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2012 - España
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No estás sola

20 Minutos y 4 Personajes. Sally es una viuda que vive en la más absoluta miseria después de la muerte de su marido. Lo que no sabe es que guardaba en su casa una gran cantidad de dinero...



NO ESTÁS SOLA
loidasomo@gmail.com




(Basada en un hecho real e inspirada en una predicación sobre el Espíritu Santo. Se trata de un estudio de 5 conferencias en inglés. Si desea obtener gratuitamente esas predicaciones, clique aquí. )



PERSONAJES

SALLY
MARIAN
VECINA 1
VECINA 2


(Dos mujeres conversan en la calle.)

VECINA 1. ¿Cómo han quedado los injertos que te di? ¿Los plantaste?

VECINA 2. Sí, ya han empezado a florecer y están muy bonitos.

VECINA 1. Me alegro que te gusten. Ya te dije que te saldrían enseguida.

VECINA 2. Pues sí… (Bajando la voz.) ¡Uy! Mira quién viene por ahí.

VECINA 1. ¿Quién?

VECINA 2. Date la vuelta y la verás.

VECINA 1. (Se gira.)

(Aparece Sally cabizbaja, con ropas viejas.)

VECINA 2. Cada vez está peor esta mujer…

VECINA 1. Igual tendríamos que llamar a los servicios sociales para que se ocuparan de ella.

VECINA 2. Sí, para que les eche los gatos…

VECINA 1. ¿Qué gatos?

VECINA 2. ¿No has visto los gatos que hay siempre en su puerta?

VECINA 1. Pues no tengo mucho tiempo para observar a mis vecinas.

VECINA 2. Ni yo tampoco, mujer, pero es inevitable si vives enfrente de ella.

VECINA 1. Pues yo vivo a su lado y nunca los he visto.

VECINA 2. Bueno, que me da igual, que una mujer loca no debería vivir sola. Mira cómo tiene la casa, cualquier día se le cae encima.

VECINA 1. Da pena ver cómo está todo… Además se está haciendo mayor y va a ser mucho peor…

VECINA 2. A mí me da miedo: tan solitaria y misteriosa siempre…

VECINA 1. Es verdad, nunca habla con nadie. Igual tendríamos que ir a ver si necesita algo.

VECINA 2. Sí, y que te eche los gatos… ¡quita, quita!

VECINA 1. ¡Qué pesada eres con los gatos!

VECINA 2. Y tú pareces una monjita de la caridad…

VECINA 1. Hombre, no, sólo que me da un poco de pena.

VECINA 2. Pues eso, “hermana” (con retintín). ¿Sabes lo que te digo? Que me voy a mi casa, no vaya a llegar la sangre al río…

VECINA 1. Pero, ¡qué exagerada que eres…! Anda, dame la mano, haya paz…

(Se dan la mano.)

VECINA 2. En serio, que me voy a preparar la cena a los chicos que vendrán a casa de un momento a otro.

VECINA 1. Está bien, está bien. ¿Quedamos mañana para dar otra vuelta?

VECINA. (Despidiéndose.) Sí, a la misma hora.

VECINA 1. Entonces, hasta mañana.

VECINA 2. Hasta mañana.


ACTO II

(Interior de la casa de Sally. La casa está bastante abandonada. Se notan los muebles viejos, las ropas con remiendos y bastante desordenada.)

(Llaman a la puerta y Sally se extraña. Mira por la mirilla.)

SALLY. ¿Quién es?

MARIAN. Sally, soy yo, Marian.

SALLY. ¿Marian?

MARIAN. Sí, abre la puerta.

(Sally abre la puerta.)

SALLY. ¡Qué sorpresa!

(Se abrazan por largo rato y se besan.)

SALLY. ¡Cuánto tiempo!

MARIAN. ¡Qué alegría de volver a verte!

SALLY. ¿Cómo estás?

MARIAN. Bien, muy bien.

SALLY. Pero, ¿qué haces aquí?

MARIAN. Que quería verte y he intentado hablar contigo por teléfono pero no me daba línea.

SALLY. Es que no tengo teléfono.

MARIAN. ¿Cómo puedes estar sin teléfono?

SALLY. Bueno, ya te contaré… Pero, pasa, pasa, no te quedes en la puerta.

(Al entrar a la casa Marian se queda atónita y se muestra en su cara y en su tono de voz.)

MARIAN. Pe… Pero Sally, ¿qué ha pasado en la casa?

SALLY. ¿Está mal, verdad?

MARIAN. Bueno… Está un poco… vieja…

SALLY. Ven, siéntate aquí y hablamos.

(Se sientan en el sofá.)

SALLY. ¡Hace mucho que no nos veíamos!

MARIAN. Mucho. La última vez que vine aquí Jeff aún estaba vivo.

SALLY. Pues de eso hace más de veinte años.

MARIAN. ¡No puede ser! ¿Tanto tiempo ya?

SALLY. Sí, Jeff murió hace 22 años… así que calcula.

MARIAN. Madre mía… ¿Quién lo diría?

SALLY. ¿Te apetece una limonada o algo de comer?

MARIAN. Un vaso de agua.

SALLY. ¿Segura?

MARIAN. Sí, sí, tengo sed de agua.

SALLY. Está bien, ahora te lo traigo. (Mientras sale.) Ya sabes, como si estuvieras en tu casa.

MARIAN. Gracias, Sally. (Marian se acomoda en el sofá y se empieza a hundir. Se alza para acomodarse mejor y del impulso el sofá se rompe.) ¿Sally?

SALLY. (Desde fuera.) ¿Sí?

MARIAN. Creo que te he roto el sofá…

SALLY. (Entra con el agua y unas galletas.) Ah, no, ya verás… Levanta un momento. (Levanta el sofá de un lado y arregla la pata con un calzador.) ¡Ya está! ¿Has visto?

MARIAN. ¡Menos mal! Pensé que lo había roto…

SALLY. Ya estaba roto…

MARIAN. (Tomando el vaso y una galleta.) Dime, Sally, ¿qué tal estos años? ¿Qué has hecho?

SALLY. Pues poca cosa.

MARIAN. ¿Has hecho algún viaje? ¿Algún curso? ¿Sales con amigas?

SALLY. (Negando con la cabeza mientras Marian le preguntaba.) No, no, qué va…

MARIAN. Pues tenemos que hacer una excursión ahora que estoy yo aquí.

SALLY. Bueno, bueno…

MARIAN. No te veo muy entusiasmada.

SALLY. No, solo que…

MARIAN. ¿No te encuentras bien? ¿Pasa algo, Sally?

SALLY. No, no, estoy bien pero es que… desde que murió Jeff no he vuelto a ser la misma.

MARIAN. Es normal, pero ya ha pasado mucho tiempo.

SALLY. Sí, mucho tiempo.

MARIAN. ¿Estás bien, Sally?

SALLY. Bueno, a ratos…

MARIAN. ¿A ratos?

SALLY. Que han sido 22 años muy duros.

MARIAN. Me lo imagino.

SALLY. No, no te lo imaginas. No es sólo la pérdida de Jeff sino la vida que llevo…

MARIAN. ¿Qué quieres decir?

SALLY. Bueno, ya has visto la casa.

MARIAN. Sí, ¿qué ha pasado?

SALLY. Que se cae a pedazos: el sofá o este mantel con agujeros, (levantándose) las paredes con humedad y (acercándose a la lamparita) sin luz.

MARIAN. ¿Estás sin luz?

SALLY. Sí, sin luz.

MARIAN. Pero, ¿por qué no lo has arreglado?

SALLY. Porque no he podido.

MARIAN. Pues haber llamado a alguien para que lo arreglara…

SALLY. No es eso, Marian. (Pausa como si le costase hablar.) Lo que pasa es que no tengo dinero para permitirme esos lujos.

MARIAN. Pero estas cosas no son lujos, son cosas necesarias… Quizá algún vecino te podría haber ayudado a repararlas…

SALLY. Seguro que habría sido así pero no me hablo con ningún vecino.

MARIAN. Pero, ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

SALLY. Pues ya ni me acuerdo de por qué… Supongo que he estado tan centrada en mi dolor que me he aislado de todo el mundo…

MARIAN. ¿Nadie vino a visitarte?

SALLY. Sí, al principio, sí, pero luego pasa el tiempo y la gente deja de preocuparse de forma tan seguida… Pero no los culpo, tampoco hice un esfuerzo yo por mantener la amistad.

MARIAN. Sally, cuánto lo siento. Perdóname por no haberte llamado antes, por no haberme preocupado por ti lo suficiente.

SALLY. Y tú a mí. Es muy egoísta por mi parte esperar que sean los demás los que muevan ficha y no preocuparme yo por ellos tampoco.

(Se abrazan.)

MARIAN. Me has hecho saltar las lágrimas. (Limpiándose los ojos.)

SALLY. Y tú a mí…

(Se echan a reír.)

SALLY. Bueno, ¿te vas a quedar varios días, no?

MARIAN. ¡Claro! Si no me echas… (Riéndose.)

SALLY. ¡Cómo te iba a echar a ti…! Dime, ¿qué te gustaría hacer estos días?

MARIAN. Nada en especial, estar contigo, hablar, dar paseos… o lo que te apetezca.

SALLY. Eso suena muy bien. ¡Ay, Marian! (Abrazándola.) Gracias por venir.

(Se apagan las luces.)



ACTO III

(Al encenderse otra vez Marian está limpiando el escritorio de Jeff. La sala tiene mejor aspecto; entra Sally.)

SALLY. ¡No me lo puedo creer! ¡La sala parece otra! Y no sólo la sala sino la casa entera.

MARIAN. Creo que los vecinos han agradecido que cortásemos los setos y además se han ofrecido para plantarnos unas flores alrededor.

SALLY. Creo que les has caído muy simpática.

MARIAN. ¡Hombre, claro! ¿No voy a caerles simpática? Les he ido recortando sus setos también estos días…

(Las dos se echan a reír.)

SALLY. No sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí y por la casa…

MARIAN. ¿Qué te parece si me lo agradeces con una limonada fresquita?

SALLY. ¡Ja, ja! Eres una ayuda muy barata. (Sale de la sala.)

MARIAN. (Sigue limpiando el escritorio de Jeff. De repente se queda asombrada y lee…) ¿Para Sally? ¡Sally!

SALLY. (Desde fuera.) ¿Qué?

MARIAN. ¿Qué es esto?

SALLY. ¿El qué?

MARIAN. Esta carta sin abrir a tu nombre.

SALLY. No lo sé, espera, ya voy…

(Al poco aparece Sally con una limonada en la mano. Se la da a Marian.)

MARIAN. He encontrado esta carta en el escritorio de Jeff.

SALLY. Nunca la había visto, pero es la letra de Jeff.

MARIAN. ¿Y no la has abierto todavía?

SALLY. Pues no; Jeff me dijo antes de morir que mirara en sus cosas pero he estado tan sumida en mi desesperación que no he tenido ganas de hacer nada. Ni siquiera he limpiado el escritorio y está igual que lo dejó él.

MARIAN. ¿Y no vas a abrirla?

SALLY. Ábrela tú, Marian. (Entregándosela.) El corazón me va a 100.

MARIAN. (Abre la carta y la lee.) “Mi amada, el tiempo que he vivido contigo ha pasado rápido pero quiero que sepas que he dejado todo arreglado para que no te tengas que preocupar de nada cuando yo no esté. Mira en la libreta del banco que hay dentro del sobre y luego toma la llave que hay dentro. Con ella podrás abrir una caja fuerte del banco. Acuérdate del amor que he tenido por ti y por favor, disfruta la vida al máximo. Con todo mi amor, Jeff”. ¡Sally, esta carta es un tesoro!

SALLY. Sí, sí que lo es. (Saltándosele las lágrimas.) Marian, no te puedes imaginar lo duros que han sido estos años.

MARIAN. (Abrazándola.) ¡Oh, Sally! Lo siento mucho. Mira, vamos a ver cómo están todas las cosas en el banco. Arréglate que salimos ahora mismo.

(Se apagan las luces.)


ACTO IV

(Se encienden las luces. Las dos mujeres están sentadas en la mesa de la sala.)

MARIAN. ¿Te das cuenta de todo lo que tenías?

SALLY. 32.000 dólares en metálico, más la libreta del banco con los intereses que se han generado en 22 años…

MARIAN. Y las acciones, y la colección de monedas antiguas… ¡Es increíble!

SALLY. ¿Qué valor alcanza todo lo que tengo?

MARIAN. Un momento que lo sumo… (Con calculadora y papeles en la mano.) 883.000 dólares.

SALLY. ¡883.000 dólares! ¡Tanto dinero en mis manos y yo sin saberlo…!

MARIAN. ¡Cómo podrías haber vivido estos años! El sufrimiento y la pena que te podrías haber ahorrado.

SALLY. Todo este tiempo aquí, en el escritorio de Jeff y viviendo en la más absoluta miseria. ¡Cuánto me alegro de que hayas venido a verme! ¿Qué habría sido de mí?

MARIAN. No pienses ya en eso. Dios ha sido muy bueno contigo y no te ha abandonado.

SALLY. Tienes razón. Dios no me ha dejado sola.

(Fin)

Cuando Jesús subió al cielo, no nos dejó solos sino que dejó al Espíritu Santo para que fuese nuestra gran ayuda. Qué pena es tenerlo y no saber que está a nuestra disposición. Si deseas saber más sobre su labor en tu vida, te animo a que escuches las siguientes predicaciones (sólo en inglés). Estas charlas me han ayudado en gran manera. Espero que sean una bendición para ti.

La familia un regalo de Dios

10 Minutos y 4 Personajes. Daniel saca malas notas en la escuela y sus padres le castigan para que se centre en los estudios. El joven se escapa de casa y en la calle se encuentra a un niño que también se había escapado de casa. Al ver la vida tan miserable que lleva en la calle se da cuenta de su error y vuelve a casa y le da gracias a Dios por la familia que tiene.


LA FAMILIA UN REGALO DE DIOS
Ana Lucia Molina Coronado




PERSONAJES

DANIEL
JUANITO
MAMÁ
PAPÁ

CUADRO 1

(Comedor de una casa. Se encuentran la mamá y el papá esperando a Daniel para comer.)


ESCENA 1

MAMÁ. ¡Daniel! Ya está lista la comida se va a enfriar.

(Entra Daniel corriendo y se sienta a comer. todos oran por los alimentos)

MAMÁ. Daniel, hoy me habló tu maestra de la escuela me dijo que has bajado mucho tus calificaciones y que no haces tus tareas.

DANIEL. ¡Ay, mamá! La maestra es una exagerada.

PAPÁ. Daniel, no hables así, tu mamá y yo estamos preocupados, te hemos dejado salir a jugar, te compramos todo lo que pides y a cambio no das nada.

MAMÁ. Así es, Daniel, creo que tendremos que tomar medidas para que cambies tu actitud.

PAPÁ. ¡Claro! Desde ahora en adelante no saldrás a jugar fútbol, limpiarás tu cuarto todos los días y estudiarás todos los días aun si no tienen exámenes.

DANIEL. Pero, pero, ¡eso no es justo! Ya les dije que la maestra es una exagerada, no puedo dejar de jugar fútbol, papá, mis amigos me necesitan en el equipo.

MAMÁ. Bueno, Daniel, si quieres premios tienes que trabajar para ganártelos, harás lo que tu papá dijo, hasta que mejores tus calificaciones tendrás tus recompensas.

DANIEL. ¡No es justo! ¡Los odio! (Sale enojado y se encierra en su cuarto).

MAMÁ. Iré a hablar con él.

PAPÁ. No, déjalo que piense lo que hablamos en su cuarto y al rato que se le pase hablamos con él.

(Terminan de cenar y la mamá empieza a juntar los platos.)

PAPÁ. Iré a ver a Daniel. (Sale el papá de escena)

(La mamá sigue juntando la mesa.)



ESCENA 2

(Entra asustado el papá corriendo.)

PAPÁ. (Alterado.) ¡Dios mío! Mi amor, Daniel no está en toda la casa, creo que se escapó porque la ventana de su cuarto está abierta.

MAMÁ. ¡Ay, no! Dios mío, por favor, cuídalo que no le pase nada.

PAPÁ. Voy a buscarlo, si no regreso, habla a la policía para que lo busquen.

MAMÁ. Está bien, apúrate, por favor.

(Sale el papá de escena y la mamá se queda asustada buscando a Daniel en la casa.)


2° CUADRO

(Callejón.)

(Se encuentra Daniel caminando por el callejón cuando ve a un niño recogiendo comida de un bote de basura y se la empieza a comer.)

ESCENA 3

DANIEL. ¡Hola! ¿Cómo te llamas?

JUANITO. Juanito, ¿y tú?

DANIEL. Daniel, oye te vi sacar comida de este bote. ¿Que no está sucia?

JUANITO. Sí, siempre como lo mismo.

DANIEL. Pero, ¿no te enfermas? Es que mi mamá dice que no debemos comer cosas sucias.

JUANITO. No, si doy gracias de haber encontrado algo para comer, a veces no hay nada y paso días sin comer.

DANIEL. Pero, ¿por qué no comes en tu casa?

JUANITO. Mira, me fui de mi casa hace mucho tiempo, mi mamá me pegaba mucho, mi papá nos pegaba a mi mamá y a mí porque siempre estaba bien borracho, nunca fui a la escuela y yo quería aprender a leer y escribir pero a mis papás nunca les importó, me pegaban mucho y no me compraban ni ropa, ni juguetes, ni nada, por eso me fui de mi casa.

(Daniel pensando un poco llora, se arrodilla y da gracias a Dios de lo que tiene, después termina de orar.)

DANIEL. ¿Sabes qué, Juanito? Te invito a comer a mi casa y a jugar en mi cuarto.

JUANITO. (Feliz.) Bueno.

(Salen de escena Daniel y Juanito.)


CUADRO 3°

(Sala de la casa de Daniel. Se encuentran los papás de Daniel preocupados.)


ESCENA 4

MAMÁ. Ya es muy tarde y no llega y la policía no habla. Dios mío, cuídalo donde esté, por favor.

PAPÁ. No te preocupes, Dios lo cuida y no dejará que nada malo le pase.

(Entra Daniel con Juanito y sus papás corren a abrazarlo.)

PAPÁ y MAMÁ. ¡Daniel!

DANIEL. Antes de que digan algo, quiero pedirles perdón. (Exhala.) Y quiero que sepan que les doy gracias por todo lo que han hecho por mí y le doy gracias a Dios por darme a los mejores papás del mundo. Él es mi amigo Juanito que gracias a él pude ver que tengo unos papás muy buenos y que se preocupan por mí, los quiero mucho y les prometo que saldré bien en la escuela y los obedeceré.

(Los papás lo miran con una sonrisa y abrazándolo.)

MAMÁ. Daniel, sabíamos que Dios hablaría a tu corazón y lo hizo, a Él dale gracias.

DANIEL. Sí, fue lo primero que hice, mamá. ¡Ah! Invité a Juanito a cenar y jugar con él y sobre todo platicarle del amor de Dios.

PAPÁ. ¡Qué bueno, Daniel! Bienvenido, Juanito, esta es tu casa.

JUANITO. Gracias, señor.

(Los papás salen de escena.)

DANIEL. Mira, Juanito, te platicaré de alguien que te ama mucho y que dio su vida por ti…

(Daniel le comparte del amor de Dios y el plan de salvación a Juanito.)

FIN

La Nochebuena

35 Minutos y 16 Personajes + Extras. En un bar se reúnen varios personajes en la Nochebuena. Cada uno tiene una vida con problemas a los que no encuentran solución. Un atraco y el testimonio de uno de los camareros hará que encuentren sentido a esa noche y a sus vidas. Esta obra transmite el mensaje de esperanza para los enfermos, pobres, delincuentes y desanimados.

LA NOCHEBUENA

PERSONAJES

RAÚL
MARIANO
LAURA
MUJER
SR. TONETTI
PROSTITUTA 1
PROSTITUTA 2
ENFERMO
MARIANELA
ANDY
CHICO 1
DELINCUENTE 1
DELINCUENTE 2
DELINCUENTE 3
PERIODISTA
POLICÍA
VOZ EN OFF
Extras: POLICÍAS, CHICOS

ESCENARIO. Un bar (estilo americano), el dueño atendiendo en la barra y el mesero, limpiando las mesas. Comienza la obra.




RAÚL. ¡Estás apurado hoy, Mariano! ¡Mira que es temprano todavía!

MARIANO. (Mira el reloj.) ¡Y sí! ¡Son casi las 21:30! Hoy es Nochebuena, en media hora me voy, te dejo todo listo y ¡chau! Es que mi familia me está esperando si no, yo me quedo, Raúl...

RAÚL. Sí, sí, está bien, no te preocupes, pero me dejas un “lindo regalito” de Nochebuena: atender a la gente yo solo. Menos mal que convencí a Cecilia de que viniera a ayudarme, ¡mi mujer es de hierro! Juntos levantamos este lugar, y juntos lo mantenemos, y ahora que David y José María ya están casados y viven en otro país, ella está todo el tiempo a mi lado: debe estar por llegar...

MARIANO. Sí, tuviste suerte de tener una mujer como Cecilia. Mira, ya comienzan a caer clientes.

(Entra un ejecutivo un poco desaliñado.)

SR. TONETTI. ¡Hola Raúl! ¡Hola Mariano! ¡Tráeme un doble, por favor!

MARIANO. Disculpe, Sr. ¿pero sin comer nada? Es muy temprano, ¿no quiere unos saladitos antes?

SR. TONETTI. ¡Raúl! ¡Escucha a tu muchacho! (Se ríe.) ¡Ahora me convenciste! ¡Tráeme una botella! ¿Acaso hoy no hay que festejar? ¡La Nochebuena la voy a pasar a mi manera!

RAÚL. (Le pasa una botella de whisky.) Mariano, el whisky del señor...

MARIANO. Está bien, está bien... Yo solo decía...

(Entran dos prostitutas y se sientan en una mesa.)

PROSTITUTA 1. (Riéndose muy alegre.) ¡Ey, Raúl! ¿No nos atiende nadie aquí o qué pasa? ¿No nos querés acá…?

PROSTITUTA 2. (Se ríe.) ¡Dale, Raúl!

RAÚL. No, chicas, ¡por favor! ¿Cómo va a ser así? Es que está Mariano, solo acuérdense que es Nochebuena...

PROSTITUTA 1. ¡Nochebuena, para vos! Para mí es como cualquier noche, tengo hambre, sueño y estoy cansada... (Mira a Mariano.) Aunque... con este bomboncito... ¡La noche podría cambiar! (Se ríen las dos.)

MARIANO. (Se ríe.) No, chicas, este bomboncito termina su turno y se va a cenar con su familia. ¿Qué se van a servir?

PROSTITUTA 1. ¡Qué lastima! Tráeme una cerveza… (Mientras entra una mujer sola, se sienta y prende un cigarrillo) ¡Che, Marcela! Mira esa que está ahí...

(Mariano se acerca a la señora que entra.)

MARIANO. ¿Señora? ¿Se va a servir algo?

MUJER. Eh... Tráigame el menú, por favor. Y un café, por favor...

MARIANO. ¡Cómo no!

PROSTITUTA 2. (Se dirige a la mujer que esta sola.) ¡Ey, nena! ¿Te querés unir al gremio? ¡Ja ja ja ja!

RAÚL. ¡Shhh, chicas, chicas! Ya saben: son bienvenidas siempre que no molesten a los clientes.

PROSTITUTA 1. ¡Bueno, Raúl! ¡Si no la estamos molestando!

(Entra Laura a trabajar.)

LAURA. - ¡Hola, Mariano! Vine a ayudarte...

MARIANO. -¡Lau, amor! ¿Qué estás haciendo? Esta Nochebuena no te tocaba trabajar... (Le da un beso.)

LAURA. Es que no tenía ganas de quedarme en casa, vos no sabes lo que es eso: una batalla campal... Y aprovechan cuando están todos juntos para gritar: “¡fuego!” ¡Y comienzan a darse con todo! ¿Quién quiere estar ahí?

MARIANO. Te entiendo. Raúl se va a poner más que feliz porque yo ya me iba y se quedaba solo con toda la gente. ¡Raúl, mira quién vino a ayudarte!

RAÚL. ¡Oh, qué bueno! Nunca tan bienvenida, Laura, así que ni te pregunto qué te trae por aquí.

LAURA. Está bien, no te preocupes...

(Entra un hombre demacrado y triste y se sienta.)

LAURA. Señor, ¿qué se va a servir?

ENFERMO. (Distraído.) ¿Sí? ¡Ah...! Agua mineral, por favor.

LAURA. ¿Algo más?

ENFERMO. No, por ahora eso no más...

(Entra una chica descompuesta.)

LAURA. ¡Hola! ¿Te puedo ayudar?

MARIANELA. ¡Un baño! ¡Necesito un baño!

LAURA. Sí, vení por acá...

MARIANO. (Le habla a Raúl.) Esa se pasó de dosis...

RAÚL. Me parece que sí, ¡pobre! Linda y joven... ¿cómo puede darse así?

(Entran unos chicos de la calle.)

CHICO 1. Señor, ¿tiene algo?

RAÚL. ¡Hola, campeón! ¿Cómo estás? ¿Y tus hermanitos?

CHICO 1. Éstos son y éste es mi amigo Andy.

CHICOS. ¡Hola...!

RAÚL. ¿Por qué no están en su casa hoy? Es Nochebuena...

CHICO 1. Es que no hay nada en casa y en la calle hoy conseguimos más para poder comer mañana...

ANDY. Sí, yo ya tengo un peso, hoy la gente se pone generosa...

RAÚL. Miren, como hoy es Nochebuena están todos invitados a comer, siéntense y Mariano les va a servir.

CHICOS. ¡Uh! ¡Qué bueno...!

MARIANO. Vengan por acá.

(Entran tres sospechosos y se acercan a la barra.)

RAÚL. ¿Sí, muchachos? ¿Qué se van a servir?

DELINCUENTE 1. No, nada todavía.

DELINCUENTE 2. A mí dame una cerveza. ¿Y vos?

DELINCUENTE 3. (Nervioso.) Ta... también... una cerveza...

RAÚL. Muy bien, no sé si quieren ubicarse en alguna mesa… Hoy vamos a tener una hermosa Nochebuena.

DELINCUENTE 1. Sí, ya lo creo...

(Raúl sale de la barra y comienza a hablar con el Sr. Tonetti.)

RAÚL. ¿Cómo está, Sr. Tonetti?

SR. TONETTI. ¿Sí? Bien...

RAÚL. ¿Me permite? (Le muestra la silla.)

SR. TONETTI. Sí, siéntese.

RAÚL. Disculpe, pero lo he venido observando todos estos días y no es que sea entrometido, pero usted ha estado tomando mucho...

SR. TONETTI. ¡Noooooo.! (Medio mareado.)

RAÚL. Bueno, quise decir, más de lo acostumbrado. Mire esta botella, ya casi la ha terminado y recién le servimos, y ¡es whisky! Usted es un hombre de negocios, exitoso, no le conviene...

SR. TONETTI. Sí, exitoso... ¡Pssshhh...! ¡Sobre todo! (A los gritos.) ¡Javier Tonetti “el exitoso”! ¡Ja ja ja ja! (Llora.)

RAÚL. Bueno, cálmese, no se ponga así...

SR. TONETTI. ¡Usted qué sabe si soy exitoso! ¿Exitoso yo? Mire, le voy a decir algo: usted sólo escúcheme. A mí siempre me fue bien en todo desde niño. No tuve problemas familiares, al contrario, mi familia era muy sana; en la escuela era el primero. Cuando entré en la adolescencia ya no era el primer estudiante, pero estaba entre los buenos, andaba bien, me divertía dentro de todo, sanamente, como cualquiera. Metí la pata muchas veces pero nada grave. Terminé la secundaria y todo bien. Entré a la universidad y aquí me tiene: ¡soy un licenciado en economía! Tengo trabajo, mucho trabajo, en este país en bancarrota, ¡yo lo tengo! El dinero no falta, casa, auto deportivo y muchas mujeres... ¡Pero estoy solo! (Llora.) ¡Solo! Mis padres murieron hace mucho, y mi único hermano vive en el exterior. Jamás me enamoré, por eso no me casé pero debe ser que me estoy poniendo viejo porque deseo tener una familia, una esposa, hijos, alguien que me espere, que me piense, que me cuide... ¡Pero no! No tengo... Nadie me espera, nadie prepara una cena de Nochebuena para compartirla conmigo... (Llora.) Creo que es la peor noche de mi vida... ¡Ojalá no existiera! Porque mi vida no tienen sentido, una rutina que es eterna, una sucesión de días que parece infinita. Algún día terminará cuando más pronto, mejor.

RAÚL. Pero, amigo, usted todavía es muy joven, puede hacer su vida, casarse, formar una familia...

SR. TONETTI. No, no, ya no es tan fácil para mí. Es algo muy profundo... Este vacío que siento es como si nada lo pudiera llenar.

RAÚL. ¡Está bien! Pero por lo menos no se haga más daño bebiendo porque lo perderá todo, hasta la oportunidad que ahora tiene.

(El Sr. Tonetti sigue bebiendo y Raúl se va. Laura sale del baño con la chica adicta.)

LAURA. Sentate acá, ¿te sentís mejor? ¿Cómo te llamas?

MARIANELA. Ma... Marianela...

LAURA. Marianela, lindo nombre. ¿Te sentís mejor?

MARIANELA. Sí, por favor, dame agua.

LAURA. Ya te traigo. (Le sirve agua.) Pero, decime, Marianela, y no me digas que no, pero, ¿vos estás consumiendo drogas? ¿Por eso estas así, no?

MARIANELA. ¡Chocolate por la noticia! ¿Y a vos qué?

LAURA. No, sólo me pregunto por qué alguien tan joven y tan linda desperdiciaría así su vida...

MARIANELA. Está bien, sorry... Mira, yo tengo una vida de porquería, así que no pierdo nada; es más, así pasa el tiempo, y me olvido de todo... ¡qué mas da!

LAURA. No digas así. Todos tenemos problemas y a veces cuesta seguir adelante. Te lo digo porque a mí también me pasa, pero hay que ponerse las pilas ¡y seguir! ¡No podemos tirar la vida a la basura!

MARIANELA. ¿Qué sabes vos, nena, lo que es tener problemas? (A los gritos.) Mi mamá me abandonó cuando tenía 6 años, se fue con un tipo que encima la maltrataba. Mí papá supuestamente me crió con mi abuela, -mi papá nunca estaba y mi abuela no me quería porque le recordaba a mi mamá-, ¡y ahora pretenden que yo sea la niña perfecta! Bueno, aquí tienen a su “niñita”, ¡ésta es la que ellos criaron! Pretenden pasar la Nochebuena “en familia”… ¿Qué familia? ¡Yo nunca tuve una! Y lo que más amaba era Joaquín, mi novio, y ahora ¡él también me abandonó! Algo debe estar mal en mí que nadie me quiere... ¡Así que no me importa! Si las drogas me hacen mal ¡yo me siento bien! Las consumo y me olvido de todo, de ellos, ¡de todo! Y si me muero ¡mejor! Si a nadie le importo... (Llora.)

LAURA. Pero, nena, hoy es Nochebuena...

MARIANELA. ¡Nunca existió la Nochebuena para mí! Desde que me acuerdo siempre lloré esa noche y me sentí más sola que nunca. Mi mamá no estaba y mi papá salía con cualquier mujer que encontraba por ahí. Yo me acostaba temprano a llorar mientras todos festejaban... ¡Qué Nochebuena!

LAURA. Está bien, toma el agua, y quedate ahí todo el tiempo que quieras. Creo que te entiendo.

(Marianela se queda llorando, todos se quedan como estaban y el enfermo de cáncer, piensa.)

ENFERMO. ¡Cáncer! ¡Cáncer! ¡Cáncer! ¡Palabra maldita! Siempre tuve ese temor y al final… ¡Ahora me encuentro frente a frente con él! ¿Qué haré? ¡No lo puedo creer, Dios mío! ¿Qué paso? ¿Qué hice, Dios mío, para que me dieras esta enfermedad? No… ¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Cómo les diré a mi familia? Hoy es Nochebuena aunque para mí ya nunca volverá a serlo. No les voy a decir todavía. Esperaré un poco pero el médico dijo que tal vez solo me queden tres meses de vida...

(Mariano le habla pero el no oye.)

MARIANO. ¡Señor! ¡Ey, señor!

ENFERMO. ¿Ah? Sí... Sí.

MARIANO. ¿Va a servirse algo?

ENFERMO. Sí, déjeme ver... (Mira el menú.) Tráigame un triple, por favor, y una gaseosa de cola light. (Piensa.) ¡Light! ¡Para qué Light…! Ya no necesito cuidarme, de todos modos me voy a morir… Todo ya está perdido para mí, ya no tengo más esperanza, nadie puede ayudarme, nadie puede sanarme, tantas cosas inconclusas: mi graduación, el campeonato de básquet, mi boda... Pobre Cami... (Se quiebra.) ¡Tantos planes, tantos proyectos...! ¡Dios se burló de mí!

(Las prostitutas beben y se ríen.)

PROSTITUTA 1. ¡Ay Soraya! Mira la cara de toda la gente que está aquí... ¡Todos amargados!

PROSTITUTA 2. ¿Y qué querés? Como está la situación de este país, ¿quién puede tener una Nochebuena? Yo nunca tuve una.

PROSTITUTA 1. Si es por eso, yo tampoco. Por algo terminamos así, metidas en este ambiente de porquería, ¿sabes? Pensándolo bien, yo sí tuve una Nochebuena...

PROSTITUTA 2. ¿Sí? ¿Cuándo? ¡Ah, ya sé! Cuando te levantaste, el ingeniero ése que estaba tan borracho que te pagó como cuatro veces, ¡ja ja ja ja ja!

PROSTITUTA 1. ¡No, tarada! (Piensa.) Fue cuando era muy chica, tenía como once años, éramos muy pobres pero esa Nochebuena mi papá había hecho un trabajito y le pagaron bien. Fue la primera Nochebuena... y la única que hubo comida en nuestra mesa: había carne, ensalada, ensalada de frutas y ¡pan dulce! Todos mis hermanitos esa noche estaban en casa y mamá hasta se veía linda, todos estábamos sonrientes, y recuerdo que papá nos dijo “hoy tienen que agradecer a Dios que en esta Nochebuena tuvimos una buena comida, pero recuerden que si alguna vez no hay, igual tienen que festejar la Nochebuena, porque eso no depende de las cosas materiales”. Al poco tiempo papá murió en un accidente, y nunca más hubo una Nochebuena como ésa. Nunca más estuvimos juntos. Mamá nunca más estuvo linda, nunca más sonrisas... (Se seca los ojos.) ¡Y acá estamos! Esta es la vida que nos tocó; Dios le da Nochebuena solo a los que le da la gana...

PROSTITUTA 2. Bueno, no te pongas así... Conmigo tampoco ha sido bueno pero vos sos mi amiga, en las buenas y en las malas, así que esta noche, vamos a estar juntas, aunque más no sea para llorar nuestras miserias... (Se ríe y le toma la mano.)

(La atención se centra en la mujer solitaria.)

MUJER. ¡Por Dios! ¡Qué incomodidad! Parece que todo el mundo me estuviera mirando... ¡Yo me voy! Pero, ¿a dónde voy a ir? ¿A casa? ¡Si no hay nadie! Es como si estuviera llena de fantasmas… Todavía puedo escuchar las risas y el entusiasmo de las Nochebuenas anteriores... ¿De qué me sirvió quedarme con la casa y los chicos, si ellos prefirieron ir a pasar con él esta noche? ¡Adolescentes! ¡Un día te aman y al otro día te tiran como un desechable! Bueno, pero son chicos todavía y extrañan a su padre. ¡Pobrecitos mis bebés! ¡Él! ¡Ricardo! Tiene la culpa de todo… ¡Jamás lo voy a perdonar! ¡Lo odio! ¡Yo sola aquí y él con mis hijos! ¡Y con esa…! Bueno, ¡qué lo disfrute! Algún día lo veré necesitado y solo como un perro... Bueno, no como un perro, ¡como yo! ¡Como yo esta noche! ¡Lo odio! ¡Cómo lo pude soportar 17 años…! Y encima me deja como un trapo usado... ¡Ay, Dios mío, quiero ver a mis hijos!

(Raúl, Mariano y Laura hablando en la barra.)

RAÚL. ¿Vieron que todas las Nochebuenas, el bar se llena de gente como la de hoy?

MARIANO. Sí, solitarios, fracasados, necesitados...

LAURA. ¿Y nosotros? También estamos acá, ¿no?

MARIANO. ¡Vos, nena! ¡Yo ya me voy! (Mira el reloj.) ¡22:30! ¡Raúl, te regalé media hora! ¡Mi familia me está esperando con una cena espectacular! (Se saca el delantal.)

RAÚL. Ok, ciao. Mañana a la tarde de nuevo acá, ¿eh? Nos quedamos solos, Lau...

LAURA. No te preocupes, yo te ayudo. ¡Una necesitada más! (Se ríen.)

DELINCUENTE 1. ¡Llegó la hora, Luis!

(El Delincuente 1 abre el bolso y saca un arma grande. El 2 saca una de la ropa y el 3 toma a Laura y le apunta en la cabeza, se paran y se dirigen a Raúl.)

DELINCUENTE 2. Ni se te ocurra, si suena la alarma, te mato a vos y a todos los que están acá... (Gritos y ruidos.) ¡Todos contra la pared! ¡Rápido! ¡Al suelo todos! ¡Y vos, abrí la caja fuerte y dame todo lo que hay! ¡Todo! ¡Y no te hagas el vivo!

DELINCUENTE 3. ¡Escuchen todos! Si colaboran nadie saldrá lastimado pero al menor movimiento, ¡les doy un tiro en la frente! ¿Entendieron? Todo lo que tengan de valor lo depositan en el suelo, no se guarden nada porque uno a uno los voy a revisar...

(Llantos y gritos.)

DELINCUENTE 3. ¡Silencio!

(Llantos. Sirena de la policía.)

DELINCUENTE 2. ¡La policía! ¡Desgraciado! ¡Tocaste la alarma! (Empuja a Raúl junto a los otros.) ¡Nadie se mueva!

POLICÍA. (Altoparlante.) ¡Están rodeados! ¡Así que bajen sus armas y entréguense, para que nadie salga lastimado!

DELINCUENTE 1. ¿Qué vamos a hacer, Luis?

DELINCUENTE 2. Tranquilos, muchachos, no va a pasar nada, no van a arriesgar las vidas de toda esta gente...

VOZ EN OFF. Después de una hora de intento de negociaciones...

DELINCUENTE 2. ¡Ya me escucharon! ¡No hay negociaciones! ¡Quiero los 15 mil dólares en efectivo, un auto con el tanque lleno y nadie de ustedes ahí afuera¡ Ella y ella se van con nosotros...

POLICÍA. (Se dirige a los policías.) Rodeen el lugar, vamos a tratar de eliminarlos y ¡Nochebuena para todos! (Se dirigen a los ladrones.) ¡Está bien! ¡Tendrán lo que piden! Pero antes necesito muestras de su buena voluntad.

DELINCUENTE 2. (Dispara.) ¡Ahí tenés una muestra de mi buena voluntad!

(Le disparan al que tiene a Laura.)

POLICÍA. ¡No disparen! ¡Van a lastimar a la gente!

DELINCUENTE 3. ¡Me muero Luis! ¡Ahhh!

DELINCUENTE 1. ¡Alguien que lo atienda!

DELINCUENTE 2. ¡A ver vos! (Levanta a Mariano.)

MARIANO. ¡No, yo no puedo! ¡Yo no se qué hacer! (Se acerca al herido y lo acomoda y le tapa la herida con un delantal.)

DELINCUENTE 2. ¡Vos quedate con ellos! ¡Que nadie se mueva! (Le grita al policía.) ¡Ahora si me traen ya lo que les pedí! O si no en media hora… ¡Nochebuena para todos! ¡Acá voy a esperar! (Se queda sentado.)

MARIANO. Lo siento, amigo, no puedo hacer nada por vos...

DELINCUENTE 3. Ya lo sé, me voy a morir, me estoy desangrando...

MARIANO. No, no te vas a morir, vas a salir de esto, no te preocupes…

DELINCUENTE 3. (Se ríe apenas.) No, yo sé que no... Siempre que un día todo terminaría así, como empezó: “sin pena y sin gloria”, como dicen, pero bueno, yo me la jugué por si alguna vez me salía bien. Pero ya lo ves, no tuve suerte, por lo menos lo intenté...

MARIANO. Es que esta vida que elegiste… Tenés más chances de perder que de ganar...

DELINCUENTE 3. Y, ¿qué más da, ah? Perdido por perdido, ¿sabes? Yo nunca hubiera querido ser como vos. Prefiero esto a llevar una vida como la tuya. Aunque perdí por lo menos lo intenté...

MARIANO. No hables más, tenés que ahorrar energía; seguramente pronto llegará una ambulancia...

DELINCUENTE 3. (Se ríe apenas.) ¡Qué ingenuo sos! Nunca vendrá ninguna ambulancia para mí... Mira a Luis, a él no le importa que yo me muera... Seguramente a mí tampoco me iba a importar si él estuviera en mi lugar. Así es todo esto...

MARIANO. Ya que quieres hablar, hablemos de cosas más agradables: hoy es Nochebuena, en cualquier momento van a dar las 12, y todo el mundo va a estar brindando y festejando. Mi familia si ya se enteró de todo esto debe estar muy preocupada...

DELINCUENTE 3. Tú tienes quien se preocupe por vos, yo no tengo a nadie... (Se queja de dolor.) Jamás tuve una nochebuena… Mi familia, si es que se puede llamar así a la gente que vivía conmigo. Nunca conocí a mi padre y mi mamá tenía un marido que me odiaba, así que a los doce años me fui de mi casa. Ellos nunca me buscaron, ¿para qué? Para ellos mejor, aunque yo sé que mi mamá en el fondo me quería y me buscaba. Yo a veces pasaba por mi casa y la miraba de lejos. Vivía con amigos que me enseñaron la vida de las calles; ellos fueron mi familia hasta ahora. Las nochebuenas como hoy, hacíamos lo de hoy: aprovechábamos que la gente estaba distraída con la fiesta para robarles... Por eso yo siempre dije que esta fiesta la invento un ladrón porque es especial, no puede ser mejor... (Se ríe apenas.) Y bueno, para mí ya terminó todo y para esta gente... Seguramente los liberarán pero ellos están igual que yo o ¿por qué pensás que están en un bar en Nochebuena? Para ellos tampoco hay esperanza. Te digo: muchos de ellos seguramente están esperando que pase algo, así ya todo se termina para ellos...

MARIANO. Yo también estoy acá y no quiero que pase nada, para mí sigue siendo Nochebuena, y espero que todo termine bien para todos.

DELINCUENTE 3. ¡Es que vos sos un chico bueno! (Se ríe con dificultad.) Vos seguro te criaste creyendo en Papá Noel... A ver, contame algo para pasar el tiempo, esto es para rato, y el mío ya no es muy largo pero pasa lento cuando uno está sufriendo.

MARIANO. Tal vez, pero sí, para mí la Nochebuena es importante. Mi mamá me enseñó a festejarla y no porque todo el mundo la festeja, sino porque ese día ocurrió algo muy importante para todos.

DELINCUENTE 3. Para todos, no. Para los ingenuos que creen...

MARIANO. No, es para todos. Porque es una oportunidad y las oportunidades están abiertas para todos, solo que son pocos los que la aprovechan. La Nochebuena es el Día en que Dios se acercó a los hombres para salvarlos y salvarlos del pecado y todo lo que él produce: soledad, tristeza, desesperanza... Y no es solo para algunos como todos creen; es para toda humanidad, porque cuando Jesús nació los ángeles dijeron: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Dios dio el primer paso para acercarse a nosotros, y solo espera una respuesta positiva de nuestra parte y a partir de ahí todo cambia, como cambió la historia en esa Nochebuena en Belén. Por eso es importante para mí esta Noche, porque me recuerda que mi Salvador vino al mundo para salvarme de todo esto (señala a la gente) del pecado y lo hizo por amor. Para mí es una noche de amor y aun si mi vida se acabara en esta tierra, yo tengo esperanza de encontrarme cara a cara con él, por eso también puedo decir que es una noche de esperanza, porque él me prometió vida eterna, y es una noche de alegría y felicidad que hay que festejar, porque él me dio una vida abundante de gozo y de paz y es una lástima que todos estén aquí, lamentándose de la vida que llevan, cuando tienen una vida muy diferente al alcance de sus manos...

DELINCUENTE 3. ¿Cómo al “alcance de sus manos”? No es tan así, yo me estoy muriendo y me da miedo porque yo no sé con qué me encontraré. Seguramente si todo lo que dices es verdad, yo no me encontraré con él, porque nadie que ama tanto y es tan bueno, va a esperar a alguien como yo. Viví sin Nochebuena y moriré sin Nochebuena...

MARIANO. Hoy puede ser tu primera Nochebuena; solo debes creer que Dios se hizo hombre y nació en una noche como hoy, para poder perdonarte tus pecados y hacerte su hijo. Y te aseguro que si tú te mueres él te estará esperando… Sólo debes decirle que lo necesitas y él vendrá a ti. Nacerá en tu corazón y serás un hijo de Dios.

DELINCUENTE 1. (Se ríe.) ¿Sabes? Me parece que te creo y antes de morirme quiero tener una Nochebuena, así que si ese Jesús que nació hace dos mil años puede hacer algo, yo quiero que lo haga. Si puede limpiarme… (Grita.) ¡Hacelo, Jesús! Y si me muero quiero verlo... (Muere.)

MARIANO. (Le cierra los ojos.) Seguramente lo verás, amigo... ¡Feliz Nochebuena!

DELINCUENTE 2. - ¿Murió?

MARIANO. Yo diría que durmió, y se despertará en la gloria con Jesucristo...

DELINCUENTE 2. Estás loco...

(Todos lloran. Entra la policía y toma a los delincuentes.)

POLICÍA. ¡Tiren las armas! ¡Arriba las manos! Quedan detenidos... ¡Llévenselos! (Se dirige a la gente.) ¡Señoras y señores la pesadilla terminó! Cada uno podrá ir a su casa a pasar la Nochebuena...

PERIODISTA. ¡Aquí Crónico Noticia, el único medio que se encuentra en el lugar de los hechos en este asalto con toma de rehenes en Nochebuena! Aquí junto al cuerpo del delincuente abatido Intentaremos hablar con los rehenes. Por favor, una palabra para el publico que vivió estas horas dramáticas junto a ustedes, señor.

SR. TONETTI. No tengo nada que decir, solo que a pesar de todo, para mí no fue tan dramática. Me di cuenta de algunas cosas y encontré una esperanza...

PROSTITUTA 1. (Llorando.) Yo me di cuenta que he llevado una mala vida y hoy quiero cambiar, y sé que podré hacerlo porque hay alguien que perdona, que limpia y restaura… Por eso es Nochebuena ¿no?

PROSTITUTA 2. Yo me acordé de algo que me dijo mi papá en una Nochebuena y voy a hacerlo en su memoria... ¡Adiós!

ENFERMO. ¿Saben? Hoy a mí me diagnosticaron cáncer y no había nada peor que me podía pasar, pero ahora sí sé que hay algo peor: no asegurarme de pasar la vida eterna con quien es el motivo de la Nochebuena.

MARIANO. (Se dirige al enfermo.) Amigo, nunca te dijeron que ésta también es una noche de milagros y que Jesús vino a sanar a los enfermos. (Lo abrazan y se van mientras le habla.)

MUJER. Bueno, yo quería decir a mis hijos que no se preocuparan, que yo estoy bien, que no lo estaba pero ahora sí, que voy a viajar a verlos y, ¡feliz nochebuena para ellos, para su padre y su esposa! (Saluda a la cámara.) ¡Qué bien me siento de perdonar!

MARIANELA. ¡Papá, estoy bien, no te preocupes! ¡Abuelita, te quiero mucho, ya voy para casa! ¡Hoy es Nochebuena! ¡Dios me ama, papá!

LAURA. Bueno, yo también me voy a casa; seguramente me están necesitando... ¡Feliz Nochebuena!

(Chicos saludan a la cámara.)

CHICO 1. Estamos bien ¿sabía que hoy nació Jesús y que por eso es Nochebuena?

PERIODISTA. Sí, sí, creo que de eso se trata, ¿no?

ANDY. ¡Sí, Dios vino al mundo para darnos amor, esperanza, paz y alegría!

PERIODISTA. Señor, ¿usted es el dueño del bar? ¿Me podría decir que pasó ahí adentro que nadie me habla del asalto?

RAÚL. Es que, ¿sabe?, hace dos mil años hubo un mesón que estaba repleto de gente y no hubo lugar para que Jesús naciera allí… Y hasta antes del asalto, este bar era como ese mesón: lleno de gente necesitada, pero no había lugar para que el Salvador compartiera con ellos. Tuvo que ocurrir este lamentable incidente para que se convirtiera en un pesebre, pobre, necesitado, maloliente, pero que en la Nochebuena, se llenó de la Gloria de Dios, y ocurrió el milagro más grande de la historia. Hoy ocurrió un milagro en estos corazones porque dejaron que Jesús naciera en sus vidas… Y les aseguro que no son los mismos que entraron en este lugar. Hoy tuvieron una verdadera Nochebuena.

PERIODISTA. Bueno, desde el lugar de los hechos, Crónico noticias le ha llevado la noticia a su hogar. Se está viviendo una situación fuera de lo común, en un asalto con toma de rehenes no hay llantos, ni nerviosismo, ni situaciones descontroladas ¿qué pasó dentro de este bar? Saque usted sus conclusiones... ¡Feliz Nochebuena para todos!

Un juguetero transformado

25 Minutos y 12 Personajes + Extras. Un juguetero coloca un buzón para Papá Noel en su tienda para los niños entren y se animen a comprar. No hará caso de las cartas pero un niño pobre le pedirá que escriba la carta por él y eso le hará que reflexione sobre la verdadera Navidad...


UN JUGUETERO TRANSFORMADO
Gerardo Oberman. Idea original de un cuento de Juan Carlos Pisano


AMBIENTACIÓN

La mayor parte de la obra se desarrolla dentro de una juguetería.
Fondo con estanterías llenas de juguetes. Al frente un mostrador.
Se necesita un buzón (se puede armar con cajas de cartón) y un cartel que invite a los niños a depositar en él sus cartas a Papá Noel. Una de las escenas se desarrolla en la calle de un barrio pobre (puede ser al lado de la juguetería, abriendo más el telón).
Sobres cerrados que contienen (supuestamente) las cartas a Papá Noel.
En un sobre está la carta de Luis.
Piñata con caramelos para el final.
Grabador para poner música.



PERSONAJES

MARIANO - El juguetero
CECILIA - Esposa del juguetero
NIÑO 1
LUIS
VOZ
ANÍBAL - Amigo
JUAN - Amigo
NANCY - Amiga
NIÑO 2
NIÑO 3
NIÑA 1
NIÑA 2



ACTO I

VOZ. Mariano es el dueño de una juguetería; ésta que estamos viendo (se abre el telón y se ven las estanterías con los juguetes, el mostrador, el árbol de navidad con luces de colores). Una Navidad, Mariano decidió que tenía que hacer algo para que su negocio funcionara mejor y pudiera vender más juguetes. Al principio no se le ocurría nada. Caminaba de aquí para allá (Mariano camina, mira los juguetes, hace como que piensa) entre los juguetes y, de repente, (Mariano acompaña a la voz en off con sus gestos) se le ocurrió algo...

MARIANO. ¡Ya está, ya lo tengo! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Con esta idea el negocio va a funcionar a las mil maravillas y los juguetes se van a vender como churros. (Llamando a Cecilia.) Cecilia, ¿puedes venir un momento?

CECILIA. ¡Eh! ¡Cuánto barullo! (Con ironía.) ¿No sabes que el tiempo de Navidad es un tiempo de paz y de armonía?

MARIANO. Dejate de decir tonterías y escúchame. ¿Te acuerdas de que hablamos de la necesidad de hacer algo para poder vender más este año? Bueno, ¡ya se me ha ocurrido algo! ¿Sabés el qué?

CECILIA. No, venga; no le des más vueltas.

ANÍBAL. (Entrando en escena) Bueno, bueno, ¿otra vez discutiendo? Disfrutad un poco de la vida; que no es tan mala.

CECILIA. ¿Qué tal, Aníbal? Llegas justo a tiempo. Mariano dice que se le ha ocurrido una gran idea para hacer que el negocio funcione en estas fiestas.

ANÍBAL. Ya sé, no me lo digas: va a importar nieve de Holanda. ¡Muy buena idea! Así podremos tener una bonita navidad: blanca, pura...

MARIANO. No, en serio, lo que he pensado tiene lógica...

ANÍBAL. ¡Uy! Cuando empiezas con tu lógica... A ver, ¿qué brillante idea has tenido esta vez? ¿En lugar de vender juguetes los vamos a alquilar? Eso podría ir muy bien, ¿ves? Papá Noel te alquila las muñecas y los coches para el 24 y los padres te los devuelven el 25. Ideal para tiempos de crisis, ¿no?

CECILIA. Deja que Mariano diga lo suyo porque si no, después, se pone insoportable.

MARIANO. Gracias, ¿me vais a dejar hablar ahora? (Aníbal y Cecilia responden afirmativamente con gestos). Lo que se me ha ocurrido es poner un gran buzón en la puerta con una invitación para que todos los chicos del barrio dejen allí sus cartas para Papa Noel. ¿Qué tal? Creativo el hombre, ¿no?

CECILIA. La verdad que sí. Parece ser algo original. Podríamos repartir unos folletos por el barrio para que la gente, especialmente los chavales, se enteren y vengan...

ANÍBAL. Y sí..., a veinte céntimos el sello podemos ganar algunas perrillas.

MARIANO. No, dinosaurio capitalista, las cartas las depositan gratis. La idea es que vengan a la tienda, entren, pasen, vean y COMPREN.

ANÍBAL. Mirá quién habla de capitalista.

CECILIA. Bueno, basta de perder tiempo. Ya es mediodía. Cerremos y pongámonos manos a la obra.

VOZ. Mariano y Cecilia van a su casa y, con la ayuda de Aníbal, hacen el buzón. Entre tanto, mandan imprimir unos folletos y los reparten por el barrio (pedir a algunos niños que repartan entre la gente sentada algunos papelitos).



ACTO II

(Mariano regresa con el buzón con el cartel encima. Cartel: Deposita aquí tu carta para Papá Noel)

MARIANO. Ahora sí, a esperar... y a vender.

VOZ. La idea de Mariano fue realmente brillante. Muchísimos chicos del barrio depositaron sus cartas en el buzón (varios chicos pasan y depositan sobres) y mágicamente los juguetes se vendían.

CECILIA. ¡Uf! Por fin se termina el día. (Se acerca al buzón y saca las cartas depositadas). ¿Qué vas a hacer con todas estas cartas?

MARIANO. En realidad no pensaba hacer nada. Por mí, puedes tiralas a la basura... (Cecilia se acerca hasta un cesto de basura y las tira).

VOZ. Así todos los días. Muchos chavales depositaban sus cartas, con sus sueños, sus ilusiones... Pero al terminar el día, al bajar la persiana del negocio, Mariano tiraba todas esas cartas. No le interesaban los niños ni lo que escribían. Sólo pensaba en su negocio: vender y vender y seguir vendiendo... Hasta que una tarde sucedió algo que cambió la historia.

NIÑO 1. (Entrando al negocio.) Buenas tardes, señor, ¿usted es el que le manda cartas a Papá Noel?

MARIANO. Sí, soy yo. Éste es el único negocio que tiene correo privado con la tierra de Papa Noel. ¿Has visto algún juguete que te interesa pedirle? ¿Se lo has contado a tus padres?

NIÑO 1. No, señor; yo no quiero pedir ningún juguete. Vengo a pedirle si usted puede escribirle mi carta porque yo tengo muy mala letra y no sé escribir muy bien.

MARIANO. (Malhumorado.) Mira, yo no puedo perder mucho tiempo porque tengo un negocio del que ocuparme. Tengo que ordenar las estanterías y hacer más pedidos. Pero... (dudando), está bien, a esta hora viene poca gente, así que te voy a ayudar a escribir tu carta, si es que no es muy larga.

NIÑO 1. Gracias.

MARIANO. (Tomando una hoja de papel y un bolígrafo.) ¿Qué quieres pedirle a Papá Noel? ¿Qué juguete te anoto?

NIÑO 1. (Decidido.) Ponga: Señor Papá Noel, dos puntos.

MARIANO. (Mirando al niño.) La mayoría de los chicos cuando escriben le ponen "Querido Papá Noel". ¿No te parece mejor?

NIÑO 1. No, está bien así. Le sigo dictando. Yo vendo muñecas a la salida de la estación de tren; la gente no me compra casi nada y a mí se me ha ocurrido que usted podría comprarme una buena cantidad para repartirlas con sus regalos de Navidad.

MARIANO. (Asombrado.) ¿Cómo?

NIÑO 1. Claro, Papá Noel debe de comprar los regalos en alguna parte, ¿no? ¿Por qué no me podría comprar algunos a mí?

MARIANO. ¿Quieres decir que, en lugar de pedirle algo, le escribes a Papá Noel para proponerle un negocio?

NIÑO 1. (Dudando.) ¿Usted cree que no me va a responder? ¿No le gustarán mis muñecas? ¿O Papá Noel no tiene ojos para los pobres?

MARIANO. (Sale de detrás del mostrador y se acerca al niño.) Mira, muchacho, con mucho gusto te ayudaría pero Papá Noel no responde cartas como esa. Él tiene su propia fábrica de juguetes y no compra los juguetes que regala ni en las tiendas como ésta ni a los pequeños vendedores como tú. Papa Noel no hace negocios con la gente. La verdad es que no creo que valga la pena escribir esta carta... Mejor, márchate y trata de vender tus muñecas antes de que se pase el día.

NIÑO 1. (Sale de escena cabizbajo, triste)...

(Mariano se sienta, pensativo, mientras la voz en off lee.)

VOZ. ¿Qué hubiera pasado si este chico hubiera escrito la carta y la hubiera puesto en mi buzón sin decirme nada? Nunca hubiera recibido una respuesta ni una explicación... Todos estos días he estado tirando las cartas que los chicos ponían en el buzón. ¿Habría otras cartas como ésta? ¿Qué pedirán los chicos a Papá Noel? (Mariano mira el buzón, se levanta y se acerca a él.)

MARIANO. Creo que de ahora en adelante, voy a leerlas. (Mirando el reloj.) Ya es hora de cerrar... (Hace como que cierra el negocio y va hacia el buzón, lo vacía, se sienta y empieza a leer.)

VOZ. (Mariano sigue abriendo sobres y leyendo mientras la voz habla) Durante varios días Mariano leyó las cartas que los chicos depositaban en el buzón. A veces se le sumaba Cecilia (aparece y se sienta junto a Mariano). Pero no encontraron nada especial. Sólo pedidos de juguetes y más juguetes. ¡Pero un día sucedió algo!

MARIANO. (Empieza a caminar con una carta en la mano.) Cecilia, escucha lo que dice esta carta...

LUIS. (La voz de un niño lee la carta -puede estar grabada- mientras el rostro de Mariano se va entristeciendo, conmovido.

"Querido Papá Noel:
Mi papá y mi mamá me contaron que vivías en un pueblo donde, todas las navidades, repartías regalos a los vecinos más pobres. Y también me dijeron que todavía sigues haciendo regalos a los que se portan bien. Bueno, yo conozco a unos chicos a los que nunca les has mandado nada y, sin embargo, se portan muy bien. Sus papás les explicaron que tú te debes de haber olvidado de ellos o que no te alcanzan los regalos pero yo no puedo creer eso de alguien como tú. Quisiera pedirte que este año te acordaras de ellos. En todo caso, prefiero que a mí no me traigas nada. Yo no lo necesito pero ellos sí.
Viven en un barrio pobre, San Camilo, en el camino de Cintura nº
3505, casilla 21. No te olvides, ¡por favor!
¡Ah! ¡Feliz Navidad!
Luis"

CECILIA. Ay, Mariano, es una carta más. Y encima no pide ningún juguete importante. No te me vas a conmover ahora, ¿eh? Mira que los negocios y los sentimientos no pueden mezclarse. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

MARIANO. No, mi amor, ésta no es una carta más. Es como un despertador, como una alarma que quiere decirnos algo...

VOZ. (Salen un momento de escena.) Una noche, Aníbal y otros amigos fueron a visitar a Mariano y a su esposa. Conversaron acerca del trabajo, de las corridas de fin de año, de los preparativos para las fiestas y todas esas cosas.



ACTO III

ANÍBAL. La verdad es que el tiempo no alcanza para mucho. Para llegar bien a navidad hay que correr como una liebre. Yo tengo a mi mujer preparando comida todos los días. Y ayer, cuando fui al supermercado, ya compré todas las bebidas. Si esperás unos días más las tiendas se convierten en un hervidero de gente.

NANCY. ¿Te acuerdás de cuando éramos pequeños? ¡Qué distintas eran las cosas! No había tantas tiendas ni tanto preparativo con las fiestas. Ahora, todo es un derroche de consumismo. Los supermercados dan asco...

CECILIA. No te metas con las tiendas que nosotros vivimos de eso, ¿eh? Deja que la gente compre, que gaste, que eso es muy bueno, (riendo) especialmente para nosotros.

ANÍBAL. Sí, con la idea del buzón que tuvo Mariano, las cosas marchan mejor. Y éste (señalando a Mariano) parece que se ha engordado.

JUAN. (Con ironía.) Lástima que Papá Noel siempre se vista de rojo y blanco, ¿no? Los grandes personajes de la historia saben qué colores son buenos...

MARIANO. Hablando en serio, muchachos, en realidad Nancy dio en el clavo. De tanto pensar en nosotros, en nuestra fiesta, en nuestro negocio y en nuestras cosas, nos olvidamos de que hay muchos que no tienen nada y que ni siquiera tienen ganas de celebrar esos días.

CECILIA. (Mirando a las visitas.) No está bien desde hace unos días. Recibió una carta de alguien que le pidió a Papá Noel (mira hacia arriba) que se acordara de los pobres de un barrio de por ahí.

ANÍBAL. Y, algo de razón tiene. Hay mucha gente que lo pasa mal y me parece que cada vez son más. Gracias a Dios nosotros todavía podemos celebrar una Navidad como la gente, ¿no?

MARIANO. Tú has nombrado a Dios. ¿Te acuerdas de lo que nos enseñaron cuando íbamos a la iglesia? La Navidad no era el árbol, ni la comida, ni los regalos. La Navidad era Dios que venía al mundo. Y venía pobre, nacía en un pueblecito y en un pesebre. En uno de verdad y no en uno de esos de plástico que yo tengo en la juguetería. ¿Qué ha quedado de ese Dios? ¿Qué lugar tiene en nuestras fiestas? La carta que leí me ha hecho pensar en todas estas cosas.

JUAN. Pero te has vuelto completamente loco, Mariano. En este mundo ya no hay lugar para esas cosas. Si te vas a dejar guiar por sensiblerías nunca vas a llegar a nada y otros te van a pisar la cabeza. Esas cosas de la niñez, lo que nos enseñaron en la iglesia, son cosas para niños o para ignorantes. La vida real es otra cosa. Además, a mí no me parece que Dios tenga mucho que ver con esto.

MARIANO. No sé.

NANCY. Pregúntate, Aníbal, ¿cuál es el sentido de tu vida? Vives para tu trabajo. No tienes tiempo ni para tus hijos. ¿Cuando juegas con ellos? ¿Los acompañas a la escuela? ¿Y tú, Juan? ¿Qué puedes decir de tu vida de ejecutivo? ¿No te parece a veces que eres parte de una maquinaria que termina consumiéndote? A mí me parece que la vida que vivimos ya no es vida. Cada uno lucha por sus propias conveniencias, defendiendo intereses personales. Cada uno vive aislado en su mundo y cada día crece más la indiferencia. ¿Cuándo fue la última vez que nos preocupamos por alguien?

CECILIA. ¡Uy, mujer! ¡Qué mal rollo! Yo os he invitado para pasar un buen rato juntos, para preparar lo que íbamos a hacer en la Nochebuena y fijaos en las tontadas que estáis diciendo. Lo único que falta es que encima queráis ir a ese barrio pobre.

VOZ. Pobre Cecilia. Sus palabras fueron como un desafío... Al otro día, al mediodía, Nancy, Aníbal y Mariano, van a la dirección que les había dado el niño.



ACTO IV

(Esto ocurre en un barrio humilde. Hay cuatro niños/as jugando. Los tres amigos se acercan caminando y hablando.)

NANCY. ¡Qué lugar! Mira que si nos asaltan... ¿Estáis seguros de que es aquí?

MARIANO. Sí, seguro. ¿Ves? Ahí hay unos chavales jugando. Vamos a preguntarles.

ANÍBAL. Hola, chicos. ¿Qué tal? ¿Este es el barrio de San Camilo?

NIÑO 2. Sí, ¿a quién busca?

MARIANO. En realidad buscamos a los chicos de la casilla 21. ¿Los conocéis?

NIÑA 1. Sí, sí. Son Azucena y Darío. Pero ahora no están. Se van temprano y no vuelven hasta la noche.

NANCY. Seguro que van al colegio...

NIÑO 3. ¡Qué colegio! Se van a la Capi, a pedir en los semáforos.

NIÑA 2. ¿Y para qué los buscaban, si se puede saber?

MARIANO. No, por nada... (Intención de irse.) Creo que nos vamos a ir.

ANÍBAL. (Sujetando del brazo a Mariano, como para que se quede) Oye, y vosotros, ¿cómo os llamáis?

(Casi peleándose por responder.)

NIÑO 3. Yo, Enrique.

NIÑA 2. Yo, María.

NIÑA 1. Y a mí me llaman la Pocha.

NANCY. (Mirando al Niño 2.) ¿Y tú? ¿No tienes nombre?

NIÑO 2. ¿Y a ustedes qué les importa? ¿Para qué quieren saber nuestros nombres? (Mirando a sus amigos) Vamos, chicos, vámonos a casa.

NANCY. No, esperad. Sólamente queremos hablar un rato con vosotros. Mi amigo Mariano (lo señala) tiene una juguetería y quería hacerles unos regalitos a esos chicos de la casilla 21 porque nos dijeron que nunca recibían nada para Navidad.

NIÑA 2. ¡Ja! Si es por eso, aquí casi nadie recibe regalos.

NIÑO 3. A mí, a veces, me han dado regalos. Venían de una iglesia y nos daban algunos juguetes que otros chicos ya no usaban. Pero a mí me gustaban de todas formas. Una vez le dieron una muñeca a mi hermana que le faltaban los brazos.

NIÑA 1. Y bueno, si somos pobres hay que aguantarse, ¿no? Eso dice mi madre.

NIÑO 2. ¿Y ustedes creen que con un regalito a dos chicos pobres se solucionan sus problemas? Aquí hay muchos chicos y mucha gente sin trabajo y muchas madres embarazadas...

MARIANO. Bueno, chicos, perdonad... Nosotros nos tenemos que ir.



ACTO V

(De nuevo en la juguetería, los amigos reunidos.)

CECILIA. ¿Habéis visto? Yo os dije que no valía la pena ir allí. Al final, ni siquiera te agradecen que hayas ido por allí. ¡Con el peligro que uno corre en esa zona!

MARIANO. Basta, Cecilia. Tú no te das cuenta, pero ahí hay tanta necesidad que dos juguetes para dos chicos no son más que unas gotas de agua en el océano. Me gustaría hacer algo por esos chavales pero, ¿qué? ¿Se os ocurre algo a vosotros?


ANÍBAL. Yo creo que con el intento ya basta. Los chicos que buscábamos no estaban y ya está. Uno no puede solucionar las miserias del mundo. Para eso están..., eh..., ¿los políticos? Digo, ¿quién hay para esto?

NANCY. No hay nadie, Aníbal. Si uno no hace su parte no se puede pretender que las cosas cambien. Todos aplaudimos a la madre Teresa de Calcuta por lo que hacía. ¿Y sabés por qué? Porque ella se ensuciaba las manos por nosotros. Yo creo que tenemos que hacer algo...

MARIANO. Yo opino lo mismo.

ANÍBAL. Sí, claro, ¿por qué no inauguramos una filial de Disneylandia? ¿Qué podemos hacer nosotros solos?

NANCY. No sé, pensemos, ya se nos ocurrirá algo. Si todos ponemos nuestro granito de arena podemos hacer que la Navidad tenga un sentido para esos chicos.

JUAN. Y bueno, si todos están de acuerdo, yo también me apunto. Igual me sienta bien el hacer el bien.



ACTO VI

(Mientras la voz en off lee se cierra el telón un rato para que el escenario se transforme en un barrio pobre.)

VOZ. Los amigos siguieron conversando y finalmente decidieron organizar, con la ayuda del chico que les había escrito la carta, una tarde de fiesta para todos los chicos del barrio donde vivían Darío, Azucena, María, Enrique, la Pocha y el chaval sin nombre... ¿Escucháis? Ya se oye la música y las voces de los chicos que juegan y corren...

(Se abre el telón, se escucha algo de música y se ven a los chicos jugando y bailando al ritmo de una melodía alegre).

Ved cuánta alegría en cada rostro. Los chicos están felices así como los que organizaron todo esto.

(Sigue un momentito el jolgorio, mientras los personajes charlan informalmente, bailan, juegan, se mueven sobre el escenario.)

MARIANO. (Apartándose hacia el borde del escenario, mirando y dirigiéndose a los presentes.) ¿Sabéis? Hasta no hace mucho, la Navidad era para mí una fecha especial sólo porque mi negocio funcionaba mejor y aumentaban las ventas, y porque era un momento del año en el que la familia se reunía para estar junta; pero no era más que eso. En realidad, no era más que una fiesta vacía. En esta Navidad descubrí algo distinto, algo diferente. Cuando salí de mi pequeño mundo para estar junto a otros, para compartir con los chicos; cuando pude vencer mi egoísmo y mis miedos y me animé a buscar a los más pequeños, allí descubrí algo maravilloso. Yo pude traerles, en nombre de Papá Noel, algunos regalos a los más pequeños... (Pausa) Pero el mayor regalo lo recibimos nosotros. Creo que en esta Navidad nos hemos encontrado nuevamente con Dios. Ojalá vosotros también podáis experimentar en vuestras vidas, en esta Navidad, ese encuentro con Dios. No importa cómo, dónde o con quién... Que en esta Navidad Dios no esté ausente en tu fiesta.
¡Feliz Navidad!

(Vuelve a la fiesta mientras uno de los chicos rompe la piñata, caen los caramelos y los papeles y crecen los aplausos y risas. En medio del barullo -disminuye un poco la intensidad de la música y las voces. Se levanta el Niño 2 y le habla bien fuerte a Mariano.)

NIÑO 2. ¡Ey, señor! Gracias... Gracias por compartir esta tarde con nosotros, por acordarse de los pequeños. Ahora sí que le voy a decir mi nombre... Mis amigos me llaman Jesús.

TODOS. (Se abrazan y dicen todos a coro mirando a la gente.) ¡FELIZ NAVIDAD!

(Se cierra el telón.)

FIN