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2012 - España

Pedid y se os dará

10 Minutos y 4 Personajes. Una niña pobre decide escribirle una carta a Dios confiando en su promesa de pedir y se os dará. Los empleados de correos se conmueven con su carta y le entregan lo que ha pedido.


PEDID Y SE OS DARÁ


PERSONAJES

MADRE
HIJA
CARTERO
EMPLEADO


CUADRO PRIMERO

(Representada en una humilde habitación. La madre en la cama, y la niña en una silla a su lado.)

MADRE. Oremos, hija mía, teniendo confianza en la promesa del bendito Jesús que dijo: "Pedid y se os dará".

HIJA. Mamá, ¿dónde está Jesús?

MADRE. Está en el cielo.

HIJA. ¿Y tiene medicina allá? Porque es lo primero que yo le quiero pedir para que te cures tú y puedas trabajar y así tendremos qué comer.

MADRE. Tú no podrías comprender si yo tratara de explicarte cómo se vive en el cielo, pero ten la seguridad que Dios puede dar todo lo que le pidas.

HIJA. Mamacita, ¿y si yo le pido juguetes me los puede dar?

MADRE. Sí, hija mía, sí puede; pero si se los pides y no te los da, no llegues a pensar que no tiene poder, o que permanece sordo a las suplicas de sus hijos. A veces no sabemos pedir lo mejor, porque no pedimos lo que nos hace falta.

HIJA. Pues, ¿cómo debemos pedir?

MADRE. Dice San Pablo que "sin fe es imposible agradar a Dios, porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan". Es decir hay que pedir con fe y confianza.

HIJA. Bueno, mamá, oremos. ¿Y le vamos a decir a Dios que mañana es Noche Buena y que estamos muy pobres, que tú estás enferma y que nos dé todo?

MADRE. Sí, hija, sí se lo podemos decir, pero siempre confiando que la respuesta que Él nos de es lo mejor.

HIJA. Bueno, mamacita, oremos pues... (Repetirá lo que diga la madre.)

MADRE. Padre celestial: Escucha tú la oración de mi hijita, y tú que conoces nuestras necesidades, contéstanos conforme a tu voluntad, y no a la nuestra, pues, estamos seguras de que lo que tú nos mandes será lo mejor. Mañana es Navidad; y es cuando sentimos tanto gozo en nuestro corazón, porque recibimos el regalo más hermoso de nuestra vida que es Jesús tu Hijo, por cuyos méritos te pedimos remedies tú nuestras necesidades.
Amén.

HIJA. Ahora, mamacita, procura dormirte.

MADRE. Tú también acuéstate, ya que es muy tarde. (Se vuelve hacia la pared.)

HIJA. (Hablando sola.) Yo no tengo sueño todavía. Voy a leer el Nuevo Testamento que me regaló mi maestra... (Después de leer unos momentos levanta la cabeza y ve que su mamá duerme. Habla para sí.) Quién sabe si entre tantas personas que le estarán pidiendo a Dios muchas cosas para la Noche Buena, nuestra oración vaya a llegarle tarde... Yo creo que sí le mando una carta a Dios me contestará muy pronto. (Busca en un rincón papel y lápiz, se pone a escribir en la silla: cuando acaba de escribir lee en voz alta y luego rotula el sobre hablando en voz fuerte. 23 de Diciembre de 200...) Querido Dios: Estoy muy triste, porque mi papá se murió, No tenemos ni luz. Mi mamacita está muy enferma. Es tiempo de Navidad. Contéstame pronto al número 17 de la calle en que vivo, que es de las Flores. Quiero medicina para mi madre y un vestido para mí. Recuerdos a los angelitos, y tú recibe el cariño de tu hija. Angélica. Al Señor Dios, en los Cielos.
Y para que camine toda la noche, voy a ponerla ahora mismo al buzón, mientras está dormida mi mamá. (Sale.)



CUADRO SEGUNDO

(Una oficina de correos. Un empleado escribiendo y un cartero acomodando y sellando cartas. Empiezan hablando en broma.)

CARTERO. Oye, ¿dónde es el cielo?

EMPLEADO. Allá arriba.

CARTERO. ¿Por qué tren se va al cielo?

EMPLEADO. ¿Cómo por qué tren?

CARTERO. Sí, hombre, aquí hay una carta al Señor Dios, en los cielos. ¿Por qué tren debe salir?

EMPLEADO. A ver, hombre. ¡Já, Já, Já! Mándala a la dirección General de Correos a ver si allá saben. Bueno, deja eso que debe ser de algún loco, y acaba.

CARTERO. De un loco o de un niño.

EMPLEADO. De un loco, pues ni un niño se le puede ocurrir que llegue una carta al cielo.

CARTERO. Yo apostaría que se trata de un niño, pues mira la letra muy mal hecha.

EMPLEADO. O de alguno que se quiere burlar de nosotros.

CARTERO. Veamos... (Rompe el sobre, saca la carta y lee en voz alta. Pausa.) ¿Crees ahora que esta carta es de un loco?

EMPLEADO. Ahora estoy seguro que es de una niñita pobre. (Queda pensativo.)

CARTERO. (Después de una pausa y con voz conmovida.) ¿Te imaginas qué triste debe ser estar pensando en la Noche Buena, con una madre enferma, sin luz, sin medicinas y sin alimentos?

EMPLEADO. En verdad que ha de ser triste.

CARTERO. ¿Quieres que hagamos algo por esta niñita?

EMPLEADO. Nosotros daremos algo de lo nuestro e invitaremos a los compañeros a contribuir.

EMPLEADO. ¿Y luego?

CARTERO. Pues ahora que voy a repartir las cartas le llevo lo que juntamos: además, aquí está la dirección.

EMPLEADO. ¿Y tú crees que la mamá va a creer que Dios mandó el dinero?

CARTERO. En primer lugar la madre no sabe de esta carta.

EMPLEADO. ¿Y cómo sabes tú que la madre no sabe?

CARTERO. Hombre es muy sencillo. No hubiera dejado a la niña escribir esta carta; porque la carta podía haber sido rota o tirada en la oficina, juzgándola, como tú lo has hecho, que sería de un loco, y exponía a su hijita a una decepción. En segundo lugar, si es cristiana y de una fe muy grande en Dios, que la hizo dejar a la niñita que escribiera en la confianza que obtendría respuesta, me alegro mucho de ser instrumento en las manos de Dios para contestar una fe tan grande.

EMPLEADO. Bueno, aceptado. Sigamos adelante con esta bendita obra.



CUADRO TERCERO

(La misma decoración que en el principio. La madre sentada en la cama. La niña en la silla.)

MADRE. Ya ves, hija mía, no hemos tenido con qué desayunarnos, pero no por eso desconfíes de Dios. Le hemos dicho que hoy es Noche Buena y le hemos pedido que nos socorra. Él sabrá cómo lo hace y a qué hora.

HIJA. Yo también estoy esperando que nos responda. ¡Oye mamá! ¿Y hay correo para los cielos?

MADRE. No, hija.

HIJA. ¿Y telégrafo?

MADRE. Podríamos decir que sí, porque la oración sube como la electricidad a través de los cables, que simboliza la fe, que es la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve.

(Se oye llamar a la puerta.)

MADRE. Oye, hijita, parece que llaman; Anda y ve quién es.

CARTERO. ¿Vive aquí la niñita Angélica?

HIJA. Sí. yo soy, yo soy…

CARTERO. Aquí tiene usted esta carta y este paquete.

HIJA. ¡OH, gracias! ¡Gracias! ¡Mamá! ¡Mamá!

MADRE. ¿Qué es, hijita?

HIJA. Es la contestación de Dios.

MADRE. ¿Cómo la contestación de Dios?

HIJA. Sí, mamacita; tú me dijiste anoche que el Señor Jesús dijo: "Pedid y se os dará". Y yo pedí anoche a Dios estas cosas y mira, ya me contestó.

MADRE. ¿Cómo se las pediste?

HIJA. Pues en una carta que la mandé al correo de los Cielos.

MADRE. ¿A qué horas?

HIJA. Cuando te quedaste dormida la hice y fui corriendo a dejarla al buzón.

MADRE. ¡Ah! Ya comprendo.... Los empleados… Sí, hijita, fue Dios el que movió a misericordia, y aquí tenemos la contestación. ¿Ya ves qué bien dijo el Señor Jesús: "Pedid y se os dará?” Y es necesario allegarnos a Dios con fe. Ahora, démosle las gracias a Nuestro Padre Celestial.

(Oran.)

MADRE. Amoroso Padre que estas en los cielos, gracias te damos por tu amor infinito y por el cuidado que tienes de nosotros tus hijos, ¡Oh buen Padre Celestial! Ya que te has dignado contestar las suplicas de esta querida hija que tú me has dejado para ayudarme y cuidarme en mis enfermedades; ya que te has servido contestar a la inocencia y la fe de mi hijita, dígnate a cuidarla de las tentaciones de este mundo conserva siempre en ella este candor, esta inocencia y esta fe. Ahora, Padre celestial, ya que nos das alimento, para nuestro espíritu y la medicina para las enfermedades del alma. Te lo pedimos, con el perdón de nuestros pecados, por tu Hijo amado, nuestro bendito y eterno Salvador, Cristo Jesús, Amén.