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2012 - España

Sepulcro

15 Minutos y 7 Personajes. Revisión del llamado espiritual de José de Arimatea y su decision de enterrar a Jesús. En principio sería para representarlo en sombras chinescas.


SEPULCRO
© Kevin Renshaw, traducido con permiso por Loida Somolinos


PERSONAJES

JOSÉ
NICODEMO
PEDRO
MARÍA MAGDALENA
MARTA
2 LECTORES (MUJER U HOMBRE)

OBRA

MUJER
¿Viste los cielos?
¿Viste el revuelo?
¿Viste la declaración del soldado?
¿Viste cómo se marcharon todos?


MUJER 2
¿Escuchaste el llanto del cielo?
¿Escuchaste cómo caían las lágrimas a tierra?
¿Escuchaste la súplica a Dios?
¿Escuchaste los pasos al alejarse de la cruz?

JOSÉ
Lo vi. Lo escuché. Lloré.
Me alejé de la cruz.
Corrí de nuevo a la cruz.
Creo y no puedo actuar. Actúo como si no creyera.

MUJER. ¿Escuchas tu llamado?

JOSÉ. No oigo nada.

MUJER 2. ¿Sientes una necesidad incompleta?

JOSÉ. Tengo sed. (El tono de José se vuelve más conversacional.)

(PAUSA. Esta pausa sirve para cambiar el tono y centrarse en la escena.)

JOSÉ. Tengo sed. Nicodemo, ¿podrías darle un vaso de agua a un viejo amigo?

NICODEMO. ¿Qué eres más: viejo o amigo?

JOSÉ. Supongo que viejo ya que no te queda ningún amigo.

NICODEMO. Vaya, eres muy agradable.

JOSÉ. Desafortunadamente mi encanto no me está granjeando muchos amigos en el Sanedrín.

NICODEMO. Tú eres un consejero, un miembro honorable de la comunidad, ¿vas a arriesgar tu reputación por proclamar en público tu fe?

JOSÉ. No debo ser de fiar si estoy viviendo una mentira. Detengo mi lengua cada vez que se menciona a Jesús.

NICODEMO. (Con cierta excitación.) He escuchado que Él está aquí, en Jerusalén.

JOSÉ. Sí y tanto los romanos como los rabíes lo quieren fuera.

NICODEMUS. ¿Fuiste a Él? Escuché que entró en la ciudad a lomos de un asno. ¿Hablaste con Él?

JOSÉ. Fui pero sólo lo vi desde lejos. Escuché a la multitud que lo rodeaba. Ellos cuentan sucesos, Nicodemo, sucesos maravillosos, historias de curación y enseñanza. Hablaban de Lázaro. Lo vi, yo vi a Lázaro. ¿Te lo puedes imaginar? ¡Lázaro!

JOSÉ y MARTA. (En unísono.) ¡Lázaro!

PAUSA

MARTA. ¡Lázaro! ¡Él está muerto! Lázaro está muerto...Cuando escuché que Jesús estaba viniendo me enfadé, me estaba atormentando... Tenía sentimientos mezclados de odio y de esperanza. Mi hermana María estaba detrás. Podía verlos en la distancia. Jesús caminaba hacia mí, determinado, calmado. Mi enfadado era igual que el temor que tenía de él. Muchos amigos y familiares de Jerusalén habían venido a Betania para mostrar sus respectos. Algunos no estaban muy a favor de sus enseñanzas. Aún con todo, Jesús caminó hacia mí y nos encontramos, cara a cara. “Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto... ahora incluso sé que cualquier cosa que le pidas a Dios, Él te la dará. Jesús me miró: “Tu hermano resucitará de nuevo”. “Ya sé que resucitará otra vez en la resurrección final”. Después dijo, “Yo soy la resurrección y la vida. Aquel que crea en mí aunque esté muerto vivirá y todo aquel que vive y cree en mí, nunca morirá. ¿Tú crees esto?...” Y en ese momento lo supe, “Sí, señor, creo que eres el Cristo, el hijo de Dios que ha venido a este mundo”. Después corrí... corrí para buscar a María; María tenía que venir. Pasé entre la gente que estaba en la casa. “María”, le susurré, “el Maestro está aquí y pregunta por ti”. Las dos salimos apresuradamente. Otras personas nos siguieron pensando que íbamos a orar a la tumba de mi hermano. Cuando María vio a Jesús, ella cayó a sus pies, “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”. Jesús lloró. Lloró por mi hermano, por dos hermanas, por una familia, por todos aquellos que estaban mirando, por todos nosotros. Jesús lloró.
Jesús dijo: “Quitad la piedra”. Yo estaba preocupada por el hedor, el olor de 4 días muerto. Jesús me dijo: “¿No te he dicho que si creías verías la gloria de Dios?”. Mientras quitaban la piedra, Jesús miró al cielo y dijo: “Padre, te doy las gracias porque me escuchas. Sé que siempre me escuchas pero digo esto por todos aquellos que están aquí, para que crean que Tú me enviaste.” Jesús lo llamó: “Lázaro, sal fuera”. Y mi hermano salió fuera. Lázaro camina, él vive. Un hombre que había muerto, vive.


PAUSA

MARTA y JOSÉ. ¡Un hombre que estaba muerto vive!

JOSÉ. (Pensamiento distante.) Un hombre que estaba muerto vive.

MUJER 2. ¿Escuchas tus palabras? ¿Escuchas la palabra?

MUJER. ¿Seguirás la palabra? Un hombre que estaba muerto vive. ¿Escuchas las palabras?

JOSÉ. Os escucho. No comprendo. ¿Qué tengo que hacer ahora?

MUJER 2. ¿Las seguirás? ¿O las abandonarás?

MUJER. ¿Le traicionarás?

JOSÉ. No.

MUJER 2. ¿Le traicionarás cuando te alejes de la cruz?

JOSÉ. ¡No le traicionaré! (Casi para sí mismo.)

PAUSA

JOSÉ. No traicionaré a nuestro Señor.

NICODEMO. ¿Te pondrás de su parte entre tus colegas? ¿Usarás tu posición de alto consejero para elevar su nombre?

JOSÉ. Sólo soy un hombre.

NICODEMO. Uno de los muchos que creen.

JOSÉ. ¡Judas creía! Y Judas lo abandonó.

NICODEMO. Judas creía lo que Judas creía. ¿Qué es lo que crees tú?

JOSÉ. Creo que Jesús es el Mesías y tú también. Entonces, ¿qué hacemos?

NICODEMO. Pedírselo a Pilato.

JOSÉ. No puedo, es muy arriesgado.

NICODEMO. Así nos escondemos y cuando nos escondemos negamos que Jesús es el Señor.

JOSÉ. ¡Sus propios discípulos lo negaron! ¡Judas lo traicionó, Pedro lo deshonró!

NICODEMO. ¿Lo vas a negar?

JOSÉ. No votaré para que lo ejecuten.

NICODEMO. Pero, ¿negarás a Jesús?

JOSÉ. No negaré a Jesús. No te negaré, Señor, no te negaré.

PEDRO y JOSÉ. (Al unísono.) ¡No te negaré!

PAUSA

PEDRO. No te negaré. Si tengo que morir contigo, no te negaré. Te lo juro. Hubo muchas discusiones en esos últimos días. Nuestra cena fue más que una simple cena. Nuestro Maestro cortó pan con nosotros. “Este es mi cuerpo...” Levantó su copa, “esta es mi sangre del pacto derramada por muchos”.
Había tanto que no entendía... “¿Soy yo?” Todos preguntamos, uno detrás de otro. Judas, todavía no lo comprendo... Después que cantamos un himno salimos al Monte de las Olivas. Jesús nos miró... me miró... “Todos saldréis espantados”, dijo. “Heriré al pastor y el rebaño se esparcirá. Pero después de que resucité, iré delante de vosotros a Galilea”. “No, puede que otros te dejen, pero yo, no, Señor”, le dije, “aunque todos te negaren, yo no”. Jesús me dijo que le negaría esa misma noche no una, sino tres veces. Tres veces antes de que el gallo cante dos. “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”. Todos decíamos lo mismo. Morir antes que negar. Judas llegó con los Sacerdotes y los Romanos. Judas lo besó y entregó a nuestro Maestro a la muerte. Un beso, ¿Judas? Agarraron a Jesús, me encolericé en gran manera. Mi espada tajó la oreja de alguien, un sacerdote o un siervo, mi mundo se estaba acelerando con miedo e ira. “¡Para ya!” dijo Jesús, tocó al hombre herido y lo sanó. Después se fueron.
Les seguí tan cerca como pude, haciéndome paso entre la multitud. Se arremolinaron alrededor de una fogata en el patio de la casa de Anás. Jesús estaba dentro, me acerqué al fuego para calentarme. Una sirvienta me miró “Este hombre estaba con Él”. Y mi boca escupió unas palabras “Mujer, no lo conozco”. Me aparté del fuego y me arrimé a otro grupo pequeño. Un hombre se paró y estudió mi cara, “Tú también eres uno de ellos”; “No lo soy”, y rápidamente me cambié de sitio en el patio. Esperé y esperé, había pasado una hora cuando escuché “¿No eres tú de Galilea?” Te vi en el jardín con Él.

Me invadió el pánico “no sé qué estás diciendo” Me alejé deprisa y allí estaba de pie Jesús cuando escuché al gallo cantar y vi a Jesús que me miraba a mí... lloré lágrimas amargas y me marché.
Mucho no entendí pero ahora... bueno, ahora... tengo mi tarea “Sígueme”, dijo “Ocúpate de mi rebaño... Sígueme”.

PEDRO y JOSÉ. (Al unísono.) Sígueme.

PAUSA

JOSÉ. Sígueme.

MUJER. ¿Puedes seguirlo? ¿Puedes llevar su peso? ¿Puedes seguir?

MUJER 2. ¿Le seguirás? ¿Puedes escuchar su llamado? ¿Le seguirás?

JOSÉ. ¿Sígueme? Sígueme... Sígueme. (De la confusión a la acción.)

PAUSA

JOSÉ. ¡Sígueme!

NICODEMO
¿A dónde? ¿A dónde vas?

JOSÉ. A Pilatos.

NICODEMO. Pero es muy tarde. Jesús está muerto, lo viste en la cruz.

JOSÉ. No escaparé de esa cruz. Enterraré a Jesús. Lo enterraré en mi tumba.

NICODEMO. ¿Qué le dirás a Pilatos?

JOSÉ. No lo sé, que mató a un hombre inocente, que mató a nuestro Mesías... No lo sé. Enterraré a Jesús. Eso es lo que se supone que tengo que hacer. Vamos, ven.

PAUSA

NICODEMO. Y lo hizo. José de Arimatea enterró a Jesús. No sé lo que le dijo a Pilatos pero le permitió enterrar a Jesús. José quitó a Jesús de la cruz con mucho cuidado. Él cargó con el cuerpo del Mesías y juntos lo envolvimos en limpios lienzos de lino... Lo enterramos de acuerdo con la tradición.
Había dos mujeres que estaban en la cruz viendo como Jesús se tendía para descansar en una tumba... en un jardín... no lejos de donde fue crucificado. El mundo cambió para siempre... mira por ti mismo... sígueme...

NICODEMO y MARÍA (Al unísono.) Sígueme.

PAUSA

MARÍA MAGDALENA. “¡Seguidme!” Grité. “¡He visto al Señor!”. Me lamentaba pero ahora este tiempo es de alegría. Después de una semana de miseria y pena, mis lágrimas se volvieron en gozo. Antes de la alegría vi cómo ellos lo cogieron de la cruz. José y Nicodemo lo cargaron hasta la tumba y rodaron la piedra para sellarla. Lloramos todo el sábado. Y al siguiente día, de madrugada, fui allí... la piedra había sido removida. La tumba estaba abierta, la piedra había sido quitada. Miré dentro... Estaba asustada... y allí había sentados dos hombres vestidos de blanco.
“¿Por qué estás llorando?”, me dijeron. Estaba confundida, “Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Me di la vuelta y allí había un hombre que yo pensaba que era el jardinero. Le supliqué, “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me haré cargo”. Y en ese momento lo vi... lo reconocí... Jesús. Quería acercarme a Él y tocarle pero Él me dijo: “No me abraces, porque todavía no he ascendido al Padre. Ve a mis hermanos y diles que estoy ascendiendo a mi Padre y al tuyo, a mi Dios y a tu Dios”.
Eso es lo que Él dijo... ascendiendo a mi Dios y a tu Dios. Tengo que decírselo a Pedro y a los otros, ese mi cometido, seguidme.

JOSÉ y MARÍA al unísono
Sígueme.

PAUSA

JOSÉ
Sígueme. Sí, sígueme. Lo comprendo.

MUJER 2
¿Escuchaste el llamado?
¿Escuchaste tu llamado?

MUJER
¿Puedes responderle?
¿Vas a contestarle?

JOSÉ
Ya le respondí una vez, yo enterré a Jesús.

MUJER
Tú sólo respondiste una vez.

MUJER 2
¿Escuchaste tu llamado?
¿Vas a contestarle?
¿Puedes responderle?


JOSÉ
Sí, quiero... ¿Puedo responderle? Estoy confundido... estoy batallando.

JOSÉ y PEDRO al unísono
Batallando.

PAUSA

PEDRO
“¿Batallando? ¿Por qué estás así, por qué se alzan dudas en tu corazón?” Eso es lo que Jesús dijo cuando se apareció entre los discípulos. Nos escondimos... encerrados, lejos de todos... en nuestras tumbas, en el sepulcro que nosotros mismos habíamos cavado. Todos le dimos la espalda de diferentes formas pero aún así, Jesús nos encontró, vino por nosotros. “Estoy enviando la promesa de mi Padre sobre vosotros”.
Él me preguntó si le amaba. Sí, Señor, tú sabes que te amo... Jesús me preguntó de nuevo, “¿me amas?” Sí, Señor, tú sabes que te amo... “sígueme...” “sólo sígueme”.
Tres veces me pregunto “¿Me amas?” Y cada vez le respondí, “Sí, Señor, tú sabes que te amo...”

JOSÉ y PEDRO al unísono
Sí, Señor, tú sabes que te amo.

PAUSA

JOSÉ
Sí, Señor, tú sabes que te amo.

MUJER
¿Viste los cielos?
¿Viste el revuelo?
¿Viste la declaración del soldado?
¿Viste cómo se marcharon todos?

MUJER 2
¿Escuchaste el llanto del cielo?
¿Escuchaste cómo caían las lágrimas a tierra?
¿Escuchaste la súplica a Dios?
¿Escuchaste los pasos al alejarse de la cruz?

JOSÉ
Lo vi, lo escuché. Lloré.
Me alejé de la cruz.
Corrí de nuevo a la cruz.
Ahora camino con la cruz.

MUJER
¿Puedes seguirle?
¿Puedes llevar ese peso?
¿Puedes seguirle?

MUJER 2
¿Vas a seguirle?
¿Puedes escuchar tu llamado?
¿Vas a seguirle?

JOSÉ
Sí, Señor, tú sabes que te amo... Te seguiré.

MUJER 2
¿Vas a seguirle?
¿Puedes escuchar tu llamado?
¿Vas a seguirle?

TODOS En murmullo.
Sí, Señor, tú sabes que te amo... Yo te seguiré.
(Silencio.)

MUCHACHA
Sí, Señor, tú sabes que te amo, yo te seguiré.

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Esta obra se puede representar gratuitamente con la condición de que no se venda ninguna copia, ni se cobre una tarifa para su visualización. A cambio de esta obra, el autor apreciaría que se le notificara cuándo y con qué motivos se va a representar. Se puede contactar con él en:
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