA. (Muy preocupada.) Pero si no le estás haciendo perder el tiempo.

ALBERTO. (Muy decidido.) Por más que insistan, he tomado una decisión, buena o mala, al fin y al cabo es mi decisión. Y si a mis papás no les importa, menos a ustedes.

KARINA. (Desesperada.) Pero es que no me comprendés.

(El Tony y Pulga se ponen a bailar a ritmo de la canción "Me comprendes Méndez”.)

KARINA. (Enojada. Muy molesta.) Ya es suficiente. Estoy harta de escucharlos decir eso. ¿Es que acaso no pueden comprender que es un grave error lo que ustedes están haciendo?

(El Tony y Pulga se asustan. Se esconden detrás de Doctor.)

KARINA. (A Alberto.) Y lo que vos, Alberto, vas a hacer. Comprendé que las drogas no son la solución.

ALBERTO. Si las drogas no son la solución. ¿Entonces qué?

KARINA. Ya te lo dije, Jesús te quiere ayudar.

JOANA. (Hablando sola.) Y dale con la piñata. Pero esta mujer está sorda ¿O se hace?

ALBERTO. Yo también ya te lo dije, ya estoy cansado de pedirle ayuda y no he visto una respuesta.

DAYANA. Pero es que debés de tenerle paciencia.

ALBERTO. (Molesto.) Paciencia, paciencia, ya estoy harto de tener paciencia, yo quiero algo que sea rápido y él (señala al Doctor) tiene la solución.

JOANA. (Impaciente.) Sí, déjenlo que se vaya, no insistan más. Ya me quiero ir.

DAYANA. (Regaña a Joana.) ¡Ya, Joana! Si te querés ir, vete, nadie te tiene amarrada.

JOANA. ¡Uy! ¡Qué dicha! Música para mis oídos. (Sale por la derecha.)

PULGA. Lástima, se fue la más inteligente de todas. ¿Por qué no hacen lo mismo?

EL TONY. Sí, y dejan al amigo tranquilo, que disfrute del vuelo.

KARINA. (Desesperada le habla a Alberto.) Pero es que él… (Señala al Doctor) tiene una solución pasajera, Jesús es para toda la vida. Además, la ayuda que él (señala de nuevo al Doctor) te ofrece, no es gratuita.

DOCTOR. Tranquilo que yo te regalo la primera.

DAYANA. (Con desesperación. Preocupada por su amigo.) Sí, pero tenés que pagar las demás, y no va a ser poquito, como al principio, vas a querer más y más. Y cada vez te va a salir más caro.

DOCTOR. Si quiere ayuda y disfrutar del placer de volar, debe de pagar.

KARINA. Pero Jesús no te cobra nada, él te lo da gratis.

EL TONY. Con razón tiene un mal servicio, si lo da gratis.

DAYANA. Él no lo hace por cobrar, porque lo hace por Amor.

ALBERTO. (Muy molesto.) Amor, amor, ya quisiera verlas en mi lugar, donde lo que menos recibo es amor. (Se les acerca, muy decidido.) ¿Y saben qué? Ya estoy cansado de escucharlas, y por más que insistan, no les voy a hacer caso. (Les pasa por el frente y se vuelve.) Adiós.

DOCTOR. Muy bien. Vámonos.

(Salen por en medio del público, seguidos por Pulga. El Tony se queda.)

EL TONY. (A Karina y Dayana.) ¿En serio Jesús no me cobra nada por ayudarme?

KARINA. Sí, mi amigo, Él no cobra nada.

PULGA. (Se devuelve y agarra a El Tony de la mano y lo jala.) Caminá y no te quedés hablando con estas locas.

(Salen y se apagan las luces. Las luces se encienden de nuevo pasados 20 segundos.)

ALBERTO. (Está sentado en una de las sillas, como al principio.) Y bueno, ya es de suponer lo que pasaría después. Comencé a hundirme más y más en un abismo sin salida. Lamentablemente tuve que llegar a ésta condición para darme cuenta de que fue un error. Hoy mis amigas, que en aquella ocasión quisieron ayudarme, sí se dieran cuenta de mi situación, estoy seguro de que me habrían dicho -"Te lo dijimos"-. Tengo paz en mi corazón porque le entregué mi vida a Dios, pero fue hasta que me vi en el estado que estoy, enfermo y con muchas posibilidades de morir joven. Amigo, no esperes a que sea demasiado tarde para buscar de Jesús. Recuerda que ni las drogas, ni el alcohol son la mejor solución a tus problemas. Busca a Jesús, que Él de fijo te ayudará. ¿Me comprendes, Méndez?

(Se apagan las luces.)