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2012 - España
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Licencia para correr

8 Minutos y 2 Personajes. Un hombre maneja a gran velocidad y un policía le echa el alto. El policía ve que está arrepentido y paga su multa. El hombre volverá a conducir a gran velocidad por el mismo trama sin respetar además, otras leyes de tráfico. Obra inspirada en la siguiente predicación. AQUÍ.


LICENCIA PARA CORRER


PERSONAJES

GUARDIA
HOMBRE

(Se escucha el ruido de un coche que va a gran velocidad. De repente, se escucha que frena de golpe. Sale a escena un policía con una señal de stop en su mano. El hombre escenifica que va en un coche y para delante del guardia.)

GUARDIA. (Con la señal de stop en la mano y con un pito manda parar al coche. Como si llamara a su ventanilla imaginaria.) Baje la ventanilla, por favor.

HOMBRE. (Baja la ventanilla.)

GUARDIA. Documentación.

HOMBRE. (Le pasa unos papeles imaginarios, de la guantera del coche.)

GUARDIA. (Revisa la documentación.) ¿Señor Kallaghan?

HOMBRE. ¿Sí?

GUARDIA. ¿Sabe a qué velocidad estaba manejando?

HOMBRE. (Con total sinceridad.) No, no me he fijado.

GUARDIA. Estaba conduciendo a 100Km/hora cuando sólo se puede ir a 50.

HOMBRE. Vaya… no lo sabía.

GUARDIA. ¿Se da cuenta de que a esa velocidad en esta zona podría haber causado un accidente? Podría haber salido un peatón o haberse topado con otro vehículo más lento…

HOMBRE. ¡Uy, disculpe! Tiene usted razón… He sido un inconsciente…

GUARDIA. Pues tengo que ponerle una multa.

HOMBRE. ¿Y no habría forma de evitarlo? Salía del trabajo muy cansado y sólo quería llegar a casa cuanto antes.

GUARDIA. Ya, pero usted ha infringido la ley esa multa hay que pagarla.

HOMBRE. ¿Y no podríamos pasarlo por esta vez? De verdad que no tenía intención de hacer mal, ni de causar un accidente.

GUARDIA. (Devolviéndole la documentación.) ¿Está usted arrepentido?

HOMBRE. (Sintiéndolo.) Mucho, créaselo.

GUARDIA. No, si no dudo de sus intenciones; se ve que usted está arrepentido. ¿Sabe lo que le digo? Que no se preocupe, yo pagaré esa multa por usted.

HOMBRE. Pero, ¿cómo así? ¿De veras?

GUARDIA. De veras. Márchese y no vuelva a correr por esta zona como lo ha hecho.

HOMBRE. ¡Gracias, muchísimas gracias!

(Se apagan las luces y se escucha la voz de hombre.)

HOMBRE. ¡Qué bien! ¡En esta zona hay un guardia de tráfico muy majo!

(Se encienden las luces.)

(Se escuchan los ruidos de un coche que va a gran velocidad y como al principio se escucha un frenazo. El guardia sale para darle el alta al coche.)

GUARDIA. (Se aproxima al coche y toca en la ventanilla.) Los documentos, por favor.

HOMBRE. (Le da los documentos de la guantera imaginaria del coche.)

GUARDIA. (Revisa la documentación.) Señor Kallaghan. (Mira la documentación de nuevo y se fija mejor en la cara del conductor.) ¿Es usted el mismo señor que paré yo hace unos días?

HOMBRE. (Con una sonrisa de oreja a oreja.) ¡El mismo!

GUARDIA. ¿Y no le pagué yo una multa por ir al doble de velocidad permitida?

HOMBRE. ¡Sí!

GUARDIA. ¿Y no ha aprendido nadad?

HOMBRE. ¡Sí! Que usted siempre paga…

GUARDIA. Pues esta vez. No sólo manejaba a 100 por hora otra vez sino que se ha saltado un stop, ha adelantado en línea continua, (fijándose en el interior del auto) no lleva puesto el cinturón de seguridad, además tiene un faro roto…

HOMBRE. Vale, vale, no siga que me está mareando… ¿No cree que se está pasando un poco con las leyes de tráfico?

GUARDIA. Creo que el que se las ha pasado todas es usted. No se da cuenta de la gravedad del asunto porque no entiende que las leyes de tráfico están para guardar su propia vida y la de los demás conductores y peatones. (Escribiendo en un cuadernillo.) Esta es la multa por lo que acaba de hacer hoy y aquí tiene otra por la cantidad del otro día. ¡Buenas tardes!

El valor del perdón

10 Minutos y 4 Personajes. Obra de títeres: El joven Bocota ha reñido con un amigo suyo aunque en realidad es él el que ha tenido un mal comportamiento. Su otro amigo Papanata, le comenta que no puede comportarse así y que tiene que aprender a pedir perdón y a cambiar de actitud.


EL VALOR DEL PERDÓN
Cristian Bertín




PERSONAJES

PAPANATA
BOCOTA
TINTÍN
MAESTRO

(El Maestro presenta la obra. Les pide a los chicos que estén atentos a lo que van a ver en esta representación. Es importante que el Maestro esté al lado del titiritero observando todo lo que sucede con los personajes.)

BOCOTA. (Bocota aparece sollozando.) Snif... snif... snif

PAPANATA. Bocota, ¿seguís resfriado?

BOCOTA. Snif... snif... snif, ya se me pasará. Y déjame, que estoy ocupado.

PAPANATA. ¿Si? ¿Qué te pasa?

BOCOTA. ¿No lo ves?, ¿que estás ciego? ¡Estoy llorando!

PAPANATA. Pero, ¿a qué se debe?

BOCOTA. ¡Es que nadie me quiere! Todos me dejan solo...

PAPANATA. Yo estoy a tu lado... y tenés un montón de chicos a tu alrededor.

BOCOTA. Sí, pero Tintín, mi compañero de banco, se enojó conmigo porque yo me llevé a casa su caja de fibras, ¡me las llevé porque él no quiso prestármelas!

PAPANATA. Bocota, ¡eso es robar!

BOCOTA. Entonces, tuve que pelearme con él... le dije de todo, hasta... (Papanata trata de hacerlo callar.) Encima ¡le di cinco trompadas y tres patadas!

PAPANATA. ¡Bocota, eso está mal!

BOCOTA. Y para colmo al llegar a casa, mi mamá se había enterado de todo lo que pasó. Me dio una flor de paliza, me obligó a devolver las fibras y me prohibió salir a jugar por dos semanas. ¡Buah! ¡Buah! ¡Buah!

PAPANATA. (A los chicos.) Chicos, ¿ustedes le darían un aplauso a Bocota?

NIÑOS: ………………………….

BOCOTA. ¿Lo ves? ¡Nadie me quiere!

PAPANATA. Bocota, creo que el que no quiere a nadie, sos vos. ¡Lo que hiciste estuvo muy mal!

BOCOTA. Y, sí... pero muchos chicos también lo hacen.

PAPANATA. Pero igual está mal. (Dirigiéndose al maestro.) ¿No es cierto, maestro?

MAESTRO. Sí, es cierto. Todas esas cosas malas que hizo Bocota, y que a Dios no le gustan, reciben el nombre de “pecado”. Y el pecado nos separa de Dios.

(Se enseña Romanos 3:23 repitiéndolo varias veces.)

PAPANATA. Espero que recapacites Bocota de que lo que hiciste no estuvo bien. Y recuerda lo que aprendimos recién, que las cosas malas que hacemos nos separan de Dios, como las que le hiciste a Tintín, por lo tanto estás lejos de Dios ¡Piénsalo!

(Papanata sale de escena. Bocota se queda solo meditando.)

BOCOTA. ¡Snif! ¡Snif! ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? Si Tintín tuvo la culpa de que yo le pegara por no prestarme las fibras. Se tiene bien merecido las trompadas y las patadas que le di, así se le va lo egoísta. Si vieran, chicos, cómo le quedó la cara, ¡ja! ¡ja!

(En eso llega Tintín.)

TINTÍN. ¡Bocota! ¡Bocota!

BOCOTA. Eh, ¿quién me llama? ¿Quién está ahí?

TINTÍN. Soy yo Bocota, Tintín.

BOCOTA. ¡Qué quieres! Ahh ya sé, vienes a buscar la revancha, bueno dale vení... vení que tengo muchas trompadas y patadas más para darte... vení, vení.

TINTÍN. No, Bocota, no quiero pelear con vos.

BOCOTA. ¿Y entonces? ¿Para qué me llamabas?

TINTÍN. Fui un poco egoísta al no querer prestarte las fibras, por eso te traigo toda mi cartuchera con lápices de colores, microfibras, de todo para que puedas dibujar y pintar lo que quieras.

BOCOTA. Pero... pero yo.

TINTÍN. Usala todo lo que quieras. Eso sí, devolvédmela el lunes la voy a necesitar para la escuela.

BOCOTA. Tintín, pero yo no puedo, yo, yo...

TINTÍN. Te pido disculpas por mi egoísmo, ahora me tengo que ir al dentista, por los dientes que me sacaste ¿te acuerdas? Chau, nos vemos.

(Se va Tintín.)

BOCOTA. ¡Qué tonto que soy! ¿Cómo pude aceptar su cartuchera con todos sus colores? Si yo ¡no me lo merezco! Encima no tuve la valentía de decirle que yo también estuve mal. Se me cae la cara de vergüenza. (Agacha la cabeza y camina de un lado a otro.)

(Aparece Papanata.)

PAPANATA. ¡Bocota!, ¡Bocota! ¡Amigo mío! ¿Cómo estás?

BOCOTA. Déjame, Papanata, no quiero ver a nadie, no merezco nada... nada.

PAPANATA. No digas eso, Bocota, todos cometemos errores y hacemos bien cuando lo reconocemos y pedimos perdón.

BOCOTA. Pero yo no pude, estuve a punto de decirle a Tintín lo mucho que lo sentía y la vergüenza me ganó.

PAPANATA. ¿Cómo? ¿Tintín estuvo con vos?

BOCOTA. Sí, y no me animé a pedirle perdón. Y encima, Tintín me prestó su cartuchera con todas sus cosas. Ahora… ¿Qué hago?

PAPANATA. Lo primeo que tienes que hacer, Bocota, es arreglar tus cuentas con Dios.

BOCOTA. ¿Cómo?

PAPANATA. Tienes que pedirle perdón a Dios por todas las cosas malas que hiciste. Acordate que el pecado te separa de Dios, pero Él quiere estar cerquita tuyo. Es por eso, que envió a su único Hijo, el Señor Jesús, a morir en una cruz para pagar el castigo de todos tus pecados.

BOCOTA. ¿Y cómo hago para pedirle perdón a Dios?

PAPANATA. Simplemente haciendo esta oración conmigo y si ustedes chicos también quieren hacerla, repítanla con nosotros. Cerramos los ojos y agachamos la cabeza.
Oración: Señor Dios, te quiero pedir perdón por todas las cosas malas que hay en mi corazón. Gracias porque un día enviaste a tu Hijo, el Señor Jesús, a morir en la cruz por todos mis pecados. Yo le recibo en mi corazón. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

BOCOTA. ¡Qué bien que me siento, Papanata! ¡Hay un alivio dentro mío, como si me hubieran quitado una carga!

PAPANATA. Es que… ¡Dios te perdonó! A partir de este momento sos un hijo de Él.

BOCOTA. ¡Qué lindo! ¡Un hijo de Dios!

PAPANATA. Así es. Y cada vez que hagas algo malo, Dios está esperando que le pidas perdón, porque Él es bueno para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.

BOCOTA. Ya arreglé mis cuentas con Dios, ahora quiero arreglar mis cuentas con Tintín. Ya mismo le voy a pedir perdón. ¿Vos crees que me va a perdonar?

PAPANATA. ¡Por supuesto que te va a perdonar! Estás haciendo lo correcto, Bocota, porque dice la Biblia que tenemos que perdonarnos unos a otros así como Dios nos perdonó a nosotros por medio de Jesús. Si querés, yo te acompaño.

BOCOTA. ¡Dale, vamos! ¡Chau chicos!

(Se retiran. El Maestro termina con una reflexión final)

Un corazón nuevo

10/15 Minutos y 4 Personajes. Un hombre y una mujer consiguen ser engañados por Satanás para entregarle su corazón. La mujer se da cuenta que Satanás ha ensuciado su corazón y pide perdón a Dios. Cuando Dios les pide sus corazones sólo el corazón de la mujer estará entero.


UN CORAZÓN NUEVO
Juan Carlos Flores Marker

PERSONAJES

DIOS
HOMBRE
MUJER
SATANÁS


VESTUARIO
Dios – Vestido de blanco
Hombre – Vestido de pantalón negro y camisa blanca
Mujer – Vestido de pantalón negro y camisa blanca
Satanás – Vestido de negro

ATREZZO

2 Globos rojos llenos de agua y un globo blanco

El drama inicia con Dios dando la espalda al público y el hombre y la mujer en posición fetal, a Su espalda.

El narrador lee en voz alta Corintios 5:10, al mismo tiempo que Dios se voltea hacia el hombre y la mujer, y les da vida. Les entrega un globo rojo a cada uno (el globo simboliza al corazón) y Cristo/Dios retrocede un poco pero permanece en el centro del escenario dando la cara al público y los demás actores. El hombre y la mujer actúan desplazándose en el escenario con libertad y disfrutando de la vida, cada uno en un extremo del escenario.

Satanás entra y le dice a la mujer que le preste su corazón; le insiste, pero la mujer no acepta, lo reprende y mira a Cristo/Dios quien le da un gesto de apropio. Satanás llega a donde está el hombre y le pide su corazón, el hombre le dice que no y mira a Cristo/Dios quien le da un gesto de apropio. Satanás insiste y le ofrece una revista o algo que simboliza pornografía (como una revista gigante estilo de "Play boy"). El hombre acepta la revista (y da la espalda para no ver a Cristo/Dios) y mientras esta mirándola, no observa cuando Satanás mancha su corazón con el marcador (el hombre sostiene su corazón en la mano donde no esta la revista.)
Satanás regresa a la mujer y nuevamente pide que le preste su corazón, la mujer al principio no acepta, pero le insiste y le ofrece un espejo (representando vanidad u orgullo.) La mujer acepta el espejo y mientras está mirándose no observa cuando Satanás mancha su corazón con el marcador (la mujer sostiene su corazón en la mano donde no está el espejo.) Unos segundos después, la mujer ve su corazón manchado, mira a Cristo/Dios, se da cuenta de lo que ha hecho, se hinca y muestra su corazón a Cristo/Dios pidiendo perdón. Cristo/Dios se acerca a ella tiernamente (sin enojo) y la perdona dándole un nuevo corazón blanco (representando la salvación). A Satanás no le agrada, pero la mujer ahora queda con la mirada fija en Cristo/Dios (quien regresa al lugar donde estaba.) Después Satanás le ofrece al hombre un billete grande (cree uno grande de cartulina y escribe algo como $1,000,000) y mientras está viendo con asombro el billete, no se da cuenta de que Satanás continúa marcando su corazón.
Satanás le pide que jueguen con su corazón, al principio el hombre no quiere, pero Satanás insiste y empiezan a jugar, aventándose el globo, cada vez a mayor distancia, hasta que Satanás lo toma para sí y lo avienta hacia arriba, cada vez más alto. El hombre se preocupa, hasta que Satanás deja caer el globo y éste se rompe (asegúrate de que el globo está bien lleno.) El hombre quiere reclamarle pero Satanás se va.
En ese momento Dios va hasta el centro del escenario, llama al hombre y a la mujer y les pide sus corazones. El hombre le entrega el pedazo de globo roto, pero Dios - con tristeza pero justicia - no lo acepta y lo rechaza. La mujer le entrega el globo y Dios la recibe y sale junto con ella del escenario, a la vez que el narrador lee lo siguiente: -Porque la paga del pecado es muerte... pero... Todo el que confíe en Él no será jamás defraudado... porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo- (porciones de Romanos 6:23 junto con Romanos 10:11 y 13)

Sueño de Navidad

20 Minutos y 12 Personajes + Coro ángeles. Es la historia de un hombre alcohólico a punto de divorciarse que rechaza a Dios cuando un pastor le habla de Él. Está a punto de suicidarse en un hotel una noche antes de Navidad pero Dios le habla a través de un sueño.

SUEÑO DE NAVIDAD

PERSONAJES

PASTOR
JUAN
CARLITA
SUSANA
DIOS
JEREMÍAS
JACOBO
ÁNGEL
NARRADOR
JOSÉ
MARÍA
CORO ÁNGELES


ACTO I

(Se desarrolla en una plaza o parque en donde se encuentra u coro cantando villancicos de Navidad y un pastor repartiendo folletería. Juan va pasando por ahí, un poco desaliñado de su ropa y con fuerte aliento alcohólico. El pastor se le acerca para entregarle un folleto y se presenta el siguiente diálogo. En el fondo el coro canta villancicos navideños.)

PASTOR. Buenas noches, ¿me permite entregarle un folleto?

JUAN. No, esas cosas a mí no me interesan ahora.

PASTOR. Léalo, contiene un mensaje importante para usted. Hablar del lugar al cual iremos después de esta vida.

JUAN. No pierda su tiempo, yo ya sé a donde iré: me voy a ir al infierno por borracho así que no insista, no me interesa hablar de Dios… Ya estoy harto de oír de Dios…

PASTOR. Está bien, vamos a estar viniendo varios días a este lugar por si después le interesa. De cualquier manera, buenas noches y Dios le bendiga.

JUAN. (Refunfuñando se aleja del lugar.) ¡Dios le bendiga, Dios le bendiga! Estoy cansado de escuchar lo mismo. Dios no existe y si existiera no me interesaría saber nada de él.


ACTO II

(Hay dos escenarios: el cuarto de un hotel y a lo lejos la estancia de una casa con un arbolito de Navidad. Primero se ilumina la estancia y aparecen una mujer y una niña.)

CARLITA. Mamá, ¿regresará mañana papá para la cena de Navidad?

SUSANA. No sé, hija, tu padre se fue de viaje y no sé cuándo regresará.

CARLITA. Se fue porque están enojados, ¿verdad? Hace días oí que estaban peleando. ¿Fue por mi culpa, mamá?

SUSANA. No, hija, no fue por tu culpa. A veces los papás peleamos simplemente por tonterías pequeñas que después se hacen grandes, diferencias de opinión pero tú no tienes la culpa. ¿Por qué dices eso?

CARLITA. Es que antes de que se fuera se molestó porque le estaba enseñando un dibujo que hice y me dijo que no le quitara el tiempo.

SUSANA. No le hagas caso… Andaba un poco tomado y cuando anda así no está consciente de lo que dice.

CARLITA. ¿Y por qué le gusta tomar esas cosas, mamá?

SUSANA. Mira, después te explico… Mejor sígueme ayudando para terminar de arreglar el arbolito.

(Se oscurece el cuadro anterior y se ilumina la escena del cuarto del hotel. Ahí se encuentra Juan al lado de una botella de vino y un bote de pastillas. Poco a poco va apareciendo una persona disfrazada de serpiente que observa atento la escena. Juan toma el bote de pastillas, lo mira fijamente y pone una gran cantidad en su mano. Las lleva a la boca y la serpiente sonríe.)

JUAN. (Avienta las pastillas al suelo.) No puedo tomarlas, ni siquiera eso puedo hacer bien. Estoy sólo en navidad, mi familia no me quiere, estoy convertido en una piltrafa. Dios, si de verdad existes, contéstame, ya no quiero vivir así, ayúdame, por favor. (Se duerme tirado en el suelo. La serpiente empieza a rodear a Juan cuando se escucha una voz fuerte.)

DIOS. Por cuanto me buscaste de todo corazón, me hallarás y yo te ofreceré una nueva vida.


ACTO III

(Juan aparece en el desierto. Al lado de unos pastores que estaban platicando en las vigilias de la noche. Vestido con ropa de pastor relativa a la época del nacimiento de Jesús despierta sorprendido.)

JUAN. ¿Qué está pasando aquí?

JEREMÍAS. No pasa nada, sólo fue el sonido de una lechuza. Vuélvete a dormir.

JUAN. ¿En dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes?

JACOBO. Te hizo daño la cena. ¿No nos reconoces? Somos tus hermanos: Jacobo y Jeremías y estamos cerca de la ciudad de Belén.

JUAN. ¿Soy un pastor? No pude ser, ahora sí Dios se equivocó. Esto no puede estar pasando…

JEREMÍAS. Hermano, Dios nunca se equivoca. Tal vez tuviste un mal sueño, vuélvete a dormir.

JUAN. Yo no soy su hermano y no vivo en esta época. Vivo el en siglo XXI.

JACOBO. ¿Qué es un siglo XXI?

JUAN. El siglo XXI, muchos años después, carros, civilización, televisión…

JEREMÍAS. Ahora sí que te estás volviendo loco o te pasaste con el vino, hermanito.

JUAN. No puede ser, reencarné y otra vez tengo fama de borracho.

JACOBO. No te preocupes, vuélvete a dormir y quizás despiertes en el lugar ése que dices.

(De pronto se ve una luz muy brillante. Aparece un ángel en lo alto y los pastores se asustan.)

ÁNGEL. No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. “Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

(Enseguida aparecen más ángeles en el cielo y contestan a coro.)

ÁNGELES. “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad”.

(Se escucha como música de fondo ‘Gloria in Excelsis Deo’. Cuando terminan de decir eso desaparecen y se oscurece el escenario. De nuevo se enciende la luz y aparecen los pastores en un diálogo.)

JEREMÍAS. Vamos a Belén a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.

JACOBO. Sí, vamos rápido.

JUAN. Esperen, ¿cómo que vamos a Belén? Yo tengo que regresar a donde vivía. Yo no quiero ir.

JEREMÍAS. ¿No entendiste el mensaje? Ha nacido el mesías en Belén. Hoy se cumple lo dicho por el profeta Miqueas: “Pero tú, Belén Éfrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.

JACOBO. Dios ha manifestado su gloria el día de hoy al enviarnos este mensaje a través de sus ángeles. Tenemos que ir a ver al niño y ofrecerle nuestra adoración pues es el Salvador que ha estado esperando nuestro pueblo por mucho años. Él es el libertador.

JEREMÍAS. Nosotros vamos, ¿quieres acompañarnos?

JUAN. Está bien, voy con ustedes.



ACTO IV

(Se desarrolla en un pesebre rodeado de paja en el cual aparecen José, María y el niño Jesús. Cerca de ahí van llegando los pastores.)

NARRADOR. Por aquellos días, Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio Romano. Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo. También José, que era descendiente del Rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad de David para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta y mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.

JACOBO. Parecer ser que es allá. Vamos a verlo.

JUAN. Esperen, yo no puedo acercarme a Él: soy un gran pecador.

JEREMÍAS. ¿Por qué lo dices?

JUAN. Siempre he creído que existe Dios pero jamás lo he obedecido en nada, al contrario, mi vida está llena de egoísmo, de rebeldía, incluso he llegado a maldecirlo. No creo que quiera verme.

JACOBO. A Dios no le importa cómo ha sido tu vida. Todos aquí hemos pecado de alguna forma contra él sin embargo, si nos arrepentimos y le buscamos de corazón El no nos echará fuera.

JEREMÍAS. Sí, Juan, no pierdas la oportunidad de encontrarte con el Salvador. Él ha venido a este mundo a mostrarle el amor de Dios para con nosotros. ¡Vamos a verlo, no perdamos más tiempo!

(Los pastores se acercan al pesebre y se arrodilla viendo al niño y a su padres.)

JOSÉ. Hombre, ¿por qué hacéis esto?

JACOBO. Estábamos cuidando nuestros rebaños en la noche cuando de pronto se apareció un ángel y nos dijo que había nacido en la ciudad de David un Salvador que era el Cristo y que lo encontraríamos envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Por eso hemos venido a adorarle.

JOSÉ. María, ¿has escuchado lo que dice este hombre?

(María asiente con la cabeza.)

JUAN. ¿Puedo acercarme a ver al niño?

JOSÉ. Claro que sí.

(Juan está unos momentos cerca de Jesús y se queda en silencio. Después se aleja de la escena pensativo y se coloca en un extremo del escenario.)

JUAN. No lo entiendo, me miraste sin reprocharme nada a pesar de lo mucho que te he rechazado. ¿Por qué viniste a este mundo de esta forma? ¿Por qué te humillaste naciendo en este pobre lugar?

(De pronto se escucha otra vez una fuerte voz.)

DIOS. Juan, tienes mucho que aprender. Mi amor por ti es tan grande que excede tu entendimiento. Mi hijo Jesús tuvo que venir al mundo en forma de un pequeño que al tiempo cumpliría una misión muy importante: entregar su vida a cambio del perdón de los pecados de la humanidad.

JUAN. (Temeroso.) Pero Señor, soy un pobre borracho que ni siquiera es capaz de dejar de tomar. No merezco tu perdón.

DIOS. Para mí eres alguien valioso, yo conozco tus pecados. He estado presente cuando cometías cada uno de ellos pero sé que ahora tu corazón está arrepentido y si tú los confiesas y me pides perdón sinceramente yo te perdonaré y te limpiaré de tu maldad. Necesitas reconocer a mi hijo Jesucristo como el Señor y Salvador de tu vida, sólo a través de su sacrificio podrás ser salvo y tener paz. Si me buscas todos los días, te prometo caminar a tu lado y a través de mi santo espíritu te daré fuerzas para salir adelante y vencer la tentación.

JUAN. Sí, Señor, perdóname, por favor, ya no quiero ser igual, quiero que tu hijo Cristo entre en mi vida.

(Se oscurece la escena y se cierra el telón.)



ACTO V

(El escenario es el comedor de la casa de Juan, en donde se encuentran Susana y su hija sentadas a la mesa la noche de Navidad. De pronto se escucha el sonido de la puerta. Juan aparece con unas cajas de regalos.)

SUSANA. Hija, están tocando, abre, por favor.

CARLITA. ¡Mamá, mamá, mira quién llegó!

SUSANA. ¿Quién es, Carla?

JUAN. Soy yo, tu esposo.

SUSANA. ¿Qué haces aquí?

JUAN. Carlita, por favor, ve a tu cuarto un momento, tengo que hablar con tu mamá a solas.

CARLITA. Está bien, papá, pero, ¿te vas a quedar, verdad?

JUAN. Sí, me reciben claro que sí.

(Sale Carlita del escenario.)

JUAN. Vengo a pedirte perdón por todo el mal que te he hecho a ti y a mi hija. Quiero decirte que estoy dispuesto a cambiar.

SUSANA. Eso dijiste la última vez y volviste a caer en el alcohol. ¿Por qué debo creerte ahora?

JUAN. Ahora es diferente. Estos días tuve una experiencia que cambió por completo mi vida. Me reconcilié con Dios, tuve un encuentro muy especial con el Señor Jesucristo y lo acepté como Señor y Salvador de mi vida.

SUSANA. Pero si tú ni crees en Dios.

JUAN. Eso decía yo, pero en mi desesperación Dios tuvo misericordia de mí y me escuchó y a través de un sueño pude comprender cómo Dios expresó su amor por mí al mandar a su hijo Jesús a la tierra con un propósito: Salvar a la humanidad de su pecado no importándole el pasar dificultades, sufrir pobreza, frío, convertirse en humano como nosotros para que pudiéramos conocer a Dios a través de él.

SUSANA. Pues sí te escuchas diferente y eso del sueño es muy raro pero, ¿eso también significa que vas a dejar la bebida?

JUAN. Sí, estoy seguro que voy a logarlo con la ayuda de Dios. Antes luchaba yo solo y por eso no podía dejar de ser esclavo del alcohol pero ahora me doy cuenta que ese vicio lo único que hacía era matarme lentamente y alejarme de lo que más quiero que son ustedes: mi familia.

SUSANA. ¡Ay, Juan! Es que nos has hecho tanto daño… que no sé si pueda perdonarte.

JUAN. Sólo déjame intentarlo. Yo sé que soy una persona diferente y te lo voy a demostrar.

SUSANA. Está bien, vamos a intentarlo de nuevo. ¡Carlita, ponle un plato en la mesa a tu papá para que cene con nosotras!

CARLITA. ¡Sí, mamá, ahora lo llevo!

(Se escucha música mientras se acomodan para cenar.)

JUAN. Antes de cenar quiero que hagamos una oración para darle gracias a Dios por estar todos juntos: Señor, gracias por mi familia, gracias por esta noche, gracias por haberme traído de vuelta y rescatarme de la muerte, permite que esta Navidad podamos celebrar su verdadero significado: el regalo de salvación que tú tenías para nosotros, bendice los alimentos y quédate en nuestra casa. Amén.

(Se cierra el telón mientras se escucha un canto, posteriormente se hace un llamamiento al público y se entrega folletería.)

El payaso triste

5 Minutos y 2 Personajes. Detrás de las risas de un payaso se esconde una vida de sufrimiento y desilusión. El encuentro con Jesús le traerá felicidad.



EL PAYASO TRISTE
Christopher García Peñaranda

PERSONAJES
PAYASO
JESÚS

PAYASO. (Se despide de los niños y se acerca hacia una silla con un espejo.) Adiós niños, sí, adiós, pronto nos veremos. ¡Ay, qué cansancio! Estos niños eran muy revoltosos, no me dejaron en paz ni un momento, estoy muy cansado. ¡Qué vida que tengo! Si estos niños supieran todo lo que me ha pasado... Que detrás de estas pinturas mi corazón está triste y esta máscara sólo la uso para ocultar mis penas. Los recuerdos de mi niñez no me dejan vivir, hasta hoy recuerdo cuando mis papás llegaban borrachos todas las noches y en días de fiesta ni siquiera llegaban. Al día siguiente se aparecían diciendo que se habían perdido. Las golpizas que me daban cuando llegaban a casa me dolían mucho; eran tremendas. ¡Cuánto odio a mis padres! Hasta que llegó un día en que ya no pude aguantar más y decidí escaparme de mi casa. Fue mejor vivir en las calles que soportar los golpes y las borracheras de mis padres, ¡extraño a mis hermanitos! ¿Cómo estarán?Pero por otro lado, en las calles soporté el desprecio de las personas y dormía bajo los puentes. Empecé vendiendo dulces para vivir pero de todos lados me corrían. Después me regalaron una cajita de lustrar y me puse a lustrar zapatos; esto me permitió ganarme algunos pesitos, pero era un trabajo duro y a veces el grupo del Charly, un lustrabotas bastante mayor, me robaba el dinero. Recuerdo que fue en las calles cuando empecé con este negocio de ser payaso. Sufrí mucho y aprendí a no confiar en nadie, y también, a no amar a nadie, todos me fallaron yo crecí solo y llegué hasta donde estoy solo. Me hubiera gustado estudiar... Ahora duermo en un pequeño cuarto, que es mejor que dormir en los puentes. Vivo haciendo reír a los niños, pero cuando los veo reír junto a sus padres, mi corazón revienta de rabia porque mis padres nunca estuvieron conmigo en ninguno de mis cumpleaños. Pero siempre digo: “¡Vamos a jugar chicos con el payaso Chinchulín!” Pero mi corazón no deja de llorar. Ninguno de ellos se imagina mi sufrimiento y mi dolor ¡La función debe continuar!

JESÚS. Hijo mío, yo conozco tu sufrimiento.

PAYASO. ¿Quien está ahí? Salga de donde está.

JESÚS. Yo siempre estuve contigo y conozco tu dolor. ¡Ven a mí y yo sanaré tus heridas!

PAYASO. Ya, en serio ¿quién es? ¿Qué quiere?

JESÚS. Tu vida.

PAYASO. ¿Mi vida? ¡Uy! Ahora sí que estoy loco, ¿y cuánto pagaría por mi vida?

JESÚS. ¡Mi sangre!

PAYASO. ¿Quién eres tú?

JESÚS. Soy Jesús y quiero sanar tu corazón.

PAYASO. ¿Eres real o estoy soñando?

JESÚS. Soy real.

PAYASO. No puede ser que me hayas escuchado. Y si eres tan real, ¿por qué mi vida fue un desastre y nunca estuviste conmigo? ¿Dónde estabas cuando más me necesitaba?

JESÚS. Siempre intenté acercarme a ti y sanar tu vida.

PAYASO. ¿Cómo?

JESÚS. Sí, muchas veces mis hijos fueron a tocar la puerta de tu casa… Tú sólo eras un niño y tu mamá siempre les dijo: “estoy ocupada y no quiero oír nada de religión.”

PAYASO. Sí, ya recuerdo.

JESÚS. Quise llegar a ti, pero te burlaste de Óscar cuando se acercó a hablarte de mí.

PAYASO. Ah sí, el cristianito, siempre me burlaba de él.

JESÚS. Ahora quiero sanar tu vida.

PAYASO. ¿Cómo? ¿Eres mago? Además, yo hice cosas malas y no lo merezco.

JESÚS. Yo di mi sangre por amor a ti, pero tienes que creer en mí y dejarme entrar en tu corazón, y seguir mis enseñanzas.

PAYASO. ¡No sé qué hacer!

JESÚS. Te amo, no importa cómo seas, arrepiéntete de tus pecados y ábreme tu corazón y tus pecados serán perdonados. Te amo tanto que hasta di mi vida por ti.

PAYASO. ¿Así tan fácil?

JESÚS. Sí, yo ya pagué por tus pecados, sólo cree en mí.

PAYASO. Bueno, Jesús, (se hinca.) Señor Dios mío, perdóname, me arrepiento de mis pecados, soy un pecador, pero desde este momento te abro mi corazón para que tú guíes mi vida. ¡Te necesito, mi Dios! ¡Te necesito! (Cuando se levanta su rostro tiene alegría.) Gracias, Dios, ya no necesito una máscara, ya no necesito fingir, ahora en verdad soy feliz. ¡Gracias Padre mío tengo un nuevo amor y siempre te seguiré!


Nota del Editor. Al final es indispensable explicar que Jesucristo no nos habla de forma audible, sino que a través de la Biblia podemos conocer acerca de su amor y su sacrificio por nosotros y sería bueno dar un mensaje evangelístico más completo a los que vieron la obra, y hacer la invitación a aceptar a Jesucristo como su Salvador.