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2012 - España
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Daniel y el foso de los leones

10 Minutos y 5 Personajes. Historia de Daniel en el foso de los leones para niños.

DANIEL Y EL FOSO DE LOS LEONES

Crystal Taylor

PERSONAJES

DANIEL
REY DARÍO
CONSEJERO1
CONSEJERO 2
NARRADOR
LEONES. Opcional, los miembros de la audiencia pueden ser usados también.




ESCENARIO. El Narrador está de pie en la parte izquierda del escenario, aparte del resto de la escena. El escenario está separado en tres secciones; la parte derecha es para los dos consejeros y posiblemente después para el foso de los leones (aunque la localización del foso de los leones es flexible.) El centro es donde estará el Rey Darío, y la parte izquierda donde vive Daniel.

ATREZZO y VESTUARIO

Tanto el atrezzo como el vestuario son opcionales, dependiendo de lo que se disponga. Elementos como una corona para el Rey, algo para definir el foso de los leones, y colorear la ropa (por ejemplo los consejeros en negro) harán la historia más interesante y fácil de entender para el público.

(Todos los actores están en el centro del escenario, Daniel está de pie a la izquierda del Rey, y los otros a su derecha.)

NARRADOR. Había una vez un Rey, el Rey Darío, que tenía tres consejeros que estaban encargados de todo su reino. Pero su favorito era Daniel.

(El rey habla sólo con Daniel, ignora a los otros dos que están a su otro lado. Los personajes pueden elegir o no reaccionar ante las palabras del Narrador cuando los menciona, saludando con las manos, etc.)

Los otros dos consejeros tenían celos de Daniel y estaban siempre intentando llamar la atención del rey, pero nada funcionaba.

(Los dos consejeros se van al escenario de la derecha y actúan a medida que el Narrador habla. Daniel se dirige a la izquierda, pero permanece fuera de escena; el rey también está fuera de escena.)

Los dos consejeros se cansaron de Daniel y decidieron que tenían que deshacerse de él. Así que pasearon… hablaron… y pasearon… y hablaron… y volvieron a hablar… y a pasear cuando de repente vieron a Daniel orando con las ventanas abiertas, como hacía siempre tres veces al día.

(Daniel empieza a orar cuando los consejeros empiezan a andar.)

CANCILLER 1. Tengo una idea. (Se amontonan antes de ir al Rey.)

NARRADOR. Así que fueron delante del Rey y le dijeron su idea.

CONSEJERO 2. Que el Rey Darío viva para siempre…

CONSEJERO 1. El más grande entre los reyes, el más grande en todo el mundo.

CONSEJERO 2. Que el Rey Darío viva para siempre.

CONSEJERO 1. Rey Darío, tenemos una idea.

REY. ¿Otra idea? ¿Qué es esta vez?

CONSEJERO 2. Mi poderoso y gran Rey en toda la tierra.

CONSEJERO 1. Señor, sentimos que tú, siendo el más grande entre los reyes, no estás siendo adorado como mereces. Y como tus principales consejeros, miramos por tus intereses y hemos encontrado una forma en la que el más grande de los reyes será adorado como el verdadero Rey que eres (susurrando) y a la vez nos desharemos de Daniel.

REY. Sí, eso es verdad. Yo soy un gran rey y no soy adorado como debiera así que… ¿Cuál es vuestro plan?

CONSEJERO 1. Verá, gran rey.

CONSEJERO 2. Que el Rey Darío viva para siempre…

CONSEJERO 1. Pensamos, gran señor, que durante los próximos 30 días todos tus súbditos tendrán que adorarte sólo a ti. Y si se encuentra a alguno que no te adore sino que adore a otro rey, sea lanzado al foso de los leones (susurrando) y… ¡adiós Daniel!

REY. ¿Qué has dicho?

CONSEJERO 2. Ha dicho adiós Da…

CONSEJERO 1. David, adiós David… un amigo que acaba de pasar por la puerta (hace como que saluda con la mano a un amigo dirigiéndose al público.) Así que, ¿qué te parece, Rey?

REY. ¡Hum! El foso de los leones… no es un poco duro; pero por otra parte así sólo me adorarían a mí, A MÍ y SÓLO A MÍ. Sí pero… no lo sé, dadme un poco de tiempo para pensármelo.

CONSEJERO 1. Grandioso Rey, todo el mundo te adoraría a ti, y SÓLO A TI. Vamos, lo único que tienes que hacer es firmar aquí, en esta línea.

CONSEJERO 2. Majestad, es sólo una firma más en un decreto.

REY. Oh, hum, está bien, lo firmaré.

CONSEJERO 2. Y por los próximos 30 días sólo tú serás adorado en tu reino.

CONSEJERO 1, 2. Y Daniel será nuestro, nuestro y sólo nuestro. (Chocan los cinco.)

NARRADOR. Los dos Consejeros, con su plan en acción, fueron a vigilar a Daniel para cazarle cuando estuviera rompiendo el decreto real.

(Los Consejeros salen del escenario por la derecha y espían a Daniel que está en la parte izquierda del escenario. Después de un rato Daniel se arrodilla y empieza a orar. El Rey Darío está fuera de la escena.)

CONSEJERO 2. Mira, es Daniel y está…

CONSEJERO 1. Está orando. ¡Es perfecto! Está cayendo en nuestra trampa. ¿Sabes lo que eso significa?

CONSEJERO 2. Que está orando…

CONSEJERO 1. Sí, y como está orando ha roto nuestro…, digo el decreto del Rey y le espera el foso de los leones.

(Los Consejeros van corriendo al rey alterados pero pretendiendo que están tristes.)

CONSEJERO 1. Rey Darío, que vivas para siempre, hemos encontrado a alguien que ha roto tu decreto.

REY. ¿Tan pronto? ¿Y quién es?

CONSEJEROS 1 y 2. ¡Daniel! (Chocan los 5 pero lo disimulan aparentando que están muy tristes y están llorando y abrazándose.)

REY. Daniel, no, Daniel no, todos menos Daniel.

CONSEJERO 2. Lo sé, tampoco nosotros nos podíamos creer lo rápido que rompió el decreto pero…

CONSEJERO 1. Pero Rey, tú hiciste el decreto y lo firmaste justo aquí. El decreto dice que todo el mundo y Daniel es parte de ese mundo. No tienes alternativa.

CONSEJERO 2. Tendrá que ir al foso de los leones. (Hace como si llora.)

REY. Lo sé, lo sé… es sólo que Daniel… Oh, Daniel, ¿por qué? Está bien, coged a Daniel y echadlo al foso de los leones.

(Los leones corren hasta Daniel que todavía está orando y lo agarran de las orejas y lo echan al foso. Todo esto es lo que hacen mientras el narrador lo cuenta.)

NARRADOR. Y los Consejeros fueron y cogieron a Daniel y lo echaron a un foso lleno de leones hambrientos.

(El foco se centra en el Rey que está durmiendo.)

Esa noche el Rey no pudo dormir. Estuvo dando vueltas en la cama una y otra vez, contó los leones, y se levantó varias veces y aún así no pudo dormir. No hacía más que pensar en Daniel y lo hambrientos que estaban los leones. La mañana siguiente se levantó temprano y fue a ver cómo estaba Daniel.

(El Rey sigue las instrucciones del narrador y se levanta y va al foso.)

REY. Daniel, Daniel, amigo mío, ¿estás todavía aquí?

DANIEL. Señor, aquí estoy.

REY. ¿Estás bien? ¿Te han mordido los leones?

DANIEL. No, Señor, Dios envió ángeles que cerraron la boca de los leones; pero no he podido dormir muy bien aquí porque las almohadas de aquí son como rocas.

NARRADOR. El Rey ayudó a Daniel a salir del foso. Cuando el rey se dio cuenta de que le habían tendido una trampa envió a Daniel a buscarlos. Daniel fue a buscarlos y trajo a los dos Consejeros…

(Daniel va y trae a los dos Consejeros y de la oreja los echa al foso. Si se considera apropiado los Consejeros y los leones podrían hacer ruido.)

Y los echó al foso de los leones.
Después de que el rey escuchó por boca de Daniel cómo su Dios le había protegido, el Rey ordenó a sus súbditos que sólo adoraran al Dios de Daniel.
Nota de la autora: Esta obra es una gran obra para hacer algo diferente en la historia de los niños en la iglesia, o en un viaje… cuenta la historia de la Biblia tal como sucedió a la vez que resulta divertida e interesante para todos los chavales. Es un drama sencillo y divertido ideal para cualquier edad. Los adultos disfrutan viendo las viejas historias de la Biblia de nuevo, así como los niños. Les deseo que se diviertan poniéndola en escena.

¿Por qué esos gruñidos?

12 Minutos y 3 Personajes. Los consejeros del rey Darío esperan la muerte de Daniel al lado del foso de los leones.

¿POR QUÉ ESOS GRUÑIDOS?


PERSONAJES


CORNELIO

SIMEÓN

NARRADOR



(Cornelio y Simeón miran desde lejos cómo Daniel es conducido al foso de los leones.)

CORNELIO. Bueno, parece que funcionó.

SIMEÓN. ¡Mejor de lo que esperábamos!

CORNELIO. (Riéndose.) ¿Te fijaste en la expresión de la cara de Daniel cuando le informamos de la nueva ley del Rey Darío?

SIMEÓN. Querrás decir de NUESTRA nueva ley. Nosotros engañamos al rey para que firmase esa estúpida orden, de la misma manera que le hemos hecho firmar otras muchas cosas durante años.

CORNELIO. Sí, como esa ley que dice que es ilegal pintar a las ovejas. (Risas.)

SIMEÓN. (Sorprendido.) ¿Eso está en los libros?

CORNELIO. Desde luego, ¿no te acuerdas?

SIMEÓN. (Suspirando.) Entonces, ¿en qué me voy a divertir los sábados por la noche?

CORNELIO. Esta vez ha sido muy fácil convencer a Darío. Me imaginé que si apelábamos a su vanidad, él firmaría ese decreto prohibiendo que cualquiera que se arrodille delante de otro rey que no sea él, por el período de 30 días. Y así ha sido.

SIMEÓN. Sí, y él nunca se imaginó que al firmar ese decreto estaba firmando la pena de muerte de su querido Daniel.

CORNELIO. ¡Por favor, Simeón! No le llames pena de muerte. Es un término que no me gusta. Digamos que le estamos ofreciendo a Daniel la oportunidad de embarcarse en una nueva carrera como domador de leones.

SIMEÓN. (Se ríe) Y ahora va a empezar su entrenamiento, ¿eh?

CORNELIO. Aunque no sé si él llegará a actuar en algún circo. Probablemente acabará hecho pedacitos bajo la presión de su nuevo trabajo.

SIMEÓN. ¿No era esa nuestra idea?

CORNELIO. Me alegro de que lo hayamos perdido de vista. Personalmente me estaba cansando de su asquerosa y podrida actitud.

SIMEÓN. ¿Podrida actitud? ¿Daniel? Pero si él siempre estaba sonriendo.

CORNELIO. Lo sé y es a eso a lo que me refiero. ¿Por qué no podía ser tan miserable como el resto de nosotros?

SIMEÓN. A mí no me gustaba porque siempre actuaba como si fuese la mano derecha de Darío.

CORNELIO. Ese era su cargo oficial.

SIMEÓN. ¡Pero se olvidó de que Darío es zurdo! (Sonríe.) Además, ¿para qué necesitaba Darío a alguien como Daniel? Yo creo que la eficiencia está pasada de moda.

CORNELIO. Bueno, ya no tendremos que competir con Don Perfección nunca más. No ha cumplido la ley y va a pagar por ello.

SIMEÓN. ¡Qué suerte que lo pillamos orando!

CORNELIO. La suerte no tiene nada que ver en esto. Ese fanático iba cada día a la misma hora a la misma ventana y oraba con el mismo fervor tres veces al día. Creo que podrías ajustar tu reloj de sol tomando a Daniel como referencia.

SIMEÓN. Veamos si sus oraciones le ayudan ahora.

CORNELIO. ¿Sabes si los leones están hambrientos?

SIMEÓN. No han comido desde hace una semana.

CORNELIO. Bien, no soportaría que los leones no supieran apreciar esta suculenta cena, especialmente después de todo lo que nos ha costado conseguírsela.

SIMEÓN. No te preocupes. De hecho, creo que puedo oír desde aquí cómo se están relamiendo.

CORNELIO. Eso no son los leones, estúpido, es éste de aquí detrás comiendo galletas. ¡Mira! Darío está dando la señal. ¡Ahora!

SIMEÓN. Pobre Darío, nunca imaginó que estaba siendo engañado y que por su vanidad y poco talento su mejor amigo iba a morir.

CORNELIO. ¡Adiós, Daniel! ¡Que lo pases bien!

SIMEÓN. Allá va, ya lo están metiendo en el foso.

CORNELIO. No puedo mirar, no tengo estómago para esto.

SIMEÓN. Entonces, ¿por qué estás tratando de dibujarlo?

CORNELIO. Son sólo unos apuntes. Los quiero para mi diario. Quiero recordar cómo era Daniel antes de... Antes de que parezca las fichas de un puzzle.

SIMEÓN. Bueno, pues date prisa porque los soldados van a cubrir el foso con una enorme piedra.

CORNELIO. ¿Qué?

SIMEÓN. Mira, el rey Darío está sellando la entrada con su distintivo real. Creo que no quiere ver morir a Daniel.

CORNELIO. Pues, yo sí que quiero y ahora ¿qué esperan que hagamos para divertirnos?

SIMEÓN. ¿Has intentado pintar ovejas?

CORNELIO. Eso no sería tan divertido cómo ver a Daniel mordiendo el polvo.

SIMEÓN. Pero creo que con esa piedra en medio no lo vamos a ver.

CORNELIO. De todos modos me siento bien de que nos hayamos deshecho de Daniel de una vez por todas.

SIMEÓN. Sí, nadie ha logrado sobrevivir después de estar dentro del foso.

CORNELIO. Aún con todo sigo pensando que me gustaría verlo.

SIMEÓN. No eres tú solo, amigo.

CORNELIO. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Te vas a casa o nos quedamos por aquí hasta que se haga de día?

SIMEÓN. ¿Por qué no nos quedamos?

NARRADOR. Y estos dos hombres pasaron la noche vigilando el foso de los leones intentando oír los sonidos de una lucha pero pasaron una velada muy silenciosa y por la mañana los dos estaban muy confundidos.

CORNELIO. Yo no he oído nada en toda la noche, ¿y tú?

SIMEÓN. El único gruñido que he oído ha sido el de mi estómago.

CORNELIO. Creía que habías dicho que los leones estaban hambrientos.

SIMEÓN. ¡Lo estaban! Si no me crees pregúntale al cuidador.

CORNELIO. ¿Te refieres a Jerob, Tres Dedos?

SIMEÓN. No, me refiero a Jerob, Dos Dedos.

CORNELIO. ¡Mira! El rey Darío se acerca.

SIMEÓN. Está ordenando mover la piedra.

CORNELIO. Está gritando algo. ¡Escucha!

SIMEÓN. ¿Puedes entender lo que dice?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¿Qué está diciendo?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¿Puedes entender lo que dice?

CORNELIO. ¡No! ¡Sólo puedo oír lo que TÚ estás diciendo! ¡Cállate de una vez! (Escucha por un momento.) Está llamando a Daniel. Dice: “Daniel, Daniel, siervo del Dios vivo”.

SIMEÓN. Pero, ¿por qué llama a Daniel? Daniel está muerto.

CORNELIO. Pobre rey, debe de estar delirando de pena.

SIMEÓN. ¿Qué más dice?

CORNELIO. ¡Shhh!

SIMEÓN. ¡Dime!

CORNELIO. (Irritado.) ¿Ya empiezas otra vez?

SIMEÓN. Me callaré.

CORNELIO. Dice: “el Dios a quien sirves, ¿te ha salvado de los leones?”

SIMEÓN. Darío no se da por vencido, ¿eh?

CORNELIO. Conmovedor, ¿verdad? El pobre realmente cree que el dios de Daniel es capaz de salvarlo de esos feroces leones.

SIMEÓN. ¡Espera! ¿No has oído decir: “Rey para siempre vive”?

CORNELIO. Probablemente era Darío, ya sabes que a veces habla solo.

SIMEÓN. Pero parecía la voz de Daniel.

CORNELIO. ¡Tonterías!

SIMEÓN. Alguien hablaba desde dentro del foso.

CORNELIO. Entonces quizá alguno de los leones es ventrílocuo.

SIMEÓN. Espera un minuto. ¡Mira! ¡Allí! ¿No es ese Daniel?

CORNELIO. No puede ser Daniel. Ese hombre está en una pieza.

SIMEÓN. Pero, ¡es Daniel! Y mira, sus ropas no están rotas. De hecho parece que ha pasado mucho mejor noche que nosotros.

CORNELIO. Tienes razón, es Daniel. Reconozco su sonrisa. ¿Es que nada deprime a ese chico?

SIMEÓN. ¡Oh, oh! Los guardias nos están señalando.

CORNELIO. ¿Qué hacemos ahora?

SIMEÓN. ¿Les saludamos?

CORNELIO. No seas estúpido.

SIMEÓN. Pues más vale que pensemos en algo rápidamente. Darío no parece muy contento.

CORNELIO. Lo sé y está ordenando a todos los guardias que echen al foso a los que conspiraron contra Daniel.

SIMEÓN. ¿Cómo lo sabes?

CORNELIO. Porque acabo de oírlo.

SIMEÓN. ¿Crees que se refiere a nosotros?

CORNELIO. Me temo que sí, no creo que los guardias vengan hacia aquí para darnos los buenos días (Cornelio y Simeón con guardias imaginario.)

SIMEÓN. Sí, (mira a Cornelio) fuimos nosotros.

CORNELIO. Todo esto era un inteligente plan.

SIMEÓN. (Mira a Cornelio.) ¿Lo fue?

CORNELIO. ¡Eh! ¿No me creéis? Solo queríamos probar el poder del Dios de Daniel y gracias a nosotros, vosotros también lo habéis descubierto, ¿no estáis agradecidos?

SIMEÓN. Bueno, Cornelio, piensa que Daniel sobrevivió al foso.

CORNELIO. Lo sé, pero Daniel tenía a su Dios con él, y nosotros no (mira a la audiencia). Nunca me he sentido tan solo en mi vida. ¿Qué voy a hacer? ¿Quién nos va a ayudar?