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2012 - España

La verdadera Navidad

13 Minutos + Cantos y 14 Personajes. María y José acuden a una pequeña ciudad a buscar hospedaje. Es una obrita navideña adecuada para representar con un grupo de niños ya que va intercalada con varios cantos.


LA VERDADERA NAVIDAD


PERSONAJES

NARRADOR
DAVID
LUCAS
JOSÉ
JUAN
MARÍA
RUBÉN
RAÚL
LOIDA
PAPÁ NOEL
CASTAÑERA
ETEL
JARI
BEGOÑA


NARRADOR. Con el transcurso del tiempo, el sentido de la Navidad se ha ido difuminando. Para muchos no es más que una historieta, una leyenda… Para otros, mucho más que un capricho humano fue una solución a toda persona. Y mientras muchos están preocupados por el fin del milenio, la subida del dólar o la bajada del euro, Jesús toca de nuevo la puerta de nuestros corazones, una Navidad más.

DAVID. ¡Pero qué frío hace esta noche! Ya es víspera de Navidad y la gente sale a la calle sin importarle este tiempo.

LUCAS. Y… ¿has visto qué ambiente? ¡Me encanta la Navidad!

DAVID. ¿Ambiente? Para nosotros el mismo de todos los días: frío, hambre y sin lugar para descansar.

LUCAS. Pues así estaban María y José la noche que tenía que venir Jesús.

DAVID. ¿No me digas que tú crees en esas leyendas? Lucas, eso fue un cuento, una historia del pasado ¡Qué más da!

LUCAS. Por lo que veo este frío te ha helado no sólo el cuerpo sino también el corazón. Si entendieras que Jesús fue la gran solución a todo corazón humano lo entenderías mejor.

DAVID. Eso son niñerías y si me pasara hoy, pensaría lo mismo que ni Navidad ni nada, me hace entrar en razón.

LUCAS. Existen personas que celebran la verdadera Navidad aceptando a Jesús cada año como… ¡Espera David! Si te contara la Historia quizás lo entenderías mejor.

JOSÉ. Perdones ustedes, ¿conocen un sitio donde podamos dormir?

DAVID. ¡Madre mía! La gente cada vez es más rara para ponerse un disfraz en Navidad. Pues mire… si yo supiera un sitio donde dormir gratis ya me hubiera ido yo.

LUCAS. Pero David, ¡qué poco amable eres! Perdone señor, no conocemos pero les podemos acompañar y buscar juntos ese lugar.

DAVID. ¿Qué? ¿Te has vuelto loco? Pero… ¿Que te crees que eres Papá Noel o qué?

LUCAS. No David, pero estás pobres personas necesitan ayuda, ya lo ves. Y siendo vísperas de Navidad no nos podemos negar.

DAVID. ¡Hala! Pues que empiece el paseíllo, ¡como no tenemos nada que hacer!

LUCAS. Mira David, ya se preparan los niños para cantar en la plaza del pueblo como cada año. Me encanta, no me puedes negar que esta época del año no tiene un encanto especial. Vamos a escucharlos.

C A N T O

DAVID. La verdad es que son una ricura, pero vamos, a mí no me dicen nada.

LUCAS. Mira David, ahí hay un señor, le voy a preguntar a ver si sabe dónde podían ellos pasar la noche.

DAVID. Pregunta, pregunta, “hermanito de la caridad”.

LUCAS. Disculpe, señor, ¿sabe dónde hay un lugar para dormir, que sea económico?

JUAN. No, no y mil veces no.

LUCAS. Bueno, bueno. Sólo era una pregunta, no quería molestar.

JUAN. Esto es el colmo, la hecatombe… perderé millones, millones, ¡es el caos!

LUCAS. ¿Sólo por decirme dónde hay un hotel?

JUAN. ¿Qué hotel ni ocho cuartos? Por la caída de la bolsa, la subida del petróleo. Por la bajada imparable del euro… perderé millones en mi empresa.

MARÍA. ¿Qué son dos millones, José?

JOSÉ. No sé María, me imagino que se referirá a alguna posada.

LUCAS. Pero hombre, ¡anímese! Es víspera de la Navidad.

JOSÉ JUAN. ¿Y qué? Para mí la Navidad es dinero y mi mejor regalo es una cuenta bancaria llena de ceritos siguiendo a cinco o seis… y de ahí para arriba. (Se coge la cabeza desesperado y se va)

DAVID. Lo ves, Lucas, la gente va a lo suyo, para nada creo que les importe a muchos el asunto de la Navidad.

LUCAS. No nos podemos dar por vencidos, estoy seguro que alguien nos ayudará. Mira por ahí vienen los barrenderos, ellos están mucho por las calles. Vamos a preguntarles.

DAVID. Vale, vale… Señores, disculpen, ¿conocen ustedes algún hotel para hospedar a esta gente (por lo bajito) “tan rara”?

RUBÉN. (Sin levantar la mirada sigue barriendo) No, no conozco nada, sólo mi escoba y… levante esos pies señora, (al público) y las hojas de este lugar que no se acaban nunca, cada vez hay más.

RAÚL. Señor, no tire papeles (grita al público) respete nuestro trabajo, que casi es Navidad.

RUBÉN. Mire, pregúntele a ése, quizá sepa algo.

LUCAS. ¿Usted sabría dónde podrían pasar la noche esta pareja?

RAÚL. Ni idea, ni tiempo que gastar. ¡Que se las apañen como puedan, yo tengo que currar!

LUCAS. ¡Qué amables, qué sinceros! Dan ganas de llorar. Ni nos han mirado.

DAVID. Pero si es que yo ya lo sé y tú venga y venga empeñándote.

LUCAS. Pues no pienso darme por vencido.

MARÍA. Estoy muy cansada, José, ¿nos podemos sentar un poco?

JOSÉ. Claro, María, vamos a buscar un sitio.

DAVID. Venga, venga, siéntese aquí, mire ahora hay un grupo musical que sale a la Plaza. Vamos a verlo.

G R U P O M U S I C A L

LUCAS. Esto sí que me pone el corazón a tono con la Navidad. ¡Eh, vosotros! Esperad, esperar, ¿podríais decirnos si sabéis de algún lugar para pasar esta noche?

GRUPO. No, no tenemos ni idea…

DAVID. Mira Lucas, no desistas, si no es uno será otro. Por ahí llega otro grupo.

LUCAS. Perdone…

LOIDA. Oiga, por favor, no moleste que vamos a cantar.

LUCAS Sólo quería preguntarle si sabía de algún sitio para pasar esta noche.

LOIDA. Pues no lo sé, vaya si acaso a alguna oficina de información y turismo o yo qué sé… perdone pero debemos empezar.

LUCAS. Vale, vale, gracias y no le molesto más.

C A N T O

DAVID. ¡Cómo está el barrio este año! Nunca me había fijado de todo lo que montan los colegas y los vecinos de por aquí. Anda, mirad quién viene por allí, un grupo de chiquillos armando alboroto. ¡Cómo les va esto de las fiestas!

Un grupo tira serpentinas y conffetti por todos los bancos.

MARÍA. ¿Quién les persigue, José?

JOSÉ. Será algún cobrador de impuestos, creo yo.

DAVID. La verdad es que no sé lo que me pasa, pero parece que estoy sintiendo algo raro.

LUCAS. ¡Ay, David! Que ya veo cómo tu corazón frío se empieza a descongelar. Mira, voy a preguntarle a ese Papá Noel de la esquina. Esperad. ¿Podría decirme si conoce por aquí cerca algún sitio en el que pasar la noche?

PAPÁ NOEL. No me molesten, estoy ocupado, no tengo tiempo para nada, pregunten a esa castañera que pasa más tiempo ahí parada.

LUCAS. Perdone y gracias. (Va hacia la castañera) ¿Podría decirme si conoce algún sitio dónde podrían alojar a esta pareja?

CASTAÑERA. Pues yo no sé, la verdad, pero aquí hay gente de muy buena voluntad. Conozco a una familia que quizá les puede prestar una habitación pequeña donde poder pasar la noche.

LUCAS. No sabe cómo se lo agradeceríamos.

CASTAÑERA. Mire, justo ahí, a la derecha. Esta es casa, pregunten y buena suerte. ¡Ah! Espere buen hombre tenga unas pocas castañitas calientes para templar un poquito el cuerpo.

LUCAS. Gracias, señora, mil gracias. (Se dirige a los demás) ¡Eh, venid! Buenas noticias, creo que tengo la solución.

MARÍA. ¿No tendré que andar más, José?

JOSÉ. Paciencia María, paciencia, vamos a ver dónde podemos descansar.

LUCAS. Perdonen que les molestemos, su amiga la castañera nos dijo que quizá ustedes podrían alojar por esta noche a esta pareja. Ya ves el estado de la señora y no encuentran ningún sitio donde pasar la noche.

ETEL. Pues no tenemos ninguna vacía aunque dadas las circunstancias… la nuestra serviría.

JOSÉ. No, por favor, no podríamos aceptar tal ofrecimiento pero cualquier rincón nos servirá. María pronto dará a luz al bebé.

JARI. Tenemos un pequeño trastero muy cómodo y acogedor pero no creo que sea la solución.

MARÍA. Créame que sí servirá y le estaremos muy agradecidos.

JARI y ETEL. Pasen, pasen, están ustedes en su casa. (Se despiden en la puerta. David y Lucas en la calle.)

DAVID. La verdad, Lucas, es que no esperaba que hubiera todavía personas con tan buenos sentimientos. Anda, otros zagalitos para cantar, ¿nos quedamos a escucharlos?

LUCAS. A mí ya sabes que encanta.

BEGOÑA. Por favor, se podrían poner a un lado, vamos a cantar. Chicos, chicas, preparados…

C A N T O

LUCAS. ¿Qué piensas David?

DAVID. Pues que de verdad siento alegría en mi corazón, que hasta ahora estaba dormido e indiferente. (Se oye el llanto de un bebé)

LUCAS. ¿Oyes? ¿No es un milagro que ante tanta confusión, Dios haya elegido enviar a su Hijo como un niño para darnos la Salvación.

DAVID. ¡Ya lo creo que es un verdadero milagro! Debemos celebrar y valorar lo que es Navidad, la verdadera Navidad.

Enseñar, ayudar, corregir

17 Minutos y 11 Personajes. Esta es una historia de una madre y dos hijos, que representan el mundo y Cristo. Esa madre que sigue al mundo y desprecia a Cristo. Esto es para que los padres de las iglesias sepan lo importante de llevar a sus hijos a la iglesia para que sean instruidos espiritualmente.



ENSEÑAR, AYUDAR, CORREGIR
María Laura Herrera



ESCENARIO
La cocina-comedor de una casa. (Tener varias sillas a mano, pero que aún no estén puestos en escena).

ATREZZO
Mesa, Teléfono, Masa (Harina y agua), platos, vasos, cubiertos, sillas, manteles.

PERSONAJES

MAMÁ
MARÍA (15 años)
EDGAR (13 años)
ELISA
PRISCILA
MARTÍN
MATÍAS
AGUSTÍN
ROXANA
JULIETA
ISMAEL


ESCENA I

MAMÁ. (Está en la cocina sola amasando unos ñoquis para su hija preferida.) ¿Cómo era que se hacían los ñoquis? ¡Oh Dios! Voy a llamar a la hermana Rosa que ella es quien cocina siempre en la iglesia, debe saber algo. (Va al teléfono y marca.) ¡Hola! Sí, hermana Rosa, disculpe, ahhhh… Sí, ya voy a ir a la iglesia, pero sabe la llamaba porque, ahhhh… Sí, es que anduve enferma. Le decía la receta, el domingo sin falta ¡VOY, HERMANITAAA!, ¡Ay! ¿Tendrá la receta de ñoquis a mano? Bueno, anoto, ¡ah! Si sí, listo, gracias… Sí, sí nos vemos en la iglesia. Chao, besitos, gracias. (Cuelga el teléfono.) ¡Ay, qué mujer tan pesada! ¿Qué le importa la vida de los demás? Pero al fin voy a poder hacerle los ñoquis a mi bebé.

MARÍA. (Entra por la derecha con unas plantas para colocar al frente en algún rincón, enojada.) ¡Mamáaaa! Ahí están de nuevo en la canchita de ahí al frente jugando los vagos, atorrantes inútiles e inservibles muchachos al fútbol y seguro debe estar tu hijo. Sí, sí ése ya debe estar ahí porque es más atorrante que todos esos juntos. Claro y yo acá trabajando, limpiando mi habitación… No puede ser, esto no puede ser. (Se va enojada por la derecha nuevamente después de haber dejado las cosas en su lugar.)

MAMÁ. ¡¡¡Edgar!!! ¡¡¡EDGAAAAAAAAAAARRRRRRRRR!!!

EDGAR. (Entra por la izquierda vestido como de jardinero, con alguna pala en mano y alguna planta.) Sí, mamá acá estoy, ¿qué necesitas?

MAMÁ. Ya mismo me decís adónde estabas ¡yaaaaaaa! (con grito y tono de enojada.)

EDGAR. Estaba haciendo lo que vos me habías mandado: arreglar el jardín de la casa.

MAMÁ. ¡Hum! ¿Sí? ¿Seguro?

EDGAR. Sí, mamá.

MAMÁ. ¡Hum! Bueno, más te vale. Anda, seguí haciendo eso que ya te voy a llamar a comer.

EDGAR. Sí mamá. (Se retira.)

MAMÁ. (En tono de enojada.) ¡¡¡Maríaaaaaaaaa!!! ¡¡¡Maríaaaaaaaaaaa!!!

MARÍA. (Viene corriendo.) ¿Sí, mamá? ¿Qué pasa?

MAMÁ. ¿¿A que no sabes qué?? Te hice Ñoquis, tu comida favorita.

MARÍA. En serio, ¡hummmm, qué rico! Gracias. (Se abrazan.)

MAMÁ. Sí, todavía estoy en deuda con vos porque pasaste de año escolar sin llevarte ninguna materia. (Mientras pone la masa en una olla y va preparando la mesa.)

MARÍA. (Con cara de mentirosa porque no había pasado de año) ¡Hum! Sí, sí. ¡Je, je! (Risa falsa.)

MAMÁ. (Mientras habla sigue con los preparativos.) Tengo una idea: ¿qué tal si invitas a Elisa que te acompañe hoy al cine? Les pago todo.

MARÍA. ¿De verdad? ¡Qué bueno! Ya la llamo. (Toma el teléfono y sale por la derecha.)

MAMÁ. ¡¡¡Edgar!!! ¡¡¡EEDGAAAAAAAAARRRRRRR!!! ¡Vení!

EDGAR. (Entra corriendo por la izquierda.) ¿Sí, mamá?

MAMÁ. Poné lo que falta de la mesa y barre acá la cocina.

(Edgar limpia y pone 3 platos 3 vasos y así…)

MAMÁ. (A Edgar.) Bueno, anda a seguir allá que te llamo cuando estemos por comer.

EDGAR. Sí, mamá.

(Suena el timbre de la puerta, atiende la mamá.)

MAMÁ. ¡Hola Elisa! Pasá.

MARÍA. (Entra por la derecha para saludar a Elisa.) ¡Hola Elisa! Quédate a comer y después nos vamos.

ELISA. Listo.

MAMÁ. Sí, yo le voy a pagar a María hoy para que salga porque ha pasado de año sin llevarse materias…

ELISA. ¿Cómo? ¿Pero no…? (Elisa no entiende nada, si supuestamente ella se quedó de año por tantas materias que se llevó.)

(María le hace gestos a Elisa que se calle, porque su mamá no sabe.)

MAMÁ. Sí, así que bueno, pensé que con vos será la mejor opción para que se divierta mi bebé.

(María y Elisa se miran y se ríen cínicamente.)

MAMÁ. Bueno, vamos a comer (trae la olla y sirve los ñoquis, pueden ser ñoquis de verdad o banana cortada o alguna otra fruta que simule a los ñoquis.)

(Empiezan a comer sin orar, pero María y Elisa hacen caras de asco. Mamá come como si sus ñoquis fueran exquisitos. Pasan 5 segundos.)

MARÍA. Bueno, mamá, me voy a preparar para salir, vamos Eli.

ELISA. Sí, vamos. (Se levantan.)

MAMÁ. ¿Pero no quieren más? No comieron mucho.

ELISA y MARÍA. No, no, gracias. Ya comimos mucho hoy… Bueno, vamos a cambiarnos.

MAMÁ. (Se levanta y empieza a juntar las cosas cuando se acuerda de Edgar.) ¡Oh, Edgar! Me olvidé de llamarlo y no quedó más ñoquis en la olla. (Lo llama a gritos.) Edgar ¡EEEEEEEDGAAAARRRRRRR!

EDGAR. ¿Sí, mamá?

MAMÁ. No me vas a creer, pero me olvidé de llamarte (mientras le pone el plato de sobras en la mesa) pero sobró mucho. Toma, espero que no te moleste comer esto.

EDGAR. No, está bien.

MAMÁ. Bueno, yo me voy a acostar una siesta, por favor, lávame los platos y deja la cocina limpia.

EDGAR. Sí, mamá. ¡Ah! Quería preguntarte: ¿Podrían mañana venir los chicos de la iglesia a casa mañana, porque quieren hacer una reunión?

MAMÁ. ¿Una reunión? ¿Y viene el pastor?

EDGAR. ¡No! Sólo los adolescentes de la iglesia y nuestro líder: Martín.

MAMÁ. ¡Hum! Bueno, pero antes vas a tener que limpiar toda la casa, Edgar, si no, no.

EDGAR. Bueno mamá. (Se retira mamá por la derecha y Edgar se pone en reverencia para orar por los alimentos, ora en voz bajita y come, luego de 3 segundos, se levanta y junta las cosas; quita una silla de escena y deja dos, la otra la apila con el resto que debe haber en un costado; y se apagan las luces 10 segundos.)








ESCENA II

(Encienden las luces, la casa está vacía sólo: dos sillas quedan en la mesa, golpean la puerta varias veces. Aparece por la derecha mamá toda despeinada y en pijama; mira la hora y ve las 10 de la mañana.)

MAMÁ. Las diez… (Dice cuando ve el reloj y bosteza.) ¿Quién podrá ser tan temprano? (Abre la puerta en la izquierda.)

PRISCILA. Hola, ¿está Edgar?

MAMÁ. ¿Quién sos vos? ¿El jardinero, digo mi hijo, no tiene novia?

PRISCILA. Disculpe, yo soy Priscila, una chica de la iglesia y hoy había reunión aquí.

MAMÁ. ¡Ah, sí! Me dijo algo… Pasa. (La hace pasar.)

(Salen por la derecha Elisa y María bostezando y se sientan en las dos sillas que hay en la escena junto a la mesa.)

MAMÁ. Edgar a esta hora debe estar trabajando, ayuda a una señora, pero no se tarda en venir. Tiene muchas cosas que hacer.

PRISCILA. Bueno, si no le molesta lo espero aquí.

MAMÁ. No hay problema. (Mira a María y a Elisa.) Chicas, ¿por qué no saludan a Priscila y la hacen sentar? Yo ya vengo, me voy a cambiar. (Se retira.)

MARÍA. (Rebajando a Priscila.) Hola, siéntate. (Mira para otro lado y habla con Elisa, pero Priscila no tiene silla, queda parada allí.)

EDGAR. (Entra por la izquierda, ve a Priscila y la saluda.) ¡Hola, Pri! ¡Qué temprano que viniste pero si falta un rato todavía!

PRISCILA. Sí, pero no quería llegar tarde.

EDGAR. (Se ríe) Pero si vives a una cuadra, ¿no te invitaron un asiento?

PRISCILA. Sí.

EDGAR. Bueno ayúdame a acomodar. (Saca las sillas apiladas del rincón y las coloca en media luna mirando hacia el frente, María y Elisa ni se mueven, solo observan todo. En eso golpean la puerta, abre Edgar.)

EDGAR. Martín, ¿cómo estás?

MARTÍN. ¡Edgar! (Se saludan con un abrazo.)

EDGAR. Pasa, pasa ya está Priscila.

MARTÍN. ¡Qué raro! ¡Je je! (Saluda a Priscila, a María y a Elisa.)

(Martín habla en voz baja con Priscila y les pregunta a las chicas quienes son, cuando tocan la puerta los invitados adolescentes, así hasta que van llegando todos de a par o de a uno, se saludan y se acomodan. Mientras esto va ocurriendo, entre medio, mamá aparece y ve a Martín.)

MAMÁ. (Entra por la derecha.) ¡Hola Martín!

MARTÍN. ¡Hola hermana! ¿Cómo está? ¡Tanto tiempo, qué gusto verla!

MAMÁ. ¿Cómo estás?

MARTÍN. Bien.

MAMÁ. Bueno, ahí tengo unas galletitas para servir, las voy a traer.

MARTÍN. No. Yo iba a comprar, dígame cuánto costó, yo le doy el dinero.

MAMÁ. No, no te molestes, $5 dame nomás.

(Martín le da los $5 y mamá se hace a un costado del grupo y prepara en una bandejita la galletitas)

EDGAR. Ya estamos todos.

(Una vez mientras la conversación de Mamá y Martín ocurre se van acomodando todos para que cuando esa charla termine, comience la reunión.)

(María y Elisa se ponen de pie para retirarse.)

MARTÍN. Chicas, ¿por qué no se quedan un ratito?

MARÍA. ¡Ehh! Bueno, no sé… Sólo un ratito. (Se sienta con Elisa.)

MARTÍN. Bueno, Matías (uno de los adolescentes) ¿Podés orar para comenzar?

(Matías hace una corta oración.)

MARTÍN. Bueno, chicos, vamos a abrir nuestras Biblias en Prov.22:6 (Lo lee.) “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. A ver, ¿cuántos saben qué es instruir?

ISMAEL. Enseñar

MARTÍN. Muy bien, ¿qué más puede ser?

AGUSTÍN. Ayudar.

MARTÍN. Sí, eso.

ROXANA. Corregir.

MARTÍN. Pero muy bien, todo eso es instruir. Nosotros debemos ayudar a enseñar y corregir a niños para que ellos puedan seguir al Señor, como yo hago con ustedes.

JULIETA. ¿Y a personas más grandes que nosotros, los podemos corregir?

MARTÍN. ¡Qué buena pregunta! Corregir exactamente no es conveniente por el hecho de ser mayores, pero hay una posibilidad más segura de corregir, enseñar y sobre todo de ayudar a otros: dando nuestro ejemplo, haciendo las cosas buenas que a Dios le agradan.

(A todo esto mamá esta escuchando el mensaje haciéndose la distraída.)

MARTÍN. Dice en Mateos 5:16: “Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. Chicos, no dejemos de enseñar por otros pero a su vez ayudemos a los demás que conozcan de Cristo, y verán que como dice la palabra: “cuando sean viejos no se apartaran de él”. Bueno vamos a orar para terminar.

MAMÁ. ¡Disculpen! Yo quisiera decir algo; no sé si es el momento, pero la palabra que acaban de hablar me tocó mucho, y lo que quisiera decir es que hace mucho tiempo yo conocí al Señor e instruí a mis hijos en el Señor, pero hace un tiempo dejé de ir a la iglesia y dejé de tener mi relación con Dios, pero uno de mis hijos siguió yendo, siguió haciendo la voluntad de Dios, y allí siguieron criándolo en Jesús, y hoy él me enseña a mí. Por mi culpa mi otra hija se apartó, y sé que a ella le costará volver, pero quiero arrepentirme y pedir a Dios y a mis hijos, perdón, y agradecer mucho a Edgar, mi hijo, por ayudarme, por enseñarme y corregirme todo este tiempo, sinceramente quiero volver.

MARTÍN. Hermana, ¡no sabe qué gusto me da!

MARÍA. Bueno, yo también quiero arrepentirme. Hay muchas cosas en mi corazón que no me dejan ser feliz, pero yo recuerdo que cuando he estado bien con Dios todo el tiempo me encontraba bien, por eso también quiero volver, porque a pesar de todo siempre he visto a mi hermano Edgar como un gran ejemplo a seguir y le pido perdón por muchas cosas que él conoce. También voy a ayudar a mi amiga Elisa a conocer a Dios.

MARTÍN. ¡Oh, qué bueno! Hay Fiesta en los cielos, Dios está aquí hoy y quiero terminar agradeciéndole porque se ha hecho presente y ha hecho que todo esto ocurra.

TODOS. Amén.

(Martín ora agradeciéndole a Dios y para retirarse. Una vez que termina la oración todos se levantan y juntan las sillas y las cosas que haya se retiran despacio, mientras tanto mamá se coloca al frente mirando a la gente y a su costado se ubican de un lado María y del otro Edgar.)

MAMÁ. (A los hermanos de la Iglesia presentes.) Queridos Hermanos, esperamos que esta obra le sea de bendición, no sé si realmente usted es parecida a esta mamá que hacía diferencia entre sus hijos y estaba apartada, pero esta mamá tenía un hijo que sí siguió el camino del Señor porque una vez lo instruyó bien. Pero hay muy pocos casos como estos, la mayoría, si usted se aparta de Dios o deja que ellos lo hagan, terminarán usted y ellos en la ruina. Sólo queremos dejar el mejor mensaje y es que usted enseñe, ayude y corrija a su niño, adolescente, joven o adulto en el camino del Señor, y verá usted que aún cuando fuere viejo no se apartará de él. ¡Bendiciones!

Navidad, día de amor

25 Minutos y 5 Personajes. Un niño confundido busca a su perro y también desea saber qué es la Navidad. Se encuentra con una serie de personajes y cada uno le da su opinión respecto a la Navidad.

NAVIDAD, DÍA DE AMOR

Israel Barrós Vargas


PERSONAJES

NIÑO
SEÑORA
VENDEDOR
MALDAD
ABUELO


OBRA

(Niño que ingresa como si no actuara, pareciera que es un niño que se ha colado en escena. Curiosea con los micros y se pasea por el escenario, saluda a la gente con la mano, se ríe, dice “¡Halo!” por el micro y se asusta mirando hacia los costados para ver si alguien viene. Como no viene nadie se anima a hablar nuevamente por el micrófono.)

NIÑO. ¡Hola! ¿No han visto por si acaso un perrito? Es pequeño, se llama Boby le gusta mucho jugar, reventar pelotas pequeñas y orinarse en todos los postes. Lo estoy buscando porque se me escapó de las manos al momento de cruzar la pista. Ya se acerca la Navidad y no quiero pasarla sin mi perrito… Si lo ven, me avisan ¿ya? Aquí tengo un dibujo que hice de él para que me ayuden a buscarlo (Muestra un dibujo deforme y gracioso.) Se parece bastante, ¿no? Tengo varias copias y las voy a pegar en cada poste.

(Aparece en escena con fondo musical una señora muy apurada. Lleva consigo dos bolsas llenas de compra, caminando y leyendo una lista.)

SEÑORA. Cada año es lo mismo: compra esto, compra también esto otro, prepara el árbol, arregla la casa, que esté bien cocido el pavo, y para colmo, los hijos de ahora ya no son como los de antes. Ahora nadie quiere ayudar… Cuando hay que hacer algo todos están ocupados y una tiene que resignarse a vérselas sola con todas las compras...

NIÑO. ¡Señora!

(La señora se queda inmóvil.)

NIÑO. ¡Señora!

SEÑORA. ¿Alguien me llama?

(Pausa breve mientras el niño muestra el afiche a la señora.)

SEÑORA. Debió ser mi imaginación… Llegando a casa tomaré mis vitaminas...

NIÑO. Señora, soy yo, mire aquí abajo.

SEÑORA. (Separando las bolsas para poder sacar el rostro y mirar al niño.) ¡Ah, eras tú...! Pensé que me estaba volviendo loca escuchando voces extrañas.

NIÑO. (Mostrando el afiche.) Señora, ¿no ha visto a mi perrito? Aquí esta su retrato...

SEÑORA. (Mirando el afiche confundida.) Y, ¿qué es eso...?

NIÑO. Es mi perrito.

SEÑORA. ¡Ah sí, sí! Se parece bastante...

NIÑO. ¿No lo ha visto usted por ahí?

SEÑORA. ¡Oh! Lo siento mucho pero no lo he visto.

NIÑO. Debe estar triste porque está sólo y perdido, en estos momentos se debe estar acordando de mí, estará buscado el camino a casa para regresar.

SEÑORA. Quizás ya haya regresado y tú por gusto te matas buscándolo...

NIÑO. Tengo que encontrarlo; esta noche es Navidad y no podré pasarla sin Boby…

SEÑORA. Y yo no podré pasar la Navidad tranquila hasta que termine de hacer mis cosas…

(Pausa.)

NIÑO. Señora.

SEÑORA. ¿Qué sucede?

NIÑO. ¿Qué es la Navidad?

SEÑORA. ¡Ay...! Bueno, la Navidad es… ¿Qué te digo? Recibir a la familia con una buena cena, intercambiar regalos, esperar las doce para saludarnos todos, brindar, reírnos, pasarla lo mejor posible, pero para todo eso una se tiene que preparar bien, arreglar la casa, comprar los arreglos de Navidad, juguetes para los niños, un cojín nuevo para que duerma el perro… ¡Ay, perdón! Ya te hice acordar de tu Boly.

NIÑO. Boby.

SEÑORA. Boby, perdón, pero eso es la Navidad, por suerte ese día mi esposo tiene más dinero, pero al día siguiente de celebrar la Nochebuena los muertos y heridos son tantos que nadie se quiere levantar… Echan suertes y termino siendo yo la sacrificada.

NIÑO. ¿Eso es la Navidad, señora?

SEÑORA. ¿Y qué más puede ser? Es eso, hijo: una noche para pasarla juntos y disfrutar, reunirse alrededor del árbol, abrir los regalos, cenar la familia entera y saber que todos estamos bien... Y bueno, ya me tengo que ir porque la hora me gana, suerte y que encuentres a tu Bibo…

NIÑO. ¡Boby!

SEÑORA. Bueno… Como se llame tu gatito.

(El niño la quiere corregir pero ella no le da tiempo.)

SEÑORA. Adiós.

NIÑO. No encuentro a Boby y aún no sé si la Navidad será lo que me dijo la Señora. Será mejor que siga buscando a ambos… ¡Boby! ¡Boby!

(Vendedor. Fondo musical. Camisa de vestir, saco largo, pantalón de vestir, sombrero pequeño y zapatillas. Lleva en sus manos un caballete y maleta delgada. Ingresa temerosamente, mira hacia todos lados. Se acerca al niño y le pregunta.)

VENDEDOR. ¡Ey, niño...!

NIÑO. (Ligeramente asustado.) Sí, señor.

VENDEDOR. ¿No has visto por aquí a un guardia?

NIÑO. No, señor.

VENDEDOR. ¿A un policía municipal?

NIÑO. ¿A un qué?

VENDEDOR. A una especie de guachimán con licencia para fastidiar.

NIÑO. Creo que no.

VENDEDOR. ¡Pues qué bueno! (Arma un caballete. Sobre él coloca su maleta y comienza a ofrecer su mercadería.) ¡Regalos! ¡Compren sus regalos de navidad! ¡Pequeños, cómodos y baratos! ¡Los regalos ideales para toda ocasión! ¡Yoyos luminosos, rompecabezas, juegos electrónicos, valeros, naipes mágicos para los más grandecitos, marcados para que siempre ganen, por su puesto! ¡Luces de Navidad, árboles para colocar las luces y todo lo que la navidad exija...! (Mira al niño.) Por aquí tengo algo que te puede gustar, carita de pena. (Abre un costado de su saco en el interior se puede apreciar una serie de objetos en venta: dados, tarjetas e crédito ilimitado, cigarros, mas naipes, una pistola que el niño mira asustado. El hombre se da cuenta de la reacción del niño. Música de suspenso. Lo mira, mira alrededor, coge la pistola, ríe, la coge y apunta al niño.) ¿Sabes que es esto?

NIÑO. Una pistola, señor.

VENDEDOR. ¡No, un asalto! Ahora dame todo lo que tengas.

NIÑO. (Asustado.) Sólo tengo un sol para mi pasaje, si quiere se lo doy… Regresaré a casa caminando cuando encuentre a Boby...

VENDEDOR. Pues, ¡qué pena! Porque con un sol no hago mucho… Un sol, un disparo...

NIÑO. Pero...

(El vendedor dispara y sale una pequeña llama. Es un encendedor. El vendedor ríe a más no poder.) ¿Te asustaste, no es cierto?

NIÑO. Un poco...

VENDEDOR. Los niños son mis favoritos porque siempre caen. (Se ríe. Abre el abrigo y guarda la pistola. Luego saca un juego de sellos de juguete.) Un regalo de Navidad de Mister Jack, para el amigo carita triste. (Abre el sello y estampa la frente del niño.) ¿Te gusta?

NIÑO. (No muy contento.) Sí, es bonito.

VENDEDOR. ¿Qué te pasa, pequeño? ¿Por qué estás triste?

NIÑO. Es que no encuentro a mi perrito Boby; lo estoy buscando, hasta hice una fotografía de él pero no sirvió de mucho.

VENDEDOR. A ver, muéstrame esa foto, a lo mejor yo lo he visto por ahí...

NIÑO. Aquí esta. (Abre el papel y se lo da.)

VENDEDOR. (Ve la foto, la muestra al público y habla como para que el niño no lo escuche.) Ya veo por qué no lo encuentra...

NIÑO ¿Qué dice?

VENDEDOR. Que es igualito al original.

NIÑO. (Emocionado.) ¡Entonces lo ha visto!

VENDEDOR. Bueno, no, pero se ve que eres buen dibujante.

NIÑO. (Triste.) Esta noche es Navidad y no quiero pasarla sin Boby.

VENDEDOR. Te comprendo, yo también tenía una mascota: se llamaba Lorenzo, lo quería mucho aunque siempre estábamos peleando. Cada vez que yo hablaba con alguien el muy sabiondo tenía que corregirme mi forma de hablar.

NIÑO. Su mascota era muy inteligente.

VENDEDOR. No, era un loro parlanchín que sabia hablar mejor que cualquier cristiano y cada vez que hablaba delante de él con alguna persona, si me equivocaba en pronunciar alguna palabra, el bribón habría su pico para corregirme y la gente se burlaba de que mi loro hablara mejor que yo. Inclusive sabía ingles y un día me dijo que me podía enseñar, pero mi orgullo me impidió aceptar su oferta...

NIÑO. Si su loro lo corregía seguro que no lo hacia por maldad, seguro que también lo estimaba y quería que usted aprendiera a hablar bien.

VENDEDOR. Sí, me estimaba mucho, no lo puedo negar, pero me daba cólera que me corrigiera delante de la gente; lo podía hacer en privado, ¿no? Al menos…

NIÑO. Bueno, nadie es perfecto pero, ¿qué pasó con Lorenzo?

VENDEDOR. Un día, no sé de donde, apareció una lora. Todas las loras son unas coquetas y Lorenzo, pues era bien macho, como yo, se enamoró. Una tarde cuando el sol se empezó a poner me dijo: “Mister Jack, un hombre debe aprender a hablar bien y un loro tiene que hacer lo que tiene que hacer un loro; me quiero establecer, tener una familia y ser feliz y creo que con mi compañera lo lograré, al menos lo intentaré, usted debería hacer lo mismo”.

NIÑO. ¿Y usted qué le dijo?

VENDEDOR. Si te tienes que ir, vete, loro cobarde. Y se fue, no supe nada de él hasta que después de algún tiempo me llegó una foto: en ella estaba él abrazando a su lorita y en medio de ambos, tres pequeños picudos apenas emplumados.

NIÑO. Tengo que encontrar a Boby, él no me haría lo que su mascota le hizo a usted y si encuentra una pareja los dos vivirán en mi casa.

VENDEDOR. Bueno, parece que por aquí no pasa mucha gente, dame unas copias de su retrato, te ayudaré a buscar a tu perrito mientras vendo por ahí...

NIÑO. (Le da un cartel.) Gracias, señor.

VENDEDOR. No tienes de qué, pequeño. (Empieza a guardar sus cosas.)

NIÑO. (Al público.) Este señor debe de saber lo que es la navidad, será mejor que le pregunte antes de que se vaya. (Al vendedor.) Señor, señor...

VENDEDOR. ¿Sí, niño?

NIÑO. Una pregunta.

VENDEDOR. Dime.

NIÑO. Dígame usted ¿qué es la Navidad?

VENDEDOR. ¿La Navidad? ¡Eh, bueno…! Es un día muy bonito, yo tengo dinero porque vendo mucho. En navidad a la gente le gusta comprar regalos, organizar fiestas, hay papá noeles por todas partes, y yo vendo, vendo y vendo sin cesar. Y me disculpas pero si sigo aquí, no podré seguir vendiendo porque no hay gente, ¿me entiendes?

NIÑO. Sí, claro, señor, que le vaya bien...

VENDEDOR. Y que tú encuentres a tu mascota, pequeño, suerte.

(Se dan la mano y sale.)

NIÑO. ¡Boby! ¡Boby!

MALDAD. (Tiene la cara de un diablo. Lleva en la mano una máscara blanca con la apariencia de alguien que es feliz y se ríe. Se coloca la máscara en la cara.) ¡Hola!

NIÑO. (Temeroso.) ¡Hola...! ¿Quién es usted?

MALDAD. Soy un buen vecino, no me conoces mucho porque casi nunca salgo de casa: es que soy un poco alérgico a la luz. Eres un buen muchacho, ¿por qué no te vas a divertir con tus amigos? Hoy es navidad, la gente tiene derecho a sentirse alegre, a ser feliz, a reírse de todo, tomar un poco y olvidarse de sus problemas.

NIÑO. Yo no tomo, aun soy niño.

MALDAD. Bueno, nunca es temprano para comenzar... Además, toda la gente toma de vez en cuando; eso es normal, porque nos ayuda a olvidar.

NIÑO. ¿Y tú tomas?

MALDAD. Por su puesto que sí.

NIÑO. Mi papá no toma porque dice que el licor vuelve bruta a la gente.

MALDAD. Eso dice él porque seguramente nunca ha tomado.

NIÑO. Sí tomaba pero cuando se dio cuenta que le hacía daño, dejó de hacerlo. Usted también debería dejar el alcohol.

MALDAD. Lo voy a pensar pero no hay nada de malo en que vayas a una fiesta.

NIÑO. No habría problema si fuera con gente de mi edad y más temprano además, primero le pediría permiso a mis padres.

MALDAD. ¡A los padres! Eso de pedir permiso hace mucho tiempo que pasó de moda, dile a tus padres que te dejen ser libre, que no te priven de ir a donde tú quieras; ellos no tienen porqué gobernar tu vida... Además, no creo que les importe mucho el que no pases la navidad con ellos, quizás ni cuenta se den.

NIÑO. Seguro que ya se han dado cuenta de que no he regresado a casa y han salido a buscarme. Mis padres me gustan como son, no quiero que sean diferentes porque me aman mucho. Yo ahora sólo quiero encontrar a Boby, volver a casa y preguntar a mis padres qué es la navidad, porque no creo que usted lo sepa...

MALDAD. ¿La navidad? Pues claro que sé qué cosa es la navidad, ¿quieres que te lo diga? (Ríe malévolamente.)

NIÑO. A ver, dígamelo.

MALDAD. La navidad es una fiesta más, como todas las que hay en el mundo. El hombre la inventó para olvidarse de sus problemas y pasarla bien por unos instantes, y la hicieron cerca de fin de año para poder celebrar ahí seguido el año nuevo y así poder seguir emborrachándose y amaneciéndose en cualquier parte. El hombre busca eso, ¿sabes?

NIÑO. ¿Y para qué?

MALDAD. Pues para alejarse de sus problemas. Y tiene derecho a hacerlo; el hombre nunca pidió existir. Dios no le pidió permiso al hombre para que Él lo creara. Ahora mismo, ¿por qué Dios permitió que tu pequeña mascota se perdiera? Quizás esté sufriendo, pasando hambre, te estará extrañando, dime tú, ¿por qué tienen ustedes que sufrir?

NIÑO. No lo sé.

MALDAD. Pues yo sí, (señala al cielo.) Allá arriba hay alguien que se burla de tu vida y de tus sentimientos porque sencillamente tú no le importas lo más mínimo; sin embargo, tú ahora mismo puedes ser feliz, puedes irte con tus amigos y pasarla bien...

NIÑO. Es cierto, el hombre nunca pidió existir pero fue bueno que Dios lo creara. Además todo lo que pasamos aquí es sólo una preparación para vivir en el cielo con Dios y no es cierto que Él se burle de nuestras vidas. Si mis padres no se burlan de mí, menos lo va ha hacer Dios porque Él nos ama. Mis amigos son los que están en casa esperándome con el chocolate y un pedazo de panteón, son mis compañeros de clase con los que estudiamos y jugamos juntos...

ABUELO. (Ingresa con una barba blanca y un traje de abuelito.) Muy bien respondido, muchacho.

NIÑO. ¡Abuelito!

MALDAD. ¿Quién eres tú? ¿Papá Noel?

ABUELO. ¡Aléjate de mi nieto, malvado! Tú solo traes problemas y desgracias. (Al niño.) Tus padres están preocupados por ti, cuando Boby regresó a casa solo, salieron a buscarte.
.
NIÑO. (A la maldad.) Ya ves… ¿Qué te dije?

MALDAD. Ya me tengo que ir. (Al niño.) Pero voy a volver, niñito, yo nunca estoy lejos de la gente.

ABUELO. (Amenazándolo con su bastón.) Te estaré esperando, ¡ahora vete, vamos! ¡Largo de aquí! Y no vuelvas a molestar a mi nieto.

(Sale maldad.)

NIÑO. ¿Quién es ese hombre, tío?

ABUELO. Parece un hombre, pero no lo es, es un ser que hace mucho tiempo, incluso mucho antes de que tú y yo naciéramos, se declaró enemigo de Dios y de los hombres. Ten mucho cuidado y evita hablar con él porque solo desea destruirnos, todas sus palabras son mentiras, vuelve ciega a la gente para alejarla de la luz de Dios y del cielo.

NIÑO. Me estuvo hablando cosas de que mis papás no se darían cuenta si no estuviera con ellos en Navidad y de que ellos no tenían derecho de decirme qué hacer y qué no, y otras cosas más...

ABUELO. Pues ya ves que fueron mentiras porque ahora mismo ellos están buscándote y yo también estaba muy preocupado por ti. El tipo ese que estaba contigo sólo sabe mentir, engaña a los hombres y los aleja de Dios, nunca escuches sus palabras porque todas son mentiras… Y ahora mejor, vámonos a casa porque tus padres deben estar preocupados...

NIÑO. Abuelito.

ABUELO. ¿Sí?

NIÑO. Quisiera hacerte una pregunta.

ABUELITO. A ver, dime.

NIÑO. ¿Qué es la Navidad?

ABUELITO. Pues la Navidad es un día muy especial, porque celebramos el día en que Dios mismo vino a la tierra en forma de niño para luego hacerse hombre y salvarnos de nuestros pecados.

NIÑO. Y, ¿cuándo fue eso?

ABUELO. ¡Uf...! Fue hace mucho tiempo, y fue en un pueblo muy humilde llamado Belén; allí nació un niño muy pobre llamado Jesús, pero en verdad era el Hijo de Dios que por amor a la humanidad, dejó todo su poderío y reino junto a Dios para venir a la tierra y salvarnos de nuestros pecados. Porque todo acto malo que hacemos, toda ofensa que causamos al prójimos es pecado y nos lleva a la muerte eterna. La Biblia dice que: “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito o sea, a Jesús, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.

NIÑO. Abuelito, y ¿cómo sabes que Jesús era el Hijo de Dios?

ABUELO. Porque todo lo que le ocurrió en su vida estaba profetizado, estaba escrito desde mucho antes de que Él naciera. Un profeta dijo: “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.

NIÑO. ¡Jesús fue niño como yo!

ABUELO. Sé, pero creció y se hizo hombre y siendo Dios, habitó entre nosotros para enseñarnos el camino al cielo y darnos a conocer al Padre.

NIÑO. ¡Qué bonita historia, abuelito!

ABUELO. Aquel niño se hizo hombre, y comenzó a predicar que Dios estaba con los hombres, y que el tiempo era agradable para que ellos se arrepintieran de sus pecados y regresasen a Dios a quien con sus malos actos habían negado. Algunos le creyeron pero otros estuvieron en su contra y planearon matarlo. Fue torturado y crucificado dando su vida por nosotros en la cruz. Pero algo maravilloso ocurrió. Al tercer día resucitó, levantándose de entre los muertos y antes de ascender a los cielos nos prometió que volvería, pero que antes nosotros deberíamos predicar el mensaje de salvación a todas las naciones, porque la salvación era para todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocaren el nombre de Jesucristo como su Señor y salvador. Él volverá por nosotros porque nos ama y ya no vendrá como hombre sino como Rey de Reyes y Señor de Señores, y nos recogerá para llevarnos al cielo con Él.

NIÑO. (Orando.) Te pido Señor que nos enseñes el camino de la verdad y la justicia y que nos enseñes también a amarnos los unos a los otros para que podamos vivir en paz.

ABUELO. (Señalando un lateral.) Mira, ya casi estamos en casa, allí viene Boby...

(Saliendo ambos de escena.)

NIÑO. Sí y veo a mamá en la ventana de la cocina, ¡está partiendo un panteón!

Un juguetero transformado

25 Minutos y 12 Personajes + Extras. Un juguetero coloca un buzón para Papá Noel en su tienda para los niños entren y se animen a comprar. No hará caso de las cartas pero un niño pobre le pedirá que escriba la carta por él y eso le hará que reflexione sobre la verdadera Navidad...


UN JUGUETERO TRANSFORMADO
Gerardo Oberman. Idea original de un cuento de Juan Carlos Pisano


AMBIENTACIÓN

La mayor parte de la obra se desarrolla dentro de una juguetería.
Fondo con estanterías llenas de juguetes. Al frente un mostrador.
Se necesita un buzón (se puede armar con cajas de cartón) y un cartel que invite a los niños a depositar en él sus cartas a Papá Noel. Una de las escenas se desarrolla en la calle de un barrio pobre (puede ser al lado de la juguetería, abriendo más el telón).
Sobres cerrados que contienen (supuestamente) las cartas a Papá Noel.
En un sobre está la carta de Luis.
Piñata con caramelos para el final.
Grabador para poner música.



PERSONAJES

MARIANO - El juguetero
CECILIA - Esposa del juguetero
NIÑO 1
LUIS
VOZ
ANÍBAL - Amigo
JUAN - Amigo
NANCY - Amiga
NIÑO 2
NIÑO 3
NIÑA 1
NIÑA 2



ACTO I

VOZ. Mariano es el dueño de una juguetería; ésta que estamos viendo (se abre el telón y se ven las estanterías con los juguetes, el mostrador, el árbol de navidad con luces de colores). Una Navidad, Mariano decidió que tenía que hacer algo para que su negocio funcionara mejor y pudiera vender más juguetes. Al principio no se le ocurría nada. Caminaba de aquí para allá (Mariano camina, mira los juguetes, hace como que piensa) entre los juguetes y, de repente, (Mariano acompaña a la voz en off con sus gestos) se le ocurrió algo...

MARIANO. ¡Ya está, ya lo tengo! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Con esta idea el negocio va a funcionar a las mil maravillas y los juguetes se van a vender como churros. (Llamando a Cecilia.) Cecilia, ¿puedes venir un momento?

CECILIA. ¡Eh! ¡Cuánto barullo! (Con ironía.) ¿No sabes que el tiempo de Navidad es un tiempo de paz y de armonía?

MARIANO. Dejate de decir tonterías y escúchame. ¿Te acuerdas de que hablamos de la necesidad de hacer algo para poder vender más este año? Bueno, ¡ya se me ha ocurrido algo! ¿Sabés el qué?

CECILIA. No, venga; no le des más vueltas.

ANÍBAL. (Entrando en escena) Bueno, bueno, ¿otra vez discutiendo? Disfrutad un poco de la vida; que no es tan mala.

CECILIA. ¿Qué tal, Aníbal? Llegas justo a tiempo. Mariano dice que se le ha ocurrido una gran idea para hacer que el negocio funcione en estas fiestas.

ANÍBAL. Ya sé, no me lo digas: va a importar nieve de Holanda. ¡Muy buena idea! Así podremos tener una bonita navidad: blanca, pura...

MARIANO. No, en serio, lo que he pensado tiene lógica...

ANÍBAL. ¡Uy! Cuando empiezas con tu lógica... A ver, ¿qué brillante idea has tenido esta vez? ¿En lugar de vender juguetes los vamos a alquilar? Eso podría ir muy bien, ¿ves? Papá Noel te alquila las muñecas y los coches para el 24 y los padres te los devuelven el 25. Ideal para tiempos de crisis, ¿no?

CECILIA. Deja que Mariano diga lo suyo porque si no, después, se pone insoportable.

MARIANO. Gracias, ¿me vais a dejar hablar ahora? (Aníbal y Cecilia responden afirmativamente con gestos). Lo que se me ha ocurrido es poner un gran buzón en la puerta con una invitación para que todos los chicos del barrio dejen allí sus cartas para Papa Noel. ¿Qué tal? Creativo el hombre, ¿no?

CECILIA. La verdad que sí. Parece ser algo original. Podríamos repartir unos folletos por el barrio para que la gente, especialmente los chavales, se enteren y vengan...

ANÍBAL. Y sí..., a veinte céntimos el sello podemos ganar algunas perrillas.

MARIANO. No, dinosaurio capitalista, las cartas las depositan gratis. La idea es que vengan a la tienda, entren, pasen, vean y COMPREN.

ANÍBAL. Mirá quién habla de capitalista.

CECILIA. Bueno, basta de perder tiempo. Ya es mediodía. Cerremos y pongámonos manos a la obra.

VOZ. Mariano y Cecilia van a su casa y, con la ayuda de Aníbal, hacen el buzón. Entre tanto, mandan imprimir unos folletos y los reparten por el barrio (pedir a algunos niños que repartan entre la gente sentada algunos papelitos).



ACTO II

(Mariano regresa con el buzón con el cartel encima. Cartel: Deposita aquí tu carta para Papá Noel)

MARIANO. Ahora sí, a esperar... y a vender.

VOZ. La idea de Mariano fue realmente brillante. Muchísimos chicos del barrio depositaron sus cartas en el buzón (varios chicos pasan y depositan sobres) y mágicamente los juguetes se vendían.

CECILIA. ¡Uf! Por fin se termina el día. (Se acerca al buzón y saca las cartas depositadas). ¿Qué vas a hacer con todas estas cartas?

MARIANO. En realidad no pensaba hacer nada. Por mí, puedes tiralas a la basura... (Cecilia se acerca hasta un cesto de basura y las tira).

VOZ. Así todos los días. Muchos chavales depositaban sus cartas, con sus sueños, sus ilusiones... Pero al terminar el día, al bajar la persiana del negocio, Mariano tiraba todas esas cartas. No le interesaban los niños ni lo que escribían. Sólo pensaba en su negocio: vender y vender y seguir vendiendo... Hasta que una tarde sucedió algo que cambió la historia.

NIÑO 1. (Entrando al negocio.) Buenas tardes, señor, ¿usted es el que le manda cartas a Papá Noel?

MARIANO. Sí, soy yo. Éste es el único negocio que tiene correo privado con la tierra de Papa Noel. ¿Has visto algún juguete que te interesa pedirle? ¿Se lo has contado a tus padres?

NIÑO 1. No, señor; yo no quiero pedir ningún juguete. Vengo a pedirle si usted puede escribirle mi carta porque yo tengo muy mala letra y no sé escribir muy bien.

MARIANO. (Malhumorado.) Mira, yo no puedo perder mucho tiempo porque tengo un negocio del que ocuparme. Tengo que ordenar las estanterías y hacer más pedidos. Pero... (dudando), está bien, a esta hora viene poca gente, así que te voy a ayudar a escribir tu carta, si es que no es muy larga.

NIÑO 1. Gracias.

MARIANO. (Tomando una hoja de papel y un bolígrafo.) ¿Qué quieres pedirle a Papá Noel? ¿Qué juguete te anoto?

NIÑO 1. (Decidido.) Ponga: Señor Papá Noel, dos puntos.

MARIANO. (Mirando al niño.) La mayoría de los chicos cuando escriben le ponen "Querido Papá Noel". ¿No te parece mejor?

NIÑO 1. No, está bien así. Le sigo dictando. Yo vendo muñecas a la salida de la estación de tren; la gente no me compra casi nada y a mí se me ha ocurrido que usted podría comprarme una buena cantidad para repartirlas con sus regalos de Navidad.

MARIANO. (Asombrado.) ¿Cómo?

NIÑO 1. Claro, Papá Noel debe de comprar los regalos en alguna parte, ¿no? ¿Por qué no me podría comprar algunos a mí?

MARIANO. ¿Quieres decir que, en lugar de pedirle algo, le escribes a Papá Noel para proponerle un negocio?

NIÑO 1. (Dudando.) ¿Usted cree que no me va a responder? ¿No le gustarán mis muñecas? ¿O Papá Noel no tiene ojos para los pobres?

MARIANO. (Sale de detrás del mostrador y se acerca al niño.) Mira, muchacho, con mucho gusto te ayudaría pero Papá Noel no responde cartas como esa. Él tiene su propia fábrica de juguetes y no compra los juguetes que regala ni en las tiendas como ésta ni a los pequeños vendedores como tú. Papa Noel no hace negocios con la gente. La verdad es que no creo que valga la pena escribir esta carta... Mejor, márchate y trata de vender tus muñecas antes de que se pase el día.

NIÑO 1. (Sale de escena cabizbajo, triste)...

(Mariano se sienta, pensativo, mientras la voz en off lee.)

VOZ. ¿Qué hubiera pasado si este chico hubiera escrito la carta y la hubiera puesto en mi buzón sin decirme nada? Nunca hubiera recibido una respuesta ni una explicación... Todos estos días he estado tirando las cartas que los chicos ponían en el buzón. ¿Habría otras cartas como ésta? ¿Qué pedirán los chicos a Papá Noel? (Mariano mira el buzón, se levanta y se acerca a él.)

MARIANO. Creo que de ahora en adelante, voy a leerlas. (Mirando el reloj.) Ya es hora de cerrar... (Hace como que cierra el negocio y va hacia el buzón, lo vacía, se sienta y empieza a leer.)

VOZ. (Mariano sigue abriendo sobres y leyendo mientras la voz habla) Durante varios días Mariano leyó las cartas que los chicos depositaban en el buzón. A veces se le sumaba Cecilia (aparece y se sienta junto a Mariano). Pero no encontraron nada especial. Sólo pedidos de juguetes y más juguetes. ¡Pero un día sucedió algo!

MARIANO. (Empieza a caminar con una carta en la mano.) Cecilia, escucha lo que dice esta carta...

LUIS. (La voz de un niño lee la carta -puede estar grabada- mientras el rostro de Mariano se va entristeciendo, conmovido.

"Querido Papá Noel:
Mi papá y mi mamá me contaron que vivías en un pueblo donde, todas las navidades, repartías regalos a los vecinos más pobres. Y también me dijeron que todavía sigues haciendo regalos a los que se portan bien. Bueno, yo conozco a unos chicos a los que nunca les has mandado nada y, sin embargo, se portan muy bien. Sus papás les explicaron que tú te debes de haber olvidado de ellos o que no te alcanzan los regalos pero yo no puedo creer eso de alguien como tú. Quisiera pedirte que este año te acordaras de ellos. En todo caso, prefiero que a mí no me traigas nada. Yo no lo necesito pero ellos sí.
Viven en un barrio pobre, San Camilo, en el camino de Cintura nº
3505, casilla 21. No te olvides, ¡por favor!
¡Ah! ¡Feliz Navidad!
Luis"

CECILIA. Ay, Mariano, es una carta más. Y encima no pide ningún juguete importante. No te me vas a conmover ahora, ¿eh? Mira que los negocios y los sentimientos no pueden mezclarse. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

MARIANO. No, mi amor, ésta no es una carta más. Es como un despertador, como una alarma que quiere decirnos algo...

VOZ. (Salen un momento de escena.) Una noche, Aníbal y otros amigos fueron a visitar a Mariano y a su esposa. Conversaron acerca del trabajo, de las corridas de fin de año, de los preparativos para las fiestas y todas esas cosas.



ACTO III

ANÍBAL. La verdad es que el tiempo no alcanza para mucho. Para llegar bien a navidad hay que correr como una liebre. Yo tengo a mi mujer preparando comida todos los días. Y ayer, cuando fui al supermercado, ya compré todas las bebidas. Si esperás unos días más las tiendas se convierten en un hervidero de gente.

NANCY. ¿Te acuerdás de cuando éramos pequeños? ¡Qué distintas eran las cosas! No había tantas tiendas ni tanto preparativo con las fiestas. Ahora, todo es un derroche de consumismo. Los supermercados dan asco...

CECILIA. No te metas con las tiendas que nosotros vivimos de eso, ¿eh? Deja que la gente compre, que gaste, que eso es muy bueno, (riendo) especialmente para nosotros.

ANÍBAL. Sí, con la idea del buzón que tuvo Mariano, las cosas marchan mejor. Y éste (señalando a Mariano) parece que se ha engordado.

JUAN. (Con ironía.) Lástima que Papá Noel siempre se vista de rojo y blanco, ¿no? Los grandes personajes de la historia saben qué colores son buenos...

MARIANO. Hablando en serio, muchachos, en realidad Nancy dio en el clavo. De tanto pensar en nosotros, en nuestra fiesta, en nuestro negocio y en nuestras cosas, nos olvidamos de que hay muchos que no tienen nada y que ni siquiera tienen ganas de celebrar esos días.

CECILIA. (Mirando a las visitas.) No está bien desde hace unos días. Recibió una carta de alguien que le pidió a Papá Noel (mira hacia arriba) que se acordara de los pobres de un barrio de por ahí.

ANÍBAL. Y, algo de razón tiene. Hay mucha gente que lo pasa mal y me parece que cada vez son más. Gracias a Dios nosotros todavía podemos celebrar una Navidad como la gente, ¿no?

MARIANO. Tú has nombrado a Dios. ¿Te acuerdas de lo que nos enseñaron cuando íbamos a la iglesia? La Navidad no era el árbol, ni la comida, ni los regalos. La Navidad era Dios que venía al mundo. Y venía pobre, nacía en un pueblecito y en un pesebre. En uno de verdad y no en uno de esos de plástico que yo tengo en la juguetería. ¿Qué ha quedado de ese Dios? ¿Qué lugar tiene en nuestras fiestas? La carta que leí me ha hecho pensar en todas estas cosas.

JUAN. Pero te has vuelto completamente loco, Mariano. En este mundo ya no hay lugar para esas cosas. Si te vas a dejar guiar por sensiblerías nunca vas a llegar a nada y otros te van a pisar la cabeza. Esas cosas de la niñez, lo que nos enseñaron en la iglesia, son cosas para niños o para ignorantes. La vida real es otra cosa. Además, a mí no me parece que Dios tenga mucho que ver con esto.

MARIANO. No sé.

NANCY. Pregúntate, Aníbal, ¿cuál es el sentido de tu vida? Vives para tu trabajo. No tienes tiempo ni para tus hijos. ¿Cuando juegas con ellos? ¿Los acompañas a la escuela? ¿Y tú, Juan? ¿Qué puedes decir de tu vida de ejecutivo? ¿No te parece a veces que eres parte de una maquinaria que termina consumiéndote? A mí me parece que la vida que vivimos ya no es vida. Cada uno lucha por sus propias conveniencias, defendiendo intereses personales. Cada uno vive aislado en su mundo y cada día crece más la indiferencia. ¿Cuándo fue la última vez que nos preocupamos por alguien?

CECILIA. ¡Uy, mujer! ¡Qué mal rollo! Yo os he invitado para pasar un buen rato juntos, para preparar lo que íbamos a hacer en la Nochebuena y fijaos en las tontadas que estáis diciendo. Lo único que falta es que encima queráis ir a ese barrio pobre.

VOZ. Pobre Cecilia. Sus palabras fueron como un desafío... Al otro día, al mediodía, Nancy, Aníbal y Mariano, van a la dirección que les había dado el niño.



ACTO IV

(Esto ocurre en un barrio humilde. Hay cuatro niños/as jugando. Los tres amigos se acercan caminando y hablando.)

NANCY. ¡Qué lugar! Mira que si nos asaltan... ¿Estáis seguros de que es aquí?

MARIANO. Sí, seguro. ¿Ves? Ahí hay unos chavales jugando. Vamos a preguntarles.

ANÍBAL. Hola, chicos. ¿Qué tal? ¿Este es el barrio de San Camilo?

NIÑO 2. Sí, ¿a quién busca?

MARIANO. En realidad buscamos a los chicos de la casilla 21. ¿Los conocéis?

NIÑA 1. Sí, sí. Son Azucena y Darío. Pero ahora no están. Se van temprano y no vuelven hasta la noche.

NANCY. Seguro que van al colegio...

NIÑO 3. ¡Qué colegio! Se van a la Capi, a pedir en los semáforos.

NIÑA 2. ¿Y para qué los buscaban, si se puede saber?

MARIANO. No, por nada... (Intención de irse.) Creo que nos vamos a ir.

ANÍBAL. (Sujetando del brazo a Mariano, como para que se quede) Oye, y vosotros, ¿cómo os llamáis?

(Casi peleándose por responder.)

NIÑO 3. Yo, Enrique.

NIÑA 2. Yo, María.

NIÑA 1. Y a mí me llaman la Pocha.

NANCY. (Mirando al Niño 2.) ¿Y tú? ¿No tienes nombre?

NIÑO 2. ¿Y a ustedes qué les importa? ¿Para qué quieren saber nuestros nombres? (Mirando a sus amigos) Vamos, chicos, vámonos a casa.

NANCY. No, esperad. Sólamente queremos hablar un rato con vosotros. Mi amigo Mariano (lo señala) tiene una juguetería y quería hacerles unos regalitos a esos chicos de la casilla 21 porque nos dijeron que nunca recibían nada para Navidad.

NIÑA 2. ¡Ja! Si es por eso, aquí casi nadie recibe regalos.

NIÑO 3. A mí, a veces, me han dado regalos. Venían de una iglesia y nos daban algunos juguetes que otros chicos ya no usaban. Pero a mí me gustaban de todas formas. Una vez le dieron una muñeca a mi hermana que le faltaban los brazos.

NIÑA 1. Y bueno, si somos pobres hay que aguantarse, ¿no? Eso dice mi madre.

NIÑO 2. ¿Y ustedes creen que con un regalito a dos chicos pobres se solucionan sus problemas? Aquí hay muchos chicos y mucha gente sin trabajo y muchas madres embarazadas...

MARIANO. Bueno, chicos, perdonad... Nosotros nos tenemos que ir.



ACTO V

(De nuevo en la juguetería, los amigos reunidos.)

CECILIA. ¿Habéis visto? Yo os dije que no valía la pena ir allí. Al final, ni siquiera te agradecen que hayas ido por allí. ¡Con el peligro que uno corre en esa zona!

MARIANO. Basta, Cecilia. Tú no te das cuenta, pero ahí hay tanta necesidad que dos juguetes para dos chicos no son más que unas gotas de agua en el océano. Me gustaría hacer algo por esos chavales pero, ¿qué? ¿Se os ocurre algo a vosotros?


ANÍBAL. Yo creo que con el intento ya basta. Los chicos que buscábamos no estaban y ya está. Uno no puede solucionar las miserias del mundo. Para eso están..., eh..., ¿los políticos? Digo, ¿quién hay para esto?

NANCY. No hay nadie, Aníbal. Si uno no hace su parte no se puede pretender que las cosas cambien. Todos aplaudimos a la madre Teresa de Calcuta por lo que hacía. ¿Y sabés por qué? Porque ella se ensuciaba las manos por nosotros. Yo creo que tenemos que hacer algo...

MARIANO. Yo opino lo mismo.

ANÍBAL. Sí, claro, ¿por qué no inauguramos una filial de Disneylandia? ¿Qué podemos hacer nosotros solos?

NANCY. No sé, pensemos, ya se nos ocurrirá algo. Si todos ponemos nuestro granito de arena podemos hacer que la Navidad tenga un sentido para esos chicos.

JUAN. Y bueno, si todos están de acuerdo, yo también me apunto. Igual me sienta bien el hacer el bien.



ACTO VI

(Mientras la voz en off lee se cierra el telón un rato para que el escenario se transforme en un barrio pobre.)

VOZ. Los amigos siguieron conversando y finalmente decidieron organizar, con la ayuda del chico que les había escrito la carta, una tarde de fiesta para todos los chicos del barrio donde vivían Darío, Azucena, María, Enrique, la Pocha y el chaval sin nombre... ¿Escucháis? Ya se oye la música y las voces de los chicos que juegan y corren...

(Se abre el telón, se escucha algo de música y se ven a los chicos jugando y bailando al ritmo de una melodía alegre).

Ved cuánta alegría en cada rostro. Los chicos están felices así como los que organizaron todo esto.

(Sigue un momentito el jolgorio, mientras los personajes charlan informalmente, bailan, juegan, se mueven sobre el escenario.)

MARIANO. (Apartándose hacia el borde del escenario, mirando y dirigiéndose a los presentes.) ¿Sabéis? Hasta no hace mucho, la Navidad era para mí una fecha especial sólo porque mi negocio funcionaba mejor y aumentaban las ventas, y porque era un momento del año en el que la familia se reunía para estar junta; pero no era más que eso. En realidad, no era más que una fiesta vacía. En esta Navidad descubrí algo distinto, algo diferente. Cuando salí de mi pequeño mundo para estar junto a otros, para compartir con los chicos; cuando pude vencer mi egoísmo y mis miedos y me animé a buscar a los más pequeños, allí descubrí algo maravilloso. Yo pude traerles, en nombre de Papá Noel, algunos regalos a los más pequeños... (Pausa) Pero el mayor regalo lo recibimos nosotros. Creo que en esta Navidad nos hemos encontrado nuevamente con Dios. Ojalá vosotros también podáis experimentar en vuestras vidas, en esta Navidad, ese encuentro con Dios. No importa cómo, dónde o con quién... Que en esta Navidad Dios no esté ausente en tu fiesta.
¡Feliz Navidad!

(Vuelve a la fiesta mientras uno de los chicos rompe la piñata, caen los caramelos y los papeles y crecen los aplausos y risas. En medio del barullo -disminuye un poco la intensidad de la música y las voces. Se levanta el Niño 2 y le habla bien fuerte a Mariano.)

NIÑO 2. ¡Ey, señor! Gracias... Gracias por compartir esta tarde con nosotros, por acordarse de los pequeños. Ahora sí que le voy a decir mi nombre... Mis amigos me llaman Jesús.

TODOS. (Se abrazan y dicen todos a coro mirando a la gente.) ¡FELIZ NAVIDAD!

(Se cierra el telón.)

FIN

Gobernante malvado

7 Minutos y 4 Personajes. Escenificación de las tres tentaciones de Jesús.


GOBERNANTE MALVADO
John Cosper
PERSONAJES

PODER
MALDAD
SEDUCCIÓN
JESÚS

(Una escalera está en el lado derecho del escenario. Poder está en la escalera, en el segundo escalón. Maldad está en el lado izquierdo del escenario, aguantando una manzana mordida. Seducción está echada en el suelo, de cara a la audiencia, con la cabeza apuntando hacia el lado derecho del escenario. Los tres están vestidos de negro. Jesús entra lentamente, con vaqueros azules y una camisa blanca. Tiene hambre. Se sienta en el lindero de delante del escenario.)

PODER. Bienvenido. Has sido esperado.

MALDAD. Nadie viene sin mi conocimiento, y nadie puede irse sin verme.

SEDUCCIÓN. Te he estado esperando por largo tiempo.

PODER. ¿Estás sorprendido de verme? O ¿sorprendido por lo que ves? ¿No soy lo que esperabas?

SEDUCCIÓN. No soy lo que se espera.

MALDAD. A algunos les soy una pesadilla.

SEDUCCIÓN. A otros, un sueño.

PODER. Y para otros, una fantasía.

MALDAD. Pero tú sabes mejor que cualquier otra persona quién soy.

PODER. El príncipe heredero.

MALDAD. Un músico por profesión.

SEDUCCIÓN. Un ángel. El arcángel.

PODER. Éste es mi reino. Yo soy dios aquí.

MALDAD. Yo pongo las reglas. Yo tengo el poder.

SEDUCCIÓN. Te puedo dar éxito o te puedo destruir.

MALDAD. Te haré rico o te reduciré a ser pobre.

SEDUCCIÓN. Te puedo dar belleza o transformarte en algo repugnante.

PODER. Te daré poder y gloria.

MALDAD. ¡O te aplastaré!

SEDUCCIÓN. ¡Romperte!

PODER. ¡Enterrarte!

MALDAD. Yo controlo tu destino. Si me resistes, tú solo te destruirás.

PODER. Todos esas esperanzas y sueños serán quebrados debajo de mis pies. ¡Tú viniste aquí sin nada, y te irás sin nada!

SEDUCCIÓN. (Deslizándose al lado de Jesús) Pero no tiene que ser así. Te daré vida, amor, paz, felicidad. Todo lo que tienes que hacer es…escucharme.

MALDAD. Déjame alimentarte. Déjame arroparte.

SEDUCCIÓN. (Poniendo una mano en el hombro de Jesús) Déjame poner anillos en tus dedos, sandalias en tus pies. Déjame cuidarte.

(Jesús se lo quita y se para. Maldad viene hacia Él, enojado.)

MALDAD. ¿Tú piensas que puedes resistirme? (Le extiende la manzana.) ¡No puede nadie! ¡Nadie! Te crees distinto, ¡pero no lo eres! ¡Eres carne, igual que el resto de ellos!

PODER. ¡Ahora estás en mi dominio! ¡Todo lo que ves es mío! El suelo debajo de tus pies, el aire alrededor que te rodea. ¡El cielo, el agua, todo es mío ahora! ¡Mío!

SEDUCCIÓN. ¡Y cuanto más te resistes, más te haces mío!

JESÚS. Yo no te necesito.

PODER. Tienes hambre. ¿Te gustaría comer? (Señalando a la escalera) ¿Ves esta piedra? Si verdaderamente no me necesitas, si eres quien dices que eres entonces convierte esta roca en pan para que puedas comer.

JESÚS. Escrito está: "El hombre no vive de pan solamente."

(Poder se desliza de la escalera. Maldad agarra a Jesús por el brazo y le obliga a que suba por la escalera.)

MALDAD. ¡Éste es el pico más alto de mi reino! Si no me necesitas, si eres quien afirmas, ¡tírate! Escrito está, "Él mandará que Sus ángeles te guarden."

JESÚS. También está escrito, "¡No le pongas al Señor tu Dios a prueba!"

SEDUCCIÓN. ¡Mira aquí! ¡Mira al norte, al sur, al este, y al oeste! ¡Todo lo que ves es lo que te daré si solamente te postras y me adoras!

JESÚS. ¡No tendrás otros dioses fuera de mí! ¡Al santo nombre de Jesús, toda rodilla se doblará!

(Poder, Maldad, y Seducción se caen inmediatamente, postrados con la cara en el suelo delante de Jesús.)

JESÚS. ¡Apartaos de mí!

(Jesús se va.)

PODER. (Mirando hacia arriba) Mi destino está sellado.

MALDAD. (Mirando hacia arriba) Mi fin vendrá.

SEDUCCIÓN. Un día, yo también tendré que doblar la rodilla.

PODER. Y entonces perecer en el fuego.

SEDUCCIÓN. Pero yo no iré sólo.

MALDAD. Tú te morirás conmigo.

PODER. (Parándose) Algunos porque les di poder. (Se gira hacia la salida)

SEDUCCIÓN. (Parándose) Algunos porque les di gloria. (Se gira hacia la salida)

MALDAD. Pero la mayoría porque les hice creer…

(Se apagan las luces.)

MALDAD. Que no existo.

Un pecadito molesto

5 Minutos y 2 Personajes. El hombre tiene un pequeño pecado del que no logra desprenderse y en el que siempre recae. Le pide perdón a Jesús pero hasta que no le entregue totalmente su corazón le resultará imposible.


UN PECADITO MOLESTO
John Cosper


PERSONAJES

HOMBRE o MUJER
JESÚS.


(El Hombre entra al escenario. Hay una mesa con un libro encima que se titula «pecado.»)

HOMBRE. ¿Ha tenido alguna vez un pecadito molesto que no se puede quitar? Ya sabe, ¿esa pequeña tentación de la que no se puede librar? No es tan grave o terrible como el homicidio. Solo es una pequeña obsesión que no puede abandonar. Es como fumar: es malo, y se sabe que es perjudicial, pero cada vez que quiere dejar de fumar, recae de nuevo.

(Levanta el libro) Es como si tuvieras un libro grande que usaras para golpearte en la cabeza. (Se golpea). ¡Au! Después, lo haces otra vez (se golpea) y otra vez (se golpea) y otra vez (se golpea) y otra vez (se golpea, y se tambalea, como si le doliera la cabeza). ¡Este me ha dolido! Y cuando piensas que ya te has golpeado demasiado, (se golpea) ¡lo haces otra vez! Empiezas a sentirte deprimido y como un perdedor porque no puedes dejar de golpearte. Entonces, ¡es cuando llamas a JESÚS.!

(JESÚS. corre al escenario y se pone de pie al lado del HOMBRE..)

HOMBRE. Y cuando pronuncias su nombre, ¡está ahí mismo: a tu lado! Te arrodillas (se arrodilla) y dices, «JESÚS., la ha vuelto a fastidiar. Tengo este pecadito que me está volviendo loco y ya no lo aguanto más. Perdóname, por favor”.

JESÚS. ¡Por supuesto! Ve y no peques más.

HOMBRE. (Grita y baila.) ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Jesús me ha perdonado! Te sientes mejor de lo que te sentías antes. ¡Te sientes como Superman, como si tus pies no tocaran la tierra! ¡Estás salvado! ¡Estás perdonado! Estás…

(Ve el libro y se congela.)

HOMBRE. ¡Tentado! ¡Oh, chico, estás siendo tentado! Hace un momento estabas emocionado (levanta el libro) y, aquí estás otra vez: cara a cara con el pecadito de antes (Acerca el libro lentamente hacia sí.) El mismo pecadito que quiere hacerse notar una vez más. ¡No! (Aleja el libro de sí con las manos.) ¡No puedes hacerlo otra vez! Jesús dijo: «Ve y no peques más». ¡No puedes hacerlo! ¡Se supone que los cristianos no debemos pecar! ¡Los cristianos no pecan! (Se golpea). ¡Aaaaah! ¡Lo he hecho otra vez!

(El Hombre deja caer el libro y se arrodilla frente a Jesús.)

HOMBRE. ¡No quería hacerlo! ¡Ha sido un accidente! ¡Un desliz! ¡Un momento de debilidad! ¡No lo volveré a hacer, te lo prometo! ¿Me perdonas?

JESÚS. (Sonríe.) Claro.

HOMBRE. (Se levanta.) Y de nuevo estás de pie otra vez. ¡Nunca más la vas a estropear! Ya la arruiné una vez... No importa. No lo voy a volver a hacer. (Ríe, mira el libro, lo levanta, y se golpea otra vez.) ¡Aaaah! ¡Ya lo he hecho otra vez! (a Jesús.) Yo sé que ha estado muy mal, pero de verdad quiero portarme bien. Por favor, ¿me perdonas otra vez?

JESÚS. Sí.

HOMBRE. ¡Perfecto! ¡Tengo una oportunidad más! Esta vez no la arruinaré. ¡Tengo mucha voluntad! ¡Seré fuerte! (Mira el libro.) ¡Ay! (Mira a lo lejos.) Tengo que ser fuerte. Tengo que ser fuerte. No hay que pensar en ese pecado… En ese pecadito tan insignificante y pequeñito que parece… Llamarte…

(Sus dedos «caminan» por la mesa hasta que llegan al libro y lo tocan. Lo mira de reojo.)

HOMBRE. (Señala fuera del escenario.) ¡Mira! ¡Una vaca volando!

(Jesús. mira. El Hombre se golpea muchas veces con el libro. Jesús lo ve y camina hasta ponerse detrás de él. Lo mira por encima del hombro. El Hombre se congela.)

HOMBRE. ¡Oh! ¡Ahora estás en apuros! Le has dado a Jesús tu corazón, y le prometiste una vida sin pecado. ¿Y qué es lo que pasa? No has cambiado nada, sigues igual que antes. No hay nada que puedas hacer para deshacerte de ese pecadito. Pero en ese momento ves algo de ese pecadito… Miras al pecado, y miras a Jesús. Comparas el pecado con Jesús, y ves que Jesús es mucho más grande que tu pecadito… ¡Y mucho más fuerte! Y te das cuenta de que no tienes que vencer este pecado solo. Jesús puede hacerlo. Él dio su vida para pagar la deuda por nuestros pecados, y cuando les das tu vida, Él quiere todo (el Hombre le da el libro a Jesús), incluso ese pecadito molesto. Y una vez que se lo das a Jesús (Jesús rompe el libro y lo tira), ¡se va para siempre!

(El Hombre abraza a Jesús y salen del escenario.)

El diablo en el culto

5 Minutos y 3 Personajes. Un cristiano camino al culto se encuentra con el diablo, el cual también va a la Iglesia... Ocurre algo totalmente desconcertante.


EL DIABLO EN EL CULTO


PERSONAJES

CRISTIANO
DIABLO
VOZ OFF

CRISTIANO. (Dudoso) ¿Tú eres el diablo?

DIABLO. (Con altanería) El mismo, aunque mucho más guapo que en las fotografías.

CRISTIANO. Y ¿qué estas haciendo?

DIABLO. Voy camino a visitar un grupo muy interesante de personas.

CRISTIANO. Y ¿sónde vas?

DIABLO. Voy a la Iglesia

CRISTIANO. (Exaltado.) ¡A la Iglesia!

DIABLO. Sí, me encanta asistir los días de culto. Toda la familia se junta, personas de diferentes lugares se meten como sardinas en una casucha a alabar a su Dios (burla)...

CRISTIANO. Pero, ¿cómo vas a la Iglesia? Allí se te combate... ¿Qué vas a hacer?

DIABLO. Voy a defender mis intereses... ¿O no puedo defenderme donde se me combate?

CRISTIANO. Pero, ¿cómo vas a defenderte si tú eres Satanás?

DIABLO. (Burla) ¡Qué ingenuo eres…! Tengo mil y una maneras de defenderme, recuerda: soy el “Príncipe de este Mundo”.

CRISTIANO. Entonces debes tener algunas estrategias de ataque.

DIABLO. Por supuesto. Mira, por ejemplo... por la mañana, antes de asistir a la iglesia, provoco un contratiempo en la familia, “una cosa cualquiera”: el desayuno retrasado, un botón que se pierde, el cuello de la camisa mal planchado, una mancha en el pantalón o en la falda... Esto es suficiente para poner de mal humor a toda aquella gente que quería ir contenta al culto. Después llegan así a la Iglesia y ¿crees que sacan algún provecho? (Se ríe con sarcasmo.)

CRISTIANO. (Enojado.) Tú sí que eres malo, ¿cómo puedes hacer esto?

DIABLO. Solo cumplo con mi naturaleza.

CRISTIANO. Pero eso solamente puedes hacerlo antes de entrar a la Iglesia, porque dentro de ella no te puedes meter en nada.

DIABLO. (Se ríe.) ¡Qué inocente! “Hasta me siento en el trono de Dios”, crees que no tengo poder. Nada más escucha... Una vez en la Iglesia hago que alguien llegue tarde, que un niño llore, que se caiga un instrumento, que alguien estornude, que otro entre y golpee la puerta al entrar… Esto ya es suficiente para más de la mitad de la Iglesia se dé vuelta a mirar quién ha llegado... ¡Ah! Casi se me olvidaba… Traigo conmigo algunos “pensamientos extraños” que regalo por ahí a los mas distraídos.

CRISTIANO. Eres realmente despreciable.

DIABLO. Gracias, es un halago para mi... Y si quieres amarme más te cuento que cuando el culto termina, realizo algunas maniobras evasivas para que algunos no se saluden y solo con eso ya sembré la semilla del rencor en sus corazones.

CRISTIANO. Porque no nos dejas tranquilos y en vez de estar en la Iglesia te vas a otros lugares.

DIABLO. ¿Para qué? Si todo lo demás ya está bajo mi control: las fiestas, los bailes, estoy en la TV, en la radio, en las revistas, en los amigos, en las drogas, casi todo está bajo mi dominio... Es por eso que vengo a la Iglesia; es justamente el lugar que no tengo el dominio y donde más se me ataca. Solo defiendo mis intereses.

CRISTIANO. Puedes hacer todo lo que quieras. Puedes hacerte llamar “El príncipe de este mundo”, pero en el que nosotros creemos es en el Rey de Reyes y Señor se Señores, el León de la tribu de Judá, el Alfa y la Omega, El principio y el fin... confiamos en aquel que dijo “yo he vencido al mundo” y en él somos más que vencedores.

DIABLO. Lo sé, lo sé, y es por eso que tengo que actuar rápido, mi tiempo se está acabando... Hoy reconozco que has ganado, pero mañana será otro día, y te puedo asegurar que vendré aún con más fuerzas para derrotarte. (Sale corriendo vencido.)

CRISTIANO. (Con autoridad.) Si quieres puedes inténtalo una y mil veces, pero no te resistiré en mis fuerzas, sino en las del Dios Todopoderoso. Puedes venir, pero te venceré...

VOZ OFF. Vestíos de toda armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las acechanzas del Diablo.