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2012 - España

El Abogado


20 Minutos y 6 Personajes. Juicio de una persona que es defendia por un abogado muy especial.

EL ABOGADO

PERSONAJES

Abogado
Juez
Acusador
Acusada
Policía
Secretaria



ESCENARIO

Una sala de juzgado



ACCIÓN

La sala está vacía cuando se encienden las luces. Entra el policía, y se sienta, entra la secretaria y acomoda su escritorio.

POLICÍA. Buenas, joven.

SECRETARIA. Buenas, caballero.

POLICÍA. Parece ser que hoy será un día tranquilo.

SECRETARIA. Si usted lo dice.

POLICÍA. Digo yo, a lo mejor será un día bastante cansado.

ACUSADOR. (Entra por la derecha. Se ve muy contento.) Buenos días, dama, caballero.

POLICÍA. Veo que esta usted muy contento.

ACUSADOR. ¿Y cómo no lo voy a estar? Hoy es el gran día.

SECRETARIA. (Extrañada.) ¿El gran día?

ACUSADOR. Por supuesto joven, hoy es el día del gran juicio. El honorable juez tendrá a su cargo este juicio (con fanfarronería). Y yo, claro está, me encargaré de acusar a cada uno de los que por esta sala pasen, para que les caiga todo el peso de la ley (golpea el escritorio y se ríe cínicamente).

(La secretaria y el policía se asustan.)

SECRETARIA. (Al policía.) ¡Qué hombre más malo!

POLICÍA. ¡Oh! No lo dude usted, a este abogado difícilmente se le van los juicios, todos los gana.

(La secretaria mira al acusador. El acusador está en su escritorio acomodando los papeles, y en su rostro tiene una sonrisa, una sonrisa cínica. La secretaria mira al policía y hace un gesto como preguntándose “¿Es verdad?”. El policía asiente con la cabeza.)

ACUSADOR. (Mira el reloj.) Vaya. (Al policía) Disculpe caballero.

POLICÍA. ¿Sí señor?

ACUSADOR. ¿No sabe usted cuándo comenzará el juicio?

POLICÍA. Pues no, nadie acá sabe, es más, yo no sabía que hoy sería el gran juicio.

ACUSADOR. ¿Podría usted preguntarle al Señor juez cuándo comenzaremos este juicio?

POLICÍA. Sí, con gusto, ya regreso. (Sale por la izquierda.)

SECRETARIA. (Con un poco de temor.) Y, ¿tiene mucho tiempo de estar en este tipo de trabajo?

ACUSADOR. (Vuelve a ver a la secretaria.) ¿Me habla a mí?

SECRETARIA. Sí, señor.

ACUSADOR. (Entre cínico y orgulloso.) Claro, joven, son muchos años de estar en estas lides; nunca, oígame usted, nunca he perdido un juicio.

SECRETARIA. Vaya, es usted muy buen abogado.

ACUSADOR. Por supuesto, soy el mejor, no hay otro como yo, ni lo habrá.

SECRETARIA. Está usted muy confiado.

ACUSADOR. Por supuesto. (Con orgullo) Creo en mí, soy mi propio dios.

POLICÍA. (Entra de nuevo.) Dice el señor juez que el juicio iniciará en el momento que él lo decida.

ACUSADOR. Muchas gracias, caballero.

POLICÍA. Ah, y también dijo que no le molestara más. (Se dirige hacia la salida de la derecha.)

ACUSADOR. ¿Se puede saber a donde se dirige usted, caballero?

POLICÍA. (Se vuelve.) Le contestaré solo porque soy muy educado, de lo contrario, no me hubiese molestado en perder el tiempo volviéndome a responder. Para su información, me dirijo a las celdas, para traer al primer acusado, según órdenes que me dio el distinguido juez. (Sale del escenario.)

(El Acusador e sienta muy molesto. La Secretaria se ríe disimuladamente.)

JUEZ. (Entra por la izquierda) Buenos días.

(La Secretaria y el acusador se ponen de pie.)

SECRETARIA y ACUSADOR. Buenos días, señor juez. (Se sientan.)

JUEZ. Bien, comenzaremos con el juicio. Claro está, en el momento que llegue el primer acusado. (Toma una de las carpetas que tiene sobre su mesa y la revisa.)

(El Acusador saca una carpeta llena de papeles. Se ríe cínicamente. La Secretaria lo mira muy asustada. El Policía entra con la acusada y la sienta en la silla que está al lado contrario de la mesa del acusador. El Abogado entra acompañando a la acusada. Se sienta en su escritorio, pero no dice nada.)

JUEZ. Bien (leyendo la carpeta), Ana Lorena Díaz Castro, ¿no es así?

ACUSADA. Sí, señor.

JUEZ. ¿De que se le acusa?

ACUSADOR. (Se pone de pie.) Se le acusa de varios delitos.

JUEZ. (Al acusador.) Usted hablará cuando se le indique que lo haga.

ACUSADOR. (Se sienta muy avergonzado.) Sí, Señor.

(La Secretaria se burla disimuladamente del acusador.)

JUEZ. Bueno, procedamos con el juicio. Escucharemos primero la parte acusadora y luego la defensa.

(El Abogado observa en silencio la acción.)

ACUSADOR. (Se pone de pie muy confiado y con altanería.) Gracias, señor juez. Bien, veamos, esta mujer ha cometido varios pecados muy graves que requieren ser juzgados con todo el peso de la ley. (Abre el expediente) Bien, veamos, para empezar quiero llamar como primer testigo a la misma acusada.

ACUSADA. Señor juez...

JUEZ. Silencio, por favor, proceda a obedecer la solicitud del señor Acusador.

ACUSADA. (Triste.) Sí, Señor.

ACUSADOR. (Sonriendo maliciosamente.) Bien, bien. Veamos. Acá están todos los pecados que usted ha cometido. ¿Qué tal si hacemos un repaso de cada uno de ellos?

ACUSADA. Pero, señor juez...

JUEZ. Silencio.

(El Abogado sigue en silencio y observa detenidamente.)

ACUSADOR. Bien, remontémonos a 10 años atrás: usted era una niña de 5 años, y robó una manzana de la verdulería de don Juan, ¡ajá!, después le mintió a su mamá diciendo que se la habían regalado. ¡Qué barbaridad! Mentirle a la mamá.

ACUSADA. Pero, señor juez…

ACUSADOR. A los siete años le arrancó la cabeza a una muñeca para que le compraran una nueva, engañando al papá, ¡qué terrible! A los diez años se peleó con una compañera en la escuela.

ACUSADA. Pero ella fue la que empezó, ella me empujó, y yo me caí.

ACUSADOR. Sí, pero nada de eso hubiese pasado si no se hubiesen fugado de la escuela.

(La Acusada inclina el rostro.)

ACUSADOR. Bien, a los doce se fue con varios compañeros para la casa de una compañera. (A la acusada) ¿Quiere que especifique a qué fueron, o solo lo dejo así?

ACUSADA. (Apenada.) No, déjelo así, no vale la pena decirlo.

ACUSADOR. No creo que no valga la pena, hay algunas bastante interesantes que ustedes hicieron en esa casa y ganas me sobran de mencionarlas.

ACUSADA. Sí, pero mejor no diga nada, ya bastante ha dicho.

ACUSADOR. Pero si no he terminado, todavía falta más. Por ejemplo, cuando compraron licor a escondidas durante el baile de graduación de la escuela. O en el colegio, las fugas para ir al pool de la esquina, y no precisamente a jugar carambola, bola negra o pool. (Al juez) Bien, Señor juez, hay más, pero creo que con esto basta para acusar a la mujer ésta de cadena perpetua.

JUEZ. (A la acusada) Bien, ¿qué tiene que decir a su favor?

ACUSADA. Bueno, creo que no me queda más que declararme...

ABOGADO. (Poniéndose de pie) Inocente.

(Hay un silencio total.)

ABOGADO. La joven se declara inocente.

(El Acusador se queda petrificado, asustado, ya no sonríe cínicamente, ahora está nervioso.)

ABOGADO. Ella es inocente, si bien es cierto se le acusa de muchas faltas, pero ella ha pagado por esas faltas; yo mismo me he encargado que su fianza sea pagada, si usted leyó con detenimiento el expediente dice que esta mujer ha sido absuelta de toda falta, y que el caso es caso cerrado y que nada tiene que estar haciendo este expediente acá.

JUEZ. Entonces, ¿por qué está este expediente en mi escritorio? ¿Se puede saber quién lo puso?

(Todos se vuelven a ver al acusador.)

ABOGADO. ¿Quién más que este tipo? Solo él se ha dedicado a engañar, a mentir, robar; su único objetivo es destruir la vida de quienes vienen a esta sala de juicio; su corazón está lleno de odio y maldad. Muchos de los que han pasado por esta sala han sido encarcelados porque no se les dio otra oportunidad.

ACUSADOR. Pero señor juez...

JUEZ. Silencio, no tiene autorización para hablar. (Al abogado) Prosiga.

ABOGADO. Gracias. Como le decía, su señoría, este hombre ha engañado por mucho tiempo a muchos. Es más, si revisa los demás expedientes se dará usted cuenta que la mayoría de ellos son casos cerrados.

JUEZ. (Revisa los expedientes. En su rostro se dibuja un gesto de sorpresa y de indignación) No puede ser, es cierto. (Mirando al Acusador.) ¿Qué tiene que decir a esto?

ACUSADOR. (Nervioso.) Bueno, este... yo... vea su señoría, es algo muy complicado, quizá si lo vemos desde un punto de vista donde quizá se junten ambas situaciones, es donde podremos encontrar la respuesta, y entonces nos metemos por huequito y nos salimos por otro y yo digo hasta lueguito. (Toma el portafolio).

JUEZ. (Enojado.) Un momento, usted no va a ningún sitio. Es usted un sinvergüenza, un canalla, lo quiero ver en mi oficina terminado este juicio.

ACUSADOR. (Asustado.) Sí, señor.

JUEZ. (A la acusada.) Queda usted en libertad, joven.

ACUSADO. (Feliz.) Gracias, señor juez.

JUEZ. Y este caso lo doy por cerrado y la corte entra en receso. (Al Acusador) Ya sabe, lo espero en mi oficina. (Al policía) Se encarga usted de acompañarlo.

POLICÍA. Se hará como usted ordene, su señoría.

JUEZ. Bien, me retiro.

SECRETARIA. (Al Acusador) Tiene usted razón, no hay nadie como usted, es único, pero mejor que usted, sí hay… (Se vuelve a ver al Abogado.)

(El Acusador se enoja.)

POLICÍA. Vamos caballero, que el señor juez le está esperando.

(El policía y el Acusador salen por la izquierda, la secretaria lo hace por la derecha.)

ACUSADA. (Al abogado) Gracias, si no llega usted a tiempo, quizá ahora estaría de nuevo en la cárcel, gracias, no sabe cuán agradecida estoy, no tengo cómo pagarle.

ABOGADO. Tranquila, usted me pagó ya.

ACUSADA. ¿Cómo? ¿Si yo no le he dado ni un cinco?

ABOGADO. El hecho de darme las gracias es más que suficiente para mí; yo no busco dinero, ni tampoco que me paguen, lo único que busco es la gratitud de aquellos a los cuales he salvado de la cárcel, y que después de ser liberados se dediquen a vivir una nueva vida, dejando la vieja manera de vivir y convirtiéndose en nuevos hombres y mujeres.

ACUSADA. Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma, en su hablar veo más que simples palabras, veo amor, un amor que en este mundo no se puede encontrar ni comprar.

ABOGADO. El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica; el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Toma el portafolio y sale por la derecha.)

ACUSADA. (Pensativa.) El amor no se compra ni se vende, tampoco se fabrica, el amor está en el corazón de cada uno de nosotros, solo tenemos que dejar que él florezca, así como se hace con una flor. (Mira hacia la derecha.) ¡Ey, espere! (Sale por la derecha y se apagan las luces.)

FIN



“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo”. 1 Juan 2:1