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2012 - España
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Cuando Jesús toca a mi puerta

14 Minutos y 7 Personajes. Una mujer y sus hijas son asistidas por una doctora que desinteresadamente ofrece su trabajo a las personas más necesitadas. Lo mejor es que les testificará de Jesús en las fechas de Acción de Gracias y todos juntos compartirán ese día tan especial.


CUANDO JESÚS TOCA A MI PUERTA
Cedida amablemente por su autor: Luis Vallín


(Apc. 3:20) “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

PERSONAJES

NARRADOR
DOCTORA BORJON
JULISA
VALERIA
ANA
JOSÉ
SOFÍA



PRIMER ACTO


(El primer panorama que se ve es una sala de espera en una clínica. La gente pasando de un lado a otro, algunos pacientes sentados esperando su turno, una recepcionista apurada en el teléfono y escribiendo notas, la doctora llamando al siguiente paciente, y ahí se encuentran los personajes principales que son; la Doctora Borjon, Julisa (la mama soltera), sus hijas: Valeria y Ana, y su hijo José, y Sofía, la amiga de la Doctora. (Luz apagada.)


NARRADOR. Una sala de espera en la clínica de la doctora Borjon, un día como cualquier otro con pacientes de todo tipo es el escenario de todo el año, pero aun siendo hoy uno de los días más festejados en toda la nación: el Día de Acción de Gracias, en esta clínica siempre es lo mismo: quejas aquí, llamadas allá, y es que la Doctora Borjon trabaja horas extras ayudando a su comunidad. Una comunidad que no tiene los recursos económicos para pagar un doctor general. Ella siempre le da gracias a Dios por haberle dado ese talento de ser doctora y el don de servicio; su lema es: ‘Jesús vino a servir, no para ser servido y yo digo lo mismo’. Aquí todos la llaman: ‘el ángel’. A ella no le gusta que la llamen así pero ellos así le dicen. Hoy será un día muy especial para ella y para Julisa, ¡hoy Jesús las sorprenderá haciendo una de las suyas!

(Se enciende la luz.)

RECEPCIONISTA. ¡Disculpe! ¿Quién falta de registrarse?

JULISA. ¡Falto yo!

RECEPCIONISTA. Tenemos que llenar este formulario para nuestros archivos, luego usted lo firma. Pero antes necesito verificar alguna información personal requerida por la política de nuestra clínica. ¿Está usted de acuerdo?

JULISA. Sí, está bien.

RECEPCIONISTA. ¿Su nombre?

JULISA. Julisa González.

RECEPCIONISTA. ¿Nombre de su esposo?

JULISA. Soy divorciada, ¿tiene algún problema con eso?

RECEPCIONISTA. Ninguno, ah… Puede tomar el formulario y llenarlo en su lugar si usted lo desea. Lo firma y me lo trae. Gracias.

(Mientras Julisa va a sentarse, sus hijas empiezan a discutir por lo que siempre discuten las jóvenes de su edad (improvisar). Julisa empieza a regañarlas para que se comporten. Se apaga la luz.)

NARRADOR. A Julisa la vida no le ha sonreído muy bien que digamos. Quedó embarazada a le edad de 15 años de su primera hija: Valeria y su novio no quiso casarse. Luego, un año más tarde volvió a quedar embarazada y fue la misma historia: quedó sola una vez más y cuando por fin encontró a alguien de quien realmente se enamoró y decidió casarse a los 5 años, la abandonaron. De ese matrimonio nació José, su hijo menor, que es muy callado y que siempre pasa desapercibido.

(Se enciende la luz. Cuando el narrador termina, aparece Sofía, la amiga de la doctora. Se sienta y ahí empieza la conversación.)

SOFÍA. ¡Buenas tardes! ¿Cómo está?

(No recibe respuesta, y pregunta otra vez.)

SOFÍA. No hay mucha gente el día de hoy, ¿verdad?

JULISA. (Cortante.) No.

SOFÍA. ¿Son sus hijas?

JULISA. Sí.

SOFÍA. Hola, ¿cómo están? Yo me llamo Sofía. ¿Y ustedes?

VALERIA. Yo me llamo Valeria y ella Ana, y aquella cosa se llama José.

JOSÉ. Shut-up!

ANA. You shut-up!

JOSÉ. Whatever!!

JULISA. ¿Ya van a empezar de nuevo? ¡Compórtense como la gente y como lo que son!

VALERIA. ¡Mira quien habla! ¿No te mordiste la lengua, mamá? Si tú eres la que hace más escándalo que nosotros tres juntos, ¡con tu mal genio que ni tú te lo aguantas!

SOFÍA. ¡Perdón, perdón, no quise provocar un problema entre ustedes!

ANA. No se preocupe, ya tenemos muchos, lo mismo nos da uno más.

JULISA. ¡Perdone usted! Como ve, no somos una familia muy normal que digamos. Es solo que… no he podido ser una buena madre para llevar las riendas de esta familia y…

JOSÉ. (Interrumpe.) Here we go again!

JULISA. Y… desde que él nos abandonó… pues no he podido con estos tres, la verdad ¡no sé cómo hemos sobrevivido!

SOFÍA. Bueno, no se preocupe por eso, yo la entiendo perfectamente. Mi mamá también fue madre soltera y yo también le di muchos problemas, y por supuesto ella también sufría. Recuerdo que un día la encontré llorando en su habitación con una fotografía en la mano, en la cual estábamos mi papa, ella y yo, que tenía como cuatro anos de edad y… ella se culpaba así misma de la desgracia. Ahí me di cuenta que las dos sufríamos por igual, y que lo único que tenía yo era ella y ella a mí.

ANA. ¿Y su mamá dónde está?

SOFÍA. ¡Ella descansa en Dios! Falleció hace 3 años.

VALERIA. ¿Y cómo murió?

SOFÍA. Un accidente de carro. Otro carro la impactó en una luz del semáforo. La persona venía ebria y no vio la luz que ya estaba en rojo… y golpeó el auto de ella y ahí murió instantáneamente.

JULISA. ¿Y cómo hizo para recuperarse de todo eso? Le pregunto porque usted habla con mucha paz en su interior...

SOFÍA. No fue fácil, pero cuando conocí a Jesús y dejé que entrara en mi corazón todo cambió para bien. Pude superar muchas cosas.

ANA. ¿Y cómo puedes conocerlo?

SOFÍA. La doctora Borjon fue la que me habló de Jesús…

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Entonces ella empezó a contarles toda la historia entre ella y la Doctora. De cómo en medio de la tormenta de sufrimiento la doctora la guió a conocer y aceptar a Jesús como Salvador. También les contó de cómo cada día de Acción de Gracias se reunían para cenar y dar gracias por las cosas buenas que Dios nos da, y por la amistad que habían encontrado entre ellas porque no tenían familiares con quien compartir ese día. Julisa y sus hijos se sintieron identificados en ese área, pues ellas no solían celebrar nada porque la soledad las deprimía y al mismo tiempo le pidieron a Sofía que le mostrara a Jesús como Salvador…

(Se enciende la luz.)

JULISA. Entonces, ¿tú podrías ayudarnos a encontrar a ese Jesús el Salvador?

SOFÍA. ¡Por supuesto que sí! ¡La Doctora puede ayudarnos también! ¡Mira, ahí está! ¡Hola!

DOCTORA. ¡Hola Sofía! Pensé que no ibas a venir.

SOFÍA. ¿Cómo crees que se me va a olvidar un día como este? Mira, te presento a Julisa y su familia: Valeria, Ana, y José, nuestros invitados de honor para la cena. No tienen con quién celebrar el día de Acción de Gracias.

DOCTORA. ¡Qué bueno! Tan pronto termine nos vamos a cenar.

(Se apaga la luz.)

NARRADOR. Esa noche Jesús tocó la puerta del corazón de Julisa y sus hijos. Estaban a punto de tomar la mejor decisión de su vida, que era abrir la puerta de sus corazones a Jesús. De ahí se fueron a casa de Sofía, prepararon la mesa, conversaron sobre sucesos de su pasado, hablaron de todas las cosas que les habían sucedido: buenas y malas, y luego se sentaron a la mesa para dar gracias y cenar. Pero faltaba algo por hacer…

(Se enciende la luz.)


SEGUNDO ACTO

DOCTORA. Bueno, antes de empezar a cenar yo quiero decirles que hoy no sólo se puede celebrar un día histórico o festivo, sino celebrar dando gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, y lo que hizo por nosotros al dar a su hijo para que pagara con su muerte y sufrimiento nuestros pecados. Pero con su resurrección nos dio vida eterna.

VALERIA. Sofía nos habló acerca de Jesús que fue el que le ayudó vivir una vida nueva. ¿Usted nos puede ayudar?

DOCTORA. Sí, yo les puedo ayudar. Como les estaba diciendo Dios mandó a su Hijo Jesús para que por medio de su muerte en la cruz, pagara por todos nuestros pecados. Luego resucitó al tercer día y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Eso lo declara la Biblia. Pero hay un problema… y es que para estar con Jesús hay dos formas de hacerlo: una es siendo perfecto y yo no soy perfecta, solo Dios es perfecto, nadie es perfecto. La otra es aceptando a Jesús como tu único Salvador, porque Él es perfecto y pagó el precio por nosotros. ¿Quieren ustedes hacer esa decisión hoy?

FAMILIA. ¡Sí!

DOCTORA. OK. Primero permítanme orar por ustedes, y luego hacemos una oración juntos: Señor te damos gracias no solo por el día de hoy, sino todos los días, gracias que me permitiste conocer a esta familia, tan necesitada de ti, que nunca te habían conocido porque nadie les había hablado de ti. Pero ahora te conocerán, ¡gracias Padre! Por este privilegio que me das de guiarlos a ti. Ahora, repitan conmigo esta pequeña oración: “Señor Jesús, entra a mi Corazón y sálvame, te pido perdón por todos mis pecados y me arrepiento de ellos; creo con todo mi Corazón que tú eres Hijo de Dios, que diste tu vida por mí para salvarme y darme vida eterna, hoy te entrego mi vida, en el nombre de Cristo Jesús. Amén”

SOFÍA. Ahora que ya aceptaron a Jesús como su único Señor y Salvador de sus vidas, yo quisiera que tú, Julisa, oraras dando gracias por el día de hoy y por este milagro.

JULISA. Señor te doy gracias por habernos encontrado, gracias por poner en nuestro camino a la Doctora y a Sofía; gracias por tu amor y tu perdón. Ahora guíanos con tu poder y amor. Amén.

NARRADOR. Esa noche fue maravillosa: no sólo se celebró el Día de Acción de Gracias sino cuatro nacimientos nuevos, cuatro almas más para Cristo y se cumplió lo que Dios quería: que esta familia lo conociera, se entregara y cenara con Él. Posiblemente tú te has sentido solo o sola en estos días donde se celebra la comunión con tus seres queridos, y aun así te sientes solo, hoy Dios te habla a ti que estás sufriendo y te dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apc. 3:20

Pedid y se os dará

10 Minutos y 4 Personajes. Una niña pobre decide escribirle una carta a Dios confiando en su promesa de pedir y se os dará. Los empleados de correos se conmueven con su carta y le entregan lo que ha pedido.


PEDID Y SE OS DARÁ


PERSONAJES

MADRE
HIJA
CARTERO
EMPLEADO


CUADRO PRIMERO

(Representada en una humilde habitación. La madre en la cama, y la niña en una silla a su lado.)

MADRE. Oremos, hija mía, teniendo confianza en la promesa del bendito Jesús que dijo: "Pedid y se os dará".

HIJA. Mamá, ¿dónde está Jesús?

MADRE. Está en el cielo.

HIJA. ¿Y tiene medicina allá? Porque es lo primero que yo le quiero pedir para que te cures tú y puedas trabajar y así tendremos qué comer.

MADRE. Tú no podrías comprender si yo tratara de explicarte cómo se vive en el cielo, pero ten la seguridad que Dios puede dar todo lo que le pidas.

HIJA. Mamacita, ¿y si yo le pido juguetes me los puede dar?

MADRE. Sí, hija mía, sí puede; pero si se los pides y no te los da, no llegues a pensar que no tiene poder, o que permanece sordo a las suplicas de sus hijos. A veces no sabemos pedir lo mejor, porque no pedimos lo que nos hace falta.

HIJA. Pues, ¿cómo debemos pedir?

MADRE. Dice San Pablo que "sin fe es imposible agradar a Dios, porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan". Es decir hay que pedir con fe y confianza.

HIJA. Bueno, mamá, oremos. ¿Y le vamos a decir a Dios que mañana es Noche Buena y que estamos muy pobres, que tú estás enferma y que nos dé todo?

MADRE. Sí, hija, sí se lo podemos decir, pero siempre confiando que la respuesta que Él nos de es lo mejor.

HIJA. Bueno, mamacita, oremos pues... (Repetirá lo que diga la madre.)

MADRE. Padre celestial: Escucha tú la oración de mi hijita, y tú que conoces nuestras necesidades, contéstanos conforme a tu voluntad, y no a la nuestra, pues, estamos seguras de que lo que tú nos mandes será lo mejor. Mañana es Navidad; y es cuando sentimos tanto gozo en nuestro corazón, porque recibimos el regalo más hermoso de nuestra vida que es Jesús tu Hijo, por cuyos méritos te pedimos remedies tú nuestras necesidades.
Amén.

HIJA. Ahora, mamacita, procura dormirte.

MADRE. Tú también acuéstate, ya que es muy tarde. (Se vuelve hacia la pared.)

HIJA. (Hablando sola.) Yo no tengo sueño todavía. Voy a leer el Nuevo Testamento que me regaló mi maestra... (Después de leer unos momentos levanta la cabeza y ve que su mamá duerme. Habla para sí.) Quién sabe si entre tantas personas que le estarán pidiendo a Dios muchas cosas para la Noche Buena, nuestra oración vaya a llegarle tarde... Yo creo que sí le mando una carta a Dios me contestará muy pronto. (Busca en un rincón papel y lápiz, se pone a escribir en la silla: cuando acaba de escribir lee en voz alta y luego rotula el sobre hablando en voz fuerte. 23 de Diciembre de 200...) Querido Dios: Estoy muy triste, porque mi papá se murió, No tenemos ni luz. Mi mamacita está muy enferma. Es tiempo de Navidad. Contéstame pronto al número 17 de la calle en que vivo, que es de las Flores. Quiero medicina para mi madre y un vestido para mí. Recuerdos a los angelitos, y tú recibe el cariño de tu hija. Angélica. Al Señor Dios, en los Cielos.
Y para que camine toda la noche, voy a ponerla ahora mismo al buzón, mientras está dormida mi mamá. (Sale.)



CUADRO SEGUNDO

(Una oficina de correos. Un empleado escribiendo y un cartero acomodando y sellando cartas. Empiezan hablando en broma.)

CARTERO. Oye, ¿dónde es el cielo?

EMPLEADO. Allá arriba.

CARTERO. ¿Por qué tren se va al cielo?

EMPLEADO. ¿Cómo por qué tren?

CARTERO. Sí, hombre, aquí hay una carta al Señor Dios, en los cielos. ¿Por qué tren debe salir?

EMPLEADO. A ver, hombre. ¡Já, Já, Já! Mándala a la dirección General de Correos a ver si allá saben. Bueno, deja eso que debe ser de algún loco, y acaba.

CARTERO. De un loco o de un niño.

EMPLEADO. De un loco, pues ni un niño se le puede ocurrir que llegue una carta al cielo.

CARTERO. Yo apostaría que se trata de un niño, pues mira la letra muy mal hecha.

EMPLEADO. O de alguno que se quiere burlar de nosotros.

CARTERO. Veamos... (Rompe el sobre, saca la carta y lee en voz alta. Pausa.) ¿Crees ahora que esta carta es de un loco?

EMPLEADO. Ahora estoy seguro que es de una niñita pobre. (Queda pensativo.)

CARTERO. (Después de una pausa y con voz conmovida.) ¿Te imaginas qué triste debe ser estar pensando en la Noche Buena, con una madre enferma, sin luz, sin medicinas y sin alimentos?

EMPLEADO. En verdad que ha de ser triste.

CARTERO. ¿Quieres que hagamos algo por esta niñita?

EMPLEADO. Nosotros daremos algo de lo nuestro e invitaremos a los compañeros a contribuir.

EMPLEADO. ¿Y luego?

CARTERO. Pues ahora que voy a repartir las cartas le llevo lo que juntamos: además, aquí está la dirección.

EMPLEADO. ¿Y tú crees que la mamá va a creer que Dios mandó el dinero?

CARTERO. En primer lugar la madre no sabe de esta carta.

EMPLEADO. ¿Y cómo sabes tú que la madre no sabe?

CARTERO. Hombre es muy sencillo. No hubiera dejado a la niña escribir esta carta; porque la carta podía haber sido rota o tirada en la oficina, juzgándola, como tú lo has hecho, que sería de un loco, y exponía a su hijita a una decepción. En segundo lugar, si es cristiana y de una fe muy grande en Dios, que la hizo dejar a la niñita que escribiera en la confianza que obtendría respuesta, me alegro mucho de ser instrumento en las manos de Dios para contestar una fe tan grande.

EMPLEADO. Bueno, aceptado. Sigamos adelante con esta bendita obra.



CUADRO TERCERO

(La misma decoración que en el principio. La madre sentada en la cama. La niña en la silla.)

MADRE. Ya ves, hija mía, no hemos tenido con qué desayunarnos, pero no por eso desconfíes de Dios. Le hemos dicho que hoy es Noche Buena y le hemos pedido que nos socorra. Él sabrá cómo lo hace y a qué hora.

HIJA. Yo también estoy esperando que nos responda. ¡Oye mamá! ¿Y hay correo para los cielos?

MADRE. No, hija.

HIJA. ¿Y telégrafo?

MADRE. Podríamos decir que sí, porque la oración sube como la electricidad a través de los cables, que simboliza la fe, que es la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve.

(Se oye llamar a la puerta.)

MADRE. Oye, hijita, parece que llaman; Anda y ve quién es.

CARTERO. ¿Vive aquí la niñita Angélica?

HIJA. Sí. yo soy, yo soy…

CARTERO. Aquí tiene usted esta carta y este paquete.

HIJA. ¡OH, gracias! ¡Gracias! ¡Mamá! ¡Mamá!

MADRE. ¿Qué es, hijita?

HIJA. Es la contestación de Dios.

MADRE. ¿Cómo la contestación de Dios?

HIJA. Sí, mamacita; tú me dijiste anoche que el Señor Jesús dijo: "Pedid y se os dará". Y yo pedí anoche a Dios estas cosas y mira, ya me contestó.

MADRE. ¿Cómo se las pediste?

HIJA. Pues en una carta que la mandé al correo de los Cielos.

MADRE. ¿A qué horas?

HIJA. Cuando te quedaste dormida la hice y fui corriendo a dejarla al buzón.

MADRE. ¡Ah! Ya comprendo.... Los empleados… Sí, hijita, fue Dios el que movió a misericordia, y aquí tenemos la contestación. ¿Ya ves qué bien dijo el Señor Jesús: "Pedid y se os dará?” Y es necesario allegarnos a Dios con fe. Ahora, démosle las gracias a Nuestro Padre Celestial.

(Oran.)

MADRE. Amoroso Padre que estas en los cielos, gracias te damos por tu amor infinito y por el cuidado que tienes de nosotros tus hijos, ¡Oh buen Padre Celestial! Ya que te has dignado contestar las suplicas de esta querida hija que tú me has dejado para ayudarme y cuidarme en mis enfermedades; ya que te has servido contestar a la inocencia y la fe de mi hijita, dígnate a cuidarla de las tentaciones de este mundo conserva siempre en ella este candor, esta inocencia y esta fe. Ahora, Padre celestial, ya que nos das alimento, para nuestro espíritu y la medicina para las enfermedades del alma. Te lo pedimos, con el perdón de nuestros pecados, por tu Hijo amado, nuestro bendito y eterno Salvador, Cristo Jesús, Amén.