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2012 - España

¿Por qué esos gruñidos?

12 Minutos y 3 Personajes. Los consejeros del rey Darío esperan la muerte de Daniel al lado del foso de los leones.

¿POR QUÉ ESOS GRUÑIDOS?


PERSONAJES


CORNELIO

SIMEÓN

NARRADOR



(Cornelio y Simeón miran desde lejos cómo Daniel es conducido al foso de los leones.)

CORNELIO. Bueno, parece que funcionó.

SIMEÓN. ¡Mejor de lo que esperábamos!

CORNELIO. (Riéndose.) ¿Te fijaste en la expresión de la cara de Daniel cuando le informamos de la nueva ley del Rey Darío?

SIMEÓN. Querrás decir de NUESTRA nueva ley. Nosotros engañamos al rey para que firmase esa estúpida orden, de la misma manera que le hemos hecho firmar otras muchas cosas durante años.

CORNELIO. Sí, como esa ley que dice que es ilegal pintar a las ovejas. (Risas.)

SIMEÓN. (Sorprendido.) ¿Eso está en los libros?

CORNELIO. Desde luego, ¿no te acuerdas?

SIMEÓN. (Suspirando.) Entonces, ¿en qué me voy a divertir los sábados por la noche?

CORNELIO. Esta vez ha sido muy fácil convencer a Darío. Me imaginé que si apelábamos a su vanidad, él firmaría ese decreto prohibiendo que cualquiera que se arrodille delante de otro rey que no sea él, por el período de 30 días. Y así ha sido.

SIMEÓN. Sí, y él nunca se imaginó que al firmar ese decreto estaba firmando la pena de muerte de su querido Daniel.

CORNELIO. ¡Por favor, Simeón! No le llames pena de muerte. Es un término que no me gusta. Digamos que le estamos ofreciendo a Daniel la oportunidad de embarcarse en una nueva carrera como domador de leones.

SIMEÓN. (Se ríe) Y ahora va a empezar su entrenamiento, ¿eh?

CORNELIO. Aunque no sé si él llegará a actuar en algún circo. Probablemente acabará hecho pedacitos bajo la presión de su nuevo trabajo.

SIMEÓN. ¿No era esa nuestra idea?

CORNELIO. Me alegro de que lo hayamos perdido de vista. Personalmente me estaba cansando de su asquerosa y podrida actitud.

SIMEÓN. ¿Podrida actitud? ¿Daniel? Pero si él siempre estaba sonriendo.

CORNELIO. Lo sé y es a eso a lo que me refiero. ¿Por qué no podía ser tan miserable como el resto de nosotros?

SIMEÓN. A mí no me gustaba porque siempre actuaba como si fuese la mano derecha de Darío.

CORNELIO. Ese era su cargo oficial.

SIMEÓN. ¡Pero se olvidó de que Darío es zurdo! (Sonríe.) Además, ¿para qué necesitaba Darío a alguien como Daniel? Yo creo que la eficiencia está pasada de moda.

CORNELIO. Bueno, ya no tendremos que competir con Don Perfección nunca más. No ha cumplido la ley y va a pagar por ello.

SIMEÓN. ¡Qué suerte que lo pillamos orando!

CORNELIO. La suerte no tiene nada que ver en esto. Ese fanático iba cada día a la misma hora a la misma ventana y oraba con el mismo fervor tres veces al día. Creo que podrías ajustar tu reloj de sol tomando a Daniel como referencia.

SIMEÓN. Veamos si sus oraciones le ayudan ahora.

CORNELIO. ¿Sabes si los leones están hambrientos?

SIMEÓN. No han comido desde hace una semana.

CORNELIO. Bien, no soportaría que los leones no supieran apreciar esta suculenta cena, especialmente después de todo lo que nos ha costado conseguírsela.

SIMEÓN. No te preocupes. De hecho, creo que puedo oír desde aquí cómo se están relamiendo.

CORNELIO. Eso no son los leones, estúpido, es éste de aquí detrás comiendo galletas. ¡Mira! Darío está dando la señal. ¡Ahora!

SIMEÓN. Pobre Darío, nunca imaginó que estaba siendo engañado y que por su vanidad y poco talento su mejor amigo iba a morir.

CORNELIO. ¡Adiós, Daniel! ¡Que lo pases bien!

SIMEÓN. Allá va, ya lo están metiendo en el foso.

CORNELIO. No puedo mirar, no tengo estómago para esto.

SIMEÓN. Entonces, ¿por qué estás tratando de dibujarlo?

CORNELIO. Son sólo unos apuntes. Los quiero para mi diario. Quiero recordar cómo era Daniel antes de... Antes de que parezca las fichas de un puzzle.

SIMEÓN. Bueno, pues date prisa porque los soldados van a cubrir el foso con una enorme piedra.

CORNELIO. ¿Qué?

SIMEÓN. Mira, el rey Darío está sellando la entrada con su distintivo real. Creo que no quiere ver morir a Daniel.

CORNELIO. Pues, yo sí que quiero y ahora ¿qué esperan que hagamos para divertirnos?

SIMEÓN. ¿Has intentado pintar ovejas?

CORNELIO. Eso no sería tan divertido cómo ver a Daniel mordiendo el polvo.

SIMEÓN. Pero creo que con esa piedra en medio no lo vamos a ver.

CORNELIO. De todos modos me siento bien de que nos hayamos deshecho de Daniel de una vez por todas.

SIMEÓN. Sí, nadie ha logrado sobrevivir después de estar dentro del foso.

CORNELIO. Aún con todo sigo pensando que me gustaría verlo.

SIMEÓN. No eres tú solo, amigo.

CORNELIO. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Te vas a casa o nos quedamos por aquí hasta que se haga de día?

SIMEÓN. ¿Por qué no nos quedamos?

NARRADOR. Y estos dos hombres pasaron la noche vigilando el foso de los leones intentando oír los sonidos de una lucha pero pasaron una velada muy silenciosa y por la mañana los dos estaban muy confundidos.

CORNELIO. Yo no he oído nada en toda la noche, ¿y tú?

SIMEÓN. El único gruñido que he oído ha sido el de mi estómago.

CORNELIO. Creía que habías dicho que los leones estaban hambrientos.

SIMEÓN. ¡Lo estaban! Si no me crees pregúntale al cuidador.

CORNELIO. ¿Te refieres a Jerob, Tres Dedos?

SIMEÓN. No, me refiero a Jerob, Dos Dedos.

CORNELIO. ¡Mira! El rey Darío se acerca.

SIMEÓN. Está ordenando mover la piedra.

CORNELIO. Está gritando algo. ¡Escucha!

SIMEÓN. ¿Puedes entender lo que dice?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¿Qué está diciendo?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¿Puedes entender lo que dice?

CORNELIO. ¡No! ¡Sólo puedo oír lo que TÚ estás diciendo! ¡Cállate de una vez! (Escucha por un momento.) Está llamando a Daniel. Dice: “Daniel, Daniel, siervo del Dios vivo”.

SIMEÓN. Pero, ¿por qué llama a Daniel? Daniel está muerto.

CORNELIO. Pobre rey, debe de estar delirando de pena.

SIMEÓN. ¿Qué más dice?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¡Dime!

CORNELIO. (Irritado.) ¿Ya empiezas otra vez?

SIMEÓN. Me callaré.

CORNELIO. Dice: “el Dios a quien sirves, ¿te ha salvado de los leones?”

SIMEÓN. Darío no se da por vencido, ¿eh?

CORNELIO. Conmovedor, ¿verdad? El pobre realmente cree que el dios de Daniel es capaz de salvarlo de esos feroces leones.

SIMEÓN. ¡Espera! ¿No has oído decir: “Rey para siempre vive”?

CORNELIO. Probablemente era Darío, ya sabes que a veces habla solo.

SIMEÓN. Pero parecía la voz de Daniel.

CORNELIO. ¡Tonterías!

SIMEÓN. Alguien hablaba desde dentro del foso.

CORNELIO. Entonces quizá alguno de los leones es ventrílocuo.

SIMEÓN. Espera un minuto. ¡Mira! ¡Allí! ¿No es ese Daniel?

CORNELIO. No puede ser Daniel. Ese hombre está en una pieza.

SIMEÓN. Pero, ¡es Daniel! Y mira, sus ropas no están rotas. De hecho parece que ha pasado mucho mejor noche que nosotros.

CORNELIO. Tienes razón, es Daniel. Reconozco su sonrisa. ¿Es que nada deprime a ese chico?

SIMEÓN. ¡Oh, oh! Los guardias nos están señalando.

CORNELIO. ¿Qué hacemos ahora?

SIMEÓN. ¿Les saludamos?

CORNELIO. No seas estúpido.

SIMEÓN. Pues más vale que pensemos en algo rápidamente. Darío no parece muy contento.

CORNELIO. Lo sé y está ordenando a todos los guardias que echen al foso a los que conspiraron contra Daniel.

SIMEÓN. ¿Cómo lo sabes?

CORNELIO. Porque acabo de oírlo.

SIMEÓN. ¿Crees que se refiere a nosotros?

CORNELIO. Me temo que sí, no creo que los guardias vengan hacia aquí para darnos los buenos días (Cornelio y Simeón con guardias imaginario.)

SIMEÓN. Sí, (mira a Cornelio) fuimos nosotros.

CORNELIO. Todo esto era un inteligente plan.

SIMEÓN. (Mira a Cornelio.) ¿Lo fue?

CORNELIO. ¡Eh! ¿No me creéis? Solo queríamos probar el poder del Dios de Daniel y gracias a nosotros, vosotros también lo habéis descubierto, ¿no estáis agradecidos?

SIMEÓN. Bueno, Cornelio, piensa que Daniel sobrevivió al foso.

CORNELIO. Lo sé, pero Daniel tenía a su Dios con él, y nosotros no (mira a la audiencia). Nunca me he sentido tan solo en mi vida. ¿Qué voy a hacer? ¿Quién nos va a ayudar?