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2012 - España

Ensayo Final

30 Minutos y 9 Personajes. Caos en el ensayo general de una obra de Navidad antes de su estreno. Todos han llegado tarde y muchos de los personajes se han visto forzados a coger un papel.


ENSAYO FINAL
Escrito por Annette Wetherbee y traducido con permiso por Loida Somolinos


PERSONAJES

Directora
Ángel
Mesonero
Pastor
Rey Mago 1
Rey Mago 2
Rey Mago 3
María
José
Coro


MÚSICA

Después de la Escena I “O Come Emmanuel”.
Después de la Escena II: “The First Noel”.
Después de la Escena III: “We three kings”.
Después de la Escena IV: “Isn’t he?” o “Joseph’s song”
Para la Escena final: “Go tell it on the mountain”.



OBRA

ESCENA I

Estamos en la noche anterior a la representación de una obra de Navidad en una iglesia. Se supone que el ensayo general tendría que haber empezado hace un rato pero la gente todavía no ha llegado. La directora está bastante nerviosa y quiere abandonar la obra. Está arreglando la parte trasera del escenario.

DIRECTORA. Aparece con un puñado de disfraces y objetos de atrezzo. Los cuelga rápidamente y deja sobre la mesa los objetos. Está dando vueltas por ahí intentando poner orden para el ensayo general que se supone que tenía que haber empezado ya. Habla entre dientes sobre lo irresponsables y poco comprometidos que son los demás. ¿Por qué al final me toca hacer todo a mí? Mira al reloj. ¿Dónde se habrán metido? Tendrían que estar aquí ya. Sale enfadada.

ÁNGEL. (Entra por la dirección opuesta a la que ha salido la directora.) ¿Hola? ¿Hay alguien aquí? Siento llegar tarde. ¿Hola? ¡Hum! (Mira el reloj.) Quizá me he equivocado de hora pero creo que el ensayo tendría que haber empezado ya. (Mira alrededor.) El caso es que alguien ha estado aquí y ha puesto un poco de orden en todo este lío. (Ve el disfraz de ángel.) ¡Aquí está mi traje! Bien, voy a empezar a vestirme antes de que se haga más tarde. Me pregunto si podría ir sin las alas. Oye, ¿por qué no? Un ángel alérgico a las plumas.

DIRECTORA. (Entra con más trajes y objetos. Todavía sigue murmurando entre dientes.) Al año que viene paso de ocuparme del programa de Navidad. Y ya veremos lo que pasará con el programa de Semana Santa. (Está tan cargada que no puede ver al Ángel.)

ÁNGEL. ¿Puedo ayudarte?

DIRECTORA. Con sarcasmo. ¡Hombre! Por fin alguien se decide a aparecer.

ÁNGEL. ¿Quieres decir que soy el primero?

DIRECTORA. No, la primera fui yo. Tú eres el segundo. (Deja las cosas sobre la mesa y empieza a ordenarlas.)

ÁNGEL. Y, ¿dónde están los demás?

DIRECTORA. Eso mismo me pregunto yo.

ÁNGEL. No te preocupes, estoy seguro de que llegarán de un momento a otro. Es que, ya sabes que estas fechas son muy malas y hay un montón de cosas que hacer.

DIRECTORA. Oye, que yo también tengo cosas que hacer. Tengo la casa llena de visitas, el árbol a medio decorar, los regalos sin envolver e incluso algunos sin comprar y una obra de Navidad que sacar adelante.

ÁNGEL. No suena muy bien, no.

DIRECTORA. No sería tan malo si la demás gente fuera consciente también de lo que hay que hacer y estuviera dónde tuviera que estar y a la hora que se supone que tenía que estar. Es...

ÁNGEL. ¿Frustrante?

DIRECTORA. Sí, hay momentos en que una se siente...

ÁNGEL. ¿Como la única que se preocupa cuando hay cosas que hacer?

DIRECTORA. Sí, así es. Me estoy volviendo loca intentando tener todo listo mientras que otros no se dan cuenta de lo que cuesta tener una “Feliz Navidad”.

ÁNGEL. Y, ¿eso es todo?

DIRECTORA. ¿Cómo?

ÁNGEL. ¿Qué es lo que cuesta tener una Feliz Navidad?

DIRECTORA. Bien, uhhhh, ummm. (Murmurando y alzando los brazos.) En este momento, no lo sé, ni me importa; lo único que quiero es que pase todo cuanto antes.

ÁNGEL. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

DIRECTORA. Bueno, necesito arreglar algunas cosas en el portal.

ÁNGEL. Entonces vamos y no perdamos más tiempo.

DIRECTORA. Saliendo. Espero que los demás se dignen a aparecer.

ÁNGEL. No te preocupes, ya verás como aparecen y si no fuera así, ¿qué es lo peor que podría pasar?

DIRECTORA. ¿Que el programa se cancelaría debido a la falta de participación?

ÁNGEL. No. Se encontraría otra fecha.
(Salen los dos.)


ESCENA II

R.M. 1. Creo que es una buena idea.

R.M. 2. ¡Pues yo creo que es una locura!

R.M. 1. Le iba a dar más autenticidad.

R.M. 2. ¡Se armaría un lío tremendo!

R.M. 1. ¡Haría la escena como más viva, más real!

R.M. 2. Que sería un lío.

R.M. 1. Sería estupendo. Aparte de una oveja, creo que podría conseguir un burro y quizá un camello. (Se dirige al Rey Mago 3.) ¿Qué opinas tú?

R.M. 3. ¡No me metáis en esto! Yo sé cuándo me tengo que estar callado.

R.M. 2. ¿Desde cuándo?

R.M. 3. Desde que mi último comentario hizo que me metiera en este jaleo.

R.M. 2. ¡Vaya!

R.M. 1. ¿Qué dijiste?

R.M. 3. Me estaba quejando de la pobreza del programa de Navidad que se estaba preparando, que no había mucho compromiso en la iglesia.

R.M. 2. Déjame averiguar: Marta, te oyó por casualidad.

R.M. 3. ¡Sip! Y antes de que me diera cuenta salía con un papelito para la obra de Navidad.

(Los otros dos reyes magos asienten. R.M. 1 ve los trajes de los reyes magos.)

R.M. 1. ¡Eh! Ahí están nuestros trajes. ¿Creéis que nos los tenemos que poner ahora?

R.M. 2. Es el ensayo general.

R.M. 3. Y aquí están nuestros presentes.

R.M. 1. ¡Yo quiero el oro!

R.M. 2. No, lo quiero yo que tú lo llevaste el año pasado. (Dirigiéndose al Rey Mago 3.) ¿A que sí?

R.M. 3. Ya os he dicho que yo no digo nada.

R.M. 2. Está bien. Qué pena que no sea real. Un poco de ayuda no me vendría mal para pagar todas las compras que tengo que hacer en esta Navidad. Me parece que la cuenta de mi tarjeta de crédito debe de estar creciendo a la vez que hablamos.

R.M. 1. Vaya.

R.M. 2. Es que mi mujer está haciendo ahora las últimas compras.

R.M. 1. ¡Ou! Eso duele. ¿Qué te voy a contar? Estoy seguro de que cuando acabe de pagar todo lo que gastemos estas fiestas tendré que empezar a pagar a Hacienda. (Dirigiéndose al Rey Mago 3.) ¿Verdad?

R.M. 2. ¿Ya no te acuerdas de que hoy está muy calladito?

R.M. 3. ¡Hombre! Tampoco es eso.

R.M. 2. Si el chico tiene una opinión.

R.M. 1. ¿Qué tienes que decir?

R.M. 3. Hace algunos años, Vanesa se quejaba del materialismo que existía en estas fechas y yo me quejaba porque gastábamos mucho. Así que al año siguiente nos sentamos con los chicos para fijar unos límites en lo que íbamos a gastar a partir de entonces.

R.M. 2. Y, ¿funcionó?

R.M. 3. No sin poco esfuerzo.

R.M. 1. No me imagino a mis hijos aceptando esa propuesta.

R.M. 3. Todos nosotros la aceptamos con mucha ilusión y nos obligó a ser más personales y creativos en nuestros regalos. Incluso al resto de la familia le pareció bien y empezó a imitarnos.

R.M. 1. ¿No se sintieron, quizá, un poco ofendidos?

R.M. 3. Es posible, pero nosotros no les dijimos lo que debían o no debían hacer, solo que en lugar de haber cuatro o cinco regalos nuestros les íbamos a hacer uno o dos.

R.M. 2. Me gustaría pertenecer a tu familia. Me sentiría aliviado de no tener que matarme la cabeza con los regalos.

R.M. 3. Hace algunos años, Sonia, nuestra hija más pequeña, sugirió que hiciéramos algo juntos, como una familia, para llevar la alegría de Navidad a otros.

R.M. 1. ¿Qué hicisteis?

R.M. 3. El primer año visitamos una residencia de ancianos en el Día de Navidad y llevamos algunos motivos navideños para que decoraran sus cuartos. Otro año visitamos un hospital infantil y les llevamos regalos. En fin, cosas diferentes.

R.M. 1. ¿Qué vais a hacer este año?

R.M. 3. Este año vamos a invitar a una familia de pocos recursos para que pase con nosotros ese día.

R.M. 2. Pero todas estas cosas os costarán mucho, ¿no?

R.M. 3. Todos decidimos juntar el dinero que utilizábamos para hacernos los regalos y comprar o preparar algo para estas personas. Empieza a mirar a su alrededor. Oye pero, ¿dónde está el resto de la gente?

R.M. 2. La verdad es que no he visto a nadie cuando llegamos.

R.M. 1. Eso no puede ser, se habrán metido en algún otro sitio.

R.M. 2. Si no es así es que llegan tarde.

R.M. 1. ¿Más tarde que nosotros? Marta nos va a echar una cantada...

R.M. 3. Vamos a ver si están en el pesebre. Quizá estén allí.

R.M. 2. (Dirigiéndose al Rey Mago 1.) Y ni se te ocurra mencionar lo de los animales, ¿eh?
(Salen.)


ESCENA III

PASTOR. Todavía estoy alucinado con el partido. No me puedo creer que en el último minuto metieran ese gol y ganaran.

MESONERO. Sí pero a Marta esos minutos de prórroga no le van a servir de excusa.

PASTOR. Pero oye, que era el partido entre el Real Madrid y el Barça.

MESONERO. Pues sí y, gracias por invitarme.

PASTOR. Ha sido una buena idea para olvidarse un poco de la locura de estos días. (Mirando a su alrededor.) ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?

MESONERO. ¡Qué extraño! Ya pensaba que íbamos a ser los últimos.

PASTOR. No sabes eso de que los últimos serán los primeros...

MESONERO. No podemos ser los únicos aquí.

PASTOR. Aunque no me extrañaría nada que lo fuéramos.

MESONERO ¿Por?

PASTOR. Porque en estas fechas todo el mundo tiene que hacer muchas cosas. ¿Te puedes creer que no he visto casi a mis hijos en esta semana?

MESONERO. Me ha pasado a mí también... En estas fiestas que se supone que tendrían que estar más orientadas hacia la familia sucede casi lo contrario.

PASTOR. (Dirigiéndose a la mesa de los objetos, coge los instrumentos del pastor.) Mira, aquí están nuestras cosas. Se pone algunas de las ropas para enseñárselas al mesonero para ver qué tal le quedan pero se ha puesto algo al revés. ¿Qué pasa?

MESONERO. En que tengo suerte de no ser una de tus ovejas. Mueve un poco las ropas que están colgadas. Parece como si yo fuera el único que va a tener un solo traje.

PASTOR. ¿Te esperabas más?

MESONERO. Pues sí, hago de pastor y de mesonero que ofrece su establo a José y a María.

PASTOR. Me imagino que Marta no habrá encontrado suficiente gente para hacer todos los papeles.

MESONERO. Nadie se dejó engañar. Yo me ofrecí voluntario.

PASTOR. ¿Estás loco? No te ofendas pero sólo es un programa de Navidad y tú bastante ocupando estás con tus negocios.

MESONERO. Sí, lo sé, pero me apetecía participar especialmente haciendo el papel de mesonero.

PASTOR. ¿Y eso?

MESONERO. Este es el primer año en el que he hecho un poco de hueco en mi corazón a Jesús.

PASTOR. Pero, ¿qué estás diciendo? Desde que yo entré en la iglesia tú siempre has sido un miembro muy activo; incluso has dado estudios bíblicos.

MESONERO. ¿Has visto como puedo hacer un buen papel? Sé cómo parecer un buen siervo de Dios. En mi vida no le he dejado que me dirigiera sino que era yo el que lo hacía. Me sentía autosuficiente aunque en realidad, era un ingenuo.

PASTOR. Y, ¿qué es lo que cambió?

MESONERO. Mi corazón. Se lo entregué al verdadero Jesús y no al que yo había inventado para parecer religioso. Pausa. Mi familia se daba cuenta de la vida tan hipócrita que llevaba y yo me daba cuenta del caos en que les había sumido.

PASTOR. ¿Te refieres a tu hijo Óscar?

MESONERO. En parte. Mi hijo se rebeló contra la mentira en la que estaba viviendo y además se crearon barreras muy altas en mi matrimonio. No pensé que Cristina iba a quedarse conmigo incluso después de que decidí cambiar.

PASTOR. No tenía ni idea.

MESONERO. Las cosas van mejor ahora pero sólo desde que caí de rodillas ante el señor y le entregué mi vida. Pensativo. Es posible que Óscar venga al programa de Navidad. Estoy ansioso por compartir el Evangelio de un modo distinto como nunca antes lo había hecho.

PASTOR. Nunca me había planteado el compartir el Evangelio así, vistiéndome con un disfraz, bajo las sofocantes luces de los focos y con un puñado de ovejas de mentira.

MESONERO. Para mí, nuestro mensaje está claro. El nacimiento de Cristo es real. Y sólo si le haces un poquito de hueco en tu corazón hará toda la diferencia en este mundo. Y como pastor, tú fuiste el primero en escuchar las gloriosas nuevas que fueron dichas a otros.

PASTOR. Me parece que esto es más importante de lo que pensaba. Creo que tendríamos que buscar a los otros. No podemos ser los únicos aquí.
(Salen.)


ESCENA IV

MARÍA. (Entra.) ¿Quieres darte prisa? Ya llegamos bastante tarde.

JOSÉ. (Fuera de escena.) Relájate. Ya sabes que no pueden empezar sin nosotros.

MARÍA. Ya sabes lo que odio llegar tarde. Está en el centro del escenario mirando alrededor pero no ve a nadie. ¿Hay alguien?

JOSÉ. (Entra cargando una caja muy grande.) Ya estoy aquí, ya estoy aquí... He tenido que sacar algo de la furgoneta. Deja la caja en el suelo. ¿Dónde está todo el mundo?

MARÍA. No lo sé. Deben de estar en alguna otra parte. (Se da cuenta de la caja.) ¿Qué es eso?

JOSÉ. ¿Qué es qué?

MARÍA. ¡Eso!

JOSÉ. ¡Oh! ¿Esto? Una sorpresita.

MARÍA. ¿Para mí?

JOSÉ. Es un tipo de regalo prenavideño pero ahora tenemos que ensayar una obra así que mejor lo dejo en la furgoneta.

MARÍA. ¡Pare usted ahí! Si es un regalo para mí, no va a ir a ninguna parte. (Abre la caja y encuentra una cuna hecha a mano.) ¡Oh, cariño!

JOSÉ. Bueno, ya sé que no es un pesebre pero pensé que lo podríamos utilizar esta noche. La hice yo mismo.

MARÍA. ¿Cuándo?

JOSÉ. La empecé hace algún tiempo... Antes de que... Bien, ya sabes. La iba a poner en el cuarto del niño para cuando tú regresaras del hospital...

MARÍA. Es muy bonita. (Empieza a llorar.)

JOSÉ. No, cariño, por favor...

MARÍA. Ahora tendría 18 meses.

JOSÉ. Lo sé.

MARÍA. Nunca pudimos traerlo a casa para que pudiera dormir en su cunita...

JOSÉ. No la había terminado del todo. No tenía una razón para hacerlo hasta ahora.

MARÍA. Lo tuve antes de tiempo. Pausa. Estaba tan furiosa contigo, conmigo misma e incluso con Dios.

JOSÉ. Tenía miedo.

MARÍA. ¿Miedo? ¿Por qué?

JOSÉ. Porque no quería perderte. Parecías tan ausente en ese tiempo que pensé que nunca volvería a ser todo igual.

MARÍA. Pero no fue así.

JOSÉ. Gracias a Dios.

MARÍA. Sí, gracias a Dios. ¿Sabes? Se acaricia la barriga. Esto significa que tenemos que dar a todos las buenas nuevas, ¿no crees?

JOSÉ. Pero primero tenemos que encontrar a alguien. Vamos a ver si los encontramos...


ESCENA V

(La Directora entra con todos los demás pero el Ángel está en toc.)

DIRECTORA. No vamos a meter animales de verdad en el portal.

R.M. 1. Sería estupendo.

TODOS. ¡Sería un desastre!

DIRECTORA. No puedo creer que vayamos tan retrasados. He tenido que empujar a la gente. Por favor, vestíos y empecemos.

(Los personajes se preparan pero están tonteando con los objetos y entre ellos...)

MESONERO. Mientras se pone su túnica. ¿Dónde está el coro? ¿No se supone que tenían que estar aquí también?

DIRECTORA. El coro. Me había olvidado del coro. Tendrían que haber llegado hace una hora. ¿Dónde está el coro?

R.M. 2. ¿Falta el coro?

MARÍA. No se han perdido. Me parece que uno de ellos dijo que se iban a preparan un poco para el ensayo yendo a cantar villancicos al hospital.

DIRECTORA. ¿A cantar villancicos? ¿Ahora!!!!

JOSÉ. Es Navidad. ¿En que otro momento del año irías a cantar villancicos si no es en Navidad?

DIRECTORA. ¡Podrían haber ido en cualquier otro momento pero no ahora! Alza las manos al cielo y se sienta en el suelo. Lo abandono. ¿Por qué razón íbamos a continuar?

ÁNGEL. (Entra con su disfraz puesto, con un pequeño artículo en su mano. Coloca el podio, sube sobre él y dice en viva voz.) “No temáis porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor”. Se baja del podio. ¿Sabéis? Ese mensaje tiene tanto valor hoy como en el pasado. Jesús nació, vivió, murió, resucitó...

R.M. 3. En Él hay vida nueva.

MARÍA. Y curación.

MESONERO. Y perdón... si sólo le invitas a pasar.

ÁNGEL. ¡Esa es la razón!

CORO. En la distancia. ¿Alguien necesita un coro por aquí? Sentimos llegar tarde...

DIRECTORA. Está bien. Vamos a empezar. ¡Cada uno en su puesto!
(Los personajes se han terminado de vestir y en un frenesí de actividad, el escenario cobra más luz y se convierte en el portal. Los personajes se colocan en su lugar representando un belén y el coro se sitúa al final y canta el último villancico.)

Copyright Annette Wetherbee, todos los derechos reservados.