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2012 - España

Muerto era


15 Minutos y 10 Personajes + Voces. Parábola del hijo pródigo.


MUERTO ERA


PERSONAJES

SIMEÓN. Anciano padre
NATANAEL. Hijo mayor
OTONIEL. Hijo menor
ABIEL. Una joven amiga de la casa
CRIADO
SIRVIENTE
AMIGO 1
AMIGO 2
RICO
PORDIOSERO
VOCES


PRIMER ACTO

(Afuera de la casa está Otoniel sentado junto al pozo. Está pensativo, entra Abiel que lleva un cántaro al hombre, viene a traer agua.)

ABIEL. Buenas tardes, Otoniel, es muy extraño que ya estés de regreso a tan temprana hora, ¿qué ha pasado?

OTONIEL. Nada malo, Abiel, sólo que no he podido trabajar como todos los días. He estado pensando que será mejor irme lejos… sí, muy lejos.

ABIEL. ¿Qué dices? ¿Qué has de irte muy lejos? Pero, ¿por qué?

OTONIEL. Tal vez no podrías comprenderme pero yo no puedo soportar por mucho tiempo más estar encerrado dentro de estas cuatro paredes. Yo quiero seguir una vida muy diferente a la que han vivido mi padre y mi hermano Natanael.

ABIEL. ¿Lo crees tú así? Ya ves a Natanael cómo trabaja y cuida de la vida de tu padre que es anciano.

OTONIEL. (Riéndose.) Sólo él podrá hacerlo, Abiel, porque yo no podría. Imagínate la vida que me espera, todo un caballero respetado, intelectual, paseando por todas partes y conociendo los misterios de esta vida, ¿qué te parece?

ABIEL. Creo que te burlas. Sin embargo todo eso estaría bien, pero lo que no creo es que tú llegues a lograr todo lo que sueñas, y mucho me lamentaría que terminaras como todos los jóvenes que han buscado sólo sus placeres y han abandonado el camino del bien.

OTONIEL. ¿Crees tú que eso pasaría también conmigo?

ABIEL. Calla, que ahí viene tu padre.

SIMEÓN. Paz sea contigo Abiel, y contigo, mi querido Otoniel.

OTONIEL. Y también contigo, padre mío.

SIMEÓN. ¿Aún no ha llegado Natanael tu hermano?

OTONIEL. Aún no, padre, pero no ha de tardar. Creo que ya está entrando. Te quedarás con nosotros, ¿verdad, Abiel? Y así tomaremos los alimentos juntos.

ABIEL. Iré a dejar el cántaro de agua que mamá espera, y regresaré pronto.

SIMEÓN. Sí, ve, hija mía.

(En esos momentos entra Natanel.)

NATANAEL. La paz sea contigo padre, y contigo Otoniel.

SIMÉON. Te esperábamos hijo para tomar los alimentos.

NATANAEL. Gracias, padre. ¿Y acaso no ha venido por esta casa Abiel?

OTONIEL. Precisamente llega en este momento.

NATANAEL. Pasa, querida Abiel y seas bienvenida.

ABIEL. Espero que no les haya hecho esperar mucho.

SIMEÓN. No, hija, esperábamos a Natanel también, pero ahora sí, tomemos los alimentos. (Mientras está hablando, el criado prepara una pequeña mesa con los platos y sirve.) Me parece que este año tendremos la mejor cosecha, ¿no les parece, hijos?

NATANAEL. Tengo la misma idea que tú, padre, no serán en vano tantas fatigas y tanto afanarnos.

SIMEÓN. Dios quiera que así sea, y que su voluntad la recibamos con regocijo, como una bendición de su bondad infinita. Y tal vez podamos hacer mejoras a la finca que tanto lo necesita.

NATANAEL. Bien pensado, padre, que mucha falta le hace. Y también necesitamos unos cuantos animales. He de trabajar con todas mis fuerzas hasta verlo realizado.

SIMEÓN. Dios ha de premiar tus esfuerzos… pero… tan distraídos hemos estado que nos hemos olvidado de tu hermano. ¿Qué piensas de esto, Otoniel?

OTONIEL. Perdóname, padre, pero no me molesta esta plática, tú siempre pensando en tu hacienda, pero nunca en tus hijos…

ABIEL. Cuidado, Otoniel, que ofendes a tu anciano padre.

SIMEÓN. ¿Deseas que tu padre se preocupe más por ti, hijo? ¡Cuando todo lo que tengo es tuyo! He trabajado día tras día para poder dártelo a ti y a tu hermano. ¿Esto no te basta?

OTONIEL. Bien, padre, pero ¿y nuestra educación, nuestras distracciones y placeres? Tus hijos no conocen otra cosa que no sea esta hacienda: esto es todo el mundo para tus hijos. Cuando otros nos invitan a sus casas, tú no te das cuenta de la vida que llevan. ¿Sabes dónde están nuestros amigos?

SIMEÓN. Calla, Otoniel, que me haces daño… casi entiendo lo que pretendes… me temo que eres un mal hijo… ¡qué dieran otros por poseer lo que tú tienes…!

OTONIEL. Lamento que creas eso de mí, padre. En realidad no quiero ser mal hijo. Es que… sencillamente… quiero irme.

ABIEL. (Se acerca a Otoniel y le pone la mano sobre su hombro.) Piensa lo que vas a hacer, Otoniel. Eres joven y no sabes si puedes descubrir los misterios que tiene la vida y hacia dónde serás arrastrado, si te separas de tu hogar.

OTONIEL. Sí, Abiel, lo sé, pero déjame que me vaya. Y tú, padre, no me detengas… y te ruego que me des la parte de la herencia que me corresponde.

NATANAEL. Déjalo que se vaya, padre. Sí, ¡que se vaya, que goce, que sufra! Ya que así lo quiere…

SIMEÓN. (Sale por una bolsa de monedas y la pone en las manos de su hijo.) Aquí tienes, Otoniel, y que Dios (levantando las manos) te guarde en tus caminos.

(Otoniel sale. El padre se queda mirándolo alejarse. Luego, con hondo sentimiento, exclama.)

SIMEÓN. ¡Otoniel, hijo, regresa… Otoniel… Otoniel…!



SEGUNDO ACTO

(Esta escena se desarrolla en una ciudad en donde encontramos a Otoniel disfrutando con unos amigos de la hacienda que le dio su padre.)

OTONIEL. En la hacienda de mi padre no podía imaginarme hasta dónde puede uno divertirse y gozar de los placeres de este mundo, pero si mi padre supiera que no he aprovechado de su herencia para educarme, su maldición caería sobre mí.

AMIGO 1. ¿Para qué preocuparse, Otoniel? ¿Acaso nosotros no te hemos comprendido? ¿Acaso no te hemos enseñado muchas cosas que tú ignorabas?

OTONIEL. Así es, pero bien me temo que Abiel tenía razón, mi inolvidable Abiel… Pero dices bien, (saca su bolsa y hace sonar las monedas y saca algunas.) Mientras haya monedas ¿recuerdas? ¡Debemos gozar de los placeres de esta vida!

AMIGO 2. La divertida que nos dimos ayer, ¡cómo nos envidiaron aquellas mujeres! Han de haber creído que éramos distinguidos príncipes.

OTONIEL. (Riéndose.) Mi hermano quisiera estar en estos lugares, pero es un tonto. En cambio yo estoy aquí gozando, desde que salí de casa no sé lo que es trabajar. Lo único que extraño es mi querida amiga Abiel. (Se dirige al sirviente que se ha acercado.) Toma, cóbrate y devuélveme lo que sobre.

SIRVIENTE. (Toma la bolsa y saca el dinero.) Señor, este dinero no es suficiente para pagar lo que debes.

OTONIEL. ¿Qué dices? ¿Qué no es suficiente? Pues no voy a pagarte ni un centavo más… ¿Lo oyes? ¡Ni un centavo más! Pero, ¿qué ha pasado? (Se inclina y sus amigos salen.)… Se han ido… Me han dejado, ya no tengo dinero. ¡Ay! Creía que sería eterna mi fortuna, ¡pero cuánto dolor me causa esto! ¿Qué haré ahora?

PORDIOSERO. Buenas tardes, mi amo… Pero, ¿qué le pasa? Usted siempre alegre y ahora… ¿Está usted llorando?

OTONIEL. Calla, no me atormentes más, y vete como los otros se han ido. Ya no tengo más dinero, ¿lo oyes? No tengo más dinero… ¿tienes tú una moneda que me des para poder comer?

PORDIOSERO. ¡Tú, el joven rico! ¿Pidiendo limosna? Te compadezco, pobre joven, ¡ja, ja, ja! Si quieres comer, tendrás que trabajar. Vé a una hacienda en la orilla del pueblo, y tal vez allí te ocupen para apacentar puercos y así te ganes tu comida…

OTONIEL. (Le toma por la ropa.) ¡Calla, miserable! ¡Vete de aquí! (Luego, hablándose a sí mismo.) Se ha burlado de mí, pero bien merecido lo tengo. ¡He sido un tonto en haberme dejado llevar por la vanidad y el deleite de este mundo! ¿Qué haré, Señor? (Cae de rodillas.) Dios, ¡ilumíname! (Queda pensativo.) El mendigo se ha ido también… No tengo amigos, no tengo hogar, no tengo dinero… dijo que yo podría apacentar puercos, yo nunca lo he hecho… pero tengo hambre… tendré que ir. (Se levanta y sale.)

RICO. (Aparece en escena un hombre de buena apariencia, muy elegantemente vestida, habla en voz fuerte.) ¿Quién podría apacentar mis puercos? (Paseándose.) Nadie quiere trabajar, prefieren morir de hambre. ¡Qué gusto! ¿Dónde tendrán la cabeza?

OTONIEL. (Entra.) Señor, yo necesito trabajar. ¿Me darías el trabajo de apacentar tus cerdos, por unas monedas y un pedazo de pan?

RICO. ¿Has dicho unas monedas? ¡Ni lo pienses! Si acaso, te daría unas cuantas piezas de pan. ¿Crees que voy a pagarte más por cuidar mis cerdos? Pero dime, ¿de dónde eres? Porque tu vestidura parece ser de un joven rico… aunque (tocando el vestido de Otoniel) tus ropas ya están bastante rotas y sucias…

OTONIEL. Señor, te ruego no me atormentes más, y déjame apacentar tus cerdos.

RICO. Vé, y procura no comerte la comida de mis animales, que es bien poca. Y, ¡cuida tu vestido, no se vaya a manchar más! (Se va riéndose.)

OTONIEL. (Se sienta muy pensativo.) Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre. He sido un tonto, me dejé llevar por la vanidad y el deleite de este mundo. ¡Qué miserable es este hombre! ¡Ojalá que no llegue él también a la miseria… hasta donde he llegado yo! (Llora.) ¿Qué haré, Señor? ¡Miserable hombre de mí! (Se oyen las siguientes voces, mientas en voz muy tenue cantará el coro.)

VOZ. (Se lee el pasaje de Isaías 53:3,5,6) Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores…

(Otoniel ha quedado como en sueños. El mensaje divino llega a él en las voces.)

VOCES. ¡Crucifícale, crucifícale! Suéltanos a Barrabás y este sea crucificado… No digas nuestro rey… No hallo culpa de Él; ¿le soltaré? ¡No, no, crucifícale!

VOZ. Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda mas tenga vida eterna.

OTONIEL. (Cae de rodillas, solloza, y luego habla.) Gracias, Señor, por tu perdón; porque andaba perdido y he reaccionado, muerto era y me has rescatado. Iré a mi padre y le pediré su perdón. Gracias, Señor. (Inclina la cabeza.)



TERCER ACTO

(En la hacienda, el anciano se encuentra sentado muy pensativo. Entra Abiel, para saludarle, lleva su cántaro.)

ABIEL. La paz sea contigo, señor. Vine por agua, que mi madre necesita, pero quise enterarme si hay noticias de Otoniel.

SIMEÓN. Ninguna, hija mía, creo que hemos de perder toda esperaza de que vuelva a casa, ¿qué habrá sido de él? (Inclina la cabeza y llora.)

ABIEL. No hemos de perder nuestras esperanzas, mi corazón me dice que pronto volverá. Ojalá y no sea como muchas veces lo he soñado.

SIMEÓN. ¿Cómo lo has soñado hija?

ABIEL. Como un pordiosero, sucio y caminando como un anciano.

SIMEÓN. No me importaría hija que así fuera, con tal que volviera a casa. Pero no creo que pase tal cosa. Él es inteligente y habrá aprovechado bien su dinero.

CRIADO. (Entra corriendo.) Señor, por el camino se acerca un hombre bastante sucio, pero se parece a tu hijo por la forma en que camina…

SIMEÓN. (Con mucha angustia.) ¿Dices que se parece a mi hijo? (Corre hacia una ventana.) ¿Dónde? No puedo ver, mis ojos se nublan… ¡No puedo ver! Abiel, hija mía, acércate y ve si ese hombre que viene a lo lejos es Otoniel.

ABIEL. Ya se acerca, su paso es vacilante… parece Otoniel, pero no, no puede ser él.

SIMEÓN. (Se pasea de un lado para otro.) No puedo esperar más, correré a su encuentro.

ABIEL. Espera, señor, ya corre… ¡Es él! ¡Es Otoniel!

OTONIEL. (Entra y se arroja a los pies de su padre.) ¡Padre! (Llora.) He pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de que me llames tu hijo. Tan sólo hazme como a uno de tus jornaleros.

SIMEÓN. No, hijo, eso no. Dios ha oído mis ruegos y te ha devuelto a mí. Te pondrás vestidos nuevos, y anillos en tus dedos y zapatos en tus pies. (Le habla a su criado.) Vé y mata el becerro grueso, y hagamos una fiesta, porque este mi hijo, muerto era y ha revivido… ¡habíase perdido y es hallado!

El cumpleaños


10 Minutos y 3 Personajes + Extras. Es el cumpleaños de un padre y parece que su familia no se acuerda de él en este día tan señalado...


EL CUMPLEAÑOS


PERSONAJES

PADRE
MADRE
HIJO
Extras: HIJOS/AS, CÓNYUGES, NIETOS.


ESCENA 1

(La escena se desarrolla en el salón de la casa.)

PADRE. (Entrando en escena.) ¡Setenta años hoy! Hoy cumplo setenta años. Ya soy un viejo.

MADRE. (Entrando.) ¿De qué estás hablando? Siempre te encuentro hablando solo.

PADRE. Yo no hablo solo, reflexiono en voz alta.

MADRE. Anda, y no pienses tanto. Mejor, ve a la cocina. Ya tienes el desayuno listo.

PADRE. (Con sonrisa picarona.) ¿Será un buen desayuno?

MADRE. (Con cara extraña.) Es tu desayuno de siempre: zumo de naranja, leche y galletas.

PADRE. No sé… Como hoy es un día tan especial… Yo pensaba…

MADRE. (Cortándolo.) Anda, anda, y no pienses tanto, que tu zumo de naranja ya habrá perdido todas las vitaminas.

PADRE. ¿Y tú no vienes?

MADRE. No, ya he desayunado. Hoy has tardado una barbaridad en el cuarto de baño tenía hambre y no te he esperado. Venga, vamos. (Le va empujando fuera del escenario.) Ve a la cocina. ¡Eres un tardón! Cada día te haces más viejo…

(Una vez que el padre está fuera.)

MADRE. Menos mal, creía que me iba a pillar. Ahora, ¡manos a la obra! (Enumerando.) Tengo que llamar a los chicos para ver a qué hora pueden venir a la fiesta, recoger la tarta de casa de la vecina… los confetis, las cintas y los gorritos de papel. ¡Ah! Y se me olvidaban las botellas de cava. Mientras tanto, voy a hacer las camas, limpiar y ordenar un poco todo este desorden. (Se va.)

PADRE. (Apareciendo en escena.) ¡Esta mujer! Me deja desayunar solo… Se ha olvidado de mi cumpleaños. Nada, y se pone a hacer las cosas de la casa, como si nada, como todos los días… (se queda pensativo, se sienta y coge el periódico, lo abre y lo hojea.) Ya le entiendo. Lo está preparando todo. Y se hace la disimulada, para que no me dé cuenta. Está bien, le voy a ayudar un poco. (Se levanta y dice en voz alta.) ¡María, María! Voy a ir al parque a pasear un rato. Este domingo ha salido soleado, voy a aprovecharlo. De paso, echaré una partida de mus con los amigos en el bar de Anselmo. Nos vemos a la hora de comer. (Se va a ir cuando añade.) ¿Tú no querrás venir, no?

MADRE. (Se oye la voz de la Madre desde dentro.) No, cariño, tengo mucho que hacer en casa, ¡que te diviertas!

PADRE. Está bien, volveré a la hora de la comida. Hasta luego. (Se va.)

MADRE. (Apareciendo con la escoba y el delantal.) ¡Qué bien! Tendré tiempo de cuadrarlo todo para que su fiesta de cumpleaños sea un éxito. Llamaré primero a los niños. (Descuelga el auricular del teléfono y marca un número que consulta en la agenda.) Hola, cariño, soy la abuelita… ¿Está tu papá?... ¿No?... Que se ha ido esta mañana temprano a pescar… ¿Cómo?... Está bien… Dile a mamá que se ponga… ¿Qué está acostada?... ¿Tiene jaqueca?... Bueno, dile que cuando se mejore que me llame… Sí, sí, cariño, a la abuelita María. Adiós, mi vida, adiós. (Cuelga el teléfono.) ¡Vaya, qué mala pata! Llamaré a Esteban. (Vuelve a marcar otro número.)

(El resto de la escena se desarrolla en mímica. La madre está al teléfono simulando hablar, está triste. Cuelga y repite la operación varias veces. Mientras se oye música de fondo.)


ESCENA 2

(Se desarrolla en el mismo salón, está decorado para un cumpleaños. En la mesa está la tarta con las velas, las botellas de cava, las copas, etc. El padre y la madre están sentados, ambos están leyendo.)

PADRE. No vendrán.

MADRE. No seas pesimista. ¡Claro que vendrán! Lo que ocurre es que nuestros hijos tienen muchas ocupaciones, son importantes.

PADRE. Por eso no vendrán. Son importantes: director de una sucursal bancaria, novelista, pintora… Todos son famosos, han triunfado en la vida. Tienen compromisos que no pueden evitar dada su situación.

MADRE. Sí, están bien colocados. Pero…

PADRE. (Cortándola.) Pero nada. Tienen ya su vida hecha. ¿Quién se va a acordar de unos pobres viejos como nosotros? (Alegrándose.) En fin, al menos, podemos estar orgullosos de nuestros hijos. Han llegado muy alto. Son unos triunfadores.

MADRE. ¡Jorge!

PADRE. No te preocupes por mí. Pero tendrás que disculparme… No tengo mucho ánimo de celebraciones. Te agradezco el esfuerzo que has hecho.

MADRE. Como quieras.

(Siguen leyendo sus libros, hasta que poco a poco el padre se va durmiendo. La madre le mira con ternura.)

MADRE. Es una pena. Todo está preparado. No quiero que todo esto se quede así. Ya sé que no es bueno mentir, pero él se merece algo mejor. Toda su vida sacrificada para que sus hijos tuvieran lo mejor… y le pagan con esto. Esto no va a quedar así. No quiero que sufra. Desordenaré esto, le daré la mitad de la tarta a las vecinas, abriré las botellas de cava, tiraré el confetti y me pondré el gorrito de fiesta. Haré como que han venido, le han visto dormido y no han querido despertarle. Se enfadará cuando se despierte, porque no lo hemos despertado, pero al menos tendrá la alegría de que no ha sido olvidado.

(Se pone manos a la obra pero con tan mala suerte que hace un poco de ruido y se despierta el padre, sin embargo disimula haciéndose el dormido mientras mira lo que hace la madre. Esta no se ha dado cuenta de que está despierto. Va a buscar los regalos suyos y les pone el nombre de los hijos, como si fueran ellos los que los han regalado. Cuando termina se sienta, cansada y triste.)

PADRE. (Haciendo como que se despierta, estirándose y bostezando.) ¡Ahhh, qué sueño más bueno!

MADRE. Jorge, siempre te pasa lo mismo. Los niños han venido y te han visto dormido… No han querido despertarte. Mira cuántos regalos te han traido.

PADRE. No te molestes. Estaba despierto. Te agradezco…

MADRE. ¡Oh, papá, yo no quería que el día acabara así!

(En ese momento llaman a la puerta. Los hijos e hijas van entrando con sus mujeres, maridos, hijos e hijas. Traen regalos.)


ESCENA 3

(Todos le felicitan, le dan los regalos. Hay abrazos, risas, etc. Uno/a de los hijos/as se adelanta para decir.)

HIJO. Tenemos muchas ocupaciones en nuestra sociedad, y a veces nos enredamos de tal manera que los engranajes del mundo no nos dejan vivir. Pero a pesar de nuestras ocupaciones siempre hay un lugar para nuestro padre. Porque “honrando a tu padre y a tu madre, se te prolongarán los días en la tierra que el Señor tu Dios te da”.



CONCLUSIÓN. Nosotros, como ciudadanos de este mundo, tenemos muchas ocupaciones, trabajo, sueños, etc. Que nos mantienen ocupados y nos alejan de nuestro Padre celestial. Pero siempre, en el último momento, cuando ya parece que no tenemos solución, recibimos la “llamada de amor que nos devuelve al redil”. Volvemos a encontrarnos con nuestro Padre divino, con su amor y su bondad, con el que siempre nos acoge con los brazos abiertos. No nos reprocha nada, tan solo nos brinda de nuevo todo el amor del mundo que en este día del padre, en el que celebramos a nuestro padre terrenal, no nos olvidemos de que tenemos un padre aún mayor que nos ama mucho más.

El rey busca un tesoro

15 Minutos y 9 Personajes. Un rey va en busca de un tesoro. En su camino pregunta a diversos personajes y un niño le muestra cuál es el mejor tesoro: su madre.


EL REY BUSCA UN TESORO
Anita R. de González

PERSONAJES

FEISEL
SÉQUITO DEL REY
ABDUL
SARA
RAMA
ABDIEL
DAHANA
ALOHA
NARRADOR


NARRADOR. Hoy nos trasladaremos por unos minutos al reinado de Feisel, en un país oriental muy distante. ¿Qué sucede en el palacio? Todo es excitación y se oyen comentarios por todas partes. El Rey está vestido con su traje de gala y sale con su corte de honor. Está buscando algo, parece muy preocupado y toda la corte está en acción. ¿Qué buscará el rey con tanto empeño? Veamos lo que está sucediendo en ese reinado imaginario.


ESCENA 1

(Aparece el rey hablando con los hombres que componen su séquito.)

REY. Os ruego que me ayudéis a encontrar el tesoro que vi anoche en un sueño. Una voz me dijo que es el tesoro más valioso que jamás se haya visto en esta tierra. Yo quiero encontrarlo, por eso os he llamado. Saldremos en busca de él y no regresaremos al palacio hasta que lo tenga en mis manos. Salgamos presto. (el séquito se inclina ante el rey en señal de aprobación y salen juntos con el rey.)

ALOHA. (Hablando sola.) El Señor tenga piedad de mi hijo y prospere su camino. Tal vez no encuentre nunca lo que busca. Es muy difícil… (con gran preocupación.) Le oí decir que no regresaría hasta tener en sus manos el tesoro que vio en su sueño… ¡Oh, qué terrible sería si no lo encontrara! Tal vez nunca más lo volvería a ver. ¡No, no puede ser! Tal vez despierte a la realidad y se dé cuenta de que los sueños no son más que suelos… Ten piedad de mi hijo, Señor, te lo ruego. (Se retira.)

ESCENA II

(Aparece el rey con su séquito de nuevo, anda en busca del tesoro y está hablando con un señor de alto rango.)

ABDUL. Su majestad, os ruego que se me diga en qué puedo serviros, vuestro siervo se sentirá complacido de ser vuestro esclavo.

REY. Tan sólo una merced reclamo de tu mano, noble Abdul.

ABDUL. Soy todo vuestro. Decime vuestro encargo y trataré de complacer a mi señor el rey.

REY. Anoche tuve un sueño. Me ofrecieron un gran tesoro de inapreciable valor. He salido a buscarlo por campos y ciudades, pero nadie me sabe dar razón de él, y no regresaré al palacio hasta que lo haya encontrado.

ABDUL. Difícil empresa la de mi señor el rey. No es fácil hallar un tesoro donde abunda la pobreza. Si en realidad existiera alguno, habrían tantos ojos sobre él que jamás mi señor el rey lo vería.

REY. ¿Tratas de desanimarme, Abdul? Veo que eres un hombre pesimista. Pero yo no dejaré de buscar ese tesoro, seguiremos adelante.

ABDUL. Que el éxito corone vuestra empresa, su majestad. Vuestro siervo se retira, tengo otras cosas que debo atender. (Se va.)

REY. Aquí estaremos algún tiempo hasta que preguntemos a los que transitan por este lugar. Tal vez tengamos suerte.

SÉQUITO. Mande y ordene, vuestra majestad. Cumpliremos vuestras órdenes. (Una mujer que va pasando se detiene al ver al rey. Con respeto se inclina y lo saluda.)

SARA. Salve, su majestad. Bendita la tierra que besa vuestros pies.

REY. Bendito seré cuando encuentre lo que con tanto afán busco por campos y ciudades.

SARA. Si está en las manos de vuestra humilde sierva el dar reposo a mi señor el rey de vuestra fatiga, me llamaré dichosa.

REY. Busco un tesoro de gran precio que anoche me fue mostrado en sueño y no lo encuentro. No volveré al palacio hasta que mi deseo sea cumplido.

SARA. ¡Miserable de mí! Jamás los ojos de vuestra sierva han visto siquiera una piedra de las que usan las doncellas en el palacio del rey.

REY. Vete en paz, hija mía, tal vez un día tengas en tu mano una joya de valor.

SARA. El cielo escuche vuestra voz. Vaya con Dios mi señor el rey. (Sigue su camino.)

(Pasa un campesino y saluda también al rey.)

RAMA. ¡Salve, mi señor el rey!

REY. Dios bendiga tus faenas, labrador.

RAMA. Para serviros, su majestad, vivo en vuestro reinado.

REY. Tan solo un favor demando de tu mano, labrador.

RAMA. (Se inclina.) Ordene, su majestad.

REY. Busco un tesoro, el más preciado que ojos humanos hayan visto. Anoche lo vi en un sueño, pero nadie me da razón de haberlo visto… de haberlo encontrado. Tal vez tú, labrando la tierra has descubierto lo que otros no han podido encontrar.

RAMA. El cielo corone de favores y de tesoros a mi señor el rey. Este humilde labrador no ha visto otra cosa en toda su vida que el rico tesoro que Dios da a todos en la espiga del trigo, en la mies ya madura que sacia el hambre de un pueblo, que alimenta al humilde labriego y que corona la mesa del rey.

REY. Dios bendiga tus manos, labrador.

RAMA. Vaya con Dios el rey. (Se retira y sigue su camino.)

NARRADOR. Durante varios días el rey ha buscado el tesoro y a todos, ricos y pobres, grandes y pequeños, mujeres y hombres, ha preguntado si lo han visto, pero parece que su sueño jamás se convertirá en realidad. El séquito que lo acompaña se ve cansado y algunos piensan que el rey está perdiendo la razón. Pero éste no se cansa de preguntar y está decidido a no regresar al palacio hasta que haya encontrado el tesoro de su sueño.

REY. Si alguno de los que forman este séquito está cansado y quiere volverse, pensando que mi labor es un fracaso, puede retirar. Yo no regresaré hasta que haya logrado mi objetivo.

SÉQUITO. ¡Viva el rey! No nos apartaremos de su majestad.

(Viene un muchacho cantando alegremente, con sus libros de la escuela.)

ABDIEL. ¡Que tenga muy buenos días, su majestad el rey!

REY. Así lo pases tú, hijo mío. ¿A dónde vas tan alegre?

ABDIEL. A la escuela, su majestad, pero si en algo puedo seros útil, estoy listo a serviros.

REY. Lo que busco es difícil para ti, hijo mío. Mujeres y hombres que han pasado por este lugar no han podido darme lo que por días he tratado de encontrar.

ABDIEL. A veces un muchacho puede lograr lo que hombre y mujeres no son capaces de alcanzar. Si vuestra majestad me favorece al decirme lo que busca, tal vez puedo ayudaros a encontrarlo.

REY. Busco un tesoro, un tesoro de gran valor. Lo vi en un sueño, pero nadie ha podido darme razón acerca de él.

ABDIEL. Para deciros dónde está el tesoro que con empeño buscáis, tenéis que hacerme una promesa.

REY. Si estás seguro de que puedes decirme dónde está, dime cuál es tu petición y te será concedida.

ABDIEL. Estoy más que seguro, su majestad. Pero quiero pediros que nunca me separéis de él. Es todo lo que poseo en esta vida.

REY. Tu petición te será concedida. Anda, ve rápido y trae ese tesoro. Tengo mucha prisa.

ABDIEL. En unos minutos regresaré, su majestad. (Sale de prisa.)

REY. Ojalá que este plebeyo no se aparezca con una sucia moneda, pensando que tiene un gran tesoro…

SÉQUITO. Tenga fe, su majestad el rey. Tal vez pueda ver su sueño convertido en realidad.

REY. El cielo me depare su ventura.

SÉQUITO. Salud para su majestad el rey.

REY. Salud para mi reino, mi corte, mis súbditos y mis vasallos.

SÉQUITO. Allá viene el muchacho, su majestad, pero no viene sólo.

REY. Mi curiosidad es grande…

ABDIEL. (Llega sonriente, lo acompaña Dahana, los dos se inclinan y saludan al rey.) Su majestad, aquí traigo el tesoro de vuestro sueño. No hay en el mundo tesoro de mayor valor. Ni piedras preciosas, ni oro, ni plata, ni las más relucientes perlas del mar pueden igualarse al tesoro que hoy os presento. Este tesoro es mi madre. Cuando estoy enfermo es mi enfermera que me ciudad y me cura. Cuando estoy triste me consuela, si estoy alegre ríe y se goza junto a mí, si me va mal en mis estudios es mi maestra que me ayuda a comprender las lecciones difíciles. Ella, su majestad, es todo para mí. ¿Puede haber un tesoro mayor en el mundo?

REY. Por cierto que no. Hijo mío, eres más sabio que todos los sabios de mi reino. Quien tiene una madre tiene todos los tesoros del mundo. Yo también tengo un tesoro, lo tenía cerca de mí salí a buscarlo lejos. Tal vez en esta hora esté triste pensando en su hijo ausente y rogando al cielo por su salud. Iré a su lado sin más demora. Gracias por haberme enseñado esta preciosa lección.

ABDIEL. Vaya en paz, su majestad el rey. El cielo bendiga a vuestra querida madre y a todas las madres del mundo… ¡Y bendiga a mi madre también!

REY. ¡Vivan todas las madres del mundo! Con razón el sabio Salomón dijo: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”. (Prov. 31:10)

DAHANA. Gracias por desearnos la bendición de Dios. Yo pido al cielo que bendiga a nuestros hijos que son el tesoro que Dios nos ha dado. Que vaya en paz, su majestad el rey.

REY. Al cielo encomiendo mi reino y a todas las madres buenas del mundo. (Se retiran todos.)

CONCLUSIÓN. En la Santa Biblia podemos encontrar muchas historias de mujeres que supieron ser madres y que son una inspiración para todos, pero tenemos el ejemplo de una madre que fue la madre por excelencia, porque albergó en su seno al hijo de Dios. Su historia quedó registrada en las páginas sagradas para ayudarnos a comprender que la obra de una madre piadosa es la más importante en esta tierra. Cristo es el ejemplo del hijo perfecto, que siendo hombre no cometió pecado. Su vida debe ser un estímulo para cada hijo de Dios que trata de alcanzar la perfección por los méritos divinos de Aquel que dio su vida para darnos la redención. Que Dios bendiga a cada madre presente y con ellas a sus hijos, para que todos podamos alcanzar la perfección en Cristo Jesús. Recordemos que todo aquel que tiene una madre tiene un tesoro y que debemos honrar y respetar a nuestras madres en el temor de Dios.

La madre y Proverbios 31


10 Minutos y 5 Personajes. Trabajo de la madre en la casa y ciudado de su familia.


LA MADRE Y PROVERBIOS 31


(Todas las entradas y salidas deben ser hacia el lado izquierdo, excepto al final de la historia)

MADRE. (Entra usando un delantal con pechera, cruza el podio, sumergiendo las manos en un lavaplatos imaginario)

PADRE. (Entra con la Biblia abierta) Cariño, ¿puedo hablarte un minuto?

MADRE. Esto tiene que ser muy importante para ti, para que interrumpas tu tranquilo tiempo mañanero. ¡Sí, lo sé! Venías a ayudarme a preparar los platos.

PADRE. Sigue soñando. No, realmente, yo sólo quería hablarte acerca de lo que estaba leyendo en Proverbios 31.

MADRE. Sí, ¿no es interesante?

PADRE. ¿Interesante? Entonces, ¿tú sabes de lo que te hablo?

MADRE. Sí, es interesante que Salomón hable acerca de las rameras y adúlteras a través de todo Proverbios, pero esperó al final del capítulo para hablar acerca de la esposa y la mujer ideal. Es justamente como un hombre.

PADRE. Bueno, tú tienes que admitirlo, esta mujer de Proverbios 31 realmente lo tiene todo. Tú sabes, pudieras tomar algunas lecciones de ella.

MADRE. ¿Tú quieres decir de la parte acerca del hilado de la lana y el lino, o sobre la parte de hacer cintas?

PADRE. Mira, ahí es a donde tú debes ir, tener la visión de los hombres más sabios que han vivido.

MADRE. ¡Oh, ya sé! Tú interrumpiste tu tranquilo tiempo para venir aquí para hablarme acerca del versículo que dice: “Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada, y su marido también la alaba.”

PADRE. Bueno, no exactamente. Tú sabes, tú realmente debías... (Señala a la Biblia.)

JUAN. (Entra descalzo, interrumpe) Mami, ¿has visto mis zapatos de fútbol?

MADRE. Uno está debajo de tu cama. El otro está en el cesto de ropa. Exactamente está en la secadora.

JUAN. ¿Arreglaste el hueco que había en mis medias de fútbol?

MADRE. Sí, están en la gaveta de las medias.

JUAN. (Sale.) Okey.

PADRE. Ahora, como te estaba diciendo...

MADRE. Espera un minuto.

PADRE. ¿Por qué?

MADRE. No me preguntó por sus espinilleras.

JUAN. (Entra.) Mami, ¿no has visto mis espinilleras?

MADRE. (Sonríe.) Las dejaste en el asiento trasero del carro después que practicaste ayer.

JUAN. (Sale) Okey, me las pondré camino al juego.

PADRE. Ahora, como te estaba diciendo...

ALLY. Mami, ¿me recogiste mi vestido rojo de la secadora?

MADRE. Está colgado en la parte izquierda de tu closet.

ALLY. (Sale corriendo.) ¡Oh, qué bueno!

PADRE. Ahora, acerca de la mujer ideal. Salomón habla acerca de…

MEL. (Entra.) Mami, ¿ya me le hiciste el dobladillo a los pantalones azules? Todas las muchachas estarán usando pantalones en la reunión de jóvenes de hoy.

MADRE. Sí. Están en la mesa de coser.

MEL. (Sale corriendo.) ¡Oh, qué bueno!

MADRE. Mientras tú estás ahí... Oh, bueno, ella regresará. ¿Qué me decías...?

ALLY. (Entra.) Mami, no está en mi closet.

MADRE. En la parte izquierda.

ALLY. (Saliendo.) ¿Por qué no me dijiste el otro lado?

MEL. (Entra.) Mami, ¿has visto mi blusa blanca, la que tiene...?

MADRE. Está en la tabla de planchar, exactamente al lado de la mesa de coser. Está planchada ya.

MEL. ¡Oh, qué bueno! (Vuelve.) A propósito, mami, tienes que ayudarme con mi proyecto de ciencias en algún momento hoy. No quiero molestar con eso mañana.

MADRE. Chequea en la computadora. Justamente bajé de Internet una propuesta de proyecto de ciencias similar al tuyo. Podemos usarlo para ayudarnos con la redacción, estilo y fraseología de tu propuesta.

MEL. ¡Oh, qué bueno! (Sale.)

MADRE. Okey, ¿qué estabas diciendo acerca de Proverbios?

PADRE. (Cierra la Biblia.) Nada. Puede esperar. A propósito, ¿por qué dice Melissa que no quiere molestarte con su proyecto de ciencias mañana?

MADRE. Tenemos reservación en el Anthony exactamente después de la iglesia mañana, ¿recuerdas?

PADRE. ¡Es el Día de las Madres, mañana! Sí, escucha. Cariño, justamente he recordado que tengo algunas compras que hacer. Te veo más tarde (la besa en la mejilla, y sale.)

ALLY. (Entra.) ¿Alguien dijo que iba de compras? (Grita al padre.) Papito, espérame. Voy a las tiendas contigo.

(La madre saca $5 del delantal, los sostiene sobre el hombro)

ALLY. Mami, ¿puedo llevar algo de la pensión? (Ve el dinero, lo toma, y sale.) ¡Oh, gracias! Nos vemos.

MEL. (Entra, gritando) Papito, espera.

(La madre saca $5 de su delantal, los sostiene sobre su hombro.)

MEL. Mami, ¿puedo tomar dinero? ¡Oh, fenomenal! (Sale.)

JUAN. (Entra) ¿Es realmente el Día de las Madres, mañana?

MADRE. (Saca $5 de su delantal, los sostiene sobre su hombro.) Sí, toma.

JUAN. (Toma el dinero) Oh, gracias, Mami. (Grita.) Papá, espérame. Voy con ustedes. (Sale.)

MADRE. (Grita.) No lo olvides, tienes un juego de fútbol al mediodía. (Saca la chequera del delantal y la sostiene sobre su hombro)

PADRE. (Entra.) Cariño, ¿has visto la… (toma la chequera)? ¿Qué podría hacer yo sin ti? (La besa en la mejilla, y sale.)

MADRE. (Se seca las manos en el delantal, sonríe y sale.) Yo no sé. Chequearé lo que dice Proverbios 31.

El sepulcro vacío

5 Minutos y 6 Personajes + Extras. Las mujeres acuden al sepulcro vacío de Jesús

EL SEPULCRO VACÍO

ESCENARIO

Sepulcro en roca empotrado en la pared.

PERSONAJES

NARRADOR

MARIA MAGDALENA

JUANA

MARÍA

ÁNGEL 1

ÁNGEL 2

NARRADOR. Las mujeres observan de lejos mirando hacia el lugar donde sería puesto el cuerpo del Maestro.

MARÍA MAGDALENA. Regresemos a la ciudad, está por comenzar el sábado y además el camino es peligroso durante la noche.

JUANA. Sí, es verdad, además ya sabemos dónde ha sido puesto.

MARÍA. Mientras tanto prepararemos los ungüentos para mañana temprano ungir el cuerpo del Maestro. Veremos a ver qué nos trae el nuevo día.

NARRADOR. Las tres mujeres caminan juntas y comentan entre sí...

MARÍA MAGDALENA. Es muy doloroso todo lo que ha pasado, sin embargo, siento una paz muy grande en mi corazón.

MARÍA. Así es pero creo que sucederá algo muy importante. Ahora nos ocuparemos en preparar todo lo necesario y mañana temprano volveremos al sepulcro para ungir el cuerpo de nuestro Maestro.

NARRADOR. Bien temprano en la mañana, el primer día de la semana, las mujeres caminan en silencio. De pronto María Magdalena pregunta:

MARÍA MAGDALENA. ¿Quién nos moverá la piedra? Es muy pesada.

NARRADOR. Pero sorprendidas corren al sepulcro. La piedra ha sido quitada. Entran al sepulcro. El cuerpo no está.

3 MUJERES. El sepulcro está vacío. ¿Dónde se han llevado al Maestro?

NARRADOR. Las mujeres no han salido de su asombro cuando junto a ellas aparecen dos varones con vestiduras resplandecientes.

ÁNGELES. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Ha resucitado.

MUJERES. ¡Gloria a Dios! ¡El Maestro ha resucitado! La tumba está vacía. Oigan todos, nuestro Señor ha resucitado. Hemos visto la tumba vacía. ¡Ha resucitado!


Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud


15 Minutos y 5 Personajes. Varios jóvenes reflexionan sobre cómo deben aprovechar su juventud.


ACUÉRDATE DE TU CREADOR EN LOS DÍAS DE TU JUVENTUD
Loida White

INTRODUCCIÓN

Querido joven, mediante el programa de hoy quiero que reflexiones sobre un deber de muchísima importancia para el bien de nuestras vidas. Como jóvenes de este tiempo, nos ha tocado vivir días difíciles, de mucho trabajo, de poco tiempo, de grandes decisiones, de poco deseo de servir, pero es ahora cuando más que nunca debemos recordar las palabras del sabio Salomón: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, y esto se puede hacer realidad en nuestras vidas hoy y por siempre. Permita el Señor que en esta reunión cada joven presente se haga la firme resolución de no olvidarse de su Creador, y dedicarnos por completo a su servicio.

Con ustedes: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud.»



ESCENA I

JORGE. (Entra con la Biblia en su mano) Haré un esfuerzo para ver si puedo leer un poco de la Biblia, realmente no sé como hay quienes leen el año Bíblico dos y tres veces al año.

ALBERTO. Jorge, vamos a ver una película; Miguel se compró un vídeo y lo va a estrenar con una película que está buenísima.

JORGE. Bueno, realmente no tengo muchos deseos de leer ahora, desconectaré un poco, vamos.

ALBERTO. Claro chico, cuando seamos viejos ya habrá tiempo de leer todo lo que queramos (salen).



ESCENA II

MIRIAM. ¡Qué aburrida estoy! No tengo a donde ir, ni nada que hacer: ya limpié la casa, toda la ropa está limpia, planchada, la cocina está en orden, el patio también... me acostaré un rato.

(Tocan a la puerta)

LUISA. Buenas tardes, ¿cómo andan por acá?

MIRIAM. Bien, sólo que con un poco de aburrimiento, mami salió, si llegas a llegar unos minutos más tarde me hubieses encontrado dormida, pues no hay otra cosa que hacer.

LUISA. Bueno, me alegra mucho que no tengas nada que hacer, pues pasé por aquí para que me acompañaras a visitar a Elena, pues no ha ido más a la iglesia y posiblemente esté enferma. Aquí le llevo unas naranjas.

MIRIAM. (Poniéndose las manos en la cabeza) ¡Ay, Luisa! Ir hasta allá, tan lejos y caminando… Eso no es fácil; mira, ve tú y de regreso me dices cómo está Elena para ir luego.

LUISA. ¡Qué lástima que no me quieras acompañar! Pero antes de marcharme te diré que tal vez cuando seas mayor y quieras caminar para visitar a los enfermos o a alguien, entonces no podrás por los años, pues si siendo tan joven te pesa hacerlo después será peor, acuérdate de tu Creador ahora que puedes trabajar para otros, antes de que lleguen los años cuando ya no puedas hacer algo útil para Dios y los demás (hace para marcharse).

MIRIAM. Espera, tus palabras me han ayudado a reflexionar, es verdad, ahora recuerdo que aunque haga lo que quiera, me juzgará Dios. Te acompaño.

(Salen)



ESCENA III

(Entra Jorge por el pasillo y José por una puerta)

JOSÉ. ¡Oh! Pero si precisamente pensaba llegar a tu casa para verte.

JORGE. Pues aquí me ves. ¿Nos vamos a pescar mañana?

JOSÉ. No, no, es otro asunto. ¿Qué piensas hacer esta noche?

JORGE. ¿Esta noche? No sé, tal vez desarme la bicicleta para engrasarla un poco, no sé. ¿Por qué me lo preguntas?

JOSÉ. Mira, yo necesito que esta noche cuides en el Hospital un hermano de la iglesia que se encuentra hospitalizado y su esposa lleva tres noches seguidas con él. La iglesia no tenía conocimiento de esto y hoy me enteré de este asunto. Yo tengo que ensayar esta noche el programa del viernes, así que si tú puedes hoy, yo me puedo quedar mañana.

JORGE. Pero ven acá y, ¿no tienen hijos, ni familia? Porque...

JOSÉ. (Interrumpe.) No sabemos, Jorge y no hay tiempo para averiguar, necesitamos tu cooperación; eres joven, saludable y no tienes compromiso para hoy, piensa que llegarán los años cuando digas ya no puedo, estoy viejo o la salud no me lo permite… piensa en esto.

JORGE. Bueno, está bien, iré hoy pero después habla con los diáconos para que se ocupen de este caso.

JOSÉ. Gracias, Jorge, que Dios te dé la recompensa; aquí tienes su nombre y la sala donde se encuentra (le entrega una tarjeta.)

(Salen.)



ESCENA IV

(Entra Miriam y se sienta en su casa)

ALBERTO. Miriam, ¿no vas a las clases de música?

MIRIAM. Ahora voy para allá, luego quiero visitar a algunos ancianos de la iglesia y dar algunos estudios bíblicos.

ALBERTO. ¡Oh! ¡Cómo está la obrera bíblica!

MIRIAM. ¿Sabes? Antes no pensaba y actuaba así, pero el otro día conversando con mi abuela me decía que cuando ella era joven nunca tenía tanto tiempo libre, pues siempre tenía algo que hacer. Ahora se siente triste, pues ya no puede hacerlo por los años y el otro día Luisa me ayudó a recapacitar en cuanto a esto y quiero aprovechar mejor mi juventud.

ALBERTO. Mi mamá también me dijo que aprovechara bien mi juventud, pues ésta pasa y que me acordara de mi Creador antes de que llegaran los días malos. Yo no entendí esto muy bien.

MIRIAM. Yo te comprendo, pues yo tampoco entendía muy bien eso, pero pasemos después en otra ocasión por la casa de Luisa y ella te explicará también, pues gracias a ella hoy me siento más útil sirviendo a otros.

ALBERTO. Bueno, vamos, que se nos hace tarde para las clases de música.



ESCENA V

(Entra Luisa y se sienta. Tocan a la puerta Jorge, Miriam y Alberto.)

LUISA. ¡Qué grata visita! Entren y siéntense.

MIRIAM. Invité a Alberto a venir hasta acá y por el camino nos encontramos con Jorge y aquí estamos los tres.

JORGE. Sí, pues tú sabes que yo estoy en todo y tal vez haya algún batidito por ahí.

LUISA. Bueno, ¿y a qué se debe tan grata visita?

ALBERTO. Yo te diré, resulta que hablando con Miriam le contaba que me decía mi mamá que aprovechara bien la juventud y me acordara de mi Creador antes de que llegaran los años en los cuales diga: “no tengo en ellos contentamiento” y ella me invitó a venir hasta acá para que tú me explicaras estas palabras.

LUISA. Ahora comprendo. Pues muchachos, les diré primeramente que dice la Santa Biblia en Ecl.11:9 “Alégrate, joven en tu juventud y tome placer tu corazón en los día de tu adolescencia, y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos, pero sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”. Es decir, que podemos hacer todo lo que queramos y gozar de nuestra juventud, pero recordando que tenemos que dar cuenta a Dios en el juicio final. Y en cuanto a las palabras que tu mamá te dijo, estas se encuentran en Ecl.12:1, allí se nos exhorta a acordarnos de nuestro Dios, el Señor sabía que íbamos a estar tan ocupados en las cosas de nuestra juventud que con facilidad nos podemos olvidar de él, y entonces cuando ya lleguen las canas y las arrugas, y se pierda la visión y nuestras piernas pierdan su fuerza no se puede dar al Señor lo que en la juventud podemos ofrecerle: tiempo, energía, inteligencia, entusiasmo... Éstas son cosas características de la juventud, estoy segura de que los abuelos quisieran hacer las cosas que hoy nosotros podemos hacer, es por esto muchachos, que en todo cuanto hacemos debemos honrar a Dios, acordándonos siempre de él.

JORGE. Yo agradezco mucho al Señor por habernos dado cuenta de todo esto, ahora que todavía soy joven, sé que puedo con su ayuda trabajar en favor de otros. Dedicar mis talentos a la obra de Dios, sobre todo orar y estudiar más su Palabra.

ALBERTO. ¡Qué feliz me siento de haber entendido este pasaje Bíblico! Sé que la juventud pasará y tengo que aprovechar los años que el Señor me ofrece ahora.

MIRIAM. Pues sin más tiempo que perder, ofrezcámosle a Dios enteramente nuestra juventud y pidámosle que vivamos siempre para él.


CONCLUSIÓN: Joven, acuérdate de tu Creador antes de que lleguen los años cuando no puedas triunfar sirviendo a los demás. Nabuconodosor a la edad de 70 años estaba haciendo un recuento de sus logros y de su brillante carrera, nacido de linaje real, a los 24 años convertido en jefe del ejército y a la muerte de su padre un año después, se convirtió en rey del imperio. Sus éxitos como jefe militar en Egipto, Canaán y Asiria le confirieron autoridad para gobernar desde el Golfo Pérsico hasta el mar Mediterráneo. Llenó su ciudad capital, la ciudad más grande del mundo de entonces, de elegantes edificios, muelles, además edificó murallas fortificadas; allí estaban los jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo, y muchas otras cosas grandiosas. Contemplando este vasto imperio y reflexionando acerca de su éxito personal, exclamó orgullosamente: «Esta es Babilonia, la magnífica, que yo he construido como capital de mi reino, en un alarde de poder y para honrar mi majestad. En ese momento Nabuconodosor experimentó la crisis de su propia vida, siete años más tarde al recobrar su salud mental, recapacitó sobre el significado de la vida desde una perspectiva completamente diferente, pues reconoció que Jehová puede humillar a los que andan con soberbia, y debemos preguntarnos: ¿Es este realmente el éxito? En el registro bíblico que relata la experiencia de Nabuconodosor, se da una respuesta a esta pregunta. Daniel, contemporáneo de Nabuconodosor también era del linaje real. Desde joven fue llevado cautivo a Babilonia, se educó en la mejor universidad de su tiempo, era lleno de sabiduría y llegó a ser consejero, confidente y amigo de Nabuconodosor. Daniel fue un hombre de éxito, pero no era arrogante, a diferencia de Nabuconodosor, Daniel mantenía una lealtad indivisa a Dios. Dios, no el yo, que el resto de su vida vivió para dar, compartir y servir a los demás.
Jóvenes, debemos recordar cada día el principio de que Dios debe ser el centro de nuestra vida y aceptar el privilegio y la responsabilidad de servir a otros.
Salomón, el hombre mas sabio que haya existido jamás, llegó a esta conclusión después de vivir un tiempo lejos de Dios y al darse cuenta de los días que había desperdiciado viviendo concentrado en el yo, escribió: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud.»
¿Qué significa acordarse del Creador? ¿Será como pensar en la patrulla de transito cuando se está violando el límite de velocidad? ¿Será como acordarse de Santa Claus en nuestra navidad o como acordarse de los primeros auxilios cuando un amigo se ahoga? La respuesta a cada una de estas preguntas es: NO. Acordarse de Dios significa tener una amistad cotidiana con él a través de la oración y el estudio de la Biblia. Significa una relación de confianza y admiración, un proceso de llegar a ser como Cristo. ¿Qué mezclaremos hoy con el éxito? Elijamos el servicio en lugar de la arrogancia, porque nuestra elección determinará si triunfamos unidos con nuestro Creador por la eternidad.

Navidad es amor


10 Minutos y 8 Personajes. Una familia decide compartir sus regalos de Navidad con otras personas más necesitadas que ellos.



NAVIDAD ES AMOR
Lucas y Zailin Morales

PERSONAJES

NARRADOR
PADRE
MADRE
CARLOS
SANDRA
CARMEN
JOVEN
SEÑORA


INTRODUCCIÓN

Hoy en nuestra iglesia se da inicio a una programación navideña. Navidad es la nota que resuena por el mundo de este a oeste, de norte a sur. Pero, ¿qué es la navidad? Y ¿cuál es su importancia? Muchos han sido los intentos por restablecer una fecha para el nacimiento de Cristo, pero la Biblia no da un dato exacto. Si el Salvador lo hubiera considerado necesario para nuestra salvación, habría hablado de ello por sus profetas y apóstoles. Por lo tanto, la Navidad no consiste en encontrar un día exacto del nacimiento de Jesús. El propósito de la Navidad fue que el cielo descendiera a la tierra para llevar a cabo el plan divino de la salvación para el hombre, por esta razón: “LA NAVIDAD ES AMOR”.



PRIMERA ESCENA

NARRADOR. La historia de Belén es un tema inagotable. En ella se encuentra la profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios. Nos asombra el sacrificio realizado por el Salvador, al cambiar el trono del cielo por el pesebre, la compañía de los Ángeles que le adoraban, por el de las bestias del establo. Grande fue el amor de nuestro Dios al enviarnos a su único hijo para celebrar aquella primera navidad, navidad llena de amor por un mundo de pecados.
Ha llegado la Navidad una vez más… Con todo entusiasmo cada familia comienza a hacer los preparativos para pasar una bonita, alegre y variada navidad. El hogar de los esposos Peñalver es uno de ellos y desean en esta navidad hacer algo especial como regalo al niño Jesús. (Entra la familia y todos hacen algo por adornar el arbolito, el padre lo enciende.)
Tienen además la visita de dos sobrinas que pasarán esta navidad con ellos. Todos cooperan para que el arbolito quede hermoso. (Hacen una pausa.) Cuando ya está terminado y comienza a lucir sus multicolores luces, toda la familia se sienta en la sala para intercambiar ideas sobre lo que han de hacer en esta navidad.

PADRE. Después de terminar este lindo arbolito y aprovechando que estamos en el inicio de ella… ¿Qué haremos en ella para adorar el niño Rey? Claro que siempre hemos hecho algo, pero en esta me gustaría hacer algo diferente o tal vez algo mejor.

MADRE. Tienes razón, la vida del cristiano debe ser progresiva, debemos siempre tratar de hacer lo mejor. Y cuando se trata de alguien que lo dio todo por nosotros, con más razón debemos preocuparnos.

CARMEN. Me parece que cuando decimos Navidad es igual que si dijésemos Amor.

SANDRA. Yo no le veo esa igualdad que tú dices…

PADRE. Pues Carmen tiene razón, ¿qué es la navidad para ustedes?

SANDRA. Bueno… sí, es el recordatorio del nacimiento del niño Jesús… pero, ¿y qué?

CARLOS. Ahí esta la igualdad. El amor del cielo consistió en el nacimiento humilde de Jesús que siendo Dios, no estimó el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, y esto lo hizo por amor a nosotros.

CARMEN. Pues bien, siendo que la navidad es amor, compartamos el amor de Jesús y las bendiciones que Él nos da, con nuestros semejantes.

SANDRA. Tienes razón, pero no sé cómo lo vamos a hacer…

PADRE. Pues muy fácil. La tradición y la costumbre es colocar los regalos al lado del arbolito y así lo hacen ver más lindo… pero en esta ocasión lo haremos diferente, y de esa forma no tendrán que esperar al 25 para recibir los regalos.

MADRE. No todos tienen un arbolito en sus casas, algunos no tienen qué comer, ni aun un lugar donde vivir.

SANDRA. ¿Entonces a esas personas les daremos los regalos de navidad?

PADRE. Sí, en esta navidad no vamos a envolver los regalos en lindas cajas con hermosos y tradicionales papeles de regalos. Observaremos a las personas y de acuerdo a lo que necesiten les daremos el regalo.

CARLOS. Estoy ansioso por empezar para ver con cuánta alegría recibe la persona el regalo que le entreguemos cuando le digamos: este es el regalo que le envía el niño Jesús.

SANDRA. Pues yo no tengo ningún embullo. Creo que van a ser las navidades más feas que vamos a celebrar.

MADRE. Pues yo te aseguro que no, vamos, comencemos ahora mismo y ya verás.



SEGUNDA ESCENA

NARRADOR. En los collados de Belén se reunieron innumerables Ángeles en espera de una señal para declarar las gratas nuevas al mundo. Amigos que me escucháis, ahora es la oportunidad de contarles a otros la hermosa historia de Belén, y compartir con ellos las bendiciones que el Señor nos ha dado. La familia Peñalver a la mañana siguiente comenzó sus labores diarias, pero a ninguno se le olvidó lo que debían hacer. Ahora veamos lo que sucede…

CARLOS. (Entra conversando con un muchacho mal vestido.) Mira, mi amigo, este regalo de Navidad te lo envía el niño Jesús.

JOVEN. ¿El niño Jesús? No lo conozco, ni siquiera lo había oído mentar, además, ¿qué es la navidad?

CARLOS. La navidad es precisamente un recordatorio del nacimiento de Jesús, Él te ama a ti y quiere salvarte.

JOVEN. Gracias amigo, creo que voy a celebrar por primera vez la navidad, ahora que sé de qué se trata. Aunque desearía que me hablaras más acerca de este niño, ¿puedes?

CARLOS. Claro que sí, mira, mañana por la tarde nos veremos en este mismo lugar y me acompañaras a mi iglesia. ¿Te agrada la idea?

JOVEN. Por supuesto, mañana te esperare aquí a esta misma hora.

CARLOS. Entonces, hasta mañana.

NARRADOR. Fue así como aquel pobre joven, comenzó a conocer al niño de la navidad, pero además tuvo ropas y zapatos nuevos. Pero esta familia no se detiene, sigamos prestando atención…



TERCERA ESCENA

(Carmen y Sandra entran conversando con bolsos, y se encuentran con una madre y un niño.)

CARMEN. Todo esto que hemos comprado me parece que es poco, pues en este mundo hay mucha gente que necesita nuestra ayuda.

SANDRA. Pero niña, tú no pretenderás ayudarles a todos aquellos desdichados que existen en el mundo...

CARMEN. Claro que no, nosotros hacemos lo que podemos, mira, se acerca una señora, comencemos ahora mismo. (Se acercan a la señora.) Señora, le deseamos una feliz navidad para usted y su familia.

SANDRA. Además en nombre del niño de la navidad le entregamos este regalo.

SEÑORA. Muchas gracias, son ustedes muy amables… Hasta luego.

SANDRA y CARMEN. Hasta luego…

SEÑORA. (Sigue por el pasillo, y habla con su hijo.) ¿Feliz Navidad? ¿Un regalo del niño de la navidad? A la verdad que no entiendo nada de esto. En cuanto las vuelva a ver, les preguntaré, aunque creo que ese niño Jesús debe ser muy bueno cuando hace estos lindos regalos… (Mirando hacia el bolso.)



CUARTA ESCENA

SANDRA. Parece que el 25 de Diciembre se está acercando.

PADRE. Gracias a Dios porque nos ha dado de todo y ahora podemos compartir con nuestros semejantes.

MADRE. Bueno, yo hoy ya hice entrega de los primeros regalos navideños, y tengo para continuar mañana.

CARLOS. Yo hice mi regalo a un muchacho, y pude notar que su rostro resplandecía de alegría. Además, lo he invitado para que mañana nos acompañe a la iglesia. ¿Qué les parece?

CARMEN. A mí me parece bien, pero Sandra y yo no nos quedamos atrás.

SANDRA. Sí, me siento muy feliz de poder compartir esta navidad de forma tan especial, ya que por lo general el ser humano regala a quien le regala y sirve a quien le sirve. Pero nosotros debemos dar sin recibir recompensas humanas, ya que en realidad en esto consiste la navidad, pues Jesús por amor dio su vida por nosotros.

PADRE. Le doy gracias a Jesús por la navidad, ya que esta es de gran importancia para nosotros, pues por amor, del cielo descendió a la tierra para llevar a su realización el plan divino de salvación. Por esta razón debemos tener en mente en cada navidad, que fue nuestro Señor Jesús quien hizo posible nuestra redención, pues su nacimiento, vida, muerte y resurrección, marcan la victoria del bien sobre el mal.

MADRE. Sí, y gracias a esa victoria y a nuestra fe, también nosotros podemos ser vencedores en la lucha contra el pecado, y poder tener acceso al hogar celestial.

PADRE. ¡Qué el Señor nos bendiga, y bendiga a cada miembro, joven y visita presente!
Que en esta navidad podamos con amor, llevar a otros las buenas nuevas del Señor.