¿Quieres ver tu foto aquí?

¿Quieres ver tu foto aquí?
2012 - España

Como buey al matadero

10 Minutos y 3 Personajes. Tres adolescentes comentan lo que ven en un libro poco recomendable para chicos. Uno de ellos acusa al resto de ser poco hombres por no querer ir a ver una película con contendido sexual pero un joven se mantiene firme en su identidad.


COMO BUEY AL MATADERO




PERSONAJES

DAVID
KEVIN
SEBASTIAN



ESCENARIO
Tres sillas colocadas en el centro del escenario


(Kevin está sentado, hablando con Sebastián.)

DAVID. (Entra por la izquierda con un libro en sus manos. Su actitud es muy misteriosa. Se acerca a donde están Kevin y Sebastian.) ¡Ey, miren lo que tengo! (Abre el libro y se lo enseña a los dos.) ¿Qué les parece? Una obra de arte, ¿no lo creen?

KEVIN. (Muy asustado.) ¿Dónde sacaste eso?

DAVID. (Sentándose a la par de ellos.) Mi hermano mayor tiene un montón de esas revistas debajo de la cama.

SEBASTIAN. (Sigue mirando como atontado el libro.) Vaya, nunca había visto nada igual.

KEVIN. Sí, yo tampoco.

SEBASTIÁN. ¿Y todo eso es de ella?

DAVID. Sí, mi amigo, todo eso es de ella.

SEBASTIÁN. (Sin salir de su estado de shock.) Vaya, nunca había visto nada igual.

KEVIN. ¿Y tu hermano no se enoja?

DAVID. No, porque ni siquiera sabe que la tengo.

SEBASTIÁN. (Sigue mirando el libro, le da vuelta y lo pone al revés.) Vaya.

KEVIN. Mi hermana tiene un libro parecido a ese y lo único que tiene son números.

DAVID. Claro, tonto, ese es un libro de matemáticas; yo lo uso para andar la revista escondida.

KEVIN. Ah, ya, con razón...

DAVID. (Le quita el libro a Sebastián.) Es más, mi hermano tiene películas que en la portada tienen tres equis rojas. Yo vi una anoche, a escondidas de mis papás y de mi hermano, y estaba buenísima.

KEVIN. Pero, ¿no que tus papás son cristianos?

DAVID. Sí, pero mi hermano tiene todo escondido y ellos nunca lo han visto.

SEBASTIÁN. ¿Y tu hermano no es cierto que toca en el grupo de música?

DAVID. Sí, pero igual, tiene todo eso y nadie le dice nada. Es más, una tarde de éstas se fue con unos compañeros par una casa, yo lo vi y me le puse al corte. Cuando llegué a la casa me asomé por una ventana y vi lo de la película pero en vivo y a todo color.

KEVIN. (Sorprendido por lo que le dice David. Se pone de pie.) ¡Qué bárbaro!

DAVID. (Se pone de pie. Con tono muy cínico.) Sí, bárbaro, buenísimo.

KEVIN. No, hombre, qué bárbaro vos poniéndote en esas cosas.

DAVID. ¿Qué tiene de malo hacer esas cosas?

SEBASTIÁN. (Se pone de pie.) No te acordás lo que cantábamos en la escuelita de la iglesia: cuidado tus manitas lo que tocan, cuidado tus oídos lo que oyen, cuidado tus ojitos lo que ven...

DAVID. Bah, esas bobadas de la escuelita, no sé cómo nos ponían a hacer tanto ridículo.

KEVIN. Sebastián tiene razón, David, debes de tener cuidado con lo que ves, o tocas y en donde caminas.

DAVID. Ah, ya, déjate de tantas bobadas.

SEBASTIÁN. Es que no son bobadas, David.

DAVID. Vean, lo único que yo sé es que eso me hace más hombre.

KEVIN. ¿Quién te dijo que eso te hace más hombre?

DAVID. Mis compañeros me lo dicen. Me dicen que si yo tomo o fumo y veo de estas cosas, (enseñando el libro) me voy a hacer más hombre.

SEBASTIÁN. Yo no necesito hacer esas cosas para sentirme hombre, tengo la plena seguridad de que lo soy.

KEVIN. Sí, yo también.

DAVID. (Burlándose de ellos.) Pobre, ustedes son unos gallinas.

SEBASTIAN. (Molesto.) Nosotros no somos gallinas.

DAVID. Sí lo son.

KEVIN. (Lo empuja. Y trata de pegarle pero Sebastián lo detiene.) Que no somos gallinas.

SEBASTIÁN. (Se lleva a Kevin para tratar de calmarlo.)

DAVID. (Se pone de pie, se sacude la ropa y recoge el libro. Luego les dice a los dos chicos.) Bueno, si no lo son, los espero en el puente que está antes de la iglesia para ir a la casa donde fueron mi hermano y sus amigos.

KEVIN. ¿A qué vamos a ir?

DAVID. A hacernos hombres.

SEBASTIÁN. Mis papás no me dejan.

DAVID. (Hace como gallina.)

KEVIN. (Trata de írsele encima, pero Sebastián lo detiene.) Ya te dije que no somos gallinas, y vamos a ir para que lo veas.

DAVID. Está bien, ahí los espero, no vayan a faltar. (Sale por la derecha. Mientras camina va haciendo como gallina y burlándose de ellos.)

KEVIN. (Le grita a David.) Ya te dije que no somos gallinas.

SEBASTIÁN. (Calmando a Kevin.) Ya, déjalo, no le hagas caso.

KEVIN. ¿Qué? ¿Vamos?

SEBASTIÁN. ¿Estás loco? Yo no voy. (Se sienta.)

KEVIN. ¿Qué quieres? ¿Que David se siga burlando de nosotros?

SEBASTIÁN. No.

KEVIN. ¿Entonces?

SEBASTIÁN. Si nosotros le hacemos caso, entonces se va a dar cuenta que nos puede hacer como le da la gana.

KEVIN. Sí, sobre todo.

SEBASTIÁN. (Se vuelve a poner de pie.) Mira, Kevin, si vos querés ir, andá, pero yo no pienso ir como un buey cuando lo llevan al matadero.

KEVIN. Déjate de decir babosadas.

SEBASTIÁN. Yo no estoy diciendo babosadas. Sólo que no pienso hacer algo que vaya en contra de lo que mis papás me han enseñado.

KEVIN. Bueno, allá vos, si quieres ser el hazmerreír de todos en el colegio.

SEBASTIÁN. No me interesa, sólo me interesa lo que va a decir Dios de mí.

KEVIN. (Se queda pensativo.) Tienes razón, la opinión de Dios vale más que la de todos los demás.

SEBASTIÁN. Entonces, ¿no vas a ir?

KEVIN. No sé, voy a pensarlo.

SEBASTIÁN. Bueno, mejor vamos a jugar al futbolín.

KEVIN. (Como sin ganas.) Está bien, vamos.

(Se apagan las luces. Después de 20 segundos se encienden de nuevo.)

DAVID. (Está sentado, esperando que lleguen Kevin y Sebastián. Mira el reloj a cada rato. SE pone de pie, hace como una gallina y camina hacia la derecha, riéndose.)

KEVIN. (Entra antes de que David salga.) David.

DAVID. (Se vuelve.) Kevin, qué bueno que viniste. ¿Y Sebas?

KEVIN. No va a venir. Yo me vine a escondidas de él.

DAVID. Pero, ni que fuera tu papá para esconderte de él.

KEVIN. Sí, tienes razón.

DAVID. Bien, vamos que se hace tarde.

KEVIN. (No muy seguro.) Vamos.

(Ambos salen por la derecha. Se escucha una voz en off.)

VOZ EN OFF. Como un buey rumbo al matadero, como un ciervo que cae en la trampa y al que luego una flecha le parte el corazón; como un ave que se lanza contra la red, sin saber que eso le va a costar la vida.

(Se apagan las luces.)