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2012 - España

Juicio de fe

5 Minutos y 2 Personajes. El marido de una señora es encontrado culpable de un cristianismo activo mientras que su esposa, que se considera una cristiana comprometida, no es encontrada culpable del mismo "delito".


JUICIO DE FE
John D. Clement


PERSONAJES

BRIGGS
SADLER


(Una sala de estar. Hay un sofá y una silla. Una maleta posa cerca de la puerta. La señora Sadler está sentada sobre el sofá, claramente agitada. Se levanta y camina, luego se sienta, luego se vuelve a parar. Hay unos golpes en la puerta. Ella la abre para que Briggs ingrese.)

BRIGGS. (Entra.) Buenas tardes, señora Sadler. He venido por las cosas de su marido.

SADLER. ¿Qué han hecho con él?

BRIGGS. Su esposo, señora Sadler, ha sido condenado por mantener un sistema de creencias que es incompatible con los valores progresivos de nuestra sociedad.

SADLER. ¿Qué, porque él es cristiano?

BRIGGS. Sus creencias radicales amenazan la esencia de la estabilidad y harmonía que tanto esfuerzo nos ha costado establecer.

SADLER. Pero no es un predicador que ocasione disturbios.

BRIGGS. Eso es irrelevante, señor Sadler. Su marido se niega a participar en actividades de la comunidad. Sus acciones y declaraciones cuestionan la sanidad espiritual de nuestros ciudadanos. En resumen, su sola presencia amenaza en perturbar la paz y orden de nuestra comunidad.

SADLER. ¿Qué va a pasar con él?

BRIGGS. No somos unos salvajes, señora Sadler. Su marido será exiliado a una colonia penal en las islas Aletuanias.

SADLER. ¿Lo están encarcelando? ¿Por cuánto tiempo?

BRIGGS. No es encarcelamiento. Exilio es una mejor palabra. Me temo, por otro lado, que él no va a poder retornar, nunca. En la colonia, él puede vivir como desee. Como ya he dicho, no somos unos salvajes.

SADLER. (Suspira.) Bueno, si no le permiten volver, entonces deseo irme con él.

BRIGGS. ¿Me perdona? No la entiendo

SADLER. Deseo irme con mi esposo al exilio. Después de todo, yo también soy cristiana.

BRIGGS. (Sonríe.) Me temo que no es tan simple. Su marido fue condenado sólo después de meses de larga observación, numerosos testigos y correspondencia incriminatoria. La evidencia era clara en demostrar que él poseía una única fe y que nunca se desviaría de ella. Su lealtad yacía a los pies de Cristo Jesús. El juez no tuvo otra alternativa que exiliarlo. Su caso es totalmente diferente.

SADLER. (Frunce el ceño.) ¿Mi caso?

BRIGGS. Pero, claro. Usted también estuvo procesada.

SADLER. ¿Lo estuve?

BRIGGS. Y tengo el placer de informarle que usted fue encontrada inocente.

SADLER. ¿Qué quiere decir eso?

BRIGGS. El exilio es sólo para aquellas personas donde su fe no encaja, que no pueden conformarse.

SADLER. ¿Usted quiere decir que yo no puedo estar con mi esposo?

BRIGG. Por favor, entienda, señora Sadler, nosotros no tenemos ningún deseo en perderla.

SADLER. Pero, yo soy cristiana. ¡Tengo una Biblia! ¡Mire! (Busca una Biblia.)

BRIGGS. (Toma la Biblia y la abre.) Hay muchos quienes se llaman a sí mismos cristianos. Yo me considero uno. Por otro lado, no todos los cristianos tienen la misma fe. En su caso, nuestras investigaciones no revelaron ninguno de los signos peligrosos. Había poca, o casi ninguna oración. Su Biblia yacía sin tocar. Ningún reporte de evangelización. Por el contrario, observamos una clara voluntad de su parte por aferrarse al progreso de nuestra civilización. Uno por uno, usted sacrificó las "morales" cristianas irrelevantes para conformase con los nuevos ideales de nuestra sociedad. En resumen, señora Sadler, usted es una ciudadana modelo. Nosotros no podemos permitir perderla. (Mira su reloj.) Ya debo irme. Estoy atrasado. Buen día, señora Sadler (le devuelve la Biblia y toma la maleta.)

SADLER. (Le grita.) Pero yo soy cristiana, realmente lo soy. (La señora Sadler se sienta en el sofá y rompe en llanto.) Realmente lo soy...

Copyright 1999, John D. Clement, todos los derechos reservados.
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