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2012 - España

La posada de Elías

17 Minutos y 20 Personajes + Extras. La posada de Elías se convierte en lugar de descanso para los tres Reyes Magos pero otros personajes más pobres no podrán acceder.


LA POSADA DE ELÍAS
Juan Antonio de la Iglesia adaptado por Puri Cruz


PERSONAJES

NARRADOR
ELÍAS
ESTHER
POSADERA
CRIADO 1
CRIADO 2
CRIADO 3
CRIADO 4
CRIADO 5
CRIADO 6
MERCADER
MELCHOR
GASPAR
BALTASAR
PAJE 1
PAJE 2
JOSÉ
MARÍA
ÁNGEL 1
ÁNGEL 2
EXTRAS: PAJES



NARRADOR. Hace muchos, muchísimos años y siglos también, en una aldea de Palestina, un hombre llamado Elías tenía una posada para los caminantes y viajeros.

Aquella helada noche de diciembre, Elías andaba ocupadísimo mientras su esposa Judit trabajaba en la cocina preparando la cena, ayudada por sus sirvientes.

La pequeña Esther, su hija, era la encargada de abrir la puerta y recibir a los viajeros.

POSADERO. ¡Vamos a trabajar! ¡Hay muchas cosas que hacer!

CRIADO 1. Yo traeré leña.

CRIADO 2. Yo prepararé el fuego.

CRIADO 3. Yo pondré manteles.

CRIADO 4. Yo llenaré las jarras.

CRIADO 5.Yo barreré el suelo.

POSADERA. ¡Alguien que me ayude en la cocina!

CRIADO 6. Yo te ayudaré, mi señora.

ESTHER. Yo calentaré el pan, mamá

POSADERO. ¡Eso, a trabajar todo el mundo!

NARRADOR. Así estaban todos de afanados y trabajadores, cuando unos golpes sonaron en la puerta.

MERCADER. ¿Se puede entrar?

POSADERO. Adelante, adelante.

NARRADOR. Era un rico mercader que venía de la ciudad de vender sus preciosas telas y joyas.

Elías le ayudó a descargar el resto de la mercancía y fue enseñando sus maravillosas telas traídas de Oriente. Después Elías mandó a sus criados que le sirvieran buen vino y suculenta cena. Lo que más le importaba era conseguir que gente rica e importante pasara y se alojara en su posada, pues así conseguiría buenos dinerillos.

Como ya había entrado la noche, el mercader decidió retirarse a su habitación a descansar. Fue entonces cuando...............

(Suenan golpes en la puerta)

BALTASAR. ¡Abrid la puerta al rey Baltasar!

POSADERO. ¡Un rey en mi posada!

TODOS. ¡Un rey!

POSADERA. Abre la puerta, Esther.

NARRADOR. Era el rey Baltasar que con sus pajes había llegado a la posada para pasar la noche. El rey se dirigió a ellos diciendo:

BALTASAR. La paz sea con vosotros. Queremos habitación para descansar.

PAJE. Y agua para los camellos

NARRADOR. El posadero les hizo pasar. Mandó a los criados que llevaran agua a los camellos y a los demás les mandó preparar todo para que el rey se sintiera cómodo y contento.

Elías estaba entusiasmado pues nunca había tenido en su posada alguien tan importante, ¡seguro que le pagaría muy bien!

Prepararon platos, jarras de vino y calentaron las mejores habitaciones de la posada para que el rey y su séquito estuvieran confortables.

Estaban aún disfrutando de la suculenta cena, cuando de nuevo, fuertes golpes volvieron a sonar en la puerta.

MELCHOR. ¡Abrid la puerta al rey Melchor!

ELÍAS. ¡Otro rey!

TODOS. ¡Otro rey!

POSADERA. Corre, Esther, abre la puerta.

NARRADOR. Eran el rey Melchor que con sus pajes también habían decidido pasar la noche en la posada.

Elías estaba atónito, vio como los dos reyes se saludaban amigablemente. Se acercó a ellos y les preguntó que porqué había tanto rey viajando esa noche.

Melchor y Baltasar contaron que una estrella que habían descubierto en el cielo, les estaba guiando hasta donde nacería el rey del cielo y la tierra. Ellos la seguían para adorar a ese rey esperado.

Todos dejaron de trabajar para escuchar embobados esas palabras. Entonces Elías, pensando que eso era puro cuento, mandó a todos que se pusieran de nuevo a trabajar.

ELÍAS. ¡Vamos! ¡A trabajar! Hay mucho que hacer...

NARRADOR. Y era verdad, pues nunca había habido tanto huésped en la posada.

Todos se pusieron manos a la obra para que el rey Melchor y su séquito pudieran cenar y descansar.

Elías se dirigió a su mujer y a su hija y les dijo:

ELÍAS. No abráis la puerta a nadie, pues ya no tenemos habitación.

NARRADOR. Pero no había terminado de decir la frase, cuando por tercera vez, unos golpes sonaron tras la puerta.

GASPAR. ¡Abrid la puerta al rey Gaspar!

ELÍAS. ¡Otro rey!

TODOS. ¡Otro rey!

NARRADOR. No daban crédito a sus ojos cuando al abrir vieron aparecer a un tercer rey llamado Gaspar, acompañado de su séquito.

GASPAR. Estamos cansados, queremos descansar.

PAJE. Y agua para los camellos.

ELÍAS. Pasad, pasad.

NARRADOR. Toda la posada se convirtió en una gran algarabía. Nadie paraba, todos trabajaban.

POSADERA. Haré más comida.

CRIADO 1. Traeré más leña.

CRIADO 2. Daré agua a los camellos.

CRIADO 3. Pondré más manteles.

CRIADO 4. Yo llenaré más jarras.

ESTHER. Traeré más pan.

CRIADO 5. Yo ayudaré a mi señora.

CRIADO 6. Yo también.

ELÍAS. Yo me llenaré los bolsillos de mucho dinerito, ¡A trabajar!

NARRADOR. De pronto, Elías se dio cuenta de un gran problema; ¡No tenía habitación para el rey Gaspar! ¿Dónde dormirían?

¡Ah, ya está! Se acercó a su mujer y le dijo que el rey dormiría en su dormitorio, ella dormiría en la cocina y él se quedaría toda la noche en el salón para vigilar que nadie le robara.

Se lo comunicó al rey que junto con los demás, charlaban alegremente de aquella estrella que les había llevado hasta allí, de tan distinto lugar.

Todos se saludaban y disfrutaban de tan agradable noche.

Pero poco a poco, fue llegando el sueño y todos decidieron retirarse a descansar: el rey Baltasar, el rey Melchor, el rey Gaspar, los criados.
Sólo quedaba Esther, terminando de limpiar algunas mesas, y su padre, que no se cansaba de contar el dinero que le iban a pagar.

Elías le dijo a su hija:

ELÍAS. Voy a ver cómo están los camellos. No dejes entrar a nadie.

NARRADOR. Cuando se hubo marchado, unos suaves golpes sonaron en la puerta. Esther, pensando que era algún sirviente de algún rey, abrió sin pensar en la advertencia de su padre.

JOSÉ. Soy José y ella es María, venimos cansados.

ESTHER. No hay habitación.

MARÍA. Hemos hecho un largo camino y voy a ser madre.

ESTHER. No hay habitación.

JOSÉ. Por favor, no encontramos posada.

ESTHER. No hay habitación.

NARRADOR. Esther miró a la mujer que era joven y delicada como una flor. Eran pobres, pues llevaban ropas viejas y se les veía el rostro cansado. No se lo pensó más y les dejó pasar.

En esto apareció Elías, vio que su hija había dejado pasar a unos forasteros y se enojó con ella. Le recordó que le había advertido que no dejara pasar a nadie pues no había más habitaciones.

Después, mirando a los forasteros, les preguntó si tenían dinero. José y María negaron con la cabeza. Elías con tono severo les dijo:

ELÍAS. ¡¡¡¡¡¡Fuera!!!!!!!!

NARRADOR. Y se marchó a la cocina.

Esther estaba avergonzada por su padre, y antes de que José y María empezaran a retirarse, se acercó a ellos, les llamó, y les dijo que podían dormir en el establo. Sería mejor que dormir a la intemperie. Era lo único que podía ofrecerles.

MARÍA. Allí el niño estará bien.

JOSÉ. Gracias.

NARRADOR. Los esposos marcharon y Esther, muy triste por lo vivido, se retiró a la cocina para descansar junto a su madre.

Elías volvió al salón, comprobó que ya no estaban los forasteros. Se sentó en una mesa y feliz, se fue quedando dormido.

Pero, algo mágico empezó a suceder...

Aparece una fila de ángeles que rodean a Elías y se dirigen al establo.

Ante tal sonido angelical y pensando que aún soñaba, Elías fue abriendo los ojos. No daba crédito a lo que veía ¿Qué estaba pasando?

Siguió con la mirada como aquella fila de angelitos se dirigía a su cuadra. ¿Por qué?

Vio una gran estrella en el cielo. ¿Por qué?

Entonces recordó a aquellos viajeros y recordó lo que los Reyes habían dicho sobre la venida del Mesías.
¡Pero no podía ser! ¡En su establo!
¡Oh, no! ¡Él los había arrojado a la calle!
¡Esos forasteros eran...! ¡Oh, no!

Su esposa Judit y Esther también se habían despertado con tanto jaleo. Fueron a ver qué pasaba y vieron al niño. Pero también vieron a Elías llorando amargamente su egoísmo. Intentaron consolarle, intentaron llevarle para que viera al niño pero Elías se sentía tan avergonzado que sólo quería esconderse en el último rincón de la posada.

Fue entonces cuando pensó que lo mejor que podía hacer, para pedir perdón, era ofrecer a José y a María su preciada bolsa de dinero. Se lo entregaría todo y quizás así encontraría perdón a su culpa.

¡Pero él se quedaría sin nada!
¡No importa, así sea!

Decidido a marcharse a la cuadra vio como dos ángeles se le acercaban y le decían:

ÁNGEL 1. Guarda tu dinero.

ÁNGEL 2. El niño quiere tu perdón y un poquito de leche calentita.

NARRADOR. Así lo hizo. Cogió un cuenquito de leche que calentó con sus propias manos y aderezó con algunas de sus lágrimas, y se dirigió al portal donde todos le esperaban sabiendo que había recibido una maravillosa lección.

Después fueron llegando todos los huéspedes de la posada. Todos muy felices entregaron sus mejores presentes.

¿Y tú, Elías de hoy? ¿No quieres hacerle algún regalo?

Así sea, ¡GRACIAS!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A MI ESTA OBRA ME PARECIO MUY BONITA ,EN ESPECIAL PORQUE DESPUES DE ESTO ELIAS DEBIO APRENDER UNA MUY BUENA LECCION

Anónimo dijo...

Es una obra muy simpática pero según el relato bíblico
los sabios de oriente llegaron algún tiempo después de que Jesús naciera, no antes. No me parece mal añadir detalles al relato bíblico siempre que no altere la verdad.

Anónimo dijo...

ola k obra ms molonga,
enserio.

cristal martinez alvarez dijo...

Me gusta esta obra, yo algunas veces actuó como Elías, pero si recapacito también me arrepiento
guacias por esta preciosa obra