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2012 - España
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El abogado

15 Minutos y 6 Personajes. En un juicio una joven es declarada culpable por todos los errores que ha cometido en su vida pero su Abogado defensor ha pagado el precio por ella

EL ABOGADO


PERSONAJES

ABOGADO
JUEZ
ACUSADOR
ACUSADA
POLICÍA
SECRETARIA



ESCENARIO: Una sala de juzgado.

(La sala está vacía cuando se encienden las luces. Entra el policía y se sienta, entra la secretaria y acomoda su escritorio.)

POLICÍA. Buenas, joven.

SECRETARIA. Buenas, caballero.

POLICÍA. Parece ser que hoy será un día tranquilo.

SECRETARIA. Si usted lo dice.

POLICÍA. Digo yo, a lo mejor será un día bastante cansado.

ACUSADOR. (Entra por la derecha. Se ve muy contento.) Buenos días, dama, caballero.

POLICÍA. Veo que está usted muy contento.

ACUSADOR. ¿Y cómo no lo voy a estar? Hoy es el gran día.

SECRETARIA. (Extrañada.) ¿El gran día?

ACUSADOR. Por supuesto, joven, hoy es el día del gran juicio. El honorable juez tendrá a su cargo este juicio. (Con fanfarronería.) Y yo, claro está, me encargaré de acusar a cada uno de los que por esta sala pasen, para que les caiga todo el peso de la ley. (Golpea el escritorio y se ríe cínicamente.)

(La secretaria y el policía se asustan.)

SECRETARIA. (Al policía.) ¡Qué hombre más malo!

POLICÍA. ¡Oh! No lo dude usted, a este abogado difícilmente se le van los juicios, todos los gana.

SECRETARIA. (Mira al acusador.)

ACUSADOR. (Está en su escritorio acomodando los papeles, y en su rostro tiene una sonrisa, una sonrisa cínica.)

SECRETARIA. (Mira al policía. Hace un gesto como preguntándose ¿Es verdad?)

POLICÍA. (Asiente con la cabeza.)

ACUSADOR. (Mira el reloj.) Vaya (al policía) Disculpe, caballero.

POLICÍA. ¿Sí, señor?

ACUSADOR. ¿No sabe usted cuándo comenzará el juicio?

POLICÍA. Pues no, nadie acá sabe, es más, y no sabía que hoy sería el gran juicio.

ACUSADOR. ¿Podría usted preguntarle al señor juez cuándo comenzaremos este juicio?

POLICÍA. Sí, con gusto, ya regreso. (Sale por la izquierda.)

SECRETARIA. (Con un poco de temor.) Y, ¿tiene mucho tiempo de estar en este tipo de trabajo?

ACUSADOR. (Vuelve a ver a la secretaria.) ¿Me habla a mí?

SECRETARIA. Sí, señor.

ACUSADOR. (Entre cínico y orgullo.) Claro, joven, son muchos años de estar en estas lides, nunca, óigame usted, nunca he perdido un juicio.

SECRETARIA. Vaya, es usted muy buen abogado.

ACUSADOR. Por supuesto, soy el mejor, no hay otro como yo, no lo habrá.

SECRETARIA. Está usted muy confiado.

ACUSADOR. Por supuesto, (con orgullo). Creo en mí, soy mi propio dios.

POLICÍA. (Entra de nuevo.) Dice el señor juez que el juicio iniciará en el momento que él lo decida.

ACUSADOR. Muchas gracias, caballero.

POLICÍA. Ah, y también dijo que no le molestara más. (Se dirige hacia la salida de la derecha.)

ACUSADOR. ¿Se puede saber a dónde se dirige usted, caballero?

POLICÍA. (Se vuelve.) Le contestaré sólo porque soy muy educado, de lo contrario, no me hubiese molestado en perder el tiempo volviéndome a responder. Para su información, me dirijo a las celdas para traer al primer acusado, según órdenes que me dio el distinguido juez. (Sale del escenario.)

ACUSADOR. (Se sienta muy molesto.)

SECRETARIA. (Se ríe disimuladamente.)

JUEZ. (Entra por la izquierda.) Buenos días.

(La Secretaria y el Acusador se ponen de pie.)

SECRETARIA y ACUSADOR. Buenos días, señor juez. (Se sientan.)

JUEZ. Bien, comenzaremos con el juicio. Claro está, en el momento que llegue el primer acusado. (Toma uno de los folders que tiene sobre su mesa y lo revisa.)

ACUSADOR. (Saca un folder lleno de papeles. Se ríe cínicamente.)

SECRETARIA. (Lo mira muy asustada.)

POLICÍA. (Entra con la acusada y la sienta en la silla que está al lado contrario de la mesa del Acusador.)

ABOGADO. (Entra acompañando a la Acusada. Se sienta en su escritorio, pero no dice nada.)

JUEZ. Bien, (leyendo el folder) Ana Lorena Díaz Castro, ¿no es así?

ACUSADA. Sí, señor.

JUEZ. ¿De qué se le acusa?

ACUSADOR. (Se pone de pie.) Se le acusa de varios delitos.

JUEZ. (Al Acusador.) Usted hablará cuando se le indique que lo haga.

ACUSADOR. (Se sienta, muy avergonzado.) Sí, señor.

SECRETARIA. (Se burla disimuladamente del Acusador.)

JUEZ. Bueno, procedamos con el juicio. Escucharemos primero la parte acusadora y luego la defensa.

ABOGADO. (Observa en silencio la acción)

ACUSADOR. (Se pone de pie, muy confiado y con altanería.) Gracias, señor juez. Bien, veamos: esta mujer ha cometido varios pecados muy graves que requieren ser juzgados con todo el peso de la ley. (Abre el expediente.) Bien, veamos, para empezar, quiero llamar como primer testigo a la misma acusada.

ACUSADA. Señor juez...

JUEZ. Silencio, por favor, proceda a obedecer la solicitud del señor Acusador.

ACUSADA. (Triste.) Sí, señor.

ACUSADOR. (Sonriendo maliciosamente.) Bien, bien... Veamos. Acá están todos los pecados que usted ha cometido. ¿Qué tal si hacemos un repaso de cada uno de ellos?

ACUSADO. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio.

ABOGADO. (Sigue en silencio y observa detenidamente.)

ACUSADOR. Bien, remontémonos a 10 años atrás. Usted era una niña de 5 años y se robó una manzana de la verdulería de don Juan, ¿ajá? Después le mintió a su mamá diciendo que se la habían regalado... ¡Qué barbaridad! Mentirle a la mamá.

ACUSADA. Pero, señor juez...

ACUSADOR. A los siente años le arrancó la cabeza a una muñeca para que le compraran una nueva, engañando al papá... ¡Qué terrible! A los diez años se peleó con una compañera en la escuela.

ACUSADA. Pero ella fue la que empezó. Ella me empujó y yo me caí.

ACUSADOR. Sí, pero nada de eso hubiese pasado si no se hubiesen fugado de la escuela.

ACUSADA. (Inclina su rostro.)

ACUSADOR. Bien, a los doce se fue con varios compañeros para la casa de una compañera. (A la Acusada.) ¿Quiere que especifique a qué fueron o sólo lo dejo así?

ACUSADA. (Apenada.) No, déjelo así, no vale la pena decirlo.

ACUSADOR. No creo que no valga la pena, hay algunas bastante interesantes que ustedes hicieron en esa casa y ganas me sobran de mencionarlas.

ACUSADA. Sí, pero mejor no diga nada, ya bastante ha dicho.

ACUSADOR. Pero si no he terminado, todavía falta más. POr ejemplo, cuando compraron licor a escondidas durante el baile de graduación de la escuela. O en el colegio, las fugas para ir al pool de la esquina y no precisamente a jugar carambola, bola negra o pool. (Al juez.) Bien, señor juez, hay más, pero creo que con esto basta para acusar a la mujer ésta de cadena perpetua.

JUEZ. (A la Acusada.) Bien, ¿qué tiene que decir a su favor?

ACUSADA. Bueno, creo que no me queda más que declararme...

ABOGADO. (Poniéndose de pie.) Inocente.

(Hay un silencio total.)

ABOGADO. La joven se declara inocente.

ACUSADOR. (Se queda petrificado, asustado, y ano sonríe cínicamente, ahora está nervioso.)

ABOGADO. Ella es inocente, si bien es cierto se le acusa de muchas faltas pero ella ha pagado por esas faltas, yo mismo me he encargado de que su fianza sea pagada. Si usted leyó con detenimiento, el expediente dice que esta mujer ha sido absuelta de toda falta, y que el caso es caso cerrado y que nada tiene que estar haciendo este expediente acá.

JUEZ. Entonces, ¿por qué está este expediente en mi escritorio? ¿Se puede saber quién lo puso?

(Todos vuelven a ver al Acusador.)

ABOGADO. ¿Quién más que este tipo? Sólo él, se ha dedicado a engañar, a mentir, robar, su único objetivo es destruir la vida de quienes vienen a esta sala de juicio, su corazón está lleno de odio y maldad. Muchos de los que han pasado por esta sala han sido encarcelados porque no se les dio otra oportunidad.

ACUSADOR. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio, no tiene autorización para hablar. (Al Abogado.) Prosiga.

ABOGADO. Gracias. Como le decía, su señoría, este hombre ha engañado por mucho tiempo a muchos. Es más, si revisa los demás expedientes, se dará usted cuenta de que la mayoría de ellos son casos cerrados.

JUEZ. (Revisa los folders. En su rostro se dibuja un gesto de sorpresa y de indignación.) No puede ser, es cierto. (Mirando al Acusador.) ¿Qué tiene que decir a esto?

ACUSADOR. (Nervioso.) Bueno, este... Yo... Vea su señoría, es algo muy complicado, quizá si lo vemos desde un punto de vista, donde quizá se junten ambas situaciones, es donde podremos encontrar la respuesta, y entonces nos metemos por huequito y nos salimos por otro y yo digo hasta lueguito. (Toma el portafolio.)

JUEZ. (Enojado.) Un momento, usted no va a ningún sitio. Es usted un sinvergüenza, un canalla lo quiere ver en mi oficina terminado este juicio.

ACUSADOR. (Asustado.) Sí, señor.

JUEZ. (A la acusada.) Queda usted en libertad, joven.

ACUSADO. (Feliz.) Gracias, señor juez.

JUEZ. Y este caso lo doy por cerrado y la corte entra en receso. (Al acusador.) Ya sabe, lo espero en mi oficina. (Al policía.) Se encarga usted de acompañarlo.

POLICÍA. Se hará como usted ordene, su señoría.

JUEZ. Bien, me retiro.

SECRETARIA. (Al Acusador.) Tiene usted razón, no hay nadie como usted, es único, pero mejor que usted, sí hay. (Y vuelve a ver al Abogado.)

ACUSADOR. (Se enoja.)

POLICÍA. Vamos, caballero, que el señor juez le está esperando.

(El Policía y el Acusador salen por la izquierda, la Secretaria lo hace por la derecha.)

ACUSADA. (Al Abogado.) Gracias, si no llega usted a tiempo, quizá ahora estaría de nuevo en la cárcel. Gracias, no sabe cuán agradecida estoy, no tengo cómo pagarle.

ABOGADO. Tranquila, ya usted me pagó.

ACUSADA. ¿Cómo? ¿Si yo no le he dado ni un cinco?

ABOGADO. El hecho de darme las gracias es más que suficiente para mí. Yo no busco dinero, ni tampoco que me paguen, lo único que busco es la gratitud de aquellos a los cuales he salvado de la cárcel y que después de ser liberados se dediquen a vivir una nueva vida, dejando la vieja manera de vivir y convirtiéndose en nuevos hombres y mujeres.

ACUSADA. Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma, en su hablar veo más que simples palabras, veo amor, un amor que en este mundo no se puede encontrar ni comprar.

ABOGADO. El amor no se compra, no se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, sólo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Toma el portafolio y sale por la derecha.)

ACUSADA. (Pensativa.) El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, sólo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Mira hacia la derecha.) ¡Ey, espere! (Sale por la derecha y se apagan las luces.)


FIN


"Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo el Justo". 1 Juan 2:1

El último juicio

15 Minutos y 9 Personajes. Un joven tiene un sueño decisivo: el juicio de vida y muerte ante el tribunal divino. Satanás estará atento a culparle por todas sus faltas pero Jesús estará allí para cubrirlas con su sangre.


EL ÚLTIMO JUICIO
Luis Alberto Jiménez

(Basado en Apocalipsis 20:12-13,15)

PERSONAJES

JESÚS (atuendo tradicional: túnica, barba) - ABOGADO
VOZ DE DIOS - JUEZ
VOZ ACUSADO- PABLO
ACUSADO (vestido de blanco)
SATANÁS (vestido de negro y máscara) - FISCAL
EVANGELISTA- ANGÉLICA
ÁNGEL (vestido con túnica blanca y alas)
DOCTOR
DEMONIO 1 (vestidos de negro con cuernos)
DEMONIO 2 (vestidos de negro con cuernos)


ATREZZO

Reflectores, teléfono, 2 mesas con 4 sillas, banco, atril, libros gruesos, cama


ACTO PRIMERO

ESCENARIO. El Acusado se encuentra en cama, mientras que el Evangelista le habla de la Palabra de Dios.

VOZ ACUSADO. Creí haber vivido una vida placentera, llena de lujos, fama, dinero, vicios. ¡Vaya que si me equivoque! Esta enfermedad me ha hecho ver mi suerte y lo pequeño que soy en este mundo. Jamás me habían hablado de Cristo, nunca había escuchado una historia tan hermosa de la que me habló Angélica ese día que cambió mi vida; ahora siento que mi vida fue un desperdicio, jamás le di las gracias a Cristo por lo que hizo por mí. En ese momento no sabía qué iba a pasar conmigo.

EVANGELISTA. Pablo, ahora que has escuchado de Dios: ¿No quisieras recibirle en tu corazón? ¿No quisieras aceptarle y sentir a Cristo en lo más hondo de tu vida? ¿Pedirle perdón por tus pecados y tus ofensas? Dios te ama y no quiere que te pierdas.

VOZ ACUSADO. En ese momento quería llorar; inmediatamente conteste que sí; sentía una enorme necesidad de pedir perdón a ese Jesús tan maravilloso y dije una oración junto con Angélica que está grabada en lo más profundo de mi corazón y mis recuerdos.

EVANGELISTA. Pablo, repite conmigo: (Solo se oye la voz de Angélica) “Mi Señor Jesús, en esta noche he escuchado tu maravillosa historia, del grande sacrificio que hiciste para salvarme de la muerte eterna. (Lentamente cambio de la voz de Angélica a la de Pablo.) Ahora mi Jesús, quiero pedirte que vengas a mi corazón, que lo limpies de todos mis pecados y que reines en él para siempre. TE ACEPTO COMO MI ÚNICO Y SUFICIENTE SALVADOR. Te doy muchísimas gracias. Amén. (Cae desmayado Pablo). Pablo, Pablo, ¿qué tienes? ¿Qué te pasa? ¡Contéstame, Pablo! (Toma el Teléfono.) Doctor, por favor, Pablo está muy mal, no sé qué tiene, venga pronto, por favor.

(Cierre de Telón)


ACTO SEGUNDO

VOZ ACUSADO. En ese momento pensé que había muerto, mi mente se encontraba muy confundida; aún en medio de eso me sentía feliz, tenía un gozo indescriptible en mi corazón. Tuve un sueño que me marcó para toda mi vida. Lo primero que recuerdo era un lugar muy parecido a una corte; estaba formado en una larguísima fila, no sabía lo que sucedía hasta que al fin llego mi turno… (Se abre el Telón.) Escuché una voz fuerte y clara que dijo:

ÁNGEL. (En el Atril con un libro abierto.) Han llegado los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; los libros serán abiertos; todos sus actos registrados en ellos; El libro de la Vida será abierto y serán juzgados según sus obras descritas en los libros; el mar, la muerte y el hades han entregado sus muertos. (Voz Fuerte.) ¡TODOS SERÁN JUZGADOS! Y el que no se halle en el libro de la vida será lanzado al lago de fuego, por cuanto no aceptaron el regalo de Dios por Amor al hombre. Pablo Fuentes Molina, adelante, toma tu lugar. (Banquillo.)

VOZ ACUSADO. Una vez que acabó de hablar este ser, se sintió un ambiente pesado y frío. Se escuchaban cosas macabras y una carcajada se oyó en el fondo.

(Entrada de Satanás, luces bajas y rojas, con sonidos de lamentos.)

SATANÁS. (Gran Carcajada, entra con sus demonios cargando libros y cajas, y se acerca a Pablo.) ¿Qué te sucede, Pablito, ya no te acuerdas de mí? ¿Te acuerdas de los grandes fraudes que hicimos? ¿Te acuerdas de nuestras parrandas?

(Pablo se agacha, solo con los movimientos lo sigue atormentado con sus demonios.)

VOZ ACUSADO. Era la persona más demoníaca que había visto en mi vida; jamás estuve con él, nunca lo conocí, pero él insistía en que sí. El caso es que estaba muy asustado. Esta persona me dio mucho temor, sobre todo porque sabía mucho de mí. Esos momentos fueron eternos, tal vez solo fueron unos segundos pero para mí fue toda una eternidad.

(Canto: CREO EN TI, Se escucha solo la primera estrofa, se baja el volumen y habla Jesús.)

VOZ ACUSADO. Cuando de momento se empezó a sentir una gran tranquilidad; entró un personaje, un caballero, con una mirada tierna y bondadosa. Me parecía familiar sin embargo no lo pude reconocer, y con voz firme dijo al Fiscal:

JESÚS. ¡Toma tu lugar inmediatamente!

VOZ ACUSADO. En el acto, este personaje tomó su escritorio, y temeroso con sus dos aliados, empezaron hablar entre ellos.

ÁNGEL. Todos puestos en pie: El Dios Todopoderoso, preside este juicio; El Gran Yo Soy, el Alfa y la Omega, el Principio y Fin; Todos sus juicios son justos y verdaderos, el Dios Justo preside este juicio. (Todos los reflectores encendidos.)

VOZ DE DIOS. Pablo Fuentes Molina. Abran los libros. Comencemos: Fiscal, tiene la Palabra.

SATANÁS. ¡Dios Justo! Mi nombre es Satanás y estoy aquí para demostrar que Pablo Fuentes Molina es culpable.

VOZ ACUSADO. Cuando supe de quién se trataba, sentí mucho pánico, pero simplemente no podía hablar ni moverme, solo escuchaba. Comenzó a hablar de las mentiras que había dicho en mi vida; de cosas que había robado, de las veces que había hecho fraudes, de todos mis vicios, de mis adulterios y habló de las personas a quienes había hecho muchísimo daño.

SATANÁS. (Los demonios le pasan libros y le dicen cosas al oído.) ¡Dios justo! Aquí está el libro de todas las mentiras que este sujeto ha dicho. (Lo Abre.) Comenzó desde muy pequeño cuando rompió los platos de la vajilla china de su mamá y culpó a su hermanito. Mintió en la Escuela, muchísimas veces a sus padres cuando se portaba mal; aquí tengo una cuando mintió a sus primos para quitarles dos mil pesos. Ahora veamos este otro libro de sus Robos. Solo para ejemplificar, mostraré como prueba el fraude a su País por más de doscientos millones, dejando sin casa a mucha gente. Bien hecho, Pablito, yo no lo hubiera hecho mejor. Tengo cien libros más de esto, también quiero decir que por esto muchos niños se quedaron en la calle, algunos de ellos murieron de hambres y frío, y la mayoría fueron grandes delincuentes. Pecados tuyos, Pablito, hay de sobra, los tenemos clasificados por categorías. ¿Recuerdas Pablo cuando quisiste propasarte con esa chica de preparatoria, de las veces que estuviste en antros de mala muerte y lujuria?

VOZ ACUSADO. Satanás siguió hablando de las horribles perversiones que hice en mi vida, entre más hablaba, más me hundía en mi banquillo, me sentía tan avergonzado que no podía ver a nadie a la cara. Satanás me estaba haciendo polvo porque mencionaba pecados hasta de los que ya no me acordaba. Lo peor es que era culpable de todo lo que decía.

SATANÁS. ¡Dios Justo! En resumen, este individuo: Pablo Fuentes Molina es culpable de todos los pecados y actos que he acusado, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario. (Voltea hacia Pablo.) Por fin se te hará justicia, Pablito. (Carcajadas de Satanás y demonios.)

VOZ ACUSADO. Empalidecí, pensé que todo ya estaba perdido y que iba a condenarme. Entonces se levantó mi Abogado, y fue cuando vi su Gloria y Majestad. Hasta entonces me di cuenta de que mi Abogado era Jesús. Infundió una dulce calma a mi corazón, pero por todo lo que había hecho creí que nadie me salvaría.

JESÚS. Padre Celestial, he venido a defender a mi Hijo Pablo Fuentes Molina; Satanás, está en lo correcto, al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar esas acusaciones; Reconozco que el castigo para el pecado es la muerte eterna y Pablo Fuentes Molina merece ser castigado. (Con voz firme y fuerte.) Sin embargo, Yo di mi vida en la cruz para que Pablo pudiera tener vida eterna. Unos momentos antes de morir Pablo me aceptó en su corazón arrepintiéndose de todos sus pecados. Su nombre está en el Libro de la Vida, y lo podemos corroborar. Satanás no comprendió que a este hombre no se le hizo justicia, sino que se le ha regalado misericordia y amor. ¡¡¡TODO FUE PAGADO YA!!! Este hombre es libre y perdonado de su culpa.

VOZ DE DIOS. ¡Ángel! ¿Se encuentra el nombre de Pablo Fuentes Molina en el Libro de la Vida?

ÁNGEL. ¡Sí, Señor! ¡Sí se encuentra!

VOZ DE DIOS. Pablo Fuentes Molina, eres libre de todos tus cargos, se te otorga la vida eterna, entra en el gozo de tu Señor.

VOZ DE ACUSADO. (Canto: ANTE LOS PIES DE JESÚS, cuando termina este párrafo, se escucha solo hasta el coro.) ¿Qué podía decirle? Me arrodillé a sus pies y le di gracias. Todo lo que no hice cuando estaba vivo quería rendírselo en ese momento, y no podía expresarle mi agradecimiento, solo lloraba ante Él. Me levantó y me condujo fuera de la corte.

JESÚS. ¡Hijo Mío! No llores más, ahora serás feliz por toda la eternidad.

VOZ ACUSADO. Mencioné que no era justo, y le pregunté por qué siendo tan pecador me había salvado. Él contesto con una sonrisa.

JESÚS. Por Amor. Los amo tanto, que no me importó dejar todo, haciéndome hombre, ser golpeado y humillado, crucificado por los pecados del mundo entero, y solo aquel que crea en mí de todo su corazón, confesando y arrepintiéndose de sus pecados, será salvo.

(Yo Merecía Ese Lugar, Música de Fondo)

VOZ ACUSADO. Por Amor... Fui salvo por Amor, ¡qué maravillosa Gracia! Aún a lo lejos escuché los reclamos de Satanás.

SATANÁS. ¡¡¡No es justo!!! Es culpable. No me rendiré. Hay muchos que no creerán en ti, ya verás, ¡¡¡de eso yo me encargo!!!

(Cierre de Telón.)


ACTO TERCERO

DOCTOR. Parece que está volviendo. Angélica, realmente me llamaste a tiempo; Pablo ahora ya estaría muerto.

EVANGELISTA. Pablo, ¿me oyes? ¿Ya te sientes mejor?

VOZ ACUSADO. Lo primero que pude decir es: ¡¡¡TODO FUE PAGADO YA!!! Simplemente el gozo de mi corazón era tan grande que de ahí en adelante me dediqué a darle Gracias a mi Cristo, no solo con mis palabras, sino con mis actos; a cada persona que conocía le contaba la dulce historia del personaje que me había rescatado de las garras de Satanás. Por cierto, Cristo te ama muchísimo, ACÉPTALE, solo en Él encontrarás la vida eterna y algún día escucharás:

VOZ DE DIOS. Eres libre de todos tus cargos, se te otorga la vida eterna, entra en el gozo de tu Señor.

JESÚS. PORQUE NO HE VENIDO AL MUNDO PARA CONDENARLO, SINO PARA QUE EL MUNDO SEA SALVO POR MÍ. AMÉN.

Juicio de fe

5 Minutos y 2 Personajes. El marido de una señora es encontrado culpable de un cristianismo activo mientras que su esposa, que se considera una cristiana comprometida, no es encontrada culpable del mismo "delito".


JUICIO DE FE
John D. Clement


PERSONAJES

BRIGGS
SADLER


(Una sala de estar. Hay un sofá y una silla. Una maleta posa cerca de la puerta. La señora Sadler está sentada sobre el sofá, claramente agitada. Se levanta y camina, luego se sienta, luego se vuelve a parar. Hay unos golpes en la puerta. Ella la abre para que Briggs ingrese.)

BRIGGS. (Entra.) Buenas tardes, señora Sadler. He venido por las cosas de su marido.

SADLER. ¿Qué han hecho con él?

BRIGGS. Su esposo, señora Sadler, ha sido condenado por mantener un sistema de creencias que es incompatible con los valores progresivos de nuestra sociedad.

SADLER. ¿Qué, porque él es cristiano?

BRIGGS. Sus creencias radicales amenazan la esencia de la estabilidad y harmonía que tanto esfuerzo nos ha costado establecer.

SADLER. Pero no es un predicador que ocasione disturbios.

BRIGGS. Eso es irrelevante, señor Sadler. Su marido se niega a participar en actividades de la comunidad. Sus acciones y declaraciones cuestionan la sanidad espiritual de nuestros ciudadanos. En resumen, su sola presencia amenaza en perturbar la paz y orden de nuestra comunidad.

SADLER. ¿Qué va a pasar con él?

BRIGGS. No somos unos salvajes, señora Sadler. Su marido será exiliado a una colonia penal en las islas Aletuanias.

SADLER. ¿Lo están encarcelando? ¿Por cuánto tiempo?

BRIGGS. No es encarcelamiento. Exilio es una mejor palabra. Me temo, por otro lado, que él no va a poder retornar, nunca. En la colonia, él puede vivir como desee. Como ya he dicho, no somos unos salvajes.

SADLER. (Suspira.) Bueno, si no le permiten volver, entonces deseo irme con él.

BRIGGS. ¿Me perdona? No la entiendo

SADLER. Deseo irme con mi esposo al exilio. Después de todo, yo también soy cristiana.

BRIGGS. (Sonríe.) Me temo que no es tan simple. Su marido fue condenado sólo después de meses de larga observación, numerosos testigos y correspondencia incriminatoria. La evidencia era clara en demostrar que él poseía una única fe y que nunca se desviaría de ella. Su lealtad yacía a los pies de Cristo Jesús. El juez no tuvo otra alternativa que exiliarlo. Su caso es totalmente diferente.

SADLER. (Frunce el ceño.) ¿Mi caso?

BRIGGS. Pero, claro. Usted también estuvo procesada.

SADLER. ¿Lo estuve?

BRIGGS. Y tengo el placer de informarle que usted fue encontrada inocente.

SADLER. ¿Qué quiere decir eso?

BRIGGS. El exilio es sólo para aquellas personas donde su fe no encaja, que no pueden conformarse.

SADLER. ¿Usted quiere decir que yo no puedo estar con mi esposo?

BRIGG. Por favor, entienda, señora Sadler, nosotros no tenemos ningún deseo en perderla.

SADLER. Pero, yo soy cristiana. ¡Tengo una Biblia! ¡Mire! (Busca una Biblia.)

BRIGGS. (Toma la Biblia y la abre.) Hay muchos quienes se llaman a sí mismos cristianos. Yo me considero uno. Por otro lado, no todos los cristianos tienen la misma fe. En su caso, nuestras investigaciones no revelaron ninguno de los signos peligrosos. Había poca, o casi ninguna oración. Su Biblia yacía sin tocar. Ningún reporte de evangelización. Por el contrario, observamos una clara voluntad de su parte por aferrarse al progreso de nuestra civilización. Uno por uno, usted sacrificó las "morales" cristianas irrelevantes para conformase con los nuevos ideales de nuestra sociedad. En resumen, señora Sadler, usted es una ciudadana modelo. Nosotros no podemos permitir perderla. (Mira su reloj.) Ya debo irme. Estoy atrasado. Buen día, señora Sadler (le devuelve la Biblia y toma la maleta.)

SADLER. (Le grita.) Pero yo soy cristiana, realmente lo soy. (La señora Sadler se sienta en el sofá y rompe en llanto.) Realmente lo soy...

Copyright 1999, John D. Clement, todos los derechos reservados.
Restricciones de uso. Este libreto tiene derecho de propiedad y es exclusivo de John D. Clement. Prohibida su distribución, excepto para propósitos de presentación. Presentaciones han de estar restringidas a los confines de la iglesia y no puede ser presentada fuera de la iglesia sin el permiso escrito del autor. Cambios o alteraciones de este libreto, sin la autorización escrita del autor está expresamente prohibido. Como cortesía, por favor háganme saber si han presentado el libreto. Me pueden enviar un E-mail a john-clement@bigfoot.com señalando el lugar, el libreto presentado, volumen de la audiencia y cualquier otra retroalimentación que puedan ofrecer.

El Abogado


20 Minutos y 6 Personajes. Juicio de una persona que es defendia por un abogado muy especial.

EL ABOGADO

PERSONAJES

Abogado
Juez
Acusador
Acusada
Policía
Secretaria



ESCENARIO

Una sala de juzgado



ACCIÓN

La sala está vacía cuando se encienden las luces. Entra el policía, y se sienta, entra la secretaria y acomoda su escritorio.

POLICÍA. Buenas, joven.

SECRETARIA. Buenas, caballero.

POLICÍA. Parece ser que hoy será un día tranquilo.

SECRETARIA. Si usted lo dice.

POLICÍA. Digo yo, a lo mejor será un día bastante cansado.

ACUSADOR. (Entra por la derecha. Se ve muy contento.) Buenos días, dama, caballero.

POLICÍA. Veo que esta usted muy contento.

ACUSADOR. ¿Y cómo no lo voy a estar? Hoy es el gran día.

SECRETARIA. (Extrañada.) ¿El gran día?

ACUSADOR. Por supuesto joven, hoy es el día del gran juicio. El honorable juez tendrá a su cargo este juicio (con fanfarronería). Y yo, claro está, me encargaré de acusar a cada uno de los que por esta sala pasen, para que les caiga todo el peso de la ley (golpea el escritorio y se ríe cínicamente).

(La secretaria y el policía se asustan.)

SECRETARIA. (Al policía.) ¡Qué hombre más malo!

POLICÍA. ¡Oh! No lo dude usted, a este abogado difícilmente se le van los juicios, todos los gana.

(La secretaria mira al acusador. El acusador está en su escritorio acomodando los papeles, y en su rostro tiene una sonrisa, una sonrisa cínica. La secretaria mira al policía y hace un gesto como preguntándose “¿Es verdad?”. El policía asiente con la cabeza.)

ACUSADOR. (Mira el reloj.) Vaya. (Al policía) Disculpe caballero.

POLICÍA. ¿Sí señor?

ACUSADOR. ¿No sabe usted cuándo comenzará el juicio?

POLICÍA. Pues no, nadie acá sabe, es más, yo no sabía que hoy sería el gran juicio.

ACUSADOR. ¿Podría usted preguntarle al Señor juez cuándo comenzaremos este juicio?

POLICÍA. Sí, con gusto, ya regreso. (Sale por la izquierda.)

SECRETARIA. (Con un poco de temor.) Y, ¿tiene mucho tiempo de estar en este tipo de trabajo?

ACUSADOR. (Vuelve a ver a la secretaria.) ¿Me habla a mí?

SECRETARIA. Sí, señor.

ACUSADOR. (Entre cínico y orgulloso.) Claro, joven, son muchos años de estar en estas lides; nunca, oígame usted, nunca he perdido un juicio.

SECRETARIA. Vaya, es usted muy buen abogado.

ACUSADOR. Por supuesto, soy el mejor, no hay otro como yo, ni lo habrá.

SECRETARIA. Está usted muy confiado.

ACUSADOR. Por supuesto. (Con orgullo) Creo en mí, soy mi propio dios.

POLICÍA. (Entra de nuevo.) Dice el señor juez que el juicio iniciará en el momento que él lo decida.

ACUSADOR. Muchas gracias, caballero.

POLICÍA. Ah, y también dijo que no le molestara más. (Se dirige hacia la salida de la derecha.)

ACUSADOR. ¿Se puede saber a donde se dirige usted, caballero?

POLICÍA. (Se vuelve.) Le contestaré solo porque soy muy educado, de lo contrario, no me hubiese molestado en perder el tiempo volviéndome a responder. Para su información, me dirijo a las celdas, para traer al primer acusado, según órdenes que me dio el distinguido juez. (Sale del escenario.)

(El Acusador e sienta muy molesto. La Secretaria se ríe disimuladamente.)

JUEZ. (Entra por la izquierda) Buenos días.

(La Secretaria y el acusador se ponen de pie.)

SECRETARIA y ACUSADOR. Buenos días, señor juez. (Se sientan.)

JUEZ. Bien, comenzaremos con el juicio. Claro está, en el momento que llegue el primer acusado. (Toma una de las carpetas que tiene sobre su mesa y la revisa.)

(El Acusador saca una carpeta llena de papeles. Se ríe cínicamente. La Secretaria lo mira muy asustada. El Policía entra con la acusada y la sienta en la silla que está al lado contrario de la mesa del acusador. El Abogado entra acompañando a la acusada. Se sienta en su escritorio, pero no dice nada.)

JUEZ. Bien (leyendo la carpeta), Ana Lorena Díaz Castro, ¿no es así?

ACUSADA. Sí, señor.

JUEZ. ¿De que se le acusa?

ACUSADOR. (Se pone de pie.) Se le acusa de varios delitos.

JUEZ. (Al acusador.) Usted hablará cuando se le indique que lo haga.

ACUSADOR. (Se sienta muy avergonzado.) Sí, Señor.

(La Secretaria se burla disimuladamente del acusador.)

JUEZ. Bueno, procedamos con el juicio. Escucharemos primero la parte acusadora y luego la defensa.

(El Abogado observa en silencio la acción.)

ACUSADOR. (Se pone de pie muy confiado y con altanería.) Gracias, señor juez. Bien, veamos, esta mujer ha cometido varios pecados muy graves que requieren ser juzgados con todo el peso de la ley. (Abre el expediente) Bien, veamos, para empezar quiero llamar como primer testigo a la misma acusada.

ACUSADA. Señor juez...

JUEZ. Silencio, por favor, proceda a obedecer la solicitud del señor Acusador.

ACUSADA. (Triste.) Sí, Señor.

ACUSADOR. (Sonriendo maliciosamente.) Bien, bien. Veamos. Acá están todos los pecados que usted ha cometido. ¿Qué tal si hacemos un repaso de cada uno de ellos?

ACUSADA. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio.

(El Abogado sigue en silencio y observa detenidamente.)

ACUSADOR. Bien, remontémonos a 10 años atrás: usted era una niña de 5 años, y robó una manzana de la verdulería de don Juan, ¡ajá!, después le mintió a su mamá diciendo que se la habían regalado. ¡Qué barbaridad! Mentirle a la mamá.

ACUSADA. Pero, señor juez…

ACUSADOR. A los siete años le arrancó la cabeza a una muñeca para que le compraran una nueva, engañando al papá, ¡qué terrible! A los diez años se peleó con una compañera en la escuela.

ACUSADA. Pero ella fue la que empezó, ella me empujó, y yo me caí.

ACUSADOR. Sí, pero nada de eso hubiese pasado si no se hubiesen fugado de la escuela.

(La Acusada inclina el rostro.)

ACUSADOR. Bien, a los doce se fue con varios compañeros para la casa de una compañera. (A la acusada) ¿Quiere que especifique a qué fueron, o solo lo dejo así?

ACUSADA. (Apenada.) No, déjelo así, no vale la pena decirlo.

ACUSADOR. No creo que no valga la pena, hay algunas bastante interesantes que ustedes hicieron en esa casa y ganas me sobran de mencionarlas.

ACUSADA. Sí, pero mejor no diga nada, ya bastante ha dicho.

ACUSADOR. Pero si no he terminado, todavía falta más. Por ejemplo, cuando compraron licor a escondidas durante el baile de graduación de la escuela. O en el colegio, las fugas para ir al pool de la esquina, y no precisamente a jugar carambola, bola negra o pool. (Al juez) Bien, Señor juez, hay más, pero creo que con esto basta para acusar a la mujer ésta de cadena perpetua.

JUEZ. (A la acusada) Bien, ¿qué tiene que decir a su favor?

ACUSADA. Bueno, creo que no me queda más que declararme...

ABOGADO. (Poniéndose de pie) Inocente.

(Hay un silencio total.)

ABOGADO. La joven se declara inocente.

(El Acusador se queda petrificado, asustado, ya no sonríe cínicamente, ahora está nervioso.)

ABOGADO. Ella es inocente, si bien es cierto se le acusa de muchas faltas, pero ella ha pagado por esas faltas; yo mismo me he encargado que su fianza sea pagada, si usted leyó con detenimiento el expediente dice que esta mujer ha sido absuelta de toda falta, y que el caso es caso cerrado y que nada tiene que estar haciendo este expediente acá.

JUEZ. Entonces, ¿por qué está este expediente en mi escritorio? ¿Se puede saber quién lo puso?

(Todos se vuelven a ver al acusador.)

ABOGADO. ¿Quién más que este tipo? Solo él se ha dedicado a engañar, a mentir, robar; su único objetivo es destruir la vida de quienes vienen a esta sala de juicio; su corazón está lleno de odio y maldad. Muchos de los que han pasado por esta sala han sido encarcelados porque no se les dio otra oportunidad.

ACUSADOR. Pero señor juez...

JUEZ. Silencio, no tiene autorización para hablar. (Al abogado) Prosiga.

ABOGADO. Gracias. Como le decía, su señoría, este hombre ha engañado por mucho tiempo a muchos. Es más, si revisa los demás expedientes se dará usted cuenta que la mayoría de ellos son casos cerrados.

JUEZ. (Revisa los expedientes. En su rostro se dibuja un gesto de sorpresa y de indignación) No puede ser, es cierto. (Mirando al Acusador.) ¿Qué tiene que decir a esto?

ACUSADOR. (Nervioso.) Bueno, este... yo... vea su señoría, es algo muy complicado, quizá si lo vemos desde un punto de vista donde quizá se junten ambas situaciones, es donde podremos encontrar la respuesta, y entonces nos metemos por huequito y nos salimos por otro y yo digo hasta lueguito. (Toma el portafolio).

JUEZ. (Enojado.) Un momento, usted no va a ningún sitio. Es usted un sinvergüenza, un canalla, lo quiero ver en mi oficina terminado este juicio.

ACUSADOR. (Asustado.) Sí, señor.

JUEZ. (A la acusada.) Queda usted en libertad, joven.

ACUSADO. (Feliz.) Gracias, señor juez.

JUEZ. Y este caso lo doy por cerrado y la corte entra en receso. (Al Acusador) Ya sabe, lo espero en mi oficina. (Al policía) Se encarga usted de acompañarlo.

POLICÍA. Se hará como usted ordene, su señoría.

JUEZ. Bien, me retiro.

SECRETARIA. (Al Acusador) Tiene usted razón, no hay nadie como usted, es único, pero mejor que usted, sí hay… (Se vuelve a ver al Abogado.)

(El Acusador se enoja.)

POLICÍA. Vamos caballero, que el señor juez le está esperando.

(El policía y el Acusador salen por la izquierda, la secretaria lo hace por la derecha.)

ACUSADA. (Al abogado) Gracias, si no llega usted a tiempo, quizá ahora estaría de nuevo en la cárcel, gracias, no sabe cuán agradecida estoy, no tengo cómo pagarle.

ABOGADO. Tranquila, usted me pagó ya.

ACUSADA. ¿Cómo? ¿Si yo no le he dado ni un cinco?

ABOGADO. El hecho de darme las gracias es más que suficiente para mí; yo no busco dinero, ni tampoco que me paguen, lo único que busco es la gratitud de aquellos a los cuales he salvado de la cárcel, y que después de ser liberados se dediquen a vivir una nueva vida, dejando la vieja manera de vivir y convirtiéndose en nuevos hombres y mujeres.

ACUSADA. Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma, en su hablar veo más que simples palabras, veo amor, un amor que en este mundo no se puede encontrar ni comprar.

ABOGADO. El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica; el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Toma el portafolio y sale por la derecha.)

ACUSADA. (Pensativa.) El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Mira hacia la derecha.) ¡Ey, espere! (Sale por la derecha y se apagan las luces.)

FIN



“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo”. 1 Juan 2:1