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2012 - España

¡Escúchame, por favor!

30 Minutos y 11 Personajes. Los hijos de la familia Rodríguez viven con poca atención por parte de su padre, que no los escucha, y porque su madre está gravemente enferma en el hospital. El padre empieza a salir con otras mujeres mientras que los hijos se juntan con amigos poco recomendables. A esa familia les hace falta un salvador: Jesucristo.


¡ESCÚCHAME, POR FAVOR!
María Alejandra de la Barrera

PERSONAJES

PAPÁ: JULIO RODRÍGUEZ
MAMÁ: RINA
AMIGO DEL PAPÁ: PACO ALCAHUET
HIJA: LAURA
HIJO: FABIÁN
AMANTE: CUCHI
CRISTIANO: CRISTIAN
AMIGOS DE LA UNIVERSIDAD: DELCY, KATY, TATO
MÉDICO DE LA CLÍNICA: DOCTOR REMBERTO BUELVAS




PRIMERA ESCENA

(El padre de Laura es un hombre moderno. Su vestimenta es de ejecutivo, tiene dinero. Son una familia de muchas facilidades. Es presumido de su aspecto físico y posición social y económica. Este hombre se ama mucho a sí mismo, es orgullo y presume ser un buen padre. Laura es una chica que se encuentra deprimida por la situación de su madre: ella está en una edad muy difícil para tomar decisiones y le afecta todo lo que pasa a su alrededor.)

LAURA. ¿Me llama su secretaria? ¿Sí, dígame? ¿Que lo llame ahora? ¿Qué pasa con mi mamá? ¿Va a salir o qué? ¿Qué? Pero, ¿por qué otra vez? No, pues, chao. ¡Gracias!

PAPÁ. ¡Hola! (Despeina a Laura cuando entra y le silva.)

LAURA. Siempre me saluda como a un perro… Hoy no estoy para jueguitos, viejo, ¿ah?

PAPÁ. Antes sí te gustaba que te hiciera así en la cabeza. ¿Ya no? ¡Hum! ¿Te despeinas? ¡Je, je!

LAURA. El médico me dijo que te diera un mensaje.

PAPÁ. ¿Qué pasó ahora?

LAURA. Otra vez mi mamá en cuidados intensivos la volvieron a meter porque tuvo una recaída pero, ¿por qué no sale de eso? ¿Qué es lo que pasa?

PAPÁ. A ver, Laura, mira, ya yo he tenido que asimilar pues que en la vida pasan esas cosas, ¿no? Y pues… he tenido que asimilarlo, ¿qué podemos hacer?

LAURA. ¿Estás como desocupadito hoy o tienes algo?

PAPÁ. ¿Eh? Sí, estoy esperando que me llamen; tengo una cita de los negocios… Eh, mejor dicho dentro de un rato tengo que llamar a alguien. Sí, ya se está pasando un poco de tiempo. Bueno aprovechamos para hablar, casi nunca tenemos tiempo, ¿no?

LAURA. ¡Ah! ¿Hablar? (Exclama, muy sorprendida de lo que dijo su padre. Con una expresión de no creer lo que está escuchando.)

PAPÁ. Sí, estos tiempos tan congestionados, tan difíciles… La vida es muy acelerada, ¿no? Así que aprovechamos para hablar, ahora que hay tiempo.

LAURA. Bueno, pues yo te quería hacer varias preguntas… Realmente hace tanto tiempo que no puedo hablar contigo sobre mi mamá y tengo una caja de cosas aquí abiertas en la cabeza…

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Bueno, aquí está tu papá para escucharte, soy todo oídos… Aprovechemos, a ver, háblame, yo también estoy que hablo con mi hija, sí…

LAURA. Bueno, eh, yo tengo… Yo tengo un amigo que es cura. Él me dijo que si podía ir a orar a…

PAPÁ. (Interrumpe.) ¡Laura, Laura, Laura…!

LAURA. ¡A ver si nos hace el milagro! (Exclama casi llorando.)

PAPÁ. Mira, ese tema mejor no lo toquemos, ¿ok? ¿Sabes cuánto me desagrada oír de eso? Tenemos que admitir lo que vivimos.

LAURA. Ellos se llaman “Los Nocondos”. Tengo un grupo de amigos y todos son pues… Ellos son buenos, ellos no, no toman, no fuman, noo (dice pensando un rato) Nada, no, sí, pero… Es que hay otro grupo de amigos que… ¡Híjole! Son los contrarios… (Se ríe.) Son terribles, pues como la vida es, extremos, lógico. Yo quise salir con esos muchachos pero como...

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Laury, por una vez, mira, tú no te preocupes… Como todo en la vida, mira a mí también al principio se me dificultaba un poco pero con el tiempo se me fue aclarando, se me fue facilitando. ¿Ves? Cuestión de práctica, como todo en la vida…

LAURA. Bueno, entonces ese grupo de amigos…

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Sí, te entiendo perfectamente, mija, te entiendo perfectamente, Laurita. Mira, yo quiero decirte una cosa. El pelado es morenito, ¿si o no? El pelado que te gusta es morenito y tienes miedo de decírmelo, yo sé, tú lo trajiste el otro día a la casa pero no te preocupes yo no soy racista. Yo soy una persona de un espíritu nuevo, renovado, soy una persona moderna no tengo ningún tipo de conflictos con esas cosas (trata de hablar la hija y él no la deja. Levanta el papá el tono de la voz) y es que ya una no está para tanta cosa, Laurita, yo no me voy a interponer entre tú y tu felicidad, los jóvenes de ahora tienen necesidad de libertad, tú tienes un papá modero. A ver, sigue, sigue y aprovechemos para hablar porque soy todo oídos, Laurita.

LAURA. Bueno, la verdad es que no es sobre… sobre…

(El papá interrumpe. Laura lo mira callada y desesperada porque no la deja hablar.)

PAPÁ. Te entiendo perfectamente porque sé lo que yo aprendí de mi papá. Mi papá y yo tuvimos una excelente relación y algo me decía él mucho a mí, era: (cambia el tono de la imitando a su padre) “¡Mijo! Te escucho, siempre te escucho”. (Levanta el tono de la voz) Y algo bien es que he aprendido a hacerle caso a mi Cucho, Padre, en los negocios, en mi trabajo, con las mujeres, contigo, con mi esposa, con todo el mundo escucho, siempre escucho, Laura, y me ha dado tremendos resultados.

LAURA. Sí, me imagino… No hay sino que verte. ¡Hum! Pues resulta que el grupo de amigos que te estoy diciendo…

(El papá interrumpe.)

PAPÁ. ¡Ah, ah! Tengo el tiro para las mujeres. Mira, uno conoce una mujer y las conoce a todas. Uno ve a la mujer y tiene que empezar a comprender y saber cómo piensan las mujeres. Ustedes, pues, la naturaleza las creó así y no tienen la culpa, ¿eh? Uno ve a una mujer y las conoce a las demás. Yo pienso que el coeficiente de todas más o menos funciona de la misma manera y no pues, Lara, qué te puedo decir… Puedo ver en esa carita tuya un poco de nostalgia, de depresión y eso de todas mujeres… Tú no eres la excepción, hijita.

LAURA. ¿Te diste cuenta? Pues es que, imagínate que Rosario, mi amiga, me dijo que mi mamá…

(El papá interrumpe.)

PAPÁ. Laura, yo entiendo perfecta cómo se trata esto en una mujer. ¿Cuándo una mujer está deprimida? Decía mi papá (cambia el tono de voz) Cuando una mujer se deprime, mándala de compras. ¡Sí! ¡Es perfecto! ¡Una mujer se deprime y uno la manda para el centro comercial y se le pasa! Son felices tirándose la plata, mira es un remedio buenísimo… Todas llegan felices: se airearon, cambiaron de ambiente… Tú no eres la excepción, mi vida, así que vamos a hacer una cosa: Aquí tienes plata. Te vas a un centro comercial, compras lo que quieras. Si no te alcanza aquí tienes una tarjeta de crédito. Papá paga, ¿ok? No te preocupes, mi vida. ¡Papi paga! Te llevas el carrito, sacas del garaje el que quieras… si quieres el último que te compré y no hay ningún problema, mi vida, tranquila, todas las mujeres son iguales. Mira, yo le agradezco tanto a mi viejo que me enseñara a conocerlas a ustedes porque bueno, si no las conocieras me habría metido en tantos problemas… Bueno, ya sabes, ve de compras, ¿No, mi vida? (Silencio por un momento. Laura queda pensando callada.) ¿Sí? ¿Ves como todo en la vida se soluciona con unas buenas compras y una buena charla?

LAURA. ¡Ah, ah, ah, ah! (Se para.) Por primera vez podíamos hablar, y habló él solo. No, no… ¿Que quiere que me divierta? Me voy a divertir.

(Ella va a su habitación. Él se sienta en la sala. Ella sale.)

PAPÁ. ¿A dónde vas?

LAURA. A divertirme.

PAPÁ. A divertirte… (Abre el teléfono celular.) ¿Halo? Sí, por favor, ¿Cuchi?

(Cuchi no sale en escena, sólo se escucha su voz.)

CUCHI. ¿Haló?

PAPÁ. ¿Cuchi? Sí, hablas con el Doctor Rodríguez.

CUCHI. ¿El del Mercedes Benz?

PAPÁ. Sí, sí, el del Mercedes, ¡ja! Sí, me gustaría saber si te gustaría ir conmigo por ahí a… que tomáramos un vinito.

CUCHI. ¡Ah, sí, claro! ¿Te parece a las 9?

PAPÁ. Sí, sí, a esa hora está bien. Yo te recojo, ¿ok? Besitos, chao. ¡Ah...! ¡Qué cosa son las mujeres! (Suspira profundo.)



2 ESCENA

(En la casa…)

FABIÁN. Otra vez esto está solo: mi mamá en la clínica, mi papá… ¡Hum! Seguramente salió a sus reuniones de negocios. ¡Negocios! ¡Ja! Eso dice él… ¿Laura? ¿Laura? ¿Laura? Dónde se habrá metido ésta también… seguramente está con sus amigos los raros, esos con que anda ahora, hasta el día en que… mejor no digo nada, es que… yo siempre pago los platos rotos de todo, esta casa tan grande y tan sola… Aquí hace falta algo definitivamente. Mejor veo televisión, de pronto sale algo que me vaya a servir...

(Prende la tele. Habla alguien que hace el papel de Walter Mercado.)

“La solución está aquí, llama hoy mismo, porque hemos conseguido para ti la línea más selecta de personas que te ayudarán a salir de esa soledad, de esas cuatro paredes en las que te encuentras encerrado, no seas tonto, llama ya, a la línea de Walter Basurto”.

(El apellido Mercado se cambia por el nombre de un supermercado famoso o el nombre del mercado de la ciudad.)

(Suena el teléfono.)

FABIÁN. ¿Hallo?

CRISTIAN. Gracias, es tan amable. ¿Laura?

FABIÁN. Ella no está, ¿de parte de quién?

CRISTIAN. De Cristian, un amigo. Por favor, le dices que si puede ir mañana a la iglesia, que la esperamos en el culto.

FABIÁN. ¿Curso de qué?

CRISTIAN. Curso no, el culto de oración.

FABIÁN. ¡Ahhh! Ya, ya te entiendo. Tranquilo, yo le digo.

CRISTIAN. Gracias, hasta luego.

FABIÁN. (Cuelga el teléfono.) Será hasta nunca, ¡loco! Ahí está pintada Laura… Ahora y que va a ir al culto… Esta vaina no la salva nadie, ella cree que Dios puede oírla, ¡está loca! Dios no oye a nadie, mucho menos a la loca de mi hermana… En fin, yo creo que hay que dejar que todo pase, pero y si se muere la vieja… ¡Huy! ¡No! (Se pone muy triste, casi sollozando.)



3 ESCENA



PAPÁ. Es que todo es como yo te lo digo, Cuchi, uno en esta vida tiene que saber enfrentar los problemas y no esconderse tras ridiculeces como algunos que se esconden tras las religiones y se vuelven fanáticos…

CUCHI. Sí, eso es una de las cosas que me encanta de usted, Doctor.

PAPÁ. ¿Cuál doctor? ¿Cuál doctor? Julio, por favor. Nenita, Julio… (Se acerca más a Cuchi.)

(Llega Paco y los sorprende.)

PACO. Pero, mira, nada más y nada menos que tenemos aquí al doctorcito Julio Rodríguez.

PAPÁ. ¡Hola, Paco! Paco Alcahuet, gran amigo mío. Mira… eh… Te presento a Cuchi.

PACO. ¡Hola, Cuchi! ¡Queridísima Cuchi!

PAPÁ. ¡Eh! Sí, Paquito, imagínate aquí, contándole a Cuchi que mi hija es una joya, ella siempre cuenta conmigo para todo. ¿Sabes? Antes de venir a esta cita, eso sí, con previo consentimiento de ella para salir... Además me dijo que se sentía orgullosa de su padre por la atención que yo le doy, ¿cierto, Cuchi?

PACO. (Interrumpe.) ¿Y cómo va Rina? ¿Ya salió del hospital?

PAPÁ. ¡Ah, ah, ah, ah! Sí, sí, Rina, Rina…

(Interrumpe Paco.)

PACO. Sí, Rina, tu esposa, ¿no?

PAPÁ. Bueno, verás, sí, ella está mejor, ¿sabes? Ella… Yo hablé con ella y me dijo que… Bueno, que saliera, tan linda mi esposa preocupándose para que no esté aburrido, ¡ja! Que me despejara un poco de todo a mi alrededor, ¿sabes? Oye, Paquito Alcahueta, eh, digo Alcahuet, me tengo que ir, ya es tarde. Cuchi, ¿nos vamos, verdad? Aprovecho y te llevo, ¿no? Chao, querido Paquito, nos vemos, ¿ok? Saludos, ¿ah?

(Salen.)



4 ESCENA

(Está el padre en la sala de la casa y entra Laura con una ropa diferente, un estilo a Harley Davinson. Entra hablando sola y riéndose.)

PADRE. Laurita, mi amor, ¿de dónde vienes a estas horas de la noche?

LAURA. Pues vengo de donde quiero venir, ¿sabes? De donde sea que venga está muy bien, ¿bueno? (Laura habla como una persona que ha tomado drogas.) ¡Ja, ja, ja, ja! Oiga, viejo, y ¿usted todavía está despierto? La vejez no llega sola, ¿verdad? Ya le da insomnio, ¿no? ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

PADRE. Laura, ¿has estado bebiendo? ¡Contéstame, Laura!

LAURA. Bebiendo, para nada, viejo… creo que mejor me voy a dormir porque yo sí tengo sueño.

(Laura entra al cuarto y su padre se queda en la sala pensativo. A la mañana siguiente…)

PADRE. ¿Laura? ¿Laura? (Grita el padre.) Baja el volumen de ese aparato… ¿Laura?

(Laura pone la música pone la música muy estruendosa y despierta a todos en la casa. Se levanta Fabián.)

FABIÁN. ¿Laura? Estás loca, abre la puerta y baja el volumen.

PADRE. Es inútil, hijo, mi pequeña está rarísima desde anoche.

(Suena el timbre de la casa. Fabián abre la puerta y llegan los tres nuevos amigos de Laurita: Delcy, Katy y Tato. Estos tres tienen una pinta de rockeros.)

FABIÁN. ¿Sí? ¿Qué se les ofrece?

DELCY. Laura, por favor.

FABIÁN. ¿Laura? ¿Que se traen con mi hermana o qué?

TATO. Mira, flaco, dile que aquí estamos nosotros. Ella sabe quiénes somos. Dile que vino Tato a buscarla.

FABIÁN. Está bien, un momento. Esperen allí afuerita.

PADRE. ¿Quién es?

FABIÁN. Los nuevos amigos de Laura. (Grita.) Laura, te busca Tato.

LAURA. ¿Tato? ¡Huy, sí! Ya voy…

FABIÁN. Esto es el como, deberías estar más pendiente de los pasos de Laura, papi.

PADRE. Tranquilo, hijo, Laurita es una niña linda que no se atrevería a andar con maleantes o algo por el estilo.

(Laura sale corriendo. Su padre y su hermano la miran por la vestimenta que lleva tan extraña y sin despedirse se van con sus amigos. Su padre y su hermano hacen silencio. Suena el teléfono.)

FABIÁN. ¿Haló? ¡Hola! Sí, claro, habla con el hijo. ¿Cómo está, Doctor Remberto? ¡Mi mamá! ¡Ajá! Sí, claro, entiendo. (Su padre hace cara de aburrimiento por la llamada.) Sí, aquí está él, ya se lo paso.

(Le entrega el teléfono a su padre y le dice es el Doctor Remberto Buelbas.)

PADRE. ¡Hola! Sí, doctor, bien, ¿cómo le va? ¿Que no he ido? Claro, yo entiendo que Rina necesita que esté a su lado, doctor, pero entiéndame usted a mí. No puedo abandonar los negocios y aparte de todo a mis hijos; ellos necesitan de mí. Ahora mismo están bajo mis cuidados. Ok, entiendo… No, esa decisión no la tomo ahora... Rina… sé que su estado crítico… Lo sé, claro, entiendo, entiendo… Ok, mandaré a mi hijo, ¿bueno? Gracias por todo, doctor, sí, allá estaremos. Adiós.

FABIÁN. ¿Qué te dijo? Mi madre morirá, ¿verdad?

PADRE. Mira, hijo, yo lo asimilé hace ratos. No puedo evitarlo, ¿ok?

FABIÁN. Pero, debe haber una forma de salvarla (llorando.)

PADRE. Lo siento, hijo, lo siento.

FABIÁN. Vamos a verla, papi, por favor. Nunca vas a la clínica. La única que iba era Laura y ella ahora parece que no le importa.

PADRE. Ve tú, hijo, no me gusta ver así. Después de que estaba tan linda y tan rozagante.

FABIÁN. Pero es tu esposa… Y ahora necesita de nosotros. Es el colmo… (Sale apresurado a la calle y casi tropieza a su padre al salir.)



5 ESCENA



(Al día siguiente. Laura entra a casa con Cristian. Su vestimenta ya es de una niña seria, cristiana.)

LAURA. Cristian, cantemos esa canción que me gustó, por favor.

(Cristian comienza a tocar la guitarra y comienzan a cantar “Cuan grande es Él” En esos momentos entra su padre.)

PADRE. ¡Laura! Esto es lo último. Cualquier cosa menos esto. ¿Te volviste loca? ¿Qué son esas cancioncillas que te oigo cantar?

LAURA. Padre, tengo algo nuevo que contarte…

PADRE. Un momento, yo soy el que tiene algo que contarte. A mí no me gusta ese rollo que tienes ahora. Cualquier cosa menos esto.

CRISTIAN. Perdone, Señor.

PADRE. Usted no es de la familia así que no interrumpa.

LAURA. Vámonos, Cristian. ¡Ven, vámonos!

(Laura sale con Cristian y su padre se queda solo en la sala.)

FABIÁN. Papi, ¿con quién iba saliendo mi hermana? La noto diferente hoy.

PADRE. Con un ridículo. Mejor dicho, esas malas amistades que se consiguen ustedes, los hijos, y lo hacen sufrir a uno.

FABIÁN. Bueno me voy a la clínica a ver a mi mamá. ¿Vas a ir?

PADRE. No, bueno, iré más luego, ¿ok?

FABIÁN. Ella quiere verte. Yo lo sé.

(Fabián sale y se va a la clínica.)



6 ESCENA

(De regreso. Entra Fabián bien contento. Su padre no está en casa. Luego llega Laura con Cristian y se sientan a alabar al Señor. Laura llama a Fabián para que los acompañe en la adoración.)

LAURA. Fabián, ven.

FABIÁN. Ya voy, Laura, ya voy…

LAURA. Ok, te esperamos.

CRISTIAN. ¿Cómo te sientes después de haber experimentado todo esto?

LAURA. ¡Feliz! No hallo la hora de que todo el mundo sepa lo que sucedió allá en la clínica. Estoy dichosa, ¿sabes?

FABIÁN. Aquí estoy, comencemos ya…

(Los tres empiezan a cantar una adoración a Dios cuando entra el padre.)

PADRE. Bueno, ahora sí me explican que es lo que les está pasando a ustedes dos. ¿Qué significa este alboroto?

LAURA. Sucedió algo grandioso, papi. Algo extremadamente grandioso.

PADRE. ¡Ah!, ¿sí? ¿Qué puede ser tan grandioso?

LAURA. Todos tenemos a Jesús en nuestros corazones. Eso es algo grandioso.

PADRE. Jesús, ¿de qué Jesús hablas? ¿El de la esquina donde venden la pizza?

PADRE. Sé que tengo unos hijos bien cuerdos que serían incapaces de meterse en algún lío raro.

FABIÁN. Papá, tenemos que hablar y contarte muchas cosas.

PADRE. Creo que ustedes me están tomando el pelo. ¿Cómo es que tenemos que hablar? ¿Es que acaso yo no hablo con mis hijos?

(Interrumpe Cristian.)

CRISTIAN. Los dejo, tengo que irme, adiós. (Sale de escena.)

LAURA. (Empieza a llorar.) Siempre dices que hablas con nosotros pero en realidad nunca lo haces, papi. Siempre crees saberlo todo y crees que con dinero todo queda solucionado pero no es así, así no son las cosas.

FABIÁN. Además, ¿sabes algo, papá? No pensé que tuvieras un corazón tan duro y tan rígido. No te importaba que nuestra madre estuviera muriéndose en la clínica. Nunca fuiste a verla; sólo el día que la internaste… Eso no es amor, ¿sabes?

(El padre agacha la cabeza, apenado, con sus hijos.)

LAURA. Siempre deseé tener un padre que fuera mi mejor amigo, que me aconsejara, que me escuchara pero nunca estuviste en los momentos que más te necesitaba. Siempre estabas en la empresa o tenías alguna junto con tus socios.

LAURA. ¿Sabías, papi, que mi mamá está sana, está curada? ¿Sabías eso?

PADRE. Rina… (Exclama con lágrimas en los ojos.)

FABIÁN. Sí, padre, a nuestra madre la sanó nuestro señor Jesucristo y ella está bien. Los médicos aún no pueden creerlo.

LAURA. Y hasta quiere verte, papi, no ha hecho sino preguntar por ti.

FABIÁN. Padre, Dios es real, Él está vivo, Él sanó a nuestra madre. Esto no es un cuento o fanatismo, como tú lo llamas, tienes que creer, padre, tienes que creer.

PADRE. Perdónenme, siempre he sido arrogante y orgulloso. Pensé que era el mejor padre del mundo. Dándoles lo que ustedes necesitaban y sólo pensaba en lo material. En el fondo tenía miedo de ver los problemas, de enfrentar la vida. Perdónenme, hijos, perdónenme.

LAURA. Padre, no te preocupes. Sólo pídele perdón a Dios y Él te perdonará todas tus faltas.

PADRE. Sí, enséñenme cómo puedo hacerlo, por favor. (El padre cae de rodillas.)

PADRE. Dios mío, perdóname por lo malo que he sido.

(Laura y Fabián se arrodillan junto con él y lo abrazan. El padre los besa.)

PADRE. Quiero cambiar y que seamos una familia unida. Iremos a buscar a su madre y volveremos a empezar de nuevo con Dios.

LAURA. Te amo, papi.

FABIÁN. Yo también te amo, padre.

PADRE. Perdónenme, sé que les hice mucho daño. Ahora será diferente. Quiero escucharlos. A los dos los amo.