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2012 - España

Máscaras

30 Minutos y 12 Personajes. Una persona intenta buscar la felicidad, fama y dinero, a través de la compra de unas "acciones bancarias" que sólamente le llevarán a problemas. Al final, no encontrará la solución en ninguna de estas tentadoras ofertas sino en la sangre de Jesús.
MÁSCARAS

PERSONAJES

YO (mujer)
VENDEDOR
MÁSCARA 1
MÁSCARA 2
MÁSCARA 3
MÁSCARA 4
MÁSCARA 5
LUZ
POLICÍA 1
POLICÍA 2
LADRÓN 1
LADRÓN 2



VESTUARIO

YO. Utiliza ropa de un color apagado: gris, café claro, un celeste oscuro.

VENDEDOR. Todo de negro, con un maquillaje tipo mimo. Usa un traje, un sombrero y un antifaz; todos de color negro.

MÁSCARAS. Visten de negro, y su rostro siempre cubierto por una máscara (puede ser un antifaz.)

LUZ. Usa una ropa de color claro, pero no blanca. Tiene que ser un color alegre, pero sin combinar rojos, amarillos y anaranjados (prohibidos esos tres colores.) Puede ser un celeste bien claro, un verde claro, o una combinación de azules con degradaciones de celestes o verdes. Es simple, nada de trajes sofisticados. Así como es Él, simple.


ESCENARIO

Es simple, sin sofisticaciones. Una banca de parque, una luz al frente, puede ser un reflector bien potente, o bien, una batería de 4 ó 5 luces, de más o menos 1000 lúmenes cada uno (100 watts), que se colocaría a nivel del piso, que alumbre directamente a la banca.


UTILERÍA

YO siempre porta una pequeña caja o baúl con piedras preciosas o monedas de oro (Imitaciones o de fantasía, por supuesto) que pueda ser llevada con facilidad por el actor en la mano.

VENDEDOR usa un maletín de color negro o rojo, y dentro de él guarda las monedas que le da Yo.

MÁSCARAS, si se pueden conseguir máscaras que brillen en las oscuridad, mucho mejor. Pero si no, máscaras parecidas a las que usan los porteros de hockey, y si no, antifaces negros.


ACCIÓN

(El escenario está completamente a oscuras. Se escucha una música, con buen volumen, puede ser la de James Bond. De ambos lados del escenario entran las máscaras que se ven porque brillan en la oscuridad. Se movilizan por todo el escenario, incluso haciendo una coreografía. La música baja poco a poco de volumen, y las máscaras salen rápidamente del escenario. Se encienden todas las luces, menos el reflector que da directamente sobre la banca. En ella está sentado el personaje Vendedor, leyendo un gran periódico.)

YO. (Entra por la derecha, muy aburrida. En sus manos trae una pequeña caja, pero con sus gestos demuestra que no está muy contenta de cargarla. Se sienta en la banca, mira la caja, la abre y saca algunas monedas).

VENDEDOR. (Baja el periódico y las mira con codicia.)

YO. ¡Qué aburrimiento más grande! Ya no sé qué hacer con éstas monedas; estoy harta de andar con ellas para arriba y para abajo sin saber qué hacer. (Saca una gran moneda o piedra preciosa.)

VENDEDOR. (Casi se lanza sobre Yo para arrebatarle la piedra pero se contiene.)

YO. (Mira la gran piedra con detenimiento.) Y mucho menos sé qué hacer con ésta cosa tan grande, la verdad es que pesa mucho… Ya desearía poder hacer algo interesante con ella.

VENDEDOR. (Se pone de pie, y camina de un lado hacia otro del escenario. Se frota las manos y mira a Yo con malicia. Mientras Yo habla sola, se acerca de nuevo a la banca y toma su maletín. Lo abre y busca algo.)

YO. (Habla, pero sin poner cuidado a lo que hace Vendedor, es más, no se ha dado cuenta de que está allí.) Cuando mis padres me dieron esta cajita, me dijeron que la cuidara, que por sobre todas las cosas que yo guardara y cuidara con recelo esto, porque de allí mana la vida. La verdad, hasta el día de hoy no sé qué me querían decir. A veces he querido lanzarla a un río, o bien, dejarla abandonada por allí, en algún basurero. Un sitio de mala vida, de esos que les llaman antros o bares. Quizá a la puerta de una iglesia, para que la cuiden. Pero es que ya estoy cansada de andarla cargando y no saber qué hacer con ella.

VENDEDOR. (Muy decidido.) Yo te puedo ayudar. Yo tengo la solución para que no andes cargando esa cajita por allí, y no te canses más.

YO. (Ignorando lo que dice vendedor. Ni siquiera lo vuelve a ver.) Tal es mi desesperación por hacer algo con esta caja, que hasta oigo voces.

VENDEDOR. (Desesperado.) No estás oyendo voces, yo estoy aquí, soy real. Mírame. (Sólo voltea tu cabeza.)

YO. (Se limpia los oídos.) Tan mal estoy, creo que debería bañarme más seguido.

VENDEDOR. (Desesperado la empuja.) ¡Que me pongas atención, te digo, que no soy producto de tu imaginación!

YO. (Cae al suelo. La caja se abre y se riegan las monedas.)

VENDEDOR. (Se apresura a juntar algunas monedas.)

YO. (Lo detiene.) No, gracias, yo puedo sola. Nadie puede tocar esas monedas, si alguna cae en las manos equivocadas, estoy perdida.

VENDEDOR. (No le agrada mucho la idea, pero se aparta.)

YO. (Se pone de pie.) Oye, deberías tener más cuidado por dónde caminas, por poquito me lastimas.

VENDEDOR. Disculpa mi torpeza. Bueno, en realidad no fue torpeza. Lo hice con total intención para ver si me ponías atención. Ya que estabas ida hablando sola de lo que piensas hacer con tu cajita de monedas.

YO. Sí, tienes razón.

VENDEDOR. Bueno y, ¿no has pensado en invertir esas monedas?

YO. (Extrañada.) ¿Invertir?

VENDEDOR. Sí, invertir. Veamos. ¿Cómo te explico? Tú compras con tus monedas una acción, y las ganancias que obtienes son de acuerdo al porcentaje que has invertido.

YO. No entiendo.

VENDEDOR. (Hace un gesto que da a entender que Yo es muy tonta. Le habla un poco más despacio, dividiendo las palabras en sílabas.) Mi-ra in-ver-tir es al-go muy sen-ci-llo. Tú tie-nes u-nas mo-ne-das, con e-llas com-pras u-na ac-ción. De a-cuer-do a lo que ha-yas gas-ta-do en la com-pra de e-sa ac-ción, a-sí se-rán las ga-nan-cias. (Más despacio.) ¿Me en-tien-des?

YO. (Molesta.) Claro que entiendo, no soy tonta.

VENDEDOR. Disculpa entonces. ¿Y qué? ¿Vas a invertir? ¿Sí o no?

YO. (No muy segura.) No sé.

VENDEDOR. (Sin darse por vencido.) Mira, no es nada complicado, tú me das las monedas, yo te doy una acción y ya.

YO. (Aun sin estar muy segura.) Bueno y, ¿de qué son las acciones?

VENDEDOR. Máscaras.

YO. (Extrañada.) ¿Máscaras?

VENDEDOR. Sí, máscaras. Tú me das unas monedas, yo te doy una acción y eres dueña de una máscara. Puedes hacer con ella lo que te dé la gana.

YO. Pero, ¿cómo me va a generar intereses una máscara?

VENDEDOR. ¡Uh! Los intereses son ilimitados. Pero sólo teniendo la máscara te darás cuenta. Además, alcanzarás la felicidad, porque al parecer no eres feliz.

YO. (Saca tres monedas.) Toma, dame una acción.

VENDEDOR. ¿Solo tres monedas vas a invertir?

YO. Por el momento, sí. Porque si me va bien con esta primera acción puedo comprar más.

VENDEDOR. (Abre el maletín y saca un sobre de color negro.) Toma, esta es tu primera acción. A nombre de... A nombre de... (Pequeña pausa.) Disculpa mi torpeza, pero, ¿cómo te llamas?

YO. Yo.

VENDEDOR. Sí, tú. ¿Cómo te llamas?

YO. Yo.

VENDEDOR. Por supuesto que tú. Tu nombre. ¿Cuál es?

YO. Yo.

VENDEDOR. Mira, no me tomes el pelo. Que no soy ningún tarado.

YO. Te estoy diciendo que mi nombre es Yo.

VENDEDOR. ¿Yo? ¿Por qué te llamas Yo?

YO. Porque soy cualquier persona. Yo, simplemente. Así como lo escuchas. Puedo ser alguien y no lo puedo ser. Soy Yo, y nada más.

VENDEDOR. Bueno Yo, aquí tienes la acción que te hace acreedora de una máscara. Gracias y hasta la próxima. (Sale apresuradamente por la derecha, sin dar tiempo de que Yo diga algo.)

YO. Oye, espera, ¿cómo te llamas? No me dijiste tu nombre. (Se sienta.) Bueno, ¿qué más da saber su nombre? Ahora soy dueña de una máscara. Al fin hago algo productivo con estas monedas. Por fin voy a ser feliz. (Abre el sobre apresuradamente.) ¿Robo?

(En el momento que Yo abre el sobre, se escuchan algunos truenos y se apagan las luces. Se enciende sólo el reflector que está a nivel de piso, y en el escenario aparece Yo, acompañado de la MÁSCARA 1.)

MÁSCARA 1. A sus órdenes.

YO. (Asustada.) ¿Quién eres?

MÁSCARA 1. Muy buenas, permítame presentarme, soy robo, tu máscara.

YO. (Extrañada.) ¿Robo?

MÁSCARA 1. Sí, ese es mi nombre, Robo. Y te puedo dar todo lo que tú quieras: Dinero, joyas, autos, etc, etc, etc, etc, etc y más etc.

YO. (Emocionada.) ¿En serio?

MÁSCARA 1. Sí, en serio. No te miento. Aunque sí estoy un poco molesto contigo porque pagaste muy poco por mí, en comparación con todos los beneficios que te puedo dar.

YO. Lo siento. No soy una persona que se arriesga con facilidad.

MÁSCARA 1. Bueno, no importa, total, ya me compraste. (Toma de la mano a Yo.) Ven, vamos. (Mientras salen por la izquierda va a hablando con Yo.) No podemos perder mucho tiempo. Te voy a llevar de paseo por algunos lugares que conozco muy bien. ¿Alguna vez has hecho retiros de dinero?

YO. No.

MÁSCARA 1. Bueno, ven, te voy a enseñar, es muy fácil. Por cierto, aquí cerca hay una agencia bancaria, vamos a visitarla.

(Todo lo tienen que hablar mientras van saliendo. Se apagan las luces. Se escucha el sonido de sirenas de patrulla. Las luces se encienden de nuevo todas. Yo y MÁSCARA 1 entran corriendo por la derecha, con dos sacos, con el símbolo de una moneda en uno de sus costados. Algunos billetes se salen de los sacos.)

YO. (Asustada.) Por poquito y nos atrapan.

MÁSCARA 1. (Emocionado.) ¡Qué bien! ¡Estuvo perfecto!

YO. (Molesta.) ¿Estás loco? Por poquito me matan. No, no, yo no quiero una máscara que me traiga estos riesgos. Jamás voy a ser feliz así.

MÁSCARA 1. Pero mira el montón de dinero que tienes…

YO. Sí. Pero a costa de qué. Casi muero en el intento.

(Entran dos policías por la derecha.)

POLICÍAS. ¡Ahí está, atrápenla!

(Yo sale corriendo por la izquierda, perseguida por los dos policías. Las luces se apagan. Pasados 10 segundos se encienden.)

YO. (Está sentada en la banca, esposada)

VENDEDOR. (Entra por la izquierda.) Vaya, vaya. Terminaste en la cárcel.

YO. (Muy enojada.) Sí, y todo por tu culpa.

VENDEDOR. ¿Por mi culpa?

YO. Sí, tú me vendiste la máscara y me prometiste que iba a ser feliz. Me engañaste.

VENDEDOR. Si quieres ser feliz tienes que correr el riesgo.

YO. (Lanza el sobre al suelo.) Aquí tienes, no quiero ser feliz. Porque para tener dinero tengo que arriesgar mi vida. Si voy a ser millonaria, que sea de otra forma.

VENDEDOR. (Saca un sobre de color verde.) Pues aquí está la solución. Ésta es una acción para otra máscara. Millonaria sin necesidad de robar. Tómala.

YO. (Intenta tomar el sobre.)

VENDEDOR. (Le quita el sobre.) Un momento, tienes que pagar.

YO. Pero si yo ya pagué.

VENDEDOR. Sí, pagaste la primera máscara. Esta es otra, pero también es más costosa.

YO. (No muy convencida.) Bueno. (Saca cuatro monedas de la caja.) Aquí tiene.

VENDEDOR. (Toma las monedas y le da el sobre a Yo.)

(Inmediatamente se apagan las luces. Se escuchan truenos. Pasados 10 segundos se enciende el reflector que está a nivel del piso.)

YO. (Está sentada en la banca. Ya no tiene las esposas. Varias bolsas de dinero le rodean.)

MÁSCARA 2. (Está de pie, detrás de Yo. Contando algunos billetes.)

YO. (No cree lo que ve.) No puede ser, qué montón de dinero, y sin esfuerzo.

MÁSCARA 2. ¡Qué bello es todo!

YO. (Vuelve su mirada asustada en dirección de donde provino la voz.) ¿Quién eres?

MÁSCARA 2. Riqueza.

YO. ¡Oh! Vaya. ¡Qué bueno! Aún no lo puedo creer. Ahora sí soy feliz de verdad y por fin le encuentro un uso útil a estas monedas. (Lo dice tomando la caja en sus manos.)

MÁSCARA 2. Y no tienes que robar, simplemente extiendes tu mano, y ya. Mi amiga, el dinero y las riquezas son el todo de la felicidad.

YO. ¿Tú crees?

MÁSCARAS 2. Claro... A ver, dime, ¿qué puedes comprar con el dinero?

YO. (Piensa un poco.) ¡Hummmmmmm! (Encoge los hombros.) Todo.

MÁSCARA 2. Claro, todo: Amigos, lujos, lo que tu mente piense, y lo que tu cuerpo te pida, eso te lo da el dinero.

YO. ¿La felicidad? ¿El dinero puede comprar la felicidad?

MÁSCARA 2. Eso ni lo dudes. Si el dinero no puede comprar la felicidad, entonces, ¿qué la puede comprar?

YO. (Sonriendo.) Sí, verdad. ¡Qué tontera!

MÁSCARA 2. ¿Ya has pensado que harás con todo tu dinero?

(Se encienden todas las luces.)

YO. (Un poco pensativa, pero muy emocionada.) Bueno, creo que me compraré mucha ropa, zapatos, un coche último modelo, una gran casa... No, mejor un palacio. Sí, un palacio.

(Por la derecha entran dos ladrones, y amenazan a Yo. Le quitan todo el dinero y salen corriendo por la izquierda. Yo trata de detenerlos, pero es inútil, salen muy rápido, y no logra alcanzarlos. Las luces se apagan por completo. Pasados 10 segundos se encienden de nuevo.)

YO. (Está sentada en la banca, muy triste, realmente muy triste.)

VENDEDOR. (Entra por la izquierda. Se acerca a Yo.) ¿Estás triste?

YO. (Mira a Vendedor muy molesta. Se lanza hacia él con intenciones de pegarle.) Me engañaste, las riquezas no me hacen feliz.

VENDEDOR. Pero, ¿qué pasó?

YO. ¡Ah! No te hagas. Bien sabes que me robaron todo, y ahora no tengo nada. Ni máscaras, y menos monedas en mi caja. Aparte de eso, cada vez me siento más cansada, sin fuerzas.

VENDEDOR. Tranquila, yo tengo la solución. Necesitas poder. Y yo tengo el poder que tú quieres.

YO. (Sin mucho interés y poca emoción.) ¿No me digas? ¿Otra máscara?

VENDEDOR. Claro. (Saca un sobre de color rojo.) Toma, aquí tienes la acción que te acredita como dueña del poder.

YO. (Toma el sobre.)

VENDEDOR. (Se lo quita.) Alto, son cinco monedas.

YO. ¿Cinco?

VENDEDOR. Entre mejor sea la máscara, más elevado es el costo.

YO. Bueno. (Y saca cinco monedas de su caja.)

(Las luces se apagan de nuevo. Se escucha una música bien pesada. Con muchas percusiones y guitarra eléctrica. No necesariamente un rock metálico. Puedes ser música clásica. Pasados 10 segundos se enciende el reflector a nivel de piso.)

YO. (Está acostada en la banca, completamente dormida.)

MÁSCARA 3. (Es un tipo bajo de estatura. La observa y la despierta.) Vamos arriba. Que el mucho dormir te debilita. Y el poder no necesita de debiluchos dormilones.

YO. (Aún medio dormida.) ¿Qué pasa? ¿Quién eres?

MÁSCARA 3. Soy el poder.

YO. (Lo mira de pies a cabeza.) Pero tú, ¿cómo vas a ser el poder? Creo que éste es un error de entrega.

MÁSCARA 3. No te dejes engañar. El poder parece algo pequeño, pero tan devastador como la bomba atómica. Recuerda, la esencia siempre viene en frascos pequeños.

YO. Y dime, ¿qué debo hacer para ejercer ese poder?

MÁSCARA 3. Por eso no te preocupes, yo estoy acá. Me tienes, te pertenezco. Ven, vamos a apoderarnos del mundo.

YO. (Se detiene en seco.) ¿Del mundo?

MÁSCARA 3. Recuerda, me tienes a mí: el poder.

YO. (No muy segura.) Bueno, vamos.

(Las luces se apagan. Se escucha un playback de disparos, explosiones. Sonidos de una guerra. Las luces se encienden pasados 10 segundos.)

YO. (Entra arrastrándose. Está muy cansada.)

VENDEDOR. (La mira sentado en la banca. En su rostro se dibuja una sonrisa cínica.) ¿Derrotada?

YO. (Casi sin poder hablar.) De ver-dad que el po-der pue-de ser pe-que-ño en a-pa-rien-cia pe-ro tan de-vas-ta-dor co-mo u-na bom-ba a-tó-mi-ca. (Se desploma.)

VENDEDOR. (Levanta a Yo del suelo y le ayuda llegar a la banca.)

YO. (Un poco más repuesta.) No pude controlarlo, y cuando quise hacerlo ya era demasiado tarde. La guerra se había desatado y yo estaba en medio de ella. Era el eje central. No pude… (Llora como un niño.) No pude, no pude, se me escapó…

VENDEDOR. (Consolándola.) Ya, no llores. Quizá debí darte la otra máscara. Tal vez lo único que necesitabas era un poco de fama, pero no el poder.

YO. (Muy débil.) Sí, fama, quiero ser conocida por todos. Que en todo el mundo me reconozcan y sepan quién soy sin necesidad de usar la fuerza y el poder.

VENDEDOR. (Saca un sobre azul.) Bueno, aquí la tienes: la fama, y será toda tuya por siete monedas.

YO. (Esta vez no lo piensa y saca las siete monedas.) Toma, son las últimas siete que me quedan. Bueno, y esa piedra grande que estorba mucho.

VENDEDOR. (Le entrega el sobre y sonríe cínicamente.) No te preocupes, ya vas a darle uso.

(Las luces se apagan. Se escucha una música rave o electrónica. Si se puede, luces estroboscópicas o parpadeantes. La música se detiene abruptamente y de inmediato se escuchan aplausos de una multitud. Se encienden las luces pasados 10 segundos.)

MÁSCARA 4. (Entra con Yo por la izquierda, cargándolo. Pero antes debe luchar para cerrar la puerta, porque algunos seguidores quieren tocarlo. Desde adentro se oyen gritos de apoyo a Yo, algunos llantos por Yo, preocupados por su estado de salud. Algunos lanzan frases de aliento. Acuesta a Yo sobre la banca.)

VENDEDOR. (Entra por la derecha.) ¿Qué pasó?

MÁSCARA 4. Colapsó. No soportó más y se desvaneció. No pudo soportar tanta presión y entró en un estado de shock.

VENDEDOR. No puede ser que el peso de la fama la haya llevado hasta ese extremo. (Le ayuda a Máscara 4.) Dejémosla acá, pronto se repondrá.

YO. (Comienza a reaccionar poco a poco. Está muy débil, casi no puede levantarse.) ¿Qué me pasa?

MÁSCARA 4. Estás muy débil, no te muevas.

YO. (Desorientada.) ¿Dónde estoy?

VENDEDOR. Estás conmigo, no te preocupes, no te va a pasar nada.

YO. (Muy débil, sin fuerzas, trata de incorporarse, pero no puede, y vuelve a caer pesadamente sobre la banca.) Siento que muero.

VENDEDOR. (Con mucho cinismo.) ¿Te gustaría tener vida eterna?

(Por la derecha entra LUZ, en sus manos trae una pequeña bolsa de color carmesí, con monedas, y atada con un cordón dorado. Se queda de pie, en un rincón del escenario. Las luces se apagan, solo queda el reflector de piso. Máscara 4 sale del escenario.)

YO. (Con mucho esfuerzo logra incorporase en la banca.) ¿Qué dijiste?

VENDEDOR. ¿Quieres ser inmortal? ¿Nunca morir? ¿Vivir eternamente?

(Usar música de suspenso.)

MÁSCARA 5. (Entra por la izquierda.)

YO. (Muy pensativa. Sólo vocaliza la frase.) ¿Un ser inmortal? ¿Nunca morir? (Se encoge de hombros y habla.) Sí, creo que sí. ¿Supongo que eso me costará más monedas?

VENDEDOR. Pues supones muy bien.

YO. (Busca algunas monedas en su caja.) Ya no tengo monedas. (Saca la gran moneda o piedra preciosa.) Sólo me queda ésta, pero no creo que alguien vaya a dar algo por esto.

VENDEDOR. (Muy excitado.) Eso es más que suficiente. Me la das y la inmortalidad es tuya.

MÁSCARA 5. (Se acerca a la banca.)

YO. (Se desvanece en la banca. Cierra sus ojos, como si quedara dormida.)

LUZ. (Desde el rincón donde está.) Tú no puedes comprar su vida y menos darle la inmortalidad.

VENDEDOR. (Sabe muy bien quién le habla.) ¿Qué haces aquí?

(Las luces se encienden. Las demás máscaras entran.)

LUZ. (Camina hacia la banca.) Tú sabes muy bien qué hago acá. (Lanza la bolsa al suelo.)

VENDEDOR. (Toma la bolsa en sus manos, pero al levantarla siente que se quema y la suelta de inmediato.)

LUZ. No puedes tocarla, porque es el precio que yo pagué por ella. Precio que jamás podrás igualar.

VENDEDOR. (Se aleja de la banca, poco a poco.) ¿Por qué siempre tienes que arruinar mis planes?

MÁSCARA 5. (Se cubre, como si estuviera encandilado.)

VENDEDOR. No es justo. Siempre haces lo mismo.

LUZ. Eres un ladrón. Vives como un león rugiente, buscando siempre a quién devorar, a quién destruir. Vendes tus máscaras, haciéndoles creer que les traerán la felicidad, pero al final se dan cuenta que están vacíos.

VENDEDOR. (En tono retador se acerca a Luz.) ¿A poco tú les vas a dar la felicidad que ellos necesitan?

LUZ. Soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que viene a mí, no tendrá sed jamás. La felicidad que yo les doy no viene de afuera, fluye de su interior. Los engañas con tus máscaras para que ellos no puedan descubrir su verdadera felicidad, no les permites ver su interior. No les das la oportunidad de abrir su corazón y recibir el Amor.

VENDEDOR. (Se tapa los oídos.) No digas esa palabra, que no soporto escucharla.

LUZ. No soportas escucharla, porque no tienes Amor en tu corazón. Sin el Amor, tu ser interior vive en oscuridad.

VENDEDOR. (Se aleja.) Ya basta. No sigas más. (Deja caer las monedas que le ha dado Yo.) No me atormentes.

LUZ. Entonces vete.

VENDEDOR. (En tono retador.) Me voy, pero volveré, y te venceré.

LUZ. Puedes regresar, pero jamás vas a vencer, porque sabes muy bien que estás derrotado. Que yo te gané.

VENDEDOR. ¡Basta! (Sale por la izquierda, seguido por las demás máscaras.)

LUZ. (Recoge todas las monedas que dejó regadas Vendedor. Se acerca a la banca, toma a Yo de la mano, y la levanta suavemente.) Despierta. (Echa las monedas en la pequeña caja. También coloca la bolsa color carmesí.)

YO. (Conforme van cayendo las monedas en la caja, se va recuperando, hasta levantarse, totalmente renovada, con nuevas fuerzas.)

LUZ. Hola.

YO. ¿Quién eres?

LUZ. Soy el Camino, la Verdad y la Vida y he venido para darte vida; vida en abundancia.

YO. Y el ven...

LUZ. No volverá más, se fue.

YO. Y mis mon...

LUZ. (Le entrega la cajita.) Aquí están, todas. (Saca la moneda o piedra preciosa grande.) Hasta ésta que tanto despreciaste, debes cuidarla muy bien.

YO. Pero, ¿por qué?

LUZ. Porque de ella mana la vida.

YO. No entiendo.

LUZ. Tu corazón, tus pensamientos, son la fuente de tu vida, si no los cuidas, ellos mismos te pueden llevar a la muerte.

YO. (Mira la caja y la estrecha fuertemente en su cuerpo, como si la protegiera.)

LUZ. (Se pone de pie, camina varios pasos, y cuando está a punto de salir se vuelve y le dice a Yo) ¿Vienes?

YO. (No muy segura.) Es que no sé. Me da miedo.

LUZ. (Con ternura.) El que viene a mí, yo no le echo fuera. Todos aquellos que tienen cargas, y que están cansados, me buscan, porque yo los hago descansar. Yo ya llevé tus cargas, problemas y ansiedades. (Señala la cajita.) Mira.

YO. (Abre la caja de nuevo y saca la bolsa roja carmesí.) ¿Y esto?

LUZ. Es el precio que pagué por ti. (Le pregunta de nuevo.) ¿Vienes? (Sale.)

YO. (Duda un momento. Luego camina apresuradamente hacia la puerta.) ¡Hey! Espera, yo quiero ir a donde tú vas.

(Se apagan todas las luces.)