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2012 - España

Marionetas de Navidad

25 Minutos y 4 Personajes + Extras. Una niña quiere ser directora de un teatro de marionetas y tiene que pasar una serie de pruebas de las que saldrá con éxito.


MARIONETAS DE NAVIDAD
Víctor Armenteros

PERSONAJES

ARLEQUÍN
McGREGOR
SUSAN
PEPA


NARRACIÓN:

La Navidad es ensueño,
Alegre tintinear de las campanas;
El brillo de mil luces
Que huelen a leña quemada.
Mazapanes con harina,
Velas de colores,
Chimeneas ahumadas.

La Navidad es ensueño,
Blanca nieve en las calles,
En las transparentes ventanas;
Es el sabor de los alfajores
Que mi abuela hizo una mañana.

La Navidad es ensueño,
Recuerdos brumosos,
Infancias lejanas,
Sonrisas sinceras,
Verdes abetos con bolas cromadas;
Es el cantar sonoros villancicos
Entre zambombas y carracas.

La Navidad es ensueño,
Fraternal abrazo,
Bufandas de lana,
Copos de blanco en un frío amanecer;
Es la memoria gris de ilusiones de cartón,
De marionetas pintadas.

La Navidad es ensueño,
Discreto registro de un niño rosado
Entre amarillenta paja



PRIMERA ESCENA

(Arlequín es una muchacha con cabellos dorados.)

ARLEQUÍN. La infancia es una época de grandes esperanzas, de ilusiones concretas, de energía, de sinceros afectos. ¿Quién no osó, en su niñez, surcar los mares de la realidad para envolverse en la fantasía? ¿Quién no luchó con los molinos de la enemistad para formar un mundo de simpatía, un mundo mejor que el de los mayores? ¿Quién no soñó con ser el director de un Teatro de Marionetas, marionetas con el espíritu de la Navidad? Hoy es el momento de retornar a la anhelada niñez, al espíritu de las níveas memorias de una Navidad en el hogar.

¡S I L E N C I O¡
¡EL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD COMIENZA SU FUNCIÓN!

(Arlequín saca de su bolsa dos marionetas. Una representa a un titiritero o circense, la otra a una niña de rubiáceos cabellos. Colocándoselas en las manos comienza la narración.)

ARLEQUÍN. En un triste rincón de quién sabe dónde, se encontraba Susan, la de los cabellos dorados. Se sentía inmensamente triste porque no tenía amigos. Todos sus vecinos se habían hecho mayores y, como era Navidad, estaban muy preocupados en comprar pavo, turrón, champán, guirnaldas. ¡Qué triste es el mundo de los mayores! –pensaba Susan-. A mí no me gusta esta fiesta de la Navidad –exclamó con gran energía. Susan se encontraba con un gran problema: la Navidad le parecía algo insípido, insustancial. Para ella, estas fiestas, eran un gran muñeco de papel con muchos colores pero sin corazón. Todo era tristeza en su vida hasta que apreció un personaje de alegre semblante y alocado sino: John Sibinus Jepsen Michelson y McGregor.


SEGUNDA ESCENA

(Se escucha música circense y entra en escena McGregor. Se aproxima a Susan que se halla en la mitad del escenario y comienza a entablar contacto con ella.)

McGREGOR. ¡Señoras, Señores! ¡Damas y Caballeros! ¡Niños y niñas! ¡Ladies and Gentlemen! ¡Monsieurs et Mesdemoiselles! ¡Homes i Donas! ¡Bambinas y ragazzos!, con ustedes...
¡EL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD DE JOHN SIBUNIS JEPSEN MICHELSON Y MCGREGOR! ¡GRAN ATRACCIÓN INTERNACIONAL QUE HA BATIDO TODOS LOS RECORDS DE TAQUILLA EN LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS! ¡VENGAN, SEÑORES! ¡VENGAN!

(Silencio. Mc se entristece progresivamente.)

ARLEQUÍN. Durante muchos años el teatro de Mc había sido muy importante. Miles de marionetas aparecían en sus actuaciones. Marionetas de mano con doradas costuras, marionetas de cuerda con desmembrados movimientos, frágiles marionetas de cartón con una terrible fobia a la humedad, exquisitas marionetas de porcelana con pálidas faces. Pero, su época dorada, había desaparecido. Los niños preferían jugar a cowboys, soldados, luchadores intergalácticos antes que asistir al teatro de McGregor. Los mayores habían convencido a todos los niños que para ser feliz tenían que tener muñecos de plástico, bicicletas de plástico, colores de plástico, osos de plástico. Algunas veces hacían aparecer en televisión a tres señores con vestidos de orientales, decían que eran tres reyes magos de reinos exóticos pero no eran más que los dueños de ciertos emiratos que producían plástico.
Mc pensaba que ningún niño más volvería a su espectáculo y se sentía triste. ¿Cómo podrían comprender el sentido de la Navidad si no asistían al lugar donde se encontraba su verdadera existencia? La tristeza aprisionaba a Mc hasta que... ¡Un niño! ¡Un niño! Ni corto ni perezoso se acercó a Susan. Estaba dispuesto a mostrarle todos los detalles de su teatro, llegaría a ser su sucesora si así lo quisiese. ¿Quizás tuviera un poquito del espíritu de la Navidad?

McGREGOR. ¡Hola!
(Silencio.)

McGREGOR. ¡Hola!
(Silencio.)

McGREGOR. ¡Hola! Me llamo John Sibinus Jepsen Michelson i McGregor pero si quieres puedes llamarme McGREGOR.

SUSAN. ¡Vete! ¡No quiero saber nada de ti!

McGREGOR. ¡Oye! ¿Nadie te ha dicho que tienes mal genio?

SUSAN. ¡Lárgate! ¡ERES UNA PERSONA MAYOR!

McGREGOR. ¿Qué?... Yo... Eso... ¡Te puedo prometer que nunca lo he hecho adrede!

SUSAN. Si llevas una corbata doblada. Está doblada pero es una corbata. A los mayores os gusta llevar esas cosas porque, con ellas os creéis más importantes. Y no sólo lleváis corbatas sino que además os compráis coches para lucir lo que tenéis, estudiáis para tener dinero y compraros coches, tenéis mal genio porque tenéis que estudiar para tener dinero y así compraros coches, como tenéis mal genio os dan envidia los niños que viven felices y para que no sean felices les compráis juguetes de plástico. Pues, para que lo sepas, no pienso comprarme ninguno de esos juguetes. Ahora lo sabes... ¡VETE!

McGREGOR. Pero yo nunca...

SUSAN. No me des excusas. Siempre estáis dando excusas. Excusas para tratar mal a la gente, para regañar a los niños, para criticar a los mayores, para aprovecharos de la naturaleza, de las flores. Quiero que tengas bien claro que no me gustan las flores de plástico.

McGREGOR. ¿Y los ambientadores?

SUSAN. Tampoco.

McGREGOR. ¿Y la luz de bombilla?

SUSAN. No.

McGREGOR. ¿Y las gominolas?

SUSAN. ¡Buah! Son de plástico.

McGREGOR. ¿Y los relojes?

SUSAN. Los odio.
(Silencio.)

McGREGOR. Y... ¿Las, las... marionetas de cartón?
(Susan se vuelve lentamente hacia Mc con grandes ojos e interés.)

SUSAN. ¿Tienes alguna?

McGREGOR. Sí, tengo muchas. Soy el director de un teatro de marionetas de Navidad.

SUSAN. Marionetas de Navidad.

McGREGOR. De entre todas las marionetas del mundo, las de Navidad son las más alegres. Juguetean entre copo y copo de nieve bajo los auspicios de don Blanco.

SUSAN. ¿Don Blanco?

McGREGOR. Don Blanco es un muñeco grandote, con sombrero de copa, roja bufanda y zanahoria por nariz que está hecho de nieve.

SUSAN. ¿Usa corbata?

McGREGOR. ¡Claro que no! Don Blanco es un señor muy respetable.

SUSAN. (Resignada.) Me gustaría ser la directora de un teatro de marionetas de Navidad.

McGREGOR. ¡Hum! Tienes aptitudes pero tendrías que pasar alguna que otra pruebilla. Total, nada de importancia.

SUSAN. ¡Vale! Estoy dispuesta.

McGREGOR. Muy bien, comenzaremos con los preparativos. En primer lugar... ¿Cuál es tu nombre?

SUSAN. Susan, la de los cabellos dorados.

McGREGOR. Susan. Susan. No está mal, me gusta. Susan, sígueme.

SUSAN. ¿A dónde?

McGREGOR. Al teatro de marionetas de Navidad de McGregor.
(Música triunfal.)

ARLEQUÍN. Mc no cabía de júbilo. ¡Había encontrado un sucesor para su teatro de marionetas! Pero... ¿Pasaría las pruebas de admisión? Le explicó que las marionetas no podían hablar y que era una norma vital que guardase silencio delante de ellas. Además tenía que estar siempre muy alegre pues las marionetas pueden deshacerse si ven a un niño triste. Una marioneta es un ser muy sensible y con el que se tiene que tener mucho cuidado. Le explicó que los mayores habían intentado hacer marionetas de plástico pero eran muy feas y sin corazón. Y el corazón es lo más importante en una marioneta porque bombea amor a todo su cuerpo.


TERCERA ESCENA

(Mc y Susan se encuentran dentro del teatro de marionetas dispuestos a realizar la primera prueba.)

McGREGOR. La primera prueba es muy fácil. Tendrás que ser un cocinero de Navidad. No me mires con esa cara que te lo explico enseguida. Para poder ser un gran director necesitas conocer muy bien la Navidad, la verdadera Navidad. Los mayores piensan que la Navidad es pavo, turrón, champán, guirnaldas o bullicio; la Navidad es mucho más que eso, es cariño entre las personas, pasteles de alegría, mazapanes de harina con sabor a bondad, hojaldres de amistad y coloradas guindillas de afecto. Claro que todo ha de ir envuelto con un dorado lazo de sinceridad. Pasemos a la prueba.
(Música para despertar a las marionetas.)

McGREGOR. Ésta es “ni pincho” y ésta “ni corto”, ellas te van a enseñar a hacer los diferentes preparados que ha de conocer el director de un teatro de marionetas de Navidad. En primer lugar te hará un pastel de alegría.
(Representan la realización de un pastel.)

McGREGOR. Intenta hacerlo tú.
(Susan imita la representación anterior.)

McGREGOR. Ahora te enseñarán a hacer los mazapanes de harina con sabor a bondad. (Silencio.) ¿Qué no podéis?

ARLEQUÍN. Otra vez con el problema de siempre: las marionetas se olvidaban de su trabajo. Desde que Pepa, la gitana, se había llevado la llave de la caja verde, ocurría siempre lo mismo. Las marionetas de Mc sólo podían usar la imaginación de los niños y ahora esto les iba a ser vedado porque las marionetas de Navidad estaban perdiendo la memoria. Mc tuvo que ordenar a ni pincho y a ni corto que volviesen a su baúl de madera hasta que se acordasen de la receta de los mazapanes de harina con sabor a bondad y, así, dejar incompleta la primera prueba. La caja verde era algo asombrosamente especial, bajo quien sabe qué misterioso efecto daba a todas las cosas el verdadero espíritu de la Navidad, convertía en realidad los deseos más ansiados. Una vez convirtió a un mayor en el más inocente de los niños cuando realizaba un viaje de negocios a una lejana ciudad. Pero ésta es una leyenda muy antigua que los mayores desean olvidar. Y, es que, a los mayores les parece muy importante llamarse nombres como Saulo pero les incomodan las personas que se llaman Pablo y son como niños.



CUARTA ESCENA

McGREGOR. Ahora que conoces el secreto de la caja verde te darás cuenta de lo importante que es tu labor y el que superes con éxito estas pruebas. A propósito, te voy a presentar a “vaya corte tío”. ¿Quién es? Es el leñador de la Navidad. Para que en los hogares hayan árboles cargados con espumillón y bolas, “vaya corte tío” tiene que subir a heladas montañas, atravesar nevadas cumbres, escoger entre cientos de abetos. Él es muy trabajador y se encarga de cortar la leña que calentará nuestros hogares los días de frío. Por eso has de aprender muy bien cómo realizar tu oficio.
(“Vaya corte tío” hace su representación.)

McGREGOR. Ahora es tu turno, Susan.
(Susan realiza la representación.)

McGREGOR. Muy bien. Has pasado exitosamente esta prueba.
(Se escucha música y aparece Santa Claus.)

ARLEQUÍN. Susan se sentía fascinada por aquel encuentro. Tener al mismísimo Santa Claus delante de ella. ¡Qué ilusión! ¡Ah! Perdonad por esta intromisión. Pero es que quería recordar a los mayores que si desean entender bien la historia han de guardar en los bolsillos una pizca de paciencia. Es que, no se puede tener el espíritu de Navidad de golpe después de tantos años de adultez. Pero, sigamos con la historia.


QUINTA ESCENA

MCGREGOR. Si existe algo importante en la Navidad es la música. Susan tienes que conocer a “blanche”. Bueno, ése es el nombre con el que la llamamos los amigos pero en realidad se llama “Blanchecommelaneige”. Ella dirige nuestra orquesta de marionetas y has de estar bien relacionada con ella. Más aún, tenemos una vacante de concertino y has de tocar con los músicos de guiñol la “Opus Navidae” que están preparando. Por eso... ¡Orquesta de Guiñol!
(Música y aparecen en escena todos los musiñecos.)
Ellos son los musiñecos y has de tocar con ellos, bajo la dirección de “blanche”, si quieres conocer algo más del espíritu de la Navidad.
(Representación de los musiñecos.)

McGREGOR. Has pasado la prueba con toda la entereza de un director de un teatro de marionetas.

(Entra otra vez en escena Santa Claus acompañado de una anciana.)

ARLEQUÍN. Tras marcharse Santa Claus, “masviejaquelaorden” enseñó a Susan a hacer los mazapanes de harina con sabor a bondad. Le explicó que tenía que seleccionar con mucho cuidado la harina, que tuviese la misma proporción de caridad que de generosidad y sinceridad, si no, el mazapán saldría o duro o empalagoso. Le comentó la enorme importancia del azúcar moreno, pues el blanco hacía daño y producía mal genio. Le enseñó a hacer mazapanes de distintas formas y colores: níveas palomas de la paz, dulces lanosos corderos, grandes y rosados corazones. Le recalcó la importancia de que el horno tuviese calor de familia. Los hornos de gas eran peligrosos y, además, venían de la misma sustancia que el plástico. “Masviejaquelaorden” aconsejó a Susan como sólo lo saben hacer las abuelas y, así, los mazapanes tenían un sabrosísimo gusto a bondad, virtud tan usual en nuestras ancianas consejeras. Susan comenzaba a comprender que no es nada fácil ser director de un teatro de marionetas de Navidad.


SEXTA ESCENA

McGREGOR. Te queda tan sólo una prueba. ¿Te gusta pintar? Pues bien, quiero que sepas que el oficio de pintor de Navidad es algo imprescindible, esencial, necesario. Te has preguntado alguna vez quién es el que pinta de blanco las calles en las fechas navideñas, o quién llena de vaho los cristales de tu casa, quién impregna de azul intenso los días de mucho frío. Sí, ya sé que no lo sabes. Es... “casi me mancho”, una marioneta de lo más artista.
(Música y aparición de la marioneta.)

McGREGOR. Te presento a “casi me mancho”, el te enseñará a pintar la Navidad con los colores más apropiados, ¿verdad?
(“Casi me mancho” se pone triste.)

McGREGOR. ¿Qué te ocurre?

SUSAN. ¿Estás enfermo?
(“Casi me mancho” mira a Susan enfadado.)

McGREGOR. Ssss. No debes hablar (muy solemne). Esto ha llegado al colmo. Tenemos que poner una solución a todo esto. Necesitamos la llave de la caja verde, sin ella mis marionetas irán olvidando lo que deben hacer y nos quedaremos sin Navidad. Tengo unas ganas bárbaras de encontrarme con esa Pepa.
(Música siniestra, aparece en escena Pepa, la gitana.)

PEPA. Hombre, ya tenía ganas de que me necesitases.

McGREGOR. Yo no te necesito.

PEPA. Claro que sí, sin mí no habrá paisajes navideños este año, ni ningún otro. Las calles se tornarán grises por culpa de los gases plásticos, los abetos no serán verdes sino grises, la gente no tendrá en su cara pintada ninguna gran sonrisa sino una tristeza muy grisácea. Todo será gris y opaco. Los niños no jugarán ni estarán alegres, serán niños de plástico. Niños de plástico. NIÑOS DE PLÁSTICO.

McGREGOR. No, eso nunca, eso nunca. No, no, ¡NO!
(Mc se cae al suelo turbado por la idea. Susan se acerca a él y éste, débilmente, le comenta…)

McGREGOR. Susan, sólo tú puedes ayudarme. ¡Ayúdame!
(Susan se acerca a Pepa.)

SUSAN. Sra. Pepa, no se porte así. No se da cuenta de que la única felicidad en el mundo es tener el espíritu de la Navidad. Yo sé que tú eres buena persona. (Le pone la mano encima del hombro.) Lo que ocurre es que has tenido una educación incorrecta. (Muy segura.) Sé que eres el producto de las malas lecturas. ¿Quién te manda leer tebeos? Esas cosas no se hacen. Imagínate si todo fuese gris. Serías una persona muy triste. No pondrías ninguna guirnalda en tu casa, ni colgarías ninguna bola en el árbol de Navidad.

PEPA. ¿No podría colgar ninguna bola en el árbol de Navidad?

SUSAN. No.

PEPA. Yo no tengo la culpa de ser así. Los mayores me enseñaron a jugar con muñecas de plástico. Nunca he tenido una marioneta con un gran corazón.

SUSAN. Sra. Pepa, lo importante no es que tengamos marionetas con gran corazón sino que nosotros tengamos un corazón muy grande. Si los mayores tuviesen el espíritu de la Navidad en sus corazones, los niños no tendrían que jugar con muñecos de plástico, ni ir a guarderías de plástico, ni callarse cuando los mayores tienen mal genio de plástico, ni acostumbrarse a tener caprichos de plástico. Todos seríamos como las marionetas de Navidad.

PEPA. Y, ¿cómo podríamos hacer eso?

SUSAN. Sra. Pepa, la llave que tienes en la mano es la solución. Gracias a ella la caja verde se podrá abrir y todo el mundo se convertirá en un gran teatro de Navidad.

PEPA. Y, ¿podré poner bolas de Navidad en mi árbol?

SUSAN. Claro. Todos los días.
(Silencio.)

PEPA. Toma. A mí ya no me hace falta.

(GRAN JÚBILO.)

McGREGOR. Muy bien, Susan. Has pasado exitosamente la última prueba. Ya puedes ser una directora de un teatro de marionetas de Navidad. (Empieza la música y comienza a llamar a todas las marionetas de Navidad.)
Ni pincho, ni corto. ¡A escena!
Vaya corte tío, ¡a escena!
Blanchecommeneige, ¡a escena!
Casi me mancho, ¡empieza a pintar el decorado!
Masviejaquelaorden, ¡venga a escena, por favor!
(Un momento de silencio.)
Pepa, la zíngara de los ojos pequeños y corazón grande, ¡a colocar las bolas del árbol de Navidad!
Hoy es un día muy especial. Susan ha comprendido qué es el verdadero espíritu de la Navidad.
(Susan aparta a un lado del escenario a McGREGOR.)

SUSAN. ¿Qué tiene la caja verde dentro?

McGREGOR. Ahora que eres directora de un teatro de marionetas de Navidad te lo puedo decir. Dentro de la caja verde hay un libro negro.

SUSAN. ¿Un libro negro?

McGREGOR. Un libro negro muy antiguo. Un libro de hojas muy finas y con historias preciosas, historias de mayores que se hicieron como niños, historias de niños que fueron como directores de un teatro de marionetas de Navidad. Pero la historia más bonita de todas, habla de un niño que nació en un establo, entre amarillentas pajas. Un niño de color rosado que vino a luchar contra todos los que quieren hacer de este mundo un mundo artificial, un mundo de plástico. ¿Sabes por qué las marionetas de cuerda son las más felices? Porque son guiadas por dos palos cruzados, dos palos con la forma de una cruz. Y es que, el niño de esta historia, para darnos el espíritu de la Navidad, murió en una cruz.

SUSAN. McGREGOR.

MCGREGOR. ¿Sí, Susan?

SUSAN. Me gustaría leer ese libro.

ARLEQUÍN. ¿Os ha gustado mi historia? Espero que sí. No es una historia de mucha acción, ni de espectaculares escenario, ni de grandes gestas. Es una historia de cada día. Por eso... si no te gustan las cosas de plástico, si no quieres seguir usando corbata, si odias nuestro materializado mundo y deseas tener el espíritu de la Navidad, anhelas que el mundo sea un gran teatro de marionetas...
¡VENID A LA FUNCIÓN! ¡VENID A MI TEATRO!
¡NO DEJÉIS DE ASISTIR AL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD DE SUSAN, LA DE LOS CABELLOS DORADOS!