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2012 - España

El país de las cuartas partes

30 Minutos y 5 Personajes + Extras. El mundo está dividido en cuatro partes. Cada parte representada por un color único. Un día aparece una piedra de color blanco que les cambiará el sentido de su existencia.


EL PAÍS DE LAS CUARTAS PARTES
Adaptación de un cuento de Gina Ruck Pauquet - Ronald Degan




(Se trata en realidad, de una especie de texto o “guión” para ser leído en público, mientras un grupo de chicos representa las diferentes acciones.)

PERSONAJES
1 lector o varios lectores
4 grupos de chicos
4 jóvenes, uno en cada grupo

MATERIALES
- Cajas de cartón forradas de colores (verde, amarillo, rojo y azul), cada caja irá de un sólo color, para formar las paredes o muros.
- Globos de los colores mencionados anteriormente (1 para cada chico).
- 4 Banderines con un logo (1 para cada grupo).
- (arveja = verde, limón=amarillo, tomate=rojo, ciruela=azul).
- Túnicas de colores, de acuerdo al color del grupo para cada chico.
- 1 Caja forrada de blanco.
- 1 Pincel de brocha ancha.
- 1 Escoba.


Aquí hay mucha gente que vive y viven muy cerca unos de otros. Sin embargo, se encuentran separados por las piedras, debido a que las piedras dividen al país en cuatro partes, lo han denominado el País de las Cuartas Partes. (1)

En una cuarta parte todo es verde: Los teléfonos, los globos, y hasta los niños. En una segunda cuarta parte, todo es amarillo: Los trenes, los elefantes, y aún los niños. En la tercera cuarta parte, todo es rojo: Los árboles, los puentes, y hasta los niños. En la cuarta parte todo es azul: Las luces de tránsito, las flores, y hasta los niños. (2)

Cuando nacen los niños en el País de las Cuartas Partes, son de todos colores. En todas partes del país nacen los niños, pero en la parte Verde se los ve con ojos verdes, en la parte azul con ojos azules. En la parte amarilla a los niños se les acaricia con manos amarillas, y en la parte roja con manos rojas... Hasta que los niños van quedando de un solo color correcto en cada parte. Eso sucede generalmente con mucha rapidez. (3)

En el País de las Cuartas Partes los niños no necesitan ir a la escuela. Hay muy poco que aprender. Sólo que en la Cuarta Parte Verde lo verde es correcto, en la Cuarta Parte Amarilla, lo que es amarillo, en la Cuarta parte Roja, lo rojo y en la cuarta parte azul, lo azul. (4)

En la Cuarta Parte Verde los niños juegan al gran juego verde. En todas partes se puede leer: sólo lo verde es verdadero, lo amarillo, lo rojo y lo azul son mentiras. Cada día cantan la canción de la arveja, su himno nacional: El color verde es bueno, el mundo debería ser verde. Abajo todos los que no les gusta este color. (5)

En la Cuarta Parte Amarilla juegan el gran juego amarillo. Cargan por todas partes banderas amarillas. En las iglesias amarillas cantan himnos amarillos, y los niños vestidos de amarillo vuelan barriletes (cometas) amarillas. Todos los días cantan la canción del limón, su himno nacional: El color amarillo es bueno, el mundo debería ser amarillo. Abajo todos los que no les gusta ese color.

En la Cuarta Parte Roja los niños juegan al gran juego rojo en la tarde, cuando el sol se oculta. Todos los autos se ven rojos, como autos de bomberos. La gente roja ve en rojo y se siente roja. Y por la noche sueñan en rojo. Todos los días cantan la canción del tomate, su himno nacional: El color rojo es bueno. Abajo todos los que no les gusta ese color.

En la Cuarta Parte Azul los niños juegan el gran juego azul bajo el cielo azul. En las calles venden el diario azul. Por la noche sueñan en azul y en las iglesias azules le oran al dios azul. Todos los días cantan la canción de la ciruela, su himno nacional: El color azul es bueno, el mundo debería ser azul. Abajo todos los que no les gusta ese color.

Algunas personas en el País de las Cuartas Partes tienen grandes escobas para barrer las piedras todos los días. Sí fuera necesario, podrían golpear a la gente que dijera la palabra "rojo" en la Cuarta Parte Verde, que dijera "Dios es amarillo" en la Cuarta Parte azul. Así es como todo se encuentra organizado en el País de las Cuartas Partes. (6)

Un día los niños que estaban jugando en la Cuarta Parte Verde encontraron una enorme piedra de color blanco. Nunca habían visto una antes, y se preguntaban qué hacer con ella. Sin embargo, una piedra blanca es inútil en la Cuarta Parte Verde. Ahora la piedra blanca está en la Cuarta Parte Roja, de donde también la tiran. En la Cuarta Azul quieren pintarla de azul, pero por mucho que intentan, permanece blanca. Todos saben que el color blanco está prohibido, así que la echan fuera. La misma cosa sucede en la Cuarta Parte Amarilla. La piedra blanca debe irse o desordenará todas las cosas. Para que las cosas permanezcan tal como están en las Cuartas Partes, algunas personas toman la traviesa piedra blanca y la echan fuera del país, muy, muy lejos. Ahora todo sigue como estaba antes: tienen sus propias piedras, verdes, amarillas, rojas y azules (7)

Un día ocurre un gran cambio en el País de las Cuartas Partes. Cansados de jugar al gran juego verde, amarillo, rojo y azul, los niños se quedan dormidos. Y todos los niños tienen un extraño sueño. Los niños en la Cuarta Parte Verde sueñan en amarillo, rojo y azul. Los niños en la Cuarta Parte Amarilla sueñan en verde, rojo y azul Los niños en la Cuarta Parte Azul sueñan en amarillo, verde y rojo.

Nunca ha sucedido nada parecido anteriormente. Cuando se despiertan, los niños se cuentan unos a otros los sueños. Y se sienten contentos de no estar solos Van a las piedras y buscan los colores de sus sueños en las otras partes del País. La gente con las escobas está confusa, porque las reglas no dicen nada acerca de los sueños y no pueden barrerlas. Cuando los niños descubren los colores de sus sueños en las piedras al otro lado, corren hacia allá y juegan unos con otros el verde con el rojo, el azul con el amarillo, el azul tiene ahora un tren amarillo, el verde recibe flores azules, y el rojo juega con globos amarillos. Todo pertenece a todos. Los pájaros, los autos, y las iglesias. Y como la gente de las escobas no puede hacer otra cosa, les enseñan a los niños el gran juego de las escobas. Sólo las piedras están tristes. Cuan muertas lucen. Han perdido su significado. Y sin embargo, los niños descubren que las piedras pueden ser divertidas, si es que se hace algo con ellas. De manera que se junta las piedras verdes y amarillas, las rojas y azules, y los niños cantan todos a una voz. Construyen y construyen ¿En qué se convertirán las piedras? ¿En una torre? ¿En una vía de acceso? ¿En una casa? ¿En una iglesia?

LA PIEDRA QUE LOS CONSTRUCTORES RECHAZARON SE HA CONVERTIDO EN LA PIEDRA ANGULAR.
Se habían olvidado de la piedra que había sido echada fuera y van a buscarla. Ahora su edificio tiene un significado y está terminado. Es una vía de acceso para todos, una casa para todos, y una Iglesia para todos. Y ahora ingresan en ella. Lo único que dejan fuera es su himno nacional. Ahora cantan una nueva canción.

(Los niños cantan junto con la congregación, desfilan a través de la puerta, hecha de piedras divisorias, y saludan a la audiencia.)

La Navidad

8 Minutos y 15 Personajes. Una periodista entrevista a varios personajes sobre lo que significa la Navidad para ellos.


LA NAVIDAD


PERSONAJES

NARRADOR
PERIODISTA
MÉDICO
ENFERMERA
ENFERMO
VENDEDOR
PANADERO
CARTERO
ANCIANA
BOMBERO
SRA. RICA
NIÑA POBRE
SRA. POBRE
VOLUNTARIA
NIÑO


NARRADOR. Se aproxima un día muy especial para todo el mundo. Todos se preparan para vivirlo lo más especialmente posible. Ya imagináis a qué día me refiero, ¿verdad? El 24 de Diciembre se acerca para la ciudad de Tebas, todo se vuelve más alegre y para ello preparan las mejores comidas y sus mejores ropas; pero ¿sabéis por qué se vuelven más alegres? Porque las familias esperan con deseo el regreso de sus hijos, estos que partieron un día para buscar mejores trabajos, mejores viviendas y abandonaron su ciudad natal. Cada año regresan a ver a sus padres, sus abuelos, sus antiguos amigos... Este año aún hay algo más especial.

PERIODISTA. Hola soy Sara del “Heraldo Celestial”. Me gustaría saber cómo vas a pasar la Navidad.

MÉDICO. Me toca servicio de guardia y cada paciente que viene necesita diferentes pruebas. En estos días se acentúan mucho las urgencias ya que se hace exceso de todo, de comer y beber. Tratamos de pasarlo lo más alegre posible y damos un toque de humanidad para vivir mejor la Navidad.

PERIODISTA. Y tú, ¿cómo vas a vivir la Navidad?

ENFERMERA. Con asombro vemos que en estos días aumentan los casos de enfermedad debido a la soledad. En estos días recordamos que somos como pequeños salvadores que curamos en la medida de nuestras fuerzas a gente herida. ¡Qué maravilloso es pensar que en Navidad también podemos ayudar a los demás!

PERIODISTA. ¿Cómo te encuentras? ¿Llevas mucho aquí?

ENFERMO. Ya llevo en el hospital tres meses y los médicos no saben lo que tengo y cómo curarlo. A veces me desespero pero luego pienso que todo pasará. Las enfermeras nos han dado pequeños detalles hechos por ellas y eso te alegra. Aunque también ves personas sufrir a tu lado y eso no me hace ser feliz. Pero tengo la esperanza de poder vivir.

NARRADOR. Después de entrar al sitio más duro de toda la ciudad, donde lo único que se ve es dolor, sufrimiento y enfermedad, nuestra periodista ha decidido visitar alguna tienda o también ver a quién puede entrevistar en la calle.

PERIODISTA. Buenos días, soy Sara, periodista del Heraldo Celestial. Me gustaría que contestara a una pregunta. ¿Cómo ve la Navidad?

VENDEDOR. Para mí la Navidad es muy alegre porque vendo mucho y eso me trae felicidad. Todo se convierte en colores, luces, música y eso atrae al cliente que quiere un detalle para sorprender a alguien. Cuando se van y ves su cara de felicidad, tú también sientes felicidad por ayudarles a elegir lo mejor.

PERIODISTA. Adiós. Hola, ¡qué cargado va! ¿Así pasa usted la Navidad?

PANADERO. De un lado para otro sin parar porque aunque es Navidad todos los hogares tienen que comer pan. Y como siempre tienen visitas, familiares, pues hay que hacer el doble, pero no crea, saber que nuestro pan es necesario todos los días, incluso en Navidad, me da alegría porque nos da seguridad de que el día de mañana nuestra familia tendrá para comer. Ese día nos damos pequeños detalles unos con otros y así la alegría no falta. Bueno, me tengo que ir. Adiós.

PERIODISTA. Adiós y gracias. Mire, ahí tenemos al cartero. Ven, vamos a preguntarle. Hola. Tiene mucho trabajo, ¿verdad?

CARTERO. ¡Uf! Mucho porque ahora mandan muchas más cartas.

NARRADOR. Sara se da cuenta que en un banco sola está sentada una abuela y tiene una idea. Va a ir a hablar con ella. Verá cómo vive la Navidad y así estará un rato con ella y le hará compañía.

PERIODISTA. ¡Hola! ¿Cómo está? Me llamo Sara y me gustaría que me dijera cómo va a pasar usted la Navidad.

ANCIANA. Hola. Verá Sara, donde yo vivo ya está todo preparado, no falta de nada, regalos, comida, adornos... Nuestras cuidadoras nos quieren mucho y nos animan en estos días, pero ¿sabes? Nos falta lo esencial: nuestros hijos, nietos, amigos. Vendrán a vernos, nos traerán regalos pero se irán pero nosotros aquí nos quedaremos. Para nosotros la Navidad es dulce y a la vez triste.

NARRADOR. Sara se quedó un poco triste de ver que algunos ancianos pasaban su Navidad sin su familia. Pero de repente vio algo que le llamó la atención: una sirena se oía al fondo y un bombero pasa corriendo.

PERIODISTA. Disculpe, ¿tiene un momento? Sólo me gustaría saber cómo van a pasar la Navidad.

BOMBERO. Debemos estar siempre en guardia para ayudar en cualquier momento. Para nosotros, así es vivir la Navidad con alegría pensando que esa noche alguien nos pueda necesitar. Nos gusta nuestro trabajo, aunque a veces no podamos hacer mucho. Lo siento tengo que marcharme.

NARRADOR. Sara ve a lo lejos el barrio residencial “Los Álamos” y decide dirigirse allí para ver cómo ellos pasarán la Navidad.

PERIODISTA. Buenos días, soy Sara, periodista del Heraldo Celestial. Veo que ya han hecho muchos preparativos para Navidad ¿no es así?

SRA. RICA. Claro, todo está preparado, han traído a casa los últimos adornos navideños, la música, los regalos para todos. Nos hemos puesto nuestros mejores trajes. Una vez pasada la cena nos iremos a divertirnos, a pasarlo bien. Hay que darle un tono especial, ¿no cree?

PERIODISTA. ¿Y tú, pequeña? ¿Qué esperas de regalo esta noche?

NIÑA RICA. Espero una muñeca con su ropa y su bañera, también una casa para ella.

PERIODISTA. Gracias, ¡hasta otra!

NARRADOR. Sara piensa en que ojalá todo el mundo pudiera pasar en su Navidad así ¿verdad? Que fueran felices y disfrutaran de ese día tan especial pero todavía no ha visitado todos los lugares que se había propuesto y se va hacia el lugar más retirado, más pobre de la ciudad. Allí encontrará escenas verdaderamente navideñas y verá cuál es el sentido de su Navidad.

PERIODISTA. Hola, ¿cómo estáis? ¿Habéis preparado todo para Navidad?

SRA. POBRE. No tenemos grandes cosas para preparar tan sólo un belén y alrededor de él cantaremos. Pero ¡qué mayor alegría que estar todos juntos! Será una noche especial para ofrecérsela a Jesús. En nuestra mesa sólo habrá patatas y pan porque no tenemos más pero nos sobra todo porque somos felices.

PERIODISTA. ¿Y tú, pequeño? ¿Qué esperas de la Navidad?

NIÑO. Espero que mi amigo Pablo se ponga bueno y así podamos jugar juntos.

NARRADOR. A Sara ya no le falta nada más qué ver y visitar pero al marcharse ve venir a alguien cargado de cosas y le mata su curiosidad ya que éste es el barrio pobre y nadie tiene tanto dinero para comprar tantas cosas.

PERIODISTA. Hola, ¿cómo te llamas?

VOLUNTARIA. Hola, soy María.

PERIODISTA. María, ¿me podrías decir dónde vas tan cargada en un día como hoy?

VOLUNTARIA. Mira, voy a llevar alimentos a algunas casas que esta noche no tendrán ni siquiera pan para cenar y ya que siempre les traigo algo, hoy es un poco especial para que también ellos puedan pasar lo mejor posible la Navidad.

PERIODISTA. ¡Mira! ¡Aún quedan personas trabajando a estas horas! Preguntémosle. ¡Hola! ¿No va a pasar usted la Navidad con su familia?

PINTOR. Sí que la voy a pasar con ellos pero tengo que terminar mi trabajo para poder llevar algo más de dinero a mi hogar. Esta noche será especial porque estamos todos juntos aunque no comamos nada especial.

NARRADOR. Quizá quedan más sitios dónde ir o más personas quién preguntar pero lo más importante que quiero que sepas es que la Navidad es amor que penetra en el interior de nuestro corazón. Sabemos que cada noche, cada día, Dios visita nuestro hogar para enseñarnos a vivir todos los días la Navidad. Con su espíritu de amor, de cariño, de solidaridad hacia los demás.

Marionetas de Navidad

25 Minutos y 4 Personajes + Extras. Una niña quiere ser directora de un teatro de marionetas y tiene que pasar una serie de pruebas de las que saldrá con éxito.


MARIONETAS DE NAVIDAD
Víctor Armenteros

PERSONAJES

ARLEQUÍN
McGREGOR
SUSAN
PEPA


NARRACIÓN:

La Navidad es ensueño,
Alegre tintinear de las campanas;
El brillo de mil luces
Que huelen a leña quemada.
Mazapanes con harina,
Velas de colores,
Chimeneas ahumadas.

La Navidad es ensueño,
Blanca nieve en las calles,
En las transparentes ventanas;
Es el sabor de los alfajores
Que mi abuela hizo una mañana.

La Navidad es ensueño,
Recuerdos brumosos,
Infancias lejanas,
Sonrisas sinceras,
Verdes abetos con bolas cromadas;
Es el cantar sonoros villancicos
Entre zambombas y carracas.

La Navidad es ensueño,
Fraternal abrazo,
Bufandas de lana,
Copos de blanco en un frío amanecer;
Es la memoria gris de ilusiones de cartón,
De marionetas pintadas.

La Navidad es ensueño,
Discreto registro de un niño rosado
Entre amarillenta paja



PRIMERA ESCENA

(Arlequín es una muchacha con cabellos dorados.)

ARLEQUÍN. La infancia es una época de grandes esperanzas, de ilusiones concretas, de energía, de sinceros afectos. ¿Quién no osó, en su niñez, surcar los mares de la realidad para envolverse en la fantasía? ¿Quién no luchó con los molinos de la enemistad para formar un mundo de simpatía, un mundo mejor que el de los mayores? ¿Quién no soñó con ser el director de un Teatro de Marionetas, marionetas con el espíritu de la Navidad? Hoy es el momento de retornar a la anhelada niñez, al espíritu de las níveas memorias de una Navidad en el hogar.

¡S I L E N C I O¡
¡EL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD COMIENZA SU FUNCIÓN!

(Arlequín saca de su bolsa dos marionetas. Una representa a un titiritero o circense, la otra a una niña de rubiáceos cabellos. Colocándoselas en las manos comienza la narración.)

ARLEQUÍN. En un triste rincón de quién sabe dónde, se encontraba Susan, la de los cabellos dorados. Se sentía inmensamente triste porque no tenía amigos. Todos sus vecinos se habían hecho mayores y, como era Navidad, estaban muy preocupados en comprar pavo, turrón, champán, guirnaldas. ¡Qué triste es el mundo de los mayores! –pensaba Susan-. A mí no me gusta esta fiesta de la Navidad –exclamó con gran energía. Susan se encontraba con un gran problema: la Navidad le parecía algo insípido, insustancial. Para ella, estas fiestas, eran un gran muñeco de papel con muchos colores pero sin corazón. Todo era tristeza en su vida hasta que apreció un personaje de alegre semblante y alocado sino: John Sibinus Jepsen Michelson y McGregor.


SEGUNDA ESCENA

(Se escucha música circense y entra en escena McGregor. Se aproxima a Susan que se halla en la mitad del escenario y comienza a entablar contacto con ella.)

McGREGOR. ¡Señoras, Señores! ¡Damas y Caballeros! ¡Niños y niñas! ¡Ladies and Gentlemen! ¡Monsieurs et Mesdemoiselles! ¡Homes i Donas! ¡Bambinas y ragazzos!, con ustedes...
¡EL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD DE JOHN SIBUNIS JEPSEN MICHELSON Y MCGREGOR! ¡GRAN ATRACCIÓN INTERNACIONAL QUE HA BATIDO TODOS LOS RECORDS DE TAQUILLA EN LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS! ¡VENGAN, SEÑORES! ¡VENGAN!

(Silencio. Mc se entristece progresivamente.)

ARLEQUÍN. Durante muchos años el teatro de Mc había sido muy importante. Miles de marionetas aparecían en sus actuaciones. Marionetas de mano con doradas costuras, marionetas de cuerda con desmembrados movimientos, frágiles marionetas de cartón con una terrible fobia a la humedad, exquisitas marionetas de porcelana con pálidas faces. Pero, su época dorada, había desaparecido. Los niños preferían jugar a cowboys, soldados, luchadores intergalácticos antes que asistir al teatro de McGregor. Los mayores habían convencido a todos los niños que para ser feliz tenían que tener muñecos de plástico, bicicletas de plástico, colores de plástico, osos de plástico. Algunas veces hacían aparecer en televisión a tres señores con vestidos de orientales, decían que eran tres reyes magos de reinos exóticos pero no eran más que los dueños de ciertos emiratos que producían plástico.
Mc pensaba que ningún niño más volvería a su espectáculo y se sentía triste. ¿Cómo podrían comprender el sentido de la Navidad si no asistían al lugar donde se encontraba su verdadera existencia? La tristeza aprisionaba a Mc hasta que... ¡Un niño! ¡Un niño! Ni corto ni perezoso se acercó a Susan. Estaba dispuesto a mostrarle todos los detalles de su teatro, llegaría a ser su sucesora si así lo quisiese. ¿Quizás tuviera un poquito del espíritu de la Navidad?

McGREGOR. ¡Hola!
(Silencio.)

McGREGOR. ¡Hola!
(Silencio.)

McGREGOR. ¡Hola! Me llamo John Sibinus Jepsen Michelson i McGregor pero si quieres puedes llamarme McGREGOR.

SUSAN. ¡Vete! ¡No quiero saber nada de ti!

McGREGOR. ¡Oye! ¿Nadie te ha dicho que tienes mal genio?

SUSAN. ¡Lárgate! ¡ERES UNA PERSONA MAYOR!

McGREGOR. ¿Qué?... Yo... Eso... ¡Te puedo prometer que nunca lo he hecho adrede!

SUSAN. Si llevas una corbata doblada. Está doblada pero es una corbata. A los mayores os gusta llevar esas cosas porque, con ellas os creéis más importantes. Y no sólo lleváis corbatas sino que además os compráis coches para lucir lo que tenéis, estudiáis para tener dinero y compraros coches, tenéis mal genio porque tenéis que estudiar para tener dinero y así compraros coches, como tenéis mal genio os dan envidia los niños que viven felices y para que no sean felices les compráis juguetes de plástico. Pues, para que lo sepas, no pienso comprarme ninguno de esos juguetes. Ahora lo sabes... ¡VETE!

McGREGOR. Pero yo nunca...

SUSAN. No me des excusas. Siempre estáis dando excusas. Excusas para tratar mal a la gente, para regañar a los niños, para criticar a los mayores, para aprovecharos de la naturaleza, de las flores. Quiero que tengas bien claro que no me gustan las flores de plástico.

McGREGOR. ¿Y los ambientadores?

SUSAN. Tampoco.

McGREGOR. ¿Y la luz de bombilla?

SUSAN. No.

McGREGOR. ¿Y las gominolas?

SUSAN. ¡Buah! Son de plástico.

McGREGOR. ¿Y los relojes?

SUSAN. Los odio.
(Silencio.)

McGREGOR. Y... ¿Las, las... marionetas de cartón?
(Susan se vuelve lentamente hacia Mc con grandes ojos e interés.)

SUSAN. ¿Tienes alguna?

McGREGOR. Sí, tengo muchas. Soy el director de un teatro de marionetas de Navidad.

SUSAN. Marionetas de Navidad.

McGREGOR. De entre todas las marionetas del mundo, las de Navidad son las más alegres. Juguetean entre copo y copo de nieve bajo los auspicios de don Blanco.

SUSAN. ¿Don Blanco?

McGREGOR. Don Blanco es un muñeco grandote, con sombrero de copa, roja bufanda y zanahoria por nariz que está hecho de nieve.

SUSAN. ¿Usa corbata?

McGREGOR. ¡Claro que no! Don Blanco es un señor muy respetable.

SUSAN. (Resignada.) Me gustaría ser la directora de un teatro de marionetas de Navidad.

McGREGOR. ¡Hum! Tienes aptitudes pero tendrías que pasar alguna que otra pruebilla. Total, nada de importancia.

SUSAN. ¡Vale! Estoy dispuesta.

McGREGOR. Muy bien, comenzaremos con los preparativos. En primer lugar... ¿Cuál es tu nombre?

SUSAN. Susan, la de los cabellos dorados.

McGREGOR. Susan. Susan. No está mal, me gusta. Susan, sígueme.

SUSAN. ¿A dónde?

McGREGOR. Al teatro de marionetas de Navidad de McGregor.
(Música triunfal.)

ARLEQUÍN. Mc no cabía de júbilo. ¡Había encontrado un sucesor para su teatro de marionetas! Pero... ¿Pasaría las pruebas de admisión? Le explicó que las marionetas no podían hablar y que era una norma vital que guardase silencio delante de ellas. Además tenía que estar siempre muy alegre pues las marionetas pueden deshacerse si ven a un niño triste. Una marioneta es un ser muy sensible y con el que se tiene que tener mucho cuidado. Le explicó que los mayores habían intentado hacer marionetas de plástico pero eran muy feas y sin corazón. Y el corazón es lo más importante en una marioneta porque bombea amor a todo su cuerpo.


TERCERA ESCENA

(Mc y Susan se encuentran dentro del teatro de marionetas dispuestos a realizar la primera prueba.)

McGREGOR. La primera prueba es muy fácil. Tendrás que ser un cocinero de Navidad. No me mires con esa cara que te lo explico enseguida. Para poder ser un gran director necesitas conocer muy bien la Navidad, la verdadera Navidad. Los mayores piensan que la Navidad es pavo, turrón, champán, guirnaldas o bullicio; la Navidad es mucho más que eso, es cariño entre las personas, pasteles de alegría, mazapanes de harina con sabor a bondad, hojaldres de amistad y coloradas guindillas de afecto. Claro que todo ha de ir envuelto con un dorado lazo de sinceridad. Pasemos a la prueba.
(Música para despertar a las marionetas.)

McGREGOR. Ésta es “ni pincho” y ésta “ni corto”, ellas te van a enseñar a hacer los diferentes preparados que ha de conocer el director de un teatro de marionetas de Navidad. En primer lugar te hará un pastel de alegría.
(Representan la realización de un pastel.)

McGREGOR. Intenta hacerlo tú.
(Susan imita la representación anterior.)

McGREGOR. Ahora te enseñarán a hacer los mazapanes de harina con sabor a bondad. (Silencio.) ¿Qué no podéis?

ARLEQUÍN. Otra vez con el problema de siempre: las marionetas se olvidaban de su trabajo. Desde que Pepa, la gitana, se había llevado la llave de la caja verde, ocurría siempre lo mismo. Las marionetas de Mc sólo podían usar la imaginación de los niños y ahora esto les iba a ser vedado porque las marionetas de Navidad estaban perdiendo la memoria. Mc tuvo que ordenar a ni pincho y a ni corto que volviesen a su baúl de madera hasta que se acordasen de la receta de los mazapanes de harina con sabor a bondad y, así, dejar incompleta la primera prueba. La caja verde era algo asombrosamente especial, bajo quien sabe qué misterioso efecto daba a todas las cosas el verdadero espíritu de la Navidad, convertía en realidad los deseos más ansiados. Una vez convirtió a un mayor en el más inocente de los niños cuando realizaba un viaje de negocios a una lejana ciudad. Pero ésta es una leyenda muy antigua que los mayores desean olvidar. Y, es que, a los mayores les parece muy importante llamarse nombres como Saulo pero les incomodan las personas que se llaman Pablo y son como niños.



CUARTA ESCENA

McGREGOR. Ahora que conoces el secreto de la caja verde te darás cuenta de lo importante que es tu labor y el que superes con éxito estas pruebas. A propósito, te voy a presentar a “vaya corte tío”. ¿Quién es? Es el leñador de la Navidad. Para que en los hogares hayan árboles cargados con espumillón y bolas, “vaya corte tío” tiene que subir a heladas montañas, atravesar nevadas cumbres, escoger entre cientos de abetos. Él es muy trabajador y se encarga de cortar la leña que calentará nuestros hogares los días de frío. Por eso has de aprender muy bien cómo realizar tu oficio.
(“Vaya corte tío” hace su representación.)

McGREGOR. Ahora es tu turno, Susan.
(Susan realiza la representación.)

McGREGOR. Muy bien. Has pasado exitosamente esta prueba.
(Se escucha música y aparece Santa Claus.)

ARLEQUÍN. Susan se sentía fascinada por aquel encuentro. Tener al mismísimo Santa Claus delante de ella. ¡Qué ilusión! ¡Ah! Perdonad por esta intromisión. Pero es que quería recordar a los mayores que si desean entender bien la historia han de guardar en los bolsillos una pizca de paciencia. Es que, no se puede tener el espíritu de Navidad de golpe después de tantos años de adultez. Pero, sigamos con la historia.


QUINTA ESCENA

MCGREGOR. Si existe algo importante en la Navidad es la música. Susan tienes que conocer a “blanche”. Bueno, ése es el nombre con el que la llamamos los amigos pero en realidad se llama “Blanchecommelaneige”. Ella dirige nuestra orquesta de marionetas y has de estar bien relacionada con ella. Más aún, tenemos una vacante de concertino y has de tocar con los músicos de guiñol la “Opus Navidae” que están preparando. Por eso... ¡Orquesta de Guiñol!
(Música y aparecen en escena todos los musiñecos.)
Ellos son los musiñecos y has de tocar con ellos, bajo la dirección de “blanche”, si quieres conocer algo más del espíritu de la Navidad.
(Representación de los musiñecos.)

McGREGOR. Has pasado la prueba con toda la entereza de un director de un teatro de marionetas.

(Entra otra vez en escena Santa Claus acompañado de una anciana.)

ARLEQUÍN. Tras marcharse Santa Claus, “masviejaquelaorden” enseñó a Susan a hacer los mazapanes de harina con sabor a bondad. Le explicó que tenía que seleccionar con mucho cuidado la harina, que tuviese la misma proporción de caridad que de generosidad y sinceridad, si no, el mazapán saldría o duro o empalagoso. Le comentó la enorme importancia del azúcar moreno, pues el blanco hacía daño y producía mal genio. Le enseñó a hacer mazapanes de distintas formas y colores: níveas palomas de la paz, dulces lanosos corderos, grandes y rosados corazones. Le recalcó la importancia de que el horno tuviese calor de familia. Los hornos de gas eran peligrosos y, además, venían de la misma sustancia que el plástico. “Masviejaquelaorden” aconsejó a Susan como sólo lo saben hacer las abuelas y, así, los mazapanes tenían un sabrosísimo gusto a bondad, virtud tan usual en nuestras ancianas consejeras. Susan comenzaba a comprender que no es nada fácil ser director de un teatro de marionetas de Navidad.


SEXTA ESCENA

McGREGOR. Te queda tan sólo una prueba. ¿Te gusta pintar? Pues bien, quiero que sepas que el oficio de pintor de Navidad es algo imprescindible, esencial, necesario. Te has preguntado alguna vez quién es el que pinta de blanco las calles en las fechas navideñas, o quién llena de vaho los cristales de tu casa, quién impregna de azul intenso los días de mucho frío. Sí, ya sé que no lo sabes. Es... “casi me mancho”, una marioneta de lo más artista.
(Música y aparición de la marioneta.)

McGREGOR. Te presento a “casi me mancho”, el te enseñará a pintar la Navidad con los colores más apropiados, ¿verdad?
(“Casi me mancho” se pone triste.)

McGREGOR. ¿Qué te ocurre?

SUSAN. ¿Estás enfermo?
(“Casi me mancho” mira a Susan enfadado.)

McGREGOR. Ssss. No debes hablar (muy solemne). Esto ha llegado al colmo. Tenemos que poner una solución a todo esto. Necesitamos la llave de la caja verde, sin ella mis marionetas irán olvidando lo que deben hacer y nos quedaremos sin Navidad. Tengo unas ganas bárbaras de encontrarme con esa Pepa.
(Música siniestra, aparece en escena Pepa, la gitana.)

PEPA. Hombre, ya tenía ganas de que me necesitases.

McGREGOR. Yo no te necesito.

PEPA. Claro que sí, sin mí no habrá paisajes navideños este año, ni ningún otro. Las calles se tornarán grises por culpa de los gases plásticos, los abetos no serán verdes sino grises, la gente no tendrá en su cara pintada ninguna gran sonrisa sino una tristeza muy grisácea. Todo será gris y opaco. Los niños no jugarán ni estarán alegres, serán niños de plástico. Niños de plástico. NIÑOS DE PLÁSTICO.

McGREGOR. No, eso nunca, eso nunca. No, no, ¡NO!
(Mc se cae al suelo turbado por la idea. Susan se acerca a él y éste, débilmente, le comenta…)

McGREGOR. Susan, sólo tú puedes ayudarme. ¡Ayúdame!
(Susan se acerca a Pepa.)

SUSAN. Sra. Pepa, no se porte así. No se da cuenta de que la única felicidad en el mundo es tener el espíritu de la Navidad. Yo sé que tú eres buena persona. (Le pone la mano encima del hombro.) Lo que ocurre es que has tenido una educación incorrecta. (Muy segura.) Sé que eres el producto de las malas lecturas. ¿Quién te manda leer tebeos? Esas cosas no se hacen. Imagínate si todo fuese gris. Serías una persona muy triste. No pondrías ninguna guirnalda en tu casa, ni colgarías ninguna bola en el árbol de Navidad.

PEPA. ¿No podría colgar ninguna bola en el árbol de Navidad?

SUSAN. No.

PEPA. Yo no tengo la culpa de ser así. Los mayores me enseñaron a jugar con muñecas de plástico. Nunca he tenido una marioneta con un gran corazón.

SUSAN. Sra. Pepa, lo importante no es que tengamos marionetas con gran corazón sino que nosotros tengamos un corazón muy grande. Si los mayores tuviesen el espíritu de la Navidad en sus corazones, los niños no tendrían que jugar con muñecos de plástico, ni ir a guarderías de plástico, ni callarse cuando los mayores tienen mal genio de plástico, ni acostumbrarse a tener caprichos de plástico. Todos seríamos como las marionetas de Navidad.

PEPA. Y, ¿cómo podríamos hacer eso?

SUSAN. Sra. Pepa, la llave que tienes en la mano es la solución. Gracias a ella la caja verde se podrá abrir y todo el mundo se convertirá en un gran teatro de Navidad.

PEPA. Y, ¿podré poner bolas de Navidad en mi árbol?

SUSAN. Claro. Todos los días.
(Silencio.)

PEPA. Toma. A mí ya no me hace falta.

(GRAN JÚBILO.)

McGREGOR. Muy bien, Susan. Has pasado exitosamente la última prueba. Ya puedes ser una directora de un teatro de marionetas de Navidad. (Empieza la música y comienza a llamar a todas las marionetas de Navidad.)
Ni pincho, ni corto. ¡A escena!
Vaya corte tío, ¡a escena!
Blanchecommeneige, ¡a escena!
Casi me mancho, ¡empieza a pintar el decorado!
Masviejaquelaorden, ¡venga a escena, por favor!
(Un momento de silencio.)
Pepa, la zíngara de los ojos pequeños y corazón grande, ¡a colocar las bolas del árbol de Navidad!
Hoy es un día muy especial. Susan ha comprendido qué es el verdadero espíritu de la Navidad.
(Susan aparta a un lado del escenario a McGREGOR.)

SUSAN. ¿Qué tiene la caja verde dentro?

McGREGOR. Ahora que eres directora de un teatro de marionetas de Navidad te lo puedo decir. Dentro de la caja verde hay un libro negro.

SUSAN. ¿Un libro negro?

McGREGOR. Un libro negro muy antiguo. Un libro de hojas muy finas y con historias preciosas, historias de mayores que se hicieron como niños, historias de niños que fueron como directores de un teatro de marionetas de Navidad. Pero la historia más bonita de todas, habla de un niño que nació en un establo, entre amarillentas pajas. Un niño de color rosado que vino a luchar contra todos los que quieren hacer de este mundo un mundo artificial, un mundo de plástico. ¿Sabes por qué las marionetas de cuerda son las más felices? Porque son guiadas por dos palos cruzados, dos palos con la forma de una cruz. Y es que, el niño de esta historia, para darnos el espíritu de la Navidad, murió en una cruz.

SUSAN. McGREGOR.

MCGREGOR. ¿Sí, Susan?

SUSAN. Me gustaría leer ese libro.

ARLEQUÍN. ¿Os ha gustado mi historia? Espero que sí. No es una historia de mucha acción, ni de espectaculares escenario, ni de grandes gestas. Es una historia de cada día. Por eso... si no te gustan las cosas de plástico, si no quieres seguir usando corbata, si odias nuestro materializado mundo y deseas tener el espíritu de la Navidad, anhelas que el mundo sea un gran teatro de marionetas...
¡VENID A LA FUNCIÓN! ¡VENID A MI TEATRO!
¡NO DEJÉIS DE ASISTIR AL TEATRO DE MARIONETAS DE NAVIDAD DE SUSAN, LA DE LOS CABELLOS DORADOS!

El tiempo

10 Minutos y 6 Personajes. Una joven decide irse de misionera pero un grupo de personajes intentará desmotivarla. La joven se agarra a las promesas de la Biblia para afrontar sus ataques.



EL TIEMPO


PERSONAJES

MISIONERA
TIEMPO
MÚSICA
AMOR
FAMILIA
FAMA Y FORTUNA



MISIONERA. (Entra la misionera leyendo la Biblia.) Ya está decidido, voy a entregar mi vida al Señor, mi tiempo, mis sueños y todo lo que soy lo seré para él; seré misionera. (Sale.)

(Entran los espíritus hablando.)

TIEMPO. ¡No, no, no puede ser! Una más que se nos quiere ir, y nada menos que de predicadora, ¡qué huácala!

MÚSICA. No lo podemos permitir.

AMOR. Tenemos que hacer algo.

FAMILIA. Usemos todas nuestras habilidades.

FAMA y FORTUNA. Eso, saquemos esas ideas de su cabezota.

TIEMPO. Vengan, hagamos un plan.

(Los espíritus reunidos en un rincón hablan entre sí.)

TIEMPO. Ahí viene, ahí viene, a ver dónde está el espíritu familiar.

FAMILIA. Presente patrón.

TIEMPO. Ya sabes qué hacer, por ningún motivo debe irse a predicar así que haz tu mejor esfuerzo, por que si no ¡huasca!

FAMILIA. Está bien jefe lo haré.

(Se acerca y le habla al oído.)

FAMILIA. ¿Predicadora? ¿Se ve que no has pensado en tu familia, no? Pedazo de egoísta, especialmente en tu abuelita, tú que la quieres tanto… Si te vas, ¿quién le va a cuidar si ya está tan cansadita? A ver dime, ¡piensa en tu abuelita!

MISIONERA. Pero y mi familia, ¿qué ha de ser de ella? En especial de mi abuelita que es tan buena y yo a veces la cuido, y si me voy, ¿quién va a atenderla?

FAMILIA. ¿Y tus Papás? ¿Has pensado en ellos? Tienen grandes anhelos para ti, se han esforzado tanto para hacerte estudiar y tú, ¡que les hagas esto…! No puede ser, ¡qué barbaridad!

MISIONERA. Por otro lado no será que voy a decepcionar a mis Papas, su sueño ha sido siempre verme como profesionista y seguro se pondrán tristes.

FAMILIA. ¡Ah! ¿Y tus hermanitos? Siendo tú la mayor, ¿quien se hará cargo de ellos? ¿Quién cocinará cuando tu mamá se vaya a trabajar? ¿Y al más pequeño, quién le llevará al kinder?

MISIONERA. ¿Y mis hermanitos? ¿Quién cuidará de ellos si me voy? No sé, creo que no debería ir y mejor quedarme con toda mi familia en mi casa tranquila. ¡Pero NO tengo que ir! Pues la Palabra de Dios dice: ............. Además estoy segura de que Dios cuidará de ellos.

(Sale Familia derrotada.)

TIEMPO. Y ahora, ¿qué excusa me das a dar? ¡Ja, chacra inútil, desaparezca de mi vista!
A ver, a ver, el amor ¿dónde está el amor?

AMOR. Aquí, mi queridísimo jefecito.

TIEMPO. Bueno, mi amor carnal, ya sabes lo que debes decirle, toca las fibras más íntimas de su corazón, como en las novelas, igualito, ¡vamos, dale con todo!

AMOR. ¿Antes de irte has pensado aunque sea un poquito en el Pepe, el Pepito? ¿Lo vas a dejar para irte de predicadora? Mira que chicos así no abundan, ¡cuántas quisieran estar en tu lugar y entre tantas chicas te ha elegido a ti! ¡No seas pues loca! Además, ¿si se da al trago ese Pepe? Es capaz… ¿Con todo eso lo vas a dejar?

MISIONERA. Ahora que recuerdo, ¿y mi Pepe, mi amado Pepe? Con lo que me ha costado tenerlo a mi lado… Tanto que he luchado por su amor… Y si me voy y hace una locura, ¿lo dejo o no?

AMOR. Además de eso, ya sabes lo que dicen: Amor de lejos amor de....., te va a cuernear, eso es seguro, con tantas que andan tras de él, no te vayas.

MISIONERA. Y si un día me engaña y se va con otra ¡no lo soportaría! Creo que me voy a quedar no más... Pero ¿no dice la Biblia huye de las pasiones juveniles? Y sé que es lo mejor, así que me voy.

(Sale Amor derrotada.)

TIEMPO. ¿Y ahora qué ha pasado?

AMOR. Es que jefecito…

TIEMPO. ¿Es que, jefecito? ¡Nada, eres otra inútil, que no sirves para nada, vete de aquí! A ver, ¿dónde está la Fama y la Fortuna? Ese no falla. ¡Fama!

FAMA y FORTUNA. A sus ordenes, patroncito, ¿qué cosita será?

TIEMPO. Ya sabes, pues no debemos permitir que se vaya, dile todo lo que quieras, haz lo que tengas que hacer pero que no se vaya… Enséñale a estos tus compañeros chacras.

FAMA Y FORTUNA. ¿Conque predicadora? Como si se ganara mucho en eso… ¿Te has puesto a pensar en lo que estás dejando atrás? Primero tu carrera que tiene mucho futuro y donde podrías ganar un montón de dinero. Si no te gusta tu profesión, ahí tienes tu talento, con esa maravillosa voz que tienes llegarías lejos, serías una cantante famosísima reconocida mundialmente, vestirías la ropa que quisieras, viajarías por todo el mundo, no seas pues burrita, ¡no vayas!

MISIONERA. Pensándolo bien, ¿y si no puedo ganar mucho, quizás pase hambre? En cambio, si termino mi carrera puedo ganar mucho dinero y así ayudar a los necesitados. También me duele dejar mi sueño de ser cantante con lo mucho que me gusta cantar, y podría ser famosa, ganar bastante dinero y ayudar a los pobres no sé...

FAMA Y FORTUNA. ¡Ah, y lo que te espera! Por ahí te mandan a algún lejano país de misionera, por el África. No olvides que ahí los leones se comen a los negritos y a los misioneros… No tendrás ningún amigo, ni un conocido siquiera, vas a estar sola, vestirás ropas que te regalen… ¡Uy, no quiero ni pensar! Pobrecita, así que mejor quédate no más, ¿qué necesidad tienes de ir? Aquí te espera un futuro brillante.

MISIONERA. ¿Y si me mandan de misionera muy lejos de aquí? Me sentiría sola y no sé qué peligros me esperan, quizás no vista como a mí me gusta… Creo que debería quedarme no más… Pero NO, la Palabra de Dios me dice que busque primero el Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas me serán añadidas y sé que eso es muy cierto… Así que me voy. ¡No más!

(Sale Fama y Fortuna derrotado.)

TIEMPO. ¡Que barbaridad, que barbaridad! ¡Qué chango! No saben hacer nada bien… ¡Qué incompetencia! Me dan ganas de mandarte al cielo de castigo. Ahora el último que me queda es la Música y los amigos. ¡Ojalá esto funcione! A ver dónde está Música...

MÚSICA. Aquí estoy, mi pana, no se preocupe que conmigo todo va a salir a la perfección…

TIEMPO. ¡Ojalá! Porque ya desconfío… Pero bueno, anda, y no permitas que vaya de predicadora, ¿entiendes?

MÚSICA. ¿Sabes cuál es el sinónimo de la palabra predicadora? Pues aburrida, no te vayas, no te rayes, ¿cómo vas a dejar la música que tanto te gusta, los bailes, las fiestas? Si te vas, no hay vuelta que dar, lo dejarás todo, en especial los cuates, tus panitas, ¿acaso ya has olvidado esas fiestangas de antes, las discos… Esos días de mover el esqueleto hasta que las velas no ardan, hasta que se rompa tu taco…? ¿Has olvidado todo eso? No creo. Aún estás a tiempo de arrepentirte, no lo hagas, quédate no más, te vas a arrepentir… Si te vas tus amigos te van a ralear de frente; te van a hacer a un lado, quizás hasta ni te hablen y te quedarás sola, ¡no te vayas!

MISIONERA. Me olvidaba de mis amigos, ¿que dirán si me voy? ¿Me escribirán al menos? No creo, nunca han estado de acuerdo con mi conversión y si les digo que me voy de predicadora peor todavía. ¿Y las fiestas? Hace tiempo que no voy pero no las he olvidado… A veces me dan ganas todavía de ir y bailar un ratito y si me voy quizá ya no vuelva a tener oportunidad de ir a bailar, aunque a escondidas… ¿Qué hago? Parece que me estoy desanimando... Pero NO, la Biblia me enseña que la amistad con el mundo es enemistad con Dios, así que mejor voy no más.

TIEMPO. ¡Qué bestia, pero qué bestia! ¿Ahora qué me vas a decir?

MÚSICA. No se pudo, mi carnal, ¡bien terca es!

TIEMPO. ¡No se pudo, no se pudo! ¿Cómo se va a poder si son todos una pandilla de incompetentes, inútiles…? ¡Bien dicen que para que algo salga bien uno debe hacerlo personalmente! Así que observen y miren a un maestro en acción.
¿Conque predicadora? Y tan joven… ¡Qué desperdicio de vida, de energía, de tiempo, de oportunidades! ¿Te das cuenta de lo que estás pensando hacer, del semejante disparate que estas a punto de cometer? ¿Cuándo se ha visto pues, una predicadora tan joven? ¡Qué barbaridad! ¿Acaso no te fijas en los diáconos de la Iglesia que son de 45, 50 años? ¡Lo que te falta a ti todavía…! Tienes que vivir un poco más la vida, tienes que hacer testimonio si no, ¿qué vas a compartir? Así que quítate esa ida loca de la cabeza y vive un poquito más, luego ya habrá tiempo para ser predicadora, por ahora no, no olvides lo que te digo, para todo hay tiempo, ¿entiendes? Para todo hay tiempo, para todo hay tiempo, para todo hay tiempo... (Se aproximan a la salida poco a poco.)

MISIONERA. NO, escrito está, acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud antes de que vengan los días malos y digas no tengo en ellos contentamiento, ¡así que no importa lo que diga la gente, no importa renunciar a mis sueños, mis anhelos, mi familia y negarme a mí misma, sé que debo servir a mi Señor como Él quiere y no como yo u otras personas quieren! ¡Decidido está, seré predicadora!

David y Goliat

40 Minutos y 12 Personajes. Historia de David desde que es ungido rey hasta que vence a Goliat. Se trata de una obra en la que se interactúa con una audiencia de niños.



DAVID Y GOLIAT
Adaptado de La Biblia, por Ángel Israel Barrós Vargas


PERSONAJES

NARRADOR
SAMUEL
SOLDADO
ISAÍ
ELIAB
ABINADAD
SAMA
VOZ EN OFF
DAVID
LEON
GOLIAT
REY SAÚL


NARRADOR. Esta historia que les voy a contar, ocurrió hace mucho tiempo, es una historia que habla de una de las más grandes aventuras que haya tenido un joven en su vida: la historia del niño que le enseñó a su pueblo cómo matar un gigante… (Diálogo con los niños.) ¿Saben cómo se llamaba este niño? Muy bien, se llamaba David y esta es su historia...

SAMUEL. Creo que por aquí se va, sí, creo que sí. Ha pasado tanto tiempo que no visito Belén y eso que es una ciudad muy bonita: hay árboles por todos lados, las frutas son deliciosas y la gente muy hospitalaria. Vamos a ver, (dirigiéndose al público) Oh, hola amiguitos, mi nombre es Samuel, discúlpenme que no los haya visto antes, es que estoy buscando el camino que lleva a Belén y ¿saben por qué estoy yendo a Belén? ¿No...? Pues Dios me ha enviado para ungir a un nuevo rey que gobierne Israel porque Saúl no ha obedecido a Dios y por tanto, lo ha descartado como rey. (Volviéndose misterioso.) Pero debo tener cuidado porque si Saúl se entera es capaz de arrestarme o lo que es peor aún, me puede (mirando hacia ambos lados) asesinar. ¡Ah! Pero Dios me dijo también que tomara conmigo una becerra y la llevara a sacrificar y que cuando alguien me preguntara a que había venido a Belén, le dijera que “he venido a ofrecer sacrificio a Jehová” así que, amiguitos, si alguien les pregunta a qué he venido, ustedes le dirán que soy un anciano llamado Samuel, que ha venido de muy lejos para hacer un sacrificio a Jehová, ¿entendido? Ustedes no estarán mintiendo porque eso es verdad ¿no es así? (El público responde que sí.)

SOLDADO. (Apareciendo en escena.) ¡Alto!

SAMUEL. (A los niños.) Ya saben amiguitos lo que tienen que decir...

SOLDADO. Le dije que se detenga.

SAMUEL. ¿A mí se me habla, señor soldado?

SOLDADO. Sí, a ti, dime quién eres, identifícate.

SAMUEL. Pues mi nombre es Samuel.

SOLDADO. Samuel el profeta.

SAMUEL. Bueno, me conformo con que me digan Samuel a secas, señor soldado.

SOLDADO. No se me haga el graciosito y dígame ¿a qué ha venido a Belén?

SAMUEL. He venido a sacrificar una becerra a Jehová.

SOLDADO. No te creo nada de lo que me dices, será mejor notificarle al rey de tu venida, a mí más bien me parece que vienes para hablar en contra del Rey.

SAMUEL. Ho... Yo no hablo mal de nadie, señor, sólo digo lo que Dios me ordena que diga, nada más.

SOLDADO. Como te dije, no te creo nada de lo que me has dicho.

SAMUEL. Pues si no me cree, pregúntele a los niños, ellos le dirán la verdad...

SOLDADO. ¿Cuales niños?

SAMUEL. A los que están allí (señala al público.)

SOLDADO. ¡Oh! Perdónenme, niños, no me había dado cuenta de que estaban allí. ¿Ustedes me pueden decir para que ha venido este hombre a Belén? (Los niños responden que ha venido a sacrificar a Jehová.) Bueno, yo les creo.

SAMUEL. Sí, porque los niños no mienten y yo tampoco.

SOLDADO. Bueno, Samuel, entonces puedes seguir tu camino, pero te advierto que te voy a estar vigilando, así que mucho cuidado, ya sabes...

SAMUEL. El que anda con Dios no tiene de qué cuidarse ni por qué temer y gracias amiguitos por ayudarme, adiós, hasta pronto...

SOLDADO. Ya casi termina mi guardia. Saliendo del servicio me iré a casa para visitar a mi mamita y de allí donde mi enamorada para llevarla al teatro. (Suspira.) ¡Ah…! El amor, el amor... (Saliendo de escena.) ¡Oh, no! Mi reloj de arena se ha malogrado; ahora tendré que llevarlo al relojero.

NARRADOR. Así fue como Samuel llegó a Belén, porque Dios lo había enviado, y ofreció holocausto tal y como Dios también le había ordenado, y se encontró con Isaí, el padre de David y se pusieron a conversar de muchas cosas.

ISAÍ. ¿Qué te parece, Samuel? Ahora los sacrificios ya no son como los de antes.

SAMUEL. Sí, pues, es que como estamos en guerra, le gente últimamente o bien está en el campo de batalla o escondida por ahí...

ISAÍ. Antes, para un sacrificio se reunía toda la familia y se mataba lo mejor del ganado; no sólo era un deber sino también un orgullo sacrificar a Dios lo mejor de nuestros animales.

SAMUEL. Pero de todos modos el sacrificio estuvo muy bueno.

ISAÍ. ¡Oh, sí! Eso ni negarlo.

SAMUEL. Pero Isaí, tengo que decirte algo muy importante.

ISAÍ. ¿Y qué será, mi buen amigo?

SAMUEL. Pues que Dios me ha enviado para ungir a uno de tus hijos para que en un futuro sea el nuevo rey de Israel.

ISAÍ. (Asombrado.) ¡No te creo!

SAMUEL. Pues es la verdad y necesito que todos tus hijos vengan inmediatamente.

ISAÍ. Alabado sea Dios, los llamaré ahora mismo. (Sale.)

SAMUEL. ¡Ay, Dios mío! Aún recuerdo cuando era un niño y estaba en el templo sirviéndote día y noche, Señor, porque mi madre hizo un juramento contigo, que si tú le dabas un hijo, ella lo entregaría al templo para que sirviera a Dios… Y ahora estoy aquí, cumpliendo la promesa que te hizo mi madre. (Sale.)

NARRADOR. (Cambiando la escenografía.) Ahora, veamos lo que sucede en el campo donde se encuentran los hijos de Isaí.

(En el campo. Se encuentran recostados los hijos de Isaí.)

ELIAB. (Roncando.) Oye, Abinadad, Abinadad...

ABINADAD. (Medio despierto.) ¿Eh? ¿Quién me habla?

ELIAD. Soy yo: Eliab.

ABINADAD. ¿Qué quieres? ¿No ves que estoy descansando?

ELIAB. ¿Ah, sí? ¿Y de qué estás descansando?

ABINADAD. ¿Que no lo ves? De descansar, ¿que acaso no sabes que mi trabajo consiste en descansar por todos ustedes?

ELIAB. Déjate de tonterías y dime dónde está David.

ABINADAD. No lo sé, ¿acaso soy su hermano para que me preguntes por él?

ELIAB. Pues claro que lo eres.

ABINADAD. Verdad no... Déjame preguntarle a Sama... Oye, Sama, despierta...

SAMA. Déjame mamá, no me gusta levantarme temprano.

ABINADAD. Sama, despierta ya...

SAMA. No, mamá, no me gusta la sopa… Dile a papá que estoy enfermo para que no me lleve al campo a trabajar...

ABINADAD. (Gritando.) ¡Sama, despierta!

SAMA. ¿Qué pasa, Abinadad? ¿Por qué haces tanta bulla?

ABINADAD. Despierta ya y dime dónde está David.

SAMA. Espérate, déjame recordar... ¡Ah, sí! Ya me acuerdo... Lo envié al que apaciente las ovejas...

ABINADAD. Oye, Eliab...

ELIAB. ¿Qué pasa?

ABINADAD. Dice Sama que ha enviado a David para que apaciente las ovejas...

ELIAB. Bien hecho.

ABINADAD. Sí, que trabaje duro…

SAMA. Para eso es el hermano menor, él tiene que hacer todo lo que le digamos...

ELIAB. Oye, Sama...

SAMA. ¿Qué pasa?

ELIABA. Sería bueno que vayas a echarle una miradita a David, no vaya a ser que ese flojo se haya quedado dormido y los leones se coman las ovejas...

SAMA. ¿Y por qué no va Abinadad? Eso es trabajo para los hermanos mayores, yo no tengo nada que ver en eso...

ABINADAD. Oye Sama, no te metas conmigo porque si me levanto, soy capaz de... de...

SAMA. (Levantándose.) ¿De qué?

ABINADAD. De volverme a dormir, y quiero evitar la fatiga de levantarme por gusto.

ELIAB. Tienes que obedecernos, Sama, porque tú eres el menor.

SAMA. ¿Y por qué no van este par de flojos que son menores que yo?

ABINADAD. Porque ellos se han pasado todo el día recogiendo el trigo en el campo y tienen derecho a descansar.

SAMA. Pero yo no quiero ir...

ELIAB. Pero tienes que ir.

SAMA. ¡No!

ISAÍ. (Ingresando.) ¿Qué pasa aquí?

ELIAB. (Levantándose rápidamente.) A ver, todos a trabajar.

ABINADAD. (Repitiendo la misma acción de Eliab.) ¡Vamos haraganes, ya dejen de dormir y vamos a trabajar!

ISAÍ. Hijos, vengan conmigo pronto.

SAMA. ¿Qué pasa, Padre? ¡Dinos!

ISAÍ. Nos ha visitado Samuel, un profeta de Dios y quiere conocerlos a ustedes para ungir a uno y convertirlo en el próximo rey de Israel.

ELIAB. Seguramente Samuel me ungirá a mí, por ser el mayor y el más guapo de todos.

ABINADAD. No te hagas ilusiones porque papá no ha dicho que el profeta ungirá al primogénito sino a uno de nosotros.

SAMA. Si entre nosotros hay alguien a quién ungir, seguramente será a mí, porque yo soy el más inteligente de todos.

ISAÍ. ¡Ya! Dejen de pelear y vámonos. ¿Dónde está David?

ABINADAD. Está en el campo haciendo pastar a las ovejas.

ISAÍ. Bueno, no creo que haga falta, es el menor de todos mis hijos, así que no creo que Dios lo haya escogido a él... Vamos rápido, rápido. (Salen de escena.)

NARRADOR. (Va cambiando la escenografía.) ¡Qué tales hijos! ¿No? Unas joyitas, pero no todos seguramente. Recuerden que dos de ellos estaban descansando porque habían trabajado todo el día recogiendo el trigo y David que se encontraba en el campo apacentando las ovejas. Veamos qué sucede…


(En la casa de Isaí.)

SAMUEL. Bueno, vamos a ver a cuál de ustedes ha escogido Dios para que sea el nuevo rey de Israel en el futuro. Que se acerque el primogénito.

ELIAB. Aquí estoy, listo para ser ungido...

SAMUEL. Parece que este joven es el ungido...

VOZ EN OFF. (Voz con efecto de eco.) No mires su parecer, ni lo grande de su estatura, porque yo lo desecho, porque Jehová no mira lo que mira el hombre, el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

ELIAB. ¿Qué espera para ungirme? Ya estoy agachado...

SAMUEL. Lo siento mucho, jovencito, pero Dios no te ha escogido a ti.

ELIAB. Pero eso no es posible.

SAMUEL. Ya te dije que lo siento. El que sigue...

ABINADAD. ¡Qué pena, hermanito! Pero cuando sea rey, te nombraré mi escudero. (A Samuel.) Únjame Señor.

SAMUEL. Lo siento mucho, pero tampoco a ti te ha escogido Dios.

SAMA. Parece que voy a tener dos escuderos en mi palacio de Rey.

SAMUEL. Lo siento, pero a éste tampoco lo ha escogido Dios, el siguiente. (Pasan los otros cuatro hermanos y el texto que usa es el mismo para todos.) Lo siento pero el Señor tampoco te ha escogido a ti. ¿Isaí?

ISAÍ. ¿Sí, Samuel?

SAMUEL. ¿Estos son todos tus hijos?

ISAÍ. Bueno, todavía falta David, el menor de todos, pero todavía es un chiquillo...

SAMUEL. Pues tráelo, por favor, es necesario que también esté presente para ver si Dios lo ha escogido a él.

ISAÍ. Se hará como tú digas, Abinadad.

ABINADAD. ¿Sí, padre?

ISAÍ. Ve por David y tráelo aquí.

ABINADAD. Pero papi, el campo está muy lejos y además él es el menor y no creo que Dios lo haya escogido a él.

ISAÍ. Pero, hijo...

ABINADAD. Además, yo soy el más alto y (poniendo gruesa la voz) el más fuerte...

ISAÍ. Lo sé, hijo, pero esa es la voluntad de Dios y no la nuestra, ahora anda, rápido.

ABINADAD. Pero papá...

SAMUEL. No nos sentaremos en la mesa hasta que él venga aquí.

ABINADAD. (Mirando a Samuel.) En ese caso ¡Voy volando! (Sale.)

ISAÍ. Un poquito desobediente, pero es porque su madre lo ha engreído un poco.

SAMUEL. Ya veo.

ISAÍ. Es que los hijos de ahora ya no son como los de antes, pero ven por aquí, Samuel, hay algo que quiero mostrarte, lo he separado para el próximo sacrificio... (Salen.)

(David y el león.)

LEÓN. (Rugiendo desde fuera de escena.) Estoy tan hambriento que me comería un león... Pero, ¿qué estoy diciendo? Si yo soy un león… (Oliéndose) Y como comida no huelo muy bien, ¿será porque hace un mes que no me baño? No lo creo porque uso un buen desodorante. ¡Rexona, no te abandona! (Esto lo puede hacer levantando un desodorante.) ¡Oh!, pero, ¿qué veo allí? Un inocente niñito apacentando sus ovejitas. ¡Hum! Me daré un buen banquete, con lo que me gusta la carne... (Se dirige hacia otro lateral pero lo intercepta David ingresando a escena.)

DAVID. Disculpe la curiosidad, señor león, pero me gustaría saber a dónde va, si no es mucha molestia.

LEÓN. (Mirando hacia el público.) Se me tiene que ocurrir algo (volteando hacia David e imitando a un viejito.) Hijito, soy un pobre león viejo que de tanto comer carne se le han gastado los dientes y ha tenido que volverse vegetariano, ¿me dejarías un ratito comer pasto junto a tus ovejitas? Se ven buenitas, y gorditas y blanditas, permiso hijo, permiso que tengo hambre. (Trata de pasar ágilmente pero David se lo impide.)

DAVID. Un momento, si usted fuera un león viejo, tendría canas y no caminaría tan ágil, me parece que usted está mintiendo.

LEÓN. Yo nunca miento, jovencito, (dejando de fingir la voz de anciano) y ya déjame pasar porque tengo hambre, ¡Ejem...! (Imitando al viejito. Tengo hambre, hijito, no he comido en días.)

DAVID. (Interrumpiéndolo.) Déjeme primero preguntarle a los niños...

LEÓN. Ellos no saben, mejor déjalos tranquilos, ellos han venido a ver la función y no para que les estés preguntando cosas.

DAVID. De todas formas les voy a preguntar, ¿verdad niños que este león está viejito y que sólo come pasto?

(Los niños responden que no y que está mintiendo.)

LEÓN. (Les hace señas para que se callen.) Cállense...

DAVID. Los niños dicen que me estás mintiendo...

LEÓN. (Rugiendo.) Muy bien, se acabaron los modales, sí estoy mintiendo y soy un león muy malo y he venido a comerme tus ovejitas ¡y qué!

DAVID. ¡Que yo no te voy a dejar que te comas mis ovejas! (Se lanza al ataque, el león ruge y también ataca.)

LEÓN. En la cara no, en la cara no...

(David lo agarra por el cuello y lo vence.)

LEÓN. Ya no, ya no, basta.

DAVID. Tienes que decir: “me rindo”.

LEÓN. Me rindo, me rindo, chepa...

DAVID. Ahora tienes que prometer que no volverás por estos lugares.

LEÓN. Lo prometo, lo prometo, palabra de león, ahora suéltame y déjame ir, por favorcito.

DAVID. ¿Ustedes qué dicen, niños? ¿Lo suelto para darle una oportunidad?

(Los niños opinan.)

LEÓN. Ahora sí, niñitos, les prometo que me voy a portar bien, se los prometo. ¡Ay David! Me duele mucho esa llave, ¡ay!

DAVID. Los niños opinan que debo soltarte, sólo por eso lo voy a hacer.

LEÓN. ¡Ay, gracias niñitos! Les prometo a ustedes y a David que ya no volveré más por estos lugares, adió. (Sale de escena.)

DAVID. ¿Qué les parece, amiguitos? Ese león se quería pasar de vivo, pero no se imaginaba que yo me sé de memoria todas sus mañas… ¡Ja! Lo que sucede es que siempre vienen por aquí osos y leones para tratar de comerse las ovejas de mi padre y yo ya me sé sus mentiras de memoria, además de eso yo soy muy fuerte… Miren, miren mis músculos… Bueno, todavía no salen porque aún soy chiquito, pero ahí están.

ABINADAD. David, David, ¿dónde te has metido?

DAVID. Ese parece mi hermano Abinadad...

ABINADAD. David, David...

DAVID. Aquí estoy, hermano.

ABINADAD. (Ingresando a escena.) Te estuve buscando por todas partes.

DAVID. Es que estuve peleando con un león que se quería comer las ovejas de nuestro padre.

ABINADAD. Sí, ¿como no?

DAVID. Pero, es la verdad, ¿no es así, niños?

(Los niños responden.)

ABINADAD. Bueno, no tengo tiempo para andar preguntando, además nuestro padre quiere verte inmediatamente.

DAVID. Está bien, nos vemos amiguitos.

(Salen de escena.)


(En casa de Isaí.)

ISAÍ. (Apareciendo seguido de Samuel.) Y como te venia diciendo, este asunto de los impuestos, y los filisteos insolentes que amenazan con invadirnos siempre...

ABINADAD. Padre, padre, aquí vengo trayendo a David.

ISAÍ. Buen trabajo, hijo.

DAVID. ¡Hola padre!

ISAÍ. Pasa rápido hijo, que este señor quiere conocerte.

SAMUEL. ¡Oh! Tú debes ser David, ¿no es así?

DAVID. Sí, Señor.

SAMUEL. Ven aquí conmigo, hijo, Dios me ha enviado a ungirte con aceite pues tú serás el nuevo rey de Israel, pero eso ocurrirá más adelante todavía. (Lo unge con aceite.) Bien, ahora que mi misión ha terminado, tengo que retirarme.

ISAÍ. ¡Que Dios este contigo, Samuel!

SAMUEL. Gracias por todo y que Dios los bendiga.

(Sale Samuel y después todos.)

NARRADOR. Así fue como David fue ungido por Samuel para que fuera el nuevo rey de Israel, pero la historia no termina aquí, pues hubo guerra en Israel y sus enemigos de siempre, los Filisteos, se disponían a invadir Israel con sus tropas. El rey ordenó que todo hombre que ya tuviera la fuerza suficiente para empuñar un arma se enlistara en el ejército y fue así que los tres hijos mayores de Isaí se enlistaron para seguir en la guerra a Saúl, el rey de Israel.

(Sale el narrador e ingresa Goliat.)

(Goliat sale como de casualidad, también uno de los hermanos de David muy distraído y cuando ve a Goliat grita y sale disparado.)

GOLIAT. ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo filisteo y vosotros los siervos de Saúl? ¡Escoged entre vosotros un hombre que venga contra mí! Y si él me vence, nosotros seremos sus esclavos; pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán… ¿Me han escuchado? Hoy yo he desafiado a los guerreros de Israel, dadme un hombre que pelee conmigo.

NARRADOR. ¡Dios mío, este gigante es tremendo! Ya van cuarenta días que sale por la mañana y por la tarde desafiando a los escuadrones de Israel, y hasta ahora nadie ha osado aceptarle el reto. Dicen que Saúl y sus generales tienen mucho miedo y ya no saben qué hacer...

ISAÍ. (Llamando.) ¡David, David, hijo...! ¿Dónde se habrá metido este chico? ¡Caramba! Si parece un venado… Anda todo el día saltando de aquí para allá... ¡David...!

DAVID. (Aparece por la espalda.) ¿Sí, padre?

ISAÍ. Caramba hijo, que me has asustado...

DAVID. Perdóneme es que venía a toda prisa y no me di cuenta de que estaba cerca de la puerta...

ISAÍ. Quiero que les lleves a tus hermanos este grano tostado y estos diez panes. Llévalo pronto al campamento y fíjate si están todos bien.

DAVID. Sí, papá.

ISAÍ. Y no te demores, no te distraigas por el camino.

DAVID. No, padre, descuide. (Al público.) ¿Saben amiguitos? Mis hermanos están peleando contra los filisteos, voy a llevarles esta comida y de paso veo si están bien, ¡ojalá que pronto termine esta guerra porque extraño a mis hermanos! Aunque a veces son un poco fastidiosos pero los quiero mucho y no deseo que nada malo les suceda.

(Sale David e ingresan sus hermanos. Están recostados en una posición parecida a la del campo.)

ELIAB. (Roncando.) ¡Oye, Abinadad! ¡Abinadad...!

ABINADAD. (Medio despierto.) ¿Eh...? ¿Quién me habla?

ELIAB. Soy yo, Eliab.

ABINADAD. ¿Qué quieres? ¿No ves que estoy descansando…?

ELIAB. ¡Ah, sí! ¿Y de qué estás descansando?

ABINADAD. ¿Que no lo ves? De descansar...

ELIAB. Déjate de tonterías y anda a ver si ya llegó David porque tengo hambre.

ABINADAD. Ya llegará hombre, no te preocupes.

ELIAB. Pues claro que me preocupo: tengo hambre.

ABINADAD. Verdad no... Déjame despertar a Sama. Oye, Sama, despierta...

SAMA. ¡Hey, ya, dejen dormir! ¡No hagan bulla!

ABINADAD. Sama, despierta ya...

SAMA. No, mamá, no me gusta la sopa, dile a papá que estoy enfermo para que no me lleve al campo a trabajar...

ABINADAD. (Gritando.) ¡Sama despierta!

SAMA. ¿Qué pasa, Abinadad? ¿Por qué haces tanta bulla?

ABINADAD. Despierta ya y ve a ver si ha llegado David.

SAMA. Espérate un ratito más, déjame descansar bien...

ABINADAD. Ya has descansado lo suficiente, anda, ve...

SAMA. ¡Oh...! Está bien... (Levantándose.)

DAVID. (Entrando.) ¡Hola hermanos!

ELIAB, ABINADAD y SAMA. (Se levantan bruscamente pensando que es el capitán.) ¡Siempre listos!

DAVID. No es necesario que se emocionen tanto por mi llegada.

ELIAB. David, eres tú.

ABINADAD. Pensamos que era el capitán.

SAMA. ¡Qué susto nos has dado!

DAVID. Perdónenme, es que no me di cuenta que estaban descansando…

SAMA. Es que estar en la guerra cansa mucho.

ELIABA. La próxima vez ten más cuidado.

DAVIDA. Lo haré… Papá quiere saber si se encuentran bien.

ABINADAD. A ver qué nos has traído…

(Rebuscan en la canasta desesperados.)

DAVID. Sólo un poco de pan y grano tostado.

SAMA. ¿No hay miel?

DAVID. No, lo siento...

GOLIATA. (Voz en off.) ¡Escoged entre vosotros un hombre que venga contra mí! Y si él me vence, nosotros seremos sus esclavos; pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán, ¿me han escuchado? Hoy yo desafío a los guerreros de Israel, dadme un hombre que pelee conmigo.

SAMA. (Temeroso.) Otra vez él... No quiero verlo, no quiero verlo, no... (Se esconde detrás de David.)

DAVID. ¿Quién es ese hombre?

ABINADAD. No es un hombre, es un gigante… Voy a ver si alguien se atreve a enfrentársele, aunque lo dudo mudo mucho. (Sale.)

ELIAB. Y todos los días se adelanta para provocar a Israel.

DAVID. ¿Qué harán al hombre que venza a este filisteo y quite la vergüenza de Israel?

SAMA. Ya te lo dijo Abinadad, no es un hombre, es un gigante, pero al que lo venza el rey le dará grandes riquezas, le dará también la mano de su hija y exonerará de tributos a la casa de su padre.

DAVID. ¿Qué se habrá creído este filisteo malvado, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?

ELIAB. (Enojado.) Ya es hora de que regreses al lado de nuestro padre y le digas que estamos bien, además, tú deber es cuidar las pocas ovejas que nos quedan.

ABINADAD. (Alarmado.) ¡David! ¡David!...

DAVID. ¿Qué sucede?

ABINADAD. El Rey ha escuchado tus palabras y quiere hablar contigo.

ELIAB. Seguramente piensa que eres uno de sus mejores soldados y que has decidido pelear contra Goliat.

DAVID. Pues sea soldado o no lo venceré.

(Salen todos por un lateral.)

NARRADOR. David ha sido llamado por el rey y no sabemos para qué, ¡ojalá que no sea nada malo! pero veamos...

(Por el lateral contrario al que salieron ingresa el rey seguido de David.)

REY SAÚL. Ya te he dicho que tú no podrás pelear contra ese filisteo porque aún eres un muchacho, mientras que él es un hombre de guerra desde su juventud.

DAVID. Pero mi Rey, tu siervo era pastor de ovejas de su padre y cuando venía un león o un oso y se llevaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, lo hería y se lo arrancaba de la boca y si me atacaba pues lo mataba. Así también este filisteo será como uno de ellos...

REY SAÚL. Bueno, pues ve, y que Dios esté contigo.

DAVID. Ya verá mi rey que todo va a salir bien. (Sale.)

REY SAÚL. Eso espero, David, eso espero... ¿Ustedes creen amiguitos que ese muchachito pueda vencer al gigantón de Goliat? ¿¡Sí!? Pues eso espero. (Sale.)

NARRADOR. Ambos ejércitos ya se han puesto en orden de batalla, muy pronto comenzará la guerra, pero antes de esto...

GOLIAT. (Voz en off.) ¡Escoged entre vosotros un hombre que venga contra mí!

NARRADOR. Sí, el Gigante Goliat está retando nuevamente al ejército de Israel...

GOLIAT. Si él me vence, nosotros seremos sus esclavos; pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán, ¿me han escuchado? Hoy yo desafío a los guerreros de Israel, dadme un hombre que pelee conmigo.

NARRADOR. Mejor veamos, porque parece que este gigante está impaciente por pelear y para serles franco, yo también le tengo algo de temor, veamos...

GOLIAT. (Aparece en escena.) Escoged entre vosotros un hombre que venga contra mí. (Viendo a David.) ¿Qué es esto? ¿Acaso soy yo un perro para que un miserable chiquillo venga contra mí? ¡Yo te maldigo en nombre de mis dioses! ¡Ven hacia mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo!

DAVID. Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en el nombre del Dios de los ejércitos, a quién tú has provocado y Él te entregará hoy en mis manos, así toda la tierra que hay un único Dios en Israel.

GOLIAT. (Comienza la batalla.) ¡Te voy a destrozar!

DAVID. (Esquivando la espada.) Dios no salva con espada ni con lanza.

GOLIAT. Toma.

DAVID. (Esquivando.) De Dios es la batalla. (Dispara con su honda.)

(Goliat gritando cae y sale de escena.)

DAVID. Lo vencí, amiguitos, vencí al gigante, ahora tengo que presentarme ante el rey y darle la noticia.

NARRADOR. Así como David venció a Goliat y los filisteos al ver derrotado a su paladín huyeron despavoridos y llenos de temor, Israel ganó la guerra y también se libraron sus habitantes de ser esclavos de gente muy mala.

(Se escuchan rumores “Saúl hirió a sus miles, David a sus diez miles”.)

NARRADOR. “Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles”. Así aclamaron a David aquel día y después de un tiempo se hizo rey. Todos tenemos la oportunidad de ser algo útil y bueno en la vida, amiguitos, sólo es cuestión de esforzarse, así como David. ¡Ah! Casi me olvido: Goliat no fue el único gigante que vivía por ese entonces, hubo muchos, pero también nacieron hombres de guerra en Israel que inspirados por las proezas de David, aprendieron a matar gigantes, bueno eso es todo y hasta la próxima amiguitos, Chau…

Día del Padre - Listado de Obras

DÍA DEL PADRE

CARTA A PAPÁ 8 Minutos y 4 Personajes. Un hijo le escribe una carta a su padre por el día del padre en la que expresa todo lo que siente por él.
EL CUMPLEAÑOS 10 Minutos y 3 Personajes + Extras. Es el cumpleaños de un padre y parece que su familia no se acuerda de él en este día tan señalado...
EL EJEMPLO DE UN PADRE 8 Minutos y 4 Personajes. Un padre viudo y con pocos recursos saca a sus hijos adelante con la ayuda de Dios. Su fe es probada cuando le ofrecen mucho dinero por pasar drogas pero él es consciente de que eso no es un buen ejemplo para sus hijos y además deshonra a Dios.
EVOLUCIÓN HUMANA 10 Minutos y 7 Personajes. Los hijos(as) de los papás de la congregación tratarán de expresar sus sentimientos a sus Padres.
LA BOTELLA QUE TODO LO CONSUME 7 Minutos y 3 Personajes. Problemas de una familia por culpa del alcohol.
MUERTO ERA 15 Minutos y 10 Personajes + Voces. Parábola del hijo pródigo.
PAPÁ, ESCUCHA 8 Minutos y 2 Personajes. Una niña trata de llamar la atención de su padre que está absorto viendo la televisión. Ella tiene muchas preguntas sobre el amor de Dios...
PICOTERO, EL PÁJARO CARPINTERO 10 Minutos y 2 Personajes. Dos personajes servirán para representar todos los personajes que aparecen. La historia de un pájaro carpintero le servirá a un padre para enseñarle a su hija a quién debemos la gloria por los dones que recibimos.
PUEDE SER MUY TARDE 10 Minutos y 6 Personajes + Extras. La relación entre padres e hijos: un padre y un hijo no se hablan durante varios años y cuando se quiere arreglar el problema puede que sea demasiado tarde.

Echa fuera tu manto babilónico

20 Minutos y 24 Personajes. Así como Acán desobedeció las órdenes de Dios y escondió un manto babilónico y un lingote de oro, así nosotros podemos esconder en nuestro corazón otros pecados que nublen nuestra vida espiritual.


ECHA FUERA TU MANTO BABILÓNICO


PERSONAJES

JOSUÉ
ISRAELITA 1
ISRAELITA 2
NARRADOR
ACÁN
DIRECTOR
VOZ
JUAN
ROSITA
ANITA
CARLOS
LUIS
VOZ FEMENINA
DANIEL
LUISA
AIDA
BERTA
ALINA
AMONESTADORA
ORGULLO
CRÍTICA
RENCILLAS
MODAS
VÍDEOS Y AVENTURAS



INTRODUCCIÓN. En esta noche nos hemos reunido aquí, en esta querida Iglesia para tratar un asunto de vital importancia. En todos los tiempos pasados, cuando el Israel de Dios se alistaba para tomar posesión de Canaán, el pecado de un hombre produjo trastornos en todo el campamento, y quedaron imposibilitados, incapacitados para obtener la victoria en la batalla siguiente.

El pueblo de Dios, hoy, como ayer, tiene un Canaán que conquistar, y hay batallas constantes que librar. Si la juventud se alista debidamente obtendrá la victoria en cada batalla hasta la misma entrada de Canaán, pero un solo pecado de un solo hombre hará que el desagrado de Dios descanse sobre toda la Iglesia hasta que la trasgresión sea buscada, descubierta y eliminada. De no ser así, de fracaso en fracaso se avanzará hasta el total desánimo y perdición.


PRIMERA ESCENA

JOSUÉ. Y si mal os parece, servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis... que yo y mi casa serviremos a Jehová.

ISRAELITA 1. Josué, vimos la ciudad de Jericó y se ve bien amurallada. No es fácil la conquista.

ISRAELITA 2. Tendrá que ir todo el ejército o perderemos.

JOSUÉ. No tenemos que temer; si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios mismo, ha prometido darnos la victoria y su poderoso ejército peleará por nosotros. Esperemos y veremos la gran maravilla que hará nuestro Dios.

NARRADOR. La victoria fue rotunda porque el capitán y su pueblo se rindieron al capitán supremo y se aseguraron la ayuda del ejército invisible que rodea el trono de Dios. No hubo espíritu de venganza sino que solamente actuaron conforme a la voluntad de Dios. Pero un estigma manchó aquella victoria tumultuosa y las huestes israelitas quedaron debilitadas.

ACÁN. ¡Es tan hermoso este manto, y el lingote de oro es una fortuna! Nadie me vio tomarlo. Lo guardaré en mi tienda y ni uno solo de mi familia lo declarará.

NARRADOR. Nadie declaró lo que con tanto cuidado guardó Acán, pero lo que él olvidó fue al Dios del cielo que todo lo ve, todo lo escudriña, hasta lo más secreto del corazón. Aquel solo pecado impidió que el ejército celestial y el Espíritu del Señor les acompañara en la siguiente batalla y el fracaso fue rotundo. La sentencia divina llegó: "Levántate, ¿por qué te postras así? Israel ha pecado...'
.. Y la suerte cayó en la tribu de Judá, y llegó hasta el mismo Acán. Cuando el pecado fue quitado, el pueblo quedó preparado para continuar triunfando".

DIRECTOR. En esta hora solemne en que vivimos, tenemos muchas batallas de índole espiritual que librar y hay que limpiar el campamento de cada corazón para asegurarnos de la ayuda divina y obtener victoria tras victoria hasta la misma entrada de la Santa Ciudad.

VOZ. ¡Echa fuera tu mano babilónico!



SEGUNDA ESCENA

(En casa de Juan un grupo de jóvenes.)

JUAN. Mira, Rosita, no hay dudas de que nos queda muy poco tiempo de preparación, no sabemos cuándo el decreto final será dado y cada uno será sellado para vida o para muerte.

ROSITA. Pero Juan, querido, lo lamentable es ver con cuánta tranquilidad vivimos. Cuando nos observamos y observamos a los demás nos admiramos de ver con cuánta facilidad uno de nuestros jóvenes que ha nacido en la iglesia, oyendo la verdad del evangelio desde pequeñito, o bien hace años que se ha bautizado y se supone debe estar bien cimentado, deja las filas y se introduce en el pecado del mundo.

JUAN. Sí, es muy lamentable. Tenemos que cuidarnos no sea que el enemigo nos sorprenda y arranque de nuestro corazón la verdad que con amor hemos abrazado desde nuestra niñez. (Tocan a la puerta).

ROSITA. Deja, Juan, yo voy a abrir. (Abre y entran con un saludo lo más natural posible. Después de acomodados en la sala, conversan).

JUAN. Me alegro mucho de que hayan venido a nuestro hogar y así poder conversar un buen rato.

ANITA. Rosita, saben ustedes, a veces me siento muy triste cuando veo a nuestra juventud que debía ser más victoriosa y sin embargo somos débiles, maltrechos, apocados frente a la hora que vivimos que es tan solemne.

CARLOS. Ahora mismo sabemos que hay jóvenes que debieran ser activos colaboradores en la iglesia y sin embargo, los ve uno embargados con las cosas de este mundo.

LUIS. A veces los mismos que parecen o parecemos activos tenemos también cosas que el enemigo aprovecha para enredarnos en sus garras.

ROSITA. Esto se debe a que el pecado que se deja penetrar poco a poco hace su efecto profundo. Lo primero que hace es separarnos de Dios.

LUIS. Yo he leído que el pecado después que nos separa de Dios, impide la bendición suya y nos hace ciegos para no entender cuál es su voluntad.

ROSITA. Después nos debilita en nuestro servicio a Dios.

JUAN. Y como es lógico, causa sufrimiento en los que se preocupan por el honor de Dios.

ROSITA. Es penoso ver que donde debiera haber más prosperidad no la hay, y a veces no se sabe por qué es.

JUAN. Debe ser algún manto babilónico.

CARLOS. ¿Cómo un manto babilónico?

JUAN. O un lingote de oro.

LUIS. Juan, eso me hace recordar a los tiempos de Josué, cuando el pueblo estaba por entrar en Canaán, pero lo que no sé es cómo tú puedes compararlo con los tiempos modernos.

JUAN. Mira Luis, nosotros constituimos el pueblo de Dios en estos momentos y estamos también para entrar en una Canaán, pero la celestial. Quisiera en esta tarde mostrarles a ustedes y (dirigiéndose al público) a cada uno de los presentes en esta noche cómo es posible esconder en el campamento de un corazón carnal amurallado por el egoísmo, la ignorancia, la obstinación y la Indiferencia, un manto babilónico o un lingote de oro como lo hizo Acán, trayendo como consecuencia el desastre hasta que pueda ser eliminada la trasgresión. Les invito a ser espectadores junto con el público presente.

(Se van al primer banco).

NARRADOR. Dios ama a su iglesia. Dio a su Hijo porque quiere salvarla; el que le toca, toca la niña de sus ojos, pero quiere ver a una Iglesia victoriosa. Desea verla esclarecida como el sol, hermosa como la luna, imponente como ejército en orden. Quiere llevarla consigo al celeste hogar, pero el cielo se entristece cuando ve a aquellos que debieran rendirse plenamente a aquel que ofrendó su vida por los, negligentes, descuidados e indiferentes, que permiten que el pecado se anide en sus corazones.
Dios no permitirá que el cielo se vea manchado por un alma que permanezca con un pecado acariciado; o abandona el pecado, o el pecado hará que sea consumido por el fuego eterno de la muerte segunda.



TERCERA ESCENA

VOZ FEMENINA. Aquí tienen ustedes unas jóvenes miembros de nuestra congregación. Aparentemente todo marcha bien, pero hay mantos babilónicos que deben ser echados fuera de esos corazones juveniles.

ANITA. Mira, mi amiga, te voy a ser sincera, no puedo ir temprano a la reunión de la directiva porque hay una aventura que me tiene trastornada. Fíjate que hasta el sueño se me quita y otras veces tengo pesadillas con ella.

LUISA. Cállate, dilo bajito que si mi hermano te oye enseguida te amonesta. A mí las aventuras no me interesan, pero lo que sí me gusta es estar a la última moda.

DANIEL. Muchachitas, les oigo a las dos en su conversación y parece mentira que no vean ustedes lo fácil que el diablo las va envolviendo de tal modo que pronto no tendrán el discernimiento espiritual necesario y serán rechazadas por el Espíritu Santo, y como Acán perecerán con su manto babilónico. Las dejo, pero piensen bien lo que les digo.

LUISA. Ya estás Daniel con tus consejos. Yo creo que tú te piensas que eres Daniel el profeta.

(Daniel se va.)

ANITA. Luisa, tú sabes que a mí me mortifica ver cómo Juanita se manifiesta tan cortés y amable con todo el mundo y nunca se pone brava con nadie.

LUISA. (Tocan a la puerta. Abre, saluda a las amigas y se sientan felices a conversar). Muchachitas, qué bueno que han venido. Ahora sí podremos pasar un rato más agradable porque el grupo es más grande.

AIDA Ya no podía soportar en casa a mamá con sus consejos.

ANITA. Aida, pero ella es de lo más amable.

AIDA. Sí, pero ella siempre tiene algo que decirme. Me da una ira, y siempre me llama la atención por el círculo de mis amistades. Ella dice que no es porque no son cristianos, sino porque en lugar de hablarles de Cristo y enseñarles el evangelio, lo que yo hago es hacer lo que hacen ellos. Pero imaginen cómo les voy a hablar de Cristo cuando a cada rato estamos pleiteando y muchas veces yo soy la culpable.

BERTA. Cambiemos de tema. ¿Se fijaron en el tema que presentó Juan el otro día en la iglesia? ¡Qué pesado estaba! El se cree que es muy cristiano. No sabe más que hablar de bondad y mansedumbre.

ALINA. La verdad es que si la iglesia se imaginara cómo somos nosotros, no nos daban ninguna responsabilidad. ¿No les parece?

LUISA. Eso será verdad, ¿pero a quién van a poner que lo haga mejor que nosotros?

VOZ FEMENINA. No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

ANITA. Luisa, qué pena, tu mamá nos estaba oyendo.

LUISA. No puede ser, ella salió a realizar unas compras y no ha venido.

VOZ FEMENINA. Es la voz amonestadora que les dice que pongan a un lado esas faltas que tanto daño les están haciendo y no sólo a ustedes sino también a la Iglesia.

BERTA. Yo tengo miedo, yo nunca he querido oír la amonestación.

VOZ FEMENINA. Hay desagrado en el cielo por la actitud que ustedes manifiestan. Es más, ustedes verán ahora por medio de la amonestación lo que eso representa para Dios.

AMONESTADORA. Jóvenes, he venido para darles el consejo que da Dios en su Palabra. Hay desagrado en Dios por la actitud de ustedes que no creen que la iglesia no podría prosperar si ustedes no tuvieran sus responsabilidades; al contrario, la actitud de ustedes está afectando a la iglesia grandemente.
Tienen ustedes varios mantos babilónicos que traen pecado a la iglesia. ¡Vean ustedes!

(Se pone a un lado mientras salen las muchachas.)

ORGULLO. Anita, tú me posees a mí como si eso fuera una cosa muy buena. Yo me alegro, ¿sabes? Represento un hermoso manto babilónico.

ANITA. Yo no tengo ningún manto babilónico ni de ningún lado. No me gustan los mantos.

ORGULLO. Sí, el orgullo es un buen manto babilónico de colores deslumbrantes, pero te tengo perdida a ti y la influencia que tú ejerces sobre tus amigas es destructora también.

ANITA. ¡Oh, qué horror! Yo nunca me había enfrentado con esta realidad. (Se va Orgullo).

AMONESTADORA. Miren ahora otro manto babilónico, ¿a quién le pertenece?

CRÍTICA. Aquí llego para decirte a ti, Bertita, que eres una buena criticona y te crees muy buena, pero te tengo en mi poder y te llevaré a la perdición.

BERTA. Oh, no, yo no quiero perderme.

AMONESTADORA. Bertita, ¿ves que también tú tienes un manto babilónico? Si no dejas de criticar te vas a perder, porque cada día deformas más tu carácter que se debe estar forjando para el cielo.

RENCILLAS. Y aquí estoy yo; soy poderosa arma de perdición y como tú, Aida, me posees, ya puedes saber cuál es el final.

AIDA. Yo me quiero salvar, y no creía que lo que hacía era tan malo.

RENCILLAS. No, niña, no digas eso… Si es de lo más bueno, para traer oprobio a la iglesia (se ríe) y para perderte. No oigas los consejos de tu mamá. Soy un buen manto babilónico, te pierdo a ti, no dejo entrar a los que lo desean y debilito la iglesia. No me abandones, sígueme poseyendo. (Se va).

AMONESTADORA. Y tú Luisa, no pienses que es bueno Ir en contra del consejo de tu hermano. Si lo hubieras seguido fueras más feliz. Además, tienes un manto babilónico que si te dejas envolver por él estarás con los impíos en el día postrero y allí será el lloro y el crujir de dientes.

LUISA. ¿Cuál es ese manto?

MODAS. Soy yo, mientras tú procuras las modas indecentes, no tendrás tiempo de pensar en tu arreglo espiritual para encontrarte con Jesús cuando él venga. Siempre tendré algo con qué desviar tu mente y no tendrás tiempo de pensar en salvación.

AIDA. Pero, ¿es malo usar una cosa a la moda?

AMONESTADORA. No, hija mía, lo que es malo es que te dediques a la moda como algo imprescindible de tu vida y poco a poco cedas terreno al enemigo utilizando modas inapropiadas para el cristiano.

VIDEOS Y AVENTURAS. Yo vengo para acompañar a las modas (entra junto con las modas) porque yo me encargo de ocupar la mente y el tiempo de cada uno de los que caen en mis manos. Primero una película discreta, luego una más emocionante y luego otra que degrada la mente hasta que al fin están en mis manos, como muñecos. La influencia es tan poderosa que a veces domino la mente hasta en las horas del sueño. ¿Qué te parece, Alina? (Dirigiéndose al público). No, y también a ustedes, jóvenes presentes. A muchos tengo dominados con las películas y las aventuras. Muchos tienen, como Alina, mi buen manto babilónico que les costará la vida eterna, si no cambian. (Se van las dos). Vamos, mi amiga.

(Las muchachas se inclinan y cubren sus rostros con horror.)

AMONESTADORA. No muchachas la hora no es de cubrir el rostro, sino de descubrirlo confesando a Dios los pecados para que sus mantos babilónicos sean sacados fuera del corazón y exterminados, y sus almas queden limpias para salvación de ustedes y para crecimiento de la iglesia. (Se marcha).

LUISA. Yo por mi parte quiero hacer mis arreglos.

ANITA. Propongo que hagamos ayunos y oremos mucho para poder vencer nuestros defectos antes que sea tarde.

BERTA. Acepto, porque me ha dado una angustia muy grande pensar que en el día postrero me encuentre con mi pecado y como Acán sea destruida por conservarlo.

AIDA. Yo me uno a ustedes y ojala no sea demasiado tarde. Quiero cambiar para mi propio bien y para que la iglesia prospere. (Se van).

PARTE ESPECIAL: "Toma mi corazón".

CONCLUSIÓN: Mis queridos jóvenes, el enemigo de las almas constantemente está procurando minar nuestra mente, echando a perder el trabajo que con tanto amor Dios está haciendo en nosotros por la obra del Espíritu Santo.
Hay una forma preciosa de mantener el alma libre de todo aquello que pueda impedir su entrada triunfal en la Ciudad de Dios, y es la entrega diaria a Jesús. El consejo divino es: "Conságrate a Dios todas las mañanas, haz de esto tu primer trabajo". Deja que Jesús te llene cada día y todo lo feo y desagradable saldrá. En su lugar tu alma se verá coronada por los lindos frutos del Espíritu y el manto de la justicia de Cristo brillará sobre ti cada día.

Amigos

27 Minutos y 11 Personajes + Extras. Un joven cristiano demuestra su amistad hacia tres amigos suyos escuchándoles y ayudándoles en sus problemas personales. Él también tiene serios problemas de salud pero los dejará a un lado para centrarse en los de sus amigos.

AMIGOS

PERSONAJES

CRISTIAN
ESTEBAN
DOCTOR
DANIEL
CATY
PADRE
MAMÁ
NELSON
VOZ 1
VOZ 2
VOZ 3




ESCENA 1

(Esta escena se hace con telón cerrado y con música de fondo. En una cancha de fútbol, algunos chicos jugando y uno se equivoca y meten el gol. Todos se enojan con él y lo retan.)

VOZ 1. (Fuera de escena.) ¡Dale, dale! Pásala que estoy solo, ¡dale!

VOZ 2. (Fuera de escena.) ¡Cubridlo que viene…! ¡A la derecha, sácale la pelota!!

VOZ 3. (Fuera de escena.) Bueno, allá voy.

VOZ 1. (Fuera de escena) ¡Goooool, goooool!

(En ese momento se abre el telón.)


NELSON. (A Esteban.) ¡Huh! Otra vez vos, te dije que lo cubrieras. Siempre pasa lo mismo.

CRISTIAN. Bueno Nelson. Si todavía no perdemos.

ESTEBAN. ¡Che! Saben que estoy un poco cansado salgo un rato a tomar agua, a si descanso un poco.

NELSON. Sí, dale, tomémonos todos un descanso.

(Salen todos de escena y se queda Esteban en una orilla de la cancha algo preocupado, y Cristian vuelve con una botella de agua y habla con Esteban).

CRISTIAN. ¡Che! ¿Qué te pasa?

ESTEBAN. ¡Eh, Cristian! Nada, todo bien, todo tranquilo.

CRISTIAN. ¡Ey! No te pongas así por un partido, no vale la pena.

ESTEBAN. No, lo que pasa es que no es solamente el partido, parece que todo me sale mal… Aquí, en mi casa, en la escuela y al parecer los que en un primer momento me querían, me terminan odiando.

CRISTIAN. ¡Che! Por favor, no pienses así, yo te quiero mucho y no me gusta verte así, ese es el pensamiento que el diablo te pone para hacerte caer.

ESTEBAN. Pero es que a veces no me entienden.

CRISTIAN. Puede ser, pero ¿sabes qué? Yo a veces me siento como sofocado por todos los problemas que tengo y quisiera dormir en un parque eternamente y descansar. Encima, antes de ayer fui al medico. (En este momento el amigo le corta para seguir contando de su problema.)

ESTEBAN. ¡Sí, no! Pero los problemas que tengo con mi papá. Y veo a mi mamá llorar por mí y siento que no me aman por lo que hago, y en la escuela la paso remal porque no disfruto ni con Dios, ni con mis compañeros porque soy tibio y viste aquí con ustedes ¡todo mal! Perdóname Cristian que te traiga estos problemas.

CRISTIAN. ¡Ey! Soy tu amigo y estoy aquí para mancarte en todo y lo principal es que Dios está aquí y quiere darte una mano. Y sabes ¿por qué? Porque te ama más que yo, me parece que te olvidaste que estás del lado del altísimo Dios aquel que te puede hacer más que vencedor sobre todo lo que te pasa, si tan sólo tomas la determinación de dejar todo en las manos de Dios. Y esta noche, antes de ir a dormir repetí el Salmos 4:8. “En paz me acostaré y a si mismo dormiré; porque solo tú Jehová me haces vivir confiado”.

ESTEBAN. Cristian tenés razón, todo quiere vajonearme, pero gracias por recordarme que Dios me ama y quiera ayudarme.

CRISTIAN. Bien. (Lo abraza.) No me gusta verte así, te quiero ver sonreír, ¡dale!

ESTEBAN. Gracias, Cristian, por escucharme y por alentarme.

CRISTIAN. De nada, soy tu amigo y estoy para esto. Te parece que nos vayamos a nuestras casas a dormir.

ESTEBAN. ¡Dale Cristian! Dios te bendiga. Chau.

CRISTIAN. Chau, dale, sonreí.

(Se cierra el telón.)



ESCENA 2


(Escenario: consultorio del Doctor López. Se abre el telón. Música triste de fondo porque a Cristian le entregan los análisis no alentadores.)

DOCTOR. ¡Hola, Cristian! Pasá, toma asiento.

CRISTIAN. Sí, Doctor. Dígame, ¿cómo estoy? ¿Cómo salieron los análisis?

DOCTOR. Mirá, Cristian, estuve revisando los análisis y no son para nada alentadores. Es muy difícil decirte lo que tenés. Pero… Te queda muy poco de vida. No podemos hacer nada al respecto. Lo siento.

(Cristian se retira muy triste y se cierra el telón.)




ESCENA 3

(Escenario: local de la Iglesia. Música alegre de fondo con el telón cerrado. Se abre el telón. Todos (los amigos de Cristian incluido él hablando en un rincón del salón y Daniel en la estufa calentándose. Esperando a que todos salgan porque tiene que limpiar el local.)

DANIEL. ¡Vamos, che! Vamos saliendo que tengo que limpiar el local.

CRISTIAN. Daniel vení a hablar con nosotros, ¡dale!

DANIEL. No, hoy no, no puedo.

(Los chicos comienzan a terminar de hablar y se despiden.)

CRISTIAN. ¿Querés que te ayude a limpiar el local?

DANIEL. Bueno, dale, si no tenés nada que hacer, ayúdame.

CRISTIAN. Y, sí… Tengo cosas que hacer, pero igual me voy a quedar, primero porque no tenés ni idea para limpiar y segundo porque hace mucho que no hablamos.

DANIEL. Sí, es verdad y han pasado tantas cosas.

CRISTIAN. ¿Eh? No me hagas asustar, no me digas nada, todavía no podes sacártela de la cabeza ¿no?

DANIEL. Hago todo el esfuerzo pero muchas veces me vienen los recuerdos y me invade la tristeza. ¿Sabes qué? Me siento muy solo.

CRISTIAN. Daniel, no te sientas así, yo quiero decirte que estoy con vos y lo más lindo y alentador es que Dios prometió estar con nosotros hasta el final (Jeremías 1:14), y no importa lo que pase.

DANIEL. Sí, ya lo sé y lo entiendo, pero a veces se hace difícil.

CRISTIAN. Sí, yo entiendo, hay muchas cosas que quieren tirarte, a mí me pasa y muchas veces no entiendo por qué pasan, mirá hay algo dentro de mí que me cuesta mucho superar. Vos sabes que fui al médico y me entregaron unos resultados no muy alentadores.

DANIEL. (Le corta la conversación) Sí, pero eso... ¡Qué sé yo! De última vas a una farmacia compras un remedio y ya está, te curas en pocos días.

CRISTIAN. En algunos casos.

DANIEL. Sí, pero, ¿cómo se hace cuando estás enfermo del corazón? Cuando sentís la necesidad de querer a alguien que no es para vos, cuando notas el rechazo de la persona que más querés en todo el mundo. Es un dolor que tengo dentro y no me deja vivir.

CRISTIAN. ¿Tanto es, Daniel?

DANIEL. Sí, Cristian y te lo cuento a vos porque confío en vos y te considero un buen amigo y siempre que tengo problemas vos me escuchas.

CRISTIAN. Y porque me gusta mucho compartir con vos lo que te pasa, y me siento bien que puedas compartirlo conmigo. ¿Sabes que? Dios quiere que confíes en Él como confías en mí, Él es tu mejor amigo y Él puede llenar esa soledad, porque su amor excede todo conocimiento y Él quiere derramar su amor sobre ti y quiere sanar esas heridas de muerte espiritual que tenés. Daniel, no decaigas por favor, tomá la mano de Cristo que está impaciente por ayudarte y superá ese obstáculo porque Dios no te ha dado espíritu de temor sino un espíritu luchador y valiente. Vamos, Daniel, quiero ver ese chico luchador, ese chico que se la jugaba por Cristo. Que no te tire esta situación. Dale, Dany.

DANIEL. Gracias, Cristian, sos un verdadero amigo, te quiero mucho.

CRISTIAN. Bueno, dale, deja que yo termino de limpiar ¿si?

DANIEL. Gracias, chau, nos vemos.

CRISTIAN. Chau, nos vemos. (Se queda en el local, termina de limpiar y se pone a orar por sus amigos.) Padre, quiero darte gracias por mis amigos. Y te pido que ayudes a Daniel con sus problemas para que pueda seguir adelante, te pido por Esteban, bendice su vida para que prospere. Gracias te doy por todo. Amén.

(Se cierra el telón.)



ESCENA 4


(En casa de Caty. Telón cerrado. Nadie en escena, se escucha una conversación telefónica)

CATY. Hola.

CRISTIAN. ¡Hola Caty! ¿Cómo estás?

CATY. ¡Cristian! Bien che, todo bien y vos, ¿como andas?

CRISTIAN. Yo tranquilo.

CATY. ¡Ya sé! Me llamas para que te siga contando lo de antes de ayer. Perdóname que te cortara así tan de repente pero es que se me acabó la ficha telefónica.

CRISTIAN. No te hagas problema, en realidad no te llamo por eso.

CATY. ¿Y entonces?

CRISTIAN. No, quería contarte algo.

CATY. ¡Bueno, dale! Venite.

CRISTIAN. Pero tu papá…

CATY. ¡No! No te hagas problema, él no está. Solamente estoy con mi mamá. ¡Dale, venite!

CRISTIAN. Bueno, dale, llevo las facturas y te cuento.

CATY. Buenísimo, te espero. Chau.

CRISTIAN. ¡Chau! Pero para, para, decidme el número de tu casa porque no me acuerdo.

CATY. ¡Che! ¿No te acordás? Bueno es el 420.

CRISTIAN. Listo, nos vemos.

(Cristian aparece en escena con el telón cerrado, buscando la casa de Caty. Mientras suena nuevamente el teléfono.)

CATY. Hola

PADRE. ¡Hola Caty! Habla papá.

CATY. ¡Hola papi!

PADRE. Caty, escúchame, mira, salimos más temprano del trabajo a si que voy con unos amigos a casa; por favor, limpia un poco y pon algunas cervezas en la heladera ¿sí?

CATY. Bueno pero, ¿cuánto te demoras?

PADRE. Unos 40 minutos o media hora ¿por qué?

CATY. No, por nada. Chau.

PADRE. ¡Chau!

(Se abre el telón, Caty en su casa. Entra Cristian y toca el timbre en la casa de Caty.)

CATY. Hola Cristian.

CRISTIAN. Hola ¿qué te pasa?

CATY. No, nada. Todo bien.

CRISTIAN. Caty te conozco y nunca te he visto bien con esa cara.

CATY. No, lo que pasa es que después que llamaste, llamó mi papá diciendo que viene más temprano y encima con unos amigos. ¡Y se ponen invancables!

CRISTIAN. Bueno, no te pongas mal y confía en que Dios te ayuda en cada momento.

CATY. Gracias, Cristian.

CRISTIAN. Bueno, Caty, si querés nos juntamos otro día en otro momento, y quizás en otro lugar.

CATY. No, Cristian, no vas a venir desde tan lejos para nada, ¡pasa, pasa!

CRISTIAN. Bueno, dale, gracias.

CATY. A mí me gusta que vengan a mi casa, lo que pasa es que a veces no me gusta por mi papá.

CRISTIAN. Siguen los problemas con tu viejo ¿no? ¿Todavía no mejoran?

CATY. Nada, es más, todo empeora, lo que mi papá no consigue un trabajo estable viene más seguido a casa con sus amigos, y trata mal a mi mamá. Y a mí me parte el corazón ver a mi mamá llorar por los rincones.

CRISTIAN. La verdad, Caty, es que cada vez que te escucho hablar de esto se me estremece el corazón, y hay momentos en que me parece sentir ese dolor que sentís pero sé que no es así, porque ese dolor que sentís debe ser tan grande que quizás no puedo imaginarlo.

CATY. Gracias, Cristian, porque no importa qué problema sea, siento que me entendés y tu comprensión me consuela. Gracias, Cristian, por tratar de comprender mi situación. Te considero mi mejor amigo.

CRISTIAN. Gracias, Caty, yo también te considero una amiga, pero tenés un amigo aún mayor que es Cristo y su amor que excede todo conocimiento, su fidelidad y su comprensión, están allí al alcance de tu mano. Caty, abrazá a Cristo que su amor te va a consolar, su fidelidad te ayudará a caminar segura y su comprensión te animará a seguir a delante, ¡ánimo, soldado!

CATY. Gracias, Cristian, porque tus palabras son animadoras, y sé que Cristo es mi torre fuerte. ¡Cristian, no voy a caer! Porque personas como vos y Cristo me ayudan.

CRISTIAN. ¡Bien! Caty me alegra saber que pienses así. Voy a estar orando por vos y por favor, orá por mí porque…

(Corta la conversación el ruido de la puerta, entra el padre de Caty.)

CATY. ¡Huy! Mi papá…

CRISTIAN. Bueno, Caty, me voy y por favor, ora a Dios y confía en que Él va a estar con vos en momentos así.

CATY. Sí, gracias.

CRISTIAN. ¡Bueno, chau!

CATY. Chau, nos vemos en la Iglesia.

(Entra el padre de Caty.)

PADRE. Caty ¿ese chico es de la iglesia?

CATY. Sí.

PADRE. ¿Y qué hacía aquí? ¿No te dije que no traigas esas personas con pensamientos raros?

CATY. Lo que pasa es que me llamó para contarme algo y al final no me contó nada.

PADRE. Bueno ¿y tu mamá?

CATY. En la cocina.

(Se cierra el telón.)



ESCENA 5


(Casa de Cristian. Música triste de fondo. Se abre el telón. Cristian en su casa ayudando a poner la mesa para comer con los padres.)

CRISTIAN. Mami, ¿qué hiciste de comer?

MAMÁ. Lo que te gusta, Cristian, lasaña.

(Cristian se siente mareado y se toma la cabeza.)

MAMÁ. Cristian, ¿qué te pasa? ¿Te sentís mal?

CRISTIAN. Sí, un poco mareado.

MAMÁ. ¿Queres que llamemos al médico?

CRISTIAN. No, está bien, ya se me pasa.

(Cristian se desmaya y la madre se desespera, lo trata se sujetar pero no puede, y llama al padre desesperadamente.)

MAMÁ. ¡Viejo! Vení rápido: es Cristian. Llama al médico, a la ambulancia, no sé, a alguien. ¡Rápido!

(Esta parte debe ser muy drástica y en forma desesperada. La música de fondo debe subir el volumen. Se cierra el telón.)




ESCENA 6


(Hospital. Música de fondo. Se abre el telón. Cristian está en la camilla con la madre a su lado y el padre sentado. Entra el doctor.)

DOCTOR.: Cristian tiene un tumor cerebral, simplemente le funciona el corazón.

MAMÁ. No, doctor, ¿qué me dice?

(Entran los amigos: Esteban, Daniel y Caty. Se acercan a la camilla y hablan en forma de dolor y arrepentimiento.)

ESTEBAN. No, Cristian, no me dejes. Vos muchas veces me dijiste que sea valiente, siempre estuviste a mi lado, no te vayas.

CATY. ¡Vamos soldado!, no te dejes vencer, lucha un poco más, te necesito. ¡Qué tonta fui! Nunca pude escucharte. Y tenías tanto para contar… ¡Perdóname! ¡Perdón!

DANIEL. Yo siempre te conté mis problemas y no me preocupé por los tuyos, ¡perdóname! Soy un egoísta, solo pensé en mí.

(Se escucha el sonido del latido de un corazón.)

ESTEBAN. Sos mi mejor amigo, te quiero mucho.

CATY. ¡No, Cristian, no! ¿Cómo no me di cuenta antes?

(El corazón deja de latir.)

TODOS. ¡Noooo!

(Entra el doctor en forma desesperada.)

DOCTOR. Desalojen, desalojen.

DOCTOR. Hora del deceso 2:00 AM

(Se cierra el telón. Música de fondo: “Mi regalo” de Marcos Vidal. Salen los tres amigos, delante del público.)

DANIEL. Quizás estés allí pensando o llorando, pero lo que te quiero decir es lo siguiente: vos quizás no te des cuenta del verdadero amigo que tenes a tu lado, tal ves lo tenes simplemente para que te escuche, pero no seas tonto aprovéchalo de una mejor forma, dale tu vida, ámalo como te amas a ti. Porque son dos mejor que uno, y cuando uno caiga esté el otro para que lo levante. Pero date cuenta rápido, no sea, que te des cuenta tarde como nosotros. No tuvimos tiempo para escucharlo. Siempre nuestros problemas primero. Quizás tu amigo tenga un problema. Dale tu tiempo. ¡Que Dios te bendiga!