¿Quieres ver tu foto aquí?

¿Quieres ver tu foto aquí?
2012 - España

MUSICAL DE DAVID

1 hora y 15 Personajes + extras. Musical que repasa la vida de David. El personaje de David cambia a lo largo de la obra a media que va envejeciendo.
 
MUSICAL DE DAVID
© Arrate Gallego
 
PERSONAJES
 
DAVID
ELIAB
SAÚL
CORTESANO
DONCELLA 1
DONCELLA 2
MERAB
MICAL
SOLDADO 1
SOLDADO 2
SOLDADO 3
BETSABÉ
SALOMÓN
MÚSICO REAL
AYUDANTE
Aspirantes al coro
 
ESCENA PRIMERA
(David aparece en el escenario, sentado sobre una roca vestido de pastor, con un instrumento musical en la mano. al fondo las ovejas pastando. David canta el salmo veintitrés -versión de Aline Barros traducida.)
 
ELIAB. ¿Ya estás cantando otra vez? ¿Dónde crees que vas a llegar dedicándote a eso?
 
DAVID. No sé qué será de mi vida, pero de lo que sí estoy seguro es de que la música me acerca a Dios.
 
ELIAB. Deberías dedicarte a labores serias, como cuidar mejor el rebaño.
 
DAVID. No he perdido ninguna oveja a manos de las alimañas. Ayer mismo me enfrenté a un león para protegerlas.
 
ELIAB. ¿Tú? ¿Y con qué te enfrentaste a él? ¿Con la lira?
 
(David se levanta y se encara con su hermano.)
 
DAVID. Con estas dos manos le hice frente.
 
ELIAB. ¿No sería que te pusiste a cantar y el animal salió huyendo de miedo?
 
DAVID. ¡No se puede hablar contigo! ¡No entiendes nada!
 
ELIAB. ¿Qué no entiendo nada? Yo tengo responsabilidades que tú ni conoces. Crees que por cuidar de un puñado de ovejas ya eres un hombre.
 
DAVID. Yo hago mi parte, como vosotros.
 
ELIAB. A ninguno de nosotros nos sobra tiempo para canturrear por ahí.
 
DAVID. Yo no desatiendo mis tareas, pero las hago al son de la música.
 
ELIAB. ¡Niñato!
 
 
 
ESCENA SEGUNDA
 
(David se encuentra en una estancia del palacio, cantando o tocando una canción para Saúl. El rey aparece sentado descansando.)
 
CORTESANO. ¿Os encontráis mejor, mi señor?
 
REY. Debo confesar que así es.
 
CORTESANO. ¿Es de vuestro agrado la música?
 
REY. Lo es. Gracias a su armonía puedo encontrar la paz.
 
CORTESANO. Sabía que la presencia de este joven le harías bien, majestad.
 
REY. No sólo es buen música, sino que además posee una buena educación.
 
CORTESANO. Y no olvidéis que además es un hábil guerrero.
 
REY. Su padre Isaí ha hecho un gran trabajo con él.
 
CORTESANO. Sus conocidos dicen que el Señor está con él, en todo lo que hace.
 
REY. ¡Calla! Esta parte de la composición me deleita. (Comienza a tararear siguiendo la música.) Su cadencia serena mi espíritu atormentado, haciéndome creer que puedo liberarme para siempre de mis pensamientos tortuosos.
 
CORTESANO. Lo que vos digáis, mi Señor.
 
(David sigue tocando su instrumento, mientras el rey poco a poco se va adormeciendo. El cortesano se retira caminando hacia atrás simulando no hacer ruido. Se puede poner música de arpa y usar una de plástico. David observa al rey dormido y deja de tocar. Saúl abre un ojo furioso y le arroja la sandalia. David la esquiva y continúa tocando. El cortesano se acerca a David y en un susurro le dice...)
 
CORTESANO. Más vale que tengáis cuidado, cuando se altera es peligroso.
 
DAVID. Seguiré tocando hasta que se calme, aunque tenga que hacerlo durante toda la tarde.
 
 
 
ESCENA TERCERA
 
(Aparece un grupo de mujeres en el salón hablando entre ellas.)
 
DONCELLA 1. ¿Habéis visto al nuevo muchacho que ha llegado para servir al rey?
 
DONCELLA 2. Sí. ¡Es un muchacho muy apuesto!
 
MERAB. ¿De quién habláis?
 
DONCELLA 1. Del gallardo joven que toca para el rey.
 
MICAL. ¿Lo habéis visto? ¿Cómo es?
 
DONCELLA 2. Es alto, castaño, de buen porte... (Habla embelesada.)
 
MERAB. ¡Ya estás exagerando!
 
DONCELLA 1. ¡No exagera ni lo más mínimo! Es gentil y buen músico.
 
MICAL. ¿Dónde está ahora?
 
DONCELLA 2. En el salón, tocando para vuestro padre.
 
(Se acercan todas hacia una cortina y observan en silencio unos segundos. Luego regresan al centro del escenario emocionadas.)
 
DONCELLA 1. ¡A que es maravilloso!
 
MERAB. Yo no lo veo tanto. Es un chico de lo más normal.
 
MICAL. Pues a mí me gusta. ¿Sabéis cómo se llama?
 
DONCELLA 1. He oído decir a un cortesano que se llama David.
 
MICAL. ¡Qué nombre más bonito!
 
MERAB. ¡Vamos! Si es un nombre normal y corriente como Ebiasaf o Amasay.
 
DONCELLA 2. ¡Qué cosas dices! Lo que pasa es que a ti te gusta Adriel y ya no hay otros hombres, fuera de él.
 
MICAL/DONCELLA 1. ¿Queeeeéé?
 
MERAB. ¿Cómo has podido decir eso? ¡Era un secreto! Te voy a...
 
(Merab persigue a su doncella mientras las otras dos intentan detenerla. Salen corriendo del escenario.)
 
 
ESCENA CUARTA
 
(Aparece en el escenario David huyendo, vestido de soldado. Varios hombres ataviados para la lucha, lo acompañan.)
 
DAVID. ¡Ya no puedo más! Estoy cansado de vivir huyendo. ¡Con todo lo que he hecho por el rey! ¿Cómo puede ser que pretenda matarme?
 
SOLDADO 1. No lo sé. Pero esta vez ha estado muy cerca.
 
SOLDADO 2. Podríamos atacarle nosotros por sorpresa y acabar con él.  
 
DAVID. Tiene que haber otra manera de solucionar el problema. (David se sienta en el suelo y sus acompañantes también.)
 
SOLDADO 3. Saúl desea acabar con tu vida, pero su hijo te tiene en gran estima. Si acabas con el padre, podrás vivir en paz.
 
SOLDADO 1. Cierto. Si el rey muere, terminará tu pesadilla. Podrás ser libre y vivir donde te plazca.
 
SOLDADO 2. Si decides luchar contra él, yo te seguiré. Aunque me cueste la vida.
 
DAVID. Vuestras palabras me halagan. Pero, ¿cómo podría yo hacer daño al ungido de Dios?
 
SOLDADO 3. Puede que sea el ungido de Dios, pero se comporta como un pagano.
 
DAVID. (Se levanta.) Lo sé. Su comportamiento está lejos de lo que debería ser un líder de Israel. Aún así yo debo ser fiel a Dios a pesar de todo.
 
SOLDADO 1. Tu integridad te honra. Sólo espero que tu decisión sea la acertada.
 
SOLDADO 2. Continuaremos a tu lado en cualquier circunstancia.
 
DAVID. Agradezco vuestra fidelidad. Si todavía sigo vivo es gracias a la ayuda divina y a vuestra compañía.
 
SOLDADO 3. Somos nosotros los que debemos agradecerte que nos dejes acompañarte. Tú nos has dado esperanza.
 
DAVID. La esperanza nos la da el Señor. El que habita al abrigo de Dios...
 
SOLDADO 1. Se acoge a su sombra...
 
(Canción: "El que habita al abrigo de Dios" - Steve Green. Sería genial si la cantaran los cuatro.)
 
 
ESCENA QUINTA
 
(David aparece en su palacio, vestido como rey dando vueltas por el salón del trono. Su esposa Betsabé está bordando en un rincón.)
 
DAVID. ¿Cómo podría yo honrar a mi Dios como se merece? yo tengo un palacio y riquezas y el Señor mora en una tienda hecha de telas.
 
BETSABÉ. ¿Por qué no descansas un rato de tus preocupaciones?
 
DAVID. Porque los días se me van y ya estoy viejo.
 
BETSABÉ. Dios sabe que te has esforzado por seguir sus caminos toda tu vida.
 
DAVID. Pero aún me queda una cosa por hacer. La última misión de mi vida.
 
SALOMÓN. ¿De qué estás hablando, padre?
 
DAVID. ¡Ven aquí, hijo mío! En mi cabeza da vueltas una idea desde hace algún tiempo, que no me deja descansar.
 
SALOMÓN. ¿Y cuál es esa idea? ¿Qué te tiene tan preocupado?
 
DAVID. Quisiera construir un templo para nuestro Dios.
 
SALOMÓN. ¿Un templo? ¿De piedra y madera? ¡Es una gran idea!
 
DAVID. Celebro que te guste, porque tú tendrás que ayudarme.
 
SALOMÓN. ¿Yo? ¿Por qué? ¡No me necesitas! Eres el rey y tienes todo a tu disposición.
 
DAVID. No se trata de eso, hijo mío. Sé que dispongo de muchas cosas...
 
SALOMÓN. ¿Qué te impide empezar la obra? ¡Eres un hombre de fe! Toda tu vida has perseverado al lado del Señor.
 
DAVID. Yo he sido sólo un hombre, un pecador de quien Dios ha tenido misericordia. Mis manos están manchadas de sangre (se mira las manos). yo no soy digno de esa obra.
 
SALOMÓN. Pero, padre, el templo debe ser construido. Es tu aspiración y sé que Dios prosperará tu empresa.
 
DAVID. Tú serás el que edifique ese templo.
 
SALOMÓN. ¿Yo? ¡Si no sabré hacerlo! ¡Soy sólo un muchacho! Nadie me tomará en serio.
 
DAVID. Tendrás a tu disposición los planos y las instrucciones que vas a necesitar. Todo está ya diseñado: el atrio, los pórticos... Además he hecho provisión de materiales diversos, para cuando comiences la tarea.
 
SALOMÓN. Padre mío, agradezco tu confianza, pero no me veo capaz de llevar a cabo tal obra.
 
DAVID. Sé fuerte y valiente. El Señor no te dejará ni te abandonará hasta que hayas terminado toda la obra del templo del Señor.
 
(Desaparecen hablando entre ellos detalles de la construcción.)
 
 
ESCENA SEXTA
 
(Aparecen en escena el música real y su ayudante.)
 
MÚSICO. ¡Vamos! ¡Vamos! El rey quiere tener todo listo cuanto antes.
 
AYUDANTE. Sí, sí, ya voy. Pero tienes que saber que me has avisado con muy poco tiempo. Aún así ha venido mucha gente.
 
MÚSICO. Eso es bueno, podremos elegir a los mejores talentos de Israel.
 
AYUDANTE. ¿El rey quiere un coro muy numeroso?
 
MÚSICO. Se le h ocurrido la ingeniosa cifra de doscientos ochenta y ocho.
 
AYUDANTE. ¿Qué? ¿Sabéis lo que cuesta dirigir a tanta gente?
 
MÚSICO. Sí. Por eso he ideado un proyecto para hacer varios grupos y tener siempre canciones nuevas en el servicio del templo.
 
AYUDANTE. Eres muy ingenioso... ¿Seguro que eso no se le ha ocurrido al rey?
 
MÚSICO. Bueno... en parte, pero yo concreté la idea.
 
AYUDANTE. (Señalando hacia el público.) ¡Mira! ¡Todos estos se han presentado para el coro!
 
MÚSICO. ¡Muy bien! Estoy más que satisfecho con tu trabajo. Ahora ve indicándoles que pasen en orden, para que nos muestren su talento.
 
AYUDANTE. (Señalando al público.) Tú y tú, acercaos para la prueba.
 
(Dos actores se acervan y cantan una estrofa de un himno.)
 
MÚSICO. ¡Me gusta!
 
(El Ayudante va señalando a distintas personas del público que se van colocando para formar un coro. Puede ser un octeto. Aunque la idea original de David fueron doce personas. Aparece David, algo encorvado por los años y se sienta frente a ellos. El músico real dirige un canto con el nuevo coro. La canción puede ser "Yo iré" de Steve Green.)
 
DAVID. (Se ve emocionado. Se vuelve hacia el público y levantando las manos dice...) Señor, bendice nuestra alabanza, para que sea agradable a tus oídos.
 
TODOS. Amén.

Moisés el futuro libertador


10 Minutos y 9 Personajes. La madre de Moisés tiene miedo de que maten a su niño recién nacido y decide dejarlo en una canasta en el río con la esperanza de que Dios lo guíe. El niño es rescatado por la hija de Faraón que lo adoptará como hijo.
 
 
MOISES EL FUTURO LIBERTADOR
© Ilva Monsalvo Peña
PERSONAJES
NARRADOR
FARAÓN
SOLDADO 1
SOLDADO 2
JOCABED
MARÍA
PRINCESA
DONCELLA 1
DONCELLA 2
NARRADOR. Nos encontramos en Egipto y el Faraón acaba de volver de inspeccionar las ciudades de Pitón y Ramesés que están aún en construcción. Pero el faraón está muy preocupado.
FARAON. (Hablando consigo mismo) ¡No es posible! He visto multitud de hebreos hoy. Parece que se multiplican cada día más... Ni el trabajo agotador que les impongo los debilita; se ven fuertes y sanos. Debo hacer algo pronto, usar otro método para eliminarlos… ¡Tengo una idea! Guardias, traed a mi secretario, necesito dictarle un nuevo decreto: todo varón que nazca de aquí en adelante debe ser arrojado al río.
NARRADOR. Unos meses después, en casa de Amram y Jocabed…
MARÍA. ¡Mamá, date prisa, vienen los soldados!
JOCABED. Pronto, hija, quédate en la puerta y ponte a barrer como te dije.
NARRADOR. Jocabed necesitaba tiempo para esconder a su hijo de tres meses en un hueco que había preparado dentro de la casa.
SOLDADO 1. Esclava, dinos si por aquí vive alguna pareja que haya tenido un niño hace poco.
SOLDADO 2. Nos han avisado de que por aquí muchas veces se oye el llanto lejano de un bebé. ¡No nos mientas o podrás morir!
MARÍA. Se lo aseguro, por aquí no he visto ni oído nada. Mi madre está sola en casa y se dirige a llevarle agua y comida a mi padre que está trabajando en la ladrillera.
SOLDADO 1. Pues estaremos atentos vigilando… Pronto regresaremos para ver si es verdad o no lo que dices, ¡muchachita!
NARRADOR. Los soldados se alejan murmurando. Jocabed sabía que algo malo iba a pasarle a su hijo si no actuaba pronto.
JOCABED. María, quédate en la puerta y me avisas en cuanto veas soldados o algún movimiento extraño. Debo tener tiempo para esconder a tu hermanito.
MARÍA. No te preocupes, mamá, de aquí no me moveré, estaré atenta, no quiero que a mi hermanito le pase lo mismo que a nuestros vecinos. Pobrecitos, todavía recuerdo los gritos angustiosos de sus madres… y el llanto desesperado de los bebés. Pero eso no le pasará a mi hermanito. Le he pedido a Jehová que nos ayude, Él nos dará alguna solución.
JOCABED. Yo también le pido a Jehová que nos ayude, pero ya no sé qué más hacer, hija. Tu hermanito cada vez es más grande y últimamente está muy llorón. Además, los soldados prometieron volver. Mira lo que he hecho (toma una canasta con su tapa). He hecho esta especie de camita con juncos del río y la he impermeabilizado con asfalto y brea.
MARÍA. ¿Y qué piensas hacer con eso? ¿No irás a dejar allí a mi hermanito abandonado a su suerte en el río…?
JOCABED. No precisamente, hija, pero algo así. Mira, se me ha ocurrido que podemos colocarlo durante el día allí a ver qué pasa y que tú lo vigiles para que nada le pase. En el río hay muchos peligros, pero Jehová proveerá.
MARÍA. Como tú digas, mamá.
NARRADOR. Juntas se fueron a la orilla del río a dejar la preciosa carga. Jocabed le dio un beso a su hijo y cerró la tapa de la cesta. Lágrimas corrían por sus mejillas al regresar a su casa para pedirle a Dios que protegiera a su hijito. Mientras tanto, María estaba escondida vigilando al bebé, pero no estaba sola, allí también había ángeles que lo protegían. Así pasó un buen rato sin que nada ocurriera cuando de repente sucedió algo inesperado: la princesa se acercaba asistida por varias doncellas.
PRINCESA. Doncella, tened aquí mi capa mientras me mojo los pies en la orilla del río. El agua se ve muy fresquita y hace mucho calor… Pero, ¿qué es eso que se ve allá? Pronto, ¡traedme esa canasta con mucho cuidado!
NARRADOR. Cuando la princesa abrió la cesta vio al hermoso niño que estaba llorando.
PRINCESA. Sin duda es hijo de algún hebreo que lo ha colocado aquí para salvarlo. Pobrecito, tiene hambre y es tan hermoso... No permitiré que le pase nada. No para de llorar, está hambriento. ¿Quién sabe cuánto tiempo habrá estado aquí?
NARRADOR. María, muy valiente, se fue acercando disimuladamente. Estaba dispuesta a todo por salvar la vida de su hermanito.
MARÍA. Perdóneme, alteza, ¿quiere que vaya a buscar entre las hebreas una nodriza para que críe al niño? 
PRINCESA. ¡Magnífica idea, muchacha! Corre, date prisa, ¡el bebé tiene hambre!
NARRADOR. María corrió como el viento para encontrar… ¡a su propia madre!
MARÍA. ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Apresúrate! ¡Ven Conmigo!
JOCABED. ¡Ay, María! ¿No me digas que le ha pasado algo malo al bebé? 
MARÍA. Pues ¡que la princesa lo ha encontrado!
JOCABED. ¿Quéeeeee? No puede ser, ¡lo va a enviar a la muerte!
MARÍA. Te equivocas, mamá, ella quiere una nodriza para criar al bebé.
JOCABED. No puedo creer lo que me dices, hija, ¡Dios ha hecho un milagro! ¡Te lo dije!
NARRADOR. María y Jocabed pronto llegaron al río donde se encontraba la princesa apurada porque el bebé no paraba de llorar. Jocabed trató de aparentar calma para que la princesa no descubriera que ella era la verdadera madre del pequeño.
JOCABED. Su alteza, estoy para servirle.
PRINCESA. ¿Tienes leche para amamantar a un bebé?
JOCABED. Sí, su alteza.
PRINCESA. Pues bien, llévate a este niño y críamelo, y yo te daré un salario. Inmediatamente avisaré a los soldados para que sepan dónde vives y que no le puedan hacer daño porque de ahora en adelante será como mi hijo. 
JOCABED. Sí, su alteza.
NARRADOR. Mientras regresaban a casa, María y Jocabed sentían sus corazones rebosantes de agradecimiento a Dios, por la manera en que había salvado la vida de su precioso hijo.  
JOCABED. Todo es muy hermoso para ser verdad, María. No sólo tengo a mi bebé en casa, sino que los soldados ya no podrán matarlo por ser ahijado de la princesa. Además le podré proporcionar los mejores alimentos y cuidados ¡porque ella pagará todos los gastos!  Y después recibirá la educación de un príncipe. ¡Mi hijo es un príncipe!
MARÍA. Mamá, tengo una pregunta: ¿Ya has decidido qué nombre le vas a poner a mi hermanito? Pues ya tiene tres meses y nunca te decides.
JOCABED. Pues hija, la princesa lo ha salvado en la ribera del río. Se llamará Moisés, que significa “sacado de las aguas”.
 
NARRADOR. Todavía Jocabed ni María sabían lo que ese pequeñuelo llegaría a ser. Lo cierto es que ese niño aparentemente indefenso, pobre, hijo de esclavos y sin nada especial, sería utilizado por Dios para rescatar a su pueblo y conducirlo desde Egipto hacia la libertad.

La Historia de Ester

10 Minutos y 6 Personajes + Doncellas. La obrita presenta los precedentes y el desarrollo del edicto de matar a los judíos en los tiempos de la Reina Ester. La Reina jugó un papel primordial para salvar a su pueblo.
 
 
LA HISTORIA DE ESTER
© Ilva Monsalvo Peña

 
 
PERSONAJES
ESTER
MARDOQUEO
AMÁN
SIERVO
SERVIDOR
REY ASUERO
DONCELLAS
 
(Están sentados en el trono el rey y la reina. En un extremo de la sala están de pie el siervo, el servidor y Mardoqueo.)
NARRADOR. Esta historia aconteció en los días del rey Asuero, que reinó hace mucho tiempo desde la India hasta Etiopía, sobre ciento veintisiete provincias. Ester, la reina, de origen judío, había sido elegida entre muchísimas doncellas, por su gracia y hermosura.
(Sale paseando por la sala Amán. El siervo y el servidor se postran ante él –menos Mardoqueo- y luego sale.)
En esa época, el rey había elegido como primer ministro a un hombre llamado Amán, pero el rey no había hecho una buena elección, ya que Amán era un hombre hábil, orgulloso, cruel y despiadado. A Amán le gustaba que todos se postraran ante su presencia y todos lo hacían menos Mardoqueo que, aunque era en realidad primo de Ester, la había adoptado como su hija.
SERVIDOR. (Advirtiéndole a Mardoqueo.) Mardoqueo, te verás en dificultades si no te postras ante Amán; es una orden del rey y no te conviene contradecirlo.
MARDOQUEO. ¡No puedo, mi conciencia no me lo permite!
NARRADOR. Pasaron los días y el asunto seguía igual. Amán estaba lleno de furia con esta situación.
AMÁN. ¡Siervos!
SIERVO. Ordene, mi señor.
AMÁN. ¿Qué habéis podido averiguar de aquel hombre que no se postra ante mí?
SIERVO. Lo primero decirle, oh Señor, que su nombre es Mardoqueo y que es de origen judío.
AMÁN. Conque esas tenemos… (Se pasea por la sala.) ¡Ya sé lo que voy a hacer…! No solo voy a castigar a ese tal Mardoqueo, ¡sino que haré eliminar a todos los judíos sobre la faz de la tierra!
NARRADOR. Para asegurarse del éxito de su plan, Amán pensó involucrar al rey para que nada, ni nadie, se interpusiera en su plan malvado haciendo parecer, claro, que su proyecto iba en beneficio del rey y de su país.  Para cumplir con sus planes, Amán llega a palacio y pide audiencia con el rey.
AMÁN. Como venía diciendo, su alteza, hay en las provincias de tu reino un pueblo que tiene leyes diferentes a los otros pueblos y que no guarda las leyes del rey. No conviene a sus intereses dejarlos en paz. Si a su majestad le parece bien, escriba una orden para exterminarlos…
ASUERO. Pero, Amán, un proyecto tan abarcante puede costar mucho dinero al tesoro real…
AMÁN. Ya he pensado en eso, ¡oh rey! No debéis preocuparos pues me ofrezco a pagar todos los gastos.
ASUERO. Pues aquí tienes mi anillo. Escribe tú mismo el decreto y fírmalo a mi nombre.
NARRADOR. Amán estaba feliz. Sus planes marchaban mejor de lo que había soñado. Inmediatamente llamó a sus escribas y les dictó el decreto:
AMÁN. “Yo, rey de este país, ordeno destruir, hacer perecer y matar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres en un solo día, el día trece del duodécimo mes… y que sus bienes sean dados al pillaje”.
NARRADOR.  ¡Aquella era una orden terrible! Significaba el exterminio de toda la raza judía, pero Amán no había tenido en cuenta que el Dios de Israel siempre cuidaba a su pueblo, ni sabía que el Señor tenía una brillante estrella que resplandecía en el palacio. Pronto, la noticia corrió por todo el país y llegó a oídos de Mardoqueo.
      
SERVIDOR. Siento mucho lo que está pasando, Mardoqueo. Di en qué te podemos ayudar en estos momentos tan difíciles. Aunque vemos que el decreto es real y no hay nada que podamos hacer para ayudarte.
MARDOQUEO. Sí, amigo mío, en cada ciudad y aldea hay gran desolación entre los judíos. Sólo nos queda ayunar, llorar y clamar a nuestro Dios para que nos socorra. Necesito que le entregues esta carta a la reina Ester. ¡Date prisa!
NARRADOR. Mardoqueo le contó a la reina Ester lo que pasaba y le envió copia del edicto. También le rogó que fuera a ver al rey para pedirle que revocara el decreto.
ESTER. (Dirigiéndose al servidor que trajo la carta.) Dile a mi tío que no se me permite ver al rey a menos que me llame. Si desobedezco, ¡me pueden castigar con la muerte!
NARRADOR. Cuando Mardoqueo supo la respuesta de Ester, le mandó decir que si el decreto se cumplía, ella tampoco se salvaría y, ¿quién sabría si no era precisamente para un tiempo como éste para lo que ella había llegado a ser reina?
NARRADOR. Habían pasado muchos días y Ester no dejaba de pensar en cómo hacer para que el rey la recibiera y poderle pedir ayuda. Luego, se le ocurrió una brillante idea: mandó a sus doncellas preparar un banquete especial en su casa. Después se puso sus vestiduras reales con las que se veía más hermosa que nunca y, así, se dirigió hacia el palacio. Al llegar allí se encontró con Mardoqueo.
MARDOQUEO. Hola, hija, ¿cómo estás siendo tratada aquí? ¿Te tratan bien?
ESTER. Sí, padre. ¿Sabes? Desde que llegué, he sido de las mejores atendidas: tengo a siete doncellas que me ayudan en todo; nunca me hace falta nada; me dan todo hasta que me sobreabunde, pues he hallado gracia en los ojos del jefe de las doncellas.
NARRADOR. Cuando llegó allí, Ester se colocó en un lugar donde el rey pudiera verla y aguardó con impaciencia, esperando a ver qué iba a hacer el rey cuando la viera… ¿Le tendería el cetro indicándole que era bienvenida o la ignoraría enviándola así a la muerte?
Después de unos segundos que a Ester le parecieron horas, por fin el rey Asuero vio a Ester y, en seguida, le extendió el cetro.
ASUERO. (Sonriendo y tendiendo el cetro. Ester se acerca y toca el extremo del cetro). ¿Qué deseas, mi bella Ester? Algo te ha hecho venir a verme. Pero, anda, pide lo que quieras, ¡que hasta la mitad de mi reino te daría!
ESTER. Gracias, mi rey. Si he hallado gracia ante tus ojos, ven esta noche con Amán al banquete que les he preparado. Allí podremos hablar mejor.
ASUERO. Iremos, ¡por supuesto!
NARRADOR. Ester se retira y, en seguida, el rey avisó a Amán de la invitación. Este no cabía en sí de satisfacción, pues ir a comer a solas con los reyes era un honor con el que no había soñado.
AMÁN. ¡Hoy voy a comer con el rey y la reina! Sería el hombre más feliz, ¡si no fuera por ese judío Mardoqueo! Pero no va a arruinar mi felicidad. (Llamando a un siervo.) Les ordeno que construyan una horca muy alta. ¡Mañana mismo pienso pedirle al rey que me permita ahorcar en ella a ese tal Mardoqueo!
NARRADOR. Pasó el día y llegó la hora del banquete. Ester estaba un poco nerviosa pero confiaba en obtener el favor del rey. Amán, por su parte, comía alegremente, sin sospechar siquiera lo que se le avecinaba… Luego de un rato, el rey le preguntó:
ASUERO. Y, bien, reina Ester, ¿cuál es tu petición? ¿Qué es lo que deseas?
ESTER. Te ruego por mi vida y la de mi pueblo porque ¡estamos condenados a morir!
ASUERO. ¿Quién es? Y, ¿dónde está el que eso se propone hacer?
ESTER. El opresor, el enemigo, no es otro que Amán, ¡este malvado! (señalando a Amán.)
NARRADOR. Rojo de ira, el rey se levantó y se alejó del banquete, mientras que Amán sintiendo el peligro que corría su vida, se arrodilló al lado de la reina Ester.
AMÁN. (Abrazando las piernas de Ester.) Por favor, reina Ester, ¡perdóname! Dile al rey que no me envíe a la muerte, todo esto tiene una explicación… por favor, ¡¡¡lo suplico!!!
NARRADOR. En ese mismo instante el rey entra en el salón y, al ver la escena, pensó que Amán quería hacerle daño a Ester y se enfurece aún más:
ASUERO. ¡Siervo! ¡Quiten a este malvado de mi vista! ¡Llévenselo de aquí inmediatamente!
SIERVO. ¿Qué quiere que hagamos con él, majestad? Si está pensando en castigarlo, déjeme decirle que en casa del propio Amán hay una horca que él mandó preparar para Mardoqueo.
ASUERO. ¡Pues que cuelguen en ella a Amán!
NARRADOR. Y Amán fue colgado en la horca que él mismo había mandado hacer. Tal fue el fin del hombre que había planeado eliminar a todos los hijos de Israel en un solo día. Pero no contaba con que Dios, en su infinito amor, había hecho planes para que Ester estuviera en el lugar indicado, en el momento indicado y de ese modo, protegió una vez más a su pueblo de los malvados que planeaban su destrucción.
 

ESCENA 1

10 Minutos y 6 Personajes. Un hombre se deja atrapar por distintas tentaciones mundanas sin prestar atención a las advertencias de Jesús. El protagonista llega a un punto en el que está completamente atrapado y tiene que pedir ayuda a Jesús para que le libere de sus cadenas. (La obra es perfecta para realizarla en mímica)


 
ESCENA I
© Carlos Plaza
 
PERSONAJES

PERCE
TENTA 1
TENTA 2
TENTA 3
DE NEGRO
JESÚS

 

ACTO I

Una persona camina alegre, desprevenida y saludando. De repente, se oscurece (se apagan las luces generales) y se enciende una luz que ilumina al personaje: Perce. Se asombra al ver la luz  y al instante otra luz ilumina a Tenta 1. Tenta 1 es una mujer que seduce a Perce con coquetería y que lleva en sus manos una botella de alcohol. Al ver esto, Perce se acerca con cara de gustarle y trata de alcanzar todo, pero otro personaje, De Negro, le pone cadenas sobre el cuerpo. Cuando Perce mira las cadenas que le han puesto se apaga la luz de Tenta 1 y se enciende otra que ilumina a Jesús con los brazos extendidos hacia Perce.

  

Acto II

Perce le da la espalda a Jesús y seguido, se apaga la luz donde está Jesús. A continuación, trata de ir a donde estaba Tenta 1 pero no está e inmediatamente se enciende otra luz que ilumina a Tenta 2. Tenga es un personaje que le invita a ser famoso y a hacerse millonario de manera fraudulenta. Perce trata de acercar a Tenta 2 pero De Negro le coloca más cadenas a Perce. Nuevamente Perce mira las cadenas que le atan y desaparece Tenta 2. Cuando éste desaparece, aparece Jesús otra vez con las manos extendidas hacia él.

 

Acto III

Otra vez Perce le da la espalda a Jesús y Jesús desaparece. Perce  intenta ir donde estaba Tenta 2, pero ya no está. De repente, aparece una persona con los pelos parados y los ojos rojos de llevar 15 días en internet sin dormir, ni descansar. Éste invita a Perce a que se pongan en contacto permanente. A Perce no le parece mal y se acerca a este nuevo personaje que se llama Tenta 3 pero De Negro aparece y le coloca cadenas en las piernas. Al intentar caminar cae de rodillas e inmediatamente después desaparece Tenta 3. Perce dirige su mirada hacia donde había visto a Jesús, pero esta vez no aparece  y grita desesperado: “¡QUIERO SER LIBRE!”

 

Acto IV

En medio de la oscuridad, se oyen las voces de los Tentas burlándose, incitándolo a ir hacia ellos. Luego aparece Jesús, esta vez como crucificado y Perce se arrastra de rodillas hacia Él. Al llegar a Jesús se apagan las luces.



Acto V

Aparece Jesús abrazando a Perce, que ya no tiene las cadenas, porque éstas están en las manos de Jesús.