15 Minutos y 6 Personajes. Un viajero de una tierra lejana había escuchado ya desde hace 3 años acerca de Jesús, de su predicación y de los milagros que hacia. Al principio estaba lleno de dudas, después de compromisos, y es hasta hoy que se ha decidido visitar Jerusalén para conocer a tan grandioso personaje, sin contar con que dos días anteriores a su llegada había sido crucificado y puesto su cuerpo en una tumba. Hoy es día de salvación
15 Minutos y 6 Personajes. Un viajero de una tierra lejana había escuchado ya desde hace 3 años acerca de Jesús, de su predicación y de los milagros que hacia. Al principio estaba lleno de dudas, después de compromisos, y es hasta hoy que se ha decidido visitar Jerusalén para conocer a tan grandioso personaje, sin contar con que dos días anteriores a su llegada había sido crucificado y puesto su cuerpo en una tumba. Bienaventurados los que no vieron y creyeron
6 Minutos y 6 Personajes. Lectura coral sobre la resurrección de Jesús y la bendición de creer en Él sin haber visto.VARÓN 1
VARÓN 2
VARÓN 3
DAMA 1
DAMA 2
DAMA 3
CORO
VARÓN 1. Ahí va Jesús de Nazaret con su cruz sobre sus hombros, y su corazón lleno de tristeza y amargura, lleno de angustia y penurias.
DAMA 1. Mientras la gente incrédula y descarada de Él se burlaba diciendo:
CORO. He aquí el rey de los judíos, quien salvo a otros y no puede salvarse a sí mismo.
VARÓN 2. Y en el Gólgota le crucificaron en medio de dos malhechores, sus pies y manos clavaron y su costado traspasaron.
DAMA 2. Mas Él como cordero manso enmudeció, contra ellos palabras no pronunció.
VARÓN 3. De repente Jesús murió.
DAMA 3. El cielo se abrió.
VARÓN 1. El velo del templo se rasgó en dos.
DAMAS. Los sepulcros se abrieron y los muertos vivieron.
VARONES. Y atemorizados los incrédulos creyeron.
VARÓN 2. Es que el hombre siempre dice: Primero ver y después creer, porque el creer sin ver es locura.
DAMA 1. Pasó el primer y el segundo día, mas en el tercero…
VARONES. ¡El Cristo resucitó!
DAMAS. ¡De los muertos se levantó!
CORO. ¡La muerte Él venció!
VARÓN 3. Pero los apóstoles como no vieron, no creyeron.
DAMA 2. Mas Jesús se les apareció en medio y les dijo:
VARÓN 1. Yo soy.
DAMA 2. Y ellos humillados pidieron perdón.
VARÓN 2. Pero Tomás que con ellos no estaba al oír la nueva dijo:
VARÓN 3. Primero ver y después creer.
VARÓN 2. Y al cabo de 8 días Jesús volvió a aparecer y le dijo a Tomás:
VARÓN 1. Pon tu dedo en mi mano y tu mano en mi costado.
VARÓN 2. Y el humillado pidió perdón.
DAMA 3. Mas Jesús alzó la voz y dijo:
CORO. Bienaventurados los que no vieron y creyeron.
VARÓN 3. Han pasado casi dos mil años predicando este hermoso evangelio:
VARÓN 1. Que Cristo murió y resucitó de entre los muertos.
VARÓN 2. Mas tú, amado amigo, ¿qué estás esperando para venir a cristo?
DAMA 1. Que el cielo se abra y derrame sus aguas.
DAMA 2. Que la tierra tiemble y destruya tu casa.
DAMA 3. O que un ángel te mueva la cama.
VARÓN 3. Mejor atiende a la voz de mi razón.
VARÓN 2. Porque fiel es el que dijo:
CORO. Bienaventurados los que no vieron y creyeron.
Era un viernes
10 Minutos y 7 Personajes + Extra. Un grupo de madre cuenta a sus niños cómo han sacrificado a Jesús en la cruz pero a pesar de todo, resaltan su promesa de resurrección.NARRADOR
MADRE 1
MADRE 2
MADRE 3
NIÑO 1
NIÑO 2
NIÑA
Extras: Grupo de niño a los pies del escenario
ESCENARIO
(Completamente descubierto. Todo a media luz. El telón puesto. Una película que describa la crucifixión de Jesús, para utilizar sólo las escenas necesarias (si no se consigue la película utilizar transparencias apropiadas. Después que se acondicionan las luces aparece en la pantalla unja transparencia de una montaña con tres luces.)
NARRADORA. Era un viernes. Un viernes por la tarde. Densas tinieblas habían oscurecido el momentáneamente la tierra, y el ambiente se encontraba todavía nublado, tal como los corazones de esas personas que habían presenciado la escena entre ellas, algunas mujeres que lloraban y se lamentaban.
(De fondo del escenario salen tres mujeres con mantillas en la cabeza, caminando despacio y hablando quedamente; cuando se acercan a la mitad de la plataforma aparecen tres niños, sus hijos, y abrazan a sus respectivas madres.)
NIÑO 1. ¡Mamá, mamá!
NIÑA. ¡Te hemos estado buscando desde la mañana!
NIÑO 2. ¿Dónde estabas, mamá?
MADRE 1. ¿No escucharon las noticias?
NIÑO 1. ¿Cuál noticia?
MADRE 2. ¡Crucificaron a Jesús!
NIÑA. ¿El que decía: “Dejad a los niños venid a mí?
MADRE 1. Sí, el que tanto beneficio brindaba a la humanidad.
NIÑO 2. ¿Cómo sucedió todo?
MADRE 3. Esta mañana apenas rayaba el alba, llevaron a Jesús ante Poncio Pilato…
(Continúa la narradora)
NARRADORA. Pilato se encontraba en su despacho cuando los soldados trajeron al prisionero. Su presencia lo impresionó, pero el sumario que tenía en su mano reprochaba su conducta. Sus enemigos lo acusaban de traición, y ese era un grave delito en el Imperio Romano.
NIÑO 1. ¿Qué hizo entonces Pilato?
MADRE 1. Pilato hizo que se le aplicara un castigo.
NARRADORA. Como el castigo no produjo mayores consecuencias, se acordó que en esa ocasión se librara a un prisionero y ordenó que se trajera a Barrabás, el criminal más empedernido para que el pueblo escogiera entre Jesús y Barrabás.
NIÑA. ¿A cual de los dos escogió el pueblo?
MADRE 2. ¡A Barrabás!
NIÑO 2. ¿Qué hicieron luego con Jesús?
MADRE 3. Lo obligaron a llevar su propia cruz.
NARRADORA. Al cruzar Jesús las puertas del atrio del tribunal de Pilato, la cruz que había sido preparada para Barrabás fue puesta sobre sus hombros magullados y ensangrentados. Dos compañeros de Barrabás iban a sufrir la muerte al mismo tiempo que Jesús, y se pusieron también cruces sobre ellos. La cruz de Jesús era demasiado pesada por su condición débil y doliente.
NIÑO 2. ¿Nadie le ayudó a Jesús a llevar la cruz?
NARRADORA. Sí, en ese momento, un desconocido llamado Simón cireneo, que volvía del campo, el cual se detuvo asombrado ante la escena, y como expresó su compasión, se apoderaron de él, y colocaron la cruz sobre sus hombros.
NIÑO 1. ¿Adónde fue Jesús con el hombre que llevaba su cruz?
MADRE 1. Al monte Calvario.
(Aparece la transparencia con tres cruces.)
NIÑA. ¿Ese monte que se ve a la distancia?
MADRE 1. Sí, ese mismo.
NIÑO 1. ¿Qué sucedió allí?
NARRADORA. Al llegar al lugar de la ejecución, los presos fueron asegurados a los instrumentos de tortura. El Salvador no dejó oír un murmullo ni una queja. Su rostro permaneció sereno. Pero había grandes gotas de sudor sobre su frente. Mientras los soldados estaban realizando su terrible obra, Jesús oraba por sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Después lo pusieron en el medio de los ladrones.
NIÑA. ¿Cómo eran los ladrones?
MADRE 2. Uno era un ladrón empedernido, pero el otro, al hablar con Jesús, se arrepintió de sus pecados. Durante su agonía sobre la cruz, llegó a Jesús un rayo de consuelo. Fue la petición de ese ladrón arrepentido.
NIÑO 2. ¿Cómo murió Jesús?
NARRADORA. En esas terribles horas Jesús tenia la evidencia que era aceptado de sus padres en los atrios celestiales. Era un momento sublime. Nunca antes había presenciado la tierra una escena tal. La multitud permanecía paralizada, y con aliento en suspenso miraba al Salvador. Otra vez descendieron tinieblas y se oyó un ronco rumor; se produjo un violento terremoto que hizo caer a la gente en racimos. En un momento Jesús pronunció las últimas palabras: “Consumado es” y expiró.
NIÑA. ¿Qué hicieron ustedes entonces?
MADRE 3. Nos vinimos.
MADRE 2. Ahí lo dejamos.
MADRE 1. Clavado en la cruz.
NIÑO 1. Pero Jesús dijo que resucitará. ¿Verdad que resucitará?
NIÑO 2. Seguro que resucitará.
NIÑA. Jesús resucitará.
(Llegan los niños que estaban abajo y junto con las mujeres cantan un himno apropiado, como “El Señor resucitó, aleluya”.)
En vivo desde Jerusalén
35 Minutos y 20 Personajes + Voces. Asistimos a la retransmisión en directo por parte del Canal 31 de los últimos acontecimientos de la vida de Jesús.ESCENOGRAFÍA
Este drama, basado en el arresto y juicio de Jesús, vistos a través del lente de un noticiero de televisión, puede desarrollarse en un escenario casi vacío, iluminado por una sola luz. Esto enfatiza el diálogo, que trata de replicar las Sagradas Escrituras. Use grabaciones para simular las voces de la multitud, de manera que las escenas no requieran una multitud real de actores abarrotando el escenario. A la vez, otros actores fuera de la escena unen sus voces a las grabaciones, para hacer resaltar frases particulares. Tiene que existir un buen balance entre las grabaciones y las voces no grabadas para obtener el grado de autenticidad requerido y el impacto deseado; preste atención especialmente al volumen. Limitar el número de actores en la escena, también va encaminado a presentar la realidad que Jesús fue abandonado por todos en este momento crucial de su vida. Que sufrió, sangró y, finalmente, murió solo. El vestuario debe ser típico de los tiempos de Jesús, excepto los reporteros, que vestirán ropas modernas. La entrada y salida de los reporteros queda a decisión del Director.
PERSONAJES
JORGE MOLINA (Sólo su voz)
LAURA COLLINS (Reportera)
CAMARÓGRAFO 1
MARÍA TERESA RAMOS (Reportera)
CAMARÓGRAFO 2
JESÚS
PEDRO
SANTIAGO
JUAN
GUARDIA 1
GUARDIA 2
GUARDIA 3
GUARDIA 4
JUDAS
CAIFÁS
PILATO
LADRÓN 1
LADRÓN 2
MARÍA
MARÍA MAGDALENA
VOCES
Oscar
Iván
Sánchez
Miriam
SINOPSIS
Se acerca la primavera del año 30 a.C. Roma procura mantener la precaria paz en la provincia de Judea. A su vez, una facción de la jerarquía judía está alerta, para prevenir cualquier incidente iniciado por sus conciudadanos que comprometa la situación política en la región, impuesta por los conquistadores romanos. Este grupo está convencido, precisamente, que un humilde galileo, hijo de un carpintero de Nazaret, constituye una amenaza terrible al proceso de paz. Estos hombres han logrado reclutar a uno de los seguidores del nazareno, quien los ayudará a removerlo permanentemente de la escena política judía y mundial. Como era de esperarse, esta bomba de tiempo política ha atraído la atención y la presencia de la prensa internacional a Jerusalén.
Se desarrolla el libreto desde la Escena I hasta la Escena III, el viernes, día de Crucifixión, dejando inconcluso el libreto en la muerte de Jesús. La Escena IV se lleva a cabo el domingo, día de Resurrección, y después se repite el libreto nuevamente, a modo de recapitulación, hasta que comienzan los hechos de ese día realmente.
ESCENA I
(El arresto)
(El escenario está oscuro, de repente se escucha la voz en off de Jorge Molina)
JORGE MOLINA. Interrumpimos este programa para presentarles un reportaje especial del Canal 31. Ahora, desde nuestro estudio en Washington, Laura Collins.
(Luces sobre Laura Collins, que está sentada en una mesa a la derecha del escenario; ella tiene la vista fija en una cámara de televisión.)
LAURA. Buenas noches. El Noticiero 31 ha conocido que esfuerzos recientes para obtener algo de autonomía en Judea, a expensas de Roma, pueden estar en peligro. Con nosotros, en vivo, desde Jerusalén, nuestra corresponsal del Medio Oriente, María Teresa Ramos.
(Se apagan las luces sobre Laura Collins. Se ilumina la parte izquierda del escenario, donde María Teresa Ramos está de pie, en frente a una cámara de televisión, con un micrófono en la mano.)
LAURA. María, hemos recibido información acerca de ciertos incidentes ocurridos recientemente en la capital judía que pudieran... (Alarmada.) ¿Descarrilar la paz con Roma?
MARÍA TERESA. Así es, Laura. Me encuentro cerca del centro de Jerusalén, en un huerto de olivos, que los vecinos aquí llaman Getsemaní. Hace unos momentos esta fue la escena de un alboroto cuando representantes del concilio gobernante judío, el Sanedrín, como es llamado, capturaron a un Hombre que, ellos dicen, es una amenaza más grande para los diálogos de paz, que el movimiento independentista de los celotes. MEGAVISIÓN ha obtenido esta grabación exclusiva del arresto.
(Se apagan las luces sobre María Teresa Ramos y se encienden sobre el centro del escenario. Pedro, Juan y Santiago están acostados en el suelo durmiendo; Jesús se acerca y se agacha entre ellos.)
JESÚS. ¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para que no caigan en tentación. (Sonidos de gente acercándose por el lado derecho del escenario, el ruido aumenta gradualmente; se escuchan gritos individuales muy airados. Jesús y sus discípulos miran en la dirección del ruido y los gritos.)
VOVECES. ¡Sabemos que estás ahí! ¡Te tenemos rodeado! ¡Ríndete! ¡Sal ahora! ¡No tienes escape! ¡Sal pacíficamente!
JESÚS. ¡Levántense, vamos! (Los discípulos se incorporan.) ¡El que me traiciona se acerca! (El ruido de la muchedumbre acercándose ha llegado a su cénit y comienza a decrecer. Los discípulos rodean a Jesús, todos continúan mirando a la derecha del escenario, mientras la muchedumbre se acerca y Jesús les dice a la distancia.) ¿A quién buscan?
VOCES. ¡Jesús! ¡Jesús de Nazaret!
JESÚS. (Firmemente.) ¡Yo soy! ¿A quién buscan?
VOCES. ¡A Jesús!, ¡a Jesús de Nazaret!
JESÚS. ¡Les dije que Yo soy! Si me buscan a Mí, dejen a éstos irse. (Señala para sus discípulos.)
JUDAS. (Sale de la oscuridad, a la derecha del escenario, camina hasta la luz.) ¡Maestro! (Abraza a Jesús y le besa ambas mejillas; Jesús no se resiste.)
JESÚS. Judas, ¿entregas al Hijo del Hombre con un beso? (Judas no responde, baja la cabeza avergonzado y retrocede lentamente. Jesús continúa hablándole tiernamente.) Amigo, haz lo que viniste a hacer.
(Judas le da la espalda y huye corriendo por la derecha del escenario. Dos guardias romanos entran por la derecha del escenario, se acercan a Jesús y tratan de prenderle. Pedro saca su espada y golpea al Guardia 1 cortándole una oreja; éste da un grito de dolor, deja caer su arma al suelo y aprieta su herida con ambas manos, arrodillándose en el suelo. El Guardia 2 abandona a Jesús y va a socorrer al Guardia 1.)
JESÚS. ¡Pedro, guarda tu espada! ¿No tomaré la copa que mi Padre me ha dado? Todos los que viven por la espada, por la espada morirán ¿Tú no crees que Yo puedo clamar a mi Padre y Él me enviaría más de doce legiones de ángeles? (El Guardia 1 sigue arrodillado, mostrando dolor. Jesús se acerca, pone la mano sobre la herida y lo sana. Ambos guardias quedan sorprendidos y el Guardia 1 no sabe cómo agradecerle su curación, mira a Jesús con reverencia y respeto.)
(Aparece el Guardia 3, que se abre paso hasta los otros guardias, empujando y golpeando a los discípulos, tiene una espada en su mano, gesticula y discute con los otros guardias, visiblemente airado, sin prestar atención a Jesús que les habla.)
JESÚS. Como contra un ladrón han salido, con espadas y palos a prenderme. (El Guardia 3 empuja violentamente a Guardia 1 que cae de espaldas completamente al suelo y obliga al Guardia 2 a sujetar a Jesús. Los discípulos tratan de intervenir, pero el Guardia 3 les acomete con su espada y ellos retroceden. El Guardia 3 toma el brazo libre de Jesús y continúa gesticulando e injuriando contra el Guardia 1 mientras sacude a Jesús. Jesús continúa hablando mientras estas acciones ocurren, no se resiste.) Cada día estaba con ustedes, enseñando en el templo y no me prendieron. Pero ésta es su hora... cuando reinan las tinieblas...
GUARDIA 3. (Interrumpiendo a Jesús, hay odio e ira en su voz.) ¡Basta ya!, ¡perro! (El Guardia 2 y 3 empujan y jalan a Jesús brutalmente, llevándoselo por la izquierda del escenario.) Tendrás tu día en la corte. ¡Vamos donde Anás!
(Jesús tropieza mientras los tres salen por la izquierda del escenario. El ruido de fondo de la multitud que se ha escuchado durante todo el arresto, se desvanece mientras Jesús y Sus capturadores salen de la escena. Se escucha el canto de las aves, simbolizando el alba. Los tres discípulos contemplan a Jesús salir desde la derecha del escenario y el Guardia 1 está de rodillas otra vez. Los discípulos notan al Guardia 1, le ayudan a ponerse de pie y los cuatro huyen corriendo por la derecha del escenario. Los sonidos cesan y las luces al centro del escenario se apagan. Se enciende una luz sobre María Teresa Ramos, a la izquierda del escenario.)
MARÍA TERESA. Acaban de ver nuestro video exclusivo del arresto del galileo llamado Jesús. Aparentemente ha sido llevado por los guardias del Sanedrín a la casa de Anás, quien fuera antes el Sumo Sacerdote, a fin de determinar si hay suficiente evidencia para ser juzgado por Caifás, el Sumo Sacerdote actual. Si el Sanedrín encuentra a este Hombre culpable de sedición, es casi seguro que tendrá que enfrentar una corte romana. Mientras Jesús está en custodia, sus seguidores, como una docena de pescadores y comunes, no se encuentran por ninguna parte. Se han dispersado a los cuatro vientos. Les habla María Teresa Ramos, Canal 31, en vivo, desde Jerusalén.
(Se apaga la luz sobre María Teresa Ramos, el escenario queda completamente oscuro. Se escucha la voz en off del Reportero Jorge Molina.)
JORGE. Este ha sido un reportaje especial del Canal 31, gracias por su sintonía. El Noticiero 31 les presentará nuestro reportaje exclusivo del juicio “Jesús contra el Sanedrín”; mañana a las 9:00 a.m. tiempo oriental, 8:00 a.m. tiempo central, en la mayoría de nuestras emisoras.
(Al terminar se pone rápido música, demostrando cierre de noticias y cambio a otro programa, mientras se cierran las cortinas)
ESCENA II
(El juicio ante el Sanedrín)
(El escenario está oscuro, de repente se escucha la voz en off de Jorge Molina)
JORGE. Este es un boletín especial del Canal 31, sobre el juicio “Jesús contra el Sanedrín”. Escuchemos a nuestra corresponsal en el Medio Oriente, María Teresa Ramos, directamente desde el lugar de los hechos... María Teresa Ramos...
(Luz sobre María Teresa Ramos, parada a la izquierda del escenario)
MARÍA TERESA. Estoy reportando en vivo desde el atrio de Caifás, el Sumo Sacerdote. Jesús de Galilea, acusado, además de otras cosas, de intentar derrocar al gobierno romano, ha sido trasladado aquí para enfrentar a sus acusadores. El Canal 31 ha logrado introducir una cámara dentro de la sala y les trae este reportaje del juicio.
(Se apaga la luz sobre ella y continúa hablando, se ilumina el centro del escenario, a la vez se escuchan conversaciones simulando el ruido de una sala de juicio.)
MARÍA TERESA. Mientras nuestra cámara escudriña el salón, pueden ver a los maestros de la ley, los ancianos, los miembros del concilio religioso y al Sumo Sacerdote. Caifás los convocó a una sesión urgente y... (Jesús aparece custodiado por el Guardia 2 y 3 en la penumbra, a la derecha del escenario. María Teresa Ramos se toca el oído como escuchando y habla en voz baja.) Me acaban de decir que Jesús ha entrado a la sala, conducido por los guardias. Esta sesión está para empezar. (El ruido de la multitud decrece. Los guardias llevan a Jesús al borde de la luz iluminando el centro del escenario y lo arrojan violentamente al suelo. Jesús cae en el centro de la luz. El ruido de la gente sube de tono rápidamente. Se escuchan gritos acusatorios desde el público, detrás y a los costados del escenario.)
VOCES. ¡Traidor, criminal, agitador! ¡Mírate ahora (despectivamente, con desprecio) Rey Jesús! ¡Oye rebelde, vuelve a Belén! ¡Canalla, revoltoso, blasfemo, loco, renegado!
(Los guardias gritan también pero se mantienen fuera de la luz, moviéndose, hablando entre ellos y señalando a Jesús. Caifás aparece de pie en una tribuna, en la penumbra a la izquierda del escenario. Aparece el Guardia 4 y se une a los otros dos).
CAIFÁS. (En voz alta, sobre el ruido de la gente y los gritos.) ¡Silencio! ¡Vengan a orden! ¡Silencio! (Los ruidos de la multitud se vuelven susurros.) El prisionero se pondrá de pie. (Jesús se esfuerza para levantarse, pero cae otra vez; los guardias se burlan de Él.) ¡Ponte de pie prisionero, para que oigas tus cargos!, ¡levántate!
(Jesús logra pararse lentamente, respirando entrecortadamente, una vez de pie, frente al público, baja la cabeza; el ruido de la multitud se intensifica.)
GUARDIA 3. (Sin que nadie lo mande, mirando al público, señala a Jesús y habla despectivamente.) Este es el Hombre que podría destruir el templo y reconstruirlo en tres días.
CAIFÁS. (Amonestando al Guardia 3 y sobre el ruido de la gente.) ¡Silencio! ¡Yo examinaré al prisionero! (Hacia el público.) ¡No toleraré otra interferencia como esa, aunque tenga que sacarlos a todos de aquí! (La multitud se calma.) Te pregunto, Jesús, lo mismo que Anás te preguntó anoche: ¿Qué es lo que Tú y tu banda de fanáticos están planeando? ¿Piensas destruir la ciudad de David? (Sube la voz.) ¿Piensas destruir este templo? ¿La ley enviada por Moisés? ¡Por Jehová mismo!
JESÚS. (Calmadamente.) Y te daré la misma respuesta que le di a Anás: Yo he hablado al mundo públicamente. Siempre he enseñado en las sinagogas y en este templo, donde se reúnen todos los judíos y nada he hablado en oculto ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, aquellos a los que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho.
GUARDIA 3. (Sale de las sombras, se para delante de Jesús y le da una bofetada. Jesús vira la cara con el golpe que resuena por la sala.) ¡¿Así respondes al Sumo Sacerdote?!
JESÚS. (Con calma y firmemente.) Si he hablado mal, testifica del mal (el Guardia 3 le da la espalda haciendo un gesto de desprecio con la mano y vuelve a la oscuridad en la derecha del escenario) y si bien, ¿por qué me golpeas? (Jesús baja otra vez la mirada.)
CAIFÁS. ¿No respondes a los cargos contra ti? ¡¿A lo que testifican estos contra ti?! (Jesús mantiene la mirada baja y no responde.) Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres Tú el Cristo, el Hijo de Dios.
JESÚS. (Levanta la vista, pero mira a la derecha del escenario, no a Caifás.) Si les digo, no me creerán. También, si les pregunto, no me responderán ni me soltarán; pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.
CAIFÁS. (Intrigado y con ansias de mal.) Entonces, ¿eres Tú el Hijo de Dios?
JESÚS. (Mirando al público.) Tú lo has dicho. (Sonido de paño o tela desgarrándose. El bullicio de la gente se vuelve ensordecedor.)
CAIFÁS. (Se para enérgicamente y con ira grita a voz en cuello, apuntando a Jesús y mirando a la multitud.) ¡Ha blasfemado! ¡¿Qué necesidad tenemos de testigos?! ¡Han oído su blasfemia! ¿Qué les parece? ¿Cuál es su veredicto?
VOCES. ¡Culpable!, ¡culpable!, ¡culpable!, ¡culpable!
(El Guardia 2 y 3 se acercan a Jesús. El Guardia 3 le escupe el rostro, Jesús se cubre la cara con las manos. El Guardia 2 le da un puñetazo en el estómago, Jesús se dobla de dolor. El Guardia 3 le golpea en la cabeza, Jesús cae de rodillas al suelo. Los guardias lo patean.)
GUARDIA 2. ¡Profetízanos, Cristo!
GUARDIA 3. ¡Sí! ¿Dinos quién te golpeó?
CAIFÁS. Hemos oído suficiente. (El Guardia 2 y 3 levantan a Jesús violentamente y lo ponen delante de Caifás; un guardia le agarra la barbilla, levantándole la cabeza para obligarle a mirar a Caifás.) ¡Guardias! Amarren al prisionero. (El Guardia 3 hace señas al Guardia 4, quien sale de las sombras con una cuerda o cadena y los guardias amarran o encadenan a Jesús.) Jesús, te voy a enviar a Pilato, donde serás juzgado por sedición y traición ¡Esta sesión ha terminado!
(Los guardias sacan a Jesús por el lado izquierdo del escenario, maltratándole y burlándose. Se apaga la luz sobre el centro del escenario y se ilumina el lado izquierdo, donde aparece María Teresa Ramos de pie, con un micrófono en la mano.)
MARÍA TERESA. Pues, como han visto, el Sanedrín ha entregado a Jesús al gobierno romano local, para que sea juzgado por sedición y traición. El patio de la corte ha quedado vacío, todos se han ido a sus casas.
(Pedro sale de la derecha del escenario, deja ver que tiene mucha prisa y quiere pasar desapercibido. La Reportera se da cuenta de su presencia y lo confronta, cortándole el paso. Pedro trata de evitarla, sin conseguirlo.)
MARÍA TERESA. ¡Oiga usted!, señor, ¿tiene un minuto? ¡Señor!, ¿puedo hacerle una pregunta? Por favor… ¿Cuál es su impresión acerca de lo que aquí hemos visto? (La reportera le pone el micrófono delante, esperando su respuesta.)
PEDRO. (Casi huyendo y tratando de no salir en cámara.) No tengo comentarios.
MARÍA TERESA. (Insiste preguntando.) ¿Es culpable?
PEDRO. No tengo comentarios.
MARÍA TERESA. ¡Seguro que usted tiene una opinión! ¿Piensa que Él es culpable?
PEDRO. Otra vez le digo que no tengo comentarios. Por favor... con su permiso. (Pedro trata de alejarse y sale de la luz dirigiéndose hacia la izquierda del escenario, pero la Reportera lo jala por un hombro hacia la luz, obligándolo a voltearse y mirarla.)
MARÍA TERESA. (Con cierta duda.) ¡Espere un momento! ¿No le vi yo anoche en el Huerto de los Olivos? ¿No era usted uno de los que andaba con Jesús?
PEDRO. (Decidido.) ¡Yo no sé de qué me habla! (Retrocede otra vez fuera de la luz.)
MARÍA TERESA. (Recordando y con firmeza.) ¡Pero usted sí estaba con Jesús!
PEDRO. ¡No sé de qué habla! (Empieza a caminar rápidamente hacia la izquierda, alejándose de la luz.)
MARÍA TERESA. ¡Yo lo vi!
PEDRO. (Casi fuera del escenario, gritando desesperado.) ¡Yo no conozco a ese Hombre! ¡Le digo que no lo conozco!, ¡no conozco al tal Jesús!, ¡no lo conozco! (Se escucha un gallo cantar en la distancia.)
MARÍA TERESA. (Vuelve a mirar a la cámara, meneando la cabeza con incredulidad.) Aquí vieron al hombre que ayer mismo estaba dispuesto a dar su vida por Jesús y ahora que su líder va a juicio, niega hasta haber conocido su nombre. Les habló María Teresa Ramos, en vivo, desde Jerusalén.
(El escenario queda totalmente oscuro.)
JORGE. No se pierda esta noche, “Jesús contra Pilato” ¿Es traición o trampa? María Teresa Ramos reportará en vivo, desde la capital judía. Recuerde, esta noche, a las 10:00 p.m., sólo en el Canal 31, le esperamos.
(Al terminar se pone música rápido, demostrando cierre de noticias y cambio a otro programa, mientras se cierran las cortinas.)
ESCENA III
(El juicio ante Pilato)
(El escenario está oscuro, de repente se escucha la voz en off de Jorge Molina.)
JORGE. Interrumpimos este programa para traerles noticias de último momento, sobre la crisis en Judea.
(Luz sobre María Teresa Ramos, de pie a la izquierda del escenario, micrófono en mano.)
MARÍA TERESA. Buenas noches. Hemos recibido noticias que Jesús ha sido entrevistado por Herodes y devuelto a Pilato. El hijo de un carpintero de Nazaret, Jesús, ha sido traído aquí por segunda vez, después que el Gobernador romano examinó los cargos contra Él: subversión, oponerse a pagar impuestos al César y por sus reclamaciones de ser el Mesías.
Personas cercanas al Gobernador, nos han dicho que los cargos contra el nazareno fueron hallados válidos. El gobernante descubrió que Jesús era galileo y estaba bajo la jurisdicción de Herodes, así es que lo envió a éste. Hemos sabido que Herodes no recibió respuesta alguna de Jesús, por tanto, humilló al líder carismático, vistiéndolo como un rey, con un manto regio, antes de devolverlo a Pilato... (Mano en el oído...)
Me dicen que Pilato va a reexaminar al galileo. Vamos ahora a nuestra cámara, que está cubriendo el palacio del gobernador romano.
(Se apaga la luz sobre María Teresa Ramos. Se escucha el sonido de una multitud como en una plaza, algo similar al ruido de la gente en el juicio en el Sanedrín. El centro del escenario se ilumina, Pilato está de pie, de espaldas a la audiencia. Los Guardias 2 y 3 traen a Jesús amarrado o encadenado por la izquierda del escenario. Jesús camina mansamente, los tres se detienen ante Pilato, quien mira a Jesús y Jesús sostiene Su mirada, inocentemente, esperando a que Pilato diga o haga algo. El Guardia 3 hace una seña al Guardia 2 y éste golpea las piernas de Jesús con su lanza. Jesús cae de rodillas a los pies de Pilato, los guardias retroceden unos pasos y se paran enérgicamente en el borde de la luz.)
PILATO. Pues nos encontramos otra vez, Jesús. (Pilato se inclina y ayuda a Jesús a levantarse. Jesús se queda de frente a la audiencia. Pilato comienza a caminar alrededor de Jesús sin quitarle la vista.) Jesús, Jesús, Jesús… ¿Qué voy a hacer contigo? Dime, ahora que estamos solos... sólo entre Tú y yo... (Pilato se detiene brevemente.) ¿Eres Tú el Rey de los judíos?
JESÚS. ¿Tú dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
PILATO. (Comienza a pasearse alrededor de Jesús nuevamente y le responde algo irritado.) ¿Soy yo acaso judío? Tu nación y sus principales sacerdotes te han entregado a mí… (curiosamente) ¿Qué has hecho? (Se detiene detrás, al lado derecho de Jesús y acerca el oído hacia Él.)
JESÚS. Mi reino no es de este mundo. Si lo fuese, mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Pilato camina detrás de Jesús y se detiene al lado izquierdo, detrás de Jesús, escuchando. Jesús habla pausadamente.) Todo el que es de la verdad oye mi voz.
PILATO. (Intrigado, como buscando en la mente el significado de sus palabras.) Verdad, verdad... ¿Qué es la verdad? (Jesús baja la cabeza. Pilato camina fuera de la luz y se dirige al público en alta voz, sobre el ruido de la multitud.) ¡Yo no hallo ningún delito en Él!... Ustedes tienen la costumbre de que les suelte un prisionero en la Pascua, ¿quieren que les suelte al Rey de los judíos?
VOCES. ¡No!, ¡no!, ¡no a éste! ¡No, danos a Barrabás!
PILATO. (Alarmado.) ¿Por qué? ¿Qué crimen ha cometido este Hombre?
VOCES. ¡Fuera con éste! ¡No, suelta a Barrabás!
PILATO. (Asombrado por la elección, se acerca a Jesús, que mantiene la cabeza baja y camina detrás de Él, pensativo.) ¿De dónde eres Tú? (Pilato llega al lado derecho de Jesús y se da la vuelta. Jesús no le contesta ni se mueve. Pilato se detiene al lado izquierdo de Jesús.) ¿No me hablas a mí? (Pilato vuelve rápidamente al lado derecho de Jesús.) ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte o crucificarte?
JESÚS. (Levanta la cabeza y mira a Pilato a los ojos, Pilato le sostiene la mirada.) Ninguna autoridad tuvieras sobre mí, si no te fuera dada de arriba. Por lo tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. (Vuelve a bajar la cabeza.)
PILATO. (Dirigiéndose al público.) ¡¿Qué hago entonces con éste, que ustedes llaman el Rey de los judíos?!
VOCES. (Desde el público, inmediatamente después de Pilato.) ¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo!
PILATO. (Habla por encima de los gritos de la multitud, convencido de la inocencia de Jesús.) ¡Ningún delito de muerte he hallado en Él!
VOCES. (Gritan más fuerte que antes, con convicción.) ¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo!, ¡crucifícalo!
PILATO. (Trata de hacerse escuchar por la multitud.) Lo castigaré y luego lo soltaré.
VOZ. (Se destaca sobre los otros gritos.) ¡Si lo sueltas, no eres amigo del César! ¡Todo el que se proclama rey, a César se opone!
VOCES. ¡Fuera con Él!, ¡fuera!
PILATO. (Hace un ademán pidiendo silencio, la gritería decrece considerablemente.) ¿Crucifico a su Rey?
CAIFÁS. (Se adelanta de entre la multitud.) ¡No tenemos más rey que César! ¡Crucifícalo! (La gritería sube de tono una vez más. Pilato se acerca a uno de los guardias y le habla en voz baja. El Guardia 2 sale y regresa trayendo una vasija con agua y un paño. Pilato se sube las mangas de su toga. La gritería se convierte en murmullo curioso.)
PILATO. (Señalando la vasija.) ¡¿Ven esto?! (Señala entonces a Jesús.) ¡Esto es su responsabilidad! (Mete las manos en la vasija y se lava las manos.) Me estoy lavando las manos... (Se las seca con el paño y encara a la multitud.) ¡Soy inocente de la sangre de este hombre!
VOCES. ¡Su sangre sea sobre nosotros y nuestros hijos!
PILATO. (Camina hasta donde está Jesús y le pone la mano en el hombro. Jesús levanta la cabeza y sus miradas se encuentran.) Es tiempo…
(Los actores se inmovilizan en sus posiciones, se apagan las luces sobre el escenario, mientras se cierra la cortina. Se ilumina la parte izquierda del escenario, donde está María Teresa Ramos de pie, micrófono en mano.)
MARÍA TERESA. La ejecución del predicador de Galilea, sin más discusión, será llevada a cabo a las 9:00 a.m. del día de mañana. Un pequeño detalle interesante entre todo esto: las autoridades israelitas han identificado el cuerpo del hombre que los llevó a Jesús... Judas Iscariote fue encontrado ahorcado. Este hombre fue del grupo íntimo de seguidores de Jesús. Soy María Teresa Ramos, Canal 31, reportando en vivo, desde Jerusalén. Buenas noches.
(Se apaga la luz, el escenario queda completamente a oscuras. Se escucha una música de fondo o grabación de un programa de televisión que es interrumpido abruptamente.)
JORGE. No se pierda esta noche, la edición de “La noticia al rojo vivo”. También mañana, a las 9:00 a.m. hora oriental y a las 8:00 a.m. hora en Norteamérica, “La hora de la ejecución”, manténgase con nosotros para que conozca los últimos detalles de estos acontecimientos en el Medio Oriente; «saciamos su sed de conocimientos, porque usted necesita estar informado». Yo soy Jorge Molina, desde Los Ángeles, California, y los espero, a esta misma hora, cada día, buenas noches.
(Se apaga la luz, el escenario queda completamente oscuro. Se escucha una música de fondo o grabación de un programa de televisión que es interrumpido abruptamente.)
ESCENA IV
(La ejecución de Jesús)
(El escenario está oscuro, de repente se escucha la voz en off de Jorge Molina.)
JORGE. Buenos días tengan todos, les habla Jorge Molina, desde el Canal 31, llevándoles a ustedes las últimas noticias ocurridas en el Medio Oriente, escenario actual de grandes revueltas relacionadas con el líder judío Jesús, quien en el día de ayer fue llevado a juicio y condenado a crucifixión por la multitud y los principales líderes religiosos. Ahora, tal y como lo habíamos anunciado en el día de ayer, tenemos un contacto en vivo, desde Jerusalén, con nuestra corresponsal María Teresa Ramos.
(Luz sobre María Teresa Ramos, de pie a la izquierda del escenario, micrófono en mano.)
MARÍA TERESA. Buenas días. A diferencia de los reportajes anteriores, en esta ocasión nuestras cámaras y micrófonos no han podido acercarse como queríamos al lugar de los hechos, ya que ha sido prohibido, por los guardias y demás líderes religiosos, el acercamiento de los diferentes medios de prensa al lugar de la ejecución. Este tipo de ejecución es fuera de lo común en nuestro continente, pero realmente es algo impactante lo que hasta aquí hemos presenciado y que no nos fue permitido grabar.
El mismo reo es obligado a cargar su cruz, es golpeado, abofeteado, escupido y comienza a sufrir los agravios de su muerte, desde que sale rumbo al lugar de la misma. No tenemos referencia de otros prisioneros que hayan pasado por esto, pero ha sido colosal la multitud que ha acompañado a este líder, Jesús, a lo largo de su trayecto hasta el monte conocido por Calvario, en el que ha sido crucificado.
El dolor de su madre, de sus seguidores y demás devotos, ha sido palpable con facilidad, pero aun a ellos se les ha impedido acercarse a Él. Nuestro paso fue obstruido en la ladera de este monte Calvario, pero desde aquí oímos los gritos de los dos crucificados, de los cuales nos han informado, son dos ladrones que yacían con antelación en ese lugar. Los que están al pie de la cruz de Jesús, acompañándolo y viéndolo pagar como un ladrón más, sufren su pena y dolor.
Desde aquí nuestra cámara ha logrado captar esta imagen, en lo más alto del Calvario, que muestra la escena más impactante que jamás se haya visto, donde este hombre, al parecer inocente y condenado injustamente según muchos entrevistados, y cuyo rostro no inspira maldad alguna, sufre las terribles consecuencias de esta muerte tenebrosa. Pero a pesar de ello, desde antes de lograr este pase a MEGAVISIÓN, en el tiempo que hemos estado observando desde acá abajo, no hemos notado que se ha alterado ni que ha pronunciado palabra alguna de venganza a sus torturadores; por el contrario, algo le ha dicho a los ladrones que los rodean, que ha servido de bálsamo para ellos, pues hace un rato estaban muy desesperados y ahora los vemos serenos y a uno de ellos, como si albergara una esperanza más allá de su muerte.
No sabemos cuánto tiempo pueda soportar con vida el galileo en esa cruz, luchando contra la misma muerte, pero cuando ésta lo venza, de seguro habrán acabado estos disturbio en Jerusalén, que han ocupado las noticias en la última semana, la que podemos decir ha sido la última semana de Jesús en la tierra. Yo soy María Teresa Ramos, y esto ha sido un reporte en vivo, desde Jerusalén, para el Canal 31: MEGAVISIÓN.
JORGE. Y así concluyen los sucesos de esta semana en el Medio Oriente, con la muerte en una cruz del quien dijo ser el “Rey de los judíos”, muchas gracias a nuestra Reportera María Teresa Ramos, por este trabajo desde el mismo lugar de los hechos. Recuerde, esta noche, a las 11:00 p.m. nuestro programa de participación “100 Mejicanos dijeron” y mañana sábado, a la misma hora “Sábado Gigante”, con Don Francisco, que lo espera para hacerle pasar un fin de semana estupendo, los esperamos, por este, el Canal 31, yo soy Jorge Molina, quien ha tenido el gusto de compartir estas horas con ustedes. Tengan buenas tardes.
(Al terminar se pone música rápido, demostrando cierre de noticias y cambio a otro programa, mientras se cierran las cortinas.)
ESCENA V
(La gran noticia)
(Esto que continúa, se desarrolla el domingo, día de Resurrección, donde se abren las cortinas con un supuesto programa de TV, que de repente es interrumpido por Jorge Molina, quien trae una noticia de última hora desde Jerusalén; pero ha perdido la comunicación con su Reportera, María Teresa Ramos y decide retransmitir lo relacionado con los hechos que ella trae, acontecidos durante la semana.)
JORGE. Buenos días tenga todos, estimados televidentes, ante todo pedimos disculpas por la interrupción del programa que disfrutaban, pero algo alarmante, de última hora, ha llegado a nuestros medios y queremos que nuestros televidentes sean los primeros en conocer lo que acontece en el Medio Oriente, específicamente en Jerusalén, lugar del cual creímos había sido historia, refiriéndonos al arresto, juicio y muerte del personaje que ha ocupado la atención de muchos en esta recién terminada semana, Jesús.
Estamos tratando de establecer contacto con nuestra Reportera en ese lugar, María Teresa Ramos, desde la capital judía… Buenos días, María Teresa, adelante… (Tras darse cuenta que no responde, insiste) ¿Me escuchas, María Teresa? ¿Estás con nosotros? (Tras unos segundos, se da por vencido y se dirige al público nuevamente.) Parece ser que hemos perdido la comunicación con Jerusalén, rogamos disculpas, pero seguiremos intentando, apenas tengamos a nuestra corresponsal lista, haremos el pase en vivo. Mientras tanto, retransmitiremos los reportajes anteriores hechos por esta periodista, desde ese mismo lugar, para que nuestros televidentes recuerden y los que no tuvieron la oportunidad de verlo en vivo, estén al tanto de lo acontecido en las últimas horas en el ámbito internacional.
(Al terminar comienza a repetirse el guión desde el principio.)
ESCENA VI
(La resurrección de Jesús)
JORGE. Interrumpimos estas imágenes diferidas, para conocer en vivo los detalles de último momento de lo que parece ser la gran noticia del año en el mundo entero. Sin más, ya tenemos en vivo, desde el lugar de los hechos, a María Teresa Ramos ¿Me escuchas ahora, María Teresa?
(Ella afirma y él hace el pase)
MARÍA TERESA. (Aparece con otro vestuario distinto al que ha portado hasta el momento, representando que es otro día. Su voz es de alarma, habla rápido y asombrada de lo que va a decir.) Sí, te escucho, Jorge; buenos días para ti y el resto de los amigos que están con nosotros en esta hora. Algo verdaderamente grandioso e inesperado ha acontecido en esta región de nuestro planeta, algo que no esperábamos cuando nos despedíamos el pasado viernes, creyendo que los sucesos de la última semana habían llegado a su fin con la muerte del, por muchos llamado “Rey de los judíos” y por otros considerado como un farsante y blasfemo.
Pero lo cierto es que en esta mañana, desde bien temprano, reina la algarabía y el asombro en esta ciudad, pues un grupo de seguidores de Jesús afirman, nada más y nada menos, que su líder ha RESUCITADO. Imaginen cómo está la ciudad de convulsa. Los miembros del Sanedrín están que arden de ira con tal noticia y niegan tal suceso. Sin embargo, los conocidos como discípulos de Jesús, afirman que esto es el cumplimiento de lo profetizado por su Maestro antes de morir ¿Será acaso que ese Jesús que fue crucificado, era realmente el Mesías esperado, el Hijo de Dios? Nuestras cámaras se encuentran en estos momentos cerca de los que declaran ser los primeros en oír la noticia.
(Se acerca a Juan, quien está rodeado por otros discípulos y las Marías; la Reportera le extiende el micrófono y pregunta.) ¿Su nombre por favor?
JUAN. Me llamo Juan.
MARÍA TERESA. Lo vi a usted al pie de la cruz, abrazaba a la madre del galileo, ¿es de la familia?
JUAN. Realmente no, pero soy uno de los discípulos que anduvo con Jesús a los largo de Sus tres años de ministerio. Aprendí mucho del Maestro, es alguien sin comparación y por nuestra relación, encomendó a mi cuidado a su madre.
MARÍA TERESA. Dice usted “es”… ¿acaso es de los que piensa que ha resucitado?
JUAN. No, no lo pienso, lo creo firmemente.
MARÍA TERESA. Si habla con tanta seguridad, es porque debe tener un argumento sólido al respecto, ¿pudiera dar detalles para este reportaje?
JUAN. Esta mañana, al enterarnos Pedro y yo de la gran noticia que nos trajeron atónitas María y María Magdalena, corrimos al sepulcro donde el viernes, antes de caer el sol, pusieron el cuerpo del Maestro. Y al llegar allí, todas nuestras dudas fueron disipadas, pues contemplamos que la piedra del sepulcro había sido removida y los lienzos estaban en su lugar. Nuestro Maestro no estaba, ¡había resucitado!
MARÍA TERESA. ¿No cree que pudiera ser causa de su pasión desmedida por… su “Maestro”, como le llaman, lo que haga que imaginen tal acontecimiento irreal? (Es interrumpida por María Magdalena.)
MARÍA MAGDALENA. Se equivoca usted, señora, entiendo que pueda ser asombroso para usted quizás, como lo fue par nosotros de primer momento; pero irreal no es, pues a mí misma se me apareció cerca del sepulcro, cuando lloraba por lo que me habían dicho los ángeles, y me llamó por mi nombre. Pude contemplar al Maestro frente a mí… (Admirada.) Era Jesús y me dio la encomienda de contarles a sus discípulos lo que había visto.
MARÍA TERESA. ¿Usted es de las que fueron al amanecer a llevarle ungüentos y especias aromáticas al sepulcro?
MARÍA MAGDALENA. Sí, mi nombre es María Magdalena, fui con mis otras amigas y al llegar allí y ver la piedra removida, nos asustamos, pero el ángel nos dijo: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado”.
MARÍA TERESA. ¿Un ángel, ha dicho?
PEDRO. Sí, ella lo vio y nos contó, fue cuando comprendimos que era cierto lo que Él nos había dicho, que al tercer día resucitaría y las tantas formas en que nos lo dijo.
MARÍA TERESA. ¿Y no es usted el que negó haberlo conocido y haber estado con Él, cuando Jesús fue arrestado? ¿Cómo puede ahora estar de su lado y estar tan seguro de eso que afirma?
PEDRO. Primeramente, porque me arrepentí de haberlo negado y rumbo al Calvario, cuando me miró y me vio llorando, sentí que con Su mirada me perdonaba... Si usted hubiera conocido a Jesús, entendería lo que digo. Después, cuando nos apareció, estando todos reunidos, me preguntó en varias ocasiones: “¿Pedro, me amas?” Y yo le respondí, “Sí, Señor, tú sabes que te amo”, me perdonó y ahora es mi deber decir a todos que Jesús ha resucitado y que vive en nuestros corazones.
JUAN. Nosotros estábamos tristes, atemorizados por haber quedado solos; nos sentíamos turbados, sin esperanza… pero cuando Jesús apareció frente a nosotros y nos preguntó porqué estábamos así, nos dijo que debíamos haber creído en Él… y más que eso, nos mostró Sus heridas en las manos y Su costado, comprendimos que realmente no estábamos derrotados, como los del Sanedrín y demás que lo odiaban nos quisieron hacer creer. Por el contrario, Él llenó nuestras vidas de esperanza una vez más, nos reunificó e hizo que creyéramos lo mismo, que nos uniéramos en un mismo sentir y lleváramos a otros las buenas nuevas de su resurrección. Nos ha encomendado que como buenos discípulos sigamos la obra que Él comenzó y que nos extendamos al mundo entero, proclamando que Él vive y reina, y que nuestra fe y sacrificio no ha sido en vano, porque nuestro Maestro no está muerto, sino que ha resucitado y nosotros también, un día, resucitaremos con Él.
MARÍA TERESA. Es conmovedor lo que nos cuenta, y creo que quien escucha las palabras que han dicho y contempla la firmeza con que lo expresan, no le cabe duda que dicen la verdad, aunque es mucha la oposición que tienen, pero si se unen, creo que podrán sobreponer la verdad que defienden por encima de todo y sin saberlo, han comenzado la obra que su Maestro les legó, haciéndoles conocer a los amigos televidentes que están con nosotros en estos momentos, que su líder, Jesús, ha resucitado.
Muchas a gracias a ustedes por sus palabras y tiempo y a ustedes, queridos amigos televidentes, por acompañarnos en esta última hora. Hemos escuchado de primera mano esta gran noticia que ha hecho estremecer en este primer día de la semana, domingo, al mudo entero. Deben ser millones en todo el planeta, los que hayan escuchado en esta mañana la inesperada, impactante y esperanzadora noticia, que el Jesús que creíamos que estaba muerto aún, ha resucitado. Muchas gracias por la sintonía, yo soy María Teresa Ramos, para el Canal 31, en vivo, desde Jerusalén.
Las máquinas del Siglo XXI
6 Minutos y 7 Personajes. Un hombre desesperado busca llenar su vacío espiritual por todas las opciones que le ofrece el mundo. Se da cuenta de que Jesús es el único camino pero las máquinas lo matan. El hombre piensa suicidarse pero Jesús le anuncia que Él es la resurrección y la vida.PERSONAJES
DESESPERADO
JESUCRISTO
MÁQUINA 1 (FILOSOFÍA)
MÁQUINA 2 (POLÍTICIA)
MÁQUINA 3 (DINERO)
MÁQUINA 4 (ALCOHOL)
MÁQUINA 5 (DROGAS)
(Las Máquinas entran como robots al escenario y se ubican en una fila, una al lado de otra. Con una posición estática miran al frente y tienen su brazo derecho levantado hacia el frente, pegado al torso y flexionado, como si fuera una palanca. Desesperado sale del público pidiendo ayuda y buscando una solución a sus problemas. Desesperado llevará en su espalda una carga pesada que representará los problemas, su vacío espiritual y su angustia)
DESESPERADO. (Pide ayuda al público pero nadie puede ayudarlo. Llega al escenario casi arrastrándose, en una actitud de que ya no puede más con su carga, hasta que ve a las máquinas.) ¡Máquinas! ¡Máquinas del Siglo XXI! ¡Ustedes son la solución a mis problemas, porque ya no puedo más con esta carga tan pesada! Máquina, tal vez tú puedes ayudarme. (Llega hasta la primera máquina y le baja el brazo.)
(Cada máquina, al bajarle cobra vida.)
MÁQUINA 1. Creo que tengo la solución a tus problemas. La Filosofía puede ayudarte. Las religiones son tu solución, la hechicería, el ocultismo, la nueva era. ¿Sabias que tú desciendes del mono? La Filosofía es tu solución. ¡La Filosofía! ¡La Filosofía! ¡La Filosofía! (La máquina se retira a su posición original susurrando estas palabras.)
DESESPERADO. (Mientras la máquina habla, él recibe esa solución susurrando su nombre en voz de baja. Pero luego que la máquina vuelve a su posición original, él grita.) ¡No! ¡La Filosofía no es la solución! Pues pasé por todas esas cosas y sólo conseguí vivir engañado. (Pide ayuda a la Máquina 2.) Máquina, tal vez tú eres la solución a mis problemas, porque no puedo más con esta carga tan pesada. (Baja el brazo a la Máquina 2.)
MÁQUINA 2. Yo tengo la respuesta a tus problemas: la política. Esa es tu solución. Tendrás mucho poder. Dominarás a mucha gente. Podrás alcanzar altos niveles en la sociedad. Afíliate a mi partido y verás que esa es la solución. (Se retira a su posición original mientras susurra.) ¡La política! ¡La política! ¡La política!
DESESPERADO. (En un principio recibe muy contento la solución pero luego dice…) ¡No! ¡La política no es la solución! Pasé por todos los partidos pero ninguno cumplió lo que me prometió. (Se vuelve hacia la máquina 3.) Máquina, tal vez tú eres la solución a mis problemas. (Baja el brazo a la Máquina 3.)
MAQUINA 3. ¡Claro que yo tengo la solución! El dinero es la solución. Con el dinero podrás tener muchas mujeres, muchos placeres. Podrás comprar la amistad de las personas. Te respetarán. El dinero es la solución. (Se retira a la posición original mientras susurra.) ¡El dinero! ¡El dinero! ¡El dinero!
DESESPERADO. (Recibe la solución con alegría, pero luego dice...) ¡No! ¡El dinero no es mi solución! Tuve mucho dinero. Tuve muchos deleites pero sólo conseguí un gran vacío en mi corazón. (Se vuelve a la máquina 4 para pedir su ayuda; le baja el brazo.)
MAQUINA 4. (Cobra vida, y en actitud de ebriedad ofrece la solución.) Pero mi amigo, ¿por qué no acudiste a mí? Ven a tomar un trago. Esta es la solución. Mira, podrás emborracharte y olvidarte de tus problemas. Toma, amigo mío. El alcohol es la solución. (Vuelve a la posición original mientras susurra.) ¡El alcohol! ¡El alcohol! ¡El alcohol!
DESESPERADO (Recibe la solución en un principio, como en las otras ocasiones, pero luego dice…) ¡No! ¡El alcohol no es mi solución! Yo amanecía bebiendo por días… por semanas. Por ello perdí a mis hijos. Por ello perdí mi hogar. El trago sólo arruinó mi hogar. No es la solución. (Se dirige a la máquina 5. Pide ayuda y le baja el brazo.) Máquina, tal vez tú eres la solución a mis problemas.
MAQUINA 5. (Cobra vida; actúa de manera errática.) ¡Claro que tengo la solución! ¡Las drogas! ¡Toma, prueba! (Saca una pastilla y se la da.)
DESESPERADO. (Rehuyendo.) ¡No! ¡Esa no es mi solución! Pasé por las drogas. A raíz de ello perdí mi trabajo, al no tener dinero comencé a vender las cosas de mi casa al venderlo todo me dediqué a robar.
MAQUINA 5. (Se dirige al público.) ¡Mira cómo se ríen! Eres un despreciado de la sociedad. Mira, nadie te quiere, pero yo te voy a dar la solución definitiva: ¡Suicídate! ¡Suicídate! ¡Suicídate!
(Vuelve a su posición original susurrando esta palabra.)
DESESPERADO. (Empieza a llorar desesperadamente, mientras dice…) ¡El suicidio es mi solución! (Se arrodilla y pone los brazos sobre la cabeza mientras se inclina hasta el suelo.)
JESUCRISTO. (Sale al escenario, y se ubica en el centro, frente al público, con las manos levantadas dando la espalda a las máquinas.) YO SOY EL CAMINO, Y LA VERDAD, Y LA VIDA. NADIE VIENE AL PADRE SINO POR MÍ.
(Las máquinas caminan hasta situarse frente a Jesucristo. Las máquinas 1 y 5 clavan las manos de Jesús. Las máquinas 2 y 4 clavan sus pies, y la tercera máquina le coloca una corona de espinas imaginarias. Luego regresan a su posición original. Jesucristo cae muerto al suelo.)
DESESPERADO (Mientras las máquinas crucifican a Jesús, él grita…) ¡Máquinas! ¿Qué están haciendo? ¡Noooooooooooo! (Una vez que Jesús cae al suelo, él todavía en el suelo y de rodillas, haciendo mucha lamentación y acusándoles de haber matado a Jesús, dice.) ¡Han matado a Jesús! ¡Han matado a mi única solución! ¡Ustedes han matado a Jesús con sus pecados y rebeliones! ¡Máquinas asesinas! (Luego se dirige a Jesús.) Jesús, eras mi única solución. Ahora no tengo nada más que suicidarme.
JESUCRISTO. (Se levanta con las manos levantadas.) YO SOY LA RESURRECCION Y LA VIDA, EL QUE CREE EN MÍ AUNQUE ESTÉ MUERTO VIVIRA. (Juan 11:25)
(Al comunicar Jesús estas palabras, las máquinas se doblan de la cintura, como muertas. Se quedan en esa posición hasta el fin.)
FIN
Crucifixión y resurrección de Jesús visto por un soldado romano
12 Minutos y 11 Personajes + Extras. Un soldado analiza los últimos acontecimientos de la vida de Jesús y cree en Él.SOLDADO 1
SOLDADO 2
JESÚS
LADRÓN 1
ÁNGEL
3 LLORONAS
JOSÉ DE ARIMATEA
PILATOS
EXTRAS...
(Aparecen 3 crucificados en el escalón frente el pulpito: ladrones y Jesús. Entra el pueblo y algunos injurian a Jesús, le dicen que si verdaderamente es el hijo de dios baje de la cruz.)
LADRÓN 1. Tú si eres realmente hijo de Dios sálvanos y sálvate a ti mismo.
LADRÓN 2. Cállate tú, porque ni siquiera en ésta que es nuestra última hora, tienes temor a Dios, ya que es cierto que nosotros debemos pagar lo que hicimos, pero éste es un hombre realmente justo.
(Soldados quiebran las piernas a los ladrones y le entierran la lanza a Jesús
Los ladrones son bajados de la cruz, queda solo Jesús.)
(Empieza música con sonido de viento.)
JESÚS. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
(Música fuerte, como si fueran truenos. Habrá música de fondo mientras dialoguen los soldados.)
SOLDADO 1. Realmente fue impresionante ver sus últimas palabras en la cruz. Siempre que este hombre hablaba sucedían cosas extrañas, pues yo vi mucha gente que fue sanada por él, aunque a nosotros los soldados romanos nos prohibían hablar de estas cosas. Yo estuve parado junto a esa cruz, y la verdad es que no quería estar ahí, porque cundo volteaba para ver a Jesús su mirada me hacía sentir y pensar que yo debería estar en su lugar. Él no me veía con odio sino que a pesar del gran sufrimiento que padecía y de su expresión de agonía, Él me miraba con amor. Aún no alcanzo a entender por que Él decía palabras como: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. En mi interior yo le decía: “vamos, si eres el hijo de Dios, ¿por qué no bajas de esa cruz? ¿Por qué si dicen que no has conocido pecado mueres por los pecadores y los presentas justos ante tú padre, cuando creo que el único Justo eres tú? De pronto me di cuenta que mi cuerpo comenzó a temblar, porque parecía que Él escuchaba mis pensamientos y mientras por su cuerpo desfigurado corría la sangre, Él me decía con su mirada: “si no bajo de esta cruz es por amor a ti”.
LADRÓN 1. Te alabo, te exalto, Cristo Jesús, pudiendo bajar de la cruz Tú preferiste morir en obediencia al Padre por amor a mí, por amor a mí, te adoro, Cordero de Dios, el vino a cumplir y hoy crucifico mi ser, se tú hoy en mí, en obediencia al Padre yo te seguiré, por amor a ti.
(Diálogo con música suave. Las 3 mujeres están llorando.)
SOLDADO 2. Yo no sabía qué hacer, unos se burlaban de Él, otros a lo lejos lloraban porque nunca lo volverían a ver... aunque supuestamente Él dijo que al tercer día iba a resucitar... (Se para de hablar.)
(Entra José de Arimatea y le pide el cuerpo a Pilatos. Bajan a Jesús de la cruz, lo ponen detrás de la roca. Continúa la música suave.)
SOLDADO 2. Y bueno, por esa razón me ordenaron cuidar de esta tumba. Sinceramente yo quisiera irme de este lugar, no sé por qué pero me siento un poco temeroso. Además, yo no creo que este hombre salga de la tumba y mucho menos que pueda mover esta piedra tan pesada, ¡claro que no! Esto no sucederá... Pues le vimos morir, es más, le enterramos la lanza en su costado, y sus piernas, ni quebrarlas fue necesario. Él estaba muerto ahora que yo recuerdo todos los reyes, emperadores, profetas... (Soldado se duerme.)
DIOS. Jesús, hijo mío, por cuanto no te aferraste a ser igual y renunciaste a todo lo que era tuyo tomando forma de siervo y condición de hombre, haciéndote obediente hasta la muerte, yo te levanto con el poder del espíritu santo, venciendo a la muerte y te doy el más alto honor y el más excelente de todos los nombres que es sobre todo nombre.
(Mujeres van a ungir a Jesús. Ángel corre la roca.)
ÁNGEL. No busquéis entre los muertos al que está vivo. Jesús ha resucitado; id y decídselo a sus discípulos.
(Salen las mujeres con cara de asombro. La roca vuelve a su lugar)
SOLDADO. Bueno, pues ya está amaneciendo y como era de suponerse aquí no sucedió nada; sin duda que este hombre era un profeta más... Pero, ¿qué está pasando? ¡No puede ser! La piedra se está moviendo... ¡Oh, no lo puedo creer! Jesús ha resucitado, Él vive...
JESÚS. (Caminando hacia el centro) Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá.
(Todos hacen 2 grupos para alabanza final. Jesús está en el medio)
TODOS. Él vive, OH el vive, Él resucitó, adoremos, exaltemos, levantemos al rey, de reyes, al señor, de señores, a Jesús, nuestro señor, Él vive, Cristo vive.
Los guardianes de la noche
25 Minutos y 2 Personajes. Este es el drama de dos soldados romanos que cuidan la entrada de la tumba de Jesús. Uno de ellos teme y cree en las palabras de Jesús mientras que el otro lo rechaza e intenta convencer a su compañero de su incredulidad.PERSONAJES
DOMICIO
LUCIO
(Una piedra grande cubre el sepulcro que está al fondo del escenario- detrás de la piedra todo debe estar listo para iluminar gradualmente, la luz sólo se verá surgir alrededor de la piedra, nunca se ve el fondo de la tumba. Al frente del escenario una fogata, unos platos con frutas y vasos de agua. Hay una gran oscuridad. Sonidos de insectos. Las luces de la fogata suben; ésta será la única luz para la escena. Domicio, en uniforme de soldado romano, está parado junto a la fogata. Siempre se le ve con una actitud de intranquilidad y temor. Levanta la cabeza y trata de ver en las sombras a su alrededor. Una pausa pequeña. Empieza a darle vuelta a las brazas con su lanza. Mete su lanza al fuego y atraviesa un pedazo de madera. Pausa. Domicio levanta su lanza, pero tiene la madera clavada a la punta. Lo intenta otra vez. Trata de quitar la madera con el pie -empieza a mostrar pánico-, pero después se trata de calmar. Pausa. Se escucha un búho, pero se distingue más la voz humana que el sonido de un pájaro –más adelante se notará que era Lucio quien hacía esta imitación mala de búho-.)
DOMICIO. (Trata de ver a través de las profundas sombras.) ¿Lucio. . .? (Ve a su alrededor con ansias. De repente se llena de pánico porque no tiene lista su arma. Empieza a torcer su lanza para quitar la madera. Pausa. Se oye el ladrido de un perro. Levantando la cabeza.) ¿Lucio. . .? ¡Basta de comedia! (Pausa.) ¿Lucio. . .? (Otra vez buscando en las sombras. Se ríe un poco y se nota nervioso, habla para él mismo.) Lucio siempre se comporta como un payaso. (Domicio saca su lanza de la madera y levanta la punta para revisarla. Otra vez ladra el perro). Lucio, responde, ¡basta de tonterías…! (Con voz más baja, de nuevo habla para sí.) Este lugar me pone nervioso. . .
(Se escucha un misterioso “por acaaaaá”. Domicio da vuelta rápido para mirar atrás. Se oye otro ruido hacia la derecha. Domicio da vuelta para enfrentarlo con su lanza lista. Lucio, también vestido con uniforme de soldado romano, salta de las sombras por el lado izquierdo.)
LUCIO. ¡Por acá!
(Domicio da vuelta rápidamente, su lanza por poco corta el estómago de Lucio.)
LUCIO. (Con humor.) ¿Un poco tenso esta noche, Domicio?
DOMICIO. (Respirando rápido.) ¡Un poco! (Pausa.) ¿Por qué siempre me haces eso? Este no es un teatro, Lucio. Estamos de patrulla. ¿Dónde te fuiste?
LUCIO. Estuve patrullando el perímetro, amigo. Estaba espiando nuestros alrededores.
DOMICIO. Oh… ¿Y los sonidos de animales?
LUCIO. Señales, Domicio. ¿Sabes lo que estoy pensando? Necesitamos unas señales, ¿sabes de lo que hablo, verdad? Bueno, escucha: yo me escondo en aquellos arbustos, como lo estaba haciendo, y me espero. Y cuando los vea te hago la señal. . . (Hace el sonido de búho) así, ¿lo tienes?
DOMICIO. ¿Cuando veas a quiénes? ¿A quiénes estamos buscando?
LUCIO. (Acercándose misteriosamente.) Los. . . ¡Ángeles, Domicio! ¡Eso es, una manada de ángeles va a venir por encima de esa colina!
DOMICIO. Muy chistoso.
LUCIO. ¡O peor! (Nuevamente en tono misterioso, como si estuviera contando un cuento de terror a niños) Quizá vea esos disciiiípulos, amigo. Quizás vendrá una banda de ellos para atacarnos, (ahora cambia el tono a burla) como lo hicieron allá en Getsemaní. (Se ríe con desprecio.) Cobardes. . . (Pausa.)
DOMICIO ¿Me pregunto dónde están ahora? ¿A dónde habrán ido?
LUCIO. ¿Quiénes?
DOMICIO. Los discípulos, la ciudad entera, por el amor de Dios. Ese hombre tenía la ciudad entera gritando y alabando su nombre.
LUCIO. Oh sí, bueno, pues una crucifixión tiene el extraño poder de frenar causas populares. Por eso lo hacemos. (Lucio toma un pedazo de pan y empieza a comerlo.)
DOMICIO. Pero eso fue hace sólo una semana. ¡Tú escuchaste al pueblo! Se podía oír hasta Roma. Parecía que Zeus había bajado de las nubes.
LUCIO. Esta gente pensaba exactamente eso. Un dios. (De nuevo con burla sonríe.) Bueno, al menos algunos de ellos. Eso te muestra con qué tipo de gente estamos tratando.
Imagínate: si ese es el mejor dios que pudieron encontrar, ¡con razón siempre les ganamos en la guerra! ¿No lo ves? Nuestros dioses parecen hombres, pero vienen montados en carros tremendos o en caballos alados. . . siempre de maneras espectaculares. Pero este hombre vino al pueblo en un burro. ¿Has oído de eso? ¡En los lomos de un burro! ¿Puedes creer esa falta de educación?
DOMICIO. Pero, ¿cuándo has escuchado que uno de nuestros dioses realmente haya hecho un milagro?
LUCIO. (Riéndose, ahora se burla de su compañero.) ¡Domicio, hijo de Jacob! ¿Que ya brincaste la cerca? ¿Eres ahora uno de ellos? Estoy seguro que les encantaría tener un soldado en sus sinagogas.
DOMICIO. Ese hombre hizo milagros, Lucio. Nadie ha podido refutar las cosas que él hizo.
LUCIO. Ni las han podido comprobar tampoco. Cuando la gente se emociona, cree cualquier cosa. Así trabaja la religión y la política, ¿no? (Pausa, ahora parece más cansado y fastidiado.) ¡Hacer guardia en una tumba es ridículo! ¡Relájate! En un rato llegará la mañana y tú y yo podremos ir a casa y dormir bien. ¿Nos dijeron que sólo tres días, verdad?
DOMICIO. Sí, tres días.
(Una pausa larga.)
LUCIO. Déjame decirte esto, si mi familia se diera cuenta que ingresé al ejercito para cuidar de la tumba de un miserable judío, no dejarían de burlarse de mí. Mi padre estuvo en el ejército por toda su vida. ¡Nunca creería esto! ¡Así es el ejército!
DOMICIO. Ya casi amanece. Lo puedo oler. Casi es tiempo de irnos.
LUCIO. Has estado diciendo eso desde la medianoche. ¿Realmente quieres salir de aquí? (Ahora cambia el tono a complicidad de amigos.) ¿Tienes a alguien esperándote?
DOMICIO. No, ¡es que este lugar me da escalofríos!
LUCIO. ¡No me digas! ¿Por eso no dejaste de hacerme reír tanto? (Le ofrece un trozo de su pan) ¿Quieres comer?
DOMICIO. No… No tengo hambre.
LUCIO. No comiste ayer y tampoco hoy. ¿Estás enfermo?
DOMICIO. No, sólo es que no tengo hambre.
LUCIO. Yo lo sé… Son nervios… (Se ríe.)
DOMICIO. ¡Yo no dije eso!
LUCIO. ¡Mira soldado! ¡Necesitaremos toda nuestra fuerza cuando esos ángeles nos caigan encima! (Saca su espada.) ¡Los atacaremos como Don Quijote y Sancho Panza!
DOMICIO. (De repente.) ¿Sabes por qué no puedo comer? ¡Porque tus tontos chistes me enferman! ¡Ya estoy harto! Desde que nos pusieron dieron la guardia no has dejado de hacer tus chistes de judíos, chistes de fantasmas o chistes de ángeles. Te he pedido que dejes de molestar. Ya estoy harto ¡cállate la boca!
(Pausa incómoda. Lucio silba bajo.)
LUCIO. ¡Está bien, está bien! (Hace un sonido impaciente.) De todos los soldados en Jerusalén, me tocó ser guardia con el Teniente Me Falta Sentido del Humor.
(Una pausa larga.)
DOMICIO. Mira, Lucio. . . es que no me gusta estar aquí. Lo que estoy diciendo, es que en las barracas está bien que seas chistoso, pero no frente a una tumba. Bueno, no frente a Su tumba, al menos.
LUCIO. Una tumba es una tumba, Domicio. Es igual a cualquier otra. Y huele igual también. ¿De qué tienes miedo?
DOMICIO. ¡No tengo miedo! Estoy. . . incómodo.
LUCIO. ¡Incómodo! (Lucio ahora se nota enojado.) No has comido en dos días. ¡Mírate!
Estás apuntando esa lanza a cualquier cosa que respire… (Alejando la lanza.) Incluyéndome a mí. Estás tan nervioso que. . . brincas cuando oyes un ratón eructar. Eso no es estar incómodo, Domicio, estás aterrorizado. ¿De qué tienes miedo? (Pausa.) ¿De él?
(Pausa.)
DOMICIO. Bueno, pero, ¿no te incomoda a ti?
LUCIO. ¡No! Morir yo me incomodaría, amigo, pero los muertos no… No lo puedo creer… ¿Qué haces en el ejército si te incomoda estar cerca de los muertos?
DOMICIO. ¡No es eso! Yo estuve allí, en la crucifixión ¿no? (Pausa. Lucio no le responde, se e nota molesto, parece que sabe algo que le incomoda, parece que está a punto de decir lo que le molesta.)
DOMICIO. (Insiste.) ¿No es cierto?
LUCIO. Claro. Y corriste al pie de la colina a vomitar.
DOMICIO. ¿Quién te dijo eso? (Avergonzado.)
LUCIO. Nadie lo dijo. Lo vimos. Todos te vimos.
DOMICIO. Es que no me sentía bien, eso es todo.
LUCIO. Eso no es todo. Este ex-Rey de los judíos te llenó de pánico desde que lo arrestaron. Domicio, por si no lo has notado… está muerto. (Pausa.) A menos que pienses que no está muerto.
DOMICIO. (Rápidamente y a la defensiva.) ¡¿De qué estás hablando?!
LUCIO. ¡De qué estoy hablando! ¿De qué estoy hablando, ah? Te estoy preguntado si estás incómodo porque tú crees que no está muerto. (Lucio sonríe, cruza el escenario y se acerca a la piedra.)
DOMICIO. (Con la lanza lista en voz baja.) ¡Qué estás haciendo, Lucio! ¡Aléjate de allí!
LUCIO. (Inclinándose hacia la piedra.) ¡Hola! ¡Ah, disculpa!
DOMICIO. ¡No hagas eso!
LUCIO. Escucha, ¿estás vivo allí adentro o algo así?
DOMICIO. ¡Esto no tiene gracia! ¡No me estoy riendo!
LUCIO. Mira, es que mi amigo. . . Domicio. . .
DOMICIO. ¡No digas mi nombre!
LUCIO. Es que él piensa que quizás no has. . . cruzado al otro lado todavía.
DOMICIO. (Enojándose.) Te estoy advirtiendo, Lucio…
LUCIO. Parece que tiene miedo de que tú solo eches a un lado esta piedra.
(Domicio corre hacia él.)
DOMICIO. ¡Ya me has cansado! ¡Me tienes harto!
LUCIO. (Volteando rápidamente.) ¡Suelte la lanza, Domicio! (Pausa. Domicio baja su lanza. Lucio se acerca amenazante.) No, tú no estás harto, ¡yo estoy harto! Estoy hasta aquí de tus supersticiones. Tú bien sabes que él está tan muerto como un muerto pueda estar. Tú viste su ejecución. Estuviste presente en ese sangriento evento, al menos hasta que te fuiste a vomitar entre los arbustos. Viste cuando el capitán hasta le clavó una lanza en su corazón para asegurarse que estuviera bien muerto. Viste cuando bajaron su cuerpo. ¿Y ahora piensas que de repente va a saltar con vida y que va a salir de esa cueva sólo para asustarte? A menos que ya te hayas convertido y ahora también creas en esas maravillas sobrenaturales, puedes callar tus temores imbéciles. ¿Me comprendes?
(Pausa.)
DOMICIO. No, no estoy inventando esto, sabes. Él dijo que regresaría de los muertos.
LUCIO. ¿Quién lo dijo?
DOMICIO. Te lo acabo de decir. Él lo dijo.
LUCIO. ¿Dónde escuchaste eso? (Se ríe.) ¡Que basura! Mira, uno de esos seguidores suyos probablemente inventó eso. Él les había lavado el cerebro para que creyeran y proclamaran cualquier cosa.
DOMICIO. ¿Por qué piensas que el gobernador Pilato nos puso de guardia? Esos sacerdotes judíos dijeron a Pilato que cuando estaba vivo él decía que regresaría de los muertos. Lucio, Él hasta sabía que iba a morir.
LUCIO. ¿Qué les pasa a todos los que causan problemas y alborotos, ah? No tenías que ser adivino para saber dónde iba a terminar. Y acerca de regresar de los muertos: el gobernador Pilato nos puso aquí por si a uno de esos benditos discípulos se les metía la brillante idea de abrir esa tumba y robarse ese cuerpito santo. Tú conoces a esta gente. Ahora, de eso debemos cuidarnos. Debería preocuparnos cualquiera que aparezca con ideas brillantes, una cuerda y un saco. Entonces puedes usar esa lanza que tanto mueves… Ahora, cálmate y terminemos nuestro turno sin problemas.
(Los grillos dejan de sonar. En la distancia canta un gallo. La luz de la mañana empieza a mostrarse… Pausa.)
DOMICIO. Ya viene la madrugada. Ya casi estamos en casa. Ya casi. (Pausa.)
LUCIO. ¿Cuándo dijo el Rey de los judíos que regresaría de los muertos? (Domicio no contesta.) Oye, Domicio, tú sabes todo acerca de él, ¿no? ¿Cuándo era? ¿De aquí a un año? ¿Diez años? Bueno, diez años, ¿verdad? Para entonces todos se habrán olvidado de él.
DOMICIO. (Habla bajo, como meditando.) Al tercer día.
LUCIO. ¿Tercer día de qué?
DOMICIO. Al tercer día después de morir.
LUCIO. (Empieza a verse preocupado.) ¿De qué estás hablando, Domicio? (Pausa.) Eso sería hoy.
(Domicio empieza a llenarse de pánico viendo la preocupación de Lucio.)
DOMICIO. ¡Lo sé! Por eso estoy. . .
LUCIO. No te exaltes, hombre. Sólo estoy tratando de aclarar las cosas. Hoy es el tercer día. ¿Pero qué importan los días si estás pregonando una mentira?
DOMICIO. Tienes razón. No tiene sentido.
LUCIO. ¡Pues claro! (En la distancia ladra un perro. Los soldados les ponen mucha atención.) ¡Perros tontos! La ciudad está llena de esos perros. (Pausa, la mañana sigue subiendo.) Mira, voy a dar unas vueltas. ¿Estás bien? Llámame si necesitas algo.
DOMICIO. ¿Qué quieres decir?
LUCIO. ¿Como que “qué quieres decir”? Sólo llámame si ves algo. Recuerda nuestra señal… (Domicio hace el ruido de un búho.) Eso es. (Lucio se mete en las sombras. Pausa larga. Domicio empieza a caminar. A la distancia canta un gallo.)
DOMICIO. Mañana. Ya casi es hora. (Pausa. Camina hacia la piedra, con precaución.) Sólo quiero que usted sepa que yo no tuve nada que ver con su -- ejecución --, sabe. Yo en realidad pensaba que usted era un hombre bueno. ¡Inocente! ¡Usted no se merecía lo que le hicieron! ¿Sabe algo? Pienso que Pilato tenía esa misma opinión. ¡En verdad! Él no es mala persona, y yo desearía haber podido ayudarle de alguna manera. ¿Se acuerda de mí? Yo le traje agua. . .
(Se escucha como un crujido de un temblor. Una luz aparece detrás de la piedra; brillante, blanca.)
DOMICIO. Usted dijo que tenía sed y yo agarré agua… (Se da cuenta de la luz y el ruido.) …Para usted… (Da un paso para atrás. La luz es más brillante detrás de la piedra. Domicio ve a su alrededor lleno de pánico. Trata de hacer el ruido de un búho, pero sólo sale aire de su boca. Da unos pasos para atrás. Gira con la cara llena de terror.) ¡Lucio!
¡Luuuuuucioooo!
(Lucio regresa al centro de la escena, la cara llena de pánico. De pie busca con la mirada la explicación a ese evento. Suelta su espada.)
DOMICIO. ¡Lucio! ¿Qué está pasando?
LUCIO. ¿Qué hiciste?
DOMICIO. ¿Ángeles? Lucio, ¡son los ángeles! (La luz y los truenos siguen creciendo.)
LUCIO. (Avanza adelante.) No puede ser. . . está muerto. Yo lo vi morir.
DOMICIO. (Como loco.) ¡Me voy de aquí! ¿Me estás escuchando? Él sabe mi nombre. ¡TÚ LE DIJISTE MI NOMBRE! (Empieza a huir.)
LUCIO. (Con voz severa.) ¡Quédate donde estás, soldado!
DOMICIO. (Paralizado, casi llorando.) ¡Lucio! ¡Pídele perdón! ¡Señor, nos arrepentimos!
LUCIO. ¡Sólo estábamos siguiendo órdenes!
(Domicio cae de rodillas, todavía sosteniendo su lanza.)
DOMICIO. Ven aquí, Lucio. ¡Arrodíllate! ¡Le pediremos misericordia!
(Lucio se acerca a Domicio y con cuidado e incredulidad se arrodilla.)
LUCIO. (En voz baja.) Esto es un truco. . . tiene que ser. . .
DOMICIO. ¡Tenga misericordia de nosotros! ¡Nos arrepentimos!
LUCIO. ¡Suelta tu lanza, Domicio! ¡Suéltala!
(Domicio tira su lanza a un lado.)
DOMICIO. Me siento mal. . . mi cabeza. . .
LUCIO: ¡No te desmayes! (Agarra a Domicio.) ¡No me vas a dejar solo. . .! (Domicio se desmaya. Lucio lo deja caer al suelo.) Esto no puede estar sucediendo. Yo lo vi morir. ¡Yo vi. . . que usted murió! (La luz y los truenos ya están al máximo. Lucio alza sus manos sobre su cabeza, como soldado que se da por vencido.) He sido un hombre bueno. ¡Sólo estaba siguiendo órdenes! Yo intenté. . . soy bueno. . . intenté. . ¡Soy un buen hombre! Sólo estaba siguiendo órdenes. . . órdenes. ¡SÓLO ESTABA SIGUIENDO ÓRDENES!
(Sonido y luz al máximo y de repente: OSCURIDAD COMPLETA)
