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2012 - España

MUSICAL DE DAVID

1 hora y 15 Personajes + extras. Musical que repasa la vida de David. El personaje de David cambia a lo largo de la obra a media que va envejeciendo.
MUSICAL DE DAVID
© Arrate Gallego
PERSONAJES
DAVID
ELIAB
SAÚL
CORTESANO
DONCELLA 1
DONCELLA 2
MERAB
MICAL
SOLDADO 1
SOLDADO 2
SOLDADO 3
BETSABÉ
SALOMÓN
MÚSICO REAL
AYUDANTE
Aspirantes al coro
ESCENA PRIMERA
(David aparece en el escenario, sentado sobre una roca vestido de pastor, con un instrumento musical en la mano. al fondo las ovejas pastando. David canta el salmo veintitrés -versión de Aline Barros traducida.)
ELIAB. ¿Ya estás cantando otra vez? ¿Dónde crees que vas a llegar dedicándote a eso?
DAVID. No sé qué será de mi vida, pero de lo que sí estoy seguro es de que la música me acerca a Dios.
ELIAB. Deberías dedicarte a labores serias, como cuidar mejor el rebaño.
DAVID. No he perdido ninguna oveja a manos de las alimañas. Ayer mismo me enfrenté a un león para protegerlas.
ELIAB. ¿Tú? ¿Y con qué te enfrentaste a él? ¿Con la lira?
(David se levanta y se encara con su hermano.)
DAVID. Con estas dos manos le hice frente.
ELIAB. ¿No sería que te pusiste a cantar y el animal salió huyendo de miedo?
DAVID. ¡No se puede hablar contigo! ¡No entiendes nada!
ELIAB. ¿Qué no entiendo nada? Yo tengo responsabilidades que tú ni conoces. Crees que por cuidar de un puñado de ovejas ya eres un hombre.
DAVID. Yo hago mi parte, como vosotros.
ELIAB. A ninguno de nosotros nos sobra tiempo para canturrear por ahí.
DAVID. Yo no desatiendo mis tareas, pero las hago al son de la música.
ELIAB. ¡Niñato!
ESCENA SEGUNDA
(David se encuentra en una estancia del palacio, cantando o tocando una canción para Saúl. El rey aparece sentado descansando.)
CORTESANO. ¿Os encontráis mejor, mi señor?
REY. Debo confesar que así es.
CORTESANO. ¿Es de vuestro agrado la música?
REY. Lo es. Gracias a su armonía puedo encontrar la paz.
CORTESANO. Sabía que la presencia de este joven le harías bien, majestad.
REY. No sólo es buen música, sino que además posee una buena educación.
CORTESANO. Y no olvidéis que además es un hábil guerrero.
REY. Su padre Isaí ha hecho un gran trabajo con él.
CORTESANO. Sus conocidos dicen que el Señor está con él, en todo lo que hace.
REY. ¡Calla! Esta parte de la composición me deleita. (Comienza a tararear siguiendo la música.) Su cadencia serena mi espíritu atormentado, haciéndome creer que puedo liberarme para siempre de mis pensamientos tortuosos.
CORTESANO. Lo que vos digáis, mi Señor.
(David sigue tocando su instrumento, mientras el rey poco a poco se va adormeciendo. El cortesano se retira caminando hacia atrás simulando no hacer ruido. Se puede poner música de arpa y usar una de plástico. David observa al rey dormido y deja de tocar. Saúl abre un ojo furioso y le arroja la sandalia. David la esquiva y continúa tocando. El cortesano se acerca a David y en un susurro le dice...)
CORTESANO. Más vale que tengáis cuidado, cuando se altera es peligroso.
DAVID. Seguiré tocando hasta que se calme, aunque tenga que hacerlo durante toda la tarde.
ESCENA TERCERA
(Aparece un grupo de mujeres en el salón hablando entre ellas.)
DONCELLA 1. ¿Habéis visto al nuevo muchacho que ha llegado para servir al rey?
DONCELLA 2. Sí. ¡Es un muchacho muy apuesto!
MERAB. ¿De quién habláis?
DONCELLA 1. Del gallardo joven que toca para el rey.
MICAL. ¿Lo habéis visto? ¿Cómo es?
DONCELLA 2. Es alto, castaño, de buen porte... (Habla embelesada.)
MERAB. ¡Ya estás exagerando!
DONCELLA 1. ¡No exagera ni lo más mínimo! Es gentil y buen músico.
MICAL. ¿Dónde está ahora?
DONCELLA 2. En el salón, tocando para vuestro padre.
(Se acercan todas hacia una cortina y observan en silencio unos segundos. Luego regresan al centro del escenario emocionadas.)
DONCELLA 1. ¡A que es maravilloso!
MERAB. Yo no lo veo tanto. Es un chico de lo más normal.
MICAL. Pues a mí me gusta. ¿Sabéis cómo se llama?
DONCELLA 1. He oído decir a un cortesano que se llama David.
MICAL. ¡Qué nombre más bonito!
MERAB. ¡Vamos! Si es un nombre normal y corriente como Ebiasaf o Amasay.
DONCELLA 2. ¡Qué cosas dices! Lo que pasa es que a ti te gusta Adriel y ya no hay otros hombres, fuera de él.
MICAL/DONCELLA 1. ¿Queeeeéé?
MERAB. ¿Cómo has podido decir eso? ¡Era un secreto! Te voy a...
(Merab persigue a su doncella mientras las otras dos intentan detenerla. Salen corriendo del escenario.)
ESCENA CUARTA
(Aparece en el escenario David huyendo, vestido de soldado. Varios hombres ataviados para la lucha, lo acompañan.)
DAVID. ¡Ya no puedo más! Estoy cansado de vivir huyendo. ¡Con todo lo que he hecho por el rey! ¿Cómo puede ser que pretenda matarme?
SOLDADO 1. No lo sé. Pero esta vez ha estado muy cerca.
SOLDADO 2. Podríamos atacarle nosotros por sorpresa y acabar con él.  
DAVID. Tiene que haber otra manera de solucionar el problema. (David se sienta en el suelo y sus acompañantes también.)
SOLDADO 3. Saúl desea acabar con tu vida, pero su hijo te tiene en gran estima. Si acabas con el padre, podrás vivir en paz.
SOLDADO 1. Cierto. Si el rey muere, terminará tu pesadilla. Podrás ser libre y vivir donde te plazca.
SOLDADO 2. Si decides luchar contra él, yo te seguiré. Aunque me cueste la vida.
DAVID. Vuestras palabras me halagan. Pero, ¿cómo podría yo hacer daño al ungido de Dios?
SOLDADO 3. Puede que sea el ungido de Dios, pero se comporta como un pagano.
DAVID. (Se levanta.) Lo sé. Su comportamiento está lejos de lo que debería ser un líder de Israel. Aún así yo debo ser fiel a Dios a pesar de todo.
SOLDADO 1. Tu integridad te honra. Sólo espero que tu decisión sea la acertada.
SOLDADO 2. Continuaremos a tu lado en cualquier circunstancia.
DAVID. Agradezco vuestra fidelidad. Si todavía sigo vivo es gracias a la ayuda divina y a vuestra compañía.
SOLDADO 3. Somos nosotros los que debemos agradecerte que nos dejes acompañarte. Tú nos has dado esperanza.
DAVID. La esperanza nos la da el Señor. El que habita al abrigo de Dios...
SOLDADO 1. Se acoge a su sombra...
(Canción: "El que habita al abrigo de Dios" - Steve Green. Sería genial si la cantaran los cuatro.)
ESCENA QUINTA
(David aparece en su palacio, vestido como rey dando vueltas por el salón del trono. Su esposa Betsabé está bordando en un rincón.)
DAVID. ¿Cómo podría yo honrar a mi Dios como se merece? yo tengo un palacio y riquezas y el Señor mora en una tienda hecha de telas.
BETSABÉ. ¿Por qué no descansas un rato de tus preocupaciones?
DAVID. Porque los días se me van y ya estoy viejo.
BETSABÉ. Dios sabe que te has esforzado por seguir sus caminos toda tu vida.
DAVID. Pero aún me queda una cosa por hacer. La última misión de mi vida.
SALOMÓN. ¿De qué estás hablando, padre?
DAVID. ¡Ven aquí, hijo mío! En mi cabeza da vueltas una idea desde hace algún tiempo, que no me deja descansar.
SALOMÓN. ¿Y cuál es esa idea? ¿Qué te tiene tan preocupado?
DAVID. Quisiera construir un templo para nuestro Dios.
SALOMÓN. ¿Un templo? ¿De piedra y madera? ¡Es una gran idea!
DAVID. Celebro que te guste, porque tú tendrás que ayudarme.
SALOMÓN. ¿Yo? ¿Por qué? ¡No me necesitas! Eres el rey y tienes todo a tu disposición.
DAVID. No se trata de eso, hijo mío. Sé que dispongo de muchas cosas...
SALOMÓN. ¿Qué te impide empezar la obra? ¡Eres un hombre de fe! Toda tu vida has perseverado al lado del Señor.
DAVID. Yo he sido sólo un hombre, un pecador de quien Dios ha tenido misericordia. Mis manos están manchadas de sangre (se mira las manos). yo no soy digno de esa obra.
SALOMÓN. Pero, padre, el templo debe ser construido. Es tu aspiración y sé que Dios prosperará tu empresa.
DAVID. Tú serás el que edifique ese templo.
SALOMÓN. ¿Yo? ¡Si no sabré hacerlo! ¡Soy sólo un muchacho! Nadie me tomará en serio.
DAVID. Tendrás a tu disposición los planos y las instrucciones que vas a necesitar. Todo está ya diseñado: el atrio, los pórticos... Además he hecho provisión de materiales diversos, para cuando comiences la tarea.
SALOMÓN. Padre mío, agradezco tu confianza, pero no me veo capaz de llevar a cabo tal obra.
DAVID. Sé fuerte y valiente. El Señor no te dejará ni te abandonará hasta que hayas terminado toda la obra del templo del Señor.
(Desaparecen hablando entre ellos detalles de la construcción.)
ESCENA SEXTA
(Aparecen en escena el música real y su ayudante.)
MÚSICO. ¡Vamos! ¡Vamos! El rey quiere tener todo listo cuanto antes.
AYUDANTE. Sí, sí, ya voy. Pero tienes que saber que me has avisado con muy poco tiempo. Aún así ha venido mucha gente.
MÚSICO. Eso es bueno, podremos elegir a los mejores talentos de Israel.
AYUDANTE. ¿El rey quiere un coro muy numeroso?
MÚSICO. Se le h ocurrido la ingeniosa cifra de doscientos ochenta y ocho.
AYUDANTE. ¿Qué? ¿Sabéis lo que cuesta dirigir a tanta gente?
MÚSICO. Sí. Por eso he ideado un proyecto para hacer varios grupos y tener siempre canciones nuevas en el servicio del templo.
AYUDANTE. Eres muy ingenioso... ¿Seguro que eso no se le ha ocurrido al rey?
MÚSICO. Bueno... en parte, pero yo concreté la idea.
AYUDANTE. (Señalando hacia el público.) ¡Mira! ¡Todos estos se han presentado para el coro!
MÚSICO. ¡Muy bien! Estoy más que satisfecho con tu trabajo. Ahora ve indicándoles que pasen en orden, para que nos muestren su talento.
AYUDANTE. (Señalando al público.) Tú y tú, acercaos para la prueba.
(Dos actores se acervan y cantan una estrofa de un himno.)
MÚSICO. ¡Me gusta!
(El Ayudante va señalando a distintas personas del público que se van colocando para formar un coro. Puede ser un octeto. Aunque la idea original de David fueron doce personas. Aparece David, algo encorvado por los años y se sienta frente a ellos. El músico real dirige un canto con el nuevo coro. La canción puede ser "Yo iré" de Steve Green.)
DAVID. (Se ve emocionado. Se vuelve hacia el público y levantando las manos dice...) Señor, bendice nuestra alabanza, para que sea agradable a tus oídos.
TODOS. Amén.