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2012 - España

El abogado

15 Minutos y 10 Personajes. En realidad se trata de una versión modificada de la obra  "El abogado". El argumento el mismo: una mujer es acusada por los pecados que ha cometido pero tiene un abogado que ha pagado por ella sus faltas. 

PERSONAJES

SOÑADOR
HERMANO
ABOGADO
JUEZ
ACUSADOR
ACUSADA
JURADO 1
JURADO 2
POLICÍA
SECRETARIA


SOÑADOR. (Aparece un chico durmiendo en el escenario, que es una habitación. De repente se despierta sobresaltado por una pesadilla. Se sienta en su cama y comienza a leer su biblia. Comienza a leer Salmos 25)

A ti, oh Jehová, levantaré mi alma.
Dios mío, en ti confío;
No sea yo avergonzado,
No se alegren de mí mis enemigos.
Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido;
Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos;
Enséñame tus sendas.
Encamíname en tu verdad, y enséñame,
Porque tú eres el Dios de mi salvación;
En ti he esperado todo el día.
De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes;
Conforme a tu misericordia acuérdate de mí,
Por tu bondad, oh Jehová.
Por amor de tu nombre, oh Jehová,
Perdonarás también mi pecado, que es grande.
¿Quién es el hombre que teme a Jehová?
Él le enseñará el camino que ha de escoger.
Mírame, y ten misericordia de mí,
Porque estoy solo y afligido.
Las angustias de mi corazón se han aumentado;
Sácame de mis congojas.
Mira mi aflicción y mi trabajo,
Y perdona todos mis pecados.
Guarda mi alma, y líbrame;
No sea yo avergonzado, porque en ti confié.

(Entra el hermano en la habitación con cara de sueño.)

HERMANO. ¿Qué te pasa Guillermo? ¿No puedes dormir?

SOÑADOR. Hola, hermanito. Perdona, te he despertado, no quería hacerlo. No podía dormir y decidí ponerme a leer la Biblia.

HERMANO. ¿Estás preocupado por algo? Aunque soy pequeño puedes contar conmigo.

SOÑADOR. (Con una sonrisa y un gesto amoroso hacia su hermano acariciando su cabeza.) Sí, Roberto, estoy preocupado porque hace unos días hice algo que no estuvo bien y me preguntaba si Dios me ha perdonado por ello. No estoy seguro de ello y por eso no podía dormir.

HERMANO. ¿Y por qué no se lo preguntas a Él directamente?

SOÑADOR. (Sonriendo.) Sí, creo que tienes razón Roberto, eso es justo lo que voy a hacer. Me acostaré y le pediré a Dios que me responda. Buenas noches hermanito, vuelve a tu cama.

(Roberto le da un beso de buenas noches y se marcha fuera del escenario.)

SOÑADOR. (Se tumba en su cama, cierra los ojos y comienza a orar. Cada vez más bajito hasta que no se oye nada.) Padre, ¿me perdonaste? Necesito que me des una respuesta…

(Se cambia el escenario. Estamos en la sala de un juzgado donde hay una mesa y una secretaria.)

POLICÍA. Buenos días.

SECRETARIA. Buenos días agente.

POLICÍA. Parece ser que hoy será un día tranquilo.

SECRETARIA. Si usted lo dice…

POLICÍA. Digo yo, o a lo mejor será un día estresante….

ACUSADOR. (Entra por la derecha. Se ve muy contento.) Buenos días, agente, señorita.

POLICÍA. Veo que está usted muy contenta.

ACUSADOR. ¿Y cómo no lo voy a estar? Hoy es el gran día.

SECRETARIA. (Extrañada.) ¿El gran día?

POLICÍA. Buenos días.

ACUSADOR. Por supuesto, hoy es el día del gran juicio. El honorable juez tendrá a su cargo este juicio. (Con fanfarronería.) Y yo, claro está, me encargaré de acusar a cada uno de los que por esta sala pasen, para que les caiga todo el peso de la ley. (Golpea el escritorio y se ríe cínicamente.)

(La secretaria y la policía se asustan.)

SECRETARIA. (Al policía.) ¡Qué hombre más malo!

POLICÍA. ¡Oh! No lo dude usted, este abogado difícilmente pierde un juicio, todos los gana.

(El acusador está en su escritorio acomodando los papeles, y en su rostro tiene una sonrisa, una sonrisa cínica.)

SECRETARIA. ¿Estás segura de eso?

POLICÍA. Me temo que sí.

ACUSADOR. (Mira el reloj.) Vaya (al policía) Disculpe agente.

POLICÍA. ¿Sí, señor?

ACUSADOR. ¿No sabe usted cuándo comenzará el juicio?

POLICÍA. Pues no, nadie lo sabe, es más,  no sabía que daría comienzo  el gran juicio.

ACUSADOR. ¿Podría usted preguntarle al señor juez cuándo comenzaremos este juicio?

POLICÍA. Sí, claro, ahora mismo. (Sale por la izquierda.)

SECRETARIA. (Con un poco de temor.) Y, ¿lleva mucho tiempo con este  trabajo?

ACUSADOR. (Vuelve a ver a la secretaria.) ¿Me habla a mí?

SECRETARIA. Sí, señor.

ACUSADOR. (Entre cínico y orgullo.) Claro, son muchos años de estar acusando, nunca, escúcheme bien, nunca he perdido un juicio.

SECRETARIA. Vaya, parece que eres uno de los mejores fiscales del distrito.

ACUSADOR. Por supuesto, soy el mejor, no hay otro como yo, ni lo habrá.

SECRETARIA. Está usted muy segura.

ACUSADOR. Por supuesto, (con orgullo). Creo en mí, soy mi propio dios.

POLICÍA. (Entra de nuevo.) Dice el señor juez que el juicio comenzará  cuando  él lo decida.

ACUSADOR. Muchas gracias, agente.

POLICÍA. Ah, y también dijo que no le molestara más. (Se dirige hacia la salida de la derecha.)

ACUSADOR. ¿Se puede saber a dónde se dirige agente?

POLICÍA. (Se vuelve.) Le contestaré solo porque soy muy educada, de lo contrario, no perdería el tiempo en responderle. Para su información, me dirijo a las celdas para traer al primer acusado, según órdenes que me dio el distinguido juez. (Sale del escenario.)

(El acusador se sienta muy molesto.)

JUEZ. (Entra por la izquierda.) Buenos días.

(La Secretaria y el Acusador se ponen de pie.)

SECRETARIA y ACUSADOR. Buenos días, señor juez. (Se sientan.)

JUEZ. Bien, comenzaremos con el juicio. Claro está, en el momento que llegue el primer acusado. (Toma uno de las carpetas que tiene sobre su mesa y lo revisa.)

POLICÍA. Señor Juez, le entrego a la primera acusada de hoy (Entra con la acusada y se sienta en la silla que está al lado contrario de la mesa del Acusador.)

JUEZ. Bien, (leyendo la carpeta) El juzgado de instrucción número 1, llama a la acusada Pilar Sánchez de la Peña, ¡en pie!

ACUSADA. Sí, señor.

JUEZ. ¿De qué se le acusa?

ACUSADOR. (Se pone de pie.) Se le acusa de varios delitos.

JUEZ. (Al Acusador.) Usted hablará cuando yo se lo indique.

ACUSADOR. (Se sienta, muy avergonzado.) Sí, señor.

SECRETARIA. (Se burla disimuladamente del Acusador.)

JUEZ. Bueno, procedamos con el juicio. Escucharemos primero la parte del fiscal.

ACUSADOR. (Se pone de pie, muy confiado y con altanería.) Gracias, señor juez. Bien, veamos: esta mujer ha cometido varios pecados muy graves que requieren ser juzgados con todo el peso de la ley. (Abre el expediente.) Bien, veamos, para empezar, quiero llamar como primer testigo a la misma acusada.

ACUSADA. Señor juez...

JUEZ. Silencio, por favor, proceda a obedecer la solicitud del señor Fiscal.

ACUSADA. (Triste.) Sí, señor.

ACUSADOR. (Sonriendo maliciosamente.) Bien, bien... Veamos. Aquí están todos los pecados que usted ha cometido. ¿Qué tal si hacemos un repaso de cada uno de ellos?

ACUSADA. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio.

ACUSADOR. Bien, remontémonos 10 años atrás. Usted era una niña de 5 años y  robó una manzana de la tienda de don Juan, ¿ajá? Después le mintió a su mamá diciendo que se la habían regalado... ¡Qué barbaridad! ¡Mentirle a la madre!

ACUSADA. Pero, señor juez...

ACUSADOR. A los siente años le arrancó la cabeza a una muñeca para que le compraran una nueva, engañando al papá... ¡Qué terrible! A los diez años se peleó con una compañera en la escuela.

ACUSADA. Pero ella fue la que empezó. Ella me empujó y yo me caí.

ACUSADOR. Sí, pero nada de eso hubiese pasado si no hubiesen hecho pellas en la escuela.

ACUSADA. (Inclina su rostro.)

ACUSADOR. Bien, a los doce se fue con varios compañeros a casa de una amiga. (A la Acusada.) ¿Quiere que especifique lo que hicieron o lo dejo así?

ACUSADA. (Apenada.) No, déjelo así, no vale la pena decirlo.

ACUSADOR. Sí, no vale la pena, hay algunas cosas bastante interesantes que ustedes hicieron en esa casa y ganas me sobran de mencionarlas.

ACUSADA. Sí, pero mejor no diga nada, ya bastante ha dicho.

ACUSADOR. Pero si no he terminado, todavía falta más. Por ejemplo, cuando compraron alcohol a escondidas durante el baile de graduación de la escuela. O en el colegio, las pellas para ir al parque de la esquina y no precisamente a jugar o a repasar un examen…. (Al juez.) Bien, señor juez, hay más, pero creo que con esto basta para acusar a esta mujer a cadena perpetua.

JUEZ. ¡Se levanta la sesión! El jurado se retirará a deliberar

(Se  quedan todos hablando entre ellos, excepto el fiscal que está completamente solo. Cuando se levanta el jurado para deliberar ven entrar al abogado.)

ABOGADO. (Observa en silencio la sala mientras entra. Se sienta al lado de la acusada)

JURADO I. Con su permiso Sr. Juez… este caso es muy complicado, hemos escuchado toda clase de acusaciones contra esta mujer, pero no hemos escuchado cómo se considera ella. Necesitamos saber si ella cree que es inocente o culpable para tomar una decisión.

JURADO 2. ¡Sí! Esto es verdad, además no hemos escuchado la defensa de su abogado. Acaba de llegar y tenemos la obligación de darle la palabra. Con la venia de su Señoría… (Mira hacia el juez y luego mira hacia el abogado.) ¿Sr. abogado que tiene que decir en defensa de esta mujer?

(El juez asiente con la cabeza y mira al abogado; este se queda callado.)

ACUSADA. Bueno, creo que nadie me puede defender, las acusaciones han sido muy claras y no me queda más remedio que declararme...

ABOGADO. (Poniéndose de pie.) Inocente.

(Todos comienzan a cuchichear.)

ABOGADO. ¡La joven se declara inocente!  Sr. Juez, solicito defender a la acusada.

ACUSADOR. (Se queda petrificado, asustado, ya no sonríe cínicamente, ahora está nervioso.)

JUEZ. Proceda

ABOGADO. Ella es inocente, si bien es cierto que se le acusa de muchas faltas, la verdad es que ella ya ha pagado por todas, porque yo mismo me he encargado de pagar su fianza. Si usted leyó detenidamente el expediente, este dice que Pilar Sánchez de la Peña ha sido absuelta de toda falta, y que el caso está ya cerrado.

JUEZ. Entonces, ¿por qué está este expediente en mi escritorio? ¿Se puede saber quién lo puso?

(Todos se vuelven hacia el Acusador.)

ABOGADO. ¿Quién más que este tipo? Solo él se ha dedicado a engañar a mentir, robar… Su único objetivo es destruir la vida de quienes vienen a esta sala de juicio, su corazón está lleno de odio y maldad. Muchos de los que han pasado por esta sala han sido encarcelados porque no se les dio otra oportunidad. ¡Él quiere que todos acaben en la cárcel y sufran sin derecho a ser perdonados!

ACUSADOR. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio, no tiene autorización para hablar. (Al Abogado.) Prosiga.

ABOGADO. Gracias. Como le decía, su señoría, este hombre ha engañado por mucho tiempo a muchas personas. Es más, si revisa el resto de expedientes, se dará usted cuenta de que la mayoría de ellos son casos ya cerrados.

JUEZ. (Revisa las carpetas. En su rostro se dibuja un gesto de sorpresa y de indignación.) No puede ser, es cierto. (Mirando al Acusador.) ¿Qué tiene que decir a esto?

ACUSADOR. (Nervioso.) Bueno, este... Yo... Vea su señoría, es algo muy complicado, quizá si lo vemos desde otro punto de vista, donde quizá se junten ambas situaciones, es donde podamos encontrar la respuesta, y entonces nos metemos por aquí y nos salimos por otro lado… sí, eso, por aquí está la salida... (Toma su maletín.)

JUEZ. (Enojado.) Un momento, usted no va a ningún sitio. Es usted un sinvergüenza, un liante y un engañador, lo quiero ver en mi despacho en cuanto acabe este juicio.

ACUSADOR. (Asustado.) Sí, señor.

JUEZ. (Al jurado.) Señores, miembros honorables del jurado, en vista de este nuevo giro de los acontecimientos ustedes deben de retirarse a deliberar.

JURADO 1. Sr Juez, no hace falta que nos retiremos. Todo ha quedado muy claro.

JURADO 2.  Sra.  Pilar Sánchez de la Peña: póngase en pie para escuchar nuestro veredicto final.

(La acusada y el abogado se ponen en pie)

JURADO 1. Es usted libre de todo cargo

JURADO 2.  Queda en libertad absoluta.

ACUSADO. (Feliz.) ¡Gracias!

(Todos aplauden menos el acusador.)

JUEZ. Este caso lo doy por cerrado y la corte entra en receso. (Al acusador.) Ya sabe, lo espero en mi oficina. (Al policía.) Se encarga usted de acompañarlo.

POLICÍA. Se hará como usted ordene, su señoría.

JUEZ. Bien, me retiro.

SECRETARIA. (Al Acusador.) ¿Sabe? Tiene razón, no hay nadie como usted, pero gracias a que tenemos en la sala al único abogado que puede defendernos de sus acusaciones, usted ya no podrá hacer más daño torturándonos cada día haciéndonos creer que no tenemos perdón.

ACUSADOR. (Se enoja.)

POLICÍA. Vamos, caballero, que el señor juez le está esperando.

(El Policía y el Acusador salen por la izquierda, la Secretaria lo hace por la derecha. El jurado también se levanta.)

ACUSADA. (Se vuelve hacia la sala mirando al jurado.) Gracias por interesarse en mi defensa, gracias por no juzgarme ante las acusaciones del fiscal.

JURADO 1. Yo podría haber estado en su lugar, también pude ser acusado por el fiscal, no podía juzgarla porque somos iguales ante el juez.

JURADO 2. Yo tampoco, Sra. Yo sí fui acusado por el Gran Acusador una vez y tuve el privilegio de tener a su abogado en mi defensa. Sabía que si le dejábamos hablar él no la acusaría y le haría parecer inocente de todos los cargos. Él también pagó la fianza por mí.

ACUSADA (Al Abogado.) Gracias, si no llega usted a tiempo, quizá ahora estaría de nuevo en la cárcel. Gracias, no sabe cuán agradecida estoy, no tengo cómo pagarle.

ABOGADO. Tranquila, ya usted me pagó.

ACUSADA. ¿Cómo? ¿Si yo no le he dado ni un euro?

ABOGADO. El hecho de darme las gracias es más que suficiente para mí. Yo no busco dinero, ni tampoco que me paguen, lo único que busco es la gratitud de aquellos a los cuales he salvado de la cárcel y que después de ser liberados se dediquen a vivir una nueva vida, dejando sus hábitos, sus vicios y su vieja manera de vivir y convirtiéndose en nuevos hombres y mujeres.

ACUSADA. Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma, en su hablar veo más que simples palabras, veo amor, un amor que en este mundo no se puede encontrar ni comprar.

ABOGADO. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo el Justo" (Toma su maletín y sale por la derecha.)

ACUSADA. (Se va pensativa.)

EPÍLOGO

SOÑADOR. (Ya es de día y se va despertando poco a poco. Se levanta y se pone de rodillas con actitud de agradecimiento.) Padre, gracias porque me das la seguridad de tu perdón. Porque tu dices en tu palabra: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”
(Se levanta y mira al público.) Dios murió por ti y por mí para salvarnos del pecado. Aceptar su perdón solo depende de tu decisión. ¿Podrás aceptarlo?

(Se da la vuelta y sale de la habitación)

MUSICAL DE DAVID

1 hora y 15 Personajes + extras. Musical que repasa la vida de David. El personaje de David cambia a lo largo de la obra a media que va envejeciendo.
 
MUSICAL DE DAVID
© Arrate Gallego
 
PERSONAJES
 
DAVID
ELIAB
SAÚL
CORTESANO
DONCELLA 1
DONCELLA 2
MERAB
MICAL
SOLDADO 1
SOLDADO 2
SOLDADO 3
BETSABÉ
SALOMÓN
MÚSICO REAL
AYUDANTE
Aspirantes al coro
 
ESCENA PRIMERA
(David aparece en el escenario, sentado sobre una roca vestido de pastor, con un instrumento musical en la mano. al fondo las ovejas pastando. David canta el salmo veintitrés -versión de Aline Barros traducida.)
 
ELIAB. ¿Ya estás cantando otra vez? ¿Dónde crees que vas a llegar dedicándote a eso?
 
DAVID. No sé qué será de mi vida, pero de lo que sí estoy seguro es de que la música me acerca a Dios.
 
ELIAB. Deberías dedicarte a labores serias, como cuidar mejor el rebaño.
 
DAVID. No he perdido ninguna oveja a manos de las alimañas. Ayer mismo me enfrenté a un león para protegerlas.
 
ELIAB. ¿Tú? ¿Y con qué te enfrentaste a él? ¿Con la lira?
 
(David se levanta y se encara con su hermano.)
 
DAVID. Con estas dos manos le hice frente.
 
ELIAB. ¿No sería que te pusiste a cantar y el animal salió huyendo de miedo?
 
DAVID. ¡No se puede hablar contigo! ¡No entiendes nada!
 
ELIAB. ¿Qué no entiendo nada? Yo tengo responsabilidades que tú ni conoces. Crees que por cuidar de un puñado de ovejas ya eres un hombre.
 
DAVID. Yo hago mi parte, como vosotros.
 
ELIAB. A ninguno de nosotros nos sobra tiempo para canturrear por ahí.
 
DAVID. Yo no desatiendo mis tareas, pero las hago al son de la música.
 
ELIAB. ¡Niñato!
 
 
 
ESCENA SEGUNDA
 
(David se encuentra en una estancia del palacio, cantando o tocando una canción para Saúl. El rey aparece sentado descansando.)
 
CORTESANO. ¿Os encontráis mejor, mi señor?
 
REY. Debo confesar que así es.
 
CORTESANO. ¿Es de vuestro agrado la música?
 
REY. Lo es. Gracias a su armonía puedo encontrar la paz.
 
CORTESANO. Sabía que la presencia de este joven le harías bien, majestad.
 
REY. No sólo es buen música, sino que además posee una buena educación.
 
CORTESANO. Y no olvidéis que además es un hábil guerrero.
 
REY. Su padre Isaí ha hecho un gran trabajo con él.
 
CORTESANO. Sus conocidos dicen que el Señor está con él, en todo lo que hace.
 
REY. ¡Calla! Esta parte de la composición me deleita. (Comienza a tararear siguiendo la música.) Su cadencia serena mi espíritu atormentado, haciéndome creer que puedo liberarme para siempre de mis pensamientos tortuosos.
 
CORTESANO. Lo que vos digáis, mi Señor.
 
(David sigue tocando su instrumento, mientras el rey poco a poco se va adormeciendo. El cortesano se retira caminando hacia atrás simulando no hacer ruido. Se puede poner música de arpa y usar una de plástico. David observa al rey dormido y deja de tocar. Saúl abre un ojo furioso y le arroja la sandalia. David la esquiva y continúa tocando. El cortesano se acerca a David y en un susurro le dice...)
 
CORTESANO. Más vale que tengáis cuidado, cuando se altera es peligroso.
 
DAVID. Seguiré tocando hasta que se calme, aunque tenga que hacerlo durante toda la tarde.
 
 
 
ESCENA TERCERA
 
(Aparece un grupo de mujeres en el salón hablando entre ellas.)
 
DONCELLA 1. ¿Habéis visto al nuevo muchacho que ha llegado para servir al rey?
 
DONCELLA 2. Sí. ¡Es un muchacho muy apuesto!
 
MERAB. ¿De quién habláis?
 
DONCELLA 1. Del gallardo joven que toca para el rey.
 
MICAL. ¿Lo habéis visto? ¿Cómo es?
 
DONCELLA 2. Es alto, castaño, de buen porte... (Habla embelesada.)
 
MERAB. ¡Ya estás exagerando!
 
DONCELLA 1. ¡No exagera ni lo más mínimo! Es gentil y buen músico.
 
MICAL. ¿Dónde está ahora?
 
DONCELLA 2. En el salón, tocando para vuestro padre.
 
(Se acercan todas hacia una cortina y observan en silencio unos segundos. Luego regresan al centro del escenario emocionadas.)
 
DONCELLA 1. ¡A que es maravilloso!
 
MERAB. Yo no lo veo tanto. Es un chico de lo más normal.
 
MICAL. Pues a mí me gusta. ¿Sabéis cómo se llama?
 
DONCELLA 1. He oído decir a un cortesano que se llama David.
 
MICAL. ¡Qué nombre más bonito!
 
MERAB. ¡Vamos! Si es un nombre normal y corriente como Ebiasaf o Amasay.
 
DONCELLA 2. ¡Qué cosas dices! Lo que pasa es que a ti te gusta Adriel y ya no hay otros hombres, fuera de él.
 
MICAL/DONCELLA 1. ¿Queeeeéé?
 
MERAB. ¿Cómo has podido decir eso? ¡Era un secreto! Te voy a...
 
(Merab persigue a su doncella mientras las otras dos intentan detenerla. Salen corriendo del escenario.)
 
 
ESCENA CUARTA
 
(Aparece en el escenario David huyendo, vestido de soldado. Varios hombres ataviados para la lucha, lo acompañan.)
 
DAVID. ¡Ya no puedo más! Estoy cansado de vivir huyendo. ¡Con todo lo que he hecho por el rey! ¿Cómo puede ser que pretenda matarme?
 
SOLDADO 1. No lo sé. Pero esta vez ha estado muy cerca.
 
SOLDADO 2. Podríamos atacarle nosotros por sorpresa y acabar con él.  
 
DAVID. Tiene que haber otra manera de solucionar el problema. (David se sienta en el suelo y sus acompañantes también.)
 
SOLDADO 3. Saúl desea acabar con tu vida, pero su hijo te tiene en gran estima. Si acabas con el padre, podrás vivir en paz.
 
SOLDADO 1. Cierto. Si el rey muere, terminará tu pesadilla. Podrás ser libre y vivir donde te plazca.
 
SOLDADO 2. Si decides luchar contra él, yo te seguiré. Aunque me cueste la vida.
 
DAVID. Vuestras palabras me halagan. Pero, ¿cómo podría yo hacer daño al ungido de Dios?
 
SOLDADO 3. Puede que sea el ungido de Dios, pero se comporta como un pagano.
 
DAVID. (Se levanta.) Lo sé. Su comportamiento está lejos de lo que debería ser un líder de Israel. Aún así yo debo ser fiel a Dios a pesar de todo.
 
SOLDADO 1. Tu integridad te honra. Sólo espero que tu decisión sea la acertada.
 
SOLDADO 2. Continuaremos a tu lado en cualquier circunstancia.
 
DAVID. Agradezco vuestra fidelidad. Si todavía sigo vivo es gracias a la ayuda divina y a vuestra compañía.
 
SOLDADO 3. Somos nosotros los que debemos agradecerte que nos dejes acompañarte. Tú nos has dado esperanza.
 
DAVID. La esperanza nos la da el Señor. El que habita al abrigo de Dios...
 
SOLDADO 1. Se acoge a su sombra...
 
(Canción: "El que habita al abrigo de Dios" - Steve Green. Sería genial si la cantaran los cuatro.)
 
 
ESCENA QUINTA
 
(David aparece en su palacio, vestido como rey dando vueltas por el salón del trono. Su esposa Betsabé está bordando en un rincón.)
 
DAVID. ¿Cómo podría yo honrar a mi Dios como se merece? yo tengo un palacio y riquezas y el Señor mora en una tienda hecha de telas.
 
BETSABÉ. ¿Por qué no descansas un rato de tus preocupaciones?
 
DAVID. Porque los días se me van y ya estoy viejo.
 
BETSABÉ. Dios sabe que te has esforzado por seguir sus caminos toda tu vida.
 
DAVID. Pero aún me queda una cosa por hacer. La última misión de mi vida.
 
SALOMÓN. ¿De qué estás hablando, padre?
 
DAVID. ¡Ven aquí, hijo mío! En mi cabeza da vueltas una idea desde hace algún tiempo, que no me deja descansar.
 
SALOMÓN. ¿Y cuál es esa idea? ¿Qué te tiene tan preocupado?
 
DAVID. Quisiera construir un templo para nuestro Dios.
 
SALOMÓN. ¿Un templo? ¿De piedra y madera? ¡Es una gran idea!
 
DAVID. Celebro que te guste, porque tú tendrás que ayudarme.
 
SALOMÓN. ¿Yo? ¿Por qué? ¡No me necesitas! Eres el rey y tienes todo a tu disposición.
 
DAVID. No se trata de eso, hijo mío. Sé que dispongo de muchas cosas...
 
SALOMÓN. ¿Qué te impide empezar la obra? ¡Eres un hombre de fe! Toda tu vida has perseverado al lado del Señor.
 
DAVID. Yo he sido sólo un hombre, un pecador de quien Dios ha tenido misericordia. Mis manos están manchadas de sangre (se mira las manos). yo no soy digno de esa obra.
 
SALOMÓN. Pero, padre, el templo debe ser construido. Es tu aspiración y sé que Dios prosperará tu empresa.
 
DAVID. Tú serás el que edifique ese templo.
 
SALOMÓN. ¿Yo? ¡Si no sabré hacerlo! ¡Soy sólo un muchacho! Nadie me tomará en serio.
 
DAVID. Tendrás a tu disposición los planos y las instrucciones que vas a necesitar. Todo está ya diseñado: el atrio, los pórticos... Además he hecho provisión de materiales diversos, para cuando comiences la tarea.
 
SALOMÓN. Padre mío, agradezco tu confianza, pero no me veo capaz de llevar a cabo tal obra.
 
DAVID. Sé fuerte y valiente. El Señor no te dejará ni te abandonará hasta que hayas terminado toda la obra del templo del Señor.
 
(Desaparecen hablando entre ellos detalles de la construcción.)
 
 
ESCENA SEXTA
 
(Aparecen en escena el música real y su ayudante.)
 
MÚSICO. ¡Vamos! ¡Vamos! El rey quiere tener todo listo cuanto antes.
 
AYUDANTE. Sí, sí, ya voy. Pero tienes que saber que me has avisado con muy poco tiempo. Aún así ha venido mucha gente.
 
MÚSICO. Eso es bueno, podremos elegir a los mejores talentos de Israel.
 
AYUDANTE. ¿El rey quiere un coro muy numeroso?
 
MÚSICO. Se le h ocurrido la ingeniosa cifra de doscientos ochenta y ocho.
 
AYUDANTE. ¿Qué? ¿Sabéis lo que cuesta dirigir a tanta gente?
 
MÚSICO. Sí. Por eso he ideado un proyecto para hacer varios grupos y tener siempre canciones nuevas en el servicio del templo.
 
AYUDANTE. Eres muy ingenioso... ¿Seguro que eso no se le ha ocurrido al rey?
 
MÚSICO. Bueno... en parte, pero yo concreté la idea.
 
AYUDANTE. (Señalando hacia el público.) ¡Mira! ¡Todos estos se han presentado para el coro!
 
MÚSICO. ¡Muy bien! Estoy más que satisfecho con tu trabajo. Ahora ve indicándoles que pasen en orden, para que nos muestren su talento.
 
AYUDANTE. (Señalando al público.) Tú y tú, acercaos para la prueba.
 
(Dos actores se acervan y cantan una estrofa de un himno.)
 
MÚSICO. ¡Me gusta!
 
(El Ayudante va señalando a distintas personas del público que se van colocando para formar un coro. Puede ser un octeto. Aunque la idea original de David fueron doce personas. Aparece David, algo encorvado por los años y se sienta frente a ellos. El músico real dirige un canto con el nuevo coro. La canción puede ser "Yo iré" de Steve Green.)
 
DAVID. (Se ve emocionado. Se vuelve hacia el público y levantando las manos dice...) Señor, bendice nuestra alabanza, para que sea agradable a tus oídos.
 
TODOS. Amén.