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2012 - España
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Vine a darte vida

10 Minutos y 7 Personajes. Un hombre se encuentra vagando por las calles, sucio, harapiento y hambriento. Después empieza a pasar un grupo de personas y él les pide… pero el hombre no quiere dinero ni comida, el hombre pide amor, comprensión y felicidad, al final aparece Jesus ofrenciendo todo lo que él necesita, el problema es que el hombre no se cree merecedor de todo eso.

VINE A DARTE VIDA


Huáscar Bravo y Eunices Herrera
Ministerio Teatral Alpha
Republica Dominicana




PERSONAJES

MENDIGO
CARNICERO
SEÑORITA
SEÑOR
SEÑORA
JOVEN
JESÚS


El escenario se encuentra sucio con algunos periódicos, paja, y uno o dos tanques de basura. En uno de los lados se encuentra un pequeño ventilador (abanico) que materializa el viento, el cual levanta los periódicos y la basura, como música de fondo se escucha una triste melodía que complementa el ya desolado escenario, en el centro hay un banco, la luz es tenue.

(Aparece en el escenario un hombre con aspecto de vagabundo, sucio y con mucha barba, el hombre lleva un saco sucio y medio lleno que dice: “MIS PECADOS”. El Hombre camina sin rumbo y mira hacia todos lados, va al tanque de basura, saca algo del tanque, come algo y lo que resta lo echa en el saco, se sienta en el suelo, abre el saco, saca algo y come. Se pone de pie y sale del escenario.)

(A los 5 segundos el hombre entra con aspecto de estar huyendo de alguien y se esconde detrás de uno de los tanques de basura, automáticamente entra un hombre con aspecto de carnicero con un cuchillo en la mano y vestido con una bata blanca, mira para todos lados buscando a alguien, sale del escenario.)

El vagabundo sale con cautela de su escondite mirando hacia todos lado, al no ver a nadie, se sienta en el banco, se saca algo que tiene escondido dentro de la ropa que lleva puesta (puede ser un pan), come un pedazo y el resto lo guarda en el saco. En ese instante empiezan a pasar varias personas.

MENDIGO. Señorita déme esperanza para tener la seguridad de que mañana mi situación será mejor que la de hoy, por favor.

MENDIGO. Señor, señor, por favor, déme alegría para enfrentar cada día con optimismo y sentir un poco de aliento en mi corazón.

MENDIGO. Señora, espere, por favor, necesito que me dé paz, paz para sentirme tranquilo ante las adversidades que enfrento todos los días.

MENDIGO. Joven, déme amor para amar a los demás y para aprender a valorarme a mí mismo, no me ignore, por favor.

(El hombre se siente triste al ver que nadie le dio lo que el tanto anhela. De pronto entra un hombre vestido de blanco completamente, no se ve su rostro, y sin que el hombre se dé cuenta se le acerca por detrás y le limpia el rostro, le quita la vestimenta sucia y le pone una ropa limpia.

MENDIGO. ¿Qué pasa? Siento que algo cambió, me siento renovado, con fuerzas, ya no me siento triste, recuerdo que la última vez que me sentí así era cuando tenía en mi corazón a… (Mira hacia atrás y se espanta.) ¡JESUSSSSSSSSS! (Se cae al suelo y se cubre el rostro con las manos.)

(Jesús trata de acercarse.)

MENDIGO. No te acerques, no me mires porque no soy digno de tu mirada, dime: ¿quién soy yo para que me visites? O, ¿quién soy yo para que tengas de mi memoria? Déjame, vete, no puedo estar frente a ti, no merezco estar en tu presencia, ve y busca a otra persona que sí te merezca, yo te he desechado, yo cambié mi vida por esto y ahora no quiero que me veas, vete, déjame, que yo no te merezco, señor.

Canción de fondo: "Tu mirada" de Abrahám Velasquez.

JESÚS. No he venido a acusarte, a señalarte ni a condenarte, he venido porque he visto tu caminar y no debes avergonzarte porque te he visto todos los días de tu vida y hoy estoy aquí porque sé que me necesitas, me duele verte vagando y mendigando. Ahora quiero que te pongas de pie y sepas que estoy aquí porque te amo. Ven, ven, levántate, ven conmigo.

(El mendigo con mucho llanto se levanta y todavía se resiste a que Jesús lo vea.)

MENDIGO. Yo te deseché, señor, yo me aparté de ti, yo dejé tu camino para vivir en la basura, señor. Yo no soy digno de ti, yo no soy digno de que tú me visites, señor. Yo no merezco estar en tu presencia.

(Jesús lo abraza e intenta calmarlo.)

JESÚS. No he venido a buscar sanos sino a enfermos, ni he venido a buscar a los salvos sino a los perdidos y quiero que entiendas que te sigo amando a pesar de todo lo que has hecho. Levanta tu rostro y mírame: yo soy tu señor, tu redentor, tu salvador y de mí no debes esconderte porque yo soy quien puede salvarte.

MENDIGO. Entonces, ¿qué hago, señor? ¿Qué debo hacer?

JESÚS. ¡Ven y descansa! (Con los brazos abiertos en forma de abrazo.)

(El mendigo abraza a Jesús y llora en su hombro pidiendo perdón.)

MENDIGO. ¡Señor, perdóname! ¡Ten misericordia de mí, Señor!

(Jesús lo consuela. Después que el mendigo se calma Jesús lo sienta en el banco.)

JESÚS. Nuca te dejaré, ni te desampararé y acuérdate que en mí encontrarás descanso.

(Jesús entra el saco del hombre en el saco del que dice TUS PECADOS. El hombre se levanta y no ve ni a Jesús, ni el saco se levanta.)

MENDIGO. ¡Gracias, Señor! (Sale del escenario.)

Como ángel de luz

15 Minutos y 4 Personajes. Dos demonios se acercan a una joven triste sin dirección en la vida para ofrecerle todo tipo de regalos a cambio de su alma. Un cristiano entrará en escena para defenderla de los ataques del enemigo.
COMO ÁNGEL DE LUZ
Lizeth Gómez Mata y Anthony Fernández
PERSONAJES

SATANÁS
AYUDANTE DE SATANÁS (DEMONIO)
CRISTIANO
JOVEN


I ACTO

(Se abre el telón y aparece Satanás hablando consigo mismo.)

SATANÁS. ¡Ja! Estoy un poco preocupado ya que aunque son muchos los que me siguen existen también los que son tan tercos y quieren irse con Jesús. Por miles de años he intentado convencerlos por medio de engaños. Y es que muchos son tan ingenuos que con una sonrisa se olvidan de su Dios y me siguen a mí… ¡Ja, ja, ja, ja! Por eso soy el príncipe de este mundo, llamado “el mentiroso y padre de mentira”. Disfrazándome de ángel de luz soy eficaz pero claro, nunca sobra ayuda y por eso he mandado llamar a mi mayor demonio: el espíritu de engaño. Es tan temible que hasta a mí me da miedo. Él es fuerte, grande demoníaco… ¡Ja, ja, ja, ja! (Cuando habla acerca de su demonio debe de hacerlo con orgullo y cuando dice “demoníaco” debe poner una cara de malo y misterio.)

(En eso entra el ayudante que es un demonio totalmente contrario de lo que habló. Entra cayéndose y tira a Satanás.)

SATANÁS. Y éste que es tan torpe, ¿quién es? ¿Ah?


AYUDANTE. (Poniéndose en posición firme como si estuviera en un ejército con la mano en la frente y con algo de orgullo.) Soy el demonio N° 13, señor, presentándose ante su presencia, señor, con malas y buenas noticias, señor.

SATANÁS. ¿Malas y buenas noticias dices? ¿De qué hablas?

AYUDANTE. ¿Cuál le digo primero, señor? ¿Las malas o las buenas, señor?

SATANÁS. Bueno, creo que dime las malas primero.

AYUDANTE. Las malas son que el demonio del que usted hablaba se enfermó, señor.

SATANÁS. ¿Se enfermó? ¿De qué?

AYUDANTE. En su ultima misión, señor, se enfrentó con la Biblia, que es la verdad y se tuvo que retirar, señor, ahora está pasando una depresión, pero no se preocupe señor, ya le dejé a un demonio que lo acompañe, señor.

SATANÁS. ¡Ah, qué bueno! ¿Y a quién le dijiste que lo acompañara?

AYUDANTE. Al espíritu de tristeza, señor.

SATANÁS. ¿Qué? ¿Estás loco?

AYUDANTE. Es que fue el único demonio que pareció compadecerse de él, señor.

SATANÁS. (Casi llorando.) ¿Y las buenas?

AYUDANTE. Las buenas son que como ese demonio está deprimido y usted necesita ayuda, yo se la conseguí, señor.

SATANÁS. Sí, ¿quién es alguien mejor que el primero? Dime, ¿quién?

AYUDANTE. Pues le diré, señor, que soy yo, señor.

SATANÁS. No, en serio, dime.

AYUDANTE. Soy yo, señor, el demonio N° 13, señor.

SATANÁS. Pero, ¿que no podía haber algo un poquito mejor?

AYUDANTE. Lo siento, señor, pero cuando di la noticia de que usted iba a ocupar un demonio nadie quiso venir al saber que le tocaría ser compañero de usted porque dicen que usted no pega ni una, señor, y que usted está aquí por tonto y por…

SATANÁS. Ya, ya, ya, te entendí, demonio. Pero dime, ¿que no tienes nombre o qué? ¿Acaso eres un demonio de las matemáticas para que tengas número en lugar de nombre, o qué?

AYUDANTE. No, señor, lo que sucede es que soy huérfano y no tengo nombre; sólo el numero 13 porque así me decían por mi mala suerte, pero usted me dice si quiere me cambio el nombre a mentira y así usted sería mi papá por eso de que usted es padre de mentira y no sé qué…

SATANÁS. ¡Ya, cállate! Te seguirás llamando 13 porque yo no soy como Dios que cambia los nombres de los hijos.

AYUDANTE. Bueno, papi, digo señor…

SATANÁS. Y dime nada más “amo” porque eso es lo que soy para ti: un amo.

AYUDANTE. ¿Qué dijiste: que te amo?

SATANÁS. ¡Ya, cállate! Y vámonos para la tierra a tomar algún bus para ir a la casa de alguien que no sé quién pueda ser.

AYUDANTE. ¿Bus pero tú eres el príncipe de este mundo y viajas en bus?

SATANÁS. Sí, porque eso es lo que me pasa por no ser omnipresente pero ya, vámonos y deja de hablar 13, que ya es tarde.


(Se cierra el telón.)


II ACTO

(Aparecen Satanás y el demonio 13 en la tierra.)

(Sería buena idea la de tirar un poco de humo en escenario y el sonido de un bus al arrancar para empezar.)

SATANÁS. (Ahogándose entre el humo.) ¡Ju, ju! Ya llegamos, ¡ju! ¡Vaya viaje en bus…!

AYUDANTE. ¿Verdad que sí?

SATANÁS. Las cosas cambian en este mundo y es el colmo que los buses estén tan caros, hasta para nosotros, ¿verdad?

AYUDANTE. No para mí.

SATANÁS. ¿Por qué lo dices?

AYUDANTE. Porque mientras viajábamos le robé unos cuantos colones al sujeto que iba al lado.

SATANÁS. ¡Oh, me sorprendes!

AYUDANTE. ¿Verdad que sí?

SATANÁS. Sí, sólo que la próxima vez que robes al que esté al lado asegúrate de que no sea a mí.

AYUDANTE. Perdón. (Sonríe ingenuamente mientras le devuelve el dinero.)

SATANÁS. Es que eres realmente tonto; acuérdame que al terminar esto te mande al cielo para no verte más y es…

(Entra una joven caminando y mirando a los lados como si estuviera perdida o confusa. El Demonio 13 al verla le intenta decir a Satanás que voltee para que la vea.)

SATANÁS. …Y es que eso me pasa por ser tan tonto, sólo a mí se me ocurre traerte a la tierra. (Voltea a ver y mira a la muchacha.) ¡oh, oh! ¿Ves lo que están viendo mis ojos 13?

AYUDANTE. ¿Tienes 13 ojos?

SATANÁS. No seas tonto, así es tu nombre, ¿no?

AYUDANTE ¡Ah, sí! ¿Qué me dijiste?

SATANÁS. Que si estás viendo lo que veo allá. (Señala.)

AYUDANTE. Sí, no lo puedo creer, tres pizzas por el precio de una y con coca cola gratis es tentador, ¿verdad? ¿Fue idea tuya?

SATANÁS. Sí, digo no, yo hablo de la muchacha con cara de no sé dónde estoy.

AYUDANTE. ¿Ya te perdiste también? Estás aquí al lado mío.

SATANÁS. No yo sino ella.

AYUDANTE. ¡Ah, ya!

SATANÁS. Ve y haz algo bien en tu vida.

AYUDANTE. OK.

(El demonio se acerca a ella por la espalda como si fuera un valiente y le toca el hombro fuertemente. Ella voltea enojada y le rocía un spray para dejar ciegos a los ladrones.)

AYUDANTE. ¡Ahh! ¿Qué haces? (Sale corriendo y se oculta tras Satanás.)

SATANÁS. ¿Y?

AYUDANTE. Me chilló los ojos.

SATANÁS. Sí que eres tonto, así no es mi estilo. Mira cómo lo hago y aprende. (Se acerca a la muchacha. Se pone una máscara con aspecto feliz por un lado y por el otro lado una cara de malvado.)

SATANÁS. ¿Qué te pasa hermosa niña, por qué estás tan triste?

JOVEN. (Casi llorando.) Es que ando buscando una razón de vivir, un estilo de vida y no lo encuentro… no encuentro la solución.

SATANÁS. Tranquila, no llores, yo tengo la solución para tus problemas, ¿no es así, queridísimo amigo? (Refiriéndose al ayudante 13.)

AYUDANTE. ¡Ah, sí, sí, claro, cómo no!

SATANÁS. Mira, muchacha, yo te puedo ofrecer cualquier cosa que desees, sólo pídemela.

JOVEN. ¿Cualquier cosa?

SATANÁS. Sí, cualquier cosa, sólo me tendrás que dar pues (dice esto como si no fuera gran cosa) tú alma, ¿qué te parece, ah?

JOVEN. ¿Mi alma?

SATANÁS. Sí, pero esos son pequeños detalles, aquí lo que importa es lo que tú deseas, lo que tú quieras te puedo dar; vamos, pídemelo.

JOVEN. Bueno yo deseo, deseo, deseo, ¡ay!, no sé lo que deseo…

SATANÁS. Bueno para esas ocasiones tengo un menú para escoger, ¡demonio! Digo, ¡amigo! Hazme el favor de traerme el menú de deseos.

(El ayudante al traer el menú lo tira por el suelo ya que son varias hojas.)

SATANÁS. Ten cuidado, baboso, con lo que haces.

(El ayudante recoge las hojas.)

SATANÁS. Bueno, como te venía diciendo, éste es el menú de deseos y te podemos dar unas muy buenas opciones como la de convertirte en una súper modelo anoréxica de 90-60-90 o ésta, de convertirte en una estrella de rock y poner unos cuantos mensajes subliminales en tus canciones entre otras, ¿qué te parece?

JOVEN. Sí, me parece buena la idea pero dime, ¿entonces te tengo que entregar mi alma?

(Entra Cristiano.)

CRISTIANO. ¡Satanás, apártate!

SATANÁS. Y a éste, ¿quién lo llamó?

CRISTIANO. ¿Qué mentiras le estás diciendo? ¡Joven, no le hagas caso a este engañador!

JOVEN. ¿Quién dijiste que era él?

CRISTANO. Su nombre es Satanás y es malo, muy malo, y no quiere nada bueno para ti ni para nadie.

JOVEN. Pero él me dijo que me iba a dar lo que ando buscando, una solución para mi vida.

CRISTIANO. No es cierto, pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados.

(Interrumpe el ayudante.)

AYUDANTE. (A la joven.) No hagas caso, ven con nosotros por el camino fácil y no te mortifiques la vida.

CRISTIANO. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, ¡joven, no lo oigas!

JOVEN. (Señalando a Satanás.) Pero, mira qué amable se ve, mira qué rostro tan feliz… ¿Cómo podría hacer daño a alguien?

CRISTIANO. No me extraña que pienses así, porque no sabes que el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.

SATANÁS. Ya es suficiente. (Dirigiéndose al Cristiano.) Vete ya, ella creyó en mí, me pertenece, es mía.

CRISTIANO. No, Satanás, ella es de Dios, y te ordeno a ti, a tu demonio, que se vayan en el nombre de Jesús.

SATANÁS y DEMONIO. ¡Nooooo!

SATANÁS. Pero esto no se queda así; has ganado esta batalla pero no la guerra, seguiré engañando con mi máscara a más jóvenes. Vámonos 13 y no te juntes con esa chusma

(El ayudante corre a hacer como Kico en el Cahvo pero el Cristiano le enseña la Biblia y el demonio se retira escondiéndose detrás de Satanás.)

AYUDANTE. Jefecito, ¿nos vamos en bus otra vez?

SATANÁS. Sí y cállate.

(Salen de escena.)

JOVEN. Perdón, no sabía que él era tan malo…

CRISTIANO. No me pidas perdón a mí, pídeselo a Dios, cierra tus ojos y repite conmigo:

(La joven debe repetir la oración en voz alta.)

CRISTIANO y JOVEN. Señor Jesucristo, te pido perdón por todos mis pecados, límpiame de toda maldad, yo te acepto como mi único, verdadero y suficiente salvador personal, escribe mi nombre en el libro de la vida, en el nombre de Jesús. Amén.


FIN

La historia de Harlen

7 Minutos y 4 Personajes. Un joven esconde detrás de una máscara la realidad de su interior: vacío y tristeza para mostrar al mundo que en apariencia él está bien.


LA HISTORIA DE HARLEN




PERSONAJES


HARLEN. Va vestido con pantalón blanco y polera de manga corta y guantes blancos.
NOVIA. Vestimenta llamativa, juvenil y lleva una flor en la mano
JUAN SONRISA. Ropa colorida y alegre, puede llevar un sombrero o gorro, y maquillado con una gran sonrisa.
ALFONSO. Puede llevar una túnica, gafas y entra con unos cuadernos.

UTILERÍA
Máscara con una gran sonrisa, que la utilizará cuando entran los personajes, luego se la quita.
Biblia. Que se utilizará al final.

GUIÓN
(Voz en Off. Entra Harlen caminando con aspecto de cansado, cargando una mochila y con cara maquillada, triste. Se usa durante toda la obra una música suave y como triste, que puede ser de Guitarra o teclado y que se hace más rápida cuando él va en busca de la máscara.)
VOZ EN OFF. ¡Hola Harlen! ¿Cómo estás? Amigo de mi vida, ¡el increíble Harlen! ¿Qué te pasa? ¿De nuevo con esos estados de ánimo? ¿De vuelta con el bajón? ¡Harlen, no es posible que caigas en estos estados depresivos tan frecuentes! ¡Tú que eres quien alegra fiestas, el que siempre tiene la última palabra, el más destacado! ¿Cómo es posible que sientas esa depresión, esa angustia? ¡Mira! Si te vieran tus amigos, ¿qué dirían? No te preocupes Harlen, no viene nadie.
Harlen, ¿por qué no tratas de pensar en algo que te anime? ¿Qué te parece si vamos a bailar? Sí, Harlen, tú que eres el mejor, que cuando estás en la pista todo el mundo te mira. ¡Claro, Harlen, si eres el mejor...! Harlen, Harlen, levanta ese ánimo, ¡vamos!
¡Harlen, Harlen, siento pasos! ¡No pueden verte así! ¡Pronto, la mascara! Es tu amigo “Juan Sonrisa” el rey de los chistes. Saluda Harlen. ¡Hola! ¿Qué tal?... Bien, muy bien, lo mismo. Parece que Juan Sonrisa quiere contarte un chiste, escúchalo. Pero si ese chiste es el mismo de la otra vez. Pero bueno, Harlen, ríete igual, ríete igual. Mira cómo se ríe el muy tonto... Harlen, ahora es tu turno. ¡Hazle una de las tuyas! ¡A ver, que mire hacia allá! Hazle una de las tuyas... ¡A la una, a las dos y a las tres! ¡Ja, Ja, ja! Lo mataste con esa. ¡Eres increíble, Harlen! Chau, Chau, Adiós.
Harlen, Harlen, ¿y ahora?, ¿qué sucede? No puedes estar solo, de vuelta la angustia, de nuevo la depresión, de vuelta esos estados de ánimo. Harlen, Harlen, yo sé que quieres tener una sonrisa para tu corazón. Harlen, Harlen, siempre tan idealista... Harlen, se me ocurre una idea: Algo que te va a animar: ¿Qué te parece si vamos al cine? Vamos a ver... (mencionar una película). ¡Claro! Si esa película la viste como tres veces... Anímate hombre, ¿cómo puedes seguir así? ¡Harlen, Harlen! ¡Siento pasos! ¡Pronto, la máscara! No pueden verte así... Es tu novia y ella tiene un concepto muy elevado de ti. ¡Y ahora veremos a Harlen “El rompecorazones”! Mira, Harlen, ahí tiene la muy tontita, está loca por ti. Para ella eres más que... Osvaldo Laport o Gerardo Romano. Eres más que su galán de telenovelas. ¡Harlen, Harlen, eres increíble! Harlen, ¿por qué no la invitas a dar un paseo? Demuéstrale tus conocimientos culturales. Aquí estamos... (Muestra lugares. Hace alarde de sus conocimientos) Mira cómo quedó anonadada con tus conocimientos. Harlen, tú dominas varios idiomas. Dile que la amas en inglés. “I love you”. Ahora en francés: “J’aime, bon amour”. Ahora en chino: pe-cho-cha. Harlen, Harlen, la tenés enloquecida.
Harlen, mira quién viene ahí, Alfonso, tu compañero de estudios. De seguro que viene con algún problema que no puede resolver. (Entonces le pregunta a Harlen.) Es tu oportunidad de lucirte ante tu novia. A ver, a ver... eso es un boleto para Harlen (Ecuación) E=m.c2 ¡Mira, se fue contento como perro con dos colas! Harlen, mira cómo se quedó tu novia, orgullosa, eres el mejor, Harlen. ¡Harlen, ya es tarde! Es hora de que tu novia regrese. No, no, Harlen, ni un rato más, demuéstrale quién lleva los pantalones. Harlen, Harlen, tú eres un romántico, chau, chau, (tira un beso).
Harlen tu novia se ha ido, y tú de vuelta con esa angustia y esa depresión. ¿Por qué no tomas algunas píldoras de las que te recetó aquel psiquiatra? Sí, aquel que estaba medio loquito. Sí, ya sé que te tomaste como cinco frascos y sigues igual, nada ha cambiado... Yo sé que necesitas una sonrisa para tu corazón. Tú no eres el único, Harlen. ¿Si supieras las cosas que hace la gente para sentirse feliz? ¡Harlen, Harlen! ¡Siento pasos! ¡Pronto, la máscara! No pueden verte así. Es tu amigo Juan Sonrisas, no puede verte así, Harlen. ¡Hola! ¿Qué tal? ¡Lo mismo de siempre! No, Harlen, no te quites la máscara, viene Alfonso. ¡Hola! ¿Qué tal? Bien, bien, chau, chau. ¡Hasta luego! ¡Harlen, Harlen! ¡No te quites la máscara, viene tu novia! ¡Harlen, es Juan Sonrisas, es Alfonso, es tu novia!
¡Harlen, Harlen! ¿Ya no aguantas más esa máscara? Pero Harlen, tienes que entender que no eres el único que tiene máscara. Todo el mundo tiene la suya. Si no, mira a tu alrededor... Cada uno con sus propias máscaras: ellos no te pueden ayudar; si no, pídeles a ellos una sonrisa. Están buscando lo mismo que tú. ¡Harlen, Harlen! ¡El idealista empedernido! Harlen, tienes que asumir que así es la vida. Tienes que tomar tu carga, cada uno tiene la suya propia (agarra la mochila y empieza a caminar como al principio).

Aquí se puede terminar con un mensaje aplicado a las máscaras y una invitación a aceptar la gracia de Jesucristo.

Máscaras

30 Minutos y 12 Personajes. Una persona intenta buscar la felicidad, fama y dinero, a través de la compra de unas "acciones bancarias" que sólamente le llevarán a problemas. Al final, no encontrará la solución en ninguna de estas tentadoras ofertas sino en la sangre de Jesús.
MÁSCARAS

PERSONAJES

YO (mujer)
VENDEDOR
MÁSCARA 1
MÁSCARA 2
MÁSCARA 3
MÁSCARA 4
MÁSCARA 5
LUZ
POLICÍA 1
POLICÍA 2
LADRÓN 1
LADRÓN 2



VESTUARIO

YO. Utiliza ropa de un color apagado: gris, café claro, un celeste oscuro.

VENDEDOR. Todo de negro, con un maquillaje tipo mimo. Usa un traje, un sombrero y un antifaz; todos de color negro.

MÁSCARAS. Visten de negro, y su rostro siempre cubierto por una máscara (puede ser un antifaz.)

LUZ. Usa una ropa de color claro, pero no blanca. Tiene que ser un color alegre, pero sin combinar rojos, amarillos y anaranjados (prohibidos esos tres colores.) Puede ser un celeste bien claro, un verde claro, o una combinación de azules con degradaciones de celestes o verdes. Es simple, nada de trajes sofisticados. Así como es Él, simple.


ESCENARIO

Es simple, sin sofisticaciones. Una banca de parque, una luz al frente, puede ser un reflector bien potente, o bien, una batería de 4 ó 5 luces, de más o menos 1000 lúmenes cada uno (100 watts), que se colocaría a nivel del piso, que alumbre directamente a la banca.


UTILERÍA

YO siempre porta una pequeña caja o baúl con piedras preciosas o monedas de oro (Imitaciones o de fantasía, por supuesto) que pueda ser llevada con facilidad por el actor en la mano.

VENDEDOR usa un maletín de color negro o rojo, y dentro de él guarda las monedas que le da Yo.

MÁSCARAS, si se pueden conseguir máscaras que brillen en las oscuridad, mucho mejor. Pero si no, máscaras parecidas a las que usan los porteros de hockey, y si no, antifaces negros.


ACCIÓN

(El escenario está completamente a oscuras. Se escucha una música, con buen volumen, puede ser la de James Bond. De ambos lados del escenario entran las máscaras que se ven porque brillan en la oscuridad. Se movilizan por todo el escenario, incluso haciendo una coreografía. La música baja poco a poco de volumen, y las máscaras salen rápidamente del escenario. Se encienden todas las luces, menos el reflector que da directamente sobre la banca. En ella está sentado el personaje Vendedor, leyendo un gran periódico.)

YO. (Entra por la derecha, muy aburrida. En sus manos trae una pequeña caja, pero con sus gestos demuestra que no está muy contenta de cargarla. Se sienta en la banca, mira la caja, la abre y saca algunas monedas).

VENDEDOR. (Baja el periódico y las mira con codicia.)

YO. ¡Qué aburrimiento más grande! Ya no sé qué hacer con éstas monedas; estoy harta de andar con ellas para arriba y para abajo sin saber qué hacer. (Saca una gran moneda o piedra preciosa.)

VENDEDOR. (Casi se lanza sobre Yo para arrebatarle la piedra pero se contiene.)

YO. (Mira la gran piedra con detenimiento.) Y mucho menos sé qué hacer con ésta cosa tan grande, la verdad es que pesa mucho… Ya desearía poder hacer algo interesante con ella.

VENDEDOR. (Se pone de pie, y camina de un lado hacia otro del escenario. Se frota las manos y mira a Yo con malicia. Mientras Yo habla sola, se acerca de nuevo a la banca y toma su maletín. Lo abre y busca algo.)

YO. (Habla, pero sin poner cuidado a lo que hace Vendedor, es más, no se ha dado cuenta de que está allí.) Cuando mis padres me dieron esta cajita, me dijeron que la cuidara, que por sobre todas las cosas que yo guardara y cuidara con recelo esto, porque de allí mana la vida. La verdad, hasta el día de hoy no sé qué me querían decir. A veces he querido lanzarla a un río, o bien, dejarla abandonada por allí, en algún basurero. Un sitio de mala vida, de esos que les llaman antros o bares. Quizá a la puerta de una iglesia, para que la cuiden. Pero es que ya estoy cansada de andarla cargando y no saber qué hacer con ella.

VENDEDOR. (Muy decidido.) Yo te puedo ayudar. Yo tengo la solución para que no andes cargando esa cajita por allí, y no te canses más.

YO. (Ignorando lo que dice vendedor. Ni siquiera lo vuelve a ver.) Tal es mi desesperación por hacer algo con esta caja, que hasta oigo voces.

VENDEDOR. (Desesperado.) No estás oyendo voces, yo estoy aquí, soy real. Mírame. (Sólo voltea tu cabeza.)

YO. (Se limpia los oídos.) Tan mal estoy, creo que debería bañarme más seguido.

VENDEDOR. (Desesperado la empuja.) ¡Que me pongas atención, te digo, que no soy producto de tu imaginación!

YO. (Cae al suelo. La caja se abre y se riegan las monedas.)

VENDEDOR. (Se apresura a juntar algunas monedas.)

YO. (Lo detiene.) No, gracias, yo puedo sola. Nadie puede tocar esas monedas, si alguna cae en las manos equivocadas, estoy perdida.

VENDEDOR. (No le agrada mucho la idea, pero se aparta.)

YO. (Se pone de pie.) Oye, deberías tener más cuidado por dónde caminas, por poquito me lastimas.

VENDEDOR. Disculpa mi torpeza. Bueno, en realidad no fue torpeza. Lo hice con total intención para ver si me ponías atención. Ya que estabas ida hablando sola de lo que piensas hacer con tu cajita de monedas.

YO. Sí, tienes razón.

VENDEDOR. Bueno y, ¿no has pensado en invertir esas monedas?

YO. (Extrañada.) ¿Invertir?

VENDEDOR. Sí, invertir. Veamos. ¿Cómo te explico? Tú compras con tus monedas una acción, y las ganancias que obtienes son de acuerdo al porcentaje que has invertido.

YO. No entiendo.

VENDEDOR. (Hace un gesto que da a entender que Yo es muy tonta. Le habla un poco más despacio, dividiendo las palabras en sílabas.) Mi-ra in-ver-tir es al-go muy sen-ci-llo. Tú tie-nes u-nas mo-ne-das, con e-llas com-pras u-na ac-ción. De a-cuer-do a lo que ha-yas gas-ta-do en la com-pra de e-sa ac-ción, a-sí se-rán las ga-nan-cias. (Más despacio.) ¿Me en-tien-des?

YO. (Molesta.) Claro que entiendo, no soy tonta.

VENDEDOR. Disculpa entonces. ¿Y qué? ¿Vas a invertir? ¿Sí o no?

YO. (No muy segura.) No sé.

VENDEDOR. (Sin darse por vencido.) Mira, no es nada complicado, tú me das las monedas, yo te doy una acción y ya.

YO. (Aun sin estar muy segura.) Bueno y, ¿de qué son las acciones?

VENDEDOR. Máscaras.

YO. (Extrañada.) ¿Máscaras?

VENDEDOR. Sí, máscaras. Tú me das unas monedas, yo te doy una acción y eres dueña de una máscara. Puedes hacer con ella lo que te dé la gana.

YO. Pero, ¿cómo me va a generar intereses una máscara?

VENDEDOR. ¡Uh! Los intereses son ilimitados. Pero sólo teniendo la máscara te darás cuenta. Además, alcanzarás la felicidad, porque al parecer no eres feliz.

YO. (Saca tres monedas.) Toma, dame una acción.

VENDEDOR. ¿Solo tres monedas vas a invertir?

YO. Por el momento, sí. Porque si me va bien con esta primera acción puedo comprar más.

VENDEDOR. (Abre el maletín y saca un sobre de color negro.) Toma, esta es tu primera acción. A nombre de... A nombre de... (Pequeña pausa.) Disculpa mi torpeza, pero, ¿cómo te llamas?

YO. Yo.

VENDEDOR. Sí, tú. ¿Cómo te llamas?

YO. Yo.

VENDEDOR. Por supuesto que tú. Tu nombre. ¿Cuál es?

YO. Yo.

VENDEDOR. Mira, no me tomes el pelo. Que no soy ningún tarado.

YO. Te estoy diciendo que mi nombre es Yo.

VENDEDOR. ¿Yo? ¿Por qué te llamas Yo?

YO. Porque soy cualquier persona. Yo, simplemente. Así como lo escuchas. Puedo ser alguien y no lo puedo ser. Soy Yo, y nada más.

VENDEDOR. Bueno Yo, aquí tienes la acción que te hace acreedora de una máscara. Gracias y hasta la próxima. (Sale apresuradamente por la derecha, sin dar tiempo de que Yo diga algo.)

YO. Oye, espera, ¿cómo te llamas? No me dijiste tu nombre. (Se sienta.) Bueno, ¿qué más da saber su nombre? Ahora soy dueña de una máscara. Al fin hago algo productivo con estas monedas. Por fin voy a ser feliz. (Abre el sobre apresuradamente.) ¿Robo?

(En el momento que Yo abre el sobre, se escuchan algunos truenos y se apagan las luces. Se enciende sólo el reflector que está a nivel de piso, y en el escenario aparece Yo, acompañado de la MÁSCARA 1.)

MÁSCARA 1. A sus órdenes.

YO. (Asustada.) ¿Quién eres?

MÁSCARA 1. Muy buenas, permítame presentarme, soy robo, tu máscara.

YO. (Extrañada.) ¿Robo?

MÁSCARA 1. Sí, ese es mi nombre, Robo. Y te puedo dar todo lo que tú quieras: Dinero, joyas, autos, etc, etc, etc, etc, etc y más etc.

YO. (Emocionada.) ¿En serio?

MÁSCARA 1. Sí, en serio. No te miento. Aunque sí estoy un poco molesto contigo porque pagaste muy poco por mí, en comparación con todos los beneficios que te puedo dar.

YO. Lo siento. No soy una persona que se arriesga con facilidad.

MÁSCARA 1. Bueno, no importa, total, ya me compraste. (Toma de la mano a Yo.) Ven, vamos. (Mientras salen por la izquierda va a hablando con Yo.) No podemos perder mucho tiempo. Te voy a llevar de paseo por algunos lugares que conozco muy bien. ¿Alguna vez has hecho retiros de dinero?

YO. No.

MÁSCARA 1. Bueno, ven, te voy a enseñar, es muy fácil. Por cierto, aquí cerca hay una agencia bancaria, vamos a visitarla.

(Todo lo tienen que hablar mientras van saliendo. Se apagan las luces. Se escucha el sonido de sirenas de patrulla. Las luces se encienden de nuevo todas. Yo y MÁSCARA 1 entran corriendo por la derecha, con dos sacos, con el símbolo de una moneda en uno de sus costados. Algunos billetes se salen de los sacos.)

YO. (Asustada.) Por poquito y nos atrapan.

MÁSCARA 1. (Emocionado.) ¡Qué bien! ¡Estuvo perfecto!

YO. (Molesta.) ¿Estás loco? Por poquito me matan. No, no, yo no quiero una máscara que me traiga estos riesgos. Jamás voy a ser feliz así.

MÁSCARA 1. Pero mira el montón de dinero que tienes…

YO. Sí. Pero a costa de qué. Casi muero en el intento.

(Entran dos policías por la derecha.)

POLICÍAS. ¡Ahí está, atrápenla!

(Yo sale corriendo por la izquierda, perseguida por los dos policías. Las luces se apagan. Pasados 10 segundos se encienden.)

YO. (Está sentada en la banca, esposada)

VENDEDOR. (Entra por la izquierda.) Vaya, vaya. Terminaste en la cárcel.

YO. (Muy enojada.) Sí, y todo por tu culpa.

VENDEDOR. ¿Por mi culpa?

YO. Sí, tú me vendiste la máscara y me prometiste que iba a ser feliz. Me engañaste.

VENDEDOR. Si quieres ser feliz tienes que correr el riesgo.

YO. (Lanza el sobre al suelo.) Aquí tienes, no quiero ser feliz. Porque para tener dinero tengo que arriesgar mi vida. Si voy a ser millonaria, que sea de otra forma.

VENDEDOR. (Saca un sobre de color verde.) Pues aquí está la solución. Ésta es una acción para otra máscara. Millonaria sin necesidad de robar. Tómala.

YO. (Intenta tomar el sobre.)

VENDEDOR. (Le quita el sobre.) Un momento, tienes que pagar.

YO. Pero si yo ya pagué.

VENDEDOR. Sí, pagaste la primera máscara. Esta es otra, pero también es más costosa.

YO. (No muy convencida.) Bueno. (Saca cuatro monedas de la caja.) Aquí tiene.

VENDEDOR. (Toma las monedas y le da el sobre a Yo.)

(Inmediatamente se apagan las luces. Se escuchan truenos. Pasados 10 segundos se enciende el reflector que está a nivel del piso.)

YO. (Está sentada en la banca. Ya no tiene las esposas. Varias bolsas de dinero le rodean.)

MÁSCARA 2. (Está de pie, detrás de Yo. Contando algunos billetes.)

YO. (No cree lo que ve.) No puede ser, qué montón de dinero, y sin esfuerzo.

MÁSCARA 2. ¡Qué bello es todo!

YO. (Vuelve su mirada asustada en dirección de donde provino la voz.) ¿Quién eres?

MÁSCARA 2. Riqueza.

YO. ¡Oh! Vaya. ¡Qué bueno! Aún no lo puedo creer. Ahora sí soy feliz de verdad y por fin le encuentro un uso útil a estas monedas. (Lo dice tomando la caja en sus manos.)

MÁSCARA 2. Y no tienes que robar, simplemente extiendes tu mano, y ya. Mi amiga, el dinero y las riquezas son el todo de la felicidad.

YO. ¿Tú crees?

MÁSCARAS 2. Claro... A ver, dime, ¿qué puedes comprar con el dinero?

YO. (Piensa un poco.) ¡Hummmmmmm! (Encoge los hombros.) Todo.

MÁSCARA 2. Claro, todo: Amigos, lujos, lo que tu mente piense, y lo que tu cuerpo te pida, eso te lo da el dinero.

YO. ¿La felicidad? ¿El dinero puede comprar la felicidad?

MÁSCARA 2. Eso ni lo dudes. Si el dinero no puede comprar la felicidad, entonces, ¿qué la puede comprar?

YO. (Sonriendo.) Sí, verdad. ¡Qué tontera!

MÁSCARA 2. ¿Ya has pensado que harás con todo tu dinero?

(Se encienden todas las luces.)

YO. (Un poco pensativa, pero muy emocionada.) Bueno, creo que me compraré mucha ropa, zapatos, un coche último modelo, una gran casa... No, mejor un palacio. Sí, un palacio.

(Por la derecha entran dos ladrones, y amenazan a Yo. Le quitan todo el dinero y salen corriendo por la izquierda. Yo trata de detenerlos, pero es inútil, salen muy rápido, y no logra alcanzarlos. Las luces se apagan por completo. Pasados 10 segundos se encienden de nuevo.)

YO. (Está sentada en la banca, muy triste, realmente muy triste.)

VENDEDOR. (Entra por la izquierda. Se acerca a Yo.) ¿Estás triste?

YO. (Mira a Vendedor muy molesta. Se lanza hacia él con intenciones de pegarle.) Me engañaste, las riquezas no me hacen feliz.

VENDEDOR. Pero, ¿qué pasó?

YO. ¡Ah! No te hagas. Bien sabes que me robaron todo, y ahora no tengo nada. Ni máscaras, y menos monedas en mi caja. Aparte de eso, cada vez me siento más cansada, sin fuerzas.

VENDEDOR. Tranquila, yo tengo la solución. Necesitas poder. Y yo tengo el poder que tú quieres.

YO. (Sin mucho interés y poca emoción.) ¿No me digas? ¿Otra máscara?

VENDEDOR. Claro. (Saca un sobre de color rojo.) Toma, aquí tienes la acción que te acredita como dueña del poder.

YO. (Toma el sobre.)

VENDEDOR. (Se lo quita.) Alto, son cinco monedas.

YO. ¿Cinco?

VENDEDOR. Entre mejor sea la máscara, más elevado es el costo.

YO. Bueno. (Y saca cinco monedas de su caja.)

(Las luces se apagan de nuevo. Se escucha una música bien pesada. Con muchas percusiones y guitarra eléctrica. No necesariamente un rock metálico. Puedes ser música clásica. Pasados 10 segundos se enciende el reflector a nivel de piso.)

YO. (Está acostada en la banca, completamente dormida.)

MÁSCARA 3. (Es un tipo bajo de estatura. La observa y la despierta.) Vamos arriba. Que el mucho dormir te debilita. Y el poder no necesita de debiluchos dormilones.

YO. (Aún medio dormida.) ¿Qué pasa? ¿Quién eres?

MÁSCARA 3. Soy el poder.

YO. (Lo mira de pies a cabeza.) Pero tú, ¿cómo vas a ser el poder? Creo que éste es un error de entrega.

MÁSCARA 3. No te dejes engañar. El poder parece algo pequeño, pero tan devastador como la bomba atómica. Recuerda, la esencia siempre viene en frascos pequeños.

YO. Y dime, ¿qué debo hacer para ejercer ese poder?

MÁSCARA 3. Por eso no te preocupes, yo estoy acá. Me tienes, te pertenezco. Ven, vamos a apoderarnos del mundo.

YO. (Se detiene en seco.) ¿Del mundo?

MÁSCARA 3. Recuerda, me tienes a mí: el poder.

YO. (No muy segura.) Bueno, vamos.

(Las luces se apagan. Se escucha un playback de disparos, explosiones. Sonidos de una guerra. Las luces se encienden pasados 10 segundos.)

YO. (Entra arrastrándose. Está muy cansada.)

VENDEDOR. (La mira sentado en la banca. En su rostro se dibuja una sonrisa cínica.) ¿Derrotada?

YO. (Casi sin poder hablar.) De ver-dad que el po-der pue-de ser pe-que-ño en a-pa-rien-cia pe-ro tan de-vas-ta-dor co-mo u-na bom-ba a-tó-mi-ca. (Se desploma.)

VENDEDOR. (Levanta a Yo del suelo y le ayuda llegar a la banca.)

YO. (Un poco más repuesta.) No pude controlarlo, y cuando quise hacerlo ya era demasiado tarde. La guerra se había desatado y yo estaba en medio de ella. Era el eje central. No pude… (Llora como un niño.) No pude, no pude, se me escapó…

VENDEDOR. (Consolándola.) Ya, no llores. Quizá debí darte la otra máscara. Tal vez lo único que necesitabas era un poco de fama, pero no el poder.

YO. (Muy débil.) Sí, fama, quiero ser conocida por todos. Que en todo el mundo me reconozcan y sepan quién soy sin necesidad de usar la fuerza y el poder.

VENDEDOR. (Saca un sobre azul.) Bueno, aquí la tienes: la fama, y será toda tuya por siete monedas.

YO. (Esta vez no lo piensa y saca las siete monedas.) Toma, son las últimas siete que me quedan. Bueno, y esa piedra grande que estorba mucho.

VENDEDOR. (Le entrega el sobre y sonríe cínicamente.) No te preocupes, ya vas a darle uso.

(Las luces se apagan. Se escucha una música rave o electrónica. Si se puede, luces estroboscópicas o parpadeantes. La música se detiene abruptamente y de inmediato se escuchan aplausos de una multitud. Se encienden las luces pasados 10 segundos.)

MÁSCARA 4. (Entra con Yo por la izquierda, cargándolo. Pero antes debe luchar para cerrar la puerta, porque algunos seguidores quieren tocarlo. Desde adentro se oyen gritos de apoyo a Yo, algunos llantos por Yo, preocupados por su estado de salud. Algunos lanzan frases de aliento. Acuesta a Yo sobre la banca.)

VENDEDOR. (Entra por la derecha.) ¿Qué pasó?

MÁSCARA 4. Colapsó. No soportó más y se desvaneció. No pudo soportar tanta presión y entró en un estado de shock.

VENDEDOR. No puede ser que el peso de la fama la haya llevado hasta ese extremo. (Le ayuda a Máscara 4.) Dejémosla acá, pronto se repondrá.

YO. (Comienza a reaccionar poco a poco. Está muy débil, casi no puede levantarse.) ¿Qué me pasa?

MÁSCARA 4. Estás muy débil, no te muevas.

YO. (Desorientada.) ¿Dónde estoy?

VENDEDOR. Estás conmigo, no te preocupes, no te va a pasar nada.

YO. (Muy débil, sin fuerzas, trata de incorporarse, pero no puede, y vuelve a caer pesadamente sobre la banca.) Siento que muero.

VENDEDOR. (Con mucho cinismo.) ¿Te gustaría tener vida eterna?

(Por la derecha entra LUZ, en sus manos trae una pequeña bolsa de color carmesí, con monedas, y atada con un cordón dorado. Se queda de pie, en un rincón del escenario. Las luces se apagan, solo queda el reflector de piso. Máscara 4 sale del escenario.)

YO. (Con mucho esfuerzo logra incorporase en la banca.) ¿Qué dijiste?

VENDEDOR. ¿Quieres ser inmortal? ¿Nunca morir? ¿Vivir eternamente?

(Usar música de suspenso.)

MÁSCARA 5. (Entra por la izquierda.)

YO. (Muy pensativa. Sólo vocaliza la frase.) ¿Un ser inmortal? ¿Nunca morir? (Se encoge de hombros y habla.) Sí, creo que sí. ¿Supongo que eso me costará más monedas?

VENDEDOR. Pues supones muy bien.

YO. (Busca algunas monedas en su caja.) Ya no tengo monedas. (Saca la gran moneda o piedra preciosa.) Sólo me queda ésta, pero no creo que alguien vaya a dar algo por esto.

VENDEDOR. (Muy excitado.) Eso es más que suficiente. Me la das y la inmortalidad es tuya.

MÁSCARA 5. (Se acerca a la banca.)

YO. (Se desvanece en la banca. Cierra sus ojos, como si quedara dormida.)

LUZ. (Desde el rincón donde está.) Tú no puedes comprar su vida y menos darle la inmortalidad.

VENDEDOR. (Sabe muy bien quién le habla.) ¿Qué haces aquí?

(Las luces se encienden. Las demás máscaras entran.)

LUZ. (Camina hacia la banca.) Tú sabes muy bien qué hago acá. (Lanza la bolsa al suelo.)

VENDEDOR. (Toma la bolsa en sus manos, pero al levantarla siente que se quema y la suelta de inmediato.)

LUZ. No puedes tocarla, porque es el precio que yo pagué por ella. Precio que jamás podrás igualar.

VENDEDOR. (Se aleja de la banca, poco a poco.) ¿Por qué siempre tienes que arruinar mis planes?

MÁSCARA 5. (Se cubre, como si estuviera encandilado.)

VENDEDOR. No es justo. Siempre haces lo mismo.

LUZ. Eres un ladrón. Vives como un león rugiente, buscando siempre a quién devorar, a quién destruir. Vendes tus máscaras, haciéndoles creer que les traerán la felicidad, pero al final se dan cuenta que están vacíos.

VENDEDOR. (En tono retador se acerca a Luz.) ¿A poco tú les vas a dar la felicidad que ellos necesitan?

LUZ. Soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que viene a mí, no tendrá sed jamás. La felicidad que yo les doy no viene de afuera, fluye de su interior. Los engañas con tus máscaras para que ellos no puedan descubrir su verdadera felicidad, no les permites ver su interior. No les das la oportunidad de abrir su corazón y recibir el Amor.

VENDEDOR. (Se tapa los oídos.) No digas esa palabra, que no soporto escucharla.

LUZ. No soportas escucharla, porque no tienes Amor en tu corazón. Sin el Amor, tu ser interior vive en oscuridad.

VENDEDOR. (Se aleja.) Ya basta. No sigas más. (Deja caer las monedas que le ha dado Yo.) No me atormentes.

LUZ. Entonces vete.

VENDEDOR. (En tono retador.) Me voy, pero volveré, y te venceré.

LUZ. Puedes regresar, pero jamás vas a vencer, porque sabes muy bien que estás derrotado. Que yo te gané.

VENDEDOR. ¡Basta! (Sale por la izquierda, seguido por las demás máscaras.)

LUZ. (Recoge todas las monedas que dejó regadas Vendedor. Se acerca a la banca, toma a Yo de la mano, y la levanta suavemente.) Despierta. (Echa las monedas en la pequeña caja. También coloca la bolsa color carmesí.)

YO. (Conforme van cayendo las monedas en la caja, se va recuperando, hasta levantarse, totalmente renovada, con nuevas fuerzas.)

LUZ. Hola.

YO. ¿Quién eres?

LUZ. Soy el Camino, la Verdad y la Vida y he venido para darte vida; vida en abundancia.

YO. Y el ven...

LUZ. No volverá más, se fue.

YO. Y mis mon...

LUZ. (Le entrega la cajita.) Aquí están, todas. (Saca la moneda o piedra preciosa grande.) Hasta ésta que tanto despreciaste, debes cuidarla muy bien.

YO. Pero, ¿por qué?

LUZ. Porque de ella mana la vida.

YO. No entiendo.

LUZ. Tu corazón, tus pensamientos, son la fuente de tu vida, si no los cuidas, ellos mismos te pueden llevar a la muerte.

YO. (Mira la caja y la estrecha fuertemente en su cuerpo, como si la protegiera.)

LUZ. (Se pone de pie, camina varios pasos, y cuando está a punto de salir se vuelve y le dice a Yo) ¿Vienes?

YO. (No muy segura.) Es que no sé. Me da miedo.

LUZ. (Con ternura.) El que viene a mí, yo no le echo fuera. Todos aquellos que tienen cargas, y que están cansados, me buscan, porque yo los hago descansar. Yo ya llevé tus cargas, problemas y ansiedades. (Señala la cajita.) Mira.

YO. (Abre la caja de nuevo y saca la bolsa roja carmesí.) ¿Y esto?

LUZ. Es el precio que pagué por ti. (Le pregunta de nuevo.) ¿Vienes? (Sale.)

YO. (Duda un momento. Luego camina apresuradamente hacia la puerta.) ¡Hey! Espera, yo quiero ir a donde tú vas.

(Se apagan todas las luces.)

La búsqueda

25 Minutos + Cantos y lecturas bíblicas. 13 Personajes + Extras. Una serie de personajes con anhelos de una vida mejor se juntan para ir en su búsqueda. Los personajes, que reflejan un tiempo actual, con problemas actuales, acabarán adorando en el Portal de Belén y señalando a Jesús como la Vida Eterna.


LA BÚSQUEDA




PERSONAJES

CAMINANTE
CIEGO
BUSCADOR DE LA VERDAD
MADRE
SORDOMUDO
JOVEN
JOVEN 1
JOVEN 2
JOVEN 3
POBRE
LECTORA 1
LECTOR 2
JUAN BAUTISTA
EXTRAS




(En la pared detrás del altar en letras grandes: “BUSCO A JESÚS DE NAZARET NACIDO EN BELÉN”.)

(La iglesia está oscura. Desde distintos puntos dentro de la iglesia se hacen escuchar las siguientes voces:)

BUSCO EL CAMINO
BUSCO LA LUZ
BUSCO LA VERDAD
BUSCO LA VIDA
BUSCO LA VOZ Y LA PALABRA
BUSCO LA FELICIDAD
BUSCO AL HERMANO
BUSCO EL AMOR

TODOS. Busco la salvación.

(Efecto sonoro: “Busco, busco...busco....” con efectos de eco.)

CAMINANTE. (Entrando por el pasillo central, caminando con un bastón en la mano.) Hermanos, yo busco el camino. Desconozco el rumbo, desconozco el destino. ¿Quién me lo indicará? ¿No habrá nadie en el mundo que me lo pueda señalar? Un camino que tenga sentido, un camino.... ¡No! El camino. Busco el camino. ¿Quién sostendrá mi esperanza?

(Efecto sonoro: Isaías 40, 3-5: “Abran el camino a Yahvé en el desierto. En la estepa tracen una senda para Dios. Que todas las quebradas sean rellenadas y todos los cerros y lomas sean rebajados, que se aplanen las cuestas, que queden las colinas como un llano; porque aparecerá la gloria de Yahvé y todos la verán porque Yahvé ha hablado”.

MÚSICA. Un pueblo que camina por el mundo gritando ven, Señor, Un pueblo que busca en esta vida la gran liberación…

(El caminante encuentra a un ciego que va entrando por el pasillo lateral de la izquierda caminado a tientas con las manos extendidas.)

CAMINANTE. ¿Qué buscas?

CIEGO. Busco la luz. No puedo ver. El mundo es la oscuridad para mí. Soy ciego. No me cuentan del sol, de la aurora y del ocaso, no lo veo. Me hablan del esplendor de las estrellas, no las miro. Me dicen que la luna es bella, no conozco la belleza. Oigo palabras hermosas sobre el azul del cielo, las flores del campo, el agua clara, los cerros y volcanes y tantas maravillas que hay en el mundo: colores, matices suaves y brillantes. Para mí el mundo es gris. No veo el rostro de los niños, no veo sus sonrisas. No veo el reflejo de alegrías y penas en sus ojos. Soy ciego. ¡Quiero ver! ¿Quién me dará la luz? (volteándose hacia el caminante) Y tú, tú… ¿Quién eres? ¿Qué buscas?

CAMINANTE. Busco el camino. Pero me doy cuenta de que también soy ciego como tú, pues no sé dónde poner el próximo paso. Buscamos lo mismo: “LUZ Y CAMINO”. Vamos hermano, busquemos juntos...

CIEGO. ¡Vamos, fortalece mi esperanza!

(Los dos siguen caminando, el caminante toma del brazo al ciego. Luego caminan despacio y se colocan en un lugar mientras se escucha lo siguiente:)

(Efecto sonoro: Isaías 42: 6-7)
“Yo Yahvé te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel y del calabozo a los que estaban en la oscuridad”.

MÚSICA:
Nacidos de la luz hijos del día
Nacidos de la luz.
1. Nacidos de la luz, hijos del día
vamos hacia el Señor de la mañana,
su claridad disipa nuestras sombras
y llena el corazón de regocijo.
2. Que nuestro Dios el Padre de la gloria
limpie la oscuridad de nuestros ojos
y nos revele al fin cuál es la herencia
que nos legó en su hijo primogénito.



BUSCADOR DE LA VERDAD. (Entrando por el pasillo lateral derecho, mientras que el caminante y el ciego lo miran desde lejos.) Hace tanto tiempo que estoy buscando. Buscando por el camino de las ciencias. Buscando en las distintas filosofías, buscando en las ideologías, buscando la VERDAD… ¿Qué es la verdad? ¿Quién me la enseña? Unos me dijeron que buscara en los astros, el tarot, otros que la encontraría en las religiones y sectas; otros me quisieron convencer de que la verdad está en el TENER, en el PLACER, y en el PODER… Probé de todo y lo que me quedó fue un gran vacío. No la riqueza es la verdad, ni el poder, ni el placer. Las ciencias y la filosofía sólo me dieron una chispa de luz. Pero la VERDAD VERDADERA ha de ser una llama que arde sin apagarse jamás. ¿Dónde está la verdad?

(Efecto sonoro: Éxodo 3:2-6 “El ángel de Yahvé se mostró en una llama de fuego, en medio de una zarza. Moisés vio que la zarza ardía pero no se consumía... Y Dios llamó a Moisés en medio de la zarza diciendo: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.)

(El Caminante y Ciego se acercan.)

CAMINANTE. Hermano, ¿tú también buscas?

BUSCADOR DE LA VERDAD. ¿Quiénes son ustedes?

CAMINANTE. Soy caminante, peregrino en busca del camino. Pero veo que busco igual que tú. Soy errante y también busco la verdad.

BUSCADOR DE LA VERDAD. (Dirigiéndose al ciego.) Y tú, ¿quién eres?

CIEGO. ¡Ay amigo! Soy ciego. Busco la luz. Mi deseo es ver. Pero me doy cuenta que nos parecemos. Los dos somos ciegos y buscamos la verdad. Mi ceguera es más grande de lo que pensaba, por desconocer la VERDAD. Hermano, vamos, juntos buscaremos.

BUSCADOR DE LA VERDAD. Vamos, les ruego hermanos, afirmen mi esperanza.


(Efecto sonoro: Isaías 11: 1-2 “Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu de Yahvé. Espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de prudencia y fuerza, espíritu de temor y de conocimiento de Yahvé”.)

MÚSICA:
Donde reina la verdad, donde existe libertad
donde hay paz, está presente el Señor.
Porque Dios es la verdad, porque Dios es libertad,
Porque Dios es justicia y amor.

(Desde el lado más oscuro del lugar, se deja oír el llanto de una mujer que está inclinada sobre el cuerpo muerto de su hijo.)

MADRE. ¡Ay Dios mío! Se ha muerto mi hijo. Éste era el último que me quedaba. Era mi única esperanza. Ahora su cuerpo está frío, sin vida. (Llora desconsolada.)

CAMINANTE. ¿Por qué lloras, mujer?

MADRE. ¡Ay Dios, hombre! Mi hijo ha muerto. No tenía con qué alimentarlo. De pura hambre murió. Uno tras otro se me ha ido. Como digo, el mayor murió por un pleito, el segundo se accidentó; luego murió mi marido. El alcohol lo arruinó y terminó arruinando el hogar. Ya no había con qué mantener a mis hijos. Las cosas todas se volvieron tan caras. La vida se me acabó con todos ellos. Ustedes no saben cuánto dolor llevo en mi corazón. (Llora.) Y lo que además me da pena, es que algún día yo voy a morir también. Pero ¡yo quiero vivir! ¡Quiero la vida! ¿Dónde está la vida?

CAMINANTE. Todos buscamos la vida, no cualquier vida, sino la VIDA VERDADERA.

CIEGO. Ven con nosotros mujer, acompáñanos en nuestra búsqueda.

BUSCADOR DE LA VERDAD. Juntos nos ayudaremos a encontrar lo que buscamos.

MADRE. Gracias hermanos, así se reaviva mi esperanza por la vida.

(Efecto sonoro: Isaías 49: 15-16 “¿Puede una mujer olvidarse del niño que cría o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque se encontrara alguna que lo olvidase, yo nunca me olvidaré de ti. Mira cómo te tengo grabada en la palma de mis manos”. Isaías 7: 4 “El Señor entonces les dará una señal: miren que una virgen está embarazada y dará a luz un hijo varón a quien le pondrá el nombre de Emmanuel: Dios con nosotros”

MÚSICA.
El mundo por la guerra sangra sin razón,
Familias destrozadas buscan un hogar.
El mundo tiene puesta la esperanza en ti, Dios de la Paz.
Un pueblo que camina por el mundo,
gritando VEN SEÑOR.
Un pueblo que busca en esta vida,
la gran liberación.

(Todos siguen caminando...)

CAMINANTE. (Dirigiéndose hacia un lugar del escenario.) Miren hermanos, alguien nos está haciendo señas.... Nos está llamando. (Yendo hacia el sordomudo...) ¿Qué buscas, hermano?

SORDOMUDO. (Explica con señas que no oye, ni puede hablar, sólo los ha visto)

CAMINANTE. (Con señas) ¿No oyes? ¿No hablas? (Hablando para sí mismo.) Un mundo sin voz ni palabra, un mundo con muros altos y barreras, sin comunicación. Una vida sorda, de silencio, monótona. (Hablando con gestos hacia el sordomudo) Pero te quedan las señas como una chispa de esperanza, ¿qué buscas?

SORDOMUDO. (Con gestos da a entender que desea oír y hablar.)

CAMINANTE. El oído es para oír, la lengua para hablar. Ven con nosotros hermano. Seremos tu voz, seremos tu oído, todos buscamos aquello de lo que carecemos, cada uno según su necesidad. En nuestro buscar y caminar nos ayudaremos juntos y estoy seguro de que existe Alguien que nos ha de traer lo esperado.

CIEGO. Vamos juntos. Entre muchos aumenta nuestra esperanza.

BUSCADOR DE LA VERDAD. A veces todos somos sordos. Yo también he sido sordo. Quizás haya estado cerca de la verdad y no le he prestado oído; he sido mudo porque no he sabido responder.

MADRE. Él también busca una VIDA MEJOR, como todos nosotros. Vamos pues...

(Todos siguen caminando...)

(Efecto sonoro: Isaías 50: 4-5 “El Señor Yahvé me ha concedido el poder de hablar como su discípulo y ha puesto en mi boca las palabras para aconsejar como es debido, al que está aburrido, cada mañana él me despierta y lo escucho como lo hacen sus discípulos. El Señor Yahvé me ha abierto los oídos, y no me resistí, ni me eché atrás”.)

MÚSICA.
No temas arriesgarte, porque contigo yo estaré,
no temas anunciarme porque en tu boca yo hablaré.
Te encargo hoy mi pueblo para arrancar y derribar,
Para edificar, destruirás y plantarás.
Tengo que gritar, tengo que arriesgar
¡Ay de mí si no lo hago!
¿Cómo escapar de ti, cómo no hablar?
Si tu voz me queda dentro.
Tengo que andar, tengo que luchar
¡Ay de mí si no lo hago!
¿Cómo escapar de ti, cómo no hablar?
Si tu voz me queda dentro.

JOVEN. (Acercándose desde el campanario.) Hombres, mujeres, jóvenes, niños, niñas, escúchenme. Esta vida no tiene sentido. Sólo desgracia y amargura y, a fin de cuentas, sólo tristeza y soledad. ¿No habrá algo mejor en este mundo?

CAMINANTE. Ahí viene un joven, parece que está buscando algo. (Dirigiéndose a él.) ¿Qué buscas muchacho?

JOVEN. Busqué la alegría, busqué la felicidad, pero no la encontré. En mi afán por ser feliz pensaba encontrarla en el vicio. Me perdí. Terminé con todo lo que tenía y acabo de terminar de pisotear mi dignidad de hombre. Luego quise pasar la vida gozando con mujeres. No pensaba en hacerlas felices, sino abusar de ellas egoístamente. Sólo para mi propio gusto, sólo para un rato de placer. Y ¡de cuántas no he abusado, al dejarlas en desgracia a cada una de ellas! Después comencé a probar la droga. Era tan fácil por medio de un cigarrillo, ponerme en “onda”, olvidarlo todo y olvidar esta amarga vida. De momento estoy echando a perder mi juventud. ¿Hasta cuando voy a aguantar?

CAMINANTE. Buscas la alegría, buscas la felicidad, buscas una vida mejor. La vida que pasaste no es la vida verdadera. Todos nosotros estamos en busca de ella. Si quieres ven con nosotros.

CIEGO. Ven, la juventud ha de tener la esperanza de una nueva luz, has de fortalecer también nuestra esperanza.

BUSCADOR DE LA VERDAD. Ven, ya has dado un paso reconociendo que en el vicio y la droga no está la felicidad. Hay algo más grande para nosotros. Y se me hace que nos estamos acercando cada vez más hacia la VERDAD.

MADRE. Ven, hijo mío. Todavía estás con vida, busca con nosotros la VIDA VERDADERA y encontrarás la felicidad.

JOVEN. Si me aceptan en su compañía, vamos juntos pues.

(Desde otro punto se acercan otras tres jóvenes mujeres.)

1ª JOVEN. Hermanos, acéptennos también a nosotras que vamos buscando lo mismo. Hemos buscado la felicidad, ¿dónde podemos encontrarla?

2ª JOVEN. Ustedes nos dan una nueva luz y una nueva esperanza.

3ª JOVEN. Ustedes llevan un mensaje de vida verdadera que es ALEGRÍA.

CAMINANTE. Vengan todos y todas quienes quieran acompañarnos en nuestra búsqueda.

(Poco a poco se juntan más personas de distintos lados caminando con el grupo.)

(Efecto sonoro: Isaías 60 y 61, 10 “Levántate y brilla, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé amanecerá sobre ti. La oscuridad sobre la tierra y los pueblos están en la noche, pero sobre ti aparece su gloria. Salto de alegría delante de Yahvé, y mi alma se alegra en mi Dios. Pues me puso ropas de salvación y me abrigó con el manto de justicia, como un novio se coloca su anillo o como la esposa se arregla sus joyas. Pues así como brotan de la tierra las semillas o como aparecen las plantitas en el jardín, así el Señor Yahvé hará brotar la justicia y la felicidad a la vista de todas las naciones”.)

MÚSICA. Himno a la alegría.

POBRE. (Cojeando y pidiendo limosna con su sombrero entre la gente del público.) Por el amor de Dios, por el amor de Dios, una limosnita por el amor de Dios. Dios lo bendiga, Dios se los pague. Regáleme mi pan, por el amor de Dios... unos reales, por el amor de Dios, un tamalito por el amor de Dios… (Llegando hasta el grupito, y mirándoles con desconfianza.) Ustedes, ¿quiénes son? No me vayan a quitar lo que mendigué como muchas veces me ha pasado...

CAMINANTE. Ten confianza, hermano.

POBRE. (Amargado.) Hermano, hermano... suena bonita esa palabra. Yo no creo en la hermandad, no existe el hermano. En este mundo sólo existe la ambición, el aprovecharse de los demás, el oportunismo. Sólo hay lobos que devoran a los corderos y leones que se comen a los cabritos. No, hombre, hace tiempo que no creo ya en esta palabra.

CAMINANTE. Sin embargo, lo que buscas, precisamente es al HERMANO/A, alguien que te tienda la mano, alguien que te abra el corazón, alguien que te brinde su amor.

CIEGO. ¿No será que también tú, en el fondo, busques una nueva luz?

BUSCADOR DE LA VERDAD. ¿Acaso no es en la hermandad donde está la razón de nuestra vida? ¿No son hermanos la verdad y el amor?

MADRE. ¿No buscas acaso tú la vida verdadera?

JOVEN. ¿No tienes también ansias de felicidad?

POBRE. Tienen razón. Mi hambre no sólo es de pan, sino de algo más. Parece que han encendido en mí, una chispa de esperanza.

CAMINANTE. Ven con nosotros y nosotras, todos y todas buscamos lo mismo, buscamos la salvación.


(Efecto sonoro: Isaías 41: 17-18 “Los pobres y los humildes buscan agua pero no encuentran, y se les seca la lengua de sed. Pero yo, Dios de Israel, no los abandonaré. Yo Yahvé los escucharé. Haré brotar ríos en los cerros pelados y vertientes en medio de los valles. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra seca en manantiales”.)

MÚSICA.
Cuando el pobre nada tiene y aún reparte...

(El grupo sigue caminando.)

CAMINANTE. Vengan, hermanos y hermanas, vengan todos y todas quienes tengan ansia de encontrar el CAMINO.

CIEGO. Vengan quienes tengan deseos de ver la LUZ.

BUSCADOR DE LA VERDAD. Vengan quienes tengan deseos de VERDAD.

MADRE. Acompáñennos los que tengan el anhelo de LA VIDA VERDADERA

GRUPO DE JÓVENES. Vengan quienes buscan la FELICIDAD.

POBRES. Vengan quienes tengan hambre de HERMANDAD.

(El grupo sigue caminando cantando el siguiente canto…)

CANTO
Esperando
Esperando, esperando,
esperando al Mesías que nos ha de salvar
tierra y hombres que sueñan porque Dios va a llegar.
Esperando... Esperando Señor tu venida, tu venida de verdad.
Buscamos la luz que nos guía
y encendemos estrellas de papel,
¿hasta cuando Señor jugaremos
como niños con la fe?
Aunque vanos discursos gritemos,
pregonando una falsa hermandad,
¿hasta cuándo Señor viviremos
sin justicia y caridad?

Esperando...

(Se van encendiendo algunas luces.)

EFECTO SONORO: “YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA. Quien me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Mateo 5: 3-10
“Felices los que tienen espíritu de pobre,
porque de ellos es el reino de los cielos...

CAMINANTE. Creo que ya no estamos lejos de lo que buscamos, se me abre un nuevo CAMINO.

(Aparece Juan Bautista por algún lugar inesperado del escenario y camina despacio mirando a la gente.)

LECTORA 1. Mateo 3: 1 “En ese tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea predicando de esta forma”.

JUAN BAUTISTA. “Cambien su vida y su corazón, porque está cerca el Reino de los Cielos”. (Mt. 3, 2)

LECTOR 2. Juan empezó a predicar por toda la región del río Jordán diciéndoles que cambiaran su manera de vivir, que conviertan su corazón. (Lc. 3, 3)

JUAN BAUTISTA. Preparen el camino del Señor, allanen los senderos, y escuchen la Palabra de Dios.

(Mientras se lee el Evangelio, las luces se enfocan a un lugar donde está el Niño, María y José, puede ser un “cuadro vivo” o símbolos que representan que Dios ha nacido hoy.)

LECTORA 1. Proclama el Evangelio de Lc. 2, 1-20 (Durante la lectura del Evangelio los personajes se van acercando poco a poco al lugar donde ha nacido el Niño.)

MÚSICA.
“Navidad sin pandereta” de Manzano


CONCLUSIÓN

(Uno a uno, los actores se van levantando según su turno y se van dirigiendo al público, los demás se quedan en postura de contemplación y meditación del cuadro de nacimiento.)

CAMINANTE. Nosotros hemos encontrado lo que buscamos. Y ustedes, ¿qué buscan? ¿Cuál es su esperanza? ¿Por qué han venido aquí esta noche?

(Son preguntas que se hacen al público para que respondan una o dos personas.)

CAMINANTE. Todas nuestras esperanzas se cumplen en Jesús que ha nacido en Belén, que ha venido a hacerse uno de nosotros. Desde esta noche todos estamos invitados a buscar, a ver y a reconocer a aquel “Dios con-nosotros” presente hoy como ayer en el más humilde de sus hermanos, presente en su Palabra y en los signos de vida. Desde esta noche existe Alguien a favor del hombre y mujer marginados.

CIEGO. Desde esta noche el hombre y la mujer pueden levantar la cabeza y comenzar a vivir en la LUZ, porque Dios le ha otorgado una alta dignidad en su Hijo.

BUSCADOR DE LA VERDAD. Desde esta noche, la VERDAD es que el pequeño ya no es pequeño, y el grande ya no es grande, el pobre ya no es pobre y el rico ya no es rico, porque cambiaron los valores: “Dios levanta del polvo a los humildes y derriba a los poderosos de sus tronos, colma de bienes a los pobres y a los ricos los despide vacíos”. (Lc. 1: 52-53)

MADRE. Desde esta noche ha nacido la VIDA, ¿queremos quedarnos muertos por no dejarla nacer en nosotros/as mismos/as?

SORDOMUDO. Desde esta noche “Alguien se ha hecho voz de los/as que no tienen voz”

JOVEN. Desde esta noche ha venido la FELICIDAD, la juventud camina al encuentro del LIBERTADOR, sólo él hace libre verdaderamente a la persona. Él comprende nuestras debilidades y nos ofrece un encuentro muy personal y transformador. Es amigo que no falla nunca. Camino de total realización.

POBRE. Desde esta noche hay Alguien que ofrece su vida por el AMOR, LA PAZ Y LA SOLIDARIDAD entre la humanidad. Desde esta noche, Alguien nos hizo hermanos y hermanas, haciéndose hermano nuestro.

LECTOR 2. Desde esta noche, hermanos y hermanas, sabemos que Dios entra en nuestra historia, en nuestro mundo. Desde esta noche, Dios llega a nosotros y nosotras, ahí donde hay:
• Rebaños y pesebres
• Cafetales y maizales
• Ranchos y hogares humildes
• Talleres y oficinas
• Ahí donde hay hambre y frío
• Ahí donde hay corazones quebrantados
• Donde el egoísmo, la envidia, el orgullo y la violencia destruyen lo mejor que hay en la persona humana.
• Donde la guerra y la ambición de los poderosos ha desfigurado el rostro humano, la imagen de Dios.
Cristo asume nuestra condición humana, con todos sus valores y con todas sus debilidades, y asumiéndola la redime.
Cada vez que reconocemos la grandeza de lo pequeño y lo sencillo, NACE JESÚS, SE HACE NAVIDAD.
Cada vez que logramos superar las divisiones entre hermanos, en los hogares, entre las clases sociales, entre religiones, culturas y naciones, NACE JESÚS, SE HACE NAVIDAD.
Cada vez que vencemos nuestra indiferencia frente al hermano y hermana que sufren, frente al dolor de la humanidad, frente a la destrucción de la naturaleza y la casa donde habitamos toda la humanidad, NACE JESÚS, SE HACE NAVIDAD.

TODOS. Hermanos y hermanas, les deseamos a todos y a todas una FELIZ NAVIDAD.

El payaso triste

5 Minutos y 2 Personajes. Detrás de las risas de un payaso se esconde una vida de sufrimiento y desilusión. El encuentro con Jesús le traerá felicidad.



EL PAYASO TRISTE
Christopher García Peñaranda

PERSONAJES
PAYASO
JESÚS

PAYASO. (Se despide de los niños y se acerca hacia una silla con un espejo.) Adiós niños, sí, adiós, pronto nos veremos. ¡Ay, qué cansancio! Estos niños eran muy revoltosos, no me dejaron en paz ni un momento, estoy muy cansado. ¡Qué vida que tengo! Si estos niños supieran todo lo que me ha pasado... Que detrás de estas pinturas mi corazón está triste y esta máscara sólo la uso para ocultar mis penas. Los recuerdos de mi niñez no me dejan vivir, hasta hoy recuerdo cuando mis papás llegaban borrachos todas las noches y en días de fiesta ni siquiera llegaban. Al día siguiente se aparecían diciendo que se habían perdido. Las golpizas que me daban cuando llegaban a casa me dolían mucho; eran tremendas. ¡Cuánto odio a mis padres! Hasta que llegó un día en que ya no pude aguantar más y decidí escaparme de mi casa. Fue mejor vivir en las calles que soportar los golpes y las borracheras de mis padres, ¡extraño a mis hermanitos! ¿Cómo estarán?Pero por otro lado, en las calles soporté el desprecio de las personas y dormía bajo los puentes. Empecé vendiendo dulces para vivir pero de todos lados me corrían. Después me regalaron una cajita de lustrar y me puse a lustrar zapatos; esto me permitió ganarme algunos pesitos, pero era un trabajo duro y a veces el grupo del Charly, un lustrabotas bastante mayor, me robaba el dinero. Recuerdo que fue en las calles cuando empecé con este negocio de ser payaso. Sufrí mucho y aprendí a no confiar en nadie, y también, a no amar a nadie, todos me fallaron yo crecí solo y llegué hasta donde estoy solo. Me hubiera gustado estudiar... Ahora duermo en un pequeño cuarto, que es mejor que dormir en los puentes. Vivo haciendo reír a los niños, pero cuando los veo reír junto a sus padres, mi corazón revienta de rabia porque mis padres nunca estuvieron conmigo en ninguno de mis cumpleaños. Pero siempre digo: “¡Vamos a jugar chicos con el payaso Chinchulín!” Pero mi corazón no deja de llorar. Ninguno de ellos se imagina mi sufrimiento y mi dolor ¡La función debe continuar!

JESÚS. Hijo mío, yo conozco tu sufrimiento.

PAYASO. ¿Quien está ahí? Salga de donde está.

JESÚS. Yo siempre estuve contigo y conozco tu dolor. ¡Ven a mí y yo sanaré tus heridas!

PAYASO. Ya, en serio ¿quién es? ¿Qué quiere?

JESÚS. Tu vida.

PAYASO. ¿Mi vida? ¡Uy! Ahora sí que estoy loco, ¿y cuánto pagaría por mi vida?

JESÚS. ¡Mi sangre!

PAYASO. ¿Quién eres tú?

JESÚS. Soy Jesús y quiero sanar tu corazón.

PAYASO. ¿Eres real o estoy soñando?

JESÚS. Soy real.

PAYASO. No puede ser que me hayas escuchado. Y si eres tan real, ¿por qué mi vida fue un desastre y nunca estuviste conmigo? ¿Dónde estabas cuando más me necesitaba?

JESÚS. Siempre intenté acercarme a ti y sanar tu vida.

PAYASO. ¿Cómo?

JESÚS. Sí, muchas veces mis hijos fueron a tocar la puerta de tu casa… Tú sólo eras un niño y tu mamá siempre les dijo: “estoy ocupada y no quiero oír nada de religión.”

PAYASO. Sí, ya recuerdo.

JESÚS. Quise llegar a ti, pero te burlaste de Óscar cuando se acercó a hablarte de mí.

PAYASO. Ah sí, el cristianito, siempre me burlaba de él.

JESÚS. Ahora quiero sanar tu vida.

PAYASO. ¿Cómo? ¿Eres mago? Además, yo hice cosas malas y no lo merezco.

JESÚS. Yo di mi sangre por amor a ti, pero tienes que creer en mí y dejarme entrar en tu corazón, y seguir mis enseñanzas.

PAYASO. ¡No sé qué hacer!

JESÚS. Te amo, no importa cómo seas, arrepiéntete de tus pecados y ábreme tu corazón y tus pecados serán perdonados. Te amo tanto que hasta di mi vida por ti.

PAYASO. ¿Así tan fácil?

JESÚS. Sí, yo ya pagué por tus pecados, sólo cree en mí.

PAYASO. Bueno, Jesús, (se hinca.) Señor Dios mío, perdóname, me arrepiento de mis pecados, soy un pecador, pero desde este momento te abro mi corazón para que tú guíes mi vida. ¡Te necesito, mi Dios! ¡Te necesito! (Cuando se levanta su rostro tiene alegría.) Gracias, Dios, ya no necesito una máscara, ya no necesito fingir, ahora en verdad soy feliz. ¡Gracias Padre mío tengo un nuevo amor y siempre te seguiré!


Nota del Editor. Al final es indispensable explicar que Jesucristo no nos habla de forma audible, sino que a través de la Biblia podemos conocer acerca de su amor y su sacrificio por nosotros y sería bueno dar un mensaje evangelístico más completo a los que vieron la obra, y hacer la invitación a aceptar a Jesucristo como su Salvador.

Ya soy feliz

14 Minutos y 6 Personajes. A un joven desencantado con la vida, se le presentan diversos personajes que le indicarán cómo puede encontrar la felicidad, pero la felicidad la encontrará en las promesas de una vieja Biblia.

YA SOY FELIZ
Esther Villanueva

PERSONAJES

Joven
Dinero
Fama
Poder
Biblia
Radio


OBRA

En una sala hay un joven recostado en un sillón. Frente a él hay una mesa y a su espalda una librería.

JOVEN. (Pensativo) Pero… ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué hago yo en este mundo? Nada. Absolutamente nada. Bueno… estudio, trabajo, me divierto: salgo los viernes por la noche con unos amigos para ir juntos a una discoteca, unas cañas, un poco de marcha y… y el lunes me despierto a otra monótona semana. Sí… realmente es muy divertido sobre todo si ese fin de semana no tenemos plan y encargamos un poco de chocolate. La gente se empeña en decir que es peligroso, que luego eso te engancha a otra cosa más dura pero ¿qué más dará? Lo importante es huir de todo esto, de esta tensión que se respira en el ambiente (se coge la cabeza entre las manos) ¡Ojalá explotara todo esto de una vez! (Se levanta y se apoya en la librería) Me pregunto dónde está esa felicidad tan buscada. Yo… yo sólo la puedo ver de lejos, sólo cuando voy a ver alguna de esas películas que te hacen llorar viendo a esos personajes tan buenos, tan delicados que a pesar de todo siguen siendo felices. Lástima que sean tan reales como… como Dios. (Sarcásticamente) Vaya, vaya con Dios. Si existiera un Dios tan bueno y tan amante… locos buscadores de felicidad: han encontrado en Dios su mejor trampa. En fin, cada loco… (Se recuesta y se queda dormido).

Las luces cambian, se vuelven más tenues y aparecen en escena tres personajes interrumpiendo el sueño del joven.

DINERO. (Sacudiéndole) ¡Hey, muchacho, despierta! ¿Cómo puedes dormir en un momento tan hermoso? Vamos, la vida es bella y hay que vivirla.

FAMA. ¡Claro! Y si tú no sabes cómo, aquí nos tienes a nosotros.

JOVEN. ¿Me podéis ayudar? ¿Cómo?

PODER. (Arrogante) Primero te presentaré a mis compañeros. Éste (señala a dinero) es Dinero.

DINERO. Aunque no te lo creas, la felicidad existe y nosotros, especialmente, podemos conseguir todos tus deseos.

PODER. (Señalando a Fama) Te presento a Fama.

FAMA. Vamos a ser grandes amigos. Juntos vamos a encontrar la felicidad, tu felicidad.

PODER. (Muy arrogante) Y yo, yo soy Poder. Gracias a mí, lo vas a conseguir todo. Y si lo tienes todo serás feliz.

JOVEN. (Desbordado de esperanza) Decidme, ¿qué debo hacer?

FAMA. Sólo tienes que desearlo y dejar que nosotros te guiemos. Tendrás que sacrificar algunas cosillas pero no te apenará.

JOVEN. ¿Qué cosas?

DINERO. (Despreocupado) ¡Bah! Cositas sin importancia, tonterías y fábulas. Te pondré un ejemplo: si empiezas a pensar en no hacer daño a otras personas, a ayudar a los amigos a cambio de nada, a perdonar… vamos, tonterías como el amor, no conseguirás avanzar en la vida, y por tanto no serás feliz.

PODER. Otra cosa que debes tener en cuenta es que las ideas propias siempre son estúpidas. Lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar, no pensar y todo te irá sobre ruedas.
(Se enciende una luz procedente de la librería y se escucha una voz dulce)

BIBLIA. Ten cuidado. Piensa lo que vas a hacer antes de comprometerte.

JOVEN. ¿Quién eres?

BIBLIA. ¿No me conoces? Desde que eras un niño he estado aquí. Soy ese libro negro del centro. Recuerdo que de niño te gustaba cogerme y abrir mis finas páginas mientras el abuelo te contaba acerca de mí o de las historias que hay en mis páginas. Una de las historias que te contaba cuando hacías alguna travesura de mal gusto hablaba de un niño.

JOVEN. Jesús. Te recuerdo: eres mi Biblia.

BIBLIA. Supongo que recordarás el final de la historia. Cuando fue un joven como tú, Jesús fue asesinado para que algún día tú encontraras la felicidad. Sufrió mucho por ello, pero ahora está sentado junto a Dios, su Padre.

JOVEN. ¿Por qué apareces ahora si estabas ahí todo este tiempo?

BIBLIA. He estado observando cómo crecías y esperaba el momento en el que estuvieras preparado para comprenderme. Pero veo que no soy la única que te ofrece la felicidad.

PODER. (Enfadado) Oye, Biblia. Tú siempre has sido tan oportuna, y créeme, llega un momento en el que fastidias.

JOVEN. Un momento. Antes me habéis presentado las razones para confiar en vosotros para llegar a ser feliz. Dejad a mi vieja Biblia que se explique.

BIBLIA. Una sabia decisión. Te voy a demostrar las verdaderas intenciones de tus amigos. Enciende tu radio.
(Sobre la mesa coloca un aparato de radio y lo enciende)

RADIO. La situación en Centroamérica. Después de un tiempo de enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército, ambos bandos han quedado francamente deteriorados. En la mañana de ayer murieron cerca de 1500 personas entre combatientes y población civil. Todavía queda el dolor en los muchos heridos, que se estiman el doble. La lucha por el poder en los países centroamericanos está…
(El joven apaga la radio visiblemente afectado)

BIBLIA. Hace falta escuchar poco para darte cuenta de lo que tu amigo Poder es capaz de hacer. Pero por favor, sigue escuchando.

RADIO. Tenemos en nuestro estudio un famoso psicólogo y sociólogo que nos va a hablar de las enfermedades nerviosas, psíquicas y sus causas. Díganos, doctor, ¿qué personas son más propensas a las enfermedades nerviosas?
Son propensas todas las personas sin excepción pero en índice de afección son las personas con grandes responsabilidades: ejecutivos, dirigentes sociales y políticos, y todo tipo de personas con un contacto especial con el público en general. Las causas se deben buscar en el intenso acoso físico y psíquico y a la falta de intimidad y vida privada. Esto unido a un trabajo muy duro hace que estas personas sufran un constante estrés, cansancio emocional y otras enfermedades que les obligan a refugiarse en el alcohol, drogas y otros tóxicos cuando no en la muerte.
Ahora continuaremos con usted, mientras escuchan un poco más de música para relajar los nervios.

BIBLIA. ¿Te das cuenta?

FAMA. No digas tonterías. La popularidad y la fama son mucho más gratificantes que lo que puedan acarrear.

DINERO. (Al joven) ¿No te hubiera gustado llevar la vida de lujo o poseer alguna de sus propiedades?

JOVEN. Lo que en realidad me importa es si eso les sirve para ser felices.

FAMA. ¿Lo puedes dudar? La felicidad es no necesitar de nada porque lo tienes todo.

BIBLIA. No te dejes confundir. Eso puede ser un factor pero lo que te proporcionará mayor felicidad es el amor. Une todos los factores que creas necesarios al amor y tendrás la fórmula de la felicidad. Ahora, deberás aprender a conservarla.

JOVEN. (Preocupado) Hasta el momento no has hecho otra cosa que acusar. ¿Qué me aconsejas?

BIBLIA. La mejor manera de vivir y ser feliz está en mis páginas. Cógeme, abre y lee.

JOVEN. (Obedece) “Busca primero el Reino de Dios y su justicia…”

PODER. (Interrumpiendo) ¡Pamplinas! Dios, su reino, su poder, su amor. Todo son fantasías.

JOVEN. Espera un momento. Deja que se explique. ¿Qué significa eso de buscar el Reino de Dios?

BIBLIA. Es intentar estar cerca de Dios.

DINERO. (Burlonamente) ¿Desde cuándo se puede estar cerca de lo que no existe?

FAMA. Y aunque existiera, no está aquí, y si no está, ¿cómo lo vas a encontrar?

BIBLIA. Abre y lee.

JOVEN. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Bueno ¿se va a conformar con mirar?

BIBLIA. Abre y lee.

JOVEN. Porque has puesto a Jehová que es mi esperanza, al Altísimo por mi habitación; no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada, pues a sus ángeles mandará cerca de ti que te guarden en todos tus caminos. Oye, ¿por qué ha de hacer Dios eso?

BIBLIA. Porque Dios es amor.

PODER. Sí, de acuerdo, pero Dios no ha hecho nada por este mundo.

BIBLIA. Abre y lee.

JOVEN. Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.

FAMA. ¡Fantasías! Todo son promesas, promesas para una vida más allá.

BIBLIA. Abre y lee.

JOVEN. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura.

BIBLIA. Todo lo que tú necesitas puede dártelo Dios; sólo porque te ama y porque ya le perteneces desde la creación y luego Cristo murió por ti.

JOVEN. (Angustiado) Dejadme, dejadme. Tengo las ideas confusas. Necesito pensar y recapacitar sobre lo que habéis dicho.
(Se deja caer sobre el sillón y salen los personajes. Desaparece la luz y al momento despierta. La luz vuelve a ser la del principio)
(Con angustia) Vaya sueño extraño. He soñado que me visitaban unas personas muy raras y que un libro hablaba. (Se queda mirando la librería, se levanta y se dirige hacia ella) ¡Qué raro! El libro está aquí, y es una Biblia como en el sueño. (Coge la Biblia) Este libro me cautivaba, sus palabras eran dulces, como llegadas de otro mundo… el libro me decía: “Abre y lee” y cada vez que lo decía era como un rayo de luz que penetraba en mi vida y me obligaba a obedecerle. Era capaz de convertir mi desilusión en esperanza. Lástima que sólo sea un sueño.
(Se sienta, abre la Biblia y lee. Se sobresalta) ¡Dios mío! Las palabras de mis sueño están aquí escritas.
(Comienza a buscar impaciente en las páginas) ¿Qué me ha ocurrido? ¿Será verdad? (Inclina su cabeza) Señor, creo que existes, y si es así Tú eres el único camino para encontrar la felicidad. No comprendo bien tu amor, pero sé que me amas. Sólo ahora he conseguido tener una ilusión para el futuro, un ideal para esta vida, necesidad de vivir, necesidad de ser útil, de hacer algo por los demás, y sobre todo, Señor, necesito saber cómo eres para poder seguirte, para poder amar como Tú amas, como Tú me has amado. Siempre te agradeceré que sin pedírtelo Tú me has ayudado y me has hecho comprender que sin ti no tengo nada, no soy nada. Te ruego que me perdones todo lo que me he reído de ti, todo lo que me he burlado de los que me hablaban de ti, y por las veces que he desoído los consejos que tenías para mí. Gracias por la esperanza que has puesto en mí y por dejar que te descubriera, y que así encontrara una vida hermosa que Tú pones delante de mí llena de amor. Gracias por este regalo, este libro insignificante pero lleno de sabiduría, amor, consejos y promesas para esta vida. Gracias por enseñarme a ser feliz.

La camisa del hombre feliz


10 Minutos y 7 Personajes. Un rey no es feliz y sus siervos intentan buscarle soluciones.


LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ
Teatro para marionetas
Hermanos Grim – Adaptación de Víctor Armenteros

PERSONAJES

NARRADOR
REY
RECAREDO
BUFÓN
JEFE
ENCARGADO
PASTOR

NARRACIÓN. Érase una vez, hace mucho tiempo en un país muy lejano donde vivía un rey muy rico, ocurrió esta historia:

El rey, que se llamaba Godofredo, tenía muchos caballos. Algunos eran muy negros y rápidos, otros eran muy grandes y lentos, otros muy blancos y elegantes. Tenía tantos que apenas sabía los nombres de todos. Él los usaba para dar largos paseos por sus bosques, pues tenía muchos bosques con muchos árboles y flores. Árboles muy grandes y ancianos, flores de muchísimos colores y tipos: azucenas, hortensias, claveles, rosas, geranios, jazmines, lirios... Bueno, muchísimas. Tenía también muchos perros ya que al rey le gustaba mucho cazar faisanes, liebres, conejos, jabalíes, ciervos, gamos... Bueno, le gustaba cazar de todo. Como tenía muchas riquezas también tenía numerosos ganados para alimentarse muy bien. ¡Ah! Vivía en un castillo muy grande y alto, con muchas almenas y banderas y un puente levadizo muy grande. En su castillo había muchos músicos y bufones. Allí, en el castillo, también vivía su hijo Recaredo al que quería mucho.

Un día, el rey Godofredo se puso enfermo. El médico fue a visitarlo y no sabía qué enfermedad podía tener. El caso es que el rey Godofredo estaba muy triste y ni él ni nadie sabían la razón. Acudió a visitarlo el encargado de los caballos un día.

ENCARGADO. ¿Majestad?

REY. Pasad, Encargado de mis caballos. Decidme qué queréis.

ENCARGADO. Hemos notado mis ayudantes y yo que su majestad se encuentra muy triste. Quisiéramos ayudarle a que se sane y hemos preparado su mejor caballo lo mejor que hemos podido. Hemos adornado los árboles del bosque y lo hemos plantado de flores. Todo esto para que su majestad pasee por allí y se mejore.

REY. ¡Ay! ¡Ojalá pudiera! No puedo pasear estando tan triste.

NARRACIÓN. El Encargado de los caballos se fue y vino el jefe de las cacerías.

JEFE. Majestad.

REY. Pasad, Jefe de las cacerías. ¿Qué queréis?

JEFE. Hemos notado mis ayudantes y yo que su majestad se encuentra muy triste.

REY. Esto me suena.

JEFE. Quisiéramos ayudarle a que se sane y hemos preparado los perros, los mejores, para que su majestad cace y se mejore. Hemos pintado dianas en todos los ciervos, en todos los gamos, en todos los jabalíes, en todos los conejos, en todas las liebres...

REY. ¡Basta! Estoy enfermo. No puedo cazar estando triste. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

NARRACIÓN. Después que se fue el Jefe de las cacerías vino el Pastor de todos los ganados del rey.

PASTOR. Majestad.

REY. Pasad, Pastor de los ganados. Decidme qué es lo que deseáis.

PASTOR. Hemos notado mis ayudantes y yo...

REY. Me está empezando a hartar tanto preámbulo.

PASTOR. Quisiéramos ayudarle a que se sane y hemos preparado para ello un gran banquete. Quizá si su majestad come bien se mejore.

REY. ¡Ay! Se me hace la boca agua pero... no puedo comer estando triste. ¡Ay qué tristísimo que estoy! ¡Ay! ¡Ayyyyyy!

NARRACIÓN. Nada más marchase el Pastor de los ganados vino el bufón de la Corte.

BUFÓN. Majestad, ¿sabe ese chiste de la hormiga que se carga al elefante?

REY. Sí.

BUFÓN. Majestad, he notado...

REY. ¡Lo sé! ¿Qué queréis?

BUFÓN. Quisiera contaros algunos chistes a ver si...

REY. Estoy triste y no estoy para bufonadas. ¡Ay! ¡Ayyy!

NARRACIÓN. Todos habían fallado en su intento de curar al rey. Se reunieron para hablar lo desanimados que estaban cuando llegó el Príncipe Recaredo.

RECAREDO. Vengo a daros una difícil tarea. Me ha dicho un sabio muy sabio de un país muy, pero que muy lejano, que la única solución para mi padre el Rey...

TODOS. ¡Viva el Rey!

RECAREDO. Dejadme que siga. La única solución para mi padre el Rey...

TODOS. ¡Viva el Rey!

RECAREDO. Silencio. Dice que la única solución es que busquemos a un hombre que sea feliz y le pongamos al rey una camisa de éste. Así que, ¡venga! A buscar todos esa camisa.

NARRACIÓN. Se despidieron del rey con muchas reverencias y se fueron a buscar la camisa del hombre feliz. Tardaron muchos días, semanas, hasta que fueron llegando uno a uno.

ENCARGADO. Majestad.

REY. ¿Tenéis la camisa?

ENCARGADO. No, Majestad. No encontré a nadie feliz.

REY. Bueno, no te preocupes. ¡Qué le vamos a hacer!

JEFE. Majestad.

REY. ¿Tenéis la camisa?

JEFE. No, Majestad. No encontré a nadie feliz.

REY. Nada, no llores. Otro lo encontrará.

PASTOR. Majestad.

REY. ¿La tenéis?

PASTOR. No, majestad. No encontré a nadie feliz.

REY. ¡Pues lo tenemos claro! Bueno, no te preocupes.

NARRACIÓN. Todos tenían unas caras muy largas cuando vieron llegar al bufón.

BUFÓN. Majestad.

REY. ¿Sí?

BUFÓN. Estoy cansadísimo. Llevo semanas contando chistes y no hay manera. No hay nadie feliz.

REY. ¡Vaya!

NARRACIÓN. Estaban todos tristes cuando llegó el Príncipe Recaredo.

RECAREDO. Papá.

REY. Hijo, ¿la has encontrado?

RECAREDO. Cuando salí de aquí tuve que vadear grandes ríos, cruzar montañas heladas, luchar contra dragones...

TODOS. ¡Ohhhh!

RECAREDO. Lidiar terribles batallas con osados guerreros, asaltar inexpugnables castillos...

TODOS. ¡Ohhh!

RECAREDO. He recitado cientos de poemas en cientos de plazas, he...

REY. Hijo...

RECAREDO. ¿Sí, papá?

REY. Déjate de rollos y al grano.

RECAREDO. Tras todas mis peripecias encontré a un hombre que era muy, muy pobre pero era feliz.

REY. Entonces, ¿has traído su camisa?

RECAREDO. No, era tan pobre que no tenía camisa.

TODOS. ¡Ohhh!

RECAREDO. Pero me dijo su secreto.

TODOS. ¡Ahhh!

RECAREDO. Las riquezas no dan la felicidad.

TODOS. ¡Ohhh!

RECAREDO. Tampoco la pobreza.

TODOS. ¡Ahhh!

RECAREDO. El secreto de la felicidad está...

(Tose el bufón.)

TODOS. ¡Ssss!

RECAREDO. El secreto de la felicidad está en uno mismo.

NARRACIÓN. El rey se dio cuenta que su problema era su apego a las riquezas y fue repartiéndolas equitativamente a los que las necesitaban. Así, poco a poco, llegó a ser un hombre feliz.