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2012 - España
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Obedeced siempre

17 Minutos y 9 Personajes. Un joven desobedece a sus padres y consigue meterse en un buen lío. Las malas compañías con las que se junta casi consiguen que se meta en el mundo de la droga.

OBEDECED SIEMPRE
Jinmaris Murillo. Revisada y corregida por Andrés Varela

PERSONAJES

BRYAN
PABLO
LAURA
RONALD
JOAN
POLICÍA 1
POLICIA 2
JEFA DE POLICÍA

VOZ EN OFF


(Escenario. Sala de una casa.) En el segundo acto solo hay una banca o pollo de parque. En el tercero, es la oficina de la jefe de policía.


ACTO I

(Pablo y Laura están en la sala. Ambos están leyendo la Biblia, y comentándola entre ellos.)

BRYAN. (Entra por la derecha.) Pá', má' ¿Puedo salir con mis amigos?

PABLO. (Dejando de leer.) ¿Quiénes son tus amigos?

BRYAN. ¡Ay, pá! No te hagás. Son Joan y Ronald.

LAURA. Ya te habíamos dicho que no queremos que andés con ellos.

BRYAN. (Molesto.) Pero má'…

LAURA. Pero nada, ¿quedó claro?

(Bryan asiente de mala gana.)

PABLO. (Le extiende la mano) Vení hijo, sentate acá con nosotros.

(Bryan obedece, pero no de muy buena gana. Incluso en su rostro se dibuja una mueca de disgusto. Pablo y Laura se hacen a un lado para que Bryan se siente en medio de ellos.)

LAURA. Hijo, lo que estamos haciendo es buscando tu propio bien. Tal vez ahora no lo entendás pero algún día lo vas a comprender. Quizá ya tu papá y yo no estemos y nos lo vas a agradecer.

PABLO. Además, esos jóvenes no son una buena amistad.

BRYAN. (Molesto.) Ustedes no pueden hablar ni opinar de ellos porque ni siquiera los conocen.

LAURA. No es necesario. Ellos mismos lo demuestran, con su forma de vestir y hablar. Empezando porque ni siquiera van al colegio. Además, nos han contado muchas cosas negativas acerca de ellos.

BRYAN. Pero no porque los demás hablen mal de ellos, ustedes también lo van a hacer.

PABLO. Bueno, que hablemos mal o bien de ellos no es el punto, lo que queremos es que nos obedezcás, si no muy pronto vas a ver el resultado de tu desobediencia.

LAURA. Es mejor que te apartés de ellos. No que les dejés de hablar, sino que... No andés con ellos, así de simple.

BRYAN. (Molesto.) ¡Ay! Por favor. Ya entendí, no es necesario que me lo vuelvan a repetir.

PABLO. Bryan, es nuestro deber. Te corregimos porque te amamos, así como Dios nos corrige a nosotros. (Abre la Biblia y busca un pasaje.) Mirá lo que dice Proverbios 3:12 "Porque Jehová al que ama, castiga, como el padre al hijo quien quiere.”

LAURA. Hijo, entiendo que vos querés andar con ellos pero, ¿te has preguntado si es lo que Dios quiere para vos?

BRYAN. (Se pone de pie muy enojado.) ¡Ya! No más. Suficiente. Ya no quiero escuchar más sermones.

PABLO. (Poniéndose de pie le habla a Bryan muy enérgicamente.) Tu mamá y yo tenemos que salir. Espero que pensés muy bien las cosas y que no vayás a cometer una locura.

LAURA. (Se pone de pie y se acerca a su hijo pero éste la rechaza.) Recordá hijo: El avisado ve el mal y se esconde, solo los necios pasan y reciben el daño.

PABLO. Haznos caso, mejor aún, hazle caso a Dios, Él te ordena que debés obedecernos siempre, porque eso le agrada a Él. Además, si nos honrás, serás un hombre de larga vida sobre la tierra y todo lo que hagás va a ser prosperado.

BRYAN. La Biblia también dice que ustedes, padres, no deben exasperar ni provocar a ira a sus hijos.

LAURA. Nosotros en ningún momento buscamos hacerte enojar. Siempre ha sido nuestra intención buscarte el bien, y nada más.

BRYAN. (Reflexiona un momento.) Está bien. No voy a salir. Voy a llamarlos para cancelar todo.

LAURA. (Sonríe.) Me parece muy bien.

PABLO. (Le da la Biblia a Bryan.) Tomá, hijo, léela. Acá encontrarás las respuestas a tus preguntas.

LAURA. Bueno, nosotros nos vamos. Portate bien, que nada te cuesta.

PABLO. Adiós, hijo.

BRYAN. (Rehuyéndoles.) Sí, sí, adiós.

(Laura y Pablo salen por la izquierda.)

BRYAN. (Se cerciora de que sus padres se hayan ido. Toma la Biblia y la abre.) Bueno, vamos a ver qué tonterías dice este libro (La abre y lee en voz alta Proverbios 6:20, luego Efesios 6:23. Cierra la Biblia y la tira en el sillón.) ¡Bah! Éste libro solo babosadas dice. Si no honro a mis padres no tendré larga vida. Es lo más estúpido que he escuchado. Mejor me voy. Mis amigos ya deben estar esperándome. Según mis papás yo los iba a obedecer. (Sale caminando por la derecha.) Con tal de que se callaran, preferí mentirles. Pero ni loco me pierdo esta salida con mis amigos. (Sale.)



ACTO II

(En el escenario hay una banca o pollo de parque. Junto a ella hay dos adolescentes de más o menos 14 años. Están un poco impacientes. Bryan entra el medio del público.)

JOAN. (A Ronald y señalando a Bryan) Ahí viene.

RONALD. (Un poco molesto.) Ya era hora.

(Bryan los saluda cuando llega a dónde ellos están.)

RONALD. Pensábamos que no ibas a venir.

BRYAN. Ni que fuera tonto pero mis tatas se pusieron a hablar muchas tonterías, y a sermonearme, por eso me atrasé. Y ni loco me iba a quedar en casa haciendo el tonto.

JOAN. (Lo felicita.) Así me gusta. Como los grandes.

(Ronald saca una bolsa con un polvo blanco adentro.)

BRYAN. (Asustado.) ¿Qué es eso?

JOAN. Es azúcar de repostería (Le da una palmada por la cabeza.) No seás tan bruto. ¿Seguro que no sabés de qué se trata? Eso (señala la bolsa) es droga, mi amigo: Cocaína pura.

BRYAN. (Sorprendido y asustado.) ¿Qué?

RONALD. No te hagás el inocente, ya escuchaste. Vamos a volar un rato.

JOAN. (Saca un pequeño tubillo para inhalar. Saca un poco de polvo de la bolsa y le ofrece a Bryan.) ¿Querés?

BRYAN. (Temeroso.) ¿No es peligroso?

JOAN. Claro que no. Se siente rico y relajante.

RONALD. (Animándolo.) Vamos Bryan, no seás una niñita.

(Bryan toma tembloroso lo que Joan le ofrece. Por la izquierda entran dos policías.)

POLICÍA 1. (Saca su arma.) ¡Alto! No se muevan.

(Joan y Ronald salen corriendo por entre el público, solo Bryan se queda.)

POLICIA 2. (Toma a Bryan de los brazos.) ¿Qué pensabas hacer muchacho?

BRYAN. (Muy asustado.) Nada, se lo aseguro.

(El Policía 1 se inclina y comprueba que el polvo blanco que cayó al suelo es droga. Le hace una seña afirmativa a su compañero.)

POLICÍA 2. (Saca unas esposas y se las pone a Bryan.) Vamos amiguito, estás en serios problemas.

POLICÍA 1. (Recoge el pequeño tubito y la bolsa que dejaron botada Joan y Ronald.) Aquí hay suficientes pruebas como para encerrarte un buen rato en la cárcel.

BRYAN. (Casi llorando.) Se lo juro oficial, yo no hice nada, es más, ni siquiera probé de ese polvo.

POLICÍA 2. Bueno, por más que hables no puedes hacer nada. Así que, andando, mi amigo.

POLICÍA 1. Si tienes alguien a quien llamar, tus papás, un tío, tu abuelita en la comandancia tendrás oportunidad para hacer una llamada.

BRYAN. Mis papás. Ellos pueden ir a recogerme.

POLICÍA 2. ¿Recogerte? Lo dudo. Visitarte suena más coherente.

POLICÍA 1. Vamos.

(Salen por la izquierda. Bryan va llorando, pero no opone resistencia. Se apagan las luces.)



ACTO III

(Las luces se encienden. El escenario es la oficina de la Jefa de la comandancia. La Jefa está sentada, llenando algunos papeles. La acompañan los dos policías. Por la derecha entran Pablo y Laura.)

PABLO. (Muy triste.) Buenas noches. Somos los padres del niño Bryan Moreno Blanco.

JEFA. (Se pone de pie.) Muy buenas noches, tomen asiento, por favor.

LAURA. (También muy triste.) Gracias. Venimos en cuanto pudimos. La verdad, nos costó mucho entrar en razón.

(Pablo y Laura se sientan.)

PABLO. Como ahora se da mucho el hacer bromas por teléfono, creímos que nos estaban tomando el pelo.

LAURA. Pero al llegar a casa y no encontrar a Bryan caímos en razón.

JEFA. ¿Trajeron los papeles que les solicitamos?

LAURA. Sí, claro. (Saca unos papeles de su bolso y se los entrega a la Jefa.) Aquí tiene. La constancia de nacimiento de Bryan y la constancia de matrimonio de nosotros dos. Ah, y las cédulas de ambos, también.

JEFA. (Revisa los papeles.) Muy bien. (Le da la orden a los policías para que traigan al muchacho. Luego le habla a los padres) Disculpe que los incomodara tanto, pero es que queremos evitar que se roben más niños y adolescentes. Algunos de ellos son reclutados para vender droga o ser burros para llevarla a otros países.

LAURA. Tranquila oficial, nosotros entendemos y les agradecemos que nos hayan llamado.

JEFA. No se preocupe señora, estamos para servirle. (Pequeña pausa.) Dígame una cosa: ¿Ustedes tienen problemas en casa? ¿Se pelean o algo así?

PABLO. No, señora. Irónicamente ambos somos cristianos. Pero esta situación se nos salió de las manos. Bryan se metió con una barra de muchachitos mayores que él y lo estaban influenciando de manera negativa. Nosotros le advertimos que no se juntara con ellos, pero no hizo caso.

LAURA. Y vemos con buenos ojos que le haya sucedido esto para que aprenda la lección.

JEFA. Un poco extraña su forma de pensar, pero igual la respeto, es su hijo y ustedes verán lo que es bueno o no para él.

PABLO. Gracias, oficial.

JEFA. Por cierto. ¿Ustedes saben el nombre de los dos muchachos que estaban con su hijo?

LAURA. Sé que se llaman Joan y Ronald. Mi hijo siempre los mencionaba porque hablaba mucho de ellos en casa.

JEFA. (Pensativa.) ¿Joan y Ronald? Me suenan. Sí, creo que los conozco, varias veces los hemos detenido por la misma razón. Se dedican a distribuir droga entre los muchachos de las edades de su hijo. Pertenecen a la banda Los Rugrats, y son bastante peligrosos.

PABLO. Nosotros algo sabíamos de ellos y se lo dijimos a Bryan, pero él estaba tan embobado con esos muchachos, que no nos hizo caso. Casi eran sus ídolos.

JEFA. Ah, bueno. (Pequeña pausa.) A su hijo lo hemos tenido con una trabajadora social. Han estado hablando y al parecer era la primera vez que su hijo iba a consumir droga. También le practicamos algunos exámenes médicos y no encontramos rastro de alguna sustancia química ajena a su organismo.

LAURA. (Con un gesto de alivio.) Gracias a Dios.

PABLO. (También con un gesto de alivio.) Sí.

(Los dos policías entran acompañados por Bryan.)

BRYAN. (Al ver a su mamá corre hacia ella y la abraza. Ambos lloran.) No lo vuelvo a hacer, mamá, no lo vuelvo a hacer. Te lo prometo.

LAURA. (Lo abraza bien fuerte.) Tranquilo, hijo, ahora no es el momento para hacer promesas. (Lo mira.) Lo importante es que estás bien.

POLICÍA 1. Por suerte llegamos en el momento justo y no ingirió la droga.

POLICÍA 2. Creo que con el susto es más que suficiente.

PABLO. Sí y gracias por salvar a mi hijo. Solo Dios pudo llevarlos a ese lugar en el momento exacto.

JEFA. (A Bryan.) Bueno joven, espero que haya aprendido la lección y que se diera cuenta de que esos muchachos no eran tus amigos. Es bueno obedecer a los padres siempre. Eso sí, cuando te buscan el bien. ¿De acuerdo?

BRYAN. Sí, señora.

PABLO. Bueno, nosotros nos vamos. Muchas gracias.

JEFA. Fue un placer. Que pasen buenas noches.

(Los policías se despiden con un gesto de su mano. Bryan y sus papás salen por la derecha. Las luces se apagan.)

VOZ EN OFF. Hijos, obedeced en el Señor a vuestros Padres, porque eso es justo. Honra a tu padre y a tu madre porque es el primer mandamiento con promesa. Todo lo que hagas te saldrá bien y sobre la tierra vivirás muchos años. El avisado ve el mal y se esconde, mas los necios pasan y reciben el daño. Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo quien quiere.

¿A quién obedecerás?

22 Minutos y 8 Personajes. Unos niños acuden a su abuelo para resolver un dilema: obedecer antes a Dios o a los padres. El abuelo les sorprende con una historia familiar que desconocían.


¿A QUIÉN OBEDECERÁS?


PERSONAJES

DON ALFREDO LÓPEZ
BEATRIZ
ROBERTO
ALFREDO LÓPEZ
ZULMA
VALENTINA
RICARDO
RECEPCIONISTA
DOCTOR



ACTO N° 1

(Escena: Casa de la Familia López, Don Alfredo López es abuelo y está con sus nietos jóvenes Beatriz y Roberto. Están discutiendo sobre una tarea de la iglesia.)

BEATRIZ. Roberto, ¿qué versículo te dio el profesor para explicar en la iglesia?

ROBERTO. Difícil es este versículo.

BEATRIZ. Dime, ¿cuál es? Quizás pueda ayudarte.

ROBERTO. Está en Hechos 5:29,”respondiendo Pedro y los apóstoles dijeron: es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

BEATRIZ. ¡Qué difícil es tu versículo! Pero yo te ayudaré si tú me ayudas con el mío.

ROBERTO. ¿Y cuál te dieron a ti? Claro que te ayudaré.

BEATRIZ. Está en Colosenses 3:20. ”Hijos obedeced a vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor”.

ROBERTO. ¡Ah! Ahora entiendo lo que quiere el profesor con estos dos versículos.

BEATRIZ. ¿Qué es, hermano?

ROBERTO. El profesor quiere saber si un padre te pide hacer algo que está mal, ¿qué vamos a hacer? ¿Obedecer a Dios o a los padres? La desobediencia es pecado.

BEATRIZ. ¡Qué inteligente eres! Tiene razón, pero vos, ¿qué harías si nuestro padre te pide hacer algo malo? ¿Qué harías?

ROBERTO. Bueno, yo oraría primero a Dios pidiendo perdón y bueno, trataría de dar un buen testimonio de obediencia.

BEATRIZ. ¡Qué vivo que sos! No podés hacer eso, tenés que elegir a quién obedecer, ¿a Dios o a nuestro padre?

ROBERTO. ¡Es difícil elegir! Si elijo a Dios, estaré pecando por desobedecer a mis padres.

BEATRIZ. Y si yo elijo obedecer a mis padres, estaré pecando por no obedecer a Dios.

ROBERTO. ¿Qué hacemos entonces? Es difícil nuestra tarea.

BEATRIZ. Hermano ¿quién nos aconseja cuando papá está en su trabajo?

ROBERTO. Nuestro abuelo Alfredo.

BEATRIZ. Llamémosle y expliquémosle el trabajo que tenemos que hacer.

ROBERTO. Vení, abuelo, te necesitamos.

DON ALFREDO. ¿Qué pasa, Roberto?

BEATRIZ. Abuelo, tú siempre nos aconsejas bien. Queremos que nos ayudes en un trabajo que tenemos para presentar en la semana la semana que viene.

DON ALFREDO. Bueno muéstrenme los versículos y el tema a desarrollar (Beatriz y Ricardo le muestran a su abuelo el cuaderno) ¡Qué difícil es! “¿A quién obedecer: a Dios o a los padres?”

BEATRIZ. Es cierto, no podemos elegir ninguno de los dos lados porque los dos son pecado.

DON ALFREDO. Tenés razón, Beatriz, pero, ¿su papá no les contó cómo murió su tía Valentina?

ROBERTO. No, abuelo, nadie nos lo ha contado.

DON ALFREDO. Siéntense acá a mi lado y yo les contaré cómo ella murió.

ROBERTO. Abuelo, ¿qué tiene que ver la muerte de mi tía Valentina con nuestro trabajo de la iglesia?

DON ALFREDO. Escúchame, Roberto, y después tú quitarás la conclusión con Beatriz para el trabajo que les han encargado.

BEATRIZ. Ya, calláte hermano, yo quiero saber cómo murió la tía Valentina. Abuelo, cuéntanos, por favor.

DON ALFREDO. Escuchen, esto pasó cuando yo era joven. Yo había sido creyente pero estaba alejado de Dios, sabía muchos versículos de la Biblia, pero los usaba para mi conveniencia. Era un dictador. Todo sucedió un día antes del cumpleaños de Ricardo; fue en esta casa; su abuela Zulma estaba preparándole cosas para una fiesta con sus amigos de la Sociedad de Jóvenes y yo…



ACTO N.2

(Escena: Don Alfredo joven, en la cocina con su esposa Zulma, un día antes del cumpleaños de Ricardo. De fondo música cristiana.)

ALFREDO. (Enojado, blasfemando contra Dios.) El mundo está un desastre, ¿dónde está tu Dios? ¿No es un Dios de amor? ¿No será como los políticos? No creo que exista Dios, este mundo está cada vez peor y Dios está sentado en su trono sin hacer nada para mejorar este mundo.

ZULMA. No digas esas cosas contra Dios, Él te puede castigar en donde más te duela. El mundo está así por la desobediencia del hombre.

ALFREDO. ¡Ja, ja, ja! ¿Dios me va a castigar¿ ¿Cómo? Si no existe. ¿Por qué estás preparando tantas cosas? ¿Y esta música de porquería? No quiero que la escuches.

ZULMA. Estamos en democracia en este país, pero en casa existe la dictadura. ¿Acaso te olvidaste de que mañana es el cumpleaños de tu hijo Ricardo? Quiero hacerle una reunión con sus amigos de la Sociedad de Jóvenes.

ALFREDO. (Gritando.) ¿Yo estoy aquí de adorno? ¿Por qué no me consultaste? Yo soy el jefe del hogar, acuérdate, mujer, de eso.

ZULMA. ¡Viva la democracia, abajo la dictadura! Yo te pregunté, pero tú nunca me escuchas, siempre estás tan ocupado en tus negocios.

ALFREDO. ¡Se suspende la reunión! Esos amigos de la Sociedad de Jóvenes son muy aburridos. En sus fiestas no hay alegría, nadie se divierte, no hay baile, ni cerveza. Yo le llevaré a un lugar donde realmente se divertirá, donde se hará hombre de verdad.

ZULMA. Claro, vos le querés llevar a esos lugares donde hay mujeres fáciles y que nuestro hijo se contagie de sida u otra enfermedad, ¿verdad?

ALFREDO. Tonta, para eso existen los preservativos, para cuidarse. No quiero que tenga esa reunión con los aburridos de la Sociedad de Jóvenes. Es mi última palabra, yo soy el jefe de la casa y se hace lo que yo digo.

ZULMA. ¡Qué dictador que sos! Y muy egoísta, nunca hablas con tu hijo para saber lo que él quiere.

ALFREDO. Yo sé lo que le conviene a mi hijo, no necesito preguntarle.

ZULMA. Nunca vas a cambiar, le pido a Dios en oración que tenga un encuentro personal contigo para que tu vida cambie. Suspenderé la reunión pero, ¿puedo hacer una cena familiar con tu permiso “jefe de la casa”?

ALFREDO. Sí, podés hacerlo, simpática.

ZULMA. Gracias, me voy al Hipermercado apurada para hacer las compras porque está por cerrarse.




ACTO N.3

(Escena: Sale Zulma para irse a comprar. Alfredo plageando de su esposa, Ricardo le escucha.)

ALFREDO. Esta mujer está mal, parece una loca. Anoche la oí hablar sola y de rodillas, sí que está loca.

RICARDO. ¡Papá, no le faltes el respeto a mi madre! Si le viste arrodillada es porque ella estaba orando, conversando con Dios para que tengas un encuentro con el Señor y Salvador Jesús y le aceptes en tu corazón.

ALFREDO. ¡Ja, ja, ja! Hablando con Dios, pero si no existe…

RICARDO. Entonces tú no existís papá, si Dios no existe, tú tampoco.

ALFREDO. ¿Por qué decís que no existo? Si vos me ves y me estás hablando.

RICARDO. Tenés razón, papá, estás presente porque Dios te creó, Él existe.

ALFREDO. Mejor cambiemos de tema, te quiero preguntar algo.

RICARDO. Dime, papá.

ALFREDO. En la Biblia hay un versículo que dice “Hijos, obedeced a

vuestros padres en todo porque esto agrada al Señor”,¿verdad?

RICARDO. Sí, papá, eso dice, ¿por qué preguntas?

ALFREDO. Pues yo decidí cuál era la mejor celebración para tu cumpleaños. Mañana te voy a llevar a un lugar para que puedas conocer hermosas chicas y para que así te hagas un hombre de verdad, ¿qué te parece?

RICARDO. Lo siento, papá, no podré acompañarte porque mañana tengo un compromiso con mis amigos de la Sociedad de Jóvenes.

ALFREDO. Yo suspendí esa reunión con tus aburridos amigos así es que podrás.

RICARDO. ¿Cómo pudiste, papá? Sin decirme nada…

ALFREDO. Yo soy el jefe de la casa y hago lo que quiero. Vos tenés que obedecerme, es mi última palabra.

RICARDO. ¡En la Biblia también dice que “Es necesario obedecer a Dios ante que a los hombres”!

ALFREDO. (Enojado.) ¡No me importa, tenés que obedecerme igual!

RICARDO. Lo siento, primero hay que obedecer a Dios (sale apresuradamente a la calle. Entra Valentina.)

VALENTINA. ¿Qué pasa, papá? Cálmate, te hará mal al corazón.

ALFREDO. ¡Ese hijo desobediente! Pero me tendrá que hacer caso porque yo soy su padre y el jefe de esta casa.

VALENTINA. Sí, papá, ya verás que sí pero, yo te quería pedir un consejo, ayúdame, por favor.

ALFREDO. Sí, mi pequeña, te voy a ayudar, ¿cuál es el problema?

VALENTINA. (Plageando.) Papá tengo una enemiga, se llama Mónica. Es una víbora, ¿sabes que me quitó a mi novio Julio? Y lo que es peor, le contó muchas mentiras sobre mí. No sé qué hacer papá, sólo quiero vengarme, ayúdame, estoy desesperada.

ALFREDO. Cálmate hija, yo te voy a dar una buena idea, sólo tiene que obedecerme....

VALENTINA. Sí, papito, ¿qué tengo que hacer con Mónica?

ALFREDO. ¿Acaso vos no sos la jefa de la pandilla del barrio? ¿Por qué no reunís a tus amigas y le das un escarmiento a esa Mónica? Mañana es sábado y seguramente irá a la discoteca. A la salida le esperan y le das un susto, ¿qué te parece?

VALENTINA. Papito, sos un genio. Me voy a reunir con mis amigas para planear lo que vamos a hacer (Le da un beso a su padre y sale).

ALFREDO. (Contento) ¿Por qué mi hijo Ricardo no es tan obediente como su hermana?




ACTO N°4

(Escena: Valentina sale apurada y le atropella a Ricardo, que estaba escuchando la conversación.)

VALENTINA. ¿Por qué no salís de mi camino? ¡Estoy apurada!

RICARDO. Hermana, ¿qué le vas a hacer a Mónica?

VALENTINA. Le daré el peor susto de su vida, se arrepentirá de haberme quitado a mi novio.

RICARDO. No hermana, la Biblia dice:”No paguéis a nadie mal por mal, procurad lo bueno delante de todos los hombres”.

VALENTINA. (Molestándose.) Vos siempre estás pensando en tus versículos de la Biblia, déjame en paz, la idea que me dio papá es muy buena y le voy a obedecer.

RICARDO. No, hermana, tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque esos hombres sean nuestros padres.

VALENTINA. No seas metiche. Déjame salir. (Le hace un lado y sale.)




ACTO N° 5

(Escena: El día del cumpleaños de Ricardo estaba toda la familia alrededor de la mesa, menos Valentina, la madre está sirviendo la comida y Alfredo mirando un diario.)

ZULMA. Y Valentina, ¿no va a cenar con nosotros el día del cumpleaños de su hermano?

ALFREDO. Yo le di permiso, tiene un asunto importante que arreglar, luego vendrá a cenar con nosotros.

ZULMA. Entonces vamos a esperarle para que así esté toda la familia.

ALFREDO. Vamos a cenar los hombres de la casa porque después iremos a divertirnos. Vos podes esperar a Valentina y cenar con ella.

RICARDO. (Menea la cabeza con enojo, haciendo señales a su madre.) Te dije papá, que yo no iré a esa fiesta, yo voy a obedecer a Dios, no puedo obedecerte en esto.

ALFREDO. ¡No seas desobediente con tu padre! (Le da una trompada a su hijo).

ZULMA. (Se acerca a su hijo para ayudarle a levantar, se dirige a su esposo.) ¿Cómo puedes tratar así a nuestro hijo? No te entiendo.

ALFREDO. Yo soy el padre y puedo hacer lo que quiera con él.

ZULMA. Te equivocas, no puedes maltratarle así.

ALFREDO. Ya salió la abogada defensora de su hijo consentido (en forma burlona, en eso suena el teléfono y Alfredo contesta.)

ALFREDO. ¡Hola! Sí es la casa de mi hija Valentina, ¿con quién hablo? ¿La recepcionista del hospital? ¿Qué pasa? ¡No! ¡Mi muñeca herida! ¡No puede ser que esté moribunda, salgo para allá!

ZULMA. (Desesperada.) ¿Qué dices, Valentina está moribunda?

ALFREDO. (Grita.) ¡Eso fue lo que oíste!

RICARDO. Ya, dejemos de hablar y vamos al hospital.

(Salen todos apurados.)




Acto N°6

(Escena: Entran todos a la sala de espera del hospital y preguntan a la recepcionista.)

ALFREDO. (Desesperado.) Señorita, ¿cómo está mi hija Valentina, Valentina López?

RECEPCIONISTA. (Revisando.) Valentina López sigue grave. El doctor le está operando en este momento. Siéntense, señor, pronto saldrá a conversar con Ud.

(Alfredo se sienta con su familia en la sala.)

ZULMA. ¿Qué te dijeron? ¿Cómo está nuestra hija?

ALFREDO. Está grave y la están operando. El doctor vendrá pronto a conversar con nosotros.

RICARDO. Yo iré a la cafetería y le traeré un té, papá, para calmar los nervios. ¿Vos mamá te quedas con papá?

ZULMA. Sí, hijo, gracias.

(Ricardo sale, y después de un rato, entra el doctor buscando a los padres de Valentina.)

DOCTOR. Los padres de Valentina López, ¿dónde se encuentran?

ZULMA Y ALFREDO. (Dicen a coro saltando del asiento.) ¡Nosotros somos, doctor!

DOCTOR. Buenas noches. Me temo que tengo malas noticias: su hija ha fallecido, no pudimos hacer nada, lo siento mucho.

ZULMA. No...Nuestra hija muerta...

ALFREDO. ¿Por qué nuestra hija? ¿Quién hizo esto, doctor?

DOCTOR. Los paramédicos de ambulancia dijeron que a la salida de una discoteca comenzó una pelea entre dos pandillas juveniles. Hubo varios heridos. A su hija le dieron una cuchillada en la espalda; ella no aguantó la operación porque perdió mucha sangre y estaba muy débil, lo siento.

(El doctor sale lentamente de la escena, Alfredo y su esposa se sientan en la sala de espera, destrozados.)

ALFREDO. Yo fui el culpable, yo maté a mi hija. Fui yo el que le dijo que comenzara esa pelea.

(Zulma permanece en silencio. Ricardo entra con dos tazas de té.)

RICARDO. ¿Cómo está Valentina? ¿Qué han sabido de ella?

ALFREDO. Tu hermana falleció. Fue mi culpa, yo le di un mal consejo y ella me obedeció. ¡Cómo pude! ¡Qué arrepentido estoy! ¿Cómo pueden perdonarme ustedes? ¿Y Dios?

RICARDO. Papi, cómo lo siento. Nosotros te perdonamos porque eso nos manda Dios. Él también puede perdonarte si tú se lo pides: papi, acepta a Cristo como tu Señor y Salvador. Si tú quieres orar ahora, nosotros te acompañaremos.

ZULMA. Vamos, habla con Dios, sólo Él puede quitarte ese sentimiento de culpa. (Oran todos juntos con lágrimas en sus ojos.)

ALFREDO. ¡Oh! Realmente me siento perdonado por Dios.

RICARDO. Tomen esta taza de té, yo haré los preparativos para llevar el cuerpo de mi hermana.




ACTO N°7

(Escena: Aparecen Alfredo siendo Abuelo, y sus nietos Beatriz y Roberto.)



ROBERTO. ¡Qué historia tan impresionante, abuelo!

BEATRIZ. Ahora entiendo, abuelo: hay que obedecer primero a Dios antes que a los hombres aunque los hombres sean nuestros padres.

DON ALFREDO. Tenés razón, Beatriz.

ROBERTO. Bueno, vamos a terminar el trabajo de la iglesia pues ya sabemos lo que debemos responder. Luego iremos a comprar un regalo para la abuela Zulma. Acordate abuelo, que mañana está de cumpleaños.

ALFREDO. Gracias, Roberto. No sé qué haría sin ustedes porque me olvidé del cumpleaños de mi esposa. Voy a acompañarles para comprarle un regalo también.

(Los tres se ríen.)

BEATRIZ. No hay problema, abuelo. Vamos todos juntos.

(Salen todos, se cierran el telón.)

Drama de Abraham


10 Minutos y 8 Personajes + Extras. Historia de Abraham.


DRAMA DE ABRAHAM

NARRADOR. El Señor escogió a Abraham para que abandonara su nación de idolatras y se separara de sus familiares. Dios se le había revelado en su juventud y le había dado entendimiento preservándolo de la idolatría . Había planeado hacer de él un ejemplo de fe y verdadera devoción para su pueblo, que más tarde viviera sobre la tierra. Su piadoso ejemplo y su conducta correcta, junto con las fieles instrucciones que impartía a sus siervos y a toda su familia, los indujo a temer, amar y reverenciar al Dios de Abraham.


PRIMERA ESCENA.

(Abraham orando y desesperado por tener un hijo.)

ABRAHAM. ¿Qué me darás, siendo así ando sin hijo? Mira que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.

(Siervos que vienen.)

SIERVO 1. Matamos un león y un oso venía a depredar al ganado, 20 camellas parieron en esta samana y hemos almacenado la leche de ellas.

SIERVO 2. Mi señor Abraham, han parido 250 ovejas y todas las crías están saludables. Al campo del otro lado del río se le seco la hierba y estamos llevando las ovejas al de este lado que hay hierba fresca y en abundancia.

NARRADOR. Era Abraham de edad de 99 años cuando le habló Jehová.

NARRADOR 2. Yo soy el Dios todopoderoso anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre tú y yo y te multiplicaré en gran manera. Bendeciré a Sara y te daré de ella un hijo; sí la bendeciré y vendrá a ser madre de naciones. Tu simiente será como las arenas del mar y las estrellas del cielo.

NARRADOR. Después que le habló Jehová, sentado a la puerta de su tienda en el calor
del día, alzó sus ojos y he aquí tres varones que estaban junto a él y cuando los vio, salió
corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos y se postró en tierra.

ABRAHAM. Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu
siervo.

ABRAHAM. Que traigan ahora un poco de agua y lavad vuestros pies y tráiganle de
comer.

(Siervos les lavan los pies y les traen comida.)

VISITANTE CELESTIAL 1. ¿Dónde está Sara, tu mujer ?

ABRAHAM. Aquí en la tienda .

VISITANTE CELESTIAL 1. De cierto volveré a ti y según el tiempode la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo.

NARRADOR. Y Sara que estaba detrás de la puerta escuchaba. Sara era de edad y se le había cesado la costumbre de las mujeres. Se rió entre sí diciendo.

SARA. Después que he envejecido, ¿tendré deleite siendo también mi señor ya viejo?

VISITANTE CELESTIAL. ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.

SARA. No me reí porque tuve miedo.

VISITANTE CELESTIAL. Pero te has reído.

NARRADOR. Y visitó Jehová a Sara como había dicho y Sara concibió.



SEGUNDA ESCENA

(Aparece Sara embarazada y con dolores de parto. Dos siervas van con Sara y allí tiene su hijo. Luego se mostrará el bebé a la multitud que está afuera de la tienda. Y ellos muestran gran gozo y aplaudirán.)

NARRADOR. Y lo llamó Isaac y lo circuncidó a los 8 días. Y era Abraham de 100 años
cuando tuvo su hijo.



TERCERA ESCENA

(Aparece Abraham con Isaac de 8 años y le muestra el cielo y le dice de las promesas que Jehová le dio.)

ABRAHAM. Como las estrellas del cielo y las arenas del mar así serán tus descendientes porque así lo ha dicho Jehová nuestro Dios.



CUARTA ESCENA

(Aparece Isaac de 18 años jugando con las ovejas y su papá enseñándole de ganadería.)

ABRAHAM. ¿Ves esas ovejas? Son de gran valor. Cuando se extrae su lana nos dan una buena suma de dinero.

NARRADOR. Y aconteció que después de que Isaac estaba grande y fuerte ,Abraham se
sentía feliz y orgulloso del muchacho. El Señor consideró probar la fe del patriarca por
medio de una petición.



QUINTA ESCENA

(Abraham en el campo solo)

NARRADOR 2. Abraham.

ARAHAM. Heme aquí:

NARRADOR 2. Toma ahora a tu hijo, tu único hijo, a quien amas y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

(Se muestra Abraham pensativo y amargado, dando vuelta con el dedo en la boca y muy confundido.)

NARRADOR. Abraham no fue incrédulo ni vacilante, por el contrario, muy temprano de mañana tomó dos de sus siervos e Isaac, su hijo, junto con la leña del holocausto . Nada le dijo a Sara porque sabía cuánto amaba a Isaac y que ese afecto la induciría a desconfiar
de Dios y no entregaría a su hijo. El patriarca estaba destrozado, triste y confundido; hasta llegó a pensar que este pedido no era de Dios, pues Él mismo le dijo que Isaac era el hijo de la promesa. ¿Cómo es que ahora lo sacrificaría? Abraham también pensó que si dios le había dicho con toda seguridad que Isaac era el de la promesa, le podría dar de nuevo la vida cuando él lo sacrificara. Durante tres días este padre viajó con su hijo y tuvo suficiente tiempo para pensar. Al tercer día cuando el patriarca mirando hacia el norte, vio la señal prometida: una nube de gloria que cubría el monte de Moriah y ahí comprendió que la voz que le había hablado era del cielo. El patriarca dejó sus siervos y se fue solo con su hijo para adorar al Señor un poco más allá. No podía permitir que lo acompañaran y que impulsados por el amor a Isaac no le permitieran cumplir el mandato que Dios le había ordenado. Le dio la leña a Isaac y cogió el fuego y el cuchillo. Entonces habló Isaac a su padre.

ISAAC. Padre mío.

ABRAHAM. Heme aquí, hijo mío.

ISAAC. He aquí fuego y leña mas, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?

ABRAHAM. Dios se proveerá del cordero para el holocausto.

NARRADOR. El decidido, amante y sufrido padre avanzó con firmeza al lado de su hijo. Le repitió las promesas que el Señor le había hecho varias veces; de que por medio de
él llegaría a ser una gran nación y le contó la petición de Dios de sacrificarlo. Isaac creyó en Dios; se le había enseñado a obedecer sin titubeos a su progenitor , y amaba y reverenciaba al Dios de su padre. Podría haberse resistido pero después de abrazar fuertemente al anciano, se sometió a que éste lo atara sobre la leña. Y cuando la mano del padre se levantó para quitar la vida…

NARRADOR 2. Abraham, Abraham…

ABRAHAM. Heme aquí.

NARRADOR 2. No le hagas daño al muchacho porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu único hijo.

NARRADOR. Entonces alzo Abraham sus ojos y al bajar su mirada vio allí un carnero y tomó Abraham aquel ternero y lo sacrificó.

ABRAHAM. ¿Ves, Isaac, que nuestro Dios proveyó animal para el sacrificio?

NARRADOR. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar monte de Jehová, Jehová Proveerá . Y ese día se declaró Abraham amigo de Dios por haber tenido tanta confianza en Él y también padre de la fe.