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2012 - España
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Historia de una maestra cristiana

13 Minutos y 4 Personajes. Una maestra está muy descontenta con la actitud de una alumno hasta el punto que desearía no tenerlo en su clase. Al tiempo se entera de que su mamá estaba muy enferma y en casa lo estaban pasando mal. A partir de ese momento, la maestra comprenderá cuál es su tarea como educadora.


HISTORIA DE UNA MAESTRA CRISTIANA
Agradecemos a Raquel García el envío de esta obrita. Se trata de la adaptación de otra obra del blog. (Ver obra)



PERSONAJES

NARRADOR
MAESTRA
ALUMNO MAL PORTADO (Judas Aparicio)
MANOLITO
ALUMNOS

NARRADOR. Este día queremos compartir con ustedes una historia que ocurrió hace mucho tiempo. El escenario está ambientado en el aula de Escuela Bíblica Dominical. Se cuenta que en este aula, la maestra aprendió algo que ella no era capaz de enseñar a sus alumnos hasta que pasó algo que le abrió los ojos. Estén muy atentos y vamos a ver lo que ocurrió.

(La escena comienza con los jóvenes alborotados que se arrojan unos a otros boletas de papel. Destaca en el relajo Judas Aparicio. Entra la maestra y ve el cuadro.)

MAESTRA. Por favor, ya está bien, compórtense como es debido. (Dando palmas.) Vamos, vamos, cada uno en su sitio.

(Obedecen todos excepto Judas que desde su sitio sigue arrojando bolas de papel.)

MAESTRA. Judas, por favor, ¿quieres estarte quieto? Revolucionas toda la clase.

(Judas obedece.)

MAESTRA. Bendiciones niños… hoy vamos aprender algo nuevo de la palabra de Dios. Cierren sus ojos vamos a orar.

(Cierran sus ojos y repiten la oración con la maestra.)

MAESTRA. Está bien, vamos a cantar para alabar a nuestro Dios

(Todos obedecen y se ponen a cantar junto a la maestra… pero Judas sigue molestando a los niños que se encuentran a su alrededor y la maestra solo lo observa.)

MAESTRA. Abrid su cuaderno del alumno y vamos a repasar la historia bíblica que corresponde a este día.

(Ojea unos papeles que tiene encima de la mesa. Judas comienza a secretearse con el compañero de al lado. La maestra lo ve y agota su paciencia.)


MAESTRA. Judas, levántate y ponte hacia la pared. Ya me tienes harta. Todos los domingos es igual. (Alzando la voz.) ¡He dicho que te pongas cara la pared!

JUDAS. Pero señorita, Pepito también ha hablado…

MAESTRA. Tú eres el culpable de todo. Eres el ángel negro de esta clase. No me repliques y a la pared.

(Judas se levanta y se pone cara a la pared.)

MAESTRA. (Como en sus pensamientos… pero en voz alta) Dios mío ya no soporto a este niño, yo no paso a traerlo y él es el primero en estar aquí esperando la clase… ya no sé que hacer con él. ¡Ojala el próximo domingo no venga!

NARRADOR. Ahí en la primera fila se sentaba Judas. La maestra observaba a Judas y había notado un cambio brusco en su actitud. También veía que su ropa estaba muy descuidada y que no le haría nada mal un buen baño. Digamos que Judas comenzaba a resultarle un tanto desagradable.

(La escena continua en el aula. Judas continúa castigado y la maestra comienza a hablar como si estuviera pensando.)

MAESTRA. ¡Vaya con el niño éste! No sé qué es lo que le sucede, antes no se comportaba de esta manera… era muy atento a la clase y hoy es todo un demonio, ya me es insoportable. Si por mí fuera no lo dejaba entrar pero bien tempranito está aquí esperando a que abra para dar la clase y para mi desgracia no falta ni un domingo… ¡Ay, Señor! ¿Qué haré…? Creo que este niño me provocará un infarto… Déjame descansar un día, Señor, y que no venga a la clase Judas… ¡Por favor, Señor!

MAESTRA. Bien, entreguen sus manuales para que se los califique y el próximo domingo se los tendré ya con sus notas.

(Comienza a recoger los cuadernos de los niños, uno por uno…. Y los va felicitando a todos. Cuando llega donde Judas le dice, seguramente tú tendrás un cero…. No sabes hacer nada bueno, solo molestar.)

NARRADOR. Y así pasaban los días, Judas haciéndole la vida imposible a la maestra y ella gozando cada vez que tenía que ponerle un cero. Pero un día ocurrió algo que cambió la vida de los dos. En el día de la celebración del día del Maestro, los alumnos tienen costumbre de obsequiar un presente a sus maestros.

(Aparece otra vez la escena de la clase. Todos los niños están en grupo hablando, bromeando y enseñando orgullosos los regalos envueltos en preciosos papeles decorados. Todos excepto Judas que está sólo afanándose en envolver algunos objetos. Entra la maestra.)

MAESTRA. Bien, muchachos. Se acabó la charla. Vamos cada uno a su sitio. (Fijándose en Juan.) ¡Qué raro que esté quieto! Algo estará tramando y seguro que no es nada bueno, pero por lo menos está tranquilo que ya es algo… Bendiciones, vamos a iniciar la clase de hoy.

(Todos obedecen excepto Judas que continúa con su tarea. La maestra lo observa, cuando se le acerca un niño de su clase)

MANOLITO. Hola hermana. ¿Cómo le fue el fin de semana?

MAESTRA. ¡Muy bien, Manolito! ¿Y a ti?

MANOLITO. No muy bien, maestra, porque en esta semana que pasó tuve que desvelarme mucho…

MAESTRA. ¿Por qué te desvelaste, Manolito? ¿Te dejaron muchas tareas en el Colegio?

MANOLITO. No, maestra…. ¿Que no sabe que fue lo que ocurrió hace algunos días?

MAESTRA. No, Manolito, cuéntame… ¿Qué fue lo que ocurrió?

MANOLITO. Es que usted sabe que hace muchos meses la mamá de Judas ha estado muy enferma y que las cosas en la casa de Judas han estado muy mal, porque han tenido muchos problemas. Tuvieron que gastar mucho dinero por la enfermedad de su mamá y ya no tenían quien cuidara de él y de sus hermanos porque su papá tenía que trabajar para que ellos comieran… (Mientras el niño hablaba la maestra se muestra muy sorprendida, porque ella no estaba enterada de todo lo que Judas había estado sufriendo) y entonces fue hasta esta semana que su mamá se murió y como yo estuve en el velorio de ella, por eso me desvelé en esta semana. ¡Ahhh, maestra, y ahora recuerdo que no la vi ni en el entierro!

(El niño se va hacia su asiento.)

MAESTRA. (La maestra se queda pensativa y preocupada.) Ahora encuentro la explicación a la conducta de este joven. ¡Qué mal me ha portado! En vez de hablar con él para ayudarle sólo le he tratado mal y he sido muy grosera con él… Dios perdóname por mi mala actitud, por no haber sido una buena maestra para Judas.

ALUMNO. Señorita, oiga, señorita.

(La maestra sin oír nada continúa con sus reflexiones.)

MAESTRA. ¡Qué egoísta he sido! ¡Jamás me perdonaré el comportamiento que he tenido con este joven!

ALUMNO. Señorita, señorita, ¿le ocurre algo?

MAESTRA. (Volviendo en sí.) ¿Eh? ¿Sí?

ALUMNO. ¿Se encuentra bien, señorita?

MAESTRA. Ah, sí, sí, me encuentro bien. No pasa nada, ¿qué quieres?

ALUMNO. Si le podemos entregar ya los regalos para celebrar su día y la excelente maestra que es.

MAESTRA. Sí, claro, claro. (Los niños van pasando a entregarle sus regalos. Judas sigue afanándose en envolver lo mejor que puede sus regalos. La maestra va abriendo los regalos y va comentando lo que le han regalado.) ¡Qué bonito, Casimira Bellavista! Muchas gracias. ¡Caramba, Petronila! Es estupendo. Mucho me gusta tu regalo Pepito.

(Los niños empiezan a hablar y a reír entre ellos mientras miran y señalan a Judas.)

MAESTRA. ¿Qué ocurre?

ALUMNO. Ya verá, maestra, qué sorpresa le espera… ¡Je, je!

(Judas se levanta con un paquete mal envuelto en un feo papel. La maestra desenvuelve el paquete y encuentra un viejo brazalete y un frasco de perfume a medio terminar. Risas de los niños.)

MAESTRA. (Poniéndose el brazalete.) ¡Basta, ya, muchachos! Es un regalo precioso que me queda muy bien. (Oliendo el frasco y echándose un poquito de perfume.)

JUDAS. Los usaba mi madre. Y ahora usted huele como solía oler mi mamá.

NARRADOR. Aquel día cuando acabó la clase la maestra lloró como nunca antes había llorado. Judas entregándole lo más precioso que tenía y ella incapaz de entregarle un poco de afecto y comprensión. En ese momento la maestra tomó una decisión. Se iba a dedicar en alma y cuerpo a ese muchacho y a todos los demás. Comprendió que enseñar a los niños es mucho más que impartirles matemáticas, literatura o química. Entendió que enseñar era compartir las alegrías y penas, y ayudarles a superar los momentos difíciles de su vida.

(Hacen una pausa para que aparezca en escena Judas y la Maestra… Estudiando)

NARRADOR. A partir de entonces la maestra pasó mucho tiempo con Judas, conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro empezó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido. A final del año Judas se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase. Un día, la maestra encontró encima de su mesa una nota firmada por Judas, que decía. “Es usted la mejor maestra que he tenido en mi vida”.

Pasaron los años y la maestra y Judas seguían manteniendo relación mediante cartas.
Judas le iba contando sus progresos y la maestra estaba muy orgullosa de él. La historia no termina aquí…

Judas envió una carta a su maestra preferida, diciéndole:
“QUERIDA MAESTRA…
POR FIN HE ACABADO MIS ESTUDIOS EN EL INSTITUTO BÍBLICO Y AÚN ASÍ SIGO PENSANDO QUE ES USTED LA MEJOR MAESTRA QUE HE TENIDO EN MI VIDA.
MUCHAS GRACIAS POR CREER EN MÍ, POR HACERME SENTIR IMPORTANTE Y MOSTRARME QUE YO PUEDO HACER LA DIFERENCIA.
TENGO UNA BUENA NOTICIA QUE DARLE: MI NOVIA Y YO HEMOS DECIDIDO CASARNOS Y YA TENEMOS LA IGLESIA EN LA CUAL SERVIREMOS A DIOS COMO PASTORES, NOS GUSTARÍA QUE USTED FUERA LA MADRINA DE NUESTRA BODA.”

A esta carta la maestra le contestó con otra que le decía: “ME HIZO MUCHA ILUSIÓN RECIBIR TU CARTA Y ME ALEGRO DE QUE TE CASES Y POR SUPUESTO, ME ENCANTARÁ SER TU MADRINA. JUDAS FUISTE TÚ, QUIEN ME ENSEÑÓ QUE YO PUEDO HACER LA DIFERENCIA. ADEMÁS, NO SABÍA CÓMO EDUCAR HASTA QUE TE CONOCÍ”.

Y así acaba la historia de esta maestra que aprendió una lección que ella no era capaz de impartir.

CONCLUSIÓN:
Recuerda que donde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de tocar o cambiar los sentimientos de alguien. Trata entonces de hacerlo de a la manera que Jesús lo haría.

¡¡Bendiciones!!

El sustituto

8 Minutos y 3 Personajes. Adán y Eva reflexionan sobre su situación después del asesinato de Abel y le dan gracias a Dios por darles otro hijo. Inspirada en la siguiente predicación AQUÍ


EL SUSTITUTO
loidasomo@gmail.com



PERSONAJES

ADÁN
EVA
BEBÉ


(Adán y Eva están mirando al bebé.)

EVA. Es bonito, ¿verdad?

ADÁN. Sí, mucho.

EVA. ¿Crees que se parece a él?

ADÁN. No lo sé, pero es tan manso como él.

EVA. ¡Cuántas gracias debemos darle a Dios!

ADÁN. Ha sido misericordioso con nosotros y nos ha dado otro hijo.

EVA. Yo pensaba que íbamos a perder toda esperanza cuando murió Abel.

ADÁN. Y yo. (Pequeña pausa.) Ninguno de nuestros hijos era como él y ha dejado un vacío en mi vida que a veces me cuesta llenar; su obediencia y mansedumbre me llenaban de felicidad. Desde pequeños los observaba y aunque veía que eran distintos, jamás pensé que esto fuera a pasar. (Pausa.) ¿Sabes? A veces no culpo a Caín por lo ocurrido sino a mí mismo. ¿En qué he fallado como padre? ¿Cómo no he sabido enseñarle mejor? Cuantas veces pienso que si no hubiera desobedecido a Dios viviría libre de esta congoja que me oprime el pecho a todas horas. ¿Qué hemos hecho, Eva? ¿Qué hemos hecho?

EVA. Desobedecer a Dios. (Pausa.) Durante mucho tiempo me sentía víctima de un engaño: “La serpiente” me decía, “ella me engañó”, “ella era la instigadora, la culpable y no yo” pero me engañaba, porque el único causante del desastre fue MI codicia, el querer ser como Dios. ¿No nos enseñaba Él lo que era pecar? ¿No nos enseñó entre sus preceptos que la codicia no era buena? Pues no sólo codicié, sino que robé lo que no era mío, os mentí a los dos y deshonré a mi Padre celestial. En un momento, un pecado desencadenó otro y me enredé en un círculo vicioso en el que Dios no tenía cabida.

ADÁN. ¡Ojalá pudiera retroceder atrás! ¡Ojalá! Pero esas son sólo vanas ilusiones.

EVA. Ahora sólo podemos seguir adelante y reflexionar en lo ocurrido para no volver a caer en los mismos errores. Debemos seguir y obedecer fielmente las instrucciones de Dios en nuestras vidas.

ADÁN. Tienes razón, Eva. Sólo obedeciendo su palabra podemos vivir en perfecta armonía. ¿Cómo no lo puede ver el maligno?

EVA. Él odia a Jesús.

ADÁN. ¿Cómo puede odiar al Hijo de Dios? Sólo hay amor en su mirada. Su presencia nos llenaba de una alegría y paz interior que no he vuelto a tener desde Edén. ¿Por qué todo esto? No lo llego a entender…

EVA. Yo tampoco alcanzo a entenderlo todo…

ADÁN. ¿Sabes? Muchas veces pienso en Caín y me pregunto dónde estará, qué hará y sobre todo si se habrá arrepentido. ¿Crees que se habrá arrepentido? ¿Será consciente del daño que nos ha causado?

EVA. No lo sé, Adán. Supongo que si se hubiera arrepentido habría venido para pedirnos perdón y desde que se fue, jamás ha vuelto a casa.

ADÁN. Me duele tanto no haber sido un padre mejor; no haberle sabido transmitir el amor hacia Dios y su ley. ¿Te acuerdas cuántas veces los llevaba a las puertas del Edén para mostrarles todo lo que habíamos perdido?

EVA. Claro, ¿cómo olvidar sus caras al ver las maravillas que las puertas dejaban ver?

ADÁN. ¿De qué han servido las lágrimas que derramábamos en los sacrificios?

EVA. No lo sé, cariño, pero cada día que pasa veo más y más el alcance de nuestro pecado.

ADÁN. Y yo. Cuando veo caer las hojas de los árboles cada otoño se me parte el corazón y por más que pasen los años, no logro acostumbrarme.

EVA. Yo me sentí así cuando los animales se empezaron a matar entre sí y a comerse…

ADÁN. Y lo peor estaba por llegar: la muerte de Abel.

EVA. (Pausa.) ¿Cómo crees que se sentirá Dios?

ADÁN. Me imagino que peor que nosotros.

EVA. Desde que tuvimos a los niños, comprendo mejor el amor de Dios hacia nosotros.

ADÁN. Cuando Caín mató a Abel, tuve sentimientos encontrados: sentía repulsa, dolor, pero lo seguía queriendo… ¿Será parecido el amor de Dios hacia nosotros?

EVA. ¡Cuánto me gustaría volver a hablar con Dios como lo hacíamos antes! ¡Cara a cara! (Hacia el Cielo.) ¡Padre!, aunque ahora no te vemos sé que nos escuchas… (Con los brazos extendido.) Gracias por tu infinito amor…

(Adán la toma de las manos y la invita a orar.)

ADÁN. Gracias por darnos otra oportunidad.

EVA. Señor, cuida a Caín, sólo tu puedes cambiarle su corazón y hacerle que vuelva a ti.

ADÁN. Padre, danos sabiduría para educar a nuestros hijos y en especial a Set.

EVA. ¡Amén!

ADÁN. ¡Amén!

EVA. Dios es grande, Adán, pensaba que Abel derrotaría a la serpiente, como Dios nos dijo en Edén y al morir él pensé que todo se iba a acabar allí pero Dios nos ha dado un sustituto: “Set”.

ADÁN. Ahora comprendo más su amor; aunque somos pecadores, Él nos ama tanto que no nos abandona en nuestras miserias y busca soluciones para librarnos del malvado. (Coge al bebé en sus brazos.) ¡Oh, pequeñín! (Lo besa.) ¡Cuánto te queremos! Pero tienes un Padre que te quiere aún más que nosotros. Él te ha creado con un propósito. ¡Alabado sea Dios!

EVA. Por siempre, amén.

El tiro de gracia

15 Minutos y 4 Personajes. Una joven es atosigada por su madre. Continuamente es maltratada, pegada y humillada por lo que se plantea el suicidio.


EL TIRO DE GRACIA
José Andrés Varela Montenegro


PERSONAJES

GRETTEL
MAMÁ
VERÓNICA
VIDA


ESCEARIO: Es muy simple, sólo una silla.


ACCIÓN

(Música: La pista Nº 1 del CD El Tiro de Gracia. Deja que corra unos 30 segundos, la baja poco a poco y pone la Nº 2. Cuando llega a veinte segundos enciende la luz Nº 11 poco a poco, y luego la Nº 13.

(Las luces se encienden, el escenario está vacío, solo una silla en el centro del escenario.)

GRETTEL. (Entra por la izquierda, con un salveque en la mano, su paso es muy apresurado. En su rostro se nota tristeza.)

MAMÁ. (Entra detrás de Grettel muy molesta. Trae un examen en la mano derecha. Está muy enojada.) ¿Qué está pasando, Grettel? ¿Qué significa esto?

GRETTEL. Pero es un simple examen mamá, no es el fin del mundo.

MAMÁ. (La empuja. Le grita.) ¿Cómo te atreves a responderme con esa insolencia?

GRETTEL. (En el suelo.) Mami, no exageremos, que no es una mala nota.

MAMÁ. (La levanta muy groseramente del suelo.) ¿Qué no es una mala nota? Mira. (Le enseña el examen.) ¿Qué nota dice que sacaste?

GRETTEL. (Con voz temblorosa.) Un ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (Enojada.) Más alto.

GRETTEL. (Respira profundo, tratando de no llorar.) Ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (La toma del pelo y la levanta.) Que lo digas más duro, que no te escucho.

GRETTEL. (Grita.) Ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (Le da una cachetada.) No seas insolente y no me alces la voz, malcriada.

GRETTEL. (Mira a su mamá con odio, mientras se acaricia la cara.)

MAMÁ. Y eso no es todo, me llaman del colegio para decirme que te habías peleado con otra compañera. ¿Cuándo te he enseñado a pelear? ¿Cuándo me he puesto a hacer el ridículo dándome de golpes con otra mujer?

GRETTEL. ¿Te respondo?

MAMÁ. (La amenaza.) No me vuelvas a hablar con esa insolencia, o te pego un manazo y te rompo la boca, malcriada.

GRETTEL. (Se sienta en la silla y no dice nada.)

MAMÁ. ¿Quiero saber por qué te peleaste en el colegio como una vieja de patio?

GRETTEL. (Grettel no dice nada.)

MAMÁ. A ver, ¿por qué no me respondes?

GRETTEL. (Sigue callada.)

MAMÁ. (Se enoja y la empuja de nuevo.)

GRETTEL. (Del empujón se cae de la silla.)

MAMÁ. (Le grita.) Que me respondas te dije, o te rompo la boca a manazos hasta que me contestes.

GRETTEL. (Poniéndose de pie.) Me dijiste que no te respondiera y ahora me quieres pegar porque no te respondo. Entonces mami, ¿cómo es la cosa?

MAMÁ. (Levanta la mano de manera amenazadora.) No me venga con pachucadas que no lo pienso una vez para volarle su buen manazo.

GRETTEL. (Retando a su mamá.) Pégueme señora, pégueme, y si puede máteme, que ya no soy su hija, porque usted quiere una hija perfecta. ¿Por qué mejor no se compra un robot y lo programa para que siempre le saque cienes y noventa y cincos; que nunca se enoje, que nunca proteste, que no diga nada cuando usted le pega y quiera defenderse...?

MAMÁ. (Le da una cachetada.)

GRETTEL. (Sigue hablando.) O mejor se compra un saco de boxeo para que practique, porque resulta que mi cara no es tan resistente como lo es un saco de boxeo, o bien...

MAMÁ. (Enojada.) Ya basta, cállese, mocosa, no siga. Está castigada, no me sale en un mes.

GRETTEL. Me da igual, nunca salgo porque tengo que pasar clavada en el escritorio para poder traerle sus cienes y noventa y cincos.

MAMÁ. (Levanta la mano.)

GRETTEL. (La reta.) Sígale, sígale, pégueme, descárguese conmigo, que yo tengo la culpa que papá se haya cansado de sus insolencias, que las vecinas no le hablen por los constantes agarronazos con ellas, sígame pegando.

MAMÁ. (Baja la mano.) Ojalá te murieras, mocosa, para que pagues esa insolencia y falta de respeto hacia tu mamá. Que Dios te castigue.

GRETTEL. (Recoge el salveque del suelo.) No se preocupe señora, Dios escuchó su petición.

MAMÁ. (Molesta.) ¡Uy! mocosa insolente. (Sale por la derecha.)

GRETTEL. (Con el salveque muy agarrado. Se sienta en la silla. Mira hacia todos lados. Se escucha el latido de un corazón. Abre el salveque poco a poco, muy despacio, como dudando, con miedo. Luego mete la mano y busca algo, cuando lo tiene lo saca poco a poco. Saca una pistola. Deja caer el salveque. Mira la pistola y cierra los ojos.)

(Música: La pista Nº 3 del CD El Tiro de Gracia. Cuando Grettel abraza la pistola, la baja poco a poco, que quede de fondo.)

(Se apagan las luces, y sólo queda un reflector de piso encendido.)

VERÓNICA. (Entra por la derecha, vestida con el uniforme del colegio. Le habla a Grettel de manera burlona.) Qué rico que sacaste esa nota para que dejes de jugar de viva con tus cienes. ¿Sabes? Me tienes cansada, sapa modorra, nerda anémica, brocha desmechada.

GRETTEL. (Cierra los ojos con más fuerza, y se aferra más a la pistola.)

VERÓNICA. ¿Sabes, renerda? Me gustaría verte muerta. Sí, muerta.

GRETTEL. (Llora.)

VERÓNICA. No te soporto, cada examen que sacas bueno, digo bueno, requete excelente… ¿Sabes? Me revuelve el estómago y deseo con todas mis fuerzas que desaparezcas de este mundo. Le pido a Dios con todas mis fuerzas que te mueras.

GRETTEL. (Con los ojos bien cerrados.) No te preocupes, Verónica, tus deseos se van a hacer una realidad.

VERÓNICA. (Queda en TOC.)

(Música: La pista Nº 4 del CD El Tiro de Gracia. Deja que corra unos 15 segundos y la baja poco a poco, que quede de fondo.)

VIDA. (Entra vestida de blanco, saltando muy alegre. Rodea a Grettel.)

GRETTEL. (Sigue con los ojos bien cerrados.)

VIDA. No dejes que nadie te robe la paz. No busques la salida más difícil. No te equivoques en pensar que lo que vas a hacer es la salida más fácil. Puede ser rápida, pero a la postre será la más dura. Cuando mueres, ya no hay vuelta de hoja.

GRETTEL. (Se tira al suelo, y cae de rodillas. Está llorando.)

VIDA. Hay otra salida, y la conoces muy bien. Desde que eras una bebé has escuchado quien es la mejor salida, quizá no es la más rápida, pero sí la mejor. Él te está esperando con los brazos abiertos. Escúchalo.

GRETTEL. (Sigue llorando.)

VIDA. Como quisiera que me pudieras escuchar, cuantos adolescentes como tú toman la decisión equivocada porque no hay quién les hable. (Mira al cielo.) Haz algo, por favor, no permitas que me destruya, yo quiero seguir acá, quiero vivir. Yo sé que aun no es el tiempo de partir.

MAMÁ. (Entra. Le grita a Grettel.) Mocosa insolente, ¿por qué no te mueres?

VIDA. No, mamá, no me digas así, por favor. Me hieres.

MAMÁ. No sé por qué naciste, en qué estaba pensando yo para querer traerte a este mundo.

GRETTEL. (Llora con más fuerza.)

VIDA. Porque Dios me tiene entre sus planes, pero por favor, no sigas, que me matas poco a poco.

MAMÁ. Ojalá te murieras mocosa, para que pagues esa insolencia e irrespeto hacia tu mamá. Que Dios te castigue.

VIDA. (Cae de rodillas.) No, Dios no me quiere castigar, Dios me ama.

MAMÁ. (Se queda en TOC.)

VERÓNICA. (Sale de su estado en TOC. Le habla a Grettel.) Muérete infeliz, quiero verte muerta porque no te soporto. No soporto que seas inteligente, porque yo no puedo.

VIDA. (De rodillas.) Sí, lo eres, eres inteligente, sólo tienes que estudiar y esforzarte, pero por favor, no me maltrates, yo no me quiero ir.

(Música: Sube la música.)

GRETTEL. (Se incorpora, pero sigue de rodillas. Mira la pistola. En su rostro se ve la tristeza y la desesperación.)

VIDA. No, Grettel, no lo hagas, yo quiero seguir acá, por favor, no lo hagas, aún tenemos mucho por delante para seguir juntas.

VERÓNICA. Muérete.

MAMÁ. (Sale de su estado en TOC.) No te quiero, mejor muérete.

(Música: La pista Nº 5 del CD El Tiro de Gracia.)

GRETTEL. (Se pone la pistola en la sien derecha, sus manos tiemblan, cierra los ojos.)

MAMÁ. No eres mi hija. Mejor es que te mueras.

VERÓNICA. No te soporto, mejor muérete.

VIDA. No sigan por favor, se lo pido. (Desesperada.) Si me pudieran escuchar. Está bien que me han maltratado mucho, que me han herido, que me han humillado y ofendido, pero no me quiero ir, quiero seguir acá.

MAMÁ. Muérete.

VERÓNICA. Muérete.

VIDA. ¡No!

GRETTEL. (Cierra los ojos con más fuerza y dispara.)

(Las luces se apagan de inmediato, escuchándose el disparo. Luego se escucha un corazón palpitando.)

(Música: La pista Nº 6 del CD El Tiro de Gracia.)


FIN

Como buey al matadero

10 Minutos y 3 Personajes. Tres adolescentes comentan lo que ven en un libro poco recomendable para chicos. Uno de ellos acusa al resto de ser poco hombres por no querer ir a ver una película con contendido sexual pero un joven se mantiene firme en su identidad.


COMO BUEY AL MATADERO




PERSONAJES

DAVID
KEVIN
SEBASTIAN



ESCENARIO
Tres sillas colocadas en el centro del escenario


(Kevin está sentado, hablando con Sebastián.)

DAVID. (Entra por la izquierda con un libro en sus manos. Su actitud es muy misteriosa. Se acerca a donde están Kevin y Sebastian.) ¡Ey, miren lo que tengo! (Abre el libro y se lo enseña a los dos.) ¿Qué les parece? Una obra de arte, ¿no lo creen?

KEVIN. (Muy asustado.) ¿Dónde sacaste eso?

DAVID. (Sentándose a la par de ellos.) Mi hermano mayor tiene un montón de esas revistas debajo de la cama.

SEBASTIAN. (Sigue mirando como atontado el libro.) Vaya, nunca había visto nada igual.

KEVIN. Sí, yo tampoco.

SEBASTIÁN. ¿Y todo eso es de ella?

DAVID. Sí, mi amigo, todo eso es de ella.

SEBASTIÁN. (Sin salir de su estado de shock.) Vaya, nunca había visto nada igual.

KEVIN. ¿Y tu hermano no se enoja?

DAVID. No, porque ni siquiera sabe que la tengo.

SEBASTIÁN. (Sigue mirando el libro, le da vuelta y lo pone al revés.) Vaya.

KEVIN. Mi hermana tiene un libro parecido a ese y lo único que tiene son números.

DAVID. Claro, tonto, ese es un libro de matemáticas; yo lo uso para andar la revista escondida.

KEVIN. Ah, ya, con razón...

DAVID. (Le quita el libro a Sebastián.) Es más, mi hermano tiene películas que en la portada tienen tres equis rojas. Yo vi una anoche, a escondidas de mis papás y de mi hermano, y estaba buenísima.

KEVIN. Pero, ¿no que tus papás son cristianos?

DAVID. Sí, pero mi hermano tiene todo escondido y ellos nunca lo han visto.

SEBASTIÁN. ¿Y tu hermano no es cierto que toca en el grupo de música?

DAVID. Sí, pero igual, tiene todo eso y nadie le dice nada. Es más, una tarde de éstas se fue con unos compañeros par una casa, yo lo vi y me le puse al corte. Cuando llegué a la casa me asomé por una ventana y vi lo de la película pero en vivo y a todo color.

KEVIN. (Sorprendido por lo que le dice David. Se pone de pie.) ¡Qué bárbaro!

DAVID. (Se pone de pie. Con tono muy cínico.) Sí, bárbaro, buenísimo.

KEVIN. No, hombre, qué bárbaro vos poniéndote en esas cosas.

DAVID. ¿Qué tiene de malo hacer esas cosas?

SEBASTIÁN. (Se pone de pie.) No te acordás lo que cantábamos en la escuelita de la iglesia: cuidado tus manitas lo que tocan, cuidado tus oídos lo que oyen, cuidado tus ojitos lo que ven...

DAVID. Bah, esas bobadas de la escuelita, no sé cómo nos ponían a hacer tanto ridículo.

KEVIN. Sebastián tiene razón, David, debes de tener cuidado con lo que ves, o tocas y en donde caminas.

DAVID. Ah, ya, déjate de tantas bobadas.

SEBASTIÁN. Es que no son bobadas, David.

DAVID. Vean, lo único que yo sé es que eso me hace más hombre.

KEVIN. ¿Quién te dijo que eso te hace más hombre?

DAVID. Mis compañeros me lo dicen. Me dicen que si yo tomo o fumo y veo de estas cosas, (enseñando el libro) me voy a hacer más hombre.

SEBASTIÁN. Yo no necesito hacer esas cosas para sentirme hombre, tengo la plena seguridad de que lo soy.

KEVIN. Sí, yo también.

DAVID. (Burlándose de ellos.) Pobre, ustedes son unos gallinas.

SEBASTIAN. (Molesto.) Nosotros no somos gallinas.

DAVID. Sí lo son.

KEVIN. (Lo empuja. Y trata de pegarle pero Sebastián lo detiene.) Que no somos gallinas.

SEBASTIÁN. (Se lleva a Kevin para tratar de calmarlo.)

DAVID. (Se pone de pie, se sacude la ropa y recoge el libro. Luego les dice a los dos chicos.) Bueno, si no lo son, los espero en el puente que está antes de la iglesia para ir a la casa donde fueron mi hermano y sus amigos.

KEVIN. ¿A qué vamos a ir?

DAVID. A hacernos hombres.

SEBASTIÁN. Mis papás no me dejan.

DAVID. (Hace como gallina.)

KEVIN. (Trata de írsele encima, pero Sebastián lo detiene.) Ya te dije que no somos gallinas, y vamos a ir para que lo veas.

DAVID. Está bien, ahí los espero, no vayan a faltar. (Sale por la derecha. Mientras camina va haciendo como gallina y burlándose de ellos.)

KEVIN. (Le grita a David.) Ya te dije que no somos gallinas.

SEBASTIÁN. (Calmando a Kevin.) Ya, déjalo, no le hagas caso.

KEVIN. ¿Qué? ¿Vamos?

SEBASTIÁN. ¿Estás loco? Yo no voy. (Se sienta.)

KEVIN. ¿Qué quieres? ¿Que David se siga burlando de nosotros?

SEBASTIÁN. No.

KEVIN. ¿Entonces?

SEBASTIÁN. Si nosotros le hacemos caso, entonces se va a dar cuenta que nos puede hacer como le da la gana.

KEVIN. Sí, sobre todo.

SEBASTIÁN. (Se vuelve a poner de pie.) Mira, Kevin, si vos querés ir, andá, pero yo no pienso ir como un buey cuando lo llevan al matadero.

KEVIN. Déjate de decir babosadas.

SEBASTIÁN. Yo no estoy diciendo babosadas. Sólo que no pienso hacer algo que vaya en contra de lo que mis papás me han enseñado.

KEVIN. Bueno, allá vos, si quieres ser el hazmerreír de todos en el colegio.

SEBASTIÁN. No me interesa, sólo me interesa lo que va a decir Dios de mí.

KEVIN. (Se queda pensativo.) Tienes razón, la opinión de Dios vale más que la de todos los demás.

SEBASTIÁN. Entonces, ¿no vas a ir?

KEVIN. No sé, voy a pensarlo.

SEBASTIÁN. Bueno, mejor vamos a jugar al futbolín.

KEVIN. (Como sin ganas.) Está bien, vamos.

(Se apagan las luces. Después de 20 segundos se encienden de nuevo.)

DAVID. (Está sentado, esperando que lleguen Kevin y Sebastián. Mira el reloj a cada rato. SE pone de pie, hace como una gallina y camina hacia la derecha, riéndose.)

KEVIN. (Entra antes de que David salga.) David.

DAVID. (Se vuelve.) Kevin, qué bueno que viniste. ¿Y Sebas?

KEVIN. No va a venir. Yo me vine a escondidas de él.

DAVID. Pero, ni que fuera tu papá para esconderte de él.

KEVIN. Sí, tienes razón.

DAVID. Bien, vamos que se hace tarde.

KEVIN. (No muy seguro.) Vamos.

(Ambos salen por la derecha. Se escucha una voz en off.)

VOZ EN OFF. Como un buey rumbo al matadero, como un ciervo que cae en la trampa y al que luego una flecha le parte el corazón; como un ave que se lanza contra la red, sin saber que eso le va a costar la vida.

(Se apagan las luces.)

Apartado para Cristo

8 Minutos y 7 Personajes. Pepe, un niño que le encantaba ir a la iglesia, cambia su actitud frente a ésta y no desea asistir más.


APARTADO PARA CRISTO


PERSONAJES

NARRADOR
PADRE
MADRE
HIJOS: dos niños en edad escolar
HIJOS: dos jóvenes

ESCENA UNO

(Los padres están alrededor de la mesa listos para empezar el devocional familiar.)

NARRADOR. (Voz en off.) Desde niño sus padres lo dedicaron a Jesucristo frente a la congregación de la iglesia a la cual asistían. Iba todas las semanas a la Iglesia, y participaba de las actividades de entre semana y de las actividades especiales durante el verano. Le encantaban los concursos en la Escuela porque era el que más sabía en su clase y siempre ganaba. Era puntual, le gustaba ser el primero en llegar a la clase para poder ayudar a su maestra; por eso se sentía mal cuando su mamá o su hermano se retrasaban.

MADRE. Hijos salgan ya de su cuarto que la hora avanza y no quiero que lleguen tarde a la escuela.

(Entran los hijos y se sientan alrededor de la mesa junto a sus padres.)

MADRE. ¿Quién quiere leer la Biblia hoy?

PEPE. ¡Yo, yo!

PADRE. Está bien, pero mañana le tocará a tu hermano, porque tú siempre la lees.

PEPE. Lo que pasa es que a él no le gusta leerla y a mí, sí. Bueno, leamos: Salmo 1:1-3. (Lee el pasaje bíblico.)

PADRE. Oremos. Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, Danos el pan de cada día y perdónanos como nosotros perdonamos a los demás. Líbranos de todo peligro, en el Nombre de Jesús, amén.

(La familia se despide y todos salen de escena.)


ESCENA DOS

NARRADOR. (Voz en off.) Ya han pasado varios años en esta hermosa familia. Los hijos crecieron y los padres continúan activos en sus trabajos y en la congregación, sin dejar de fomentar el altar familiar y la asistencia a la iglesia. Lamentablemente algunas cosas han cambiado, sobre todo en la vida de Pepe. Ya no es el mismo niño de antes.

(De aquí en adelante los padres muestran el paso de los años en su apariencia, y los dos hermanos están representados por los jóvenes. El padre, la madre y el otro hermano están sentados alrededor de la mesa.)

PADRE. Pepe, date prisa que te estamos esperando para empezar el devocional.

PEPE. (Asomando la cabeza.) ¿Por qué no empiezan sin mí? Todavía me falta mucho para terminar de arreglarme. No quiero a ir a la escuela desarreglado solo por tener que leer la Biblia y orar.

(Los padres y su hermano se quedan asombrados al escuchar el comentario de Pepe; se miran unos a los otros y suspiran.)

MADRE. Pepe, sal de tu habitación ahora mismo. Y si es que vas a necesitar más tiempo para arreglarte, te sugiero que pongas tu alarma media hora antes de lo acostumbrado. No vamos a empezar el devocional sin ti, tú eres parte de esta familia.

(Pepe se une de mala gana a su familia. Hacen el devocional y salen de escena.)

NARRADOR. (Voz en off.) ¿Qué estaba pasando con Pepe? Era como si no estuviera presente. Su mirada estaba perdida en el vacío, no tenía interés, no había pasión por escuchar la lectura de la Biblia o estar junto a su familia. Este fue el punto que marcó la diferencia en la vida de Pepe; fue una de las tantas veces en que sus padres tuvieron que casi forzarlo para que participara en el devocional familiar y las demás actividades, incluyendo asistir a la iglesia.



ESCENA TRES

(Todos, menos Pepe, están arreglados y con su Biblia en la mano para ir a la Iglesia.)

PADRE. Pepe, solo faltas tú, te estamos esperando.

PEPE. No quiero ir a la Iglesia hoy. Mis amigos me invitaron a un concierto y prefiero acompañarlos a ellos. Perdóname que no te lo dijera antes pero, ¿me das permiso para ir con ellos?

PADRE. Pero hijo, ¿cómo se te ocurre eso? Tú sabes que hoy lo dedicamos a Dios y a estar unidos como familia. ¿O ya se te olvidó que te gustaba ser el primero en llegar a la clase?

PEPE. Papá yo he cambiado y los tiempos también. En aquella época yo era un niño, pero ahora ya soy un joven. Tengo otras cosas que hacer, no solo ir a la iglesia.

MADRE. Hijo, sí he visto tu cambio hacia las cosas de Dios últimamente pero en realidad me sorprende tu actitud y que te expreses de esa manera.

HERMANO. Mamá, Papá, si él no quiere ir, que se vaya con sus amigos. Vámonos nosotros.

PADRE. ¿Sabes qué, Pepe? En esta casa hay reglas, y se tienen que cumplir. Diles a tus amigos que tú tienes seis días más para acompañarlos, pero que hoy es el día del Señor y de la familia.

(Salen todos.)

NARRADOR. (Voz en off.) Durante los días que siguieron a este episodio hubo mucha tensión en el hogar. La madre trataba de mostrarse fuerte, pero en su interior estaba destruida. Ella sabía lo que estaba pasando dentro de su hijo; lo comprendía porque ella había sido criada de la misma manera que ella y su esposo lo habían criado a él. Pero un día, al igual que Pepe, ella se llenó de dolor, rebelión y frustración, y empezó a llenarla una frialdad y apatía hacia las cosas de Dios y de la familia. La madre lo entendía, pero le dolía. Porque también sabía por lo que su hijo tendría que pasar para volver a experimentar el gozo del Señor. Sabía que Dios lo iba a tener que moldear, y eso no iba a ser fácil, iba a doler. Ella tenía un consuelo. En su corazón sabía que un día Dios iba hacer la obra en su hijo, porque se apoyaba en una gran promesa que Dios le había dado en su Palabra: "Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo, no se apartará de el”. Pepe se había olvidado de Dios, pero Dios no se olvidó de él. Esa madre sabe que algún día él volverá y será diferente. Ese hijo todavía va a la 1glesia de vez en cuando. Dice que ama a Dios. Pero el ambiente ha sido más fuerte; los amigos y las actividades no lo dejan acercarse al verdadero Camino. Pero un día todo cambiará, él volverá. Sí, él volverá.

¿Dónde están tus hijos?

13 Minutos y 6 Personajes. Un matrimonio está siempre discutiendo y no prestan atención a su hijo. El joven encuentra refugio en la banda del barrio y cuando los padres quieren reaccionar será demasiado tarde.


¿DÓNDE ESTÁN TUS HIJOS?
Beto Paez




PERSONAJES

PAPÁ
MAMÁ
JUAN
TIPO 1
TIPO 2
VOZ EN OFF


ESCENA 1

(Se encienden las luces. Están en escena los padres de Juan discutiendo acaloradamente de las finanzas del hogar, llega Juan.)

PAPÁ. ¡Es increíble cómo pudiste gastar tanto en este mes, mujer!

MAMÁ. ¿Y qué culpa tengo yo si no ganas lo suficiente, ah?

PAPÁ. ¿De qué hablas si me rajo el lomo por esta familia?

JUAN. Ya llegué.

(Los padres ni se percatan que su hijo ya ha llegado y siguen discutiendo como si nada.)

MAMÁ. ¿Ahora te vas a hacer la víctima, no? Típico de ti.

JUAN. ¡¡Hola!! (Casi gritando.) Que ya llegué, digo.

PAPÁ. ¡Ja! Pero si toda la culpa es tuya.

JUAN. Saqué cero en mate y creo que voy a reprobar.

MAMÁ. ¿Mi culpa? ¿Mi culpa? ¿Y por qué mi culpa?

JUAN. Necesito que me ayudes, papá.

PAPÁ. Si dejaras de pasar tanto tiempo en ese teléfono tal vez nos alcanzaría.

JUAN. Y los tipos de la esquina siguen molestando, ¿qué hago?

MAMÁ. Y si dejaras de gastarte la plata en tus chumas con tus amigos, nos alcanzaría más.

JUAN. Es inútil, (decepcionado) es como si hablara con la pared… al menos ella no habla mientras yo lo hago.

(Juan sale de escena triste, sus padres siguen discutiendo, se apagan las luces.)


ESCENA 2

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos conversando entre ellos, pasa por allí Juan y lo detienen.)

TIPO1. ¡Ey, Juanito! ¿A dónde vas amigo? (Lo toma del brazo y no lo suelta.)

JUAN. Déjenme en paz…

TIPO 2. Tranquilo, carnal, no te haremos nada.

TIPO1. Sólo queremos que nos des algo de money para comprar… bueno, ya sabes…

(Ríen entre ellos, menos Juan que se empieza a alterar y trata de zafarse.)

TIPO 2. No te esponjes, Juanito, y danos lo que queremos a las buenas.

JUAN. ¡Que no tengo nada!

TIPO 1. A ver (le da un golpe en el estomago y hurga sus bolsillos, encuentra el dinero) Ah… ¿Que no, Juanito? (Lo tira al suelo y salen riendo y burlándose de Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 3

(Se encienden las luces. El padre de Juan está en casa cuando éste llega.)

PAPÁ. Y, ¿dónde estabas? ¡Mírate, no más! ¿Ya volviste a pelear, no?

JUAN. Pero papá, tú no sabes lo que pasó…

PAPÁ. No me interrumpas, ya sé lo que pasó, siempre te andas metiendo en líos, mocoso…

JUAN. Pero no fueron así las cosas, ¡tú no entiendes…!

PAPÁ. ¡Que no me interrumpas, te digo! Estás castigado, sube a tu cuarto ahora mismo y no sales. (El padre sale de escena se queda solo Juan.)

JUAN. ¡Es increíble, ni siquiera me escuchó, ni supo dónde estuve…! Le voy a dar un verdadero motivo para que me castigue ese viejo… ya va a ver…

(Sale de escena Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 4

(Se encienden las luces. Está la mamá conversando por teléfono, apenas si se entiende lo que dice, entra Juan.)

MAMÁ. ¡En serio! No te lo puedo creer, qué irresponsables los Naranjo con su hijo…

JUAN. Voy a salir, ya vengo.

MAMÁ. ¡Bien hecho! Se lo merecen por ser malos padres porque…

JUAN. No sé a qué hora venga…

MAMÁ. Sí, sí… No me molestes que estoy ocupada.

JUAN. Bueno, adiós.

MAMÁ. Y, ¿qué pasó con la María? ¿En serio? Y eso que ni sabes que…

(Sale Juan meneando la cabeza, la mama sigue hablando por teléfono, se apagan las luces.)


ESCENA 5

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos metidos en su vicio, llega Juan.)

JUAN. ¡Ey!

TIPO1. Juanito, ¿otra vez por aquí?

TIPO 2. ¿Que eres masoquista o qué? ¿Quieres que te volvamos a dar una paliza? ¡Ja, ja!

JUAN. No… quiero… quiero… unirme a ustedes

(Los tipos ríen entre ellos pero al ver la seriedad de Juan dejan de reír.)

TIPO 1. ¡Miren nada más a Juanito, el buenito quiere ser uno de la pata!

JUAN. ¡Sí! Ya estoy cansado de mi casa, necesito gente que me entienda y sea mi amiga

TIPO 2. Pues has venido al lugar correcto carnal.

TIPO 1. Na’ más tienes que bautizarte pa’ ser parte de nosotros (saca una bolsa de cocaína.)

JUAN. ¿Y qué es eso?

TIPO 2. Harina de repostería… (Le da un golpe en la cabeza.) Es cocaína, tonto, métetela todita carnal.

TIPO 1. Vamos, te enseño cómo hacerlo mi’jin.

(Salen de escena hablando entre ellos, se apagan las luces.)

VOZ EN OFF. Así… Juan me metió por malos caminos, y como era típico en su familia, sus padres ni cuenta se dieron de dónde estaba su hijo, ni se interesaron por averiguarlo… estaban metidos en su propio mundo sin darse cuenta de que su único hijo se estaba perdiendo…


ESCENA 6

(Se encienden las luces. Están en casa los padres de Juan discutiendo.)

MAMÁ. ¡Ya era hora que llegaras! ¿Dónde rayos estabas?

PAPÁ. Trabajando, ¿qué esperabas?

MAMÁ. Mentira, de seguro te fuiste con tus amigos a beber…

PAPÁ. ¿De qué hablas? ¡Estás loca, mujer!

MAMÁ. Ya no pasas tiempo con nosotros, nos has descuidado a mí y a tu hijo… (Empieza a llorar.)

PAPÁ. Ya no dramatices, mujer… Por cierto, ¿dónde está Juan?

MAMÁ. Pues… este… en su cuarto, creo.

PAPÁ. ¿Como que creo? ¿Como que creo? ¿No sabes que ya es media noche? ¡Cómo puedes descuidarlo así!

MAMÁ. El burro hablando de orejas. ¡Quien lo ha descuidado eres TÚ! Por si no sabes reprobó en matemáticas y está a punto de perder el año.

PAPÁ. ¿Y por qué no me lo han dicho? (Furioso.)

MAMÁ. Te lo dijo él mismo pero, como siempre, “el señor trabajo” no tuvo tiempo para escuchar a su hijo y…

(Suena el teléfono.)

PAPÁ. Pero, ¿quién será a esta hora? Deja de parlotear y contesta el teléfono.

MAMÁ. (Coge el auricular.) Halo… Sí, con la misma… ¿Qué? ¿Cómo dice? (Comienza a alterarse.) ¡No, no puede ser, debe ser una equivocación! (Llora.) No, mi hijito, no…

(Suelta el teléfono y cae de rodillas llorando desconsoladamente.)

PAPÁ. Pero, ¿qué pasa? ¡Anda, dime! ¿Qué le pasó a Juan?

MAMÁ. ¡Está muerto! ¡Está muerto!

PAPÁ. Pero, ¿cómo? ¿Por qué? (Rompe en llanto.)

(Los dos se abrazan y lloran juntos comienzan a lamentarse.)

VOZ EN OFF. Los padres de Juan recibieron la terrible noticia de que su hijo había muerto en una balacera entre pandillas.

PAPÁ. ¿Por qué no me di cuenta en qué se había metido? ¿Por qué no hice nada?

MAMÁ. ¡Mi hijo, no…!

(Entra Juan vestido todo de blanco simulando ser un espíritu, sus padres no pueden verlo ni oírlo.)

JUAN. Ya es muy tarde… no logran nada lamentándose... cuando estuve vivo no se preocuparon por mí, no se preocuparon por lo que estaba haciendo… no se preocuparon por dónde estaba… ahora ya sabrán donde estaré… en una tumba por siempre… (se dirige al público) ustedes, no permitan que a sus hijos les suceda lo que a mí, no esperen a que sea tarde para querer acercarse a ellos, para querer ser sus amigos… para saber… dónde están sus hijos.

(Se apagan las luces.)
(Se debe dar un mensaje final dirigido tanto a los padres como a los hijos.)

La familia un regalo de Dios

10 Minutos y 4 Personajes. Daniel saca malas notas en la escuela y sus padres le castigan para que se centre en los estudios. El joven se escapa de casa y en la calle se encuentra a un niño que también se había escapado de casa. Al ver la vida tan miserable que lleva en la calle se da cuenta de su error y vuelve a casa y le da gracias a Dios por la familia que tiene.


LA FAMILIA UN REGALO DE DIOS
Ana Lucia Molina Coronado




PERSONAJES

DANIEL
JUANITO
MAMÁ
PAPÁ

CUADRO 1

(Comedor de una casa. Se encuentran la mamá y el papá esperando a Daniel para comer.)


ESCENA 1

MAMÁ. ¡Daniel! Ya está lista la comida se va a enfriar.

(Entra Daniel corriendo y se sienta a comer. todos oran por los alimentos)

MAMÁ. Daniel, hoy me habló tu maestra de la escuela me dijo que has bajado mucho tus calificaciones y que no haces tus tareas.

DANIEL. ¡Ay, mamá! La maestra es una exagerada.

PAPÁ. Daniel, no hables así, tu mamá y yo estamos preocupados, te hemos dejado salir a jugar, te compramos todo lo que pides y a cambio no das nada.

MAMÁ. Así es, Daniel, creo que tendremos que tomar medidas para que cambies tu actitud.

PAPÁ. ¡Claro! Desde ahora en adelante no saldrás a jugar fútbol, limpiarás tu cuarto todos los días y estudiarás todos los días aun si no tienen exámenes.

DANIEL. Pero, pero, ¡eso no es justo! Ya les dije que la maestra es una exagerada, no puedo dejar de jugar fútbol, papá, mis amigos me necesitan en el equipo.

MAMÁ. Bueno, Daniel, si quieres premios tienes que trabajar para ganártelos, harás lo que tu papá dijo, hasta que mejores tus calificaciones tendrás tus recompensas.

DANIEL. ¡No es justo! ¡Los odio! (Sale enojado y se encierra en su cuarto).

MAMÁ. Iré a hablar con él.

PAPÁ. No, déjalo que piense lo que hablamos en su cuarto y al rato que se le pase hablamos con él.

(Terminan de cenar y la mamá empieza a juntar los platos.)

PAPÁ. Iré a ver a Daniel. (Sale el papá de escena)

(La mamá sigue juntando la mesa.)



ESCENA 2

(Entra asustado el papá corriendo.)

PAPÁ. (Alterado.) ¡Dios mío! Mi amor, Daniel no está en toda la casa, creo que se escapó porque la ventana de su cuarto está abierta.

MAMÁ. ¡Ay, no! Dios mío, por favor, cuídalo que no le pase nada.

PAPÁ. Voy a buscarlo, si no regreso, habla a la policía para que lo busquen.

MAMÁ. Está bien, apúrate, por favor.

(Sale el papá de escena y la mamá se queda asustada buscando a Daniel en la casa.)


2° CUADRO

(Callejón.)

(Se encuentra Daniel caminando por el callejón cuando ve a un niño recogiendo comida de un bote de basura y se la empieza a comer.)

ESCENA 3

DANIEL. ¡Hola! ¿Cómo te llamas?

JUANITO. Juanito, ¿y tú?

DANIEL. Daniel, oye te vi sacar comida de este bote. ¿Que no está sucia?

JUANITO. Sí, siempre como lo mismo.

DANIEL. Pero, ¿no te enfermas? Es que mi mamá dice que no debemos comer cosas sucias.

JUANITO. No, si doy gracias de haber encontrado algo para comer, a veces no hay nada y paso días sin comer.

DANIEL. Pero, ¿por qué no comes en tu casa?

JUANITO. Mira, me fui de mi casa hace mucho tiempo, mi mamá me pegaba mucho, mi papá nos pegaba a mi mamá y a mí porque siempre estaba bien borracho, nunca fui a la escuela y yo quería aprender a leer y escribir pero a mis papás nunca les importó, me pegaban mucho y no me compraban ni ropa, ni juguetes, ni nada, por eso me fui de mi casa.

(Daniel pensando un poco llora, se arrodilla y da gracias a Dios de lo que tiene, después termina de orar.)

DANIEL. ¿Sabes qué, Juanito? Te invito a comer a mi casa y a jugar en mi cuarto.

JUANITO. (Feliz.) Bueno.

(Salen de escena Daniel y Juanito.)


CUADRO 3°

(Sala de la casa de Daniel. Se encuentran los papás de Daniel preocupados.)


ESCENA 4

MAMÁ. Ya es muy tarde y no llega y la policía no habla. Dios mío, cuídalo donde esté, por favor.

PAPÁ. No te preocupes, Dios lo cuida y no dejará que nada malo le pase.

(Entra Daniel con Juanito y sus papás corren a abrazarlo.)

PAPÁ y MAMÁ. ¡Daniel!

DANIEL. Antes de que digan algo, quiero pedirles perdón. (Exhala.) Y quiero que sepan que les doy gracias por todo lo que han hecho por mí y le doy gracias a Dios por darme a los mejores papás del mundo. Él es mi amigo Juanito que gracias a él pude ver que tengo unos papás muy buenos y que se preocupan por mí, los quiero mucho y les prometo que saldré bien en la escuela y los obedeceré.

(Los papás lo miran con una sonrisa y abrazándolo.)

MAMÁ. Daniel, sabíamos que Dios hablaría a tu corazón y lo hizo, a Él dale gracias.

DANIEL. Sí, fue lo primero que hice, mamá. ¡Ah! Invité a Juanito a cenar y jugar con él y sobre todo platicarle del amor de Dios.

PAPÁ. ¡Qué bueno, Daniel! Bienvenido, Juanito, esta es tu casa.

JUANITO. Gracias, señor.

(Los papás salen de escena.)

DANIEL. Mira, Juanito, te platicaré de alguien que te ama mucho y que dio su vida por ti…

(Daniel le comparte del amor de Dios y el plan de salvación a Juanito.)

FIN

La perversidad de los hijos de Eli

10 Minutos y 6 Personajes. Obrita para intercalar en un culto, referente a la educación de los hijos. Demuestra la maldad de los hijos de Eli, y la irresponsabilidad de su padre a la hora de disciplinarlos.


LA PERVERSIDAD DE LOS HIJOS DE ELÍ
Beto Paez




PERSONAJES

OFNI
FINEES
IGOR
ISRAELITA
ELI
VARÓN DE DIOS


1ª ESCENA

(Están jugando cartas en el suelo los hijos de Elí, en eso llega el criado con un tenedor grande en la mano.)

IGOR. Ya he guardado en la refri toda la carne que enganché con el tenedor de la cazuela, amo.

OFNI. ¿Y habéis dejado algo para el sacrificio a Jehová?

IGOR. Sí, la grasa, amo.

FINEES. Esa cosa me produce espinillas, y tú, Ofni, ve a preparar la cena.

OFNI. Voy pues a calentar la carne en el micro, ayúdame haciendo el juguito, hermano.

FINEES. Bueno, vamos, ñaño. ¡Igor, barre la entrada del tabernáculo que está todo sucio! ¿A dónde se ha ido el respeto por el Señor? Por cierto, ¿cuánto cobraste por el último sacrificio? (Digiriéndose a su hermano.)

(Salen los dos hablando de sus tretas y riendo entre ello; Igor está barriendo y en eso llega un israelita.)

ISRAELITA. Buenas, siervo de Jehová, vengo a ofrecer mi sacrificio, un corderito para…

IGOR. ¿Y dónde está la ofrenda? (Con ansias.)

ISRAELITA. Ah, lo dejé amarrado en el parqueadero pero…

IGOR. Pero tenéis que dar a los sacerdotes la carne del cordero antes del sacrificio, porque no tomaremos de ti carne cocida sino crudita.

ISRAELITA. Pero no es lo que dice la ley: primero que ofrezcan el sacrificio y lo que quede será para vosotros porque…

IGOR. A ver, a ver… ¡O sea, que las sobras para los ungidos de Jehová! ¿No sabes que se hizo la consulta popular, entre los sacerdotes, ¡ja ja! (esto último lo dice para el público) y se cambió la ley?

ISRAELITA. No sé, no he sabido de ninguna consulta popular y…

IGOR. Y si no nos das la carne ahora, a la fuerza te lo quitaré… porque hay que cumplir la ley pues, la ley de los sacerdotes. ¡Je, je! (Esto para el público.)

ISRAELITA. Está bien aunque no me parece porque…

IGOR. Bueno, vamos, vamos a ver qué tal está el corderito porque hay que pesarlo y según eso es el favor de Jehová y….

(Salen conversando los dos.)



2ª ESCENA

(El mismo escenario, entra Elí.)

ELÍ. ¿Dónde se habrán metido estos hijitos míos? ¡¡Ofni!! ¡¡Finees!! Si los hubiera encaminado desde pequeños no serían así de malcriados, ¡¡Ofni!! ¡¡Finees!!... No responden mis guaguas… ¡Ah, ya sé! Les llamaré al celu (saca el celular y espera.)

(En eso entran Ofni y Finees por detrás de Elí. Contestan al teléfono y se quedan detrás de su padre sin que éste se dé cuenta.)

OFNI. ¿Haló?

ELÍ. Ofni, Ofni, ¿dónde te habéis metido, muchacho? Y, ¿dónde está vuestro hermano? (Exaltado.)

OFNI. Tranquilo, papi, que te va a dar un infarto, estamos haciendo el trabajo que nosotros los sacerdotes debemos hacer.

(Los dos hermanos hacen mímica de estar bailando, tomando o fumando y ríen entre ellos.)

ELÍ. ¡Vengan inmediatamente ante mi presencia que tengo que deciros algo muy importante!

FINEES. (Da un brinco asustando a su padre.) ¡AQUÍ estamos, viejito!

ELÍ. (Se coge el corazón como si le estuviera dando un infarto.) Casi me matáis del susto…

OFNI. Con esa cara a cualquiera, ¡ja, ja!

FINEES. ¿Qué te pasa? Y vos muy guapo te creerás… (Finees da un golpe a su hermano y comienzan a darse de manotazos.)

ELÍ. ¡Ya basta, ya basta! ¡Dejen de pelear! He oído todo lo que habéis estado haciendo con Israel, ¡cobrando por los sacrificios! ¡Comiéndose lo que le pertenece a Jehová!, ¡Acostándose con las mujeres que velan a la puerta del tabernáculo! Haciendo discoteca la tienda santa…

OFNI. Pero padre, tú conoces quiénes somos, es por pura envidia lo que dice el pueblo.

ELÍ. Por eso mismo os estoy reprendiendo… ¿Por qué hacéis estas cosas? (Llorando.)

FINEES. ¿Y quién va a hacer algo si somos hijos de Elí, el sumo sacerdote? Además, ¡somos los ungidos de Jehová! (De forma arrogante.)

ELÍ. No, hijos, no es buena fama la que yo oigo. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién lo librará?

OFNI. Ya no dramatices que esto parece telenovela viejo.

FINEES. No le hagas caso, hermano, y mejor vámonos que tenemos tope.

OFNI. Ah sí, las hijas de Buenastan, hermano.

FINEES. Tú lo has dicho: buenas están, ¡ja, ja!

(Ríen y salen de escena burlándose de lo que su padre les dijo.)

ELÍ. ¡Esperen, esperen aún no he terminado con ustedes!

OFNI y FINEES. ¡Pero nosotros sí!!

(Elí se queda solo en el escenario comienza a caminar de un lado a otro lamentándose de la situación de sus hijos.)

ELÍ. ¿Por qué? ¡Por qué! No los instruí bien en los estatutos y en las leyes de Jehová, me dediqué a honrar más a mis hijos que al Señor, ahora me lamento por cómo son rebeldes, blasfemos y… y…

VOZ EN OFF. Por tanto Jehová el Dios de Israel dice: “yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mi por siempre; mas nunca haga yo tal cosa, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel. Ofni y Finees morirán en un solo día y me buscaré un sacerdote fiel que haga conforme a mi corazón y a mi alma”.

ELÍ. Es mi culpa, sólo mi culpa… Y por ello me has juzgado, Señor. (Sale llorando.)


FIN

(Es necesario dar un mensaje respecto al tema.)

Un corazón nuevo

30 Minutos y 11 Personajes. Es una obra que muestra cómo Dios puede cambiar la vida de un joven llamado Jorge. Nos hace comprender además que como cristianos nunca debemos discriminar a las personas por su modo de vestir y/o hablar. podremos presenciar la hermosa transformación de un individuo y de cómo Dios, a través de una jovencita, lo sigue hasta la cárcel misma.


UN CORAZÓN NUEVO


PERSONAJES

VOZ
SEÑOR
JORGE
PADRE
MADRE
VIEJITA
ESTRELLA
REPARTIDOR
GUARDIA 1
GUARDIA 2
MUCHACHA


MUCHACHO
COJO


ESCENA I

(Aparece un jovencito sentado tirando piedras y un señor lo ve y se le acerca.)

VOZ. Jorge García, un niño como tantos otros, pero tal vez su historia toque tu corazón. Escucha con atención mientras observamos la vida de este niño.

SEÑOR. ¿Qué haces, niño?

JORGE. Nada

SEÑOR. ¿Pero a qué le estás tirando piedras?

JORGE. Sólo estoy cogiendo puntería, tirándole a esos pajaritos.

SEÑOR. ¿Por qué no usas latas? ¿No sabes que no debemos matar los pajaritos?

JORGE. ¿Qué? Esa es la parte más divertida, ver cuando caen revoloteando.

SEÑOR. ¡Ay, niño, no tienes corazón! ¿Quién es tu padre?

JORGE. El diablo.

SEÑOR. ¿Qué? ¿Me estás tomando el pelo? ¿Quién es tu madre?

JORGE. Una perra.

SEÑOR. Deja de bromear y dime dónde vives.

JORGE. En el infierno.

SEÑOR. Tú me quieres tomar el pelo. Anda, llévame a tu casa, de una vez le pides permiso a tus padres para que puedas ir a dar un paseo conmigo.

JORGE. Muy bien, te llevaré.

(Salen por el frente de la iglesia en lo que el padre, borracho con una botella de licor en la mano y sucio y la madre desaliñada, está lavando una ropa a mano en un balde. Entra nuevamente Jorge con su amigo.)

JORGE. Papá, papá, este amigo mío quiere que vaya con él a pasear, ¿puedo, papá? ¿Puedo?

PADRE. Yo no sé, tú sabes que aquí yo no cuento para nada, allá tu madre. Mira a ver si esa perra te deja ir.

JORGE. Mamá, mamá, ¿puedo ir a pasear con este amigo mío?

MADRE. (Amargada y peleando.) Tú te vas a pasear ¿verdad? Y yo, yo aquí, nunca puedo ir a ningún lado. Tú debes ir a pedir dinero en la calle para nosotros, para por lo menos comer un poco de pan. No, pero tú no puedes, porque vas a pasear, hijo del diablo… Vete a trabajar y no vas para ningún lado.

(Jorge baja la cabeza y se va hacia donde está el amigo.)

MADRE. Esta casa es un infierno.

(Jorge y el amigo se van, luego se van los padres.)


(Parte Especia. Himno “A Jesús Encontré”.)


ESCENA II

VOZ. Los años no pasan en vano, veamos cómo ha progresado nuestro amigo Jorge García.

(Aparece Jorge nuevamente vestido de negro con gafas como “malote”. Parado en una esquina. Entra una viejita con su cartera debajo del brazo. Jorge se la arrebata y la viejita lucha…)

VIEJITA. No, no, mal hombre, devuélveme mi cartera. Tú no tienes corazón.

(Jorge le quita la cartera y sale corriendo.)

VIEJITA. Ese es ese Jorge García, el mismo sinvergüenza de siempre, se metió a mi casa, mató a mi perro y me robó; ahora se llevó lo poco que me quedaba. Dios se apiade de ese muchacho, porque va a terminar muy mal. (Se va la viejita lamentándose por el camino.)



ESCENA III

(Entra Jorge con un cigarrillo en la mano y se sienta, pasado un momento, llega una muchacha llamada Estrella.)

ESTRELLA. ¡Hola, tanto tiempo sin verte, Jorge! Bueno, desde que te fuiste de la escuela. Ya estamos por graduarnos, ¡qué pena que no te quedaste! Te graduarías ahora también.

JORGE. ¡Ay, Estrella! Eso son tonterías de la gente, yo estoy muy ocupado.

ESTRELLA. Te comprendo, Jorge, siempre has tenido que mantener a tu familia. Pero tú eres especial para Dios, él quiere que tú seas feliz.

JORGE. ¡Ja, ja! ¿Dios? ¿Que yo sea feliz? No sé quién es Dios.

ESTRELLA. Pues Dios sí sabe quién eres tú y sabe todo lo que tú has hecho.

JORGE. ¿De veras? Pues entonces no querrá nada conmigo.

ESTRELLA. ¿Por qué dices eso?

JORGE. Porque yo he matado, he robado, estoy en drogas y muchísimas cosas más.

ESTRELLA. Eso no importa, Dios te puede dar un nuevo corazón y tus pecados serán olvidados.

JORGE. ¿Un corazón nuevo? ¿Tú crees? Sigue hablando de Dios, por favor.

(Salen caminando. Mientras caminan la muchacha le dice…)

ESTRELLA. Este viernes hay un programa muy especial, celebraremos la muerte del Hijo de Dios, porque por su muerte fuimos nosotros salvados.

(Salen ambos.)

(Parte Especial. “Confía en Dios” de Felipe Andino.)

VOZ. Cinco años más tarde...

(Entra el repartidor de periódicos, entra por la puerta del frente y sale por la puerta al lado de la plataforma.)

REPARTIDOR. Extra, extra, cae en una redada el delincuente Jorge García, dueño de un punto de drogas, lo sentencian a cinco años de cárcel. Extra, extra….



ESCENA IV

(Entra el joven esposado con dos guardias.)

GUARDIA 1. Al fin te atrapamos. Un delincuente como tú no debería salir nunca a la calle.

(Jorge se resiste y no quiere caminar.)

GUARDIA 2. Vamos, camina y no te guapees, porque no estás en la calle. Aquí se respeta y la reprensión que no te dieron tus padres, te la damos nosotros, muchacho malcriado.

(Lo echan a la celda. Se van los guardias)

VOZ. La conducta de Jorge no mejoró en lo absoluto, por el contrario empeoró, pues se pasaba buscando pleitos y haciendo sus fechorías aún dentro de la cárcel.

(Entran los guardias nuevamente.)

GUARDIA 1. Has pasado aquí tres años…

GUARDIA 2. Parece que todavía no aprendes a comportarte, maldito.

GUARDIA 1. ¡Qué suerte tienes! Levántate que tienes visita.

JORGE. ¿Visita yo? No sé quién, yo no tengo a nadie que me visite.

(Lo sacan de la celda y lo sientan en una mesita pequeña. Entra la muchacha que le había hablado años atrás, vestida diferente, luciendo un poco mayor.)

VOZ. “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; fui forastero y me recibiste; estuve desnudo y me cubriste; enfermo y me visitaste; estuve en la cárcel y viniste a mí. ..” En cuanto lo hiciste a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí lo hiciste”. Mateo 25: 34-36

JORGE. Estrella, ¿qué haces aquí?

ESTRELLA. Vine a visitarte, a saber de ti.

JORGE. De mí, pues aquí estoy, al fin y al cabo, no puedo ir a ningún lado. (Se ríe.)

ESTRELLA. ¿Sabes algo? Dios todavía te ama.

JORGE. Otra vez con lo mismo, hace años atrás me dijiste lo mismo y te creí.

ESTRELLA. Y si me creíste, ¿por qué nunca fuiste a la Iglesia?

JORGE. Aquel mismo viernes, yo fui a la Iglesia.

ESTRELLA. ¿Qué? Yo nunca te vi.

JORGE. Yo fui, yo fui… llegué hasta la puerta, donde un señor muy serio me dijo: “Mira, tú, muchacho, con esa facha de maleante no se viene a la Iglesia y si vienes a estar hablando en la parte de atrás, mejor te quedas en tu casa”. Así que no entré y nunca volví, seguí con mis fechorías, tal vez peor.

ESTRELLA. ¿Quién fue capaz de semejante cosa, quién?

JORGE. Fue un hombre de barba y bigote muy grande.

ESTRELLA. No puede ser, no puede ser.

JORGE. ¿Ves? Tú tampoco crees en mí, no sé para qué te lo dije.

ESTRELLA. No puede ser porque la única persona que usa barbas y bigotes en la iglesia, durante ese tiempo no podía hablar, porque la operaron de la garganta y estuvo ese año sin poder hablar.

JORGE. No entiendo nada, porque yo sé que esa persona me habló.

ESTRELLA. Yo no dudo de ti, Jorge, no es la primera vez que el enemigo de las almas, se pone en el medio para que las personas no lleguen a Jesús.

JORGE. ¿Quieres decir que el enemigo de las almas me habló a mí?

ESTRELLA. Quiero decir que el enemigo de las almas, no quiere que tú seas feliz y pone piedras en el camino para que tú caigas, él está gobernando tu vida.

JORGE. ¿Y qué debo hacer?

ESTRELLA. Un hombre fue a Jesús de noche y le hizo esa pregunta. Jesús le contestó que debía nacer de nuevo, necesitas un nuevo corazón.

(Parte Especial. Himno “Un hombre llegose de noche a Jesús”.)


ESCENA V

GUARDIA 1. Bueno, bueno, se terminó el tiempo.

GUARDIA 2. Señorita. Debe marcharse.

JORGE. No, no, por favor, todavía no.

GUARDIA 1. Aquí nosotros decimos hasta cuando.

(Lo golpean.)

ESTRELLA. Está bien, está bien, ya me voy. Toma, lee esta pequeña Biblia, te ayudará. (Se va.)

(Entran a Jorge a la celda y se van los guardias.)

JORGE. (Lee algunos versículos en voz alta.) Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)
El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia. (Prov. 28:13)
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tus misericordias; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Salmo 51:1
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Mateo 11:29, 30

(Parte especial. Himno “Mi yugo es fácil”.)

JORGE. Un nuevo corazón, un nuevo corazón. Necesito tener un nuevo corazón, necesito poder creer y aceptar lo que este libro dice… Pero, ¿cómo podré yo tener un nuevo corazón? He sido tan perverso… (Baja la cabeza, guarda un momento de silencio. Luego grita.) Yo quiero cambiar… Señor Dios, si tú me oyes, si tú me amas… dáme un nuevo corazón. (Se va bajando en los barrotes hasta llegar al piso, se apagan las luces. Entra uno vestido de blanco.)

ÁNGEL. Tu oración ha sido escuchada, tendrás un nuevo corazón.

(Con una linterna pequeña escondida en la mano alumbra a Jorge y se escucha la grabación de un corazón latiendo. Lo alumbra hasta que dure la grabación y luego se retira. Encienden las luces y Jorge se levanta.)

JORGE. Me siento diferente… Tengo un corazón nuevo, ¡qué feliz me siento! He sido transformado.


(Parte Especial. Pon otro lugar en la mesa)



ESCENA VI

VOZ. Los últimos dos años en prisión fueron completamente diferentes. La lectura diaria de aquella pequeña Biblia transformó su vida. Verdaderamente Jorge era otra persona.

(Entran los dos guardias.)

GUARDIA 1. Bien, un día pensamos que nunca saldrías de aquí.

GUARDIA 2. Ha llegado la hora, eres libre, puedes irte.

JORGE. Gracias, buenos hombres, ustedes han sido muy buenos conmigo. (Se va muy feliz.)

GUARDIA 2. ¡Quién lo diría!

GUARDIA 1. Verdaderamente la palabra de Dios transforma las vidas.

(Salen los dos guardias.)

(Parte Especial: Dios hace todo crecer.)



ESCENA VII

JORGE. Hoy es viernes, puedo ir a la Iglesia, pero no puedo ir con las manos vacías, debo llevarle algo a Dios. Ya sé… (Coge las flores que están en el piano.) Le llevaré estas flores en señal de mi gratitud.

(Entra una muchacha llorando.)

JORGE. ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

MUCHACHA. Mi novio me dejó por otra y se fue.

JORGE. Dios quiere que tú seas feliz, ya vendrá un mejor novio para ti.

MUCHACHA. ¿Tú crees?

JORGE. Claro que sí, mira, toma estas flores para que seas feliz. (Le da parte de las flores.)

MUCHACHA. Gracias, gracias, me siento mucho mejor. (Se va.)

(Entra otro muchacho muy preocupado.)

JORGE. ¿Por qué estás tan preocupado?

MUCHACHO. Me colgué en el examen de cálculo, no sé qué voy a hacer ahora.

JORGE. Dios quiere que tú seas feliz, deja tus problemas en sus manos y Él te ayudará.

MUCHACHO. Lo dices con tanta certeza que me lo estoy creyendo.

JORGE. Pues créelo, porque es cierto. Ten, toma estas flores para que te alegres.

MUCHACHO. Me siento más tranquilo, gracias. (Se va.)

(Entra un cojo.)

COJO. Esta dichosa pierna… Hay días que me duele y hay días que me duele más.

JORGE. No se preocupe, buen hombre, pídale a Dios y Él lo escuchará.

COJO. Tú… siendo joven me dices a mí que soy viejo.

JORGE. Yo sufrí mucho, pero ya no más, Dios me dio un nuevo corazón.

COJO. Se nota, te ves tan feliz…

JORGE. Sí, soy feliz, tenga usted estas flores para que también se sienta feliz como yo.

COJO. Gracias, gracias… (Sale contento.)

JORGE. ¡Oh! ¿Qué he hecho? Mi regalo de gratitud a Dios. Esas personas estaban tan tristes, yo sólo quise alegrarlos y ahora no tengo nada que llevarle a Dios.

VOZ. Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.

JORGE. Mi corazón, mi corazón nuevo es lo único que tengo. (Se arrodilla hacia el bautisterio.) De lo recibido de tu mano te devuelvo, toma, oh Dios, mi corazón y hazme recto delante de ti.

(Se corre la cortina y dentro del bautisterio hay una cruz encendida.)

VOZ. Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad.
Dije: “Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.
Por eso orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás.
Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.
No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.
Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
Alegraos en Jehová y gozaos, justos y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.
Porque es hora de alabar a Dios, estemos todos en pie y entonemos el himno “Es hora de alabar a Dios” para finalizar.

(Todos pasan al frente para alabar a Dios. Oración Final.)


Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)

El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. (Prov 28:13)

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tus misericordias; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Salmo 51:1

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Mateo 11:29, 30


BIENVENIDA (Llevar un globo en forma de corazón.)

Estamos muy contentos con la presencia de todos ustedes, pero tenemos una visita muy especial, el Sr. Globo Corazón. El aceptó nuestra invitación de acompañarnos esta noche. El Sr. Corazón es muy buen amigo, como ven, siempre está sonriente, tiene una hermosa sonrisa.

Pero el Sr. Globo Corazón tiene un problema, es un tanto inflado y mientras más se infla más grande es su sonrisa. (Llenar el globo un poquito.) Y si lo inflamos más, más amplia aún será su sonrisa.

Muchas veces nosotros nos comportamos así, nos inflamos, nuestro corazón se enorgullece. Pero Jesús no está interesado en un corazón grande sino en un corazón humilde. (Explotar el globo con un alfiler.)

Que tú y yo no tengamos un corazón lleno de orgullo, sino uno humilde para que Jesús pueda hacer su morada.

Sean todos muy bienvenidos, porque en el cielo hay fiesta cuando sus hijos se reúnen.


INTRODUCCIÓN

Muchos cristianos hoy día esperan manifestaciones espectaculares, grandes milagros, grandes señales, pero en lugar de vivir esperando esa agitación emocional, debemos aprovechar la oportunidad que tenemos hoy. En lugar de perder tiempo discutiendo cosas vanas… el look, los panas, quién tiene el mejor carro, la mejor casa, la mejor ropa, debemos someternos al control del Espíritu Santo e impartir el pan de vida a las almas que perecen por falta de la verdad.

Muchos quieren reformar la iglesia, quieren cambiar la iglesia, pero no es la iglesia lo que debemos cambiar, el cambio que necesitamos es aquella transformación del corazón que puede obtenerse únicamente buscando a Dios. Pero debemos buscarlo individualmente para recibir sus bendiciones, rogando para obtener su poder, e implorando fervientemente su gracia para que nuestro corazón sea cambiado y ese es el cambio que necesitamos hoy.

Por eso los jóvenes de la Iglesia de la iglesia ______ rogamos por un nuevo corazón y sabiendo que únicamente tú puedes permitirle a Jesús que entre a tu corazón y te acepte tal cual eres, no importan tus problemas, no importa de dónde vengas, hemos preparado este programa especial para ti.

Para algunos puede que sea sólo una dramatización, pero para ti puede ser el cambio que tu vida necesita, si así tú lo decides.

Veamos, pues, el programa UN NUEVO CORAZÓN.

Se vende tiempo

20 Minutos y 8 Personajes. Varios personajes desean comprar aquel tiempo que han desperdiciado en sus vidas. ¿Será demasiado tarde? Se trata de una obra sugerente para introducir el año nuevo.


SE VENDE TIEMPO
Nelly G. De Sousa Matías y arreglos por Millys Sánchez




PERSONAJES


VENDEDOR
HOMBRE ENFERMO
ESPOSO
ESPOSA
SEÑORA
HOMBRE
ABUELA
VOZ




INTRODUCCIÓN. Un año más ha llegado a su fin. Cabe ahora hacer una mirada retrospectiva y analizar lo logrado en el año anterior. Sin duda que veremos en el camino fracasos y triunfos, y que también querríamos vivir nuevamente algunas experiencias, unas porque fueron agradables, y otras para tener la oportunidad de cambiar nuestro proceder frente a ellas, y de esa manera cambiar la historia de lo que en el presente es nuestra vida y la de muchos que nos rodean. Es por esa razón que hoy hemos decidido presentar un programa – alegoría donde se plantea qué ocurriría si pudiese venderse el tiempo.




(Poner el letrero en frente de “SE VENDE TIEMPO”. Entra el Vendedor y se sienta detrás de la mesa o se pone de pie detrás del mostrador esperando que vengan los clientes)

VENDEDOR. Señoras y señores, hoy por primera vez hemos sacado a la venta un producto de inmenso valor. Sin él nadie ha logrado vivir. Muchos han intentado usarlo dos veces pero les ha sido imposible. Sin embargo, hoy en este lugar me propongo venderlo. Ese producto tan costoso se llama TIEMPO. ¿Quién de los que están aquí hoy, quiere comprar algo de tiempo? Estoy aquí para servirles.

HOMBRE ENFERMO. (Sale desde atrás y se acerca al frente tosiendo y caminando muy despacio). Yo, señor (cof, cof.) ¿Podría usted venderme un año? (Cof, cof.) Quisiera volver a vivir el año que ha pasado… por favor.

VENDEDOR. Bueno, señor, la verdad es que no le vendemos el tiempo a cualquiera. Para poder hacerlo necesitamos tener razones muy importantes que justifiquen la venta. ¿Para qué quiere usted el año que ha pasado? ¿Qué hará con él?

HOMBRE ENFERMO. (Cof, cof.) Yo lo necesito desesperadamente, y verá que cuando le cuente mis razones, me lo venderá inmediatamente. El año pasado trabajé muchísimo. Quería darles comodidad y buen vivir a mi familia, a mis hijos y a mi esposa y por supuesto para mí mismo también. Comencé a notar fuertes dolores de cabeza y pasado un corto tiempo, también mi estómago comenzó a tener problemas. A pesar de que algunos días tenía fiebre y dolores muy fuertes, igual me levantaba y me iba al trabajo. Tengo un negocio importante y había que atenderlo, yo pensaba que nadie podía hacerlo mejor que yo, también creía que mis problemas de salud eran pasajeros, por alguna indigestión o resfriado, por esa razón no fui al médico enseguida. Mi familia comenzó a preocuparse mucho. Un día vino a verme un amigo y me contó que a él le habían pasado síntomas parecidos y que se había curado con un medicamento muy bueno. Compré ese medicamento y empecé a tomarlo pero no mejoré. Justo la semana pasada agobiado por los fuertes dolores decidí ir al médico. Me hicieron análisis, radiografías y toda clase de pruebas y el especialista me dio la triste noticia (cof, cof), por la cual estoy aquí: Tengo una enfermedad incurable y mortal.

VENDEDOR. (Se levanta o sale de detrás de mostrador y mirándolo atentamente le dice:) No entiendo por qué quiere comprar el último año. ¿Volvería a repetir todos esos dolores que me ha contado?

HOMBRE ENFERMO. Pero, ¿Cómo? (Cof, cof.) ¿No entiende? Si yo tuviera la oportunidad de volver a vivir, me gustarían a mí los años que he vivido desde que soy adulto, pero me conformo con el último año, le prestaría atención a mi salud. Podría hacerme a tiempo el tratamiento que necesitaba para mi enfermedad, para que no llegara a ser fatal, o quizás hubiese evitado el tanto trabajo y descuido de mí mismo, que es lo que me la ha ocasionado. Por favor, se lo suplico. (Cof, cof.) ¡Apiádese de mí! Véndame el último año, tan siquiera, lo necesito para seguir viviendo.

VOZ. “MUY ESCASA ATENCIÓN SE SUELE DAR A LA CONSERVACIÓN DE LA SALUD. ES MUCHO MEJOR PREVENIR LA ENFERMEDAD QUE SABER TRATARLA UNA VEZ CONTRAIDA. ES DEBER DE TODA PERSONA, PARA SU PROPIO BIEN Y EL DE LA HUMANIDAD, CONOCER LAS LEYES DE LA VIDA Y OBEDECERLAS CON TODA CONCIENCIA”.

VENDEDOR. La verdad, buen hombre (dice poniéndole las manos en los hombros), es que su caso es muy triste, me gustaría estudiar su caso, para ver si hay algo que pueda hacer para remediar su problema.
HOMBRE ENFERMO. Por favor, intente hacer algo, sé que Dios ha permitido esta enfermedad con alguna finalidad, pero no quiero tenerla, quiero corregir cualquier error que haya podido cometer.

VOZ. LA ENFERMEDAD NO SOBREVIENE NUNCA SIN CAUSA. DESCUIDADANDO LAS LEYES DE LA SALUD SE LE PREPARA EL CAMINO Y SE LA INVITA A VENIR. MUCHOS SUFREN LAS CONSECUIENCIAS DE LAS TRANSGRESIONES DE SUS PADRES. OTROS, LA MAYORÍA, SIN EMBARGO, SUFREN LAS CONSECUENCIAS DE SU MAL COMPORTAMIENTO. EN SU MODO DE COMER, BEBER, VESTIR Y TRABAJAR, NO HACEN CASO DE LOS PRINCIPIOS QUE RIGEN LA SALUD. SU TRANSGRESIÓN DE LAS LEYES DE LA NATURALEZA PRODUCE RESULTADOS INFALIBLES, Y CUANDO LA ENFERMEDAD LES SOBREVIENE, MUCHOS NO LA ACHACAN A LA VERDADERA CAUSA, SINO QUE MURMURAN CONTRA DIOS. PERO DIOS NO ES RESPONSABLE DE LOS PADECIMIENTOS CONSIGUIENTES AL DESPRECIO DE LA LEY NATURAL.

VENDEDOR. (Volviendo detrás del mostrador.) Evidentemente Señor, usted descuidó irresponsablemente su salud, quiso juntar más dinero para tener más comodidad y bienestar y para darlo a su familia, y ahora, ¿de qué servirá todo eso si usted no está con ellos para disfrutarlo? Lo siento mucho, pero no puedo venderle el año que me pide, porque su enfermedad es fruto de su propio descuido. Nosotros vendemos el tiempo a quien sabe usarlo, más que venderlo incluso se lo regalamos. No puedo ayudarle.

(El Hombre Enfermo se va con la cabeza baja y tosiendo por la puerta trasera. Se acerca un hombre solo, mira fijamente todo el escenario y especialmente el cartel de “SE VENDE TIEMPO”. Sale corriendo y lego pasados unos segundo vuelve por el centro muy emocionado y deprisa con su esposa embarazada.)

VENDEDOR. ¿En qué puedo ayudarles señor y señora?

ESPOSO. Bien... (dice de manera alegre) al ver ese cartel, me alegré mucho y fui corriendo a contárselo a mi esposa. Por eso hemos venido juntos porque necesitamos comprar mucho tiempo.

VENDEDOR. Muy bien, para eso estamos. ¿Cuánto tiempo desean comprar?

ESPOSO. ¡Veinte años!

VENDEDOR. ¡Veinte años! ¿Y por qué necesitan tanto tiempo?

ESPOSA. Estamos necesitando urgentemente retroceder al momento en que nació nuestro hijo Carlos. Queremos tener la oportunidad de educarlo otra vez.

VENDEDOR. ¿Qué razones de valor tienen para pedir todo ese tiempo para volver a educar a su hijo?

ESPOSO. Verá usted, señor, nos equivocamos en la forma y métodos de educación. Lamentablemente nos damos cuenta ahora de nuestros errores.

VOZ. INSTRUYE AL NIÑO EN SU CARRERA, QUE CUANDO FUERE VIEJO NO SE APARTARA DE ELLA. (Proverbios 22:6)

VENDEDOR. ¿Podrían explicarse mejor, por favor?

ESPOSO. (Sentándose e invitando a sentar a su esposa.) (Con tristeza.) Ayer presenciamos estremecidos el resultado de la educación equivocada que le dimos. Ayer juzgaron a nuestro hijo y lo sentenciaron a cadena perpetua por un asesinato. Señor, esto es muy doloroso para un padre, pero tengo que admitir que nosotros mismos tenemos la culpa. Desde que nació le dimos todos los gustos. Cuando daba muestras de mal carácter no lo corregimos pensando que cuando fuera más grande comprendería mejor y solo se corregiría. Por eso necesitamos reeducarle otra vez desde niño.

(Entra desde el centro una señora.)

SEÑORA. Oiga, si es así, yo también quiero tiempo para reeducar a mi hija nuevamente.

VENDEDOR. Y usted, ¿por qué quiere tiempo para eso, señora?

SEÑORA. (Acercándose y sentándose en la silla libre). Mire usted, necesito ese tiempo, aproximadamente unos quince años porque comprendo que si puedo volver atrás, puedo dedicarle a mi hija el tiempo que no le dediqué y la atención que no le presté. Puedo jugar más con ella, en vez de dejarla que se entretuviera con los videojuegos y los juegos de ordenador. También mi esposo, podría estar más tiempo con ella, aunque llegara cansado del trabajo y de esa manera enseñarle los dos, muchas verdades que si las hubiera conocido, no hubiese elegido los compañeros y amigos que eligió, y no estuviera hoy con dieciséis años embarazada y rodeada de malas influencias. Además, podríamos dedicarle tiempo para estudiar con ella el amor de Dios y de esa manera que su mente se influencie con las cosas celestiales, así no estaría alejada de Dios y de la iglesia como está hoy. ¿Comprende usted mi necesidad?

VENDEDOR. Sí, señora. Puedo entenderla. Pero aún así, tengo que estudiar tanto su caso como el de esta pareja, pues son muy similares, y tendría que ver si merecen que se les venda ese tiempo.

PAREJA. Sí, señor, por favor, necesitamos ese tiempo.

VOZ. APENA EL CORAZÓN VER LA NECEDAD DE LOS PADRES EN EL EJERCICIO DE LA AUTORIDAD QUE DIOS LES HA DADO. HOMBRES QUE EN TODO LO DEMÁS SON CONSECUENTES E INTELIGENTES, FRACASAN EN LA COMPRENSION DE LOS PRINCIPIOS QUE DEBIERAN EMPLEAR EN LA EDUCACIÓN DE SUS HIJOS PEQUEÑOS. NO LES DAN INSTRUCCIÓN CORRECTA EN EL TIEMPO CUANDO UN EJEMPLO PIADOSO Y UNA FIRME DECISIÓN, SON INDISPENSABLES PARA GUIAR CORRECTAMENTE LA MENTE INEXPERTA QUE IGNORA LAS INFLUENCIAS ENGAÑOSAS Y PELIGROSAS A LAS QUE TENDRA QUE HACER FRENTE POR DOQUIERA.”

ESPOSA. Señor vendedor, otro problema que tuvimos fue la obediencia. Faltamos en enseñarle a obedecer nuestras órdenes, y así creció haciendo su voluntad, sin importarle lo que nosotros le decíamos.

SEÑORA. Ese problema no es vuestro solamente. ¿Por qué creen que hoy mi hija está dónde está? Porque tanto su padre como yo no le enseñamos los principios correctos de disciplina y obediencia.

VOZ. SE DEBERÍA EXPLICAR QUE EL GOBIERNO DE DIOS NO RECONOCE TRANSIGENCIAS CON EL MAL. NI EN EL HOGAR, NI EN LA ESCUELA SE DEBERIA TOLERAR LA DESOBEDIENCIA. NINGÚN PADRE NI MAESTRO QUE DESEE SINCERAMENTE EL BIENESTAR DE LOS QUE ESTÁN A SU CUIDADO, TRANSIGIRÁ CON LA VOLUNTAD TERCA QUE DESAFÍA LA AUTORIDAD O RECURRA AL SUBTERFUGIO O A LA EVASIVA A FIN DE ESQUIVAR LA OBEDIENCIA.

ESPOSO. Nuestro hijo se acostumbró a contestar mal, irritarse rápidamente y llegó el momento que a la menor palabra, ya nos gritaba y salía de la casa dando un portazo.

VOZ. CON DEMASIADA FRECUENCIA, SE CREA UN ESTADO DE REBELIÓN EN EL CORAZÓN DE LOS HIJOS, DEBIDO A LA DISCIPLINA ERRÓNEA DE LOS PADRES, CUANDO LOS HIJOS HABRÍAN FORMADO BUENOS Y ARMONIOSOS CARACTERES SI SE HUBIERA SEGUIDO UN CURSO DE ACCION ADECUADO.

SEÑORA. Cuando mi hija se iba de la casa y desaparecía todo el día, fue cuando mi esposo y yo nos dimos cuenta de que andaba en malas compañías.

ESPOSA. Nosotros pensábamos que si le mostrábamos más tolerancia nuestro hijo se daría cuenta por sí mismo de su mal proceder, pero a medida que el tiempo pasaba más obstinado se ponía. Nuestras esperanzas quedaron rotas cuando supimos que era culpable de homicidio. Todos los proyectos que hicimos mirándole en su cuna quedaron despedazados, al saber que el resto de su vida quedará en la cárcel pagando un horroroso crimen (Dice con voz llorosa.) Ahora al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de que hubiéramos tenido que corregir sus defectos desde pequeño, porque ya ve usted los resultados de pensar que él mismo logrará educarse sabiamente. No puedo soportar mi culpabilidad. ¡Necesito que me venda los últimos veinte años de vida!

VOZ. MADRES, ESTAD SEGURAS DE QUE DISCIPLINÁIS DEBIDAMENTE A VUESTROS HIJOS DURANTE LOS PRIMEROS TRES AÑOS DE SU VIDA. NO LES PERMITÁIS QUE FORMEN SUS DESEOS Y APETENCIAS. LA MADRE DEBE SER LA MENTE PARA SU HIJO. LOS PRIMEROS TRES AÑOS SON EL TIEMPO CUANDO SE DOBLA LA DIMINUTA RAMA. LAS MADRES DEBIERAN ENTENDER LA IMPORTANCIA QUE EXISTE EN ESE PERIODO. ENTONCES ES CUANDO SE ESTABLECE EL FUNDAMENTO.

ESPOSO. Por favor, señor, considere usted nuestra desesperación. Tenga la bondad de entregarnos nuevamente esos veinte años que necesitamos para educar correctamente a nuestro hijo.

SEÑORA. Sí, señor, tenga piedad. Le pagaré el precio que quiera, pero necesito con urgencia esos quince años de la vida de mi hija, para evitarle a ella y a mí, todo el sufrimiento que ahora vivimos.

VOZ. EL VALOR DEL TIEMPO ESCAPA A TODO CÓMPUTO. EL TIEMPO DESPERDICIADO NUNCA PUEDE RECUPERARSE.

VENDEDOR. Señoras, señor. Todos somos responsables de nuestros actos mientras estemos en este mundo de prueba. Todos tenemos poder que viene de Dios para controlar nuestras acciones si lo deseamos con todo el corazón. El tiempo para educar a vuestros hijos ya pasó. Lo lamento mucho pero no puedo venderle esos 20 años a ustedes ni esos quince años que me pide usted. Para ustedes dos lo único que puedo hacer es venderles tiempo para que puedan educar al hijo que aún esta por nacer y no repetir los mismos errores que cometieron con el anterior.

SEÑORA. Lo sabía, sabía que todo iba a ser inútil. (Sale diciendo estas palabras.)

(El vendedor le entrega un billete en forma de reloj de arena representando el tiempo que le da.)

ESPOSOS. De todas formas, gracias por su ayuda. Intentaremos utilizar bien el tiempo para darle una buena educación cristiana con la ayuda del Señor, a nuestro bebé y que pueda tener un futuro hermoso. (Salen.)

(Entra un hombre un poco desaliñado.)

HOMBRE. ¡Qué suerte! Pude encontrar la dirección. Hace mucho tiempo que estoy buscando este negocio, porque necesito comprar 30 años de vida.

VENDEDOR. ¿30 años? ¿Y cuántos años tiene usted?

HOMBRE. Yo tengo 42.

VENDEDOR. Y, ¿qué hará con los treinta años?

HOMBRE. Mire usted (dice caminando como contando la historia), cuando yo tenía 12 años dejé de estudiar. Apenas completé la escuela primaria, mis padres insistieron para que continuara estudiando, pero yo quería disfrutar de la vida no teniendo ninguna obligación, entonces comencé a frecuentar los lugares de diversión. Cuando pasó la novedad de esa libertad me aburrí y busqué un trabajo. Desde entonces hasta ahora no hago más que preguntarme por qué no seguí estudiando. Ahora podría tener un lugar distinto en la sociedad. ¿Por qué dejé transcurrir los años sin prepararme para trabajar en algún oficio o profesión en vez de pasármela por ahí sin obligación ninguna? Por eso quiero regresar a los 12 años, para comenzar a estudiar y luego ingresar en algún instituto de oficio o a la universidad. Quiero redimir el tiempo desperdiciado.

VOZ. LAS FACULTADES MENTALES NECESITAN SER CULTIVADAS A FIN DE QUE PUEDAN EJERCERSE PARA LA GLORIA DE DIOS. DEBIERA PRESTARSE CUIDADOSA ATENCIÓN AL CULTIVO DEL INTELECTO A FIN DE QUE LOS DIVERSOS ÓRGANOS DE LA MENTE SEAN IGUALMENTE ROBUSTOS AL EJERCITARSE CADA UNO EN SU PAPEL INDIVIDUAL.

VENDEDOR. Lo lamento mucho, señor. No puedo venderle ese tiempo que me pide, el que le pertenecía ya lo gastó de muy mala manera y es imposible volver atrás. Solo puedo darle tiempo para que en lo adelante aproveche los años que le quedan, pues nunca es tarde para poder resarcir nuestros errores.

HOMBRE. Bueno, no es lo que quería, pero pienso que todavía estoy a tiempo de aprovechar, aunque ya no tenga el mismo vigor, ni la misma capacidad mental... así que déme usted ese tiempo.

VENDEDOR. (Le da un billete representando que le entrega tiempo. Tiempo en forma de un reloj de arena o normal.) Tenga, buen hombre, ojalá que pueda aprovecharlo con la ayuda de Dios.

HOMBRE. Gracias, señor. (Se va alejando y dice) Hombre, no era lo que quería, pero algo es algo y peor es nada.

(Entra una abuelita, con un bastón.)

ABUELA. Hola, señor vendedor de tiempo. Alguien me dijo que este negocio lo habían abierto, y he venido porque necesito al menos unos cincuenta años.

VENDEDOR. Siéntese, abuelita. Pero, ¿para qué necesita usted esa cantidad tan grande de tiempo?

ABUELA. Verá usted, señor. Quiero todo ese tiempo, para volver a mis años de juventud, cuando tenía mucho vigor, energía. Cuando mis capacidades mentales y físicas estaban en su mejor momento. Cuando era joven, tuve la oportunidad de conocer a Dios. Realmente desde muy niña tuve esa oportunidad. Pero entonces, cuando Jesús me pedía que le diera mis talentos y mi juventud, antes que llegaran los años en que dijera, que no tengo en ellos contentamiento, no le hacía caso. Y por eso, es que ahora quisiera más años.

VENDEDOR. Abuelita, me parece que entiendo un poco su historia, pero acláreme un poco más lo que me cuenta, por favor.

ABUELA. Pues, yo en la edad de la juventud no quería comprometerme con nada ni con nadie a menos que no fuera para satisfacer mis gustos, y mis ideas. Irme por ahí de juerga, divertirme, hacer lo que me pedía el cuerpo… Sin embargo, cualquier cosa que significara tener que hacer algo en la iglesia, por mis hermanos o por Jesús, o tan siquiera levantarme temprano para estudiar la Biblia o para orar, era desagradable al extremo para mí. Sin embargo, ahora, ahora que no tengo fuerzas, que veo que la vida se me va, la experiencia y los años me han enseñado, que los mejores momentos para dedicarlos a trabajar por el Señor y a consagrarme a su causa eran aquellos.

VOZ. DIOS QUIERE QUE LOS JOVENES LLEGUEN A SER HOMBRES DE MENTE SERIA, A ESTAR PREPARADOS PARA LA ACCIÓN EN SU NOBLE OBRA Y A SER APTOS PARA LLEVAR RESPONSABILIDADES. DIOS LLAMA A JÓVENES DE CORAZÓN INCORRUPTO, FUERTES Y VALIENTES, DECIDIDOS A PELEAR EN LA LUCHA QUE LES ESPERA, PARA QUE GLORIFIQUEN A DIOS Y BENEFICIEN A LA HUMANIDAD. SI LOS JÓVENES TAN SOLO HICIERAN DE LA BIBLIA UN OBJETO DE ESTUDIO, CALMASEN SUS IMPETUOSOS DESEOS Y ESCUCHASEN LA VOZ DE SU CREADOR Y REDENTOR, NO SÓLO ESTARÍAN EN PAZ CON DIOS, SINO QUE SE SENTIRÍAN ENNOBLECIDOS Y ELEVADOS.

VENDEDOR. Me temo que su caso es muy complicado, pues se trata de cosas de interés eterno.

ABUELA. Lo sé, señor. Pero es que me gustaría mucho poder hacer cosas para Dios, ahora que veo que la verdadera felicidad se encontraba en buscar a Dios y su reino primeramente, y lo demás me sería añadido. He desperdiciado mis años, y no he encontrando en ellos el contentamiento que pensé encontraría. Pues he visto que todo es pasajero y nada de lo que antes me parecía bien, me edificó, ni preparó para afrontar la vida.

VENDEDOR. Abuelita, lo lamento mucho. No puedo darle el tiempo que me pide aunque quisiera, porque los años de su juventud ya han sido utilizados para usted en cosas que no tenían valor imperecedero. Lo único que puedo hacer es darle un poquito de tiempo para que aproveche los recursos que le queden todavía, para ayudar a otros jóvenes y adultos a encaminar sus vidas por donde usted debió llevarla en su momento.

ABUELA. (Poniéndose en pie.) Ay Señor, no sabe cuánto lo siento... Pero al menos doy gracias a Dios, que todavía vivo y tengo un poco de tiempo más, para ayudar a otros y para servirle a él y amarle. Gracias por su ayuda. (Sale.)

VENDEDOR. La verdad es que me dan mucha lástima los casos que he tenido hoy, y mucho más el de esta abuelita. Señor, ¿tienes algo que decirnos a mí y a tu iglesia sobre esto?

VOZ DE JESUS. “LLEVAD LA LUZ POR DONDEQUIERA QUE VAYÁIS. MOSTRAD QUE TENÉIS FORTALEZA DE PROPÓSITO, QUE NO SOIS INDECISOS, NI OS DEJÁIS LLEVAR FÁCILMENTE POR LAS PERSUACIONES DE LOS MALOS COMPAÑEROS. NO DEIS PRESTO ASENTIMIENTO A LAS SUGESTIONES DE LOS QUE DESHONRAN A DIOS, ANTES BIEN TRATAD DE REFORMAR, RESTAURAR Y SALVAR A LAS ALMAS DEL MAL. NO VACILÉIS EN TRABAJAR POR MÍ, PORQUE OS PAREZCA QUE ES POCO LO QUE PODÉIS HACER. HACED ESE POCO CON FIDELIDAD, PUES DIOS OBRARÁ JUNTO CON VUESTROS ESFUERZOS. ÉL ESCRIBIRÁ EN EL LIBRO DE LA VIDA VUESTROS NOMBRES, COMO NOMBRES DE QUIENES SON DIGNOS DE ENTRAR EN EL GOZO DEL SEÑOR.

VENDEDOR. Bueno, ¿hay todavía alguien más que quiera tiempo? (Pausa.) Veo que nadie más. La verdad es que no puedo vender tiempo hacia atrás, para recuperar el pasado, solo puedo dar tiempo hacia delante, hacia el futuro. ¡Qué bueno sería que utilizáramos correctamente el tiempo del cual disponemos todavía! Ahora debo irme a buscar otras iglesias y otros lugares, donde pueda ayudar a las personas a administrar correctamente el tiempo que Dios les da. Gracias a todos por su atención.

(Sale. Se apagan las luces y se oye la voz de Jesús.)

VOZ DE JESUS. “NO TENÉIS TIEMPO QUE PERDER. TRATAD FERVOROSAMENTE DE PONER MADERA SÓLIDA EN LA EDIFICACIÓN DE VUESTRO CARÁCTER. OS ROGAMOS POR CAUSA DE CRISTO, QUE SEÁIS FIELES DIARIAMENTE AL SERVICIO DE DIOS, Y HALLARÉIS QUE NO NECESITÁIS MUCHOS DÍAS DE FIESTA PARA PASAR OCIOSAMENTE, NI MUCHO DINERO PARA GASTAR EN LOS GUSTOS Y PLACERES. EL CIELO OBSERVA A AQUELLOS QUE TRATAN DE MEJORAR Y DE MODELARSE A LA SEMEJANZA DE CRISTO. CUANDO EL AGENTE HUMANO SE SOMETE A CRISTO, EL ESPÍRITU SANTO LLEVA A CABO UNA GRAN OBRA EN SU FAVOR.