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2012 - España
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No estás sola

20 Minutos y 4 Personajes. Sally es una viuda que vive en la más absoluta miseria después de la muerte de su marido. Lo que no sabe es que guardaba en su casa una gran cantidad de dinero...



NO ESTÁS SOLA
loidasomo@gmail.com




(Basada en un hecho real e inspirada en una predicación sobre el Espíritu Santo. Se trata de un estudio de 5 conferencias en inglés. Si desea obtener gratuitamente esas predicaciones, clique aquí. )



PERSONAJES

SALLY
MARIAN
VECINA 1
VECINA 2


(Dos mujeres conversan en la calle.)

VECINA 1. ¿Cómo han quedado los injertos que te di? ¿Los plantaste?

VECINA 2. Sí, ya han empezado a florecer y están muy bonitos.

VECINA 1. Me alegro que te gusten. Ya te dije que te saldrían enseguida.

VECINA 2. Pues sí… (Bajando la voz.) ¡Uy! Mira quién viene por ahí.

VECINA 1. ¿Quién?

VECINA 2. Date la vuelta y la verás.

VECINA 1. (Se gira.)

(Aparece Sally cabizbaja, con ropas viejas.)

VECINA 2. Cada vez está peor esta mujer…

VECINA 1. Igual tendríamos que llamar a los servicios sociales para que se ocuparan de ella.

VECINA 2. Sí, para que les eche los gatos…

VECINA 1. ¿Qué gatos?

VECINA 2. ¿No has visto los gatos que hay siempre en su puerta?

VECINA 1. Pues no tengo mucho tiempo para observar a mis vecinas.

VECINA 2. Ni yo tampoco, mujer, pero es inevitable si vives enfrente de ella.

VECINA 1. Pues yo vivo a su lado y nunca los he visto.

VECINA 2. Bueno, que me da igual, que una mujer loca no debería vivir sola. Mira cómo tiene la casa, cualquier día se le cae encima.

VECINA 1. Da pena ver cómo está todo… Además se está haciendo mayor y va a ser mucho peor…

VECINA 2. A mí me da miedo: tan solitaria y misteriosa siempre…

VECINA 1. Es verdad, nunca habla con nadie. Igual tendríamos que ir a ver si necesita algo.

VECINA 2. Sí, y que te eche los gatos… ¡quita, quita!

VECINA 1. ¡Qué pesada eres con los gatos!

VECINA 2. Y tú pareces una monjita de la caridad…

VECINA 1. Hombre, no, sólo que me da un poco de pena.

VECINA 2. Pues eso, “hermana” (con retintín). ¿Sabes lo que te digo? Que me voy a mi casa, no vaya a llegar la sangre al río…

VECINA 1. Pero, ¡qué exagerada que eres…! Anda, dame la mano, haya paz…

(Se dan la mano.)

VECINA 2. En serio, que me voy a preparar la cena a los chicos que vendrán a casa de un momento a otro.

VECINA 1. Está bien, está bien. ¿Quedamos mañana para dar otra vuelta?

VECINA. (Despidiéndose.) Sí, a la misma hora.

VECINA 1. Entonces, hasta mañana.

VECINA 2. Hasta mañana.


ACTO II

(Interior de la casa de Sally. La casa está bastante abandonada. Se notan los muebles viejos, las ropas con remiendos y bastante desordenada.)

(Llaman a la puerta y Sally se extraña. Mira por la mirilla.)

SALLY. ¿Quién es?

MARIAN. Sally, soy yo, Marian.

SALLY. ¿Marian?

MARIAN. Sí, abre la puerta.

(Sally abre la puerta.)

SALLY. ¡Qué sorpresa!

(Se abrazan por largo rato y se besan.)

SALLY. ¡Cuánto tiempo!

MARIAN. ¡Qué alegría de volver a verte!

SALLY. ¿Cómo estás?

MARIAN. Bien, muy bien.

SALLY. Pero, ¿qué haces aquí?

MARIAN. Que quería verte y he intentado hablar contigo por teléfono pero no me daba línea.

SALLY. Es que no tengo teléfono.

MARIAN. ¿Cómo puedes estar sin teléfono?

SALLY. Bueno, ya te contaré… Pero, pasa, pasa, no te quedes en la puerta.

(Al entrar a la casa Marian se queda atónita y se muestra en su cara y en su tono de voz.)

MARIAN. Pe… Pero Sally, ¿qué ha pasado en la casa?

SALLY. ¿Está mal, verdad?

MARIAN. Bueno… Está un poco… vieja…

SALLY. Ven, siéntate aquí y hablamos.

(Se sientan en el sofá.)

SALLY. ¡Hace mucho que no nos veíamos!

MARIAN. Mucho. La última vez que vine aquí Jeff aún estaba vivo.

SALLY. Pues de eso hace más de veinte años.

MARIAN. ¡No puede ser! ¿Tanto tiempo ya?

SALLY. Sí, Jeff murió hace 22 años… así que calcula.

MARIAN. Madre mía… ¿Quién lo diría?

SALLY. ¿Te apetece una limonada o algo de comer?

MARIAN. Un vaso de agua.

SALLY. ¿Segura?

MARIAN. Sí, sí, tengo sed de agua.

SALLY. Está bien, ahora te lo traigo. (Mientras sale.) Ya sabes, como si estuvieras en tu casa.

MARIAN. Gracias, Sally. (Marian se acomoda en el sofá y se empieza a hundir. Se alza para acomodarse mejor y del impulso el sofá se rompe.) ¿Sally?

SALLY. (Desde fuera.) ¿Sí?

MARIAN. Creo que te he roto el sofá…

SALLY. (Entra con el agua y unas galletas.) Ah, no, ya verás… Levanta un momento. (Levanta el sofá de un lado y arregla la pata con un calzador.) ¡Ya está! ¿Has visto?

MARIAN. ¡Menos mal! Pensé que lo había roto…

SALLY. Ya estaba roto…

MARIAN. (Tomando el vaso y una galleta.) Dime, Sally, ¿qué tal estos años? ¿Qué has hecho?

SALLY. Pues poca cosa.

MARIAN. ¿Has hecho algún viaje? ¿Algún curso? ¿Sales con amigas?

SALLY. (Negando con la cabeza mientras Marian le preguntaba.) No, no, qué va…

MARIAN. Pues tenemos que hacer una excursión ahora que estoy yo aquí.

SALLY. Bueno, bueno…

MARIAN. No te veo muy entusiasmada.

SALLY. No, solo que…

MARIAN. ¿No te encuentras bien? ¿Pasa algo, Sally?

SALLY. No, no, estoy bien pero es que… desde que murió Jeff no he vuelto a ser la misma.

MARIAN. Es normal, pero ya ha pasado mucho tiempo.

SALLY. Sí, mucho tiempo.

MARIAN. ¿Estás bien, Sally?

SALLY. Bueno, a ratos…

MARIAN. ¿A ratos?

SALLY. Que han sido 22 años muy duros.

MARIAN. Me lo imagino.

SALLY. No, no te lo imaginas. No es sólo la pérdida de Jeff sino la vida que llevo…

MARIAN. ¿Qué quieres decir?

SALLY. Bueno, ya has visto la casa.

MARIAN. Sí, ¿qué ha pasado?

SALLY. Que se cae a pedazos: el sofá o este mantel con agujeros, (levantándose) las paredes con humedad y (acercándose a la lamparita) sin luz.

MARIAN. ¿Estás sin luz?

SALLY. Sí, sin luz.

MARIAN. Pero, ¿por qué no lo has arreglado?

SALLY. Porque no he podido.

MARIAN. Pues haber llamado a alguien para que lo arreglara…

SALLY. No es eso, Marian. (Pausa como si le costase hablar.) Lo que pasa es que no tengo dinero para permitirme esos lujos.

MARIAN. Pero estas cosas no son lujos, son cosas necesarias… Quizá algún vecino te podría haber ayudado a repararlas…

SALLY. Seguro que habría sido así pero no me hablo con ningún vecino.

MARIAN. Pero, ¿por qué? ¿Qué ha pasado?

SALLY. Pues ya ni me acuerdo de por qué… Supongo que he estado tan centrada en mi dolor que me he aislado de todo el mundo…

MARIAN. ¿Nadie vino a visitarte?

SALLY. Sí, al principio, sí, pero luego pasa el tiempo y la gente deja de preocuparse de forma tan seguida… Pero no los culpo, tampoco hice un esfuerzo yo por mantener la amistad.

MARIAN. Sally, cuánto lo siento. Perdóname por no haberte llamado antes, por no haberme preocupado por ti lo suficiente.

SALLY. Y tú a mí. Es muy egoísta por mi parte esperar que sean los demás los que muevan ficha y no preocuparme yo por ellos tampoco.

(Se abrazan.)

MARIAN. Me has hecho saltar las lágrimas. (Limpiándose los ojos.)

SALLY. Y tú a mí…

(Se echan a reír.)

SALLY. Bueno, ¿te vas a quedar varios días, no?

MARIAN. ¡Claro! Si no me echas… (Riéndose.)

SALLY. ¡Cómo te iba a echar a ti…! Dime, ¿qué te gustaría hacer estos días?

MARIAN. Nada en especial, estar contigo, hablar, dar paseos… o lo que te apetezca.

SALLY. Eso suena muy bien. ¡Ay, Marian! (Abrazándola.) Gracias por venir.

(Se apagan las luces.)



ACTO III

(Al encenderse otra vez Marian está limpiando el escritorio de Jeff. La sala tiene mejor aspecto; entra Sally.)

SALLY. ¡No me lo puedo creer! ¡La sala parece otra! Y no sólo la sala sino la casa entera.

MARIAN. Creo que los vecinos han agradecido que cortásemos los setos y además se han ofrecido para plantarnos unas flores alrededor.

SALLY. Creo que les has caído muy simpática.

MARIAN. ¡Hombre, claro! ¿No voy a caerles simpática? Les he ido recortando sus setos también estos días…

(Las dos se echan a reír.)

SALLY. No sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí y por la casa…

MARIAN. ¿Qué te parece si me lo agradeces con una limonada fresquita?

SALLY. ¡Ja, ja! Eres una ayuda muy barata. (Sale de la sala.)

MARIAN. (Sigue limpiando el escritorio de Jeff. De repente se queda asombrada y lee…) ¿Para Sally? ¡Sally!

SALLY. (Desde fuera.) ¿Qué?

MARIAN. ¿Qué es esto?

SALLY. ¿El qué?

MARIAN. Esta carta sin abrir a tu nombre.

SALLY. No lo sé, espera, ya voy…

(Al poco aparece Sally con una limonada en la mano. Se la da a Marian.)

MARIAN. He encontrado esta carta en el escritorio de Jeff.

SALLY. Nunca la había visto, pero es la letra de Jeff.

MARIAN. ¿Y no la has abierto todavía?

SALLY. Pues no; Jeff me dijo antes de morir que mirara en sus cosas pero he estado tan sumida en mi desesperación que no he tenido ganas de hacer nada. Ni siquiera he limpiado el escritorio y está igual que lo dejó él.

MARIAN. ¿Y no vas a abrirla?

SALLY. Ábrela tú, Marian. (Entregándosela.) El corazón me va a 100.

MARIAN. (Abre la carta y la lee.) “Mi amada, el tiempo que he vivido contigo ha pasado rápido pero quiero que sepas que he dejado todo arreglado para que no te tengas que preocupar de nada cuando yo no esté. Mira en la libreta del banco que hay dentro del sobre y luego toma la llave que hay dentro. Con ella podrás abrir una caja fuerte del banco. Acuérdate del amor que he tenido por ti y por favor, disfruta la vida al máximo. Con todo mi amor, Jeff”. ¡Sally, esta carta es un tesoro!

SALLY. Sí, sí que lo es. (Saltándosele las lágrimas.) Marian, no te puedes imaginar lo duros que han sido estos años.

MARIAN. (Abrazándola.) ¡Oh, Sally! Lo siento mucho. Mira, vamos a ver cómo están todas las cosas en el banco. Arréglate que salimos ahora mismo.

(Se apagan las luces.)


ACTO IV

(Se encienden las luces. Las dos mujeres están sentadas en la mesa de la sala.)

MARIAN. ¿Te das cuenta de todo lo que tenías?

SALLY. 32.000 dólares en metálico, más la libreta del banco con los intereses que se han generado en 22 años…

MARIAN. Y las acciones, y la colección de monedas antiguas… ¡Es increíble!

SALLY. ¿Qué valor alcanza todo lo que tengo?

MARIAN. Un momento que lo sumo… (Con calculadora y papeles en la mano.) 883.000 dólares.

SALLY. ¡883.000 dólares! ¡Tanto dinero en mis manos y yo sin saberlo…!

MARIAN. ¡Cómo podrías haber vivido estos años! El sufrimiento y la pena que te podrías haber ahorrado.

SALLY. Todo este tiempo aquí, en el escritorio de Jeff y viviendo en la más absoluta miseria. ¡Cuánto me alegro de que hayas venido a verme! ¿Qué habría sido de mí?

MARIAN. No pienses ya en eso. Dios ha sido muy bueno contigo y no te ha abandonado.

SALLY. Tienes razón. Dios no me ha dejado sola.

(Fin)

Cuando Jesús subió al cielo, no nos dejó solos sino que dejó al Espíritu Santo para que fuese nuestra gran ayuda. Qué pena es tenerlo y no saber que está a nuestra disposición. Si deseas saber más sobre su labor en tu vida, te animo a que escuches las siguientes predicaciones (sólo en inglés). Estas charlas me han ayudado en gran manera. Espero que sean una bendición para ti.

El buen samaritano

7 Minutos y 10 Personajes. Escenificación en mímica de la parábola del Buen Samaritano.

EL BUEN SAMARITANO

PERSONAJES

MORIBUNDO
RATERO 1
RATERO 2
RATERO 3
AMIGO 1
AMIGO 2
RELIGIOSO
INDECISO 1
INDECISO 2
COMPASIVO


Entra el personaje moribundo muy contento, y en eso llegan los rateros y le piden dinero. Como él no se lo quiere, dar lo golpean hasta que lo dejan moribundo.

Entran a escena 2 amigos muy contentos y ven al moribundo de lejos, se acercan por curiosidad y al verlo se burlan de su aspecto y luego se van sin ayudarle.

Llega el religioso y mira al moribundo, se acerca porque siente compasión se hinca para ayudarlo pero al ver que se ensucia el pantalón y que se mancha las manos de sangre, se levanta molesto limpiándose el pantalón y sale de escena olvidándose del moribundo.

Después entran los indecisos y uno de ellos ve al moribundo y le dice al otro que se acerquen. Cuando están ahí, el otro compañero opina que se deben ir pero éste quiere ayudar al moribundo. Después de un tiempo de indecisión los dos, deciden irse.

Finalmente entra el compasivo triste y pensativo, con muy mal aspecto y semblante. Luego ve al moribundo y siente compasión por él. Se acerca tratando de ayudarlo. Al pasar un tiempo sale del escenario, parece como si no se interesara más por él, pero regresa con alcohol y vendas y le ayuda. Sale con él en hombros.

El buen samaritano de este tiempo

10 Minutos y 8 Personajes. Historia moderna de la parábola del Buen Samaritano.

EL BUEN SAMARITANO DE ESTE TIEMPO

Obdulia Alvarad


PERSONAJES


NARRADOR

NIÑA

HIJA
MAMÁ

NIÑO 1

NIÑO 2

CHÓFER

ACOMPAÑANTE


NARRADOR.
"Hubo un intérprete de la ley que se levantó un día y dijo a Jesús, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
Jesús le dijo: “¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees?”

El intérprete de la ley respondiendo dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo."

Jesús le dijo: “Bien has respondido. Haz esto, y vivirás”.

(Se abre la cortina o se enciende la luz.)



PRIMERA PARTE

(Una niña entra por un lado del frente, montando una bicicleta, y llega hasta el medio y simula un repentino mareo, deja caer la bicicleta y poco a poco se deja caer como muerta. A un costado del altar se encuentra una ventana en la cual se encuentra asomando una mamá. Un poco atrás de ella se encuentra su hija hablándole en forma impaciente.)

HIJA. ¡Mamá! Hazme caso. Hace rato que te estoy llamando. ¿Qué tanto miras por la ventana?

MAMÁ. Me parece que alguien se cayó en la calle, pero no miro si se mueve.
¡Sabrá Dios si está con vida! Pero no te preocupes, hija. ¿Para qué me llamabas? Discúlpame, no te había escuchado. ¿Ya terminaste tu tarea? ¿Quieres que te ayude?

(Se cierra la cortina.)

NARRADOR. En muchas ocasiones nos damos cuenta de que alguien necesita ayuda pero nuestras ocupaciones nos hacen indiferentes al mal que está sufriendo nuestro prójimo.

Quizás podemos preguntar, como aquel intérprete de la Ley, que queriendo justificarse a si mismo, dijo a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”

Jesús le respondió de esta manera: "Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron e hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto.

Pero, ¿qué está pasando en nuestra historia? No muy lejos viene alguien: una o dos personas que pueden auxiliar a esta niña que está desmayada. Veamos que pasa...


SEGUNDA PARTE:

NIÑO 1. ¡Mira! La bicicleta que tanto quiero.

NIÑO 2. Ahora es tu oportunidad. Está como caída del cielo. ¡Corre y llévatela! Apúrate, antes que te vean.

NIÑO 1. No me atrevo...Ahí, junto a ella hay alguien. Seguro que no me va a dejar llevármela. Debe ser de ella.

NIÑO 2. Tú no te fijes. ¡Es tuya! ¿No ves que ni siquiera se mueve? Si está dormida peor para ella. Ni cuenta se va a dar.

NIÑO 1. ¿Y si se despierta?

NIÑO 2. Pues la vuelves a dormir. ¡Ándale, apúrate! Así me llevas a mí también a mi casa cómodamente en bicicleta.

(Se suben a la bicicleta y dejan tirada a la niña que está inconsciente. Se cierra la cortina y continúa hablando el narrador.)

NARRADOR. ¿Con qué facilidad las cosas materiales nos ciegan para no darnos cuenta de que hay un Dios que nos está mirando? La actuación de estas dos personas es como la de aquellos ladrones de los que Jesús estaba hablando al intérprete de la ley. ¡Malvados ladrones!

Claro que no todas las personas son así. Me recuerdo que Jesús continuó su historia al intérprete de la ley así: "Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo....



TERCERA PARTE

(Aparecen por un lado del frente un carro con chofer y acompañante escuchando la radio en la estación cristiana y vienen comentando sobre la predicación que están escuchando, caminan hasta donde está la niña en el suelo.)

CHÓFER. ¿En verdad crees que la venida del Señor está tan cerca como dicen? ¿O será que sólo tratan de asustarnos para tenernos todo el tiempo metidos en la iglesia?

ACOMPAÑANTE. Pues, hay muchas señales, tú sabes... De lo que sí estoy segura es de que nadie puede saber el día ni la hora. Debemos ser muy, pero muy cuidadosos de llevar una vida buena y agradable a los ojos de Dios.
¿No crees?

Lo que pasa es que muchas veces nos asustamos porque no estamos preparados para ese gran día.

¡Espera!...Hay alguien tirado en la acera. Vamos a ayudarle.

CHÓFER. ¡Ah! ¡Será un borracho! Ya se levantará.

ACOMPAÑANTE. No, no... Está con la cara al sol y hace mucho calor. Detente, vamos a ver si podemos hacer algo para ayudarle.

CHÓFER. No, no nos corresponde. Además, ya nos pasamos.

ACOMPAÑANTE. Pero es alguien necesitado. No importa su situación. Dios también le ama y debemos ayudarle.

CHÓFER. Ya habrá quien le ayude. No te preocupes.

ACOMPAÑANTE. Vamos a llamar al 911 . . .

CHÓFER. Te digo que no. Podemos meternos en problemas. Los que viven ahí cerca son los que deben llamar a la policía. Nosotros... ¡como que no vimos nada!

ACOMPAÑANTE. No creo que esté bien, por favor, vamos a regresarnos. ¿Por qué no me contestas? Ah, ya sé... tú corazón se ha endurecido... ¡Qué triste! Yo me siento mal por no haberme bajado a ayudar a mi semejante.

(Acompañante se muestra cabizbaja mientras el narrador continúa hablando.)

NARRADOR. Todo cristiano puede ser movido a compasión, pero no actuamos. No obstante, en su relato, Jesús le dice al intérprete de la ley que un samaritano que iba de camino se acercó al herido y viéndolo fue movido a misericordia.



ULTIMA PARTE

ACOMPAÑANTE. (Levanta la cara al cielo.) Dios, no puedo ser yo quien le ayude a esta persona. Perdóname. Pero te pido que envíes pronto tu ayuda, envía ángeles, o... Sí, sí señor, ¡envía un buen samaritano! ¿Quién será ese buen samaritano?

(A este punto se unen todos los participantes y repiten, dirigiéndose al público y al mismo tiempo.)

TODOS. ¿Hay aquí entre ustedes un buen samaritano?

NARRADOR. ¿Quién es ese buen samaritano? Jesús dijo que ese samaritano, acercándose, viendo sus heridas, echándoles aceite y vino y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: “Cuídamelo y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese”.

Le preguntó Jesús al intérprete de la ley: “¿quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?”

El intérprete de la ley le contestó: “El que usó de misericordia”.

Entonces Jesús le dijo: “Ve y haz tú lo mismo”.

(Aquí van de dos en dos los participantes a atender a la persona lastimada y devolverle su bicicleta. La levantan de la mano y se unen todos los participantes tomados de las manos y a lo largo del escenario y bajan sus cabezas en señal de terminar el drama).

La isla de los hombres olvidados


15 Minutos y 11 Personajes. Obra de mímica en la que se pondrá de relieve la importancia de las personas que están a nuestro alrededor.


LA ISLA DE LOS HOMBRES OLVIDADOS


En un lado se hallan desde el comienzo dos sillas vacías y en la pared colgado un rótulo inclinado en el que se lee: “La isla de los hombres olvidados”.

En un momento dado aparece un hombre sólo, triste y algo desaliñado, cuyo único compañero es un viejo y desafinado violín. Se sienta en una de las sillas esperando todo el tiempo una palabra amable, un gesto comprensivo, la presencia cercana de alguien a quien le importe como ser humano y acepte ser su amigo.

A continuación da comienzo la lectura en off del poema “La isla de los hombres olvidados” acompañada de una selección escogida de fragmentos musicales.

El poema se halla dividido en apartados señalados con números romanos, al final de cada uno la música se interrumpirá y aparecerán diversos personajes que mediante mímica desempeñarán diferentes actitudes hacia nuestro hombre triste y sólo, quien cada vez que entre en escena un personaje creerá ver en él, el amigo que espera y ansía.

Correlación de personajes por orden de aparición:

1. Joven. Aparece leyendo una revista, mascando chicle y escuchando música con unos auriculares. Pasa por el lugar rápido y ensimismado que ni siquiera repara en la presencia de nuestro hombre.

2. Surgen en escena dos hombres: uno de ellos ostensiblemente se aprecia que es ciego. Lleva gafas oscuras y bastón blanco. El otro con una Biblia en su mano predica al ciego la palabra de Dios. Ve al hombre, duda por un momento, pero piensa que es tan importante lo que está haciendo que manifestando una cierta impotencia con sus manos decide alejarse de la escena y continuar predicando vehemente al ciego.

3. Hacen su aparición en escena dos señoras ricas elegantemente vestidas. Al pasar junto al hombre intentan no tropezar con el bulto. Lo miran despectivamente y hacen gestos poco considerados hacia su persona. Abren sus bolsos y sin mirarle le arrojan unas monedas.

4. Pasa por el lugar un hombre de negocios con su flamante maletín, un atildado ejecutivo que siempre lleva prisa. Mira al hombre de soslayo y luego a su reloj y se va rápidamente.

5. Un médico, con su bata blanca y su fonendoscopio, acierta a pasar por el lugar. Con una mirada profesional se dirige a él, observa su aspecto un tanto lánguido, saca un termómetro y se lo mete en la boca. Le toma el pulso incluso utiliza el fonendoscopio: todo normal. Le da una palmadita, nuestro hombre lo mira a los ojos lastimosamente, el médico lo deja por imposible y se aleja haciendo gestos ostensibles de que no le sucede nada.

6. Aparece un turista que entre admirado y complacido va fotografiando todo lo que encuentra. Ve al hombre y sin cambiar su estúpida sonrisa lo fotografía también como un objeto más que forma parte del decorado. Se aleja fotografiando.

7. Surge un payaso en escena que al ver al hombre triste también él se pone triste. Después intenta hacerle sonreír con sus simpáticos gestos. Sin embargo no consigue demasiado. Se pone a pensar y de repente: ¡Eureka! Cree que ya ha hallado la solución. Se va pero le promete volver enseguida.

8. El payaso trae a un niño. El hombre triste y olvidado se pone contento. Se hacen amigos. El payaso les regala una flor a ambos y los tres contentos salen por el centro.


Poema: “LA ISLA DE LOS HOMBRES OLVIDADOS”


Tus ojos están hechos para la luz,
para el verde de la primavera
y para el blanco de la nieve
para el gris de las nubes y el azul del cielo
para las estrellas de la noche
y para el increíble milagro
de tantas personas maravillosas
que te rodean.
Tu boca está hecha para la palabra,
para cada palabra amable que otro espera.
Tus labios están hechos para un beso
y las manos para la ternura,
Para el consuelo y la ayuda del pobre.
tus pies están hechos para el camino
que conduce a los desamparados.
Tu corazón está hecho para el amor
y el afecto hacia los que tienen frío
y viven en soledad.
Tu cuerpo está hecho para la intimidad
con los demás.


Tú no logras vivir sin alguien que te quiera, que te haga entrar en sus pensamientos, alguien con quien de vez en cuando puedes confiarte, que se preocupa por ti y te da la bienvenida. Encuentras a muchas personas pero sólo algunas entran en lo íntimo de tu vida y se convierten en tus próximos. Te digo: es una gracia, una bendición, si son personas de corazón, junto a las cuales te sientes seguro, junto a las cuales tu corazón se encuentra en su casa. Sin estas personas junto a ti tu vida sería árida e insoportable. Hoy son innumerables los que no tienen absolutamente a nadie. Nadie que se ocupe de ellos, que se incline sobre su humanidad y les regale una parte de corazón. Y con todo también su corazón está sediento, aspira a una migaja de afecto, a un poco de ternura, a unos brazos en los que descanse seguro.


Tú sabes que los hombres son pequeños, pobres, que están solos, que son débiles y vulnerables. Sabes que hay lágrimas que nadie seca.
Sabes que no hay mayor tristeza que la de un corazón incomprendido por todos. Sabes que para algunos la vida es un insoportable dolor. Haz lo posible para comprender a los hombres, para ayudarlos.
Entra en su sufrimiento, en su soledad. Baja de la cumbre de la autosuficiencia hacia el valle de los hombres solos y enfermos. Sé bueno, intenta comprender la indecible nostalgia de felicidad que, a veces, los hombres expresan por medio de ansias y deseos insensatos.
Construirás así tu propia felicidad. En tu soledad y en tu debilidad florecerán entonces deliciosos momentos que te levantarán más allá del ritmo cotidiano de la vida. Tendrás un corazón para aliviar a todos los hombres y para abrazarlos.
Sólo en la ternura se encuentra el consuelo final para todos los hombres que viven en el frío de nuestra sociedad glacial.


Pero… no dosifiques tu amor como un farmacéutico.
No calcules antes cuánto dar,
hasta donde debe llegar tu amor.
No cortes al amor su espontaneidad.
El amor pesado y medio no es amor.
Es cálculo. No da alegría.
Este tipo de amor no te hace feliz.
Para muchos la vida es estéril
porque no conocen la amistad,
porque nadie les quiere.
Por más que la busquen,
no existe para ellos una señal
de simpatía o de afecto.
¡Para ellos nunca florece una flor!
Y, sin embargo,
¡las flores realizan milagros!
¡No es necesario que sean exóticas o caras!
Flores corrientes, sencillas:
una sonrisa, una palabra amable,
Un gesto amigable.
La flor más sencilla, si sale del corazón,
habla de un trozo de cielo sobre la tierra,
donde los hombres son ángeles,
donde, por cada angustia,
por cada sufrimiento y cada lágrima
existe un dulce consuelo,
donde, los unos para los otros,
los hombres se abren como flores.


Casas y más casas…
Piso sobre piso.
Desbordantes de gente.
La soledad es un mal moral que no se cura sencillamente poniendo a las personas unas al lado de las otras. Hoy más que nunca la gente se amontona angostamente en los edificios, en las casas de pisos y en los lugares de vacaciones. Es precisamente allí donde se advierte la más fuerte y pavorosa soledad.
Largas filas de casilleros postales,
con etiquetas muy cuidadas.
Gran cantidad de personas,
personas bien vestidas,
personas que nadie conoce.
Se miran.
Cogen juntas el ascensor.
Miran frente a sí.
Saben que el otro existe,
como un objeto, como un poste
contra el cual hay que evitar el choque.
Gente de ciudad,
gente sola en la ciudad. Sola.
La soledad que hoy en día hiere a tanta gente nace de un profundo vacío espiritual, de la incertidumbre y de la angustia. Los mismos psiquiatras no pueden hacer gran cosa. Entre otras cosas porque no todos tienen dinero para pagar sus servicios.


¿Y tú? ¿Qué haces tú?
no pienses que cumples con tu deber hacia el amor
si te contentas con mirar
cordial y amablemente
a las personas que te rodean.
Esta es una benevolencia que cuenta poco
y una ilusión de amistad.
Te tranquiliza.
No haces daño a nadie.
Respetas los derechos de los demás.
¡Haces demasiado!
Si quieres amar de veras debes dedicarte
con solicitud profunda y auténtica
a las personas
con las que vives bajo el mismo techo
con las que trabajas durante todo el día
con las que viajas
con las que te diviertes, juegas y ríes
con las que no te caen bien
con las que no pertenecen a tu círculo social o intelectual
una solicitud de este tipo
que te sacuda, te arranque
de tu pequeña espera de intereses
es absolutamente necesaria.
No debes dejarla nunca de lado,
ni siquiera cuando estorbe
Tu paz y tu tranquilidad.
Quizá sea incluso un bien
que te molesten
que la atención
amigable y afectuosa hacia los demás
comporte, a veces,
disgustos o preocupaciones
que tú mismo no podrás confiar a nadie
la solicitud es fruto
De un amor auténtico.
Puede hacerte sufrir,
pero, a fin de cuentas,
te aporta el mejor don.
Ella da la vida, da color a tu existencia
y, a veces, te regala
un sentimiento de profunda gratitud,
una especie de paraíso
desconocido.


A las cosas puedes tratarlas sin amor.
Puedes derribar un árbol,
arrancar una mata.
Puedes romper un vaso,
tumbar una silla…
A las cosas puedes tratarlas de cualquier forma,
aunque no te sea del todo indiferente
Ver pisotear una flor.
A los hombres puedes “manejarlos”
solamente con amor.
Si no eres capaz de amar a los hombres,
quédate sentado en tu rincón
y ocúpate de ti mismo
O de cosas fútiles y sin vida.
Pero deja en paz a la gente.
Quizás trabajas en la administración,
ves únicamente papeles,
formularios o números
y nunca se te ocurre pensar
en el ser humano que tienes delante.
Trabajas en una oficina, en una escuela,
en una fábrica o en una tienda
y en todo el día
no encuentras hombres,
sólo máquinas parlantes.
Detrás de cada rostro
busca al hombre: ¡Ámalo!
Ama al hombre,
sea alto o bajo,
guapo o feo,
alegre o serio,
amable o antipático,
feliz o desgraciado,
rico o pobre,
culto o ignorante,
influyente o no.
Tu amor le hará bien.
Tú también sabes reconocer
si alguien se interesa en ti
por amor o por otras razones.
Si uno te aprecia,
es atento y afectuoso.
Te hace pasar un momento agradable.
Lo mismo sucede con las personas
con las que tú tienes que tratar.


Nuestra vida en comunidad es difícil. Nuestro lenguaje está a menudo cargado de amenazas y de violencia. ¡Protestar, contestar, luchar! ¿Para qué? ¿Por una sociedad más humana? Nosotros deshumanizamos nuestra sociedad renunciando al más mínimo respeto y a toda delicadeza en nuestras relaciones. Seguimos creyendo en la fuerza. Queremos tener razón y hacemos todo lo posible para ser los más fuertes. Nuestros sentimientos se empobrecen. Más que nunca necesitamos dulzura, ternura. Uno se vuelve delicado cuando se da cuenta de cuál frágiles son las cosas y cuán aislados están los hombres. Piensa en las numerosas, numerosísimas personas a quines el mal, la enfermedad, la pobreza, el desfallecimiento aleja lentamente de la vida. Ellas buscan una sonrisa, esperan una palabra amable, necesitan amistad y comunicación.
Revístete de ternura y de comprensión para todos los hombres que te rodean y no dejes nunca más a nadie aislado.