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2012 - España

¿A quién obedecerás?

22 Minutos y 8 Personajes. Unos niños acuden a su abuelo para resolver un dilema: obedecer antes a Dios o a los padres. El abuelo les sorprende con una historia familiar que desconocían.


¿A QUIÉN OBEDECERÁS?


PERSONAJES

DON ALFREDO LÓPEZ
BEATRIZ
ROBERTO
ALFREDO LÓPEZ
ZULMA
VALENTINA
RICARDO
RECEPCIONISTA
DOCTOR



ACTO N° 1

(Escena: Casa de la Familia López, Don Alfredo López es abuelo y está con sus nietos jóvenes Beatriz y Roberto. Están discutiendo sobre una tarea de la iglesia.)

BEATRIZ. Roberto, ¿qué versículo te dio el profesor para explicar en la iglesia?

ROBERTO. Difícil es este versículo.

BEATRIZ. Dime, ¿cuál es? Quizás pueda ayudarte.

ROBERTO. Está en Hechos 5:29,”respondiendo Pedro y los apóstoles dijeron: es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

BEATRIZ. ¡Qué difícil es tu versículo! Pero yo te ayudaré si tú me ayudas con el mío.

ROBERTO. ¿Y cuál te dieron a ti? Claro que te ayudaré.

BEATRIZ. Está en Colosenses 3:20. ”Hijos obedeced a vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor”.

ROBERTO. ¡Ah! Ahora entiendo lo que quiere el profesor con estos dos versículos.

BEATRIZ. ¿Qué es, hermano?

ROBERTO. El profesor quiere saber si un padre te pide hacer algo que está mal, ¿qué vamos a hacer? ¿Obedecer a Dios o a los padres? La desobediencia es pecado.

BEATRIZ. ¡Qué inteligente eres! Tiene razón, pero vos, ¿qué harías si nuestro padre te pide hacer algo malo? ¿Qué harías?

ROBERTO. Bueno, yo oraría primero a Dios pidiendo perdón y bueno, trataría de dar un buen testimonio de obediencia.

BEATRIZ. ¡Qué vivo que sos! No podés hacer eso, tenés que elegir a quién obedecer, ¿a Dios o a nuestro padre?

ROBERTO. ¡Es difícil elegir! Si elijo a Dios, estaré pecando por desobedecer a mis padres.

BEATRIZ. Y si yo elijo obedecer a mis padres, estaré pecando por no obedecer a Dios.

ROBERTO. ¿Qué hacemos entonces? Es difícil nuestra tarea.

BEATRIZ. Hermano ¿quién nos aconseja cuando papá está en su trabajo?

ROBERTO. Nuestro abuelo Alfredo.

BEATRIZ. Llamémosle y expliquémosle el trabajo que tenemos que hacer.

ROBERTO. Vení, abuelo, te necesitamos.

DON ALFREDO. ¿Qué pasa, Roberto?

BEATRIZ. Abuelo, tú siempre nos aconsejas bien. Queremos que nos ayudes en un trabajo que tenemos para presentar en la semana la semana que viene.

DON ALFREDO. Bueno muéstrenme los versículos y el tema a desarrollar (Beatriz y Ricardo le muestran a su abuelo el cuaderno) ¡Qué difícil es! “¿A quién obedecer: a Dios o a los padres?”

BEATRIZ. Es cierto, no podemos elegir ninguno de los dos lados porque los dos son pecado.

DON ALFREDO. Tenés razón, Beatriz, pero, ¿su papá no les contó cómo murió su tía Valentina?

ROBERTO. No, abuelo, nadie nos lo ha contado.

DON ALFREDO. Siéntense acá a mi lado y yo les contaré cómo ella murió.

ROBERTO. Abuelo, ¿qué tiene que ver la muerte de mi tía Valentina con nuestro trabajo de la iglesia?

DON ALFREDO. Escúchame, Roberto, y después tú quitarás la conclusión con Beatriz para el trabajo que les han encargado.

BEATRIZ. Ya, calláte hermano, yo quiero saber cómo murió la tía Valentina. Abuelo, cuéntanos, por favor.

DON ALFREDO. Escuchen, esto pasó cuando yo era joven. Yo había sido creyente pero estaba alejado de Dios, sabía muchos versículos de la Biblia, pero los usaba para mi conveniencia. Era un dictador. Todo sucedió un día antes del cumpleaños de Ricardo; fue en esta casa; su abuela Zulma estaba preparándole cosas para una fiesta con sus amigos de la Sociedad de Jóvenes y yo…



ACTO N.2

(Escena: Don Alfredo joven, en la cocina con su esposa Zulma, un día antes del cumpleaños de Ricardo. De fondo música cristiana.)

ALFREDO. (Enojado, blasfemando contra Dios.) El mundo está un desastre, ¿dónde está tu Dios? ¿No es un Dios de amor? ¿No será como los políticos? No creo que exista Dios, este mundo está cada vez peor y Dios está sentado en su trono sin hacer nada para mejorar este mundo.

ZULMA. No digas esas cosas contra Dios, Él te puede castigar en donde más te duela. El mundo está así por la desobediencia del hombre.

ALFREDO. ¡Ja, ja, ja! ¿Dios me va a castigar¿ ¿Cómo? Si no existe. ¿Por qué estás preparando tantas cosas? ¿Y esta música de porquería? No quiero que la escuches.

ZULMA. Estamos en democracia en este país, pero en casa existe la dictadura. ¿Acaso te olvidaste de que mañana es el cumpleaños de tu hijo Ricardo? Quiero hacerle una reunión con sus amigos de la Sociedad de Jóvenes.

ALFREDO. (Gritando.) ¿Yo estoy aquí de adorno? ¿Por qué no me consultaste? Yo soy el jefe del hogar, acuérdate, mujer, de eso.

ZULMA. ¡Viva la democracia, abajo la dictadura! Yo te pregunté, pero tú nunca me escuchas, siempre estás tan ocupado en tus negocios.

ALFREDO. ¡Se suspende la reunión! Esos amigos de la Sociedad de Jóvenes son muy aburridos. En sus fiestas no hay alegría, nadie se divierte, no hay baile, ni cerveza. Yo le llevaré a un lugar donde realmente se divertirá, donde se hará hombre de verdad.

ZULMA. Claro, vos le querés llevar a esos lugares donde hay mujeres fáciles y que nuestro hijo se contagie de sida u otra enfermedad, ¿verdad?

ALFREDO. Tonta, para eso existen los preservativos, para cuidarse. No quiero que tenga esa reunión con los aburridos de la Sociedad de Jóvenes. Es mi última palabra, yo soy el jefe de la casa y se hace lo que yo digo.

ZULMA. ¡Qué dictador que sos! Y muy egoísta, nunca hablas con tu hijo para saber lo que él quiere.

ALFREDO. Yo sé lo que le conviene a mi hijo, no necesito preguntarle.

ZULMA. Nunca vas a cambiar, le pido a Dios en oración que tenga un encuentro personal contigo para que tu vida cambie. Suspenderé la reunión pero, ¿puedo hacer una cena familiar con tu permiso “jefe de la casa”?

ALFREDO. Sí, podés hacerlo, simpática.

ZULMA. Gracias, me voy al Hipermercado apurada para hacer las compras porque está por cerrarse.




ACTO N.3

(Escena: Sale Zulma para irse a comprar. Alfredo plageando de su esposa, Ricardo le escucha.)

ALFREDO. Esta mujer está mal, parece una loca. Anoche la oí hablar sola y de rodillas, sí que está loca.

RICARDO. ¡Papá, no le faltes el respeto a mi madre! Si le viste arrodillada es porque ella estaba orando, conversando con Dios para que tengas un encuentro con el Señor y Salvador Jesús y le aceptes en tu corazón.

ALFREDO. ¡Ja, ja, ja! Hablando con Dios, pero si no existe…

RICARDO. Entonces tú no existís papá, si Dios no existe, tú tampoco.

ALFREDO. ¿Por qué decís que no existo? Si vos me ves y me estás hablando.

RICARDO. Tenés razón, papá, estás presente porque Dios te creó, Él existe.

ALFREDO. Mejor cambiemos de tema, te quiero preguntar algo.

RICARDO. Dime, papá.

ALFREDO. En la Biblia hay un versículo que dice “Hijos, obedeced a

vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor”,¿verdad?

RICARDO. Sí, papá, eso dice, ¿por qué preguntas?

ALFREDO. Pues yo decidí cuál era la mejor celebración para tu cumpleaños. Mañana te voy a llevar a un lugar para que puedas conocer hermosas chicas y para que así te hagas un hombre de verdad, ¿qué te parece?

RICARDO. Lo siento, papá, no podré acompañarte porque mañana tengo un compromiso con mis amigos de la Sociedad de Jóvenes.

ALFREDO. Yo suspendí esa reunión con tus aburridos amigos así es que podrás.

RICARDO. ¿Cómo pudiste, papá? Sin decirme nada…

ALFREDO. Yo soy el jefe de la casa y hago lo que quiero. Vos tenés que obedecerme, es mi última palabra.

RICARDO. ¡En la Biblia también dice que “Es necesario obedecer a Dios ante que a los hombres”!

ALFREDO. (Enojado.) ¡No me importa, tenés que obedecerme igual!

RICARDO. Lo siento, primero hay que obedecer a Dios (sale apresuradamente a la calle. Entra Valentina.)

VALENTINA. ¿Qué pasa, papá? Cálmate, te hará mal al corazón.

ALFREDO. ¡Ese hijo desobediente! Pero me tendrá que hacer caso porque yo soy su padre y el jefe de esta casa.

VALENTINA. Sí, papá, ya verás que sí pero, yo te quería pedir un consejo, ayúdame, por favor.

ALFREDO. Sí, mi pequeña, te voy a ayudar, ¿cuál es el problema?

VALENTINA. (Plageando.) Papá tengo una enemiga, se llama Mónica. Es una víbora, ¿sabes que me quitó a mi novio Julio? Y lo que es peor, le contó muchas mentiras sobre mí. No sé qué hacer papá, sólo quiero vengarme, ayúdame, estoy desesperada.

ALFREDO. Cálmate hija, yo te voy a dar una buena idea, sólo tiene que obedecerme....

VALENTINA. Sí, papito, ¿qué tengo que hacer con Mónica?

ALFREDO. ¿Acaso vos no sos la jefa de la pandilla del barrio? ¿Por qué no reunís a tus amigas y le das un escarmiento a esa Mónica? Mañana es sábado y seguramente irá a la discoteca. A la salida le esperan y le das un susto, ¿qué te parece?

VALENTINA. Papito, sos un genio. Me voy a reunir con mis amigas para planear lo que vamos a hacer (Le da un beso a su padre y sale).

ALFREDO. (Contento) ¿Por qué mi hijo Ricardo no es tan obediente como su hermana?




ACTO N°4

(Escena: Valentina sale apurada y le atropella a Ricardo, que estaba escuchando la conversación.)

VALENTINA. ¿Por qué no salís de mi camino? ¡Estoy apurada!

RICARDO. Hermana, ¿qué le vas a hacer a Mónica?

VALENTINA. Le daré el peor susto de su vida, se arrepentirá de haberme quitado a mi novio.

RICARDO. No hermana, la Biblia dice:”No paguéis a nadie mal por mal, procurad lo bueno delante de todos los hombres”.

VALENTINA. (Molestándose.) Vos siempre estás pensando en tus versículos de la Biblia, déjame en paz, la idea que me dio papá es muy buena y le voy a obedecer.

RICARDO. No, hermana, tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque esos hombres sean nuestros padres.

VALENTINA. No seas metiche. Déjame salir. (Le hace un lado y sale.)




ACTO N° 5

(Escena: El día del cumpleaños de Ricardo estaba toda la familia alrededor de la mesa, menos Valentina, la madre está sirviendo la comida y Alfredo mirando un diario.)

ZULMA. Y Valentina, ¿no va a cenar con nosotros el día del cumpleaños de su hermano?

ALFREDO. Yo le di permiso, tiene un asunto importante que arreglar, luego vendrá a cenar con nosotros.

ZULMA. Entonces vamos a esperarle para que así esté toda la familia.

ALFREDO. Vamos a cenar los hombres de la casa porque después iremos a divertirnos. Vos podes esperar a Valentina y cenar con ella.

RICARDO. (Menea la cabeza con enojo, haciendo señales a su madre.) Te dije papá, que yo no iré a esa fiesta, yo voy a obedecer a Dios, no puedo obedecerte en esto.

ALFREDO. ¡No seas desobediente con tu padre! (Le da una trompada a su hijo).

ZULMA. (Se acerca a su hijo para ayudarle a levantar, se dirige a su esposo.) ¿Cómo puedes tratar así a nuestro hijo? No te entiendo.

ALFREDO. Yo soy el padre y puedo hacer lo que quiera con él.

ZULMA. Te equivocas, no puedes maltratarle así.

ALFREDO. Ya salió la abogada defensora de su hijo consentido (en forma burlona, en eso suena el teléfono y Alfredo contesta.)

ALFREDO. ¡Hola! Sí es la casa de mi hija Valentina, ¿con quién hablo? ¿La recepcionista del hospital? ¿Qué pasa? ¡No! ¡Mi muñeca herida! ¡No puede ser que esté moribunda, salgo para allá!

ZULMA. (Desesperada.) ¿Qué dices, Valentina está moribunda?

ALFREDO. (Grita.) ¡Eso fue lo que oíste!

RICARDO. Ya, dejemos de hablar y vamos al hospital.

(Salen todos apurados.)




Acto N°6

(Escena: Entran todos a la sala de espera del hospital y preguntan a la recepcionista.)

ALFREDO. (Desesperado.) Señorita, ¿cómo está mi hija Valentina, Valentina López?

RECEPCIONISTA. (Revisando.) Valentina López sigue grave. El doctor le está operando en este momento. Siéntense, señor, pronto saldrá a conversar con Ud.

(Alfredo se sienta con su familia en la sala.)

ZULMA. ¿Qué te dijeron? ¿Cómo está nuestra hija?

ALFREDO. Está grave y la están operando. El doctor vendrá pronto a conversar con nosotros.

RICARDO. Yo iré a la cafetería y le traeré un té, papá, para calmar los nervios. ¿Vos mamá te quedas con papá?

ZULMA. Sí, hijo, gracias.

(Ricardo sale, y después de un rato, entra el doctor buscando a los padres de Valentina.)

DOCTOR. Los padres de Valentina López, ¿dónde se encuentran?

ZULMA Y ALFREDO. (Dicen a coro saltando del asiento.) ¡Nosotros somos, doctor!

DOCTOR. Buenas noches. Me temo que tengo malas noticias: su hija ha fallecido, no pudimos hacer nada, lo siento mucho.

ZULMA. No...Nuestra hija muerta...

ALFREDO. ¿Por qué nuestra hija? ¿Quién hizo esto, doctor?

DOCTOR. Los paramédicos de ambulancia dijeron que a la salida de una discoteca comenzó una pelea entre dos pandillas juveniles. Hubo varios heridos. A su hija le dieron una cuchillada en la espalda; ella no aguantó la operación porque perdió mucha sangre y estaba muy débil, lo siento.

(El doctor sale lentamente de la escena, Alfredo y su esposa se sientan en la sala de espera, destrozados.)

ALFREDO. Yo fui el culpable, yo maté a mi hija. Fui yo el que le dijo que comenzara esa pelea.

(Zulma permanece en silencio. Ricardo entra con dos tazas de té.)

RICARDO. ¿Cómo está Valentina? ¿Qué han sabido de ella?

ALFREDO. Tu hermana falleció. Fue mi culpa, yo le di un mal consejo y ella me obedeció. ¡Cómo pude! ¡Qué arrepentido estoy! ¿Cómo pueden perdonarme ustedes? ¿Y Dios?

RICARDO. Papi, cómo lo siento. Nosotros te perdonamos porque eso nos manda Dios. Él también puede perdonarte si tú se lo pides: papi, acepta a Cristo como tu Señor y Salvador. Si tú quieres orar ahora, nosotros te acompañaremos.

ZULMA. Vamos, habla con Dios, sólo Él puede quitarte ese sentimiento de culpa. (Oran todos juntos con lágrimas en sus ojos.)

ALFREDO. ¡Oh! Realmente me siento perdonado por Dios.

RICARDO. Tomen esta taza de té, yo haré los preparativos para llevar el cuerpo de mi hermana.




ACTO N°7

(Escena: Aparecen Alfredo siendo Abuelo, y sus nietos Beatriz y Roberto.)



ROBERTO. ¡Qué historia tan impresionante, abuelo!

BEATRIZ. Ahora entiendo, abuelo: hay que obedecer primero a Dios antes que a los hombres aunque los hombres sean nuestros padres.

DON ALFREDO. Tenés razón, Beatriz.

ROBERTO. Bueno, vamos a terminar el trabajo de la iglesia pues ya sabemos lo que debemos responder. Luego iremos a comprar un regalo para la abuela Zulma. Acordate abuelo, que mañana está de cumpleaños.

ALFREDO. Gracias, Roberto. No sé qué haría sin ustedes porque me olvidé del cumpleaños de mi esposa. Voy a acompañarles para comprarle un regalo también.

(Los tres se ríen.)

BEATRIZ. No hay problema, abuelo. Vamos todos juntos.

(Salen todos, se cierran el telón.)