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2012 - España

Hoy es día de salvación

15 Minutos y 6 Personajes. Un viajero de una tierra lejana había escuchado ya desde hace 3 años acerca de Jesús, de su predicación y de los milagros que hacia. Al principio estaba lleno de dudas, después de compromisos, y es hasta hoy que se ha decidido visitar Jerusalén para conocer a tan grandioso personaje, sin contar con que dos días anteriores a su llegada había sido crucificado y puesto su cuerpo en una tumba.


HOY ES DÍA DE SALVACIÓN

Alma Ivonne Sánchez



PERSONAJES

VIAJERO

MESONERA

SAMARITANA

ZAQUEO

LEPROSO SANADO

JOVEN (puede ser hombre o mujer)


Escena única


(La escena se desarrolla en un mesón atendido por una joven. Ambientar con muebles y decoración de la época: una mesa, un cántaro de agua, vasos de barro o madera. Entra el viajero, la joven mesonera está limpiando…)


VIAJERO. Buenos días tenga, jovencita. Mire, ando buscando un lugar para alojarme unos cuantos días; vengo de muy lejos y la verdad, ya estoy muy cansado. Por favor, dígame si tiene alguna habitación disponible, no quisiera buscar más.


MESONERA. ¡Claro que sí, buen hombre! Pero siéntese, descanse, y ahora que venga mi padre le mostrará su habitación, ¿le puedo ofrecer algo?


VIAJERO. Agua, si no es mucha molestia, en verdad estoy rendido. (La mesonera sirve agua del cántaro que esta en la mesa y le da a beber agua.)


MESONERA. ¿Y qué le trae por aquí?


VIAJERO. Bueno, desde hace ya tiempo he escuchado de un hombre llamado Jesús que habla del reino de dios, y sana enfermos, hace milagros, incluso ha levantado a los muertos… He tenido una gran inquietud por conocerlo, bueno… (hace una pausa) tengo que reconocer que al principio yo no creía en tantas cosas que decía la gente, ya sabe, a veces tienden a exagerar o dejarse llevar por las apariencias, pero conocí gente que había sido sanada por el, y cada vez tenía más curiosidad de conocerlo.


MESONERA. (En tono triste.) ¿Y por qué no vino antes?


VIAJERO. Bueno, yo soy un hombre muy ocupado y, entre una y otra cosa, pues, no había tenido el tiempo para venir. Soy de muy lejos y no es lo mismo que te cuenten, a que tú lo veas con tus propios ojos. Supongo que debe ser un hombre muy importante en la región. Dígame, ¿usted sabe dónde se hospeda?


MESONERA. ¡Ay, pues aquí estamos muy tristes! Ciertamente era un hombre muy importante sin embargo, no lo supieron apreciar, y hoy ya es el tercer día de que lo mataron por crucifixión… (Rompe en llanto y se sienta.) Disculpe usted… (Se limpia la cara) es que ha sido muy triste.


VIAJERO. Sí, en verdad que es muy triste, y… ¿entonces? (Se levanta de su asiento.) Ya no tuve oportunidad de conocerlo, al menos verle de dejos, escucharlo. ¡Oh, no! Llegué demasiado tarde… ¿Por qué no me di un tiempo? (Se lleva las manos a la cabeza, y se sienta callado y agachado.) (En ese momento entra una mujer samaritana con semblante triste.)


MESONERA. (Se pone de pie.) Dígame, buena mujer, ¿en qué le puedo servir?


SAMARITANA. Sólo un poco de agua, por favor. (La mesonera sirve agua del cántaro que está en la mesa y le da a beber.)


MESONERA. Siéntese, se ve muy cansada.


SAMARITANA. Gracias.


VIAJERO. (Se acerca a la mesonera y le dice de manera discreta) Pero, esta mujer parece ser samaritana… Los judíos no se llevan con los samaritanos.


MESONERA. El maestro nos enseñó el amor a nuestro prójimo y al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.


(El viajero se sienta pensativo.)


MESONERA. ¿Y qué la trae por aquí?


SAMARITANA. Yo conocí a Jesús, el Mesías.


VIAJERO. ¿El Mesías? Pero… ¿Cómo? Dígamelo, ¿dónde lo conoció?, ¿qué le dijo? Cuéntemelo todo, por favor… (Con voz suplicante.)


SAMARITANA. Bueno, lo conocí cuando llenaba mis cantaros de agua en el pozo de Jacob. Era un día azul y alegre cuando lo vi. Él estaba sentado en el pozo cuando yo llegué. Me pidió que le diera agua para beber; yo me sorprendí porque los judíos y samaritanos no se llevan… Pero más me sorprendió su voz llena de amor, y las palabras que me dijo. Me habló de esa agua que me daría de beber con la cual ya no tendría más sed. Al principio no entendí pero es cierto, mi alma quedó tan saciada con sus palabras que no pude hacer otra cosa mas que dejar mi cántaro y salir corriendo a avisar al pueblo que había encontrado al Mesías, llamado también el Cristo. Mi vida cambió en ese instante; Él conocía toda mi vida, mi pecado sin embargo, no me señaló, no me juzgó, ni me reprochó, aunque tenía toda la autoridad para hacerlo. Mi vida no volvió a ser la misma, ahora un nuevo sol me ilumina… Siento como si hubiera nacido de nuevo… Sólo quería hablar con él, y contarle cómo ha cambiado mi vida gracias a Él.


VIAJERO. (Interrumpe a la samaritana.) Entonces, ¿por qué está tan triste?


SAMARITANA. ¿No sabe usted? Lo han matado. Me he enterado del cruel castigo que impusieron sobre Él: Humillaciones, golpes, burlas, flagelaciones y la cruz. No puedo siquiera imaginar tanto sufrimiento… (Todo queda en un silencio triste. En ese momento entra un hombre (leproso sanado). La mesonera se pone de pie para atenderlo.)


MESONERA. ¿Le puedo ayudar en algo, buen hombre?


LEPROSO. Disculpe, sólo quiero descansar un momento, el calor es sofocante.


(La mesonera nuevamente sirve agua del cántaro que esta en la mesa y le da a beber. El leproso toma el agua con rapidez y devuelve el vaso a la Mesonera.)


LEPROSO. ¡Gracias, muchas gracias! ¡Ah! Si tan solo hubiera dicho gracias a tiempo, si hubiera regresado… (Rompe en llanto y se cubre la cara.)


VIAJERO. ¿Le pasa algo?


LEPROSO. ¡Soy un ingrato!, no soy digno de compasión. (Intenta calmarse, se seca el rostro.) Yo antes fui leproso, y estaba con otros 9 leprosos más. Vivíamos en las afueras de la ciudad, desechados, despreciados, pero un día en el camino encontramos a Jesús y le pedimos ayuda. Él nos mandó presentarnos ante los sacerdotes y en el camino fuimos limpiados, pero sólo un compañero regresó glorificando a dios y le dio las gracias a Jesús, mientras yo no regresé. Estaba tan emocionado que quise recuperar todo el tiempo perdido en la enfermedad. Regresé con mi familia, visité a mis amigos, fui a fiestas, y a todos los lugares que había dejado debido a mi condición… y ahora… es demasiado tarde… (Vuelve a agacharse y cubrir el rostro.) Nadie me había prestado ayuda cuando estaba enfermo; sólo a él no le importó mi condición, no me despreció como me despreciaron incluso los que se decían mis amigos, solo Él me amo tal y como era.


VIAJERO. Pues tal parece que todos llegamos tarde…


(Quedan todos callados y tristes cuando entra un hombre bajo de estatura, con vestidos finos [Zaqueo].)


ZAQUEO. La paz sea con ustedes, buenas personas. Disculpen, ¿alguien aquí podría darme un poco de agua? El calor afuera es agobiante a esta hora. (La mesonera nuevamente sirve agua del cántaro que está en la mesa y le da a beber. Zaqueo se sienta y toma el agua con calma mientras los observa y pregunta intrigado.)


ZAQUEO. Perdón, no quisiera verme impertinente, pero me ha preocupado verlos a todos tan tristes. ¿Hay algo que pueda hacer por ustedes? Díganme, lo que sea, yo podría ayudar, tal vez no lo crean pero he cambiado, hasta podría decirles que nací de nuevo.


MESONERA. ¿Es que acaso no se ha enterado de la cruel muerte de Jesús?


VIAJERO. Yo deseaba conocerle, hablar con Él. Sin pedir nada, sólo conocerlo y escucharlo.


LEPROSO. Yo tenía mucho que agradecerle.


SAMARITANA. Yo quería contarle cómo ha cambiado mi vida desde que lo conocí; que viera que en verdad he cambiado. Su presencia en mi vida marcó un cambio que todos han notado.


MESONERA. ¿Usted lo conoció?


ZAQUEO. Claro que sí; de hecho, se hospedó en mi casa.


VIAJERO. ¿Y cómo era?, dígamelo, cuénteme todo, ¿qué le dijo? ¿Cómo es que llegó a su casa? ¿Usted lo invitó?


ZAQUEO. Bueno, realmente todo fue inesperado. Yo no era una persona muy querida por el pueblo, soy publicano, ¿saben? (lo dice un poco avergonzado), y bueno, reconozco que también no he sido alguien que tenga muchas amistades sinceras. Siempre he vivido un poco acomplejado por… mi estatura. Tal vez por eso busque en las riquezas ser el hombre más grande de la región. Yo había escuchado mucho hablar del señor Jesús y tenía mucha curiosidad de conocerlo. Ese día Jesús entraba a la ciudad de Jericó y yo, como, bueno, (ríe un poco) por razones obvias, no alcanzaba a verlo, me subí a un árbol, y de repente Él me miró a los ojos y me dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.” No podría decirles el gozo que inundó mi alma en el mismo momento que sus ojos miraron a los míos y escuché su voz mencionar mi nombre…


VIAJERO. Y… ¿por qué le dijo eso? ¿Ya lo conocía? ¿Por qué elegir su casa habiendo tanta gente buscándolo? Perdón pero, ¿por qué elegirlo a usted con esa mala fama que tenía siendo un publicano?


ZAQUEO. No lo sé, lo único que sé es que miró en mí una miseria en vida, un pobre más que creyó ser feliz por ser un pobre rico. ¿Por qué fijarse en mí? Lo único que puedo decir es que fue amor. El mismo amor que lo movía a alimentar multitudes, a sanar enfermos y liberar endemoniados. El mismo amor que lo movió a venir a este mundo y morir en la forma que lo hizo; por amor a todo este mundo pecador que no tenía ninguna oportunidad de salvarse sino sólo por su sacrificio en la cruz.


(Todos se ponen aun más tristes y lloran.)


ZAQUEO. Pero, no deben estar tristes. Ese día platicamos de tantas cosas que no podría realmente contarles… Lo que sí me quedó claro es que éste no es el fin. No sé de qué manera, o cómo sucederá, pero estoy seguro de que lo volveremos a ver y pronto.


(Todos se lo quedan mirando confundidos y se ven unos a otros. Zaqueo luce tranquilo y gozoso; en eso entra un muchacho.)


JOVEN. (Entra agitado, se refleja un gran gozo en su cara.) ¡Resucitó!, ¡resucitó!, ¡Jesús resucitó!


TODOS. ¿Qué? ¿Quién? ¿De qué hablas?


MESONERA. A ver, cálmate, siéntate. (Le da un vaso de agua.) Cuéntanos qué pasó.


JOVEN. (Habla agitado.) Las mujeres fueron de mañana a ver la tumba y está vacía pero un varón de vestiduras blancas les dijo que no busquen en los muertos al que vive; no está ahí sino que ha resucitado. María magdalena, María su madre, también fueron dos de sus discípulos: Pedro y Juan pero el resultado es el mismo: el señor Jesús ha resucitado, ha vencido a la muerte.


MESONERA. Vamos a buscarle… (Se dirige a la puerta.)


LEPROSO. Sí, vamos, tengo tanto que agradecerle...


SAMARITANA. Y yo, tanto que contarle…


VIAJERO. ¿Cree que esté bien que vaya yo? Después de todo, Él no me conoce… No sé si…


ZAQUEO. Te aseguro que te conoce. Vamos, hoy es tiempo de salvación… (Salen todos apresurados de la escena).


Telón.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

hermosisimo este drama me toco y lo vasmos hacer en nuestra iglesia de seguro personas seran tocadas por jesus.

Anónimo dijo...

hermosa manera de demostrar el amor de Jesus todos tenemos algo que contar, algo q agradecer.... hoy es tiempo de salvación

Anónimo dijo...

Vamos a hacer esta obra en la iglesia para este proximo dia de resureccion, la verda esta muy bien escrita y se que va a ser de mucha bendicion..bediciones y gracias.

Anónimo dijo...

Hermosa obra aqui vemos el gran amor de. nuestro Señor Jesucristo muchas felicidades Bendiciones. gracias por compartir

Anónimo dijo...

Me encanto !!!