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2012 - España

La isla de los hombres olvidados


15 Minutos y 11 Personajes. Obra de mímica en la que se pondrá de relieve la importancia de las personas que están a nuestro alrededor.


LA ISLA DE LOS HOMBRES OLVIDADOS


En un lado se hallan desde el comienzo dos sillas vacías y en la pared colgado un rótulo inclinado en el que se lee: “La isla de los hombres olvidados”.

En un momento dado aparece un hombre sólo, triste y algo desaliñado, cuyo único compañero es un viejo y desafinado violín. Se sienta en una de las sillas esperando todo el tiempo una palabra amable, un gesto comprensivo, la presencia cercana de alguien a quien le importe como ser humano y acepte ser su amigo.

A continuación da comienzo la lectura en off del poema “La isla de los hombres olvidados” acompañada de una selección escogida de fragmentos musicales.

El poema se halla dividido en apartados señalados con números romanos, al final de cada uno la música se interrumpirá y aparecerán diversos personajes que mediante mímica desempeñarán diferentes actitudes hacia nuestro hombre triste y sólo, quien cada vez que entre en escena un personaje creerá ver en él, el amigo que espera y ansía.

Correlación de personajes por orden de aparición:

1. Joven. Aparece leyendo una revista, mascando chicle y escuchando música con unos auriculares. Pasa por el lugar rápido y ensimismado que ni siquiera repara en la presencia de nuestro hombre.

2. Surgen en escena dos hombres: uno de ellos ostensiblemente se aprecia que es ciego. Lleva gafas oscuras y bastón blanco. El otro con una Biblia en su mano predica al ciego la palabra de Dios. Ve al hombre, duda por un momento, pero piensa que es tan importante lo que está haciendo que manifestando una cierta impotencia con sus manos decide alejarse de la escena y continuar predicando vehemente al ciego.

3. Hacen su aparición en escena dos señoras ricas elegantemente vestidas. Al pasar junto al hombre intentan no tropezar con el bulto. Lo miran despectivamente y hacen gestos poco considerados hacia su persona. Abren sus bolsos y sin mirarle le arrojan unas monedas.

4. Pasa por el lugar un hombre de negocios con su flamante maletín, un atildado ejecutivo que siempre lleva prisa. Mira al hombre de soslayo y luego a su reloj y se va rápidamente.

5. Un médico, con su bata blanca y su fonendoscopio, acierta a pasar por el lugar. Con una mirada profesional se dirige a él, observa su aspecto un tanto lánguido, saca un termómetro y se lo mete en la boca. Le toma el pulso incluso utiliza el fonendoscopio: todo normal. Le da una palmadita, nuestro hombre lo mira a los ojos lastimosamente, el médico lo deja por imposible y se aleja haciendo gestos ostensibles de que no le sucede nada.

6. Aparece un turista que entre admirado y complacido va fotografiando todo lo que encuentra. Ve al hombre y sin cambiar su estúpida sonrisa lo fotografía también como un objeto más que forma parte del decorado. Se aleja fotografiando.

7. Surge un payaso en escena que al ver al hombre triste también él se pone triste. Después intenta hacerle sonreír con sus simpáticos gestos. Sin embargo no consigue demasiado. Se pone a pensar y de repente: ¡Eureka! Cree que ya ha hallado la solución. Se va pero le promete volver enseguida.

8. El payaso trae a un niño. El hombre triste y olvidado se pone contento. Se hacen amigos. El payaso les regala una flor a ambos y los tres contentos salen por el centro.


Poema: “LA ISLA DE LOS HOMBRES OLVIDADOS”


Tus ojos están hechos para la luz,
para el verde de la primavera
y para el blanco de la nieve
para el gris de las nubes y el azul del cielo
para las estrellas de la noche
y para el increíble milagro
de tantas personas maravillosas
que te rodean.
Tu boca está hecha para la palabra,
para cada palabra amable que otro espera.
Tus labios están hechos para un beso
y las manos para la ternura,
Para el consuelo y la ayuda del pobre.
tus pies están hechos para el camino
que conduce a los desamparados.
Tu corazón está hecho para el amor
y el afecto hacia los que tienen frío
y viven en soledad.
Tu cuerpo está hecho para la intimidad
con los demás.


Tú no logras vivir sin alguien que te quiera, que te haga entrar en sus pensamientos, alguien con quien de vez en cuando puedes confiarte, que se preocupa por ti y te da la bienvenida. Encuentras a muchas personas pero sólo algunas entran en lo íntimo de tu vida y se convierten en tus próximos. Te digo: es una gracia, una bendición, si son personas de corazón, junto a las cuales te sientes seguro, junto a las cuales tu corazón se encuentra en su casa. Sin estas personas junto a ti tu vida sería árida e insoportable. Hoy son innumerables los que no tienen absolutamente a nadie. Nadie que se ocupe de ellos, que se incline sobre su humanidad y les regale una parte de corazón. Y con todo también su corazón está sediento, aspira a una migaja de afecto, a un poco de ternura, a unos brazos en los que descanse seguro.


Tú sabes que los hombres son pequeños, pobres, que están solos, que son débiles y vulnerables. Sabes que hay lágrimas que nadie seca.
Sabes que no hay mayor tristeza que la de un corazón incomprendido por todos. Sabes que para algunos la vida es un insoportable dolor. Haz lo posible para comprender a los hombres, para ayudarlos.
Entra en su sufrimiento, en su soledad. Baja de la cumbre de la autosuficiencia hacia el valle de los hombres solos y enfermos. Sé bueno, intenta comprender la indecible nostalgia de felicidad que, a veces, los hombres expresan por medio de ansias y deseos insensatos.
Construirás así tu propia felicidad. En tu soledad y en tu debilidad florecerán entonces deliciosos momentos que te levantarán más allá del ritmo cotidiano de la vida. Tendrás un corazón para aliviar a todos los hombres y para abrazarlos.
Sólo en la ternura se encuentra el consuelo final para todos los hombres que viven en el frío de nuestra sociedad glacial.


Pero… no dosifiques tu amor como un farmacéutico.
No calcules antes cuánto dar,
hasta donde debe llegar tu amor.
No cortes al amor su espontaneidad.
El amor pesado y medio no es amor.
Es cálculo. No da alegría.
Este tipo de amor no te hace feliz.
Para muchos la vida es estéril
porque no conocen la amistad,
porque nadie les quiere.
Por más que la busquen,
no existe para ellos una señal
de simpatía o de afecto.
¡Para ellos nunca florece una flor!
Y, sin embargo,
¡las flores realizan milagros!
¡No es necesario que sean exóticas o caras!
Flores corrientes, sencillas:
una sonrisa, una palabra amable,
Un gesto amigable.
La flor más sencilla, si sale del corazón,
habla de un trozo de cielo sobre la tierra,
donde los hombres son ángeles,
donde, por cada angustia,
por cada sufrimiento y cada lágrima
existe un dulce consuelo,
donde, los unos para los otros,
los hombres se abren como flores.


Casas y más casas…
Piso sobre piso.
Desbordantes de gente.
La soledad es un mal moral que no se cura sencillamente poniendo a las personas unas al lado de las otras. Hoy más que nunca la gente se amontona angostamente en los edificios, en las casas de pisos y en los lugares de vacaciones. Es precisamente allí donde se advierte la más fuerte y pavorosa soledad.
Largas filas de casilleros postales,
con etiquetas muy cuidadas.
Gran cantidad de personas,
personas bien vestidas,
personas que nadie conoce.
Se miran.
Cogen juntas el ascensor.
Miran frente a sí.
Saben que el otro existe,
como un objeto, como un poste
contra el cual hay que evitar el choque.
Gente de ciudad,
gente sola en la ciudad. Sola.
La soledad que hoy en día hiere a tanta gente nace de un profundo vacío espiritual, de la incertidumbre y de la angustia. Los mismos psiquiatras no pueden hacer gran cosa. Entre otras cosas porque no todos tienen dinero para pagar sus servicios.


¿Y tú? ¿Qué haces tú?
no pienses que cumples con tu deber hacia el amor
si te contentas con mirar
cordial y amablemente
a las personas que te rodean.
Esta es una benevolencia que cuenta poco
y una ilusión de amistad.
Te tranquiliza.
No haces daño a nadie.
Respetas los derechos de los demás.
¡Haces demasiado!
Si quieres amar de veras debes dedicarte
con solicitud profunda y auténtica
a las personas
con las que vives bajo el mismo techo
con las que trabajas durante todo el día
con las que viajas
con las que te diviertes, juegas y ríes
con las que no te caen bien
con las que no pertenecen a tu círculo social o intelectual
una solicitud de este tipo
que te sacuda, te arranque
de tu pequeña espera de intereses
es absolutamente necesaria.
No debes dejarla nunca de lado,
ni siquiera cuando estorbe
Tu paz y tu tranquilidad.
Quizá sea incluso un bien
que te molesten
que la atención
amigable y afectuosa hacia los demás
comporte, a veces,
disgustos o preocupaciones
que tú mismo no podrás confiar a nadie
la solicitud es fruto
De un amor auténtico.
Puede hacerte sufrir,
pero, a fin de cuentas,
te aporta el mejor don.
Ella da la vida, da color a tu existencia
y, a veces, te regala
un sentimiento de profunda gratitud,
una especie de paraíso
desconocido.


A las cosas puedes tratarlas sin amor.
Puedes derribar un árbol,
arrancar una mata.
Puedes romper un vaso,
tumbar una silla…
A las cosas puedes tratarlas de cualquier forma,
aunque no te sea del todo indiferente
Ver pisotear una flor.
A los hombres puedes “manejarlos”
solamente con amor.
Si no eres capaz de amar a los hombres,
quédate sentado en tu rincón
y ocúpate de ti mismo
O de cosas fútiles y sin vida.
Pero deja en paz a la gente.
Quizás trabajas en la administración,
ves únicamente papeles,
formularios o números
y nunca se te ocurre pensar
en el ser humano que tienes delante.
Trabajas en una oficina, en una escuela,
en una fábrica o en una tienda
y en todo el día
no encuentras hombres,
sólo máquinas parlantes.
Detrás de cada rostro
busca al hombre: ¡Ámalo!
Ama al hombre,
sea alto o bajo,
guapo o feo,
alegre o serio,
amable o antipático,
feliz o desgraciado,
rico o pobre,
culto o ignorante,
influyente o no.
Tu amor le hará bien.
Tú también sabes reconocer
si alguien se interesa en ti
por amor o por otras razones.
Si uno te aprecia,
es atento y afectuoso.
Te hace pasar un momento agradable.
Lo mismo sucede con las personas
con las que tú tienes que tratar.


Nuestra vida en comunidad es difícil. Nuestro lenguaje está a menudo cargado de amenazas y de violencia. ¡Protestar, contestar, luchar! ¿Para qué? ¿Por una sociedad más humana? Nosotros deshumanizamos nuestra sociedad renunciando al más mínimo respeto y a toda delicadeza en nuestras relaciones. Seguimos creyendo en la fuerza. Queremos tener razón y hacemos todo lo posible para ser los más fuertes. Nuestros sentimientos se empobrecen. Más que nunca necesitamos dulzura, ternura. Uno se vuelve delicado cuando se da cuenta de cuál frágiles son las cosas y cuán aislados están los hombres. Piensa en las numerosas, numerosísimas personas a quines el mal, la enfermedad, la pobreza, el desfallecimiento aleja lentamente de la vida. Ellas buscan una sonrisa, esperan una palabra amable, necesitan amistad y comunicación.
Revístete de ternura y de comprensión para todos los hombres que te rodean y no dejes nunca más a nadie aislado.