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2012 - España

El Mesonero

10 Minutos y 10 Personajes + Extras. Una abuelita les cuenta a sus nietos una historia navideña sobre el mesonero que atendió el nacimiento de Jesús para que realmente descubran el verdadero significado de la Navidad: que Jesús nazca en sus corazones.

EL MESONERO


PERSONAJES

ABUELITA
JUANITO
LUISITO
ANITA
MILLONARIO
MESONERO
ARTISTA
POLÍTICO
JOSÉ
MESONERA
EXTRAS: Esposa del Millonario, Pastores, María

ESCENARIO

El drama inicia con 3 escenarios los cuales serán iluminados de acuerdo al momento en que corresponda a la actuación.

En el primer escenario, está una abuelita en una mecedora con sus nietecitos sentados a su alrededor en una sala decorada de Navidad.

En el segundo escenario aparece un mesonero, su esposa y algunas personas que solicitan hospedaje. (Un matrimonio rico, un artista de cine y un político.)

En el tercer escenario aparece el pesebre donde nació Jesús.


EN LA CASA DE LA ABUELITA

ABUELITA. A ver, niños, ahora que estamos tan cerca de la Navidad, quisiera que me dijeran si comprenden el verdadero significado de la Navidad, y si Jesús tocara a su puerta y les pidiera hospedaje, ¿qué lugar le darían?

JUANITO. (Un niño gordito y comiendo.) Yo le daría la cocina, por si se le antojara algo, pudiera tomar todo lo que quisiera.

LUISITO. (Un niño con lentes que siempre ve televisión.) Yo le daría la sala para que pudiera ver televisión y descansara en el sofá del Nintendo.)

ANITA. Yo le daría mi cuarto, para que viera mis muñecas y descansara en mi cama.

ABUELITA. Muy bien, niños, creo que todos le darían su lugar preferido a Jesús. Pues bueno, yo les voy a platicar la historia de un mesonero en el tiempo de Jesús. A él también le hubiera gustado darle a Jesús el mejor de los lugares donde descansar pero...



EN LA RECEPCIÓN DEL MESÓN

MILLONARIO. Señor mesonero, necesito una habitación para mi esposa y para mí, con una sala muy grande para recibir a todos los amigos del club y con teléfono para estar comunicándome con la bolsa de valores de Wall Street.

MESONERO. (Moviendo las manos en forma de que ha logrado un gran negocio.) Claro que sí, señor, tengo 4 habitaciones y una es especial para usted. (Le entrega las llaves y la esposa del Mesonero los saca del escenario como si los dirigiera a su habitación.)

ARTISTA DE CINE. Señor mesonero, necesito una habitación para 4 días, que es lo que dura la filmación de la nueva película de Hollywood, que tenga un espejo muy grande con luces, vista a la calle para saludar a los fans y una sala muy grande para recibir a la rueda de prensa y los autógrafos, usted sabe.

MESONERO. Claro que sí, tenemos 3 habitaciones y una es como la que usted necesita, (Le entrega las llaves, y su esposa le saca del escenario, como si le dirigiera a su habitación.)

POLÍTICO. Señor mesonero, necesito una habitación para mí, ya que estaré por este pueblo en campaña proselitista, pero que tenga una sala muy grande para recibir a los medios de comunicación.

MESONERO. Claro que sí, señor candidato, tengo 2 habitaciones y tengo una que se ajusta a sus necesidades. (Le entrega las llaves y sale del escenario con la esposa del Mesonero.)

JOSÉ. Señor mesonero, buenas noches, buscamos una habitación para mi esposa y para mí, ella está embarazada y muy cansada, nos basta que tenga una lugar donde dormir.

MESONERO. (Los mira y su actitud es de inconformidad, ya que tiene a personas muy importantes y preferiría dejar la recámara que sobra a alguien más importante.) Miren, tengo todas las habitaciones ocupadas, pero si ustedes gustan, detrás del mesón tengo un establo donde están los animales. Creo que no pasarían frío, ¿lo aceptan?

JOSÉ. Muchas gracias, señor, lo tomamos pues mi esposa realmente necesita descansar.



EN LA CASA DE LA ABUELITA

ANITA. Abuelita, ¿por qué no les dio la recámara que sobraba?

JUANITO. Sí, abuelita ¿por que mintió, por qué dijo que ya no tenía habitaciones?

LUISITO. Abuelita, ¿no sabía que quién nacería, sería Jesús?

ABUELITA. Bueno, niños, son muchas preguntas, pero mejor les termino de contar la historia. Al otro día el mesonero se encontraba con su esposa contando el dinero que habían ganado con tantos huéspedes cuando...



EN EL MESÓN

MILLONARIO. (Sale corriendo y pasa donde está el mesonero.) ¡Corre, mujer! Tenemos que estar en ese lugar, trae todas tus joyas para darlas como un presente. (Salen del cuadro.)

MESONERO. (A su esposa) ¿A dónde irán? Tal vez fueron a ver al artista…

ARTISTA. (Pasa por donde está el mesonero y su esposa.) Necesito un autógrafo, déjenme tan sólo verlo… (Sale del cuadro.)

MESONERA. ¿A quién quiere ver? ¿Qué es más importante que él?

MESONERO. Creo que al político tal vez, ya ganó las elecciones, recuerda que tenemos en este mesón a las personas más importantes de la región.

POLÍTICO. (Entra corriendo y gritando.) ¡Tengo que verlo y sentarme a sus pies! (Sale del cuadro.)

MESONERO. Tal vez quieren ver a la persona del cuarto que falta.

MESONERA. ¿Qué cuarto? Sólo rentamos tres habitaciones ayer.

MESONERO. ¿Entonces? ¿A quién quieren ver?

MESONERA. No lo sé. ¿Por qué no vamos nosotros también? (Salen corriendo.)



EN EL ESTABLO

(Aparece José y María con el niño, los pastores y los huéspedes del hotel entregando presentes a Jesús y contemplándolo.)

MESONERO. Señor, señor… (Le pregunta al señor rico.) ¿Por qué hay tanta gente? ¿Quiénes son ellos y quién es ese niño al que adoran? ¿Acaso es muy importante?

MILLONARIO. ¿Que no sabe que ha nació Jesús el Salvador, aquél que profetizó Isaías cuando dijo (aquí puedes agregar los versículos que creas convenientes sobre las profecías dadas sobre el nacimiento de Jesús)?

MESONERO. ¿Cómo es posible que yo no le haya dado la mejor de mis habitaciones? Les diré que pasen, que se sientan cómodos. Los atenderé muy bien, les llevaré el desayuno a la cama, les daré una sala grande para todas las visitas y haré todo lo posible para su comodidad. Después de todo es la persona más importante en este mundo.

ARTISTA. Creo que esa decisión la debió tomar antes, pero nunca es demasiado tarde para dejar a Jesús entrar al mejor lugar de nuestras vidas.

POLÍTICO. ¡Claro! Lo mejor que le puedo dar es mi vida misma.



EN CASA DE LA ABUELITA

ABUELITA. ¿Comprendieron el mensaje, niños? La historia del mesonero no es real, pero la de Jesús sí, y esta historia nos enseña que tenemos que darle a Jesús el mejor lugar que tengamos y ese lugar es nuestro corazón. Ese es el verdadero significado de la Navidad, que Jesús nazca en nuestros corazones. El mesonero tuvo la oportunidad de hacerlo, pero los afanes de este mundo y las riquezas le impidieron ver que la persona más importante no eran los ricos, ni el artista, ni el político sino que Jesús era más importante, y aun así, Jesús dio su amor también por el mesonero. ¿Ustedes quieren ser como el mesonero?

NIÑOS. ¡No, abuelita, no! ¡Nosotros queremos que Jesús entre en nuestros corazones!

ABUELITA. Entonces hagámoslo ahora, dejemos que Jesús entre en sus corazones, repitan esta oración conmigo.

(Aquí puedes hacer la oración de fe con los niños, y al terminar pueden cantar un canto de Navidad y después hacer el llamado a los que no han permitido que Jesús entre a sus corazones.)

NIÑOS. Gracias abuelita por enseñarnos el verdadero significado de la Navidad.

ABUELITA. Y también recuerden que el propósito de Jesús no era sólo nacer y ya. No, él vino a morir por nuestros pecados para darnos salvación y vida eterna; nunca lo olviden.

Tres cuentos tristes y un sueño

15 Minutos y 7 Personajes + Extras. Un niño descubre un libro en el desván. Leerá distintas historias y buscará una solución para una de ellas. De temática navideña se puede utilizar para otra época del año.


TRES CUENTOS TRISTES Y UN SUEÑO


PERSONAJES
(Todos los personajes excepto el niño y el narrador son títeres.)

NIÑO
NARRADOR
BUHO
JUGLAR
VIEJO
REY
REINA
EXTRAS

NARRACIÓN

Cuentan los viejos de blancos cabellos que hay sitios donde descansan los sueños, donde el pasado se mezcla inexplicablemente con el futuro, donde las sombras se alargan hasta hacerse gigantes. Son lugares silenciosos y comunes que relatan, entre telarañas, empolvados y lejanos cuentos.
En mi casa, al final de una larga escalera, había uno de estos lugares, un misterioso desván; un desván con grandes arcones, con chirriantes maderas, con cientos de cajones plagados de secretos por descubrir. Era un lugar especial. Entraba en él apocadamente temiendo despertar los miles de recuerdos que allí dormitaban. Siempre recordaré aquel húsar de plomo medio despintado, aquella caja de música en la que lentamente giraba una etérea y rosada danzarina, aquellos cuadros de caza barnizados y ocres... tantos y tantos objetos opacos e inmóviles que escondían las más fascinantes aventuras.
Aquel día subí por un encargo. No me agradaban los recados; me fastidiaba tener que ir a recoger mi habitación, limpiar mi bicicleta, comprar el pan que siempre se olvida pero aquello... aquello era diferente. Mamá me había pedido que subiese al desván y bajase los adornos para el abeto. Cada año se repetía el ritual. Se cogía aquella caja grande de cartón que olía a viejo, se bajaba al salón y como si de una ceremonia se tratase se colocaban una a una las luces, los colores, las cintas, los paquetes de polícromos lazos. Era el primer aviso de que la Navidad se acercaba pausadamente.

(Durante el relato que sigue, un niño entra en la habitación y sigue el desarrollo de la narración.)

Entré, como siempre, lentamente, callado. Sabía que la caja se encontraba al fondo. Puse la mano delante de la vela temiendo que se apagase. El suelo chirriaba lastimeramente. Me sabía el camino de memoria: primero la plancha de coser, luego la radio de mi abuela, el reloj de pared, el baúl de madera... el baúl de madera. Siempre había pasado a su lado, me era tan común que ni me había planteado el mirar lo que había dentro. Una exacerbada curiosidad me inundó. ¿Qué increíbles historias se esconderían en su interior?
Lo abrí con una exaltación inusual y, francamente, me sentí un poco desilusionado. En su interior tan solo había un libro. Quitando el polvo de su exterior pude leer: “Tres cuentos tristes y un sueño”. La portada estaba roída por algún ratón despistado que se pensó que había descubierto un pedazo de queso y que se encontró con el insípido sabor de la lectura. Al hojear la primera página una advertencia me hechizó: “NO LEAS ESTE LIBRO SI QUIERES ABRIR LOS OJOS, SI ESPERAS QUE LA LUZ SIEMPRE SEA TENUE, SI BUSCAS PASAR POR ESTA VIDA COMO SI NO PASASES”.
Era lo que llevaba esperando hacía mucho tiempo, un libro que me llevase al mundo de la fantasía. Comencé desesperadamente a leer el primer capítulo.

NIÑO. Érase una vez... ¡Siempre empiezan lo mismo! Érase una vez en una granja de una lejana tierra que vivía un abeto, un gran abeto. Era un árbol de muchísimos años que se llamaba Don Abeto Muchosaños. Era muy, muy grande y su sombra refrescaba en verano los animalejos de la granja y cobijaba en invierno de las nieves y del frío.

(Continúa la narración un títere: un búho.)

BÚHO. Yo conocía desde siempre a Don Abeto Muchosaños. Cuando salí por primera vez del cascarón él ya estaba allí. Aprendí a volar entre sus ramas y más de una vez me tuvo que agarrar para que no me cayese. Era todo un árbol. Rara vez sonreía y cuando hablaba todos los seres de la granja quedaban en silencio.
Nuestra granja era muy ruidosa. En ella había muchos animales. Estaba la señora Cerdita del Cieno con sus lechones (se ilumina a Doña Cerdita y a sus lechones), era inconfundible, sobretodo por su olor. Don Pavo Milplumones era de lo más espectacular, vestía de lo más “in”, demasiado coqueto para ser pavo (se ilumina al ave). Don Pollino Testarudez (se ilumina al pollino) era otro de los integrantes de la granja. Ni qué decir que no veía mucho más allá de sus orejeras. ¡Mirad! Ese es Don Gallo Kirikí rodeado de sus polluelos (se ilumina al gallo y a sus polluelos), es un tenor muy bueno. Todas las mañanas nos ameniza con dulces melodías. A todos les gusta mucho, bueno, a casi todos. A Don Ganso Gansotez (se ilumina al ganso) le molesta escucharle. Y, por último, éstas son otras integrantes de nuestra granja (se ilumina a las ovejas), las ovejas de la familia Rebáñez.
Todos vivíamos en la granja muy felices casi todo el año. Mirad.

(Canción de los animales de la granja.)

BÚHO. ¡Ojalá fuera siempre así! Nuestra felicidad dura hasta que llega la fecha. La fecha es algo terrible para todos nosotros. En la fecha los humanos nos eligen para ser sus víctimas. Ellos celebran algo que exige la muerte de algunos de nosotros. Los humanos son así, no les importa quién sufra con tal de que ellos se lo pasen bien. La fecha se está acercando y muchas granjas se quedarán vacías porque los humanos vendrán a llevarse a muchos a los mataderos. ¡Ojalá el humano se diese cuenta de que nosotros también existimos! ¡Que sentimos dolor y miedo! Pero, el humano, sabe tan pocas cosas.
¿Qué es esto que oigo? El humano se acerca.

(Todos aterrorizados. Se apaga la luz y se ilumina al niño.)

NIÑO. ¿Qué es eso? Aquí falta una página. ¡Vaya libro! Si lo llego a saber no comienzo a leerlo. (Tira el libro.) Bueno, a lo mejor tiene otra historia más, alguna historia fascinante. (Coge el libro y comienza a leer.)
¨Érase una vez – otra que empieza igual- Érase una vez en un país tan lejano que no existen mapas, ni carreteras para encontrarlo que había un castillo. El castillo era grande y fuerte, vetusto y con mucha yedra, era el castillo de un rey muy amable.

(Continúa la narración un títere: un juglar.)

JUGLAR. Un rey muy amable que se llamaba Cariñoso IV del noble linaje de los reyes de la Casa de los Simpáticos que llegaron a Amabilandia cuando las alegrías desaparecieron en el perdido mundo de Alegría. Cariñoso IV estaba felizmente casado con la reina Linda del Noble linaje de los Hermosos. Un tío suyo se hizo muy famoso, se llamaba Felipe. Los reyes podían ser muy pero muy felices pero se encontraban tristes porque su hijo, Cariñoso V tenía una terrible enfermedad. Muchos años atrás (se representa mientras se relata) llegó al palacio un hechicero malísimo que se hacía pasar por curandero y regaló a los reyes un monstruo horrible con la excusa que era un instrumento de información y cultura (el hechicero le regala una Televisión). El “Dragón de un solo ojo” cautivó al pequeño príncipe que dejó todas sus actividades para estar tan sólo delante del monstruo. “El Dragón de un solo ojo” hacía que el príncipe hablase cada vez menos con sus padres y le sumía en un hipnotismo mortal.
Los reyes trajeron delante del príncipe los mejores juglares (aparecen juglares y cantan) y no resultó nada. Trajeron los mejores bufones (aparecen los bufones contando chistes) y no resultó nada. Trajeron los mejores domadores de fieras (salen varios domadores con leones) y no resultó nada. Trajeron los mejores prestidigitadores y magos de pacotilla (hacen juegos de manos) y no resultó nada. Los reyes estaban muy pero que muy tristes porque si pronto no se daba una solución seguramente que “El Dragón de un solo ojo” terminaría con la vida del príncipe. (Se apaga de nuevo la luz y se ilumina al príncipe).

NIÑO. De nuevo falta una página. ¡Odio este libro! No le da solución a ninguna historia. Estoy harto... (Deja el libro y hace como si se marcha, lo mira de reojo y vuelve lentamente hacia él.) “Érase una vez... ya pesa, ¿eh? Un constructor de marionetas que era muy pobre muy pobre. Se había pasado la vida haciendo felices a los niños pero ya era tan viejo que apenas podía salir de casa. Pasaba mucho frío, mucho hambre y se sentía muy solo. Los viejos necesitan el apoyo de los demás si no...

VIEJO. Si no los viejos se pueden morir de tristeza. Sólo os tengo a vosotros, mis títeres. Antes venían a casa algunos jóvenes para aprender el oficio, eran aprendices. Yo había aprendido a hacer mis títeres al igual que mi padre y mi abuelo. Y así como había aprendido enseñaba. Pero, duraron poco. Los jóvenes quieren dinero fácil y rápido sin pensar si su trabajo sirve para una buena causa o no. Así me encuentro hablando conmigo mismo y sólo. Antes podía divertir con mis marionetas pero ahora, sin nadie, no tengo ilusión de vivir, (se acerca a un títere de bailarina) ¿Te acuerdas danzarina la de bailes que hemos hecho juntos? (Le hace bailar. Se acerca a dos soldaditos y los hace desfilar). ¿Os acordáis la de marchas que hemos hecho? (Se acerca a dos payasos.) ¡Qué bien nos lo pasábamos haciendo reír a los niños! (Coge una batuta y se levanta toda una banda de títeres. Poner música. Desafinan las cuerdas.) Estoy demasiado sólo para seguir viviendo. Me gustaría dejar este mundo de tristeza. Morir... (Se apagan las luces.)

NIÑO. No puede acabar así esta historia. ¡No puede acabar así esta historia! Espera, aquí hay algo... “¿Quieres solucionar lo insoluble? ¿Quieres dar esperanza al que no la tiene? Por supuesto... ¿Qué tengo que hacer?... ¿Soñar?... ¿Cómo puedo soñar despierto? Nadie sueña despierto. Bueno, lo intentaré (cierra los ojos con fuerza, se apagan las luces y cuando se encienden se encuentra al lado del fabricante de marionetas.)

VIEJO. Tú... ¿Quién eres?

NIÑO. Eso importa poco. Vengo a ayudarte.

VIEJO. ¿A ayudarme?

NIÑO. Por supuesto, no puedo permitir que un maestro en el difícil arte de hacer y manejar los títeres se muera de tristeza y soledad. No sería justo.

VIEJO. Hay tantas cosas injustas en este mundo.

NIÑO. Es verdad tienes toda la razón. Conozco a un niño que morirá bajo las fauces de un terrible dragón si no le ayudas. Eso es una injusticia terrible, ¿verdad?

VIEJO. Por supuesto. ¿Qué tipo de dragón es? Lameante, Escamoso, Devorador. ¿Qué color tiene? Azul, verde, rojo.

NIÑO. Es de los peores, es... “el Dragón de un solo ojo”.

VIEJO. ¿”El Dragón de un solo ojo? Es terrible. ¿Dónde está ese niño?

NIÑO. Ven conmigo y te lo mostraré.

(Se apagan las luces y cuando se encienden se encuentran ante el rey, la reina, el príncipe, el séquito y el temido “Dragón”.)

NIÑO. Majestad, venimos a salvar a su hijo.

REY. Es imposible. El Dragón de un solo ojo lo tiene totalmente hechizado.

NIÑO. Pero yo tengo un amigo que puede ayudarle. Por favor, maestro, puedes mostrarle qué hermoso es el mundo de la imaginación. (El maestro hace una exhibición con sus títeres y el príncipe se aparta del Dragón.)

REINA. Por fin hemos recuperado a nuestro hijo.

REY. (Dirigiéndose al niño) Te daré lo que desees.

NIÑO. Majestad, quisiera que hicieseis un zoo muy especial.

REY. Dime dónde y lo haré.

NIÑO. Venid conmigo. (Se apagan las luces y aparecen en la granja.) Estos animales cada año mueren en la fiesta de la Navidad. Permitidles un armisticio. Haced de esta granja un gran zoo. Que los niños puedan jugar con los animales, escuchar los cantos del gallo, cobijarse bajo la sombra del viejo árbol. Los animales también sufren. Que en vuestro reino todo sea alegría.

REY. Sea como tú dices, pues tus palabras son sabias.

(Voz en off del Niño.)

NIÑO. Aquel fue un hermoso sueño. Uno de esos sueños que tan solo se tienen en sitios como el desván de mi casa. Sueños que cambian nuestras vidas, que nos llenan de ilusión, de esperanza. Sueños que abren nuestros ojos, sueños que hacen crecer en nuestro interior un ideal. Desde entonces procuro que todos los días sean Navidad, que nadie sufra ni esté triste, que los niños se aparten de los cientos de dragones que les rodean, que los ancianos estén menos solos. De vez en cuando he de volver a aquel desván pues el mundo me aplasta y de nuevo vuelvo a escuchar el canto de don Gallo Kirikí, la música de los juglares del castillo de Cariñoso IV, el bailoteo de los títeres del maestro. Es entonces cuando recuerdo que no importan los cuentos tristes si hay un hermoso sueño.

El milagro de Navidad

30 Minutos y 16 Personajes. Una viuda pobre y su hijo cojo reciben la visita de los Reyes de Oriente. El niño quiere entregarle el único objeto que tiene de valor: su bastón y al hacerlo recibirá él otro regalo del niño de Belén: la sanación.


EL MILAGRO DE NAVIDAD


PERSONAJES

SARA
RUBÉN
MARCOS
PASTOR 1
PASTOR 2
PASTOR 3
TOMÁS
MATÍAS
FELIPE
TIRSA
OLGA
MILKA
GASPAR
MELCHOR
BALTASAR
NARRADOR


NARRADOR. ¡Navidad, recuerdos gratos! Calor, alegría, amistad, regalos, cantos… ¡Noche mágica de Navidad! ¡Cuántos ensueños y añoranzas! Luz, color, música, poesía, dulces y frutas. ¡Amor! Todos amamos la Navidad, pero muchos en este día no tienen un plato de comida para compartir ni un dulce para aliviar las amarguras de sus penas. Sara y Rubén no tienen nada para pasar la Navidad. Ella, una viuda muy pobre. Él un niño cojo que no tiene otra cosa que las ilusiones de su fantasía infantil. ¡Oh, Navidad! ¿Qué le darás al niño cojo en esta noche? ¡Navidad! ¿Qué le daremos nosotros al Niño de Belén?
Sara y Rubén, dos almas pobres que representan a tantas familias que, como ellos, no tienen nada para comer en esta noche. Rubén, el niño cojo, representa a todos aquellos niños que anhelan ver una estrella que cambie el rumbo de su vida. ¿Qué estará mirando al cielo? ¿Por qué se ilumina su rostro infantil?

(Rubén está mirando por una ventana hacia el cielo, mientras el narrador habla, cuando el narrador termina de hablar, él sale saltando lo más rápido que puede en un solo pie, en busca de su mamá).

RUBÉN. ¡Mamá, mamacita! ¿Dónde estás?

SARA. (Viene a su encuentro.) Aquí estoy, hijo, ¿qué te sucede ahora?

RUBÉN. ¿No la viste, mamá?

SARA. ¿De qué me hablas, Rubén?

RUBÉN. ¡Allí estaba, mamacita! (Señala hacia el cielo.) ¡Yo la vi, la vi, así de grande! (Abre los brazos.) ¡Más grande aún! Es la estrella más grande que he visto, tiene una cola larga, muy larga...

SARA. ¿Inventando otro cuento, Rubén? ¿Cuántas veces te voy a decir que no debes mentir?

RUBÉN. Tal vez no es así. (Vuelve a abrir los brazos.) Pero... ¡Yo la vi! La vi en el cielo, estaba muy brillante, te lo aseguro, mamá.

SARA. ¡Ah, mi pobre Rubén! Yo creo que estás agotado y eso te hace ver cosas extrañas... Mejor te vas a la cama. Yo también estoy cansada… ¡Tanto…! (Se enjuga los ojos.)

RUBÉN. No llores, mamá, yo no tengo hambre. Además, esa estrella... Dicen que las estrellas que tienen cola larga traen buena suerte, ¿es verdad?

SARA. Tal vez para los que tienen buena suerte, pero no para una pobre viuda con su hijo enfermo. (Tocan a la puerta.)

RUBÉN. Tocan a la puerta, mamá, ¿voy para ver quién es?

SARA. Yo no oigo nada, ¿estarás oyendo visiones?

(Tocan más fuerte.)

RUBÉN. ¿Tocarán tan fuerte las visiones?

(Vuelven a tocar más fuerte.)

SARA. Ahora sí están tocando. ¿Quién podrá ser?

RUBÉN. (Saltando en un pie.) Voy a ver, mamá. (Abre la puerta.)

MARCOS. ¡Buenas noches, qué suerte que no se han acostado todavía!

RUBÉN. Buenas noches, Don Marcos, pase adelante, ya nos íbamos a la cama.

SARA. ¡Bienvenido, Don Marcos! No nos imaginábamos que fuera usted. ¿Qué milagro lo trajo por aquí?

MARCOS. (Sacando un lindo bastoncito.) Vine a traerle este bastón a Rubén, pensé que tal vez podrá caminar mejor con él. También les traigo este pan y algunos alimentos. Me acordé que su esposo me pidió que no los abandonara, tal vez he esperado mucho para cumplir su voluntad...

SARA. Dios se lo pague, Don Marcos. Ha llegado usted muy a tiempo.

MARACOS. ¡Que tenga una buena noche! Y les prometo que volveré pronto.

RUBÉN. (Lo acompaña hasta la puerta usando el bastón.) Gracias, Don Marcos, ahora puedo caminar sin cansarme tanto.

MARCOS. Me alegro mucho, Rubén, hasta pronto y pórtate bien. (Se va.)

RUBÉN. ¿No te lo dije, mamá? ¡Es la estrella, la estrella de la buena suerte!

SARA. Siempre quieres ganar, Rubén, vamos para que comas algo y te acuestes.

(Salen.)



SEGUNDA ESCENA

(Aparecen los tres pastores sentados.)

NARRADOR. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. Que os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: (Un coro de voces repite) ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!"

(Coro canta: “Se oye un canto en alta esfera”.)

TOMÁS. ¿Por qué no vamos hasta Belén y vemos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado?

FELIPE. Me parece una buena idea, pero ¿quién se quedará con nuestras ovejas?

MATÍAS. Alguien viene, siento voces de personas que hablan animadamente.

(Tirsa, Olga y Milka se acercan a los pastores hablando animadamente.)

OLGA. Tomás, hemos venido porque sentimos algo extraño... vimos una luz muy brillante y oído un canto que parecía bajar del mismo cielo. Sentimos un gran temor y hemos venido a ver qué piensan ustedes.

TOMÁS. No teman. Un ángel del Señor se nos apareció y nos cercó de resplandor y al mismo tiempo una multitud de las huestes celestiales cantaba, eso fue lo que ustedes vieron y oyeron.

TIRSA. ¿Y ustedes no se asustaron?

FELIPE. Al principio tuvimos gran temor, pero el ángel nos dijo que venía a darnos nuevas de gran gozo.

MILKA. ¿Y qué noticias les dio? Esto parece algo maravilloso.

MATÍAS. Nos dijo que hoy nació en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.

TOMÁS. También nos dijo que la señal era que encontraríamos al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

MILKA. ¿Y qué esperan para ir y ver todo esto que está sucediendo en Belén?

FELIPE. No sabemos cómo dejar a nuestras ovejas.

OLGA. Si es por eso que no se han ido, ya pueden estar saliendo. Nosotras las cuidaremos.

TIRSA. Claro que sí, ojalá que yo pudiera ir también, pero me conformo si ustedes van y luego nos cuentan.

MILKA. Vayan en paz y que la estrella del Señor los guíe.

TOMÁS. Gracias, iremos a prisa.

(Se despiden y salen los tres.)

OLGA. ¡Un Salvador, que es Cristo el Señor! ¡Qué maravillosa noticia!

TIRSA. Todo esto es maravilloso, pero no comprendo por qué, si ese niño es el Salvador de Israel, tiene que estar acostado en un pesebre. Nunca he oído decir que un rey haya nacido en semejante lugar…

MILKA. ¡Oh, Tirsa! ¿Es que tú no lees lo que los profetas han dicho acerca del Mesías que ha de venir?

TIRSA. Sí, pero... Todo esto me parece muy extraño.

OLGA. Milka tiene razón, Tirsa. El profeta Isaías dice que "subirá cual renuevo" y que "como raíz de tierra seca no hay parecer en él, ni hermosura, lo veremos, mas sin atractivo para que lo deseemos".

TIRSA. Bueno, oiga, yo debo creer todo esto por la fe. Quiera Dios que el Niño de Belén sea en realidad el Salvador y nos libre del odioso yugo de los romanos. Odio a Roma y a todos los romanos que nos aprisionan.

MILKA. Ese no es el espíritu correcto, Tirsa, después de todo nosotros tenemos la culpa por haber sido rebeldes a los mandatos divinos. Si nos hubiésemos apartado de todo pecado, en lugar de apartarnos de Dios como lo hemos hecho, el Señor no nos hubiera entregado en poder de los romanos.

TIRSA. Ustedes tienen toda la razón, quiera Dios que el Niño de Belén transforme nuestras vidas.

OLGA. Hoy es un día glorioso para Israel. Cantemos con júbilo, el Señor se ha acordado de su pueblo y nos ha enviado un Salvador que es Cristo el Señor. Vamos a guardar las ovejas y corramos a dar las nuevas a nuestros vecinos y parientes.

MILKA. Vamos, una noticia tan grande no se puede guardar, hay que decirlo. ¡El Salvador del mundo ha nacido! ¡Él nos libertará!

(Salen las tres muy alegres.)

(Canto del coro: "Al mundo paz".)



TERCERA ESCENA

(Aparece Sara acostada durmiendo.)

RUBÉN. (Viene saltando a donde está su madre). ¡Mamá, mamá! ¿Me puedes escuchar esta vez?

SARA. (Se despierta asustada.) ¿Qué sucede ahora, mi pequeño Rubén?

RUBÉN. Están tocando a la puerta. ¿Voy a ver quién es?

SARA. Yo no he oído nada, pero si quieres, ve para que sepas que no es más que ilusiones tuyas, hijito. (Rubén va saltando, abre la puerta un poquito y la cierra de nuevo, vuelve donde está su madre.)

RUBÉN. Mamá, hay tres hombres a la puerta con barbas muy largas, parecen hombres muy ricos y no son de por aquí. Creo que vienen de muy lejos, deben viajar en camellos... Tal vez son unos reyes que nos vienen a visitar esta noche...

SARA. ¿Estás despierto, Rubén? ¿No estarás inventando otra de tus fantásticas historias?

RUBÉN. Te lo aseguro, mamá, no estoy inventando nada, por favor, ven para que los veas con tus propios ojos...

(Tocan de nuevo.)

SARA. Ahora sí están tocando, ve a ver quién es Rubén, pero no vuelvas a inventar historias. Recuerda que debes decirme siempre la verdad y sólo la verdad. ¿Lo oyes?

RUBÉN. Sí, mamá, te lo prometo. (Va, abre un poquito más y se queda mirando).

SARA. ¿Quién es, Rubén?

RUBÉN. ¡Aquí están, mamá, son los hombres ricos que te dije!

SARA. (Se levanta rápidamente y va a la puerta). ¡Oh, perdonen! Yo estaba tan rendida que no escuché cuando tocaron. No soy digna de mandarlos pasar. ¡Es tan pobre mi casa!

GASPAR. No se preocupe, señora, sólo queremos que nos permita pasar para descansar un rato, aunque sea en un rincón de su casa.

SARA. ¡Pasen, pasen, esta casa es de ustedes!

RUBÉN. ¿No te lo dije, mamá?

SARA. ¡Phsss, cállate, niño!

MELCHOR. Gracias, señora. La paz de Dios sea en esta casa. (Entran.)

SARA. No tengo nada que ofrecerles, pero iré a casa de unos amigos, que son pastores de ovejas, tal vez ellos me puedan dar algo para brindarles de comer. Acomódense, yo vuelvo enseguida. Y tú, Rubén, mejor te vas a la cama, no quiero que molestes a nuestros visitantes.

RUBÉN. ¡Te lo prometo, mamacita! Yo me porto bien. No me mandes a la cama, no tengo sueño.

SARA. ¡Ah, mi pequeño Rubén, eres el más curioso de todos los niños! Hasta luego, recuerda que no debes hacer preguntas, vuelvo enseguida. (Sale.)

RUBEN. (Se sienta cerca de los tres magos. Los mira atentamente y por fin les habla.) Yo quiero portarme bien, no soy un niño desobediente... Pero me gusta saber cómo se llaman las personas... ¿No se molestan si les pregunto cómo se llaman ustedes?

GASPAR. (Toma la mano de Rubén.) Parece un niño muy inteligente... ¿Cómo se llama tu mamá?

RUBÉN. Mi mamá se llama Sara, y yo me llamo Rubén. ¿Cómo se llama usted?

GASPAR. Me llamo Gaspar. ¿Te gusta mi nombre?

RUBÉN. Me gusta mucho su nombre. ¿Cómo se llaman los otros dos?

GASPAR. (Señalando a cada uno.) Este es Melchor y aquel se llama Baltasar. Los tres somos muy buenos amigos.

RUBÉN. ¡Qué interesante! Nunca había oído esos nombres... Yo tenía un papá muy bueno, señor, pero él murió cuando yo era pequeño. Ahora dice mi mamá que somos muy pobres. La única vaca que teníamos la vendió cuando yo me enfermé y ahora no tenemos ni leche para beber y yo no puedo hacer mucho para ayudar a mi pobre madre, pues esta pierna no me ayuda, a causa de esa terrible enfermedad quedé cojo para toda la vida; dice el médico que no tengo cura.

BALTASAR. ¿No dejó tu padre alguna herencia?

RUBÉN. Lo poco que tenía se fue con él, Señor. Mi madre gastó todo en médicos y medicinas.

GASPAR. Tú no eres el único niño pobre, Rubén.

RUBÉN. Yo era pobre, señor Gaspar, pero esta noche yo vi una estrella, una estrella tan brillante y tan bella... ¡Ah, qué linda cola tenía...!

(Los tres magos se ponen en pie sorprendidos.)

GASPAR. ¿Una estrella? ¿Dónde la viste, Rubén?

RUBÉN. (Señalando hacia el cielo.) Allá en el cielo, rumbo a Belén. Mi madre dice que son ilusiones mías, pero yo la vi, la vi en el cielo, así de grande...

(No termina de hablar, los magos están sorprendidos, pero antes de poder decir nada llega Sara.)

SARA. Estas son mis amigas, señores, sus esposos son pastores, pero no están aquí, ellos salieron para Belén.

GASPAR. ¿A Belén?

OLGA. Sí, a Belén. Estando ellos en el campo guardando las ovejas, un ángel del cielo les apareció y los cercó un gran resplandor...

MELCHOR. ¿Y qué les dijo el ángel?

OLGA. Que tenía nuevas de gran gozo para todo el pueblo. Que nació en Belén un Salvador, que es Cristo el Señor.

MELCHOR. ¿Les dijo dónde lo podrían hallar?

MILKA. Sí, les dijo que al llegar a Belén encontrarían al Niño envuelto en pañales acostado en un pesebre.

BALTASAR. ¡Bendito sea Dios! Nosotros vimos la estrella y la estamos siguiendo, la vimos en Oriente, pero nadie nos ha dado razón del Niño, ni los sacerdotes, ni el mismo rey saben nada. Ustedes son las únicas personas que hablan del acontecimiento más grande de la historia. ¡Ha nacido el Redentor del mundo!

RUBÉN. ¡Esa era mi estrella, mamá! ¿No te lo dije?

SARA. Sí, mi querido Rubén, tú tenías razón.

TIRSA. También un coro de ángeles cantaba, ellos lo oyeron: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad para con los hombres".

OLGA. Mejor nos vamos, tenemos que dar las nuevas, no podemos callar una noticia tan grande.

GASPAR. Vayan con Dios. (Se van.)

SARA. Todo esto es maravilloso, no comprendo lo que significa esa estrella. ¿Pueden decirme de qué se trata?

MELCHOR. ¿No ha leído usted lo que los profetas han dicho? Balaam, refiriéndose al Mesías que habría de venir dijo: "Saldrá estrella de Jacob y se levantará cetro de Israel".

RUBÉN. Yo quisiera ver a ese Niño. ¿Será tan lindo y brillante como la estrella que yo vi en el cielo?

GASPAR. Nosotros también lo queremos ver. Aquí tenemos los regalos para él. Oro, incienso y mirra.

SARA. ¿Oro, incienso y mirra? ¿Los necesita el Salvador del mundo?

BALTASAR. Señora, ¿ha conocido usted alguna vez a un niño tan pobre, tan pobre que no haya tenido una almohada donde recostar su cabeza?

SARA. Yo conozco un niño tan pobre, tan pobre que muchas veces se acuesta sin comer, pero nadie le regala oro, incienso y mirra. El único regalo que ha recibido es un pequeño bastón para que pueda andar, ese niño es mi pequeño Rubén.

GASPAR. ¿No ha escuchado usted de un niño que siendo rico se hizo pobre, para que nosotros, con su pobreza, seamos enriquecidos?

SARA. No, mi pequeño Rubén nunca fue rico, pero él es mi tesoro, es todo lo que tengo en esta vida.

GASPAR. Señora, el Niño de Belén, ese que buscamos para adorarle y ofrecerle nuestros dones, es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Él ha dejado su trono en el cielo para venir a nosotros y darnos salvación, la salvación eterna.

RUBÉN. Señor Gaspar, yo creo en ese Niño y quiero mandarle un regalo. ¿Usted se lo lleva, por favor?

GASPAR. Por supuesto que sí, con mucho gusto lo haré.

SARA. ¿Qué podrás ofrecerle tú al Rey del cielo, hijo mío? Eres el niño más pobre que jamás he conocido. No podrás ofrecerle nada al Niño de Belén.

RUBÉN. Sí, mamá, aquí lo tengo. (Le muestra el bastón.) Es todo lo que tengo, pero quiero dárselo a él, estoy seguro de que lo aceptará. Por favor, señor Gaspar, yo quiero que usted se lo lleve en mi nombre. (Le entrega el bastón.) Y dígale al Niño que es todo lo que poseo en este mundo.

GASPAR. El Niño lo aceptará, estoy seguro de eso, es lo mejor que tienes, lo único que posees...

SARA. ¡Oh, por favor! El Niño de Belén no podrá hacer nada con ese bastón y sin él mi pequeño Rubén no podrá caminar mucho sin cansarse.

RUBÉN. Si yo puedo, mamita, mira. (Comienza a saltar con un pie y luego afirma el otro y sale corriendo y saltando, todos miran sorprendidos.) ¡Puedo, puedo, puedo correr y saltar! ¿No lo ves, mamita? El Niño de Belén me ha sanado.

BALTASAR. ¡La salvación ha llegado a esta casa!

SARA. (Se postra.) ¡Oh, Señor, perdona mi falta de fe! Yo no tengo nada para darle al Niño, pero por favor, toma mi corazón, te lo ruego.

MELCHOR. Señora, ese es el don más precioso que se puede ofrecer al Niño de Belén. El lo aceptará con gozo.

RUBÉN. Señor Melchor, ahora que puedo andar yo quiero ir con ustedes a Belén. Te lo prometo, mamá, me portaré bien y regresaré pronto.

GASPAR. ¿Lo podemos llevar, señora?

MELCHOR. Lo cuidaremos mucho. No tenga miedo de dejarlo ir.

SARA. Es mi único tesoro, mi pequeño Rubén, pero, ¿cómo puedo negarme que vaya a Belén para adorar al que dejó su gloria para venir a darle la salud a este pobre niño que no posee más que un bastón? Por favor, les ruego que lo cuiden como si fuera hijo de ustedes.

RUBÉN. Gracias, mamacita, te prometo que no voy a hacer muchas preguntas.

MELCHOR. Debemos partir antes del amanecer, tenemos que seguir la estrella.

SARA. Vayan con Dios. (Se despiden y salen. Sara se queda sola y se sienta a meditar en alta voz.) ¡Bendito sea el Señor! Mi hijo, mi pequeño Rubén puede andar. No tengo dudas, el Niño de Belén es el Mesías, el Salvador del mundo.

(El coro canta "Noche de paz".)

Una Navidad de verdad

30 Minutos y 18 Personajes. Una familia descubre el verdadero significado de la Navidad después de leer las escrituras. La lectura del texto bíblico, irá acompañada de escenas representadas en torno al nacimiento de Jesús.


UNA NAVIDAD DE VERDAD
Italo Frigoli


PERSONAJES
Familia moderna:
Papá. Guía espiritual, enfocado en el significado verdadero de la Navidad.
Mamá. Más traída por las tradiciones de la Navidad, vestir el niño.
Carla. El reventón, las fiestas.
Claudia. La moda, las amistades, verse bien.
Kati. Los reyes magos, los regalos.
Enrique. Cristiano.
Silvia. Esposa de Enrique.
Francisca. Hija de Enrique.


Familia bíblica:
Jesús
María
José
Jesús
Pastores
Reyes Magos


ESCENARIO

La mitad del escenario escena bíblica y la otra mitad escena de una casa moderna.



ACTO I
Escena I

(Pablo y su amigo Enrique están sentados tomando un café.)

Pedro. No puedo creer que ya en un par de días estaremos celebrando la Nochebuena. El tiempo vuela, ¿cierto?

Enrique. Sí, en realidad. La Navidad es un tiempo muy especial para mí y mi familia.

Pedro. ¿Sí? No, para nosotros es bien caótico, siempre lo mismo. A mis hijos, ya sabes, lo único que les importa son los regalos y escaparse de la casa para salir con sus amigos. Mi esposa lo único que quiere hacer es decorar la casa con adornos navideños. ¡Ojalá planchara mi ropa con tanto cuidado como decora la casa! Así podría ir a mi oficina un poquito más presentable.

Enrique. ¿Qué? ¿No te gusta la Navidad entonces?

Pedro. Es que... ¿Qué es la Navidad realmente? Como yo veo las cosas, es un tiempo cuando todas las tiendas ganan muchísimo, cuando a los estudiantes les encanta estar de vacaciones y cuando los padres entran en bancarrota por comprar muchos regalos para niños malagradecidos.

Enrique. Parece que tú no conoces realmente el significado de la Navidad.

Pedro. ¡Oh! ¿Cómo no? ¡Es cuando el viejito Pascuero lucha con los Reyes Magos a ver quién da más!

Enrique. ¿Y qué de Jesús?

Pedro. Sí, ya sé, Jesús nació.

Enrique. Sí, Jesucristo, el hijo de Dios nació.

Pedro. ¿Y cómo fue eso?

Enrique. Dios invadió la tierra, pero no en la forma que muchos esperaban. Dios se hizo carne, se hizo humano. Dios que hizo los cielos, las flores, los mares, que nos hizo a nosotros, nació como bebé en un establo para un día morir en una cruz y resucitar... y eso lo hizo para ofrecernos la salvación.

Pedro. (Pensando.) Enrique, ¡cómo quisiera que mi familia tuviera la misma perspectiva que la tuya!

Enrique. Pedro, ¿por qué no tratas de leer la Biblia? Leer lo que pasó esa primera Navidad hace tantos años...

Pedro. Sí, lo voy a intentar.

(Se despiden.)


Escena II

(Una casa moderna, decorada con luces navideñas, árbol de Navidad con regalos, mesa y sillas. Un letrero anuncia que es la Nochebuena. Los padres y Kati ya están sentados en la mesa.)

Papá. Carla, Claudia, vengan a comer. Las estamos esperando.

(Entran Carla y Claudia.)

Claudia. ¡Hum! ¡Huelo rico! Mamá, ¿qué preparaste?

Carla. Espero que no hayas hecho arroz otra vez porque yo no lo aguanto.

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Carla. Oigan, tengo que irme... Me van a venir a buscar unas amigas.

Mamá. Carla, hoy es Navidad. ¿Cómo vas a ir con tus amigas?

Carla. ¿Y qué voy a hacer aquí en la casa toda la noche?

Claudia. Oigan, papis, ¿me compraron el vestido que les pedí? Porque me gusta usar ropa nueva en estas fechas.

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Mamá. Kati, vamos a comer y luego vamos a ir a abrir los regalos.

Claudia. Mamá, ¿no crees que ya somos muy grandes para andar jugando con eso?

Papá. Tengo una idea.

Carla. Papá, la última vez que tuviste una idea en la Navidad fuimos al Cajón del Maipo buscando nieve y casi nos congelamos.

Claudia. Y cuando regresamos, pusimos harina por todo el patio para no admitir nuestra derrota.

Papá. No, creo que esta Navidad tengo una idea bastante mejorada.

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Carla. A ver papá, ¿qué es? ¿Subimos a la azotea y buscamos a Rodolfo el Reno?

Papá. (A Mamá.) ¿Oíste, mi amor? Un regalo menos para Carlita.

Claudia. A ver, papá… ¿Tu idea?

Papá. Bueno, quisiera que me dijeran en serio, ¿por qué celebramos la Navidad?

Carla. Vamos, papá, no te nos pongas serio y sentimental.

Papá. No, oigan, realmente quiero saber.

Carla. Las fiestas, ¡por supuesto!

Papá. ¡Hum!

Claudia. Mira, papi, a mí me gusta el árbol, me gusta dormir muy tarde en las mañanas porque no hay clases, y también la emoción de ver lo que me van a regalar.

Papá. Siempre sabes lo que te vamos a dar.

Claudia. Sí, pero de todas formas es divertido.

Papá. ¿Y tú, Kati? ¡Huy! Pensándolo bien, creo que ya sé lo que vas a decir.

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Papá. ¡Huyyyyy! Lo que pensaba. Mira, vamos a leer la Biblia, a ver lo que dice ella acerca de la primera Navidad.

Carla y Claudia. No, nosotras ya nos vamos (Se empiezan a ir.)

Papá. Si se van, no habrá ningún regalo para ustedes.

Carla y Claudia. ¿Sí, papá? ¿Qué decías? (Regresan rápidamente.)

Papá. Me preocupa que hemos perdido totalmente el significado de la Navidad, por eso vamos a leer sobre lo que realmente celebramos.

(Se bajan las luces... El papá empieza a leer.)

Papá. Lucas 2: “Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de Cesar Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Este fue el primer censo que se levantó cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta. Y sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento...”

(Se apaga la luz.)



ACTO II
Escena I

(José y María van llegando a la posada. Escena de noche.)

José. Perdóname, María, que no pudimos llegar más temprano. Con esto del censo todo el pueblo se llenó de visitas. No entiendo por qué no puedes dar a luz en un buen hotel... pero sé que el Señor nos va a proteger. Un establo... por lo menos aquí estaremos seguros y secos.

María. Sí, ¡qué bueno que encontramos este lugar! Porque siento que ya no se tarda mucho en llegar nuestro bebé.

José. Hay tantas cosas... el ángel nos dijo que su nombre será “Jesús” (pausa y reflexiona). Jesús significa “el Señor salva”. ¿No has pensado que tal vez...?

María. (Interrumpiéndolo.) ¿Que tal vez sea al Mesías, a quien cargo dentro? Sí, sí he pensado esto. Pero, ¿cómo puede ser que Dios se revele así, a través de gente humilde?

José. Creo que Dios es mucho más grande de lo que podemos imaginar. Él tiene un plan, un plan para salvar a la humanidad.

María. Mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador.

(Se apagan las luces.)


Escena II

(Se oye un bebé llorando suavemente. María y José ya tienen un bebé en sus brazos.)

María. ¡Oh! Gracias a Dios. Ha tenido misericordia para con nosotros y como prometió, nació un bebé. Le vamos a poner el nombre de Jesús, como nos instruyó el ángel del Señor.

José. Sí, su nombre será Jesús porque salvará a su pueblo de sus pecados.

María. ¿Qué curioso, no? Dios mismo, Dios encarnada... y somos los únicos testigos de este milagro, este hecho divino.

(Pasan unos momentos y entran los pastores con ansia, buscando al niño.)

Pastor 1. ¿Ya llegamos? Parece que el bebé está aquí.

Pastor 2. ¡Sí, sí! Miren todos. ¡Ahí está el bebé anunciado por los ángeles y sus padres!

Pastor 3. ¡Qué bueno! ¡Qué maravilloso! Justo como nos dijeron los ángeles: envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Pastor 2. ¡Ya ha llegado nuestro Salvador, nuestro Mesías, Cristo el Señor!

Pastor 1. ¡Vamos, vamos con prisa para adorarle!

(Llegan al establo, al pesebre, y se inclinan ante el niño Jesús.)

Pastor 1. ¡Exaltado sea Dios, que nos ha dado su único hijo, Emmanuel, Dios con nosotros!

Pastor 2. Padre, ¡gracias por tu amor tan grande! ¡Gracias por revelarte en carne humana!

Pastor 1. ¡Gracias, Padre, por recordar a tu pueblo! Gracias por mandarnos un Mesías, un Redentor.

Pastor 2. ¡A Dios sea la gloria! Ya tenemos esperanza.

Pastor 3. Este niño dará a su pueblo el conocimiento de la salvación por el perdón de sus pecados.

María. ¡El Mesías ha llegado! ¡Oh, Dios! Te damos tantas gracias por permitirnos ser parte de tu gran plan. Gracias por darnos el privilegio de ser testigos de este evento tan, pero tan importante. Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador.

José. De veras, un Salvador ha llegado, un Salvador para nuestra nación Israel, un Salvador para todo el mundo.

(Se bajan las luces... Se apagan.)



ACTO III
Escena I

Papá. ¿Qué creen ahora? ¿Que la Navidad es más que estar de fiesta?

Claudia. No, quizá la Navidad es más que eso.

Carla. ¿Ya terminaste, papá?

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Papá. Carla, no he terminado. Kati, déjame terminar de leer y te vas a dar cuenta de dónde vino esa costumbre de dar regalos.

Claudia. A ver, papi, ¿quién nos da los regalos? ¿Los Reyes Magos o el Viejito Pascuero?

Papá. Bueno, son los Reyes Magos pero, ¿no quieren saber dónde encontramos este evento por primera vez en la historia?

Mamá. Sí, mi amor, dinos.

Papá. Bueno, mi amor, encontramos a los primeros Reyes Magos en las páginas de la Biblia.

Carla. ¿En la Biblia? ¿Cómo si estuvieron ahí? Pero de todas formas, ya no creo en todo eso.

Papá. Tal vez debas de creer.

Carla. ¿Qué dices, papi? ¿Que debo de creer en todos esos mitos y tradiciones?

Kati. ¿A qué hora vamos a abrir los regalos?

Claudia. ¿De qué hablas, papá?

Papá. Lo que digo es que sí encontramos los Reyes Magos presentes en la Biblia. Ellos llegaron para dar sus regalos a otro gran Rey.

Claudia. ¿Qué es esto, papá? ¿Algún tipo de trabalenguas?

Papá. ¿Quieren seguir leyendo? Ahí vamos a encontrar la respuesta.

Mamá. Sí, vamos a seguir leyendo un poco más.

Papá. Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del Rey Herodes, he aquí unos magos del Oriente llegaron a Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”. Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó y toda Jerusalén con él. Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: “Id y buscad con diligencia al niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore”. Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.

(Las luces gradualmente se apagan.)


Escena II

(José, María y el niño Jesús en una casa humilde. Jesús ya siendo un niño de dos años. Escena de noche. Una lámpara iluminando la casa. Una estrella se ve arriba de la casa. Los reyes magos entran del lado derecho, hablando entre sí.)

Rey Mago 1. He aquí, mis amigos, la estrella que hemos seguido desde nuestra tierra se pone sobre esa casa. ¿Será que ya hemos llegado?

Rey Mago 2. ¡Alabado sea el Dios de los cielos, que nos ha guiado a este lugar sagrado!

Rey Mago 3. Vamos a ver a ese niño tan especial, tan divino que aún las estrellas anuncian su nacimiento.

(Los Reyes Magos avanzan a la casa de la familia.)

Rey Mago 1. Buenas noches. ¡Que la paz de Dios sea suya! Favor de no estar asustados. Hemos llegado desde muy lejos, desde ese primer día que vimos la estrella en el cielo. Esa estrella celestial nos ha guiado hasta acá.

Rey Mago 3. Hemos venido a adorar al niño Jesús.

Rey Mago 2. Favor de aceptar nuestros regalos, como símbolo de nuestro amor y lealtad hacia el niño Jesús.

(Los Reyes Magos presentan sus regalos a la familia.)

María. Pero, ¿de dónde vienen ustedes? Y, ¿cómo sabían que nació Jesús?

José. ¿Cómo puede ser que gente real como ustedes nos visiten?

Rey Mago 1. Venimos desde el Oriente, de una tierra lejana, pero estando allí Dios nos indicó que algo muy especial había pasado. Él hizo que una estrella, una estrella muy especial nos guiara hasta aquí.

Rey Mago 3. Somos reyes, sí es cierto, pero queremos reconocer con nuestros regalos y adoración que su hijo también es un Rey.

(Los Reyes Magos se arrodillan y adoran al niño Jesús.)

(Se bajan y se apagan las luces.)



ACTO 4
Escena I

(La familia sigue alrededor de la mesa, ya con actitudes cambiadas.)

Papá. Bueno, ya terminamos de leer. Gracias a todos por su paciencia.

Claudia. No, papá, la verdad yo nunca entendía que celebramos la Navidad por el nacimiento de Jesucristo.

Papá. Pues si nos damos cuenta, aún nuestro calendario recuerda su vida: 2000 años después de...

Carla. Después de Cristo. ¡Hum! Nunca había pensado en eso antes.

Mamá. A veces celebramos días y tenemos actividades y olvidamos el por qué de ello.

Kati. Papá, tengo una pregunta.

Papá. Sí, sí, Kati, ahora vamos a abrir los regalos.

Kati. No, lo que quiero saber es: ¿por qué daban los Reyes Magos regalos a Jesús?

Papá. ¿Por qué crees tú?

Kati. Pues, no sé, pero ese bebé Jesús tenía que ser alguien muy importante.

Papá. Así es, Kati, muy importante. De hecho, esos Reyes Magos viajaron como 600 kilómetros para llegar a Jesús.

Mamá. Con razón Jesús también se llama el “Rey de Reyes”.

Carla. Pero, ¿por qué vino Jesús? ¿Por qué nació así en un establo?

Papá. Mira, Carla, no sé exactamente por qué, pero mi amigo Enrique me estaba diciendo que Jesús vino a morir y también a resucitar para poder ofrecernos a nosotros la vida eterna.

(Suena el timbre. Todos miran hacia donde está la puerta.)

Mamá. Yo voy...

(Entran Enrique, su esposa Silvia y su hija de edad similar a la de Claudia y Carla, Francisca.)

Enrique. ¡Hola! ¿Cómo están? Quisimos venir a saludarlos en Nochebuena.

Papá. ¡Enrique! ¡Qué bueno que llegaste en este momento. Justamente le hablaba a mi familia acerca del real motivo de la Navidad y les contaba lo que tú me dijiste esta mañana Quizás ustedes nos puedan ayudar a entender mejor lo que celebramos en esta noche.

Kati. Sí, tío, explícanos por qué si Jesús es un rey tan importante, vino hasta a tierra para nacer así.

Enrique. Muy fácil, por amor.

Carla. ¿Por amor? ¿Amor a quién?

Enrique. A ti, a mí, a nosotros, al mundo entero. Todos nosotros como humanos estábamos separados de Dios por nuestras malas acciones y pecados, pero a pesar de esto, Dios nos amó y quiso enviar a su hijo a esta tierra para que a través de su sacrificio todos nosotros nos podamos acercar a Dios otra vez.

Claudia. ¿Qué tipo de sacrificio?

Enrique. La paga a nuestras malas actitudes, que son los pecados, era la muerte que significa estar separados de Dios para siempre. Pero Cristo pagó por nosotros muriendo en la cruz por nuestros pecados.

Francisca. Y resucitando de la muerte también.

Silvia. Y gracias a eso podemos acercarnos a Dios y disfrutar de una vida eterna.

Mamá. Pero, ¿cómo pudo suceder todo esto?

Silvia. Porque Jesús es Dios y tiene todo el poder para hacer todo esto.

Carla. Pero y entonces, ¿qué debemos hacer ahora?

Francisca. Simplemente aceptar a Cristo en tu corazón y reconocerle como Señor y Salvador si tú quieres, por supuesto.

Carla. (Reflexionando.) Sí, sí quiero.

(El resto de la familia se mira y dicen todos juntos.)

Todos. Nosotros también.

Silvia. ¿Quieren que oremos con ustedes?

Pedro. Sí, por favor.

Enrique. Repitan esta pequeña oración después de mí: “Señor Jesús”.

Todos. Señor Jesús.

Enrique. Te agradecemos por tu gran amor.

Todos. Te agradecemos por tu gran amor.

Enrique. Por pagar el precio que a nosotros nos correspondía pagar.

Todos. Por pagar el precio que a nosotros nos correspondía pagar.

Enrique. Reconocemos que hemos pecado.

Todos. Reconocemos que hemos pecado.

Enrique. Pero creemos que tu sangre nos limpia de aquellos pecados.

Todos. Pero creemos que tu sangre nos limpia de aquellos pecados.

Enrique. Te reconocemos como el Señor y Salvador de nuestras vidas.

Todos. Te reconocemos como el Señor y Salvador de nuestras vidas.

Enrique. Y te pedimos que entres en nuestro corazón.

Todos. Y te pedimos que entres en nuestro corazón.

Enrique. Gracias por tu perdón.

Todos. Gracias por tu perdón.

Enrique. Amén.

Todos. Amén.

Historia de una maestra

10 Minutos y 5 Personajes + Extras. Detrás de una niño rebelde hay una explicación que una maestra sabe descubrir y comprender. Una lectora del blog ha hecho una versión de esta obrita, que puedes leer AQUÍ.




HISTORIA DE UNA MAESTRA


PERSONAJES

NARRADOR
MAESTRA
JUAN
ALUMNO

NARRADOR. Esta tarde queremos compartir con vosotros una historia que ocurrió hace mucho tiempo. Como veis, el escenario está ambientado en el aula de un colegio. Exactamente es una aula de 5 curso. Se cuenta que en este aula, la profesora aprendió algo que ella no era capaz de enseñar a sus alumnos hasta que pasó algo que le abrió los ojos. Estén muy atentos y vamos a ver lo que ocurrió.

(La escena comienza con los jóvenes alborotados que se arrojan unos a otros boletas de papel. Destaca en el tumulto Juan González. Entra la maestra y ve el cuadro.)

MAESTRA. Por favor, ya está bien, comportaos como es debido. (Dando palmas.) Vamos, vamos cada uno en su sitio.

(Obedecen todos excepto Juan que desde su sitio sigue arrojando bolas de papel.)

MAESTRA. Juan, por favor, ¿quieres estarte quieto? Revolucionas toda la clase.

(Juan obedece.)

MAESTRA. Está bien, abrid vuestros libros y leed. (Ojea unos papeles que tiene encima de la mesa.)

(Juan comienza a cuchichear con el compañero de al lado.)

MAESTRA. Juan, levántate y ponte cara la pared. Ya me tienes harta. Todos los días igual desde que ha comenzado el curso. (Alzando la voz.) ¡He dicho que te pongas cara la pared!

JUAN. Pero señorita, Luis también ha hablado…

MAESTRA. Tú eres el culpable de todo. Eres el garbanzo negro de esta clase. No me repliques y a la pared.

(Juan se levanta y se pone cara la pared.)

NARRADOR. Ahí en la primera fila se sentaba Juan. La maestra observaba a Juan desde el año anterior y había notado un cambio brusco en su actitud. También veía que su ropa estaba muy descuidada y que no le habría ido nada mal un buen baño. Digamos que Juan comenzaba a resultarle un tanto desagradable.

(La escena continua en el aula. Juan continúa castigado y la profesora comienza a hablar como si estuviera pensando.)

MAESTRA. ¡Vaya con el niño éste! Me está dando el curso… Si estuviera en mi mano, de buena gana lo expulsaría del colegio. Menudo problema que me quitaba de encima. De todas formas a final de curso presentaré un informe bastante negativo de este joven. (Cogiendo un folio.) Por cierto, aquí está su examen. Lo podría calificar sin mirarlo siquiera. (Tachando con energía el papel.) A ver… Mal, mal, mal. Un cero, como de costumbre. Ponerle un cero a este niño es lo único que me produce cierta satisfacción.

NARRADOR. Y así pasaban los días, Juan haciéndole la vida imposible a la maestra y ella gozando cada vez que tenía que ponerle un cero. Pero un día ocurrió algo que cambió la vida de los dos. Faltaba una semana para Navidad y los alumnos tienen costumbre de obsequiar a sus maestros. La maestra harta ya de Juan, había solicitado su expediente para añadir a él cuanto negativo se le ocurriera…

(Aparece otra vez la escena de la clase. Todos los niños están en grupo hablando, bromeando y enseñando orgullosos los regalos envueltos en preciosos papeles navideños. Todos excepto Juan que está sólo afanándose en envolver algunos objetos. Entra la maestra con una carpeta, que contiene el informe académico de Juan.)

MAESTRA. Bien, muchachos. Se acabó la charla. Vamos cada uno a su sitio. (Fijándose en Juan.) ¡Qué raro que esté quieto! Algo estará tramando y seguro que no es nada bueno, pero por lo menos está tranquilo que ya es algo… Abrid el libro de lectura y leed el tema 10.

(Todos obedecen excepto Juan que continúa con su tarea. La maestra abre el expediente de Juan y comienza a leerlo.)

MAESTRA. (Lee en voz alta pero es como si lo estuviera pensando.) “Juan es un joven brillante. Presenta los trabajos de forma impecable y su comportamiento en clase y con el resto de compañeros es admirable.”. Pero, ¿cómo es posible? No me cuadra nada. A ver… Éste es el informe de 2 Curso. “Buen estudiante de conducta correcta, ha bajado un poco el rendimiento. La causa puede ser que su madre está gravemente enferma y el ambiente en su casa no es muy agradable”. (Cada vez más expectante lee el siguiente informe…) Este lo escribió la profesora de 3 Curso. “Su madre ha muerto y ha sido un verdadero trauma para Juan. Se va atrasando en sus estudios y no muestra interés por la escuela”. (La maestra se queda pensativa y preocupada.) Ahora encuentro la explicación a la conducta de este joven. ¡Qué mal me ha portado! En vez de hablar con él para ayudarle, sólo intentaba expulsarle del colegio para evitarme problemas.

ALUMNO. Señorita, oiga, señorita.

(La maestra sin oír nada continúa con sus reflexiones.)

MAESTRA. ¡Qué egoísta he sido! ¡Jamás me perdonaré el comportamiento que he tenido con este joven…!

ALUMNO. Señorita, señorita, ¿le ocurre algo?

MAESTRA. (Volviendo en sí.) ¿Eh? ¿Sí?

ALUMNO. ¿Se encuentra bien, señorita?

MAESTRA. Ah, sí, sí, me encuentro bien. No pasa nada, ¿qué queréis?

ALUMNO. Si le podemos entregar ya los regalos de Navidad.

MAESTRA. Sí, claro, claro. (Guarda los informes en la carpeta y los jóvenes van pasando a entregarle sus regalos. Juan sigue afanándose en envolver lo mejor que puede sus regalos. Abre los paquetes y va comentando los regalos.) ¡Qué bonito, Ana! Muchas gracias. ¡Caramba, Luis! Es estupendo. Mucho me gusta tu regalo José.

(Los jóvenes empiezan a hablar y a reír entre ellos mientras miran y señalan a Juan.)

MAESTRA. ¿Qué ocurre?

ALUMNO. Ya verá, maestra, qué sorpresa le espera… ¡Je, je!

(Juan se levanta con un paquete mal envuelto en un feo papel. La maestra desenvuelve el paquete y encuentra un viejo brazalete y un frasco de perfume a medio terminar. Risas de los jóvenes.)

MAESTRA. (Poniéndose el brazalete.) ¡Basta, ya, muchachos! Es un regalo precioso que me queda muy bien. (Oliendo el frasco y echándose un poquito de perfume.)

JUAN. Los usaba mi madre. Y ahora usted huele como solía oler mi mamá.

NARRADOR. Aquel día cuando acabó la clase la maestra lloró como nunca antes había llorado. Juan entregándole lo más precioso que tenía y la ella incapaz de entregarle un poco de afecto y comprensión. En ese momento la maestra tomó una decisión. Se iba a dedicar en alma y cuerpo a ese muchacho y a todos los demás. Comprendió que enseñar a los jóvenes es mucho más que impartirles matemáticas, literatura o química. Entendió que enseñar era compartir las alegrías y penas, y ayudarles a superar los momentos difíciles de su vida. A partir de entonces la maestra pasó mucho tiempo con Juan, conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro empezó a revivir. Mientras mas lo apoyaba, él respondía más rápido. A final de curso Juan se había convertido en uno de lo niños más aplicados de la clase. El último día del curso, la maestra encontró encima de su mesa un a nota firmada por Juan, que decía. “Es usted la mejor maestra que he tenido en mi vida”. Pasaron los años y la maestra y Juan seguían manteniendo relación mediante cartas.
Juan le iba contando sus progresos y la maestra estaba muy orgullosa de él. La historia no termina aquí. Juan envió una carta a su maestra preferida, diciéndole: “QUERIDA SEÑORITA, POR FIN HE ACABADO MIS ESTUDIOS DE MEDICINA Y AÚN ASÍ SIGO PENSANDO QUE ES USTED LA MEJOR MAESTRA QUE HE TENIDO EN MI VIDA. MUCHAS GRACIAS POR CREER EN MÍ, POR HACERME SENTIR IMPORTANTE Y MOSTRARME QUE YO PUEDO HACER LA DIFERENCIA. TENGO UNA BUENA NOTICIA QUE DARLE: MI NOVIA Y YO HEMOS DECIDIDO CASARNOS Y NOS GUSTARÍA QUE USTED FUERA LA MADRINA.”
A esta carta la maestra le contestó con otra que le decía: “ME HIZO MUCHA ILUSIÓN RECIBIR TU CARTA Y ME ALEGRO DE QUE TE CASES Y POR SUPUESTO, ME ENCANTARÁ SER TU MADRINA. JUAN FUISTE TÚ, QUIEN ME ENSEÑÓ QUE YO PUEDO HACER LA DIFERENCIA. ADEMÁS, NO SABÍA CÓMO EDUCAR HASTA QUE TE CONOCÍ”.
Y así acaba la historia de esta maestra que aprendió una lección que ella era capaz de impartir.

CONCLUSIÓN:
Recuerda que donde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de tocar o cambiar los sentimientos de alguien. Trata entonces de hacerlo de un manera positiva.

Sígueme

25 Minutos y 22 Personajes. El Señor nos pide a todos que le sigamos, todos somos necesarios y formamos parte de su iglesia.


SÍGUEME


PERSONAJES

LECTOR 1
LECTOR 2
PAT
ESPOSO DE PAT
MUJER
PAULINA
PEDRO
JOVEN 1
JOVEN 2
ENCARGADA
HOMBRE
PAMELA
FEDRA
OJOS (2 Personas)
OREJAS (2 Personas)
PIES (2 Personas)
MANOS (2 Personas)
LECTOR/PASTOR


LECTOR 2. Jesús vino a Galilea diciendo a todo el mundo las buenas nuevas acerca de Dios. Esto es lo que Él dijo: El gran día está aquí; El reino de dios ha venido, cambia tu vida y confía en las buenas nuevas.

LECTOR 1. (Lee Mateo 4:18-20 Entra Pat.)

LECTOR 2. Y Jesús fue al mercado el domingo por la mañana y vio allí a una mujer comprando para su familia, y Él dijo: Sígueme y yo supliré todas tus necesidades. Ella contestó:

PAT. Te seguiré con gozo, Señor, y también traeré a mi esposo y a mi familia. (Sale.)

LECTOR 1. (Lee Mateo 4:21-22. Entra una mujer.)

LECTOR 2. Mientras Jesús caminaba por el monte vio a una mujer contemplando el hermoso paisaje que le rodeaba. Y Él dijo: Sígueme y verás grandes maravillas. Pero ella contestó:

MUJER. No, Señor, el mundo de allá abajo es cruel y doloroso. Yo prefiero estar aquí en la montaña donde todo es paz y tranquilidad, no puedo seguirte. (Sale.)

LECTOR 1. (Lee Lucas 9:57-58. Entran Paulina y Pedro.)

LECTOR 2. Y Jesús entró en el hogar de una pareja que había tenido problemas. Y Él les dijo: Seguidme y yo llevaré vuestras cargas y os haré fuertes otra vez porque yo os necesito para que seáis mis discípulos. Y ellos dijeron:

PAULINA. Te seguiremos, Señor.

PEDRO. Sí, Señor, muéstranos tan sólo qué debemos hacer. (Ambos salen.)

LECTOR 1. (Lee Lucas 9:59-62. Entran dos jóvenes.)

LECTOR 2. Y mientras Jesús caminaba por la orilla del mar vio dos jóvenes distraídos y sin nada que hacer. Les dijo: “Seguidme y os daré un trabajo para vida”. Pero ellos dijeron:

JOVEN 1. No Señor, nosotros somos demasiado jóvenes para comprometernos en este tipo de vida.

JOVEN 2. Nos gustaría disfrutar con lo que nos ofrece este mundo antes de acceder a seguirte. (Ambos salen.)

LECTOR 1. (Lee Juan 1:43-46. Entra Encargada de un hotel.)

LECTOR 2. Y Jesús entró en un restaurante muy lleno y le dijo a la encargada: “Sígueme porque te necesito para mi servicio”. Y ella contestó:

ENCARGADA. Te seguiré Señor porque todo lo que tengo es tuyo. (Sale)

LECTOR 1. (Lee Mateo 19:16-22. Entran un hombre y Pamela y van a distintas posiciones.)

LECTOR 2. Y Jesús fue a una oficina donde la gente estaba agotada por el estrés y el exceso de trabajo. Y le dijo a un hombre: “Sígueme y te darás cuenta de cuán pequeños e insignificantes son tus problemas”. Pero el hombre contestó:

HOMBRE. Tú no lo entiendes, Señor, estoy saturado por el trabajo. ¿Cómo podría encontrar tiempo para seguirte? (Sale.)

LECTOR 2. Y Jesús fue a y vio a una mujer esforzándose en su trabajo. Y Él le dijo: “Sígueme y yo haré que lo veas todo más claro”. Y ella contestó:

PAMELA. Te seguiré, Señor, iré a cualquier sitio que tú desees enviarme.

LECTOR 2. Pero Jesús le dijo: “Tú has sido llamada para ser mi testigo aquí. Es aquí donde te necesito”. (Sale.)

LECTOR 1. (Lee Mateo 9:9. Entra Fedra.)

LECTOR 2. Y Jesús fue a un pequeño piso donde vivía una mujer acompañada tan solo por sus memorias y por sus pasados días felices. Y Él dijo: “Sígueme y nunca más estarás sola”. Ella dijo:

FEDRA. Yo te seguiré, Señor, porque necesito un amigo en quien pueda confiar. (Sale.)

LECTOR 1. (Lee Mateo 16:13-18. Entran en silencio Pat, Paulina, Pedro, Encargada, Pamela y Fedra).

LECTOR 2. Y Jesús vino a su iglesia actual y a su llegada la gente se removía en sus asientos con intranquilidad. ¿Qué querría de ellos? Él dijo: “Seguidme”. Algunos se deslizaron sigilosamente esperando que nadie notara que se iban, querían más tiempo para pensar. Otros, dudando, se decían a sí mismo: Nosotros te damos una hora todos las semanas para adorarte, ¿no es esto suficiente ya? ¿Qué más nos pides? Pero la mayoría respondió alegremente:

TODOS. Te seguiremos, Señor, tan sólo enséñanos qué quieres que hagamos.



ESCENA 2

LECTOR 2. Pablo escribe una carta acerca de la iglesia a los cristianos de Corinto y les dice:

LECTOR 1. (Lee 1ª Corintios 12:12 y 18. Entran dos niños vestidos como OJOS. El siguiente diálogo, preferentemente, debería ser interpretado con niños, si esto no es posible, puede ser leído, grabado o mimificado por niños)

OJO. Nosotros somos la parte más importante del cuerpo. A través de nosotros la gente puede disfrutar del maravilloso mundo de la naturaleza: Los pájaros, animales y flores. Ellos pueden ver a sus amigos, leer libros y ver la televisión. (Los ojos se quedan a un lado a la vez que entran dos niños vestidos como orejas.)

OREJA. Nosotros no estamos de acuerdo en absoluto. Nosotros pensamos que somos lo más importante. Nosotros ayudamos a la gente a escuchar música, reír y cantar. El cuerpo no podría hacer nada sin nosotros. (Los oídos se quedan a un lado a la vez que entran dos niños vestidos como pies.)

PIE. Bueno, nosotros pensamos que ambos estáis equivocados. ¿Qué uso pueden tener los ojos y los oídos en el campo o en la playa si sin nosotros no se puede ir hasta allí? Ya nos gustaría veros intentar golpear un balón de fútbol o correr una carrera. Nosotros podemos hacer todas estas cosas. (Los pies se quedan a un lado a la vez que entran dos niños vestidos como manos.)

MANO. Y, ¿qué hay de nosotros? Vosotros (a los pies) podéis llevar a la gente a la playa, donde vosotros (a los ojos) podéis observar los botes yendo y viniendo y vosotros (a los oídos) podéis escuchar las olas, pero ¿podríais vosotros construir castillos de arena o preparar una merienda? Pues, nosotras, podemos. Naturalmente. Esto es por lo que somos la parte más importante del cuerpo. De hecho, ¡no os necesitamos al resto de vosotros para nada! (Las manos se quedan a un lado.)

OREJA. Bueno, si vosotros pensáis que podéis hacer todo sin nosotras, nos cerraremos. Nosotras sabemos cuándo no nos quieren en un lugar. (Las orejas se quedan en pie con la cabeza inclinada y tapándose las orejas. Ojos, manos y pies corren alrededor sacudiendo sus cabezas y tirando de sus orejas como si fueran sordos.)

MANO. Esto no es bueno. No podemos manejarnos sin vosotras, tengo miedo. (A las orejas en voz muy alta.) ¿Podríais abriros de nuevo, por favor? (Las orejas hacen caso.) Pero ¡estoy seguro que a vosotros no os necesitamos (a los ojos.)

OJO. Bueno, como queráis. Ahora vais a ver cómo actuáis sin nosotros. (Los ojos ponen sus manos sobre sus ojos y caen de rodillas, el resto se tambalea y se chocan unos con otros.)

PIE. ¡Oh, no! ¡No puedo ver hacia dónde voy! ¡Por favor, ojos, os necesitamos a vosotros también! (Dirigiéndose a ojos los cuales se levantan.)

MANO. Estoy cansada de todo esto. Nosotras no vamos a preocuparnos de ayudaros a ninguno. Vosotros tendréis que continuar sin nosotras. (Las manos ponen sus manos en sus bolsillos o se cruzan de brazos inclinando la cabeza. El resto va alrededor con sus manos detrás intentando hacer cosas sin usar las manos.)

OREJA. Esto no funciona, nosotras no podemos hacer nada sin vosotras, manos. Tenéis que empezar a trabajar de nuevo. (Las manos vuelven a la normalidad.)

PIE. Bueno, yo pienso que deberíamos tomarnos un descanso. Hoy ha sido un día muy duro. (Los pies se acuestan en el suelo, el resto se queda clavado en el sitio en el que está, incapaz de moverse. Ellos intentan mover sus pies pero no pueden.)

OJO. ¡Oh, por favor, levantaos, pies! Nosotros no podemos ir a ningún sitio sin vosotros, realmente os necesitamos (los pies se levantan y todos se abrazan.)



ESCENA 3

LECTOR 1. (Lee 1ª Corintios 12:27. Entran Pat y su esposo con uniforme de coro)

PAT. Como Jesús nos ha llamado a su servicio con el fin de que usemos su servicio para Él, hemos decidido cantar en el coro.

ESPOSO DE PAT. Sentimos que lo mejor que podemos hacer es cantar en el coro.

(Permanecen de pie mientras Freda entra llevando un chubasquero o algo parecido. Lleva flores y un cesto.)

FREDA. No coincido con eso. Yo he decidido emplear mi tiempo visitando a los enfermos y a los necesitados. Pienso que esto tiene más valor que cantar en el coro.

(Freda se queda a un lado mientras entra Pedro con una caja de dinero en la mano y una cartera de ejecutivo.)

PEDRO. Bueno, creo que vosotros estáis en un error. Llevar el balance económico y encargarse de los fondos monetarios, es el trabajo que realmente cuenta. Esto es por lo que yo me dedica a esto. (Pedro se pone a un lado mientras Pat entra.)

PAMELA. ¡No estoy de acuerdo con esto! Yo enseño a los niños todas las semanas porque creo que es el trabajo más importante en la iglesia.

(Se pone a un lado y entra Felisa llevando un delantal y un cazo.)

FELISA. Cuando Dios me llamó para seguirle me dijo que me necesitaba para su servicio. Bueno, yo he trabajado sirviendo comida toda mi vida. Así que, lo único que puedo ofrecer es mi experiencia en este tipo de cosas. Esta es la única cosa útil que yo puedo ofrecer.

(Felisa se pone a un lado y entra Paulina algo ansiosa.)

PAULINA. ¡Vaya! Yo no puedo hacer nada de eso. No soy maestra y soy demasiado tímida para tratar a la gente. Soy un desastre administrando el dinero y no puedo cantar ni una nota bien. Aunque yo disfruto cocinando, tengo un coche del que disponer y puedo escribir a máquina. Claro que eso no es mucho comparado con todos vuestros talentos. Quizá yo debería quedarme al margen. Sí, eso es lo mejor que puedo hacer. No creo que nadie me eche en falta.

(Paulina se pone en una esquina mientras la luz se va yendo. Todos se ponen de espaldas para indicar el paso del tiempo. Las luces vuelven otra vez. Se ponen de frente y Pat y Pablo dan un paso adelante.)

PAT. Es maravilloso cantar en el coro, pero lo que realmente necesitamos ahora es alguien que nos escriba las letras de los nuevos himnos que estamos aprendiendo. Ninguno de nosotros sabe hacerlo.

FREDA. (Freda da un paso al frente.) Ciertamente es un trabajo loable el visitar enfermos y ayudar a los necesitados pero sé que a ellos les encantaría que alguien los invitar a salir alguna vez. Si tan sólo supiera de alguien con un coche que me echara una mano…

PEDRO. (Pedro da un paso al frente.) Bueno, yo controlo muy bien todo esto del aspecto económico, teniendo en cuenta que no toda la gente da lo suficiente para cubrir los gastos. Esto sí que es un problema. Pero además, el trabajo se acumula porque no tenemos a nadie que nos haga los recibos.

PAMELA. (Pamela da un paso al frent.e) Me alegro de mi decisión de ayudar con los niños pero creo que podríamos hacer algo más por ellos. Sé de familias que estarían encantadas de unirse a nosotros, pero viven demasiado lejos de aquí. Estoy segura de que vendrían a la iglesia si alguien se ofreciera a traerlos en su coche.

FELISA. (Felisa da un paso al frente.) Preparar comida está bien, pero yo podría ayudar en algo más si alguien me echara una mano preparando unos pasteles o cosas por el estilo para las ocasiones especiales.

PAULINA. (Paulina que ha estado escuchando todo esto con atención da un paso al frente, hacia el centro y se dirige al público.) ¿Habéis oído todo esto? Por lo visto, parece que, después de todo, aún puedo ser útil. La iglesia realmente puede usar mis dones: (se dirige a Pat y Pedro) yo podría pasar vuestras canciones a máquina y (a Felisa) disfrutaría ayudándote con la cocina y (a Freda y Pamela) yo tengo un coche que podríamos utilizar si lo necesitarais. (Todos se acercan a Paulina y la luz se baja).

LECTOR 1. (Lee 1ª Corintios 12:4-7. Todos se van.)



ESCENA 4.

LECTOR 1. La iglesia es el cuerpo de Cristo. Nosotros somos el cuerpo de Cristo. Nosotros somos los ojos de Cristo. (Entran los dos niños vestidos de ojos y se colocan, entran Pat y Pablo y se colocan a sus lados.) Los ojos que miran a Cristo encuentran en Él comprensión y perdón, pero un cambio en sus vidas también. Los ojos que ven en sus compañeros miembros de iglesia verdadero amor. (Se cogen de las manos.) Los ojos que miran al mundo con compasión y ven sufrimiento y angustia, pero no sólo esto, sino también, amor.
Somos los oídos de Cristo. (Dos niños vestidos como orejas entran. Se ponen a los lados de éstos. Entran Paulina y Pedro y se ponen a ambos lados de éstos.) Los oídos que ansían escuchar las palabras de Cristo cuando les habla. Los oídos que escuchan el llanto de la gente que no tiene a nadie que les comprenda. (Se cogen de las manos.)
Somos las manos de Cristo. (Entran dos niños vestidos como manos, se colocan y entran Pamela y Felisa.)
Manos que se extienden a Cristo y notan en sus manos la marca de unos clavos. Manos que usan los dones que han recibido para trabajar por Cristo en su iglesia. (Se cogen de sus manos.)
Manos que se dan a los demás y les ofrecen consuelo, ayuda y ánimo.
Somos los pies de Cristo. (Entran dos niños vestidos como pies. Freda y Lector 2 se les unen.)
Pies que nos llevan a Cristo mientras seguimos sus pisadas. Pies que nos traen a la iglesia donde aprendemos a caminar como Él nos enseñó. (Se cogen de las manos.) Pies que llevan las Buenas Nuevas a la gente cerca y lejos. (Todos se cogen de las manos.)
Y todos juntos somos la voz de Cristo.
Una voz que habla en su nombre.
Una voz que ofrece palabras de aliento.
Una voz que denuncia las injusticias y el odio.
Y una voz para cantarle himnos por siempre.
(Lee Mateo 28:16-20. Música suena y todos abandonan el escenario).

LECTOR O PASTOR. Nosotros somos la iglesia.
Nosotros somos el cuerpo de Cristo: Jóvenes y mayores, ricos y pobres.
Cristo nos necesita a cada uno de nosotros para trabajar por Él hoy.
Ofrezcámosle todo lo que tenemos, todo lo que somos y todo lo que esperamos ser para su servicio.

El amigo de Moisés

5 Minutos y 6 Personajes. Después de ver el sufrimiento de su pueblo, Moisés sabe que algún día librará a ese pueblo de la esclavitud.



EL AMIGO DE MOISÉS




PERSONAJES

NARRADOR
MADRE
MOISÉS
PRINCESA
RAMSÉS
NATANAEL


NARRADOR. En los duros años de la esclavitud en Egipto los israelitas trabajaban para sus amos sin descansar con una monotonía que sólo se rompería para Moisés.

(Música. La Madre y Moisés están haciendo las labores de la casa.)

MADRE. Moisés, ya es la hora. ¿Te has arreglado?

MOISÉS. Sí, mamá.

(Moisés y su Madre van a Palacio.)

MADRE. Majestad, aquí está su hijo.

PRINCESA. A partir de ahora tú vivirás aquí conmigo y serás instruido como un príncipe.

(Moisés y su Madre se despiden.)

NARRADOR. El día siguiente supuso un cambio radical en la vida de Moisés. Estaría sólo en la corte de Faraón sin que nadie le apoyara y estuviera a su lado. ¿Olvidaría este niño en la corte todo lo que había aprendido de chiquitín? Moisés estudiaba duro y pronto destacó entre los jóvenes del reino tanto por su inteligencia como por su fortaleza física. No todo eran responsabilidades; tenía ratos libres y así es como conoció a Ramsés.

RAMSÉS. Te encuentro triste. ¿Te ocurre algo?

MOISÉS. Hoy he salido a pasear y he visto algunos israelitas que eran azotados por los capataces.

RAMSÉS. Pues sí, yo lo he visto varias veces pero no debes preocuparte por eso.

NARRADOR. Pero Moisés seguía pensando en que era injusto, cruel, el trato que se le daba a su pueblo.

PRINCESA. Moisés, ven conmigo. Vayamos a ver la última construcción. Es muy bonita, ¿no crees?

MOISÉS. Mamá, están maltratando a un anciano. Ordénales que paren.

PRINCESA. Hijo mío, es necesario, de lo contrario no habría nada de lo que tú ves: pirámides, esfinges, mausoleos…

MOISÉS. Pero yo… (Le corta una voz.)

NATANAEL. ¡Moisés! ¡Alabado sea nuestro Dios! ¡Qué alegría poder verte! ¡No sabes cuánto he orado por ti a Jehová!

MOISÉS. (Titubeando.) ¿Qué te ha ocurrido que estás tan delgado? (Llorando le abraza.) ¿Dónde están tus padres?

NATANAEL. Mi padre murió mientras hacía ladrillos, como tantos otros… Están matando a los bebés; tan apenas nos dan de comer, y trabajamos de sol a sol.

NARRADOR. La princesa observa conmovida la escena y guarda en su corazón un triste presagio que se habría de cumplir poco después.

PRINCESA. ¿Qué te ha pasado en la cara, muchacho?

NATANAEL. Me azotaron por intentar entrar en palacio para verte.

MOISÉS. Toma, amigo mío, con este pañuelo púrpura podrás entrar sin que nadie te toque, ¡guárdalo!

PRINCESA. Vamos a Palacio, Moisés, se está haciendo tarde.

MOISÉS. Adiós, Natanael. Me alegro mucho de verte. (Lo abraza.) Siento mucho todo lo que te ha pasado.

NATANAEL. Gracias, Moisés, gracias. No te olvides de nosotros. Adiós.

(La Princesa y Moisés salen de escena.)

NARRADOR. El tiempo pasaba y la mirada de aquel niño y los sufrimientos por la esclavitud se guardaron en lo más profundo del corazón de Moisés. Caminando entre las obras encontró un día un pañuelo púrpura ensangrentado en el cuello de un niño que estaba entre los escombros. En ese momento Moisés supo que algún día evitaría tanto dolor y libertaría a su pueblo de la esclavitud.