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2012 - España

Tres cuentos tristes y un sueño

15 Minutos y 7 Personajes + Extras. Un niño descubre un libro en el desván. Leerá distintas historias y buscará una solución para una de ellas. De temática navideña se puede utilizar para otra época del año.


TRES CUENTOS TRISTES Y UN SUEÑO


PERSONAJES
(Todos los personajes excepto el niño y el narrador son títeres.)

NIÑO
NARRADOR
BUHO
JUGLAR
VIEJO
REY
REINA
EXTRAS

NARRACIÓN

Cuentan los viejos de blancos cabellos que hay sitios donde descansan los sueños, donde el pasado se mezcla inexplicablemente con el futuro, donde las sombras se alargan hasta hacerse gigantes. Son lugares silenciosos y comunes que relatan, entre telarañas, empolvados y lejanos cuentos.
En mi casa, al final de una larga escalera, había uno de estos lugares, un misterioso desván; un desván con grandes arcones, con chirriantes maderas, con cientos de cajones plagados de secretos por descubrir. Era un lugar especial. Entraba en él apocadamente temiendo despertar los miles de recuerdos que allí dormitaban. Siempre recordaré aquel húsar de plomo medio despintado, aquella caja de música en la que lentamente giraba una etérea y rosada danzarina, aquellos cuadros de caza barnizados y ocres... tantos y tantos objetos opacos e inmóviles que escondían las más fascinantes aventuras.
Aquel día subí por un encargo. No me agradaban los recados; me fastidiaba tener que ir a recoger mi habitación, limpiar mi bicicleta, comprar el pan que siempre se olvida pero aquello... aquello era diferente. Mamá me había pedido que subiese al desván y bajase los adornos para el abeto. Cada año se repetía el ritual. Se cogía aquella caja grande de cartón que olía a viejo, se bajaba al salón y como si de una ceremonia se tratase se colocaban una a una las luces, los colores, las cintas, los paquetes de polícromos lazos. Era el primer aviso de que la Navidad se acercaba pausadamente.

(Durante el relato que sigue, un niño entra en la habitación y sigue el desarrollo de la narración.)

Entré, como siempre, lentamente, callado. Sabía que la caja se encontraba al fondo. Puse la mano delante de la vela temiendo que se apagase. El suelo chirriaba lastimeramente. Me sabía el camino de memoria: primero la plancha de coser, luego la radio de mi abuela, el reloj de pared, el baúl de madera... el baúl de madera. Siempre había pasado a su lado, me era tan común que ni me había planteado el mirar lo que había dentro. Una exacerbada curiosidad me inundó. ¿Qué increíbles historias se esconderían en su interior?
Lo abrí con una exaltación inusual y, francamente, me sentí un poco desilusionado. En su interior tan solo había un libro. Quitando el polvo de su exterior pude leer: “Tres cuentos tristes y un sueño”. La portada estaba roída por algún ratón despistado que se pensó que había descubierto un pedazo de queso y que se encontró con el insípido sabor de la lectura. Al hojear la primera página una advertencia me hechizó: “NO LEAS ESTE LIBRO SI QUIERES ABRIR LOS OJOS, SI ESPERAS QUE LA LUZ SIEMPRE SEA TENUE, SI BUSCAS PASAR POR ESTA VIDA COMO SI NO PASASES”.
Era lo que llevaba esperando hacía mucho tiempo, un libro que me llevase al mundo de la fantasía. Comencé desesperadamente a leer el primer capítulo.

NIÑO. Érase una vez... ¡Siempre empiezan lo mismo! Érase una vez en una granja de una lejana tierra que vivía un abeto, un gran abeto. Era un árbol de muchísimos años que se llamaba Don Abeto Muchosaños. Era muy, muy grande y su sombra refrescaba en verano los animalejos de la granja y cobijaba en invierno de las nieves y del frío.

(Continúa la narración un títere: un búho.)

BÚHO. Yo conocía desde siempre a Don Abeto Muchosaños. Cuando salí por primera vez del cascarón él ya estaba allí. Aprendí a volar entre sus ramas y más de una vez me tuvo que agarrar para que no me cayese. Era todo un árbol. Rara vez sonreía y cuando hablaba todos los seres de la granja quedaban en silencio.
Nuestra granja era muy ruidosa. En ella había muchos animales. Estaba la señora Cerdita del Cieno con sus lechones (se ilumina a Doña Cerdita y a sus lechones), era inconfundible, sobretodo por su olor. Don Pavo Milplumones era de lo más espectacular, vestía de lo más “in”, demasiado coqueto para ser pavo (se ilumina al ave). Don Pollino Testarudez (se ilumina al pollino) era otro de los integrantes de la granja. Ni qué decir que no veía mucho más allá de sus orejeras. ¡Mirad! Ese es Don Gallo Kirikí rodeado de sus polluelos (se ilumina al gallo y a sus polluelos), es un tenor muy bueno. Todas las mañanas nos ameniza con dulces melodías. A todos les gusta mucho, bueno, a casi todos. A Don Ganso Gansotez (se ilumina al ganso) le molesta escucharle. Y, por último, éstas son otras integrantes de nuestra granja (se ilumina a las ovejas), las ovejas de la familia Rebáñez.
Todos vivíamos en la granja muy felices casi todo el año. Mirad.

(Canción de los animales de la granja.)

BÚHO. ¡Ojalá fuera siempre así! Nuestra felicidad dura hasta que llega la fecha. La fecha es algo terrible para todos nosotros. En la fecha los humanos nos eligen para ser sus víctimas. Ellos celebran algo que exige la muerte de algunos de nosotros. Los humanos son así, no les importa quién sufra con tal de que ellos se lo pasen bien. La fecha se está acercando y muchas granjas se quedarán vacías porque los humanos vendrán a llevarse a muchos a los mataderos. ¡Ojalá el humano se diese cuenta de que nosotros también existimos! ¡Que sentimos dolor y miedo! Pero, el humano, sabe tan pocas cosas.
¿Qué es esto que oigo? El humano se acerca.

(Todos aterrorizados. Se apaga la luz y se ilumina al niño.)

NIÑO. ¿Qué es eso? Aquí falta una página. ¡Vaya libro! Si lo llego a saber no comienzo a leerlo. (Tira el libro.) Bueno, a lo mejor tiene otra historia más, alguna historia fascinante. (Coge el libro y comienza a leer.)
¨Érase una vez – otra que empieza igual- Érase una vez en un país tan lejano que no existen mapas, ni carreteras para encontrarlo que había un castillo. El castillo era grande y fuerte, vetusto y con mucha yedra, era el castillo de un rey muy amable.

(Continúa la narración un títere: un juglar.)

JUGLAR. Un rey muy amable que se llamaba Cariñoso IV del noble linaje de los reyes de la Casa de los Simpáticos que llegaron a Amabilandia cuando las alegrías desaparecieron en el perdido mundo de Alegría. Cariñoso IV estaba felizmente casado con la reina Linda del Noble linaje de los Hermosos. Un tío suyo se hizo muy famoso, se llamaba Felipe. Los reyes podían ser muy pero muy felices pero se encontraban tristes porque su hijo, Cariñoso V tenía una terrible enfermedad. Muchos años atrás (se representa mientras se relata) llegó al palacio un hechicero malísimo que se hacía pasar por curandero y regaló a los reyes un monstruo horrible con la excusa que era un instrumento de información y cultura (el hechicero le regala una Televisión). El “Dragón de un solo ojo” cautivó al pequeño príncipe que dejó todas sus actividades para estar tan sólo delante del monstruo. “El Dragón de un solo ojo” hacía que el príncipe hablase cada vez menos con sus padres y le sumía en un hipnotismo mortal.
Los reyes trajeron delante del príncipe los mejores juglares (aparecen juglares y cantan) y no resultó nada. Trajeron los mejores bufones (aparecen los bufones contando chistes) y no resultó nada. Trajeron los mejores domadores de fieras (salen varios domadores con leones) y no resultó nada. Trajeron los mejores prestidigitadores y magos de pacotilla (hacen juegos de manos) y no resultó nada. Los reyes estaban muy pero que muy tristes porque si pronto no se daba una solución seguramente que “El Dragón de un solo ojo” terminaría con la vida del príncipe. (Se apaga de nuevo la luz y se ilumina al príncipe).

NIÑO. De nuevo falta una página. ¡Odio este libro! No le da solución a ninguna historia. Estoy harto... (Deja el libro y hace como si se marcha, lo mira de reojo y vuelve lentamente hacia él.) “Érase una vez... ya pesa, ¿eh? Un constructor de marionetas que era muy pobre muy pobre. Se había pasado la vida haciendo felices a los niños pero ya era tan viejo que apenas podía salir de casa. Pasaba mucho frío, mucho hambre y se sentía muy solo. Los viejos necesitan el apoyo de los demás si no...

VIEJO. Si no los viejos se pueden morir de tristeza. Sólo os tengo a vosotros, mis títeres. Antes venían a casa algunos jóvenes para aprender el oficio, eran aprendices. Yo había aprendido a hacer mis títeres al igual que mi padre y mi abuelo. Y así como había aprendido enseñaba. Pero, duraron poco. Los jóvenes quieren dinero fácil y rápido sin pensar si su trabajo sirve para una buena causa o no. Así me encuentro hablando conmigo mismo y sólo. Antes podía divertir con mis marionetas pero ahora, sin nadie, no tengo ilusión de vivir, (se acerca a un títere de bailarina) ¿Te acuerdas danzarina la de bailes que hemos hecho juntos? (Le hace bailar. Se acerca a dos soldaditos y los hace desfilar). ¿Os acordáis la de marchas que hemos hecho? (Se acerca a dos payasos.) ¡Qué bien nos lo pasábamos haciendo reír a los niños! (Coge una batuta y se levanta toda una banda de títeres. Poner música. Desafinan las cuerdas.) Estoy demasiado sólo para seguir viviendo. Me gustaría dejar este mundo de tristeza. Morir... (Se apagan las luces.)

NIÑO. No puede acabar así esta historia. ¡No puede acabar así esta historia! Espera, aquí hay algo... “¿Quieres solucionar lo insoluble? ¿Quieres dar esperanza al que no la tiene? Por supuesto... ¿Qué tengo que hacer?... ¿Soñar?... ¿Cómo puedo soñar despierto? Nadie sueña despierto. Bueno, lo intentaré (cierra los ojos con fuerza, se apagan las luces y cuando se encienden se encuentra al lado del fabricante de marionetas.)

VIEJO. Tú... ¿Quién eres?

NIÑO. Eso importa poco. Vengo a ayudarte.

VIEJO. ¿A ayudarme?

NIÑO. Por supuesto, no puedo permitir que un maestro en el difícil arte de hacer y manejar los títeres se muera de tristeza y soledad. No sería justo.

VIEJO. Hay tantas cosas injustas en este mundo.

NIÑO. Es verdad tienes toda la razón. Conozco a un niño que morirá bajo las fauces de un terrible dragón si no le ayudas. Eso es una injusticia terrible, ¿verdad?

VIEJO. Por supuesto. ¿Qué tipo de dragón es? Lameante, Escamoso, Devorador. ¿Qué color tiene? Azul, verde, rojo.

NIÑO. Es de los peores, es... “el Dragón de un solo ojo”.

VIEJO. ¿”El Dragón de un solo ojo? Es terrible. ¿Dónde está ese niño?

NIÑO. Ven conmigo y te lo mostraré.

(Se apagan las luces y cuando se encienden se encuentran ante el rey, la reina, el príncipe, el séquito y el temido “Dragón”.)

NIÑO. Majestad, venimos a salvar a su hijo.

REY. Es imposible. El Dragón de un solo ojo lo tiene totalmente hechizado.

NIÑO. Pero yo tengo un amigo que puede ayudarle. Por favor, maestro, puedes mostrarle qué hermoso es el mundo de la imaginación. (El maestro hace una exhibición con sus títeres y el príncipe se aparta del Dragón.)

REINA. Por fin hemos recuperado a nuestro hijo.

REY. (Dirigiéndose al niño) Te daré lo que desees.

NIÑO. Majestad, quisiera que hicieseis un zoo muy especial.

REY. Dime dónde y lo haré.

NIÑO. Venid conmigo. (Se apagan las luces y aparecen en la granja.) Estos animales cada año mueren en la fiesta de la Navidad. Permitidles un armisticio. Haced de esta granja un gran zoo. Que los niños puedan jugar con los animales, escuchar los cantos del gallo, cobijarse bajo la sombra del viejo árbol. Los animales también sufren. Que en vuestro reino todo sea alegría.

REY. Sea como tú dices, pues tus palabras son sabias.

(Voz en off del Niño.)

NIÑO. Aquel fue un hermoso sueño. Uno de esos sueños que tan solo se tienen en sitios como el desván de mi casa. Sueños que cambian nuestras vidas, que nos llenan de ilusión, de esperanza. Sueños que abren nuestros ojos, sueños que hacen crecer en nuestro interior un ideal. Desde entonces procuro que todos los días sean Navidad, que nadie sufra ni esté triste, que los niños se aparten de los cientos de dragones que les rodean, que los ancianos estén menos solos. De vez en cuando he de volver a aquel desván pues el mundo me aplasta y de nuevo vuelvo a escuchar el canto de don Gallo Kirikí, la música de los juglares del castillo de Cariñoso IV, el bailoteo de los títeres del maestro. Es entonces cuando recuerdo que no importan los cuentos tristes si hay un hermoso sueño.