¿Quieres ver tu foto aquí?

¿Quieres ver tu foto aquí?
2012 - España
Mostrando entradas con la etiqueta prioridades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prioridades. Mostrar todas las entradas

La diferencia entre un cristiano y un cristianito

5 Minutos y 4 Personajes. Dos amigas hablan sobre el prometido de una de ellas. El joven parece no haber comprendido qué significa entregar su vida a Cristo y su amiga está preocupada por el futuro de ambos.

LA DIFERENCIA ENTRE UN CRISTIANO Y UN CRISTIANITO



Tema: El Nuevo Nacimiento.

PERSONAJES

ANDREA
LILY
KIKO
NARRADOR


ESCENA

(Andrea y Lily platicando mientras toman un refresco o sentadas en un sofá.)

ANDREA. (Con emoción.) Estoy enamoradísima. Voy a casarme con Kiko. Es tan guapo, tan atento, tan atlético, tan inteligente, tan generoso. Es todo un galán.

LILY. Pero es inconverso. La Biblia dice: “No os unáis en yugo desigual”.

ANDREA. Ya oró y aceptó a Cristo y quiere bautizarse.

LILY. Pero nunca lo veo los domingos por la mañana.

ANDREA. Es porque es el único tiempo que tiene su equipo de fútbol para entrenar. El equipo tiene muy buena oportunidad para ganar el campeonato de su liga. Sería una lástima perder la oportunidad.

LILY. ¿Y la reunión de Oración?

ANDREA. Pues, es su noche de estudio, la única noche que no nos vemos. Además, tú eres muy clavada. Hay muchos Cristianos buenos que nunca van a la oración. Si vas exigir todo eso a un novio, vas a perderlo.

LILY. Pero ni es fiel en la reunión de jóvenes. Y cuando viene, no participa y siempre parece muy aburrido con las pláticas.

ANDREA. La Biblia dice que no debes juzgar. Además, Kiko es serio y no se emociona mucho.

(Entra Kiko gritando con emoción.)

KIKO. ¡Andrea, Andrea! ¡Mira lo que escribieron acerca de mí y nuestro equipo en el periódico! ¡Mira! “Kiko Martínez es el mejor portero que hemos visto en esta liga universitaria en la década”. (Kiko da un grito de emoción.) ¡Oh, perdóname, Lily, por no saludarte! Es que esto es lo máximo en mi vida.

LILY. Felicidades, Kiko. Es un gran honor. Pero si esto es lo máximo para ti, ¿no tienes otras metas en la vida?

KIKO. Sí, casarme con Andrea y ganar mucho dinero.

LILY. Y ¿tienes metas espirituales?

KIKO. Cuando sea viejito y no pueda jugar fútbol, tal vez iré al culto más seguido. Y por supuesto quiero ser una buena persona para ganar el cielo.

LILY. ¿Pero qué dice la Biblia al respecto?

KIKO. Es un libro que nunca he leído. Necesito dedicarme completamente a mis estudios. Tengo la oportunidad de graduarme con las mejores calificaciones de mi generación. Bueno, gusto en saludarte, tengo que irme. Necesito organizar al equipo para un último entrenamiento. (A Andrea.) Adiós, mi amor.

LILY. Andrea, ten cuidado. Kiko no parece nada un hombre nacido de nuevo.

ANDREA. El aceptó a Cristo en la campaña evangelística y tú no debes juzgarlo.

NARRADOR. ¿Qué es realmente ser nacido de nuevo? Jesucristo mismo dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. Es posible que Andrea cometa un error fatal por no analizar qué es nacer de nuevo. Tú también debes pensar seriamente en esto.

Siga con una plática en el tema: “¿Qué es nacer de nuevo?”.

Lo más importante de la Navidad

10 Minutos y 8 Personajes. Los miembros de una familia le dan más importancia a los regalos en Navidad que al tiempo que deberían pasar juntos. Unos ladrones roban sus regalos por la noche y este incidente les hace reflexionar sobre sus prioridades.




LO MÁS IMPORTANTE DE LA NAVIDAD
Héctor Pardo Cano

PERSONAJES

MAMÁ
PAPÁ
PEPE
BRENDA
ESTEBAN
FELIPE
LADRÓN 1
LADRÓN 2

(En escena, el living de la casa de la familia Rodríguez. Los hijos: Pepe, Brenda, Esteban, Felipe y Daniel están en distintas actividades y en continuo movimiento debido al inminente viaje de los papás.)

MAMÁ. (Dirigiéndose a Felipe que está tirado en el sillón escuchando su P.S.) ¡Ya pues Felipe! Ayuda a tus hermanos, si no nos apuramos vamos a amanecernos preparando el equipaje y no disfrutaremos de la noche buena.

FELIPE. (Quitándose los audífonos.) Pero mamá, ¿ya compraron todos los regalos? Mañana viajan muy temprano y no van a alcanzar a comprar nada más. Como es Navidad, mañana va a estar todo cerrado…

PAPÁ. Sí, hijo, ya está todo listo. Tu mamá y yo partiremos mañana, pero no importa, los regalos están todos y hay comida suficiente como para que pasen todo el día súper bien y sin pasar hambre. Ya está todo listo. ¡Uy! Y mira lo tarde que es ya, viejita, vayámonos a acostar luego, mañana tendremos que levantarnos muy temprano.

MAMÁ. Ya niñitos (mientras le da un beso a cada uno) todos a la camita, mañana tendrán que levantarse temprano para despedirnos. Tú, Esteban, vas a quedar a cargo de tus hermanitos. Cualquier cosa me llamas al celular ¿ya?

ESTEBAN. Pucha, siempre tengo que ser yo, por ser el mayor tengo que hacerme cargo de estos cabros que son más porfiados.

BRENDA. Ya, Esteban, hermanito, no te preocupes, aunque soy la menor, te voy a obedecer en todo ¿ya? Lo que a mí me entristece es otra cosa… (Brenda agacha la cabeza y comienza a sollozar.)

MAMÁ. ¿Y a ti qué te pasa, Brenda? ¿Acaso falta tu regalo? ¿Por qué lloras?

BRENDA. Es que ustedes van a viajar justo mañana y no vamos a estar juntos en Navidad, eso me pone muy triste.

PEPE. (Mofándose de su hermana.) ¡¡¡Buh!!!! Ya empezó la llorona, no puede estar sin llorar… ¡¡La llorona, la llorona…!! ¡¡¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!!!

PAPÁ. (Sin importarle la situación.) Ya pues, ya hablé, a acostarse todo el mundo ya es muy tarde.

MAMÁ. Sí, viejito, ¡ya! Todos a la cama, ya oyeron al Papá, y tú, Brenda, déjate de niñerías, ¿ya? Anda a acostarte luego.

BRENDA. Ya, mamita (secándose las lágrimas), voy al tiro, voy a terminar de ordenar unas cositas aquí y me voy a acostar al tiro, ¿ya?

(Todos desaparecen de escena y queda sólo Brenda, la que al constatar que todos se han ido, se arrodilla y comienza a orar.)

BRENDA. ¡Oh Dios! Tú que conoces mi corazón, sabes cómo me siento. Toda mi familia está tan concentrada en las cosas materiales de esta navidad que han olvidado lo que realmente es importante. Te pido que arregles las cosas para que podamos estar juntos mañana y que mis padres no tengan que viajar. En el nombre de Jesús, amén.

(Brenda se retira de escena y pasan unos segundos. De pronto, se oyen ciertos ruidos y entran dos ladrones vestidos ad-hoc y comienzan a echar los regalos a sus bolsas.)

LADRÓN 1. (En voz baja.) ¡Ey! Apúrate, hombre, que no tenemos toda la noche. Echa luego lo que puedas a los bolsos y nos largamos de aquí.

LADRÓN 2. (En voz baja.) Ya, ya, sí te oí, hago lo que puedo, acuérdate que fue tu idea venir a esta casa.

LADRÓN 1. Sí, sé, pero es que es la papa, mira todos los regalos, con esta casa no vamos a tener necesidad de pasar a otra.

LADRÓN 2. (Después de un rato y con las bolsas llenas.) Ya, compadre, estamos listos; vámonos antes que nos pillen.

LADRÓN 1. Sí, sí, vámonos de una vez.

(Ambos ladrones salen sin ser percibidos. Al otro día, se levanta la familia y quien aparece primero es Felipe.)

FELIPE. (Al ver que no hay regalos y faltan cosas.) ¡¡¡Mamá, papá, chicos, vengan pronto!!! ¡¡Pasó algo terrible!!

(Aparece el resto de la familia, todos arreglándose porque recién se estaban levantando y llegan corriendo a los gritos de Felipe.)

MAMÁ. ¿Qué paso, hijito? (Mira la sala vacía de regalos.) ¡¡¡Ay!!! Dios mío, ¿qué pasó aquí, viejo? ¡¡Mira!! ¡¡Nos robaron!!

(Se arma un griterío entre todos, todos se desesperan y conversan unos con otros, hasta que Brenda interrumpe.)

BRENDA. (Gritando.) ¡¡Ey!! ¡¡¡Paren de gritaaaaaaaaaar!!!

PEPE. (Dirigiéndose a Brenda, enojado.) ¿Y qué quieres que hagamos tonta, si nos entraron a robar anoche? ¡¡Se llevaron todos los regalos!! Tú, sí, tú, Brenda, tú fuiste la última en irte a acostar, seguro que dejaste la puerta abierta... ¿Por qué eres tan tonta? ¡¡¡Por tu culpa ahora nos quedamos sin regalo!!!

PAPÁ. (Con voz autoritaria dirigiéndose a Pepe.) ¡Silencio, Pepe! ¿Cómo se te ocurre tratar así a tu hermana? Tenemos que calmarnos y pensar con la mente fría y no dejarnos llevar por lo molesto de esta situación.

ESTEBAN. (Con voz triste.) Y ahora, ¿qué vamos a hacer? Nos arruinaron la navidad, ¡no podremos tener navidad este año!

TODOS. (Excepto Brenda. Afirman lo que dijo Esteban y se lamentan.) Sí, nos arruinaron la navidad, ¿qué vamos a hacer?

MAMÁ. Viejito, y ahora, ¿qué vamos a hacer con el viaje? Me da miedo salir y dejar a los niños solitos. Esos ladrones pueden volver y si saben que no estamos pueden hacerles daño a nuestros hijos. ¡No! ¡No podemos viajar!

PAPÁ. Tienes razón, viejita, no podemos viajar. A mí tampoco me gusta la idea de dejar a los chicos solos; realmente nos arruinaron la navidad.

(Mientras el papá y la mamá hablan, la cara de Brenda se llena de alegría al punto que no aguanta e interrumpe la conversación.)

BRENDA. ¡Un momento! ¿Quién dijo que nos han arruinado la navidad? ¿Acaso no se dan cuenta? Todo esto es obra de Dios.

PEPE. Ya salió ésta otra vez con sus leseras… ¿Cómo va a ser obra de Dios el que nos hayan arruinado la navidad? Cada día estás más loca…

BRENDA. Pero si está claro. Creo que como familia tenemos que aprender una gran lección. Sin darnos cuenta caímos en el gran error de pensar que la navidad consiste en tener regalos y más regalos, y que sin regalos no hay navidad. Eso es una gran mentira. ¿De cuándo la navidad depende de los regalos? ¿Acaso hemos olvidado el verdadero sentido de la navidad? ¿Qué era más importante? ¿Los regalos o que estemos todos juntos, en familia, disfrutando de las bendiciones de Dios?

MAMÁ. Pero hija, nos costó mucha plata...

BRENDA. (Interrumpe bruscamente.) ¡Qué importa la plata, mamá! (Comienza a llorar.) No tienen idea de lo difícil que resultó para mí saber que viajarían hoy y que pasaríamos la navidad sin tenerlos a ustedes en casa… ¿Cómo pueden pensar que los regalos pueden llegar a reemplazar la compañía de los padres? Gracias a lo que ha ocurrido, ustedes no viajarán y podremos estar juntos. Eso es lo importante: estar juntos en la navidad, en familia, aunque sea un pan pelado que comamos, lo importante es que lo comamos juntos, ése es el verdadero sentido de la navidad, el único regalo que importa aquí es el que hizo Dios a la humanidad dando a su hijo Jesús para que el mundo sea salvo. ¿Por qué no pensar mejor en lo maravilloso que es saber que Jesús vino al mundo y en esta fecha se recuerda su nacimiento? Estamos unidos, eso es lo importante.

PEPE. (El que ha estado escuchando atento las palabras de Brenda y se sintió avergonzado.) Brenda, hermanita, perdóname, creo que tienes razón y yo actué muy mal, me alegro de que esos ladrones se hayan robado los regalos y no a uno de nosotros… Eso sí que no lo hubiera soportado. (Pepe abraza a su hermana y todos se abrazan en un gesto de amor y unidad.)

PAPÁ. Hijos, me siento muy orgulloso de ustedes. ¿Qué les parece si olvidamos lo ocurrido y nos vamos a la cocina a comer alguna cosa entretenida que la mamá nos preparó?

TODOS. ¡¡¡Sí, vamos!!!

(Salen todos de escena contentos y abrazados. Se cierra el telón.)

El pozo

10 Minutos y 7 Personajes. Dos personajes guardan en unos pozos que simbolizan sus corazones cosas distintas hasta que uno de los pozos se va llenando de desperdicios y su agua se va corrompiendo.


EL POZO




INTRODUCCIÓN. ¿Que es lo que afecta mas en nuestra vida, lo que comemos o bebemos o lo que entra en nuestro corazón a través de nuestros ojos y oídos?
Proverbios 4:23 dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida". En el drama EL POZO vemos cómo influyen las cosas mundanas en la condición espiritual de nuestro corazón.


PERSONAJES

DANY
ERIC
ROCK
VIDEO
CHISME
ODIO
NARRADOR

UBICACIÓN. Los cristianos se ubican al lado de dos pozos imaginarios que representan a sus corazones. Los demás personajes van entrando sucesivamente al escenario llevando como accesorio un balde.


NARRACIÓN

DANY. (Entra al escenario y se acerca a Erica quién está simulando tomar agua de su pozo.) ¡Hola Eric, qué padre encontrarte! ¿Estás aquí para tomar más agua de tu pozo, no? (Él pretende tomar agua de su pozo.) ¿Sabes qué? He estado tomando agua de este pozo durante dos años y nunca he bebido ni una gota de agua todavía.

(Los dos pretenden tomar agua de sus respectivos pozos.)

ERIC. Sí, Dany, esta agua me parece más dulce cada vez que la tomo. (Continúan tomando agua.)

DANY. Más dulce y más dulce conforme pasa el tiempo. Estoy feliz porque mi pozo está tan limpio…

ROCK. (Entra en el escenario llevando un balde.) ¡Hola Muchacho! ¿Este camino va hacia el basurero municipal?

DANY. ¿El basurero municipal? Sí, por ese camino. (Señalando.)

ROCK. Gracias.

ERIC. ¡Espere! ¡Espere! ¿Qué tiene ahí? (Tratando de ver lo que tiene en el balde.)

ROCK. ¡Oh, algo de música "Rock and Roll"! Tengo que llevarla al basurero. (Intenta irse.)

ERIC. (Lo detiene.) ¡Ey, ey…! Basura para uno, tesoro para otro. Realmente yo he estado en el mundo de rock and roll. ¡Mire! ¿Por qué no tira un poquito aquí en mi pozo?

ROCK. ¿De verdad? (Vacía su balde en el pozo.)

DANY. ¡Mira Eric! ¿Piensas que debes poner esos desechos en tu pozo? Son desechos.

ERIC. Solo una o dos canciones no pueden hacerle daño.

ROCK. Bueno, ahí lo tiene. (Sale del escenario.)

DANY. ¡Hum...! Eric, yo no sé si eso fue sabio.

ERIC. Es un pozo grande, que no se da cuenta de nada. (Empieza a pretender tocar la guitarra y canciones muy conocidas.)

VIDEO. (Entra en el escenario llevando un balde.) ¡Ey! ¿Puede uno de ustedes decirme cuánto me falta para llegar al basurero municipal? Esta carga pesa mucho.

DANY. ¿El basurero? Está aquí cerca. No puede perderse.

VIDEO. ¡Oh, gracias! Yo necesito librarme de estos desechos que han empezado a controlar mi mente. (Comienza a salir.)

ERIC. ¡Espere un minuto! ¿Qué tiene ahí?

VIDEO. Nada que a usted le gustaría tener. Es solo mi betamax y esos videos de esas películas terribles.

ERIC. Yo he oído acerca de esas películas. ¿Por qué no tira una o dos de esas aquí? No tengo inconveniente. Realmente podría llegar a disfrutarlo.

VIDEO. Bueno, está bien. Es su decisión. Aquí va... (Vacía su balde en el pozo.)

DANY. ¡Eric, hombre! No necesitas nada de esa basura de la televisión. Esos desechos van a ensuciar tu pozo. Todo ese sexo, violencia y esas cosas.

ERIC. ¡No, Dany! Un poquito aquí y allá no puede hacerme daño. Además es como una gota en el océano. Nunca lo notaría.

DANY. Bueno, no sé...

ERIC. ¡Ey, Dany! ¿Viste esa película en la televisión la noche pasada? Tenían esas muchachas... (Simula dibujar la silueta de una mujer con sus manos.)

DANY. Mira, yo no vi esa película pues no quiero malgastar mi tiempo, ni arruinar mi pozo con basura como esa. Tú debes tener más cuidado de lo que pones en tu pozo, Eric.

CHISME. (Entra en el escenario llevando su balde.) ¡Ey! ¿Este es el camino hacia el basurero municipal?

DANY. Sí, por este camino. No puede perderse. Hay muchas personas ahí en este momento. (Señalando.)

ERIC. ¡Espere un segundo! ¿Por qué esta yendo ahí?

CHISME. Bueno, he estado llevando este chisme calientito por algún tiempo y necesito deshacerme de él.

ERIC. ¡Oooooh! ¿Chisme? Uh… ¿Por qué no pone un poquito aquí en mi pozo? Yo podría orar sobre eso.

CHISME. ¡Oh... bueno! (Levanta sus hombros.) ¿Por qué no? (Vacía su balde y sale del escenario.)

DANY. ¡Eric! ¿Cómo puedes permitir basura tan sucia como esa en tu pozo?

ERIC. ¡Ey! está bien. ¡Solamente quiero escuchar para poder orar! Dany, ven aquí... (Murmurando.) ¿Has escuchado lo que ha estado pasando en la casa del pastor? (Carcajeándose.) Su esposa va a...

DANY. (Pone su mano sobre la boca de Eric.) ¡Espera, Eric! Yo no quiero escuchar ningún chisme acerca de nadie. Pienso que debes buscar lo que Dios piensa de eso. Eric, debes dejar de poner los desechos en tu pozo.

ERIC. Mira, Dany, ¡yo no estoy molestando a nadie...! (Mientras que habla con Dany alguien entra y comienza a vaciar un balde en su pozo.) Además, ¿por qué tienes que ser tan fanático, hombre? Debes ser más liberal.

DANY. ¡Ey, Eric! Alguien está botando algo en tu pozo.

ODIO. ¿Tu pozo? ¡Yo pensé que éste era el basurero municipal!

ERIC. ¡No! El basurero municipal es por ahí. (Señalando.) ¿Qué tiro aquí?

ODIO. Solo un poquito de odio y celos. (Sale del escenario.)

DANY. ¿Ves Eric, la forma terriblemente equivocada con la que has tratado a tu pozo?

ERIC. Deja de estar pisando mis talones. Me cuidas como si fueras mi madre.

DANY. No Eric. Yo estaba tratando de...

ERIC. (Toma agua del pozo de Dany.) ¡Ey! ¿Por qué tienes un pozo mejor que el mío? Los recibimos al mismo tiempo. Probablemente me convenciste de tomar uno que no estaba tan bueno.

DANY. Eric, toma un poquito de agua de tu pozo... adelante, tómalo. (Eric toma agua.)

ERIC. (Escupiendo el agua.) ¡Uh, ésta es agria!

DANY. Por supuesto que es agria, Eric. Es por toda la basura que has puesto ahí.

ERIC. Pero yo solo he puesto un poquito de vez en cuando.

DANY. ¿No ves, Eric? Se requiere de un poquito aquí, un poquito allá y pronto tu pozo entero estará malo.

ERIC. ¿Qué voy a hacer ahora?

DANY. Tienes que dejar de poner basura ahí y llenarlo con cosas buenas, como la Palabra de Dios y oración. Dios dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Si dejas de poner cosas malas ahí y comienzas a llenar tu pozo con agua viva, pronto tu agua sabrá dulce otra vez. (Toma agua de su pozo.) Ten, Eric, agua de mi pozo.

ERIC. ¡Humm… Sabe deliciosa!

DANY. ¿Ves? Tomas un trago del agua viva y nunca tendrás sed otra vez.

(Dany y Eric se congelan.)

NARRADOR. Ustedes antes vivían en la obscuridad, pero ahora, por estar unidos al Señor, viven en la luz. Pórtense como quienes pertenecen a la luz, pues la luz produce una cosecha de bondad, rectitud y verdad. Procuren hacer lo que agrada al Señor. No tomen parte en las cosas inútiles que hacen los que son de la obscuridad; mas bien repréndanlas.

El camino de la vida

15 Minutos y 9 Personajes. A lo largo de su vida Carlos no encuentra el momento de entregarle su corazón a Jesús. Cuidado no sea demasiado tarde.


EL CAMINO DE LA VIDA

PERSONAJES

CARLITOS NIÑO
CARLITOS JOVEN
CARLITOS ADULTO
CARLITOS VIEJO
DIABLO
DIOS
MADRE
NOVIA
ESPOSA




PRIMERA ESCENA

Intervención del niño

(En el primer escenario, en el suelo se encuentran algunos juguetes de Carlitos. El niño está ubicado de espaldas al público, la madre se encuentra en la misma posición dentro del escenario. Al comenzar la música, Carlitos y la mamá se dan la vuelta mirando al auditorio.)

CARLITOS. (El niño juega con los carritos y muñequitos, hablando solo, metido en el juego) Ñiuuuuu, va Montoya ganando la carrera, Shumaker se quiere adelantar, atraviesa un espectador y Puuuuuuu se lo lleva por delante, va por la caracas se voltea en la Boyacá y salta y llega a los Estados Unidos, y se estaciona en la casa del presidente de Colombia y en ese momento…

MADRE. (Interrumpe el juego con un grito.) ¡Carlitos! ¡Carlitos!

CARLITOS. (Se asusta por el grito de la mamá y responde bruscamente.) ¿Qué mamááá?

MADRE. ¿Cómo así “qué”? Que venga para acá ya.

CARLITOS. Señora, ¿para qué me necesita?

MADRE. Papito, ¿ya hizo las tareas?

CARLITOS. (Responde sabiendo que dice mentiras, lo refleja en la cara.) Sí, mamá, ya las terminé. (Va caminando hacia adelante, y a la misma vez levantando los hombros sin que la mamá se dé cuenta.) No, no las he terminado. ¡Ahhh! Y tampoco las voy a terminar. (El niño vuelve a lugar donde estaba jugando y continúa su juego.) Supermán va volando por encima de España y llega a donde está Montana; - ¡Hola Supermán!- - ¡Hola Juancho! - ¿Has visto a la mujer maravilla? Es que tengo una cita con ella y, nada, que llega- - ¡No! No la he visto pero sí pude ver a flash que estaba de afán y que iba para donde Robin - - ¡Ahhh, bueno! Chaoo- Entonces todos se van y llega…

DIOS. ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

CARLITOS. Señora mamá, ¿me está llamando?

MADRE. No, hijo, yo no lo estoy llamando

DIOS. ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

CARLITOS. ¿Me necesita, mamá?

MADRE. ¡Que no! (La madre responde bruscamente.)

DIOS. Carlitos, soy yo, Dios, te escogí desde que estabas en el vientre de tu madre, yo quiero que me sirvas, ¿lo deseas hacer?

DIABLO. (Está de espaldas mientras que trascurre la escena. Al terminar de hablar Dios él se da la vuelta y le empieza a hablar a Carlitos.) No, chino, no le crea en nada de lo que él dice; mire, usted hasta ahora es un niño, nooo y si lo sigue a él tiene que dejar todo lo que a usted más le gusta, la televisión, los juguetes y otro poco de cosas, nooo, dígale que no.

CARLITOS. Señor, puessss, es que tan sólo soy un niño, si me diera un poco más de tiempo, yo quizás le serviría más adelante, ¡dale!

MADRE. (Interrumpe la conversación con Dios.) ¡Carlitos! Vamos pa’ la tienda a traer lo del almuerzo.




SEGUNDA ESCENA

Intervención del joven


(En el segundo escenario, al comenzar la música, entra Carlos y se sienta en una silla ubicada allí. Carlos entra con unos audífonos y moviéndose al ritmo de la música. El muchacho está en su habitación escuchando música en los audífonos tratando de leer un libro, moviendo la cabeza.)

MADRE. (La voz de la madre lo interrumpe. Con un grito le quita la concentración.) Carlos, hijo, llegó su novia, Jimena.

CARLOS. Dígale que suba, mamá.

JIMENA. ¡Hoooolaaaa baby! ¿Cómo estás, nene? (La novia de Carlos es una niña gomela.)

CARLOS. (Se quita los audífonos y la saluda de beso.) ¡Hola, cariño! ¿Cómo vas?

JIMENA. (Responde emocionada.) Bien, pero imagínate que Renata, ¿a qué no adivinas con quién se cuadró? Pues con el loco de Fernando, ese degenerado, y si los vieras dándose un beso al frente de todos los de la cuadra, eso parecía como si se la fuera a comer a picos.

CARLOS. Amor, no lo puedo creer, pero bueno, eso era de esperarse, al otro le gustaba Renata, bueno hasta que se decidieron.

JIMENA. Gordo vine a recogerte, ¿al fin vamos a salir con los muchachos?

CARLOS. Pues, no, mami, no tengo muchas ganas de salir; hoy tuve examen y estoy un poquito cansado, pero diles que mañana nos vemos, que mañana sí salimos y nos vamos todos para la disco TK.

JIMENA. ¡Ay, papi! Vine a recogerte hasta aquí, ¿y ahora me sales con esto? Dale, papi, no seas tan amargado… Vamos, gordo, mira que nos vamos a divertir un montón.

CARLOS. Pues mami, tampoco puedo salir porque ahorita más tardecito mi papas van a salir, se van para la iglesia y se demoran, y tampoco puedo dejar la casa sola. En serio, diles que mañana nos vemos.

JIMENA. Listo, papi, entonces nos vemos. Me voy porque tengo un poquito de afán, ya nos están esperando. Te amo. (Sale de la habitación, se despide de Carlos con un beso y con la mano.)

CARLOS. Yo también te amo. (Se despide con la mano.)

DIOS. ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

CARLOS. (Pensando que es Jimena.) ¿Me hablas, mi amor? (Jimena no le responde nada, pues ya se encuentra lejos.)

DIOS. Carlitos, soy de nuevo yo, Dios, ¿recuerdas que te llamé cuando eras tan sólo un niño? Tú en esa ocasión me respondiste que esperara a que crecieras un poco, y ya ha pasado un tiempo prudente para que me respondas; ¿ya te has decidido?

DIABLO. Nooo, ahora menos, usted está estudiando y eso le quita mucho tiempo, luego pierde el año y ¿qué? ¿Y su novia? No la va a dejar por ese Dios, además, usted está en la etapa más vacana de la vida, en la que disfruta de todo. No la vaya a desperdiciar con ese loco, dígale que no, que más adelante, sí.

CARLOS. Pues Dios, no lo había vuelto a pensar, y ahora que me acuerdo, me puse a analizar y en realidad ésta es la etapa más chévere de la vida, y no la puedo dejar pasar por alto, pues todo esto no se repite de nuevo nunca, ¿quizás si me espera un poquito a que salga del colegio y consiga trabajo? En ese momento sí estaré listo.

MADRE. ¡Carlos! Baje a cerrar la puerta que ya nos vamos para la iglesia.

CARLOS. Bueno, ya bajo.





TERCERA ESCENA

Intervención del adulto

(Carlos entra al escenario cogido de la mano con Jimena, su novia, y en el centro del escenario comienza a desarrollarse la escena.)

CARLOS. Amor, ya está todo listo para nuestra boda, ya hablé con el padre para cuadrar la hora, y tamb…

JIMENA. (Le interrumpe.) ¡Ay, amor! ¿Ya fuiste a donde el señor del salón para firmar eso?

CARLOS. Ya amor, hoy quedé de pasar por allá para eso, y ¿ya te llevaron el vestido a la casa?

JIMENA. Nooo, si me toca pasar por él ahorita, por eso es que necesito que me regales plata para ir y llevarlo a la casa.

CARLOS. Y ¿cuánto necesitas?

JIMENA. Pues regálame $20.000 pesos, que con eso me alcanza.

CARLOS. (Saca la billetera y saca un billete de $20.000 y se lo entrega.) Bueno, toma amor y entonces nos vemos más tarde, ¿listo? (Se despide de beso y en ese momento el teléfono celular timbra y es de la empresa.)

JIMENA. (Le habla en voz baja) Chao mi amor, te amo, nos vemos más tarde, listo.

CARLOS. (Se despide de ella de igual forma y continúa respondiendo la llamada.) Sí, Susana, dígales que hasta la próxima semana nos podemos ver, que esta semana ya no alcanzamos… ¡Ah! ¿Y qué pasó con el paquete que llegaba esta semana? ¿Ya averiguaron por él? A ver si ya llegó. Entonces le encargo que esté pendiente de eso… listo, entonces estamos hablado… sí, gracias. Chao.

DIOS. Carlos, ¿te acuerdas de mí? Soy Dios, ya saliste de estudiar, ya tienes trabajo, hasta te vas a casar, lo único que quiero es que me des tu corazón, no te pido nada más.

CARLOS. Pues mira, yo creo que puede que ya sea hora de que verdad te entregue mi… (En ese momento timbra de nuevo el celular) –haló- … -sí, con él , ¿con quién hablo?- … -sí, sí, la conozco, es mi novia, ¿por qué? ¿Pasó algo? ¿Qué sucede? ¡Díganme!- … -¡No, no puede ser! Esto no puede estar pasando, yo sé que ella está bien, no me digan mentiras, esto es una broma, ¿cierto? Por favor, díganme -pero, ¿cómo fue? ¿Cómo paso? ¿Dónde está?- - sí, sí, claro, yo ya voy para allá- (Carlos se arrodilla, con lágrimas en su rostro mira para el cielo, y le reclama a Dios.) Dios, ¿por qué?, ¿por qué a mí me tiene que pasar esto? Señor, yo creía que en verdad estabas conmigo, pero con esto compruebo que no es así, que no es cierto nada de lo que tú me dices. Ella era todo para mí, yo por ella daría hasta la vida, ¿por qué te la llevaste? Señor, te quería entregar mi corazón y, ¿es de esta manera como me pagas? ¡Oh, Dios! Ayúdame, te lo suplico. (Carlos estalla en llanto, y Dios habla a su corazón.)

DIOS. Carlos, así no lo notes yo estoy contigo todo el tiempo, te quiero ayudar, lo único que tienes que hacer es entregar tu corazón de una forma sincera. Yo estoy siempre que lo necesites, yo estoy para extenderte la mano en todo momento, vuelve tu corazón a mí y yo te ayudaré.

CARLOS. ¿Como que quieres ayudarme? Si así fuera, no te la hubieras llevado, si en verdad quisieras extenderme tus brazos de amor, los habrías extendido para salvarla a ella, pero no lo hiciste. ¿Cómo puedo confiar en ti? (Se pone en pie y se marcha en busca de su novia.




CUARTA ESCENA

Intervención del viejo


(Entra Carlos a escena, quejándose, encorvado, con un bastón y se ubica en el centro del escenario.)

CARLOS. (La edad que muestra ya es muy avanzada, las años han hecho que se encorve, su voz es más trajinada y el pulso ya no es el mismo, lo tiene alterado por causa de los años) ¡Ay, Dios! Estos años ya me tienen vuelto nada. ¡Ay! Yo quisiera que ya pasara todo. En realidad ya me siento solo. Quisiera que Dios no se hubiera llevado a Jimena, pero bueno, todo ya pasó. Pero en verdad ya me siento muy solo, siento que algo me falta, como si algo muy mío me lo quitaran. Hoy en realidad ya me doy cuenta de que es hora, sí, ya es hora de que entregue mi corazón a Dios. Ya me hice muy viejo, es tiempo que dialogue con Dios ¡Señor! Ya llegó la hora de entregarte mi corazón.

DIOS. Pues bien, Carlos, ya te has tomado un tiempo bien largo, como tú dices, ya llegó la hora de que te arrepientas de todos tus pecados y de que me entregues el corazón. Ahora haz una oración y arrepiéntete de todos tus pecados.

CARLOS. Pues Señor, yo te pido que con todo lo que hice en estos años, tú seas… (Carlos en ese momento se le empieza a ir la voz, se coge el corazón demostrando mucho dolor, se sienta en una silla y empieza a quejarse fuertemente por el dolor, pidiendo ayuda, llamando a alguien para que lo socorra. Después de este intento fallido, su corazón no da para más y muere.)

Sala de espera

1 hora y 14 Personajes. En la sala de espera de una estación de tren, se encuentran varios personajes que a medida que vayan presentándose y relatando su historia personal, reflexionarán sobre el sentido de sus vidas.


SALA DE ESPERA
V. Ruíz Iriarte, adaptación Roberto Badenas


PERSONAJES

VOZ
PROFESOR
JEFE DE ESTACIÓN
LARRY
MADAME
PRÍNCIPE
BETY
ESTUDIANTE
OBRERO
ANCIANO
MUJER
NIÑO
ELLA
ÉL



ESCENA I

(Sala de espera de una estación pequeña. Estufa antigua con tubo visible. Bancos para los viajeros. Un cartel que dice: “Sala de espera”. Luz pobre y ruidos propios de una estación. Se oye el silbido de una locomotora que se acerca.)

VOZ. El tren cuatrocientos diez procedente de Roma acaba de efectuar su entrada en la estación, andén número dos. Los viajeros que han de continuar el viaje a París, pasen, por favor, a la sala de espera.

(Entra el profesor Cantina. Gabardina, sombrero, cartera de documentos y un periódico en la mano.)

PROFESOR. ¿Qué estación será esta? ¿Por qué se ha parado aquí el tren? No sé cuándo legaremos a París. Son las doce menos cinco. Espero no tener que pasar aquí toda la madrugada…

(El profesor deja su cartera con cuidado. Se sienta y entra el jefe de estación.)



ESCENA II

JEFE. Buenas noches, señor.

PROFESOR. Buenas noches. ¿Es usted el jefe de estación?

JEFE. Para servirle, señor.

PROFESOR. Dígame, por favor. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha detenido aquí el tren? Tengo prisa, mucha prisa…

JEFE. Me hago cargo, señor. Pero la espera será muy breve. Un pequeño accidente, ¿sabe? Una avería en el coche-cama en que viaja el señor, precisamente. Pero la van a arreglar en pocos minutos y el expreso llegará mañana a Paría a la hora prevista o un poco más tarde. Esté usted tranquilo, señor profesor.

PROFESOR. ¿Cómo me conoce usted?

JEFE. Tengo ese placer, señor. Estoy hablando con el señor Héctor Cantini, profesor de física de la Universidad de Roma. Todo un sabio, ¿no es así?

PROFESOR. ¡Oh, un sabio! ¿Qué es ser sabio?

JEFE. Estábamos advertidos de su paso por esta estación. Por lo visto es muy importante que llegue el señor profesor sano y salvo mañana a París. En la estación hay varios policías. Por ahí andan como fantasmas los pobres, entre las sombras del andén…

PROFESOR. ¡Ah! Con que me vigilan…

JEFE. ¡Oh, no! Todo lo contrario. Le custodian, señor profesor. No es lo mismo, ¿sabe?

PROFESOR. ¿De veras?

JEFE. Naturalmente. ¿Usted cree que Dios nos vigila o nos custodia?

PROFESOR. Bueno… Pues, no sé, no comprendo. Pero le advierto querido amigo, que en realidad, esos policías lo que custodian como un tesoro no es a mí, sino a mi cartera con documentos.

JEFE. ¡Ah, su cartera..!

PROFESOR. Sí, ¿no lo sabía? Pues ahí está el secreto…

JEFE. ¿Es un secreto?

PROFESOR. Así es. Tres pequeños pliegos de papel llenos de números y fórmulas, guardados en esta cartera. ¿Qué le parece?

JEFE. Me parece terrible, señor…

PROFESOR. ¿De veras? ¿Por qué?

JEFE. No lo sé. Pero a un pobre hombre como yo los secretos de los sabios siempre le dan miedo.

PROFESOR. (Serio y pensativo.) Tiene usted razón, buen hombre. Yo también estoy asustado, muy asustado. Porque esta vez no se trata de una bomba más. Es la última, la más terrible de todas, la definitiva. Es la destrucción total. Bastará pulsar un pequeño botón para que toda vida de la tierra desaparezca. Y he sido yo quien ha descubierto ese poder monstruoso. ¡Yo, Héctor Cantina! Es horrible, ¿verdad?

(Silencio.)

JEFE. ¿Por qué me mira usted así, señor?

PROFESOR. (Reaccionando.) ¡Oh, por nada, disculpe! Quizá me ha caído usted simpático.

JEFE. ¿Me permite usted una pregunta, señor profesor?

PROFESOR. Diga.

JEFE. ¿Y le ha llevado a usted mucho tiempo, mucho trabajo inventar esa arma mortífera?

PROFESOR. Todo mi tiempo, todo mi trabajo, toda mi vida… Ahí está la obra de mi vida…

JEFE. La obra de su vida… Gracias, buenas noches, señor profesor…

PROFESOR. ¿Por qué se marcha?

JEFE. Disculpe. Tengo trabajo…

PROFESOR. ¿Y podría decirme en qué consiste su trabajo?

JEFE. Es muy sencillo, pero exige una atención muy continuada. Debo procurar que todos los trenes, que todos los viajeros, lleguen a su destino.

PROFESOR. Y dígame, ¿le gusta a usted su trabajo? ¿Le parece bastante importante?

JEFE. Me gusta, es cierto. Y en cuanto a su importancia… sólo sabría decirle que me parece un trabajo que me permite hacer algún bien a la humanidad, salvo en contadas ocasiones… (Mira sin querer a la cartera.)

PROFESOR. ¿Qué me ha dicho?

JEFE. No vale la pena. Buenas noches, señor profesor.



ESCENA III

(El profesor se queda pensativo. Lentamente se sienta, coge su cartera, la mira y la vuelve a dejar al lado. Saca un periódico y se pone a leer.)

PROFESOR. Siempre los mismo remordimientos. Soy incorregible. ¿Soy un sabio o un sentimental? Dejémonos de historias… Me gustaría descansar un poco. Mañana la reunión con la comisión técnica de París va a ser larga y difícil. Muy difícil. (Coge el periódico y se pone a leer.) Veamos qué ha pasado hoy en el mundo… (Va leyendo y de vez en cuando comenta en voz alta.) ¡Vaya! Ha muerto Larry Hudson, aquel viejo actor que tanto me gustaba en mis años mozos. ¡Qué ocurrencia a su edad! Dice que murió interpretando un papel de payaso para la película “El mayor circo del mundo”. Quiso rodar sin doblajes un número peligroso y perdió el equilibrio al intentar andar sobre un alambre. ¡Pobre viejo loco!... Parece que hoy está muy nutrido el capítulo de sucesos. “Aparece muerta en su lujoso piso de París, Madame Floor, rodeada de joyas, oro y millones. Se desconocía que poseyera tan inmensa fortuna”. Y yo que siempre creí que Madame Floor era una de las mayores benefactoras de la humanidad. ¿De dónde sacaría tanto dinero? ¿Y para qué lo quería si no tenía más familia en el mundo? ¡Qué gente más extraña hay por ahí! “¡El Príncipe Sergio de Burgulia, asesinado por un estudiante revolucionario! El estudiante sucumbe acribillado cuando huía perseguido por los oficiales de la guardia del palacio de la capital del reino”. ¡Qué horror, no se dónde vamos a ir a parar! ¡Vaya! Ha muerto la hija del famoso multimillonario Rochefield. La hija del famoso multimillonario de la Costa Azul ha sufrido un accidente cuando conducía su coche por las estribaciones de la costa a una velocidad de 200 Km. por hora. ¡Qué barbaridad! Esta gente millonaria no tiene límite de prudencia. Dice que estaba probando un coche nuevo que le había regalado su padre. ¡Bonita manera de disfrutar! Un viejo payaso, una anciana benefactora de caridad, el príncipe Sergio de Burgulia, un estudiante y una muchacha multimillonaria, todos terminaron ayer su vida, de un modo inesperado. ¡Qué curioso mundo! La vida es como un viaje fascinante y maravilloso. Pero la muerte, debe ser algo así como la llegada a la última estación… ¿Qué habrá realmente al otro lado de la estación término? ¿Habrá algo más allá de la última sala de espera? No puedo más. Me caigo de sueño… (Se acomoda y se duerme.)



ESCENA IV

(Cambia la luz de modo que todo lo que ocurre tenga una apariencia extrañamente irreal. Se oyen los mismos sonidos que al principio.)

VOZ. Atención, atención, el tren ha entrado en la estación término. Los viajeros procedentes de todos los lugares del mundo, pasen por favor, a la sala de espera…

JEFE. Pasen, pasen por aquí, por favor.

(Entra Larry Ludeson.)

LARRY. Gracias, buenas noches. (Habla con afectació0n declamatoria, como actuando.)

JEFE. Buenas noches. ¿El señor ha tenido un buen viaje?

LARRY. ¡Oh, sí! Ha sido un viaje extraordinario. El tren volaba, ¿sabe? Me encantan los trenes que vuelan.

JEFE. ¿Le lleven donde le lleven? ¿Aunque lo traigan aquí?

LARRY. Dígame, ¿es usted el Jefe de estación?

JEFE. Así me llaman, aunque en realidad no soy mas que el guarda-agujas. Para servirle, señor.

LARRY. Encantado. Yo soy Larry Ludson, el famoso Larry Ludson. El mejor actor del mundo, ¿me conoce?

JEFE. Desde luego, señor. ¿Quién no conoce a Larry Ludson?

LARRY. Esto ya me gusta más que esa extraña pregunta…

(Entra Madame Floor.)

MADAME. Bonsoir, messieurs-dames.

JEFE. Buenas noches, señora.

LARRY. Bonsoir, Madame.

MADAME. ¡Oh, qué caballero tan galante!

LARRY. Larry Ludson para servirle, Mdame. ¿No conoce usted a Larry Ludson?

MADAME. ¡Oh, como no! ¡Qué grata sorpresa! Yo soy Madame Floor.

LARRY. ¡Oh, Madame Flor, la sin par Madame Flor!

MADAME. Madame Flor, de Pompon Chantilly y Delapierre-Doré.

LARRY. El gusto es mío, Madame Flor, de Pompon Chantilly y Delapierre-Doré.

MADAME. Merci, monsieur. Es usted un verdadero caballero. La clase, eso se ve.

LARRY. Oh, Madame…

(Entra el Príncipe.)

PRÍNCIPE. Buenas noches.

JEFE. Buenas noches, Alteza.

PRÍNCIPE. ¿Por aquí?

JEFE. Por aquí, alteza.

PRÍNCIPE. Gracias.

(Entra el estudiante.)

ESTUDIANTE. Hola.

JEFE. Hola.

(Entra Bety.)

BETY. ¿Qué tal?

JEFE. Encantado.

(Bety, después de mirar a todos se dirige hacia el príncipe.)

BETY. Buenas noches.

PRÍNCIPE. Buenas noches, señorita.

BETY. ¿Me permite?

PRÍNCIPE. Desde luego. (Se sienta a su lado.) ¿Nos vimos en el tren?

BETY. No sé…

JEFE. (Sale el jefe cerrando la puerta.) Hasta pronto. Cuando llegue el momento, ya se les llamará.

PROFESOR. ¿Cómo? ¿Qué pasa aquí?



ESCENA V

(Hay un momento de silencio embarazoso.)

MADAME. ¡Qué extraño privilegio, encontrarnos de este modo tan… tan… inesperado, querido Larry Ludson!

LARRY. ¡Oh, Madame!

PROFESOR. ¡No, no es posible! No puede ser.

LARRY. ¿Cómo?

MADAME. ¿Qué dice?

PROFESOR. Señores, por favor. ¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Quiénes son y por qué se encuentran en este lugar?

(Todos se miran sorprendidos en silencio.)

PRÍNCIPE. ¡Oh!

BETY. ¿Qué ha dicho?

MADAME. ¡Cielos, pero qué preguntón y que mal educado es este señor!

PROFESOR. Pero es que me parece que ustedes…

LARRY. Tiene razón el señor. No nos hemos presentado unos a otros. Pues vamos a empezar por un servidor. Pero, ¡oiga! ¿Es que no me conoce? ¡Señor mío, yo soy Larry Ludson!

PROFESOR. Larry Ludson…

LARRY. El mismo. Larry Ludson. El grande, el de siempre. El mejor actor que ha pisado los escenarios y los platós del mundo en los últimos 30 años. La grande estrella de la grandiosa película “El mayor circo del mundo”. Todo el mundo conoce a Larry Ludson, Larr Ludson es famoso en París, en Berlín, en Moscú, en New York, y en el Japón. En oriente y en occidente. Su gran película estará pronto en todas partes. El éxito de su vida. No hay un gran espectáculo en el mundo en el que no aparezca un momento Larry Ludson como estrella invitada. Es el momento más importante de la función. El presentador hace silencio desde el centro del escenario, se quita su chistera y anuncia: “Atención señoras y señores, distinguido público. Tengo el honor de presentarles a ¡Larry Ludson!”, entonces, de pronto, entro yo corriendo, con mi sonrisa juvenil de toda la vida y el público estalla en una ovación… Hermoso, ¿no? Algo grande (como el profesor no reacciona, se dirige a Madame Flor). Este hombre no entiende, no comprende, no sabe apreciar nada. ¡Qué pena!

MADAME. No tiene importancia, señor Larry Ludosn. De veras. Yo le aconsejo que no dé usted ningún valor a la actitud de este caballero, que desde luego, es un señor muy raro. Rarísimo. Yo estoy segura, muy segura, de que ese momento maravilloso, cuando usted surge en escena y el público estalla en un aplauso, ese momento es sin duda muy hermoso…

LARRY. ¿Verdad que sí, Madame? Yo siempre he vivido para mi público.

MADAME. ¡Oh, sí, es tan bonito vivir para los demás!

LARRY. Yo lo he dado todo por los demás: mi público. Les he dado mi arte, mi talento, mi persona, todo. Solo he vivido para ellos, para hacerlos felices…

PROFESOR. ¿Y cree usted que lo ha conseguido?

LARRY. ¿Qué? NO he hecho otra cosa que vivir para encantar a mi público.

PROFESOR. Usted ha vivido para los aplausos. La popularidad y el dinero que le ha dado su público… Usted ha vivido, como todos los vanidosos, los orgullosos y los soberbios, para sí mismo, y solo para sí mismo. Porque la vanidad, el orgullo y la soberbia no son más que formas disfrazadas de egoísmo…

LARRY. Mentira, señor, usted es testigo. Este hombre es de los que me acusan porque piensan que soy viejo y estoy acabado. Pero mienten, Madame. Yo lo sé y usted también. Son calumnias que propagan por ahí mis enemigos. Mala gente, ¿sabe? Mucha envidia. Envidia. La verdad es que todos envidian a Larry Ludson porque es, ha sido y será siempre el primero, el mayor y el mejor. Larry Ludson es inmortal…

MADAME. Desde luego.

LARRY. Le voy a contar mi última actuación, para que vea que Larry Ludson está en plena forma. Estoy filmando la película “El mayor circo del mundo”, el mayor espectáculo jamás filmado, y hago nada menos que un número de equilibrio, sin doblajes.

MADAME. ¡No! ¡Qué horror!

LARRY. Mire. Imagine la mayor y la más bella bóveda de un circo. Todas las luces y a 15 metros de altura sobre la pista, sin red, yo solo, de pie en el alambre.

MADAME. ¡Qué locura!

LARRY. Y entonces, Larry Ludson se pone a tocar una pieza de Vivaldi con su clarinete.

MADAME. No es posible.

LARRY. Oh, sí, es un número muy peligroso, desde luego. Pero no importa. Es el número que Larry Ludson estaba necesitando para demostrar a su público que Larry Ludson no está acabado. Ayer, ensayando la prueba final, unos minutos antes de iniciar el rodaje mi empresario se me acerca y me dice muy bajito, casi llorando: “No subas, Larry, por lo que más quieras, no subas”. ¡Je, je, je! Pobre señor Rigaud, mi empresario es casi como mi padre, pero a veces parece un niño tonto. Hasta que, por fin anoche, nos lanzamos definitivamente al rodaje, yo estaba en lo más alto y…

MADAME. ¿Qué?

LARRY. La música empezó a sonar…

PROFESOR. ¿Qué pasó anoche?

LARRY. Es curioso. Ahora no me acuerdo de nada más… Dios mío, ¿qué pasó anoche?

(Todos quedan inmóviles, en silencio, mientras que sigue la melodía.)


ESCENA VI

MADAME. Déjelo, no tiene importancia. Creo que debo presentarme yo también. Soy Madame Flor de Pompom Chantilly y Delapierre-Doré. Presidente de la Sociedad Protectora de bebés canguro de Australia, Directora de la casa Retiro de perros y gatos ancianos. Vicepresidente de la compañía de repatriación de niñas huérfanas de Somalia interior. Vocal de la liga mundial contra la esterilización de las palomas de las ciudades, y un pequeño etc. A propósito, usted tiene su casa en París, Rue de la Concorde, número 22. Soy una benefactora de la humanidad, una modesta benefactora. Tengo una vida social muy intensa, aunque vivo siempre sola. Pero no me importa. Soy feliz entre mis 12 gatos. Me figuro que no será usted una de esas horribles personas que detestan a los gatos. Le daré una tarjeta después para que venga a visitarme. A pesar de nuestras grandes diferencias, los dos tenemos una cosa en común: no vivimos más que para los demás… Y ahora les toca a ustedes presentarse.

PRÍNCIPE. Bueno, empezaré yo mismo. Soy el príncipe Sergio Arturo Federico de Burgulia.

TODOS. ¡Oh!

BETTY. ¿Un príncipe? ¿Es usted un príncipe?

PRÍNCIPE. Naturalmente.

LARRY. ¡Un príncipe!

MADAME. ¡Qué emoción, un príncipe!

BETTY. Es increíble. ¡Un príncipe de verdad!

PRÍNCIPE. Bueno, no tanto. ¿Conoces ustedes Burgulia? ¿No? Lástima. Es un pequeño principado, un minúsculo país plantado en medio de la vieja Europa. Un valle fresco y verde, rodeado de montañas. Un rincón de romance que enloquece a los turistas americanos. Tenemos un bosque bellísimo plagado de leyendas. Y un lago romántico y encantador. Una catedral antigua, muy antigua. Algunas costumbres ingenuas y pintorescas. Música y danzas de otros tiempos. Y arriba, en lo alto de la montaña, en la cumbre dominando todo el valle, se alza el palacio del príncipe. De piedra, siglo XIV, creo. ¡Una joya, señores! Desde hace siglos ese palacio está siempre ocupado por un miembro de mi familia, que es el soberano de Burgulia. Yo soy el último de la dinastía. Hoy, precisamente, el principado de Burgulia está en fiesta porque celebramos el 5 aniversario de mi coronación. Esta mañana, cuando montado en mi caballo blanco pasé revista a la guardia real, el pueblo prorrumpió en gritos de júbilo. Y todos aclamaron a su príncipe. Fue algo verdaderamente hermoso. Bueno, mi gobierno es paternal, a la antigua, ¿comprende? Feudal se decía antes. Nadie discute en Burgulia las decisiones de su príncipe. Pero lo cierto es que los diez mil habitantes del principado viven felices bajo mi autoridad. No les oculto a ustedes… eso sí, que en los últimos años ha surgido una pequeña minoría disidente y revolucionaria. Parece que el jefe es un muchacho estudiante. (El estudiante se sobresalta.) Mi vida, después de todo, es amable. No me quejo. Por lo general paso los otoños en París. Es una delicia París en otoño, ¿verdad? Los teatros, las fiestas, los restaurantes, los desfiles de modas. Tengo allí algunas amistades muy interesantes. Los veranos vivo en mi casa de la Costa Azul. Tengo un pequeño yate en Montencarlo. Unos cuantos coches y sobre todo caballos. Los caballos son la pasión de mi vida… Bien, ya lo sabe usted todo señor. El príncipe de Burgulia no tiene secretos para usted (al profesor).

PROFESOR. Gracias pero…

PRÍNCIPE. Por cierto, yo también soy muy curioso. ¿Quién es usted, señorita?

BETTY. ¡Oh, alteza! Yo no soy mas que una chica como muchas.

PRÍNCIPE. En todo caso, una preciosa chica, como pocas.

BETY. (Se ríe.) ¡Oh, no!

PRÍNCIPE. Veamos. Yo pregunto y usted contesta, ¿vale?

BETY. Vale.

PRÍNCIPE. ¿Cómo se llama?

BETY. Bety.

PRÍNCIPE. Me gusta. ¿Soltera?

BETY. Naturalmente.

PRÍNCIPE. Bravo, como yo. (Se ríen los dos.) Y, ¿qué hace usted en la vida?

BETY. (Encantada.) Nada.

PRÍNCIPE. Pero, ¿nada, nada?

BETY. Nada. Bueno, procuro pasarlo fantásticamente bien. Bailo todas las noches hasta la madrugada. Monto a caballo todas las mañanas y a cualquier hora, en carretera, piso el acelerador y pongo el coche a 160.

PRÍNCIPE. ¡Soberbio! ¿Y todavía dice que no hace nada, señorita? Usted lleva una vida sencillamente terrible.

BETY. Bueno, tengo un padre millonario. Eso es todo.

PRÍNCIPE. Enhorabuena.

BETY. Un padre fabuloso, que me adora y que me dice todos los días: “Vive, hija mía. Vive aprisa, muy aprisa. No pierdas ni un solo minuto. La vida es corta. Hay que aprovecharla al máximo. Vive, vive, ja, ja, ja”.

PRÍNCIPE. Admirable filosofía.

BETY. ¿Le gusta?

PRÍNCIPE. ¡Cómo no! Es casi la mía.

BETY. ¡Fantástico! (Se ríen los dos.)

PRÍNCIPE. Señorita…

BETY. ¿Qué?

PRÍNCIPE. ¿Está usted enamorada?

BETY. Pero claro, ¿no sabe? Yo me enamora todos los días…

PRÍNCIPE. ¡No!

BETY. ¡Sí!

(Estallan en una carcajada.)



ESCENA VII

MADAME. ¡Vamos! Pero qué descarada y qué fresca es esta chica…

BETY. ¿Cómo? ¿Qué ha dicho la abuelita?

MADAME. ¿Quién? ¿Yo? ¿Abuelita yo? ¡Oiga!

BETY. ¡Váyase usted a paseo!

MADAME. ¡Descarada!

LARRY. Madame, por favor…

PRÍNCIPE. Señorita…

(Hay un embarazoso silencio.)

ESTUDIANTE. ¿Me toca a mí ahora? Yo importo poco, de veras. Además, si quieren saber la verdad les diré que ustedes no me gustan.

TODOS. ¿Cómo?

ESTUDIANTE. ¡No! No me gusta usted, señor Larry Ludson porque usted es vanidoso, un payaso grotesco que no vive más que para satisfacer su vanidad egoísta. Usted no vive para su público. Usted vive de su público, explotando la estupidez de la gente para llenar sus ridículos bolsillos.

LARRY. ¿Cómo? ¿Qué dice?

MADAME. ¡Señor! Este chico es un bárbaro.

ESTUDIANTE. No se escandalicen. Tampoco me gusta usted, señora, porque la encuentro tonta, presumida, y sobre todo hipócrita. Usted no es ninguna benefactora de la humanidad. Bajo el manto de la caridad usted es una absurda presumida.

MADAME. ¡Grosero!

ESTUDIANTE. ¡Cállese, hipócrita!

BETY. ¡Imbécil!

ESTUDIANTE. Cállese usted también, odio las coquetas frívolas e insustanciales como usted, verdadera gangrena de la sociedad.

BETY. ¡Estúpido!

ESTUDIANTE. ¡Bah!

PRÍNCIPE. No le hago caso…

ESTUDIANTE. ¡No le haga caso! Los seres más despreciables que existen son aquellos que tienen en su mano todo para hacer el bien, y solo viven para satisfacer su egoísta persona.

PROFESOR. Muchacho, ¿de veras nos odia a todos?

ESTUDIANTE. Lo peor de todo es que me odio a mí mismo con todas las fuerzas de mi alma… (cubriéndose el rostro con las manos, llora.)

PROFESOR. ¿Por qué?

ESTUDIANTE. ¿No lo sabe? Soy un asesino…

TODOS. ¿Cómo? ¿Qué?

ESTUDIANTE. (Sollozando.) Sí, he matado al príncipe de Burgulia.

TODOS. ¿Qué? (Todos miran al príncipe.)

PRÍNCIPE. ¿A mí? ¡Dice que me ha matado a mí!

MADAME. ¡Jesús!

BETY. Está loco.

TODOS. (Menos el profesor.) ¡No! ¡Ja, ja, ja!

MADAME. ¡Qué locura!

PRÍNCIPE. ¡Es un loco!

TODOS. ¡Un loco…!

(El estudiante está todo el rato con el rostro entre las manos, el profesor lo mira con afecto, y de repente se levanta.)

PROFESOR. ¡Cállense!

(Silencio total.)

(Todos murmuran contra él.)

PROFESOR. ¡Basta! ¡Cállense! ¡No se rían más! ¡Les digo que no se rían!

MADAME. ¡Oiga, aguafiestas! ¿Qué le ocurre?

BETY. Pero que impertinente es este sujeto…

PROFESOR. (Mirándolos con angustia.) Pero, ¿cómo pueden ustedes reír así? ¿Es que están locos? ¿Es que todavía no han comprendido? ¿Es que aún no se han dado cuenta? Piensen un poco, se lo suplico…

MADAME. ¡Y dale! Pero, ¿en qué tenemos que pensar?

PROFESOR. Madame.

MADAME. ¿Qué?

PROFESOR. Príncipe, señorita, Larry Ludson. Miren en torno suyo. Miren dentro de sí mismos. Mírense los unos a los otros. ¿No se dan cuenta del enorme misterio que nos rodea? ¿Por qué hemos emprendido este viaje que no sabemos dónde empezó ni adonde nos lleva? ¿Adonde vamos? ¿Dónde estamos? ¿Qué es esta sala de espera? ¿Cuál es la estación término? ¿Por qué hemos venido a parar aquí? ¿Qué habrá detrás de esa puerta?

PRÍNCIPE. ¿Por qué pregunta usted todo eso?

PROFESOR. Piense, se lo suplico. Están ciegos. Abran los ojos… Larry Ludson.

LARRY. Dígame.

PROFESOR. Piense, recuerde. Haga un esfuerzo. ¿Qué es lo último que usted recuerda?

LARRY. ¿Yo?

PROFESOR. Sí, usted, Larry Ludson, usted.

LARRY. Yo estaba filmando una película. “El mayor circo del mundo”. Hacía el papel principal, el de un famosísimo payaso. Estaba en la pista, haciendo reír, como es normal. El público estaba entusiasmado. Aplaudía y se reía como nunca. Yo me sentía fabulosamente feliz, veinte años más joven. Casi casi estaba un poco borracho de felicidad. Podía demostrar al mundo que Larry Ludson es todavía el indiscutido, el de siempre, el mejor. De pronto me llamaron para mi número. Levanté la vista hacia la gran bóveda del circo mundial de Hamburgo. Allí estaba todo dispuesto para mi actuación, que yo había exigido en directo, auténtica, y sin doblajes. El alambre tirante. La pequeña plataforma de plata con cascabeles. Y una escala de cuerdas colgando para que yo subiera hasta allá, hasta lo más alto. Era la ocasión de mi vida. O triunfaba o fracasaba para siempre. Mi apoderado, el pobre señor Rigaud me gritó: “¡No subas, Larry, no subas! ¡Por Dios te lo pido!”. Entonces yo me volví y le sacudí una tremenda bofetada. Me puso nervioso. Estaba harto de oírle y subí la escalera aprisa, aprisa, como cuando tenía 20 años. Estaba encendido de entusiasmo, de ira y de nervios. Cuando llegué a lo más alto y pisé la plataforma de plata, todos los cascabeles sonaron a la vez. Era una música maravillosa. Entonces, se hizo un gran silencio. Empecé a avanzar poco a poco por el alambre. ¡Se estaba rodando en directo mi proeza! Larry Ludson andando por el alambre, como en sus años mozos. Abajo, las cámaras y todos mis compañeros conteniendo la respiración, muertos de envidia. Y entonces, de pronto… (Se calla, se espanta.)

PROFESOR. ¿Qué?

LARRY. ¡No! ¡Cielo santo! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué gritan? ¡No! ¡Eso no! ¡No quiero! ¡No es verdad! ¡No puede ser! (Mira a todos y se dirige a la puerta y la golpea con los puños.) ¡No quiero! ¡No quiero! (Solloza impotente.)



ESCENA VIII

MADAME. Yo estaba en mi piso de la Rue Rachel. Sola. Siempre estoy sola, como todas las noches puse un disco. ¿Qué disco era? Quizá la “viuda alegre”, ¿por qué? No sé. Los gatos iban y venían por todas partes, tengo 12 gatos, ¿saben? Ah, los gatos son unos animalitos dulces, perezosos, llenos de encanto y de misterio. Y me puse a contar el dinero. Todas las noches cuento el dinero. Es un placer que a nadie hace daño, ¿verdad? Esa noche, no sé por qué, me puse a pensar en qué había hecho de mi vida. La verdad es que he hecho mucho bien a la humanidad. No sé por qué me sentí de pronto tan insatisfecha… Quizá al pensar en el origen del destino de mi dinero. ¡Oh, perdón…! El caso es que sentí de pronto, sin saber cómo, algo así como una aguda punzada, seguida de un vahído. Y enseguida, sueño, mucho sueño, un sueño terrible. (Se calla.) Cuando desperté me encontré sola, sentadita en un departamento de ese tren que nos ha traído hasta aquí. Pero, ¿por qué? ¿Por qué he emprendido yo este absurdo viaje? ¿Por qué estoy yo aquí ahora, con ustedes? No lo entiendo. ¿O es que…?

PROFESOR. Sí, madame, ha ocurrido lo que usted se teme…

MADAME. ¡No! ¡Dios mío, ten piedad de mí! (Solloza convulsivamente.)



ESCENA IX

BETY. No entiendo nada de lo que nos pasa. Recuerdo, eso sí, que ayer cenamos en el “Astoria Club”, un restaurante nuevo que está en la playa, a la misma orilla del mar. Hacía una noche de luna maravillosa. Los otros se fueron a bailar pero yo estaba harta de bailar y conmigo se quedó Marcel. Marcel es el marido de Katy. Bueno, Katy y yo somos amigas de toda la vida, ¿saben? Desde niñas, desde que estuvimos juntas en aquel internado de Suiza. Pero yo, ¿por qué lo voy a negar? Odio a Katy con toda mi alma. No lo puedo remediar. Es tonta, vanidosa, pedante y bastante estúpida. Pero en cambio, ¡ay, sí! Adoro a Marcel. Es un hombre tan guapo, tan desenvuelto, tan fascinante. Enseguida me di cuenta que la ocasión era única para jugarle una buena trastada a Katy. Y entonces invité a Marcel a dar un paseo por la carretera en mi coche nuevo. Un coche fabuloso, rojo, brillante, estupendo que papá me había comprado justo hace unos días, para mi cumpleaños. Bueno, no sé si ya les he dicho que mi papá siempre me está regalando coches. Es una manía graciosa, ¿verdad? A Marcel, que es un pájaro, le hizo mucha gracia la idea del paseo. Y subimos al coche. Pisé el acelerador y en unos minutos me puse a 120. ¡Oh, con un coche así es fácil! Enseguida a 130 y de pronto, Marcel me quiso besar. ¡Figúrense ustedes! ¿Qué puede hacer una muchacha con un volante entre las manos y el coche a 130, si un hombre tan fuerte y tan terco, como Marcel, se empeña en besarla? Nada. Una no puede hacer nada, absolutamente nada. Yo me eché a reír con toda mi alma. No sé por qué me acordó de Katy y de su insufrible superioridad. Y cada vez me daba más risa… (se para perpleja.) Y de pronto, no sé lo que pasó, se me escapó el volante de las manos, como si alguien se lo llevara brutalmente. Oí un estrépito espantoso. Y un golpe terrible, aquí en el pecho, y luego, silencio. Y la voz de Marcel gritando: “¡Bety, Bety, di algo! ¡Di algo! ¡Bety, Bety!” (Se calla con los ojos desorbitados.) Dios mío, ¿qué pasó? ¿Por qué? ¡Papá! ¿Dónde estoy? ¡Papá! ¡Quiero vivir, quiero vivir! ¡Papá!... (Solloza.)



ESCENA X

PRÍNCIPE. El viejo palacio de piedra de Burgulia, allá en lo alto de la montaña, resplandecía como un ascua de luz en medio de la noche. Todas las antiguas lámparas de cristal de todos los salones se hallaban encendidas. Todo estaba lleno de rosas y tulipanes traídos de los más hermosos jardines del principado. Se celebraba el gran baile de gala. Habían llegado invitados de todos los lugares del mundo. Era el quinto aniversario de mi coronación. En el fantástico salón rojo de la princesa Catalina, las luces, las músicas, el perfume de tantas flores, y las risas alegres de mis invitados me hacían sentirme profundamente eufórico. Yo bailaba con mi prima Alicia, que había sido mi último amor unos meses antes en la Riviera. Recordábamos juntos mil cosas absurdas y deliciosas, porque el amor es así, absurdo y delicioso, y nos reíamos. Y entonces fue cuando en el gran salón rojo de la princesa Catalina estalló un enorme revuelo. Todos gritaban. Alicia se escapó de mis brazos y huyó no sé adonde. Me rodearon los oficiales de mi guardia y ante mí se plantó un muchacho con los ojos brillantes, como un loco, con una pistola en la mano… (Se calla y mira al estudiante.) ¿Eras tú?

ESTUDIANTE. Sí, era yo. (Pausa.) Esa misma tarde, en un café, se reunió el comité de los conspiradores, y por sorteo fui yo el elegido para matar al príncipe aquella misma noche, en el baile de gala del Palacio. Me escondí entre árboles del jardín hasta que se hizo de noche. Temblaba de piedad. Después de todo fue muy fácil, increíblemente fácil, absurdamente fácil. Apenas empezó el baile salté por un ventanal del salón de la princesa Catalina y allí estaba el príncipe; risueño, inconsciente, y alegre, como siempre, casi maravilloso, con una hermosa muchacha entre los brazos vestido con su uniforme de mariscal. Corrí atropellando todo, como un ciego, y llegué hasta él. Me miró sonriente. En aquel momento no sé por qué sentí un inmenso deseo de gritar: “¡Huye, Príncipe, escapa! ¡Corre! ¿No ves que tengo una pistola y voy a matarte? ¡Vete, por favor, vete! No dejes que te mate. ¡No permitas que yo me convierta en un asesino! ¡Sálvame, príncipe, sálvame! ¡Eres tú quien tiene que salvarme a mí! ¿No lo entiendes? ¡Huye! ¡Vete!” (Silencio.) Pero no se fue. Se quedó ahí quieto, mirándome y sonriendo. Y yo disparé. Luego ya no recuerdo nada, quise disparar, pero me cerraron el paso. Gritaban. Se oyeron muchos disparos… (Estremeciéndose.) ¡Dios mío! ¿Por qué? ¡Si yo no quería! ¡Soy un asesino y quería el bien de mi pueblo, sólo eso! Pero no quería ser un asesino. ¡Soy un asesino! (Solloza.) ¡Príncipe!

PRÍNCIPE. (Amablemente.) ¿Qué quieres, muchacho?

ESTUDIANTE. ¿Por qué no huyó cuando me vio llegar con la pistola en la mano?

PRÍNCIPE. Oh, no pude… De veras.

ESTUDIANTE. Pero, ¿por qué?

PRÍNCIPE. Porque un Príncipe de Burgulia no debe huir nunca ante el peligro. ¿No lo sabías? Es la tradición. Y créame que lo siento. Me hubiera gustado mucho hacerte ese favor…

ESTUDIANTE. Yo quería hacer algo a favor de mi pueblo. Yo creía que su alteza era inconscientemente un explotador del pueblo. Yo quería hacer algo…

PRÍNCIPE. ¿Me odiabas mucho?

ESTUDIANTE. Sí, porque su alteza tenía en sus manos el hacer el bien, y no lo hizo. Yo sufría al ver sufrir a mis padres, a los obreros…

PRÍNCIPE. Tienes razón. Yo también quería hacer mucho bien a mi país. Todos me decían que me querían mucho, que Burgulia era un país modelo. Yo creía que todos eran felices. Es cierto, mis caprichos salían de los impuestos que recaían sobre el pueblo… Y algunos se quejaban… Pero yo quería hacer el bien… Más tarde, cuando hubiere disfrutado de la vida. No sé por qué fui tan egoísta… Mi inconsciencia me ha costado la vida.

ESTUDIANTE. Lo siento. Yo también creo que me equivoqué de camino.

PRÍNCIPE. Sí. No se puede llegar a la justicia por el camino del crimen. Tú también has dado tu vida por un ideal equivocado. Pero por lo menos eras sincero. (Silencio.)



ESCENA XI

LARRY. Pero, ¿qué es esto? Entonces, ¿es que ya no vivimos? ¿Ha muerto Larry Ludson? ¡No, Larry Ludson no puede morir! Larry Ludson no quiere morir, Larry Ludson debe vivir para su público.

ESTUDIANTE. Larry Ludson no ha vivido más que para Larry Ludson. Para Larry Ludson los demás, a los que llama público, no son más que peldaños de una escalera para subir más alto, porque para Larry Ludson la vida es fama, aplausos, premios, honores, es decir, vanidad, orgullo, nada… como para todos ustedes.

LARRY. ¡Calla! No me hagas sufrir más.

MADAME. Yo he vivido para los demás. He pertenecido a todas las sociedades de beneficencia de categoría de París, y he dado mi vida para ellas.

ESTUDIANTE. Sí, para las cenas de gala, las mesas de cuestación, las conferencias elegantes… Usted ha aparentado vivir para hacer el bien. Porque eso está bien visto y le permitía llevar una vida social y mundana agradable. Pero no bastan las apariencias. En el fondo usted no amaba ni a los obreros, ni a los pobres, ni a los desgraciados, sino a las sociedades elegantes que hacen bailes de gala para la lucha contra el cáncer, pero que serían incapaces de cuidar una sola noche a un solo enfermo.

MADAME. ¡Silencio, maleducado! Oh, no quiero escucharle…

BETY. Yo no he hecho mal a nadie. Pasarlo bien. ¿Es malo? Yo creía que así es la vida. Unos son ricos y otros pobres. Unos lo pasan bien y los otros mal, mala suerte…

PRÍNCIPE. Pero no es así, señorita. Aunque no nos demos cuenta, todos somos responsables de todo. Nuestras vidas han sido todas inútiles… ¿Verdad profesor?

PROFESOR. Es curioso. Yo no me acuerdo cómo fue. ¿Qué pasó? Ni siquiera sé si me di cuenta…



ESCENA XII

(Aparece el jefe de estación.)

JEFE. A veces es así, señor profesor. Sin agonía y sin dolor. La vida se va sin ruido, de puntillas, sin avisar, casi casi a traición…

PROFESOR. ¡Hable! Siga. Usted tiene el secreto. ¿Dónde estamos? ¿Qué estación es ésta?

JEFE. Usted ya lo sabe, señor profesor. Esta es la última estación. La estación término. Aquí acaban todos los caminos de la vida…

(Gran tensión y expectación en todos.)

PROFESOR. Oiga…

JEFE. ¿Sí?

PROFESOR. Y ahora, ¿qué va a pasar? ¿Por qué estamos aquí?

JEFE. Esta es la sala de espera. Dentro de unos instantes, los viajeros serán llamados de uno en uno. Deben explicar qué hicieron de su vida. Es un trámite obligado. ¿Comprende? Y cada uno tendrá que explicarse. Algo así como una rendición de cuentas. (Un gran silencio.) Los que pueden sentirse satisfechos de su vida, no tienen nada que temer…

PROFESOR. Pero, ¿y los otros?

JEFE. (Serio.) Los otros…

BETY. ¡No! Yo no tengo la culpa. ¡Papá! ¿Por qué me has engañado? ¿Qué has hecho de mí? Por favor, déjame volver a casa. ¡Déjame volver! ¡Déjame volver!

JEFE. Para este viaje, no existen billetes de vuelta…

LARRY. Escuche, por favor. Yo soy Larry Ludson, un hombre importante, famoso, he hecho felices a los hombres con mi arte. Debe haber un error, puedo volver y repartir mi dinero entre los pobres, lo haré todo gratis. Por favor, tiene que haber una solución. Yo debo salir de aquí. ¡Por favor!

JEFE. Demasiado tarde…

MADAME. Tengo miedo. Siempre he tenido miedo. Guardaba dinero, acumulaba joyas por miedo a la vejez… Déjeme solo que arregle unas cositas. Puedo firmar estos cheques y resolverlo todo. Olvidé dejar en mi testamento que todo lo mío fuera para las fundaciones benéficas en las que colaboré. No me dio tiempo.

JEFE. Señora, su miedo a la vejez no tiene sentido. Sólo hay algo que temer… y es precisamente el que no nos dé tiempo…

PRÍNCIPE. Es así. El que no nos dé tiempo. El dejar nuestro deber para mañana.

JEFE. Esa es la gran verdad. Unos viven sólo para sus intereses egoístas (señala a Bety) ni siquiera saben que se puede vivir para los demás. Otros creen vivir para los demás y viven para su gloria (a Larry). Otros hacen creer que sirven a la humanidad; pero se contentan con aparentarlo. Otros podrían hacer mucho bien, pero lo dejan para más tarde (al príncipe) para un día que nunca llega. Otros, deseosos de vivir para un ideal son engañados y manipulados (al estudiante) estropeando así tan hermosas posibilidades de una vida fructífera y positiva…

ESTUDIANTE. ¿Y yo qué? Oiga señor, ¿qué ocurre con los asesinos?

JEFE. La vida es para los que respetan la vida. La propia y la ajena.

PROFESOR. Entonces, yo he perdido mi vida buscando la fórmula de la destrucción. Para mí será terrible, ¿verdad? (El Jefe le mira y calla.) Porque hay alguien más allá de la estación término. Alguien con quien encontrarnos, al otro lado de la sala de espera…

JEFE. Pero, ¡naturalmente! ¡Señor profesor! Si no hubiera nadie ni nada, la vida sería una estafa colosal. ¡Oiga! ¿De verdad no lo sabía? Usted tan inteligente, tan sabio, es increíble…

PROFESOR. Lo sabía. Pero no quería saberlo…

JEFE. Lo siento. ¿Por qué tanta gente se olvida de lo más importante? (Silencio.) Señores viajeros, ha llegado el momento…

(Se abre una puerta llena de luz y van entrando. Se oscurece todo.)



ESCENA XIII

(El profesor dormido en la sala de espera de la primera estación. Se sobresalta y despierta a la llegada de algunos viajeros. Entra un obrero. Se sienta fatigado, al lado del profesor, que sigue durmiendo. Entra un anciano.)

ANCIANO. Ave María purísima. Buenas.

OBRERO. ¡Hum!

ANCIANO. Qué manera de saludar. Si no digo yo que…

(Entra una mujer con unos niños.)

MUJER. Niño, estate callado y quieto. Buenas noches.

ANCIANO. Buenas noches nos dé Dios.

MUJER. Oiga, señor, ¿puede usted decirme a qué hora sale el tren para París? Es la primera vez que voy y estoy asustada.

NIÑO. Mi papá trabaja en París.

MUJER. Niño, cállate, por favor, no me dejas hablar. Usted, ¿no irá también a París por casualidad?

ANCIANO. Sí señora, a casa de mi hija casada con un francés. Rue de la Violette, n° 18, 7° Izq., París 20, Francia.

MUJER. ¡Qué suerte! Porque yo solita me veía perdida.

NIÑO. Es que mi papá ha dicho que no podría venir a esperarnos a la estación, que el patrón no le deja. Mi papá es albañil…

MUJER. Niño, cállate. No molestes a la gente.

ANCIANO. Si no me molesta. Yo ya tengo 9 nietos. ¡Ay, señor, y dos que no conozco aún! Es que yo paso un año en casa de cada uno de mis dos hijos, desde que falta mi esposa, que en paz descanse. Y va ya para 6 años. Y ahora mi hijo el pequeño le han despedido del trabajo por no sé qué asuntos: y como en casa del mayor, pues como ya tiene 5 criaturas… Total que voy a ver si puedo quedarme en casa de mi hija, aunque no me ha contestado. Yo ya le decía que se quedara, que no se fuera a París, que donde comen 3 comen 4, pero ella, erre que erre, y ¡qué le vamos a hacer! Ahora me dice que se ha casado con un francés, ¿no te digo? ¡Ay, señor, adonde vamos a parar!

(Entra una pareja de recién casados.)

ELLA. ¿Tú crees que París será bonito?

ÉL. Que sea como quiera. Eso es lo de menos.

ELLA. Me vas a hacer una foto en la Torre “Infiel”.

ÉL. Una docena.

ANCIANO. Señor, pero qué mal educados, ni siquiera saludan al personal.

MUJER. ¿Qué quiere usted? La juventud…

ANCIANO. La juventud está perdida…

(Ellos lo oyen y se callan. Silencio.)

ANCIANO. (Al obrero.) Oiga, ¿me puede decir qué hora es?

OBRERO. No tengo reloj.

NIÑO. Mi papá me va a comprar uno de verdad.

MUJER. Niño, cállate.

ANCIANO. (A él.) Oiga, joven, ¿me podría decir la hora?

ÉL. Anda, pues me he dejado el reloj en el hotel… (Mirándose.)

ELLA. ¿De veras?

ÉL. De veras. En el cuarto de baño.

ELLA. Bueno, y ¿qué falta nos hace?

ÉL. Eso, (ríen los dos.)

ANCIANO. ¡Qué cabezas! ¡Ay señora! El mundo está loco de atar.

MUJER. (Suspirando.) Son jóvenes. (Preocupada.) ¿Cuándo saldrá el tren? A ver si lo perdemos.

OBRERO. No se preocupe, que yo también voy a coger el mismo.

MUJER. Gracias, es que estoy nerviosa.

ANCIANO. Nada, y sin saber la hora. Ya podrían poner relojes en las estaciones, que con lo que nos cobran…

ÉL. ¿Salimos fuera?

ELLA. Vale.

ANCIANO. ¿Y este señor, allí, durmiendo a pierna suelta? ¡Qué frescura!

MUJER. Estará cansado.

VOZ. Señores viajeros, el tren con destino a París efectuará su salida dentro de breves minutos, en el andén n° 2.

ANCIANO. Vamos, señora, corra.

MUJER. Niños, no os soltéis de mí, vamos.

(Salen todos, el profesor sigue durmiendo.)



ESCENA XIV

(Llega el jefe de estación.)

JEFE. Vamos, señor profesor, que le están esperando.

PROFESOR. ¿Esperando? (Sobresaltado.) ¿Qué dice?

JEFE. ¡Que se ha dormido usted!

PROFESOR. ¿Que me he dormido?

JEFE. Pues claro, hale, en marcha. La avería está reparada.

PROFESOR. ¿La avería?

JEFE. Sí, la avería. El tren partirá dentro de 5 minutos.

PROFESOR. ¿Qué tren?

JEFE. Pues el tren de París, su tren. ¿Ha olvidado que dentro de unas horas le esperan unos señores muy importantes?

PROFESOR. Pero entonces… es que he estado soñando…

JEFE. ¡Ah! ¿Sí?

PROFESOR. Ha sido un sueño, un sueño nada más. Oiga, ¿qué puerta es esa? ¿Adónde lleva?

JEFE. ¿Esa puerta? Esa puerta lleva al andén.

PROFESOR. ¿De veras?

JEFE. ¡Claro! Pero, ¿le ocurre a usted algo, profesor?

PROFESOR. (Sonríe.) No, nada. No me ocurre nada. Gracias. (Se levanta.)

JEFE. Entonces, dése prisa. Tome, no olvide su cartera.

PROFESOR. (Deteniéndose.) Ah, mi cartera. (Se queda pensativo.) Buen hombre, ¿quiere usted hacerme un gran favor?

JEFE. Naturalmente, estoy a sus órdenes.

PROFESOR. Gracias. Entonces llame usted a París y diga a esos señores que no me esperen.

JEFE. ¿Cómo? ¿Y no va usted a París?

PROFESOR. No. Ya no voy a París. Acabo de decidirlo.

JEFE. Pero, señor profesor, le esperan, ¿qué van a pensar?

PROFESOR. No importa. Lo que importa es lo que voy a hacer no yendo a París. Mire, aquí se acaban 20 años de mi vida. (Saca unos papeles de la cartera y los rompe a trocitos y los echa a la estufa.)

JEFE. ¿Por qué ha hecho usted esto, señor profesor?

PROFESOR. He perdido mi vida hasta ahora, buscando un arma para destruir a la humanidad. Ahora, voy a dedicar lo que me queda de vida para ayudar a salvarla.

JEFE. Señor profesor, ¿sólo por un sueño?

PROFESOR. Bueno, quizá no sea sólo por un sueño. Quizá sea también un poco, por los ancianos que nadie puede cuidar con cariño, los obreros agotados, las esposas de los que tienen que emigrar de su tierra, los niños que todo lo preguntan y todo lo aprenden, los recién casados, que piensan que la vida es de color de rosa, los estudiantes que, buscando un ideal, sólo encuentran consignas de un partido, los jóvenes irresponsables e inconscientes, las mujeres frustradas que en ninguna parte encuentran equilibrio, esa juventud que sólo piensa en divertirse sin pensar en su destino y su mañana, los adultos vanidosos e hipócritas… Por todos aquellos que han emprendido el viaje de la vida y que yo quisiera, como usted, que llegasen todos a un mejor destino. Me quedo por eso, y por mucho más que he aprendido… en una sala de espera.

Fiesta para Jesús

7 Minutos y 3 Personajes. Las tareas prenavideñas parecen tener prioridad frente a la celebración del nacimiento en la vida de una mujer. Serán sus hijas las que le ayuden a recapacitar sobre qué es lo más importante.



FIESTA PARA JESÚS
Escrito por Bob Snook y traducido con permiso por Loida Somolinos


PERSONAJES

KATIA
JANET
MAMÁ


(Escena: tres sillas, dos biblias y un control de televisión en la silla.)

(Katia entra cargando su abrigo, pasa las sillas, pone el abrigo en el respaldo de una silla, se sienta, agarra el control, prende la TV imaginaria y la empieza a ver.)

JANET. (Entra cargando su abrigo, pasa las sillas, pone el abrigo en el respaldo de la silla.) ¿Qué estás viendo?

KATIA. ¡Sh! No me dejas oír…

JANET. (Mirando la tele.) ¿Qué están haciendo todos esos bomberos ahí? ¿Se está incendiando algo? (Se sienta y se pone a ver la tele.)

KATIA. ¡Sh! No es un incendio sino un accidente en la carretera.

JANET. ¿Y ya viste si papá está ahí?

KATIA. Todavía no, escucha (señalando la tele.)

MAMÁ. (Entra con su abrigo en el brazo, escribiendo algo y murmurando, negando con la cabeza, pasa por enfrente de las sillas.) Muy bien, este es el trato...

KATIA y JANET. ¡Sh!

JANET. Mamá hay un accidente muy feo en la carretera (señalando la tele.)

MAMÁ. (Viendo lo que había escrito.) Está bien, mi hijita. Mira, voy a necesitar su ayuda con las compras de esta noche. Katia, necesito que... (Levanta la mirada.) Katia, ¿me estás escuchando? (Agarra el control y apaga la tele.)

KATIA y JANET. Mamá.

MAMÁ. Miren, tengo muchas cosas qué hacer y no me va a alcanzar el tiempo, así que ¡póngame atención!

KATIA. (Quejándose.) Si te estoy escuchando…

MAMÁ. Le prometí a su abuelita que iba a cocinar la cena de navidad para mañana y no he tenido tiempo de preparar nada (mira sus notas.) Katia, necesito que vayas a la carnicería y preguntes si van a abrir hasta tarde para poder ir a comprar la carne.

KATIA. Sí, claro, mamá, de seguro la carne es más importante que la media docena de personas que murieron en ese accidente.

MAMÁ. ¿De qué habla? (Leyendo sus notas.)

JANET. De que hubo un accidente muy feo en...

MAMÁ. Janet, alístate porque te voy a llevar a la tienda de discos para que compres ese CD que quieres para... ¿Quién?

JANET. Para Marlon y es el nuevo CD de ¨Marcos witt¨, mamá.

MAMÁ. Sí, como se llame, tú sabes.

KATIA. (Entrando a la casa.) La carnicería estaba cerrada, tenía un letrero que decía: “cerrada por navidad”.

MAMÁ. ¡Oh, no! (Lee sus notas.)

JANET. (Hablando con Katia.) Tenemos que ir a la tienda de discos en la noche cuando nos vayamos a la iglesia.

KATIA. Mamá, la tienda de discos no está en el camino a la iglesia. Tendríamos que dar mucha vuelta.

MAMÁ. (Sin levantar la vista) ¿Qué? ¿La iglesia? ¿Alguien dijo algo de la iglesia?

KATIA. Es miércoles en la noche aquí en la tierra y los miércoles vamos a la iglesia.

MAMÁ. (Sin levantar la vista.) ¡Ah! Pues hoy no podemos ir.

KATIA y JANET. ¿Qué? Pero, ¡mamá!

MAMÁ. Tenemos mucho qué hacer, esta es una noche especial y ustedes lo saben.

KATIA. Así es, hoy va a haber un servicio especial de vísperas de navidad en la iglesia.

MAMÁ. Yo no me refería a eso…

KATIA. Ya lo sé, yo nada más decía…

MAMÁ. Lo siento mucho, normalmente iría con su papá a comprar todo, pero desafortunadamente me casé con un bombero.

JANET. Eso es lo que hemos tratado de decirte, que Papá quizás está en....

MAMÁ. Bueno, Janet, aquí está el dinero para que compres el CD. Y Katia, te voy a dar este dinero para que compres el regalo para tu tío Alberto. Las voy a llevar y se bajan mientras yo voy a Soriana a ver si todavía tienen pavos ahí, después las paso a recoger y vamos a...

KATIA y JANET. (Se levantan y cantan.) Noche de paz, noche de amor. Todo duerme en derredor, entre los astros que esparcen su luz, bella anunciando al niñito Jesús.

MAMÁ. Realmente no tenemos tiempo para esto, ya vimos que algunas tiendas no abrieron y que otras van a cerrar temprano.

KATIA. Claro, es verdad, no tenemos tiempo para esto. Él era solo un bebe.

JANET. Y nació hace mucho tiempo.

KATIA. Hace 2000 años.

JANET. ¿Quién va a recordar algo tan antiguo?

KATIA. Sí. Él solo fue el creador del universo.

JANET. ¡Qué idea tan tonta de ir a la iglesia en navidad!

KATIA. ¡Ay, sí! ¡Qué tonto!

MAMÁ. (Suspirando.) Ya está bien tomen sus abrigos.

(Katia y Janet agarran sus abrigos y empiezan a caminar hacia la puerta.)

MAMÁ. No olviden sus Biblias.

KATIA. ¿Para ir de compras?

MAMÁ. (Tira la pluma y el cuaderno) ¿De compras? ¿Y perdernos la fiesta para Jesús? De ninguna manera…

KATIA. ¿Y qué vamos a cenar?

MAMÁ. Yo había comprado algo de carne y unas latas, solo en caso de que no me alcanzara el tiempo. Así que eso vamos a cenar.

JANET (Agarra las biblias.) ¿Y qué hay sobre el CD y el regalo del tío Alberto?

MAMÁ. La farmacia abre 24 horas y tiene algo de cosas, ahí podemos encontrar algo para el tío Alberto y para, ¿cómo dices que se llama?

JANET. Marlon.

MAMÁ. Bueno, de cualquier forma no es la fiesta de Marlon ni del tío Alberto. Es la fiesta de Jesús. (Salen cantando noche de paz.)

¡Adiós, año viejo!


13 Minutos y 10 Personajes. Estimular a la juventud para permitir que Cristo reine supremo en su corazón durante el próximo año.

¡ADIÓS, AÑO VIEJO!


PERSONAJES

JOVEN. Que sea enérgico, de tipo atlético y dinámico. Se viste de sport.
AÑO VIEJO. Vestido con manto largo, con cabello y barba blancos. Trae una guadaña.
DEPORTES. Vestido para practicar un deporte. Trae consigo una pelota de baloncesto o algún otro objeto que se usa en deportes.
DIVERSIONES. Vestido para fiesta. Trae un casete en que está grabado algún canto objetable.
EDUCACIÓN. Con ropa apropiada para clase y trayendo varios libros grandes.
TRABAJO. Vestido con ropa de trabajo. Trae un martillo y un serrucho, u otras herramientas.
CRISTIANISMO. (Preferiblemente una señorita), vestida en ropa elegante o con un manto blanco trae una Biblia.
RECREACIÓN. Vestido con ropa de sport. Trae paletas de ping pong o de tenis, u otros objetos usados para recreación.
ENTRETENIMIENTO APROPIADO. Vestido con ropa de casa. Trae un casete con una grabación aceptable y un bueno libro.
MEDITACIÓN. Con ropa de vestir. Trae una Biblia y un libro devocional.



ESCENARIO.

Una sala amueblada con un sillón, una mesita, un estante para revistas, una lámpara, una radio pequeña, periódicos y otros objetos que puedan exhibir en el lugar disponible.

LA JUVENTUD MIRA RETROSPECTIVAMENTE

Un joven entra ruidosamente. Deja a un lado su bicicleta, se quita el sombrero y la chaqueta que deja desordenadamente sobre una mesa.

JOVEN. ¡Qué día! ¡Esto sí que es vivir! ¡Podría seguir andando en bicicleta toda la noche... si no tuviera que venir a comer! Me pregunto dónde estará mamá. ¡Tengo un hambre terrible! (Ve los titulares de un periódico.) ¿Y eso? (lee los titulares más sobresalientes acerca de la condición del mundo.) ¿Por qué tienen que suceder esas cosas para robarle a uno el placer de la vida? (Hojea el diario.) ¡Guerras, dificultades, crímenes, tumultos! Todo lo que uno lee está lleno de esas cosas. (Deja el diario a un lado y toma una revista.) Hasta las revistas están llenas de esos asuntos. Temo escuchar la radio, pues también en los informativos hablan de dificultades en (úsense nombres de lugares que en el momento tengan dificultades o algún otro lugar). Prefiero sentarme y leer mientras espero la cena. Probablemente pueda encontrar algún relato interesante que me ayude por un momento a olvidar los problemas del mundo. Se sienta en una silla cómoda, lee, cabecea y se duerme.

(Entra el Año Viejo, se dirige lentamente hacia el joven y le toca con una guadaña.)

JOVEN. (Hablando como en sueños, sorprendido pero sin levantarse.) ¿Quién... quién eres tú?

AÑO VIEJO. Soy el Año Viejo (poner la fecha del año de la representación.)

JOVEN. ¿El Año Viejo? ¿Qué quieres decir? ¿Por qué estás aquí?

AÑO VIEJO. Estoy aquí para cumplir una misión. Eres joven y fuerte, lleno de gozo de vivir y tienes la energía para realizar grandes cosas. Pero no estás listo para el Año Nuevo. He venido para estimularte a pensar en el pasado y para darte una visión de las cosas por venir. Te ayudaré a hacer frente al futuro.

JOVEN. ¡Vete! No te quiero aquí. El pasado se ha ido ¿Por qué no olvidarlo! Nadie sabe lo que le depara el mañana. Deja que el futuro traiga consigo sus sorpresas.

AÑO VIEJO. ¡Así no, joven amigo! Todas las perspectivas del mañana se basan en las realidades de hoy; mediante el uso juicioso del conocimiento y la experiencia del pasado es como un joven puede prepararse para los triunfos del mañana. Haz caso, entonces, a lo que voy a revelarte. Las cosas que te ocupan el tiempo te hablarán. (Con voz autoritaria): Deporte, entra y trae tu mensaje de otros tiempos.

DEPORTE. (Entra rápidamente). Sí, la juventud y yo somos grandes amigos. Hemos pasado juntos muchas horas y tenido momentos muy alegres. Hemos llamado la atención del Mundo y nos hemos cubierto de gloriosa fama. Hemos vivido muy bien juntos... ¡La juventud y yo!

AÑO VIEJO. Permíteme hacerte una pregunta: ¿Cuánto bien verdadero has hecho?

DEPORTE. He formado centenares de cuerpos sanos.

AÑO VIEJO. ¡Y arruinado la salud de muchos otros centenares!

DEPORTE. Sí, debo admitir eso. Pero he traído fama y fortuna a muchos.

AÑO VIEJO. Y derrota y tristeza a otros tantos.

DEPORTE. Bien, pero he proporcionado mucho dinero que se ha destinado a la caridad.

AÑO VIEJO. Y empobrecido a muchos millones que han apostado grandes sumas de dinero como resultado de tus torneos. Ponte a un lado, que más tarde oiremos acerca de ti. Ahora hablaremos un poco más acerca de tu hermana la Diversión. (Deportes se mueve hacia atrás, y entra Diversión).

DIVERSIÓN. La juventud se alegrará de verme, porque muchas veces se cansa de los deportes demasiado intensos. Lleno las horas tranquilas con pasatiempos placenteros: juegos de azar de todas las clases, música popular, lectura excitante y cómica, el cine, los bailes y muchas cosas enervantes. Proporciono bebidas, comidas... y hasta perfumes que apasionan. Me gusta ver alegre a la juventud. Y a todos los jóvenes también les gusta mantener la mente libre de la opresión de las cosas serias.

AÑO VIEJO. ¡Basta! Tus propias palabras te condenan. No debo siquiera argüir contigo. Ponte a un lado, que deseamos seguir viendo que más nos viene del pasado. ¿Qué puedes decir tú, Educación? ¿Qué tienes que decir? (Entra Educación, y Diversión se coloca junto a Deporte).

EDUCACIÓN. Bien, cierto tipo de jóvenes no se preocupan tanto por mí como por las demás cosas aquí presentes. He tenido que cambiar por completo mi plan y mi propósito a través de los años a fin de complacer a la juventud. He tratado de disfrazar el aprendizaje con juegos; he tenido que ocultar el conocimiento en historias, dramas, películas y programas de radio y televisión; y he tenido que recurrir al ofrecimiento de muchos premios para estimular a la juventud a seguirme. Por lo que acabo de decir, ves que he tenido que llamar a mi auxilio a Deporte y a Diversión a fin de hacerme popular. He tenido que abandonar muchas ideas antiguas a fin de que el aprendizaje se torne fácil y exija el menor esfuerzo posible.

AÑO VIEJO. ¿Quieres decir que eres la misma Educación que conocieron los padres de la generación actual?

EDUCACIÓN. Se espera que yo produzca los mismos resultados, pero soy completamente distinta.

AÑO VIEJO. Permíteme formularte la misma pregunta que le hice a Deporte: ¿Cuánto bien real has hecho?

EDUCACIÓN. ¿Bien? Simplemente, para tener tu respuesta, mira a los millones de jóvenes que pasan por las aulas de excelentes escuelas.

AÑO VIEJO. ¿Están ellos preparados para el futuro?

EDUCACIÓN. ¡Por supuesto! Les enseño cómo llevarse bien unos con otros y cómo ganarse la vida.

AÑO VIEJO. Esto está bien; pero lo que preguntan es si están preparadas para el futuro final, cuando el tiempo se convierta en eternidad.

EDUCACIÓN Nada sé acerca de eso. Esa materia no es de mi incumbencia. Dejo eso para el Cristianismo.

AÑO VIEJO. En eso fallas. Más tarde interrogaremos a Cristianismo, pero antes escucharemos a alguien a quien solemos llamar Vocación, Labor o Trabajo. (La Educación se junta con los otros y entra Trabajo).

TRABAJO. No tengo tanta suerte con la juventud como la Educación. Nadie me ha hecho demasiado popular con los jóvenes. Por supuesto, si la paga es muy elevada, la gente está dispuesta a dedicarme algo de tiempo. Al igual que Educación, he cambiado mucho en los tiempos modernos. Antes los obreros se sentían orgullosos de mí, y trataban de terminar su labor en la forma más perfecta posible. Ahora, sin embargo, la mayoría de ellos sólo se interesa en pasar conmigo el menor tiempo posible y llevarse grandes sumas de dinero. A pesar de eso, todavía soy quien alimenta, viste y aloja al mundo.

AÑO VIEJO. Sí, amigo, tu preocupación es justificada, puesto que muchos jóvenes no aprenden que el trabajo honrado es honorable.

TRABAJO. Lo que más me pena es contemplar la enorme cantidad de gente que pasa por la vida con la idea de que el mundo le debe lo necesario para la subsistencia.

AÑO VIEJO. ¡Eso es verdaderamente triste! Pero, por ahora, no podemos resolver ese problema. Únete también a esos otros y veremos más tarde lo que podemos hacer. Ahora debemos invitar a otro visitarte. Cristianismo, ven por favor y presenta tu mensaje (el Trabajo se junta con los demás y entra Cristianismo, pero se detiene apenas traspasa la puerta).

CRISTIANISMO. Temo estar fuera de lugar. No se me invita aquí muy a menudo. Esos otros ocupan tanto tiempo de la juventud que ésta casi me ha olvidado. Generalmente no entro aquí a menos que se me desee; por tanto, quizá no debo quedarme. (Se da la vuelta para retirarse).

AÑO VIEJO. ¡Espera, Cristianismo! Se te necesita aquí. Tienes un mensaje que nadie más puedes dar.

CRISTIANISMO. Es verdad. Tengo un gran mensaje: Buscad primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33).

DEPORTE. ¡Escuchad eso! ¡Qué egoísmo! El Cristianismo no se satisface con el tiempo que se le dedica. ¡Desea todo el tiempo!

EDUCACIÓN. Sí, por eso es que hace tiempo que no quiero saber nada de Cristianismo. Si uno le permite, domina todas las cosas.

AÑO VIEJO. ¡Escuchad! Cristianismo entró aquí para dar su mensaje; Guardad silencio y escuchadlo. Ahora, Cristianismo, toma la palabra. Muestra a la juventud lo que puedes hacer cuando se te permite llevar a cabo tu programa. (El Año Viejo poco a poco se encamina hacia la puerta, pero no sale).

CRISTIANISMO. Voy a tratar de hacer una demostración lo más claramente posible. Es verdad que trato de controlar cada momento; pero no como dictador, sino como un compañero amigable en todas las actividades. Hago que cada momento sea más feliz al dar un significado más profundo a todas las coas. Verán todos lo que quiero decir tan pronto como toque a cada uno de estos personajes que representan las cosas que ocupan el tiempo de la juventud. Bajo mi programa, aparecerán de distinta manera. Primero, trabajo. (Cristianismo toca Trabajo; este se adelanta.)

TRABAJO. Cuando Cristianismo rige las cosas, ocupo el lugar que me corresponde. La mensajera del Señor dice que la religión debe influir sobre todo trabajo, que cualquier trabajo físico honrado es una bendición, y que tanto el trabajo físico como el mental mantienen la salud mental y moral. Nuestro propio Salvador glorificó el trabajo con el oficio de carpintero, en el taller de su padre adoptivo, José.

CRISTIANISMO. Ahora hemos comenzado. Acto seguido tocará a Educación y ved los cambios que se verifican en ella. Educación dijo que nada sabía de Dios, porque a mí me corresponde enseñar las cosas espirituales a la juventud. Sí, es verdad; esa es mi función; pero la Educación puede ayudarme a llevarla a cabo. (Cristianismo toca a Educación, que se adelanta. Toma una Biblia que está oculta entre los libros que traía y la pone encima de todos).

EDUCACIÓN. Sí, con el Cristianismo soy muy diferente. Ahora veo que el “temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Cuando descarto la así llamada “Ciencia” y la especulación humana, hay armonía perfecta entre la palabra de Dios y sus propias obras.

CRISTIANISMO. Hasta ahora hemos andado muy bien. Ahora tocaré a Diversión y a Deportes juntos y veremos qué sucede. (Cristianismo toca a los mencionados, que inmediatamente se retiran).

DIVERSIÓN y DEPORTE. ¡No podemos estar aquí! ¡Nos vamos!

CRISTIANISMO. ¡Exactamente como yo pensaba! Ahora ¿qué podemos esperar? ¿Hay algo con qué remplazar a estos ausentes? (Entran Recreación y Entretenimiento apropiado).

RECREACIÓN. Nos alegramos de ocupar los lugares dejados vacíos por Diversión y Deporte.

CRISTIANISMO. Bien, ¿quiénes sois? Y, ¿en qué sentido sois diferentes?

RECREACIÓN. Soy Recreación, y aquí está mi compañero, Entretenimiento apropiado. Hay una gran diferencia entre nosotros dos y los que se han ido. Nunca traigo un espíritu combativo de competencia a mis juegos. No apruebo el hecho de que miles de personas se sientan en nerviosa excitación mientras unos pocos competidores hacen todo el ejercicio. No permito que los participantes se lastimen unos a otros. Junto con el placer de mis juegos, proporciono ejercicio saludable. Hasta el trabajo físico de una naturaleza diferente al del trabajo regular puede convertirse en una recreación placentera. Recreación significa: Re-creación. Una renovación de las energías del cuerpo y de la mente.

ENTRETENIMIENTO APROPIADO. También soy diferente de pasatiempo ocioso. En vez de llenar los momentos libres con actividades sin valor o perjudiciales, trato de que cada momento sea bien usado. Ofrezco buena lectura, música elevadora y pensamientos puros. Estimulo toda clase de aficiones y fomento intercambio social sano con compañeros cristianos.

CRISTIANISMO. Todo esto me gusta mucho. Si los jóvenes solamente aceptan nuestros planes, estoy seguro de que serán felices. Pero todavía nos queda una sorpresa. ¡Meditación!, ¿puedes venir?

MEDITACIÓN. Cuando los jóvenes permiten que el Cristianismo actúe libremente, siempre me invitan. Vengo para llenar las horas con pensamiento de Dios. Ahora, como nunca antes, la juventud, debe dedicar tiempo al estudio de la Biblia y la oración. La oración es lo que da poder en la vida y permite tener éxito al seguir las instrucciones de la Palabra de Dios. La juventud encontrará nueva paz y gozo al dedicar tiempo para mí. (El Año Viejo, de pie en la puerta, se vuelve a todos los otros personajes).

AÑO VIEJO. ¡Muy bien hecho, amigos! Habéis defendido magníficamente vuestras respectivas causas, pero ahora debemos irnos. No podemos decidir por la juventud en cuanto a la manera de usar su tiempo. Hemos hecho lo mejor que nos ha sido posible, y ahora nos corresponde irnos rápida y silenciosamente. (Todos se van mientras Año Viejo se queda en la puerta. Un solista canta un himno apropiado.) (El Joven se mueve, y al terminar el canto habla el Año Viejo.) ¡Joven, despiértate! Debes decidir cómo has de usar tu tiempo en el futuro. (Sale)

JOVEN. Debo de haber estado durmiendo. ¡Qué sueño he tenido! Me doy cuenta de cuán necio he sido; pero, con la ayuda de Dios, daré el primer lugar a las cosas más importantes. De ahora en adelante, daré al Maestro el primer lugar de mi corazón, y le permitiré que me dirija a fin de que pueda usar cada precioso momento de la mejor manera.