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2012 - España

Ariel

20 Minutos y 4 Personajes. En su desesperación por llamar la atención de sus padres, Karina recurre a una estrategia agresiva.
ARIEL

PERSONAJES

Karina
Natalia (Ariel)
Alvaro (Papá de Karina)
Yolanda (Mamá de Karina)

Escenario: La sala de una casa de habitación.

(Karina entra, viene del colegio.)

ÁLVARO. (Está sentado en un sillón, hablando por teléfono.) No, Ramón, no se puede, vos sabés muy bien que no, no podemos darnos el lujo de gastar más plata en ese trabajo... Sí, yo sé que es muy importante y que no podemos hacer cualquier cochinada, pero para un simple trabajo como ese, gastar ya casi un millón de colones, me parece que es una barbaridad...

(Karina aluda a su papá y se sienta a esperar que termine de hablar. Coge una revista y se pone a leerla.)

ÁLVARO. No, ya dije que no... No insistás que no voy a cambiar de opinión... Mirá, mejor no sigamos, mañana hablamos en la oficina, quiero dormir tranquilo, así que mejor no sigamos con esto... Hasta mañana. (Cuelga el teléfono.)

KARINA. Hola papi.

ÁLVARO. Hola hija.

(Karina se pone de pie para darle un beso. Álvaro no le da tiempo de hacerlo, toma unos papeles y sale por la derecha. Yolanda entra por la derecha, muy apurada, poniéndose unos aretes.)

KARINA. Hola, mami.

YOLANDA. Hola hija.

KARINA. (También se le acerca para darle un beso, pero tampoco puede.) ¿Vas a salir?

YOLANDA. Sí, hija, voy a la casa de una amiga, me invitó a tomar café, y luego vamos a visitar a una hermana enferma.

KARINA. ¿Y regresás muy tarde?

YOLANDA. No, no creo, más o menos a las ocho de la noche llego.

KARINA. Ah, ya.

(Álvaro entra con unos papeles, y se sienta en un sillón a revisarlos.)

YOLANDA. (A Álvaro.) Bueno, amor, ya me voy.

(Álvaro sigue revisando los papeles y la despide con un gesto de la mano.)

YOLANDA. (A Karina.) Cuídate, cariño. (Le da un beso en la frente y sale por la izquierda.)

KARINA. (A Álvaro.) Papi, ¿podemos hablar?

ÁLVARO. (Sin dejar de ver los documentos.) Si es acerca de la adolescencia, hablá con tu mamá o con tu líder en la iglesia.

KARINA. No, no es de eso, solo quiero que me prestés atención.

ÁLVARO. (Deja de leer los papeles.) Mirá, hija, vos creés que yo estoy de vago para ponerme a hablar con vos. Tengo cosas más importantes que hacer como para que me digás que tengo que hablar con vos solo por hablar.

KARINA. Ah, pero cuando te llama el pastor o algún hermanito de la iglesia ahí sí vas corriendo, porque ellos sí deben de tener toda tu atención.

ÁLVARO. Claro, hija, son siervos de Dios y hay que estar prestos para ayudarlos.

KARINA. (Molesta. Habla con un poco de ironía.) Ya. ¡Qué bueno! De verdad me alegro. Y mejor no te interrumpo… (Toma el teléfono y marca. Espera unos segundos.) Haló, buenas, con Natalia por favor. Gracias... Haló, ¿Naty?, soy yo, Karina... Pura vida... Mirá, ¿estás ocupada?... Es que necesito que me ayudés con un trabajo... ¡Qué dicha! Te espero en el centro comercial, en la heladería... Chao. (Cuelga el teléfono y se pone de pie y sale por la derecha.)

(Se apagan las luces y pasados 10 segundos se encienden de nuevo.)

(Álvaro sigue revisando los papeles. Karina entra con otra ropa, jeans, camiseta y tennis.)

KARINA. Chao papi.

ÁLVARO. ¿A donde vas?

KARINA. Al centro comercial, quedé de verme con mi novio allí.

ÁLVARO. ¿Tenés novio?

KARINA. Sí, pero como casi nunca me ponés atención, no te das cuenta de eso. Hasta luego.

ÁLVARO. Quiero conocerlo.

KARINA. (Sonriendo.) Tranquilo papi, hoy mismo lo conocerás.

ÁLVARO. ¿Cómo se llama?

KARINA. Se llama Ariel.

ÁLVARO. Parece ser que es buena persona.

KARINA. Sí, claro. Adiós. (Sale por la izquierda.)

YOLANDA. (Entra por la izquierda.) ¿No sabés para donde iba Karina tan apurada?

ÁLVARO. Quedó de verse con Ariel en el centro comercial.

YOLANDA. ¿Ariel? ¿Quién es Ariel?

ÁLVARO. El novio de Karina.

YOLANDA. ¿El novio de Karina?

ÁLVARO. ¿Cómo? ¿Vos no sabías que Karina tiene novio?

YOLANDA. No.

ÁLVARO. Bueno, entonces hoy lo conocerás porque dijo que lo iba a traer.

YOLANDA. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo crecen de rápido?

ÁLVARO. Sí, tenés razón.

(Se apagan las luces y después de 10 segundos se encienden de nuevo.)

(Yolanda está leyendo una revista. Karina entra acompañada de Natalia.)

KARINA. Hola, mami.

YOLANDA. Hijita, hola. (Se pone de pie y le da un beso en le frente.) Y ¿Ariel? Tu papá me dijo que lo ibas a traer para que lo conociéramos.

KARINA. Mami, ella es Ariel. (Señala a Natalia.)

YOLANDA. (Sorprendida.) ¿Qué? Esto es una broma ¿verdad? No puede ser… Karina vos no podés hacernos esto... (Sale por la derecha.) Álvaro, Álvaro, vení, no vas a creer lo que está sucediendo.

(Después de unos segundos entra por la derecha acompañada de Álvaro. Toma fuerzas para hablar.)

YOLANDA. Álvaro... te presento a... a... a Ariel (Y señala a Natalia.)

ÁLVARO. (Sorprendido.) ¿Cómo?

NATALIA. Mucho gusto, señor.

ÁLVARO. (Molesto.) Esto es inconcebible.

YOLANDA. Cuando las mujeres del grupo de damas se enteren de esto me van a señalar. ¡Ay, Dios! No quiero pensar en eso, y mucho menos que llegue a oídos de las coordinadoras de AGLOW, y las que estamos en lo de la mujer agredida, ¡no, no, no! Hasta dolor de cabeza me dio de solo pensarlo.

ÁLVARO. Y yo, cuando lo sepan los pastores, los diáconos, los ancianos, la fraternidad de hombres de negocios cristianos. No, esto va a ser terrible.

YOLANDA. (A Karina.) Hijita, ¿No podés hacernos esto? ¿Qué hemos hecho para merecer tal cosa?

ÁLVARO. Voy a hablar con tu líder, o mejor aún, con el pastor de jóvenes para ver qué pueden hacer por vos.

KARINA. (Molesta.) Ese es el problema, ustedes no quieren ver nada con lo que es mi crianza: siempre están ocupados atendiendo otras cosas y nunca tienen tiempo para escucharme. Siempre que tengo un problema es: “Voy a hablar con tu líder o con el pastor de jóvenes para que hagan algo por vos“. Ustedes son mis papás, a ustedes les toca criarme, no a los líderes y maestros de la iglesia. Ya estoy harta de ver que todo lo que tiene que ver con mi vida y que les corresponde a ustedes, se lo encaraman a otras personas.

ÁLVARO. Karina, tené más respeto para tu madre y para mí.

KARINA. ¿Respeto? ¿Cuál? Si ustedes no se lo han ganado.

YOLANDA. Hija, no digás eso.

KARINA. Es cierto, mami, ustedes no se han preocupado por mí. Y algo tenía que hacer para llamar su atención, y por eso hice esto.

YOLANDA. Pero es que no es justo.

KARINA. ¿Qué no es justo, mami? ¿Te parece justo que yo también tenga que aguantarme su indiferencia y falta de interés en mí?

ÁLVARO. Pero, ¿acaso te falta algo? Tenés una casa donde vivir, tenés comodidades que muchos jóvenes se las desean.

KARINA. Sí, tengo comodidades, pero no tengo amor.

YOLANDA. ¡Karina!

KARINA. Sí, mami, yo no tengo amor por parte de ustedes.

ÁLVARO. Está bien, calmémonos un poco, sentémonos y tratemos de aclarar esta situación.

KARINA. Vaya, al fin.

YOLANDA. (Tratando de contener el llanto.) Hijita, está bien que nosotros no te hemos demostrado amor, pero no tenías por qué buscarlo en otro lugar y de esa forma.

ÁLVARO. Tu madre tiene razón, Karina. Está bien que nosotros te fallamos, pero no creo que merezcamos algo como esto.

(Karina vuelve a ver a Natalia. Natalia la mira y Karina asiente con la cabeza.)

NATALIA. Disculpen, pero me gustaría decir algo. Yo sé que no soy la más indicada para ustedes, pero a raíz de lo que ha sucedido creo que sí soy la más indicada. Mi nombre es Natalia, y soy la mejor amiga de Karina, yo la he visto llorar muchas veces porque no sabía cómo solucionar un problema, donde solo ustedes podían hacerlo. Yo lo único que podía hacer era consolarla porque no sabía cómo aconsejarla. Por eso me ofrecí a ayudarla en esto, porque creo que es la única forma en la cual podía llamar la atención de ustedes dos. No soy Ariel y tampoco soy lo que ustedes piensan.

YOLANDA. (Secándose las lágrimas.) Hija... Yo quiero decirte... Bueno.. Tu papá y yo... Nosotros dos quizá.

KARINA. (Se acerca a su mamá y la toma de las manos.) Mami, solo hay algo que quiero escucharlos decir.

ÁLVARO. Perdónanos.

KARINA. No, eso no es, es algo mucho más profundo.

(Yolanda mira a Álvaro y él la vuelve a ver. Ambos asienten con la cabeza se ponen de pie. Karina también se pone de pié.)

YOLANDA y ÁLVARO. Te amamos. (La abrazan.)

KARINA. (Llorando.) Hace mucho que no escuchaba de sus labios esas palabras, ya me hacía falta. Gracias, porque yo también los amo.

YOLANDA. (A Natalia.) Joven, muchas gracias por ayudarle a mi hija y por ser ese hombro en el que ella lloró por falta de encontrar consuelo en sus padres.

NATALIA. No me lo agradezca a mí, agradézcaselo a Dios, y su Santo Espíritu, que escuchó las oraciones que juntas hicimos para que esto se solucionara, yo simplemente fui un instrumento usado por Dios.

ÁLVARO. De todas formas, gracias, Natalia, sos una verdadera amiga para nuestra hija.

NATALIA. Con mucho gusto. Bueno, y ahora me disculpan pero ya es un poco tarde y no me gusta andar sola a esta horas en la calle.

ÁLVARO. Tranquila, yo te voy a dejar a tu casa.

NATALIA. Muchas gracias. (A Karina.) Bueno amiga, fue un placer ayudarte y me alegra que todo haya salido bien.

KARINA. Gracias, amiga, muchas gracias (La abraza.)

NATALIA. (A Yolanda.) Bueno, señora, hasta luego y discúlpeme por el pequeño susto.

YOLANDA. No, Natalia, más bien gracias. Y que pasés buenas noches.

NATALIA. Igual. (A Álvaro.) ¿Nos vamos?

ÁLVARO. Claro, claro, ¡como no! Vamos.

NATALIA. Hasta luego. (Sale por la izquierda acompañada por Álvaro.)

(Karina mira a su mamá, muy feliz.)

YOLANDA. Hija, yo...

KARINA. (Le tapa la boca con el dedo índice.) No digás nada. (La abraza.)