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2012 - España
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Tengo sed

7 Minutos y 5 Personajes. En el diario vivir, afrontando los problemas cotidianos, una mujer se sustenta en Dios para afrontar la vida.

TENGO SED


PERSONAJES

MADRE
HIJO
HIJA
MARIDO
HERMANA

(Se oye el despertador.)

MADRE. ¡Dios mío! Son ya las seis de la mañana. ¡Ahrr! Parece como si me acabara de acostar. Lo bueno es que hoy es mi día de descanso en el trabajo. Debo levantarme a preparar el desayuno pero antes quiero agradecerte este nuevo día. Permíteme Señor, que pueda ser fuente de agua viva para mi familia y para todas aquellas personas con las que tenga contacto el día de hoy. Gracias, Jesús, gracias por este día. Amén.

(Ve a su hijo en el salón.)

MADRE. ¿Cómo amaneciste, hijo? ¿Descansaste?

HIJO. Descansé poco; anoche salí tarde del trabajo.

MADRE. Sí, me di cuenta. No me dormí hasta que llegaste. Lo bueno es que hoy es tu día de descanso y podrás acompañarme a la iglesia.

HIJO. Mamá, hoy es mi día de descanso y la verdad, no quiero ir a la iglesia. Desde que nací he ido a la iglesia, quiero hacer otras cosas: salir con mis amigos del trabajo, conocer más gente y divertirme.

MADRE. Pero hijo, ¡Dios siempre ha sido el centro de nuestra vida! Te podría decir que ese trabajo que tienes te está alejando del Señor. Pero realmente, hijo, eres tú, tú mismo, quien ha quitado la mirada del blanco que se llama Jesucristo y la has puesto en las cosas de este mundo.

HIJO. Mamá, por favor, sólo quiero usar mi día de descanso para ir con mis amigos.

MADRE. Está bien, pero sólo recuerda que todo lo que tienes te lo ha dado Dios. Su palabra dice, hijo, que apartado de Él nada puedes hacer… ¡Ay de aquel, dice la Biblia, que sabe hacer lo bueno y no lo hace! Y tú sabes lo que realmente es bueno para tu vida y no lo quieres hacer. Lo único que me queda es orar por ti y si tengo que ayunar para que tus pies no se aparten del camino del Señor, lo voy a hacer.

MADRE. Dios, por favor, redarguye su corazón, que no se aparte de ti.

MADRE. Hija, ya te levantaste. ¿Qué hiciste?

HIJA. No me siento bien, creo que no voy a ir a la escuela.

MADRE. ¿Estás enferma? No tienes temperatura.

HIJA. No, mamá, no estoy enferma. Lo que pasa es que las muchachas se han estado burlando de mí porque soy cristiana, porque soy diferente a ellas y siempre me están presionando para que haga lo que ellas hacen. Dicen que sólo así dejarán de molestarme. Pero la verdad, mamá… yo no quiero, yo no quiero... Ellas hacen cosas que ofenden a Dios pero por otra parte quisiera que me dejaran en paz.

MADRE. Mi amor, claro que eres diferente. Eres una hija de Dios, tienes algo muy valioso que tristemente, ellas no tienen: a Jesucristo, en tu corazón. Pudiéramos pedirle a Dios que cierre la boca de todos los que se burlan de ti, pero tienes mayor recompensa cuando en medio de todas esas burlas te mantienes firmes en lo que has creido. Su palabra dice que eres bienaventurada cuando por su causa os vituperen y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, dice la Biblia, porque vuestro galardón es grande en el Reino de los Cielos. No te conviertas tú a ellas, hija; mejor, que se conviertan ellas a ti.

HIJA. Tienes razón, mamá, la vida de ellas está vacía. En cambio, yo lo tengo todo porque tengo a Dios en mi corazón. Me voy a arreglar para ir a la escuela, con mi frente en alto porque soy una hija de Dios.

MADRE. Claro que sí, mi amor, eres una hija de Dios.

(La hija sale.)

MADRE. Señor, ayúdala a mantenerse firme; te pido por ella.

(Suena el teléfono.)

MADRE. ¿Bueno? Mi amor, ¿cómo estás?

MARIDO. Ah, pues aquí, con algunos problemas.

MADRE. ¿Qué problemas?

MARIDO. ¿Sabes qué? El carro se me descompuso y tuve que gastar dinero para arreglarlo. El jefe me acaba de decir que ya no tengo trabajo. No sé qué voy a hacer; tenemos cuentas que pagar y la verdad, estoy bien desesperado.

MADRE. No te desesperes, Dios nunca nos ha dejado. No es la primera vez que pasamos por esta clase de problemas y Él siempre de una forma milagrosa ha suplido nuestras necesidades. Su palabra dice: “Joven fui y he envejecido y no he visto justo desamparado y su descendencia que mendigue pan. Tú y yo, en lo poco y en lo mucho hemos sido fieles a Dios y Él ha prometido abrir las ventanas de los cielos y derramar sus bendiciones. Él es el dueño del oro y de la plata. No te preocupes, mi amor, pongamos todo en sus manos y confiemos en Él.

MARIDO. Tienes razón, mujer, dejemos todo en las manos de Dios. Él nunca falla.

MUJER. Claro, mi amor, confiemos en Él y Él hará.

MARIDO. Gracias, mujer, gracias por tus palabras, tan llenas siempre de sabiduría. Eres muy valiosa para mí y le doy gracias a Dios por tu vida. Bueno, después te llamo, ¿ok?

MUJER. Hasta luego, mi amor, después hablamos. (Cuelga.) Dios, ayuda a mi esposo, suple nuestras necesidades, Señor, ábrele puertas de bendición para Él.

(Suena el teléfono.)

MUJER. ¿Bueno? Herman, ¿en qué le puedo servir?

HERMANA. Le llamo para pedirle si puede dirigir el culto de esta noche. Disculpe que le hable tan tarde pero la hermana que lo iba a hacer se enfermó.

MUJER. Claro que sí, hermana, yo dirijo esta noche. Me voy a apurar con algunas cosas que todavía tengo que hacer para poder estar temprano en la iglesia. Gracias, hermana, hasta luego, bye.

MUJER. (Orando.) Ayúdame, Señor, Tú sabes todos los problemas que han venido a mi vida en este día. Estoy algo cansada, agotada, preocupada pero tú sabes que mi anhelo es servirte. Yo dirijo esta tarde. Mi anhelo es servirte.

Cuando Jesús toca a mi puerta

14 Minutos y 7 Personajes. Una mujer y sus hijas son asistidas por una doctora que desinteresadamente ofrece su trabajo a las personas más necesitadas. Lo mejor es que les testificará de Jesús en las fechas de Acción de Gracias y todos juntos compartirán ese día tan especial.


CUANDO JESÚS TOCA A MI PUERTA
Cedida amablemente por su autor: Luis Vallín


(Apc. 3:20) “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

PERSONAJES

NARRADOR
DOCTORA BORJON
JULISA
VALERIA
ANA
JOSÉ
SOFÍA



PRIMER ACTO


(El primer panorama que se ve es una sala de espera en una clínica. La gente pasando de un lado a otro, algunos pacientes sentados esperando su turno, una recepcionista apurada en el teléfono y escribiendo notas, la doctora llamando al siguiente paciente, y ahí se encuentran los personajes principales que son; la Doctora Borjon, Julisa (la mama soltera), sus hijas: Valeria y Ana, y su hijo José, y Sofía, la amiga de la Doctora. (Luz apagada.)


NARRADOR. Una sala de espera en la clínica de la doctora Borjon, un día como cualquier otro con pacientes de todo tipo es el escenario de todo el año, pero aun siendo hoy uno de los días más festejados en toda la nación: el Día de Acción de Gracias, en esta clínica siempre es lo mismo: quejas aquí, llamadas allá, y es que la Doctora Borjon trabaja horas extras ayudando a su comunidad. Una comunidad que no tiene los recursos económicos para pagar un doctor general. Ella siempre le da gracias a Dios por haberle dado ese talento de ser doctora y el don de servicio; su lema es: ‘Jesús vino a servir, no para ser servido y yo digo lo mismo’. Aquí todos la llaman: ‘el ángel’. A ella no le gusta que la llamen así pero ellos así le dicen. Hoy será un día muy especial para ella y para Julisa, ¡hoy Jesús las sorprenderá haciendo una de las suyas!

(Se enciende la luz.)

RECEPCIONISTA. ¡Disculpe! ¿Quién falta de registrarse?

JULISA. ¡Falto yo!

RECEPCIONISTA. Tenemos que llenar este formulario para nuestros archivos, luego usted lo firma. Pero antes necesito verificar alguna información personal requerida por la política de nuestra clínica. ¿Está usted de acuerdo?

JULISA. Sí, está bien.

RECEPCIONISTA. ¿Su nombre?

JULISA. Julisa González.

RECEPCIONISTA. ¿Nombre de su esposo?

JULISA. Soy divorciada, ¿tiene algún problema con eso?

RECEPCIONISTA. Ninguno, ah… Puede tomar el formulario y llenarlo en su lugar si usted lo desea. Lo firma y me lo trae. Gracias.

(Mientras Julisa va a sentarse, sus hijas empiezan a discutir por lo que siempre discuten las jóvenes de su edad (improvisar). Julisa empieza a regañarlas para que se comporten. Se apaga la luz.)

NARRADOR. A Julisa la vida no le ha sonreído muy bien que digamos. Quedó embarazada a le edad de 15 años de su primera hija: Valeria y su novio no quiso casarse. Luego, un año más tarde volvió a quedar embarazada y fue la misma historia: quedó sola una vez más y cuando por fin encontró a alguien de quien realmente se enamoró y decidió casarse a los 5 años, la abandonaron. De ese matrimonio nació José, su hijo menor, que es muy callado y que siempre pasa desapercibido.

(Se enciende la luz. Cuando el narrador termina, aparece Sofía, la amiga de la doctora. Se sienta y ahí empieza la conversación.)

SOFÍA. ¡Buenas tardes! ¿Cómo está?

(No recibe respuesta, y pregunta otra vez.)

SOFÍA. No hay mucha gente el día de hoy, ¿verdad?

JULISA. (Cortante.) No.

SOFÍA. ¿Son sus hijas?

JULISA. Sí.

SOFÍA. Hola, ¿cómo están? Yo me llamo Sofía. ¿Y ustedes?

VALERIA. Yo me llamo Valeria y ella Ana, y aquella cosa se llama José.

JOSÉ. Shut-up!

ANA. You shut-up!

JOSÉ. Whatever!!

JULISA. ¿Ya van a empezar de nuevo? ¡Compórtense como la gente y como lo que son!

VALERIA. ¡Mira quien habla! ¿No te mordiste la lengua, mamá? Si tú eres la que hace más escándalo que nosotros tres juntos, ¡con tu mal genio que ni tú te lo aguantas!

SOFÍA. ¡Perdón, perdón, no quise provocar un problema entre ustedes!

ANA. No se preocupe, ya tenemos muchos, lo mismo nos da uno más.

JULISA. ¡Perdone usted! Como ve, no somos una familia muy normal que digamos. Es solo que… no he podido ser una buena madre para llevar las riendas de esta familia y…

JOSÉ. (Interrumpe.) Here we go again!

JULISA. Y… desde que él nos abandonó… pues no he podido con estos tres, la verdad ¡no sé cómo hemos sobrevivido!

SOFÍA. Bueno, no se preocupe por eso, yo la entiendo perfectamente. Mi mamá también fue madre soltera y yo también le di muchos problemas, y por supuesto ella también sufría. Recuerdo que un día la encontré llorando en su habitación con una fotografía en la mano, en la cual estábamos mi papa, ella y yo, que tenía como cuatro anos de edad y… ella se culpaba así misma de la desgracia. Ahí me di cuenta que las dos sufríamos por igual, y que lo único que tenía yo era ella y ella a mí.

ANA. ¿Y su mamá dónde está?

SOFÍA. ¡Ella descansa en Dios! Falleció hace 3 años.

VALERIA. ¿Y cómo murió?

SOFÍA. Un accidente de carro. Otro carro la impactó en una luz del semáforo. La persona venía ebria y no vio la luz que ya estaba en rojo… y golpeó el auto de ella y ahí murió instantáneamente.

JULISA. ¿Y cómo hizo para recuperarse de todo eso? Le pregunto porque usted habla con mucha paz en su interior...

SOFÍA. No fue fácil, pero cuando conocí a Jesús y dejé que entrara en mi corazón todo cambió para bien. Pude superar muchas cosas.

ANA. ¿Y cómo puedes conocerlo?

SOFÍA. La doctora Borjon fue la que me habló de Jesús…

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Entonces ella empezó a contarles toda la historia entre ella y la Doctora. De cómo en medio de la tormenta de sufrimiento la doctora la guió a conocer y aceptar a Jesús como Salvador. También les contó de cómo cada día de Acción de Gracias se reunían para cenar y dar gracias por las cosas buenas que Dios nos da, y por la amistad que habían encontrado entre ellas porque no tenían familiares con quien compartir ese día. Julisa y sus hijos se sintieron identificados en ese área, pues ellas no solían celebrar nada porque la soledad las deprimía y al mismo tiempo le pidieron a Sofía que le mostrara a Jesús como Salvador…

(Se enciende la luz.)

JULISA. Entonces, ¿tú podrías ayudarnos a encontrar a ese Jesús el Salvador?

SOFÍA. ¡Por supuesto que sí! ¡La Doctora puede ayudarnos también! ¡Mira, ahí está! ¡Hola!

DOCTORA. ¡Hola Sofía! Pensé que no ibas a venir.

SOFÍA. ¿Cómo crees que se me va a olvidar un día como este? Mira, te presento a Julisa y su familia: Valeria, Ana, y José, nuestros invitados de honor para la cena. No tienen con quién celebrar el día de Acción de Gracias.

DOCTORA. ¡Qué bueno! Tan pronto termine nos vamos a cenar.

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Esa noche Jesús tocó la puerta del corazón de Julisa y sus hijos. Estaban a punto de tomar la mejor decisión de su vida, que era abrir la puerta de sus corazones a Jesús. De ahí se fueron a casa de Sofía, prepararon la mesa, conversaron sobre sucesos de su pasado, hablaron de todas las cosas que les habían sucedido: buenas y malas, y luego se sentaron a la mesa para dar gracias y cenar. Pero faltaba algo por hacer…

(Se enciende la luz.)


SEGUNDO ACTO

DOCTORA. Bueno, antes de empezar a cenar yo quiero decirles que hoy no sólo se puede celebrar un día histórico o festivo, sino celebrar dando gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, y lo que hizo por nosotros al dar a su hijo para que pagara con su muerte y sufrimiento nuestros pecados. Pero con su resurrección nos dio vida eterna.

VALERIA. Sofía nos habló acerca de Jesús que fue el que le ayudó vivir una vida nueva. ¿Usted nos puede ayudar?

DOCTORA. Sí, yo les puedo ayudar. Como les estaba diciendo Dios mandó a su Hijo Jesús para que por medio de su muerte en la cruz, pagara por todos nuestros pecados. Luego resucitó al tercer día y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Eso lo declara la Biblia. Pero hay un problema… y es que para estar con Jesús hay dos formas de hacerlo: una es siendo perfecto y yo no soy perfecta, solo Dios es perfecto, nadie es perfecto. La otra es aceptando a Jesús como tu único Salvador, porque Él es perfecto y pagó el precio por nosotros. ¿Quieren ustedes hacer esa decisión hoy?

FAMILIA. ¡Sí!

DOCTORA. OK. Primero permítanme orar por ustedes, y luego hacemos una oración juntos: Señor te damos gracias no solo por el día de hoy, sino todos los días, gracias que me permitiste conocer a esta familia, tan necesitada de ti, que nunca te habían conocido porque nadie les había hablado de ti. Pero ahora te conocerán, ¡gracias Padre! Por este privilegio que me das de guiarlos a ti. Ahora, repitan conmigo esta pequeña oración: “Señor Jesús, entra a mi Corazón y sálvame, te pido perdón por todos mis pecados y me arrepiento de ellos; creo con todo mi Corazón que tú eres Hijo de Dios, que diste tu vida por mí para salvarme y darme vida eterna, hoy te entrego mi vida, en el nombre de Cristo Jesús. Amén”

SOFÍA. Ahora que ya aceptaron a Jesús como su único Señor y Salvador de sus vidas, yo quisiera que tú, Julisa, oraras dando gracias por el día de hoy y por este milagro.

JULISA. Señor te doy gracias por habernos encontrado, gracias por poner en nuestro camino a la Doctora y a Sofía; gracias por tu amor y tu perdón. Ahora guíanos con tu poder y amor. Amén.

NARRADOR. Esa noche fue maravillosa: no sólo se celebró el Día de Acción de Gracias sino cuatro nacimientos nuevos, cuatro almas más para Cristo y se cumplió lo que Dios quería: que esta familia lo conociera, se entregara y cenara con Él. Posiblemente tú te has sentido solo o sola en estos días donde se celebra la comunión con tus seres queridos, y aun así te sientes solo, hoy Dios te habla a ti que estás sufriendo y te dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apc. 3:20

El tiro de gracia

15 Minutos y 4 Personajes. Una joven es atosigada por su madre. Continuamente es maltratada, pegada y humillada por lo que se plantea el suicidio.


EL TIRO DE GRACIA
José Andrés Varela Montenegro


PERSONAJES

GRETTEL
MAMÁ
VERÓNICA
VIDA


ESCEARIO: Es muy simple, sólo una silla.


ACCIÓN

(Música: La pista Nº 1 del CD El Tiro de Gracia. Deja que corra unos 30 segundos, la baja poco a poco y pone la Nº 2. Cuando llega a veinte segundos enciende la luz Nº 11 poco a poco, y luego la Nº 13.

(Las luces se encienden, el escenario está vacío, solo una silla en el centro del escenario.)

GRETTEL. (Entra por la izquierda, con un salveque en la mano, su paso es muy apresurado. En su rostro se nota tristeza.)

MAMÁ. (Entra detrás de Grettel muy molesta. Trae un examen en la mano derecha. Está muy enojada.) ¿Qué está pasando, Grettel? ¿Qué significa esto?

GRETTEL. Pero es un simple examen mamá, no es el fin del mundo.

MAMÁ. (La empuja. Le grita.) ¿Cómo te atreves a responderme con esa insolencia?

GRETTEL. (En el suelo.) Mami, no exageremos, que no es una mala nota.

MAMÁ. (La levanta muy groseramente del suelo.) ¿Qué no es una mala nota? Mira. (Le enseña el examen.) ¿Qué nota dice que sacaste?

GRETTEL. (Con voz temblorosa.) Un ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (Enojada.) Más alto.

GRETTEL. (Respira profundo, tratando de no llorar.) Ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (La toma del pelo y la levanta.) Que lo digas más duro, que no te escucho.

GRETTEL. (Grita.) Ochenta y nueve punto cinco.

MAMÁ. (Le da una cachetada.) No seas insolente y no me alces la voz, malcriada.

GRETTEL. (Mira a su mamá con odio, mientras se acaricia la cara.)

MAMÁ. Y eso no es todo, me llaman del colegio para decirme que te habías peleado con otra compañera. ¿Cuándo te he enseñado a pelear? ¿Cuándo me he puesto a hacer el ridículo dándome de golpes con otra mujer?

GRETTEL. ¿Te respondo?

MAMÁ. (La amenaza.) No me vuelvas a hablar con esa insolencia, o te pego un manazo y te rompo la boca, malcriada.

GRETTEL. (Se sienta en la silla y no dice nada.)

MAMÁ. ¿Quiero saber por qué te peleaste en el colegio como una vieja de patio?

GRETTEL. (Grettel no dice nada.)

MAMÁ. A ver, ¿por qué no me respondes?

GRETTEL. (Sigue callada.)

MAMÁ. (Se enoja y la empuja de nuevo.)

GRETTEL. (Del empujón se cae de la silla.)

MAMÁ. (Le grita.) Que me respondas te dije, o te rompo la boca a manazos hasta que me contestes.

GRETTEL. (Poniéndose de pie.) Me dijiste que no te respondiera y ahora me quieres pegar porque no te respondo. Entonces mami, ¿cómo es la cosa?

MAMÁ. (Levanta la mano de manera amenazadora.) No me venga con pachucadas que no lo pienso una vez para volarle su buen manazo.

GRETTEL. (Retando a su mamá.) Pégueme señora, pégueme, y si puede máteme, que ya no soy su hija, porque usted quiere una hija perfecta. ¿Por qué mejor no se compra un robot y lo programa para que siempre le saque cienes y noventa y cincos; que nunca se enoje, que nunca proteste, que no diga nada cuando usted le pega y quiera defenderse...?

MAMÁ. (Le da una cachetada.)

GRETTEL. (Sigue hablando.) O mejor se compra un saco de boxeo para que practique, porque resulta que mi cara no es tan resistente como lo es un saco de boxeo, o bien...

MAMÁ. (Enojada.) Ya basta, cállese, mocosa, no siga. Está castigada, no me sale en un mes.

GRETTEL. Me da igual, nunca salgo porque tengo que pasar clavada en el escritorio para poder traerle sus cienes y noventa y cincos.

MAMÁ. (Levanta la mano.)

GRETTEL. (La reta.) Sígale, sígale, pégueme, descárguese conmigo, que yo tengo la culpa que papá se haya cansado de sus insolencias, que las vecinas no le hablen por los constantes agarronazos con ellas, sígame pegando.

MAMÁ. (Baja la mano.) Ojalá te murieras, mocosa, para que pagues esa insolencia y falta de respeto hacia tu mamá. Que Dios te castigue.

GRETTEL. (Recoge el salveque del suelo.) No se preocupe señora, Dios escuchó su petición.

MAMÁ. (Molesta.) ¡Uy! mocosa insolente. (Sale por la derecha.)

GRETTEL. (Con el salveque muy agarrado. Se sienta en la silla. Mira hacia todos lados. Se escucha el latido de un corazón. Abre el salveque poco a poco, muy despacio, como dudando, con miedo. Luego mete la mano y busca algo, cuando lo tiene lo saca poco a poco. Saca una pistola. Deja caer el salveque. Mira la pistola y cierra los ojos.)

(Música: La pista Nº 3 del CD El Tiro de Gracia. Cuando Grettel abraza la pistola, la baja poco a poco, que quede de fondo.)

(Se apagan las luces, y sólo queda un reflector de piso encendido.)

VERÓNICA. (Entra por la derecha, vestida con el uniforme del colegio. Le habla a Grettel de manera burlona.) Qué rico que sacaste esa nota para que dejes de jugar de viva con tus cienes. ¿Sabes? Me tienes cansada, sapa modorra, nerda anémica, brocha desmechada.

GRETTEL. (Cierra los ojos con más fuerza, y se aferra más a la pistola.)

VERÓNICA. ¿Sabes, renerda? Me gustaría verte muerta. Sí, muerta.

GRETTEL. (Llora.)

VERÓNICA. No te soporto, cada examen que sacas bueno, digo bueno, requete excelente… ¿Sabes? Me revuelve el estómago y deseo con todas mis fuerzas que desaparezcas de este mundo. Le pido a Dios con todas mis fuerzas que te mueras.

GRETTEL. (Con los ojos bien cerrados.) No te preocupes, Verónica, tus deseos se van a hacer una realidad.

VERÓNICA. (Queda en TOC.)

(Música: La pista Nº 4 del CD El Tiro de Gracia. Deja que corra unos 15 segundos y la baja poco a poco, que quede de fondo.)

VIDA. (Entra vestida de blanco, saltando muy alegre. Rodea a Grettel.)

GRETTEL. (Sigue con los ojos bien cerrados.)

VIDA. No dejes que nadie te robe la paz. No busques la salida más difícil. No te equivoques en pensar que lo que vas a hacer es la salida más fácil. Puede ser rápida, pero a la postre será la más dura. Cuando mueres, ya no hay vuelta de hoja.

GRETTEL. (Se tira al suelo, y cae de rodillas. Está llorando.)

VIDA. Hay otra salida, y la conoces muy bien. Desde que eras una bebé has escuchado quien es la mejor salida, quizá no es la más rápida, pero sí la mejor. Él te está esperando con los brazos abiertos. Escúchalo.

GRETTEL. (Sigue llorando.)

VIDA. Como quisiera que me pudieras escuchar, cuantos adolescentes como tú toman la decisión equivocada porque no hay quién les hable. (Mira al cielo.) Haz algo, por favor, no permitas que me destruya, yo quiero seguir acá, quiero vivir. Yo sé que aun no es el tiempo de partir.

MAMÁ. (Entra. Le grita a Grettel.) Mocosa insolente, ¿por qué no te mueres?

VIDA. No, mamá, no me digas así, por favor. Me hieres.

MAMÁ. No sé por qué naciste, en qué estaba pensando yo para querer traerte a este mundo.

GRETTEL. (Llora con más fuerza.)

VIDA. Porque Dios me tiene entre sus planes, pero por favor, no sigas, que me matas poco a poco.

MAMÁ. Ojalá te murieras mocosa, para que pagues esa insolencia e irrespeto hacia tu mamá. Que Dios te castigue.

VIDA. (Cae de rodillas.) No, Dios no me quiere castigar, Dios me ama.

MAMÁ. (Se queda en TOC.)

VERÓNICA. (Sale de su estado en TOC. Le habla a Grettel.) Muérete infeliz, quiero verte muerta porque no te soporto. No soporto que seas inteligente, porque yo no puedo.

VIDA. (De rodillas.) Sí, lo eres, eres inteligente, sólo tienes que estudiar y esforzarte, pero por favor, no me maltrates, yo no me quiero ir.

(Música: Sube la música.)

GRETTEL. (Se incorpora, pero sigue de rodillas. Mira la pistola. En su rostro se ve la tristeza y la desesperación.)

VIDA. No, Grettel, no lo hagas, yo quiero seguir acá, por favor, no lo hagas, aún tenemos mucho por delante para seguir juntas.

VERÓNICA. Muérete.

MAMÁ. (Sale de su estado en TOC.) No te quiero, mejor muérete.

(Música: La pista Nº 5 del CD El Tiro de Gracia.)

GRETTEL. (Se pone la pistola en la sien derecha, sus manos tiemblan, cierra los ojos.)

MAMÁ. No eres mi hija. Mejor es que te mueras.

VERÓNICA. No te soporto, mejor muérete.

VIDA. No sigan por favor, se lo pido. (Desesperada.) Si me pudieran escuchar. Está bien que me han maltratado mucho, que me han herido, que me han humillado y ofendido, pero no me quiero ir, quiero seguir acá.

MAMÁ. Muérete.

VERÓNICA. Muérete.

VIDA. ¡No!

GRETTEL. (Cierra los ojos con más fuerza y dispara.)

(Las luces se apagan de inmediato, escuchándose el disparo. Luego se escucha un corazón palpitando.)

(Música: La pista Nº 6 del CD El Tiro de Gracia.)


FIN

Mamita querida

18 Minutos y 7 Personajes. Un joven le entrega su vida a Jesús cuando su madre es asesinada por unos delincuentes.

MAMITA QUERIDA



PERSONAJES

AMALIA
BEBÉ
ARMANDO NIÑO
ARMANDO ADULTO
ALFREDO
NATALIA
DELINCUENTE 1
DELINCUENTE 2



INTRODUCCIÓN

Este es una historia que pudiera pasar en cualquier sitio de nuestra ciudad, donde una madre soltera tiene que luchar con su pequeño niño, por causa del abandono. En esta situación encontramos a Amalia, una joven madre, que tiene que afrontar la vida sola con su pequeño hijo Armando, a causa de la ruptura de su matrimonio. Amalia confía en que sola cubrirá todas sus necesidades. Con la ayuda del Señor Dios Todopoderoso, confía en que en un futuro Armandito, será un hombre de provecho que estará caminando cada día con Dios. Pero por una mala casualidad le tocará vivir la trágica jugada del destino, donde será separada de su hijo.




PRIMERA ESCENA.

(Se encuentra Amalia en un parque de la ciudad conversando con su pequeño hijito Armando.)

AMALIA. ¡Mi niño querido! ¡Viniste a llenar un vacío tan grande en mi vida! Nunca te voy a dejar solo, ¡siempre te voy a querer! Haré de ti un hombre de provecho, serás un buen hombre, ¡un profesional! Te enseñaré a valorar la vida, a amarme, a respetar a tu esposa... (Con desilusión.) No como tu padre que se fue y nos dejó solos... ¡Mi niño querido! ¡Mi Armandito! Vas a crecer fuerte y saludable, nunca te hará falta nada; el Señor ha prometido estar con nosotros y sustentarnos en todo momento, pero tú ahora estás muy chiquitico para entender estas cosas, ¿no? Eres tan pequeñito, tan indefenso, necesitas tanto de mis cuidados, de mi protección... Te pareces tanto a mí... No, no, no, ¿cómo te vas a parecer a mí? Si tú eres tan lindo… Tú eres un regalo de Dios, tú eres mi pedacito de cielo. (Comienza a canta una canción de cuna.)



SEGUNDA ESCENA

(Pasados ocho años se encuentra Armandito jugando canicas cerca de su casa, con Alfredito su amigo.)

ARMANDO. Dale, dale, que te toca a ti...

ALFREDO. Sabes que si le pego, te quedas sin nada...

ARMANDO. ¡Ok! ¡Está bien! Si es que logras pegarle… (Viendo sus anteojos.) Porque con esas lupas que tienes, lo dudo mucho… (Risas.)

ALFREDO. (Molesto.) ¿Te estás burlando de mis lentes?

ARMANDO. (Sigue burlándose.) ¡Dale! ¿Qué se va a hacer tarde…? Y ya va a ser hora de almorzar y mi mamá me va a llamar.

ALFREDO. ¡No te sigas burlando! Si te sigues riendo de mí, ya vas a ver… (Hace como que va a jugar y Alfredito se tapa la boca aguantando las ganas de reír.) Entonces, ¿te vas a seguir burlando de mí? (Arroja las canicas al suelo y se le encima tomándole por el cuello.)

ARMANDO. ¡¡Yaaaa!! Suéltame… (Logra soltarse.) Oye, suéltame, no te pongas bravo… No fue mi intención… ¡¡DISCÚLPAME!!

ALFREDO. (Llorando.) ¡¡Cállate!! Tú eres como los demás, todos se burlan de mis lentes… Yo no pedí ser así… Mi mamá me dijo que los necesito para poder ver bien y tú que dices ser mi amigo, te burlas como los demás, no es justo…

ARMANDO. (Apenado.) Oye, de verdad, discúlpame… No fue mi intención, cometí un error… Te prometo jamás volverme a burlar de ti… pero no llores… Mira, mi mamá me dice que la palabra de Dios dice: “un amigo es más que un hermano” y tú eres mi mejor amigo…eres como un hermano para mí y te quiero mucho; no nos volvamos a pelear por tonterías OK. ¡Dame esos cinco, amigo!

ALFREDO. (Secándose las lagrimas.) Bueno, pero ya sabes… (Estrecha las manos con Armando.)

ARMANDO. Bien terminemos.

VOZ EN OFF. (Interrumpiendo.) ¡Armandito!, ¡la comida está servida, ven a comer!

ARMANDO. ¡Epa! Me tengo que ir, mi mamá me está llamando.

ALFREDO. (Protestando.) ¿Y no vas a terminar de jugar?

ARMANDO. No, no, no... Mi mamá me está llamando, tengo que ser muy obediente por que eso le agrada a Dios. ¿No sabes que tenemos que honrar a nuestros padres? Después seguimos. (Sale de escena corriendo.)



TERCERA ESCENA

(Diecisiete años más tarde, Armandito convertido en un hombre se encuentra conversando con su mamá, quien está planchando.)

AMALIA. Menos mal, mijo, que por lo menos conseguiste un empleo estable, porque un muchacho corno tú, bachiller de esta República, haciendo cualquier cosa por ahí, no resulta. Imagínate que ninguna nevera se descompusiera, ¿qué va ser de nosotros? ¿Ah? Porque con lo poquito que gano planchando, no alcanza, y entre pagar el apartamento, la compra de la comida, y cancelar todos los servicios, se va todo el dinero, pero el Señor escuchó mi oración y pudiste conseguir ese empleo y hasta en gracia has caído, porque tu jefe te trataba muy bien, ¿no es así? (Armando no contesta ~ vuelve a preguntar) ¿No es así, Armando? Armando, ¿tú me estás escuchando?

ARMANDO. Sí, sí, yo te estoy escuchando, mamá, pero es que estoy apurado porque hoy es la fiesta de Lisbeth, y voy a ir con Belice. Es más, me acaba de llamar y me dijo que baje en 5 minutos y no quiero hacerla esperar.

AMALIA. (Preocupada.) Pero, ¡Armando! ¿En qué habíamos quedado? ¿No me dijiste ayer que me ibas acompañar a visitar a la hermana Rosa? Ella te aprecia mucho y le gustaría verte, además siempre te he dicho que ese camino que pretendes llevar, no te va a producir a nada bueno. ¿No sabes que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios?

ARMANDO. (Molesto.) Pero bueno, mamá, ¿vas a empezar de nuevo con tu sermón? Siempre andas criticando mis amistades: que no te gusta lo que hacen…

AMALIA. Lo hago por tu bien. Tú naciste bajo la bendición de un hogar cristiano y tú me prometiste que hoy…

ARMANDO. ¡Que hoy nada mamá! Cambié los planes, ¿OK? ¿Tú crees que voy a perder mi tiempo con esa señora? No, mamá, lo siento mucho, además, ¡que la visite su familia! ¿Es que acaso se olvidaron de ella, que nosotros tenemos que estar arriba de ella?

AMALIA. ¡No hables así, Armando! Te desconozco… ¡Me estas faltando el respeto!

ARMANDO. Lo siento, mamá, pero es que a veces tú me cansas con tus sermones. Y me da mucha rabia. (Calmando las cosas.) Mira, dejemos esto hasta aquí, no quiero seguir discutiendo contigo, otro día te acompaño Ok…

AMALIA. (Reflexiva.) Como me gustaría verte en el grupo de danzas de la Iglesia. Danzándole al Señor… Dime: ¿cuándo piensas enseriarte con las cosas de Dios? Ya sabes lo que dice la palabra, “Acuérdate joven de tu creador en los días de tu juventud”. Él merece nuestra absoluta obediencia. A ver, explícame esto: ayer era Ana Teresa, ahora es Belice y mañana, ¿quién sabe? ¿Tú crees que vas a entrar en la universidad, si sigues con eso? ¿Si estás pendiente de fiestas y noviecitas?

ARMANDO. ¡Mamá, por favor! Yo entiendo que Jesucristo es mi Salvador, que murió por mí y todo eso, pero eso todavía no es para mí, ¡aún soy joven! Yo necesito vivir mi vida, ¡disfrutar mi juventud! Además, tú lo que quieres es tenerme sometido, tenerme aquí encerrado, ¿acaso tu me estás criando para que me quede contigo? Esta chica no te gusta, esta tampoco... ¡Yo no sé qué quieres tú!

AMALIA. Armando, yo solo quiero el bien para ti.

ARMANDO. ¡¡Ya!! No quiero escucharte más… ¡Me largo!

AMALIA. ¡¡Armando!! ¡¡Armando!!

(Armando sale de escena bruscamente, dejando a su madre sola.)



CUARTA ESCENA

(Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Amalia se disponía a ir al mercado con Armando.)

AMALIA. ¡Dios del cielo! Yo no sé qué pasa con este muchacho... ¡Armando, Armando! ¿Se puede saber a qué horas llegaste?

ARMANDO. (Despertándose.) ¿Qué? ¡¡Déjame dormir!! Tengo mucho sueño…

AMALIA. ¡¡No vas a tener sueño, si llegas de madrugada…!!! ¡¡Bien bonito que te está quedando esa costumbre de llegar de madrugada!! Si así fueras cuando te digo que nos quedemos en la Iglesia para hacer una vigilia… (Armando se arropa la cabeza.) ¡Anda, levántate! Necesito que me acompañes al mercadito popular. Sabes bien que hay que ir bien temprano para aprovechar los precios, además tú sabes cómo se llena eso y necesito que me ayudes con las bolsas.

ARMANDO. (Levantándose.) Mamá, todas las semanas te acompaño al mercadito popular, pero entiéndelo, acabo de llegar. Y estoy bien cansado, además los muchachos me vienen a buscar más tarde para ir a la playa. (Se vuelve a arropar.)

AMALIA. (Sarcástica.) Así que, ¿te vienen a buscar de nuevo? Bien bueno contigo... ¿Por qué mejor no te mudas y vives en la calle…? Porque ya casi ni te la pasas en la casa.

ARMANDO. (Se levanta muy molesto.) ¡Sí! ¡¡Lo que me provoca es largarme!!¡¡Ahora no se puede dormir en paz en esta casa!!

(Armando sale de escena.)

AMALIA. ¡Armando! ¡No me hables así! ¡Mira que soy tu madre! ¡Armando…! Pero, ¿quién se ha creído éste que soy yo? Que el Señor reprenda el diablo… ¡Dios mío dame paciencia con este muchacho! (En ese momento toca la puerta Natalia, la amiga de Amalia en busca de unos palitos de fósforos.) Ahora quién será…

NATALIA. Buenos días, Amalia, ¿eso que todavía estás aquí? Ya te hacia en el mercado con Armadito, como ustedes salen bien temprano... Pero menos mal que te consigo, vine para ver si me puedes regalar unos palitos de fósforos que se me apagó la cocina y… disculpa la molestia.

AMALIA. No te preocupes, Naty, no faltaba más. (Los busca y se los da.) Aquí están, ¿vas al mercado?

NATALIA. Sí, ¿por qué?

AMALIA. Para ir juntas, porque Armando no podrá ir conmigo. ¿Vamos?

NATALIA. (Extrañada.) Ah, bueno. Vamos pues. Pasamos por la casa y con eso te cuento algo de Alfredo, pero primero llevamos los fósforos, busco el monedero y nos vamos. Ese muchacho no sé qué le pasa.

(Salen de escena.)



QUINTA ESCENA.

(Horas después aparecen en escena caminando Amalia y Natalia, con las bolsas del mercado, comentando.)

NATALIA. Ay no, Amalia, con estos precios no vamos a poder ni comer. Figúrate que ya subieron la harina de trigo, no se dónde iremos a parar...

AMALIA. Pero démosle gracias a Dios porque hasta ahora nunca nos ha faltado nada, y por ese mercadito que vende barato, porque yo vi. Esa misma harina la vi más cara la semana pasada en el abasto del señor Domingo.

NATALIA. Oye pero, no sé, a mí como que se me olvidó algo. ¿Qué será? ¡Ay! Se me olvidó comprar los fósforos...

AMALIA. (Risas.) Vaya, mujer, con esa cabeza tuya… Eres tan olvidadiza… No importa, no te preocupes, te voy a regalar una cajita que tengo en la alacena.

NATALIA. Gracias, mujer, eres tan buena… Eres una santa. (De pronto ve a dos delincuente en la esquina estaban drogados.) ¡Ay, Amalia! ¿Usted está viendo esos tipos de la esquina?

AMALIA. Sí, los he visto varias veces rondando el barrio. ¿Por qué, Natalia?

NATALIA. Porque esos tipos son unos delincuentes; le dicen los “morochos” y parece que lo están buscando y le digo una cosa: para nada bueno será. En el barrio dicen que la semana pasada mataron a uno por problemas de drogas… Mejor nos vamos por la otra calle…

NATALIA. No, se darían cuenta, además, ¿qué nos pueden hacer? Van a robar a dos pobres como nosotras… (Risas.) Vamos, el Señor nos cuida.

DELINCUENTE 1. Entonces my lady, buenos días. ¿Qué pasó, viejita? ¿Por qué van tan solitas? ¿Las acompañamos?

AMALIA. No, gracias, hijo, nosotras podemos solas.

DELINCUENTE 2. ¿Qué pasó morocho? ¿Te vas a meter con las señoras? No se preocupe mi vieja….

DELINCUENTE 1. ¿Qué pasó? ¿Por qué tan nerviosa, mi doña?

NATALIA. ¿Nerviosa yo…? Eh… para nada…

DELINCUENTE 1. Entonces, mi viejita, será que nos pasa alguito para comer…

AMALIA. Mira, muchacho, yo ni te conozco, y no te voy a dar nada porque ambos sabemos bien que no es para comer sino para comprar esa basura que te metes que además te está destruyendo la vida.

DELINCUENTE 2. (Molesto.) ¿Qué pasó, mi doña? Tampoco la cosa es así… (Saca una pistola.) Ahora, vieja estúpida, me vas dar la cartera o si no ¡¡te quiebro aquí mismo!!

AMALIA. ¡¡Suelta mi cartera!! ¡¡Auxilio!!

(Forcejean y el delincuente mata a Amalia.)

DELINCUENTE 1. ¡¡Vámonos!! ¡¡Te quebraste a la vieja!! ¡¡Corre!! (Salen corriendo.)

NATALIA. (Desesperada.) ¡Amalia, Amalia! ¡No! ¡Auxilio!, ¡ayúdenos!, ¡alguien que me ayude!, una ambulancia, ¡por favor!

AMALIA. (Agonizando.) ¡¡Natalia!!, me muero… me muero… Natalia..., cuida de mi hijo... dile que lo amo… que nunca se aparte de los caminos del Señor…... dile que lo amo... (Expira.)

NATALIA. (Gritando.) ¡¡Amalia!! ¡¡Amalia!!

(Entra en escena Armando apresuradamente.)

ARMANDO. ¿Qué pasó? Señora Natalia, ¿qué le pasó a mi mamá?

NATALIA. ¡La mataron! Armando… ¡la mataron!

ARMANDO. (Conmocionado.) ¡¡Noooo!! ¡¡Mamá!!, ¡¡mamá!!, (Grita desesperado pidiendo ayuda.) Mamá, despierta, estoy aquí, soy Armando, tu hijo Armando… ¿Quién pudo hacerte esto...? ¡Mamá, por favor, no te vayas!, por favor, ¡no me dejes solo!, contéstame mama... mamá, te quiero, tal vez no lo demostré cómo te lo merecías... si tú te vas, ¿quién va a estar en tu lugar? Nadie podrá sustituirte, ¿quién paralizó tus manos que trabajaron tanto por mí...?, ¿quién apagó tu voz...? ¡Mamita querida...! (Entona la canción y luego exclama.) Mamá: ¡¡TE PROMETO QUE VOY A SEGUIR A JESUCRISTO!! Escúchame: ¡¡acepto a Jesús!!

Apartado para Cristo

8 Minutos y 7 Personajes. Pepe, un niño que le encantaba ir a la iglesia, cambia su actitud frente a ésta y no desea asistir más.


APARTADO PARA CRISTO


PERSONAJES

NARRADOR
PADRE
MADRE
HIJOS: dos niños en edad escolar
HIJOS: dos jóvenes

ESCENA UNO

(Los padres están alrededor de la mesa listos para empezar el devocional familiar.)

NARRADOR. (Voz en off.) Desde niño sus padres lo dedicaron a Jesucristo frente a la congregación de la iglesia a la cual asistían. Iba todas las semanas a la Iglesia, y participaba de las actividades de entre semana y de las actividades especiales durante el verano. Le encantaban los concursos en la Escuela porque era el que más sabía en su clase y siempre ganaba. Era puntual, le gustaba ser el primero en llegar a la clase para poder ayudar a su maestra; por eso se sentía mal cuando su mamá o su hermano se retrasaban.

MADRE. Hijos salgan ya de su cuarto que la hora avanza y no quiero que lleguen tarde a la escuela.

(Entran los hijos y se sientan alrededor de la mesa junto a sus padres.)

MADRE. ¿Quién quiere leer la Biblia hoy?

PEPE. ¡Yo, yo!

PADRE. Está bien, pero mañana le tocará a tu hermano, porque tú siempre la lees.

PEPE. Lo que pasa es que a él no le gusta leerla y a mí, sí. Bueno, leamos: Salmo 1:1-3. (Lee el pasaje bíblico.)

PADRE. Oremos. Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, Danos el pan de cada día y perdónanos como nosotros perdonamos a los demás. Líbranos de todo peligro, en el Nombre de Jesús, amén.

(La familia se despide y todos salen de escena.)


ESCENA DOS

NARRADOR. (Voz en off.) Ya han pasado varios años en esta hermosa familia. Los hijos crecieron y los padres continúan activos en sus trabajos y en la congregación, sin dejar de fomentar el altar familiar y la asistencia a la iglesia. Lamentablemente algunas cosas han cambiado, sobre todo en la vida de Pepe. Ya no es el mismo niño de antes.

(De aquí en adelante los padres muestran el paso de los años en su apariencia, y los dos hermanos están representados por los jóvenes. El padre, la madre y el otro hermano están sentados alrededor de la mesa.)

PADRE. Pepe, date prisa que te estamos esperando para empezar el devocional.

PEPE. (Asomando la cabeza.) ¿Por qué no empiezan sin mí? Todavía me falta mucho para terminar de arreglarme. No quiero a ir a la escuela desarreglado solo por tener que leer la Biblia y orar.

(Los padres y su hermano se quedan asombrados al escuchar el comentario de Pepe; se miran unos a los otros y suspiran.)

MADRE. Pepe, sal de tu habitación ahora mismo. Y si es que vas a necesitar más tiempo para arreglarte, te sugiero que pongas tu alarma media hora antes de lo acostumbrado. No vamos a empezar el devocional sin ti, tú eres parte de esta familia.

(Pepe se une de mala gana a su familia. Hacen el devocional y salen de escena.)

NARRADOR. (Voz en off.) ¿Qué estaba pasando con Pepe? Era como si no estuviera presente. Su mirada estaba perdida en el vacío, no tenía interés, no había pasión por escuchar la lectura de la Biblia o estar junto a su familia. Este fue el punto que marcó la diferencia en la vida de Pepe; fue una de las tantas veces en que sus padres tuvieron que casi forzarlo para que participara en el devocional familiar y las demás actividades, incluyendo asistir a la iglesia.



ESCENA TRES

(Todos, menos Pepe, están arreglados y con su Biblia en la mano para ir a la Iglesia.)

PADRE. Pepe, solo faltas tú, te estamos esperando.

PEPE. No quiero ir a la Iglesia hoy. Mis amigos me invitaron a un concierto y prefiero acompañarlos a ellos. Perdóname que no te lo dijera antes pero, ¿me das permiso para ir con ellos?

PADRE. Pero hijo, ¿cómo se te ocurre eso? Tú sabes que hoy lo dedicamos a Dios y a estar unidos como familia. ¿O ya se te olvidó que te gustaba ser el primero en llegar a la clase?

PEPE. Papá yo he cambiado y los tiempos también. En aquella época yo era un niño, pero ahora ya soy un joven. Tengo otras cosas que hacer, no solo ir a la iglesia.

MADRE. Hijo, sí he visto tu cambio hacia las cosas de Dios últimamente pero en realidad me sorprende tu actitud y que te expreses de esa manera.

HERMANO. Mamá, Papá, si él no quiere ir, que se vaya con sus amigos. Vámonos nosotros.

PADRE. ¿Sabes qué, Pepe? En esta casa hay reglas, y se tienen que cumplir. Diles a tus amigos que tú tienes seis días más para acompañarlos, pero que hoy es el día del Señor y de la familia.

(Salen todos.)

NARRADOR. (Voz en off.) Durante los días que siguieron a este episodio hubo mucha tensión en el hogar. La madre trataba de mostrarse fuerte, pero en su interior estaba destruida. Ella sabía lo que estaba pasando dentro de su hijo; lo comprendía porque ella había sido criada de la misma manera que ella y su esposo lo habían criado a él. Pero un día, al igual que Pepe, ella se llenó de dolor, rebelión y frustración, y empezó a llenarla una frialdad y apatía hacia las cosas de Dios y de la familia. La madre lo entendía, pero le dolía. Porque también sabía por lo que su hijo tendría que pasar para volver a experimentar el gozo del Señor. Sabía que Dios lo iba a tener que moldear, y eso no iba a ser fácil, iba a doler. Ella tenía un consuelo. En su corazón sabía que un día Dios iba hacer la obra en su hijo, porque se apoyaba en una gran promesa que Dios le había dado en su Palabra: "Instruye al niño en su camino, y aún cuando sea viejo, no se apartará de el”. Pepe se había olvidado de Dios, pero Dios no se olvidó de él. Esa madre sabe que algún día él volverá y será diferente. Ese hijo todavía va a la 1glesia de vez en cuando. Dice que ama a Dios. Pero el ambiente ha sido más fuerte; los amigos y las actividades no lo dejan acercarse al verdadero Camino. Pero un día todo cambiará, él volverá. Sí, él volverá.

¿Dónde están tus hijos?

13 Minutos y 6 Personajes. Un matrimonio está siempre discutiendo y no prestan atención a su hijo. El joven encuentra refugio en la banda del barrio y cuando los padres quieren reaccionar será demasiado tarde.


¿DÓNDE ESTÁN TUS HIJOS?
Beto Paez




PERSONAJES

PAPÁ
MAMÁ
JUAN
TIPO 1
TIPO 2
VOZ EN OFF


ESCENA 1

(Se encienden las luces. Están en escena los padres de Juan discutiendo acaloradamente de las finanzas del hogar, llega Juan.)

PAPÁ. ¡Es increíble cómo pudiste gastar tanto en este mes, mujer!

MAMÁ. ¿Y qué culpa tengo yo si no ganas lo suficiente, ah?

PAPÁ. ¿De qué hablas si me rajo el lomo por esta familia?

JUAN. Ya llegué.

(Los padres ni se percatan que su hijo ya ha llegado y siguen discutiendo como si nada.)

MAMÁ. ¿Ahora te vas a hacer la víctima, no? Típico de ti.

JUAN. ¡¡Hola!! (Casi gritando.) Que ya llegué, digo.

PAPÁ. ¡Ja! Pero si toda la culpa es tuya.

JUAN. Saqué cero en mate y creo que voy a reprobar.

MAMÁ. ¿Mi culpa? ¿Mi culpa? ¿Y por qué mi culpa?

JUAN. Necesito que me ayudes, papá.

PAPÁ. Si dejaras de pasar tanto tiempo en ese teléfono tal vez nos alcanzaría.

JUAN. Y los tipos de la esquina siguen molestando, ¿qué hago?

MAMÁ. Y si dejaras de gastarte la plata en tus chumas con tus amigos, nos alcanzaría más.

JUAN. Es inútil, (decepcionado) es como si hablara con la pared… al menos ella no habla mientras yo lo hago.

(Juan sale de escena triste, sus padres siguen discutiendo, se apagan las luces.)


ESCENA 2

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos conversando entre ellos, pasa por allí Juan y lo detienen.)

TIPO1. ¡Ey, Juanito! ¿A dónde vas amigo? (Lo toma del brazo y no lo suelta.)

JUAN. Déjenme en paz…

TIPO 2. Tranquilo, carnal, no te haremos nada.

TIPO1. Sólo queremos que nos des algo de money para comprar… bueno, ya sabes…

(Ríen entre ellos, menos Juan que se empieza a alterar y trata de zafarse.)

TIPO 2. No te esponjes, Juanito, y danos lo que queremos a las buenas.

JUAN. ¡Que no tengo nada!

TIPO 1. A ver (le da un golpe en el estomago y hurga sus bolsillos, encuentra el dinero) Ah… ¿Que no, Juanito? (Lo tira al suelo y salen riendo y burlándose de Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 3

(Se encienden las luces. El padre de Juan está en casa cuando éste llega.)

PAPÁ. Y, ¿dónde estabas? ¡Mírate, no más! ¿Ya volviste a pelear, no?

JUAN. Pero papá, tú no sabes lo que pasó…

PAPÁ. No me interrumpas, ya sé lo que pasó, siempre te andas metiendo en líos, mocoso…

JUAN. Pero no fueron así las cosas, ¡tú no entiendes…!

PAPÁ. ¡Que no me interrumpas, te digo! Estás castigado, sube a tu cuarto ahora mismo y no sales. (El padre sale de escena se queda solo Juan.)

JUAN. ¡Es increíble, ni siquiera me escuchó, ni supo dónde estuve…! Le voy a dar un verdadero motivo para que me castigue ese viejo… ya va a ver…

(Sale de escena Juan, se apagan las luces.)


ESCENA 4

(Se encienden las luces. Está la mamá conversando por teléfono, apenas si se entiende lo que dice, entra Juan.)

MAMÁ. ¡En serio! No te lo puedo creer, qué irresponsables los Naranjo con su hijo…

JUAN. Voy a salir, ya vengo.

MAMÁ. ¡Bien hecho! Se lo merecen por ser malos padres porque…

JUAN. No sé a qué hora venga…

MAMÁ. Sí, sí… No me molestes que estoy ocupada.

JUAN. Bueno, adiós.

MAMÁ. Y, ¿qué pasó con la María? ¿En serio? Y eso que ni sabes que…

(Sale Juan meneando la cabeza, la mama sigue hablando por teléfono, se apagan las luces.)


ESCENA 5

(Se encienden las luces. Están en la calle los tipos malos metidos en su vicio, llega Juan.)

JUAN. ¡Ey!

TIPO1. Juanito, ¿otra vez por aquí?

TIPO 2. ¿Que eres masoquista o qué? ¿Quieres que te volvamos a dar una paliza? ¡Ja, ja!

JUAN. No… quiero… quiero… unirme a ustedes

(Los tipos ríen entre ellos pero al ver la seriedad de Juan dejan de reír.)

TIPO 1. ¡Miren nada más a Juanito, el buenito quiere ser uno de la pata!

JUAN. ¡Sí! Ya estoy cansado de mi casa, necesito gente que me entienda y sea mi amiga

TIPO 2. Pues has venido al lugar correcto carnal.

TIPO 1. Na’ más tienes que bautizarte pa’ ser parte de nosotros (saca una bolsa de cocaína.)

JUAN. ¿Y qué es eso?

TIPO 2. Harina de repostería… (Le da un golpe en la cabeza.) Es cocaína, tonto, métetela todita carnal.

TIPO 1. Vamos, te enseño cómo hacerlo mi’jin.

(Salen de escena hablando entre ellos, se apagan las luces.)

VOZ EN OFF. Así… Juan me metió por malos caminos, y como era típico en su familia, sus padres ni cuenta se dieron de dónde estaba su hijo, ni se interesaron por averiguarlo… estaban metidos en su propio mundo sin darse cuenta de que su único hijo se estaba perdiendo…


ESCENA 6

(Se encienden las luces. Están en casa los padres de Juan discutiendo.)

MAMÁ. ¡Ya era hora que llegaras! ¿Dónde rayos estabas?

PAPÁ. Trabajando, ¿qué esperabas?

MAMÁ. Mentira, de seguro te fuiste con tus amigos a beber…

PAPÁ. ¿De qué hablas? ¡Estás loca, mujer!

MAMÁ. Ya no pasas tiempo con nosotros, nos has descuidado a mí y a tu hijo… (Empieza a llorar.)

PAPÁ. Ya no dramatices, mujer… Por cierto, ¿dónde está Juan?

MAMÁ. Pues… este… en su cuarto, creo.

PAPÁ. ¿Como que creo? ¿Como que creo? ¿No sabes que ya es media noche? ¡Cómo puedes descuidarlo así!

MAMÁ. El burro hablando de orejas. ¡Quien lo ha descuidado eres TÚ! Por si no sabes reprobó en matemáticas y está a punto de perder el año.

PAPÁ. ¿Y por qué no me lo han dicho? (Furioso.)

MAMÁ. Te lo dijo él mismo pero, como siempre, “el señor trabajo” no tuvo tiempo para escuchar a su hijo y…

(Suena el teléfono.)

PAPÁ. Pero, ¿quién será a esta hora? Deja de parlotear y contesta el teléfono.

MAMÁ. (Coge el auricular.) Halo… Sí, con la misma… ¿Qué? ¿Cómo dice? (Comienza a alterarse.) ¡No, no puede ser, debe ser una equivocación! (Llora.) No, mi hijito, no…

(Suelta el teléfono y cae de rodillas llorando desconsoladamente.)

PAPÁ. Pero, ¿qué pasa? ¡Anda, dime! ¿Qué le pasó a Juan?

MAMÁ. ¡Está muerto! ¡Está muerto!

PAPÁ. Pero, ¿cómo? ¿Por qué? (Rompe en llanto.)

(Los dos se abrazan y lloran juntos comienzan a lamentarse.)

VOZ EN OFF. Los padres de Juan recibieron la terrible noticia de que su hijo había muerto en una balacera entre pandillas.

PAPÁ. ¿Por qué no me di cuenta en qué se había metido? ¿Por qué no hice nada?

MAMÁ. ¡Mi hijo, no…!

(Entra Juan vestido todo de blanco simulando ser un espíritu, sus padres no pueden verlo ni oírlo.)

JUAN. Ya es muy tarde… no logran nada lamentándose... cuando estuve vivo no se preocuparon por mí, no se preocuparon por lo que estaba haciendo… no se preocuparon por dónde estaba… ahora ya sabrán donde estaré… en una tumba por siempre… (se dirige al público) ustedes, no permitan que a sus hijos les suceda lo que a mí, no esperen a que sea tarde para querer acercarse a ellos, para querer ser sus amigos… para saber… dónde están sus hijos.

(Se apagan las luces.)
(Se debe dar un mensaje final dirigido tanto a los padres como a los hijos.)

La familia un regalo de Dios

10 Minutos y 4 Personajes. Daniel saca malas notas en la escuela y sus padres le castigan para que se centre en los estudios. El joven se escapa de casa y en la calle se encuentra a un niño que también se había escapado de casa. Al ver la vida tan miserable que lleva en la calle se da cuenta de su error y vuelve a casa y le da gracias a Dios por la familia que tiene.


LA FAMILIA UN REGALO DE DIOS
Ana Lucia Molina Coronado




PERSONAJES

DANIEL
JUANITO
MAMÁ
PAPÁ

CUADRO 1

(Comedor de una casa. Se encuentran la mamá y el papá esperando a Daniel para comer.)


ESCENA 1

MAMÁ. ¡Daniel! Ya está lista la comida se va a enfriar.

(Entra Daniel corriendo y se sienta a comer. todos oran por los alimentos)

MAMÁ. Daniel, hoy me habló tu maestra de la escuela me dijo que has bajado mucho tus calificaciones y que no haces tus tareas.

DANIEL. ¡Ay, mamá! La maestra es una exagerada.

PAPÁ. Daniel, no hables así, tu mamá y yo estamos preocupados, te hemos dejado salir a jugar, te compramos todo lo que pides y a cambio no das nada.

MAMÁ. Así es, Daniel, creo que tendremos que tomar medidas para que cambies tu actitud.

PAPÁ. ¡Claro! Desde ahora en adelante no saldrás a jugar fútbol, limpiarás tu cuarto todos los días y estudiarás todos los días aun si no tienen exámenes.

DANIEL. Pero, pero, ¡eso no es justo! Ya les dije que la maestra es una exagerada, no puedo dejar de jugar fútbol, papá, mis amigos me necesitan en el equipo.

MAMÁ. Bueno, Daniel, si quieres premios tienes que trabajar para ganártelos, harás lo que tu papá dijo, hasta que mejores tus calificaciones tendrás tus recompensas.

DANIEL. ¡No es justo! ¡Los odio! (Sale enojado y se encierra en su cuarto).

MAMÁ. Iré a hablar con él.

PAPÁ. No, déjalo que piense lo que hablamos en su cuarto y al rato que se le pase hablamos con él.

(Terminan de cenar y la mamá empieza a juntar los platos.)

PAPÁ. Iré a ver a Daniel. (Sale el papá de escena)

(La mamá sigue juntando la mesa.)



ESCENA 2

(Entra asustado el papá corriendo.)

PAPÁ. (Alterado.) ¡Dios mío! Mi amor, Daniel no está en toda la casa, creo que se escapó porque la ventana de su cuarto está abierta.

MAMÁ. ¡Ay, no! Dios mío, por favor, cuídalo que no le pase nada.

PAPÁ. Voy a buscarlo, si no regreso, habla a la policía para que lo busquen.

MAMÁ. Está bien, apúrate, por favor.

(Sale el papá de escena y la mamá se queda asustada buscando a Daniel en la casa.)


2° CUADRO

(Callejón.)

(Se encuentra Daniel caminando por el callejón cuando ve a un niño recogiendo comida de un bote de basura y se la empieza a comer.)

ESCENA 3

DANIEL. ¡Hola! ¿Cómo te llamas?

JUANITO. Juanito, ¿y tú?

DANIEL. Daniel, oye te vi sacar comida de este bote. ¿Que no está sucia?

JUANITO. Sí, siempre como lo mismo.

DANIEL. Pero, ¿no te enfermas? Es que mi mamá dice que no debemos comer cosas sucias.

JUANITO. No, si doy gracias de haber encontrado algo para comer, a veces no hay nada y paso días sin comer.

DANIEL. Pero, ¿por qué no comes en tu casa?

JUANITO. Mira, me fui de mi casa hace mucho tiempo, mi mamá me pegaba mucho, mi papá nos pegaba a mi mamá y a mí porque siempre estaba bien borracho, nunca fui a la escuela y yo quería aprender a leer y escribir pero a mis papás nunca les importó, me pegaban mucho y no me compraban ni ropa, ni juguetes, ni nada, por eso me fui de mi casa.

(Daniel pensando un poco llora, se arrodilla y da gracias a Dios de lo que tiene, después termina de orar.)

DANIEL. ¿Sabes qué, Juanito? Te invito a comer a mi casa y a jugar en mi cuarto.

JUANITO. (Feliz.) Bueno.

(Salen de escena Daniel y Juanito.)


CUADRO 3°

(Sala de la casa de Daniel. Se encuentran los papás de Daniel preocupados.)


ESCENA 4

MAMÁ. Ya es muy tarde y no llega y la policía no habla. Dios mío, cuídalo donde esté, por favor.

PAPÁ. No te preocupes, Dios lo cuida y no dejará que nada malo le pase.

(Entra Daniel con Juanito y sus papás corren a abrazarlo.)

PAPÁ y MAMÁ. ¡Daniel!

DANIEL. Antes de que digan algo, quiero pedirles perdón. (Exhala.) Y quiero que sepan que les doy gracias por todo lo que han hecho por mí y le doy gracias a Dios por darme a los mejores papás del mundo. Él es mi amigo Juanito que gracias a él pude ver que tengo unos papás muy buenos y que se preocupan por mí, los quiero mucho y les prometo que saldré bien en la escuela y los obedeceré.

(Los papás lo miran con una sonrisa y abrazándolo.)

MAMÁ. Daniel, sabíamos que Dios hablaría a tu corazón y lo hizo, a Él dale gracias.

DANIEL. Sí, fue lo primero que hice, mamá. ¡Ah! Invité a Juanito a cenar y jugar con él y sobre todo platicarle del amor de Dios.

PAPÁ. ¡Qué bueno, Daniel! Bienvenido, Juanito, esta es tu casa.

JUANITO. Gracias, señor.

(Los papás salen de escena.)

DANIEL. Mira, Juanito, te platicaré de alguien que te ama mucho y que dio su vida por ti…

(Daniel le comparte del amor de Dios y el plan de salvación a Juanito.)

FIN

La perversidad de los hijos de Eli

10 Minutos y 6 Personajes. Obrita para intercalar en un culto, referente a la educación de los hijos. Demuestra la maldad de los hijos de Eli, y la irresponsabilidad de su padre a la hora de disciplinarlos.


LA PERVERSIDAD DE LOS HIJOS DE ELÍ
Beto Paez




PERSONAJES

OFNI
FINEES
IGOR
ISRAELITA
ELI
VARÓN DE DIOS


1ª ESCENA

(Están jugando cartas en el suelo los hijos de Elí, en eso llega el criado con un tenedor grande en la mano.)

IGOR. Ya he guardado en la refri toda la carne que enganché con el tenedor de la cazuela, amo.

OFNI. ¿Y habéis dejado algo para el sacrificio a Jehová?

IGOR. Sí, la grasa, amo.

FINEES. Esa cosa me produce espinillas, y tú, Ofni, ve a preparar la cena.

OFNI. Voy pues a calentar la carne en el micro, ayúdame haciendo el juguito, hermano.

FINEES. Bueno, vamos, ñaño. ¡Igor, barre la entrada del tabernáculo que está todo sucio! ¿A dónde se ha ido el respeto por el Señor? Por cierto, ¿cuánto cobraste por el último sacrificio? (Digiriéndose a su hermano.)

(Salen los dos hablando de sus tretas y riendo entre ello; Igor está barriendo y en eso llega un israelita.)

ISRAELITA. Buenas, siervo de Jehová, vengo a ofrecer mi sacrificio, un corderito para…

IGOR. ¿Y dónde está la ofrenda? (Con ansias.)

ISRAELITA. Ah, lo dejé amarrado en el parqueadero pero…

IGOR. Pero tenéis que dar a los sacerdotes la carne del cordero antes del sacrificio, porque no tomaremos de ti carne cocida sino crudita.

ISRAELITA. Pero no es lo que dice la ley: primero que ofrezcan el sacrificio y lo que quede será para vosotros porque…

IGOR. A ver, a ver… ¡O sea, que las sobras para los ungidos de Jehová! ¿No sabes que se hizo la consulta popular, entre los sacerdotes, ¡ja ja! (esto último lo dice para el público) y se cambió la ley?

ISRAELITA. No sé, no he sabido de ninguna consulta popular y…

IGOR. Y si no nos das la carne ahora, a la fuerza te lo quitaré… porque hay que cumplir la ley pues, la ley de los sacerdotes. ¡Je, je! (Esto para el público.)

ISRAELITA. Está bien aunque no me parece porque…

IGOR. Bueno, vamos, vamos a ver qué tal está el corderito porque hay que pesarlo y según eso es el favor de Jehová y….

(Salen conversando los dos.)



2ª ESCENA

(El mismo escenario, entra Elí.)

ELÍ. ¿Dónde se habrán metido estos hijitos míos? ¡¡Ofni!! ¡¡Finees!! Si los hubiera encaminado desde pequeños no serían así de malcriados, ¡¡Ofni!! ¡¡Finees!!... No responden mis guaguas… ¡Ah, ya sé! Les llamaré al celu (saca el celular y espera.)

(En eso entran Ofni y Finees por detrás de Elí. Contestan al teléfono y se quedan detrás de su padre sin que éste se dé cuenta.)

OFNI. ¿Haló?

ELÍ. Ofni, Ofni, ¿dónde te habéis metido, muchacho? Y, ¿dónde está vuestro hermano? (Exaltado.)

OFNI. Tranquilo, papi, que te va a dar un infarto, estamos haciendo el trabajo que nosotros los sacerdotes debemos hacer.

(Los dos hermanos hacen mímica de estar bailando, tomando o fumando y ríen entre ellos.)

ELÍ. ¡Vengan inmediatamente ante mi presencia que tengo que deciros algo muy importante!

FINEES. (Da un brinco asustando a su padre.) ¡AQUÍ estamos, viejito!

ELÍ. (Se coge el corazón como si le estuviera dando un infarto.) Casi me matáis del susto…

OFNI. Con esa cara a cualquiera, ¡ja, ja!

FINEES. ¿Qué te pasa? Y vos muy guapo te creerás… (Finees da un golpe a su hermano y comienzan a darse de manotazos.)

ELÍ. ¡Ya basta, ya basta! ¡Dejen de pelear! He oído todo lo que habéis estado haciendo con Israel, ¡cobrando por los sacrificios! ¡Comiéndose lo que le pertenece a Jehová!, ¡Acostándose con las mujeres que velan a la puerta del tabernáculo! Haciendo discoteca la tienda santa…

OFNI. Pero padre, tú conoces quiénes somos, es por pura envidia lo que dice el pueblo.

ELÍ. Por eso mismo os estoy reprendiendo… ¿Por qué hacéis estas cosas? (Llorando.)

FINEES. ¿Y quién va a hacer algo si somos hijos de Elí, el sumo sacerdote? Además, ¡somos los ungidos de Jehová! (De forma arrogante.)

ELÍ. No, hijos, no es buena fama la que yo oigo. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién lo librará?

OFNI. Ya no dramatices que esto parece telenovela viejo.

FINEES. No le hagas caso, hermano, y mejor vámonos que tenemos tope.

OFNI. Ah sí, las hijas de Buenastan, hermano.

FINEES. Tú lo has dicho: buenas están, ¡ja, ja!

(Ríen y salen de escena burlándose de lo que su padre les dijo.)

ELÍ. ¡Esperen, esperen aún no he terminado con ustedes!

OFNI y FINEES. ¡Pero nosotros sí!!

(Elí se queda solo en el escenario comienza a caminar de un lado a otro lamentándose de la situación de sus hijos.)

ELÍ. ¿Por qué? ¡Por qué! No los instruí bien en los estatutos y en las leyes de Jehová, me dediqué a honrar más a mis hijos que al Señor, ahora me lamento por cómo son rebeldes, blasfemos y… y…

VOZ EN OFF. Por tanto Jehová el Dios de Israel dice: “yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mi por siempre; mas nunca haga yo tal cosa, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel. Ofni y Finees morirán en un solo día y me buscaré un sacerdote fiel que haga conforme a mi corazón y a mi alma”.

ELÍ. Es mi culpa, sólo mi culpa… Y por ello me has juzgado, Señor. (Sale llorando.)


FIN

(Es necesario dar un mensaje respecto al tema.)

La noche de fin de año

8 Minutos y 3 Personajes. Una madre le ruega a su hijo que la acompañe en Nochevieja, que no vaya de fiesta con sus amigos y la acompañe a una reunión para adorar al Salvador. El hijo se debatirá entre su madre y sus tendencias.


LA NOCHE DE FIN DE AÑO

PERSONAJES

NARRADOR
MADRE
HIJO

NARRADOR. Al caer la tarde la madre le ha dicho:

MADRE. Esta noche Ernesto, ¿no vendrás conmigo?

HIJO. Hoy es imposible, no puedo, me esperan, mamá, los amigos.

MADRE. Pensé que esta noche, la última noche del año, hijo mío, podarías pasarla junto a mí, querido.

HIJO. No puedo, no, madre, no insistas, te pido, no creas por eso que no me afliges… Sí me gustaría pasar contigo la última noche, de veras lo digo. Pero la corriente me arrastra con brío, no puedo, me esperan los amigos, mamá.

MADRE. ¿Tan fuerte te atan? ¿Tanto es su dominio?

HIJO. Cuando uno resbala por un mal camino que va cuesta abajo le atrae el abismo, y yo he resbalado, mamá y he caído.

MADRE. Tu madre lo sabe, tu madre lo ha visto, por eso esta noche Ernesto, te pido que lo dejes todo y vengas conmigo.

HIJO. ¿Para ir a dónde?

MADRE. Verás, hijo mío, Jesús, Dios amante y Señor bendito es desde hace poco mi mejor amigo, te llevaré dónde mujeres y niños, hombres pecadores salvados por Cristo, esperan la hora en que exhala el suspiro, la última noche del año vivido.

NARRADOR. Y el hijo responde muy entristecido.

HIJO. Quisiera ir, aunque fuera ir un ratito, respirar un poco de ese aire bendito, pero no, no puedo. Resbalé y me esperan los amigos, mamá.

NARRADOR. Es el tic tac del reloj el que acompaña el respiro de la iglesia silenciosa que está esperando el suspiro final de la última noche del año que está vivido. La madre está en un rincón, los ojos humedecidos, una oración en los labios y en el corazón latidos. Es que resbaló su Ernesto y ya está con sus amigos. La hora por fin llegó, el reloj ya ha decidido con lentitud y amargura, desgranar el sonido de las doces campanadas, y que son doce quejidos. Es que fue tan bello el año; es que a tantos salvó Cristo, pero ya ha llegado el otro año nuevo bienvenido. La gente se levanta ya se terminó el suspiro, ahora besos y abrazos desean feliz camino, que Dios te bendiga hermano, que el Señor sea contigo, doce lágrimas brotaron de aquellos ojos queridos, los ojos de aquella madre que ya no está con su hijo.

MADRE. ¡Ay, reloj Grutic! ¿Por qué has dado campanadas de martirio? Ernesto ya habrá llegado, quién sabe al fin del abismo.

NARRADOR. En el rincón gime y llora, nadie su llanto ha advertido, todos están contentos por el año que ha venido, de pronto siente en su hombro una mano y un cariño, parece que es el afecto, se da vuelta y es su hijo, su hijo que no ha llegado hasta el fondo del abismo.

HIJO. Era tan triste la noche mamá con tantos amigos, era tan lindo tu rostro cuando esta tarde me has dicho que Jesús es desde hace poco tu mejor amigo, estos saludos y abrazos, estos deseos sentidos que aquí se están repartiendo, son, ay mamá, tan distintos. No son los del fingimiento, no son los del compromiso; parece que son del cielo, parece que son benditos. ¡Ay! Cómo me quedaría con vosotros si el abismo no me arrastrara a su fondo, mamá, cuando ya he caído.

MADRE. ¿De veras que te quedarás Ernesto, pequeño mío?

HIJO. Sí, mamá, siento deseos, mas creo que no es mi sino...

NARRADOR. Y con su voz temblorosa de emoción y de cariño de esperanza y de ternura la madre gritando ha dicho:

MADRE. Hermanos, venid bien cerca y orad, orad por mi hijo que ésta ha sido una llama que crece en el precipicio.

NARRADOR. La oración ha sido breve, el corazón se ha sentido, palabras han sido pocas y lágrimas se han vertidos, Amén han dicho los hombres, Amén la mujer ha dicho, Amen ha exclamado el joven, y Amén ha llorado el hijo.

MADRE. ¿Lloras Ernesto, pequeño mío?

NARRADOR. Ernesto ya no soporta tendiendo en el precipicio cae, pero de rodilla cae a los pies de Cristo, por las calles pasan hombres vitoreando el propio vicio y en la quietud de la iglesia un hombre que ya no es un niño dice abrazado a su madre:

HIJO. No llores, yo te lo pido si no podrán alejarme de ti, mamá, los amigos.

¡Escúchame, por favor!

30 Minutos y 11 Personajes. Los hijos de la familia Rodríguez viven con poca atención por parte de su padre, que no los escucha, y porque su madre está gravemente enferma en el hospital. El padre empieza a salir con otras mujeres mientras que los hijos se juntan con amigos poco recomendables. A esa familia les hace falta un salvador: Jesucristo.


¡ESCÚCHAME, POR FAVOR!
María Alejandra de la Barrera

PERSONAJES

PAPÁ: JULIO RODRÍGUEZ
MAMÁ: RINA
AMIGO DEL PAPÁ: PACO ALCAHUET
HIJA: LAURA
HIJO: FABIÁN
AMANTE: CUCHI
CRISTIANO: CRISTIAN
AMIGOS DE LA UNIVERSIDAD: DELCY, KATY, TATO
MÉDICO DE LA CLÍNICA: DOCTOR REMBERTO BUELVAS




PRIMERA ESCENA

(El padre de Laura es un hombre moderno. Su vestimenta es de ejecutivo, tiene dinero. Son una familia de muchas facilidades. Es presumido de su aspecto físico y posición social y económica. Este hombre se ama mucho a sí mismo, es orgullo y presume ser un buen padre. Laura es una chica que se encuentra deprimida por la situación de su madre: ella está en una edad muy difícil para tomar decisiones y le afecta todo lo que pasa a su alrededor.)

LAURA. ¿Me llama su secretaria? ¿Sí, dígame? ¿Que lo llame ahora? ¿Qué pasa con mi mamá? ¿Va a salir o qué? ¿Qué? Pero, ¿por qué otra vez? No, pues, chao. ¡Gracias!

PAPÁ. ¡Hola! (Despeina a Laura cuando entra y le silva.)

LAURA. Siempre me saluda como a un perro… Hoy no estoy para jueguitos, viejo, ¿ah?

PAPÁ. Antes sí te gustaba que te hiciera así en la cabeza. ¿Ya no? ¡Hum! ¿Te despeinas? ¡Je, je!

LAURA. El médico me dijo que te diera un mensaje.

PAPÁ. ¿Qué pasó ahora?

LAURA. Otra vez mi mamá en cuidados intensivos la volvieron a meter porque tuvo una recaída pero, ¿por qué no sale de eso? ¿Qué es lo que pasa?

PAPÁ. A ver, Laura, mira, ya yo he tenido que asimilar pues que en la vida pasan esas cosas, ¿no? Y pues… he tenido que asimilarlo, ¿qué podemos hacer?

LAURA. ¿Estás como desocupadito hoy o tienes algo?

PAPÁ. ¿Eh? Sí, estoy esperando que me llamen; tengo una cita de los negocios… Eh, mejor dicho dentro de un rato tengo que llamar a alguien. Sí, ya se está pasando un poco de tiempo. Bueno aprovechamos para hablar, casi nunca tenemos tiempo, ¿no?

LAURA. ¡Ah! ¿Hablar? (Exclama, muy sorprendida de lo que dijo su padre. Con una expresión de no creer lo que está escuchando.)

PAPÁ. Sí, estos tiempos tan congestionados, tan difíciles… La vida es muy acelerada, ¿no? Así que aprovechamos para hablar, ahora que hay tiempo.

LAURA. Bueno, pues yo te quería hacer varias preguntas… Realmente hace tanto tiempo que no puedo hablar contigo sobre mi mamá y tengo una caja de cosas aquí abiertas en la cabeza…

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Bueno, aquí está tu papá para escucharte, soy todo oídos… Aprovechemos, a ver, háblame, yo también estoy que hablo con mi hija, sí…

LAURA. Bueno, eh, yo tengo… Yo tengo un amigo que es cura. Él me dijo que si podía ir a orar a…

PAPÁ. (Interrumpe.) ¡Laura, Laura, Laura…!

LAURA. ¡A ver si nos hace el milagro! (Exclama casi llorando.)

PAPÁ. Mira, ese tema mejor no lo toquemos, ¿ok? ¿Sabes cuánto me desagrada oír de eso? Tenemos que admitir lo que vivimos.

LAURA. Ellos se llaman “Los Nocondos”. Tengo un grupo de amigos y todos son pues… Ellos son buenos, ellos no, no toman, no fuman, noo (dice pensando un rato) Nada, no, sí, pero… Es que hay otro grupo de amigos que… ¡Híjole! Son los contrarios… (Se ríe.) Son terribles, pues como la vida es, extremos, lógico. Yo quise salir con esos muchachos pero como...

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Laury, por una vez, mira, tú no te preocupes… Como todo en la vida, mira a mí también al principio se me dificultaba un poco pero con el tiempo se me fue aclarando, se me fue facilitando. ¿Ves? Cuestión de práctica, como todo en la vida…

LAURA. Bueno, entonces ese grupo de amigos…

(Interrumpe el papá.)

PAPÁ. Sí, te entiendo perfectamente, mija, te entiendo perfectamente, Laurita. Mira, yo quiero decirte una cosa. El pelado es morenito, ¿si o no? El pelado que te gusta es morenito y tienes miedo de decírmelo, yo sé, tú lo trajiste el otro día a la casa pero no te preocupes yo no soy racista. Yo soy una persona de un espíritu nuevo, renovado, soy una persona moderna no tengo ningún tipo de conflictos con esas cosas (trata de hablar la hija y él no la deja. Levanta el papá el tono de la voz) y es que ya una no está para tanta cosa, Laurita, yo no me voy a interponer entre tú y tu felicidad, los jóvenes de ahora tienen necesidad de libertad, tú tienes un papá modero. A ver, sigue, sigue y aprovechemos para hablar porque soy todo oídos, Laurita.

LAURA. Bueno, la verdad es que no es sobre… sobre…

(El papá interrumpe. Laura lo mira callada y desesperada porque no la deja hablar.)

PAPÁ. Te entiendo perfectamente porque sé lo que yo aprendí de mi papá. Mi papá y yo tuvimos una excelente relación y algo me decía él mucho a mí, era: (cambia el tono de la imitando a su padre) “¡Mijo! Te escucho, siempre te escucho”. (Levanta el tono de la voz) Y algo bien es que he aprendido a hacerle caso a mi Cucho, Padre, en los negocios, en mi trabajo, con las mujeres, contigo, con mi esposa, con todo el mundo escucho, siempre escucho, Laura, y me ha dado tremendos resultados.

LAURA. Sí, me imagino… No hay sino que verte. ¡Hum! Pues resulta que el grupo de amigos que te estoy diciendo…

(El papá interrumpe.)

PAPÁ. ¡Ah, ah! Tengo el tiro para las mujeres. Mira, uno conoce una mujer y las conoce a todas. Uno ve a la mujer y tiene que empezar a comprender y saber cómo piensan las mujeres. Ustedes, pues, la naturaleza las creó así y no tienen la culpa, ¿eh? Uno ve a una mujer y las conoce a las demás. Yo pienso que el coeficiente de todas más o menos funciona de la misma manera y no pues, Lara, qué te puedo decir… Puedo ver en esa carita tuya un poco de nostalgia, de depresión y eso de todas mujeres… Tú no eres la excepción, hijita.

LAURA. ¿Te diste cuenta? Pues es que, imagínate que Rosario, mi amiga, me dijo que mi mamá…

(El papá interrumpe.)

PAPÁ. Laura, yo entiendo perfecta cómo se trata esto en una mujer. ¿Cuándo una mujer está deprimida? Decía mi papá (cambia el tono de voz) Cuando una mujer se deprime, mándala de compras. ¡Sí! ¡Es perfecto! ¡Una mujer se deprime y uno la manda para el centro comercial y se le pasa! Son felices tirándose la plata, mira es un remedio buenísimo… Todas llegan felices: se airearon, cambiaron de ambiente… Tú no eres la excepción, mi vida, así que vamos a hacer una cosa: Aquí tienes plata. Te vas a un centro comercial, compras lo que quieras. Si no te alcanza aquí tienes una tarjeta de crédito. Papá paga, ¿ok? No te preocupes, mi vida. ¡Papi paga! Te llevas el carrito, sacas del garaje el que quieras… si quieres el último que te compré y no hay ningún problema, mi vida, tranquila, todas las mujeres son iguales. Mira, yo le agradezco tanto a mi viejo que me enseñara a conocerlas a ustedes porque bueno, si no las conocieras me habría metido en tantos problemas… Bueno, ya sabes, ve de compras, ¿No, mi vida? (Silencio por un momento. Laura queda pensando callada.) ¿Sí? ¿Ves como todo en la vida se soluciona con unas buenas compras y una buena charla?

LAURA. ¡Ah, ah, ah, ah! (Se para.) Por primera vez podíamos hablar, y habló él solo. No, no… ¿Que quiere que me divierta? Me voy a divertir.

(Ella va a su habitación. Él se sienta en la sala. Ella sale.)

PAPÁ. ¿A dónde vas?

LAURA. A divertirme.

PAPÁ. A divertirte… (Abre el teléfono celular.) ¿Halo? Sí, por favor, ¿Cuchi?

(Cuchi no sale en escena, sólo se escucha su voz.)

CUCHI. ¿Haló?

PAPÁ. ¿Cuchi? Sí, hablas con el Doctor Rodríguez.

CUCHI. ¿El del Mercedes Benz?

PAPÁ. Sí, sí, el del Mercedes, ¡ja! Sí, me gustaría saber si te gustaría ir conmigo por ahí a… que tomáramos un vinito.

CUCHI. ¡Ah, sí, claro! ¿Te parece a las 9?

PAPÁ. Sí, sí, a esa hora está bien. Yo te recojo, ¿ok? Besitos, chao. ¡Ah...! ¡Qué cosa son las mujeres! (Suspira profundo.)



2 ESCENA

(En la casa…)

FABIÁN. Otra vez esto está solo: mi mamá en la clínica, mi papá… ¡Hum! Seguramente salió a sus reuniones de negocios. ¡Negocios! ¡Ja! Eso dice él… ¿Laura? ¿Laura? ¿Laura? Dónde se habrá metido ésta también… seguramente está con sus amigos los raros, esos con que anda ahora, hasta el día en que… mejor no digo nada, es que… yo siempre pago los platos rotos de todo, esta casa tan grande y tan sola… Aquí hace falta algo definitivamente. Mejor veo televisión, de pronto sale algo que me vaya a servir...

(Prende la tele. Habla alguien que hace el papel de Walter Mercado.)

“La solución está aquí, llama hoy mismo, porque hemos conseguido para ti la línea más selecta de personas que te ayudarán a salir de esa soledad, de esas cuatro paredes en las que te encuentras encerrado, no seas tonto, llama ya, a la línea de Walter Basurto”.

(El apellido Mercado se cambia por el nombre de un supermercado famoso o el nombre del mercado de la ciudad.)

(Suena el teléfono.)

FABIÁN. ¿Hallo?

CRISTIAN. Gracias, es tan amable. ¿Laura?

FABIÁN. Ella no está, ¿de parte de quién?

CRISTIAN. De Cristian, un amigo. Por favor, le dices que si puede ir mañana a la iglesia, que la esperamos en el culto.

FABIÁN. ¿Curso de qué?

CRISTIAN. Curso no, el culto de oración.

FABIÁN. ¡Ahhh! Ya, ya te entiendo. Tranquilo, yo le digo.

CRISTIAN. Gracias, hasta luego.

FABIÁN. (Cuelga el teléfono.) Será hasta nunca, ¡loco! Ahí está pintada Laura… Ahora y que va a ir al culto… Esta vaina no la salva nadie, ella cree que Dios puede oírla, ¡está loca! Dios no oye a nadie, mucho menos a la loca de mi hermana… En fin, yo creo que hay que dejar que todo pase, pero y si se muere la vieja… ¡Huy! ¡No! (Se pone muy triste, casi sollozando.)



3 ESCENA



PAPÁ. Es que todo es como yo te lo digo, Cuchi, uno en esta vida tiene que saber enfrentar los problemas y no esconderse tras ridiculeces como algunos que se esconden tras las religiones y se vuelven fanáticos…

CUCHI. Sí, eso es una de las cosas que me encanta de usted, Doctor.

PAPÁ. ¿Cuál doctor? ¿Cuál doctor? Julio, por favor. Nenita, Julio… (Se acerca más a Cuchi.)

(Llega Paco y los sorprende.)

PACO. Pero, mira, nada más y nada menos que tenemos aquí al doctorcito Julio Rodríguez.

PAPÁ. ¡Hola, Paco! Paco Alcahuet, gran amigo mío. Mira… eh… Te presento a Cuchi.

PACO. ¡Hola, Cuchi! ¡Queridísima Cuchi!

PAPÁ. ¡Eh! Sí, Paquito, imagínate aquí, contándole a Cuchi que mi hija es una joya, ella siempre cuenta conmigo para todo. ¿Sabes? Antes de venir a esta cita, eso sí, con previo consentimiento de ella para salir... Además me dijo que se sentía orgullosa de su padre por la atención que yo le doy, ¿cierto, Cuchi?

PACO. (Interrumpe.) ¿Y cómo va Rina? ¿Ya salió del hospital?

PAPÁ. ¡Ah, ah, ah, ah! Sí, sí, Rina, Rina…

(Interrumpe Paco.)

PACO. Sí, Rina, tu esposa, ¿no?

PAPÁ. Bueno, verás, sí, ella está mejor, ¿sabes? Ella… Yo hablé con ella y me dijo que… Bueno, que saliera, tan linda mi esposa preocupándose para que no esté aburrido, ¡ja! Que me despejara un poco de todo a mi alrededor, ¿sabes? Oye, Paquito Alcahueta, eh, digo Alcahuet, me tengo que ir, ya es tarde. Cuchi, ¿nos vamos, verdad? Aprovecho y te llevo, ¿no? Chao, querido Paquito, nos vemos, ¿ok? Saludos, ¿ah?

(Salen.)



4 ESCENA

(Está el padre en la sala de la casa y entra Laura con una ropa diferente, un estilo a Harley Davinson. Entra hablando sola y riéndose.)

PADRE. Laurita, mi amor, ¿de dónde vienes a estas horas de la noche?

LAURA. Pues vengo de donde quiero venir, ¿sabes? De donde sea que venga está muy bien, ¿bueno? (Laura habla como una persona que ha tomado drogas.) ¡Ja, ja, ja, ja! Oiga, viejo, y ¿usted todavía está despierto? La vejez no llega sola, ¿verdad? Ya le da insomnio, ¿no? ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

PADRE. Laura, ¿has estado bebiendo? ¡Contéstame, Laura!

LAURA. Bebiendo, para nada, viejo… creo que mejor me voy a dormir porque yo sí tengo sueño.

(Laura entra al cuarto y su padre se queda en la sala pensativo. A la mañana siguiente…)

PADRE. ¿Laura? ¿Laura? (Grita el padre.) Baja el volumen de ese aparato… ¿Laura?

(Laura pone la música pone la música muy estruendosa y despierta a todos en la casa. Se levanta Fabián.)

FABIÁN. ¿Laura? Estás loca, abre la puerta y baja el volumen.

PADRE. Es inútil, hijo, mi pequeña está rarísima desde anoche.

(Suena el timbre de la casa. Fabián abre la puerta y llegan los tres nuevos amigos de Laurita: Delcy, Katy y Tato. Estos tres tienen una pinta de rockeros.)

FABIÁN. ¿Sí? ¿Qué se les ofrece?

DELCY. Laura, por favor.

FABIÁN. ¿Laura? ¿Que se traen con mi hermana o qué?

TATO. Mira, flaco, dile que aquí estamos nosotros. Ella sabe quiénes somos. Dile que vino Tato a buscarla.

FABIÁN. Está bien, un momento. Esperen allí afuerita.

PADRE. ¿Quién es?

FABIÁN. Los nuevos amigos de Laura. (Grita.) Laura, te busca Tato.

LAURA. ¿Tato? ¡Huy, sí! Ya voy…

FABIÁN. Esto es el como, deberías estar más pendiente de los pasos de Laura, papi.

PADRE. Tranquilo, hijo, Laurita es una niña linda que no se atrevería a andar con maleantes o algo por el estilo.

(Laura sale corriendo. Su padre y su hermano la miran por la vestimenta que lleva tan extraña y sin despedirse se van con sus amigos. Su padre y su hermano hacen silencio. Suena el teléfono.)

FABIÁN. ¿Haló? ¡Hola! Sí, claro, habla con el hijo. ¿Cómo está, Doctor Remberto? ¡Mi mamá! ¡Ajá! Sí, claro, entiendo. (Su padre hace cara de aburrimiento por la llamada.) Sí, aquí está él, ya se lo paso.

(Le entrega el teléfono a su padre y le dice es el Doctor Remberto Buelbas.)

PADRE. ¡Hola! Sí, doctor, bien, ¿cómo le va? ¿Que no he ido? Claro, yo entiendo que Rina necesita que esté a su lado, doctor, pero entiéndame usted a mí. No puedo abandonar los negocios y aparte de todo a mis hijos; ellos necesitan de mí. Ahora mismo están bajo mis cuidados. Ok, entiendo… No, esa decisión no la tomo ahora... Rina… sé que su estado crítico… Lo sé, claro, entiendo, entiendo… Ok, mandaré a mi hijo, ¿bueno? Gracias por todo, doctor, sí, allá estaremos. Adiós.

FABIÁN. ¿Qué te dijo? Mi madre morirá, ¿verdad?

PADRE. Mira, hijo, yo lo asimilé hace ratos. No puedo evitarlo, ¿ok?

FABIÁN. Pero, debe haber una forma de salvarla (llorando.)

PADRE. Lo siento, hijo, lo siento.

FABIÁN. Vamos a verla, papi, por favor. Nunca vas a la clínica. La única que iba era Laura y ella ahora parece que no le importa.

PADRE. Ve tú, hijo, no me gusta ver así. Después de que estaba tan linda y tan rozagante.

FABIÁN. Pero es tu esposa… Y ahora necesita de nosotros. Es el colmo… (Sale apresurado a la calle y casi tropieza a su padre al salir.)



5 ESCENA



(Al día siguiente. Laura entra a casa con Cristian. Su vestimenta ya es de una niña seria, cristiana.)

LAURA. Cristian, cantemos esa canción que me gustó, por favor.

(Cristian comienza a tocar la guitarra y comienzan a cantar “Cuan grande es Él” En esos momentos entra su padre.)

PADRE. ¡Laura! Esto es lo último. Cualquier cosa menos esto. ¿Te volviste loca? ¿Qué son esas cancioncillas que te oigo cantar?

LAURA. Padre, tengo algo nuevo que contarte…

PADRE. Un momento, yo soy el que tiene algo que contarte. A mí no me gusta ese rollo que tienes ahora. Cualquier cosa menos esto.

CRISTIAN. Perdone, Señor.

PADRE. Usted no es de la familia así que no interrumpa.

LAURA. Vámonos, Cristian. ¡Ven, vámonos!

(Laura sale con Cristian y su padre se queda solo en la sala.)

FABIÁN. Papi, ¿con quién iba saliendo mi hermana? La noto diferente hoy.

PADRE. Con un ridículo. Mejor dicho, esas malas amistades que se consiguen ustedes, los hijos, y lo hacen sufrir a uno.

FABIÁN. Bueno me voy a la clínica a ver a mi mamá. ¿Vas a ir?

PADRE. No, bueno, iré más luego, ¿ok?

FABIÁN. Ella quiere verte. Yo lo sé.

(Fabián sale y se va a la clínica.)



6 ESCENA

(De regreso. Entra Fabián bien contento. Su padre no está en casa. Luego llega Laura con Cristian y se sientan a alabar al Señor. Laura llama a Fabián para que los acompañe en la adoración.)

LAURA. Fabián, ven.

FABIÁN. Ya voy, Laura, ya voy…

LAURA. Ok, te esperamos.

CRISTIAN. ¿Cómo te sientes después de haber experimentado todo esto?

LAURA. ¡Feliz! No hallo la hora de que todo el mundo sepa lo que sucedió allá en la clínica. Estoy dichosa, ¿sabes?

FABIÁN. Aquí estoy, comencemos ya…

(Los tres empiezan a cantar una adoración a Dios cuando entra el padre.)

PADRE. Bueno, ahora sí me explican que es lo que les está pasando a ustedes dos. ¿Qué significa este alboroto?

LAURA. Sucedió algo grandioso, papi. Algo extremadamente grandioso.

PADRE. ¡Ah!, ¿sí? ¿Qué puede ser tan grandioso?

LAURA. Todos tenemos a Jesús en nuestros corazones. Eso es algo grandioso.

PADRE. Jesús, ¿de qué Jesús hablas? ¿El de la esquina donde venden la pizza?

PADRE. Sé que tengo unos hijos bien cuerdos que serían incapaces de meterse en algún lío raro.

FABIÁN. Papá, tenemos que hablar y contarte muchas cosas.

PADRE. Creo que ustedes me están tomando el pelo. ¿Cómo es que tenemos que hablar? ¿Es que acaso yo no hablo con mis hijos?

(Interrumpe Cristian.)

CRISTIAN. Los dejo, tengo que irme, adiós. (Sale de escena.)

LAURA. (Empieza a llorar.) Siempre dices que hablas con nosotros pero en realidad nunca lo haces, papi. Siempre crees saberlo todo y crees que con dinero todo queda solucionado pero no es así, así no son las cosas.

FABIÁN. Además, ¿sabes algo, papá? No pensé que tuvieras un corazón tan duro y tan rígido. No te importaba que nuestra madre estuviera muriéndose en la clínica. Nunca fuiste a verla; sólo el día que la internaste… Eso no es amor, ¿sabes?

(El padre agacha la cabeza, apenado, con sus hijos.)

LAURA. Siempre deseé tener un padre que fuera mi mejor amigo, que me aconsejara, que me escuchara pero nunca estuviste en los momentos que más te necesitaba. Siempre estabas en la empresa o tenías alguna junto con tus socios.

LAURA. ¿Sabías, papi, que mi mamá está sana, está curada? ¿Sabías eso?

PADRE. Rina… (Exclama con lágrimas en los ojos.)

FABIÁN. Sí, padre, a nuestra madre la sanó nuestro señor Jesucristo y ella está bien. Los médicos aún no pueden creerlo.

LAURA. Y hasta quiere verte, papi, no ha hecho sino preguntar por ti.

FABIÁN. Padre, Dios es real, Él está vivo, Él sanó a nuestra madre. Esto no es un cuento o fanatismo, como tú lo llamas, tienes que creer, padre, tienes que creer.

PADRE. Perdónenme, siempre he sido arrogante y orgulloso. Pensé que era el mejor padre del mundo. Dándoles lo que ustedes necesitaban y sólo pensaba en lo material. En el fondo tenía miedo de ver los problemas, de enfrentar la vida. Perdónenme, hijos, perdónenme.

LAURA. Padre, no te preocupes. Sólo pídele perdón a Dios y Él te perdonará todas tus faltas.

PADRE. Sí, enséñenme cómo puedo hacerlo, por favor. (El padre cae de rodillas.)

PADRE. Dios mío, perdóname por lo malo que he sido.

(Laura y Fabián se arrodillan junto con él y lo abrazan. El padre los besa.)

PADRE. Quiero cambiar y que seamos una familia unida. Iremos a buscar a su madre y volveremos a empezar de nuevo con Dios.

LAURA. Te amo, papi.

FABIÁN. Yo también te amo, padre.

PADRE. Perdónenme, sé que les hice mucho daño. Ahora será diferente. Quiero escucharlos. A los dos los amo.