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2012 - España

El tren de la vida

35 Minutos y 17 Personajes. Al tren de la vida suben algunos pasajeros poco recomendables como compañeros de viaje. Con la ayuda del Guardián del Tren, nuestros personajes se juntarán con otros compañeros más recomendables para comenzar el año que empieza.


EL TREN DE LA VIDA
Millys Sánchez


PERSONAJES

ENTREVISTADOR
AÑO NUEVO
AÑO VIEJO
GUARDIÁN DEL TREN
LUIS
JUAN
ANTONIA
ORGULLO
MARÍA
DESAMOR
AMOR
INCONSTANCIA
FE
NEGLIGENCIA
PERSEVERANCIA
PEDRO
UNIDAD




ESCENARIO

(El interior de un tren con asientos típicos de vagones de tren, donde quepan todos los personajes a la vez. Dibujar un fondo con dos ventanas y dibujos de la naturaleza en ellas, dando la apariencia de ser las ventanas del tren vistas desde el interior.)



PLANES PARA EL PROGRAMA

(En iglesias pequeñas, algunos personajes pueden hacer dos papeles, como por ejemplo, quien haga de Año viejo y de Año nuevo, pueden ser uno de los personajes de los que viajan en el tren.)

(Este programa puede hacerse para la ocasión de la entrada de un nuevo año, sin embargo si se omite la parte de la introducción, es propicio para cualquier época.)



INTRODUCCIÓN (Entrevista al Año Viejo y al Año Nuevo)

(Se anuncia al Año viejo, que entra al escenario.)

ENTREVISTADOR. Buenos días, Señor Año Viejo (mencionar el año saliente.) Bienvenido a nuestra iglesia de (mencionar el nombre de la iglesia.)

AÑO VIEJO. (Poniendo voz de anciano.) Buenas noches Iglesia de (mencionar el nombre de la iglesia), me siento muy, muy agradecido de poder estar aquí para decirles a todos ustedes: “Adiós”.

ENTREVISTADOR. Nos sentimos tristes en realidad, porque sabemos que pronto no le volveremos a ver, ¿cómo se siente usted ante su pronta partida?

AÑO VIEJO. Bueno, para serte sincero, me siento triste, pero también satisfecho.

ENTREVISTADOR. (Con cara de desconcierto.) No le entiendo muy bien, señor Año Viejo. ¿Podría explicarnos mejor?

AÑO VIEJO. Por supuesto que puedo. Me siento satisfecho porque para muchos signifiqué la realización de sus sueños y metas, y además un acercamiento estrecho con nuestro Señor Jesús.

ENTREVISTADOR. Y, ¿por qué se siente usted triste?

AÑO VIEJO. Porque muchos en vez de acercarse al Creador, se alejaron, otros se propusieron metas y no las alcanzaron, es decir, dejaron que yo fuera un año más en sus vidas, pero nada más, nada significativo e importante.

ENTREVISTADOR. Pero, Señor Año Viejo, alguna solución debe de haber para que usted no se marche así, tan triste, tan desanimado... ¿No?.. ¿Qué nos propone?

AÑO VIEJO. Tienes razón, hijo mío. Hay una solución. Los seres humanos sólo tienen que proponerse nuevamente esas metas espirituales y materiales que se plantearon al inicio de mis días, que hoy están a punto de terminar, y con el apoyo del año que me sustituirá muy pronto, junto a Jesús, lograrlas cada día y cada momento. La solución sería que todos hicieran del Año nuevo_____, un año tan feliz como nunca lo ha habido para cada uno de sus participantes. Esa sería mi satisfacción más grande y con eso me despediría feliz y contento.

ENTREVISTADOR. Entonces, no creo que eso sea problema Señor Año Viejo. (Se pone en pie dirigiéndose a la congregación.) ¿Creen ustedes, amigos y hermanos, que podríamos prometerle esto al Año Viejo____? Y lo más importante, ¿prometérselo a Nuestro Señor Jesucristo? Levanten sus manos los que están dispuestos a hacer del sueño del Año Viejo, una realidad....... (Se dirige al Año Viejo.) Ve, Señor Año Viejo, ya puede marcharse tranquilo y en paz. Gracias por habernos regalado estos 365 días de recuerdos que siempre perdurarán en nuestra memoria.

AÑO VIEJO. Gracias a ustedes. Ahora me marcho. Que Dios os bendiga. (Sale)

ENTREVISTADOR. Después de decirle adiós al viejo año, recibamos con nuestras manos en alto, en señal de saludo, al Nuevo Año_______. Muy buenas noches, Señor Año Nuevo_____

AÑO NUEVO. (Entrando.) Buenas noches a todos. Muchas felicidades.

ENTREVISTADOR. (Sentándose e invitando a sentarse al Año Nuevo.) Bien, Año Nuevo, quisiéramos saber, qué mensaje tienes para nosotros ya que sabemos que eres un nuevo regalo de Jesús para todos los que aquí estamos.

AÑO NUEVO. Pues tienes razón, sí que traigo un mensaje para todos los que hoy han podido recibirme. Como todo regalo, traigo una tarjeta dirigida para ustedes, del que me envía: Cristo Jesús. (Le pasa la tarjeta al Entrevistador.) Léala usted mismo.

ENTREVISTADOR. Veamos… (Lee un versículo bíblico que se adapte al mensaje que se quiera dejar a la iglesia para un nuevo año.)

AÑO NUEVO. Este es el mensaje para estos nuevos 365 días que comienzan.

ENTREVISTADOR. Muy bien, Señor Año Nuevo, lo hemos entendido. Pero nos gustaría saber si usted personalmente nos trae algún mensaje, además del que nos envía el Señor.

AÑO NUEVO. (Toma unas hojas en blanco y se pone en pie.) Yo les traigo estas páginas en blanco, suman un total de 365. De ustedes, de cada uno de ustedes, depende lo que se escriba en ellas, tanto a nivel personal e individual, como a nivel colectivo y de iglesia. Mi deseo es que al finalizar mi jornada, estas hojas que representan mis días de vida puedan salir limpias, sin mancha alguna, y que en ellas hayan escrito solo cosas buenas y obras de bien, o cosas malas quizás, pero que lleven al lado el sello de PERDONADO y BORRADO, colocado por nuestro Salvador. Quisiera ver que en mis días, todos sus sueños y metas se cumplan y, ¿quién sabe?, quizá podamos ver en mis días el regreso del Señor Jesucristo en las nubes de los cielos. Ese sería un gran privilegio para mí.

ENTREVISTADOR. Tal y como usted desea, esperamos nosotros también, Señor Año Nuevo. Esperamos poder cumplir todas las promesas que te hagamos. Gracias por estar con nosotros. Pero antes de irte te invito para que nos acompañes en un viaje que realizaremos en el Tren de la Vida, como se titula nuestra obra de esta noche, y que juntos veamos qué cosas nos pueden pasar en él, y cuáles podríamos evitar. Adelante Tren de la Vida. (Salen.)




ESCENA PRIMERA


JUAN. (Aparece sentado en uno de los asientos leyendo un periódico.)

GUARDIÁN DEL TREN. (Entra uniformado de ferrocarrilero.) Creo Señor que aquí se siente a gusto, pues como me dijo prefiere viajar solo, ¿no es así?

JUAN. (Bajando el periódico.) Sí, así es. Aquí me siento muy cómodo. Muchas gracias, Señor Guardián.

GUARDIÁN. De nada. (Comienza a alejarse, pero vuelve hacia Juan.) Oiga, perdone, ¿cree usted que puede iniciar el camino en este tren, viajando solo, sin querer relacionarse con nadie, tal y como me pidió antes de subir?

JUAN. Bueno, la verdad es que no lo sé, pero por ahora no es algo que me importe mucho.

GUARDIÁN. Bueno, pues entonces, ¡que tenga buen viaje, Señor! (Sale moviendo la cabeza de un lado a otro, con gesto de preocupación.)

JUAN. (Suelta el periódico, extiende los brazos y se ríe.) ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Qué bien me siento aquí! No tengo que ayudar a nadie, ni darle mi asiento a ninguna viejecita, ni nada por el estilo. Podré llegar a mi destino, totalmente descansado. Voy a dormir un rato. (Se recuesta y se cubre la cara con el periódico.)

(Se escucha música instrumental de marcha.)

JUAN. (Se despierta sobresaltado.) ¿Qué pasa? ¿Por qué se detiene el tren? ¿Qué está sucediendo? (Se acerca a la ventana para mirar hacia fuera)... ¡Oh! Es que hemos llegado a algún pueblo del camino. (Mira por la ventana como tratando de ver a lo lejos.) A ver, alcanzo a leer el nombre del pueblo.... se llama “¡Pueblo Obstáculos del Camino!” (Se sobresalta y dice en voz alta.) ¡Oh, no...! ¡Se me acabó el descanso! Tan bien que estaba aquí sin nadie en el vagón... Ahí vienen.... uno, dos, tres.....CUATRO PASAJEROS. ¡Qué fastidio! (Se sienta de golpe en su asiento con cara de mucho enfado.)

(Suben al tren Orgullo, Desamor, Inconstancia y Negligencia.)

TODOS. (Acercándose a Juan.) ¡Buenos Días!

JUAN. (Enfadado y hablando entre dientes.) Me haré el sordo.

TODOS. ¡BUENOS DIAS!

JUAN. Me haré el dormido. (Reclina la cabeza como dormido.)

TODOS. (Más fuerte.) BUENOSSSS DÍASSSSSS.

JUAN. Me haré el tonto.

ORGULLO. Éste se está haciendo el desentendido. Sentémonos. (Se sientan todos.)

NEGLIGENCIA. Éste tiene cara de tonto.

INCONSTANCIA. Debe de ser una persona muy aburrida.

JUAN. (Hablando muy enfadado.) Solo soy un hombre que quisiera que lo dejaran en paz.

DESAMOR. ¿Por decirte buenos días te hemos molestado? ¡Qué delicado eres!

NEGLIGENCIA. Sí que lo es, y además muy nervioso.

JUAN. (Cediendo un poco.) Bueno, bueno, quizás tengan razón. ¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo se llaman?

DESAMOR. (Poniéndose en pie.) Mi nombre es Desamor. Me caracterizo porque me fascina guardar rencor y criticar a todo el mundo, también por hacer daño a mis compañeros, y por no ponerme nunca, nunca, en su lugar.

INCONSTANCIA. Mi nombre es Inconstancia. Nunca termino nada de lo que empiezo. Siempre dejo todo por la mitad. En lo único que he sido constante en toda mi vida es en continuar día tras día, año tras año, en este Tren de la Vida.

ORGULLO. (Con arrogancia.) Mi majestuoso y hermoso nombre es Orgullo. Y para tu información yo no me doblego ante nada, ni nadie.

NEGLIGENCIA. (Sin ponerse en pie, de forma muy vaga.) ¡Hola! Mi nombre es negligencia. No me inclino a hacer nada. Siempre estoy muy cansada, o tengo cosas más importantes que hacer. Además, no creo que comenzar a actuar, tomar la iniciativa, tenga mucha importancia.

JUAN. (Se pone en pie de golpe muy asustado.) ¡Nooooo! También en este tren. ¿Cómo no les había reconocido? Hasta aquí me perseguís... ¡No! ¡Márchense, déjenme en paz!

TODOS. (En grupo comienzan a reírse, señalando a Juan y acercándose amenazantes y despacio a él.) Siempre viajamos en el tren de la vida, disfrazados de diferentes maneras para que no nos reconozcan, por eso, no advertiste inmediatamente quienes somos. Así que no nos iremos. No te librarás de nosotros nunca.

JUAN. (Intenta salir corriendo por la puerta del vagón, pero se detiene de golpe cuando entran otros cuatro pasajeros.) ¿Y ustedes? ¿Quiénes son? (Pregunta muy sobresaltado.)

PEDRO. (Saludándolo) Yo soy Pedro, también he iniciado este viaje de la vida junto con mis amigos: Rosa (la señala presentándola y ésta se inclina y saluda), Antonia (se inclina y saluda) y Luis (se quita el sombrero y saluda) Pero,.... pensábamos que te marchabas, pues te dirigías hacia la puerta, ¿no?

JUAN. (Acercándose a ellos y hablándoles en voz baja, en susurro.) Sí, me marchaba porque no quiero viajar con ellos (señala a los habitantes del pueblo “Obstáculos del Camino”). En cada viaje que inicio en el Tren de la Vida repetidamente, siempre están, siempre suben, sea al inicio o durante el trayecto... y no me gustan, son muy malas compañías. Me han causado muy malas experiencias.

LUIS. No te preocupes, hombre. Nosotros también los conocemos. Todos los que viajamos en el Tren de la Vida alguna que otra vez, tenemos siempre que toparnos con ellos. La clave para poder viajar con ellos, pero sin que te hagan daño, ni te afecten en lo absoluto, es ignorarlos. No tengas ningún tipo de conversación con ellos. Absolutamente ninguna. No le des lugar en tu mente, ni en tus actos, y verás cómo te dejarán tranquilo y no te molestarán.

MARÍA. Así es, amigo. Ven, vamos a sentarnos juntos y verás como tendrás un viaje tranquilo.

(Todos se dirigen al segundo asiento y lo ocupan. Los habitantes del Pueblo Obstáculos del camino también se sientan y siguen haciendo gestos como que conversan entre ellos.)

JUAN. (Dirigiéndose a los nuevos pasajeros.) ¿Hacia dónde van ustedes?

LUIS. Pues vamos hacia el final del trayecto. Al Pueblo de ______ (Año que comienza u otro nombre apropiado.)

JUAN. ¡Ah, qué bien! Pues vamos todos al mismo lugar. Y, ¿a qué van allá?

ANTONIA. Yo voy a una boda.

PEDRO. Y yo a un entierro, ¿y tú?

JUAN. Yo me dirijo hacia mi empresa. Negocio en la ciudad.

MARÍA. Pues yo voy a ver a un hermano que tengo en el hospital.

LUIS. Pues yo voy a una fiesta. (Se pone en pie con alegría.) Estoy de vacaciones y como hemos de morir algún día, creo que es cosa de sabios aprovechar el buen tiempo. ¡Fuera la pena!, ¡viva la alegría! (Se ríe.)

(Todos se ríen. Entra el Guardián.)

GUARDIÁN. Creo que todos se equivocan. Van más lejos del lugar que piensan.

(Todos miran asombrados al Guardián, con caras de interrogación.)

JUAN. Pero, ¿qué dice usted?

MARÍA. (Se pone de pie buscando algo.) No puede ser... ¿Dónde está el timbre de emergencia?

ANTONIA. ¡Ayyy! Esto es imposible. Yo quiero bajar para tomar el tren correcto, no puedo llegar tarde a la boda.

JUAN. Oiga usted, pero entonces, si estamos equivocados, ¿hacia dónde se dirige este tren?

GUARDIÁN. Este es el tren de la vida, como bien sabéis... que en esta ocasión viaja desde el pueblo de (año que se deja atrás o nombre apropiado), hasta el Pueblo de (Año que inicia o nombre apropiado.)

JUAN. (Dando un suspiro de alivio.) ¡Ah, qué susto me ha dado! ¿Y cómo decía usted que estábamos equivocados, si es dónde usted dice que nosotros pensamos que se dirige el tren?

ANTONIA. ¡Uf! Menos mal. Menudo susto…

PEDRO. Yo de verdad que me asusté bastante con sus palabras, Señor Guardián.

GUARDIÁN. ¿No dicen que van a bodas, hospital, a un entierro, a negociar, a una fiesta?

JUAN. Sí, efectivamente, hacia esas actividades vamos.

GUARDIÁN. Esa es la verdad a medias.

LUIS. Pero bueno, ¿usted está loco o solo bromea con nosotros?

GUARDIÁN. No. Estoy diciendo verdades más luminosas que el Sol.

MARÍA. Pues, yo estoy tan oscura como una ciega. No entiendo absolutamente nada.

LUIS. Todos vamos en buen camino a diferentes ocupaciones en este tren de la vida, pero al final, al mismo destino.

PEDRO. Por favor, Señor Guardián, explíquese. Nos tiene muy inquietos. ¿A qué se refiere?

GUARDIÁN. Permítanme hacerles una pregunta: ¿Creen en Jesús? ¿Saben que Él les brinda la eterna salvación al final del Trayecto del tren de la vida?

(Todos se ríen.)

JUAN. Ahora resulta que nos va a predicar un sermón. Hasta me asusta. (Dice en tono burlón.)

GUARDIÁN. Si entendieran lo que les digo, me darían la razón.

PEDRO. (Fastidiado.) Definitivamente está loco de remate.

ANTONIA. ¿Cuál es esa verdad a la que se refiere?

MARÍA. Sí, ¿qué quiere decir?

GUARDIÁN. ¿Obtuvieron un billete para subir al Tren? Y si fue así, ¿se fijaron antes de subirse al tren, en el billete que les entregaron? Había una casilla para marcar qué conductor querían que guiase el Tren.

LUIS. Claro que obtuvimos el billete, pues si no, no estaríamos aquí. Pero yo por la rapidez, le dije al vendedor que me marcase el que él quisiere. Total, a mí no me importa quién conduzca, lo importante es llegar.

(Todos asienten diciendo que lo hicieron de igual manera.)

GUARDIÁN. Pues a juzgar por sus compañeros (señala a los obstáculos del camino que dejan de simular que hablan y se ponen en pie.) Todos marcaron como conductor al Enemigo de las almas.

MARÍA. No puede ser. Es por eso que están aquí estos malos acompañantes. Yo sé que siempre tiene uno que encontrarse con ellos en los viajes, pero nunca les había visto tan activos.

ANTONIA. (Buscando una excusa.) Pero si los ignoramos, ellos no nos molestan. ¿No lo nota?

GUARDIÁN. Se equivocan, queridos amigos. No molestan de manera que ustedes lo noten a simple vista, pero van haciendo su obra sutilmente en cada una de vuestras mentes y vidas, y lo más importante les hacen perder de vista el Objetivo Mayor.

TODOS. (Con las cabezas cabizbajas.) ¡Oh, no! ¿Qué hemos hecho?

JUAN. Señor Guardián, ¿cómo podremos deshacernos de ellos ahora? Ya no podemos hacer nada para quitarlos de nuestro tren.

PEDRO. Nuestro destino es fatal.

GUARDIÁN. (Asiendo a Pedro por los hombros y dirigiéndose a todos.) Claro que no... No todo está perdido. Hay una esperanza.

TODOS. (Levantan la cabeza y miran con ojos esperanzados.) ¿Cuál es? Díganosla.

GUARDIÁN. Dentro de poco hay una parada en el Pueblo Diciembre de (Año que termina o nombre apropiado), para viajar en el camino de (año que inicia o nombre apropiado), y llegar al destino. Allí pueden comprar otros billetes y con cuidado y sabia decisión, elijan a Cristo Jesús como conductor del Tren. Entonces verán qué buenos compañeros de viaje os acompañarán. (Sale.)

(Todos se ponen en pie alegres.)

ANTONIA. Vamos a hacer lo que dijo el Guardián. Su consejo es muy sabio. Dentro de un minuto estaremos llegando a la parada de Diciembre de (año que termina o nombre apropiado). (Se enciende la luz con el cartel que diga esto.) Bajaremos inmediatamente.

(Se escucha sonido de que el tren se detiene y una voz anunciando la parada.)

VOZ. Estamos llegando a la Parada de Diciembre de (año que termina o nombre apropiado). Los pasajeros que tengan que comprar billete nuevo o cambiar el que tienen podrán hacerlo en las ventanillas señalizadas para estos fines. Dentro de cinco minutos iniciaremos la marcha. Gracias.

DESAMOR. (Se acerca a los jóvenes impidiéndoles el paso a la salida.) No crean que se van a librar tan fácilmente de nosotros.

INCONSTANCIA. (Acercándose y llamando a sus demás compañeros.) Venid. Que éstos no tienen escapatoria. Si nos eligieron, no nos marcharemos de su lado.

(Todos los obstáculos comienzan a acercarse lentamente para acosarlos.)

LUIS. ¡No, no se acerquen! Déjennos en paz.

ANTONIA. (En voz alta.) EL TREN SE DETIENE YA POR COMPLETO. CORRAMOS, VAMOS POR ESTA PUERTA.

JUAN. Sí, corramos antes de que nos atrapen.

(Todos salen por la puerta corriendo. Los obstáculos se sientan frustrados sin moverse. Se escucha música y letra del Himno 285 o un especial.)




ESCENA SEGUNDA


(Todos entran sonrientes y con sus nuevos billetes en las manos.)

JUAN. ¡Qué alegría que logramos bajar a tiempo, y comprar nuevos billetes. Yo marqué la casilla donde elegía a Jesús como el Conductor de mi predilección en este nuevo viaje con destino hacia (año próximo o nombre apropiado).

PEDRO. Yo también seguí el consejo del Guardián.

ANTONIA. Yo lo hice igual y no me arrepiento.

MARÍA. Creo que es la mejor decisión que he podido hacer.

LUIS. Yo también creo lo mismo que ustedes.

GUARDIÁN. (Entrando.) Muy buena decisión, Jóvenes amigos. Ahora observen quiénes serán sus acompañantes en este viaje.

(Entran Amor, Fe, Unidad y Perseverancia y se presentan.)

AMOR. Yo soy el Amor. Durante todo este viaje desde el Pueblo de (año que inicia o nombres apropiados) hasta el Pueblo de (año próximo o nombre apropiado), y si quieren todos los pueblos hasta el final del viaje, les acompañaré y verán cómo amarán a todos sus compañeros de viaje por igual, teniendo con ustedes el maravilloso don del perdón y la consideración a todos los que les rodean. Y sobre todo, el amor supremo hacia nuestro Guía fiel, Jesucristo. (Se sienta.)

PERSEVERANCIA. Yo soy Perseverancia. Conmigo nunca se arrepentirán de haber elegido a Jesús como el conductor de este Tren. Siempre tendrán fuerzas aunque a veces parezcan desmayar para resistir cualquier obstáculo que se les presente en este viaje. Si me buscan en este tren siempre tendrán deseos de continuar sin detenerse.

UNIDAD. Yo soy Unidad. Conmigo como compañera de viaje siempre permanecerán con un mismo sentir y un mismo objetivo. Estarán juntos en las buenas y en las malas, para realizar la obra que nuestro Conductor Jesús les encomiende y aunque tengan diversidad de opiniones, que seguro será así, conmigo siempre podrán ponerse de acuerdo.

FE. Mi nombre es Fe. Es indispensable que me posean como compañero durante el viaje que emprenden, para poder mirar siempre al conductor y agradarle, porque sin mí es imposible agradar a Dios. A través de mis ojos podrán seguir las instrucciones del Conductor. También para poder observar la hermosa tierra prometida, que es el galardón que espera a todos los que eligen a Jesús como el Conductor de este tren. Así que marchemos hacia delante y no desistan jamás.

PEDRO. (Se pone en pie de repente muy asustado.) Miren (señala a los obstáculos del camino, sentados sin moverse.) Son nuestros antiguos acompañantes. No se han marchado como nos dijo usted, Señor Guardián. Siguen aquí con nosotros.

JUAN. Es cierto... pero, ¿qué ha pasado? Usted nos dijo que ellos no estarían aquí al volver de comprar nuevos billetes y elegir a Jesús como el Conductor del Tren. ¿Por qué nos ha mentido?

(Todos se abrazan a las virtudes asustados.)

GUARDIÁN. Tranquilos todos. Yo nunca dije que no estarían en el Tren, si es que recuerdan bien, dije que no serían vuestros acompañantes. Observen (señala a los obstáculos). Notad que no se mueven y que ni siquiera habíais notado su presencia.

(Pausa.... todos observan.)

LUIS. Ni siquiera parpadean. Parece que están muertos.

ANTONIA. O quizás dormidos.

GUARDIÁN. ¡Jóvenes! Esto que observáis significa que estos habitantes del Pueblo Obstáculos del camino, como son Desamor, Negligencia, Inconstancia, Orgullo, y muchos más que no han subido en aquella parada donde subieron ellos, tales como Soberbia, Altivez, Rencor, Impaciencia, etc., pero que pueden subir en cualquier momento… Siempre viajarán en este tren de la vida aunque vosotros no queráis, porque a este tren suben todos los pasajeros de esta tierra, y por tanto aquí también hay pasajeros que no elijen a Jesús como el Conductor principal de su viaje, y entonces sus acompañantes, como pasó con vosotros, son estos obstáculos del camino. Pero si los pasajeros todos, al igual que vosotros, deciden hacer una parada en el camino y elegir a nuestro Maestro Jesús como el Conductor preferido de este tren, estos habitantes de Obstáculos del Camino estarán inactivos, como muertos, exactamente como están ahora y no podrán hacerles daño alguno, ni molestarlos siquiera.

MARÍA. ¿Es así realmente, Señor Guardián?

PEDRO. ¿No tenemos nada qué temer de ellos?

GUARDIÁN. Si en el viaje por el Pueblo (Año que inicia o nombre apropiado), hasta el pueblo (Año próximo o nombre apropiado), que es la próxima parada, mantienen firmes su decisión de seguir todas las instrucciones del Conductor Jesús, sus acompañantes siempre serán Amor, Fe, Unidad y Perseverancia, y muchos otros más habitantes del Pueblo Virtudes y dones del camino, tales como paciencia, felicidad, regocijo, gratitud, servicio, etc. Por la presencia de ellos, los habitantes del pueblo Obstáculos del camino no se les pueden acercar, ni pueden siquiera moverse de su sitio, pues la presencia de estas virtudes aniquila y elimina cualquier poder que ellos puedan tener. ¿Entendéis?

JUAN. (Alegre). Claro que entiendo y prometo solemnemente que no me alejaré de estas virtudes durante los 365 kilómetros del viaje, y todos los demás que tenga que recorrer. (Se acerca a las virtudes.)

LUIS. Yo prometo lo mismo. No quiero ni pensar el daño que me pueden causar a mí y a mis compañeros de viaje estos horribles personajes.

ANTONIA. Claro que no. Ni siquiera lo pensemos. Cultivemos nuestra amistad estrecha con estas virtudes que nos acompañan y nunca tendremos la molestia de estos horribles obstáculos del camino.

MARÍA. Yo como joven que soy, prometo ser fiel compañera de estas preciosas virtudes, porque con ellas sí que alegraré al Conductor del tren y podré vivir en armonía con mis compañeros de viaje.

GUARDIÁN. (Se sienta pensativo y un poco triste.)

PEDRO. (Dirigiéndose al guardián.) ¿Qué le pasa, Señor guardián? ¿Por qué está triste?

GUARDIÁN. Es que veo que no habéis hablado aún acerca de las cosas que vais a hacer al llegar al pueblo de destino. Me parece que pensáis hacer lo mismo que decíais antes: fiestas, bodas, negocios, etc., y entonces me temo que con esos objetivos los habitantes del pueblo Obstáculos del camino volverán a molestaros y os atraparán.

JUAN. No.... No es así, Señor Guardián. Puede estar tranquilo. Alégrese, por favor. Antes de subir en la última parada donde adquirimos los nuevos billetes, hicimos un listado de las cosas que queremos alcanzar al llegar al pueblo de (año próximo o nombre apropiado.)

ANTONIA. Así es. Amigos, mostrémosle al Guardián del Tren lo que queremos lograr en este viaje.

(Todos muestran sus letreros y los leen en voz alta.)

LUIS. Compañerismo profundo con el Conductor del Tren.

ANTONIA. Buenas relaciones con los demás.

PEDRO. Desarrollo eficaz de las facultades mentales.

MARÍA. Trabajo consagrado en la Obra de Dios.

JUAN. Metas aprobadas por Jesús. Esto no quiere decir que no iremos a la boda, al hospital, de vacaciones, a negociar, sí que iremos, pero ahora pensamos aplicar a todas nuestras diferentes actividades estas nuevas metas que le hemos mencionado. ¿Qué le parece?

GUARDIÁN. ¡Que alegría me dais! No sabéis lo feliz que me siento al escucharos, al oír cuáles son las cosas que desarrollarán durante el viaje. Pero, hay algo que deben hacer, y es que a los otros pasajeros de este tren de la vida, que todavía no han elegido a Jesús como el Conductor de este Tren, o a los que como ustedes por rapidez, no se fijaron en su elección, o quizás cambiaron sin darse cuenta por la influencia de los habitantes del pueblo Obstáculos del camino sus billetes en alguna parada y eligieron a otro conductor, debéis ayudarles a tomar la correcta decisión de una manera libre, pero orientándoles siempre con amor. Debéis hacer lo mismo que yo hice con vosotros, para que ellos no tengan nunca como acompañantes en su viaje a los habitantes del Pueblo Obstáculos del camino, sino a estas y otras preciosas virtudes. El trabajo es arduo... lo sé perfectamente, pero con la ayuda de Jesús se que pueden hacerlo.

JUAN. Claro que lo haremos, Señor Guardián. Cuente con nosotros. Será un verdadero placer.

PEDRO. En ese caso, ustedes (dirigiéndose a la congregación)... que también viajan en este tren. Únanse a nosotros en nuestro trabajo y recibamos la primera Instrucción de nuestro Conductor.

VOZ. (Narrada con música de fondo: “FIRMES Y ADELANTE HUESTES DE LA FE, SIN TEMOR ALGUNO QUE JESUS LOS VE”.)

MARÍA. Entonces, entonemos el Himno Nº 378, el cual nos inspirará con su música y letra para la lucha que nos espera.